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Wood

El documento analiza la separación conceptual entre lo 'económico' y lo 'político' en el capitalismo, argumentando que esta división ha beneficiado a la ideología capitalista y ha distorsionado la comprensión del marxismo. Se sostiene que el marxismo original buscaba un análisis que uniera estas esferas, revelando la naturaleza social y política de la economía, y que la lucha de clases no puede ser entendida sin considerar esta interconexión. Finalmente, se propone un enfoque teórico que desafíe el 'economicismo' y reconozca la importancia de las relaciones sociales en la producción capitalista.

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El documento analiza la separación conceptual entre lo 'económico' y lo 'político' en el capitalismo, argumentando que esta división ha beneficiado a la ideología capitalista y ha distorsionado la comprensión del marxismo. Se sostiene que el marxismo original buscaba un análisis que uniera estas esferas, revelando la naturaleza social y política de la economía, y que la lucha de clases no puede ser entendida sin considerar esta interconexión. Finalmente, se propone un enfoque teórico que desafíe el 'economicismo' y reconozca la importancia de las relaciones sociales en la producción capitalista.

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ELLEN MEIKSINS WOOD

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1

LA SEPARACIÓN DE LO "ECONÓMICO" Y LO "POLÍTICO"


EN EL CAPITALISMO

La intenció n o riginal del materialism o histórico era ofrecer una


base teórica para interpretar el mundo con el propósito de cam-
biarlo. Ésta no era una consigna vacía. Tenía un sentido preciso.
Significaba que el marxismo buscaba una clase específica de cono-
cimientos, capaces de aclarar de mane ra muy particular los prin-
cipios del movimie nto h istórico y, aJ menos implícitamente, los
puntos en los que la acción política podía intervenir con mayor
eficacia. Esto no quiere decir que el objeto de la teoría marxista
fu era descubrir un programa "científico" o una técnjca de acció n
política. En vez de eso, el propósito era ofrecer una forn1a de aná-
lisis especialmente apropiada para explorar el terreno en el que
d ebe tener lugar la acción política.
El marxismo, d esd e Marx, con frecuencia ha perdido de vista
su proyecto teórico y su carácter político por an tonomasia. En
particula r, ha habido una tendencia a perpetuar la separación con-
ceptual rígida de lo "económico" y lo "político", que tanto ha be-
n eficiado a la ideología capitalista desde que los econ omistas clá-
sicos descubrieron la "economía" en abstracto y empezaron a des-
poj ar a1 capitalismo de su contenido social y político.
Estos mecanismos conceptuales sí re flejan, aunque sólo en un
espejo distorsionador, una realidad histó rica especifica del capita-
lisrno, una verdadera diferenciación de la "economía"; y sería po-
sible reformularlos de modo que iluminasen más de lo que oscu-
recen, reexam inando las condicio nes históricas que hi cieron po-
sibles y plausibles tales concepciones. El propósito de este segundo
examen no sería explicar la "fragm entació n" de la vida social en
el capitalismo, sino comprender con exactitud qué hay en la natu-
raleza histórica del capitalismo que parece una diferenciació n de
"esferas", en especial de la "econó mica" y la "política".
Esta diferenciación, por supuesto, no es simpleme nte un pro-
blema teó rico, sino práctico. Ha te nido una expresión prácti ca muy
[25]
26 LO ECONÓMICO Y LO POLÍTICO EN EL CAPITALISMO

inmediata en la separación de las luchas económicas y políticas


que han tipificado los movimientos de las clases obreras m odernas.
Para muchos socialistas revolucionarios esto n o ha representado
más que el producto de una conciencia engañada, "subdesarrolla-
da" o "falsa". Si a eso se redujera todo, sería más fácil superarlo,
pero lo que ha provocado que el "economicismo" de las clases
obreras sea tan tenaz es que corresponde, en efecto, a las realidades
del capitalismo, a las formas en que la apropiación y la explotación
realmente dividen los ámbitos de la acción económica y política,
y de verdad transforman en asuntos claramente "económicos" de-
terminados asuntos políticos esen ciales, luchas por el dominio y
la explotación inextricablemente ligadas, en e l pasado, a l poder
político. Esta separación estructural p odría ser, por cierto, el me-
canismo de defensa más eficaz con que cuenta el capital.
Lo importante, entonces, es explicar cómo y en qué sentido el
capitalismo ha abierto una brecha entre lo económico y lo político;
cómo y en qué sentido temas esencialmente políticos, como la dis-
posición del poder para controlar la producción y la apropiación,
o la asignación de la fuerza social de trabajo y los recursos, han
sid o excluidos de la arena política y desplazados a una esfera dife-
rente.

"FACTORES" ECONÓMICOS Y POLÍTICOS

Marx presenló el mundo en su faceta p olítica, no sólo en sus obras


explícitamente políticas, sino incluso en sus escritos económicos
más técnicos. Su crítica de la economía política perseguía, entre
otras cosas, revela1· el rostro político de la economía, oscurecido
por los economistas p olíticos clásicos. El secreto fundamental d e
la pro ducción capitalista expuesto por Marx -el secreto que la eco-
nomía política ocultó sistemáticamente y que a la larga la hizo
incapaz de explicar la acumulación capitalista- atañe a la relación
social y a la disposición del poder que rige entre los trabajadores
y el capitalista a quien le venden su fuerza de trabajo. Este secreto
tiene un corolario: la d isposición del poder entre el capitalista in-
dividual y e l trabajador tiene como condición la configuración po-
líticá de la sociedad en su conjunto, el equilibrio de las fuerzas de
clase y los poderes del estado que permiten la expropiación del
LO ECONÓMICO Y LO POLITICO EN EL CAPITALISMO 27

producto r directo, la conservación d e la propiedad privad a abso-


luta para el capitalista y su con trol sobre la p r o ducción y la apro-
piación.
En el volumen I d e El capital Marx pasa d e la mercancía, a través
del plusvalo r , a l "secreto d e la acumulación o riginaria", y revela al
fi nal que el "punto d e partida" de la "p roducción capitalista" n o
es m ás que el proceso histórico de escisió n entre el produ cto r y
m edios d e producción", 1 un proceso d e lucha de clases y de inter-
vención coercitiva del estado e n n o mbre d e la clase exp ropiadora.
La estructura misma del ar gumento in dica q ue, para Marx, el se-
creto último de la p roducción capitalista es político. Lo q ue d istin-
gue tan radicalmente su a n áljsis de la econom ía política clásica es
que n o provoca discontin u id ades severas entre los á mbitos po líti co
y econ ó mico, y logra rastrear las con tinuidades po rque trata a la
economía misma no como una red de fuerzas incorpóreas, sino,
al igual que la esfera política, com o un conjunto de relaciones so-
ciales.
No puede d ecirse lo mism o del marxismo d espu és de Marx. En
una u otra forma y en grados variables, los marxistas h an adoptado
en general modos d e análisis que, expJícita o implícitamen te, tratan
la "estructura" econ ó mica y las "superestru cturas" j u rídicas, polí-
ticas e ideológicas que "refl ej an " o "correspond en" al marxismo
co1n~ esferas cua litativamente diferentes, más o m enos cerradas y
"regio n alm e nte" separadas. Esto es más ohvio en el caso de las
teorías ortod o xas d e la estructura y las sup erestructuras. También
se aplica a sus varia ntes q ue hablan de "facto res", "niveles" o "ins-
tancias" económjcas, poüticas e ideológicas, inde pendientemen te
de cu án insistentes puedan ser con resp ecto a la interacción de fac-
tores o instancias, o a lo rem oto de la "últin1a instancia" en la que
la esfera económica d etermina fi n almente al resto. Si acaso, estas
formulacion es n o hacen más que reforzar la separación e spacial
de las esferas.
O tras escuelas de mar xismo han mantenido de diferentes ma-
n eras que las esferas son a bstractas y cerrad as; por ejemplo , al
abstraer la economía o el circuito del capital para construir una al-
ternativa técnicam ente sofisticada a las economías burguesas, ha-
ciéndoles fren te en su propio ten -e no (y yen do mucho n1ás lejos

1
K. Marx, El capital, México, Siglo XXI, t. 1, vol. ~. 1975, p. 89~.
28 LO ECONÓMJCO V LO PO UTICO EN EL CAPITALISMO

que el mismo Marx en este aspecto, sin fundam entar las abstrac-
ciones econón1icas en el análisis histórico y sociológico, como él
lo hiciera). Las relaciones sociales e n las que se inserta este meca-
nismo económico -que en realidad lo constituyen- se conside ran
más o m enos externas. Cuando mucho, un poder po lítico espacial-
mente separado puede intervenir en la e conomía, pero a la econo-
mía misma se la vacía de contenido social y se la despolitiza . En
estos asp ectos, la teoría marxista ha p erpetuado las mismas prác-
ticas ideológicas que Marx atacaba, las que confirmaron a la b ur-
guesía la naturalidad y la e ternidad de las relaciones de producción
capitalista.
La economía política burguesa, de a cuerdo con Marx, universa-
liza las re laciones de producció n capitalistas a l analizar la produc-
ción en abstracto desde sus determinaciones sociales específicas.
El enfoque de Marx difiere en su insiste ncia e n que un sistema
productivo está integrado p o r sus determinaciones sociales espe-
cíficas -re laciones socia les, mo dos de propiedad y dominio, fo r-
mas legales y políticas-, en particular las formas de propiedad y
dominio.
Los economis tas políticos burgueses pueden demostrar " la eter-
nidad y la armo nía de las relaciones sociales existentes" divorcian-
do el sistema de pro ducción de sus atributos sociales espedficos.
Para Marx la pro ducción "no es sólo una producció n e n particular
[ ... ] es siempre un o rganismo social determinado, un sujeto social
que actúa en un conjunto más o m enos grande, más o menos pobre,
d e ramas d e producción". 2 La economía política burguesa, e n cam-
1 bio, logra su propósito ideológico relacionándose con la sociedad
1
,
1 en abstracto, tratando la producció n como "regida po r leyes e ternas
de la naturaleza, independientes de la historia, ocasión esta que
t
1 sirve para introducir subrepticiamente las relaciones burguesas co-
mo leyes naturales, inmutables de la socie dad in abstracto. Ésta es
la finalidad más o menos consciente de todo el procedimiento".~
Si bien los economistas burgueses pueden reconocer que cie rtas
formas legales y políticas facilitan la producció n, no las tratan com o
1 elementos constitutivos orgánicos de un sistema productivo. Po r

't
1
ello, plantean cosas que están orgánicamente relacionadas "en una

2
K. Marx, Elnnenlos fandamentaüs para la critica de la economía política (Grun•
drisse), 18.57-1858, vol. 1, México, Siglo XXJ, 197 1, p. 6.
s !bid. , p. 7.
1
1

'
1
1
LO ECONÓMICO Y LO PO LlTI CO EN EL CAPITALISMO 29

conexió n accide ntal, en un nexo me ramente reflexivo". 4


La distinció n entre una con exión "o rgánica " y una " meram e nte
re flexiva" es muy im portante. Sugiere que cualquier aplicación d e
la metáfora estructura/superestructura que subraye la separació n
y la inclusió n de las esferas - por mucho que insista en la conexión
de una con la otra, incluso en el reflejo de una en la o tra- reproduce
las mistificaci ones d e la ideología burguesa po rque no trata a la
esfera productiva según la defin en sus determinaciones sociales y
e n realidad se ocupa de la sociedad "en abstracto". El principio
básico de la primacía de la pro du cció n , el fundamento mismo del
materialismo histó rico, pierde su ventaja crítica y se asimila a la
ideología burguesa.
Esto no quiere decir, po r su puesto, que Ma rx no reconociera
ning ún valo r en el enfoque d e la econom ía política burguesa. Por
e l contrario, ado ptó sus categorías como punto de partida porque
n o expresaban una verdad universal, sino una realidad histórica
en la sociedad capitalista, p or lo m en os una "aparien cia verdade-
ra". Lo que Marx adoptó no fue ni la reproducción ni el repudio
de las categorías burguesas, sino su elaboración crítica y su tras-
cendencia.

HAC lA UNA ALTERNATIVA TEÓRICA: EL REPLANTEAMIENTO


DE "ESTRUCTURA" Y "SUPERESTRUCTURA"

Debería ser posible mantener un materia lismo histó rico que tome
en serio la propia insistencia de Marx -a diferencia de las abstrac-
cion es ideológicas de la economía política burguesa- de qu e (por
ej emplo) e l "capital es una relación social de pro ducció n", qu e las
categorías econ61nicas expresan ciertas relaciones sociales de termi-
nadas. Debería haber una a lternativa teórica a l "econo micismo vul-
gar" que intenta preservar la integridad del "modo de pro ducción ",
mie ntras anali za las implicaciones del hecho de que la "estructura"
productiva existe en for·ma de procesos y relacion es socia les espe-
cíficos, así como en formas jurídicas y po líticas particulares. No ha
habido una explicación clara y sistemática de esa posición teórica

◄ / bid. , p. 8.
30 LO ECONÓM ICO Y LO POLITICO EN EL CAPITALIS MO

(por lo menos no desde la del mismo Marx), aunque a lgo po r el


estilo está implícito e n la obra de ciertos historiadores m arxistas.
El punto de vista teórico que aquí se pro po n e es quizá lo que
se ha dado en llan1ar - peyorativamen te- e l "marxismo poütico" .
Esta variedad de marxismo, de acuerd o con uno d e los cdticos d e
Marx, es una

reacció n a la ola de tendencias econom icistas en la historiografía con tem-


p o rá nea. Mientr as e l p ap el de la lucha de clases eslá muy subestimado e n
gen e ral, e l marxism o p o lítico inyecta fuer tes dosis de él en la expHcació n
histó r ica [...] Equivale a u na visión voluntarista de la historia en la que la
lu cha d e clases está divorciada de to d as las d em ás con tin gencias objetivas
y, e n primera instan cia, d e aq uellas leyes del desarrollo específicas de un
modo particular de producció n . ¿Podemos imaginar que el desarrollo del
capitalism o en los sig los XIX y x:x se e xplique refirié ndon o s sólo a fac tores
sociales, y sin traer a colación la ley d e la acumulación cap ilalista y su
móvil p i-inc:ipal, es d ecir e l mecanism o del p lusvalor? De hecho, el resul-
tado [... ] e s des pojar al con cepto básico d el materialismo histór ico, es
d ecir el m odo de pro ducción, de toda sustan cia real (... ] El error d e ese
"marxismo p o lírico" n o sólo reside en q u e soslaya el con cep to m ás o p e-
rativo del materialismo histórico (el modo d e prod ucción ); también con-
siste e n que se ap arta del campo d e las realidades económicas ...''

El propósito de mi exposición es superar la falsa d icoto m ía en


la qu e se b asa esta caracterización del "marxismo poütico ", una
dicotomía que permite a a lgunos marxistas acusar a otros de apar-
ta rse de l "campo de las realidades econó micas" cu an d o les pr eo-
cupan los fac tores poüticos y sociales que constituyen las relaciones
de p ro du cció n y explotación. La premisa e n este punto es que n o
existe el modo d e producción en contraposición a los "factor es so-
ciales", y que la innovació n radical de Marx a la economía política
burg uesa fu e precisame nte defi nir el modo de produ cción y las
pro pias leyes económicas en función de " factores sociales".
¿Qué significa hablar de un n1odo de producción o de una eco-
no1nía como si d ifirie ran , o incluso se contrapusieran, a los " fa c-

" Cuy Bois, "Againsr the neo-Malthusia11 o rrh odoxy··, e n T.H: Aston y C.H.E.
Philpin (ecls.), Tite Brenner debate: Agrarian class structw·e a11ll economic developm.ent
in /m•-industrial Europe, Cambridge, 1985, pp. 115-116. El a utor se refiere de ma ne rn
específica al anfculo de Robert Bre1mer que se cita en la uota 9.
LO ECONÓM1CO Y LO POúTICO EN EL CAPITAUSMO 3,1

tores sociales"? ¿Qué son , po r ejemplo, "contingencias objetivas"


como la ley de la acumulación capitalista y su "móvil principal", e l
"mecanismo" del plusvalor? El mecanismo del plusvalor es una
relación social particular entre el apropiador y el productor. Opera
a través de una organización determinada de la producción, la
distribució n y el inte rcambio; y se basa en una relación de clas e
determinada sostenida po r una determinada configuración del po-
der. ¿Qué es el sometimiento de la fuerza de trabajo a l capital, qué
es la esencia de la produ cción capitalista, sin o una relación social
y el produ cto de la lucha de clases? ¿Qué -desp ués de todo- quis,o
dedr Marx cuando insistió en que el capital es una relación de
producción social; que la categoría "capital" no tiene significado
separada de sus determinaciones sociales; que el dinero o los bie-
nes d e capital no son capital en sí mismos, sino que se convierten
en tales en el contexto de una relación social particular entre apro-
piador y productor; que la llamada acumulación originaria de ca-
pital, que es la condición previa a la producción capitalista, no es
más que el proceso - es decir, la lucha de clases- por conducto del
cual el productor directo es expropiado?, etc., etc. En tal caso, ¿por
qué el patriarca de las ciencias sociales burg uesas, Max Weber,
insiste en una definición "puramente económica" del capitalism,o
sin hacer referencia a/actores sociales externos (como, por ejemplo,
la explotación de la fuerza de trabajo), con lo que extrae el signi-
fi cado social del capitalismo en una o posición deliberada a Marx?"
Plantear estas preguntas e insistir e n la constitución social de la
economía no equiva le a decir que no hay economía, que no hay
"leyes" económicas, ni modo de producción, ni "leyes de desarro-
llo" en un modo d e prod1.;1cción, ni ley de la acumulación capitalista;
tampoco equiva le a negar que el modo de producció n es el "con -
cepto m ás operativo del mate ria lism o histórico". El " m arxis m o p o-
lítico ", como lo entendernos, no está menos convencido de la pri-
macía de la producción de lo que lo están las "tendencias eco-
nomicistas" de l marxism,o . No define la producción d e form a tal
de privarla de existencia ni extiende sus fronteras para abrazar de
manera indiscriminada todas las actividades sociales. Simplem ente

1
Véa se, por ejemplo, Max W ebe1·, Economy and sor.iety, Nueva Yo rk, 1968, p p.
'
9 1 y 9 4 [Economía y sociedad, México, FCE, 1. 1, 1977, pp. 69 y 72), y The agra,·ian
sociology of ant:ient t:iviliwtio11S, Londres, 1976, pp. 50-51.
32 LO ECONÓ MICO Y LO POLÍTICO EN EL CAPITALIS MO

toma muy en serio el principio de que un modo de producció n es


un fe nó meno social.
Igualmen te impo r tan te -punto centra l de nuestra discusió n- es
que las relaciones de pro ducción, desde este punto de vista teórico,
son presentadas en su asp ecto p olítico, ese aspecto en el que son
cuestionadas, como relaciones de dominio, como d e rechos de pro-
pi edad, com o el p oder de o rganizar y regir la pro ducción y la a pro-
piació n. En otras p alabras, el obje to de esta posición teórica es
práctico, para iluminar el terreno de lucha viendo los mo dos d e
producción no como estructuras abstractas, sino como algo a lo
que realmente se e nfrentan las pe rsonas que deben actuar e n re-
lación con e llos.
El "marxismo po lítico" recon oce la especificida d de la produc-
ción 1na terial y de las re lacio nes d e pro ducción, p ero insiste en
que "estructura" y "supe restru ctura", o los "niveles" de una forma-
ción social, no pueden verse como esferas compa rtime ntadas o
separadas " regionalmente". Sin embargo, por mucho que subraye-
m os la inte1·acción e ntre los "factores", estas prácticas teóricas son
e ngañ.osas por q ue ocultan no sólo los procesos histó ricos que cons-
ti tuyen los modos d e producció n, sino también la definició n es-
tructural de los sistemas productivos como fenó me nos sociales vi-
vie ntes.
El "ma rxism o político", entonces, no presenta la relació n entre
la estructura y la superestructura como una o p osició n, una sepa•
ración "r egio nal", e ntre una estructura econó mica "objetiva" bási-
ca, p o r un lado, y forma s sociales. jurídicas y po líticas, por el otro,
sino más bien com o una estructura continua d e relacio nes y formas
socia les con dife re ntes grados de distancia con resp ecto a l proceso
inmediato de producció n y apro piació n , empezando con esas r e-
laciones y form as que constituyen el siste ma de pro ducción mism o.
Las conexio nes entre la "estructura" y la "supe restructura" pueden
rastrearse sin mayores saltos conceptuales porque no re presen tan
d os ó rde nes esencialme nte diferentes y discon tinuos de la realida d .
El debate empieza con uno de los primeros principios d el ma-
terialismo de Marx: que mie ntras los ser es huma nos trabajan de n-
tro de límite~ 1nateria les de finidos que no han trazad o ellos mis-
mos, incluidos facto res purame nte físicos y ecológicos, e l mundo
ma terial tal como existe para ellos no es sólo algo dado natural-
mente; es un modo de actividad productiva, un sistema de re lacio-
nes sociales, un pro ducto histórico. Aun la na turaleza, "esta natu-
LO "ECONÓMICO Y LO POLfTICO EN EL CAPITALISMO 33

raleza anterio r a la his to ria de humana [ ... ] no existe ya en parte


alguna... "; 7

el mundo sensible [... ] no es algo dado directamente desde toda una eter-
nidad y con stanternenLe igual a sí mismo, sino e l producto d e la industria
y del estado social, e n e l sen tido de que es un pro ducto histórico, e l
resultado de la actividad de toda una serie de generaciones, cad a u na de
las cuales se encarama en los ho mbros de la anterior, sigue desarro llando
su industria y su inLercambio y mo difica su o rganizació n social con arreglo
a las nuevas necesidades. 8

U na comprensión m aterialista del mundo, e ntonces, es una com-


prensió n de la actividad social y de las relaci,ones social es po r m e dio
de las cuales los seres hu1nanos interactúa n con la na turale za en
la p roducción de las condicio nes de vid_a; y es una comprens.ión
histórica que reconoce que los productos d e la actividad social, las
formas de la inte racdó n social pro ducidas po r los ser es humanos
se convie rte n e n fuerzas 1na teriales, no menos que lo que es tá d a do
po r la naturaleza.
Esta descripció n del ma terialismo, con su insiste ncia en el papel
que representan las fo¡rm as sociales y los legados histó ricos co,mo
fue rzas materiales, inevitablemente p la nte a la irrita nte pregunta
de la "es tructura" y la "superestru·ctura" . Si las formas de interac-
ció n social -y no sólo las fue rzas naturales o tecn o lógicas- ha111 d e
ser tratadas como pa rte in tegral de la estructura material, ¿dónd e
se traza la línea entre las fo rmas sociales que p ertenecen a la es-
tructura y aqueUas que pueden relegarse a la superestructura?· O ,
de hecho, ¿ta dicoto mía base/ superestructura oscurece tanto com o
revela la "estructura" productiva e n sí mism a?
Algunas instituciones legales y p o üticas son externas a las re la-
ciones d e producción aun cuan do ayuda n a sostenerlas y repro du-
cirlas; y quizás el térn1ino "su perestructura" debería r eservarse pa-
ra e llas. Pe ro las r elacio nes de producción mismas to ma n la forma
d e relaciones jurídicas y políticas particulares - mod os de dominio
y coerción, formas d e p ropiedad y o rga n ización social- que no son
m e ros re fl ej os secunda rios, ni siquie ra apoyos externos, sino com -

7
K. Marx y F. Engels, La ideología akmana, México, Ediciones de Cultura Popular ,
1977, p. 48.
8
/bid., p . 47.
34 LO ECONÓMICO Y LO POLfTICO EN EL CAPlTAUSMO

ponentes d e estas relacion es de producció n . La "esfe ra" d e la pro-


ducció n es d ominante, no en el sentido de que se ubica aparte de
estas fo rmas jurídico-p olíticas o que las precede, sino más bien en
e l sentido de que éstas son precisam en te fo rmas de p roducción,
los atributos d e un sistema productivo determinad o.
U n mo do d e producción no es simpleme nte una tecno logía, sino
una o r ga niza ció n so cial de actividad productiva; y un mod o d e
explo tación es una relació n de poder. Asimismo, la relación d e
p oder que condicio na la na turaleza y el a lcance de la explotación
es cuestió n de o rganiza ció n política de ntro de las clases conten-
d ie n les y entre ellas. En último a nálisis, la relación e n tre a pro pia-
dores y p roducto res descansa e n la fuerza r elativa d e las clases, y
ésta es de terminada e n gran medida p o r la o rganización in te rna y
las fuerzas po líticas con las que cada uno e ntra e n la lucha de clases.
Po r ej emplo, según Ro bert Brenner , los d iversos patrones de
desarro llo en difer entes·partes d e Euro pa al final de la Ed ad Media
pue den atribuirse e n gran medida a las d iferen cias e n la organiza-
ción de clases que caracterizó a las luchas e ntre seño res y campe-
sinos en diversos lugares de acuerd o con sus experiencias históricas
específicas. En algunos casos, la lucha provocó la descomposició n
del vi ejo ord en y de las viejas fo rmas de extracción d el excedente;
e n o tros llevó a que esas viejas fo rmas se a tJinch eraran. Estos di-
ferentes resultados de l conflicto agrario de clases, señala Brenner,

tendían a estar limitad os por ciertos pa trones d e d esarrollo históricamente


espedficcs d e las clases agrarias conte ndie ntes y de su fuerza re lativa e n las
diferen tes socied ades e uro p eas: sus n iveles relativos de solidaridad in ter-
na, su conciencia de la propia identidad y organización, así com o sus
recursos po líticos e n gene ral, en especial sus re laciones con las clases no
agrícolas (particularmen te los aliados potenciales de las clases urbanas) y
con el estado (en particular si el estado desarro1J6 o no una compe tencia
"tipo clase" con los nobles por el exced ente d e los campesinos). 9

Bre nner ilustra cómo la fo rma p articular y la fuerza d e la o rga-


nización política en las clases contendie ntes fo rjó relacion es d e
pro ducción; po r ejemplo, cóm o las institucio nes aldeanas actuaro n

'
11
Ro be n Brenner , • Agrarian class stnacture and econo mic developme n l in p1·e-
industdal Eu1·ope•, e n Aston y Philpin , The Bre-nner d"'1bate, p. 55.
LO ECONÓMICO Y LO POúnCO EN EL CAPITALISMO 35

com o una forma de o rganización campesina de clases y cómo e l


desarrollo de "instituciones políticas independientes e n la zona
rura1" 1º -o la carencia de esas instituciones- afectó las relaciones
de explotación entre el señor y el campesino. En casos como éste
la organización política representa una parte signifi cativa en la cons-
trucción de relaciones de producción.
Entonces, existen por lo menos dos sentidos en los que la "es-
fera" jurídi co-p oütica está implicada en la "estructu ra" productiva.
Primero , siempre existe un sistema de producción -e n forma de
de terminaciones soci.ales específicas, m odos particulares de orga-
nización y dominio y formas de propiedad e n las que se encuentran
plasmadas las relaciones de producción - lo que podría denomi-
narse los atributos jurídico-p oüticos "estructurales", a diferencia
de los "superestructurales" del sistema productivo. Segundo, desde
un punto de vista histórico, incluso instituciones políticas como la
aldea y el estado participan directamente en la constitución de las
relaciones de producción y en cieno sentido son anteriores a ellas
(incluso cuando estas instituciones no son el instrumento directo
de la apropiación de excedentes), ya que las relaciones de produc-
ción están co nstituidas históricamente por la configuración del po-
der que determina el resultado del conflicto d e clases.

