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Santiago, dieciséis de diciembre de dos mil quince.
De conformidad con lo que dispone el artículo 785 del Código de
Procedimiento Civil se dicta la siguiente sentencia de reemplazo.
Vistos:
Se reproduce la sentencia en alzada con excepción de sus consideraciones
décima primera, décima segunda y vigésima novena, que se eliminan.
Asimismo, en el fundamento vigésimo sexto se suprime la oración que
comienza con las palabras ”en los términos previstos en el artículo 2322” y hasta
el punto y coma con el que termina el citado razonamiento.
Además, se reproducen los motivos décimo primero a décimo séptimo del
fallo de casación que antecede y los razonamientos primero y segundo de la
sentencia anulada, que no han sido afectados por el vicio de casación cuya
concurrencia se estableció.
Y se tiene en su lugar y además presente:
Primero.- Que mediante la acción interpuesta los demandantes reclamaron
la indemnización de los perjuicios que sufrieron como consecuencia de las
prestaciones de salud otorgadas a VÍCTIMA 1 en el Hospital Militar de Santiago,
las que derivaron en su fallecimiento. Al respecto explican que el 22 de julio de
2008 la señora VÍCTIMA 1 fue operada en el referido hospital, intervención que
derivó en su muerte cerebral, motivo por el que, según sostienen, el Hospital
Militar, en cuanto órgano de la Administración del Estado, es responsable por el
daño causado por sus agentes y como tal debe indemnizar los perjuicios que
éstos provocaron en el ejercicio de sus funciones. Solicitan, por ende, que los
demandados sean condenados a pagarles $8.249.952 por daño emergente y por
daño moral la suma de $50.000.000.- para el cónyuge sobreviviente de la señora
VÍCTIMA 1; $30.000.000.- para cada uno de sus hijos y $15.000.000.- para cada
uno de sus nietos, con costas. Más adelante, y a través de la presentación de fs.
61, los actores retiraron su demanda respecto de la médico anestesista, MÉDICO
1.
Segundo: Que considerando que la parte demandante no insiste en la
responsabilidad que inicialmente atribuyó al médico traumatólogo MÉDICO 2, a
quien en estrados y en el recurso de casación, expresa y categóricamente liberó
de la que podría corresponderle en los hechos que han sido materia de estos
autos, se atenderá en lo sucesivo únicamente a la defensa fiscal.
Al respecto, el apoderado que obra en nombre del Fisco reconoce en dicha
presentación que VÍCTIMA 1 efectivamente fue intervenida de su hombro derecho
en el Hospital Militar, cirugía que fue exitosa pero que terminada, la paciente no
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recuperó la conciencia, presentando reacciones de descerebración a
izquierda. Aduce que el cirujano tratante es un especialista en hombro con vasta
trayectoria y que el equipo que concurrió a la intervención quirúrgica estaba
plenamente capacitado para dichos efectos, de modo que no concurre la falta de
servicio reclamada respecto del Hospital Militar, toda vez que el órgano no actuó
en forma defectuosa o irregular, y destaca que no existe, además, relación de
causalidad entre la actuación de los profesionales del Hospital Militar y la muerte
de la señora VÍCTIMA 1.
Tercero: Que, como concluyó el juez de primer grado, los hechos
establecidos en la causa son los siguientes:
a) El 22 de julio de 2008, en dependencias del Hospital Militar de Santiago,
VÍCTIMA 1 fue sometida a una cirugía artroscópica en su hombro derecho, la que
realizó el médico traumatólogo demandado, MÉDICO 2.
b) Concluida la aludida intervención la paciente no recuperó la conciencia
constatándose, mediante exámenes, que se encontraba en coma.
c) Ese mismo día fue trasladada a la Clínica Alemana, centro hospitalario
donde una vez determinada su muerte cerebral falleció el 26 de julio del mismo
año.
d) La señora VÍCTIMA 1 falleció a consecuencia de una encefalopatía
hipóxico-isquémica originada por una inadvertida hipotensión arterial y
consecuente hipoperfusión cerebral, ocurridas ambas durante la cirugía a la cual
fue sometida.
e) La vigilancia, control y cuidado de la presión arterial de la paciente
anestesiada, durante el acto quirúrgico, estaban a cargo de la anestesista
MÉDICO 1, integrante del equipo médico que la intervenía, sin que ésta hubiera
advertido al resto del mismo la ocurrencia de algún evento susceptible de ser
asumido y corregido, tanto por ella misma como por el citado equipo médico, sin
percatarse en particular de que la paciente presentaba un cuadro de hipotensión
arterial que, a juzgar por el trágico resultado, se mantuvo por un tiempo lo
suficientemente prolongado como para provocar, consecuencialmente, la
hipoperfusión cerebral que fue diagnosticada por los neurólogos que atendieron a
la paciente en la Clínica Alemana y que fuera corroborada en la conclusión del
informe pericial.
