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Lectura Cuarta Ocr

La Ilustración, definida por Kant como la emancipación de la conciencia humana, fue un movimiento crítico que buscó repensar valores y creencias de la civilización occidental, influyendo en conceptos de Dios, razón, naturaleza y hombre. Este movimiento, que surgió en el siglo XVIII, se caracterizó por su diversidad geográfica y de intereses intelectuales, abarcando desde la crítica a la monarquía y la religión en Francia hasta la aplicación de ideas económicas y penales en Italia. A pesar de sus diferencias, todos los pensadores ilustrados compartieron un deseo común de promover la felicidad y la libertad a través del conocimiento y la razón.

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Lectura Cuarta Ocr

La Ilustración, definida por Kant como la emancipación de la conciencia humana, fue un movimiento crítico que buscó repensar valores y creencias de la civilización occidental, influyendo en conceptos de Dios, razón, naturaleza y hombre. Este movimiento, que surgió en el siglo XVIII, se caracterizó por su diversidad geográfica y de intereses intelectuales, abarcando desde la crítica a la monarquía y la religión en Francia hasta la aplicación de ideas económicas y penales en Italia. A pesar de sus diferencias, todos los pensadores ilustrados compartieron un deseo común de promover la felicidad y la libertad a través del conocimiento y la razón.

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QUINTA PARTE

CULTURA Y SOCIABILIDAD
por

Rosa María Capel Martínez


L ILUSTRACIÓN E ILUSTRADOS

¿QUÉ FUERON LAS LUCES?

Ya en sus postrimerías, 1784, Emmanuel Kant define la Ilustración como


la emancipación de la conciencia humana del estado de ignorancia y error
por medio del conocimiento. El siglo XIX aporta inicialmente una visión me-
nos positiva e, incluso, supone una reacción en su contra, Para los románti-
cos no es más que una época de pensadores mecanicistas; para las mentes
conservadoras, sus ideas resultan demasiado radicales; para los radicales, eli-
tistas antes que revolucionarias. El siglo XX significa una visión renovada del
período. Sucesivas investigaciones, multiplicadas a partir de los años sesen-
ta, nos muestran a Las Luces como un movimiento fundamentalmente críti-
co, nacido en el campo del pensamiento y las ideas, que intentó repensar en
un nuevo idioma valores y creencias de la civilización occidental. Incidió so-
bre todo en los conceptos de Dios, razón, naturaleza y hombre, aspirando a
lograr la felicidad de éste por medio de la libertad que le daría, como ya dijo
el filósofo alemán, el conocimiento útil de las cosas proporcionado por la ra-
zÓn. No por azar los nombres con que se denomina el movimiento en cada
país aluden, de un modo u otro, a esa idea de luz: Ilustración (España), Lu-
miéres (Francia), Aufkldrung (Alemania), Enlightment Unglaterra), Humi-
nismo (Italia).

Unidad y diversidad

Para Peter Gay, cuya obra publicada en dos volúmenes entre 1966-1969
es una de las pioneras en la moderna investigación sobre el tema, la Hustra-
502 ROSA MARÍA CAPEL

ción fue el fruto del trabajo de un grupo de personas que se conocían, se ad-
(1713-1769) y Ge
das sobre todo a
miraban y se leían unas a otras. Provenían de Francia (Montesquieu, Vol-
poesía, y a Vico |
taire, Diderot), Inglaterra (Hume, Gibbon), Ginebra (Rousseau), Alemania
el desarrollo hist
(Holbach, Kant, Herder), Italia (Vico), América (Franklin). Hay además, psi-
cólogos (La Mettrie, Helvetius), utilitaristas (Bentham), penalistas (Beccaria), Por su parte,
economistas (Adam Smith), etc. Tal diversidad geográfica y de intereses in- educación, los p1
telectuales es la que hace de Las Luces un movimiento complejo, de natura- parte de los caso
leza difícil de sistematizar y carente de un código consistente. El lazo que el pensamiento p
une a todos sus componentes hemos de buscarlo en el ataque que realizan van a otorgar al
a las vías establecidas de la vida europea, en esa búsqueda de lo que ellos peculiaridades re
mismos definen como la mayor felicidad para el mayor número y en el asen- En las Provir
timiento que muestran en torno a una serie de ideas, sobre todo las de tole- vieron que enfrez
rancia y razón. Más allá de esto, encontramos desacuerdos, puntos de vista los problemas di
diversos, a veces hasta conflictivos y opuestos, actitudes diferentes hacia los centuria anterior
mismos temas, relativismo políti
Así, en la cuna del movimiento, Francia, los ilustrados se van a caracte- sarrollo cultural
rizar por los feroces ataques que dirigen a la Monarquía, el absolutismo y mercio de publi
la religión, aunque no faltan ocasiones en que aplauden fuera lo que critican en el Seiscientos
dentro. Buena prueba la constituyen las reacciones favorables producidas al por tanto, no est
conocerse la política antijesuítica de Pombal sin tener en cuenta la dureza
nuevo, que ya tii
con que se realizaba. En cualquier caso, más allá de las fronteras francesas
personal se armi
la situación es otra.
cional evita los [
De un lado, las nuevas ideas suelen resultar aceptadas por las esferas ofi-
clases y COrromp
ciales que reconocen la necesidad de introducir reformas y encuentran a
aquéllas útiles para conducirlas. Los ilustrados mantienen estrechas relacio- del aquí y el ah:
pionera de los a
nes con el Estado que los protege y estimula la difusión de su pensamiento
como medio de lucha contra las fuerzas reaccionarias internas. Algunos mo- En clara con
narcas, caso de Catalina IM, buscan más esta difusión de los escritos que la rece en sus terri
dirección de sus autores; otros, Carlos III, tratará de vincularlos a la acción americanas, tien
de gobierno. Estas vinculaciones, sin embargo, no son óbice para que en to- volucionarias qu
dos los países, al igual que en Francia, los ilustrados sigan siendo más co- Finalmente,
nocidos como pensadores que como estadistas. trado adopta m
De otra parte, un segundo punto de divergencia entre las luces europeas su difusión no e
y galas lo encontramos en la religión. Dentro de los territorios católicos, los incluso, llegó a
ataques más que hacia la doctrina se dirigen de forma directa contra Roma, la zona, en niag
el poder de la curia y las riquezas del clero, especialmente las de los mo- novación social.
nasterios que llegarán a pasar total o parcialmente al Estado (territorios im- Toda esta va
periales y Austria). En los ámbitos del protestantismo, ni siquiera se produ- Ilustración es po
cen estas actuaciones.
va a intentar res
También encontramos diferencias respecto a los temas que más atraen la fieren según las
atención de los pensadores y la forma de tratarlos. En Italia lo que en verdad diferir las resp
preocupa a los ilustrados es la aplicación de sus ideas a la economía y la
determinados al
reforma penal. Tal es lo que intenta con sus obras Beccaria (1738-1794), ju-
ciedad.
risconsulto y también economista, al igual que sus contemporáneos Genovesi
HISTORIA UNIVERSAL 503

(1713-1769) y Galiani (1728-1787). No faltan tampoco obras teóricas, debi-


das sobre todo a Muratori (1672-1750), sacerdote atraído por la historia y la
poesía, y a Vico (1668-1744), creador de la teoría de los ciclos para explicar
el desarrollo histórico, como veremos más adelante.
Por su parte, la Aufklárung alemana se orientó más hacia la ciencia y la
educación, los problemas religiosos y morales, estando exenta, en la mayor
parte de los casos, del frío racionalismo francés y del peso que tiene en éste
el pensamiento político. La multiplicidad de Estados y la diversidad religiosa
van a otorgar al movimiento ilustrado una gran riqueza de formas, unas
peculiaridades regionales y confesionales superiores a las de otros países.
En las Provincias Unidas y en Inglaterra, las ideas ilustradas nunca tu-
vieron que enfrentarse al pasado por razones distintas. En el caso holandés,
los problemas de Las Luces habían quedado resueltos esencialmente en la
centuria anterior y dentro de su tradición de erasmismo, tolerancia religiosa,
relativismo político. Es más, la oligarquización social que vive frena el de-
sarrollo cultural y limita su protagonismo a ser un centro importante del co-
mercio de publicaciones. Respecto a Inglaterra, también había conquistado
en el Seiscientos las libertades políticas, religiosas y personales. Su interés,
por tanto, no está en atacar al Antiguo Régimen, inexistente, o en crear otro
nuevo, que ya tiene. Lo que les preocupa es ver si en la práctica la libertad
personal se armoniza con la estabilidad socio-política, el gobierno constitu-
cional evita los peligros de anarquía o despotismo, la riqueza enfrenta a las
clases y corrompe el gobierno. Esta mayor preocupación por las cuestiones
del aquí y el ahora adquiere especial significado en la Ilustración escocesa,
pionera de los análisis sociológicos y económicos.
En clara contraposición con esta Ilustración inglesa europea, la que flo-
rece en sus territorios situados al otro lado del Atlántico, las trece colonias
americanas, tiene el centro de sus intereses en esas ideas potencialmente re-
volucionarias que les acabarán conduciendo a la independencia.
Finalmente, en los países del Este y Sureste europeo el movimiento ilus-
trado adopta muy variadas direcciones. De influencia claramente francesa,
su difusión no encontró especial oposición por parte de la Iglesia oriental e,
incluso, llegó a convivir con corrientes místicas, Por la estructura social de
la zona, en ningún momento asumió la tarea de propugnar y procurar la re-
novación social.
Toda esta variedad ideológica que se engloba bajo el nombre común de
Ilustración es posible porque, producto importado o pensamiento propio, ella
va a intentar responder a las preguntas que le hace cada pueblo y éstas di-
fieren según las circunstancias que le son propias. Lo mismo que tienen que
diferir las respuestas obtenidas y los métodos seguidos para alcanzarlas,
determinados ambos, esencialmente, por los valores culturales de cada so-
ciedad.
504 ROSA MARÍA CAPEL

El tiempo de Las Luces cambios. Para lo;


do y el pensamie:
Establecer una cronología exacta y uniforme del movimiento ilustrado minarán en Burk
para todos los países resulta cuando menos tan dificil como reducir a un
todo univoco su naturaleza. No obstante, es posible establecer unos límites
más o menos amplios entre los cuales se desarrollan sus principales produc- LOs PROTAGONISI
ciones.
Las raíces del pensamiento de la llustración se encuentran en el siglo XVI: Los artífices |
en la influencia del cartesianismo, en los avances científicos y, sobre todo, tan de llamarse :
en el pensamiento del empirismo inglés y de su gran figura, Locke. Durante Su principal her
los años de tránsito de una centuria a otra, el período que Paul Hazard de- miento; su imag;
nominó la crisis de la conciencia europea, sus ideas empiezan a formularse paso a la de un 1
y el camino queda listo para que aparezcan sus grandes definidores. No tar- que intenta conc
darán mucho. Su lugar de residencia por antonomasia será Francia, cuna sean, además, pe
también de gran parte de las principales figuras. Para algunos autores, la fe- La Enciclopedia :
cha de nacimiento de Las Luces se sitúa en torno a 1720; otros, la retrasan ción, consenso ul
hasta la década siguiente haciéndola coincidir con la publicación de las obras a la mayoría de
de Voltaire, Cartas filosóficas o cartas inglesas (1734), Montesquieu, Con- con ser los más i
sideraciones sobre las causas de la grandeza de los romanos... (1734), y cos artífices del 1
Pope, Ensayo sobre el hombre (1732-1734). Su cima se alcanza en los dece- en cuenta a los a
nios centrales del siglo. Es entonces cuando, en pleno monopolio ilustrado y tores de periódic:
francés del pensamiento, aparece La Enciclopedia (1751-1764) con el ánimo nuevas ideas se «
de recoger todos los saberes y convertirse en la biblia del movimiento. Mas Sociológicame
ya en estos momentos culminantes entran a formar parte de la Ilustración ron a sí mismas,
autores que no están de acuerdo en todo con sus planteamientos; podría de- nobles —Montes:
cirse que llevaba dentro de ella el germen que acabaría por sustituirla y ese tes —Gibbon—,
germen era la propia diversidad de sus ideas. que, hijos de su
Aunque creían en los principios eternos y los buscaban, el pensamiento los que se diriger
de los filósofos fluía constantemente, con gran rapidez y apenas habían es- ciéndoles lo que
tablecido una línea coherente cuando nuevas evidencias venían a romperlas. so, en lugar de c
En un terreno más, el del ritmo de los cambios, el siglo xvIH se aleja de lo a las leyes; una ig
anterior y preconiza la nueva era. La ley natural acabó convertida en un cli- sideran la desigu
ché; la doctrina del placer/dolor dio paso al utilitarismo; en pleno triunfo del tra en su conside
racionalismo religioso, Wesley lanza el reto de su metodismo emocional; la creérsele incapaz
Naturaleza, sinónimo de razón y prueba de la existencia de Dios, se convier- lacho intenta ra:
te en algo para ser estudiado con objetividad científica simplemente o para final de siglo con
ser gozado con una actitud romántica. de recibir los ber
Por su parte, las guerras de los años sesenta hacen descender la atención sólo lag mensajes
hacia los problemas cotidianos y domésticos, de manera especial hacia los fusión, frustració
l socio-económicos. Es ahora cuando aparece la figura del pobre en los escri- dad por la fuerz:
tos, lo que unido a la lectura de la obra de Rousseau permite alumbrar una ilustradas condu:
nueva generación de escritores que primero, hacia 1770, intentan adaptar los sí mismos.
argumentos de los filósofos, muertos o menos productivos, a las nuevas cir- Las mujerest
cunstancias; más tarde, los atacarán, cuestionarán su autoridad y exigirán si no en el mome
HISTORIA UNIVERSAL 505

cambios. Para los años finales de siglo una nueva sensibilidad está triunfan-
do y el pensamiento occidental se encamina hacia nuevos derroteros que ter-
minarán en Burke, Hegel, Darwin o Marx.

Los PROTAGONISTAS

Los artífices principales de la Ilustración fueron los filósofos, como gus-


tan de llamarse a sí mismos. Pero el tipo de filósofo también ha cambiado.
Su principal herramienta de trabajo ya no es la erudición sino el razona-
miento; su imagen de sabio abstraído de la realidad que le envuelve deja
paso a la de un hombre abierto a todas las cosas e inmerso en el mundo, al
que intenta conocer, entender y transformar. De ahí que muchos de ellos
sean, además, periodistas, propagandistas, literatos, activistas. En su época,
La Enciclopedia lo define como aquel que pisotearndo todo prejuicio, tradi-
ción, consenso universal, autoridad, en una palabra, todo lo que esclaviza
a la mayoría de las mentes, se atreve a pensar por sí mismo. Ahora bien,
con ser los más importantes no sería lícito considerar a los filósofos los úni-
cos artífices del florecimiento de la Ilustración. Junto a ellos hay que tener
en cuenta a los amigos, simpatizantes, viajeros, comerciantes de libros, edi-
tores de periódicos, etc., que forman una extensa red a través de la cual las
nuevas ideas se difunden y llegan a los más diversos lugares.
Sociológicamente hablando, muy pocas de las figuras ilustradas se hicie-
ron a sí mismas, antes bien, casi todos nacen y viven cómodamente. Los hay
nobles —Montesquieu, Condorcet, Holbach, Beccaria—, grandes terratenien-
tes —Gibbon—, ricos burgueses —Voltaire, Helvétius, Bentham—., De ahí
que, hijos de su tiempo y de su clase, sea a estos mismos grupos sociales a
los que se dirigen, a los que traten de satisfacer con sus planteamientos ofre-
ciéndoles lo que puede parecerles plausible: reforma, no revolución; progre-
so, en lugar de cambios radicales; una libertad entendida como obediencia
a las leyes; una igualdad reducida al plano legal, mientras en la práctica con-
sideran la desigualdad y la sociedad de órdenes natural y necesaria. No en-
tra en su consideración el pueblo, del que se tiene una visión peyorativa al
creérsele incapaz de salir de las tinieblas. Voltaire nos dirá cuando el popu-
lacho intenta razonar está perdido. Sólo Rousseau y algunos escritores de
final de siglo contemplan al pueblo desde otra perspectivaz haciéndole digno
de recibir los beneficios de Las Luces. Sin embargo, al retenerse de sus obras
sólo los mensajes más estridentes y enfatizarlos, acabarán produciendo con-
fusión, frustración; alentando la actitud de querer imponer la nueva socie-
dad por la fuerza. Es en este sentido en el que se puede decir que las ideas
ilustradas conducen a la revolución, en ningún modo por sus contenidos en
sí mismos.
Las mujeres también van a jugar un importante papel en la Ilustración,
si no en el momento de gestarse, sí en la etapa de difundirse como salonié-
506 ROSA MARÍA CAPEL

res, literatas -—Mme. Stáel, Mary Wollstonecraft— o como amigas y amantes la que pertenece
de los ilustrados. Sin embargo, no obtendrán los mismos beneficios que el su espíritu le lley
hombre. Todo lo más que se hace es reivindicar su condición de ser racional ensayo—. Sus pri
y aun esto generará oposición, dando pie a duras contestaciones. El legado plidos en Holanc
ilustrado, positivo en otros aspectos, será bastante ambiguo respecto a este conocer el empir
sexo, aunque ¿podía irse más allá teniendo en cuenta el aquí y el ahora en el gran promotor
que nos movemos? tido común, se bh
Entre los filósofos bien pudiera distinguirse, por lo dicho hasta ahora, ideas, difundidas
dos generaciones: el núcleo definidor de las ideas ilustradas y la de quienes, sidir en la corte
naciendo de ellas, preludian una nueva sensibilidad. Veamos algunas de sus y ser conocido al
biografías. Las cartas fil
presión de su per
nario filosófico, :
Montesquieu, Voltaire, Diderat cia y sus comente
nales que éste, el
Charles de Secondat, barón de Montesquieu (1689-1755), es uno de los pero, rico propie
primeros y principales dirigentes de la Ilustración. Perteneciente a una fami.- quico fuerte, sin
lia de toga, heredó de su tío el título y una presidencia del Parlamento de civiles, a las que
Burdeos que ostentó hasta venderla en 1725. Cuatro años antes habían apa- que a las polítice
recido en Amsterdam, anónimamente, sus Cartas Persas donde critica a la quimérica, y cons
sociedad francesa de la Regencia a la par que propone un modelo de demo- de una infinidad
cracia patriarcal basada en la virtud y ayuda mutua. Tal filosofía es muy dis- rantiza la pervive
tinta de la que hallamos en su principal obra: El espíritu de las Leyes (1748), Voltaire político,
- escrita tras viajar por Europa y residir dos años en Inglaterra. Se inicia con es el catálogo de
un análisis de los gobiernos por épocas y países, distinguiendo entre su na- rante su vida, con
turaleza y el principio que guía su actuación. De los tres tipos que revisa —re- prometido.
pública, monarquía, despotismo— su conocimiento de la experiencia ingle- De origen má
sa y las tradiciones francesas le hacen elegir como el mejor una monarquía va a ser la perso
moderada con división de poderes: ejecutivo, legislativo, judicial. Ahora bien, de sus intereses i
aunque sus ideas en este punto se hicieron dogma, Montesquieu no les da trado cree en la €
el alcance que después adquirieron. Más que la separación de poderes, lo mar a los hombr
que preconiza es su armonía, su ejercicio equilibrado por parte de tres ór- sólo le interesa le
ganos y fuerzas sociales: rey, pueblo, aristocracia. Orgulloso de pertenecer a nómica y artístice
la nobleza, la considera el mejor pilar de la Monarquía y cree en su utilidad al publicarse su (
como cuerpo social intermedio lo mismo que los parlamentos, cuyas opinio- obra: la direcciór
nes expresa. Ello unido a que identifica libertad con seguridad, niega el voto sigue reunir a 13
al populacho y expone los defectos del sistema parlamentario, van a conver- al que corresponc
tir su obra en un arma también para la reacción. mer volumen, Bu
Además de la ciencia política, la filosofía de la historia, asimismo, tiene y Rousseau. La aj
deudas con Montesquieu. En sus Consideraciones sobre la grandeza de los años, siendo intel
romanos... (1734) habla, por vez primera, de la existencia de causas mora- nes contrarias qu
les y físicas como los verdaderos determinantes del futuro de los Estados. y de algunos altos
Si Montesquieu tiene por interlocutora a la nobleza, Francois Marie mitieron llegar a
Arouet (1694-1778), más conocido por Voltaire, se dirigirá a la burguesía a una recopilación
HISTORIA UNIVERSAL "507

la que pertenece y cuyas ideas e intereses defiende. Educado en los jesuitas,


su espíritu le llevó a escribir obras filosóficas y literarias —poesía, drama y
ensayo—. Sus primeros escritos ya le supusieron prisión y dos exilios, cum-
plidos en Holanda, el primero, e Inglaterra, el segundo, que le sirvió para
conocer el empirismo y decidir trasladarlo a Francia, convirtiéndose así en
el gran promotor de Las Luces. Sus ataques a la religión, en nombre del sen-
tido común, se hicieron y le hicieron famoso, lo mismo que el resto de sus
ideas, difundidas con gran rapidez fuera de su país. Ellas le permitieron re-
sidir en la corte prusiana algún tiempo, cartearse con la zarina Catalina Il
y ser conocido al final de su vida como el rey Voltaire.
Las cartas filosóficas o cartas inglesas (1734) constituyen la primera ex-
presión de su pensamiento social y político, sobre el que vuelve en el Diccio-
nario filosófico, sus novelas —Cándido o el optimismo—, su corresponden-
cia y sus comentarios contra la obra de Montesquieu. De ideas menos origi-
nales que éste, elogia la constitución y libertades alcanzadas en Inglaterra,
pero, rico propietario burgués, prefiere un sistema con un régimen monár-
quico fuerte, sin cuerpos intermedios y en el que se respeten las libertades
civiles, a las que fundamentalmente alude cuando habla de libertad, más
que a las políticas. No cree en la igualdad, la cosa más natural y la más
quimérica, y considera beneficiosa la jerarquía social pues sólo la existencia
de una infinidad de hombres útiles que no posean absolutamente nada ga-
rantiza la pervivencia del género humano. Ahora bien, lo más novedoso del
Voltaire político, lo que le diferencia del resto de los pensadores de su época,
es el catálogo de reformas concretas que expuso y por las que batalló du-
rante su vida, convirtiéndolo en lo que más tarde se llamaría un filósofo com-
prometido.
De origen más humilde, hijo de un herrero, Denis Diderot (1713-1784)
va a ser la personalidad más desbordante de su tiempo y por la diversidad
de sus intereses intelectuales, un auténtico enciclopedista. Como buen ilus-
trado cree en la evolución, el progreso, la posibilidad y el deber de transfor-
mar a los hombres, de construir la felicidad en este mundo. Políticamente,
sólo le interesa la estabilidad del gobierno y el fomento de la actividad eco-
nómica y artística. Aunque no lo era, fue acusado y encarcelado por ateísmo
al publicarse su Carta a los ciegos (1749). Un año después iniciaría su gran
obra: la dirección de La Enciclopedia. Para realizar el trabajo, Diderot con-
sigue reunir a 130 colaboradores dentro de los cuales figuran: D'Alembert,
al que corresponde escribir, entre otras cosas, el Discurso Preliminar del pri-
mer volumen, Buffon, Helvetius, Holbach, Quesnay, Turgot, incluso Voltaire
y Rousseau. La aparición de los 28 volúmenes de que consta durará veintiún
- años, siendo interrumpida en dos ocasiones —1752, 1759— por las reaccio-
nes contrarias que provoca, Sólo los apoyos recibidos de Mme. Pompadour
y de algunos altos miembros de la Administración, como Malesherbes, le per-
mitieron llegar a buen puerto en 1772. Por su contenido, La Enciclopedia es
una recopilación de las diferentes formas de pensamiento ilustrado, un him-
508 ROSA MARÍA CAPEL

no al progreso científico y técnico, tanto como un excepcional exponente de Con La nueva


las ideas de la burguesía francesa, sus audacias, sus límites. Los comprado- filósofos, plantea
res de ella son, sobre todo, profesionales liberales y alto clero, junto con aris- miento europeo u
tocracia terrateniente y dignatarios provinciales. En las postrim
manuel Kant (172
el comienzo de ot
La segunda mitad de siglo: Rousseau, Kant fecciona ideas que
gónicos del siglo:
Jean Jacques Rousseau (1712-1778) encarna las tendencias antirraciona- de filosofía concil
listas aparecidas a mediados del siglo xvi y la imposibilidad que encuen- po/espacio. Entre
tran algunos intelectuales de integrarse en la sociedad de su época. Unas y Crítica de la Raz
otras están en la base de su nueva filosofía que si, como algunos autores afir- Kant centra st
man, empezó por un mezquino asunto personal la trascendencia histórica dero conocimient
posterior le daría matices de grandeza. cendente, pues le
Nacido en Ginebra de familia calvinista, abandonó ciudad y religión realidad, pero sí
en 1741 para ir a París donde frecuentó los salones. La fama que le pro- ciales, pese a no
porciona el Discurso sobre las ciencias y las artes (1750) no mejora sus Como él, Kant pie
relaciones con un ambiente que nunca entendió, por ello vuelve los ojos a tracta que no es
su Ginebra natal, punto de referencia cuando habla de política, recobra inclinación natur:
la ciudadanía suiza, reingresa en el calvinismo y dedica su labor intelec- lamente ateniénd:
tual a crear un mundo desde la idea de que todo es perfecto cuando sale sal. También tom
de las manos del Creador, incluso el hombre, pero la civilización lo corrom- en principio polít
pe. Es preciso volver a la naturaleza original humana que todos llevamos algo se le conoce
dentro y desde ella reconstruir la sociedad. En esa reconstrucción, expre-
sada en el Discurso sobre la desigualdad (1775) y El contrato social
(1762), Rousseau se aleja tanto del Antiguo Régimen como de las formu- LAS IDEAS
laciones de los filósofos.
El hombre, nos dice, es un ser naturalmente asocial, pero no antisocial, Las raíces pro
por lo que los individuos pueden unirse voluntariamente para crear la so- clásica, cuyos filós
ciedad y el Estado. Ambos se constituyen con el respeto sacrosanto a dos prin- tran regularidad «
cipios: libertad e igualdad. Aquélla implica el mantenimiento de las volun- ble. Sus anteceder
tades personales aunque se sometan a una general superior expresada en las antes, en el siglo)
leyes a través de la decisión de la mayoría y la acción de los legisladores. La el debate entre la:
igualdad la entiende en un doble sentido: ante la ley y ante la riqueza, todos figurarse, dejandc
tienen algo y ninguno demasiado, lo que no es sino una formulación de las
ambiciones del Tercer Estado, de la pequeña burguesía en la que encuentra
eco. Esta nueva sociedad y este nuevo Estado necesitan para apuntalarse un Naturaleza, Raz
principio vital común: una fe cívica, de contenidos cívicos exclusivamente,
cuya creencia es obligada bajo pena de ser condenado incluso a muerte por Son tres tema
antisocial. Llegados a este punto, nos parece que Rousseau, como el resto de Naturaleza es la
los ilustrados, contribuyó a sustituir el mito religioso del hombre no por su de todas las cosa
conocimiento científico, como decían, sino por otro mito secularizado pero prioritario expue:
tan lleno de afirmaciones especulativas como el cristiano. Lo cual no desme- ral —Diderot—,
rece en nada sus aportaciones. naturaleza? La ic
HISTORIA UNIVERSAL 509