LO "ECONÓMICO" Y LO " PO LÍTICO" EN EL CAPITALISMO

¿Qué quiere decir, e ntonces, que e l. capitalismo esté 1narcado por


una diferenciación única de la esfera "económica"? Quiere decir
varias cosas: que la producción y la distribución adoptan una forma
completamente "eco nómica", que ha dejado de estar "inmersa"
(como lo expresa Karl Polanyi) en las relaciones sociales extraeco-
nóm icas, 11 e n un sistema en el que la produ cción por lo general
está destinada al inter cambio; que la asignación de fuerza de tra-
bajo social y la distribución de recursos se logran a través del me-
canismo "econó mico" del intercambio de me rcan cías; que las fuer-
zas "económicas" de los mercados de mercancías y d e fuerza d e

10 !bid., p. 42.
11
K. Pola.nyi, Tite ¡;real tra11.sjonnatio11, Boston, 1957, pp. 57, 69-71.
36 LO ECONÓMICO Y LO POLÍTICO EN EL CAP ITALISMO

trabajo adquieren vida propia; que, para citar a Marx, la propiedad


recibe su fo rma puramente económica descartando todos sus atrae•
tivos y asociacion es políticos y sociales. 12
Sobre todo, significa que la apropiación de la fuerLa de trabajo
excedente tiene lugar e n la esfera "económica" con medios "eco-
nómicos". En otras palabras, la apropiación del excedente se logra
en formas determinadas por la separación completa del productor
de las condicio nes de la fuerza d e trabajo y por la propiedad pri•
vada absoluta sobre los m edios de producción en manos del apro•
piador. La presión directa "extraeconó mica" o la coerción abierta
son, en principio, innecesarias para obligar al trabajador expropia-
do a ceder trabajo excedente. Aunque la fuerza coercitiva de la
esfera "políti ca" es necesaria en última instancia para man tener la
propiedad privada y el poder de la apropiación, la necesidad eco-
nómica prop9rcion a la compulsión inmediata que fuerza a l traba-
jador a transferir el trabajo excedente al capitalista para obtener
acceso a los m edios d e producción.
El trabajador es " libre"; no está en una relación de dependencia
o servidumbre; la transferencia de trabajo excedente y su apropia-
ción por parte d e otro n o están condicion adas por una relación
extraeconómica. La pérdida del trabajo excedente es una condi-
ción inmediata de la producció n e n sí misma. El capitalism o, en
estos aspectos, difiere de las formas precapitalistas porque estas
últimas se caracterizan por modos extraecon ómicos de extracción
d e excedente: coerción política, legal o militar, lazos tradicio nales
o deberes, etc., que exigen la transferencia del trabajo exced e nte
a un señ or o al estado por medio de servicios de tJ·abajo, renta,
impuestos, etcétera.
La diferenciación de la esfera económica en el capitalismo pue•
de r esumirse de la siguiente manera: las funciones sociales de pro·
ducción y distribución, la extracción de excedentes y la apropia-
ción, y la asignación de la fuerza de trabajo social están, por así
1 decirlo, privatizadas, y se logran por medios no autoritarios y no
políticos. En otras palabras, la asignación social de recursos y fuerza
t d e trabajo no tiene lugar, en su conjunto, por m edio de dirección
¡ política, deliberación comuna l, deber h ereditario, costumbres u
f obligaciones religiosas, sino más bien a través de los mecanismos

' 12
Marx, El capital, t. 1, vol ~-. pp. 892, 89~.
LO ECON ÓMICO Y LO POLÍTI CO EN EL CA PITALISMO 37

de intercambi o d e mercancías. Los p o d e res d e la apro piació n de


exced e ntes y la explotadón n o d escansan directamente en las re-
laci o n es d e depende ncia jurídica o poütica , sino que se basan en
una relación contf'actual entre los productores "libres" -jurfdica-
men te libres, y libres d e los m edios d e producción- y un apropia-
dor que ten ga propiedad priva da absolu ta sobre los medios d e
producció n .
Desd e luego, hablar de la difer enciación de la esfer a econó mica
e n estos sen tidos n o es su gerir que la dimensi ó n política es d e
alguna forma ajena a las relacion es capitalistas d e producción. La
esfe ra política en el capitalism o tie n e un carácter esp ecial p o rque
el p o der coercitivo que r espalda la explo tació n capitalista n o está
manejado directame nte p o r e l apro piado r y n o se basa en la su -
bordinación política o jurídica del producto r a un a m o. Pero siguen
sie ndo esencia les un poder coercitivo y una estructura d e d o mini o,
aunque la libertad y la igualdad d el inte rcambio entre capita l y
fuerza d e trabajo significa que el "m o m ento., d e coerción está se-
parad o del "momen to" d e apropiación . La propied ad privada ab-
so luta, la re lació n contraclua l que une al pro ducto r co n el apro-
piador, e l proceso d e intercambio de m e rcancías, requieren las
for mas legales, el apa rato coe rcitivo, las funci o n es d e vigilancia d e l
estadio. Histó ricamente, el estado también ha sido esencia] para e l
proceso d e expropiació n , que es la b ase d e l ca pitalism o. En to d os
esos sentidos, pese a su dife re nciación, la esfera econ ó mica d es-
cansa firme mente en la e sfera política.
Además, la esfe ra económica misma tien e una dimensió n jurí-
dica y p olítica. En un sentido, la difer enciació n d e la es fer a econó-
mica signifi ca simple m ente que la economía tie n e sus pro pias fo r-
mas jurídicas y p o líticas, cuyo pro p ósito es me rame n te "econ ó-
mico ". La pro p ieda d absoluta, las relaciones contractuales y los
apa ra los legales que lo s sostien e n son las condicio n es jutidicas d e
las re laci on es d e pro ducción capitalisla, y consti tuyen la base d e
una nueva relación d e autoridad, d o minio y som e timie n to e n tr e
apropiador y producto r.
El correlato de estas forma s privadas, económicas, jurfdico-po•
líticas, es u n a esfera p o lí tica pública separa da y especializada. La
"auto n o mía" d el estado capitalista está vincula d a inextricablem e n -
te a la libertad y la igualdad jurídica del inlercambio libre y pura-
men te e conómico ente pro ductores expro piados y apropiadores
priva d os que tienen propiedad abso luta sobre los medios d e pro-
38 LO ECONÓMICO Y LO POLfnCO EN EL CAPITALIS MO

ducció n y, por lo tanto, una nueva forma de autoridad sobre los


p roductores. Ésta es la importancia de la división de la fu erza d e
trabajo en la que los dos mome ntos de ia explotación capitalista
-apropiación y coerción- se asignan en forma separada a una clase
de apro piació n privada y una institució n coercitiva pública espe-
cializada, el estado: po r un lado, el estad o "relativam e nte a utóno-
mo" tiene un mono polio de fuerza coercitiva; por el otro, la fuerza
sostiene un poder "económico" privado que dota a la pro pie dad
capitalista con la a utoridad para o rganizar la producció n por sí
misma... una autoridad probablemente sin precedentes en su g ra do
de control sobre la actividad pro ductiva y los seres humanos que
se dedican a ella.
Los p oder es políticos directos que los propietarios capitalistas
han p erdido en favor del estado los han ganado en el control di-
recto de la producción. Mientras el poder "económico" de apr o-
piación que posee el capitalista es independie n te de los instru1nen-
tos po líticos coercitivos que e n última instan cia lo hacen p o ner en
práctica, el pod er de apropiación está integrado más es trecha y
directamente que nunca con la autoridad para organizar la pro-
ducción. La pé rdida del trabajo excedente no es tan sólo una con-
dició n inmediata de la producció n, sino que la pro piedad capita-
lista vincula, a un grado probablemente no disfrutado por ning una
clase apropiado ra a nterior, el p o der de la extracción excedente y
la capacidad de organiza r e intensificar la producció n directamente
para los fines del apropiador. Por explotadores que hayan sid o los
m o dos de producción anteriores, por eficaces que hayan sido los
medios de extr acción exceden tes al alcance de las clases explota-
doras, e n ningún otro sistema la pro ducción sociaJ ha respo ndido
1 tan pronto y de manera unive rsal a las demandas del explotador.
Asimismo, los po d eres del apropiado r n o implican la o bligació n

'
t
de llevar a cabo funci o n es sociales y públicas. En el capitalismo
existe una separació n to ta l entre la apropiación privada y las o bli-
gaciones p úblicas; y esto significa el desan·ollo de una nueva esfera
de poder dedicada por completo a propósitos privados, más que
1 socia.les. A este respecto, el capita lismo difiere de las fo rmas pre-
capitalistas en las que la fusión de los p oderes econ ó micos y polí-
ticos sig nificaba no sólo que la extracción excede nte era una trans-
acción "extraeconómica" separada del proceso d e producció n mis-
mo, sino tambié n que el po der d e apropiarse del trabaj o excedente
-ya fuese de l estado o de un señor- estaba vinculado al desempeño

l
LO ECONÓMJCO Y LO PO LITI CO EN EL CA PIT ALISMO 39

d e fun ciones militares, jurídicas y administrativas.


En un sentido, e ntonces, la difere nciació n d e lo eco nó mico y lo
po lítico e n el capitalism o es, para ser más precisos, una difere n-
ciació n d e las fun ciones políticas mismas y su asignació n sepa rada
a la esfera priva da econ ó mica y a la esfera pública d el estad o . Es La
asignación separa las funcio nes políticas que tiene n q ue ver más
inmediatam ente con la extracció n y la a pro piació n d e exced e nLes
d e aquellas co n un pro pósito comunitario más general. Esta fo r-
mulació n , que sugiere que la diferenciación d e lo e conó mico es
e n realidad una dife re nciación d e ntro de la esfera po lítica, es en
ciertos asp ecto s más adecuada para expli car el proceso único d e l
d esan ·ollo occid e ntal y la natura leza especial del capi talism o . Por
lo tan to, quizá sea útil esbozar este proceso históri co d e d ife ren-
ciación an tes d e ver más d e cerca el capitalismo.

EL PROCESO HIST Ó RICO DE LA DIFERENC IACIÓN: EL PODER


DE LAS CLASES Y EL PO DER DEL ESTADO

Si la evolución del capitalis mo se ve como un p1·oceso en el q ue la


e sfera "econó mica" se difer en cia d e la "política", una explicación
de esa evolució n implica una teoría d el estado y su d esa r ro llo. Pa ra
los fin es d e este a nálisis d e finirem os e l estad o, e n lérminos muy
a m plios, como "el com plejo d e insti tuciones po r med io d e las cua-
les el p o d e r de la sociedad se organiza sobre una base superio r a l
par en tesco"; l!I una o rganización del pod e r que significa una p1·e-
tensió n "d e supre ma impo rtancia en la apli ca ció n d e la fu erza bruta
a los problemas sociales" y consiste en "instrum en tos esp ecializa-
d os formales de coerció n" . 14 Estos instrume n tos d e coerció n pue-
d e n estar previstos o no desd e e l principio como u n m e dio p ar,1
que un sector d e la población oprima y explote al resto . En cual-
quier caso, el estad o requiere el d esempe ño d e ciertas fun cio nes
sociales comunes q ue o u·as instituciones men os a mplias - unidad es
d om ésticas, clanes, g rupos d e par en tesco, e tc.- no pu ed en llevar
a cabo.

1
~ Morton Ftied, Tlie evolulion of polilical soci11ly. Nueva York, 1968, p. 229.
14
/bid., p. 230.
40 LO ECONÓMICO Y LO POLITICO EN EL CAPITALISMO

Sea o no el obj e to esencial del estado manten er la explotación,


su d esempeño de las funciones sociales implica una división social
del trabajo y la apropiación, p o r p arte de algunos grupos sociales,
del excede nte que o tros producen . Por lo tanto, parece razonable
supo ner que, indepe ndie nte mente de c6n10 apareciero n estas "ins-
titucio n es complejas", el estado emergió como un medio de apro-
piación de l producto excedente - quizás incluso como un m edio
para intensificar la producción a fin de incrementar el excedente-
y como un modo para distribuir ese excedente e n una u o tra fo rma .
De 'h echo, puede ser que el estad o -por lo menos alguna fo rma
de po de r comunitario o público- fuese el primer medio sistemático
de apropiación del excedente y quizás incluso el primer o r ganiza-
dor sistemático de una producció n excede ntaria. ir.
Aunque esta con cepció n del estad o implica que la evolución de
una a utoridad pública especializada y coercitiva e ntraña necesaria-
m ente una divisió n entre pro ductores y apro piad ores, n o sig nifica
que la apropiación privada sea una condició n necesaria para q ue
aparezca dicha autoridad. Las dos puede n desarrollarse al mismo
tie1npo, y puede intervenir un largo proceso histó rico antes d e que
la apropi ación privada se disocie claramente del poder público.
Por lo tanto, las propuestas sobre la relación e ntre clase y estado
deben formularse con mucha cautela. Po dría ser engañoso sugerir,
como parecen hacerlo con fre cue ncia los a rgumentos marxistas,
q ue existe una secuencia de desarrollo universal en la que la clase
precede a l estad o.
Lo que quizá sí puede decirse es que, no importa cuá l fue pri-
mer o, la e xistencia de un estado siempre ha implicado la existencia
de clases, aunque este planteamie nto requie re una definición de
clase que pueda abarcar to das las divisiones e ntre pro ducto res di-
r ectos y apropiadores de su fuerza de trabajo excedente, incluso
casos e n los que e l pod er econó mico casi no se distingue del p o de r
po ütico, d o nde la pro piedad privada no se d esarro lla, y d o nde la
clase y el estado son realmente uno. u; El punto esencial es recono-
1
1
Véase Manhall Sablins, Sto,ur Age economics, Lond1·es, 1974, caps. 2 y 3, pan
l !i
algunas sugerencias ilu st rativas sobre cómo p odrla surgir una a uto1idad pública
com~ un medio para intensificar la produ cción.
1 1
" Pueden surgir problemas de una de finición de clase tan incluyente; uno de
• elJos so n sus implicaciones p ara el aná lisis de los estados tipo soviético, que han
sido analizados, al tern ativamente, corno au tónomos respecto de las clases o como
una forma panicular de la o rganización de clases.
1
1
1
1
1
LO ECONÓMICO Y LO PO LITlCO EN EL CAPITALISMO 41

cer que algunas de h s principales dive rgencias en tre los diversos


patro nes históricos tie nen que ve r con la natura leza y la secuencia
de las relacio nes entre el poder p úbli co y la apro piación privada.
Este punto es especialme n te impor tante para identificar las ca-
r acterísti cas p articulares del ca mino histó rico q ue condu ce al ca-
pita lismo, con su grad o de d iferenciació n sin precedentes entre lo
econ ómico y lo político. EJ largo proceso histórico que e n última
instancia culminó con el capitalismo podría ser visto como una
dife renciació n creciente -y desarro llada e n form a única- del po der
de la clase como algo distinto al poder del estado, un p oder de
extracción d e excedentes que no se basa directamente en el apa rato
coercitivo del estado. Sería tambié n un proceso en el que la a pro-
piació n privada se disocia cada vez más d el d esempeñ o de las fun-

cio nes comunitarias. Si hem os de comp rende r el desarrollo único
del capitalism o, e ntonces, debemos entender cómo la propie da d
y las relaciones d e clase, así com o las funcio n es de la apropiació n
y la distribución del excedente, se libe ran, por decirlo así, de las
instituciones coercitivas que con stituyen el estad o -aunque estas
institucio nes están a su servicio- , y se desarro llan de man era au-
tó no ma .
El fu ndame nto de este argumento ha de encontrarse en el a ná-
lisis que hace Marx d e las fo rmacio nes precapitalistas y de la nal'u-
raleza pa rticular del capitalismo e n los Grundrisse y El capital, es-
pecialmente en el volu men 111. En los Gn1,ndrisse Marx a naliza la
naturaleza d e l capitalismo e n contraste con las form as precapita-
listas, y com o de rivado d e e llas, en términos de la separació n gra-
dual d el p rod ucto r directo y las condiciones naturales de la fuer-
za d e trabajo. Es caracte1istico de las for mas precapitalistas e l que
los producto res pe rma nezcan relaci onad os di rectamente de una u
otra forma con las condiciones del trabaj o, p or lo menos en pose-
sió n d e los medios de producció n , si no como dueños de los mis-
mos. El caso p rincipal e n que el producto r directo es expropiad o
por comple to -eJ caso d e la esclavitud- lo de termina la relació n
típicamente directa del productor con las condicio nes naturales
de la fue rza de trabajo, ya que el esclavo es to m ado como un ac-
cesorio de la tie n .t capturada, despojad o d e sus bienes por me-
dios militares y transformado en una mera condición de p 1·oduc-
ción.
Ahí do nde ha surgid o una d ivisió n entr e los productores y lo
apropiadores, la apr o piación de l exceden te adquiere fo rmas "ex-
42 LO ECONÓMICO Y LO POLÍTICO EN EL CAPITALISMO

traeconómicas", ya se trate de la coerció n directa de l amo hacia el


esclavo o , si el trabaj ador sigue en p osesió n d e las condicio n es de
trabaj o, una relación de señorío y servidumbre en otras formas.
En uno de los principales casos precapitalistas, a l que Marx deno-
mina "asiático", e l estado mism o es el apropiador directo d e l tra-
baj o e xcedente d e productores que con servan la posesió n d e la
tie rra que trabajan . La característica esp ecial del capita lism o es q u e
la apro piación del excedente y la relación e ntre los pro ducto res
directos y los apropiador es de su trabajo excedente no adopta la
forma de un d o minio p olítico directo o una servidumbre legal; y
la a utoridad que confronta a la masa de p rodu cto res directos ap a-
rece sólo co mo la p ersonificació n d e las condicio nes d e la fue rza
de trabaj o en con t raste con la fuerza de trabajo, y no com o gober-
n antes p olíticos o teocráticos b ajo los prime ros m odos d e produc-
ción. 17
En este análisis d e las fo nnas precapitalistas y sus m odos "polí-
ticos" de extracció n d e exced e ntes, tanto en los Gru.ndrisse con10
e n El capital, es d o n de aparece en escena la d esafortuna da concep-
ció n d e Marx d e las sociedades asiáticas. Éste no es el lugar para
realiza1· un a nálisis con1pleto d e este polémico asunto. Por el m o-
m ent o, lo que imp o rta es que en su análisis d e las formas "asiáticas"
Marx considera tipos sociales e n los que el estado es el m edio
directo y d o mina nte de la apropiación d e excede ntes. En este sen-
tido, e l tipo "asiático" r e presenta el p o lo opuesto del caso capita-
lista. e n el que lo econ ó mico y lo ext raecon ó mico, el poder d e clase
y e l pod er del estad o, las r elacion es de propiedad y las re lacio n es
p o líticas, se diferencian menos:

Si no es el terrateniente privado sino, como sucede en Asia, el estado


quien los enfrenta directamente como terratenien te y a La vez como so-
berano, entonces coinciden la renta y el impuesto o, mejor dicho, no
existe entonces ningún impuesto que difiera de esta forma de la renta de
la tierra. En estas circunstancias, la relación de dependen cia, tanto en lo
político como en Jo económ ico, no necesita poseer n ingun a forma más
dura c¡ue la que le es común a cualquier condición de súbditos con res-
pecto a ese estado. El estado en este caso es el supremo terrateniente. La
soberanía es aquí la propiedad d el suelo concentrada en escala nacional.

17 Ma.rx, El capital, t. 111 , vol. 8, p, 1007.


LO ECONÓMICO Y LO POLÍT1 CO EN EL CA PITALISMO 43

Pero en cambio no existe la propiedad privada de la tierra, aunque sí la


posesión y usufructo, tanto privados como comunitarios, del suelo. 1H

Aunque nunca haya existido un representante perfecto d e este


tipo social - po r ejemplo, si nunca ha habido un estad o apropiador
y redistributivo bien d esa rro llado e n la ausencia completa de la
propi edad privada-, el concepto tiene que ser tomado e n serio. El
estado ha existido, sin duda, corno el apropiador n1ás importan te
y directo de la fuerza de trabajo exced e nte; y existe n evidencias
considerables d e que este modo d e apropiaci ó n del excedente h a
sido un patró n don1inante d e d esarrollo social, si no universal; po r
ejemplo en la Grecia d e la ed ad d e bronce, así como e n las econo-
mías "redistributivas" dominadas en gran medida por la realeza
d e l Cercano Oriente y Asia en la Antigüedad. Cualesquiera o tras
características que Marx haya au·ibuido a la forma "asiá tica", ésta,
que ha d espertado la mayor con troversia, necesita ser explo rada
po r todo lo que puede revelar sobre el proceso d e diferenciación
que nos interesa.
La implicació n del argumento de Marx es que la divisió n entre
a propiadores y productores -una división implícita en cualquier
fo rma d e estad o- pued e ad o ptar for mas diferentes, formas a las
que sólo puede aplica rse la noción d e "clase", con mucha cautela
cuando no hay un pode1· "econó mi co" claram en te diferenciad o.
Es cierto que sólo en la socied ad capitali sta el poder econó mico
de las clases está completame nte difere nciado d e los po deres ex-
traecon ómicos; y esta obra no tiene la inte nción de argun1entar
que sólo hay clases e n las formacion es sociales ca pitalistas. Pero
parece in1po rtante reconocer, por lo me nos, los extremos po la res:
el n1o d o capitalista, en e l que ha ocurrido la d iferenciación, y aquel
e n el cual -com o e n ciertos estados "redistributivos" burocráticos
d o minados desde el palaci o burocrá tico del mundo antiguo- el
estad o mismo, com o principal apro piador directo del producto
excedente, es al mismo tiempo clase y estado.
Marx a veces parece sugerir que, e n e l último caso, la dinámica
d e la historia se ha inhibido si la pro piedad y la clase n o se liberan
y se d esarrollan en forma autó noma con respecto al estado "hiper-
trofiado". Pero hablar aquí de un proceso histórico "inhibido" pue-

111
lbíd., p. 1006.
44 LO ECONÓMICO Y LO POLITICO EN EL CAPITALISMO

de ser engañoso, si implica que el curso del desarrollo que conduce


al cap ital.ismo - que Marx rastrea desde Ja antigua civilización gre-
corron1an a, pasando por el fe udalismo occide ntal, hasta llegar al
capitalismo- ha sido la regla, más que la excepción , en la historia
del mundo, y que todas las demás experiencias históricas han sido
aberracion es. Dado que el objetivo primordial de Marx es explicar
el desarrollo único del capitalismo en Occidente, y no su "im posi-
bilidad" de evoluci onar "espon táneamente" en otras partes, su pro-
yecto mismo implica que - pese a cier tos supuestos a pare ntemente
e tn oc,én tricos- para él es el logro, no la "imposibilidad ", lo que
cuenta.
En todo caso, la diná mica particular de la forma "asiática", com o
implica el argum ento de Marx, puede ser más común que el mo-
vimie nto puesto en marcha por la antigua fo rma grecorroman a.
Si el estado primi tivo era el que controlaba los recursos económ icos
y el p rincipal apropiador y distribuidor del p roducto excede nte,
el avanzado estado "asiático" puede represen·ta r un desarrollo más
o menos natural de rivado de esa forma primitiva: el p ode r públi co
redistributivo y apropiador en su etapa de desar rollo más avanzada.
Visto bajo esa luz, no es tanto la "hipertrofia" del estado "asiático"
lo que n ecesita expli cación como el desarrollo abe rrante y "autó-
nomo" de la esfera econó mi ca que a la larga dio origen a l capita-
lism o. t!t

l!lErnest Mande! ha criticado a autores como Maurice Gode(jer por ampliar eJ


significado del "modo de producción asi~tico" para incluir tanto las formaciones
sociales e n proceso de transición ele la sociedad si n clases al estado con clases y
los imperios burocráticos avanzados con estados "hiperu·ofiados" (Mande!, TIU!
formatiofl of tl,e economic t/1ought of Karl Marx, Londres, 1971, p. 124ss). Si bie.n
Mandel úene razón al adver1in1os de no velar las diferenc-ias entre, digamos, los
reinos africanos simples y los estados complejos como cl antiguo Egipto; la fonnu-
lación de Codelier tiene la finalidad de subrayar la continuiclad entre las prime ras
formas de autoiidad pública a propiativa y distribu1iva y el estado "hiperu·ofiado"
avanzado, a fi.n de subrayar que es el caso occidental, con su desa1-r0Uo "autónomo"
de la propiedad privada y la clase, el que necesita explicación. Maudcl habla con
frecu encia sobn: e l desarrollo del capitalismo como si fu era natural, 1nie111ras que
otr.1s trayectorias históricas han sido obsraculizaclas o limirncl:u.
LO ECONÓM ICO Y LO POLÍTICO EN EL CAPITALJSMO 45

FEUDALISMO Y PROPIEDAD PRIVADA

La organización capitalista de la producció n puede verse co m o e l


resultado d e un largo proceso e n e l que ciertos poderes políticos
se transformaro n gradualmente e n poderes económicos y fu er o n
tra nsfe ridos a una esfera inde pe ndi e nte .20 La o rganización de la
producció n bajo la auto ridad del capital presupone la o r ganización
d e la pro ducción y la integració n d e una fuerza de trab~jo bajo la
autoridad de form as de pro piedad privada a nteriores. El proceso
mediante el cual se consolidó esta a uto ridad de pro piedad priva da,
unie ndo el poder d e la a propiació n con la autoridad para or ganizar
la produ.cción e n manos de un apropiado r privado en su pro pio
beneficio, pued e verse como la privatizació n del poder político.
La supren1acía d e la propiedad privada absolu ta parece hab erse
establecido en gran medida por m edio de una involución política,
la asunción, p o r parte de a pro piad o res privados, de funcione s ori-
ginalmente conferidas a una au toridad pública o co munitaria.
De nuevo, la oposició n d el m od o de producció n "asiá ti co" en
un extre m o y el modo capi talista en el o tro ayuda a poner e n
pe rspectiva este proceso invo lutivo. Desde este punto de vista, e l
asunto c rucial no es la presencia o la ausencia de la propi e dad
privada de La ti erra como tal. China, por ejemplo, contaba con una
propiedad p rivada de la tierra bie n establecida desde una e tapa
muy pr imitiva, y, en todo caso, a lgu na forma de propie dad de la
tierra e ra con frecue ncia un re quisito para ocupar algún cargo e n
el estado "asiáüco", El punto importante es la relación entre la
propie dad privada y el poder político, y sus consecuencias pa ra la
organización d e la produ cción y la re lación e ntre el apro piador y
e l productor. La ca racterística únk a del desarroJlo occide n ta l e n

20
Dest aco ah ora la es pecificidad del desa1Tollo capitalista mucho más qu e cuan-
do eso·ibí es te ensayo. Aunque sigo diciendo qu e las caracte1ist icas particulares
del feudalismo o ccident al qu e sef1alo aquí fuero n una condición n ecesa.ria del ca-
pitalism o, ahora sub rayaría también su in.suficiencia. El capitalismo me parece sólo
uno de vaidos caminos ele salida del feudalismo occidental (muy apa.r te de las va-
riaciones d entro d el feudalism o), que ocurdó en p r imera instancia en lngla 1erra,
e n conLras te, por ejemplo, con las ciudades-repúblicas italia nas o d abso lutismo
fran cés. Éstos so n temas que espero a naJiz:ar e n el futuro , per o d e ntro de la polé-
mica cid con traste entre el capitalismo inglés y el absolmismo fr;incés vé,ue mi
obra Tite prisline culture of capitalism: A histurical essay 011 old regi111e and modern states,
Lond 1·es, 199 1.
46 LO ECONÓMICO Y LO POLÍTICO EN EL CAPITALISMO

este aspecto es que está m arcado po r la transferencia más completa


y lemprana del poder po ütico a la pro pied a d privada y, por lo
tanto, ta mbién el más m inucioso, generalizad o y directo som e ti-
miento d e la pro ducción a las demandas de una clase apropiadora.
Las peculiaridades del feudalismo occidental arrojaron luz sobre
todo el proceso. El feudalismo se describe con frecue ncia com o
una fragm e ntación o "compa rtime ntación " d el po der d el estado,
pero si bien esta d escripció n ciertamente identifica una caracterís-
tica esen cial, n o es todo lo específica que se requiere. Las form as
del poder del estado varían, y formas diferentes del poder del es-
tado son susceptibles d e fragmentarse de m anera distinta. El feu-
dalismo occidental se d erivó de la fragm entació n d e una forma d e
poder político muy particular. No se Lrata simplemente de una
cuestión de frag n1entació n o compartimen tación , sino tambi én de
privatización. El poder del estado cu ya fragm e ntación pro dujo e l
feudalismo occid e n tal ya había sido privatizado de manera sustan-
cial. localizado e n la propie d ad privada. La forma de administra-
ción imperial que precedió al feudalismo en O ccid en te, construida
sobre los cimie nt os de un estad o hasado ya e n la pro piedad pdvada
y e n el dominio de clase, e 1·a 1:ínica en el se ntido de que el poder
imperial n o era ej ercido tanto a través d e una jerarquía de funcio-
narios burocrá licos (como en el estad o "asiático"), sino por medio
d e lo que se ha descrito com o una confed eración de aristocracias
locales, un sistema municipal dominado por apropiadores privados
locales cuya propiedad les confería autoridad política, así como e l
p o der de a pro piarse de los excedentes .
Este m odo de administració n estaba asociado con una relación
pecuHar entre los apropiadores y los pro ductores, en especia l e n
e l imperio occidental, donde n o quedaban vestigios de una orga-
nización del estado redistributivo y burocrático. La relación e ntre
los apropiadores y los productores era, e n principio, una relación
e n tre personas, los poseedores de la pro pied ad privad a y los indi-
viduos cu ya fuerza de trabajo perteneda a los apropiado res, es los
últimos sujetos directamente a los primeros. Incluso la tributación
impuesta por el estado central estaba mediada po r el sistem a 1nu-
nicipal; y la aristocracia in1perial se d istinguía porque para acumu-
lar riqueza se apoyaba m ás en la p ropiedad privada que e n el cargo.
Si bien en la práctica el control de los terra tenientes sobre la pro-
<lucción e ra indirecto y tenue, esto representa un contraste impo r-
lan le con respecto a las primeras fo nnas burocráticas, en las que
LO ECONÓM ICO Y LO POLÍTICO EN EL CA PITALISMO 47

los productor es estaban suj etos más directamente a un estado apro-


piador que actuaba por conducto de su s funcion arios.
Con la disolución del imperio romano (y los re pe tidos fracasos
de los estados que lo sucedieron), el estado imperial realmenLe se
dividjó en fragme ntos en los cuales los poderes políticos y eco nó-
micos coincidían e n manos de individuos cuyas funci o nes p o líticas,
jurídicas y mili tares eran al mismo tiempo instrumen tos de apro-
piació n privada y de organización de la produ cció n. La d escentra-
lización del es tado imperial es tuvo acompañada por la reducción
de la esclavitud y por su remplazo con nuevas formas d e fu erz.'l d e
trabajo dependiente. Esclavos y campesinos antes inde pendie ntes
empezaro n a tender h acia condiciones de d ep endencia, en las que
la relación econ ó mica e ntre el apropiador privado individual y e l
produc tor individual era, a l mismo tiempo, una relación po lítica
entre un " fragmento" del estad o y su súbdito. En o tras palahras,
cada "fragmento" básico d el es tado era al mism o tiempo una uni-
da d p ro ductiva e n la que la producción estaba organizada bajo la
a utoridad y para el beneficio de un apropiador privado. Aunque
en comparación con el camin o que lomó e l capitalism o posterior-
m en te e l po d e r d el señor feudal d e dirigir la produ cción di staba
mucho de ser completo, se ha bía d ad o un paso impo rtante h acia
la integración de la extracción de excedenLes y la organización de
la producción.11
Que la p ropied ad d el señor feudal no fuera "absoluta" sino "con-
dicional " n o altera el h echo d e que el feuda lism o representa un
gran avance e n la autoridad d e la propiedad ptivacla. En realidad,
la naturaJeza condicional de la propiedad feudal era en cierto sen-
tido un símholo d e su fuerza, no una señal d e debilidad, toda vez
que la condició n para que el señor feudal poseyese la tierra e ra
que debía convertirse e n un fragmento d el estado, investido con
las m ismas funcio n es que le daban el poder d e la extracción d e

