Lectura Cuarta Ocr
Lectura Cuarta Ocr
CULTURA Y SOCIABILIDAD
por
Unidad y diversidad
Para Peter Gay, cuya obra publicada en dos volúmenes entre 1966-1969
es una de las pioneras en la moderna investigación sobre el tema, la Hustra-
502 ROSA MARÍA CAPEL
ción fue el fruto del trabajo de un grupo de personas que se conocían, se ad-
(1713-1769) y Ge
das sobre todo a
miraban y se leían unas a otras. Provenían de Francia (Montesquieu, Vol-
poesía, y a Vico |
taire, Diderot), Inglaterra (Hume, Gibbon), Ginebra (Rousseau), Alemania
el desarrollo hist
(Holbach, Kant, Herder), Italia (Vico), América (Franklin). Hay además, psi-
cólogos (La Mettrie, Helvetius), utilitaristas (Bentham), penalistas (Beccaria), Por su parte,
economistas (Adam Smith), etc. Tal diversidad geográfica y de intereses in- educación, los p1
telectuales es la que hace de Las Luces un movimiento complejo, de natura- parte de los caso
leza difícil de sistematizar y carente de un código consistente. El lazo que el pensamiento p
une a todos sus componentes hemos de buscarlo en el ataque que realizan van a otorgar al
a las vías establecidas de la vida europea, en esa búsqueda de lo que ellos peculiaridades re
mismos definen como la mayor felicidad para el mayor número y en el asen- En las Provir
timiento que muestran en torno a una serie de ideas, sobre todo las de tole- vieron que enfrez
rancia y razón. Más allá de esto, encontramos desacuerdos, puntos de vista los problemas di
diversos, a veces hasta conflictivos y opuestos, actitudes diferentes hacia los centuria anterior
mismos temas, relativismo políti
Así, en la cuna del movimiento, Francia, los ilustrados se van a caracte- sarrollo cultural
rizar por los feroces ataques que dirigen a la Monarquía, el absolutismo y mercio de publi
la religión, aunque no faltan ocasiones en que aplauden fuera lo que critican en el Seiscientos
dentro. Buena prueba la constituyen las reacciones favorables producidas al por tanto, no est
conocerse la política antijesuítica de Pombal sin tener en cuenta la dureza
nuevo, que ya tii
con que se realizaba. En cualquier caso, más allá de las fronteras francesas
personal se armi
la situación es otra.
cional evita los [
De un lado, las nuevas ideas suelen resultar aceptadas por las esferas ofi-
clases y COrromp
ciales que reconocen la necesidad de introducir reformas y encuentran a
aquéllas útiles para conducirlas. Los ilustrados mantienen estrechas relacio- del aquí y el ah:
pionera de los a
nes con el Estado que los protege y estimula la difusión de su pensamiento
como medio de lucha contra las fuerzas reaccionarias internas. Algunos mo- En clara con
narcas, caso de Catalina IM, buscan más esta difusión de los escritos que la rece en sus terri
dirección de sus autores; otros, Carlos III, tratará de vincularlos a la acción americanas, tien
de gobierno. Estas vinculaciones, sin embargo, no son óbice para que en to- volucionarias qu
dos los países, al igual que en Francia, los ilustrados sigan siendo más co- Finalmente,
nocidos como pensadores que como estadistas. trado adopta m
De otra parte, un segundo punto de divergencia entre las luces europeas su difusión no e
y galas lo encontramos en la religión. Dentro de los territorios católicos, los incluso, llegó a
ataques más que hacia la doctrina se dirigen de forma directa contra Roma, la zona, en niag
el poder de la curia y las riquezas del clero, especialmente las de los mo- novación social.
nasterios que llegarán a pasar total o parcialmente al Estado (territorios im- Toda esta va
periales y Austria). En los ámbitos del protestantismo, ni siquiera se produ- Ilustración es po
cen estas actuaciones.
va a intentar res
También encontramos diferencias respecto a los temas que más atraen la fieren según las
atención de los pensadores y la forma de tratarlos. En Italia lo que en verdad diferir las resp
preocupa a los ilustrados es la aplicación de sus ideas a la economía y la
determinados al
reforma penal. Tal es lo que intenta con sus obras Beccaria (1738-1794), ju-
ciedad.
risconsulto y también economista, al igual que sus contemporáneos Genovesi
HISTORIA UNIVERSAL 503
cambios. Para los años finales de siglo una nueva sensibilidad está triunfan-
do y el pensamiento occidental se encamina hacia nuevos derroteros que ter-
minarán en Burke, Hegel, Darwin o Marx.
Los PROTAGONISTAS
res, literatas -—Mme. Stáel, Mary Wollstonecraft— o como amigas y amantes la que pertenece
de los ilustrados. Sin embargo, no obtendrán los mismos beneficios que el su espíritu le lley
hombre. Todo lo más que se hace es reivindicar su condición de ser racional ensayo—. Sus pri
y aun esto generará oposición, dando pie a duras contestaciones. El legado plidos en Holanc
ilustrado, positivo en otros aspectos, será bastante ambiguo respecto a este conocer el empir
sexo, aunque ¿podía irse más allá teniendo en cuenta el aquí y el ahora en el gran promotor
que nos movemos? tido común, se bh
Entre los filósofos bien pudiera distinguirse, por lo dicho hasta ahora, ideas, difundidas
dos generaciones: el núcleo definidor de las ideas ilustradas y la de quienes, sidir en la corte
naciendo de ellas, preludian una nueva sensibilidad. Veamos algunas de sus y ser conocido al
biografías. Las cartas fil
presión de su per
nario filosófico, :
Montesquieu, Voltaire, Diderat cia y sus comente
nales que éste, el
Charles de Secondat, barón de Montesquieu (1689-1755), es uno de los pero, rico propie
primeros y principales dirigentes de la Ilustración. Perteneciente a una fami.- quico fuerte, sin
lia de toga, heredó de su tío el título y una presidencia del Parlamento de civiles, a las que
Burdeos que ostentó hasta venderla en 1725. Cuatro años antes habían apa- que a las polítice
recido en Amsterdam, anónimamente, sus Cartas Persas donde critica a la quimérica, y cons
sociedad francesa de la Regencia a la par que propone un modelo de demo- de una infinidad
cracia patriarcal basada en la virtud y ayuda mutua. Tal filosofía es muy dis- rantiza la pervive
tinta de la que hallamos en su principal obra: El espíritu de las Leyes (1748), Voltaire político,
- escrita tras viajar por Europa y residir dos años en Inglaterra. Se inicia con es el catálogo de
un análisis de los gobiernos por épocas y países, distinguiendo entre su na- rante su vida, con
turaleza y el principio que guía su actuación. De los tres tipos que revisa —re- prometido.
pública, monarquía, despotismo— su conocimiento de la experiencia ingle- De origen má
sa y las tradiciones francesas le hacen elegir como el mejor una monarquía va a ser la perso
moderada con división de poderes: ejecutivo, legislativo, judicial. Ahora bien, de sus intereses i
aunque sus ideas en este punto se hicieron dogma, Montesquieu no les da trado cree en la €
el alcance que después adquirieron. Más que la separación de poderes, lo mar a los hombr
que preconiza es su armonía, su ejercicio equilibrado por parte de tres ór- sólo le interesa le
ganos y fuerzas sociales: rey, pueblo, aristocracia. Orgulloso de pertenecer a nómica y artístice
la nobleza, la considera el mejor pilar de la Monarquía y cree en su utilidad al publicarse su (
como cuerpo social intermedio lo mismo que los parlamentos, cuyas opinio- obra: la direcciór
nes expresa. Ello unido a que identifica libertad con seguridad, niega el voto sigue reunir a 13
al populacho y expone los defectos del sistema parlamentario, van a conver- al que corresponc
tir su obra en un arma también para la reacción. mer volumen, Bu
Además de la ciencia política, la filosofía de la historia, asimismo, tiene y Rousseau. La aj
deudas con Montesquieu. En sus Consideraciones sobre la grandeza de los años, siendo intel
romanos... (1734) habla, por vez primera, de la existencia de causas mora- nes contrarias qu
les y físicas como los verdaderos determinantes del futuro de los Estados. y de algunos altos
Si Montesquieu tiene por interlocutora a la nobleza, Francois Marie mitieron llegar a
Arouet (1694-1778), más conocido por Voltaire, se dirigirá a la burguesía a una recopilación
HISTORIA UNIVERSAL "507
LAS IDEAS
el de estado idílico opuesto a aquel en que vive el hombre, por lo que puede Del hombre y st
ser utilizada como instrumento de crítica social. Aunque la caracterización
que más se ha divulgado de ella, la roussoniana de perfectamente buena, fue- Uno de los «
se discutible en su momento, en lo que sí están de acuerdo todos los filósofos ción de una cier
es en considerarla poderosa, ordenada y conforme en todo con la Razón. Por renacentista del
eso llega a sustituir a Dios; por eso se va a hablar de una igualdad, una li- un Dios cristian:
turaleza utilizan
bertad, un derecho, una religión y una moral naturales. La ley de la Natu-
yas teorías psico
raleza no nos dice otra cosa que, en palabras del alemán Wolff: haz lo que
culmina en Helw
os haga a ti y a tu estado más perfectos; evita lo que os haga más imper- carácter no es in
fectos. De ahí que aquélla sea, también, sinónimo de felicidad, de una feli- bida y el medio :
cidad que, rompiendo con el sentimiento trágico anterior, se puede conse- convierte en el e
guir sobre la tierra. incluida una nu
Se ha dicho que el espíritu del Setecientos es racionalista por esencia y garse las enseña
empirista por transacción, En efecto, la Razón es el gran tema ilustrado y la época, habrá
la nueva diosa a que adorar. Había entrado en juego de forma agresiva en mostrables: las s
la centuria anterior con Descartes que la consideraba el único medio certero cia, se establecer
de conocer. En el siglo XVII va a ser fundamentalmente crítica. No atenta a lo que conduce :
tradición ni autoridades, somete todas las cosas a su examen para establecer es obedecer a las
principios claros y verdaderos de los que sacar conclusiones claras y verda- hacia la búsquec
deras con las que terminar con los errores e iniciar una nueva vida. Ella es única dimensión
la única que puede resolver todos los problemas y la fe en sus fuerzas ex- Ahora bien, «
cepcionales es uno de los pilares básicos de la mentalidad del período. El hasta el extremo
proceso dignificador de la razón culmina en Kant que la convierte en la fa- dos para convert
cultad más elevada del espíritu e invirtiendo su significado con el del enten- mayoría—, o de |
comportamiento.
dimiento, la hace el medio de formar las ideas metafísicas del mundo, el
intereses particul
alma y Dios. También será el único instrumento que permita al hombre aban-
de bienfaisance,
donar su minoría de edad y alcanzar la plenitud que supone la edad de la
radójicamente, d
razón en la que puede andar por sí mismo.
nitarismo como *
En cuanto a la idea de Progreso, referida a la especie humana, plasma el hombre no en
el optimismo de la Hustración tanto como su elevada concepción de aquélla, posible hallar ur
Su origen está en esa nueva dimensión que da Locke a las posibilidades del suya, para los pe
hombre cuando niega lo innato y lo hace fruto de las circunstancias que le glo XVI Hobbes ]
rodean. La mejora de éstas redundará, por tanto, en la de aquél, al que se do. 5us sucesores
cree capaz de aprender, cambiar y mejorar; en una palabra, de caminar ha- yoría. Para Helve
cia su perfección. Ningún vehículo mejor para ello que la educación, que En cuanto a)
adquiere una importancia hasta ahora desconocida. En un terreno más, los damentalmente «
ilustrados rompen con la visión pesimista de la especie que tienen clásicos y faltan voces evolr
cristianos. Para la mayor parte de los filósofos esta fe ciega en el progreso males (el orangu
tiene un sentido ético, considerándolo el camino para hacer a la humanidad
mejor y más dichosa, aunque no falta la dirección materialista —Condor-
cet— que lo entiende sólo como progreso técnico, adelantando el positivismo
del siglo xIX.