Con La nueva Heloísa y El Emilio, Rousseau sella su separación de los


fuósofos, plantea la educación sobre nuevas bases e introduce en el pensa-
miento europeo una nueva actitud hacia el yo, Dios y la Naturaleza.
En las postrimerías del siglo XVuI nos aparece la figura y la obra de Em-
manuel Kant (1724-1804), filósofo alemán que marca el fin de una época y
el comienzo de otra. Introduce serenidad en las actitudes emocionales, per-
fecciona ideas que podían haber sido efímeras, sintetiza los principios anta-
gónicos del siglo: racionalismo y empirismo; culmina, en fin, cientos de años
de filosofía conciliando principios básicos como los de causa/efecto, tiem-
po/espacio. Entre sus obras señalaremos: Crítica de la Razón Pura (1781) y
Crítica de la Razón Práctica (1788).
Kant centra su labor intelectual en encontrar las condiciones del verda-
dero conocimiento y las reglas de la recta actuación. Su filosofía no es tras-
cendente, pues le interesa estudiar la mente humana en su relación con la
realidad, pero sí es trascendental. En el terreno de las ideas políticas y so-
ciales, pese a no creer en la bondad natural del hombre, sigue a Rousseau,
Como él, Kant piensa que el hombre debe de actuar sujeto a una norma abs-
tracta que no es de nadie, pero que obliga a todos y que le eleva sobre su
inclinación natural. A esa norma la llama el imperativo categórico: Actúa so-
lamente ateniéndote a esa máxima que querrías que fuera una ley univer-
sal. También toma del ginebrino la idea de contrato social, pero la convierte
en principio político normativo y encarnación del ideal de vida pública. Por
algo se le conoce como el filósofo alemán de la Revolución Francesa.

LAS IDEAS

Las raíces profundas del pensamiento ilustrado se encuentran en la Grecia


clásica, cuyos filósofos descubren al hombre y su capacidad intelectual, encuen-
tran regularidad en una naturaleza qué dicen regida por una mente razona-
ble. Sus antecedentes inmediatos, y más importantes, están, como hemos dicho
antes, en el siglo XVI y en ese tránsito de una centuria a otra es cuando se vive
el debate entre las antiguas ideas en crisis y las nuevas que comienzan a con-
figurarse, dejando constituido el núcleo esencial de las ideas ilustradas.

Naturaleza, Razón, Progreso

Son tres temas característicos y recurrentes en las obras del período. La


Naturaleza es la gran rehabilitada, convirtiéndose en el principio normativo
de todas las cosas y en el modelo a imitar. El retorno a ella se hace objetivo
prioritario expuesto de todas las formas posibles: literaria, con erudeza mo-
ral —Diderot—, o idealizadamente —Rousseau—. Mas ¿qué se entiende por
naturaleza? La idea en el siglo XVI engloba conceptos distintos, sin excluir
510 ROSA MARÍA CAPEL

el de estado idílico opuesto a aquel en que vive el hombre, por lo que puede Del hombre y st
ser utilizada como instrumento de crítica social. Aunque la caracterización
que más se ha divulgado de ella, la roussoniana de perfectamente buena, fue- Uno de los «
se discutible en su momento, en lo que sí están de acuerdo todos los filósofos ción de una cier
es en considerarla poderosa, ordenada y conforme en todo con la Razón. Por renacentista del
eso llega a sustituir a Dios; por eso se va a hablar de una igualdad, una li- un Dios cristian:
turaleza utilizan
bertad, un derecho, una religión y una moral naturales. La ley de la Natu-
yas teorías psico
raleza no nos dice otra cosa que, en palabras del alemán Wolff: haz lo que
culmina en Helw
os haga a ti y a tu estado más perfectos; evita lo que os haga más imper- carácter no es in
fectos. De ahí que aquélla sea, también, sinónimo de felicidad, de una feli- bida y el medio :
cidad que, rompiendo con el sentimiento trágico anterior, se puede conse- convierte en el e
guir sobre la tierra. incluida una nu
Se ha dicho que el espíritu del Setecientos es racionalista por esencia y garse las enseña
empirista por transacción, En efecto, la Razón es el gran tema ilustrado y la época, habrá
la nueva diosa a que adorar. Había entrado en juego de forma agresiva en mostrables: las s
la centuria anterior con Descartes que la consideraba el único medio certero cia, se establecer
de conocer. En el siglo XVII va a ser fundamentalmente crítica. No atenta a lo que conduce :
tradición ni autoridades, somete todas las cosas a su examen para establecer es obedecer a las
principios claros y verdaderos de los que sacar conclusiones claras y verda- hacia la búsquec
deras con las que terminar con los errores e iniciar una nueva vida. Ella es única dimensión
la única que puede resolver todos los problemas y la fe en sus fuerzas ex- Ahora bien, «
cepcionales es uno de los pilares básicos de la mentalidad del período. El hasta el extremo
proceso dignificador de la razón culmina en Kant que la convierte en la fa- dos para convert
cultad más elevada del espíritu e invirtiendo su significado con el del enten- mayoría—, o de |
comportamiento.
dimiento, la hace el medio de formar las ideas metafísicas del mundo, el
intereses particul
alma y Dios. También será el único instrumento que permita al hombre aban-
de bienfaisance,
donar su minoría de edad y alcanzar la plenitud que supone la edad de la
radójicamente, d
razón en la que puede andar por sí mismo.
nitarismo como *
En cuanto a la idea de Progreso, referida a la especie humana, plasma el hombre no en
el optimismo de la Hustración tanto como su elevada concepción de aquélla, posible hallar ur
Su origen está en esa nueva dimensión que da Locke a las posibilidades del suya, para los pe
hombre cuando niega lo innato y lo hace fruto de las circunstancias que le glo XVI Hobbes ]
rodean. La mejora de éstas redundará, por tanto, en la de aquél, al que se do. 5us sucesores
cree capaz de aprender, cambiar y mejorar; en una palabra, de caminar ha- yoría. Para Helve
cia su perfección. Ningún vehículo mejor para ello que la educación, que En cuanto a)
adquiere una importancia hasta ahora desconocida. En un terreno más, los damentalmente «
ilustrados rompen con la visión pesimista de la especie que tienen clásicos y faltan voces evolr
cristianos. Para la mayor parte de los filósofos esta fe ciega en el progreso males (el orangu
tiene un sentido ético, considerándolo el camino para hacer a la humanidad
mejor y más dichosa, aunque no falta la dirección materialista —Condor-
cet— que lo entiende sólo como progreso técnico, adelantando el positivismo
del siglo xIX.
HISTORIA UNIVERSAL 511

egos
Del hombre y su naturaleza

Uno de los aspectos centrales del movimiento ilustrado fue la investiga-


ción de una ciencia del hombre. El siglo xvn había roto con la concepción
renacentista del hombre como ser perfecto creado a imagen y semejanza de
un Dios cristiano. El paso siguiente había de ser descubrir de nuevo su na-
turaleza utilizando el método científico. El movimiento parte de Locke, cu-
yas teorías psicológicas hacen todas nuestras ideas fruto de la sensación, y
culmina en Helvétius, para quien el hombre puede reducirse a sensación; su
carácter no es innato, sino fruto de la experiencia propia, la educación reci-
bida y el medio social que lo envuelve. Este hombre, artífice de sí mismo, se
convierte en el centro de todo, en el punto de referencia obligado para toda,
incluida una nueva moral pues la antigua ha dejado de tener validez al ne-
garse las enseñanzas teológicas y el innatismo. Conforme con el espíritu de
la época, habrá de ser demostrable y basarse en principios igualmente de-
mostrables: las sensaciones. Las ideas de lo bueno y lo malo, en consecuen-
cia, se establecen en relación con el placer o el dolor que causen al hombre,
lo que conduce a desarrollar un pensamiento hedonista cuya única norma
es obedecer a las pasiones. El servirá para reorientar los principios morales
hacia la búsqueda de la felicidad y la utilidad individual aquí en la tierra,
única dimensión que importa de la vida humana.
Ahora bien, aunque numerosos escritores alaban las pasiones, llegando
hasta el extremo de hallar algo bueno en los vicios, no todos están prepara-
dos para convertir el placer en código moral, por ello hacen de la razón —la
mayoría—, o de la experiencia de la necesidad del otro, sendos frenos al mal
comportamiento. Además, casi todos creen en una secreta armonía entre los
intereses particulares y el bien común fruto de un indefinido espíritu natural
de bienfaisance, de humanitarismo que existe en el hombre. Así nacen, pa-
radójicamente, de un pensamiento egoísta las ideas de Humanidad y Huma-
nitarismo como valores supremos. Quedaba, pese a todo, una pregunta: si
el hombre no entuentra en sí mismo un incentivo a la conducta ética, ¿es
posible hallar una fuente externa que lo obligue? Los cristianos tenían la
suya, para los pensadores científicos la respuesta era más difícil. Ya en el si-
glo xvu Hobbes habló de las obligaciones nacidas de la formación del Esta-
do. Sus sucesores lo hicieron de un código basado en el bienestar de la ma-
yoría. Para Helvétius sólo las buenas leyes pueden formar hombres virtuosos.
En cuanto a las teorías sobre el origen del hombre, el siglo XvIn fue fun-
damentalmente creacionista, acentuando su semejanza con Dios, aunque no
faltan voces evolucionistas que lo hacen derivar de algunos vegetales o de ani-
males (el orangután).
512 ROSA MARÍA CAPEL

Pensamiento socio-político de los ciudadanos


ser racional y com]
La aplicación de los métodos científicos y racionalistas al análisis del cam- receptores, lo que v
po social da como resultado un pensamiento que, obviamente, muestra gran po social al que se
diversidad. En el Imperio aparece influido por la Escuela de Derecho Natu- estratos superiores
ral, que también tiene cultivadores en Nápoles, Génova, Dinamarca y Fran- las clases trabajad
cia. Su mayor significado lo alcanza en el terreno de las relaciones interna- nual; dentro de ur
cionales, mientras en otros ámbitos los cambios reales socavan sus ideas. Sólo hombres y mujeres.
en algunos casos, como el del jurista suizo Burlamaqui (1694-1748), sus pos- ferenciales que hac
tulados influyeron posteriormente. los contenidos inte!
En Inglaterra y Francia el pensamiento político avanza hacia el utilita- que en el caso de 1
rismo. En aquélla, no progresa mucho desde Locke, siendo lo más significa- mínimos rudiment
tivo la propuesta de Hume de obediencia al gobierno para evitar la desinte- samente.
gración social. Los ilustrados franceses, por su parte, mezclan los postulados También en est
anticlericales con ideas moderadas, cuando no, conservadoras. Montesquieu, (1762), generador:
autor de la única obra política, pide más participación de la nobleza en el tas, católicos y got
gobierno; Voltaire, portavoz de los intereses burgueses, defiende los poderes tereses educativos «
del rey frente a los parlamentos. Ninguno tiene duda sobre la validez de la fuentes —la natura
Monarquía en tanto que forma de gobierno, poniendo gran cuidado de se- mera, hasta los do
pararla del despotismo; ninguno, tampoco, como el resto de sus coetáneos, través de la experj
era demócrata. Las ideas igualitarias se refugian aún en utopías situadas, por mentará su razón,
lo general, en lejanas y exóticas tierras; sin embargo, la acusación de despo- se dotará de princi
tismo unida a la debilidad de los fundamentos sociales religiosos eran ya en el momento de eleg
sí bastantes peligrosos para una Monarquía de origen divino y, por otra par- pero diferente y pa
te, las redifiniciones realizadas contenían posibilidades radicales que van a dizar sus saberes.
expresarse en la segunda mitad de siglo. Ya en 1762 aparece un nuevo tipo Al final del sigl
de libro político: El contrato social, de Rousseau, cuya petición de democra- asignando a la edi
cia política conduce a demandar una relativa igualdad económica como con- mismo la ley que «
dición sine qua non para realizar aquélla. Siguiendo en esta línea, una serie normas Testriclvas
de autores va más allá: Morelly acusa a la propiedad de engendrar todos los escapan ni siquier:
crímenes; el abad Mably (1709-1785) demanda mayor uniformidad en el re- en lugar de defenc
parto de la riqueza y las condiciones sociales de los individuos, y Babeuf una escuela públic
(1760-1797) intenta asegurar la igualdad natural organizando una revolu- En la realizació
ción dentro de Otra. los medios a su al
sando por la litera:
fábulas —de gran
La educación

Estrechamente vinculada a la idea de progreso y utilidad social, la El pensamiento de


educación es para los ilustrados, ante todo, el modo de desarrollar las
capacidades y conocimiento del hombre a fin de que actúe sobre su medio La Historia ocu
ambiente transformándolo. De ahí que, por vez primera en la historia, se rei- lectual de los ilustr
vindique la extensión de sus beneficios a los más amplios sectores de pobla- perar los accidente
ción, incluida la mujer, si bien la noción de la enseñanza como un derecho racionalistas, de ct
HISTORIA UNIVERSAL 513

de los ciudadanos es aún escasa. De ahí también que la educación haya de


ser racional y compatible con los proyectos, o si se quiere, cometidos, de sus
receptores, lo que viene a introducir diferencias, sobre todo, en razón del gru-
po social al que se pertenece y del sexo, Así, la preparación educativa en los
estratos superiores habrá de ser más rica en contenidos culturales que la de
las clases trabajadoras, orientada esencialmente hacia la capacitación ma-
nual; dentro de un mismo nivel, los distintos papeles sociales asignados a
hombres y mujeres, fundamentados en teóricas cualidades físico-psíquicas di-
ferenciales que hacen a aquéllas más débiles, determinan una reducción de
los contenidos intelectuales ofrecidos por la enseñanza femenina. Reducción
que en el caso de las que pertenecen a las capas humildes alcanza hasta los
mínimos rudimentos de lectura y escritura, sólo asequibles si se piden expre-
samente,
También en este ámbito Rousseau marca un hito con su novela El Emilio
(1762), generadora de numerosas críticas por parte de ilustrados, calvinis-
tas, católicos y gobernantes. El ginebrino traslada, por vez, primera, los in-
tereses educativos del maestro al niño, cuya educación debe basarse en tres
fuentes —la naturaleza, las cosas y las personas— y tener tres fases. La pri-
mera, hasta los doce años, corresponde a su instrucción física y sensorial a
través de la experiencia. Durante la segunda, a partir de la pubertad, ali-
mentará su razón, desarrollará su inteligencia, participará en la sociedad y
se dotará de principios morales. La tercera, coincidente con la madurez, será
el momento de elegir compañera, que ha de estar educada de forma similar
pero diferente y para la que debe de ejercer como preceptor si desea profun-
dizar sus saberes.
Al final del siglo xv11, Kant intenta dar coherencia filosófica a tales ideas,
asignando a. la educación la función de hacer que el niño encuentre en él
mismo la ley que dirija su vida y que asuma con consciencia y libertad las
normas restrictivas existentes. Las dificultades prácticas de tales supuestos no
escapan ni siquiera al propio autor, que respecto al sistema de enseñanza,
en lugar de defender como Rousseau la instrucción particular, aboga por
una escuela pública con procedimientos científicos y dirigida por expertos.
En la realización de sus planes educativos, los ilustrados utilizarán todos
los medios a su alcance desde las instituciones específicas a la prensa, pa-
sando por la literatura; desde los tratados políticos, para los iniciados, a las
Tábulas —de gran auge en este siglo— para el pueblo.

El pensamiento de la Historia

La Historia ocupa el segundo lugar, tras la ciencia, en la jerarquía inte-


lectual de los ilustrados. El acercamiento a ella corresponde al intento de su-
perar los accidentes de tiempo y lugar dada la intemporalidad de los valores
racionalistas, de colocar los principios constantes y universales de la natu-
>
514 ROSA MARÍA CAPEL

La letra impres
raleza humana de los que nos habla Hume. Además, debía de explicar por
qué el hombre real está tan alejado del de la razón y la naturaleza, lo que Las publica
la convirtió en un arma para luchar contra la religión y el absolutismo, a los
extensión de La
que se considera culpables de tal alejamiento. Desde esta perspectiva, la in-
glo XVII represe
vestigación histórica era la filosofía enseñando con el ejemplo, en palabras
una extensa red
de Voltaire, y fue cultivada por los mejores escritores de la época: Hume, Bur-
hecho hemos di
ke, Voltaire, Raynal, Gibbon, cuyas obras hicieron consciente a Europa del
las sociedades c
placer y la importancia de leer historia e, incluso, llegaron a alcanzar algu-
de Ariés y Duby
nas varias ediciones en poco tiempo. Pero a ésta también se la interrogó im-
Las edicione
parcialmente, lo que lleva al siglo xvi a continuar la obra de documenta-
de sus centros :
ción y erudición de la centuria anterior, completada con la búsqueda de una
que la censura,
narración verídica y exacta. La historia emerge entonces como ciencia, cola-
en los Balcanes
borando a ello de forma decisiva Giambattista Vico (1668-1744).
no se desarrolla
La figura de este napolitano destaca asimismo en el terreno de la filosofía
la mayor parte
histórica, donde los enciclopedistas sólo tuvieron nociones imprecisas hasta
gada a un ampl
Condorcet. Oponiéndose a Descartes y teniendo por modelos a Platón, Táci-
sillo, más econó
to, Bacon y Grocio, construye una Ciencia Nueva, mal comprendida en su
por fascículos. (
tiempo, y articula una teoría evolutiva de las civilizaciones basada en las le-
una escasa elite.
yes científicas de los corsi y los ricorsi. Todo pueblo, nos dice, atraviesa tres biblioteca, luga:
etapas —divina, heroica, humana— a lo largo de su desarrollo hasta llegar
más de la casa.
a la decadencia e iniciar un nuevo proceso en un plano distinto y superior.
En cuanto a
En realidad, Vico retoma aquí la idea clásica de los ciclos, pero desprovistos
derablemente, a
de su carácter cerrado y dotándolos de un movimiento dialéctico en espiral.
guen siendo los
Se pierde la idea de progreso continuado pero se tienen en cuenta la libertad vieron gran éxit
y lo contingente.
Enciclopedia fra
lares en inglés,
tico (1695-1697)
CANALES DE DIFUSIÓN DE LAS LUCES
convirtieron en :
Nacida a co
Nacida en Inglaterra, reiventada en Francia, la Ilustración no va a tardar
riódica vive dur
en extenderse por toda Europa y llegar a América. Favorecen el movimiento
desarrollo. El m
tanto la conversión del francés en la lengua cultural por antonomasia y de
habrá políticas,
París en el punto de encuentro de todos los intelectuales, entre los que exis-
o revistas sobre
ten, además, estrechas relaciones, como los constantes viajes de los escritores
es absoluta, mez
ilustrados, unas veces en respuesta a la invitación hecha por las más altas
rición se regular
jerarquías de los Estados —Rusia, Prusia— y otras, obligados por avatares
finalmente cons
políticos. Junto a ello, las nuevas ideas van a contar con importantes canales
Courrent, apare
de difusión: la letra impresa —periódicos, libros—, la palabra —catfés, ter-
la segunda mita
tulias, salones, elubs— y algunas instituciones —academias, logias masó-
erudito y comnerc
nicas—.
la dirección inic
(1777), Diario ad
cisiva a la difus:
con el mundo il
HISTORIA UNIVERSAL 515