21
Véase el a nálisis que hace Rodney Hilton en "A Clisis of feudaJism·, PaJt a,ul
Present 80, agosto de 1978, pp. 9- 10, sobre e l contro l limitado de los seiiores feu-
dales sobr e el proceso produclivo en la práctica. Sin embargo, cabe se1iala1· que a l
subrayar la nacu ra lezi1 limitada del se1iolio feudal H ilton no compara el feudalismo
co n otras fonnaciones precapicalistas, sino, por lo menos cle manera implícita, con
el capitalismo. don de el control directo de la producción que ejerce el apropiador
es más comple to debido a la expropiación del p roductor directo y n la 11a1uralez;i
colecliva y concent rada d e la p roducción ca pitalista.
48 LO ECONÓMICO Y LO POLITICO EN EL CAPITALISMO

excedentes. La coincide ncia d e la unidad p o lítica con la unidad de


la pro piedad significó ta mbién una coincidencia a ún mayor entre
la unidad de a propiació n y la unidad de producción, de mane ra
que la producción podía o rganizarse más directamente en benefi-
cio del apropiado r privado.
La fragmentación del estado, el hech o de que las re laciones feu-
dales fuer a n al mismo tie mpo un método de gobie rno y un modo
de explo tación, significó también que muchos campesinos libres se
convirtieran . junto con sus propiedades, e n súbditos de a mos pri-
vados, y p erdieran la fuerza de trabajo excedente a cambio de pro-
tecció n personal, en una r elación de dependencia ta n to p olítica
com o económica. A medida que aumentaba el número de produc-
tores inde pendientes que se volvían dependie ntes, más pro ducción
quedaba a l alcance d e Ja explotación directa, p ersonal, y de las
relaciones de clase. La naturaleza pa rticula r de la relación explo-
ta dora e n e l feudalismo y la fragmentaci ó n del estad o también
afectaro n la configuració n del p oder de las clases, al p rovocar que
a la larga fuera más deseable -en a lgunos aspectos incluso necesa-
rio- y más posible q ue los apro piado res privados expropiara n a
los prorluctores directos.
La característica ese ncial del fe udalismo, ento nces, e ra la priva-
tiza ción del poder político, que significaba la integración creciente
de la apropiación priva da con la o rga nización autoritaria d e la
pro du cció n. Con el tiempo el desarro llo del capitalism o a pa1·ti r
del sistema feudal pe rfeccionó la privatización y la integ ració n, con
la expropiación to ta l del producto r directo y el establecimie n to d e
la pro pied ad privada absoluta. Al mismo tiempo, estos aconteci-
mie ntos tenían como condició n necesaria una nueva forma, más
fu erte, de poder público centralizado. El estado despoj ó a la clase
apropiadora de pode res y o bligaciones po líticos directos, no rela-
cionados de fo rma inmediata con la producción y la apro piació n ,
dej ándo los co n poderes de explo tación privados libres d e funcio-
n es públicas sociales.

EL CA.Pn' ALl~MO COMO LA PRIVATIZACIÓN DEL PODER POLÍTICO

Pued e parecer perverso sugerir que el capitalismo represen ta la


privatizació n última d el poder político. Esta propuesta va dfrecta-
LO ECONÓMICO Y LO POL!TlCO EN EL CAPITALISMO 49

mente en contra de la descripció n del capitalis1no singularn1ente


caracterizado por una diferenciación de lo econ ómico y lo político.
La intención de esta descripción es, así, e ntre otras cosas, contras-
tar el capitalismo con la "compartimentalización" del pode r del
estado que une el poder político privado y el p oder econó mico en
m anos del señor feudal. Después de todo, es e l capitalismo el que
está marcado n o sólo por una esfera económica especializada y
modos económicos de extracción de excedentes, sino también por
un estado central con una naturaleza pública sin precedentes.
El capitalismo es único por su capacidad de mantener la pr o-
piedad privada y e l poder de la extracción de excedentes sin q ue
el apr opiador ejer za el poder político directo e n el sentido con-
vencional. El estado - que está separado d e la econom ía aunque
interviene e n ella- puede perte necer de manera ostensible (en par-
ticular por medio del su fragio universal) a todos, productor o apro-
piadoT, sin usurpar el pod er explotador de este último. La expro-
piación del productor dii-ecto sólo hace que ciertos poder es polí-
ticos d irectos sea n n1.enos inme diatamente necesarios para la ex-
tracción de excedentes. Esto es exactamente lo que quiere decir
que el capitaljsta tiene poderes económicos, más que poderes eX:-
traecon ómicos, de explotación .
Super ar la "privatización" de l poder político puede incluso ser
una condición esencial para la transformación del proceso de tra-
bajo y de las fuerzas de producción, que es la característica distin-
tiva del capitalismo. Por ej e mplo, como dije ra Ro be rt Brenner,

Ahí donde la aplicación directa de la fuerza es la condición para la extrac-


ción de excedente por parte de la ciase gobernante, las mismas dificultades
para in crementar e l potencial productivo mejoran do las fuerzas p1·oduc-
tivas puede n alentar la e rogación del excedente con el fin de au m en Lar
precisamente la capacidad d e a plicar la fuerza. De esta m anera la clase
gobernante puede e levar su capacidad de explotar a los productores di-
rectos, o de adqu irir más med ios de p roducción (tierra, fuerza d e trabajo,
he rramientas) a través de métodos militares. En lugar de acumularse, el
excedente econó mico se d esvía a la fueri.a d e Lrabajo improductiva e n
form a siste1nática de la reproducción.22

22
Roben Brenner, "Toe o rigins of capicalism •, New Left Rroiew 104 , 1977. p. 37.
50 LO ECONÓMICO Y LO POLÍTICO EN EL CAPITALISMO

Por o tro lado, hay otro sentido en el que el poder "político"


privado es una condición esencial para la producción y, de h echo,
la forma que asu me por la "autonomía" de la esfera econ ómica. El
capitalista está sujeto, desde luego, a los imperativo$ de la acumu-
lación y la competenci a que lo obligan a expandir el plusvalor, y
el trabajador está atado al capitalista no sólo por la autoridad p er-
sonal de éste, sino por las leyes del m ercado que rigen la venta de
la fu erza de tra baj o.
Pe ro lo que las leyes "abstractas" de la acumulación capitalista
obligan al capitalista a hacer -y lo que las leyes impersonales del
me rcado laboral le pe rmiten- es precisam ente ejercer un grad o de
control sin precedente sobre la producción. "La ley de la acumu-
lación capitalista, fraud ulentame nte transmutada de esta suerte en
ley natural, no expresa en realidad sino que la naturaleza de dicha
acumulación excluye toda me ngua en el grado de explotación"; 2, y
esto significa un control firme del proceso de trabajo, incluso un
código legal inte rno, p an1 asegurar la r educción del tiempo d e
trabajo necesario y la producción del pJusvalor máximo en un pe-
riodo de trabaj o fij o. La necesidad de una "autoridad rectora",
como explica Marx, se intensifi ca en la producción capitalista tanto
por la naturaleza socializada y cooperativa de la producción -con-
dición para su alta producúvidad- co ni.o por la naturaleza a ntagó-
nica de una relación explotadora basada en la demanda de máxim.a
extracción de plusvalor.
La producción capitalista comienza en realidad, señala Marx,

allí donde el mismo capital individual emplea simultáneamente una canti-


dad de obreros relativamente grande y, en consecuencia, el proceso de
trabajo amplía su volumen y suministra productos en una escala cuantita-
livanienle mayor. El operar de un número de obreros relativamente gran-
de, al mismo tiempo, en el mismo espacio (o, si se prefiere, en el mismo
campo de trabajo), para la producción del mismo tipo de mercancías y
bajo el mando del mismo capitalista, constituye histórica y conceptual-
mente el punto de partida de la producción capitalista. 24

Una condkión fun damental de esta transformació n es el control

Marx, El capital, 1. 1, vol. 3, p. 770.


2ll
24
/bid., t. 1, vol. 2. 1994. p. 391. La producción capitalista, sin embargo, presu-
pone rtlacionl!S soetalts capitalistas. Véase infra, p. 160, n. 35.
LO ECONÓMICO Y LO POLÍTICO EN EL CAPITALISMO 51

del capital sobre el proceso de trabajo . En otras pala b ras, una forma
específi camente capitalista de producción en1pieza cuando el po-
der "político" di recto es intro ducido en el proceso d e producción
mismo, como condición básica de la producció n:

Con la cooperación de muchos asalar iados, el mando del capital se con-


vierte en el re quisito p ara la ejecución del proceso laboral mism o, en una
verdadera condición de producción . Las órdenes del capitalista en el cam-
p o de la producción se vuelven , actualmen te, Lan indispensables co1110 las
órden es del gen eral en el campo de bataUa.2 "

En las sociedades precapitalistas la producción cooperativa e ra


simple y esporádica, aunqu e a veces tenía, a d ecir de Marx, "efectos
colosales", por ejem plo, bajo el d ominio de los reyes asiáticos y
egipcios o de los teócratas etruscos. La característica esp ecia l del
capitalismo es su producción cooperativa, siste má tica y continua.
El propio Marx expresa la impo rtancia poütica de este avance en
la producción : "En la sociedad moderna, ese poder de los reyes asiáticos
y egi,pcios o de los te6cratas etruscos, etc., es conferido al capitalista, haga
éste su entrada en escena conto capitalista aislado o - caso dle las
sociedades anónimas- como capi talista combina d o. "21;
El problema aquí no es si e l con trol capi talista es más "despótico "
q ue e l crue l autoritarismo personal d el capataz de esclavos, látigo
e n mano; tampoco si la e xplotación capitalista es más opresiva que
las d emandas d e un señ o r feudall ávido de r en tas. El grad o de
control ejercido por el capi tal sobre la producción no depende
n ecesaria mente del grado d e "d es po tismo". En cierta medida, e l
control se impone, no por la au toridad personal, sino por las exi-
gen cias in1personales d e la producción de las máquinas y la inte-
gración técnica d el proceso de trabajo (au nque esto pued e ser exa-
gerado y, e n cualquier caso, la necesidad de integración técni ca es
impues ta en g ran medida por las con1pulsiones d e la acumulación
capitalista y las d emandas del apropiador).
Mientras e l capital, con su propiedad absoluta sobre los medios
de p r o ducció n, tien e a su alcance nuevas fonnas de coerción pu-
rarnente "económica" - como la facu ltad de despedir obreros o

2'1
· /bid., p. 402.
21
¡!bid., p. 406 (cursivas d e la autora).
52 LO ECONÓMICO Y LO PO ÚTTCO EN EL CAPJT ALISMO

cerrar plantas-, la natura leza d e su control sobre e l proceso de


trabajo está condicionada en parte por la falta de una fue rza coer-
citiva directa. La organización y la supervisión intrincadas y jerar-
quizadas del proceso de trabajo como medio para incre1nentar el
excedente en la producción es un sustituto d e un poder co ercitivo
de extracción de excedente. La naturaleza de la clase trabajadora
inde pendie nte es tal que las nuevas formas de o rganización y re-
sistencia de los obreros se han incorporado al proceso de produc-
ción.
En cualquier caso, e l control capitalista, en difere ntes circuns-
ta ncias, pue de ejercerse en formas que van de la o rganizació n n1ás
"d espótica" (por ejemplo el "taylorismo") a los diversos grados de
"control de los trabajadores" (aunque no deben subestimarse las
presiones contra estos últimos, inherentes a la estructura d e la
acumulación capitalista). Pero cualesquie ra que sean las formas
que adopte el contro l capitalista, pe rsisten sus condiciones esen-
ciales: e n ningún o tro sistema de producción está tan escrupulo-
samente disciplinado y organizado el trabajo, y ninguna o tra orga-
nización de producció n es tan sensible a las exigencias de ap ro-
piación.
Existen, entonces, dos puntos críticos de la orga.J?ización capi-
talista de la producción que ayudan a explicar la na turaleza p eculiar
de lo "p olítico" en la sociedad capitalista y a situar la economía en
la a rena política: primero, el grado sin preceden te e n e l que la
organización de la producción se integra con la organización de
la a propiación; segundo, el alcance y la generalidad de esa integra-
ción, el grado práctica.m ente unive rsal en e l que la producción en
la sociedad en su conjunto se somete al control del apropiad o r
capitalista. 27 El corola rio de estos acontecimientos en la produ c-

27
La esclavitud es la forma p1·ecapitalista de la explotación de clases de la cual
p odria argumentarse d e manera convincente que el explotador ejerce un conlrnl
continuo y directo sobre la producción; pero dejando a un lado muchas preguntas
en como a la n atu raleza y aJ grado de couu·ol del du eñ o de esclavos sobr e el
proceso de trabajo, algo queda cla1·0: que incluso enu·e las p ocas sociedades en las
que la esclavitud h a estado gene ralizada en el área d e la producción nunca se ha
acercado a la gen eralidad de la fuerza de t1-abajo asalai:iada de las sociedades ca-
pitalis tas avanzadas, sino qu e siempre ha estado acompaiiada -y quizá superada-
p or o u·as formas de producción. Por ejemplo, en el impe1io romano, donde la
esclavitud antigua llegó a su clímax eu los latifundio•s esclavistas, los productores
LO ECONÓMICO Y LO POLITICO EN EL CAPITALISM O 53

ción es que e l apro piado r renuncia al poder p olítico directo e n e l


sentido público convencional, y pie rde much as d e las formas tra-
dicionale s d e control pe rsonal sobre la vida de los o bre ros, fue ra
de l proceso de producción inmedi ato, de que goza ban los apro-
piado res precapitalistas . Nu evas fo rmas d e control indirecto de
clases pasan a las man os "imperson ales" del estado.
Al mismo tiempo, si el capitalismo -con su clase trab ajad or a
j urídicamente libre y sus p oderes econó micos impersonales- retira
d el control de clases d irecto muchas esfe ras de actividad p erson al
y social, la vida humana p or lo gen eral es atraída con mayor firmeza
q ue nun ca a la órbi ta del proceso d e pro ducción . Directa o indi-
r ectame n te, las dem andas y la disciplina d e la producción capita-
lista, impuestas po r las exigencias d e la apro piación , la competen-
cia y la acumulación capitalista, a traen a su esfera de influen cia -y
p or en de al d ominio del capital- una a mplia gama de activida d es,
y ejer cen un contro l sin precede ntes sobre la or ganización d el tiem-
po, d en tr,o y fue ra de l proceso de p roducción .
Estos acontecimie n tos revelaron la existencia d e una esfera eco-
n ó 1n ica difer e n cia da y de leyes eco nó micas, p e ro su importan cia
pued e ve rse oscu recida a l conte mpla rlos sólo baj o esa luz . Es
igualmente importa nte ve rlos com o una transformación de la es-
fer a pol<tica. En un sen tido, la in tegración de la producción y la
a pro piación r epresenta la "privatización " última de la política, toda
vez q ue las fun cion es a ntes asociad as con un poder p olítico coer-
citivo -centralizado o "compartimen talizado"- se ubican ahora fi r-
memente en la esfera privada, com,o funciones de una clase ap ro-
piadora privada libre d e las obliga cio nes de cumplir propósitos
sociales m ás elevad os. En otro sent ido, re presenta la expulsión de
la política de esferas en las q ue siemp re ha participado directamente.

campesinos seguían superando en número a los esclavos. Aunque los prod uctores
independientes estuvieran sujetos a va rias fonuas de txtracción de excedentes, grnn•
des segmentos de la prod1tcción pen nanedan fu era del alcance del conu·ol dfrecto
de una clase explotado ra. También puede argumentane q ue esto no fue accidental;
que la naturaleza de la producción esclavista hacía imposible su geueralizadón;
q ue un imp ortan te obstáculo a su expansió11J futura era su dependencia de la c oer-
ción d irecta y del po der militar, y que, poi· el con u·ario, la natura leza unive.-sal
única de la produ cción capitalista y su capa cidad para su bordinar prácticamente
coda la producc.ió n a las demandas de la explo tación está inseparablem ente ligada
a la diferend ac.ió n de lo econó mico y l.o político.
54 LO ECONÓMICO Y LO PO LITJCO EN EL CAPITALISMO

La coerción-política directa queda excluida del proceso de ex-


tracción de excedente y se traslada a un estado que generalmente
inte rviene sólo de manera indirecta en las relacio nes de produc-
ció n , y la extracción de excedentes deja de ser un asunto inmedia-
tamente p o lítico. Esto significa que el objetivo de la lucha de clases
necesariamente cambia. Como siempre, la disposición de la fuerza
de trabajo excedente sigue siendo el tema central del conflicto de
clases; pe ro aho ra ya no se distingue de la o rganización de la pro-
ducció n . La lucha por la apropiació n aparece, no como una lucha
política, sino como una batalla por los términos y condiciones d el
trabajo.

LA LOCALIZACIÓN DE LA LUCHA DE C LASES

A lo largo d e gran parte de la historia, los asuntos cenu·ales rela-


cionados con la lucha de clases han sido la extracción y la apropia-
ció n de excedentes, no la producción. El capitalismo es único po r
su concentración en la lucha de clases "en e l punto de producción "
porque sólo en e l capitalismo coinciden de manera tan completa
la organización de la producción y d e la a propiación. Tambié n es
único por su transformación de las luchas por la apropiación e n
disputas a parentemente no políticas. Por ejemplo, mientras la lu-
cha salarial en e l capitalism o pue de pe rcibirse como merame nte
"econ ó mica" ("economicismo"), no sucede así con la lucha por
rentas librada por los campesinos medievales, aunque el asunto
central e n ambos casos es la e najenación d e la fuerza de trabajo y
su distribución relativa entre los productores directos y los apro-
piadores explotado res. Sin importar cuán voraz pudiera ser la lu-
ch a por los salarios, la relación salarial en sí misma, según Marx,
pe rma nece intacta: la base de los po de res de extracción del apro-
piado r -la condición d e su propiedad y la carencia de propiedad
del obrero- no está en peligro inminente. Las luchas por las rentas,
d o ndequiera que la apropiación descanse en los poderes "extra-
económicos", tienden a implicar derechos de propiedad, poderes
y jurisdicciones de o rden político.
El conflicto de clases en e l capitalismo tiende a encapsularse en
la unida d de producción individual, y esto le confiere a la lucha
de clases una naturaleza especial. Cada fábrica, unidad altame nte
LO ECONÓMICO Y LO PO ÚTICO EN EL CAPITALISMO 55

o rganizad a e integrada con su propia jer arquía y estructura de


au to ridad , contie n e en sí mi sm a las p rincipa les causas d el conflicto
d e clases. AJ mismo tiempo la lucha d e clases en tra directame n te
e n la o rganización de la produ cción, es d ecir, la administració n de
relacion es d e produ cció n a ntagónicas es inseparable de la admi-
nistración d e l p roceso de pro ducció n misn10. Aunqu e el conílicto
d e clases sigu e siendo una p arte in tegral d e l p roceso de p rodu c-
ción, al que n o debe perturbar, la luch a d e clases d eb e domesticarse.
El conflicto d e clases po1· lo gen eral se convierte e n una g u e rra
d eclarada sólo cuando se exteri o riza, en particular p o rque el brazo
coercitivo del capital está fu era de los límites de la unidad p roduc-
tiva. Esto significa que cuando surgen confro n tacion es violen tas
p or lo gen eral no son dí rectan1e nte e ntre el capital y la n1ano de
obra. No es e l capital en sí, sino el estado, el que se h ace cargo del
conflicto de clases cu a ndo in termite ntem ente rebasa los muros y
adopta una forma m ás vio lenta. El p od er d el ca pi tal generalm e n te
permanece en segundo pla n o; y cuando el dom in io de clases se
hace sentir como una fue rza coercitiva dj1·ecta y p erson al, surge
b ajo la ap ariencia d e un estado "aul'ó n o m o" y "n e u traJ".
La transformación de los confli ctos p o líti cos en econ6 n1i cos y
la ubicación de las luchas en el p unto d e p rodu cción también tien-
den a hacer que la lucha d e clases en el ca pitalism o sea local y
particularista. En este asp ecto, la or ganizació n m ism a d e la pro duc-
ción capitalista se resiste a la unidad de la clase obrer.1 que supues-
tamente debe ser ale n tada p or e l cap italismo. Po r un lado, la n a-
turaleza d e la econ o m ía capitalista - su naturaleza n acion al, i11cluso
supranacional , la interdepende ncia d e sus com ponentes, la h o m o-
gen eizació n d e las labores pro ducidas por el proceso de Lrabajo
capitalista- h acen qu e sea n ecesaria y p osible una concie n cia de
clase o bre ra y una o rganización de clases en gran escala. ÉsLe es
e l asp ecto d e los efectos del capita lism o e n la conciencia d e clase
que con tanta frecu e n cia h a subrayado la teo ría marxista. P o r otr o
lado, el desarrollo d e esta concie n cia y esta or ganizació n d eben
tener lugar e n con tra de la fuerza centrífuga d e la prod ucción
capitalista y su privatizació n d e lo s asu ntos políticos.
Las con secu encias de este e fecto cen trífugo, aunque no muy
bi en explicadas por las teor ías d e la con cie n cia d e clase, han sido
obj eto d e comentarios de o bservadores d e las relaciones industria-
les, que han a preciado la imp ortancia creciente, m ás que d ecre-
ciente, de las luchas "n acion ales" en el capitalism o conte mporá neo.
56 LO ECONÓMICO Y LO POLÍTICO EN EL CAPITALISMO

Mientras que la concentración d e las luchas d e la clase obrera e n


el frente nacio n al puede m enguar la naturaleza política y universal
de a quéllas, esto n o necesariame nte implica una disminución en
la militancia. El efecto paradójico de la diferenciación que estable-
ce el capitalismo entre lo económico y lo p olítico es que la mili-
tancia y la concienoia p o lítica se han convertido en asuntos inde-
pendientes.
Vale la pena considerar, en cambio, que las revoluciones m o-
dernas han tendido a ocurrir donde el modo de producción capi-
talista está m enos desarrollado; d ond e ha coexistido con formas
de producción más antiguas, sobre todo la campesina; donde la
compulsión "extraeconómica" ha representado un papel más im-
portante en la organización d e la pro ducció n y la extracción d e la
fuerza de trabajo excedente; y donde el estado ha actuado n o sólo
como un apoyo p a ra las clases a propiadoras, sino como un apro-
pia dor precapitalista por derecho propio; en pocas palabras, d onde
la lucha económica ha sido inseparable del conflicto político y e l
estado, como un en emigo universal de las clases y más visiblen1ente
centralizado, h a servido como centro de la lucha de clases. Aun en
socied ades capitalistas más desarrolladas, la militancia de m asas
suele surgir en respuesta a la compulsión "extraecon ó mica", e n
particular en la fo rma de una acción opresiva p o r parte del estado,
y también varía en pro porción a la participación del estado en
conflictos en to rno a los términos y condiciones d e trabajo.
Estas consideraciones vue lven a plantear pregun1.as sobre en qué
sentido es adecuado ver el "econ o micismo" de la clase trabajado ra,
en sociedades capitalistas avanzadas, como reflejo d e un estado de
con ciencia de clase en desarrollo, según lo h acen much os socialis-
tas. Visto desde la p ersp ectiva d el proceso histórico, puede decirse
que representa una etapa d e desarrollo más avanzada, no m enos.
Si se ha de superar esta etapa, es importante recon ocer q u e el
lla ma do "econ omicismo" de las actitudes d e la clase trabajadora
n o refleja tanto una falta de conciencia política como un cambio
o bjetivo en la ubicación de la po lítica, un cambio en la arena y los
objetos de la lucha política inherente a la estructura misma de la
producción capitalista.
Éstas son algunas de las formas en que la producción capitalista
tiende a transformar las luchas "políticas" en "econ ómicas". Es ver-
dad que en el capitalismo contemporáneo h ay algunas tendencias
que pueden intervenir para contrarrestar estas otras. La integra-
56 LO ECONÓMICO Y LO POLÍTICO EN EL CAPITALISMO