HISTORIA UNIVERSAL 511
egos
Del hombre y su naturaleza
El pensamiento de la Historia
La letra impres
raleza humana de los que nos habla Hume. Además, debía de explicar por
qué el hombre real está tan alejado del de la razón y la naturaleza, lo que Las publica
la convirtió en un arma para luchar contra la religión y el absolutismo, a los
extensión de La
que se considera culpables de tal alejamiento. Desde esta perspectiva, la in-
glo XVII represe
vestigación histórica era la filosofía enseñando con el ejemplo, en palabras
una extensa red
de Voltaire, y fue cultivada por los mejores escritores de la época: Hume, Bur-
hecho hemos di
ke, Voltaire, Raynal, Gibbon, cuyas obras hicieron consciente a Europa del
las sociedades c
placer y la importancia de leer historia e, incluso, llegaron a alcanzar algu-
de Ariés y Duby
nas varias ediciones en poco tiempo. Pero a ésta también se la interrogó im-
Las edicione
parcialmente, lo que lleva al siglo xvi a continuar la obra de documenta-
de sus centros :
ción y erudición de la centuria anterior, completada con la búsqueda de una
que la censura,
narración verídica y exacta. La historia emerge entonces como ciencia, cola-
en los Balcanes
borando a ello de forma decisiva Giambattista Vico (1668-1744).
no se desarrolla
La figura de este napolitano destaca asimismo en el terreno de la filosofía
la mayor parte
histórica, donde los enciclopedistas sólo tuvieron nociones imprecisas hasta
gada a un ampl
Condorcet. Oponiéndose a Descartes y teniendo por modelos a Platón, Táci-
sillo, más econó
to, Bacon y Grocio, construye una Ciencia Nueva, mal comprendida en su
por fascículos. (
tiempo, y articula una teoría evolutiva de las civilizaciones basada en las le-
una escasa elite.
yes científicas de los corsi y los ricorsi. Todo pueblo, nos dice, atraviesa tres biblioteca, luga:
etapas —divina, heroica, humana— a lo largo de su desarrollo hasta llegar
más de la casa.
a la decadencia e iniciar un nuevo proceso en un plano distinto y superior.
En cuanto a
En realidad, Vico retoma aquí la idea clásica de los ciclos, pero desprovistos
derablemente, a
de su carácter cerrado y dotándolos de un movimiento dialéctico en espiral.
guen siendo los
Se pierde la idea de progreso continuado pero se tienen en cuenta la libertad vieron gran éxit
y lo contingente.
Enciclopedia fra
lares en inglés,
tico (1695-1697)
CANALES DE DIFUSIÓN DE LAS LUCES
convirtieron en :
Nacida a co
Nacida en Inglaterra, reiventada en Francia, la Ilustración no va a tardar
riódica vive dur
en extenderse por toda Europa y llegar a América. Favorecen el movimiento
desarrollo. El m
tanto la conversión del francés en la lengua cultural por antonomasia y de
habrá políticas,
París en el punto de encuentro de todos los intelectuales, entre los que exis-
o revistas sobre
ten, además, estrechas relaciones, como los constantes viajes de los escritores
es absoluta, mez
ilustrados, unas veces en respuesta a la invitación hecha por las más altas
rición se regular
jerarquías de los Estados —Rusia, Prusia— y otras, obligados por avatares
finalmente cons
políticos. Junto a ello, las nuevas ideas van a contar con importantes canales
Courrent, apare
de difusión: la letra impresa —periódicos, libros—, la palabra —catfés, ter-
la segunda mita
tulias, salones, elubs— y algunas instituciones —academias, logias masó-
erudito y comnerc
nicas—.
la dirección inic
(1777), Diario ad
cisiva a la difus:
con el mundo il
HISTORIA UNIVERSAL 515
La letra impresa
Las publicaciones van a ser, sin lugar a dudas, el mejor vehículo para la
extensión de Las Luces, dado el momento de desarrollo creciente que el si-
glo xvIn representa para el comercio de libros y para la prensa, creadora de
una extensa red de corresponsales situados en los más diversos lugares. Tal
hecho hemos de verlo como una expresión y etapa más de esa entrada de
las sociedades occidentales en el mundo de la cultura escrita que es, a decir
de Ariés y Duby, una de las principales evoluciones del período moderno.
Las ediciones de obras se multiplican de forma importante, teniendo uno
de sus centros más señalados en Holanda, donde se editan todas aquellas
que la censura, secular o religiosa, ha prohibido en otros países. Por contra,
en los Balcanes, el Imperio y la Europa del Este los trabajos de impresión
no se desarrollan hasta el último cuarto de la centuria. El lenguaje claro que
la mayor parte de los autores intenta utilizar en sus escritos facilitará su lle-
gada a un amplio público, lo mismo que la aparición de las ediciones de bol-
sillo, más económicas, y la difusión de las suscripciones y de la publicación
por fascículos. Como consecuencia, la posesión de libros deja de ser cosa de
una escasa elite, sobre todo en las zonas urbanas y protestantes, mientras la
biblioteca, lugar de retiro, estudio y meditación, se convierte en un espacio
más de la casa.
En cuanto a la temática, a fines de la centuria se ha diversificado consi-
derablemente, aunque los títulos mayoritarios en las colecciones privadas si-
guen siendo los almanaques, la Biblia y los de entretenimiento. También tu-
vieron gran éxito las enciclopedias y los diccionarios cuyo paradigma es La
Enciclopedia francesa. Sin embargo, ya antes habían aparecido obras simi-
lares en inglés, alemán e italiano, sin olvidar el Diccionario histórico y crí-
tico (1695-1697), de Bayle, cuyo racionalismo e independencia de criterio lo
convirtieron en un arsenal de ideas para los ilustrados.
Nacida a comienzos del siglo xvi en Holanda e Inglaterra, la prensa pe-
riódica vive durante la centuria del Setecientos un momento importante de
desarrollo. El número de publicaciones crece y su carácter se modifica: las
habrá políticas, morales, literario-científicas, hojas de anuncios y magazine
o revistas sobre cuanto acontece en el mundo. La división, sin embargo, no
es absoluta, mezclándose por lo general los temas. La periodicidad de apa-
rición se regulariza, uniéndose a las mensuales y semanales las diarias, que
finalmente consiguen continuidad. Pionera de ellas es el británico Daily
Courrent, aparecido en 1702. En el Continente los diarios se retrasan hasta
la segunda mitad de siglo, abriendo el camino el Diario Noticioso, curioso,
erudito y comercial, público y económico, editado en Madrid desde 1758 bajo
la dirección inicial de F. Mariano Nipho. Le seguirán: Le Journal de Paris
(1777), Diario de Barcelona, etc. Sus páginas van a contribuir de forma de-
cisiva a la difusión de las nuevas ideas y de todas las noticias relacionadas
con el mundo ilustrado, pese a la fuerte censura que sufren en los Estados
516 ROSA MARÍA CAPEL
absolutos, algunos de cuyos monarcas —Federico II, Catalina II— escribie- mientras
ron artículos y llegaron a fundar o dirigir algunos periódicos en su provecho hombre: la tabe
y el de sus gobiernos. Sólo los ingleses se libraban de este control oficial convirtieron en
previo. del Entresuelo y
Uno de los periódicos más antiguos e importantes será la Gazzette de Ho- turos partidos:
llande, mientras que en Francia las Nouvelles Litéraires, aparecida en 1721, Durante el s
inauguran el género de la reseña literaria, con el que se intenta informar a (1654), París (1
los lectores sobre las últimas novedades literarias e ideológicas. Siguen su ca- similares existe
mino el antiguo Mercure de France y varias publicaciones de otros países blecimientos dis
como el Giornale (1710-1737) del italiano Maffel. En Inglaterra, donde flo- botillerías de c:
rece un periodismo moderno, Steele había empezado a editar The Tatler pequeñas tertul
(1709), al que siguió en colaboración con Addison The Spectator veau se reunían
(1711-1712). En ambos se critican las costumbres sociales al tiempo que se cia gala y los de
trata de instruir al lector sobre lo que debe evitar y lo que debe hacer. De cimientos por el
ellos nace la imagen de un nuevo modelo humano que causará gran impac- mitad de la cen
to en Europa: el burgués, encarnado en el comerciante, del que se dice que en Cádiz, Sevill:
tiene más derecho que el cortesano y el sabio a llamarse gentleman. Se le des- siguió fuerte arr
cribe como gente de exterior sencillo, que gusta de usar el paño y el bastón De todos los
en lugar de la seda y la espada, con sentido común y preocupado por las salones, que lle
cuestiones prácticas (trabajo, ahorro...). A Steele y Addison se les debe tam- por mujeres. Te
bién la aparición de dos periódicos políticos: The Guardian (1713) y The En- algunas frances:
gtishman (1713-1716). Desde Inglaterra, el modelo de periódico creado por marquesa de Re
The Spectator pasa al Continente, donde aparecerán en varios países publi- para conversar
caciones similares entre las que figura El Pensador, editado en Madrid de fue la creadora
1762 a 1767, dirigido por Clavijo y Fajardo, y la Vsjakaja Vsjacina (Un poco formal que la sa
de todo, 1769-1774) de la Rusia de Catalina IL. América del Norte, asimis- el siglo XVI al
mo, tuvo su prensa pesea las dificultades que suponían los altos precios de entre las figuras
la tinta, el papel y los tipos, importados todos desde Europa. Sin olvidar el tradas y científic
retraso —cinco a ocho semanas— con que se reciben las noticias. No obs- tra de la corte. E
tante, en 1775 existían 34 semanarios, entre los que destaca la Pennsylva- a la oposición y
nia Gazette, de Franklin, y en 1784 aparece el primer diario: Pennsplvania mentos la titula
Packet. se les unieron m1
de vicario y ma
cuyo padre era
La fuerza de la palabra: clubes, cafés y salones famosas reunior
Lambert, madar
Otro de los medios de difusión de las ideas ilustradas fueron las reunio- tenedoras de los
nes, que acogían a personas con afinidades culturales. Se podían celebrar en hombres, verdad
lugares distintos y revistieron formas diferentes, casi todas nacidas con an- damental y para
terioridad pero que adquieren auge en este siglo. Una de ellas fueron los clu- . validad que exis
bes ingleses, cuyo origen se remonta al siglo XV, alcanzando una estructura va a compartir 1
formal a fines de la centuria siguiente. Son sociedades exclusivamente mascu- a legarse el saló:
linas y muy selectivas en cuanto a sus miembros, los cuales deben de cum- Desde Franc
plir una serie de requisitos para ser admitidos y pagar altas cotizaciones aportaron cierta:
HISTORIA UNIVERSAL 517
AN
salones, que llegaron a constituir los únicos espacios y sociedades regidos
por mujeres. Teniendo por antecedente los círculos literarios que formaron
algunas francesas durante el siglo XVI, el salón nace en 1620 por obra de la
A
marquesa de Rambouillet, quien tenía la costumbre de reunir a sus amigos
para conversar en la chambre bleu. En este sentido, puede decirse que ella
fue la creadora del término en sus dos acepciones: la de habitación menos
formal que la sala y la de institución. Como tal, su número aumentó durante
el siglo xvi al tiempo que lo hacía su importancia como lugar de contacto
entre las figuras más conspicuas de la época, de difusión de las ideas ilus-
tradas y científicas, y como centro de actividad política al margen o en con-
tra de la corte. En ellos se hicieron y deshicieron carreras, primero; se cobijó
a la oposición y se preparó la revolución, más tarde. Si en los primeros mo-
mentos la titularidad de los salones correspondió a las aristócratas, pronto
se les unieron mujeres de otros grupos sociales, como Suzanne Necker, hija
de vicario y madre de madame Stáel, o madame De Geoffrin (1699-1777),
cuyo padre era paje y su marido, industrial heladero. Ambas mantuvieron
famosas reuniones en su época, lo mismo que lo hicieron la marquesa de
Lambert, madame Tencin y mademoiselle De Lespinasse. Aunque las man-
tenedoras de los salones eran siempre mujeres, su auténtico objetivo eran los
hombres, verdaderos protagonistas de aquéllos y de cuya fama dependía, fun-
damental y paradójicamente, la reputación de las anfitrionas. De ahí, la ri-
validad que existía entre ellas, compatible con un compañerismo que les lle-
va a compartir la compañía de las figuras más importantes y, en ocasiones,
a legarse el salón al morir.