La letra impresa

Las publicaciones van a ser, sin lugar a dudas, el mejor vehículo para la
extensión de Las Luces, dado el momento de desarrollo creciente que el si-
glo xvIn representa para el comercio de libros y para la prensa, creadora de
una extensa red de corresponsales situados en los más diversos lugares. Tal
hecho hemos de verlo como una expresión y etapa más de esa entrada de
las sociedades occidentales en el mundo de la cultura escrita que es, a decir
de Ariés y Duby, una de las principales evoluciones del período moderno.
Las ediciones de obras se multiplican de forma importante, teniendo uno
de sus centros más señalados en Holanda, donde se editan todas aquellas
que la censura, secular o religiosa, ha prohibido en otros países. Por contra,
en los Balcanes, el Imperio y la Europa del Este los trabajos de impresión
no se desarrollan hasta el último cuarto de la centuria. El lenguaje claro que
la mayor parte de los autores intenta utilizar en sus escritos facilitará su lle-
gada a un amplio público, lo mismo que la aparición de las ediciones de bol-
sillo, más económicas, y la difusión de las suscripciones y de la publicación
por fascículos. Como consecuencia, la posesión de libros deja de ser cosa de
una escasa elite, sobre todo en las zonas urbanas y protestantes, mientras la
biblioteca, lugar de retiro, estudio y meditación, se convierte en un espacio
más de la casa.
En cuanto a la temática, a fines de la centuria se ha diversificado consi-
derablemente, aunque los títulos mayoritarios en las colecciones privadas si-
guen siendo los almanaques, la Biblia y los de entretenimiento. También tu-
vieron gran éxito las enciclopedias y los diccionarios cuyo paradigma es La
Enciclopedia francesa. Sin embargo, ya antes habían aparecido obras simi-
lares en inglés, alemán e italiano, sin olvidar el Diccionario histórico y crí-
tico (1695-1697), de Bayle, cuyo racionalismo e independencia de criterio lo
convirtieron en un arsenal de ideas para los ilustrados.
Nacida a comienzos del siglo xvi en Holanda e Inglaterra, la prensa pe-
riódica vive durante la centuria del Setecientos un momento importante de
desarrollo. El número de publicaciones crece y su carácter se modifica: las
habrá políticas, morales, literario-científicas, hojas de anuncios y magazine
o revistas sobre cuanto acontece en el mundo. La división, sin embargo, no
es absoluta, mezclándose por lo general los temas. La periodicidad de apa-
rición se regulariza, uniéndose a las mensuales y semanales las diarias, que
finalmente consiguen continuidad. Pionera de ellas es el británico Daily
Courrent, aparecido en 1702. En el Continente los diarios se retrasan hasta
la segunda mitad de siglo, abriendo el camino el Diario Noticioso, curioso,
erudito y comercial, público y económico, editado en Madrid desde 1758 bajo
la dirección inicial de F. Mariano Nipho. Le seguirán: Le Journal de Paris
(1777), Diario de Barcelona, etc. Sus páginas van a contribuir de forma de-
cisiva a la difusión de las nuevas ideas y de todas las noticias relacionadas
con el mundo ilustrado, pese a la fuerte censura que sufren en los Estados
516 ROSA MARÍA CAPEL

absolutos, algunos de cuyos monarcas —Federico II, Catalina II— escribie- mientras
ron artículos y llegaron a fundar o dirigir algunos periódicos en su provecho hombre: la tabe
y el de sus gobiernos. Sólo los ingleses se libraban de este control oficial convirtieron en
previo. del Entresuelo y
Uno de los periódicos más antiguos e importantes será la Gazzette de Ho- turos partidos:
llande, mientras que en Francia las Nouvelles Litéraires, aparecida en 1721, Durante el s
inauguran el género de la reseña literaria, con el que se intenta informar a (1654), París (1
los lectores sobre las últimas novedades literarias e ideológicas. Siguen su ca- similares existe
mino el antiguo Mercure de France y varias publicaciones de otros países blecimientos dis
como el Giornale (1710-1737) del italiano Maffel. En Inglaterra, donde flo- botillerías de c:
rece un periodismo moderno, Steele había empezado a editar The Tatler pequeñas tertul
(1709), al que siguió en colaboración con Addison The Spectator veau se reunían
(1711-1712). En ambos se critican las costumbres sociales al tiempo que se cia gala y los de
trata de instruir al lector sobre lo que debe evitar y lo que debe hacer. De cimientos por el
ellos nace la imagen de un nuevo modelo humano que causará gran impac- mitad de la cen
to en Europa: el burgués, encarnado en el comerciante, del que se dice que en Cádiz, Sevill:
tiene más derecho que el cortesano y el sabio a llamarse gentleman. Se le des- siguió fuerte arr
cribe como gente de exterior sencillo, que gusta de usar el paño y el bastón De todos los
en lugar de la seda y la espada, con sentido común y preocupado por las salones, que lle
cuestiones prácticas (trabajo, ahorro...). A Steele y Addison se les debe tam- por mujeres. Te
bién la aparición de dos periódicos políticos: The Guardian (1713) y The En- algunas frances:
gtishman (1713-1716). Desde Inglaterra, el modelo de periódico creado por marquesa de Re
The Spectator pasa al Continente, donde aparecerán en varios países publi- para conversar
caciones similares entre las que figura El Pensador, editado en Madrid de fue la creadora
1762 a 1767, dirigido por Clavijo y Fajardo, y la Vsjakaja Vsjacina (Un poco formal que la sa
de todo, 1769-1774) de la Rusia de Catalina IL. América del Norte, asimis- el siglo XVI al
mo, tuvo su prensa pesea las dificultades que suponían los altos precios de entre las figuras
la tinta, el papel y los tipos, importados todos desde Europa. Sin olvidar el tradas y científic
retraso —cinco a ocho semanas— con que se reciben las noticias. No obs- tra de la corte. E
tante, en 1775 existían 34 semanarios, entre los que destaca la Pennsylva- a la oposición y
nia Gazette, de Franklin, y en 1784 aparece el primer diario: Pennsplvania mentos la titula
Packet. se les unieron m1
de vicario y ma
cuyo padre era
La fuerza de la palabra: clubes, cafés y salones famosas reunior
Lambert, madar
Otro de los medios de difusión de las ideas ilustradas fueron las reunio- tenedoras de los
nes, que acogían a personas con afinidades culturales. Se podían celebrar en hombres, verdad
lugares distintos y revistieron formas diferentes, casi todas nacidas con an- damental y para
terioridad pero que adquieren auge en este siglo. Una de ellas fueron los clu- . validad que exis
bes ingleses, cuyo origen se remonta al siglo XV, alcanzando una estructura va a compartir 1
formal a fines de la centuria siguiente. Son sociedades exclusivamente mascu- a legarse el saló:
linas y muy selectivas en cuanto a sus miembros, los cuales deben de cum- Desde Franc
plir una serie de requisitos para ser admitidos y pagar altas cotizaciones aportaron cierta:
HISTORIA UNIVERSAL 517

mientras permanecen en ellas. Su lugar de reunión era un espacio sólo del


hombre: la taberna. Durante el siglo Xvn1 se extendieron a Francia donde se
convirtieron en centros de la vida política. Fenelon solía reunirse en el Club
del Entresuelo y la fórmula de tales asociaciones sirvió para esbozar los fu-
turos partidos: jacobinos, cordeliers, etc.
Durante el siglo XVI aparecieron los primeros cafés europeos en Marsella
(1654), París (1672) y Venecia (1690) por imitación de los establecimientos
similares existentes en La Meca. A lo largo del XvI11 se convirtieron en esta-
blecimientos distinguidos a diferencia de las tabernas, las cervecerías o las
botillerías de carácter más popular. Pronto empezaron a formarse en ellos
pequeñas tertulias que en Francia tuvieron carácter político: en el café Ca-
veau se reunían los federados, en el de Valois, los feuillant, etc. La influen-
cia gala y los desplazamientos de algunos italianos difundieron estos estable-
cimientos por el Continente. A España, por ejemplo, llegaron en la segunda
mitad de la centuria de la mano, entre otros, de Gippini, quien se estableció
en Cádiz, Sevilla, Barcelona, San Sebastián y Madrid, ciudad ésta donde con-
siguió fuerte arraigo.
De todos los lugares de tertulia, los más conocidos y famosos fueron los

AN
salones, que llegaron a constituir los únicos espacios y sociedades regidos
por mujeres. Teniendo por antecedente los círculos literarios que formaron
algunas francesas durante el siglo XVI, el salón nace en 1620 por obra de la

A
marquesa de Rambouillet, quien tenía la costumbre de reunir a sus amigos
para conversar en la chambre bleu. En este sentido, puede decirse que ella
fue la creadora del término en sus dos acepciones: la de habitación menos
formal que la sala y la de institución. Como tal, su número aumentó durante
el siglo xvi al tiempo que lo hacía su importancia como lugar de contacto
entre las figuras más conspicuas de la época, de difusión de las ideas ilus-
tradas y científicas, y como centro de actividad política al margen o en con-
tra de la corte. En ellos se hicieron y deshicieron carreras, primero; se cobijó
a la oposición y se preparó la revolución, más tarde. Si en los primeros mo-
mentos la titularidad de los salones correspondió a las aristócratas, pronto
se les unieron mujeres de otros grupos sociales, como Suzanne Necker, hija
de vicario y madre de madame Stáel, o madame De Geoffrin (1699-1777),
cuyo padre era paje y su marido, industrial heladero. Ambas mantuvieron
famosas reuniones en su época, lo mismo que lo hicieron la marquesa de
Lambert, madame Tencin y mademoiselle De Lespinasse. Aunque las man-
tenedoras de los salones eran siempre mujeres, su auténtico objetivo eran los
hombres, verdaderos protagonistas de aquéllos y de cuya fama dependía, fun-
damental y paradójicamente, la reputación de las anfitrionas. De ahí, la ri-
validad que existía entre ellas, compatible con un compañerismo que les lle-
va a compartir la compañía de las figuras más importantes y, en ocasiones,
a legarse el salón al morir.
Desde Francia la moda de los salones se extendió a otros países que Jes
aportaron ciertas peculiaridades. Así, en los españoles faltaron las connota-
518 ROSA MARÍA CAPEL

ciones políticas y científicas; los ingleses fueron más informales, conociéndo- jetivos culíturale
se por ello a las saloniéres con el sobrenombre de medias azules. Solían per- ses privilegiada
tenecer a la clase media y entre ellas cabe señalar a la londinense Elizabeth dejado paso al
Montagu (1720-1800). En Berlín tenían procedencia judía y sus salones sur- tigación científ
gen de la transformación, en los años ochenta, de las casas abiertas que te- del clero.
nían sus padres. Es el caso de Henrietta Herz (1764-1847) o Dorothea von
Shlegel (1763-1839). Ahora bien, diferencias aparte, en todos los casos existe
Las logias »
un rasgo común: los salones son lugares de movilidad social al permitir la acoger la Iustr
convivencia de nobles, burgueses e intelectuales y ofrecen a las mujeres la masonería mod
oportunidad de relacionarse con hombres importantes. La forma en que apro- la Gran Logia «
vecharon tal oportunidad alumbra dos actitudes antitéticas bien conocidas. derson, escritas
Unas intentaron desarrollar su talento, renunciando incluso al amor físico fluencias de los
en aras de hacerse respetar, y practicaron una solidaridad que les llevó a ayu- dentes, como ta
dar a aquellas que no tenían sus mismas posibilidades de saber pero sí el con, Comenio y
talento suficiente. Otras sólo utilizaron su sexualidad y buscaron el medro Constituciones,
personal. A ellas se debe que al finalizar la centuria la imagen social del sa- masonería. Nac
lón se asocie a la de comportamientos sexuales ligeros limitados hasta en- a tener por obje
tonces a la corte y la aristocracia. Ello, unido a su activismo político, les lle- seguirla es prec
vó a ser dispersados con la revolución. ligiosa, de ahí «
rancia hacia las
tro de unión sol
Academias y logias estrella, compá
dice Lessing, ur
Constituyen sendas instituciones organizadas a través de las cuales el tra- con pertenecer ¿
bajo de Las Luces se desarrolla y difunde. Al igual que en los casos anterio- es la humanida
res, sus raíces superan hacia atrás el marco cronológico que nos ocupa, aun- modelo de hom
que es en él donde su desenvolvimiento se acelera. los poderes civi
Las academias nacieron en la Italia renacentista, donde se constituyen re- so, sino creyent
gularmente con autonomía y cierta protección oficial. También se delimita- quitecto del Uni:
ron los objetivos de su investigación: la literatura o la ciencia, a las que se
obligado a obea
unen después las artes. Durante el siglo xXVH pasaron a Europa, siendo Fran-
maneras, su vid
cia la que se convierte en modelo a imitar y la que les otorga el carácter con
el hombre, la rr
que las encontramos en el Xvti: ellas eran fuente de autoridad respecto a las
actividades artísticas e intelectuales, cuyo desenvolvimiento rigen a nivel na- para conseguirl
cional. Dado el afán racionalizador y normativo de la centuria ilustrada, es Ella misma ya :
fácil entender la multiplicación de su número y la extensión geográfica que mundo; pero, al
alcanzan a lo largo de ella, Las encontraremos no sólo en las grandes me- grandes atencio
trópolis, sino también en otras ciudades de provincia donde se intenta seguir sacar los princi]
el ejemplo de aquéllas. En España es Felipe V quien introduce el movimien- terreno filosófici
to académico al fundar la Academia Española en 1714; Federico 1 de Prusia La masonerí
establece la Academia de Ciencias de Berlín en 1701, a la que siguen las de Clemente XI. A
Upsala (1710), San Petersburgo (1724), Estocolmo (1739), Copenhague mercaderes, dip
(1743) y la sueca (1786). En total, para 1770 el número de academias as- palabra, de cua
cendía a 40. Para esta fecha la extracción social de sus miembros y sus ob- Sus miembros p
HISTORIA UNIVERSAL 519

jetivos culturales prioritarios se habían modificado, El predominio de las cla-


ses privilegiadas y los trabajos literarios de la primera mitad de siglo había
dejado paso al de los burgueses, sobre todo doctores y abogados, y la inves-
tigación científica. Tampoco faltó entre sus integrantes una representación
del clero.
Las logias masónicas fueron, por su talante, lugares excepcionales para
acoger la Ilustración y a ellas pertenecieron sus figuras más señaladas. La
masonería moderna, o masonería especulativa, nace en 1717 al constituirse
la Gran Logia de Londres. Su ideario se recoge en las Constituciones de An-
derson, escritas por dos pastores protestantes y publicadas en 1723. Las in-
fluencias de los antecedentes medievales y del pensamiento de Locke son evi-
dentes, como también lo son, según el estudio de Álvarez Lázaro, las de Ba-
con, Comenio y Valentín Andrea. De las cuatro partes en que se dividen las
Constituciones, la segunda recoge los principios fundamentales de la nueva
masonería. Nace ésta con una vocación universalista y fraternal que le lleva
a tener por objetivo la unificación de todos los hombres en su seno. Para con-
seguirla es preciso superar las dos causas históricas de división: política y re-
ligiosa, de ahí que se proclame la neutralidad en ambos terrenos y la tole-
rancia hacia las creencias individuales. Los lugares que se ofrecen como cen-
tro de unión son las logias, que conservan sus símbolos y ritos tradicionales:
estrella, compás, escuadra, nivel y secreto absoluto. Ahora bien, según nos
dice Lessing, uno de sus miembros más señalados, para ser masón no basta
con pertenecer a una Jogia, es preciso actuar en favor de la obra de arte que
es la humanidad. En este sentido, la masonería propone también un nuevo
modelo de hombre. Desde el punto de vista político será pacífico súbdito de
los poderes civiles; desde el religioso, ni ateo estúpido ni libertino irreligio-
$0, sino creyente en Dios, al que por vez primera se le denomina Gran Ar-
quitecto del Universo, y respetuoso con todas las confesiones. Éticamente, está
obligado a obedecer la ley moral y ello se reflejará al exterior en sus buenas
maneras, su vida familiar ordenada y su responsabilidad laboral. Junto con
el hombre, la masonería quiere transformar la sociedad y uno de los cauces
para conseguirlo es la educación, de ahí la atención que se le presta al tema.
Ella misma ya se consideraba una escuela de formación de ciudadanos del
mundo; pero, además, entre sus miembros la filosofía de la educación recibe
grandes atenciones. Lessing, Fitchte, Goethe y Herder logran con sus obras
sacar los principios masónicos de las fronteras de las logias y traspasarlos al
terreno filosófico.
La masonería se extendió con rapidez, pese a ser condenada en 1738 por
Clemente XI. A ello contribuyó tanto la labor de los iniciados como la de
mercaderes, diplomáticos, soldados, prisioneros de guerra o cómicos, en una
palabra, de cuantos de un modo u otro habían tenido conocimiento de ella,
Sus miembros procedieron mayoritariamente de la nobleza, que dio muchos
520 ROSA MARÍA CAPEL

grandes maestres, la burguesía acomodada y las profesiones liberales, sin ol- Ilustración y pre
vidar a algunos monarcas —Federico lIl— que ingresaron en ella para con-
trolarla y conseguir su apoyo. Las ideas ilu:
la vida política a
la razón y capac
El impacto de Las Luces Para lograr ésta
encomendar el r
De igual modo que, decíamos, no conviene exagerar el radicalismo de tanto el ámbito y
los contenidos de la Ilustración, tampoco es adecuado hacerlo con su im- conciencia. Un E
plantación. Desde un punto de vista social, su impacto quedó reducido a de- en el absolutism
terminados grupos, dada la naturaleza de sus postulados, el carácter de las a la época. No o
sociedades e instituciones que la transmiten y los altos niveles de analfabe- guen es encontre
tismo existentes. En cuanto a los desarrollos, innovaciones y cambios que tie- turas del Antigu
nen lugar en los campos del pensamiento, la literatura y los gustos estéticos homeopático a u
durante el siglo Xvn1, como afirma Porter, ...sería erróneo etiquetar todos... cas buscan en ac
(como) expresión de una coherente filosofía ilustrada. Pero igualmente sería social que piens
tonto negar que las nociones de naturaleza humana y los ideales de buena mente en su des:
vida desarrollados por los filósofos encontraron amplia expresión en las ar- nobleza, por for:
tes y las letras y en la vida práctica. Así, en algunas descripciones sobre so- tolerancia religic
ciedades primitivas sus autores, dejándose llevar por sus sueños del buen sal- tica que se extier
vaje, convierten a aquéllas en modelos vivos de una sociedad igualitaria y li- mismos años en
bre que sólo existe en sus mentes. La novela acoge el debate ilustrado sobre quía en Francia.
el hombre y la naturaleza —Robinson Crusoe, de Defoe—, mientras las in- El instrument
novaciones en psicología, moral y filosofía se dejan ver en el tratamiento de yes, cuya mejora
los caracteres y motivaciones de los personajes. Incluso las teorías científicas trado será la base
sobre las atracciones de los elementos químicos encuentran en Goethe una portavoces de las
pluma dispuesta a aplicarlas al tema amoroso y del matrimonio en Las afi- hace no reparar €
nidades electivas. En la ópera, Mozart recoge el contraste entre la civiliza- sus límites, nacid
ción europea y la exótica, pero bárbara, de Turquía en El Serrallo, o nos ha- la exaltación de 1
bla del desarrollo del hombre por el autoconocimiento en su última obra: La ción entre reyes €
Aauta mágica. Tampoco la medicina escapa a la influencia de los puntos de política. En reali
vista ilustrados. Las plagas y epidemias dejaron de considerarse un castigo justificar un uso 1
divino, buscándose y hallándose medios para combatirlas, como la inocula- ta la crítica al de
ción. Las enfermedades mentales no fueron más fruto de posesión diabólica, colonialismo, que
y en los partos, el saber científico de los ginecólogos ganó la partida al más esclavitud, basadi
práctico de las comadronas. Pero quizá el campo en el que los reformadores grandes resultado
ilustrados actuaron más directamente fue en el de la política, aunque, como ca de las revoluci
dijimos, los filósofos antes que por buscar panaceas políticas concretas es- golpe y algunos E
taban preocupados por su criticismo, por su búsqueda de un nuevo, más hu- tas. Aún entonces
mano, más científico entendimiento del hombre como un ser social y natural. nen vigentes e inf
europeo. ,
En suma, la I
ma espiritual y bi
Contribuyó a la sí
HISTORIA UNIVERSAL 521

Ilustración y práctica política

Las ideas ilustradas traen consigo una nueva apreciación del Estado y de
la vida política a los que se considera susceptibles de organizar conforme a
la razón y capaces, si así lo hacen, de alcanzar la felicidad de los súbditos.
Para lograr ésta se confía sobre todo en el primero, al que se le deben de
encomendar el mayor número de tareas y bajo cuyo control ha de quedar
tanto el ámbito público como el privado, excepción hecha de la libertad de
conciencia. Un Estado con tales características lo encuentran los reformistas
en el absolutismo regio al que se considera un aliado siempre que se adapte
a la época. No olvidemos que lo que nuestros hombres de Las Luces persi-
guen es encontrar soluciones a los problemas dentro de las propias estruc-
turas del Antiguo Régimen, hallar lo que Pierre Vilar denomina un recurso
homeopático a un sistema debilitado. En justa correspondencia, los monar-
cas buscan en aquéllos sugerencias y apoyo a los planes de transformación
social que piensan para sus pueblos. Unos y otros van a coincidir plena-
mente en su deseo por frenar el influjo de la Iglesia y los privilegios de la
nobleza, por fortalecer las bases económicas y culturales, por promover la
tolerancia religiosa. Había nacido el absolutismo ilustrado, fórmula polí-
tica que se extiende por Europa desde Rusia a la Península Ibérica por los
mismos años en que los propios filósofos atacan duramente a la Monar-
quía en Francia.
El instrumento preferido para llevar a cabo las reformas van a ser las le-
yes, cuya mejora siguiendo las coordenadas que señala el pensamiento ilus-
trado será la base que sustente la colaboración entre el Estado absoluto y los
portavoces de las nuevas ideas, cuyo empeño en llevarlas a la práctica les
hace [Link] en los horrores del poder, Sin embargo tal convivencia tenía
sus límites, nacidos de la propia evolución teórica de las ideas políticas, con
la exaltación de la soberanía popular, y de los problemas prácticos de rela-
ción entre reyes e ilustrados cuando éstos intentan influir directamente en la
política. En realidad, el absolutismo sólo deseaba usar a los filósofos para
justificar un uso más riguroso del poder. Por ello, a partir de los años seten-
ta la crítica al despotismo se convierte en una moda, lo mismo que la del
colonialismo, que se toma como indicativa de radicalismo político, y la de la
esclavitud, basada en las ideas filantrópicas del período. Ninguna consiguió
grandes resultados prácticos y los logrados hubieron de esperar hasta la épo-
ca de las revoluciones de final de siglo, cuando el absolutismo sufre un duro
golpe y algunos Estados americanos ponen en marcha políticas abolicionis-
tas. Aún entonces, los elementos conservadores de la Ilustración se mantie-
nen vigentes e informarán la reacción posterior a 1815 y el conservadurismo
europeo. ,
En suma, la Ilustración representó un momento de ruptura con el siste-
ma espiritual y bíblico de entender al hombre, la sociedad y la Naturaleza.
Contribuyó a la secularización del pensamiento europeo y a la aparición de
522 ROSA MARÍA CAPEL

lo que llamaríamos una inteligencia secular capaz, por su amplitud y poder,


de sustituir al clero en sus funciones de controlar la enseñanza y la informa-
ción. Esa inteligencia contaba con nuevos canales para difundir su pensa-
miento: periódicos y revistas. Ahora bien, las ideas nunca van mucho más
allá de la sociedad. Y'una gran parte del pensamiento osado, innovador del
siglo xvin fue rápidamente reciclado hasta convertirse en pilar del orden es-
tablecido en el XIX... La Nustración ayudó a liberar al hombre de su pasa-
do... (pero) falló en prevenir la construcción de nuevas cautividades en el
futuro, Aún estamos intentando resolver los problemas de la moderna, ur-
bana sociedad industrial de la que la Ilustración fue comadrona.

