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Adaptaciones de los extremófilos microbianos

Los microorganismos extremófilos, como las arqueas halófilas y los hipertermófilos, han desarrollado adaptaciones únicas que les permiten sobrevivir en condiciones extremas de salinidad y temperatura, respectivamente. Por ejemplo, los halófilos evitan la deshidratación mediante la acumulación de solutos compatibles, mientras que los hipertermófilos estabilizan sus membranas y proteínas para resistir altas temperaturas. Además, estos organismos tienen aplicaciones industriales significativas, como la utilización de enzimas de hipertermófilos en procesos biotecnológicos, incluyendo la PCR.
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Adaptaciones de los extremófilos microbianos

Los microorganismos extremófilos, como las arqueas halófilas y los hipertermófilos, han desarrollado adaptaciones únicas que les permiten sobrevivir en condiciones extremas de salinidad y temperatura, respectivamente. Por ejemplo, los halófilos evitan la deshidratación mediante la acumulación de solutos compatibles, mientras que los hipertermófilos estabilizan sus membranas y proteínas para resistir altas temperaturas. Además, estos organismos tienen aplicaciones industriales significativas, como la utilización de enzimas de hipertermófilos en procesos biotecnológicos, incluyendo la PCR.
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Los microbios que te rodean UNIDAD 2: La vida al filo de lo imposible: extremófilos

UNIDAD 2: LA VIDA AL FILO DE LO IMPOSIBLE: EXTREMÓFILOS

2.2. Adaptaciones a la vida extrema

Ya hemos visto que los microorganismos extremófilos no solo resisten condiciones


extremas, sino que las necesitan. En las condiciones que nosotros denominamos
“normales” simplemente son incapaces de sobrevivir: necesitan altas temperaturas,
altos índices de acidez o de salinidad para poder crecer. Pero, ¿cómo es posible la vida
en esas condiciones?, ¿qué peculiaridades tienen esos microbios para poder vivir en
ambientes tan extremos?

Veamos primero cómo las arqueas halófilas extremas consiguen vivir en ambientes
con una altísima concentración de sal, de sodio (Na+). Un ser vivo normal en un
ambiente hipersalino tendería a deshidratarse: como la concentración de sal es
superior en el exterior, por el fenómeno de la ósmosis1, el agua saldría de su interior
hacia el exterior y se deshidrataría. Sin embargo, los halófilos extremos son capaces de
sintetizar y acumular en su interior una concentración equivalente de sustancias, que
se denominan solutos compatibles, que son compuestos orgánicos que no inhiben las
procesos bioquímicos celulares, equilibran la presión osmótica e impiden que estos
microorganismos se deshidraten por ósmosis. En otros casos, tienen en su membrana
lo que se denominan bombas de potasio: un sistema que bombea potasio (K+) hacia el
interior de la célula para equilibrarlo con el sodio del exterior. Estos halófilos extremos
también suelen tener en su pared celular unas proteínas ricas en aminoácidos ácidos
(como son el ácido aspártico o el ácido glutámico, con cargas negativas) que se
estabilizan con las cargas positivas del Na+ que hay en el exterior. De la misma manera,
las proteínas citoplasmáticas de estos halófilos extremos son ricas en este tipo de
aminoácidos cargados negativamente. Es una forma de equilibrar el exceso de cargas
positivas externas debidas al Na+.

En el caso de Deinococcus, la bacteria que resiste altísimas dosis de radiación, su pared


celular es especialmente compleja, y produce unos pigmentos protectores que le
defienden de la radiación. Pero quizá lo más característico es su enorme capacidad
para reparar el DNA dañado. La radiación produce lesiones en el DNA o mutaciones,
que en cualquier ser vivo causan su muerte. Deinococcus posee varias enzimas
reparadoras en su interior, que son capaces de reparar de forma muy eficaz las
lesiones que genera la radiación en su genoma.