Desde Francia la moda de los salones se extendió a otros países que Jes
aportaron ciertas peculiaridades. Así, en los españoles faltaron las connota-
518 ROSA MARÍA CAPEL
ciones políticas y científicas; los ingleses fueron más informales, conociéndo- jetivos culíturale
se por ello a las saloniéres con el sobrenombre de medias azules. Solían per- ses privilegiada
tenecer a la clase media y entre ellas cabe señalar a la londinense Elizabeth dejado paso al
Montagu (1720-1800). En Berlín tenían procedencia judía y sus salones sur- tigación científ
gen de la transformación, en los años ochenta, de las casas abiertas que te- del clero.
nían sus padres. Es el caso de Henrietta Herz (1764-1847) o Dorothea von
Shlegel (1763-1839). Ahora bien, diferencias aparte, en todos los casos existe
Las logias »
un rasgo común: los salones son lugares de movilidad social al permitir la acoger la Iustr
convivencia de nobles, burgueses e intelectuales y ofrecen a las mujeres la masonería mod
oportunidad de relacionarse con hombres importantes. La forma en que apro- la Gran Logia «
vecharon tal oportunidad alumbra dos actitudes antitéticas bien conocidas. derson, escritas
Unas intentaron desarrollar su talento, renunciando incluso al amor físico fluencias de los
en aras de hacerse respetar, y practicaron una solidaridad que les llevó a ayu- dentes, como ta
dar a aquellas que no tenían sus mismas posibilidades de saber pero sí el con, Comenio y
talento suficiente. Otras sólo utilizaron su sexualidad y buscaron el medro Constituciones,
personal. A ellas se debe que al finalizar la centuria la imagen social del sa- masonería. Nac
lón se asocie a la de comportamientos sexuales ligeros limitados hasta en- a tener por obje
tonces a la corte y la aristocracia. Ello, unido a su activismo político, les lle- seguirla es prec
vó a ser dispersados con la revolución. ligiosa, de ahí «
rancia hacia las
tro de unión sol
Academias y logias estrella, compá
dice Lessing, ur
Constituyen sendas instituciones organizadas a través de las cuales el tra- con pertenecer ¿
bajo de Las Luces se desarrolla y difunde. Al igual que en los casos anterio- es la humanida
res, sus raíces superan hacia atrás el marco cronológico que nos ocupa, aun- modelo de hom
que es en él donde su desenvolvimiento se acelera. los poderes civi
Las academias nacieron en la Italia renacentista, donde se constituyen re- so, sino creyent
gularmente con autonomía y cierta protección oficial. También se delimita- quitecto del Uni:
ron los objetivos de su investigación: la literatura o la ciencia, a las que se
obligado a obea
unen después las artes. Durante el siglo xXVH pasaron a Europa, siendo Fran-
maneras, su vid
cia la que se convierte en modelo a imitar y la que les otorga el carácter con
el hombre, la rr
que las encontramos en el Xvti: ellas eran fuente de autoridad respecto a las
actividades artísticas e intelectuales, cuyo desenvolvimiento rigen a nivel na- para conseguirl
cional. Dado el afán racionalizador y normativo de la centuria ilustrada, es Ella misma ya :
fácil entender la multiplicación de su número y la extensión geográfica que mundo; pero, al
alcanzan a lo largo de ella, Las encontraremos no sólo en las grandes me- grandes atencio
trópolis, sino también en otras ciudades de provincia donde se intenta seguir sacar los princi]
el ejemplo de aquéllas. En España es Felipe V quien introduce el movimien- terreno filosófici
to académico al fundar la Academia Española en 1714; Federico 1 de Prusia La masonerí
establece la Academia de Ciencias de Berlín en 1701, a la que siguen las de Clemente XI. A
Upsala (1710), San Petersburgo (1724), Estocolmo (1739), Copenhague mercaderes, dip
(1743) y la sueca (1786). En total, para 1770 el número de academias as- palabra, de cua
cendía a 40. Para esta fecha la extracción social de sus miembros y sus ob- Sus miembros p
HISTORIA UNIVERSAL 519
grandes maestres, la burguesía acomodada y las profesiones liberales, sin ol- Ilustración y pre
vidar a algunos monarcas —Federico lIl— que ingresaron en ella para con-
trolarla y conseguir su apoyo. Las ideas ilu:
la vida política a
la razón y capac
El impacto de Las Luces Para lograr ésta
encomendar el r
De igual modo que, decíamos, no conviene exagerar el radicalismo de tanto el ámbito y
los contenidos de la Ilustración, tampoco es adecuado hacerlo con su im- conciencia. Un E
plantación. Desde un punto de vista social, su impacto quedó reducido a de- en el absolutism
terminados grupos, dada la naturaleza de sus postulados, el carácter de las a la época. No o
sociedades e instituciones que la transmiten y los altos niveles de analfabe- guen es encontre
tismo existentes. En cuanto a los desarrollos, innovaciones y cambios que tie- turas del Antigu
nen lugar en los campos del pensamiento, la literatura y los gustos estéticos homeopático a u
durante el siglo Xvn1, como afirma Porter, ...sería erróneo etiquetar todos... cas buscan en ac
(como) expresión de una coherente filosofía ilustrada. Pero igualmente sería social que piens
tonto negar que las nociones de naturaleza humana y los ideales de buena mente en su des:
vida desarrollados por los filósofos encontraron amplia expresión en las ar- nobleza, por for:
tes y las letras y en la vida práctica. Así, en algunas descripciones sobre so- tolerancia religic
ciedades primitivas sus autores, dejándose llevar por sus sueños del buen sal- tica que se extier
vaje, convierten a aquéllas en modelos vivos de una sociedad igualitaria y li- mismos años en
bre que sólo existe en sus mentes. La novela acoge el debate ilustrado sobre quía en Francia.
el hombre y la naturaleza —Robinson Crusoe, de Defoe—, mientras las in- El instrument
novaciones en psicología, moral y filosofía se dejan ver en el tratamiento de yes, cuya mejora
los caracteres y motivaciones de los personajes. Incluso las teorías científicas trado será la base
sobre las atracciones de los elementos químicos encuentran en Goethe una portavoces de las
pluma dispuesta a aplicarlas al tema amoroso y del matrimonio en Las afi- hace no reparar €
nidades electivas. En la ópera, Mozart recoge el contraste entre la civiliza- sus límites, nacid
ción europea y la exótica, pero bárbara, de Turquía en El Serrallo, o nos ha- la exaltación de 1
bla del desarrollo del hombre por el autoconocimiento en su última obra: La ción entre reyes €
Aauta mágica. Tampoco la medicina escapa a la influencia de los puntos de política. En reali
vista ilustrados. Las plagas y epidemias dejaron de considerarse un castigo justificar un uso 1
divino, buscándose y hallándose medios para combatirlas, como la inocula- ta la crítica al de
ción. Las enfermedades mentales no fueron más fruto de posesión diabólica, colonialismo, que
y en los partos, el saber científico de los ginecólogos ganó la partida al más esclavitud, basadi
práctico de las comadronas. Pero quizá el campo en el que los reformadores grandes resultado
ilustrados actuaron más directamente fue en el de la política, aunque, como ca de las revoluci
dijimos, los filósofos antes que por buscar panaceas políticas concretas es- golpe y algunos E
taban preocupados por su criticismo, por su búsqueda de un nuevo, más hu- tas. Aún entonces
mano, más científico entendimiento del hombre como un ser social y natural. nen vigentes e inf
europeo. ,
En suma, la I
ma espiritual y bi
Contribuyó a la sí
HISTORIA UNIVERSAL 521
Las ideas ilustradas traen consigo una nueva apreciación del Estado y de
la vida política a los que se considera susceptibles de organizar conforme a
la razón y capaces, si así lo hacen, de alcanzar la felicidad de los súbditos.
Para lograr ésta se confía sobre todo en el primero, al que se le deben de
encomendar el mayor número de tareas y bajo cuyo control ha de quedar
tanto el ámbito público como el privado, excepción hecha de la libertad de
conciencia. Un Estado con tales características lo encuentran los reformistas
en el absolutismo regio al que se considera un aliado siempre que se adapte
a la época. No olvidemos que lo que nuestros hombres de Las Luces persi-
guen es encontrar soluciones a los problemas dentro de las propias estruc-
turas del Antiguo Régimen, hallar lo que Pierre Vilar denomina un recurso
homeopático a un sistema debilitado. En justa correspondencia, los monar-
cas buscan en aquéllos sugerencias y apoyo a los planes de transformación
social que piensan para sus pueblos. Unos y otros van a coincidir plena-
mente en su deseo por frenar el influjo de la Iglesia y los privilegios de la
nobleza, por fortalecer las bases económicas y culturales, por promover la
tolerancia religiosa. Había nacido el absolutismo ilustrado, fórmula polí-
tica que se extiende por Europa desde Rusia a la Península Ibérica por los
mismos años en que los propios filósofos atacan duramente a la Monar-
quía en Francia.
El instrumento preferido para llevar a cabo las reformas van a ser las le-
yes, cuya mejora siguiendo las coordenadas que señala el pensamiento ilus-
trado será la base que sustente la colaboración entre el Estado absoluto y los
portavoces de las nuevas ideas, cuyo empeño en llevarlas a la práctica les
hace [Link] en los horrores del poder, Sin embargo tal convivencia tenía
sus límites, nacidos de la propia evolución teórica de las ideas políticas, con
la exaltación de la soberanía popular, y de los problemas prácticos de rela-
ción entre reyes e ilustrados cuando éstos intentan influir directamente en la
política. En realidad, el absolutismo sólo deseaba usar a los filósofos para
justificar un uso más riguroso del poder. Por ello, a partir de los años seten-
ta la crítica al despotismo se convierte en una moda, lo mismo que la del
colonialismo, que se toma como indicativa de radicalismo político, y la de la
esclavitud, basada en las ideas filantrópicas del período. Ninguna consiguió
grandes resultados prácticos y los logrados hubieron de esperar hasta la épo-
ca de las revoluciones de final de siglo, cuando el absolutismo sufre un duro
golpe y algunos Estados americanos ponen en marcha políticas abolicionis-
tas. Aún entonces, los elementos conservadores de la Ilustración se mantie-
nen vigentes e informarán la reacción posterior a 1815 y el conservadurismo
europeo. ,
En suma, la Ilustración representó un momento de ruptura con el siste-
ma espiritual y bíblico de entender al hombre, la sociedad y la Naturaleza.