LA CIENCIA EN E

Entre las id
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LA CIENCIA EN EL MUNDO Y LA SOCIEDAD DIECIOCHESCA

Entre las ideas ilustradas que acabamos de ver y el pensamiento cientí-


fico y técnico del período van a existir estrechas relaciones e influencias re-
cíprocas, Si la creencia en el progreso indefinido del hombre se encuentra,
sin lugar a dudas, favorecida por los avances de la ciencia, no es menos cier-
to que éstos, a su vez, se veían espoleados por aquélla. Además, muchos fi-
lósofos se adentraron en este tipo de estudios: Voltaire introdujo a Newton
en Franciá e hizo un informe sobre el fuego para la Academia de Ciencias
de París; Montesquieu escribió dos para la de Burdeos sobre el eco y la uti-
lización de las glándulas renales; Holbach estudió química y La Mettrie era
médico. Mas, ¿qué lugar se le concede a las disciplinas científicas durante
el siglo xvII?, ¿cómo evolucionan?, ¿cuál fue su relación con la técnica?
Hacia 1690 la revolución científica veía culminada su obra consiguiendo
dotar a la ciencia de un edificio estable y de un prestigio sín precedentes,
reflejado en el interés que se suscita hacia ella dentro de los más variados
círculos y en la difusión de sus métodos de análisis a otras disciplinas. Esa
ciencia, como señala Bernal, presentaba una unidad de triple base: personal
—los científicos abarcaban todos los campos—, de ideas —el método y la
idea central nacen de la matemática— y de aplicación —e preocupan los
problemas técnicos—. Sus avances habían sido importantes en sí mismos,
pero también, y sobre todo, por la conciencia generada de que sólo se tra-
taba de un comienzo, de que el avance por la misma línea no tenía limites.
El siglo XVI tratará de continuarlo, si bien en sus primeras décadas le va a
interesar más el carácter recreativo e instructivo de la ciencia que el utilitario
de la centuria precedente, al que se volverá a partir de los años sesenta. Los
524 ROSA MARÍA CAPEL

centros del pensamiento científico del período los encontramos en Francia, que la conside
en torno a La Enciclopedia, y Gran Bretaña, donde sobresalen Leeds, Glas- encarga de dif
gow, Edimburgo, Manchester y, de manera especial, Birmingham. Si los cien- son otra espec:
tíficos del Seiscientos habían centrado su labor en resolver problemas tradi- No pasaría mi
cionales, en estudiar la Naturaleza con métodos experimentales y matemáti- médico, demo:
cos, Sus sucesores ampliaron la esfera de intereses, trataron de actuar sobre frente a los re:
aquélla transformándola y de integrar a la ciencia en el mecanismo produc- mos métodos |
tivo, pese a que las relaciones con la técnica, hasta la revolución industrial cosa, en el fon
de fin de siglo, hayan sido débiles. En una palabra, ponen en marcha el pro- un armazón io
ceso, culminado por la centuria siguiente, de convertir a la ciencia en carac- lo que no, pert
terística indispensable del nuevo mundo industrializado que acaba de na- un mismo prol
cer. El camino no iba a ser fácil y en un terreno más nos vamos a encontrar las que resulta
con los claroscuros del dieciocho. dado el escasc
facilidades exp
sulta muy labo
Límites e impulsos al desarrollo científico mentos parecid
presenta más p
La idea del período que nos ocupa como una época en que el pensamien- se tiene del cue
to científico consigue terminar con todos los errores del pasado y obtiene una Cuanto Jley;
aceptación social generalizada es al menos tan inexacta como la que lo hace rante el siglox
encarnar sólo el triunfo de lo racional y lo irreligioso. Junto a una serie abun- ceso de divulga
dante de factores favorables a su desarrollo encontraremos otros que limitan cientes. Interes;
su avance o difusión. Tal es el papel que juegan: el peso de la tradición car- unos temas que
tesiana y la pervivencia de falsas creencias, de equivocadas teorías tradicio- Estados. Todos
nales. La primera afecta sobre todo a Francia, dificultando la implantación la actividad cie
de los principios newtonianos en astronomía, matemáticas y física. En cuan- dro I— o labor:
to a las segundas, las hallamos fundamentalmente entre el pueblo que en su do por aristócra
mayoría ignora la nueva ciencia y rechaza la moderna cosmología. Para él, de colecciones,
los zodíacos siguen siendo la mejor explicación del carácter y la guía para que si bien no y
el futuro; los almanaques, en los que pervive el geocentrismo de Ptolomeo, mización aport:
un excepcional aprendizaje sobre la salud de las personas y los animales, el social por ella.
cuidado de los cultivos y la previsión del tiempo, todo lo cual se cree aún Más específi
bajo la influencia de fuerzas extraterrestres. A nivel de práctica cotidiana pue- bidos desde las
de decirse que todavía ningún avance científico, salvo quizá la inoculación, multiplican a k
cuestionó las costumbres heredadas, miento académi
Mas no sólo entre la masa popular incapaz de alcanzar la edad de la ropeos impulsar
razón se mantienen los errores. También entre los intelectuales y eruditos los o de la Royal So,
encontramos. Así, los alquimistas y la alquimia continúan gozando de gran demias de carác
prestigio, al igual que la idea de que las faltas personales o las intenciones más importante:
malevolentes de otros son causas de desgracias personales. A veces se va más aparecerán algu
allá de la mera creencia y se utiliza el método experimental para dar valor y Daventry. Res
científico a tradiciones como la de que el color de la piel depende de las bi- corresponde a l;
lis. Su formulación teórica corresponde al italiano Bernardo Albinus (1737), el número de pi
siendo el francés Pierre Barrére quien publica en 1742 varios trabajos en los la Sociedad Lun
HISTORIA UNIVERSAL 525

que la considera probada por sus experimentos. Le Journal des Savants se


encarga de difundirla, mientras que de ella surge la idea de que los negros
son otra especie carente de los órganos humanos de tejidos, corazón y alma.
No pasaría mucho tiempo, 1765, antes de que otro francés, Claude Le Cat,
médico, demostrase lo contrario, pero sus planteamientos fueron ignorados
frente a los reiteradamente citados de Barrére. Esta utilización de los mis-
mos métodos científicos para probar lo verdadero y lo erróneo no es otra
cosa, en el fondo, que el reflejo de la época de transición que se vive. Existe
un armazón ideológico establecido para distinguir entre lo que es ciencia y
lo que no, pero la imprecisión del proceso permitía varias aproximaciones a
un mismo problema que alumbraban distintas soluciones. Soluciones entre
las que resulta difícil a veces distinguir las correctas de las que no lo eran
dado el escaso rigor aún de la comprobación científica y la ausencia de
facilidades experimentales. Incluso la refutación de las tesis equivocadas re-
sulta muy laboriosa al usar creadores y críticos hipótesis similares, experi-
mentos parecidos. De todos los campos científicos, la Medicina es el que se
presenta más propicio a las equivocaciones por el desconocimiento que aún
se tiene del cuerpo humano,
Cuanto llevamos dicho no es óbice para reconocer que la ciencia vive du-
rante el siglo XVII momentos importantes y que sus saberes inician un pro-
ceso de divulgación que les hará merecedores de patronazgo y atención cre-
cientes. Interesan a los gobernantes, aunque su apoyo se orientara más a
unos temas que a otros y se centrara con preferencia en las capitales de los
Estados. Todos los reyes y sus colaboradores se preocuparon de proteger
la actividad científica, llegando algunos a tener su propio planetario -——Pe-
dra — o laboratorio —duque de Orleans—. Tal actitud crea ejemplo, segui-
do por aristócratas, burgueses y escritores que se dotan, para estar a la moda,
de colecciones, gabinetes y laboratorios donde realizar unos experimentos
que sí bien no pasan de ser puro diletantismo por la difícultad que la mate-
mización aporta a la comprensión de la ciencia, son fiel reflejo del interés
social por ella.
Más específico y de mayor nivel intelectual van a ser los impulsos reci-
bidos desde las Academias de Ciencias y las Sociedades Científicas que se
multiplican a lo largo del período. Aquéllas, ya vimos al hablar del movi-
miento académico con motivo de la ustración, cómo tados los gobiernos en-
ropeos impulsan su creación siguiendo el modelo de su homónima francesa
o de la Royal Society de Londres, cuyo prestigio era universal. Junto a las aca-
demias de carácter general y ámbito nacional, surgirán otras en las ciudades
más importantes o dedicadas a un ámbito concreto, las de Medicina. Incluso
aparecerán algunas academias disidentes, como las inglesas de Warrington
y Daventry. Respecto a las sociedades científicas, su incremento más notorio
corresponde a la segunda mitad de siglo, momento en el que también crece
el número de personas con que cuentan. Citaremos como ejemplo de ellas:
la Sociedad Lunar de Birmingham, a la que pertenecen, entre otros, el fa-
596 ROSA MARÍA CAPEL

bricante de hierro Wilkinson, el alfarero Wedwood, Priestley y Watt; la Real un tiempo. Sin e
Sociedad de Edimburgo (1789); la Sociedad Filosófica Americana (1743), de merciantes que |
Franklin; la Sociedad Linneana (1788), de Londres, que adquirió el herbo- ren ahora invert
lario, biblioteca y manuscritos de Linneo a su muerte, y la Sociedad Litera-
biles y no encue
ria y Filosófica. de Manchester (1785). una cierta activi
Academias y sociedades tienen una de sus formas más señalada de cola- ses que ven en
borar al desarrollo científico en el mantenimiento de publicaciones periódi- terra prosigue lc
cas que sirven para difundir los trabajos realizados por sus miembros. Cuan- dustria y el intel
do los originales se multiplicaron y la aparición de este tipo de ediciones em- figura y la obra
pezaba a demorarse, surgieron un gran número de revistas para acogerlos, etapa de acelera
iniciándose, al unísono, un movimiento de especialización en su temática. Desde los añ
De nuevo los años más fructíferos serán los de la segunda mitad de la cen- bitos estrictamer
turia. Con anterioridad sólo existían cuatro grandes publicaciones: las de la obras del inglés
Royal Society (Londres) y la Academia de Ciencias de París; las Nouvelles de
establecen los cit
la République des Lettres, de Bayle, y el Acta Eruditorum (Leipzig). Para lor, la electricid:
1800 eran 75, de las que casi dos tercios habían nacido a partir de los ochen- gía y magnetism
Naturaleza, sust
ta. Tres de ellas continúan apareciendo hoy: el Botanical Magazine (1787),
los Annales de Chimie (París, 1789) y el Philosophical Magazine (Londres,
de energía por u
1798).
pechados. En su
Además de las publicaciones periódicas, el mercado del libro científico El desarrollo
vive asimismo un momento expansivo reflejo de la conciencia pública de la guiendo a Ceped
ciencia existente. Ella favorece y es favorecida por la aparición de obras de tean los hombre:
divulgación que intentan expresar las complicadas ideas de las ciencias de el Planeta donde
la forma más sencilla. El camino lo inician las Conversaciones sobre la plu- zas guarda en s
ralidad de los mundos (1686) donde Bernard Fontenelle trata de explicar el
quiénes son y có
sistena copernicano. Durante el siglo XvHr este tipo de obras aumenta, lle-
gando a aparecer algunas especialmente dedicadas a las mujeres y los niños:
LA TIERRA EN EL
Il newtonianismo per le dame (1737), de Francesco Algarotti. El trabajo más
completo será el de Buffon: Historia Natural (1749-1804).
No podemos terminar esta brevísima síntesis de los factores que impul- No cabe dud
san el desarrollo de la ciencia en el Setecientos sin mencionar: su recepción las fuerzas, el es
en ciertas universidades, sobre todo las escocesas; la creación de museos so- de ciencia de la
bre aparatos científicos o de Historia Natural, y el perfeccionamiento de los los que alcanzar
instrumentos de análisis o experimentación. A la mejora de su diseño y fa-
bricación dedicaron gran esfuerzo los artesanos, quienes alcanzan gran ca-
lidad en sus trabajos y consiguen ser admitidos como miembros de las ins- Matemáticas y n
tituciones científicas oficiales.
Dentro de las
tría, el álgebra y
Dos períodos diferentes y Leibniz. El aris
metría descriptiv
Como dijimos al comienzo, las primeras décadas del siglo XVII son mo- mientras el suizo
mentos de ralentización del esfuerzo científico. Parecía como si la publica- cia los caminos
(1752-1833) amp
ción de los Principia, de Newton (1687), hubiese agostado las mentes por
HISTORIA UNIVERSAL 597

un tiempo. Sin embargo, existían razones socio-económicas para ello, Los co-
merciantes que habían subvencionado los avances hasta el momento prefie-
ren ahora invertir en ámbitos más seguros; los manufactureros son aún dé-
biles y no encuentran las ventajas de tales gastos. Pese a todo, se mantiene
una cierta actividad en Francia, bajo la protección de aristócratas y burgue-
ses que ven en la ciencia otro medio para expresar su descontento. Ingla-
terra prosigue los cambios técnicos que permiten a Escocia el auge de su in-
dustria y el intelectual de sus universidades. En el ecuador de la centuria, la
figura y la obra de Benjamín Franklin (1706-1790) preludian ya una nueva
etapa de aceleración en los progresos científicos.
Desde los años sesenta hasta el final: el newtonianismo pasa de los ám-
bitos estrictamente científicos a los del pensamiento en general, gracias a las
obras del inglés Pemberton y los franceses Voltaire y madame Chátelet; se
establecen los cimientos de la nueva química, los estudios cuantitativos, el ca-
lor, la electricidad y el magnetismo; se producen grandes avances en geolo-
gía y magnetismo, astronomía y mecánica. El hombre consigue dominar la
Naturaleza, sustituir la mano humana por la máquina y las antiguas fuentes
de energía por una nueva, el vapor, que abre horizontes de progreso insos-
pechados. En suma, se pone en marcha otra revolución científica.
El desarrollo concreto de los distintos saberes podemos agruparlos, si-
guiendo a Cepeda Adán, en torno a las tres grandes cuestiones que se plan-
tean los hombres del dieciocho: Primero, qué es, cómo es y qué lugar ocupa
el Planeta donde habita (en el espectáculo del Universo); segundo, qué fuer-
245 guarda en su seno... capaces de ser dominadas y utilizadas, y tercero,
quiénes son y cómo se comportan los diversos seres que (lo) pueblan...

LA TIERRA EN EL ESPACIO

No cabe duda de que los distintos aspectos de las ciencias del número,
las fuerzas, el espacio y la Tierra atraen de manera especial a los hombres
de ciencia de la época, siendo dos de estos campos, mecánica y astronomía,
los que alcanzan un desarrollo mayor durante el período.

Matemáticas y mecánica

Dentro de las matemáticas las investigaciones se dirigen hacia la geome-


tría, el álgebra y el cálculo infinitesimal, establecido al unísono por Newton
y Leibniz. El aristócrata francés Monge (1746-1818) puso las bases de la geo-
metía descriptiva y enunció los teoremas más importantes de la analítica,
mientras el suizo Euler (1707-1783), al profundizar en el nuevo cálculo, ini-
cia los caminos futuros de la matemática y el también francés Le Gendre
(1752-1833) amplía los estudios sobre cálculo de variaciones, de gran im-
528 ROSA MARÍA CAPEL

portancia en el terreno de la mecánica. Hacia la síntesis del saber mecánico Tal teoría esta
y matemático avanza Laplace (1749-1827) con el sistema dinámico que cons- su compatriota Bu
truye y, sobre todo, el conde de Lagrange (1736-1813), fundador de la Socie- sistema solar está
dad Científica de Turín, cuyos trabajos se centran en el terreno del cálculo, una parte de éste :
el análisis matemáfico y la teoría de las ecuaciones. Su obra principal, Me- de enfriamiento y
cánica analítica, aparecida en 1788, es, sin duda, la más importante des- que conservarán l.
pués de los Principia newtonianos. Fue el creador de las ecuaciones y la fun- sus líneas general
ción que llevan su nombre y que son aplicables en la mecánica. que la de Laplace,
Otro ámbito que atrajo la atención de los investigadores en las ciencias la Tierra que reco
que nos ocupan fue el de los fluidos. El abate Bossut (17301841), que realizó sus términos, nues
sus experimentos con D'Alembert y Condorcet, formuló la primera teoría so- cuya duración api
bre la resistencia de aquéllos al movimiento de sólidos en su seno. Por su tima de la que vaz
parte, D'Alembert, en su Tratado de dinámica (1743), estudia la circula- teriza por un prog
ción de fluidos y expone los principios de estática y dinámica del aire y los posible y se exting
líquidos. en gran medida, 1.
Las inquietudes científicas no pararon aquí, realizándose, asimismo, du- Respecto a la «
rante el período experimentos sobre la elasticidad de los cabellos, la seda sir William Hersch
y los alambres metálicos e intentos de medir una importante constante gra- mo realiza en el te
vitatoria. sus labores en con
Carolina. Sus obse
en época histórica
La Astronomía cuya relación inch
lites Titania y Obe
Su importancia y difusión a lo largo del siglo XVI fue tal que llesó a con- de Saturno. Estudi
vertirse en una auténtica pasión de eruditos y aficionados. En cuanto a las que consideraron
investigaciones realizadas, encontramos en ellas una doble dirección: la que centrado. Acerca d
se dirige a comprobar matemáticamente la gravitación universal, cuyo cen- lejos de estar para:
tro estará en el Continente, y la que presta mayor atención a las observacio- to distante del uni
nes, desarrollada sobre todo en Inglaterra. Dentro de la primera, destaca la Además de la €
figura de Laplace, ya citado por sus trabajos sobre mecánica y que también que preocupó a lo:
colaboraría con Lavoisier en estudios sobre gases, sonido, cálculo de proba- El británico Mask
bilidades, etc. Si en su Mecánica celeste reúne en una teoría conjunta las ideas para guía de los m:
dispersas de Newton, Halley, D'Alembert y Clairant sobre las consecuencias Cavendish (1731-1
de la ley de gravitación universal, en Exposición del sistema del mundo próxima a la más
(1796) sintetiza el conocimiento existente del cielo y formula una hipótesis Resultaron falli
cosmogónica basada en la observación de la dirección o sentido idéntico que cia entre el Sol y le
el Sol, los planetas y los satélites siguen en sus rotaciones. Según Laplace, el didas del universo,
sistema solar fue en sus inicios una nebulosa con un núcleo condensado a ración a gran esca
temperatura muy elevada y girando alrededor de un eje central. La rotación
unida al enfriamiento de las capas exteriores originarían anillos sucesivos de
los que, por condensación en uno de sus puntos, se formarían los planetas La Geografía
y de ellos, por similar proceso, los satélites. El núcleo central daría lugar al
sol, Para el investigador francés, los anillos que envuelven a Saturno son el Si se sentía pre
ejemplo de la fase intermedia. gen, no faltaba tar
HISTORIA UNIVERSAL 529

Tal teoría estaba en contradicción con la expuesta unos años antes por
su compatriota Buffon (1708-1788) quien considera que el origen de nuestro
sistema solar está en el choque de un cometa con el Sol, como fruto del cual
una parte de éste se desgarra. Separada del núcleo incandescente, el proceso
de enfriamiento que experimenta da origen a los planetas y a los satélites
que conservarán la dirección rotatoria solar. Si no en todos sus puntos, sí en
sus líneas generales la formulación de Buffon es más conforme a las actuales
que la de Laplace. Además, ella le va a servir para articular una historia de
la Tierra que recoge en su Épocas de la naturaleza (1778). De acuerdo con
sus términos, nuestro planeta ha pasado desde su formación por siete etapas
cuya duración aproximada calcula. Actualmente nos encontramos en la úl-
tima de la que van transcurridos 5.000 años y faltan otros 93.000. Se carac-
teriza por un progresivo enfriamiento que hará que al final la vida sea im-
posible y se extinga. Estas ideas, de gran modernidad también, permitieron,
en gran medida, las investigaciones geológicas y prehistóricas.
Respecto a la observación del universo, va a recibir un gran impulso de
sir William Herschel (1738-1822), facilitada por la mejora técnica que él mis-
mo realiza en el telescopio. Siguiendo la tradición de la época, llevó a cabo
sus labores en compañía, aunque esta vez era la de una mujer: su hermana
Carolina. Sus observaciones les permitieron: hacer el primer descubrimiento
en época histórica de un planeta: Urano; encontrar muchas estrellas nuevas
cuya relación incluyeron en el Catálogo de Estrellas (1788); hallar los saté-
lites Titania y Oberón pertenecientes a Urano, además de Encelado y Minas
de Saturno. Estudiaron, asimismo, varias nebulosas y la Vía Láctea, de la
que consideraron que tenía forma convexa, ocupando el Sol un lugar des-
centrado. Acerca de éste, finalmente, sus trabajos les llevaron a concluir que
lejos de estar parado, como se había creído, se movía en dirección a un pun-
to distante del universo.
Además de la gravitación universal y el estudio de las estrellas, otro tema
que preocupó a los astrónomos fue la medición de la densidad de la Tierra.
El británico Maskelyne (1732-1811), director del Nautic Almanac (1766),
para guía de los marinos, la cifró en cuatro veces y media más que el agua.
Cavendish (1731-1810) mejoró su método, dando la cifra de 5,488, muy
próxima a la más reciente de 5,5270.
Resultaron fallidos, sin embargo, todos los intentos de conocer la distan-
cia entre el Sol y la Tierra, que habría de ser el patrón para posteriores me-
didas del universo. Mas no todo fue negativo, el proyecto provocó la coope-
ración a gran escala de los astrónomos de varios países.

La Geografía

Si se sentía preocupación por el lugar del planeta en el espacio y su ori-


gen, no faltaba tampoco para conocer su forma, medirlo y dibujarlo. Esta
530 ROSA MARÍA CAPEL

tarea se benefició enormemente de la afición por los viajes de los hombres americano y el
del dieciocho así como de la admiración, la atracción que sienten por el mun- noroccidental d
do exterior, al que intentan describir con la mayor exactitud posible.
rea, y Bougainvi
Las dos primeras expediciones para conocer la forma de la Tierra salen francesa abande
en 1735 con direcciones opuestas. Una, dirigida por Manpertius y Clairant,
El mayor av:
va hacia Laponia; la otra, mandada por La Condamine y Bouguer, a Perú.
El método seguido por ambas en su trabajo es idéntico: medir la longitud importantes ma
del grado meridiano sin los polos. Los resultados sirvieron para comprobar primero de un ¡
que el globo terráqueo era esferoide y achatado por los extremos. En la se- y el Atlas y des
gunda de las misiones citadas participaron dos científicos españoles: Jorge geológicos. Mie
Juan (1713-1773) y Antonio de Ulloa (1716-1795), quienes a su vuelta pu- del segundo ape
blicarán la Relación histórica del viaje a la América Meridional (1748), re-
cogiendo sus experiencias. Junto a ésta y otras obras realizadas de forma
conjunta, los trabajos individuales de cada uno resultaron, asimismo, impor- La Geología
- tantes. Más interesado por los aspectos teóricos de la ciencia, Jorge Juan pu-
blicó varios escritos sobre navegación y astronomía, aportando nuevas fór- Las sacudida
mulas para medir los meridianos terrestres. Su fama cruzó pronto los Piri- bre todo el mov
neos, como lo demuestra el que con motivo de un eclipse solar se le pida su y generó curjosa
opinión sobre el fenómeno desde uno de los epicentros científicos e intelec- neta. Además, le
tuales del momento: París. Por su parte, Antonio de Ulloa se sentía más atraí- otros ámbitos de
do por los descubrimientos de tipo práctico, Participó en la fundación de co- que la Biblia le
legios de cirugía, jardines botánicos y gabinetes mineralógicos; ensayó el me-
La polémica
joramiento de los materiales de escritura; dio a conocer el platino como cuer-
la centuria, ez
po simple, e inventarió las riquezas naturales del Nuevo Mundo.
También se desarrollan durante la centuria la cartografía, la geofísica y
(1749-1817), y y
nismo, cuyo sist
la topografía, beneficiadas por la minuciosidad con que los viajeros y hom-
Tierra fue en su
bres de ciencia del dieciocho aclaran y dibujan los mapas del mundo here-
como verdadero
dados de españoles y portugueses o confeccionan detallados repertorios so-
maciones diferer
bre la naturaleza que encuentran. Tarea ésta en la que España participó con
una intensa política de expediciones dirigidas a conocer mejor los territorios cánica, la de cor
americanos y en la que participaron, a veces, extranjeros como Humboldt El vulcanism
(1769-1859) o Leoffling, colaborador directo de Linneo. Recordemos de en- negar del todo el
tre ellas, a modo de ejemplo, la realizada por Malaspina (1754-1809) y Bus- de las rocas pare
tamante, entre 1782 y 1789. Acompañados por un equipo de investigadores su consolidación
internacionales, recorrieron las costas atlánticas americanas desde Alaska introducirse mat
hasta Río de la Plata. El itinerario de su regreso les permitió completar la tológicos desinte
vuelta al mundo. Hombres de su tiempo, no se contentaron sólo con hacer mar, donde cons
minuciosos planos, catalogar la flora que hallaban y observar las estrellas, sionados. En op.
sino que también prestaron gran atención a las costumbres y estado político Como procesos n
de los pueblos con los cuales entraban en contacto. der —afirmaba-
No podemos olvidar, tampoco, que el dieciocho es todavía una época de mitida ninguna
descubrimientos: Bering (1681-1741) encontró que Asia y América no están Aparte de est
unidas por el Norte, al tiempo que nos habla de las islas Aleutianas y Alas- terminar las secí
ka; Cook (1728-1779), además de recorrer las costas nórdicas del Continente corteza terrestre
HISTORIA UNIVERSAL 531

americano y el Pacífico, halló Tahití, Nueva Zelanda, Australia y el paso


noroccidental del estrecho de Beringi Vancouver (1757-1798) siguió su ta-
rea, y Bougainville visitó la Polinesia y Las Malvinas, donde dejá una colonia
francesa abandonada poco después por la presión española.
El mayor avance cartográfico se dio en Francia, donde se publicaron dos
importantes mapas: el Mapa de Cassini, o de la Academia (1750-1789), el
primero de un país realizado basándose en la triangulación y la topografía,
y el Atlas y descripción mineralógica de Francia (1780) que recogía datos
geológicos. Mientras el primero se publicó íntegro, constando de 183 hojas,
del segundo apenas aparecieron 32 de las 230 que lo componían.

