Trufa blanca (Tuber magnatum)
La trufa blanca es uno de los hongos más exclusivos y apreciados en la gastronomía
mundial, conocida por su aroma intenso y su sabor complejo con matices a ajo, miel y
especias. A diferencia de otras trufas, su piel es más suave y de color crema o amarillo
pálido, con una pulpa marmoleada en tonos marrón y beige. Crece de manera subterránea
en suelos calcáreos, en simbiosis con árboles como robles, avellanos y sauces,
principalmente en regiones de Italia y el sureste de Francia.
A nivel nutricional, la trufa blanca es baja en calorías y grasas, pero rica en minerales como
potasio, magnesio y hierro, esenciales para el equilibrio corporal. También contiene
antioxidantes y compuestos aromáticos únicos que estimulan los sentidos y potencian el
sabor de los alimentos. Se le atribuyen propiedades afrodisíacas y digestivas, además de
ser una fuente de proteínas de origen vegetal.
En la cocina, la trufa blanca se utiliza en pequeñas cantidades debido a su intensidad y alto
valor. A diferencia de la trufa negra, no se cocina, ya que el calor destruye sus compuestos
volátiles. En su lugar, se ralla o lamina directamente sobre platos como risottos, pastas,
huevos o carpaccios, aportando un toque de lujo y sofisticación. También se usa en aceites
y salsas para impregnar otros ingredientes con su característico aroma.