Contribuyó a la secularización del pensamiento europeo y a la aparición de
522 ROSA MARÍA CAPEL
LA CIENCIA EN E
Entre las id
fico y técnico d
cíprocas. Si la
sin lugar a dud:
to que éstos, a:
lósofos se aden
en Francia e hi
de París; Monte
lización de las.
médico. Mas, ¿
el siglo XVIL?, ¿
Hacia 1690 '
dotar a la cien
reflejado en el :
círculos y en la
ciencia, Como st
—los científicos
idea central na:
problemas técni:
pero también, y
taba de un com
El siglo XVIII tra
interesar más el
de la centuria p
TL. INVESTIGAR E INVENTAR
centros del pensamiento científico del período los encontramos en Francia, que la conside
en torno a La Enciclopedia, y Gran Bretaña, donde sobresalen Leeds, Glas- encarga de dif
gow, Edimburgo, Manchester y, de manera especial, Birmingham. Si los cien- son otra espec:
tíficos del Seiscientos habían centrado su labor en resolver problemas tradi- No pasaría mi
cionales, en estudiar la Naturaleza con métodos experimentales y matemáti- médico, demo:
cos, Sus sucesores ampliaron la esfera de intereses, trataron de actuar sobre frente a los re:
aquélla transformándola y de integrar a la ciencia en el mecanismo produc- mos métodos |
tivo, pese a que las relaciones con la técnica, hasta la revolución industrial cosa, en el fon
de fin de siglo, hayan sido débiles. En una palabra, ponen en marcha el pro- un armazón io
ceso, culminado por la centuria siguiente, de convertir a la ciencia en carac- lo que no, pert
terística indispensable del nuevo mundo industrializado que acaba de na- un mismo prol
cer. El camino no iba a ser fácil y en un terreno más nos vamos a encontrar las que resulta
con los claroscuros del dieciocho. dado el escasc
facilidades exp
sulta muy labo
Límites e impulsos al desarrollo científico mentos parecid
presenta más p
La idea del período que nos ocupa como una época en que el pensamien- se tiene del cue
to científico consigue terminar con todos los errores del pasado y obtiene una Cuanto Jley;
aceptación social generalizada es al menos tan inexacta como la que lo hace rante el siglox
encarnar sólo el triunfo de lo racional y lo irreligioso. Junto a una serie abun- ceso de divulga
dante de factores favorables a su desarrollo encontraremos otros que limitan cientes. Interes;
su avance o difusión. Tal es el papel que juegan: el peso de la tradición car- unos temas que
tesiana y la pervivencia de falsas creencias, de equivocadas teorías tradicio- Estados. Todos
nales. La primera afecta sobre todo a Francia, dificultando la implantación la actividad cie
de los principios newtonianos en astronomía, matemáticas y física. En cuan- dro I— o labor:
to a las segundas, las hallamos fundamentalmente entre el pueblo que en su do por aristócra
mayoría ignora la nueva ciencia y rechaza la moderna cosmología. Para él, de colecciones,
los zodíacos siguen siendo la mejor explicación del carácter y la guía para que si bien no y
el futuro; los almanaques, en los que pervive el geocentrismo de Ptolomeo, mización aport:
un excepcional aprendizaje sobre la salud de las personas y los animales, el social por ella.
cuidado de los cultivos y la previsión del tiempo, todo lo cual se cree aún Más específi
bajo la influencia de fuerzas extraterrestres. A nivel de práctica cotidiana pue- bidos desde las
de decirse que todavía ningún avance científico, salvo quizá la inoculación, multiplican a k
cuestionó las costumbres heredadas, miento académi
Mas no sólo entre la masa popular incapaz de alcanzar la edad de la ropeos impulsar
razón se mantienen los errores. También entre los intelectuales y eruditos los o de la Royal So,
encontramos. Así, los alquimistas y la alquimia continúan gozando de gran demias de carác
prestigio, al igual que la idea de que las faltas personales o las intenciones más importante:
malevolentes de otros son causas de desgracias personales. A veces se va más aparecerán algu
allá de la mera creencia y se utiliza el método experimental para dar valor y Daventry. Res
científico a tradiciones como la de que el color de la piel depende de las bi- corresponde a l;
lis. Su formulación teórica corresponde al italiano Bernardo Albinus (1737), el número de pi
siendo el francés Pierre Barrére quien publica en 1742 varios trabajos en los la Sociedad Lun
HISTORIA UNIVERSAL 525
bricante de hierro Wilkinson, el alfarero Wedwood, Priestley y Watt; la Real un tiempo. Sin e
Sociedad de Edimburgo (1789); la Sociedad Filosófica Americana (1743), de merciantes que |
Franklin; la Sociedad Linneana (1788), de Londres, que adquirió el herbo- ren ahora invert
lario, biblioteca y manuscritos de Linneo a su muerte, y la Sociedad Litera-
biles y no encue
ria y Filosófica. de Manchester (1785). una cierta activi
Academias y sociedades tienen una de sus formas más señalada de cola- ses que ven en
borar al desarrollo científico en el mantenimiento de publicaciones periódi- terra prosigue lc
cas que sirven para difundir los trabajos realizados por sus miembros. Cuan- dustria y el intel
do los originales se multiplicaron y la aparición de este tipo de ediciones em- figura y la obra
pezaba a demorarse, surgieron un gran número de revistas para acogerlos, etapa de acelera
iniciándose, al unísono, un movimiento de especialización en su temática. Desde los añ
De nuevo los años más fructíferos serán los de la segunda mitad de la cen- bitos estrictamer
turia. Con anterioridad sólo existían cuatro grandes publicaciones: las de la obras del inglés
Royal Society (Londres) y la Academia de Ciencias de París; las Nouvelles de
establecen los cit
la République des Lettres, de Bayle, y el Acta Eruditorum (Leipzig). Para lor, la electricid:
1800 eran 75, de las que casi dos tercios habían nacido a partir de los ochen- gía y magnetism
Naturaleza, sust
ta. Tres de ellas continúan apareciendo hoy: el Botanical Magazine (1787),
los Annales de Chimie (París, 1789) y el Philosophical Magazine (Londres,
de energía por u
1798).
pechados. En su
Además de las publicaciones periódicas, el mercado del libro científico El desarrollo
vive asimismo un momento expansivo reflejo de la conciencia pública de la guiendo a Ceped
ciencia existente. Ella favorece y es favorecida por la aparición de obras de tean los hombre:
divulgación que intentan expresar las complicadas ideas de las ciencias de el Planeta donde
la forma más sencilla. El camino lo inician las Conversaciones sobre la plu- zas guarda en s
ralidad de los mundos (1686) donde Bernard Fontenelle trata de explicar el
quiénes son y có
sistena copernicano. Durante el siglo XvHr este tipo de obras aumenta, lle-
gando a aparecer algunas especialmente dedicadas a las mujeres y los niños:
LA TIERRA EN EL
Il newtonianismo per le dame (1737), de Francesco Algarotti. El trabajo más
completo será el de Buffon: Historia Natural (1749-1804).
No podemos terminar esta brevísima síntesis de los factores que impul- No cabe dud
san el desarrollo de la ciencia en el Setecientos sin mencionar: su recepción las fuerzas, el es
en ciertas universidades, sobre todo las escocesas; la creación de museos so- de ciencia de la
bre aparatos científicos o de Historia Natural, y el perfeccionamiento de los los que alcanzar
instrumentos de análisis o experimentación. A la mejora de su diseño y fa-
bricación dedicaron gran esfuerzo los artesanos, quienes alcanzan gran ca-
lidad en sus trabajos y consiguen ser admitidos como miembros de las ins- Matemáticas y n
tituciones científicas oficiales.
Dentro de las
tría, el álgebra y
Dos períodos diferentes y Leibniz. El aris
metría descriptiv
Como dijimos al comienzo, las primeras décadas del siglo XVII son mo- mientras el suizo
mentos de ralentización del esfuerzo científico. Parecía como si la publica- cia los caminos
(1752-1833) amp
ción de los Principia, de Newton (1687), hubiese agostado las mentes por
HISTORIA UNIVERSAL 597
un tiempo. Sin embargo, existían razones socio-económicas para ello, Los co-
merciantes que habían subvencionado los avances hasta el momento prefie-
ren ahora invertir en ámbitos más seguros; los manufactureros son aún dé-
biles y no encuentran las ventajas de tales gastos. Pese a todo, se mantiene
una cierta actividad en Francia, bajo la protección de aristócratas y burgue-
ses que ven en la ciencia otro medio para expresar su descontento. Ingla-
terra prosigue los cambios técnicos que permiten a Escocia el auge de su in-
dustria y el intelectual de sus universidades. En el ecuador de la centuria, la
figura y la obra de Benjamín Franklin (1706-1790) preludian ya una nueva
etapa de aceleración en los progresos científicos.
Desde los años sesenta hasta el final: el newtonianismo pasa de los ám-
bitos estrictamente científicos a los del pensamiento en general, gracias a las
obras del inglés Pemberton y los franceses Voltaire y madame Chátelet; se
establecen los cimientos de la nueva química, los estudios cuantitativos, el ca-
lor, la electricidad y el magnetismo; se producen grandes avances en geolo-
gía y magnetismo, astronomía y mecánica. El hombre consigue dominar la
Naturaleza, sustituir la mano humana por la máquina y las antiguas fuentes
de energía por una nueva, el vapor, que abre horizontes de progreso insos-
pechados. En suma, se pone en marcha otra revolución científica.
El desarrollo concreto de los distintos saberes podemos agruparlos, si-
guiendo a Cepeda Adán, en torno a las tres grandes cuestiones que se plan-
tean los hombres del dieciocho: Primero, qué es, cómo es y qué lugar ocupa
el Planeta donde habita (en el espectáculo del Universo); segundo, qué fuer-
245 guarda en su seno... capaces de ser dominadas y utilizadas, y tercero,
quiénes son y cómo se comportan los diversos seres que (lo) pueblan...
LA TIERRA EN EL ESPACIO
No cabe duda de que los distintos aspectos de las ciencias del número,
las fuerzas, el espacio y la Tierra atraen de manera especial a los hombres
de ciencia de la época, siendo dos de estos campos, mecánica y astronomía,
los que alcanzan un desarrollo mayor durante el período.
Matemáticas y mecánica
portancia en el terreno de la mecánica. Hacia la síntesis del saber mecánico Tal teoría esta
y matemático avanza Laplace (1749-1827) con el sistema dinámico que cons- su compatriota Bu
truye y, sobre todo, el conde de Lagrange (1736-1813), fundador de la Socie- sistema solar está
dad Científica de Turín, cuyos trabajos se centran en el terreno del cálculo, una parte de éste :
el análisis matemáfico y la teoría de las ecuaciones. Su obra principal, Me- de enfriamiento y
cánica analítica, aparecida en 1788, es, sin duda, la más importante des- que conservarán l.
pués de los Principia newtonianos. Fue el creador de las ecuaciones y la fun- sus líneas general
ción que llevan su nombre y que son aplicables en la mecánica. que la de Laplace,
Otro ámbito que atrajo la atención de los investigadores en las ciencias la Tierra que reco
que nos ocupan fue el de los fluidos. El abate Bossut (17301841), que realizó sus términos, nues
sus experimentos con D'Alembert y Condorcet, formuló la primera teoría so- cuya duración api
bre la resistencia de aquéllos al movimiento de sólidos en su seno. Por su tima de la que vaz
parte, D'Alembert, en su Tratado de dinámica (1743), estudia la circula- teriza por un prog
ción de fluidos y expone los principios de estática y dinámica del aire y los posible y se exting
líquidos. en gran medida, 1.