Mientras que la concentración d e las luchas d e la clase obrera e n


el frente nacio n al puede m enguar la naturaleza política y universal
de a quéllas, esto n o necesariame nte implica una disminución en
la militancia. El efecto paradójico de la diferenciación que estable-
ce el capitalismo entre lo económico y lo p olítico es que la mili-
tancia y la concienoia p o lítica se han convertido en asuntos inde-
pendientes.
Vale la pena considerar, en cambio, que las revoluciones m o-
dernas han tendido a ocurrir donde el modo de producción capi-
talista está m enos desarrollado; d ond e ha coexistido con formas
de producción más antiguas, sobre todo la campesina; donde la
compulsión "extraeconómica" ha representado un papel más im-
portante en la organización d e la pro ducció n y la extracción d e la
fuerza de trabajo excedente; y donde el estado ha actuado n o sólo
como un apoyo p a ra las clases a propiadoras, sino como un apro-
pia dor precapitalista por derecho propio; en pocas palabras, d onde
la lucha económica ha sido inseparable del conflicto político y e l
estado, como un en emigo universal de las clases y más visiblen1ente
centralizado, h a servido como centro de la lucha de clases. Aun en
socied ades capitalistas más desarrolladas, la militancia de m asas
suele surgir en respuesta a la compulsión "extraecon ó mica", e n
particular en la fo rma de una acción opresiva p o r parte del estado,
y también varía en pro porción a la participación del estado en
conflictos en to rno a los términos y condiciones d e trabajo.
Estas consideraciones vue lven a plantear pregun1.as sobre en qué
sentido es adecuado ver el "econ o micismo" de la clase trabajado ra,
en sociedades capitalistas avanzadas, como reflejo d e un estado de
con ciencia de clase en desarrollo, según lo h acen much os socialis-
tas. Visto desde la p ersp ectiva d el proceso histórico, puede decirse
que representa una etapa d e desarrollo más avanzada, no m enos.
Si se ha de superar esta etapa, es importante recon ocer q u e el
lla ma do "econ omicismo" de las actitudes d e la clase trabajadora
n o refleja tanto una falta de conciencia política como un cambio
o bjetivo en la ubicación de la po lítica, un cambio en la arena y los
objetos de la lucha política inherente a la estructura misma de la
producción capitalista.
Éstas son algunas de las formas en que la producción capitalista
tiende a transformar las luchas "políticas" en "econ ómicas". Es ver-
dad que en el capitalismo contemporáneo h ay algunas tendencias
que pueden intervenir para contrarrestar estas otras. La integra-
LO ECONÓMICO Y LO POLÍTICO EN EL CAPITAL ISMO 57

ción nacional e internacional d e la economía capitalista avanzada


traslada cada vez con mayor frecuencia los p roblemas d e la acu-
mulació n capitalista d e la empresa individual a la esfe ra "macro-
económica". Es posible que los p o deres d e apro piación del capital
que el estad o ha dejado intactos, es más que están reproducidos y
fortalecidos, se subviertan por la n ecesidad creciente que el capital
tiene d e l estado; no sólo para facili tar la planeació n capitalista,
asumir riesgos o ma nejar y contener conflictos d e clases, sino tam-
bién para llevar a cabo las funci o nes sociales abandonadas p or la
clase apropiadora y contrarrestar su s efectos antisociales. Al mismo
tiempo, si el capital en su crisis creciente d emanda, y obtiene, la
complicida d del estado p ara sus propósitos antisociales, ese estado
puede llegar a ser el objetivo primo rdial d e la resistencia e n países
capitalistas avanzados, com o h a su cedido e n toda revolución mo-
d ern a exitosa. La consecu encia pue de ser superar el particulari smo
y el "economiéismo" impuestos en la lucha d e clases por el sistema
de producción capitalista, con su diferenciación d e lo económico
y lo político.
En to do caso, la lecció n estratégica d e la transferencia de los
asuntos "p o líticos" a la "econ omía'' n o es que las luch as de clases
d e be n concentrarse principalmente en la esfera econ ó mica o "en
el punto de pro ducción ". La divisió n d e las fun cion es "políticas"
e ntre clase y estado tampoco significa que en el capitalism o el
poder está tan disperso en la sociedad civil que el estado deja de
tener un papel específico y privilegiado com o sede de poder y.
blanco de la acción política; tampoco que todo es el "estad o". De
hecho es todo lo contrario. La división de la fu erza d e trabajo e ntre
la clase y el estado no significa que el poder esté dispe rso, sino,
p o r el contrario, que el estad o, que representa e l "m o m ento" coer-
citivo del dominio d e la clase cap i talista, e n carnado en el mono-
polio m ás especializad o, excluyente y centralizado de la fu e rza so-
cial, es e n últim a instan cia el punto d ecisivo d e con centración para
to do e l poder en la socied a d .
Las luch as e n el punto de pro ducció n, enton ces, incluso en sus
aspectos econ ó micos com o luch as p or los té rminos d e la venta d e
m a no d e obra o p o r las condicio nes d e trabajo, siguen siendo in-
completas en la m e dida en que n o se h agan extensivas a la sed e
d el pode r, d o nde d escansa, e n última instancia, la pro piedad ca-
pitalista, con su control de la pro ducción y la a pro piación. Al mis-
mo tiempo, las batallas puramente "p olíticas" por el p o der de go-
58 LO ECONÓMICO Y LO POLfTICO EN EL CAPITALISMO

bemar y regir, pe rmanecern n inconclusas hasta que impliquen no


sólo las instituciones del estado, sino también los poderes políticos
que se han privatizado y transferido a la esfera económica. En este
sentido, la pro pia diferen ciació n de lo económico y lo p olítico en
el capitalismo - la divisió n simbió tica d e la fuerza de trabajo entre
las clase y el estado- es precisame nte lo que hace esencial la unidad
de las luchas económicas y políticas, y lo que debe hacer que el
socialis mo y la democracia sean sinó nimos.
6
rr
,t
EL TRABAJO Y LA DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA

Los griegos no \nventaron la esclavitud, pero en cierto sentido


inventaron la mano de obra libre. Aunque la esclavitud cr,e ció e n ..••
p roporciones sin precedentes en la Grecia clásica y sobre codo en I'.
.At.enas,.en e l mundo antiguo no había nada novedoso en e l trabajo
obligatorio o en la r elación entre el amo y e l esclavo. Pero el tra-
bajador libre que disfrutaba el estatus de ciudadana en una socie-
dad estratificada, específicamente el ciudadano campesino, con la
libertad jurídica/política que esto implicaba y la }ibeicación de di-
versas formas de explotación mediante la coerción directa por par-
te de los terratenientes o los estados, fue sin duda una formación
distintiva y que señ.alaba una re lación única entre las clases apro-
pi adoras y las pxoductoras.
Esta formación única está en el núcleo de muchas otras carac-
terísticas de la polis griega, y específicamente de la democracia
ateniense. Sería ditlcil encontrar un acontecimiento político o cul-
tural en Atenas que no estuviese afectado de alguna form a por
ella, desde los conflictos entre los demócratas y los o ligarcas en las
negociaciones de la política d emocrática hasta los clásicos de filo-
sofía griega. Por lo tanto, las tradiciones políticas y culturales gue
han llegado a nosotros desde la Antigüedad clásica es tán imbuidas
del espíritu del ciudadano trabajador, junto con el espfri tu anLide-
mocrático que inspiró y que se encuentra en los escritos de los
grandes filósofos. El estatus del trabajo e n el mundo occidental
moderno, tanto en la teoTía como en la prácti ca , no se puede ex-
plicar por co mpleto sin remontar su historia a la Antigüedad gre•
corromana, al orden característico de las relaciones entre las cla-
ses apropiadoras y las productoras de la ciudad-estado griega y
romana.
Al mismo tiempo, si el estatu s social y cultural del trabajo e n el
Occidente moderno puede rastrear sus antecedentes hasta la An-
tigüedad clásica, también tenemos mucho que aprender d e la rup-
tura radical que, en este aspecto, distinguiría al capitalismo mo-
(211]
212 E.l. TRABAJO Y LA 0E.MOC RAClA ANTIGUA Y MODERNA EL TRA_BAJO Y LA DEMOCRAClA ANTIGUA Y MODERNA 213
derno de la democracia ateniense. Esto no sólo se apli ca en e l Atenas, en particular. Muchos podrían afirmar inclu so que,.en una
sentido obvio de que la esclavitud se ha desplazado después de un forma u otra, la esclavitud es la caracter{stica esencial, y describir a
papel ren ovado· y prominente e n el surgimiento del capitalismo la Atenas clásica como una ''economía esclavista", una "sociedad
moderno, s ino también en el sentido de que la fuerza de trabajo esclavista" o un ejemplo del "modo de producción esclavista". Sin
libre, aunque se convierte en la forma dominante, ha perdido mu- embarg·o, no h ay acuerdos :obre lo q ue signifi ca exact,a mente ca-
c ho del estatus político y cultural d e que disfrutó en 1a democracia ractedzar a la sociedad ateniense en esta forma o lo que dicha
griega. caracterizaci6n se propone explicar.
Este argume nto va en contra tanto de lo que se piensa habitual- Esas descripciones no ten drían mayor problema si supiéramos
mente como de la opinión de los e ruditos. No sólo hay a lgo pro- que la m ayor parte de la producción en G r ecia era realizada por
fundamente antiintuitivo acerca de la propuesta de que la evolu- esclavos y que la división entre las clases productoras y apropiado-
ción desde las antiguas sociedades esclavistas hasta el capitalismo ras con-espondía de manera más o menos transparente a la división
moderno ha estado marcada por una decadencia del estatus de la entre una comunidad de hombres libres definida jurídicamente,
mano de o bra; también está el hecho de que 'ta fuerza de trabajo _ sobre todo ciudadanos, y una clase trabajadora de esclavos some-
libre nunca ha recibido la importancia his tórica que típicamente tidos. Pero ya que ahora se acepta que la producción a 1lo largo d e
se atri buye a la esclavitud en el mundo antiguo. Cuando los histo- la historia griega y romana provenía por lo menos tanto del trab ajo
riadores de la Antigüedad clásica se concentran exclusivamente en libre como del esclavo, el papel de la esclavitud como clave de la
la cuestión del trabajo y sus efectos culturales, gen eralmente des- historia antigua se ha vuelto una cuestión más espinosa. 1
tacan el lugar de la esclavitud. Con frecuencia se dice que la escla- Atenas, el caso cuya evidencia es más importante, presenta. pro-
vitud fue r esponsable deJ es tancamiento tecnológico en la Grecia blemas especialmente difíciles. La polis griega es la que m~jor se
y la Roma antiguas. Según este argum ento, la asociación del trabajo ajusta a la descripción ele una "sociedad esclavista" y, al mismo
con la esclavitud produjo un menosprecio general hacia el trabajo tiempo, la jJolis más detnocrát:ica, en la que la mayor parte d e los
en la antigua cultura griega. En el corto plazo la esclavitud favoreció ciudadanos eran personas que trabajaban para vivir. En este sen-
la estabilidad de la polis democrática al vincular a los ciudadanos
ricos con los pobres, en tanto que a largo plazo ocasionó la d eca-
1
dencia del Imperio romano, ya fuera por su presencia (como un Por ejemplo, M.l. Fin.ley describe a G 1·ecia y a Roma como "sociedac.!es escla-
obstáculo al desarrollo de las fuerzas productivas) o por su a u sencia vistas", no porque p 1·edominara la esclavitud sobre la mano <le olna libre, sino
porque estas sociedades se caracterizaban por "un sistema institucionalizado <le
(cuando una redu cción en el suministro de esclavos impuso límites empleo en grau escala ele mano ele ob1·a esdavizada tanto en el campo co1no en
into lerables al estado imperial romano). Y así sucesiva mente. Por las ciudades" (Ancient slavery and modem id.eology, Lo.ndres, 1980, p. 67). G.E.M. de
lo gen eral, tales efectos d e terminativos no se atribuyen a la mano Ste C1·oix afirma que, aunque "no sería técnica·mente conecto describir· al rnunclo
de obra libre . A partir de aquí haré un inte nto d e modificar esta griegó (y r omano) com o 'una cco110111fa asela.vista'" p o rqu e "la pro<l11cción combi-
nada de c:ampcsi11os -y artesan o~ libres debe de haber excedido la d e ! 05 prnduc lore s
visión y de considerar lo que una percepción diferente del trabajo agrkolas e industriales no libres casi por doquie1· y todo el tiempo", sin embargo
·en la Antigüedad nos puede decir acerca de su e quivalente en el esta designación sigue siendo adecuada porque, según .~ostiene, la esclavitud era
capital ismo moderno. el modo dominante de extrncción o explotación excedente (T'he r.lass strugglc in tha
' Ancient Greeh world, L ond res, 1981, p. VI~). Pen-y AndersoJ1, en Pa,uages Jrom An•
tiquity tofeudalism, Londres, 1974, elige mantener el concepto marxista ele ':modo
de producción esclavista", pero, una vez más, 1io por el liecho .ele que la ma110 de
obrn ele esclavos predominara e n la p1·oducción griega o ,·o.mana, s ino porqu e
LA DIALÉ.TICA DE LA LIBERTAD Y LA ESCLAVITUD ·al'l'oja su sombra id-cológ íc,1. sobre otras fo rmas de p1·oducción. Véase tambié n
Yvon Gadand, Slar1e1y in Atr.i:ient. Greece, lthaca y Lond1·es, 1988 (edición con-egida
y aumehtada de Les escla11es en G1·eca, 1982), especialmente la condusi6n, p¡tra con-
Pocos historiadores dudarían en identificar la esclavitud como una ceptos coJno "modo de p1·oducción e sclavista" tal com o se aplícai·on e n la antig,.w
característica esencial del orden social en la antigua G r ecia y en Grecia.
214 EL TRABAJO Y LA DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA E.L T RABAJO Y'l..A DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA 215

tido, el _trabajo libre era la columna ve rte bral d e ,la democracia d e Atenas, h abía sido un esclavo de este tipo), los maestr os y lo
atenie n se. N i siquiera podría decirse que en esa sociedad, todavía más p a r e cido qu e h abía a los fun cion arios civiles; d esd e las condi~
esencialmente agraria, la producción agrícola estuvie r a a cargo so- dones más s e rviles h asta las relativamente indepe ndientes y pdvi-
br e todo d e l trabaj o esclavo . E l grado d e esclavÚud agrícola sigue legiadas. P e ro sólo con ocemos con cierto grad o d e cer teza dos
siendo un tema d i;! con troversia, 2 pero h ay pocas dudas d e que }os á reas más o menos monopolizadas p o r la mano de obra esclava: e l
pequeños pro pie ta rios que explotaban su propia t'ie n;a cons tituían ser vicio doméstico y las minas de plata (aunque existían algunos
la esen cia d e la p roducción agrícola. En las g r a ndes propie dades p e queños arr e ndatarios que pudieron h aber trabaj ado minas de
sin duda a lguna h abía una cantidad p ermanen te, a unque no muy su propiedad). Sin duda las minas e r á n d e fundame ntal importan-
. g r a nde, d e labradores esclavos; p ero en ge n eral las p ropie d ades cia para la econ omía d e Atenas; y una poUs en la que h ombres y
agrícolas eran generalme nte modestas e incluso los terra te nientes mujere s libres, e n lugar d e los esclavos, hubie ra n sido emp leados
acaudala dos p or lo r e gular te nían varias posesio n es p e queñas, en como sirvientes en los h ogares d e sus comp atrio tas acaudalados
lugar d e exten siones gran des d e tie rra. A unque se sabe poco acer ca hubiese sido un Jugar muy diferente que la Atenas d emocrática.
de có mo se trabajaban esas p osesiones peque ñas, encargarlas a Sin e mbargo, la importancia del trabajo libre e n la base m a te ria l
a rre ndatarios o m edieros pudo haber sido un m e di o más práctico - de la soci e d a d ateniense e xige, como mínimo, una d e finición ma-
· que el empleo d e esclavos. En cualquier caso, no exis tían las plan- tizada de "sociedad esclavista" .·11
taciones esclavistas, pro pie dades en o rmes la bradas por c uadrillas El pro p ósito no es r ~star importancia a la esclavitúd e n la socie-
de esclavos que vivían e n b a rracas, co mo en los latifundios roma- dad a teniense; estaba más extendida en Grecia -sobr.e to d o en
nos. Se empleaban ocasio na lmen te j orn aleros p ara las cosechas, y Aten as- y e n Roma que en cualquiey otra parte d e l mundo antiguo
probab lemente éstos estaban dispon ,bles todo el año: ciudadanos y, de h ech o, con muy pocas excerlciones, que en cu a lqui er otra
sin tierras o pel1ue ños propie ta rios cuyas parcelas (o !'e nterías) socie d ad e n cu a lquie r m o m ento de la h istoria. 4 Los cálculos d e l
eran insuficientes para sos tener a su fam ilia. Hay much as cosas número de es clavos de la Atenas clásica h an variado e n ormem en te
q u e no sab emos, y tal vez nunca las sab rem os, acerca d e la cainpiña entre los exp ertos modernos; por ejemplo, para final es d e l siglo
ática de la Antigüedad clásica, p ero una cosa es cierta.: el agricultor IV a.c. van desde 20 mil, fre n te a una población libre d e 124 mil,
fue su figura más caracterís tica. h asta 106 mil esclavos en una población d e 154 mil mie mbros libres
Los esclavos eran más importante$ para la economía urbana, (112 mil ciuda d anos con familia y 42 m il esclavos).'' U n a cifra más
a unque había pocas factorías grandes que emp le aran a muchos
esclavos. El ciudadano artesano podía n o ser una figura tan pro-
11
m ine n te como el ciudadano carripesino, pero ciertam e nte n o era Dicha d efi nición tendrfa q ue comen zar, al igual que la defensa qu e S te Croix
e clipsad o por los es clavos. La esclavitud aparecía e n virtua lmente hace de la "economía esclavista", con la p r opu esta de qu e el cri teri o ese ncial no
es la forma d ominan te de p rod u cció n, si.no la forma piincipal de obc.en ción del
todos los rin cones de la vida ateni e n se, desd e el trabajo m ás hu-
p lusva lo r . el modo de e xplotación qu e c:reó la riqu eza de la clase domi n a nte. Sin
milde has ta e l m ás calificado, desde los esclavos d e las minas de e m bargo, aún qu e dan p1·egu ntas acerca d e la medida en que la riqueza en, e n
L aurión h as ta los a rqueros escitas que fungieron como u n tipo de realidad producida pm· esclavos, en co mpa ración, por ejemp lo, con los propietarios
fuerza policial; d esde los s i1·vie n tes doméslicos hasta los agentes libres.
4
Aunque ha h abido esclavos e n mu chas sociedades, a Jo largo de la histo1·ia
de negocios (el ba nquero Pasion, uno d e los h ombres más ricos
hay solo cinco caso s r egistrado s de "sociedad es esclavistas" en el sencido de Finley:
e n la A te n as clásica, la l rnlia roman a, las islas de las Indias Occidencales, Brasil )'
el su1· de Estados Unidos (Finley, Ancient sltwery, p. 9 , y Keich H o p kins, Con.r¡wwors
~
and s laveJ·, Ca'mbridge, 19 78, pp. 99-100).
- Trato d tema d e la esclavitud agrícola co n .mayo r d etalle en mi ob1-a Pecisant- r, La c ifra inferio1· proviene d e A .H .M.Jones, Athenian democmcy, Oxfonl, 1957,
citizen and J-tave: Tite J'o-undations of Atl1e1iian democmcy, L ond1·es, 1988, cap . 2 y pp. 76•79; la cifra supel'ior proviene d el anícu lo sobre " Población (gri ega)" del
apén d ice l. La cuestión d e la tenen cia de la tien-a se abo rda también e n ese ca pítulo; Oxford classical d.ictionary, basado, con a lg unas modificaciones, en la obr a clásica
e n el apé nd ice 11 se con sidernn las pocas y ambiguas evidencias. de A.W. Comme, The pof.ntlation of Athens, Oxford, 1933.
216 EL TRABAJO Y LA DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA EL TRABAJO Y LA DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA 217

común ahor a oscila entre los 60 mil y los 80 mil como máximo en Pero esta dialéctic a d e libf rtad y esclavitud, que conc;ede una im-
los periodos más altos; pero sigue s iendo un numero muy impor- portancia central a la fue rza d e trabajo libre para la producción
tante que abarca e ntre el 20 y el 30 por ciento de la población material, sugiere algo diferente d e la simple propuesta d e que la
total. Y aun si los esclavos n o·dominaban la producción importante, democracia ateniense se apoyaba..,. e n la base material d e la esclavi-
casi con seguridad dominaban las grandes empresas, e l sector agrí- tud. Y si reconocemos que la libertad del trabajo libre era una
cola e " industrial" (por escasos que éstos fuesen)Y La esclavitud caracte rística esencial com o la obligatoriedad del tra baj o esclavo,
en se mejante escala sigue siendo una característica esencial para y tal vez más distintiva de la sociedad at~niense, estamos obligados
la definición de la Antigüedad grecorromana y justifica la designa- a considerar las formas en que ese rasgo explica muchas otras cosas
ción de "sociedad esclavista". Pero ninguna descripción mírúma- distintivas de la vida económ.ica, social, política y cultural de la
men te de la historia antigua, sobre todo de la Atenas democrática, democracia.
que no conceda a l trabajo Ubre por lo menos la misma importancia Conceder a l ciudadano t.-abajador e l lugar que le corresponde
como factor explicativo. no es menos importante para comprender la esclavitud que e l r e-
La ve rdad es que, aunque en l.a mayor parte de los lugares y la conocimiento del trab~jo libre. Ni la una ni el otro se pue d en com-
mayor parte del tiempo dive rsas formas de trabajo forzado han prender por entero a l margen del n exo que los une . Tanto en
sido una característica común, el estatus de que gozó el trabajo Grecia como en Roma siempre hubo una.relación direc ta e ntre el
libre de la Atenas d e mocrática no tiene ningún precedente y no alcance de la esclavitud y la libertad d e los campesinos., La Atenas
1
ha sido igu alado desde entonces. El ciudadano camp esino de la democrática tenía esclavos, Esparta tenía ilotas. La Tesalia y, la Cre-
1,
Antigüedad clásica .representa una forma social única que, en gra- ta oligárquicas tenían lo que podrían denominarse siervos. Fuera
dos variables, es una característica d e la sociedad tanto griega como de lá Italia romana (y aun aquí la m ayorí~ d e la población fuera
romana, pero que en ning_ú n lugar se desarrolló tanto como en la de la ciudad de Roma probablemente seguía siendo campesina
democracia ateniense. La claridad de la esclavitud como categoría cuando la esclavitud llegó a. su punto culminante), dive r sas formas
d e mano de obra fo r zada, diferente de ot1·as como el trabajo for- de ten.en.da -y 1nedi e ría prevalecieron s iempre sobr e la esclavitud.
zoso por _d eudas o la servidumbre, se destaca precisame nte debido En África del norte y en el Imperio oriental la esclavitud nunca
a que la libertad del campesino ha borrado todo el espectro de la fue importante en la agricullura. Tanto e n los reinos helenís ticos
dependencia que ha caracterizado la vida productiva de la mayoría como e n e l Imperio romano la esclavitud sie mpr_e fu e menos im-
d e las sociedades durante gran parte de la his toria .registrada. No portante en las regiones tradicionalmente dominadas por algún
es tanto que la e xistencia d e la esclavitud definiera marcadamente tipo de estad o monár quico o tributario, donde los campesinos ca-
la libertad del ciudadano, sino que, por el contrar io, la libertad del recían del estatus cívico d e que gozaba n en la ¡,olis.
c iuda dano trabajador, ta nto en la teoría como en la práctica, defi- · Así como el crecimiento excepdorial de Ja esclavitud en A tenas
nió e l cautiverio de los esclavos. fue consecuencia de la libera ción del campes inado ateniense, la
La liberación de los campesinos de Ática de las formas tradicio- crisis de la esclavitud en el Imperio .romano fue acompañada por
n ales de d e pe ndencia estimuló el crecimiento de la esclavitud al. la Heciente dependencia de los campesinos .. Este ensayo no pre-
cancelar otras formas de trabajo forzado. En este sentido, en Ate- tende llegar a determinar cuál es la causa y cuál e l efecto; p ero, de
nas la democracia y la esclavitud estaban unidas inextricablemente. una forma u otra, la clave para la transición de la esclavitud a la
servidumbre estaba tan relacionada con el est.atus de los campesi-
nos como con la condidón de los esclavos; ya sea que las clases
·propietarias necesitaban d e primir la condició n d e los pobres libres,
¡; En esto p e n sal,a Finlcy· cuando d esc.-ibió Grecia y Roma como sociedades
esclavistas: no es que los esclavos p1·edom.inaran en la economía en su totalidad, porque el suministro de esclavos había disminuido y la esclavitud
sino que constituían la fuerza de ti·abajo ¡,ermancnlc "en todo establecimie nto mayo1· h abía dejado de ser tan productiva como lo fue ra alguna vez o
que la unidad familar" gdegos o romanos (Ancienl alavery, p. 81). bien, cuando eJ crecimiento del imperio monárquico e irnperia l
218 EL TRABAJO Y LA 0EMOC RAClA ANTICUA Y MODERN~ EL TRABAJ 9 Y LA DEMOCRACIA ANTICUA Y MODERNA

en R oma produjo una disminución gradua l del p o d e r p o lítico y consecuencias d e esta formación única, de este singular trabajador
militar de los ciudadanos pobres e .impuso sob re e llos una carga libre y d e su es tatu s p o lítico sin preced e ntes. Cuando se h ace u n
cada vez menos soportabl_e, ocurrió una "transformación estructu- intento de encontrar con exion es entre las b ases m ateriales de la
ral" en la sociedad romana que hizo a l os campesinos más vulne- sociedad ateniense y su política o su cultura (y la tende ncia domi-
rables a la explotaci9 n y redujo así Ja demanda d e trabaj o de es- n an te sigue siendo d espojar a la historia política e intelectual g riega
clavos. 7 Sea como sea, la esclavitud disminuye a medida que decae· de toda raíz social), la esclavitud es la que ocupa e l lugar central
el es tatus civil .del campesinado. ' como factor determinante.
Sig los después, cuando la esclavitud volvió a asumir u n papel Este descuido es francamente extraordinario si pensamos en la
pro min en te e n las economías occidentales, se insertó en un con- excepcional posició n d e l trabajo libre y e n el gran alcance de sus
texto muy diferente (con a lgunos efectos ideológicos sorprende:n- consec u encias. No sería exagerado d ecir, por ejemplo, que e l ca-
Les en la relación entre la esclavitud y el racism o que analizaré en rácter distintivo de la polis misma como fo rma de o rganización
e l capítulo 9). Por ejemplo, la esclavitud e n las plantaciones del estata l radica precisam e n te en e llo, en la unió n d e l trabajo y la
sur d e Estados Unidos n o formaba parte d e una economía agraria c iudadanía, y d e manera es p ecífica en e l t;iudadano campesino. S in
dominada por producto res campesinos s ino que de una agricultura _ duda la polis perten ece a lo que e n general, a unque n o con mucha
comercial a gran escala en un sistema de comercio cada vez más exactitud, se llama la "ciudad-estado", que e n términos generales
internacional. La principa l fuerza impulsora en e l n úcleo de la 'i los griegos tenían e n común con los r o manos, así como con los
economía capita lis ta mundial n o e r a e l n ex o e ntre e l amo y el fenicios y los et.ruscos; es decir, e l pequeño estado a u tón~mo que
esclavo, ni entre e l terrateniente y e l campesino, !lino entre el ca- consistía e n una ciudad y la campiña que la rodea b a. Pero para
pital y el trabajo. El trabajo libre asala ri<:1,d o se esta b a con v Lrti endo identificar lo que la polis griega tiene d e más dis tintivo debemos
en la forma dominante en un sis te m a de relaciones ·cte_ pro pie d a d disgregar más esa categoría.
que se polarizaba cad a vez m ás entre la pro piecia d a bsoluta y l a En las sociedades precap:italistas, en las que los campesinos eran
a bsoluta falta de pro piedad; y, en este sistema polarizado, también la clase productora predominante, la a propiación -ya fuese d irec-
los esclavos d ej aron de desempeñar un amplio espectro d e funcio- tamente p or parte de los te rratenie ntes o a través del estado- solfa
nes económ,icas. No había n a d a parecido al banquero P asion o al asumir la forma d e lo que podríamos denominar propi e dad polí-
funcionario civil esclavo. En la economía d e las plantaciones la ticamente constituida, es decir, apropiación lograda por medio de
mano de obra esclava ocupa ba la posició n más clar amente humilde diversos mecanismos de dependencia jur ídica y p o lítica, pm· coer-
. y servil. ción directa: trabajo forzoso por d eudas , servidumbre, relaciones
tributa rias, impues tos, corvée y demás. Esto ocurría en las civitiza-
ciones avanzadas del mundo a ntiguo, en las qu e la forma típi ca de
estado era una u otr a variante del estad o "burocrático-redistribu -
GOBERNANTES Y PRODUCTORJlS tivo " o "tribur.ario", en e l c ual un cuerpo dir igente se superp onía
a comunidades sujetas de p roductores directos, de cu yo trabajo
En general los historiador es coiJ1ciden e n que la mayoría de ]os excedente se a p ropia b a el apara to gobernante.11
ciud adanos ateni enses trabajaban para ganarse ]a vida. P er o tras Esas formas habían exisddo e n Grecia antes del advenim ien to
ubicar a l trabajador ci uda d ano junto al esclavo en la vida política
de la democr a cia, n o h acen m ayor es ~sfuerzos p or explorar las

