08 de marzo 2025
Tema: Si tu presencia no va conmigo no me saques de
aquí.
Cita Bíblica: Éxodo 33:14 al 23
14
Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. 15 Y
Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos
saques de aquí. 16 ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado
gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con
nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los
pueblos que están sobre la faz de la tierra?
17
Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por
cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu
nombre. 18 Él entonces dijo: Te ruego que me muestres tu
gloria. 19 Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de
tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y
tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré
clemente para con el que seré clemente. 20 Dijo más: No
podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá. 21 Y
dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás
sobre la peña; 22 y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una
hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que
haya pasado. 23 Después apartaré mi mano, y verás mis
espaldas; mas no se verá mi rostro.
Introducción:
Vamos a hablar un poco acerca de la historia de Moisés:
Moisés nació durante una etapa terrible para su pueblo, Israel.
Habían vivido en Egipto durante cientos de años, el faraón
había ordenado la matanza de todos los niños israelitas,
porque estaba preocupado por el rápido crecimiento de la
población hebrea.
La familia de Moisés estaba decidida a salvarlo de la muerte.
Durante un tiempo, simplemente lo escondieron, pero pronto
quedó claro que necesitaban una solución deferente.
Jocabed, la madre de Moisés tramó un plan audaz para salvar
a su bebé. Ella lo colocó en una canasta tejida que flotaba.
Ella escondió cuidadosamente la canasta entre las cañas del
río Nilo y le pidió a Miriam, la hermana mayor de Moisés, que
la vigilara a escondidas.
Míriam se horrorizó cuando la hija del faraón, que había
venido a bañarse en el río, vislumbró la canasta. La princesa
envió a su esclavo a recoger la canasta en la que encontró a
un bebé hebreo. Movida en compasión, ella decidió salvar al
niño.
Actuando con rapidez, Míriam se acercó y le preguntó a la
princesa si le gustaría que una mujer hebrea cuidara al bebé.
Acordaron en el plan y, rápidamente, Míriam trajo a su madre
para conocer a la hija del faraón. Llegaron a un acuerdo que
permitió a Jocabed amamantar a Moisés, ¡y hasta recibir un
pago por ello!
Nacimiento de Moisés
Nació en Egipto en el año 1393 a. C.
Fue el tercero de los hijos de Jocabed y Amram
Su hermano era Aarón y su hermana Miriam
Fue criado como hijo de la hija de Faraón
Huye de Egipto
Mató a un egipcio que maltrataba a un hebreo
Huyó a Madián en el desierto
Allí se casó con Séfora y tuvieron hijos
ZARZA ARDIENTE
La vida en el desierto era completamente diferente a la vida
lujosa que Moisés había disfrutado como un miembro de la
familia real egipcia. Finalmente llegó a la tierra de Madián,
donde descansó junto a un pozo.
Después de un tiempo, siete hijas de un príncipe y sacerdote
de Madián llegaron al pozo para sacar agua para los rebaños
de su padre. Todo andaba bien hasta que aparecieron algunos
pastores de la zona y echaron a las mujeres.
Moisés las defendió, echó a los pastores y luego sacó agua
para que bebieran los rebaños de las mujeres. Cuando las
noticias de su actitud heroica llegaron a oídos su padre, éste
invitó a Moisés a comer con ellos. Con el tiempo, le dio a una
de sus hijas, Séfora, en matrimonio.
Moisés cambió su vida por completo, viviendo como pastor y
formando una familia con Séfora, y así vivió satisfecho
durante muchos años. Un día, mientras cuidaba a sus ovejas,
notó un misterioso arbusto que ardía. Dios habló a través de
la zarza y le ordenó a Moisés que renunciara a su vida
tranquila en el desierto, que regresara a Egipto a liberar a los
israelitas de la esclavitud.
Regresa a Egipto
Regresa a Egipto por orden divina
Junto a su hermano Aarón demandan al Faraón la libertad
de los hebreos
Ante la negativa del soberano invocan sobre Egipto las
diez plagas bíblicas.
REGRESO A EGIPTO
Moisés se sentía muy reacio a asumir esta nueva
responsabilidad. Tenía miedo y también estaba preocupado
por su habilidad para hablar con el faraón. Dios le dijo a
Moisés que podía llevar a su hermano Aarón para que él
hablase. Así que Moisés regresó a Egipto con su esposa e
hijos.
Aarón se sumó a ellos por el camino y ambos se reunieron con
los líderes israelitas en Egipto, ganando su apoyo. Pero los
hermanos no tuvieron tanta suerte cuando se presentaron
ante Faraón, diciendo que Dios quería que los israelitas fueran
liberados. Faraón se negó rotundamente, diciendo que no
conocía ni obedecería a su Dios, ni dejaría ir a su pueblo.
Como represalias por esta audaz petición, el faraón instruyó a
sus capataces que dejaran de proveer a los israelitas paja
para hacer los ladrillos. Ellos se vieron obligados a recoger la
paja por sí mismos, pero debían producir la misma cantidad
de ladrillos que antes. Incapaces de mantenerse al día con
esta exigencia, los israelitas se volvieron contra Moisés y
Aarón, culpándolos por la carga adicional.