Las inquietudes científicas no pararon aquí, realizándose, asimismo, du- Respecto a la «
rante el período experimentos sobre la elasticidad de los cabellos, la seda sir William Hersch
y los alambres metálicos e intentos de medir una importante constante gra- mo realiza en el te
vitatoria. sus labores en con
Carolina. Sus obse
en época histórica
La Astronomía cuya relación inch
lites Titania y Obe
Su importancia y difusión a lo largo del siglo XVI fue tal que llesó a con- de Saturno. Estudi
vertirse en una auténtica pasión de eruditos y aficionados. En cuanto a las que consideraron
investigaciones realizadas, encontramos en ellas una doble dirección: la que centrado. Acerca d
se dirige a comprobar matemáticamente la gravitación universal, cuyo cen- lejos de estar para:
tro estará en el Continente, y la que presta mayor atención a las observacio- to distante del uni
nes, desarrollada sobre todo en Inglaterra. Dentro de la primera, destaca la Además de la €
figura de Laplace, ya citado por sus trabajos sobre mecánica y que también que preocupó a lo:
colaboraría con Lavoisier en estudios sobre gases, sonido, cálculo de proba- El británico Mask
bilidades, etc. Si en su Mecánica celeste reúne en una teoría conjunta las ideas para guía de los m:
dispersas de Newton, Halley, D'Alembert y Clairant sobre las consecuencias Cavendish (1731-1
de la ley de gravitación universal, en Exposición del sistema del mundo próxima a la más
(1796) sintetiza el conocimiento existente del cielo y formula una hipótesis Resultaron falli
cosmogónica basada en la observación de la dirección o sentido idéntico que cia entre el Sol y le
el Sol, los planetas y los satélites siguen en sus rotaciones. Según Laplace, el didas del universo,
sistema solar fue en sus inicios una nebulosa con un núcleo condensado a ración a gran esca
temperatura muy elevada y girando alrededor de un eje central. La rotación
unida al enfriamiento de las capas exteriores originarían anillos sucesivos de
los que, por condensación en uno de sus puntos, se formarían los planetas La Geografía
y de ellos, por similar proceso, los satélites. El núcleo central daría lugar al
sol, Para el investigador francés, los anillos que envuelven a Saturno son el Si se sentía pre
ejemplo de la fase intermedia. gen, no faltaba tar
HISTORIA UNIVERSAL 529
Tal teoría estaba en contradicción con la expuesta unos años antes por
su compatriota Buffon (1708-1788) quien considera que el origen de nuestro
sistema solar está en el choque de un cometa con el Sol, como fruto del cual
una parte de éste se desgarra. Separada del núcleo incandescente, el proceso
de enfriamiento que experimenta da origen a los planetas y a los satélites
que conservarán la dirección rotatoria solar. Si no en todos sus puntos, sí en
sus líneas generales la formulación de Buffon es más conforme a las actuales
que la de Laplace. Además, ella le va a servir para articular una historia de
la Tierra que recoge en su Épocas de la naturaleza (1778). De acuerdo con
sus términos, nuestro planeta ha pasado desde su formación por siete etapas
cuya duración aproximada calcula. Actualmente nos encontramos en la úl-
tima de la que van transcurridos 5.000 años y faltan otros 93.000. Se carac-
teriza por un progresivo enfriamiento que hará que al final la vida sea im-
posible y se extinga. Estas ideas, de gran modernidad también, permitieron,
en gran medida, las investigaciones geológicas y prehistóricas.
Respecto a la observación del universo, va a recibir un gran impulso de
sir William Herschel (1738-1822), facilitada por la mejora técnica que él mis-
mo realiza en el telescopio. Siguiendo la tradición de la época, llevó a cabo
sus labores en compañía, aunque esta vez era la de una mujer: su hermana
Carolina. Sus observaciones les permitieron: hacer el primer descubrimiento
en época histórica de un planeta: Urano; encontrar muchas estrellas nuevas
cuya relación incluyeron en el Catálogo de Estrellas (1788); hallar los saté-
lites Titania y Oberón pertenecientes a Urano, además de Encelado y Minas
de Saturno. Estudiaron, asimismo, varias nebulosas y la Vía Láctea, de la
que consideraron que tenía forma convexa, ocupando el Sol un lugar des-
centrado. Acerca de éste, finalmente, sus trabajos les llevaron a concluir que
lejos de estar parado, como se había creído, se movía en dirección a un pun-
to distante del universo.
Además de la gravitación universal y el estudio de las estrellas, otro tema
que preocupó a los astrónomos fue la medición de la densidad de la Tierra.
El británico Maskelyne (1732-1811), director del Nautic Almanac (1766),
para guía de los marinos, la cifró en cuatro veces y media más que el agua.
Cavendish (1731-1810) mejoró su método, dando la cifra de 5,488, muy
próxima a la más reciente de 5,5270.
Resultaron fallidos, sin embargo, todos los intentos de conocer la distan-
cia entre el Sol y la Tierra, que habría de ser el patrón para posteriores me-
didas del universo. Mas no todo fue negativo, el proyecto provocó la coope-
ración a gran escala de los astrónomos de varios países.
La Geografía
tarea se benefició enormemente de la afición por los viajes de los hombres americano y el
del dieciocho así como de la admiración, la atracción que sienten por el mun- noroccidental d
do exterior, al que intentan describir con la mayor exactitud posible.
rea, y Bougainvi
Las dos primeras expediciones para conocer la forma de la Tierra salen francesa abande
en 1735 con direcciones opuestas. Una, dirigida por Manpertius y Clairant,
El mayor av:
va hacia Laponia; la otra, mandada por La Condamine y Bouguer, a Perú.
El método seguido por ambas en su trabajo es idéntico: medir la longitud importantes ma
del grado meridiano sin los polos. Los resultados sirvieron para comprobar primero de un ¡
que el globo terráqueo era esferoide y achatado por los extremos. En la se- y el Atlas y des
gunda de las misiones citadas participaron dos científicos españoles: Jorge geológicos. Mie
Juan (1713-1773) y Antonio de Ulloa (1716-1795), quienes a su vuelta pu- del segundo ape
blicarán la Relación histórica del viaje a la América Meridional (1748), re-
cogiendo sus experiencias. Junto a ésta y otras obras realizadas de forma
conjunta, los trabajos individuales de cada uno resultaron, asimismo, impor- La Geología
- tantes. Más interesado por los aspectos teóricos de la ciencia, Jorge Juan pu-
blicó varios escritos sobre navegación y astronomía, aportando nuevas fór- Las sacudida
mulas para medir los meridianos terrestres. Su fama cruzó pronto los Piri- bre todo el mov
neos, como lo demuestra el que con motivo de un eclipse solar se le pida su y generó curjosa
opinión sobre el fenómeno desde uno de los epicentros científicos e intelec- neta. Además, le
tuales del momento: París. Por su parte, Antonio de Ulloa se sentía más atraí- otros ámbitos de
do por los descubrimientos de tipo práctico, Participó en la fundación de co- que la Biblia le
legios de cirugía, jardines botánicos y gabinetes mineralógicos; ensayó el me-
La polémica
joramiento de los materiales de escritura; dio a conocer el platino como cuer-
la centuria, ez
po simple, e inventarió las riquezas naturales del Nuevo Mundo.
También se desarrollan durante la centuria la cartografía, la geofísica y
(1749-1817), y y
nismo, cuyo sist
la topografía, beneficiadas por la minuciosidad con que los viajeros y hom-
Tierra fue en su
bres de ciencia del dieciocho aclaran y dibujan los mapas del mundo here-
como verdadero
dados de españoles y portugueses o confeccionan detallados repertorios so-
maciones diferer
bre la naturaleza que encuentran. Tarea ésta en la que España participó con
una intensa política de expediciones dirigidas a conocer mejor los territorios cánica, la de cor
americanos y en la que participaron, a veces, extranjeros como Humboldt El vulcanism
(1769-1859) o Leoffling, colaborador directo de Linneo. Recordemos de en- negar del todo el
tre ellas, a modo de ejemplo, la realizada por Malaspina (1754-1809) y Bus- de las rocas pare
tamante, entre 1782 y 1789. Acompañados por un equipo de investigadores su consolidación
internacionales, recorrieron las costas atlánticas americanas desde Alaska introducirse mat
hasta Río de la Plata. El itinerario de su regreso les permitió completar la tológicos desinte
vuelta al mundo. Hombres de su tiempo, no se contentaron sólo con hacer mar, donde cons
minuciosos planos, catalogar la flora que hallaban y observar las estrellas, sionados. En op.
sino que también prestaron gran atención a las costumbres y estado político Como procesos n
de los pueblos con los cuales entraban en contacto. der —afirmaba-
No podemos olvidar, tampoco, que el dieciocho es todavía una época de mitida ninguna
descubrimientos: Bering (1681-1741) encontró que Asia y América no están Aparte de est
unidas por el Norte, al tiempo que nos habla de las islas Aleutianas y Alas- terminar las secí
ka; Cook (1728-1779), además de recorrer las costas nórdicas del Continente corteza terrestre
HISTORIA UNIVERSAL 531
La Geología
A a
534 ROSA MARÍA CAPEL
mento podía cc
tidad de datos posibles. En este sentido es de destacar la labor de la Socie-
dad meteorológica palatina creada en 1780 por el elector de Baviera. Hasta estudio del pro
tón en sus prin
los años noventa estuvo recogiendo las informaciones enviadas por 57 esta-
ciones extendidas desde Siberia a Norteamérica. dos aumentaba
se combinaban
interesó tambié
consideró mez:
La Química
(ácido carbónic
vendish con el
El siglo ilustrado señala un momento de inflexión fundamental en el terre-
agua era una C
no de la química. A lo largo de él conseguirá nacer como ciencia indepen-
diente, emancipada definitivamente de la alquimia, uno de los saberes más bre de hidróger
le hicieron ader
antiguos y que aún conservará su prestigio. Beneficiándose de la preocupa-
veremos, trasce
ción que sienten los gobernantes por la salud de sus súbditos, la investiga-
de química, ob
ción química, sensu stricto, se va a ver impulsada y dentro de ella pueden
que expresa la
distinguirse varias líneas. Una es ya tradicional, el estudio de la transforma-
ción de los sólidos, otras aparecen ahora: la de los gases y la de la combustión. ción química e
No pararon
El punto de vista del químico se mantiene bastante simple hasta los años
vestigaciones a
cincuenta. Su mundo seguía constituido por cuatro elementos —aire, agua,
fuego, tierra— y tres principios —sal, azufre, mercurio—> su pensamiento,
de siglo. Los cu
dominado por la teoría del flogiston, enunciada por el alemán Stahl ponentes; el nú
hacer necesari:
(1668-1734) nada más empezar el siglo y que suponía la existencia en todos
bio francés jun
los cuerpos combustibles de un principio inflamable liberado en forma de
el método más
fuego o llama al quemarse. Principios y teoría no tardarán en conmoverse.
tes. Los trabajo
Cruzado el meridiano del siglo ya no son médicos o profesores de medicina
quienes monopolizan los estudios químicos, ahora son mayoritarios quienes (1787). Según
trabajan en farmacia, tecnología o enseñan la propia materia. En la univer-
pueden descon
de éstas, las h
sidad de Upsala se crean sendas cátedras de Química y Física (1750); en
1778 aparece la primera revista especializada en el tema, y mientras tanto Aquéllos se cl,
integra; éstas, ]
los descubrimientos se suceden. Black encontró el aire fijo, al que Lavoisier
denominaría ácido carbónico; Cavendish habló de la existencia de tres aires: binan.
inflamable (hidrógeno), fijo y común o atmosférico. Priestley (1733-1804) re- También se
nidad o atracel
conoció siete aires nuevos o gases, de los que el más importante sería el que
denominó desflogistizado, por carecer de flogistón, y al que Lavoisier renom- cuantitativa de
bró como oxígeno. Poco antes de su hallazgo, había descubierto que la pu- guiendo la obr
rificación del aire se debe a las plantas, si bien no sospechó la acción del sol
químicamente
en el proceso, puesta de relieve ocho años después por Ingen-Housz
(1730-1799). Junto a todos ellos, Rutherford (1749-1819) aisló el aire nocivo
(nitrógeno) y Scheele (17421786), además de considerar que aquél compone LA TIERRA Y SU
el aire atmosférico al lado del aire fuego (oxígeno), descubrió el cloro, el gli-
cerol y un gran número de ácidos. Tanto con:
Gran parte de todos estos avances los encontraremos en la base de la el conocimient
obra de Lavoisier (1743-1794), considerado padre de la química moderna.
getales o el pr
cas, económice
Comenzó por refutar una antigua creencia química gracias a sus preocupa-
ciones por la pureza del agua potable de París. Observó que nunca tal ele- de manera im]
HISTORIA UNIVERSAL 535
A través de estas tres ciencias los investigadores del período ilustrado tra-
taron de aproximarse a un mejor conocimiento del cuerpo humano que fa-
cilitase la comprensión de sus mecanismos tanto como el hallazgo de medios
para luchar contra las enfermedades y conservar el buen estado de salud.