La Geología

Las sacudidas periódicas que soportaban los habitantes de la Tierra, so-


bre todo el movimiento sísmico de Lisboa de 1755, que conmovió creencias
y generó curiosas teorías, estimuló el interés por conocer el interior del pla-
neta. Además, los avances en este terreno influyeron de manera decisiva en
otros ámbitos del pensamiento pues vinieron a arrojar dudas sobre la edad
que la Biblia le otorgaba.
La polémica sobre los orígenes de las rocas va a centrar los trabajos de
la centuria, existiendo dos teorías: neptunista, creada por Werner
(1749-1817), y vulcanista, fundada por Hutton (1726-1797). Para el neptu-
nismo, cuyo sistema se basaba más en hipótesis que en comprobaciones, la
Tierra fue en su origen un núcleo sólido cubierto por un océano que actuó
como verdadero agente del cambio geológico. Distingue cinco tipos de for-
maciones diferentes: primitiva, de transición, sedimentaria, derivativa y vol-
cánica, la de constitución más reciente y accidental.
El vulcanismo, o plutonismo, mantiene tesis distinta, aunque no llega a
negar del todo el papel del agua en esta materia, admitiendo que la mayoría
de las rocas parecen haberse formado como sedimentos marinos. Ahora bien,
su consolidación había sido posible por la acción del calor subterráneo al
introducirse materia fundida dentro de ellas. Más tarde, los agentes clima-
tológicos desintegran las rocas; la lluvia y los ríos depositan sus trozos en el
mar, donde constituyen nuevos estratos que emergerán otra vez para ser ero-
sionados. En opinión de Hutton, la historia de la Tierra debe interpretarse
como procesos naturales aún operativos o de reciente actividad. Ningún po-
der —afirmaba— será empleado que no sea natural al globo, ni será ad-
mitida ninguna acción, excepto aquellas de las que conocemos el principio.
Aparte de esta polémica, durante la primera mitad de siglo se intentó de-
terminar las secuencias temporales de los principales tipos de estratos de la
corteza terrestre sin gran éxito en ese momento. Será durante la segunda,
532 ROSA MARÍA CAPEL

cuando Lehmann (+ 1767) y Fúchsel (1722-1773) establecieron la sucesión (1701-1744), qu


geológica de las rocas para el Harz y Turingia, respectivamente, sentando dición a Laponi:
las bases de la estratigrafía científica. dos y cuyas apo
realidad, más ir
Los trabajos
LA TIERRA Y SUS FUERZAS que un divertim
tos que la produ
Incluimos dentro de este apartado dos ciencias fundamentales: la Física resumió sus pri
y la Química. la ley de atraco
fue probada por
tra que la repul:
Las ciencias físicas a idéntica ley.
Uno de los e
_La evolución de la Física durante la centuria que nos ocupa la podemos de la electricids
caracterizar por dos hechos: los importantes avances realizados en dos terre- 1745. Con su bo
nos tradicionales: electricidad y calor, y la aparición de un saber nuevo en estaño de la que
su seno: la meteorología, ligado hasta ahora a la astronomía. vez. primera un:
La investigación sobre el calor fue la primera en obtener resultados. Black Poco después, e
(1728-1799) estableció esta ciencia sobre bases cuantitativas a comienzos de dos y 300 monje
los sesenta y observó que, al contrario de lo que se pensaba, el termómetro tica más útil vi
no medía la cantidad de calor sino la intensidad e ideó un método para me- 1752, consigue«
dir aquélla. La observación del tiempo distinto que tardaban agua y mercu- cometa terminas
rio en calentarse le llevó a formular la tesis de que las sustancias tienen dis- rarrayos se hab;
tinta capacidad de calor, que no depende de su densidad. Este término lo el faro de Plymc
sustituyó en 1780 por el de calor específico, establecido siempre por relación Siguiendo en
al agua. También descubrió el calor latente partiendo de los procesos de fi- vani (1737-1798
sión y de vaporización. En ambos casos la temperatura sube al finalizar o una rana aquéll:
antes de comenzar el proceso, respectivamente, pero no durante él. Este des- por un conduct
cubrimiento fue trascendental para el perfeccionamiento de la máquina de terpretación: bie
vapor. ser un efecto del
También se intentó saber más sobre la naturaleza del calor, acerca de la la primera expl
cual había dos teorías: la que lo consideraba una forma de movimiento y la Volta (1745-182
que lo creía una sustancia material. Siguiendo la segunda, sir Benjamín 1800, al constru
Thompson (1753-1814) trató de pesarlo; sus medidas fueron las más exac- de una serie de
tas, pero al no encontrar cambio al modificar la temperatura del agua, con- rados por rodete
cluyó que debía de ser algo tan infinitamente raro, ..., que echa por tierra saba la electrici
todos (los)... intentos de descubrir su gravedad. Por consiguiente, el calor se- había descubier
ría más bien alguna forma de movimiento. do en el siglo si;
Sabido que los termómetros medían la intensidad de calor, se buscaron En cuanto a
métodos más exactos que el rudimentario aparato del mismo nombre creado plos de física ap
por Galileo. Los tres tipos de medidas que hoy conocemos aparecieron en- minación a trav
tonces de la mano de tres sabios de tres países distintos: el alemán Fahren- de un Tratado «
heit (1686-1736), quien además de construir su escala sustituyó el alcohol de presentó teorías
la columna por el mercurio, más estable y visible; el sueco Celsius preocupaba era,
HISTORIA UNIVERSAL 533

(1701-1744), que fija una escala distinta, centesimal, y participa en la expe-


dición a Laponia; y el francés Réamur (1683-1757), cuya escala es de 80 gra-
dos y cuyas aportaciones a las industrias del acero y la porcelana fueron, en
realidad, más importantes.
Los trabajos sobre electricidad, por su parte, empezaron siendo no más
que un divertimento para terminar conduciendo a la construcción de apara-
tos que la producían y permitían su control. El británico Priestley (1733-1804)
resumió sus principios y teorías, estudiando la luz lateral y sugiriendo que
la ley de atracción eléctrica era una ley de cuadrado inverso. Tal hipótesis
fue probada por Coulom (1736-1806) que le da su nombre. Además, encuen-
tra que la repulsión mecánica y la atracción magnética responden, también,
a idéntica ley.
Uno de los experimentos que tendrá mayores consecuencias en el terreno
de la electricidad es el del holandés Van Musschenbroeck (1692-1761) en
1745. Con su botella de Leiden, vidrio delgado recubierto con una lámina de
estaño de la que sale una varilla metálica que acaba en esfera, consigue por
vez, primera una descarga eléctrica y el experimento se convierte en moda.
Poco después, el padre Nollet (1700-1770) consigue electrificar a 180 solda-
ar de
dos y 300 monjes asidos a una barra metálica. Empero, la aplicación prác- tense
tica más útil vino de América, donde Benjamín Franklin (1706-1790), en a pu-
1752, consigue arrancar el rayo al cielo, como se dijo en la época, con una 2911Ó-
o Ré-
cometa terminada en punta de hierro y unida al suelo por un cable. El pa-
ra en
rarrayos se había inventado y el primero se colocó ocho años más tarde en funas
el faro de Plymouth. 8 des-

Siguiendo en este terreno, el profesor de la universidad de Bolonia, Gal- js XVII

vani (1737-1798), observó que si aplicaban descargas eléctricas a la pata de


una rana aquélla sufría convulsiones siempre que estuviera conectada a tierra
a del
por un conducto eléctrico. El hecho, considera, es susceptible de doble in- versi-
terpretación: bien puede deberse a la existencia de electricidad animal, bien las re-
E
ser un efecto del contacto entre dos metales distintos. Galvani se inclina por irrei-
rela-
la primera explicación, siendo muy pronto contestado por su compatriota
lrid y
Volta (1745-1827) para quien la verdadera causa estaba en la segunda. En Facio-
1800, al construir su famosa pila demostró lo acertado de su idea. Se trataba Edad
de una serie de discos de cobre y zinc apilados de forma alternada y sepa-
rados por rodetes con agua acidulada. Un hilo metálico, a través del cual pa-
titular
saba la electricidad, unía el primer disco de cobre y el último de zinc. Se
había descubierto la corriente eléctrica y aunque el invento fue perfecciona- pate
do en el siglo siguiente, su principio básico permaneció inamovible.
En cuanto a la meteorología, se convirtió en uno de los primeros ejem-
plos de física aplicada. Luc (1740-1815) perfeccionó el barómetro y la deter-
minación a través de él de las altitudes. El padre Cotte (1740-1815), autor
de un Tratado de meteorología (1774), observó los fenómenos atmosféricos,
presentó teorías y publicó datos sobre períodos largos de tiempo. Lo que más
preocupaba era, cómo no, la medición exacta y la recogida de la mayor can-

A a
534 ROSA MARÍA CAPEL

mento podía cc
tidad de datos posibles. En este sentido es de destacar la labor de la Socie-
dad meteorológica palatina creada en 1780 por el elector de Baviera. Hasta estudio del pro
tón en sus prin
los años noventa estuvo recogiendo las informaciones enviadas por 57 esta-
ciones extendidas desde Siberia a Norteamérica. dos aumentaba
se combinaban
interesó tambié
consideró mez:
La Química
(ácido carbónic
vendish con el
El siglo ilustrado señala un momento de inflexión fundamental en el terre-
agua era una C
no de la química. A lo largo de él conseguirá nacer como ciencia indepen-
diente, emancipada definitivamente de la alquimia, uno de los saberes más bre de hidróger
le hicieron ader
antiguos y que aún conservará su prestigio. Beneficiándose de la preocupa-
veremos, trasce
ción que sienten los gobernantes por la salud de sus súbditos, la investiga-
de química, ob
ción química, sensu stricto, se va a ver impulsada y dentro de ella pueden
que expresa la
distinguirse varias líneas. Una es ya tradicional, el estudio de la transforma-
ción de los sólidos, otras aparecen ahora: la de los gases y la de la combustión. ción química e
No pararon
El punto de vista del químico se mantiene bastante simple hasta los años
vestigaciones a
cincuenta. Su mundo seguía constituido por cuatro elementos —aire, agua,
fuego, tierra— y tres principios —sal, azufre, mercurio—> su pensamiento,
de siglo. Los cu
dominado por la teoría del flogiston, enunciada por el alemán Stahl ponentes; el nú
hacer necesari:
(1668-1734) nada más empezar el siglo y que suponía la existencia en todos
bio francés jun
los cuerpos combustibles de un principio inflamable liberado en forma de
el método más
fuego o llama al quemarse. Principios y teoría no tardarán en conmoverse.
tes. Los trabajo
Cruzado el meridiano del siglo ya no son médicos o profesores de medicina
quienes monopolizan los estudios químicos, ahora son mayoritarios quienes (1787). Según
trabajan en farmacia, tecnología o enseñan la propia materia. En la univer-
pueden descon
de éstas, las h
sidad de Upsala se crean sendas cátedras de Química y Física (1750); en
1778 aparece la primera revista especializada en el tema, y mientras tanto Aquéllos se cl,
integra; éstas, ]
los descubrimientos se suceden. Black encontró el aire fijo, al que Lavoisier
denominaría ácido carbónico; Cavendish habló de la existencia de tres aires: binan.
inflamable (hidrógeno), fijo y común o atmosférico. Priestley (1733-1804) re- También se
nidad o atracel
conoció siete aires nuevos o gases, de los que el más importante sería el que
denominó desflogistizado, por carecer de flogistón, y al que Lavoisier renom- cuantitativa de
bró como oxígeno. Poco antes de su hallazgo, había descubierto que la pu- guiendo la obr
rificación del aire se debe a las plantas, si bien no sospechó la acción del sol
químicamente
en el proceso, puesta de relieve ocho años después por Ingen-Housz
(1730-1799). Junto a todos ellos, Rutherford (1749-1819) aisló el aire nocivo
(nitrógeno) y Scheele (17421786), además de considerar que aquél compone LA TIERRA Y SU
el aire atmosférico al lado del aire fuego (oxígeno), descubrió el cloro, el gli-
cerol y un gran número de ácidos. Tanto con:
Gran parte de todos estos avances los encontraremos en la base de la el conocimient
obra de Lavoisier (1743-1794), considerado padre de la química moderna.
getales o el pr
cas, económice
Comenzó por refutar una antigua creencia química gracias a sus preocupa-
ciones por la pureza del agua potable de París. Observó que nunca tal ele- de manera im]
HISTORIA UNIVERSAL 535

mento podía convertirse en tierra. La aplicación de un método semejante al


estudio del proceso de calcinación le llevó a contradecir la teoría del flogis-
tón en sus principios y explicaciones, pues encontró que los metales calcina-
dos aumentaban de peso en proporción igual a la cantidad de aire con que
se combinaban. Tal punto de vista no sería aceptado en mucho tiempo. Se
interesó también por la investigación sobre el aire. Siguiendo a Priestley, lo
consideró mezcla de dos gases: uno respirable (oxígeno) y otro asfiriante
(ácido carbónico), mientras que la continuación de los experimentos de Ca-
vendish con el aire inflamable le llevaron a demostrar su teoría de que el
agua era una combinación de aquél con el oxígeno. Por ello le dio el nom-
bre de hidrógeno (formador de agua). Sus estudios sobre gases y combustión
le hicieron adentrarse en el terreno de la fisiología, donde su labor fue, como
veremos, trascendental. En 1789 aparecerá publicado su Tratado elemental
de química, obra básica para el desarrollo posterior de esta ciencia y en la
que expresa la ley de la indestructibilidad de la materia, introduce la ecua-
ción química e incluye una lista de 33 elementos.
No pararon aquí las aportaciones de Lavoisier. Como resultado de las in-
vestigaciones anteriores el mundo químico se había ampliado para finales
de siglo. Los cuatro elementos tradicionales estaban desdoblados en sus com-
ponentes; el número de sustancias conocidas, multiplicado hasta el punto de
hacer necesaria una denominación exacta. La tarea fue abordada por el sa-
bio francés junto a Guyton, Berthollet y Fourcroy, quienes consideraron como
el método más adecuado la designación de la sustancia por sus componen-
tes. Los trabajos quedaron recogidos en el Método de nomenclatura química
(1787). Según él, las sustancias se clasifican primero en simples, las que no
pueden descomponerse, y compuestas, de gran número y variedad, Dentro
de éstas, las hay con dos componentes: ácidos y óxidos, o con tres: sales.
Aquéllos se clasifican atendiendo al nombre del segundo cuerpo que los
integra; éstas, por el del ácido del que derivan y la sustancia con que se com-
binan.
También se hicieron experimentos a fin de resolver el problema de la afi-
nidad o atracciones químicas entre sustancias reactivas, buscándose una ley
cuantitativa de la fuerza química. En este sentido, Fischer (1754-1831), si-
guiendo la obra de Richter, elabora una tabla fijando el peso de sustancias
químicamente equivalentes.

LA TIERRA Y SUS SERES

Tanto como el Universo y la Naturaleza, interesa a los sabios ilustrados


el conocimiento de los seres que pueblan el planeta, ya sean animales, ve-
getales o el propio hombre. La influencia de las circunstancias demográfi-
cas, económicas, políticas o, simplemente, de las modas se deja notar aquí
de manera importante.
536 ROSA MARÍA CAPEL

Botánica y Biología por las mejor,


uso en ellos d
La Botánica, una de las ciencias más antigua de la Humanidad, se va a nos la Contril
beneficiar de las preocupaciones de gobernantes y economistas por la mejo- su vida y cost
ra de la agricultura, así como por los procesos de revolución agraria que se bre la parten
llevan a cabo durante el período. También para ella, el siglo XVI significa Siendo inr
el momento en que entra a formar parte de los saberes racionales abando- cia de mutaci
nando el ámbito de los perfumistas y jardineros en los que había estado an- Monet, caball
clada hasta el momento. El paso se debió, fundamentalmente, a la labor del el padre del t
sueco Linneo (1707-1778), quien llevó a cabo una concienzuda labor de cla- ciones no son
sificación de la Naturaleza. Sus estudios sobre los órganos sexuales de las dicambientale
plantas, estambres y pistilos, le permitieron establecer una clasificación con- uso o no de 1
vencional de ellas y crear el método de nomenclatura binaria aplicado pri- quiridos. Tan
mero al mundo vegetal y, más tarde, al animal. Para él, la Naturaleza se materia un lib
puede dividir en tres reinos: lapidaria, vegetalia y animalia, cada uno de los tración de los
cuales, a su vez, se subdivide en géneros y especies. Acerca de éstas, Linneo
opina que son constantes e invariables, haciendo una descripción introduc-
toria de cada una, breve y precisa, a fin de que pueda usarse para recono- Fisiología, An
cerlas. Su fama se extendió con rapidez por Europa, lo que le hizo merecer
una invitación de Carlos HI para visitar España. No pudiendo aceptarla, en- A través di
vió a un discípulo que recorrió también la América hispana y con cuyas no- taron de apro
tas escribiría el sabio sueco dos obras sobre la florade los territorios visitados. cilitase la corr
Contrario a la tesis linneana del fijismo respecto a las especies se mues- para luchar «
tra, entre otros, Buffon, intendente del Jardín del Rey, en París. En su volu- Dentro del
minosa y famosa Historia Natural mantiene un criterio transformista del uni- atención: el p
verso según el cual aquéllas evolucionan filogenéticamente encadenándose de la sangre. l
unas a otras de forma sucesiva. También dedica bastante atención a descri- gación coron:
bir a los animales, tras observar meticulosamente su naturaleza y costum- (1677-1761), 1
bres. La claridad que domina en todos sus textos, sin que ello vaya en de- los linfocitos, :
trimento del rigor científico, le hizo ser muy conocido en su momento y per- vivían dos op;
mitió que sus descripciones del reino animal superasen la prueba del tiempo nómeno físico
convirtiéndose en clásicas dentro de la lengua francesa. mico. Los tral
De las múltiples cuestiones que se plantea la Biología en el siglo XVHI, trataba de lo :
tres van a levantar polémicas. Por un lado, el tema de si existe o no la ge- sier que entró
neración espontánea. El británico Needham (1713-1781), estudioso de los in- la combustión
fusorios al microscopio, la defiende, mientras el italiano Spallanzani un tipo de ést
(1729-1799), profesor de literatura griega en Italia y de ciencias naturales en Primerami
París, que investigó sobre los anfibios, se opone a tal teoría. Por otro lado, se convierte el
nos encontramos con el debate sobre la reproducción animal y la fecunda- materia de ca
ción. Existían dos actitudes: la de los espermantistas, para los cuales el ger- en estado de
men reproductivo lo ofrece el macho, y la de los ovistas, que asignan su apor- mentos trascel
tación a la hembra. prendida por
El estudio y descripción de los animales es otro de los ámbitos biológicos terminada car
que se desarrollan. Los trabajos de los investigadores se vieron favorecidos de calor prodi
HISTORIA UNIVERSAL 537

por las mejoras que se introducen en la fabricación de los microscopios y el


uso en ellos de lentes más potentes. Esto es lo que permite a Reamur legar-
nos la Contribución al estudio de los insectos, una detallada descripción de
su vida y costumbres. También facilitará la labor de Bonnet (1720-1793) so-
bre la partenogénesis de los pulgones y la de Needham sobre las hormigas.
Siendo innegable, como parecía, el cambio de los animales y la existen-
cia de mutaciones naturales, faltaba encontrar las causas que les dan origen.
Monet, caballero de Lamarck (1744-1829), se aplica a ello y se convierte en
el padre del transformismo. De sus observaciones concluye que tales muta-
ciones no son sino el medio natural de adaptación a las modificaciones me-
dioambientales que se producen. Este principio lo formuló en su ley sobre el
uso o no de los órganos vitales y en la de la herencia de los caracteres ad-
quiridos. También se ocupó Lamarck de la botánica, escribiendo sobre esta
materia un libro y otras dos obras con Poiret —Enciclopedia botánica e Ilus-
tración de los géneros— que le valieron gran notoriedad.

Fisiología, Anatomía, Medicina

A través de estas tres ciencias los investigadores del período ilustrado tra-
taron de aproximarse a un mejor conocimiento del cuerpo humano que fa-
cilitase la comprensión de sus mecanismos tanto como el hallazgo de medios
para luchar contra las enfermedades y conservar el buen estado de salud.
Dentro del campo de la Fisiología son tres los temas que más atraen la
atención: el proceso respiratorio, el digestivo y la circulación y composición
de la sangre. Respecto a ésta, se hicieron importantes precisiones sobre la irri-
gación coronaria y la presión sanguínea, en la que abrió camino Hales
(1677-1761), mientras que Hewson (1739-1774), al descubrir la presencia de
los linfocitos, aclaró el proceso de coagulación. En cuanto a la digestión, con-
vivían dos opiniones acerca de su naturaleza. Unos la consideraban un fe-
nómeno físico-mecánico del estómago; otros, por el contrario, un hecho quí-
mico. Los trabajos de Réamur vinieron a demostrar científicamente que se
trataba de lo segundo. Finalmente, la respiración sería explicada por Lavoi-
sier que entró en ella como consecuencia de sus estudios sobre el oxígeno y
la combustión, demostrando que, en última instancia, aquélla no era sino
un tipo de ésta.
Primeramente, puso de relieve que el oxígeno que tomamos al respirar
se convierte en aire fijo (ácido carbónico), función que libera lo que él llama
materia de calor con la que se mantiene estable la temperatura del cuerpo
en estado de salud. Más tarde, él y Laplace iniciaron una serie de experi-
mentos trascendentales de los que concluyeron que la cantidad de calor des-
prendida por un conejillo de indias durante diez horas para fundir una de-
terminada cantidad de hielo dentro de su calorímetro era igual a la cantidad
de calor producida por su respiración. Luego, son los procesos vitales los que
538 ROSA MARÍA CAPEL

restablecen el calor perdido y, en concreto, es el calor desprendido en el pro-


ceso respiratorio al convertir el oxígeno en aire fijo el que puede considerar-
se el agente principal de mantener la temperatura del cuerpo estable por en-
cima de la del medioambiente. Lo que Lavoisier y Laplace no encontraron
tan fielmente fue el lugar donde se realiza tal cambio. Ellos consideraron que
era en los pulmones, mientras que hoy sabemos que es en los músculos. Las
investigaciones, sin embargo, sirvieron también para demostrar que el pro-
ceso de respiración tenía carácter químico, anulando de este modo las creen-
cias tradicionales que lo suponían efecto de una simple ventilación mecánica
o del enfriamiento producido en los pulmones por la inhalación de aire fresco.
Siguiendo en esta línea de investigación, sucesivos experimentos permi-
tieron a Lavoisier demostrar que durante la respiración se formaba y que el
consumo de oxígeno se ve modificado por una serie de factores. Así, la tem-
peratura exterior hace que, en iguales circunstancias de inactividad, aquél
sea mayor si hace frío que si hace calor. Otros factores que actúan en idén-
tico sentido son: la digestión, durante la cual el incremento se estima en más
de la mitad; el ejercicio, el movimiento o el trabajo, que lo elevan al triple,
y la proporción aumenta si coinciden la actividad laboral y la digestiva. A
su vez, este mayor gasto de oxígeno acelera el pulso del individuo, pero no
tiene ningún efecto sobre su temperatura. En este punto estaban los trabajos
del científico francés, cuando la Revolución lo ejecutó.
La Anatomía, por su parte, va a avanzar como resultado de una más in-
tensa observación directa y por las mejoras introducidas en las técnicas de
laboratorio. Gran atención mereció el cuerpo de la mujer, del que las inves-
tigaciones de Haller (1708-1777) dieron a conocer la dilatación de la red ve-
nosa mamaria durante el embarazo, y Guillermo Hunter (1718-1783) publi-
có un minucioso estudio sobre Anatomía del útero grávido. Las preocupa-
ciones demográficas del período pueden apreciarse como telón de fondo de
ambos. Otros prefirieron ocuparse de la zona de las ingles. El español Gim-
bernat y Arbos (1734-1816) profundizó en el conocimiento de la hernia y
descubrió el ligamento inguinal que lleva su nombre. Scarpa (1752-1832)
extiende sus observaciones al muslo, describiendo el espacio que hoy cono-
cemos como triángulo de Scarpa. Además, le preocupó el estudio de los aneu-
rismas, los pares craneales y las malformaciones producidas en las extremi-
dades. Por último, en este nuestro intento de recoger algunos de los avances
anatómicos del período hemos de citar a Bichat (1771-1802), quien investigó
la estructura de los órganos y descubrió el tejido, hallazgo éste que dejaba
colocadas las bases de toda la anatomía posterior.
En el terreno de la Medicina los objetivos, coincidentes con los generales
del período, van a dirigirse a prolongar y mejorar la vida de la población.
La lucha contra las causas fundamentales de mortalidad está en su centro y
uno de sus aspectos más importantes es la mejora de los medios para curar
enfermedades. En este sentido, los trabajos del español Casal (1679-1759) su-
pusieron un importante avance, al introducir los modernos conceptos empí-
HISTORIA UNIVERSAL 539

ricos y sintomáticos de ellas, Además, se aumentaron los fármacos; se exten-


dió el uso de la quinina para tratar la fiebre, el oxígeno para los asmáticos,
el digital para el corazón, etc., y se prestó especial atención a la cirugía. La
invención del torniquete consiguió evitar los peligros de las hemorragias; va-
rias intervenciones quirúrgicas se perfeccionaron, como las amputaciones, y
otras se vieron impulsadas, las de vías urinarias y las de cataratas cuya cu-
ración se hacía extrayendo el cristalino. El oftalmólogo Cheselden
(1688-1752), incluso, llegó a devolver la vista a un ciego de nacimiento, El
parto adquirió casi una precisión geométrica con las mediciones de la pelvis
realizadas por Plenck (3738-1807) y su determinación de las operaciones ade-
cuadas, mientras que en la tarea por facilitarlo, los comadrones de la Delfi-
na, Puzos (1686-1753) y Levret (1703-1780) perfeccionaron los fórceps dán-
doles la curvatura adecuada.
Ahora bien, en el siglo XVII tanto como la curación de la enfermedad
preocupaba su prevención, en la que los medios tradicionales —cordones sa-
nitarios y líbros de higiene— sólo se mostraban parcialmente exitosos, sobre
todo en el caso de epidemias tan letales como eran las de viruela en esta épo-
ca. El gran paso lo va a representar la inoculación. El método se conocía
más de forma práctica que científica en China, Indía, Medio Oriente desde
hacía siglos y fue divulgado en Europa por lady Mary Wortley Montagu
(1689-1762), esposa del embajador inglés en Turquía. Ella observó cómo las
circasianas que se pinchaban con agujas impregnadas en pus de viruela de
las vacas no contraían nunca la enfermedad. A su regreso a Inglaterra ino-
culó a su hija, interesó en el procedimiento a la princesa de Gales, que hizo
lo mismo con las dos suyas, y dirigió experimentos con presos y huérfanos.
El éxito obtenido en todos los casos no fue suficiente para evitarle la oposi-
ción vehemente de la iglesia y de la clase médica que sigue desconfiando del
método. Sin embargo, uno de sus miembros, Jenner (1749-1823), médico ru-
ral, le presta atención y comienza a hacer experimentos que durarán veinte
años. En 1796 vacuna a un niño con buenos resultados y en 1798 da a co-
nocer los resultados de sus trabajos y su método en Investigaciones acerca
de las causas y efectos de las viruelas vacunas.