Cuarto: Que, tal como se expresó en el fundamento décimo sexto del fallo
de casación que antecede, los hechos del proceso dejan en evidencia la falta de
servicio en que incurrió el Hospital Militar, puesto que existió un actuar negligente
de parte de la anestesista que intervino en la cirugía a que fue sometida la señora
VÍCTIMA 1, quien no respondió al estándar de conducta que le es exigible en
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calidad de tal, por cuanto no desplegó todos los esfuerzos que eran necesarios
para evitar la ocurrencia de la hipotensión arterial que aquejó a la paciente y, en
especial, para detectar su ocurrencia una vez acontecida, dejando transcurrir la
totalidad del acto quirúrgico sin detectar su acaecimiento ni menos advertir al resto
del equipo médico de la misma para que se adoptaran las medidas pertinentes
destinadas a evitar el fatal desenlace que finalmente ocurrió. En efecto, la sola
monitorización de los signos vitales de la paciente aparece a todas luces como
insuficiente, puesto que a pesar de contar con medios humanos y técnicos
bastantes para descubrir la baja presión de la misma, un error de apreciación
respecto de los parámetros que debían guiar dicha actuación se tradujo en que tal
fenómeno no fuera observado por la profesional encargada, entre otras,
precisamente de esa labor. Así, el actuar negligente radica en una inadecuada
pesquisa de los signos vitales de la paciente intervenida, proceder negligente que
se prolongó en el tiempo lo suficiente como para que la tantas veces citada
hipotensión arterial produjera una hipoperfusión cerebral que, a su vez, se tradujo
en una encefalopatía hipóxico-isquémica que le causó la muerte. De lo expuesto
aparece que el servicio prestado por el Hospital Militar a través de sus
funcionarios, y en especial de la citada anestesista, fue defectuoso y negligente.
Quinto: Que establecida la falta de servicio en la que incurrió el Hospital
Militar, cabe referirse a los restantes requisitos de la responsabilidad demandada,
esto es a la relación de causalidad y a los daños.
Sexto: Que para que se genere la responsabilidad por falta de servicio es
necesario que entre aquélla y el daño exista una relación de causalidad, la que
exige un vínculo necesario y directo. En este mismo orden de ideas se sostiene
que un hecho es condición necesaria de un cierto resultado cuando de no haber
existido ésta, el resultado tampoco se habría producido. Así, se ha sostenido por
la doctrina que “El requisito de causalidad se refiere a la relación entre el hecho
por el cual se responde y el daño provocado”, “[...] la causalidad expresa el más
general fundamento de justicia de la responsabilidad civil, porque la exigencia
mínima para hacer a alguien responsable es que exista una conexión entre su
hecho y el daño.” (“Tratado de Responsabilidad Extracontractual”, Enrique Barros
Bourie. Primera edición, julio de 2013, Editorial Jurídica de Chile, página 373).
Actualmente la doctrina nacional distingue dos elementos que son
integrantes de la relación de causalidad. El primero es el denominado “elemento
natural”, en virtud del cual se puede establecer que “un hecho es condición
necesaria de un cierto resultado cuando de no haber existido la condición, el
resultado tampoco se habría producido” (Enrique Barros Bourie, op. cit.). El
segundo es el “elemento objetivo”, para cuya configuración es indispensable que
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el daño producido pueda ser imputado normativamente al hecho ilícito. Así, una
vez determinada la causalidad natural, se debe proceder a verificar si el daño
puede ser atribuible a la conducta desplegada.
El último autor mencionado, refiriéndose al principio de la equivalencia de
las condiciones o condictio sine qua non, refiere: “La doctrina y jurisprudencia
están de acuerdo en que para dar por acreditada la causalidad debe mostrarse
que el hecho por el cual se responde es una condición necesaria del daño. Y un
hecho es condición necesaria de un cierto resultado cuando de no haber existido
la condición, el resultado tampoco se habría producido (el hecho es condictio sine
qua non del daño)…” (obra citada, página 376).