Dentro del campo de la Fisiología son tres los temas que más atraen la
atención: el proceso respiratorio, el digestivo y la circulación y composición
de la sangre. Respecto a ésta, se hicieron importantes precisiones sobre la irri-
gación coronaria y la presión sanguínea, en la que abrió camino Hales
(1677-1761), mientras que Hewson (1739-1774), al descubrir la presencia de
los linfocitos, aclaró el proceso de coagulación. En cuanto a la digestión, con-
vivían dos opiniones acerca de su naturaleza. Unos la consideraban un fe-
nómeno físico-mecánico del estómago; otros, por el contrario, un hecho quí-
mico. Los trabajos de Réamur vinieron a demostrar científicamente que se
trataba de lo segundo. Finalmente, la respiración sería explicada por Lavoi-
sier que entró en ella como consecuencia de sus estudios sobre el oxígeno y
la combustión, demostrando que, en última instancia, aquélla no era sino
un tipo de ésta.
Primeramente, puso de relieve que el oxígeno que tomamos al respirar
se convierte en aire fijo (ácido carbónico), función que libera lo que él llama
materia de calor con la que se mantiene estable la temperatura del cuerpo
en estado de salud. Más tarde, él y Laplace iniciaron una serie de experi-
mentos trascendentales de los que concluyeron que la cantidad de calor des-
prendida por un conejillo de indias durante diez horas para fundir una de-
terminada cantidad de hielo dentro de su calorímetro era igual a la cantidad
de calor producida por su respiración. Luego, son los procesos vitales los que
538 ROSA MARÍA CAPEL
A lo largo del siglo XvI1 las relaciones entre ciencia y técnica fueron es-
casas, lo cual nos explicaría porqué ésta sólo obtuvo limitados beneficios de
los progresos ocurridos en la primera. Sin embargo, las artes prácticas por
sí mismas despiertan el interés de los hombres y sabios de la época, merecen
sus atenciones y suscitan sus experimentos. En este sentido, los comporta-
mientos de Inglaterra y Francia difieren. Al otro lado del canal de La Man-
cha, desde finales del siglo xv la Royal Society se desentiende de esta esfera
del conocimiento que pasa a estar bajo los auspicios de la Real Sociedad de
540 ROSA MARÍA CAPEL
El siglo XVII es considerado por McKie la gran era de los inventos me-
cánicos. En efecto, obsesionados por el aumento de la producción a fin de
hacerla suficiente para garantizar el abastecimiento de la población y gene-
rar una creciente riqueza, los ilustrados van a encontrar en la máquina el
instrumento adecuado a sus objetivos y el aliado imprescindible para la re-
volución industrial que se ponía en marcha. Pero va a ser algo más, sus es-
pectaculares resultados la convierten en algo así como un talismán que se
intenta llevar a otros campos -—agricultura, locomoción— con la esperanza
de transformarlos igualmente.
En realidad, como en tantos otros terrenos, los hombres de la centuria
no hacen sino recoger conocimientos tradicionales para extraerles sus últi-
mas consecuencias o reorientarlos. Las primeras alusiones a la utilización
mecánica de la fuerza del vapor datan de finales del Seiscientos y correspon-
den al físico francés Papin (1647-1714), que perfeccionó la máquina neumá-
tica al añadirle un segundo cilindro. En 1687 ya lanzó la primera teoría de
una máquina que funcionaba por el juego alternativo de un pistón; veinte
años después, 1707, la describía con detalle en su Ars nova ad aqua ¡gnis...
y la aplicaba para mover un barco con el que confiaba llegar hasta Ingla-
terra, Los bateleros de Minden (Hannover), en un acto premonitorio, lo des-
truyeron temerosos de que su competencia les arruinara. Para esa fecha, sin
embargo, Savery (1650-1715) y Newcomen (1663-1729) habían realizado ya
las primeras aplicaciones del vapor como fuerza motriz para uso industrial
y lo hicieron en una actividad distinta de la que luego le daría fama: la mina,
donde solucionar el problema del achicamiento de agua era una cuestión de
estricta supervivencia. En 1705 su asociación trajo como resultado la cons-
trucción de la primera máquina de vapor, cuyas posibilidades eran aún li-
mitadas. Hubo que esperar a la segunda mitad de siglo y a la figura de Ja-
mes Watt (1736-1819) para que éstas se desarrollasen plenamente.
Watt, ingeniero y mecánico, fabricaba instrumentos para la universidad
de Glasgow. Conocedor del descubrimiento por Black del principio del calor
latente, la reparación que le mandan de un modelo a escala de la máquina
atmosférica de Newcomen le hace pensar en la posibilidad de perfeccionarla
aplicando aquél. Ideó que la condensación del vapor se realizara en un vaso
especial, condensador, distinto del cilindro y con el que comunicaba por un
tubo. Además, para evitar que el cilindro perdiera su reserva de calor des-
pués de bajar el pistón, lo cerró por los dos lados, dejando sólo la abertura
necesaria para que pasase el vástago del émbolo. En 1769 patentó su invento
y ocho años después, asociado con Mathew Boulton (1728-1809), de Bir-
mingham, empezaron a construir motores, primero de simple efecto y, más
tarde, de doble efecto. En éstos, la propia máquina accionaba un mecanis-
mo por el que el vapor se distribuía a ambos lados del émbolo e impelía ha-
cia el condensador el ya utilizado. El perfeccionamiento que esto suponía fue
542 ROSA MARÍA CAPEL
Quienes primero consiguieron elevar grandes globos de papel con aire ca-
liente en su interior fueron los hermanos Montgolfier en junio de 1783, al-
canzando los 6.000 pies. Antes de que acabase el año se habían producido
las dos primeras ascensiones humanas: primero la de Rozier (1757-1785),
quien viajó con el marqués D'Arlandes durante veinticinco minutos en un glo-
bo Monigolfier y aterrizaron a seis millas del punto de partida; después, la
de Charles (1746-1823), realizada en globo de hidrógeno. Los experimentos
de este tipo se multiplicaron al tiempo que se empieza a pensar en viajes
más largos. En 1785 un médico americano, Jeffries, y un aeronauta, Blan-
chard, hicieron la travesía del canal de La Mancha entre Dover y Calais, El
sueño ya no era imposible y los revolucionarios franceses supieron extraer
las ventajas prácticas que suponía el invento empleándolo con éxito en fun-
ciones militares.
El desenvolvimiento de la ciencia, pues, durante el siglo xvI ralentiza en
un primer momento la intensidad con que se produjo en la centuria prece-
dente para atender más a la divulgación de sus logros. Será una vez doblado
el ecuador de su decurso y, especialmente, en sus décadas finales cuando se
vuelva a recuperar la ideología y la celeridad del progreso científico, al mis-
mo tiempo que la revolución industrial inicia una etapa de cooperación entre
dos saberes que, pese a su complementariedad, han permanecido histórica-
mente separados: el científico y el técnico. Ahora bien, más que los avances
de uno y otro en sí mismos, importantes sin lugar a dudas, la aportación que
realmente se puede considerar significativa y peculiar del período, lo que re-
sultaría de verdad revolucionario fue el arraigo que se produjo de la idea de
que el hombre podía entender mejor, controlar e influenciar la naturaleza
que le rodea y de la que hasta ahora había dependido.
Mido
Mi
IN. LA FORTUNA DE SABER: ALFABETIZACIÓN Y CULTURA
canzaron antes a los hombres y las capas sociales superiores que a las mu- bor de los sen
jeres y los grupos inferiores. Ello es así porque, en última instancia, alfabe- lizamos nuest
tización y educación no son dos procesos al margen de las sociedades en que por la figura d
se producen, sino que están profundamente imbricados en ellas. te del niño. Au
mania, y Euro
de siglo con K
Las preocupaciones pedagógicas del siglo XvHm gico germano
Además de
Dentro de ese período global de transición que, hemos dicho, represen- troducir camb:
tan los siglos modernos, la centuria del Setecientos representa, como afirma traba establecj
Víctor Cousin, el momento en que se hace de la educación, primero, un pro- centros cuyas !
blema; luego, una ciencia, y, finalmente, un arte; de aquí, la pedagogía. Se- nidos, fundam
gún vimos al hablar de la Hustración, el tema reviste especial importancia cias entre ellos
para sus protagonistas y llega a ocupar un lugar central en su pensamiento. que de las ma
Las nociones sobre su contenido y práctica se hallan perfectamente articula- da por el dese
das, aunque en ocasiones resulten más adecuadas al ambiente de salones, ampliar la ofex
en los que se fraguan, que al de las aulas, donde deberían desarrollarse. Qui- Estado que, sig
zá por ello, pese a su confianza en que la instrucción lo puede todo, las re- cación entre su
formas educativas concretas que los ilustrados alumbran quedaron muy ale- lo que pudiese
jadas de sus intenciones; las fuerzas conservadoras resistieron sus ataques y seguro que en
más que moderar el modelo pedagógico dominante sus esfuerzos fueron ca- De un lado, la
nalizados hacia la configuración de una enseñanza alternativa, progresista, labor de los m
impartida en centros propios de influencia restringida. De este modo se lo- la presión ejer
gró, de momento, controlar el impacto social de los cambios demandados. que junto al a
Herederos de ortodoxias religiosas inaceptables para los hombres del die- social de educ:
ciocho, los sistemas educativos vigentes no podían por menos que parecer an- El movimie
ticuados y rígidos a quienes creían que su objetivo principal era el de llevar de forma más
a sus receptores a alcanzar esa Razón que les permitiera comprender y do- figuraban el m
minar los procesos naturales. Por este motivo apenas dudaron en atacarlos Italia, 105 en E
frontalmente desde la doble perspectiva de sus contenidos y de sus métodos. ropa oriental—
Frente a la enseñanza clásica y humanística, realizada en latín, con un con- mación de que
tenido fijo de ideas, bajo la dirección permanente de un profesor y contro- saron al Estade
lándose en todo momento la imaginación, la emoción de los alumnos para reorganizar la
no caer en el terreno de la heterodoxia, cualquiera que ésta fuese, los ilus- dades seculare:
trados proponen la idea de que el adulto puede educarse por sí mismo a tra- por Catalina U
vés de la letra impresa —con ese fin nacía La Enciclopedia—. Su formación trumento esenc
moral ha de verse libre de sensaciones sobrenaturales y la intelectual pre- futuro Imperio
sentarse más vocacional y vernácula. Los conocimientos que adquiera se de- tica provocó la
mandan más científicos, utilitarios y basados en la observación directa y la las escuelas poj
experiencia. Cumplir tales requisitos, especialmente el último, implicaba dujo también e
e
bor de los sentidos, ventanas abiertas al exterior a través de los cuales rea-
lizamos nuestro aprendizaje. Su ritmo vendrá marcado durante la infancia
por la figura de un educador, con poderes absolutos para regular el ambien-
te del niño. Aunque esta vía sensorial obtiene gran éxito en su momento, Ale-
mania, y Europa central bajo su influencia, desconfiarán de ella hasta final
de siglo con Kant. Siguiendo a Leibniz, el importante pensamiento pedagó-
gico germano acepta el poder de la razón para aumentar la comprensión.
Además de en los contenidos y en la metodología, el siglo tratará de in-
troducir cambios, también, en la organización escolar. Tal y como se encon-
traba establecida, no era un sistema planificado sino un conglomerado de
centros cuyas funciones se superponen, difieren o se complementan, mante-
nidos, fundamentalmente, por la iniciativa privada o la Iglesia. Las diferen-
cias entre ellos emanan de la extracción social o el sexo de su alumnado más
que de las materias impartidas. La evolución en este sentido vendrá marca-
da por el deseo de definir la estructura educativa, racionalizar su práctica,
ampliar la oferta y conformar sistemas centralizados bajo la supervisión del
Estado que, siguiendo una tendencia iniciada en el siglo XVH, incluye a la edu-
cación entre sus competencias. Tal actitud no es del todo gratuita. Aparte de
lo que pudiese haber de llevar a la práctica las ideas de los filósofos, a buen
seguro que en el ánimo de los gobernantes pesaron asimismo otros factores.