LAS PLAGAS Y EL ÉXODO
Moisés y Aarón no se dieron por vencidos. Se presentaron de
nuevo ante faraón, esta vez con una señal milagrosa: Moisés
arrojó su vara al suelo y ésta se convirtió en una serpiente.
Los magos del faraón lograron replicar la misma hazaña; sin
embargo, la serpiente de Moisés se tragó a las demás
serpientes. A pesar de esto, el faraón todavía se negaba a
cambiar de opinión.
Se produjo una sucesión de plagas devastadoras mientras que
Moisés imploraba al faraón que dejara a su pueblo salir de
Egipto. El río Nilo se convirtió en sangre; montones de ranas,
mosquitos y moscas descendieron sobre la tierra; el ganado
de los egipcios murió; los egipcios fueron infligidos con llagas
y abatidos por el granizo; una manga de langostas diezmó los
cultivos y la tierra quedó envuelta en la oscuridad. El faraón
se negó obstinadamente a permitir que los israelitas se fueran
hasta la última plaga, la muerte de los primogénitos de todas
las familias que no habían pintado el dintel de la puerta con la
sangre de un cordero sacrificado.
Después de que su propio primogénito muriera, el faraón
finalmente cedió. El instó a Moisés y a su pueblo a que se
fueran, y los egipcios le dieron a los israelitas muchísimos
regalos cuando partían.
Poco después de que los israelitas salieran de Egipto, el
faraón se arrepintió. Él reunió a sus soldados para capturar a
los israelitas mientras que ellos acampaban junto al Mar Rojo.
Moisés levantó su vara sobre el mar y Dios separó las aguas,
permitiendo que los israelitas cruzaran. Cuando el ejercito
egipcio los persiguió, fueron destruidos cuando las paredes de
agua se desmoronaron sobre ellos, ahogando a los soldados
egipcios en masa. Los israelitas habían sido realmente
liberados.
LÍDER DEL DESIERTO
Como líder, Moisés se enfrentó a muchas pruebas en el
desierto. Los israelitas podrían ser ingobernables y
desagradecidos. Ellos se quejaban mucho pese a que Dios
demostró una y otra vez que proveería a sus necesidades.
Los israelitas necesitaban instrucciones claras y efectivas.
Después de una victoria militar sobre los amalecitas, ellos
acamparon en la base del Monte Sinaí, donde Dios le dio a
Moisés los Diez Mandamientos, escritos con su propio dedo
sobre dos tablas de piedra.
Mientras Moisés estaba lejos, encima de la montaña, los
israelitas hicieron una estatua de un becerro de oro para
adorarla. Cuando regresó al campamento y vio la conducta
idólatra de los israelitas, Moisés enfureció y arrojó las tablas
de piedra con los Diez Mandamientos al suelo.
Moisés subió la montaña una vez más para suplicarle a Dios
que perdonara a los israelitas. Siguiendo las instrucciones de
Dios, Moisés talló dos tablas para reemplazar las rotas. Moisés
permaneció en la montaña ayunando, orando y conversando
con Dios durante cuarenta días. Cuando Moisés finalmente
regresó por la ladera de la montaña, la gente se aterró porque
su rostro resplandecía con la luz de la gloria de Dios.
Moisés fue un gran líder que murió mientras guiaba al pueblo
a la tierra prometida, Canaán. Aún hoy, los judíos le dan a
este héroe bíblico el título de Legislador de Israel.
2- Salmos 32: 8:
Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes
andar; Sobre ti fijaré mis ojos. (Este versículo es una promesa
de Dios para las personas. Puede significar que Dios guía a las
personas por el camino correcto, les aconseja y las protege).
3- Mateo 11:28 al 30:
28
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo
os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y
aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y
hallaréis descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo es
fácil, y ligera mi carga.
Significado de la pablara descanso:
“Estar en paz, sereno y tranquilo, tanto interiormente como
físicamente.
4- Isaías 40: 29 al 30:
29
Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no
tiene ningunas. 30 Los muchachos se fatigan y se cansan, los
jóvenes flaquean y caen; 31 pero los que esperan a Jehová
tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas;
correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.
5- Salmos 73:26
Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón
y mi porción es Dios para siempre.
6- Isaías 41: 13
13
Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano
derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.
7- Isaías 44: 3
Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la
tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi
bendición sobre tus renuevos;
8- Romanos 8:18
18
Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo
presente no son comparables con la gloria venidera que en
nosotros ha de manifestarse.
9- Salmos 81: 10
Yo soy Jehová tu Dios,
Que te hice subir de la tierra de Egipto;
Abre tu boca, y yo la llenaré.
10- Jeremías 32: 27
27
He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo
que sea difícil para mí?
11- Éxodo 34:10
10
Y él contestó: He aquí, yo hago pacto delante de todo tu
pueblo; haré maravillas que no han sido hechas en toda la
tierra, ni en nación alguna, y verá todo el pueblo en medio del
cual estás tú, la obra de Jehová; porque será cosa tremenda la
que yo haré contigo.