ti La primera expresióu es usada poi· Karl Polan yi, por ejemplo e n TI&~ grea,/
tran.iformation, Boston, B eacon P ress, 1957, pp. 5 1•52; el "modo de p,·oducción
7 p
ara e 1 pnme1
. · argumento véase Ste Cro1x,' Class strugglN, pp. 453.503; pant el
tribut,ll"io" es un concepto fonnula d o por Samir Amín en Unequal cle11elo/>rnenl,
segundo, Finley, Tite Ancient econorny, Bei-keley, 1973, pp. 86ss. H assoks, 1976, pp. Uss.
220 EL TRABAJO Y LA DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA .EL TRABAJO Y LA DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA 221
' gobernados. Los que son gobernados producen alimentos; los que gobier-
de la poli,S, en los reinos de la Edad de Bronce. Pero ya en Grecia
surgió una nueva forma de organización que unió a los propietarios nan son alimentados."'º
de tierras y a los campesinos en una comunidad cívica y militar.
Un patrón general similar aparecería en Roma. La idea misma de Incluso puede afirmarse que la polis ( definida en sentido amplio,
una comunidad cívica y una ciudadanía, como algo diferente de un para incluir también la ciÍÍdad-estado romana) 11 representaba la
aparato estatal s uperpuesto o una comunidad de dirigentes, fue aparición de una nueva din ámica social: relaciones d,e clase. Esto
distintiva de Grecia y Roma, y marcó e l inicio de una relación no quiere decir que la polis fuese la primera forma de estado en
totalmente nueva entre apropiadores y productores. En particular la cual desempeñaran un papel central las relaciones de producción
e l campesino ciudadano, tipo social específico d e las ciudades-estado e n tre los apropiadores y los productores, sino más bien que estas
griegas y romanas -y ni siquiera de todas las primeras-,1' representó rela~iones adoptaron una forma radicalmente nueva. La comuni-
un a lejamiento radical de todas las demás civilizaciones avanzadas dad cívica representaba una relación directa, con su propia lógica
conocidas del mundo antiguo, incluyendo las formas de estado procesual, entre propietarios de la tierra y campesinos como indi-
previas de Grecia en la Edad del Bronce. viduos y como clases, separados de su antigua relación entre go-
La polis griega rompió con el patrón, generalizado en las socie- bernantes y sujetos.
dades estratificadas, de la división entr e dirigentes y proditctores, y La vieja relación dicotómica entre estado apropiador y produc-
sobre todo con la oposición entre estados apropiadores y comuni- tores campesinos sujetos se vio hasta cierto punto comprometida·
dades cam pesinas sujetas. En la comunidad cívica la pertenencia en todo el mundo grecorromano dondequiera que hubiese una
del productor -sobre todo en la democracia ateniense- significó comunidad cívica que reuniese a dueños de la tierra y campesinos,
un grado de libertad sin preced entes frente a los modos de explo- es decir, dondequiera que los campesinos poseían el estatus de
tación tradicionales, ya fuese d e servidumbre y trabajo por deudas ciudadanos. Y eso ocurría incluso donde, como en Roma, el'estatus
o por impuestos. civil del campesino estaba relativamente restringido. Sin embargo
En este sentido la polis democrática, en particular, violaba Jo, había diferencias significativas entre las condiciones de la aristo•
que un filósofo chino (en un texto que, con ciertos refinamientos crática R oma y !a democrática Atenas. Tanto en una como en otra
filosóficos; bien podía haber sido escrito por Platón) describió co- el estatusjur(cUco y político del campesinado imponía restricciones
mo un principio· universalmente considerado 'correcto "por do- sobre los m edios disponibles de apropiación d e los propietarios
quier bc1:jo los cielos": de tierras y estimulaba el desarrollo de alternativas, siendo la más
destacada la esclavitud. Pero en la democracia ateniense el régimen
¿por qué habrías de pensar, entonces, [ ... ] que alguien que carga con el campesino era mucho más restrictivo. que en la Roma aristocrática
gobierno de un reino también tiene tiempo para labrar e l suelo? La verdad y dejó s u huella de manera mucho más marcada e n el conjunto de
es que algunos tipos de negocios son apropiados para los grandes, y otros la vida política, económica y cultural d e la d emocracia, sometiendo
para los pequeños. Aun suponiendo que cada hombre pudiese reunir en incluso el ritmo y los objetivos de la guerra a las exigencias de-l
sí mismo todas las diver sas clases de habilidades requeridas en cada oficio, . pequeño agricultor y de su calendario de cultivos. 12 De hecho la
si tuviese que hacer él solo todo lo que usa, eso serviría únicamente para
que todo e l mundo estuviese postrado de fatiga. Muy cierto es el dicho:
"Algunos trabajan con la mente, otros co_n el cuerpo. Los que trabajan · lO M e nc10,
. . · en th ur Waley (ed.), The way.r of thought in-ancient China, Garden Ci-
A •.
.ni·
con la mente gobiernan, mientras que los que trabajan con el cuerpo son ty, s/f, p. 140. .
11
Para u n ejemplo de este uso más a mplío véase Finley, Politics in the Ancient
World, Cambridge, 1983. ·
12
Para un excelente análisis de este punto véase Robi.n Osborne Classical land-
!I Por t,jemplo, los ilotas de Esparta y los sie1vos de Creta y Tesalia representaban scape with figti,t·es: The Ancient Greeh city and it.f cottntryside, Londres'. 1987, pp. 12,
la anútesis del ciudadano campesino. 138-139, 144. ,
222 EL TRABAJO Y LA DEMOC RACIA ANTIGUA Y MODERNA
EL TRABAJO Y LA DE~OCRAClA ANTIGUA Y MODERNA 223

democracia, a l inhibir la con cen tración de la propiedad, a l mismo el sen tido de que el visible d esprecio de Platón p or el trabajo, y
tiernpo que es timulaba el c recimie n to de la esclavitud, lim i taba las p or las capacidades morales o p olíticas de los que es taban someti-
maneras en que podían utilizarse esclavos, sobre todo en la agri- dos a las necesidades materia les de trabajar para vivir, representase
cultura. una norma cultural. Por el contrario, los escritos de Platón son un
En contraste, aunqu e el r égim en aristocrático de Roma estaba poderoso co~traejemplo, un~ n egación deliberada de la cu ltura
restringido de diversas form as por e l estatus civil y militar del cam- · democrática.
pesino, la ciud ad-estado r o m a na estaba do~inada por la ~ógica_del En otros clásicos de la cultura a tenie n se h ay evide n cias suíicien-
¡111

terrateniente. L a concentración de la propie dad que hacia posible .,


tes que a puntan a la prese ncia d e u na actitud h acia e l trabajo muy
el uso intensivo de esclavos e n la agricultura era una manifestació'n •·'
diferente d e la de Pla t ón, y m ás co ngrue nte con las realidades de .,
irn'portantc d e este domini o a_ristocrático; o tra era .e~ esp_e,cta_cul~.r una d emocracia e n la cual campesinos·y artesanos gowban p len os r ,
drama de la expans ió n irnpena l (en la cu a l la part1c1pac1on md1s- d erech os ciudadanos. En reali dad e l m ismo Plató n n os da testirno-
pensable del solda do camp esi~o lo volvía vulne rable a l despojo de nio ele esa a ctitud, p or ejemplo en el diá logo Protágoras, a l inicio
sus tie r ras c u ando partía), operación d e apropia ción de tierras en d e l la r go discurso de Protágoras e n defensa de la práctica ateniense •'I
una escala nunca a ntes vista. Sobre esta b ase a ristocrática la ciu- _de permitir que los zapateros y los h erreros tomaran decisiones
dad-estado le cedió el paso a l imperio, con lo cua l declinó e l estatus políticas, cuando pone e n boca del sofi sta una versión del mito d e
d e l campesino ciudadano. Ni los latifundios trabajad os por esclavos Prometeo en qué las "artes prácticas" constituyen· e l fi.:mdam e nto
ni un vasto impe rio territorial, dos d e las catacterísticas definitorias d e la vida civilizada •. El héroe del Prometeo de Esquilo, el dador d e l
de R oma, hubiesen sido compatibles con e l régimen d e pequeña fuego y de los o ficios, es e l benefactor de la h umanidad, mientras
propiedad d e la Atenas d e mocrá tica. que e n la Antígona de Sófocles e l coro canta un himno d e loa a las
De modo que e n ningún la do e l patró n típico de división entre a rtes y e l trabaj o h umanos (350ss). Y la asociación de la d e mocracia
· dirigentes y producLores se quebró tanto como en la d emocracia con la libertad d e l trabajo se ·s ugiere e n un parlam ento de Las
atenien se . Ninguna explicación d e l desarrollo p o lítico y cultura l suplicantes de Eurípides (429sJ), donde se dice que en tre las ben-
d e Atenas pue d e ser comple ta si no toma en cuenta esta formación diciones de la gente libre no sólo está el hecho d e que e l i mperio
d istintiva. Aunqu e los conflictos políticos e ntre demócratas y o li- d e la ley le con cede igual justicia a los r icos y a los p obres, o que
garcas en Atenas nun ca coincidjeron d e modo preciso con una cualquiera tiene derecho a h ablar en público, sino también que el
división e ntre clases apropi adoras y produ ctoras, s iguió existiendo trabajo del ciudadano no se d esp erdicia, en contras te con los es-
tensión entre los ciudadanos q ue tenían inter és e n res ta ura r un tados despóticos en los c u ales la gente trabaja sólo pflra enriquecer
monopolio democrático d e l estatus político y los que que rían re- con su esfuerzo a los tiranos . Sin d u da también es significativo que
sis tirse a ello, una división e ntre a qt1elJos c iudadanos para los cua- la deidad epónima ele Atenas, la diosa Atenea, fuese p a trona de
les é:l estado hubiese servido como medio d e apropiación y aque!los las artes y los o fi c ios, míen.tras que en ningún lugar de Grecia había
para los c uales servía com o protección contra la explotación. En un templo más grand e dedicado a Efeistos, el dios de las forjas,
otras pala b ras, persis tía la oposición de quienes estab an in teresa- q u e el que se construyó a m ediados del siglo V a.C., en una a l tura
dos en restaurar la d ivis ión entre dirige ntes y productores y los desd e la que se dominaba e l ágora ateniense. Pero ninguno d e
que no lo estaban.
estos fragmentos de evide n cia es testimon io más elocuente del es-
E n ningún lado es tan visi ble esta oposición como en los clásicos tatus d e l trabaj o libre e n la d emocracia que la reacción de Platón
deo la filosofía griega. Para decido lisa,. y lla name nte, la división en contr a d el mistno . 1~
é ntre dirigentes y prod u c tores es e l principio fundam e nta l de la
fil osofía de Platón, n o sólo d e su p e n samie nto político sino también
de su episte m o logía. En su obra p odemos apreciar en >toda su ple-
nitud e l es tatus del trab~jo en la democrac ia ateniense. P er o no en 1
~ Lo mismo ocurre, e n gran medida, co n A.-istóteles, cuya polis ideal e n Lt.t
224 EL TRABAJO Y l.A DEMOCRACIA ANUGUA Y MODERNA EL TRABl\fO Y LA DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA 225

GOBERNANTES Y PRODUCTORES: PLATÓN CONTRA PROTÁGORAS orden de los prítanos. Ésla es la forma en que la gen te se conduce cuando
la materia e n discusión les parece exige un aprendizaje. Si, e n cambio, se
En su diálogo Protágoras Platón sient.a las bases de buena parte de trata de los intereses generales de la _ciudad, vemos que se levantan indis·
s us posteriores obras filosóficas . En é l plantea cuestiones referen- tintamen te para tomar la palab1·a arquitectos, herreros, curtidores, comer-
l'es a I;¡ virtud, el conocimiento y e l arte de la política, de las que ciantes y marinos, ricos y po1'res, nobles y gentes d el vulgo, y nadie les
se ocupa ría más adelante en sus trabajos, sobre todo en La ref,ú- echa en cara, como en el c aso anterior, que se presen tan allí sin <1:studios
bliw; y el contexto en e l cu al se plantean esas cuestiones nos dice previos, sin nunca haber tenido maestros, a dar algún consejo: prueba
mucho sobre e l papel central del trabajo en e l discurso político de evidente de que nadie considera que ésta sea materia d e f:OSefü.m za. 11
la democracia. En su diá logo, quizá por última vez en toda su obra,
P latón concede a la oposici ón una oportunidad razonable de ex- E.n respuesta a Sócrates, Protágoras se propone demostrar que
presarse, y presenta bajo una luz más o menos amable a l sofista "con razón oyen en sus consejos al albañil, al herrero, al zapatero,
P rotágoras desarrollando una defensa de la democracia desplegan- porque están persuadidos de que se puede enseñar la virtud". 1" De
do el único argumento sistemático en favor de la democracia que esta forma las cuestiones epistemológicas y éticas que constituye n
ha sobrevivido desde la Antigüedad. Platón habría de pasarse el la base de la filosofía griega, y de hecho de toda la t1:adición filo-
resto de su carrera r efutando implícitamente las aseveraciones del sófica occidental, se sitúan en un contexto explícitamente político,
sofista. que tiene que ver con la prác tica d emocrática de permitir que
t zapateros y herreros tomen decisiones políticas.
\, Protágoras tiene que ver con la naturaleza de la virtud y con Ja
¡ posibilida d de enseñarla. El tema se plantea e n un contexto ex- El argumento de Protágoras utiliza primero una alegoría desti-
1 plícitamente político, cuando Sócrates sienta los términos del de- nada a demostrar que la sociedad política, sin Ja cual los hombres
bate: no pueden beneficiarse de las artes y oficios (Jlle son su único d on
característico de los dioses, no puede sobrevivir a m enos qu e la
Ahon\ .bien: c uando_ la Asamblea ·se r eúne, veo que, si :se ttat~ de cons- virtud cívica que califica a las personas para la ciudadanía sea una
trucciones ~ue hay que emprender, se Llama a consulta a los arquitectos; c ualidad universal. Demuestra luego de qué manera la virtud pue de
si se trata de navíos, se hace venir a los annadores, y así en tocias l as demás ser una cualidad universal sin ser innata, y que debe y puede ser
cosas que se considera se pueden e nse11ar y aprender; y si cualquier otra enseñada. Todos los que viven en una comunidad civiJjzada, espe-
persona que no esté consider ada como técnica en la materia se mezcla en cialmente en una polis, están expuestos desde s u nacimiento al
dio para dar su o pinión, por múy rico, bello o noble que uno pueda ser, proceso de aprendizaje que imparte la virtud cívica; en el hogar,
no por ello se le hace más caso, antes a l contrario, es objeto de burlas y en la escu ela, con reproches y castigos y, más que nada, por las
abucheos hasta que, al fin, nuestro cons~jero o bien se marcha por su costumbres y leyes de la ciudad, sus nomoi. L a virtud cívica es a l
propio pie o es arrancado de la tribuna y echado por los arqueros, a una mismo tiempo aprendida y universal, de m anera muy similar a lo
que ocurre con la lengua materna. E l sofista que, como Protágoras
mismo, presume de enseñar la virtud no pµede hacer otra cosa
que perfeccionar este proceso continuo y universal, y un. hombre
poUtir,a n iega la ciudadanía a las· personas dedicadas al trabajo que p.ropoi·cion a puede p oseer las cu alidades de un buen ciudadano sin haber con-
los bienes y servicios básicos de la polü. Esas personas son "condiciones", más que
"partes'' d e la p;lis, y sólo difieren de los esclavos por el hecho de que 1·ealiza11 sus
tado con la instrucción experta del sofista.
deberes serviles par a la comunidad, no pa1·a individuos (1277a-1278a). E n mi aná- El hincapié que hace Protágoras en la universalidad ele la virtud
lisis de las aclitudes de los griegos hacia el ti-abajo, en Pea.rant-citizen and slatie, pp.
137-16~, _afirmo, enue otras co sas, que si había barreras ideológicas al desan-ollo
tecnolo_gi~o no Lenían tan~o que ver con el desprecio poi· e l trab:,jo d erivado de
14
su asoc1ac1ó11 coi~ la esdav1t1;1d como de la independencia de los pequeños pro duc- l'í
Protágoras, 319b-319d, trad. de Francisco P . Sama.-and ,, Madrid ' Am1ilar
o- '
1966 .
tores y la a usencia d e coacciones pasa mejonu-_la productividad del trabajo. · lbid., 324d. .
226 EL TRABAJO Y LA DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA EL TRABAJO Y LA DE~OCRACIA ANTIGUA Y MODl'L 227
es esencial , desde lue go, en su defensa de la democracia. Pero de en él. Basta de zapa te1"0S y h erreros en la asambl_ea. La esencia de
igual importancia es su concepción d el proceso por e l cual se trans- !ajus ticia en e l estado es el principio de que e l zapat ero se dedique
mite e l conocimiento moral y político. Sin duda la virtud se e nseña, a sus zapatos.
pero el modelo· de enseñanza no es tanto el escolar como e l d el De modo que tanto Protágoras como P latón ponen los valores
aprendiz. En las d e nominadas sociedades " tradicionales" el proceso c ulturales en la techné, las artes prácticas del ciudadano trah ajador,
al que se somete un aprendiz es algo más que un medio •para do- e n e l centro de su argumento político, aunque con fines o puestos.
minar habilidades técnicas. "Es también - por citar a un distinguido Much o de lo que ocurre después e i:i toda la tradición de la filosofía
historiador d e la Inglaterra del siglo XVIII- e l mecanismo de trans- occidental procede d e este punto de arranque. Y n o es sólo la
misión intergeneracional", el medio por e l cu al la gen te es iniciada fil osofía política d e Occiden te la que le debe su o rigen a este con•
en las habilidades d e los adultos o e n <le re rmina das artes prácticas fli c Lo sobre e l p a p el político d e zapateros y h e rreros. Para P la tón
y, a l mis mo tie mpo , introducida "a la experie ncia social y el cono- la división entre los que gobiernan y los que trabaj a n , los que la-
cimiento general de la comunidad"_lli No hay mejor manera de boran con la mente y son alimentados y los que producen a lime ntos
caracterizar el proceso de aprendizaje descrito por Protágo ras, el y son gobernados, no es tan sólo el principio básico de la política.
mecanismo por m edio del cual Ja comunidad d e ciudadanos trans- La división del trabajo entre gobernantes y productores, que es la
mite su con ocimiento colectivo, sus prácticas, valores y expectativas esencia de la justicia en La república, es asimismo, pa ra_é l, la esencia
usuales. de su teoría del conocimiento. La oposición radi cal y j e r árquica
El principio que Sócrates invoca contra Protágoras -en esa e tapa entre el mundo sensible y e l inteligible, y e ntre sus formas de cog-
todavía tentativa y poco sistemáticamente- es que:: la virtud es co- nición correspondie ntes - o p osició n que se h a ide ntificado como
n ocimie nto. Este principio habrfa de conve rtirse en la b ase del la característica más distintiva del pensamiento griego y que a par-
a taque de Platón contra la democracia, sobre todo e n El político y tir d e e nt:o n ces h a sido la plataforma d e la filosofía occidenra l-, 17
La república. está basa da, en Platón, en una analogía con la división socia l del
En m a n os de Platón representa la su s tituci6n dél aprendizaje trabajo que excluye al pro ductor d e la política.
moral y político de Protágoras por una co ncepción más e levada .
d e la virtuq como conocimiento filosófico ; n o como la asimilación
convencional de las costumbres y va lores d e la comunidad sino
com o el acceso privilegiado a verdades universales y absolutas más EL ECLlPSE DEL TRABAJO UBRE
n o bles.
Sin e mbargo tambié n Platón e rige su d e finició n de la virtud El desequilibrio dentro de la importancia histórica d el trabajo libre
política y. de la justicia sobre la a nalogía de las artes prácticas. Y e n la antigua Grecia y su descuido por parte de la historiog r a fía
también él se basa e n la práctica usual de la Atenas democrática, moderna es tal que hay que d ecir a lgo sobre cómo llegó a p rodu-
apela nd o a la experie ncia fam ilia r d e l ciudadano trabajador al in- cirse, sobre cómo el ciudadano tr abajador, p ese a ser histó ricamen-
vocar la é tica d e l artesanado, la techné. Sólo que esta vez el énfasis t e tan distintivo, se p e rdió e n la sombra de la esclavitud. 1" Una vez
n o está en la universalida d ni e n la tra nsmisión orgáni ca d el cono- más, no se trata de que los historiadores n o reconociesen que e l
c imie nto conven cional de una generación a otra, sino en la espe• conjunto ciudadano d e la Atenas democrática co nsistía e n gran
cialización, e l t rabajo exp e rto y exd11sivo. Así c omo los mejore s
zap atos so n h echos por e l zapatero en't!ten a do y experto, e l arte de
la p o'lítica debería ser practicad o sólo por quienes se especia lizan
17
Esre punto lo desa1TollaJacques Cern ert e n "Social hisrory a nd the evohttio11
o f ideas in C hina a nd Greece fro m th e sixth to t h e second ce ntury BC", e n J ea11-
Pie1Te Vernant, Myth and society in Ancienl Greece, Sussex, 1980.
¡¡; E.P. Tho mpso n , Customs in comrnon, L ondn:s, 1991, p. 7. 111
Esta secció n se basa e n el capitulo l de mi libn> Pesant-citfren anr.l slave.
228 EL TRABA,)O Y LA DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA EL TRABAJO Y LA DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA 229
J .
medida en personas que trabajaban para vivir. Es más bien que ciudadanos "se los obUgaba al ocio"- era que sus ciudadanos tra-
este reconocimiento no fue acompañado por e l esfuerzo adecuado bajaban para vivir. 20 La aparición de la muchedumbre ociosa tam-
para explorar la significación histórica de un he cho tan notable. poco puede explicarse por una n~eva preocupación por los horro-
Como factor determinante en el movimiento de la historia el tra- res de la esclavitud, generada por la elevada conciencia demo-
bajo libre ha sido eclipsado, prácticamente, p or la esclavitud, y no crática de la era revolucion;f\-ia. P or el contrario, esa muchedumbre
tan sólo por la admirable razón de que nuestros mejores instin- ociosa nació primordialmente en e l p ensamiento de los antidemó-
tos se han visto involucrados en los horrores de tan maligna insti- cratas reaccionarios.
tución. Los principales culpables fueron, en un inicio, los historiadores
El eclipse del ciudadano trabajador en la Atenas democrática británicos que escribieron las primeras narrativas e historias polf-
t iene menos que ver con las realidades de la democracia ateniense ti.cas. modernas de la antigua Grecia, con el objetivo explícito de
que con la política de la Europa moderna. Antes de la segunda alertar a sus contemporáneos sobre los peligros de la democracia.
mitad del siglo xvm, y sobre todo antes de las revoluciones francesa El más importante de e llos fue William Mitford, el caballero rural
y norteamericana, no hubiese tenido nada de raro caracterizar la tory* y opositor de la reforma parlamentaria, quien escribió una
antigua democracia ateniense como una mancomunidad "mecáni- influyente his toria de Grecia publicadi3- en varios volúmenes entre
ca", en la que la aristocracia estaba subordinada a una multitud 1784 y 1810. Cuando la Revolución francesa intervino e n e l curso
"rutinaria" de ciudadanos trabajadores, en contraste, por ejemplo, de su obta, interrumpió su narrativa para explicar por qué los
con Esparta, donde la ciudadanía e n su conjunto constituía una ingleses se habían librado de ese mal; y su explicación tenía que
especie de nobleza, "de los que viven en la abundancia de sus in- ver con las formas en que Inglaterra difería de la Francia moderna
gresos, sin d edicarse a labrar sus tierras ni a ningún otro trabajo y la Atenas antigua. Inglaterra gozaba de una armonía sin igual
para sobrevivir" .1\1 Las caracterizaciones de este tipo formaban par- entre "los diversos rangos de la ciudadanía", mientras que Grecia
te de una larga tradición que se remontaba hasta la misma Grecia (y Francia) carecía de todo mecanismo de armonización compa-
antigua y a la identificación de la democracia con el dominio de rable.
un demos "mecánico". En estas descripciones de la democracia e l En particular,
ciudadano trab?jador sigue estando muy ·vivo.
Pero hacia finales del siglo XVIII se había producido un cambio en toda Grecia los nobles y adinerados, a los que servían s us esclavos, no
importante. La multitud mecánica había empezado a cederle el sólo como sirvientes sino también como labradores y artesanos, tenían
paso a la "muchedumbre ociosa" mantenida por el trabajo de los poca conexión con los muchos pobres fuera. de mandar sobre e llos en los
esclavos . .Esta transformación no se debe a que los historiadores estados olig<'rquicos y, en los democráticos, temerles, halagarlos, ser so-
deséubrieron repentinamente e l alcance de la esclavitud en la Ate- lícitos y engai1arlos o ser mandados por ~llos. Ningún interés común unía
nas democrática. Los autores previos la conocían muy bien. Mon- a esas dos categorías de hombres. 21
tesquieu, por ejemplo, sobrestimó muchísimo el número de escla-
vos en Atenas y, como autor d e un influyente ataque contra la El resultado era una multitud licenciosa y _turbulenta, "ciudadé;l-
esclavitud, no debía sentirse inclinado a excusar sus manifestacio - nos sin propiedad, sin actividad y tal v,e z sin metas p ara la activi-
n es en Grecia. Pero nada de eso le impidió afirmar que la esencia dad", y una muchedumbre ociosa mantenida por la esclavitud y
de la democracia ateniense - en oposición a Esparta, donde a los