De un lado, la idea de que el bien moral y de la sociedad dependían de la
labor de los maestros, como bien expresara en la época Helvétius. De otro,
la presión ejercida por el desarrollo económico y los cambios demográficos,
que junto al auge de las ciudades incrementaron la demanda individual y
social de educación, empujando a las instituciones en sus iniciativas.
El movimiento en pro de la mejora organizativa de la enseñanza empezó
de forma más clara al disolverse la Compañía de Jesús, cuyos colegios con-
figuraban el mapa cultural europeo por su número —-89 en Francia, 133 en
Italia, 105 en España, 200/300 en los territorios alemanes, Países Bajos y Eu-
ropa oriental—, el de sus estudiantes y los importantes instrumentos de for-
mación de que disponían. En muchos territorios los bienes confiscados pa-
saron al Estado, en otros se intentó conseguir el apoyo de sus miembros para
reorganizar la enseñanza en todos los niveles bajo el control de las autori-
dades seculares. Esto es lo que hizo María Teresa, cuyo ejemplo fue seguido
por Catalina II. Más tarde, José Il utilizaría los planes educativos como ins-
trumento esencial de su política unificadora, como medio para establecer un
futuro Imperio en el Danubio sobre un nuevo molde. Sín embargo, tal polí-
tica provocó la reacción hostil de los flamencos. La reglamentación estatal de
las escuelas populares frente al monopolio de las confesiones religiosas se pro-
dujo también en Sajonia, Estados protestantes y Prusia.
La implicación del Estado en la vida educativa se tradujo en un creci-
miento de la enseñanza post-elemental, insistencia en la uniformidad lingiís-
tica, campañas alfabetizadoras y un control de la enseñanza por las autori-
dades seculares.
548 ROSA MARÍA CAPEL
En cuanto a los maestros, hay que decir que hasta muy finales del si- El núcleo ma
glo xvHi no se sintieron grupo profesional diferenciado y su preparación como apenas recibía 1,
su consideración social y su remuneración eran escasas. Salvo algunas órde- aprendizaje, por
nes religiosas que tenían centros para formarlos, en la mayoría de los casos señanza elemen
sólo se les exigía buena conducta —certificada por el párroco— y conoci- cativa que recib:
mientos de religión. Los gobernantes ilustrados aumentaron algo los requi- los gobernantes
sitos para ocupar una escuela, salvo en el caso de las maestras cuya sifua- tancia fundamen
ción difería. de la sociedad,
Al contrario de lo que sucede hoy, durante el Antiguo Régimen la en- Hasta la Edac
señanza formal en los niveles elementales contaba con escasa presencia fe- ses privadas en (
menina, aunque fuera de ella sería mucho más numerosa de lo que las siendo el sistema
fuentes indican. Las maestras que impartían enseñanza oficialmente sólo no era el único. S
controlaban los colegios de monjas o los reformatorios para mujeres. En nos en casa de 1
el resto de las escuelas, su número es inferior al de maestros y no se les extenderse la esc
permite tener a su cargo nada más que los niveles elementales o los esta- atendiendo a su
blecimientos para niñas, bastante menos frecuentes y con un currículo más educativos más n
reducido como veremos. Durante el Setecientos, el número de maestras se de pequeño tame
incrementó, en gran medida al hacerlo las escuelas femeninas, y su situa- blecimientos que
ción mejoró en algunos países europeos, aunque no por ello se les dieron los, según Nava 1
mayores competencias. Este hecho puede explicar el que en la España de tros y hospitales
fines de la centuria ni siquiera se pida a las docentes mínimos rudimentos Las primeras.
de lectura y escritura para regentar una escuela de niñas, forma clandestin
Desde el punto de vista remunerativo, los ingresos de los maestros varia- de las capas hun
ban según el puesto y el nivel económico del lugar, ya que provenían de los nes educativas cr
honorarios pagados por las familias, los municipios o la Iglesia. En general, denes religiosas -
puede decirse que los emolumentos eran similares a los de los artesanos y na— y de las par
podían percibirse en moneda, especie o con derechos de explotación de se les unen la in
tierras de cultivo o de pasto. dustriales, socied
oficios. Por últim
termitente y brev
El aumento n
LAs PRIMERAS LETRAS trada va a permi
zonas —Inglaterl
Partiendo del hecho de que la organización social del período se basa en áreas de Italia—
la desigualdad natural de los hombres y que el puesto de cada uno dentro reciba algún tipo
de aquélla viene fijado por su nacimiento, era lógico que el objetivo de la tria, por ejemplo-
educación fuese el de dar a cada uno de sus receptores una enseñanza ade- que no llegan al
cuada a su posición dentro de la sociedad. De ahí que el acceso a la instruc- entre otros. El co
ción venga marcado por factores diferentes como son: el sexo, el grupo so- cido en el seno de
cial, las actitudes familiares y también su coste, pues no podemos olvidar que elementales resul
estamos en un mundo de recursos económicos limitados. Todo ello tiene im- faltan las escuela
portantes implicaciones a la hora de conocer la estructura interna del alum- representen send:
nado, las enseñanzas que componen los programas y las formas en que se En cuanto a |
imparten. tivos iniciales do:
HISTORIA UNIVERSAL 549
nos y jornaleros junto a los de artesanos y comerciantes proporcional al peso sucia, fría y mal :
vadas a quienes e
de sus grupos en el conjunto social. La diferenciación vendrá más adelante,
en aquellos lugar
pues mientras para los primeros ésta será su única ocasión de recibir una
enseñanza formal, para los segundos representa tan sólo la primera etapa en cumplían funcion
memoria, siendo
su formación. Tal reparto de alumnado incide directamente en el desarrollo
se utilizaban abec
del calendario escolar. La necesidad que tienen la mayoría de las familias
de la colaboración económica de los niños hace que el año en la escuela se ses, y cartillas o £
ciones y, sólo en
adapte a los ritmos agrarios más que a las necesidades académicas, Su du-
terno revestía una
ración no iba más allá de algunos meses, cuando no se veía suspendido por
dio correctivo y ci
alguna guerra o epidemia. Además, el absentismo de un tercio de los esco-
Ante tal pano:
lares era porcentaje habitual y los abandonos, numerosos.
nativa. Rousseau
Los programas de la enseñanza elemental incluían, por orden de impor-
del niño, realizad
tancia: religión, moral, lectura, escritura y aritmética, no siendo pocos los ca-
sos en que las materias anteriores se reducían a las tres, incluso a las dos
le rodea, con los ]
tenta llevar a la pa
primeras. Las razones de ello hemos de buscarlas en los costes del aprendi-
en Neuhof. La ad
zaje y su duración, dependientes ambos de la selección hecha por los padres
entre el menú pedagógico ofertado por el maestro. Leer era lo más barato y sus contemporáne
la habilidad que menos tiempo exigía adquirir. La escritura suponía ya una normales al despe
miento.
mayor inversión temporal y monetaria, lo que engendra la idea de que sólo
era útil para quienes la convertirían en su profesión. En verdad, para los in- Si en el paisaj
ducimos la varial
tegrantes de las capas sociales inferiores resultaba más favorable pagar a los
que sabían hacerlo que afrontar el gasto de aprender, dadas las pocas oca- dado que afectan
siones en que se verían necesitados de escribir a lo largo de su vida. Ade- específico poco m
más, no olvidemos que las tasas de mortalidad infantil son muy altas, lo que
aporta mayores dudas aún sobre la rentabilidad de la inversión educativa.
COLEGIOS, ACADEA
No en vano, las zonas con mayores porcentajes de población firmante en el
siglo XVI coinciden, caso de Inglaterra, con las de menor letalidad infantil
y juvenil. Supervisado p
La centuria ilustrada consiguió amortiguar algo los efectos de tal modo aprendizaje de la
de estudios era n
de pensar, pero no logró erradicarlo ni con mucho. Como ha señalado Me-
yer, la disociación lectura-escritura fue una característica específica de la Eu- razón del origen ;
era una etapa do:
ropa moderna. Aprender a escribir constituyó entre la gente popular un mul-
riores, encontrán
tisecular proceso de transición marcada por el paso de una civilización fun-
dada primordialmente sobre lo oral a otra especialmente escrita, propia de ción. Su evolución
cional, seculariza
la Edad Contemporánea. Mayor éxito se obtuvo del esfirerzo por resaltar la
importancia de aquellas otras asignaturas que instruían en un oficio, consi- Los colegios e
a corporaciones (
deradas medio de paliar los efectos de la pobreza, reducirla y prevenir, de
paso, los desórdenes sociales emanados de la indigencia en que vivían am- redera del Renaci
tórica, lógica, me
plias capas de la población. Sin embargo, los centros que incluían este tipo
de enseñanza junto a la religiosa fueron aún menos numerosos que los tradi- primero, más con
cionales. mogénitos de fam
versla como méto
Tanto el medio físico en que se lleva a cabo la enseñanza —la escuela—
San Mauro—, los
como los métodos y materiales empleados eran bastante limitados. Salvo en
las instituciones de elite, sólo existía un maestro y un aula, por lo general les a la tradición.
HISTORIA UNIVERSAL 551
sucia, fría y mal aireada, amueblada con bancos y unas pocas mesas reser-
vadas a quienes estaban aprendiendo a escribir. Aun esto constituía un lujo
en aquellos lugares de hábitat disperso donde graneros, cocinas y corrales
cumplían funciones docentes. La instrucción se basaba en el ejercicio de la
memoria, siendo los libros más usados el catecismo y los religiosos. Además
se utilizaban abecedarios, en tamaño de pliego de cordel con imágenes o fra-
ses, y cartillas o gramáticas elementales conteniendo listas de palabras, ora-
ciones y, sólo en ocasiones, normas ortográficas y gramática. El régimen in-
terno revestía una gran severidad e incluía los castigos corporales como me-
dio correctivo y coercitivo.
Ante tal panorama no es raro que los ilustrados propusiesen una alter-
nativa. Rousseau la concreta en un aprendizaje basado en la propia acción
del niño, realizado de forma escalonada y en contacto con la naturaleza que
le rodea, con los problemas cotidianos que ha de afrontar. Esto es lo que in-
tenta llevar a la práctica la experiencia pedagógica de Pestalozzi (1746-1827)
en Neuhof. La admiración que suscitaría más tarde no fue compartida por
sus contemporáneos que le acusaron de hacer perder el tiempo a los niños
normales al desperdiciar sus capacidades de intuición, imaginación y razona-
miento.
Si en el paisaje de la educación elemental presentado hasta ahora intro-
ducimos la variable sexo nos encontraremos con algunas diferencias. Mas,
dado que afectan a la mitad de la población, le dedicaremos un apartado
específico poco más adelante.
segunda mitad del Setecientos, mientras que los nuevos saberes no consegui-
rán hacerse un lugar. Muchos de estos colegiales completaban después su for-
mación con viajes al extranjero a fin de entrar en contacto con otras reali-
dades. La costumbre estaba muy extendida entre los ingleses que, además,
aconsejaban a los jóvenes escribir sus propios diarios con la imagen que per-
cibían de las sociedades y los pueblos visitados. La relevancia de los colegios
para el futuro de sus alumnos estribaba en que por el tipo de enseñanza im-
partida les preparaban tanto para ocupar un puesto dentro de la Iglesia, el
Estado o la enseñanza como para integrar la elite cultural y participar en el
mundo erudito internacional. Sin olvidarnos que los cualificaba para su in-
greso en la universidad.