LOs ÁMBITOS DE LA TÉCNICA

A lo largo del siglo XvI1 las relaciones entre ciencia y técnica fueron es-
casas, lo cual nos explicaría porqué ésta sólo obtuvo limitados beneficios de
los progresos ocurridos en la primera. Sin embargo, las artes prácticas por
sí mismas despiertan el interés de los hombres y sabios de la época, merecen
sus atenciones y suscitan sus experimentos. En este sentido, los comporta-
mientos de Inglaterra y Francia difieren. Al otro lado del canal de La Man-
cha, desde finales del siglo xv la Royal Society se desentiende de esta esfera
del conocimiento que pasa a estar bajo los auspicios de la Real Sociedad de
540 ROSA MARÍA CAPEL

Artes a partir de 1754. Ya antes, su secretario Harris (1667-1719) había pu-


blicado en dos volúmenes un Lexicon technicum (1704-1710) y Chambers
(+ 1740), con idéntico formato, una Cyclopedia (1728), diccionario universal
del arte y las ciencias. Durante la segunda mitad de la centuria la sociedad
mejoró la organización de este tipo de estudios y fomentó la invención, do-
tándose a partir de 1783 de una publicación propia. En el Continente, la
Academia de Ciencias de París acogió con agrado y abordó la propuesta de
Colbert de recopilar una serie de descripciones sobre artes prácticas. El pro-
yecto tardaría casi un siglo en hacerse, apareciendo editado entre 1761 y 1788
en ochenta y tres volúmenes profusamente ilustrados. Para entonces había vis-
to ya la luz La Enciclopedia, cuya segunda parte del título reza: Diccionario
razonado de las ciencias, las artes y los oficios, y que tiene entre sus inten-
ciones, según las palabras del propio Diderot, el conseguir aproximar al cien-
tífico al taller del artesano. Aunque si logró o no tal objetivo resulta dudoso
de afirmar, sí contribuyó a unir, o por lo menos acercar, la ciencia a la in-
dustria. Además en Francia, cuya historia científica tiene en estos años mo-
mentos de supremacía, la divulgación de este tipo de saberes va a ser mayor
gracias a las conferencias y actos públicos de los profesores y sabios, al de-
sarrollo numérico y variedad de las publicaciones que aparecen, a la crea-
ción, en fin, de cargos científicos, sobre todo en las industrias químicas o de-
rivadas, como podían ser las de tintes, porcelanas de Sévres o pólvora. En el
caso de ésta, el propio Lavoisier fue nombrado uno de los cuatro adminis-
tradores de la nueva fábrica, donde su labor condujo a una reorganización
del suministro y sus experimentos a una mejora del alcance, calidad y can-
tidad de la pólvora producida.
Gran parte de los obstáculos que existen para traspasar los hallazgos de
la ciencia a la técnica nacen de las limitaciones que el medio ofrece. Aún las
investigaciones realizadas con fines prácticos, sobre todo en el campo de la
química, y los procesos técnicamente desarrollados resultaban, no pocas ve-
ces, difíciles de experimentar al no poderse distinguir con precisión entre lo
accidental y lo importante. Así, la fabricación de cerveza a gran escala a fi-
nes de siglo siguió haciéndose por los medios tradicionales pues el descono-
cimiento de los procesos bioquímicos introducía graves riesgos de pérdidas
en otros métodos productivos intentados. Algo similar sucede con los tintes,
donde la incertidumbre sobre el comportamiento de los principios activos lle-
va a que se sigan realizando con productos vegetales y hasta atendiendo a
fórmulas locales poco mejorables.
No obstante lo que hemos dicho hasta ahora, resultaría imposible negar
que hubo también casos de aplicación de los descubrimientos científicos a
la práctica, entre los que el más espectacular de todos sería, sin duda, la má-
quina de vapor de Watt. Sus repercusiones fueron tales que su invención po-
demos considerarla la llave que abre la puerta de una nueva era.
HISTORIA UNIVERSAL 541

Del vapor y otros inventos

El siglo XVII es considerado por McKie la gran era de los inventos me-
cánicos. En efecto, obsesionados por el aumento de la producción a fin de
hacerla suficiente para garantizar el abastecimiento de la población y gene-
rar una creciente riqueza, los ilustrados van a encontrar en la máquina el
instrumento adecuado a sus objetivos y el aliado imprescindible para la re-
volución industrial que se ponía en marcha. Pero va a ser algo más, sus es-
pectaculares resultados la convierten en algo así como un talismán que se
intenta llevar a otros campos -—agricultura, locomoción— con la esperanza
de transformarlos igualmente.
En realidad, como en tantos otros terrenos, los hombres de la centuria
no hacen sino recoger conocimientos tradicionales para extraerles sus últi-
mas consecuencias o reorientarlos. Las primeras alusiones a la utilización
mecánica de la fuerza del vapor datan de finales del Seiscientos y correspon-
den al físico francés Papin (1647-1714), que perfeccionó la máquina neumá-
tica al añadirle un segundo cilindro. En 1687 ya lanzó la primera teoría de
una máquina que funcionaba por el juego alternativo de un pistón; veinte
años después, 1707, la describía con detalle en su Ars nova ad aqua ¡gnis...
y la aplicaba para mover un barco con el que confiaba llegar hasta Ingla-
terra, Los bateleros de Minden (Hannover), en un acto premonitorio, lo des-
truyeron temerosos de que su competencia les arruinara. Para esa fecha, sin
embargo, Savery (1650-1715) y Newcomen (1663-1729) habían realizado ya
las primeras aplicaciones del vapor como fuerza motriz para uso industrial
y lo hicieron en una actividad distinta de la que luego le daría fama: la mina,
donde solucionar el problema del achicamiento de agua era una cuestión de
estricta supervivencia. En 1705 su asociación trajo como resultado la cons-
trucción de la primera máquina de vapor, cuyas posibilidades eran aún li-
mitadas. Hubo que esperar a la segunda mitad de siglo y a la figura de Ja-
mes Watt (1736-1819) para que éstas se desarrollasen plenamente.
Watt, ingeniero y mecánico, fabricaba instrumentos para la universidad
de Glasgow. Conocedor del descubrimiento por Black del principio del calor
latente, la reparación que le mandan de un modelo a escala de la máquina
atmosférica de Newcomen le hace pensar en la posibilidad de perfeccionarla
aplicando aquél. Ideó que la condensación del vapor se realizara en un vaso
especial, condensador, distinto del cilindro y con el que comunicaba por un
tubo. Además, para evitar que el cilindro perdiera su reserva de calor des-
pués de bajar el pistón, lo cerró por los dos lados, dejando sólo la abertura
necesaria para que pasase el vástago del émbolo. En 1769 patentó su invento
y ocho años después, asociado con Mathew Boulton (1728-1809), de Bir-
mingham, empezaron a construir motores, primero de simple efecto y, más
tarde, de doble efecto. En éstos, la propia máquina accionaba un mecanis-
mo por el que el vapor se distribuía a ambos lados del émbolo e impelía ha-
cia el condensador el ya utilizado. El perfeccionamiento que esto suponía fue
542 ROSA MARÍA CAPEL

completado cuando la unión de Watt con Murdorch (1754-1839) se plasmó


en la invención del llamado engranaje sol y planeta, patentado en 1781, por
el que el movimiento alternativo se convertía en rotativo. En 1787 se intro-
dujo el regulador científico y para el año siguiente puede decirse que la má-
quina de vapor estaba estandarizada y se empezaba a utilizar en todo el mun-
do. En total, hasta 1800 la sociedad Watt y Boulton construyó 500 de ellas.
Sobre la base de la invención del escocés se fueron haciendo adaptacio-
nes o recreaciones aplicadas ya a ámbitos concretos. Uno de los pioneros en
acogerlas y donde su aplicación resultó más revolucionaria de manera inme-
diata fue la industria, sobre todo la textil En ella se suceden las innovacio-
nes mecánicas entre las iras de los trabajadores que reaccionan violenta-
mente frente a la supresión de mano de obra que temen se va a producir.
Hargreaves, cuya casa y maquinaria fueron atacados, ideó en 1765 la spin-
ning-jenny, máquina de hilar con la que un solo operario podía mover ini-
cialmente ocho husos y, después de perfeccionarla, hasta 80. Sir Richard
Arkwright (1732-1732) inventó una máquina movida por agua que al hacer
hilos finos y firmes permitía tejer el algodón sin que aparecieran rizos. Comp-
ton (1753-1827) combinó las experiencias anteriores en su mule-jenny (1774),
que además producía un hilo de algodón igual al de la India. Por último,
Cartwright (1743-1823) consigue sincronizar los cuatro movimientos del te-
lar manual y moverlo por vapor.
Otro terreno al que la nueva fuerza energética se aplicó de inmediato fue
el de la locomoción, aunque, todavía, con efectos más experimentales que
prácticos. El francés Cugnot diseñó en 1763 un coche; Murdorch, en 1784,
realizó un modelo de locomotora, y Ficht, en América, varios barcos.
Con ser el vapor el avance más señalado y la industria el sector más be-
neficiado, no se agotan ahí las invenciones del período que estudiamos. En
la agricultura, por ejemplo, Meikle (1719-1811) ideó una máquina trilladora
(1786) que él mismo perfeccionó después haciéndola capaz de aventar la
paja y de separar el grano de la semilla de malas hierbas mediante un ce-
dazo. La producción de hierro en lingotes se duplicó a partir de 1788 por la
aplicación del nuevo método de pudelación que idease Cort (1740-1800) cua-
tro años antes. Ello permitió sustituir las vigas de madera por las de hierro
e iniciar la utilización de este material para la construcción de puentes (1779)
y barcos (1787). También se mejoraron los sistemas de iluminación. Argand
perfeccionó la lámpara de aceite colocando una mecha tubular y una chi-
menea de vidrio que al aumentar el suministro de aire hacía mayor la can-
tidad de luz al tiempo que disminuía la de humo. Para finales de la centu-
ria, 1792, Murdorch ideó un aparato lumínico que colocó en su casa y que
funcionaba con gas de hulla.
No contentos con conocer y poder actuar sobre cuanto les rodea, los hom-
bres del Setecientos quisieron explorar también el aire. El sueño de volar, pre-
sente en dioses y humanos desde la más remota antigúedad, iba a hacerse
posible gracias al empeño de unos y a los descubrimientos científicos de otros.
HISTORIA UNIVERSAL 543

Quienes primero consiguieron elevar grandes globos de papel con aire ca-
liente en su interior fueron los hermanos Montgolfier en junio de 1783, al-
canzando los 6.000 pies. Antes de que acabase el año se habían producido
las dos primeras ascensiones humanas: primero la de Rozier (1757-1785),
quien viajó con el marqués D'Arlandes durante veinticinco minutos en un glo-
bo Monigolfier y aterrizaron a seis millas del punto de partida; después, la
de Charles (1746-1823), realizada en globo de hidrógeno. Los experimentos
de este tipo se multiplicaron al tiempo que se empieza a pensar en viajes
más largos. En 1785 un médico americano, Jeffries, y un aeronauta, Blan-
chard, hicieron la travesía del canal de La Mancha entre Dover y Calais, El
sueño ya no era imposible y los revolucionarios franceses supieron extraer
las ventajas prácticas que suponía el invento empleándolo con éxito en fun-
ciones militares.
El desenvolvimiento de la ciencia, pues, durante el siglo xvI ralentiza en
un primer momento la intensidad con que se produjo en la centuria prece-
dente para atender más a la divulgación de sus logros. Será una vez doblado
el ecuador de su decurso y, especialmente, en sus décadas finales cuando se
vuelva a recuperar la ideología y la celeridad del progreso científico, al mis-
mo tiempo que la revolución industrial inicia una etapa de cooperación entre
dos saberes que, pese a su complementariedad, han permanecido histórica-
mente separados: el científico y el técnico. Ahora bien, más que los avances
de uno y otro en sí mismos, importantes sin lugar a dudas, la aportación que
realmente se puede considerar significativa y peculiar del período, lo que re-
sultaría de verdad revolucionario fue el arraigo que se produjo de la idea de
que el hombre podía entender mejor, controlar e influenciar la naturaleza
que le rodea y de la que hasta ahora había dependido.
Mido
Mi
IN. LA FORTUNA DE SABER: ALFABETIZACIÓN Y CULTURA

Desde el punto de vista educativo y cultural, el período moderno consti-


tuye una etapa de transición. En sus inicios, una notable homogeneidad ca-
racteriza al mundo europeo, inmerso en el analfabetismo mayoritario de su
población que alcanza al 95 por 100 de los hombres y la casi totalidad de
las mujeres. En este universo de finales del Medioevo, las escuelas son esca-
sas; los libros, caros e inaccesibles no sólo por razones monetarias sino tam-
bién por estar escritos en latín; la alfabetización se concentra en algunos
miembros de la nobleza, el clero y altas capas de la burguesía, como los gran-
des comerciantes, para quienes era una necesidad profesional.
El progreso realizado por los Estados europeos en las tres centurias si-
guientes hacia su modernización y desarrollo económico se verá acompaña-
do de una expansión considerable de la alfabetización y la cultura. En
vísperas de la Revolución Francesa, puede decirse que no quedan grupos
sociales totalmente analfabetos, llegándose en el privilegiado Noroeste del
Continente a conseguir que, por término medio, la mitad de los hombres se-
pan firmar y una proporción mayor sea capaz de leer textos sencillos. Las
escuelas se han multiplicado y han surgido campañas alfabetizadoras orga-
nizadas por los gobiernos. Los colegios privados y las órdenes religiosas de-
dicadas a la enseñanza han seguido una clara línea ascendente. Los libros
se han hecho más accesibles al abaratar su precio y escribirse en lenguas ver-
náculas. En fin, la educación que supera los conocimientos básicos sigue sien-
do monopolio de clérigos, nobleza y burguesía, pero a ellos se les han em-
pezado a unir miembros de las clases medias urbanas y rurales, en especial
las primeras. Ahora bien, el proceso de transformación descrito fue, como
Houston señala, lento y sujeto a interrupciones, incluso, involuciones. El cam-
bio resultará gradual, irregular e incompleto. Los contrastes, numerosos. En
términos generales, puede decirse que en todos los lugares, las mejoras al-
546 ROSA MARÍA CAPEL

canzaron antes a los hombres y las capas sociales superiores que a las mu- bor de los sen
jeres y los grupos inferiores. Ello es así porque, en última instancia, alfabe- lizamos nuest
tización y educación no son dos procesos al margen de las sociedades en que por la figura d
se producen, sino que están profundamente imbricados en ellas. te del niño. Au
mania, y Euro
de siglo con K
Las preocupaciones pedagógicas del siglo XvHm gico germano
Además de
Dentro de ese período global de transición que, hemos dicho, represen- troducir camb:
tan los siglos modernos, la centuria del Setecientos representa, como afirma traba establecj
Víctor Cousin, el momento en que se hace de la educación, primero, un pro- centros cuyas !
blema; luego, una ciencia, y, finalmente, un arte; de aquí, la pedagogía. Se- nidos, fundam
gún vimos al hablar de la Hustración, el tema reviste especial importancia cias entre ellos
para sus protagonistas y llega a ocupar un lugar central en su pensamiento. que de las ma
Las nociones sobre su contenido y práctica se hallan perfectamente articula- da por el dese
das, aunque en ocasiones resulten más adecuadas al ambiente de salones, ampliar la ofex
en los que se fraguan, que al de las aulas, donde deberían desarrollarse. Qui- Estado que, sig
zá por ello, pese a su confianza en que la instrucción lo puede todo, las re- cación entre su
formas educativas concretas que los ilustrados alumbran quedaron muy ale- lo que pudiese
jadas de sus intenciones; las fuerzas conservadoras resistieron sus ataques y seguro que en
más que moderar el modelo pedagógico dominante sus esfuerzos fueron ca- De un lado, la
nalizados hacia la configuración de una enseñanza alternativa, progresista, labor de los m
impartida en centros propios de influencia restringida. De este modo se lo- la presión ejer
gró, de momento, controlar el impacto social de los cambios demandados. que junto al a
Herederos de ortodoxias religiosas inaceptables para los hombres del die- social de educ:
ciocho, los sistemas educativos vigentes no podían por menos que parecer an- El movimie
ticuados y rígidos a quienes creían que su objetivo principal era el de llevar de forma más
a sus receptores a alcanzar esa Razón que les permitiera comprender y do- figuraban el m
minar los procesos naturales. Por este motivo apenas dudaron en atacarlos Italia, 105 en E
frontalmente desde la doble perspectiva de sus contenidos y de sus métodos. ropa oriental—
Frente a la enseñanza clásica y humanística, realizada en latín, con un con- mación de que
tenido fijo de ideas, bajo la dirección permanente de un profesor y contro- saron al Estade
lándose en todo momento la imaginación, la emoción de los alumnos para reorganizar la
no caer en el terreno de la heterodoxia, cualquiera que ésta fuese, los ilus- dades seculare:
trados proponen la idea de que el adulto puede educarse por sí mismo a tra- por Catalina U
vés de la letra impresa —con ese fin nacía La Enciclopedia—. Su formación trumento esenc
moral ha de verse libre de sensaciones sobrenaturales y la intelectual pre- futuro Imperio
sentarse más vocacional y vernácula. Los conocimientos que adquiera se de- tica provocó la
mandan más científicos, utilitarios y basados en la observación directa y la las escuelas poj
experiencia. Cumplir tales requisitos, especialmente el último, implicaba dujo también e
e

cambios inexcusables en la metodología. La implica


Desde este punto de vista, los teóricos del Setecientos, Rousseau entre ellos, miento de la er
parten de la psicología de Locke que niega la existencia de ideas innatas a tica, campañas
las que se deba el conocimiento humano. Antes bien, éste es fruto de la la- dades seculare
HISTORIA UNIVERSAL 547

bor de los sentidos, ventanas abiertas al exterior a través de los cuales rea-
lizamos nuestro aprendizaje. Su ritmo vendrá marcado durante la infancia
por la figura de un educador, con poderes absolutos para regular el ambien-
te del niño. Aunque esta vía sensorial obtiene gran éxito en su momento, Ale-
mania, y Europa central bajo su influencia, desconfiarán de ella hasta final
de siglo con Kant. Siguiendo a Leibniz, el importante pensamiento pedagó-
gico germano acepta el poder de la razón para aumentar la comprensión.
Además de en los contenidos y en la metodología, el siglo tratará de in-
troducir cambios, también, en la organización escolar. Tal y como se encon-
traba establecida, no era un sistema planificado sino un conglomerado de
centros cuyas funciones se superponen, difieren o se complementan, mante-
nidos, fundamentalmente, por la iniciativa privada o la Iglesia. Las diferen-
cias entre ellos emanan de la extracción social o el sexo de su alumnado más
que de las materias impartidas. La evolución en este sentido vendrá marca-
da por el deseo de definir la estructura educativa, racionalizar su práctica,
ampliar la oferta y conformar sistemas centralizados bajo la supervisión del
Estado que, siguiendo una tendencia iniciada en el siglo XVH, incluye a la edu-
cación entre sus competencias. Tal actitud no es del todo gratuita. Aparte de
lo que pudiese haber de llevar a la práctica las ideas de los filósofos, a buen
seguro que en el ánimo de los gobernantes pesaron asimismo otros factores.
De un lado, la idea de que el bien moral y de la sociedad dependían de la
labor de los maestros, como bien expresara en la época Helvétius. De otro,
la presión ejercida por el desarrollo económico y los cambios demográficos,
que junto al auge de las ciudades incrementaron la demanda individual y
social de educación, empujando a las instituciones en sus iniciativas.
El movimiento en pro de la mejora organizativa de la enseñanza empezó
de forma más clara al disolverse la Compañía de Jesús, cuyos colegios con-
figuraban el mapa cultural europeo por su número —-89 en Francia, 133 en
Italia, 105 en España, 200/300 en los territorios alemanes, Países Bajos y Eu-
ropa oriental—, el de sus estudiantes y los importantes instrumentos de for-
mación de que disponían. En muchos territorios los bienes confiscados pa-
saron al Estado, en otros se intentó conseguir el apoyo de sus miembros para
reorganizar la enseñanza en todos los niveles bajo el control de las autori-
dades seculares. Esto es lo que hizo María Teresa, cuyo ejemplo fue seguido
por Catalina II. Más tarde, José Il utilizaría los planes educativos como ins-
trumento esencial de su política unificadora, como medio para establecer un
futuro Imperio en el Danubio sobre un nuevo molde. Sín embargo, tal polí-
tica provocó la reacción hostil de los flamencos. La reglamentación estatal de
las escuelas populares frente al monopolio de las confesiones religiosas se pro-
dujo también en Sajonia, Estados protestantes y Prusia.
La implicación del Estado en la vida educativa se tradujo en un creci-
miento de la enseñanza post-elemental, insistencia en la uniformidad lingiís-
tica, campañas alfabetizadoras y un control de la enseñanza por las autori-
dades seculares.
548 ROSA MARÍA CAPEL

