EL RESPETO
Había una vez en un bosque frondoso, poblado por animales de toda clase, desde el más
diminuto insecto hasta el majestuoso león. En este bosque, reinaba la armonía gracias a
un principio fundamental: el respeto mutuo.
En el corazón del bosque, se alzaba un imponente árbol centenario llamado Anciano
Roble, quien era considerado el guardián y consejero de todos los habitantes del bosque.
Bajo su sombra, los animales se reunían para resolver sus diferencias y buscar
orientación en momentos de dificultad.
Un día, la paz del bosque se vio amenazada por un grupo de jóvenes animales, liderados
por el arrogante Zorro Astuto. Este grupo despreciaba las enseñanzas del Anciano Roble
y consideraba que el respeto era una debilidad. Comenzaron a burlarse de los animales
más débiles, a desafiar las normas de convivencia y a causar estragos en el bosque.
Los animales más sabios del bosque, preocupados por la situación, decidieron pedir
ayuda al Anciano Roble. Este, con su voz profunda y sabia, convocó a todos los
habitantes del bosque a una asamblea urgente.
Ante la presencia de todos, el Anciano Roble relató la historia del bosque, recordando
cómo el respeto había sido el pilar de su armonía durante generaciones. Explicó que el
respeto no significaba debilidad, sino todo lo contrario: era la base de una convivencia
pacífica y próspera.
Para enseñarles esta lección a los jóvenes rebeldes, el Anciano Roble propuso un
desafío. Convocó a los animales más fuertes del bosque: el Elefante Sabio, el León Noble
y el Águila Veloz. Les pidió que compitieran entre sí en una serie de pruebas que
demostrarían sus habilidades individuales.
El Elefante demostró su fuerza al mover troncos enormes, el León exhibió su valentía al
enfrentarse a una manada de lobos, y el Águila demostró su destreza al atrapar peces
en el río con sus garras afiladas.
Al finalizar las pruebas, el Anciano Roble declaró que, si bien cada animal tenía
habilidades únicas, ninguno era superior a los demás. Cada uno tenía su propio valor y
merecía respeto por ello.
Al presenciar la grandeza y diversidad de habilidades de los animales, el grupo liderado
por Zorro Astuto comprendió la lección. Se dieron cuenta de que el respeto no se ganaba
mediante la fuerza o la astucia, sino mediante la aceptación y valoración de las
diferencias de cada ser vivo en el bosque.
Desde ese día, el respeto floreció una vez más en el bosque, fortaleciendo los lazos entre
sus habitantes y asegurando la armonía por generaciones venideras. Y el Anciano Roble
continuó siendo el símbolo viviente de esa sabiduría que enseñaba que el verdadero
valor radica en el respeto mutuo.