Junto a los colegios encontramos las academias, centros educativos que
pueden subdividirse en varios o constituir un todo único —las grammar
schools—. A veces abarcan estudios superiores también. Son centros elitistas
cuya formación, por responder a las formas clásicas, queda desfasado du-
rante la época ilustrada respecto al ritmo que siguen la ciencia y el pensa-
miento. Su resistencia al cambio deja un vacío cubierto por las academias
disidentes y las academias militares. Aquéllas nacen en Inglaterra durante
el tercer cuarto del siglo xvIr, destacando las de Daventry y Warrington, esta
última llamada la Atenas del Norte, En su seno se da gran importancia a la
experimentación y los estudios superiores que impartían hicieron pronto dura
competencia a las universidades. Desde las tierras británicas, el movimiento
académico pasó al Continente, consiguiendo un gran dinamismo en el Im-
perio donde también se hizo menos elitista. Las academias modernas apa-
recieron en Berlín —1747—, Hamburgo —1763— y Dessau, donde Basedow
fundó en 1774 la más importante de todas: el Philanthropinum, reuniendo
a los principales maestros del momento. Residencial y coeducativa, sus miem-
bros vestían en ella ropas sencillas y cómodas, los programas de estudio eran
modernos y los métodos, vivos, incluyendo la enseñanza directa de las len-
guas modernas.
No obstante los apoyos que recibe el movimiento académico disidente,
las simpatías jacobinas de algunos centros y miembros dieron lugar a que
se dudara de su lealtad y se extendiera la idea de que albergaban sentimien-
tos revolucionarios, lo que unido a la pérdida de la original dedicación re-
ligiosa limitó mucho su implantación a este lado del Atlántico. Por contra,
en Estados Unidos, las academias se dotaron tras la revolución de un pro-
grama realista, alejado de la tradición europea, que las convirtió en los an-
tecedentes de las escuelas superiores estatales.
- Por lo que respecta a las academias militares, fueron centros especiali-
zados desarrollados a lo largo del Setecientos con el objetivo de formar a los
oficiales y mandos superiores del Ejército en lenguas extranjeras, geometría,
historia, etc. La clave de su fundación radica, en palabras de Cepeda Gó-
mez, en que para una mentalidad como la de los ilustrados la formación
de las minorías rectoras, de los núcleos dirigentes... tiene una importancia
HISTORIA UNIVERSAL 553
decisiva; para un hombre del siglo xvnm los resultados y rendimientos de las
tropas vienen más determinados por la calidad y conocimientos de sus ge-
nerales que por capacidad de los soldados. Siguiendo este principio, nacen
las academias de Bruselas —1717—, Viena —1718—, la de Ingenieros de
Barcelona, la de Artillería de Segovia, la de Guardiamarinas de Cádiz, las
Navales de Vanues y Alais —1786—, en Francia, etc.
Finalmente, dentro de este nivel educativo hemos de citar asimismo como
centros de nuevas enseñanzas las escuelas técnicas O prácticas, según el mo-
delo de la que Hecker fundase en Alemania en 1747 y que se multiplican
con Federico 11 desde 1763. Los estudios en ellas comprendían dos grupos
de asignaturas: obligatorias —religión, dibujo, lenguas vivas, historia, geo-
grafía, matemáticas, física— y de libre elección según especialidades —quí-
mica, ciencias naturales, correspondencia comercial, contabilidad, cálculo de
- pesos y medidas, operaciones comerciales, cultivo, trabajo de taller—. Desde
1781 la cercana tierra francesa, por influjo germano, posee varias escuelas
de comercio. También prolifera este tipo de centro en Holanda, donde im-
parten clases por la tarde, e Italia. Sin embargo, en la mayor parte de los
países no surgen hasta finales del siglo ilustrado o en el siguiente.
LA UNIVERSIDAD
NN
AA A
ANNAN AAN AAA
554 ROSA MARÍA CAPEL
AAN reee
HISTORIA UNIVERSAL 555
significativa del paso por ella era la amplitud de horizontes que permitía por
su cosmopolitismo y estilo de vida, así como la red de amigos y patronos que
permitía establecer.
Si a comienzos del siglo xvi, el zar Pedro I aún mantenía que ser mu-
jer... era ser analfabeta y virtual esclava del padre y del esposo, el de-
sarrollo de la centuria va a matizar estas afirmaciones. Pese a las limita-
ciones, nunca antes las niñas habían tenido tantas oportunidades de ir a
la escuela incluso en Rusia, donde, años después, la zarina Catalina II abo-
gó por la educación femenina como un medio para conseguir ciudadanas
útiles.
Las preocupaciones ilustradas por la educación de las mujeres en rea-
lidad no surgieron por generación espontánea. De un lado, eran transpo-
sición de las inquietudes pedagógicas generales; de otro, entroncaban con
una corriente de pensamiento que partía de los escritos de Vives y Erasmo
en el siglo xVL Ya entonces, al demandar siquiera una enseñanza centra-
da más en los trabajos domésticos que en la lectura y escritura, se era cons-
ciente de estar abordando algo aún sin tratar. Durante el siglo XVII, los
efectos de la reforma y la contrarreforma hacen considerar oportuno ins-
truir a las niñas también en leer y en el catecismo, al tiempo que la crea-
ción de instituciones religiosas femeninas dedicadas a la enseñanza —ur-
sulinas, beatas, clarisas, visitación...— incrementa las oportunidades de
hacerlo, sobre todo para las integrantes de las capas sociales superiores.
De esta centuria datan, asimismo, las primeras manifestaciones que atri-
buían los defectos femeninos principalmente a la falta de instrucción, al
tiempo que continúa el debate sobre sus capacidades intelectuales y el tipo
de educación que les era más adecuada. La llegada del siglo xvi no hace
sino ampliar e intensificar la polémica. Filósofos y escritores intervienen
en ella sobre todo a partir de la segunda mitad de siglo, momento en que
la publicística al respecto crece de forma notable. No sólo se multiplican
los volúmenes sobre el tema, también la prensa le presta gran atención.
Reflejo de ello es la creación por Sophie von La Roche de dos revistas fe-
meninas pedagógicas: Lettres a Rosalie (1772) y Pomona (1783). Confor-
mes todos en la necesidad de reformar la enseñanza que se imparte a la
mujer, las diferencias surgen al abordar los temas de dónde impartirse,
por quiénes y, sobre todo, cuál debe de ser su contenido.
Respecto a los lugares de enseñanza, los ilustrados, como en el caso de
los niños, preferían el hogar familiar, completado con un sistema de escue-
las públicas que paliase las posibles deficiencias de los padres. Además, y
pese a las críticas de que eran objeto, perviven los conventos e internados lai-
cos, que alcanzan gran protagonismo.
556 ROSA MARÍA CATEL
Por lo que hace al desarrollo del calendario escolar, los problemas que
habían de afrontar las escuelas de niños, se agravan en el caso de las niñas
hasta hacer que, por regla general, el desenvolvimiento del curso venga ca-
racterizado por una anarquía de la que sólo se salvan algunos centros. Ade-
más, la escolarización femenina duraba menos tiempo —tres años en las es-
cuelas gratuitas, uno o dos en los colegios— que la masculina y las ausen-
cias y abandonos eran superiores. Estas limitaciones materiales unidas a los
parámetros del discurso ideológico sobre la educación de la mujer daban en
realidad pocas posibilidades a que la enseñanza de las jóvenes pudiese in-
cluir un extenso currículum. Respecto a los saberes, el concepto mayorita-
riamente aplicado es el de conseguir un adecuado adiestramiento de las
alumnas, exaltando su papel social y su influencia moral como principales
elementos conformadores de los programas. Se trataba sobre todo de formar
buenas esposas, compañeras del hombre, y mejores educadoras de los hijos
y la servidumbre. Los conocimientos intelectuales ocupan un segundo plano
y estarían en consonancia con las necesidades, una vez más, sociales de cada
receptora. Consecuentemente los currícula tienen tres puntos esenciales de re-
ferencia. En primer lugar, la religión, cuya presencia no se limita al estudio
del catecismo sino que, como señala Martine Sonnet, impregna todos los as-
pectos del proceso educativo. En segundo lugar, el aprendizaje de la lectura
y escritura; aprendizaje que, por lo breve de la estancia en la escuela, debe
practicarse fuera de ella para no olvidarlo con prontitud. En tercer lugar, las
labores de la aguja, práctica que servirá a unas para ganarse la vida, y a
otras, para evitar las malas consecuencias de una vida ociosa. Los colegios
incluyen, además, las artes de adorno —danza, música, dibujo...— y la di-
rección de la casa.
Mas, no todos pensaron la educación femenina de forma tan restringida. Si-
guiendo la estela de algunas mujeres del siglo anterior, como Mary Astell, fue-
ron varias las voces que se alzaron en la centuria ilustrada para combatir la
idea de la inferioridad intelectual de la población femenina y criticar que se
aparte a sus integrantes de una instrucción completa. Bástenos citar los escritos
en este sentido de Mary Wollstonecraft o Condorcet. Sin embargo, sus postula-
dos sólo conseguirán un asentimiento minoritario. Como minoritarias eran las
jóvenes de familias ilustradas que, estudiando en su casa o acudiendo a cen-
tros más acordes con las nuevas ideas, accederán a una instrucción académica
que les permita mejorar sus horizontes culturales y les abra el mundo de las
ciencias y las ideas del que con tanto celo se les quiere preservar.
ALFABETIZADOS Y ANALFABETOS
siempre era factible adquirir los libros prohibidos en otro país o a través del
floreciente mercadeo clandestino. Segundo, por la escasa efectividad buro-
crática y el oscilante celo de los encargados de velar porque se cumpliera.
No obstante, la acusación de publicar cosas difamatorias, no ortodoxas o que
pudieran incitar a la rebelión podía llegar a suponer para el impresor la
pena de muerte.
Cuanto llevamos dicho acerca de la revolución de lo impreso en el mun-
do moderno estuvo lejos de afectar a toda la población del mismo modo.
Para Muchembled, incluso una gran parte de los ciudadanos pobres que
aprendieron a leer tuvieron una práctica de lectura inferior a sus posibilida-
des teóricas. La mayoría de los campesinos y de las capas urbanas inferiores
continuaron viviendo en el marco de una cultura oral productora de una s0o-
ciabilidad en la que lo sentido y experimentado era más importante para la
vida social y económica que lo leído y escrito. Es una cultura portadora de
ideas ancestrales cuya transmisión exige el ejercicio de habilidades intelec-
tuales diferentes de la cultura escrita, pero no por ello su difusión es menos
rápida ni su influencia menor, Pensemos en el poder del púlpito en la for-
mación de la opinión pública, del rumor para el honor familiar, o en el uso
simbólico de algunos libros, como la Biblia en los juramentos.
Con ser distintas en sus expresiones, la cultura oral y la cultura escrita
son, en realidad, dos caras de una misma moneda. En el siglo xv, al me-
nos, no existe una clara línea divisoria entre ambas. La lectura en voz alta
conecta a los analfabetos con el universo de la letra impresa; la alfabetiza-
ción sirve de unión con la comunicación oral más que de sustituto. Esta pro-
funda interconexión entre verbal y escrita queda patente en las baladas y
cuentos, ejemplos de cómo la cultura oral podía moldearse a una gran va-
riedad de fines prácticos: resolver conflictos generacionales, aliviar preocu-
paciones, asimilar noticias, recordar la muerte, etc.
Con frecuencia se tiende a identificar cultura oral y analfabetismo con ac-
titudes tradicionales, mientras cultura escrita y alfabetización se dicen sinó-
nimos de mayor receptividad al cambio. Así expresadas, tales ideas resultan
simplificadoras en exceso. En primer lugar, la capacidad de lectura es ante
todo un indicador de oportunidades creadas por factores sociales, económi-
cos, culturales y políticos, verdaderos impulsores de los cambios. En segun-
do lugar, la alfabetización es un medio de transmitir las actitudes sociales
dominantes, por consiguiente no es, y no fue, sólo un agente de transforma-
ciones, también lo fue de continuidades.