·
2
°
Charles de S~condat, ba,'.óri de Montesquieu, Tite s/1iril of the law.r, Nue va
l!t J ames Harri11gt.on, "The Commonwealth of Oceana" , enj.G.A. Pocock (ed.), Yo1·k, 1949, p. 46. [El e.1pírilu d.e lfl.r lejes, varias ediciones en esp.].
1"he political worhs of.fa.m.eJ Harrington, Cambridge, 1977, pp. 259-260. Aquí Ha- * Conservador, en la tnidició n po lítica inglesa. [T.]
21
ningt on toma la definici611 de nobleza_de Maquiavelo. William Mitford, The l1istor)' of Greece, Londres, .1814, vol. v, pp. M-~5.
230 EL TRABAJO Y LA DEMOCRACIA ANT1ClJA Y MODERNA EL TRABAJO Y LA DEMOCRACIA ANTI.GUA Y MODERNA 231
.,
los p agos públicos, a nsiosa siempre d e desp~jar a los r.icos de sus un salario. En otras palabras, lo que faltaba era un estado burg u és
bienes.n · moderno con su economía. Pero en todos estos casos la inde-
Pero si bien Mítford r e presenta un caso especial!{lente extremo pendencia del ciuda dano trabajador se traducía d e manera consis-
de r etórica antidemocrática, la misma much e dumbre ociosa h ace tente e n la indolencia de la muche dumbre ociosa, y con ella se
su a parición en obras much o más sobrias y eruditas d e todo el si- daba el dominio de la esclavi tud.
guiente siglo. En la influyente h istoria éc-0nómica de August Bockh. L os efectos d e esta revisión h istórica fu eron enormes, y fuer o n
la esclavitud y los p agos públicos vue lven a se1· las fuentes d e co- mu cho más a Uá de las originales m otivaciones antidemocráticas de .n

rrupció n d e la d e m ocracia, pues h acen que la multitud se acostum- historiadores como M i tford . La much e dumbre ociosa iba d esde la
bre a la " indo le ncia" y le da el ocio necesar io para participar en descripción que hacía H egel d e la democracia, en que la condición
política, "m ien tras que e n ·países e n los q u e no existe la escJavitud básica d e la política d e moc rática e r a que a los c iudadan os se los
los ciudadanos, a l tener que trabajflr para subsistir, tienen menos liberase del tra bajo n ecesario "y que lo que entre n osotros h ace e l
posibilidades de dedicar se a fos asuntos de los gobiernos". El r e- ciudadano libre -la la b or d e la vida cotidiana- tendría que ser
, sultado era que "hasta e n la s m ás nobles razas d e Grecia, e ntre las hecho p o r esclavos", 2fl hasta la conversión marxista d e la multitud
cuales d e be incluir se sin duela a los atenienses, la depravación y la _ ociosa en el "modo d e producción esclavista".
corrup ción moral prev alecían en todo el pueblo".w In cluso Fuste l No obstante, aquí hay una paradoja, porque el p eso ideológi-
de Coulanges atrib u iría la turbulencia de la antigua Grecia a la co que se asigna a la esc ~~vitud no se expr esó e n el correspondien-
a u sencia d e principios económicos que obligaran a ricos y pobres te interés e rudi to e n ella.21i Los a ntidemócratas que dest~caban e l
a vivir j u ntos en buenos términos, com o podrían h aberlo h echo papel de los esclavos a l manejar e l tema de la multitud ociosa te nían
"si, por ejemplo, el un o hubiese n ecesita do del otro[: .. ) si los ricos mucho me:nos interés en analizar el tema de la esclavitud m isma
no hubiesen podido enriq u ecerse más que requiriendo e l trab ajo que en denigrar a la mul titud democrática. P or el otro lado, los
de los p o bres, y si los p obres hubieran e n contrado los medios para liberales que invocaban el ejemplo de la a ntigua Grecia e n defensa
vender su trabajo a los ricos". 2'1 Pero lo que ocurría era "qu e el de la moderna reforma política tenían aún m e n os interés e n m e-
ciuda dano enco ntraba pocos e mpleos , p oco que hacer; la falta de terse en el incómodo te ma d e la esclavitud, mientras que en su
ocupación no tardaba en volverlo i ndo lente. Cómo sólo veía tra- ambivalencia frente a la democr acia, a la extensió n de d e1·ech os
bajar a los esclavos, despreciaba e l trabajo". Y así sucesivamente. políticos a la clase trabajadora (como a lgo d iferente del m ejora-
N i nguno d e estos a utores ign orab a que los ciudadanos de Ate- miento d e las i n stituciones representativas y las libe rtades civiles),
n as t rab aj a ban com o agr icultor es y artesanos. No se trataba tanto no solían sentir demasiado entusiasmo por d estacar e l pape l de la
d e que no lrabajase n como de que n o trabaj aban lo suficiente y, multitud tra bajadora e n la democracia ateniense.
más que nada, que no servían. La i ndependencia y e l tiempo libre El resultado fue una curiosa vaguedad acerca d e la economía
d e que gozaban para p articipar en política resultó ser la d esgrada política d e Atenas, más q1:1izás entre los liberales que e ntre los
de la democracia griega. Para Mitford y Bockh la participación de conserva d ores . George G rate, reformista p o lítico y autor de una
la multitud era nociva e n sí m isma. ·Para Fustel, más libe r al, se célebre historia de la antigua Grecia, sólo hace al pasar una men-
trataba más bie n de que, a falta d e for mas tradicio nales d e control ción del trabajo depe ndiente, y eso en relació n co ~ los sien'OS d e
político, lo que se r e qu e ría era e l tipo d e disc iplina económica que ,, 1

en la soci e dad moderna proviene de la necesida d material que


2
fuerza a los Lrabajado res sin propie d a&s a vender su trabajo por " G .W.F. Hege l, The philosop!ty of hislory, N u eva York, 1912, p. ~% [ hay ed.
esp1 para un b· osque.10
· ¡1.1st.on
· , · co d e I os fu n d amentos 1"d eo16gtcos
. e1e1 conoc11n1e11co
. .
n Jbiri., p. 16. m od erno sobre la esclavitud antigua véase Finley, Ancienl slatiny, pp. 11-66, y Ga1·-
:'.' A ugust Boeckh [Bockh), TJie public 11cono111y oj AtherM, 1842,
21
pp. 6 1 l -6 14. Jancl, Slavery, pp. 1-14. V éase ta mbién Luciano Canfora, l deotogie del classicismo,
1980, especi,,lme nte pp. 11-19.
Nurna Denis Fus1.el de Coula ngés, Thf. ancient city, C arden City, s/f, p. ~~7.
232 EL TRABJ\JO Y LA DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA EL TRA.BJ\JO Y LA DEMOCRAC IA ANTIGUA Y MODERNA 233
r
T esalia y Creta, más que con los esclavos de Atenas; mientras que "gran ley de la sub ordinación '' y d e la tradicional deferencia del
111
el amigo de Grote, J.S. M ill, se indinaba menos a concen tr arse en sirviente al amo, eran ya "vociferantes y rebeldes", "madurando
los rasgos democráticos de la democracia ateniense que en ensalzar tod a clase d e perfidias, ya fuese la insurrección pública o e l saqueo
sus valores liberales, la individualidad y la variedad de la vida ate- privado", o bien "descarados, perezosos, ociosos y licenciosos( ... ]
,., niense ... en contraste con los espartanos no liberales a los que, en no trabajan más que dos '8 tres días a la semana". 28
"'
,,. su resefla de la historia de Gro te para la Edinburgh Review, describe El mito de la much edumbre ateniense ociosa es, entonces, la
,,, literalmente com o "esos tories hereditarios y con servadores de Gre- etern a queja del amo respecto al sirviente, pero con la urgencia
cia". Nada de todo esto contribuyó demasiado a arrojar luz sobre adicional de un nuevo orden social, en e l cual la mano de obra
la posici6n de la esclavitud o del trabajo libre en la Antigüedad asalariada libre y car ente de propiedad se estaba convirtiendo, por
"' clásica. primera vez e n la historia, en e l modo de trabajo dominante. En
el mismo proceso de desarrollo capitalista el concepto de trabajo
estaba experim entando también o tras transformaciones . Se dice
,, muchas veces, que e l mundo moderno ha presenciado la e levación
.,,
,,, EL TRABAJO YEL "ESPÍRITU DEL CAPITALISMO" d el trabajo a un a posición cultura l sin precedentes, que mucho le
,., debe a la "ética protestante" y a la idea calvinista del "llamamiento".
'"' No es de sorprender que la transición de la multitud mecánica a Y con o sin la "ética protestante" de Max Weber, la a~ociación del
la muchedumbre ociosa tuviese lugar en e l siglo xvm (y especial- "espíritu del capitalismo" con la glorificación del trabajo ha llegado
men te en Inglaterra, pese a l elogio que hace Mitford de la con sti- a ser del conocimiento general.
tución inglesa). "El siglo XVIII", escrib e E.P. Thompson, Sin embargo, aunque el capitalismo, con sus imperativos ele ren-
tabilidad y productividad del trabajo, h a traído sin duda consigo
presenció un cambio cualitativo de las relaciones de trabajo [ ... ] una pro- disciplinas laborales más estrictas, la glorificación del trabajo arduo
porcióh sustancial de la fuerza de trabajo de hecho se volvió ·más libre de ha resultado ser un arma de dos filos. La ideología del trab ajo ha
la discipfü~a en su labor cotidiana, más libre para escoger entre patrones tenido un significado ambiguo para los trabajadores, y ha justifi-
y entre el trabajo y el ocio, situada menos qu<': antes en uria posición de cado s u sometimien to a las disciplinas capitalistas por lo menos
dependencia ,en loda su forma de vida, y menos de lo que lo estaría en la tanto como ha elevado su estatus c ultural. Pero tal vez e l punto
primeras décadas de la disciplina de la fábrica y el re l~j [ ... ] más importante acerca de 1a transformación del estatus cultural
Con frecuencia trabajaban e n sus casitas, con herramientas propias o del trabajo, que fue de la mano con e l origen del capitalismo, es
alq uiladas, en gene1-al para pequeños patronos, muchas veces con horarios la conjunción del trabajo con La Produ ctividad qu e señalamos en
irregulares y en más de una labor, de modo que se habían librado de los nuestro análisis sobre Weber. Esta· transformació n , como vimos,
controles sociales de la a ldea sometida a un señor y todavía no estaban ya puede detectarse en la obra de J ohn Locke y su concepción de l
sujetos a la d isciplina del trabajo fabril [...] "mejoramientb". Las virtudes del trabajo ya no corresponden ine-
El trabajo libre había acarreado un debilitamiento de los viejos medi~s_ quívocamente a los trab~jadores mismos. So_n , por encima de todo,
de disciplina social. 27 atributos de los ca/1italistas, y no porque éstos ti-abajen sino porque
utilizan su propiedad de manera activa y productiva, en contraste
E l lenguaje con el que la clase dirigente inglesa recibió esos . con la a propiación pasiva d el rentista tradicional. La "glorificación"
acontecimie nto es precisamente el lenguaje de la muchedumbre
ociosa. Los trab~jador es pobres de Inglaterra, mofándose de la
28 ·
Daniel Defoe, Tite great la.w of Jubordination conJider'd; or; The insolcnce arul
27 .
en
unsufferable behaviour of se1"1Jants in England duly enqu.i-r'd in.to (1724), c itado
Thompso 11, Cu.stoms, pp. ~8-112 . Thompson, Cu.s/.oms, p. ~7.
234 EL TRABAJO Y LA DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA EL TRABAJO Y 1..:A DEMOCRAClA ANTIGUA Y MODERNA .235

del trabajo e n e l "espírÜu d e l capitalismo" tiene más que ver con depende de un estatus jurídico o cívico privil_egiado, si~o de la falta
e l desplazamiento de la propiedad del rentista que con e l mayor de propiedad de los trabajadores, que los obhga a cambiar su ~uerza
estatus del trabajador. de trabajo por un salario a fin d e tener acceso a los rned10s de
La concepción del "trabajo" como "mejoramiento" y producti- trabajo y de subsistencia. Los obreros están sujetos tanto al poder
vidad, cualidades qu~ no corres ponde n Lanto a los Lrabajadores del capital corno-a los imperativos de la competencia y la maximi-
como al capitalista que los hace trabajar, está en el centro de la· zación de utilidades. De manera que la separación del estatw; cívico
"ideología burguesa" y se reproduce constantemente en e l lenguaje y la posición de clase en las sociedades capitalistas tiene dos caras:
d e la economía mod~rna, en e l que los "productores" no son los por un lado, e l derecho ciudadano no está determinado por Ja
obreros sino los capitalistas. Esto revela un orden económico en posición socioeconómica -y en este sentido el cap~talismo pue.de
el ·que la producción está subordinada a los impe rativos dd mer- coexjstir con la democracia formal-; por e l otro la igualdad cívica
cado y el mecanismo impulsor es la compeLencia y la maximiza- no afecta directamente la desigualdad de clases, y la d emocracia
ción de u tilidades; no las coetdones "extraeconómicas" de la pro- formal deja fundamentalmente intacta la explotación de clases .
piedad constituida en sentido político sino los imperativos pura- En contraste, en la democracia antigua existía una clase de pro-
mente "económicos" del m e r cado que re qui~ren incrementar la ductores primarios que eran jurídicamente libres y · políticamente
productividad laboral. privilegiados, .y que al mismo tiempo estaban libres, en gran me-
Las relaciones socia les d e producción que echaron a andar este dida, de la n-ecesidad de ingresar al mercado para. obtener acceso
mecanismo impulsor han puesto a l trabaj o en una posición histó- a las condiciones de trabajo y subsistencia. Su libertad_cívica no
ricamente única. En e l capitalismo el asalariado sin propiedad, su- era contrarrestada por las compulsiones del capitalismo, como ocu-
jeto a imperativos económicos que no dependen directamente de rre con el c1;salariado moderno. Al igual que en el capitalismo, el
un estatus jurídico o político subordinado, pue de gozar de hbertad derecho a la ciudadanía no estaba determinado por el estatus so-
e igualdad jurídicas e incluso de derechos políticos p lenos en un cioeconómico, pero, en oposición a lo que ocurre en aquél, las
sistema de sufragio universal, sin privar a.l capital de su poder de relaciones entre clases se veían afectadas de manera d irecta y pro-
apropiación. Aquí encontramos la mayor diferencia entre el estatus funda por e l estatus cívico. El ejemplo más obvio es la división
del r.rabajo ~n la antigua democracia ateniense y en el capitalismo entre ciudadanos y esclavos. Pero había también otras formas en
moderno. · que la ciudadanía d eterminaba directamente las r e laciones econó-
micas.
Ciudadanía democrática en Atenas significaba que los pequeños
productores estaban libres, en gran medida, de las exacciones ex-
TRABAJO Y DEMOCRACIA ANTIGUOS Y MODERNOS traeconómicas a las que siempre han estado saje tos los productores
directos en las sociedades precapitalistas. Por ejemplo, estaban a
En la democracia capitalista moderna la desigualdad y la explota- salvo de las depredaciones de los señores "devoradores de dones"
ción socioeconómicas coexisten con la libertad y lajgualdad cívicas. de Hesíodo, que usaban sus poderes jurisdiccionales para ordeña,
Los productor es primarios n o son dependientes en términos jurí- al campesinado; o de la coerción directa d e la clase gobernanté
dicos ni están d es poseídos políticamente. También en la d emocra- espartana, que explotaba a los ilotas por medio d e lo que e quiva lía
cia antigua la identidad estaba disociada d e l es tatus socioeconómi- a una ocupación militar; o de las obligaciones feudales d e l campe-
co, y la igualdad política coexistía con ltll'desigualdad de clase. Pero sino m edieva l, sometido a los poderes milita r es y jurisdiccionales
sigue habiendo un a diferencia f1,1.ndamental. En la sociedad capi- de los señores; o de los impuestos del absolutismo eur opeo, en e l
talista los productores pdmarios están sajetos a compulsiones eco- cual los cargos públicos eran un instrume nto primordial de apro-
nómicas fodependi entes de s u estatus político. El poder del capi- piación pi-ivada, y así su cesivamente. Mientras los productores di-
talista para apropia r se del trabajo excedente de los obreros no rectos siguiesen estando libres d e imperativos puramente "econó-
236 EL TRABAJO Y LA DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA . EL TRABJ\JO Y LA DEMOCRACIA ANTIGUA Y MODERNA 237

micos", la propiedad con stituida en términos políticos continuaría chos no tenían ya la relevancia de la ciudadanía eh la democracia
siendo un r ecurso lucrativo como instrumento de apropiación pri- antigua. El logro de la democracia formal y el sufragio universal
vada o, a la inversa, una protección contra la explotación; y en este representaron sin duda un inmenso avance históric~, pero el ca-
contexto el estatus cívico· del ciudadano ateniense era un bien va- pitalismo ofrecía una nu ;.va solución a l eterno problema de los
lioso que tenía implicaciones económicas directas. La ig ualdad po- gobernantes y los productores. Ya no era necesario que la d ivisión
lítica no sólo coexistía con la desigualdad socioecon ómica sino que entre pdvilegio y trabajo se encarnase en una división política entre
en bue na medida la modificaba, y la democracia er a más sustantiva gobern antes apropiadores y s~jet.os trabajadores, puesto qu e la de-
,, que "formal". mocracia podía quedar confinada a una esfera "política" formal-
En la antigua Atenas la ciudadanía tenía profundas consecu en- mente separada en la cual la "economía" siguiese su s propias reglas.
cias para los campesinos y los artesanos; desde luego, un cambio Si l;iien ya no podía contenerse la exte nsión del conjunto de los
del es tatus jurídico de los esclavos -y, de hecho, de las mujeres- ciudadanos, el aJcance de la ciudadanía podía quedar estrechamen-
hubiese modificado por entero a la sociedad. En el feudalismo el te restringido aunque no hubiese límites c onstitucional.es.
privilegio jurídico y los derechos políticos no se hubieran podido El contraste entre el estatus del trabajo en la democracia antigua
redistribuir sin transformar las relaciones sociales de propiedad y el capitalismo moderno da lugar a a lgunas preguntas de mucho
,i
vigentes. Sólo con el capitalismo se ha vuelto posible dejar intactas, peso: en un sistema e n el que el poder puramente "económico"
"
"t! e n lo fundamental, las relaciones de propiedad entre e l capital y ha remplazado a l privilegio político, ¿cuál es e l significado de la
" el trabajo y permitir al mismo tiempo la d e mocratización de los ciudadanía? ¿Qué se necesitaría para recuperar, en un contex to
"· derechos civiles y políticos. muy diferente, la importancia de la misma en la democracia anti-
No obstante, no siempre fue tan obvio qué el capita lismo podía gua, así como el estatus del ciudadano trabajador?
sobrevivir a la democracia, a l menos en este sentido "formal". A
merlida que el crecimiento de las relaciones de propiedad capita-
listas e mpezó a separar la propiedad del privilegio, y sobre todo
mientras !a fue r za de trabajo libre no estuvo sujeta aún a las nuevas
disciplinas del capitaJi smo industrial y la absoluta falta de propie-
dad, las clases didgentes europeas estuvieron profundamente preo-
cupadas por los riesgos q u e planteaba la multitud trabajadora. D u-
rante mucho tiempo pareció que la única solución era preservar
algún tipo de división entre gobernantes y productores, entre una
élite con prnpiedad, políticameúte privilegiada, y una multitud tra-
bajadora desposeída. Y huelga decir que cuando por fin, tras luchas
populares largas y muy combatidas, se concedieron derechos pQ-
líticos a las clases trabajador es, contenían numerosas restricciones . .
E ntre tanto, una concepción totalmente nueva de la democracia
había hecho a un lado la antigua idea griega. El momento crítico
de esta redefinición, que tuvo e l efecto (y la intención) de diluir el
significado de la democracia, fue la fundación de Estados Unidos,
de la que me ocuparé en el pró ximo capítulo. Sin embargo, por
mucho que las clases gobernantes de Europa y Estados Unidos
pudieran haber temido la extensión de derechos políticos a la mul-
titud t.rnbajadora, resultó que _en la sociedad capitalista esos dere-
7 señorío. El ciudadano atenie n se se ufanab a de n o tener amo, de n o
ser sirviente d e ningún m ortal. No le debía se r vicio ni deferenci.i
EL DEMOS Vl:!.'RSUS "NOSOTROS, EL PUEBLO":. a señor alguno, ni d espilfarraba su trabajo para enriquecer a un
DE LOS CONCEPTOS DE C LUDADANÍA ANTIGUOS tirano con su esfuerzo. La libe rtad, eleutheria, que s u ciudadanía
A LOS MODERNOS implicaba era la libe rtad del demos r:on respecto a los señ üríos. La
Ca1·ta Magna inglesa, e n cambio, no era la d e claració n d e un demos
sin a mo sino la de los amos mismos, que afirmaban su s privilegios
feuda les y la libertad del señorío contra la Corona, así com o contra
la multitud p o pula r , tal como la libertad de 1688 representó e l pri-
vilegio de los caba lleros terratenie ntes y su libe rta d d e rlisponer
E l antiguo con ce pto de d e m ocr acia em a n ó ~I~ un~ ~xperiencia his• co m o quisiesen de s u s tie rras y sirvie ntes.
t órica que le había confe rido un esta tus ~1v1co ~,111c~ a las clases S in duda la afirmación d e l privilegio a ristocrático contra las m o-
subo rdina d as, cr eando e n p artic ula r esa lormac10n sin preceden- narquías usurpa doras pro dujo la tradición de "soberanía p opular"
tes, e l ciudadano campesino. En to d os se ntidos -o al m enos en - de la c ual se deriva la con cepció n m o derna de la democracia; s in
muchísimos- excepto e n e l n o mbre, el concepto m?derno co!-res- embargo e l "pu e blo" e n cu estión n o e r a e l demos sin o un estrato
ponde a una trayec toria histó d ca dife ,-e nie, cuyo _e_1e mplo ma~ ví- privilegiado que con stituía una nación p o lítica exclusiva, situada
vido se e n cuentra en la tradi ción anglononeamencana. L os hi tos en un espacio público e ntre e l m o narca y la multitud. Mie ntras
a to largo d e l camino h acia la d e mocracia antigua, como las r ~for- que a l convertir a los campesinos en ciudadanos la d e m ocracia
m as de Solón y d e Clé istenes, r epr esenta r o n m o m e n tos cruciales a tenie nse tuvo el efecto de qu e b rantar la oposició n inme m o l"ia l
p ara la elevación d el demos a la d e mocracia . E.n la o tra historia'. que entre gobernantes y pro ductores, la divisió n e ntre te rrate nie ntes
no se originó en la d e m ocracia at.enknse sino en e l fe1~da.hsmo g·obern a nLes y campesinos sometidos e ra una condic ió n esen c ia l
europeo, y que culminó e n e l capitalism o libera l, los pnn c1pa les de la "sohe ranía popular" tal com o e m e rgió a prin cipios d e la E u -
mojones, como la Carta Magna ing lesa y el a ñ o 1688,* marcan e l r opa mode rna . P or un lad o la fragmentación de la sobera nía y e l
ascenso d e , las clases con propie d a d es. E n este caso n o se trata de p o d er del señorío, qu e constituía n e l feuda lismo europeo, e l freno
campesinos que se libe r a n d e l dominio político d e. sus seño~es, a la monarquía y a la centni lización del estado qu e ej ercieron esos
s ino de los señ ores mismos que afirman sus p o d eres inde pendien- principi os fe udales, h abrían d e ser la base de un a nue va clase de
tes fre nte a las imposicion es d e la monarquía . Éste es e l o rigen de p oder estata l "limitado", la fu e nte de los que se denominarían d es•
los m o dernos prin cipios con s tituc io nales, las ideas d e l gobierno pués principios d e m ocrá ticos, como e l constitucio n a lismo, la re-
limiLado, la separació n d e p o d eres y demás, principios que h an p r esentación y las libenades civiles. Por o ti·o lado e l r ev erso d e l
d esplazado las implicacio n es socia les del "gobie rno del demos'_'--c~- señorío fe uda l e ra un campesinado dependiente, rnienrrns que la
mo e l equilibri o d e p o d e r e ntre ri cos y po bres- e n _cuanto cn _ten o "nación política" que eman ó de la comunidad ele señores feudales
cen tra l de la democracia. S i e l ciudadano campe sino es la f igura retuvo su e xclusivida d y la subo rdinación política de las clases p ro-
más representativa del prim er drama histó rico, la del segundo es ducto ras .
e l b aró n feuda l y la a 1·istocr acia wJt'ig. ** En Ing laterra la n ación p o lítica exclusiva e n contró su e n carn a -
Si la ci'Udadanía es e l co ncepto constitu tivo de la d e mocracia ció n e n e l p a rlam e n to qu e, co m o escribió sir Tho m as S mith en e l
antigua, d principi o fundador d e la "otra variedad es, taJ vez, el d ecen io d e 1560,

ciene e l p oder de codo e l r e ino, canto de s u cabeza com o de su cu erpo.


* Afio en qu ~ s<: pro dujo en l11g'lat erra la revolució n que impuso el lin dd
a b solutismo y el p redo mini o d el pa rlame n !O sobr e la m onarquía. [T.] Po r que se desea que aquí esté presen te tod o inglés, ya sea e n p e r son a o
"* Eleme nt os de la a1·is1ocracia m o d eram e nle prog·,·esistas. [T.l p or poder y represe n tación, cualquiera q u e sea su pree min encia, dignidad
Z'-1:V L.UNCl:.l' 1 us AN L l(_;uu:s Y MUVl:.KNU::. Ut. \.,I U UAU/\l'Hf\ CON CEPTOS A NTIGUOS Y MODERNOS D E C I UDADANÍA 241

estatal o cualidad , desde e l p rín c ipe (sea éste rey o re ina) hasta 1.a persona d crn os, como James Harringto n , coincidfrin con sus co n temporá-
d e m e nor condición d e Inglaterra. Y se e ntiende que la aprobación d el n eos "libe rales": la exclusividad d e la nació n políti ca.~ La ciudada-
p arlame nto es la aprobación d e to dos los hombres.' nía activa d e bía quedar rese rvada para los hombres con t ie rras, y
te nía qu e excluir n o sólo _¡i la s n1ltjeres s in o también a aquellos
Vale la pena señalar que a un h o mbre se lo consideraba "pre- varones que, como lo expre sa H a rrin gto n , carecían "de los medi os
sen te" e n e l parlame nto incluso si no tenía derecho a votar por su para vivir por sí mismos"; es d ecir, quie nes le nfan qu e gan arse la
representante . Thomas Smith, igual que otros a ntes y d espués de vida trabajando para otros. Es ta con cepció n d e la ciudadanía tenía
é l, daba por sentado que una minoría con bienes r epr esentaría a 1
com o núcleo la divis ión e ntre la é lite terrate niente y la multit ud
la p obla tió n e n su conjunto . _ trabajadora. N o es sorprendenle qu e cuando los r epublicanos de
La d octl"ina d e la supre macía parlam e ntaria habría d e actuar e n e sta.clase buscaron m o d e los e n la Antigü edad escogiese n la com -
contra del p o d e r p o pular incluso c uando la nación política dejó posición aristocnhica (" mixta " ) d e E spa,-ta o de R oma, más que la
de estar r estringida a una comunidad relativamente pequeña de de la d e mocrática Ate nas.
terrateni e ntes y· cuando e l co n cepto de "pue blo" se amplió p ara De h echo esa división e ntre la é li te terrate niente y .l a mult it ud
.,. incluir a la "multitud popular". Hoy e n día e n G ran Bre taña, por
ejemplo, la p o líti ca es e l coto r eservado d e un parlame nto soberano
trab~ja d ora pue d e h aber formado parte d e la esencia del republi-
canismo ing lés clásico aún más absoluta e irreductible m ente que,
que, e n última instan cia, podrá tener que r e ndirle cuen tas a s us dig amos, del libe 1·alismo de Locke . Cuando Harrington ·se propuso
electores; pero e l "pue blo" no es realmente soberano. Para todo fin cons truir principios políticos aprnpia d os para una sociedad e n la
práctico no hay política -o por lo menos no política legítima- fue- cual no prevalecía ya e l señorío feudal , no d escartó por e ntero los
ra d e l parlamento. De h echo cuanto más incluye nte se ha vuelto principios del feudalism o. Incluso se pue d e d ecir que su con cep -
e l "pueblo" más han insistido las ideologfas poHticas dominantes ción d e la c iudadanía se m o d e ló, e n cie rtos a sp ectos impo rtantes,
- desde los conservadores hasta la corriente principal d e los laboris- sobre principios fe uda les. Po r un lado ya n o tenía .que seguir e x is-
tas- en despolitizar e l mundo fuera del parlamento y d eslegi timar tiendo una categoría d e p ropieda d d e pendie nte, una divisió n jurí-
la p o lítiq t "extraparlamentaria". En para lelo con este proceso se dica y p olítica e ntre diferentes formas d e propieda d d e la tierra,
ha d a do una creciente centralización del p oder parlame ntario mis- como ocurriera e ntre los sefiores fe uda les y su s d e p e ndi entes. T oda
mo e n e l ejecutivo, lo que ha dado por resultado a lgo que se parece la propiedad de la tierra estaría po líti ca y jurídicam e nte privilegia-
mucho a una soberanía del gabine te o h asta del primer ministro . d a . Por e l otro, la pro pie dad misma seguía estando d e finid a com o
E n la Inglaterra de principios de la era moderna surgió un cor/Jus un estatus político y milita r; en otr as palabr<'ls, seguía estan d o ca-
de p e n /'.amiento político -sobre todo en las obras d e J arnes Ha- •·acter:izada p or la inextri cable unidad de pode r económ ico y p o lí-
r ringLo n, Alge rnon Sidn e y y Henry Neville - que, en vista de loan- tico-militar que h a bía constituido el señ o río feudal.
terio r , parece ir e n contra d e esta tradición parlamentaria d o mi- En este senLldo el r e publicanism o clásico era ya un anacronismo
n ante. Esta escu ela de te oría p o lítica, que h a llegado a ser conocida en el m o mento d e s u concep ción. La propie da<l de la tierra e n
com o re public anismo clásico, te nía, o parecía tener como principio Ingla te rra estaba asumie ndo ya una forma ca/Jitalistn, e n la c ual e l
organizador central, un concepto d e ciudadanía que no implicaba p o d e r económ ico n o esta ba ya indisoluble m en te unido con e l es-
simple m e nte el goce pas ivo d e los derech os individuales que h e mos tatusjurídico, político y mili tar, y la dqu eza d e p e ndía cad a vez más
llegado a asociar con la "democracia liberal", sino una comunidad d e l "mejoram iento'' o e l uso ¡,roductivo de la propiedad , s ujeto a
de ciuda danos activos e n pos de un bien común. No obstan te hay los imperativos de un m ercad o compe titivo . A quí la con cepción
un punto funda m e ntal en e l cu a l los prime1·os re publicanos m o- deJohn Lock e d e l "me:;joramie nto" de la prop ie dad y la agricultura