Se ha señalado también que “Es condición del resultado toda circunstancia
concurrente a su producción, que, al ser suprimida mediante una operación mental
hipotética, determina la supresión del resultado” (Enrique Cury Urzúa, obra citada
página 294).
Séptimo: Que en materia sanitaria la certidumbre sobre la relación causal
es más difícil de establecer, es especial cuando el dilema es si en razón de una
negligencia médica el paciente pudo perder una oportunidad de sanarse. En estos
regímenes de responsabilidad muchas veces sólo será posible efectuar una
estimación de la probabilidad de que el daño se deba a un hecho o, como sucedió
en este caso, al incumplimiento de un deber de atención eficaz y eficiente, por el
cual el demandado deba responder.
Octavo: Que en específico el Fisco de Chile ha negado la existencia de un
vínculo causal fundado en que el resultado de la muerte de la señora VÍCTIMA 1
no es atribuible al actuar de los médicos del Hospital Militar, pues éstos actuaron
conforme a la lex artis otorgando una atención adecuada a la paciente. Tal
argumentación debe ser desestimada por cuanto en la especie, tal como se
reflexionó en la consideración cuarta, sí ha existido un actuar defectuoso en el
servicio que fue prestado a la señalada paciente, pues no se detectó de manera
alguna la ocurrencia de una pronunciada y prolongada hipotensión arterial que
derivó en su fallecimiento, pese a que concurrían factores objetivos que, al menos,
debieron alertar al médico anestesista de la eventual ocurrencia de un fenómeno
como el acontecido que, aun de raro acontecer, no podía ser totalmente
descartado.
Por otro lado, existe en la especie una relación de causa a efecto entre la
falta de la referida prestación médica y el resultado denunciado, por cuanto no
puede estimarse como irrelevante la circunstancia de que el profesional de la
medicina especialmente preparado para tratar a pacientes como la de autos en
eventos quirúrgicos como el descrito, que además contaba con los equipos
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necesarios para ser asistida en su labor, no haya advertido que la presión arterial
de la señora VÍCTIMA 1 se hallaba por debajo de los niveles que su organismo
requería para una debida oxigenación cerebral, resultando evidente que las
probabilidades de sobrevida en esas circunstancias son considerablemente
menores si dicha detección no se realiza y más restringidas aún si la citada
inadvertencia se prolonga en el tiempo, como ocurrió en la especie.
En tal sentido el sentenciador de primer grado concluyó que la lex artis fue
vulnerada por el equipo médico que intervino en el acto quirúrgico, toda vez que
habiendo sido afectada la paciente por el cuadro de hipotensión arterial ninguna
acción se ejerció con el fin de tratarla, debido a que la facultativa obligada a
advertir su acaecimiento simplemente no lo hizo, desconociendo el resto del
equipo médico lo que acontecía, conducta que califica de culposa por parte de la
anestesista en cuestión.
Noveno: Que en relación con los perjuicios demandados por los actores, se
comparte la conclusión del fallo de primer grado en lo que concierne al daño
emergente demandado.
Por otro lado, y en cuanto atañe al daño moral que se hace consistir en el
dolor irreparable que causó a los actores la muerte de su cónyuge, madre y
abuela, cabe consignar que ha quedado debidamente acreditado en autos que el
actor RECURRIDO 1 tiene la calidad de cónyuge sobreviviente de doña VÍCTIMA
1, en tanto que también se demostró la calidad de hijos de la misma de los
demandantes RECURRIDO 2; RECURRIDO 3; RECURRIDO 4; RECURRIDO 5 y
RECURRIDO 6, todos de apellidos APELLIDO RECURRENTE 2, 3, 4, 5 Y 6.
Asimismo, a través de la declaración de los testigos presentados por la
parte demandante y del informe psicológico ratificado por las profesionales que lo
emitieron se ha logrado acreditar el daño moral sufrido por los actores
mencionados en el párrafo que antecede producto del desenlace fatal provocado
por la deficiente atención médica brindada a su cónyuge y madre, pues quienes
deponen dan cuenta de la estrecha relación que existía entre todos ellos y el
impacto emocional que les causó su muerte, sobretodo porque la señora VÍCTIMA
1 a pesar de su edad era una mujer sana y autovalente.
Por otra parte, esta Corte ha señalado que en los casos en que el daño
moral demandado derive de la muerte de un familiar cercano, entre los que se
encuentran los padres, cónyuge e hijos, es factible presumir su existencia, puesto
que es natural que aquellos sufran dolor y aflicción por la pérdida de su ser
querido, desconsuelo que constituye un daño inmaterial susceptible de ser
indemnizado.