Los hipertermófilos hemos visto que pueden sobrevivir por encima de los 100ºC,
sabemos que las altas temperaturas degradan las membranas biológicas y
desnaturalizan las proteínas. Entonces, ¿cómo evitan los termófilos que sus
membranas lipídicas no se desintegren a tan altas temperaturas?. Estos
1
Ósmosis: en un ambiente separado por una membrana, como es una célula, el agua difunde desde
regiones con una baja concentración de solutos a regiones con mayor concentración de solutos.

Universidad de Navarra 1 Prof. Ignacio López-Goñi


Los microbios que te rodean UNIDAD 2: La vida al filo de lo imposible: extremófilos

microorganismos poseen unas membranas especiales. Sintetizan unos lípidos


resistentes al calor muy ricos en ácidos grasos más largos y sin dobles enlaces que les
permiten ser más estables a altas temperaturas. Además, sus membranas suelen
formar monocapas lipídicas, en lugar de las habituales bicapas de fosfolípidos, como
ocurre en la mayoría de las membranas biológicas de las células. Y, ¿cómo consiguen
estos microbios que sus proteínas resistan y sigan funcionales a 100ºC, por ejemplo?
Porque han adaptado sus proteínas a las altas temperaturas, con pequeños cambios
en algunos pocos de sus aminoácidos que, manteniendo la función, consiguen que
cambie el plegamiento de la proteína y ésta se haga mucho más termoestable. Un
cambio mínimo en la secuencia de aminoácido de la proteína hace que el
plegamiento y la conformación de la proteína se modifique, de forma que adquiera
una mayor estabilidad a las altas temperaturas. Además, los hipertermófilos poseen
unas proteínas especiales, denominas proteínas de choque térmico, que se unen a
otras proteínas e incluso al DNA del microorganismo para que se mantengan estables a
altas temperaturas. También se ha descrito en algunos de estos hipertermófilos una
enzima, la DNA girasa, que produce un superenrollamiento del DNA que lo protege
frente al calor y previene que el DNA se desnaturalice. Como vemos, pequeños
cambios en la estructuras de las proteínas y del DNA les hacen más estables al calor.

¿Y cuál puede ser el límite de temperatura? ¿hasta qué temperatura pueden sobrevivir
los hipertermófilos? ¿existe una temperatura a la cual sea imposible concebir la vida
según la entendemos? La respuesta es obviamente sí. Experimentos de laboratorio
sugieren que el límite de la estabilidad de algunas biomoléculas está entre los 140 y
150ºC. El ATP, por ejemplo, se degrada por encima de 150ºC, y no conocemos formas
de vida que no dependen de esta molécula. Por tanto, muy probablemente, el límite
superior de temperatura que permita la supervivencia de un ser vivo debe estar
entorno a los 150ºC.

Por último, estos microorganismos hipertermófilos resultan también interesantes por


algo más que por razones de biología fundamental. Estos microorganismos ofrecen
importantes ventajas para procesos industriales y biotecnológicos, por ejemplo.
Muchos de estos procesos funcionan de modo más rápido y eficaz a altas
temperaturas, y las enzimas de los hipertermófilos son capaces de catalizar reacciones
bioquímicas a temperaturas elevadas y son más estables a esas temperaturas. Por eso,
en muchos procesos industriales y biotecnológicos se emplean enzimas obtenidas de
estos microorganismos hipertermófilos. Por ejemplo, la enzima DNA polimerasa del
termófilo Thermus aquaticus, conocida como Taq polimerasa, se emplea en la reacción
de amplificación génica denominada PCR, reacción de la polimerasa en cadena, una
técnica que ha revolucionado la biología molecular, la genética y la biomedicina. Como
ves, los extremófilos no son meras curiosidades de la naturaleza, también nos pueden
ayudar en la industria y la biotecnología.

Universidad de Navarra 2 Prof. Ignacio López-Goñi

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