1 Si1· Thomas S mith, De R efmblico. A nglon,m, ver sión d e Mary Dewar, Cam bridge, 2
En e l siglo XV II 110 sie111p1·e ern 11 del todo claras las diferei1cia s prácticas e n tre
1982, p. 79. r e publican os y whiJ!S, n a l 111e 11os el a la m ;Ís nidi cal de éstos.
coincidía mejor con las realidades del m o m e n to.~ Y s i bien L ocke fue capaz -con e l tiempo- de imaginar un cu erp o ciudadano in-
mismo n o era demócrata, puede afirmarse que una concepc ión d e cluyen te p e ro en gran medida pasivo, que abarcaba ta nto a la é lite
la propie dad como la que tenía se prestaba mejo1~, en ú lti~1a ins- como a la multitud, pero cuya ciudadanía sería d e alcan ce limitado.
tancia, a relajar las restricciones para perte n e cer como m iembro El capitalismo transformó también de otras maneras la es fera
a la nació n política.4 En t.énninos simples, una vez que e l pode1: política. La relació n entre capital y trabajo pre supone individuos
eco nóm ico de las clases rerratenientes dejó d e d e pende r d e l es tatus formalmente libres e iguales, sin d erech os u obligaciones prescrip-
"ex1raeco nómico", d e los p oder es jurírlicos, p o líticos y milita res tívos ni privilegios o inhabilitaciones jurídicos. En Inglate rra se
d e l señorío, para la é lite ya no e ra indispe nsable el m o nopolio inició e n fecha muy temprana la disociación d e l individuo d e las
sobr e la política. En con traste, dentro de un m arco dominado por institucio n es e identidades corporativas (lo que se r e fleja, por ~je m -
una co n cepción esencialmente precapitalista de la propiedad, con plo , en la definición que da s ir Thomas Smith d e un a mancomu-
wdos sus "ad erezos" jurídico s y políticos (com o los llamó una vez nidad como "una sociedad o acción común de una multitud d e
Marx), la igualdad "formal" que hizo posible la sep aración capita- h ombres libres reunidos y unidos por acuerdos y pactos comunes
lista entre lo "económ ico" y lo "político" no era ni siquiera pensable entre ellos"," y en el psicologismo individua lis ta que r ecorre la trn-
(literalmen te), po1· n o decir de seable. - dición de pensamiento británico que va de Hobbes a Locke y Hu-
me, y m ás a llá); y e l origen del capita lismo estuvo sig n ado p o r la
creciente disociación del individuo (por n o m encionar la propie -
dad individua l, d e identidades y obligaciones tradicionales, corpo-
EL CAPITALISMO Y LA C IUDA0ANÍA DEMOC RÁTICA rativas, prescriptivas y comunales.
La aparición de este individuo a is lado r.uvo -huelga decirlo- s u
A l trasladar la sede del poder del se•ñ orío a la prof1iülad, el capita- lado positivo, cuyas implicaciones emancipatorias son subrayadas
lismo le restó noto riedad al estatus cívico, a m edida que los ben e- por la d octrina liberal, con su con cepto constitutivo (¿mito?) del
ficios d e l privilegio político le cedían e l paso a la ventaja puramente individuo soberano. Pero h abía tambié n otra faceta. En cie rto sen-
"económica". Con el tie mpo esto ll egó a ha<.:er posible una nueva tido la c r eación del individu o so berano fue e l precio pagado p or
forma de democracia. Donde e l republicanismo clásico había r e- la "m ulti tud trabajadora" para e ntrar a la comunidad p o líti ca; o,
suelto e l problema de la élite te rrateniente y la multitud trabaja- para ser m ás exactos, e l proceso histórico que dio o rigen a l ca pi-
dora r es tt·ingiendo el alcan ce dd cu e rpo ciudadano (co mo hubie- talismo y al asalariado moderno, " libre e i gual", fu e e l mismo e n
sen qu e rido h acer los o liga r cas ate nie n ses), la democracia capita- el cual e l ca mpesino fue desposeído y d esarra igado, disocia d o ta n w
lista o lib e r a l iba a permiLir la exten s ión d e la c iudadan ía restrin- d e su propie dad com o d e su comunidad, junto con sus d e rechos
giendo sus pode r es (como hi cieron los romanos). Donde uno pro- comunes y tradicionales.
p o nía un c u e rpo ciudadano acrivo p e ro exclusivo, en e l cual las Conside r e mos breve mente lo que s ig nifica esto. El campesino
clases terraten ie ntes goberna sen a la multitud trabajadora, e l ar.ro de las sociedades precapitalis tas, a dife 1-encia d e l asalaria do m o-
derno, seguía e n posesión de una propiedad -tierra, en es te caso-,
~ Véase Ncal Woo d ,.fo/rn Locke urui ugrnria,1 capiu,lism, Derke ky y Lo s Áugeles,
de los m e dios para trabajar y subsistir. Esto signifi ~aba que la ca-
198 4 .
4
Para una poderosa críti ca de los in1en1.os de pinta r ajohn Locke c.omo d e 111ó-
c rara véase David McNaUy, "Locke, kvelle r s a11d libe rty: Prnperty and democracy " S11Ú1h, De Republica Anglornm, p. 57 . En relació n con esto resulta interesame
i11 tht rhought of tht: first w higs", J-listory of'Political Thougltt 10(1), pp. 17-40. co mparar la definición de Smi th co n Ja t.l e su co n tempo rán e o, J i:an Ho <lill, •1uie11,
T a mbié n yo h e rebatido sc:: m eja ntt:s i111.1:1·pn::1acio n es e n " Lock e agai11st. d e m ocracy: en sus Six buoks of the commonwealth, st: ocupa de "familias, coli:gios o cue1·pos
Co nsent, rt:p1·esentation and suffrage in thc:: Two treatises" , Histo1y of Political corp o 1·a1ivos", no de h o 111bres libres e n tanLo iHdividuos, como u11id;1d es co11s li111-
Thou.g ht l !1(4) (1992), pp. ti57-689, y e n " Ra di calism, capitalism ami histolical _co n- tivas de la m a n comuuidacl, re flejando la realidad d e Franc ia, donde las instiruciones
Lt:xts: N ot 0 11ly a re ply 10 Richanl Ash craft on J o hn Locke", Histury of Po/1tual e ide nli dad es co 1-po rnlivas siguie,·on desempei'iando un imponan 1e papel c::n la
Thouglit 15(:1) (1994). vida políti ca.
244- CONCEl'TOS ANT IGUOS Y MODERNOS DE CIUDADANIA C ONCEPTOS ANTIGUOS Y MODERNOS DE C I UDADANfA 245

pacidad d e l terrateniente o del estado para apropiarse de su trabajo d e la aldea a l estado, y d e l campes ino a la comunidad cívica. El
d e pendía d e un poder coe rc itivo superio1·, bajo la forma del estatus corola rio económico d e este estatus político fu e para e l cam pesi n o
jurídico, político y militar. Los principales modos de extracción_ de un gi-ad o excepcio nal ele libe rta d r especto a las e xacciones "extra-
plusvalor al que estaban sometidos los campesinos - renta e 11:1• econ ó micas" bajo la form~ cle rentas o impuestos. 7
..
¡•
puesto- solían adoptar la forma de diversos tipos de depe ndencia
jurídica y política: servicio por d e udas, servidumbre, relaciones
En contraste, el campesino medieval seguía estando firm e m ente
excluido del estado y con co mitante m e nte más s uje to a la extracc ió n
tributarias, obligación d e cumplir con trabajos de corvée y demás. extraeconórniea d e plusvalor. Las instituciones y solidaridades d e
Por e llo mis mo la capacidad de los campesinos para resistir o li- la comun idad aldeana podían brinda rle c ierta protección contra
mitar su explotación p or part.e de señores y estados d ependía en los señores y los estados (aunque tambié n podía se rvir c omo m e dio
gran parte de la fue r za d e su propia organización política, en par- de control seño.-ial, com o ocurría, por eje mplo, en las cortes de
ticular d e la co munidad aldeana. En la medida en que los campe- los feudos ingleses), pero e l estado mismo era ajeno y r epresentaba
s inos e i-an capaces de alcan zar cierto grado d e independencia po• un espacio exclusivo d e los señores feudales. Y a med ida que la
lítica ampli ando la jurisd icción de la comunidad a ldean a - por "parcelización de la soberanía" feudal cedía el paso a estados más
e je mplo estableciendo sus propios estatutos o remplazando a los centrali zados, la exclusividad de esta esfera p o lítica sobrevivió e n
r·e presentant.es del terrateniente con sus propios magistrados lo- la nación política privilegiada.RP o r último, mientras las relaciones
cales- también aumentaban su propio pode r económico de apro- feudales iban dejándole lugar a l capitalismo, específicamente e n
piac ión y 1·e siste n c ia a la explotación. Pero p or fuerte que llegase Inglaterra, inc h.1s0 la mediación de la comunidad aldeana, que se
a ser e n ocasiones la comunidad a ldeana, solía perdurar una ba- había interpuesto entre e l ca mpesino y el terratenie nte, te rminó
rrera insuperable a la autonomía campesina: el estado. La a ldea por perde rse. El individuo y su propiedad se desarraigaron d e la
campes ina casi por doquier quedó, por decirlo así, fuera del es- comunidad a m edida que la produ cción que daba cada vez más
tado y sujeta a su pode r ajeno, ya que e l campesino era excluido fuera de las r eglamentacion es comunitarias, ya fuese de la corte
d e la comunida d _d e ciudadanos . feudal o d e la comunidad aldeana (el ejemplo m ás obvio de este
Aquí es donde la democ racia ateniense representa una excep- proceso es la sustitu ció n del sistema inglés d e campos abie rtos por
ción radicalmente sing ular. Sólo a llí se s upe ró la barrera e ntre e l los ce1·cados); la tenencia ti-adiciona l se con virtió e n a rr e ndamiento
estado y la a ldea; puesto que ésta se convirtió d e hecho en la unidad eco n ómico, sujeto a las presiones competitivas impersonales d e l
cons titutiva del estado, y los campesinos se volvieron ciudadanos. m e rcado; los p eque flos m e di e ros perdie ron su derecho de uso acos-
El ciud adano atenie nse adquiría su estatus cívico en virtud de su tumbrado sob1·e las tierras com unes; iban si endo cada vez m ás d es-
pe rtenencia a una deme, unidad geográfica basada por lo general pose ídos, ya fu ese p o i· el desah u c io -c oercitivo o p o r las pres iones
e n a ldeas y,1 existentes. C uando C léistenes estableció la deme como económicas de la competencia. Con el paso del tie mpo , a m e dida
unid.1d constitutiva de la f>olis fundó d e mane r a esencial la d e mo- que la propiedad de la ti erra se fu e c oncent.rnndo más y más, e l
cracia. Eso c reó una identidad cívica ajena a las diferen cias de campesinado les cedió e l paso a los grandes terratenientes, p o r un
n acimien to, ide ntidad común a la d e m ocracia y a l demos, simboli~ lado, y a los jornale r os s in bienes, p or e l otr o. Al final la " libera-
1..ada por Ja adopción, por parte de los c iudadanos atenienses, de ción" del ind ividuo fu e completa, cuando e l capitalismo, con su
un rlemotikon, un nombre de deme, como a lgo diferente d e l patro-
nímico (al q u e de hecho nunca remplazó, sobre todo en el ca so de ·
7
Más a l r esp ecto e n 111i libJ"o Prmsant-citizen (md .fla11e: Thefou.nrfations ofAtll.l!nian
la aristoc racia). Pe ro algo aún más fundame ntal es que las r e formas democmcy, Lo n dres , 1988, pp. 101 -107.
8
ele C lé iste n es "politizaron e l campo ático y e nraizaron allí la iden- Para un análisis de la 1·e h,ci611 entre campesinos, seí101·es y el estado en la
tidad política"_,; R ~presentaban, e n otras palabras, la incorporació n Euro p a medieval y de pri11cipios tJ,.. la edad 111u d e n1a véase R obert Brcnne r·, "Thc
agradan roo ts o f Eu r ope an capita lis m '", e tt T.H . Aston y C. H. E. Philpin (ed s.), Thr
Brennar debate: Agrarin.n clas.r .m~1.ct11.rn and econ omic der,clofmMnl in ¡,rP.•inrltistrfol E n•
,; Robin O~borne; D e1110.t: Thr. d iscqv'-'•Y of classi(."(1.l Auil,<1,, Cambridge, 1985, p . 189. ,·of1e, CambJ"idge, 1985, pp. 2 J '.1-:\27.
indiferencia a las identidades "extr aeconómicas" de la multitud deslegitim i zar, o a l menos d espolitizar, las solidaridades que s e
trabajadora, disi pó los atributos prescriptivos y las diferencias "ex- yerguen entre los niveles del individuo y la nación, com o las que
t raeconómicas" en e l solve n te del mercado de t.r.abajo, e n e l cual se f01jan en e l lugar de trabajo, la comunidad local u la experien c ia
los individuos se convier te n en unidades de trabajo intercambia- de clase compartida. Cuando la nación política e ra privile giada y
bles, abstraídas de toda id e ntidad p e rsonal o social específica. . exclusiva, la "mancomunidad." en gran medida conesponuía a una
Cuando la "mu ltitud trabajadora" ingresó finalmente a la comu- comunidad r eal de in terés e n tre la aristocracia terraLenie nle . En
nidad d e ciudadan os fue como agregado de esos individuos a isla- las democracias modernas, en q u e la comun idad civil une los ex-
dos, sin propiedad y abstr aídos de las solida ridades comunales. tremos de desigualdad social e inter eses e n con fli c to, e l "bien co -
Desde lu ego, la disolución d e las identidades prescriptivas tradi- mún" compartido por los ciudadano s debe ser un concepto much o
c.:ionales y d e las desigualdades jurídicas representó un avance para más sutilmente abstracto.
esos individuos, ahora "libres e iguales", y la adquisición de la ciu- En este caso, d e nuevo , e l contraste con la antigua democracia
dadanía les confirió nuevos p o d eres, derechos y facu ltades. Pero es sorprendente . B asada en los cimientos del deme, la polis de-
no podemos calc ular sus ganancias y pér d idas s in recordar que .el mocrática se construyó sobre lo que Aristóteles llamó comunidad
supuesto h is tórico d e su c iudadanía e1·a la devaluación de la esfera - natural en la Ética a Nicómaco. Las consecuencias tangibles d e la
política, la nu eva relación e ntr e lo "económ ico" y lo "político" que ciu dad anía campesi na sugieren que esta "comunidad real" tenía
había reducido la importancia d e la c iudadanía y tra nsferido algu- i mplicaciones políticas 1:eales. La contradicción entre la comunidad
n os d e sus poder es, antes exclusivos, a l <lo m inio puramente eco- civil y las realidades de la v ida socia l tampoco fue tan grande e n
n ó mico de la propiedad privada y el mercado, do n de la mera ven- la democracia ateniense como lo es en e l estado democrático mo-
taja económica ocupa e l lugar del p rivilegio jurídico y e l monopolio de1·no. La democracia liberal moderna tiene e n común con la de-
político. La d e valuación de la ciudadanía implícita en las re laciones mocracia griega an tig u a u na disociación de la id e n tidad civi l d e l
sociales capitalistas es un atrihut.o esen c ial de la democrac ia mo- estatus socioeconómico, lo que p e r mite la coexistencia de la igual-
derna. Por esa rnzón la tendencia de la doctrina liberal a repre- dad política forn1al con la desig u a ldad de clases. P ero esr.a simili tud
sentar los desa rrollos históric o s riue produjeron la ciudadanfa for- d isfraza una diferencia más profunda e n t re las dos formas de de-
mal como un si mpk refo rzam ie nto de la liber tad individual - la mocracia, que refleja relaciones r adicalmente dife re ntes e ntre los
libernción d e l in dividu o d e un estado arbi trario, así como de las p lanos "político" y "socia l" o ''económico" en los dos casos.
r estriccion e s de la tradición y de las jerarquías prescriptiva, de las Como afirmé en e l capítu lo 6, e n la antigua democracia arenien-
r e pres iones de la comunidad o las demandas de la virtud cívica- se e l derecho a la ciudadanía no estaba determinado por e l es ta tus
es impe rdo nablemente u nila te ral. socioeconómico; pero el pode r de apropiación y las relacion es e n -
Tarnpoco p o demos evaluar los efectos id eológicos d e la •-elación tre las clases estaban directamente afectados por la ciudadanía d e-
moderna e ntre el ciudadano indiv idual y la comunidad cívica o moci-ática. En Atenas ciudadanía d e mocrática significaba que los
nación sin considerar en qu é grado esa "comunidad imaginaria" es pe que 110s p r oductores, y los campesinos en partic u la r , en gran
una ficc ión, una abstracción mítica, en confl icto con la expedencia med ida es tab an libres d e la explotación "extsaeconóm ica". Su par-
de la vida cotidi a na d e l ciudadan o.!' Sin duda la nac ión puede ser ticipación políti ca -en la asamblea, en los tdbunales y en las calles-
lo bastante r ea l com o para inspirar a los individuos a morir por li mitaba su explotación económica. Al mismo tiempo, a d;ferencia
su país, pe1·0 tene mos que ve r hasta qué punto esta abstracción d e los obreros e n e l capitalismo, aún no estaban sometidos a las
puede se rvir también como recurso i&o lógico para n egar u ocultar. compulsiones "económicas" de la fal ta d e propiedades. La libenad
la expe riencia más i n mediata d e los individuos, par-a disgregar y política y la económica eran inseparables: la libertad doble del de·
rnos e n su signifi cado simultáneo de estatu s político y clase social,
!' Sohre la nació n como "comuuidad imagina d a" vé.1se Be nerlic1 Anderso11, Jma•
el pueb lo común y los pobres; mientras que h igualdad polític a no
gined cmmmmiliés, Lond1es, 108'\. sólo coexistió con la desigualdad socioeconómica, si no que la m o -
CONCEPTOS ANTIGUOS Y M ODERNOS DE CIUDADANJA CONCEPTOS A N T I GUOS Y M ODERNOS DE CIUDADANÍA 249

difid> susta nc ia lmente. En este sentido, la d e mocracia en Ate nas gistro his tórico pertenezca a los ganadores; yc1 qu e si en e l afio
no e ra "forn1al" sino sustantiva. 1688 ni los levellers ni los diggers r epr·e1-entan a los ganadores, ¿110
11
En la d e rnocracia capitaJis ta, la separación e ntre eJ estatus civil debe ría la his toria regis ti-ar q ue la d emocracia estuvo e n e l lado
'l
y la p osició n d e clase o p e ra en a mbas direcciones: la posición so- de los perdedores?
cioecon ó mica n o dete rmina e l derecho a la c iudadanía -y eso es Aquí justam e nte la expe;iencia est.adunidense fu e decisiva. Los
precisamente lo que significa democrático e n la democ racia capita- liberales ingleses pudieron confo rmarse largo ti e mpo c o n celebrar
lista- sino que , debido a que el pode r del capi talista para a propiar- los avances d e l parlame nto sin procl ama ,- la victoria de la democra-
se d e l trabajo excedente de los obre1·os no depende d e un estatus cia . Los es tadunidenses n o tuvie r o n esa opción . A pesar del hecho
jurídico o cívico privilegiado, la igua ldad c ivil n o afecta d irecta- de que e n la lu c ha p o r d e te rmina r la forma d e la nueva repúb li ca
mente ni modifica ·sig nificativa m ente la d esigualdad de clases; y fu eron los antidemóc ratas los q u e ganaron, incluso e n el m o m e nto
justamente esto limita a la d e mocracia e n el capitalis mo. Las rela- de la fundaci ó n e l impulso hac ia la democracia m asiva ya eni de-
cion es d e clases e ntre e l capital y la fu e rza d e ti-abajo p u eden so- masiado fuerte p a r a que esa victoria fuera com pleta. En este caso
brevivir h asta con una igualdad jurídica y e l sufragio unive rsal. En tambi én la ideología d o min ante separó a 1<1 é li te gobernante <le la
ese sentido, la ig ua lda d p o líti ca e n la d e m ocr acia capitalista n o multitud gob ernada; y los fed e ralistas pudie r o n habe r deseado, s i
sólo coexiste con la d esigualdad económica, sino que la d ~ja fun- hubiera sido posible, c r ear una nación política e xclus iva, un a aris-
dam e nta lmente intacta. tocrac ia d e ciudada n os co n propie d,1des en la que la propiedad
-esp e cíficame nte la pro piedad te rrito ri a l- s iguió siendo un estatus
privilegiado jurídico/político/ militar. Pe ro la realida d econó mica
y pol(tica en las colonias ya había cancela do esa opción. La propie-
LA REDEF1NICIÓN ESTADUNIDENS E DE LA DEMOCRACIA dad había d escartado irre m e diable m e nte sus "adornos" extraeco-
n ó micos, e n una econ o mía basad a e n e l inte r cambio de mercancías
El capil'a lis m o hizo posible, pues, con cebir la "de mocracia formal", y m o dos de apropiación puramente "eco.nó mi cos", que socava ron
una forma de igua ldad cívica que pudie ra coexis tir con la desig u a l- la nítida divis ió n entre la propie d a d políticame nte privilegiada y
d ad socia l y dejar a las rela cio nes económicas e ntre la "é li te" y la la multitud trabaj a dora sin privilegios. Y la experie n c ia colonial
"multitud obrera" en su sitio. Sin e mbargo, sobra d ecir que la /10- que cu lminó e n la r e vo lució n había cread o una plebe p o líticamente
sibilidad conceptual d e "democracia formal" no constituyó una rea- activa.
lidad histórica. Tendría que h a be r much as luchas largas y a ,-duas Por lo tanto, e l federali sm o se e nfren tó a la ta r ea s in precedentes
antes de q ue e l "pueblo" llegara a a barcar a la multitud trabajadora, de preservar lo que se pudjera de la divisi ón entre la m asa y la éli te
p ara_ 11 0 habla r de las mujeres. Es c urioso que e n las ideologías e n el con texto d e un d e rech o p o lítico cada vez m ás dem ocrá tico
dominantes de la cu ltura p o lfrica a ng loam ericana estas luch as n o y una ciud ada n ía cada vez má.s activa. Ahora se recon oce más gc-
hayan h ech o é p oca e n la historia de la d emocracia. En los cánones n e r a.lme n te qu e no hace mucho tie mpo que la democracia d e Efi-
del liberalism o de habla inglesa , el principa l camino h acia la d e- tados Unidos se vio profundamente mancill¡:i.cla e n sus cimie ntos
mocracia moderna p asa por R oma, la Carta Magna, la Pe tición de mis mos por la exclusión de las mujeres, la o presión de los esclavos
D e r ech os y la Re vo luci ón G loriosa, p ero n o p o r Aten as, los levellers, y un colonialismo geno cida e n relación con los pueblos ind.ígenas.
los diggers'k ni e l cartismo. N o se trata s imple m e nte d e que el re- Lo que pue d e no ser tan evidente son los principios antide m ocrá-
ticos contenidos e n la ide a ele la c iudada nía d e m ocrática misma,
. * L evr.llen: gruro radical, durnnte la guerra c ivil ing lesa, que se levantó defe11• tal com o la definie r on los "Padres Fundado r es". Los redactores de
die n do un p1·ogra 1na d e refo nrias cous1üucio11ales para ascgura1· la igualdad a n le
la _l~y, sob1·e t o du en der ccl10s p olílicos y eco11ó 111icos y con tra toda fonna de la Constitució n se e mbarcar on e n e l primer exp e rime nto de dise-
pnvtl_egt<J de la iglesia. Diggers: e11 Jng lat:e na, mi e 111ln<Js ele un grup o que comen zó 1iar un conjunto de instituciones políticas que abarcarían y a l mis-
en 1h49 a cul1.1va1· en ti e tTas co mun a les en protesta c<J n tra la p1·o pie dad privada. mo ti em p o r edu cirían e l p ode r popular, e n un co ntexto en el que
ya no era posible mantene1· un cuerpo de ci udada n os exclusivo. dado las dotes sin las cuales, en una asamblea de deliberación, las m ,'is
Cuando no se contab a con la opción de una ciudadanía activa sino ex- grandes habilidades son en mayor m edida inúciles [ ... ] Por lo tanto, d ebe-
clusiva, sería necesario crear un cuerpo d e ciu dadanos inclusivo pe- mos considerar a los comerciantes com o los representa ntes nalllrales de
ro p asivo, con una perspectiva limita d a de sus facúltades políticas. todas estas clases de la comunidad.
El ideal federalista pudo haber sido c rear una a ris tocracia que
combinara la riqueza con la virtud republi cana (ideal que inevita·- A lgunas de las diferencias más importan tes entre la demucracia
blemen te abriría paso al dominio ele la riqueza sola); p ero su tarea antigua y la m oderna se sintetizan en estas dos citas . Alexander
práctica consistía e n sostener una o ligarqu ía propietaria con e l Hamilton está enunciand o los principios de lo que e n otro lugar
apoyo e lectoral de una multitud popula r. Esro también requirió llama "democracia representativa", una idea sin precedente histó-
que los federalistas produjeran una ideología, es p ecífi camente una rico en e l mundo a ntiguo, una innovación americana. En este Cí\SO
redefinición de la democracia, que disimularía las am bigüedades los zapateros y los h e rreros están representados por sus superi o res
de su proyecto o ligárquico. Fue1·on los ven cedores antidemocráti- sociales. Lo que está en jue go e n este contraste no es simplemente
cos en Estados U nidos los que dieron a l mundo m oderno su defi- la distinción convencional e ntre la democracia directa y la repre-
n ición de democracia, una definicióri en que la dilución del poder - sentativa. H ay otras dife r encias más fundamentales de principio
popular es un ingrediente esencial. A pesar de que las instituciones entre los d os conceptos d e democracia contenidos en estas dos
po líticas estadunicl enses no han sido imitadas dondequiera, el ex- citas.
perimento estadunide nse ha d ejado este legado universal. 111 El concepto de isegoria posible mente es e l concepto TT)ás d istin-
En el cap íLulo amerior cité un pas~je de la obra Protágoras de tivo que se asocia a la democracia ateniense, el más dista nt e de
Platón que se refe ría a la prác tica aten iense de dejar a los zapateros cualquier concepto análogo e n la democracia liberal moderna - in-
y a los h en-eros, ricos y pobres por ig u a l, h acer juicios políticos. cluyendo su apr oxi m ación más cercana, el concepto mo<lerno de
~st.e pasaje, que da expresió n a l principio d emocrático de isegoria, libertad de palabra. A lexand er H amilton sin duda a lguna e ra de-
rio sólo libe rtad sino también ig ualdad de palabra, identifica cla- fe n so r d e la libertad de palabra en el se ntido moderno liber a l de-
ramente la esencia de la d e mocracia ateniense . En contraste, en mocrático, que tiene que ver con proteger el derech o d e los ciu-
este caso se presen1a una cira d el Federalist, 35, d e A lexander Ha- dadanos a expresarse sin interferencia, en especial por par te d e l
miiton: ' estado. Pero en el con cepto de Hamil t.on no hay incompatib ilidad
e n tre la d efensa de las libertades civiles, e ntre las que la libenad
La idea de la r epresen tación real de todas las clases del p ueblo, p o r indi- de expresión tiene preemin encia, y la opinión de que e n e l á mbi to
viduos de cada clase, es comple tame nte visionaria [ .. .] Con p ocas excep - político es e l comerciante acaudalado el representante natural d e l
ciones, los rned nicos y los fahrican 1es siempre estarán inclinados a da1· anesano humilde. E l h omh1·e con prop iedades h a blará política-
su voto a los com e 1·ciantes, de preferencia a las personas de su p1:opia mente por el zapatero o e l herrero. D esde luego que Hamilton no
profesión o rama[.·..] e llos es 1án conscien tes de que, por mucho que pue- propone acalla r estas voces populares. Tampoco intenta privarlas
dan confiar, y con sobrada razón, e n su b u e n sentido, sus intereses estarán d e l derecho d e e legir a sus representantes. Evidente m enl'e, con
efeci:ivamente m ejor promovidos p or los com erciantes que por e llos mis- c ierta r enuen cia está o bligado a aceptar un p rivilegio un tant o
mos. Saben que sus hábitos e n la vida no h an sitio rales c¡11e les hayan amplio y socialme nte inclusivo o "dem ocr ático" . Pero, al igua l que
mu ch os an tidemócratas a ntes que é l, hace ciertas su posiciones
acerca d e la r ep resentac ión d e acuerdo con la cu a l la multitud
lo para un a n a· 1·1s1s
. r eve1ac,01·
., d e este rnoddo"" y sus unp
. 1·11:ac1o
. nes vease
• Petel' obrera, como la " p ersona de nive l más inferio1·" d e s i,· Thumas
Manicas, "Thc fo 1·eclos ure of demo c.-acy in Arne l'Íca", Histo,y of Political Tho·ught
9( 1 ), l 988, pp. l ~7-160. Sobre los feclern listas eu el con texto ele los debates en S mith, rlebe encontrar su voz política e n sus supe riores sociales.
LOl'lH) a la Constitución y que d esembocaro11 en e lla véase Gordon S . Wood, Tite Estas su p osicion es también tiene n que colocarse e n e l contexto
creation of the American Repub/ic, 1 776-1 787, Nueva York, 1972. d e la opinión federa lis ta de que la representación no es una forma
l.,VN\....t.t'.l \,,J~ / \.Nll\.., UV~ }' lYJVUC..KJ,.. V.:, Ut V.lU Uhllí"\.i'-UJ-\. l , VN\...t.l' J V::> AN I I L , UV:> Y MVIJt, l ~NV3 U f. l.. l U U/\U/\N I A