En cuanto a los maestros, hay que decir que hasta muy finales del si- El núcleo ma
glo xvHi no se sintieron grupo profesional diferenciado y su preparación como apenas recibía 1,
su consideración social y su remuneración eran escasas. Salvo algunas órde- aprendizaje, por
nes religiosas que tenían centros para formarlos, en la mayoría de los casos señanza elemen
sólo se les exigía buena conducta —certificada por el párroco— y conoci- cativa que recib:
mientos de religión. Los gobernantes ilustrados aumentaron algo los requi- los gobernantes
sitos para ocupar una escuela, salvo en el caso de las maestras cuya sifua- tancia fundamen
ción difería. de la sociedad,
Al contrario de lo que sucede hoy, durante el Antiguo Régimen la en- Hasta la Edac
señanza formal en los niveles elementales contaba con escasa presencia fe- ses privadas en (
menina, aunque fuera de ella sería mucho más numerosa de lo que las siendo el sistema
fuentes indican. Las maestras que impartían enseñanza oficialmente sólo no era el único. S
controlaban los colegios de monjas o los reformatorios para mujeres. En nos en casa de 1
el resto de las escuelas, su número es inferior al de maestros y no se les extenderse la esc
permite tener a su cargo nada más que los niveles elementales o los esta- atendiendo a su
blecimientos para niñas, bastante menos frecuentes y con un currículo más educativos más n
reducido como veremos. Durante el Setecientos, el número de maestras se de pequeño tame
incrementó, en gran medida al hacerlo las escuelas femeninas, y su situa- blecimientos que
ción mejoró en algunos países europeos, aunque no por ello se les dieron los, según Nava 1
mayores competencias. Este hecho puede explicar el que en la España de tros y hospitales
fines de la centuria ni siquiera se pida a las docentes mínimos rudimentos Las primeras.
de lectura y escritura para regentar una escuela de niñas, forma clandestin
Desde el punto de vista remunerativo, los ingresos de los maestros varia- de las capas hun
ban según el puesto y el nivel económico del lugar, ya que provenían de los nes educativas cr
honorarios pagados por las familias, los municipios o la Iglesia. En general, denes religiosas -
puede decirse que los emolumentos eran similares a los de los artesanos y na— y de las par
podían percibirse en moneda, especie o con derechos de explotación de se les unen la in
tierras de cultivo o de pasto. dustriales, socied
oficios. Por últim
termitente y brev
El aumento n
LAs PRIMERAS LETRAS trada va a permi
zonas —Inglaterl
Partiendo del hecho de que la organización social del período se basa en áreas de Italia—
la desigualdad natural de los hombres y que el puesto de cada uno dentro reciba algún tipo
de aquélla viene fijado por su nacimiento, era lógico que el objetivo de la tria, por ejemplo-
educación fuese el de dar a cada uno de sus receptores una enseñanza ade- que no llegan al
cuada a su posición dentro de la sociedad. De ahí que el acceso a la instruc- entre otros. El co
ción venga marcado por factores diferentes como son: el sexo, el grupo so- cido en el seno de
cial, las actitudes familiares y también su coste, pues no podemos olvidar que elementales resul
estamos en un mundo de recursos económicos limitados. Todo ello tiene im- faltan las escuela
portantes implicaciones a la hora de conocer la estructura interna del alum- representen send:
nado, las enseñanzas que componen los programas y las formas en que se En cuanto a |
imparten. tivos iniciales do:
HISTORIA UNIVERSAL 549

El núcleo mayoritario de la población europea durante la Edad Moderna


apenas recibía la educación formal correspondiente a la primera etapa de
aprendizaje, por lo general breve y básica. Lo que podríamos denominar en-
señanza elemental abarcaba de los seis a los diez años y fue la etapa edu-
cativa que reciba más atenciones por parte de los filósofos, los pedagogos y
los gobernantes del siglo XVII, toda vez que ha pasado a convertirse en ins-
tancia fundamental de la formación del niño, por ende, del futuro adulto y
de la sociedad.
Hasta la Edad Moderna el método más utilizado para cubrirla eran las cla-
ses privadas en casa del alumno. Entre el Quinientos y el Setecientos seguirá
siendo el sistema preferido entre la nobleza y la ascendente burguesía. Mas ya
no era el único. Se difunde también la instrucción de pequeños grupos de alum-
nos en casa de un tutor, donde a veces residen y desde el siglo XVII trata de
extenderse la escolarización formal en escuelas, donde los niños se agrupan
atendiendo a su edad y conocimientos. Dichas escuelas iban a ser los centros
educativos más numerosos durante el período que estudiamos. Generalmente
de pequeño tamaño, y a veces incluso estacionales, la gran variedad de esta-
blecimientos que encontramos dentro de ellas no impide que podamos reunir-
los, según Nava Rodríguez, en tres grandes grupos: Escuelas elementales, cen-
tros y hospitales para pobres y escuelas de catequesis.
Las primeras, que funcionan en viviendas particulares muchas veces de
forma clandestina, acogen a pequeños grupos de niños y niñas procedentes
de las capas humildes. Los centros y hospitales para pobres eran institucio-
nes educativas creadas, fundamentalmente, bajo los auspicios de algunas ór-
denes religiosas —oratonianos, escolapios, hermanos de la Doctrina Cristia-
na— y de las parroquias— charity schools inglesas—. A partir del siglo xVIn
se les unen la iniciativa pública —Estado, municipios— y la privada —in-
dustriales, sociedades de Amigos del País— con la creación de escuelas de
oficios. Por último, las escuelas de catequesis solían tener una existencia in-
termitente y breve.
El aumento numérico de los centros elementales durante la centuria ilus-
trada va a permitir incrementar la oferta educativa, llegándose en algunas
zonas —Inglaterra, Holanda, noroeste de Francia, Estados alemanes, ciertas
áreas de Italia— a conseguir que la mitad de la población en edad escolar
reciba algún tipo de enseñanza. Otros lugares —España rural, parte de Aus-
tria, por ejemplo— apenas alcanzan un quinto o un tercio; mientras, los hay
que no llegan al 10 por 100, caso de Irlanda, sur de Italia o Escandinavia,
entre otros. El contraste entre los Estados europeos lo encontramos reprodu-
cido en el seno de cada uno de ellos. Por regla general, el acceso a los centros
elementales resulta más fácil en la ciudad que en el campo, donde tampoco
faltan las escuelas permanentes pese a que la pobreza y el habitat disperso
representen sendos frenos a su establecimiento.
En cuanto a la extracción social del alumnado, es en los niveles educa-
tivos iniciales donde encontramos una representación de hijos de campesi-
550 ROSA MARÍA CAPEL

nos y jornaleros junto a los de artesanos y comerciantes proporcional al peso sucia, fría y mal :
vadas a quienes e
de sus grupos en el conjunto social. La diferenciación vendrá más adelante,
en aquellos lugar
pues mientras para los primeros ésta será su única ocasión de recibir una
enseñanza formal, para los segundos representa tan sólo la primera etapa en cumplían funcion
memoria, siendo
su formación. Tal reparto de alumnado incide directamente en el desarrollo
se utilizaban abec
del calendario escolar. La necesidad que tienen la mayoría de las familias
de la colaboración económica de los niños hace que el año en la escuela se ses, y cartillas o £
ciones y, sólo en
adapte a los ritmos agrarios más que a las necesidades académicas, Su du-
terno revestía una
ración no iba más allá de algunos meses, cuando no se veía suspendido por
dio correctivo y ci
alguna guerra o epidemia. Además, el absentismo de un tercio de los esco-
Ante tal pano:
lares era porcentaje habitual y los abandonos, numerosos.
nativa. Rousseau
Los programas de la enseñanza elemental incluían, por orden de impor-
del niño, realizad
tancia: religión, moral, lectura, escritura y aritmética, no siendo pocos los ca-
sos en que las materias anteriores se reducían a las tres, incluso a las dos
le rodea, con los ]
tenta llevar a la pa
primeras. Las razones de ello hemos de buscarlas en los costes del aprendi-
en Neuhof. La ad
zaje y su duración, dependientes ambos de la selección hecha por los padres
entre el menú pedagógico ofertado por el maestro. Leer era lo más barato y sus contemporáne
la habilidad que menos tiempo exigía adquirir. La escritura suponía ya una normales al despe
miento.
mayor inversión temporal y monetaria, lo que engendra la idea de que sólo
era útil para quienes la convertirían en su profesión. En verdad, para los in- Si en el paisaj
ducimos la varial
tegrantes de las capas sociales inferiores resultaba más favorable pagar a los
que sabían hacerlo que afrontar el gasto de aprender, dadas las pocas oca- dado que afectan
siones en que se verían necesitados de escribir a lo largo de su vida. Ade- específico poco m
más, no olvidemos que las tasas de mortalidad infantil son muy altas, lo que
aporta mayores dudas aún sobre la rentabilidad de la inversión educativa.
COLEGIOS, ACADEA
No en vano, las zonas con mayores porcentajes de población firmante en el
siglo XVI coinciden, caso de Inglaterra, con las de menor letalidad infantil
y juvenil. Supervisado p
La centuria ilustrada consiguió amortiguar algo los efectos de tal modo aprendizaje de la
de estudios era n
de pensar, pero no logró erradicarlo ni con mucho. Como ha señalado Me-
yer, la disociación lectura-escritura fue una característica específica de la Eu- razón del origen ;
era una etapa do:
ropa moderna. Aprender a escribir constituyó entre la gente popular un mul-
riores, encontrán
tisecular proceso de transición marcada por el paso de una civilización fun-
dada primordialmente sobre lo oral a otra especialmente escrita, propia de ción. Su evolución
cional, seculariza
la Edad Contemporánea. Mayor éxito se obtuvo del esfirerzo por resaltar la
importancia de aquellas otras asignaturas que instruían en un oficio, consi- Los colegios e
a corporaciones (
deradas medio de paliar los efectos de la pobreza, reducirla y prevenir, de
paso, los desórdenes sociales emanados de la indigencia en que vivían am- redera del Renaci
tórica, lógica, me
plias capas de la población. Sin embargo, los centros que incluían este tipo
de enseñanza junto a la religiosa fueron aún menos numerosos que los tradi- primero, más con
cionales. mogénitos de fam
versla como méto
Tanto el medio físico en que se lleva a cabo la enseñanza —la escuela—
San Mauro—, los
como los métodos y materiales empleados eran bastante limitados. Salvo en
las instituciones de elite, sólo existía un maestro y un aula, por lo general les a la tradición.
HISTORIA UNIVERSAL 551

sucia, fría y mal aireada, amueblada con bancos y unas pocas mesas reser-
vadas a quienes estaban aprendiendo a escribir. Aun esto constituía un lujo
en aquellos lugares de hábitat disperso donde graneros, cocinas y corrales
cumplían funciones docentes. La instrucción se basaba en el ejercicio de la
memoria, siendo los libros más usados el catecismo y los religiosos. Además
se utilizaban abecedarios, en tamaño de pliego de cordel con imágenes o fra-
ses, y cartillas o gramáticas elementales conteniendo listas de palabras, ora-
ciones y, sólo en ocasiones, normas ortográficas y gramática. El régimen in-
terno revestía una gran severidad e incluía los castigos corporales como me-
dio correctivo y coercitivo.
Ante tal panorama no es raro que los ilustrados propusiesen una alter-
nativa. Rousseau la concreta en un aprendizaje basado en la propia acción
del niño, realizado de forma escalonada y en contacto con la naturaleza que
le rodea, con los problemas cotidianos que ha de afrontar. Esto es lo que in-
tenta llevar a la práctica la experiencia pedagógica de Pestalozzi (1746-1827)
en Neuhof. La admiración que suscitaría más tarde no fue compartida por
sus contemporáneos que le acusaron de hacer perder el tiempo a los niños
normales al desperdiciar sus capacidades de intuición, imaginación y razona-
miento.
Si en el paisaje de la educación elemental presentado hasta ahora intro-
ducimos la variable sexo nos encontraremos con algunas diferencias. Mas,
dado que afectan a la mitad de la población, le dedicaremos un apartado
específico poco más adelante.

COLEGIOS, ACADEMIAS, ESCUELAS TÉCNICAS

Supervisado por la Iglesia o el Estado, el nivel educativo que sigue al


aprendizaje de las primeras letras se encontraba más estructurado, su plan
de estudios era más definido y la admisión de estudiantes más selectiva en
razón del origen social y sexo del alumnado. En general puede decirse que
era una etapa dominada por los jóvenes de los grupos intermedios y supe-
riores, encontrándose ausentes de él las integrantes femeninas de la pobla-
ción. Su evolución durante el siglo XV11 va a ir en el sentido de hacerlo na-
cional, secularizado y con carácter práctico.
Los colegios eran centros privados pertenecientes a órdenes religiosas o
a corporaciones de profesores -—Oxford y Cambridge—. Su enseñanza, he-
redera del Renacimiento, incluía: latín, religión, humanidades, gramática, re-
tórica, lógica, metafísica y moral. Los estudios se dividían en dos ciclos: el
primero, más concurrido y práctico, solía ser el único que realizaban los pri-
mogénitos de familias nobles; el segundo, más teórico, incluía ya la contro-
versia como método de enseñanza. Salvo excepciones —los benedictinos de
San Mauro—, los programas están estrictamente definidos y se mantienen fie-
les a la tradición. El estudio de las lenguas vernáculas no se incluye hasta la
552 ROSA MARÍA CAPEL

segunda mitad del Setecientos, mientras que los nuevos saberes no consegui-
rán hacerse un lugar. Muchos de estos colegiales completaban después su for-
mación con viajes al extranjero a fin de entrar en contacto con otras reali-
dades. La costumbre estaba muy extendida entre los ingleses que, además,
aconsejaban a los jóvenes escribir sus propios diarios con la imagen que per-
cibían de las sociedades y los pueblos visitados. La relevancia de los colegios
para el futuro de sus alumnos estribaba en que por el tipo de enseñanza im-
partida les preparaban tanto para ocupar un puesto dentro de la Iglesia, el
Estado o la enseñanza como para integrar la elite cultural y participar en el
mundo erudito internacional. Sin olvidarnos que los cualificaba para su in-
greso en la universidad.
Junto a los colegios encontramos las academias, centros educativos que
pueden subdividirse en varios o constituir un todo único —las grammar
schools—. A veces abarcan estudios superiores también. Son centros elitistas
cuya formación, por responder a las formas clásicas, queda desfasado du-
rante la época ilustrada respecto al ritmo que siguen la ciencia y el pensa-
miento. Su resistencia al cambio deja un vacío cubierto por las academias
disidentes y las academias militares. Aquéllas nacen en Inglaterra durante
el tercer cuarto del siglo xvIr, destacando las de Daventry y Warrington, esta
última llamada la Atenas del Norte, En su seno se da gran importancia a la
experimentación y los estudios superiores que impartían hicieron pronto dura
competencia a las universidades. Desde las tierras británicas, el movimiento
académico pasó al Continente, consiguiendo un gran dinamismo en el Im-
perio donde también se hizo menos elitista. Las academias modernas apa-
recieron en Berlín —1747—, Hamburgo —1763— y Dessau, donde Basedow
fundó en 1774 la más importante de todas: el Philanthropinum, reuniendo
a los principales maestros del momento. Residencial y coeducativa, sus miem-
bros vestían en ella ropas sencillas y cómodas, los programas de estudio eran
modernos y los métodos, vivos, incluyendo la enseñanza directa de las len-
guas modernas.
No obstante los apoyos que recibe el movimiento académico disidente,
las simpatías jacobinas de algunos centros y miembros dieron lugar a que
se dudara de su lealtad y se extendiera la idea de que albergaban sentimien-
tos revolucionarios, lo que unido a la pérdida de la original dedicación re-
ligiosa limitó mucho su implantación a este lado del Atlántico. Por contra,
en Estados Unidos, las academias se dotaron tras la revolución de un pro-
grama realista, alejado de la tradición europea, que las convirtió en los an-
tecedentes de las escuelas superiores estatales.
- Por lo que respecta a las academias militares, fueron centros especiali-
zados desarrollados a lo largo del Setecientos con el objetivo de formar a los
oficiales y mandos superiores del Ejército en lenguas extranjeras, geometría,
historia, etc. La clave de su fundación radica, en palabras de Cepeda Gó-
mez, en que para una mentalidad como la de los ilustrados la formación
de las minorías rectoras, de los núcleos dirigentes... tiene una importancia
HISTORIA UNIVERSAL 553

decisiva; para un hombre del siglo xvnm los resultados y rendimientos de las
tropas vienen más determinados por la calidad y conocimientos de sus ge-
nerales que por capacidad de los soldados. Siguiendo este principio, nacen
las academias de Bruselas —1717—, Viena —1718—, la de Ingenieros de
Barcelona, la de Artillería de Segovia, la de Guardiamarinas de Cádiz, las
Navales de Vanues y Alais —1786—, en Francia, etc.
Finalmente, dentro de este nivel educativo hemos de citar asimismo como
centros de nuevas enseñanzas las escuelas técnicas O prácticas, según el mo-
delo de la que Hecker fundase en Alemania en 1747 y que se multiplican
con Federico 11 desde 1763. Los estudios en ellas comprendían dos grupos
de asignaturas: obligatorias —religión, dibujo, lenguas vivas, historia, geo-
grafía, matemáticas, física— y de libre elección según especialidades —quí-
mica, ciencias naturales, correspondencia comercial, contabilidad, cálculo de
- pesos y medidas, operaciones comerciales, cultivo, trabajo de taller—. Desde
1781 la cercana tierra francesa, por influjo germano, posee varias escuelas
de comercio. También prolifera este tipo de centro en Holanda, donde im-
parten clases por la tarde, e Italia. Sin embargo, en la mayor parte de los
países no surgen hasta finales del siglo ilustrado o en el siguiente.

LA UNIVERSIDAD

Cumbre del saber y de la cultura, la enseñanza universitaria tenía du-


rante la Edad Moderna dos funciones esenciales: formar al clero, lo que las
convierte en firmes defensoras de la ortodoxia religiosa, y preparar a los lai-
cos con una instrucción humanística general o profesional de tipo específico
para ejercer ocupaciones liberales o ingresar en la Administración del Esta-
do. Las universidades más importantes contaban con cuatro facultades: ar-
tes, teología, medicina y leyes; en las restantes, sólo existían una o dos de
ellas. Su alumnado procede de las capas sociales medias y superiores, siendo
numéricamente minoritario. Pese a las dificultades para hacer un cálculo
más o menos exacto, los investigadores del tema estiman que deberían re-
presentar el 1-2 por 100 de los jóvenes posibles. La elección de estudios la
determinaba sobre todo por la procedencia familiar, considerándose medi-
cina una profesión dudosa para los bien nacidos.
Fieles en todo momento a las fórmulas medievales heredadas, la revolu-
ción científica de la segunda mitad del siglo xviL los avances en este terreno
y en el del pensamiento de la centuria siguiente apenas consiguen ni siquie-
ra asomar tímidamente en las aulas universitarias. Ello, unido a una cierta
desorganización interna, la creciente facilidad con que se adquieren los gra-
dos, la reducción en las expectativas de empleo para sus estudiantes y el in-
cremento de los costes de sus enseñanzas hacen que los índices de alumna-
do tiendan a estancarse o descender. Durante la centuria dieciochesca esto
último es un hecho tan innegable que ha dado pie a la idea de que el siglo

NN
AA A
ANNAN AAN AAA
554 ROSA MARÍA CAPEL

representa para la universidad un momento de decadencia. En Alemania,


por ejemplo, las cifras totales de matriculados pasan de 4.400 alumnos en
1720, a 2.920 en 1800; en Salamanca, los 2.700 estudiantes de 1680 se redu- P
cen a 1.800, para 1730. También se ha contraído su espectro social. En el
75-80 por ciento de los casos se trata de jóvenes pertenecientes a familias de
la pequeña nobleza, funcionarios, profesionales liberales y pastores protes- L
tantes. Bien es cierto que siempre habían sido mayoritarios, pero en otras épo-
cas se encontraban a su lado algunos hijos de la gran y mediana nobleza
así como de los artesanos, campesinos acomodados o pequeños comercian- je
tes, todos los cuales han reducido su presencia al mínimo ante la creciente Sé
expectativa de obtener empleos lucrativos sin necesidad de cursar estudios ci
superiores. Por todos lados, las universidades pierden dignidad e influencia la
al considerarlas centros exclusivistas, de estrechas miras y cuya hegemonía gí
del saber inspira, cuando menos, serias dudas. Sobre todo entre los ilustra- út
dos, de quienes partirán las propuestas más variadas para reactivarlas. Unos,
desconfiando de la verosimilitud de tal posibilidad, abogan por cerrarlas y lic
abrirlas de nuevo fundadas en bases diferentes; otros, por el contrario, con- si
fían en los efectos positivos de una política de reformas orientada en un tri- un
ple sentido: introducir nuevos saberes; dar mayor seriedad a los exámenes, en
concesión de grados y selección de profesores, y ponerlas al servicio del bien da
común bajo el control del Estado. El éxito de tales planes se encontraba casi el
hipotecado de antemano por la multiplicidad de intereses tejidos alrededor efe
del sistema vigente y la cantidad de privilegios, y privilegiados, a los que po- tru
nían fin. En muchos casos lo que se consiguió fue reconstruir las castas uni- ció
versitarias con otros elementos. sul
Ahora bien, no todo son sombras en la vida de la universidad del Sete- ha:
cientos. De ellas consiguieron escapar los centros que supieron transformar De
a tiempo sus enseñanzas y los de nueva creación. El movimiento parte de la bu
Europa central donde florecen dos universidades con el aliento de las auto- tie
ridades seculares: Gottingen, en territorio de los Hannover, y Halle, en Pru- de
sia. La primera, creada en 1734, practicó la libertad intelectual contribu- sin
yendo a la difusión de las nuevas ciencias y cambiando el enfoque de las en
tradicionales. Destacó en los estudios clásicos, si bien también se dedicó a la la y
enseñanza de la política, el derecho, las ciencias históricas y sociales. Aquí los
empezó el tratamiento moderno de los libros como instrumentos de conoci- Ref
miento y la moda de la lectura independiente. En cuanto a Halle, se hizo fa- me
mosa por sus estudios teológicos, realizados bajo un nuevo espíritu de tole- me:
rancia. Junto a ellas, cabe señalar entre otras; las universidades escocesas, mu
protagonistas de una profunda reforma que las convirtió en centros científi- por
cos de primer orden; las francesas, que contribuyeron a difundir las ideas
filosóficas del siglo; la de Padua, líder en medicina; la de Petersburgo, crea- los
da en 1747, y la de Moscú, de 1755. las
En cualquier caso, al margen de los conocimientos y capacitación obte- pes
nidos, lo que atraía de la universidad, lo que constituía la consideración más COS,

AAN reee
HISTORIA UNIVERSAL 555

significativa del paso por ella era la amplitud de horizontes que permitía por
su cosmopolitismo y estilo de vida, así como la red de amigos y patronos que
permitía establecer.