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Décimo: Que esta Corte estimará prudencialmente el monto del daño
moral sufrido considerando, además, los elementos de juicio que entrega el
“Baremo jurisprudencial estadístico sobre indemnización de daño moral por
muerte” (que puede ser consultado en la página web:
[Link] con especial atención a las
decisiones adoptadas en torno a los casos en que se ha demandado el
resarcimiento de perjuicios derivados de eventos de semejantes características al
de autos, antecedentes que en conjunto llevan a estos sentenciadores a regular la
indemnización que el demandado deberá pagar a los actores para reparar los
daños causados en la suma de $15.000.000 (quince millones de pesos) para el
cónyuge sobreviviente de doña VÍCTIMA 1 y en la de $10.000.000 (diez millones
de pesos) para cada uno de sus hijos.
Décimo primero: Que, en cambio, y en cuanto concierne a los demás
actores, vale decir, respecto de los nietos que han comparecido en la causa, se
estima que la prueba rendida es insuficiente para demostrar la concurrencia del
daño moral demandado, motivo por el que se denegará la demanda en esta parte.
Décimo segundo: Que, por último, y en lo que dice relación con los
reajustes a cuyo pago ha sido condenado el Fisco de Chile, considerando que la
existencia de la obligación de que se trata sólo quedará establecida una vez
ejecutoriada la presente sentencia, se accederá a la petición de la defensa del
demandado sólo en el sentido de que dicho accesorio deberá pagarse a contar de
la fecha en que el fallo quede firme, desestimándose la solicitud de los actores en
orden a que se ordene el pago de reajustes e intereses desde la notificación de la
demanda.
Por estas consideraciones y teniendo además presente lo dispuesto en los
artículos 186 y siguientes y 768 del Código de Procedimiento Civil, se declara:
1.- Se rechaza el recurso de casación en la forma deducido en lo principal
de la presentación de fs. 614.
2.- Se revoca la sentencia de veintinueve de agosto de dos mil catorce,
escrita a fojas 584, sólo en aquella parte que accede a la demanda de fs. 22
respecto de los catorce nietos de doña VÍCTIMA 1 y, en su lugar, se desecha la
demanda a su respecto.
3.- En lo demás se confirma el indicado fallo, con declaración de que se
rebajan las sumas que el Fisco de Chile deberá pagar por concepto de
indemnización de perjuicios por daño moral a los siguientes actores:
a) A don RECURRIDO 1 la suma de $15.000.000;
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b) A cada uno de los demandantes RECURRIDO 2;
RECURRIDO 3; RECURRIDO 4; RECURRIDO 5 y RECURRIDO 6, todos de
apellidos APELLIDO RECURRIDO 2, 3, 4, 5 Y 6, la suma de $10.000.000.
4.- Los reajustes a cuyo pago ha quedado condenado el Fisco deberán
solucionarse desde la fecha en que la presente sentencia quede ejecutoriada y los
intereses desde que el demandado incurra en mora, en el evento de que ello
aconteciere.
Se previene que la Ministro Sra. Egnem concurre a la decisión contenida
en el N° 3 de lo resolutivo teniendo especialmente en consideración lo expresado
en su prevención del fallo de casación dictado por separado con esta misma
fecha.
Se previene que el Ministro Sr. Cerda no concurre a la revocación
contenida en el N° 2 que antecede toda vez que, a su juicio, existen en autos
antecedentes de juicio suficientes para acceder a la demanda, además, en lo que
respecta a los catorce nietos de doña VÍCTIMA 1, quienes solicitaron que se les
resarciera el perjuicio moral que cada uno de ellos debió padecer a consecuencia
de la muerte de su abuela.
Regístrese y devuélvase, con sus agregados.
Redacción a cargo de la Ministro señora Sandoval.
Rol N° XXX.
Pronunciado por la Tercera Sala de esta Corte Suprema integrada por los Ministros
Sr. Pedro Pierry A., Sra. Rosa Egnem S., Sra. María Eugenia Sandoval G., Sr.
Carlos Aránguiz Z. y Sr. Carlos Cerda F. Santiago, 16 de diciembre de 2015.
Autoriza el Ministro de Fe de la Excma. Corte Suprema.
En Santiago, a dieciséis de diciembre de dos mil quince, notifiqué en Secretaría por
el Estado Diario la resolución precedente.
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