LA EDUCACIÓN DE LAS MUJERES

Si a comienzos del siglo xvi, el zar Pedro I aún mantenía que ser mu-
jer... era ser analfabeta y virtual esclava del padre y del esposo, el de-
sarrollo de la centuria va a matizar estas afirmaciones. Pese a las limita-
ciones, nunca antes las niñas habían tenido tantas oportunidades de ir a
la escuela incluso en Rusia, donde, años después, la zarina Catalina II abo-
gó por la educación femenina como un medio para conseguir ciudadanas
útiles.
Las preocupaciones ilustradas por la educación de las mujeres en rea-
lidad no surgieron por generación espontánea. De un lado, eran transpo-
sición de las inquietudes pedagógicas generales; de otro, entroncaban con
una corriente de pensamiento que partía de los escritos de Vives y Erasmo
en el siglo xVL Ya entonces, al demandar siquiera una enseñanza centra-
da más en los trabajos domésticos que en la lectura y escritura, se era cons-
ciente de estar abordando algo aún sin tratar. Durante el siglo XVII, los
efectos de la reforma y la contrarreforma hacen considerar oportuno ins-
truir a las niñas también en leer y en el catecismo, al tiempo que la crea-
ción de instituciones religiosas femeninas dedicadas a la enseñanza —ur-
sulinas, beatas, clarisas, visitación...— incrementa las oportunidades de
hacerlo, sobre todo para las integrantes de las capas sociales superiores.
De esta centuria datan, asimismo, las primeras manifestaciones que atri-
buían los defectos femeninos principalmente a la falta de instrucción, al
tiempo que continúa el debate sobre sus capacidades intelectuales y el tipo
de educación que les era más adecuada. La llegada del siglo xvi no hace
sino ampliar e intensificar la polémica. Filósofos y escritores intervienen
en ella sobre todo a partir de la segunda mitad de siglo, momento en que
la publicística al respecto crece de forma notable. No sólo se multiplican
los volúmenes sobre el tema, también la prensa le presta gran atención.
Reflejo de ello es la creación por Sophie von La Roche de dos revistas fe-
meninas pedagógicas: Lettres a Rosalie (1772) y Pomona (1783). Confor-
mes todos en la necesidad de reformar la enseñanza que se imparte a la
mujer, las diferencias surgen al abordar los temas de dónde impartirse,
por quiénes y, sobre todo, cuál debe de ser su contenido.
Respecto a los lugares de enseñanza, los ilustrados, como en el caso de
los niños, preferían el hogar familiar, completado con un sistema de escue-
las públicas que paliase las posibles deficiencias de los padres. Además, y
pese a las críticas de que eran objeto, perviven los conventos e internados lai-
cos, que alcanzan gran protagonismo.
556 ROSA MARÍA CATEL

Para la instrucción femenina, la casa cumplía un doble cometido. De un


lado, se aprendían en ella las enseñanzas menos formales, las labores do-
mésticas y, si era necesario, una profesión. Para las altas capas sociales que
comparten las ideas del siglo representa también la ocasión de proporcionar
2 las hijas conocimientos más completos contratando buenos profesores, que
con bastante frecuencia comparten con sus hermanos. La limitación esencial
de este sistema, cuando garantiza una buena instrucción, es su elevado coste.
En el otro extremo de la escala de espacios educativos para las niñas, las
escuelas elementales constituyen el tipo de instituciones más numerosas y a
las que corresponde la mayor parte de la educación femenina. También cons-
tituyen el nivel en el que existe más igualdad entre los sexos en cuanto a opor-
tunidades docentes se refiere. De un lado, la cifra de escuelas para niñas tien-
de durante el siglo xvi a aproximarse a la de centros escolares para niños,
e incluso en algunos casos —Lyon, 1790— la supera. De otro, el contenido
de sus enseñanzas no permite el presentarlas de un modo radicalmente dis-
tinto según el sexo. Además, en las zonas rurales y más pobres, los centros
son mixtos por la imposibilidad de pagar dos maestros, pese a las reticen-
cias de las autoridades por motivos morales. En estas instituciones de ense-
ñanza elemental, generalmente gratuitas, predominan las hijas de familias
humildes, mientras las de artesanos y comerciantes acuden con preferencia
a establecimientos similares de pago.
Menos caros que la educación en casa, más selectos que las escuelas ele-
mentales, los conventos y colegios de monjas representan el modela de edu-
cación fernenina separada por antonomasia. Los colegios, aparecidos en los
países católicos a partir del Seiscientos, se esparcen con rapidez por Europa.
Para 1789 sólo en Francia las ursulinas estaban presentes en 300 ciudades.
Todos los centros funcionan en régimen de internado y dados los honorarios
establecidos están reservados a las integrantes de las altas capas sociales. Por
la enseñanza superficial que ofrecen, los colegios se convertirán en blanco
de las críticas ilustradas y, aunque no vean reducida su clientela, algunas fa-
milias de la baja nobleza o la burguesía buscarán una alternativa para la
educación de sus hijas. La oportunidad se la ofrecen las maisons d'éduca-
tion, pensionados particulares donde las jóvenes viven en régimen de familia
y reciben una enseñanza algo más completa aunque dentro de un marco tra-
dicional.
Instituciones semejantes, pero surgidas con anterioridad, son las boar-
dings schools inglesas. En 1650 podían encontrarse en todas las ciudades im-
portantes y su imagen es similar a la de los colegios por el tipo de alumnado
y enseñanza. Como ellos, pronto, fueron blanco de críticas, aunque como se
iniciaron antes trajeron consigo la apertura, en 1673, de un establecimiento
en Tottenham cuyo programa incluye las lenguas clásicas y modernas, cien-
cias, astronomía, geografía, aritmética e historia. La experiencia no se va a
convertir en tendencia mayoritaria, pero sí conseguirá incrementar sus se-
guidores durante el siglo XVIH.
HISTORIA UNIVERSAL 557

Por lo que hace al desarrollo del calendario escolar, los problemas que
habían de afrontar las escuelas de niños, se agravan en el caso de las niñas
hasta hacer que, por regla general, el desenvolvimiento del curso venga ca-
racterizado por una anarquía de la que sólo se salvan algunos centros. Ade-
más, la escolarización femenina duraba menos tiempo —tres años en las es-
cuelas gratuitas, uno o dos en los colegios— que la masculina y las ausen-
cias y abandonos eran superiores. Estas limitaciones materiales unidas a los
parámetros del discurso ideológico sobre la educación de la mujer daban en
realidad pocas posibilidades a que la enseñanza de las jóvenes pudiese in-
cluir un extenso currículum. Respecto a los saberes, el concepto mayorita-
riamente aplicado es el de conseguir un adecuado adiestramiento de las
alumnas, exaltando su papel social y su influencia moral como principales
elementos conformadores de los programas. Se trataba sobre todo de formar
buenas esposas, compañeras del hombre, y mejores educadoras de los hijos
y la servidumbre. Los conocimientos intelectuales ocupan un segundo plano
y estarían en consonancia con las necesidades, una vez más, sociales de cada
receptora. Consecuentemente los currícula tienen tres puntos esenciales de re-
ferencia. En primer lugar, la religión, cuya presencia no se limita al estudio
del catecismo sino que, como señala Martine Sonnet, impregna todos los as-
pectos del proceso educativo. En segundo lugar, el aprendizaje de la lectura
y escritura; aprendizaje que, por lo breve de la estancia en la escuela, debe
practicarse fuera de ella para no olvidarlo con prontitud. En tercer lugar, las
labores de la aguja, práctica que servirá a unas para ganarse la vida, y a
otras, para evitar las malas consecuencias de una vida ociosa. Los colegios
incluyen, además, las artes de adorno —danza, música, dibujo...— y la di-
rección de la casa.
Mas, no todos pensaron la educación femenina de forma tan restringida. Si-
guiendo la estela de algunas mujeres del siglo anterior, como Mary Astell, fue-
ron varias las voces que se alzaron en la centuria ilustrada para combatir la
idea de la inferioridad intelectual de la población femenina y criticar que se
aparte a sus integrantes de una instrucción completa. Bástenos citar los escritos
en este sentido de Mary Wollstonecraft o Condorcet. Sin embargo, sus postula-
dos sólo conseguirán un asentimiento minoritario. Como minoritarias eran las
jóvenes de familias ilustradas que, estudiando en su casa o acudiendo a cen-
tros más acordes con las nuevas ideas, accederán a una instrucción académica
que les permita mejorar sus horizontes culturales y les abra el mundo de las
ciencias y las ideas del que con tanto celo se les quiere preservar.

ALFABETIZADOS Y ANALFABETOS

La alfabetización, o su opuesto, el analfabetismo, constituyen los prime-


ros baremos para conocer el nivel cultural de una población y la eficacia de
su sistema educativo. Sin embargo, su estudio para el Antiguo Régimen se
558 ROSA MARÍA CAPEL

encuentra lleno de problemas, recogidos por la bibliografía al respecto. El


primero de ellos es el de definir ambos conceptos. Mientras para unos anal-
fabetismo podría significar incapacidad para leer y escribir en latín, otros re-
fieren esta imposibilidad también a la lengua vernácula o a escribir el pro-
pio nombre o una frase. Los hay que añaden como elemento de alfabetiza-
ción la percepción visual, en tanto que medio de transmitir cultura. Harvey
GrafÉ, por su parte, prefiere hablar del conjunto de técnicas que permiten a
los hombres comunicarse, descifrar y reproducir lo escrito e impreso.
Un segundo problema a la hora de dibujar el perfil alfabetizador del si-
glo xvii lo constituyen las fuentes, ninguna de las cuales está libre de des-
viaciones y problemas. Informaciones indirectas sobre alfabetización pueden
extraerse del número de escuelas, la venta de libros o los inventarios post-
mortem. Mas tales datos no resultan fiables porque no existe una correla-
ción exacta entre ellos y los niveles de lectura. En Suecia, por ejemplo, hay
pocos centros escolares y muchos lectores; la escasa aparición de libros en
los inventarios no quiere decir que no se tuvieran, podría ser que no se con-
siderasen valiosos o que se hubiesen donado con anterioridad. Testimonio
más directo lo constituye la firma de documentos notariales, comerciales, ju-
diciales, etc. De todos los que aportan información más completa son los re-
gistros matrimoniales por estar presentes en todos los países y referirse al con-
junto de la sociedad. Sin embargo, el que hasta el siglo XIX no se exiglera de
forma estricta la firma de los novios hace que ofrezcan lagunas que pueden
cubrirse con los testimonios ante las cortes civiles o eclesiásticas.
Este problema de las fuentes hace que cuando hablamos de analfabetos
y alfabetizados en la Edad Moderna nos refiramos, según señala Houston, a
una jerarquía de destrezas adquiridas a través de un proceso de aprendizaje
estratificado y realizado en breves períodos de asistencia a la escuela. Por
ello, si tomamos como criterio de alfabetización la lectura, el mapa dibujado
es más amplio que si elegimos el de la escritura. No obstante, es éste el que
generalmente se toma por los investigadores como elemento de referencia y
las firmas como principal fuente informativa, pese a que su ausencia puede
significar tanto incapacidad intelectual como sólo física para hacerla y su pre-
sencia tampoco implica plena alfabetización.
Teniendo en cuenta estas precisiones, es evidente que la alfabetización
progresa a lo largo del siglo xv, siguiendo la tendencia iniciada dos cen-
turias atrás. Ahora bien, el proceso no es ni lineal, ni uniforme ni constante.
En ocasiones, incluso, presenta estancamiento o retroceso, como Vovelle ha
demostrado para la Provenza o Aquitania. Siempre existen diferenciaciones
en los niveles alcanzados en razón de factores muy diversos. En primer lu-
gar, el geográfico, que permite dividir la Europa del Setecientos en dos gran-
des zonas: a) El Norte y Noroeste —Inglaterra, Francia, Países Bajos, área
alemana y austríaca— donde tienen lugar los avances más señalados y don-
de se alcanzan las tasas de alfabetización mayores. En conjunto, puede de-
cirse que firman entre el 60-70 por 100 de los varones y el 40 por 100 de las
HISTORIA UNIVERSAL 559

mujeres para 1786-1790, porcentajes que en el caso de algunos núcleos ur-


banos suizos se elevan hasta el 95 por 100 respecto a los primeros. b) La Eu-
ropa periférica —España, Portugal, parte de Italia y Este— con tasas infe-
riores y concentración de la población alfabetizada en núcleos urbanos. Así,
de los magistrados municipales húngaros existentes en 1768 sólo firman el
14 por 100. Entre un área y otra existen Zonas de transición con porcentajes
intermedios. A su vez, dentro de una misma área, la dualidad campo/ciudad
introduce nuevos contrastes. Los núcleos urbanos alcanzan mayores tasas de
alfabetización que los rurales, favorecidos por la tipología social que les ca-
racteriza y la concentración de ofertas educativo-culturales. En la Castilla de
1760, según Kagan, la escolaridad masculina es del 40 por 100 en ciudades
superiores a 1.000 habitantes y tan sólo del 10 por 100 en las de menos de
100, que, sin embargo, representan la mitad de la población.
Una segunda variable la constituye el origen social y grupo profesional
de los firmantes. En este caso encontramos un predominio del clero, profe-
siones liberales, mercaderes y terratenientes entre los alfabetizados, a los que
se unen algunos artesanos y agricultores. La tercera variable la representa el
sexo, que establece importantísimas diferencias en detrimento de la mujer,
sobre todo respecto a la escritura y entre los grupos no aristócratas ni bur-
gueses, pues entre ellas la procedencia social tiene un mayor efecto diferen-
ciador que entre los hombres. En el Lyón de la mitad del siglo xvi sólo el
20 por 100 de las burguesas eran analfabetas, mientras la cifra se eleva al
50 por 100 entre el artesanado y al 80 por 100 entre las clases pobres. Esta
desventaja femenina en la alfabetización no impide que para 1800 existan
mujeres alfabetizadas en todos los grupos sociales.
Una cuarta variable sería la lengua. Las zonas bilingies se vieron perju-
dicadas en su alfabetización por la campaña de uniformidad lingúística que
realizan los Estados con fines políticos y que lleva a hacer la oferta educativa
en el idioma oficial que no es el mayoritariamente hablado. Tal sucede en
Escocia, donde la población habla gaélico y la enseñanza se ofrece en inglés,
o en las zonas meridionales de los Países Bajos con predominio del flamenco
o el francés.
Una última variable la representa la religión. Es idea aceptada y demos-
trada que durante el período moderno la Europa reformada presenta mayor
alfabetización que la católica y un contraste similar se encuentra allí donde
conviven las dos comunidades. Tal afirmación precisa de algunas matizacio-
nes. En primer lugar, los progresos educativos del siglo xvm atenuarán las
diferencias. En segundo lugar, fenómeno semejante sucede en las zonas de
convivencia religiosa cuando introducimos consideraciones sociales y me-
dioambientales en el análisis de la alfabetización. Así, veremos que en Fran-
cia los calvinistas pertenecen a la clase media; en Polonia son miembros de
las elites; en Irlanda, los papistas ocupan los estratos inferiores.
Ahora bien, con ser fundamentales, leer y escribir no eran los únicos me-
dios de contacto con la cultura. Tampoco la enseñanza formal constituía el
560 ROSA MARÍA CAPEL

único impulso a la alfabetización ni su ausencia permite suponer descono-


cimiento de los productos que ésta origina. Siempre era posible, como reco-
ge Houston, encontrar un amigo alfabetizado, familiar o vecino que levese
en voz alta las noticias o avances del siglo; el ábaco, las piedras de contar
o los dedos era alternativas a las cuentas escritas y el ganado o los sacos
de grano podían contarse por medio de bastones con muescas. Acerquémo-
nos brevemente a estas otras formas de aprendizaje.

LETRA IMPRESA Y TRADICIÓN ORAL: OTRAS VÍAS DE CULTURIZACIÓN

Raro y precioso en el siglo XvH, la revolución de la imprenta y su desarro-


llo posterior contribuyen a hacer del libro algo común en la Europa occiden-
tal de 1700. Los cien años siguientes aumentarán esa familiaridad gracias al
crecimiento de la oferta y la demanda de obras. Respecto a la primera, la
trayectoria ascendente afecta tanto al número de impresores —más de 1.000
en Francia en 1781— como de volúmenes editados. En el conjunto del pe-
ríodo la producción libresca se triplica, imprimiéndose 3 millones de títulos
y 1.500.000 de copias sin contar lo popular. Occidente es el líder en impre-
siones, mientras que los países orientales mantienen considerable distancia
en este aspecto. El aumento del producto permite la ampliación de los cir-
cuitos comerciales. Las librerías se multiplican en las capitales de los Esta-
dos y aparecerán algunas en otras ciudades importantes. Se establecen tam-
bién las primeras redes de distribución en las que Lyón, Leipzig o Prankfurt
harán de grandes centros de distribución. En España juegan ese papel Bur-
gos, Valencia o Medina del Campo.
Elemento esencial en esta extensión del mercado de la letra impresa se-
rán las mayores facilidades para adquirir libros. En sus versiones originales
éstos seguían siendo caros. Así, por ejemplo, la primera edición del Robison
Crusoe, de Defoe, costaba el equivalente a medio salario semanal de un jor-
nalero o una cuarta parte del recibido por un hábil artesano. Pero la centu-
ria ilustrada, lo señalamos en otro momento, creó otras modalidades de ven-
ta más asequibles a la. masa de la población: suscripciones, publicaciones
por entregas y ediciones populares como los chapbooks ingleses o la Biblio-
teca Azul de Troyes en Francia. Creada por Nicolas Oudot en el siglo XVI,
se dedicaba a vulgarizar obras de diferente tipo, en especial religiosas, pero
también había cuentos, novelas, obras de teatro y algunos escritos famosos
en su época como el citado Robinson Crusoe. No faltan tampoco las produc-
ciones anónimas que sintetizan saberes para adecuarlos a un público
más amplio. Estos libros, comercializados por vendedores ambulantes entre
campesinos y ciudadanos, cubren circuitos de comunicación intermedios en-
tre lo oral y lo escrito.
El aumento de las publicaciones y las mayores facilidades de compra van
unidos, en mutua relación causa-efecto, con el crecimiento de la demanda.
HISTORIA UNIVERSAL 561

El hábito de la lectura se extendió hacia abajo en la sociedad urbana y a fi-


nes de siglo sólo quedan fuera las masas rurales y los trabajadores. Este au-
mento de lectores es causa directa de la mayor alfabetización y la diversif-
cación de formas de acceso a lo impreso. Hasta entonces el contacto con los
libros sólo era posible en los monasterios o mediante su compra. Esta última
fórmula se extiende a lo largo del período al reducirse los precios y entrar
en la escena editorial los integrantes de las capas superiores que viven fuera
de la corte y los de las tapas intermedias de ésta. No obstante, la propiedad
de los libros seguirá estando determinada por la procedencia social y el nivel
de fortuna de los individuos. Según Chartier, en Francia los mayores com-
pradores de libros eran los escritores y bibliotecarios, profesores, abogados,
clero, oficiales del Parlamento, nobles cortesanos. Le siguen burgueses y cria-
dos. En los últimos lugares estaban: comerciantes, dependientes y trabaja-
dores, maestros artesanos y pequeños oficios. Las bibliotecas privadas con-
taban con tres tipos de libros: religiosos, profesionales y de entretenimiento.
En general no eran muy nutridas ni completas, aunque algunas se incremen-
tan hasta necesitar sus dueños comprar muebles específicos y en el caso de
los más ricos, dedicarles una habitación que sirve también de lugar de tra-
bajo y signo de bienestar social.
Para los menos adinerados la centuria desarrollará el préstamo como
forma de contacto con lo editado. En realidad el préstamo ya existía entre
feligreses o amigos, pero ahora va a institucionalizarse. Algunas colecciones
privadas, religiosas, de corporaciones o de establecimientos educativos (uni-
versidades) se abren al público, al tiempo que los gobiernos o las autorida-
des locales impulsan la creación de la primera red de bibliotecas públicas y
nacionales. Sin embargo, tales instituciones no se generalizan hasta el último
cuarto del siglo y en muchos Estados más tarde. Además, la consulta en ellas
no estaba exenta de dificultades porque los horarios así como los requisitos
de entrada quedaban con frecuencia al criterio del bibliotecario y solían ser
restrictivos. Esto, unido al espíritu del siglo, permite que proliferen otro tipo
de instituciones con fines similares. Es el caso de los gabinetes de lectura,
denominación que en la práctica reviste múltiples formas. Desde la tienda
de librería, que permite a muchos libreros duplicar el negocio e incitar a la
compra, a los clubes de libros, con un número limitado de socios, o las so-
ciedades literarias, generalmente mixtas, donde la lectura da pie con fre-
cuencia a conversaciones generales. Para quienes no pueden hacer frente a
los gastos que supone ser miembro de algún gabinete quedan los arriendos
de algunos libreros y los alquiladores de libros cuyas tarifas son más módi-
cas. Algo similar ocurre con las bibliotecas ambulantes, que proliferan en In-
glaterra a partir de 1740. Para los analfabetos, en fin, está la lectura en voz
alta en la plaza pública, a cambio de una pequeña cantidad, o en las vela-
das urbanas.
Por lo que hace al gusto de los lectores es difícil conocerlo con exactitud
por la falta de informaciones o su carácter contradictorio. No obstante, pue-
562 ROSA MARÍA CAPEL

de decirse que en el siglo XVII continúa la ruptura del consenso en torno a


los libros religiosos que se iniciara en la centuria anterior entre las capas so-
ciales medias y altas, El predominio de tales escritos en las bibliotecas pri-
vadas se reduce, como también lo hace su peso en el conjunto editorial; no
obstante, el 63 por 100 de lo publicado en París en 1789 era religioso y los
catecismos, Libro de las Horas, vidas de santos, etc., figuran entre los títulos
más vendidos durante estos cien años. En contrapartida, aumenta el gusto
por los libros de tema profano: historia, generalmente nacional, científicos y
de entretenimiento, como la novela y los de ficción.
Los libros eran un signo de diferenciación social, en algunos casos tam-
bién de ruptura con el orden establecido, y el contacto más cualificado con
el mundo de la imprenta. Pero no era el único. Existen también otros im-
presos menos importantes aunque no menos eficaces a la hora de transmitir
informaciones o movilizar afectividades. Es el caso de los carteles, intensa-
mente usados por la Iglesia, la Administración o la publicidad; los pliegos
de cordel; las reproducciones de imágenes de peregrinación o cofradías que
había en las casas como parte del culto privado y que solían incluir datos
útiles para la mayor parte de la población; los almanagues, y su subtipo los
pronósticos, que en Inglaterra propalan entre el campesinado las nuevas téc-
nicas, ete,
La influencia de lo impreso en el desarrollo del conocimiento y del pro-
greso es evidente a lo largo del período moderno. Resulta difícil imaginar sin
la imprenta la revolución científica, los debates de los filósofos ilustrados o
la expansión del sentimiento revolucionario a fines de la centuria. Sin em-
bargo, el impacto real de los libros y sus ideas no hay que exagerarlo. Más
que directo e inmediato fue contigente y lento, dependiendo corno la alfabe-
tización y la educación, del contexto social, político y económico en que apa-
recen. Al fin y al cabo, la edición es un negocio, y la lectura, un proceso se-
lectivo en el que su protagonista toma las ideas y las integra a través de su
propio clima mental. Por ello, en el Antiguo Régimen la letra impresa sirvió
tanto para propagar ideas innovadoras como creencias tradicionales. Entre
500 catálogos de librerías francesas a fines del siglo xvi, Darnton sólo en-
contró un ejemplar del Contrato Social, de Rousseau, A esta transmisión de
lo tradicional, a veces más intensa que de lo novedoso, colaboró también la
censura que nos encontramos por toda Europa con mayor o menor rigor. In-
cluso estuvo presente en Holanda, donde no se podía comentar la vida do-
méstica, y en Suiza, que tenía prohibido criticar a las autoridades. Su obje-
tivo era doble: frenar el posible impacto revolucionario de los libros y ase-
gurar el pago de impuestos por edición; esto último hace que la forma más
sencilla sea la de otorgar privilegios de impresión. La censura podía ser civil
o eclesiástica y aunque ambas actuaron con el mismo rigor resulta más
famosa la segunda gracias a la Inquisición y su enfrentamiento con protes-
tantes e ilustrados. La efectividad real de la actividad censora fue bastante
limitada en todos los casos. Primero, porque al tener sólo ámbito nacional
HISTORIA UNIVERSAL 563

siempre era factible adquirir los libros prohibidos en otro país o a través del
floreciente mercadeo clandestino. Segundo, por la escasa efectividad buro-
crática y el oscilante celo de los encargados de velar porque se cumpliera.
No obstante, la acusación de publicar cosas difamatorias, no ortodoxas o que
pudieran incitar a la rebelión podía llegar a suponer para el impresor la
pena de muerte.
Cuanto llevamos dicho acerca de la revolución de lo impreso en el mun-
do moderno estuvo lejos de afectar a toda la población del mismo modo.
Para Muchembled, incluso una gran parte de los ciudadanos pobres que
aprendieron a leer tuvieron una práctica de lectura inferior a sus posibilida-
des teóricas. La mayoría de los campesinos y de las capas urbanas inferiores
continuaron viviendo en el marco de una cultura oral productora de una s0o-
ciabilidad en la que lo sentido y experimentado era más importante para la
vida social y económica que lo leído y escrito. Es una cultura portadora de
ideas ancestrales cuya transmisión exige el ejercicio de habilidades intelec-
tuales diferentes de la cultura escrita, pero no por ello su difusión es menos
rápida ni su influencia menor, Pensemos en el poder del púlpito en la for-
mación de la opinión pública, del rumor para el honor familiar, o en el uso
simbólico de algunos libros, como la Biblia en los juramentos.
Con ser distintas en sus expresiones, la cultura oral y la cultura escrita
son, en realidad, dos caras de una misma moneda. En el siglo xv, al me-
nos, no existe una clara línea divisoria entre ambas. La lectura en voz alta
conecta a los analfabetos con el universo de la letra impresa; la alfabetiza-
ción sirve de unión con la comunicación oral más que de sustituto. Esta pro-
funda interconexión entre verbal y escrita queda patente en las baladas y
cuentos, ejemplos de cómo la cultura oral podía moldearse a una gran va-
riedad de fines prácticos: resolver conflictos generacionales, aliviar preocu-
paciones, asimilar noticias, recordar la muerte, etc.
Con frecuencia se tiende a identificar cultura oral y analfabetismo con ac-
titudes tradicionales, mientras cultura escrita y alfabetización se dicen sinó-
nimos de mayor receptividad al cambio. Así expresadas, tales ideas resultan
simplificadoras en exceso. En primer lugar, la capacidad de lectura es ante
todo un indicador de oportunidades creadas por factores sociales, económi-
cos, culturales y políticos, verdaderos impulsores de los cambios. En segun-
do lugar, la alfabetización es un medio de transmitir las actitudes sociales
dominantes, por consiguiente no es, y no fue, sólo un agente de transforma-
ciones, también lo fue de continuidades.

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