1
de implanta r s ino de evitar, o por lo menos de sortear parcialmente corno e x cepcion es a la r egla ele que se pue d e s upo n e r que todos
la democracia . Su argum ento no era que la r epresentación es n e- los ciu dad a n os poseen e l Lipo d e conocimic nlos cívicos necesarios
I! cesari a e n una g ran república, sino, por el contrario, qu e una gran para las func iones p o líticas generales. El m é todo democrático por
r epúbli ca es deseab le para que la r e presentació n sea inevitable -y e xcelen cia fue la selecci ón p or sorteo, práctica que, aunque reco-
cuanto menor sea la proporción e n tre representantes y representa- noce las limitacio n es prácticas impuestas por e l tipo de estado y
dos, y mayo r sea la d istancia entre ellos, m1c:jor. Como Madiso n el n úmero d e ci udada n os, a barca un c rile r io d e selecció n e n prin-
.,, ~eñala e n e l Federnlist, 1 O, el e fecto d e la representa ción es "depura,- cip io opu esto a la e n ~jenación d e la ci u dad anía y la suposición de
r:
i y e nsan c har la opinió n pública, pasándola p o r e l m edio d e un cu er- que el demos es po!Hicamente incompetente.
po e legido de ciudadanos". Y una r e pública extensa es clarame nte La r epública estadunidense estable ció t1t-me m e nte una defi ni-
prefe ri b le a una p e c¡ue üa, " más favo rable para la elecció n de los c ióq de democracia e n lc1 que la transferenc ia d e poder a los "re-
g u a rdianes a d ecuados del bie n públi co", con base en "dos con s i- p 1-esen tant.es del p ode r" co n stit.u(a n u sólo una concesión necesaria
deraciones o b vias": que habrá una pro porción menor entre repre- e n cuanto a l tamaf1.o y la co mplejidad, si n o m ás bien la esen cia de
sen tan t es y representad os y que cad a representante será elegido la d e m ocr acia m isma. Por lo t·a nto, los estadunidenses, aunque n o
por un electorado mayo r. En otras palabras, la represen tación tie n e inve n taron la representac ión, pueden recibir el reconocim iento de
e l propósito d e actuar co m o un filtro . E n este asp ecto, el conce pto habe r establecido una ide a constitutiva esencial d e la democ,·acia
fede ra lis ta de repr esentación -y especialm e nte e l d e Hamilto n - es m ode rna: su identificación con la e n ajen ació n d el poder. Pe r o, de
la a ntítesis misma d e isegoria. nue vo, el punto crítico e n este caso n o es si mple m en te la sustitu-
Nos h e mos acostumbrado tanto a la fó rmula "democracia re- ción d e la d e m ocracia r e presentativa por la directa. Sin duda alg u-
presentativa" que tendemos a o lvida r la novedad d e la idea n o r- n a hay muc h as r;:izones para favorecer la r epresentac ió n hasta e n
teamericana. En su forma fede ra lista, e n todo caso, significó que e l sistema de g obie rno más d e moc rático. El punto e n c u estió n en
a lgo hasta a h o ra percibido como la antítesis d el autogobiern o d e- este caso es más b ien l.a suposición e n la que se basó la conce pcióno
mocrático ahora no sólo e r a compatible sino con s titutivo d e la federa.lista de represcnt.aci6 n . No sólo concibie r on los "Padr es Fun-
democracia: no ei ejercicio del poder p o lítico, sino renunciar a él, dad o r es" la representación como un m e dio de di.stmiciar a l pueblo
trnnsfr1rfrlo a o tros, su e.najenación. d e la política, s ino que la defe ndieron por la misma razón p or la
La e n ajen ación del p o der político estab a tan alejada d e l (:On cep - que los d e m ócrata s atenie n ses sosp ech aban d e las eleccion es: p or-
to griego de la d emocracia que h asta la e lección p od ía consid erarse que favorecían a la clase p ropietaria. La "d e m ocrac ia repre-
una p ráctica o ligárquica, que las d e n1ocracias p o drían adopta,· para senta tiva", a l igua l que una d e Jas m ezclas de Aristóteles, es la
cienos propósitos específi cos p ero que no p erten e cía a la esencia d emocracia c iv ilizada co n un toque de o ligarquía.
de la con stitución dem.ocr á tica. Así, al d escribir có mo se r edactaría
una co nstitución "mixta" con elementos d e los principa les tipos
cons tituc ionales, com o la olígarqufa y la d e m ocr acia, Aristóte les
s u gie re la inclusión de la elecció n com o una caracterís tica o ligár- UN "PUEBLO" SI N CONTEN IDO SOCIA L
quica. Era oligárquica p o rque te.ndía a favorece r a los gnorimoi, los
n otables, los r icos y bien nacidos que tenían men os probabilidades El argumento federalista, que se esgrime en un concepto d e l "bien
d e aceptar la democr ac ia. Los atenie n ses podían recurrir a la e lec- público" m ás lejano que cercano de la vo lunt ad d e los ciudadan os,
ció n e n e l caso de los oficios q u e requerían una expe rie nda estric- refleja una noci6,r mu y panic ular d e c iudadanía que con t ras ta de
tam e nte técn ic;:i, sobr e tocio los cargos fi n ancier os y militares más m ane1-a m a r cad a con la a n tig u a idea aten ie nse. E l mode r no con-
a ltos (como e l cargo m ili tar de strategos para e l que fue e legido cep to es tadunide n se d e ciudadanía p u ede se r m ás inclusivo y uni-
Pericles); pero dichos p uestos iban acompafiados de estrictas m e- versalista q u e el ateni en se, más intliferenle a las particu lai-idades
didas p ar a asegura r . c u e ntas claras, y se e nte ndían abie rta m e nte d e l parentesco , los lazos de sangr e o la etnia . En este aspecto, es
más parecido a la ciudadanía de la antigua Roma que la aLeniense. foca l d e la política d e la localidad al centro federal.
Pero si la ciudadanía en Estados Unidos tie ne más en común con E l hec ho de que a lgunos antifedei-alistas hayan atacado las im-
la identidad cívica romana que la griega en su universalidad, su plicaciones a n tidemoc rát.icas de la constitución p ropuesLa rec h a-
capacidad para abarcar "extraños" también p u ede tener a lgo más zando la fórm ula con la que iniciaba la constitución, "Nosolros, e l
en común con Roma (no sólo la republicana sin o también la im- Pueblo ... ", dice mucho acer ca del signi ficado d e c iudadanía y so-
12
p e rial) en este aspecto, esto es, una mayor distancia entre el "pue- beranía popular tal como las concebían los Padres Fundadu res .
blo" y la esfera de acción política, una conexión menos inmediata Esta fórmu la, aparentemente el llamado menos ambiguo a la so-
e ntre la c iudada nía y Ja participación po lítica. La ciudadanía en beranía popular, les parecía todo lo contr ario a s us críticos, un a
Es1·ados Unidos, a l igual que la de Roma, puede ser más expansiva receta para e l despotismo, para una extensión del imperio gobe r-
e inclus iv~1 que la ciudadanía democrática de Arenas, pero también nado d esde e l centro por u n estado no representativo y tiránico.
pue de ser m á s abstracta y más pasiva. Para estos críticos, la fórmula más democrática, que cerraría la
Si los "Pacfres Fundado1·es" tuvieran la intención de crear este distancia entre e l pueblo y e l ámbi to d e la política, hubiera sido:
Lipo de ciudadanía pasiva, o por lo menos d e Lemplar e l acü vismo "Nosotros, los estados ... " De acuerdo con dichos antifedera listas,
cívico de la c ultura revoluci onaria, difiere d e la democracia ate- _la invocación que los federalistas h acían "del p ueblo" era s imple-
niense e n otro aspeclü: se ha dicho que tanto e n el caso estaduni- mente un medio de investir a l gobierno federa l de un a verdadera
dense como e n el aLen iense e l surgimiento de la democracia r esul- sober anía, dándole el sel_lo de soberanía popular pero pasan d~ p o r
tó, e ntre otras cosas, de "una cultura d e mocrática preexistente" encima de las instituciones más cer canas a l pue b lo y conyi r tie ndo
fuera del dom inio polílico, de háhitos ig u a li tarios en la "sociedad al gobie r no republi cano en uno imperial.
civ il". 11 Se sugiere que la le y fundacional de C iéis tenes tuvo e l efec- Poste riormente los estadunidenses habrían de descubrir las po-
to d e institucionalizar est:a cultura democnhica preexistente. Pero, sibilidades a ntidemocráticas en la doctrina de los "derechos de los
si es así, entonces la Constitución de Estados Un idos está relacio- estados" que no pudieron h aber previsto los críticos ni los defen-
nada con su cultura democrática p reexistente en un sentido u n sor es anteriores de la Con s tituc ió n ; pero pa r a sus contemporá neos
ta nto diferente. parecía clar o que los federa listas invocaban la sober anía pop ular
Los fund~dores de la constitución de Estados Unidos no sólo e n a p oyo a un esfuerzo por apartar a l pueblo d e la política y rede-
se enfrentaron a una cul tura d emocrática s ino a instituciones d e- finir la ciudadanía, inclinando la balanza d e un activismo r epubli-
mocráticas bien d esarrolladas; y les irn por1aba tanto contener como ca no a una pasividad imperial. Al igual que e l demos aten iense, e .l
consolidar los h ábitos democráticos que s e habían establecido en "pueblo" ya no estaba definido como una comun idad d e ciudada-
la América co lonial y revolucionaria no sólo entre la "sociedad nos activos, sino como una colección d esagregada d e individuos
civil" sino incluso en la esfera p o lítica, desde las reuniones e n las particulares cuyo aspecto púb lico estaba representado por un es-
ciudades hasta las asambleas de r epr esen tantes. Alcanzaron el e(ec- tado central d istante. En contraste con la antigua concepción de
to deseado e n pane a l a mpliar la distancia entre la identidad y la ciudadanía como la t1articipación en una comunidad política, hasta
acción cívica en e l espacio público, no sólo interponiendo el filtro el concepto de derechos individu a les, que pudo h aber sido la mayor
de r e presentación entre la esfera ciudadana y la política sino h asta afirmación de super ioridad de la democracia m odern a sobre la
por medio de un d esplazamiento geogr áfico literal. Mi e ntras qu e variedad antigua, lleva la connotación de pasividad.' ~
C lé isten e s hizo del deme local la b ase de la ciudadanía a t en iense, E l "pueblo" sufrió o tra transformac ión significativa a manos d e
los fede ralistas h icieron su mejor esfueP"t.O para cambiar e l pun10 los federalistas que d e nuevo aparta de manera impo rtante su con-

12 Para un a n álisis de este pumo véase G. Woocl, Crea /ion , pp. 52Ci-527.
11 Véase W.R. Con n o1·, "Festival a nd dernocracy", e 11 Charles 1-leddck yj(lsi;,h 1~ Véase Mani11 Ostwald, "Shares and r ighls: 'Citizenship' G 1·eek a nd Amencan
Obcr (eds.), Democracy ari cie11l m,d modern, manuscrito n o puulic;ádo, l ~l!l4. style", en H eric k Ober, Democracy.
L.~U L.lJNl,,t~ J"' 1 lJ,") /\1'1 J ll.-•U\.J,'l r l\tlVlJl'....Kl'IVO:, JJt L,lUi.J/UJf\l~lf\ CONC: U'TOS ANTIGUOS Y MO0ERNOS DJ, C I UD/\DANIJ\

ccpto de democracia de los principios abarcados en la idea d e ise- nicos", así como otros - p e queños g.-anj e r os- que d e ben trab,~jar
goria. La posibilidad misma de conciliar e l concepto particular de p ara vivir y no tienen tiempo libre (¿ni libertad d e espíri tu?) para
rep rescnlación de Hamilton con la idea d e dem ocracia requirió "producir bienes" y pat'licipar en la política . Ésta puede ser, pues,
una innovación important e, que sigue formando parte d e nuestra la línea c dtica de d ivisión entre los o ligarcas y los d e mócratas: el
<lefrnición actual de democracia. Hubiera sido muy difícil para los
...
que define si la gente "n ecesaria" d e b e incluirse e n e l cuerpo de
atenienses as imilar e l concepto mismo de "de mocracia repr esenta- ciudadanos.
liva", pe r·o m e puedo im aginar conceptos de representación basa- Las distinciones sociales que hacen los a nlidemócratas griegos
dos en s upucs los más democráticos que los de Hamilton (y no -entre las condiciones y partes de la j1olis, o gente "necesaria" y
m e nos los <le Tom Paine). Aquí lo más importante es e l h echo d e buena o valiosa, kaloi kagathoi ,o chresf.oi- tam bién pefin ió el con-
que el co nce pto de Hamilton requirió la eliminación completa de cep.to antidemocrático de libertad, en comparación con el ideal de
cualquier contenido social del concepto de democracia y una con - libertad constitucional y d emocrático, eleutheria. Los c ríticos de la
cepc ión política del "pueblo" e n la que se s uprimieron las conrw- democracia p odrían o ponerse por completo a la eleutheria por id en-
taciones sociales. tificarla con el libertinaj e y e l desorden social; pero ésta fue sólo
Co n side,·emos, en contraste, la definición clásica que hace Aris- una es trategia adoptada por l os o ligarcas y los opositores filos ófi-
tóteles de la democracia como una con stituc ión e n la que "los na- cos de la democracia. Otra fue rede finir eleutheria de modo que
c idos libres y los pobres controla n e l gobien10 - quienes a l mismo exclu yera a los trabajadores, a1·tesan os o com ercian tes-q ue no eran
tiempo son mayoría" (Política, 1290b), a diferencia de la d e o ligar- esclavos. P or ej emplo, en la Retórica (1367a) Adstóteles define al
quía, e n la que "los ricos y m ejo r nacidos controlan e l gobierno eleutheros como un caballero que no vive a. costa de n adie ni está
-qui e nes a l mismo tiempo son una minoría". Los criterios sociales e ntregado a n adi<" porque no se dedica a un oficio sórdido o m e n o r ·
-pobreza e n un caso, riqueza y a lta tasa de naci mientos en e l o tro- - por esta razón, sostiene Adstóteles en una rara obsc,·vación , e l
representan un papel importante e n estas definiciones. En reali- cab e llo largo en Esparta era un símbo lo d e nobleza, la ma1·ca de
dad, sobrepasan e l criterio numérico. Aristóteles h ace énfasis en un hombre libre, ya c¡ue es difícil h acer un trabajo m e n o r con el
el hecho de que la verdadera diferencia entre la democracia y la cabello largo. Y lo que dice en la Política acerca d e l estado ideal,
o ligarquía es la dife rencia entre la pobreza .y la riqueza (1279b), de entre otras cosas, sugiere que esta distinción - no la distinción entre
modo qu e una polis sería democ rática a un en el poco probable los hombres libres y los esclavos, s ino e ntre los caballeros y los
caso de <¡ue sus gobern antes pobres fue ran al mis m o tiempo una banausoi, as( como otras personas '·necesarias"- no sólo tiene im-
minoría. plicaciones sociales sino políticas y constitucion a les. En este caso,
En s u prese ntació n de una fJolis ideal, Aristóteles pro po1:ie una todos los que satisfacen l as necesidades hásicas d e la comunidad
distinción socia l más específica que puede haber sido más decisiva -gra.ajeros, artesanos y tenderos- nó pue den ser ciudadanos e n lo
que la división e ntre ri cos y pobres (Política, 1328a-1329a). En la absoluto.
, fJOlis , s ugiere, como en cua lquier otro compuesto n atural, hay una Sobra decir que este tip o de distinción entre la libe rtad y el
diferencia ent1-e los e lemen tos que son parte integral y los que son servilismo es aún más enfática en Platón, para quie n estar atado a
condiciones necesarias. L os segundos sirven meramente a los pri- una necesidad material es una descalificación insuperable para
meros y no se pueden considerar partes orgánicas del todo. En la pr-actirn,· el arle de la política. Por ejemplo, en el Político (289c .vs)
/1olis, las "condiciones" son personas .que trabajan para satisfacer ·cualquier persona que a b astezca los bienes y servicios necesarios,
las necesidades d e la comunidad, ya sean h ombres libres o esclavos, cualquier practicante de las artes "contributo i-ias", es básicamente
mientrrls que las "parles'' son h o ml)l·es que tienen propiedades. La servil e inepto para las artes políticas - por ejemplo, e l trabajo agrí-
categorfa de personas "necesarias" -que n o pueden ser "partes" cola d e b e ser r·ea lizado sie mpre por· esclrlvos extranje ros. Así, tanto
orgánicas, o ciudadanos, de la polis ideal- comprende a los banau- para Platón como para Aristóteles la di stinc ió n e nt,·e libertad y
sui, los que se dedican a las artes e intercambios "básicos y m ecá- servilismo, dou.lefo, debe corr espon der no sólo a la diferencia _jurí-
dica e ntre h o mbres libres y e sclavos, sino tambié n a .la dife r e n cia nidad p o líti ca qu e no incluyera al d emos e n s u sig nificado social no
entre los que no tiene n n ecesidad de trnbaja r y quienes están o bli- habría c alifica do com o democracia. 1¡¡
gados a trabajar para vivir. Como Aristóteles, tal vez P e ricles n o definió la democracia com o
La definición de M.l. F inley de que "el hombre libre era el que un gobie rno de los pobres; pero e ra un gobierno d e la m ayoría ij
no vivía bajo la coerción ni e r a emplea d o para el beneficio d e otro; _ incluyendo a los pobres. Más que eso, e ra d e m ocracia pre cisa m e nt e
e l que d e pre fe,-encia vivía e n su terreno ancestra l, con sus santua- porque la comunidad política incluía a los pobres . D e h echo, la
rios y sus tumbas ancestrales", sugiere que este concepto de ele-u- fusión d e significados en que dem os den otaba tanto las clases bajas
therin. no estaba ta n dis tante de p o r lo m e nos a lg unos d e sus usos como la comunidad política como un todo sugiere un a cultura
conve n cionales. H P ero s i éste era e n realidad e l uso convencional, dem ocrática. Es com o si la categoría r omana de f1lehs, con todas
hubi e r a h abido alg un as dife r e ncias significativas e ntre la forma en sus con notacion es sociales, hubiera remplazado a la categoría 1)()•
que e l c iudadano aten ie n se n ormal comprendía sus implicaciones pultts - e incluso éste no rransm ite p o r e n ter o las implicacio n es
y e l significa d o que le atribuían Platón o Ai-istóte les. Para estos d e mo cr áticas d e l u so griego, ya que jJlebs , a diferen c ia d e derrws,
opositores d e la democracia, n o p odría d e cirse qu e:: s iqui era e l ar- n o se p o dí.a identificar con l9s p o bres o las m asas.
tesa n o y e l pequeño granjero inde pendiente e ran libres e n este En e l contexto griego la d efinición políti ca del demos mismo
sentido, en la medida en que su modo d e vida dependía d e abas- te nía un s ignificado social porque deliberadamente se opon ía a la
t ecer -y vender- los bienes y servic ios n ecesarios a otros. Dudo exclusión de las clases bajas d e la políti ca, con10 los zapateros y los
que e l ciudadano artesano o el campesino a teniense hubieran es- h err e ros. En cambio, cu a ndo los federalistas se r e fe rían a l "pueblo"
tado dispu estos a aceptar· esta dc:::finición extendida d e dou lei a, aun- como una categoría política, n o e ra con el fin d e afirma r los de1·e-
que fu era m e tafórica. P e r o lo principal e s qu e p a ra el d emócrata chos d e los "mecánicos" en contra de qui e n es prerendían excl uirlos
n o hubie ra sido la pertine nte para d efinir la ciudadanía, mie ntras í de la es fera pública. P or e l contrario , hay prue bas suficientes, in-
que p ara Plató n y Aris tóteles sí lo hubi era sido, p or lo m e n os ideal- cluso en los pro nuncia mi e ntos explícitos ele los líderes federa lis tas,
mente. Aun en la polis aJ'istotélica más viable, hay un cu es tio·na- d e que su propó~ito -y el propósito d e mu ch as disposi ciones d e
1fiie nlo sobr e la ciudadanía d e los a rtesanos, s in m e n cio na r a los la Constitución- era diluir e l p o d e r de la multitud pop ular·, e n
trabajadores contratados . partic ula r e n defensa d e la propie d a d. 1? En este caso se invoc.tba ·
. Esto n o quiere d ecir que la definición a ristotélica d e d emocracia a l puebl o para a poyar menos principios d emocráticos y no más.
fb era la convencional. E l propio concepto d e d emokratia pue d e ha- En le nguaje federalista, el "pueblo" era, a l igual que en griego,
ber sido originalmente una acunación antide moc rá tica; 1" y ta mbién una ca tegoría política inclusiva; p e ro en es te caso e l obj etivo d e la
fueron a ntide mócra tas los qu e proba ble m e nte definie ro n la d e m o- d e fini c ión política no e ra resa ltar la igua ldad política de qui enes
cracia como un gobien10 por e l d emos en su significado social, las no t e nía n igualdad social; te nía m ás que ve r con resalta r e l pode r
clases bajas o los pobres. Pe ricles , un demócrata m o d erado, d efinió del gobi ern o fecleral; y s i e l crite rio d e la clase social clt:bie ra ca r ecer
la con s titu ción ateniense n o com o una forma de gobierno de las d e rele va ncia p o líti ca, no sólo e r a e n e l sentido d e r¡ue la pobreza
c lases, s ino simplemenle como un gobie rno de la m ayoría y n o de o e l ra ngo sin distinción n o con stitu yeran un o b stáculo formal p ara
la minoría. Sin e mba rgo, p ara s u d efinició n fu e d ecisivo que el un car go público, sin o m ás esp ecfficarnenle en e l sen tido de que
rango n o fu era e l criterio p a r a los h o nores públicos y qu e la po-
b1-eza n o fu era un o bstác ulo para ocupa r un cargo . .Para P e ricles,
a l ig u a l que para Aris tó teles, una pobs gobernada por una comu- lli Tucídides, The Pelopouessian war, 11, p . 37 [H istoria de lt~ guerrt1 !Id Pelopone,o,
va1'ias e d . e n esp.].
17 Las opi ni o n es de H a mi1Lo11 son h asrn111e daras, pero h ;1s1.a Madiso11, <¡ue e r a
m ás ''jeffe.-sonia110", sintió la n ecesidad de di lui1· los p o d eres de la 1ul-lm para la
::. M; I. Fi11Jey, ¿ncienl sla.~1ery anrl 1node,·r1 ideo/q!fY, L;Hldres, 1980, p. 90. protecci6 11 d e la p ropiedad. Véase, p o r ejemplo, G. Wood, Creation, PI'· 22 1, 4 10-
Vease Paul Canledge, Comparauvdy e<¡u a l , en H ed n ck y Oher, Democracy. 4 1 1, 503-504..
la unive rsalidad d e los d e r ech os p olíticos -en p ílrlicular el sufragio
e l eciuilibri_o d:I poder d e las clases d e n inguna m a n era represen - u l11lto universa l- d eja intactas l.1s r ela cion e s o c p ropie d a d y e l
t:"'? º~ u n c n ten o rle la d e m ocra cia. En e fecto, n o h a brfa in comp a- p o der d e apropiac ió n e n un a forma que nun c,1 ,i ntes había ocurri-
11b1ltdad e nlre la dem ocracia y el gobiern o de los ricos. Es e n csle d o . Es el e,1pitalis m o el que h ace pos ible una fo r ma de ckmoa-ada
,;cn tid o en el qu e los cri le r ios sociales sig u en carecie n do de r cle- e n la r¡u c la ig ut1 ldad fo r m a l ele los de1·ech os políticos tien e un
vanci,1 p <1lítica en la ac tua lidad : y la d e fin ición m o d e rna d e cle m o- e fecto mJnimo sol,re la s d cs ig ua ld;:iclcs o las ,-ela cion es d e d o minio
c~·acia d ifíc ilmenle es men os comp a tible con e l gobierno d e los y exp lo tación e n o tras esfe ras. Estos avan ces fu c ,-on lo baslant c
n eos cte lo q ue fue pan, A leX.<1nd c r H a m illon . g ra ndes e n lo s Esta d os Unidos de finales d el s i¡.{lo XV III com o p,uíl
H abía u n fun<fa m e nt o est r u ctuntl tras estas d ife r e n cias e n la h acer p osible un;"l r e d e fi11ici ó n d e la d e moc rac ia s in un co nte nido
relació n cn tTe los s ig nifict1.d os p o lítico y socia l de "pueblo'' tal com o social, el inve nte, ele la "d e mocr acia l'orma l'' , a sí com o la s 11presiém
se concibió r espectivamen te e n A te n as y e n los Es tados Un idos <le los c rilc rios sociales e n la tlc liniciún d e la d e m ocracia. y e n la
posrevol ucio n arios. C u a lesqui era que fu eran su s inclinacion es los cnnccpci6 n de la libertad asociada a ésL~1. Por lo rn nto, los fe d e ra-
reclcral_is tas ya n ~ ~e n ían la o pció n , com o las clases gobe rn a n te~ d e listas tuvieron la posibilida d d e rc ivindic nr el leng u aje d e la d e m o-
c_ualq~te r otr o s 1t10, d e definir í'\l "pu e blo" con precisió n , com o cracia a l I ie mpo c¡ue calegóric,tm e n te se d esli g.'l bnn d el gobie rno
s m ó nim o d ~ una nación p o líticíl exclusiva. La exp erie n cia p o lítica por part e del dem o.t e n s u s ig niCicad o griego 0 1·ig ina l. Po r p r im ern
de las colo nrns y la r evolu ción pro vocar o n que se d escar tara (aun- vez, " d c n10 cra cia" podfa sig n ilicar a lgo compl c 1nme n 1e d ifere n1·e
q u e, d esd~ luego, las mujeres y los esclavos p o r definici 6 n qu eda- ele lo que s ig nificó para los g riegos.
ban excluidos de la n ación p oliLica). P e ro exislfa otra p osibilidad J>arn los fe d e ralis tas e n pa rticu la r. l,1 a ntigua d e m o cr.\ci,1 ern u n
para _los _estadun id e n sc~ q u e n o ~ a b fa e xis tido para los griegos: m o delo qu e explíc itame nt e hahÍé'l que evitar; e ra el gobierno ele la
dcsplaw1 a la de m ocracia a u na este ra p uram e n te po lítica, dis linLa turba, la tiran ía d e la m ayoría, e tc. P e r o lo que h izo d e éste un
y separad~ de la "sociecfad civil" o de la "economía". En A te n as n o p ro b le m a con ccplual Lan inter esa nte fue que, e n las C'ondic ioncs
había cs;,1 d ivisió n ta n clara entre e l "esta do" y la "so c iedad civi l" d e unos Es tados Unidos p os re vo luc ionario s, te nía n que r ech ,1_z;.1 r
ni un a "eco~o.m fa" dislin ta y a u tón o m a, ni siqui e r a un co n ce p l~ la anüg u ;i d e moc racin n o e n n o mbre ele un ide a l p o líticn oposito r
de estado dtsllnlo de la comu n ida d d e ciudad a n os; no h a bía una ni e n el n o mbre <le la o ligarquía, sin o en el n o mbre de la d e m o-
esta d o de "Aten as" o de "Ática", sólo " los-a tenie n ses" . c racia mi s111a . La expe rienc ia colo nia l y t·e vo lu don a ria ya h abía
En otras pala b ras, l os pod e res y d e 1·ech os p o Hlicos y ec;on ó micos h ech o imposible r ech a1.al' la d c mocracit1 ro tunda m e nt e, com o lo
no _se scpar;i.ban con tan l.t faci lidad e n A te n as como e n Es tados h abían venido h aciendo <lesc.1rnrlamen tc las clases gobern a ntes y
U111dos, <'n do n de la p ropiedad ya estab a a lca n zando una defini ción p r o pi e ta rias dura nte sig los y continua rían h aciéndolo d ura n te a l.-
p u ra~11.cnte "econ ó mica", separad <1 d el privileg io j u rídico o del p o d e 1· g ún ti e mpo en c ualquie r ot1·0 s itio: La.s r ealida d es políti c,,s d e Es-
p~ líuco, '! e n la que la "econ omía" eslaba a dquirie ndo v ida p o r sí tad os U ni d os ya cslaban o l,ligando a l pue b lo a h acer lo q u e a h ora
m isma. C,randcs segmen to de la experiencia y la actividad hu m,1- se h a v uelto con vr n cion n l y universal, cu a ndo todas las cosas polí-
n<ls Y m u ch a~ varie d ades de o presió n e indig nida d q u e d a r o n i nto- ticas bue n as s o n " d e m ocnílica s" y Lo d o lo que n o n os g usta e n la
cados p or la tgu~tlda d_p o lítica. S i la ciuda d a nía esta ba predo min ;in- p o lítica c:s anlid c moc r á tico: to do mundo tc n fa que d eci1· que era
t~n sobre oti-as 1dcnt1dade~ sociales m ás pa1·Licu la ris tas, a l m ism o clemócr:'1 l,.L E l pro ble m a e nl o n ccs ern d est1rro llar un co n ce pto de
ti e mpo e~ •~1_uch os sen tidos estaba p e rdie n do importa n cia . d e m ocracia que p o i· defini ció n cxcluycrn el m o d elo a ntig u o.
La p 0 s 1h1hdad ne un ;t, dem o cr acia car e nte d e conte nido so c i;1I
-r la -~ 11sc11cia oc cua~quie r _posi b ilida d d e este tipo e n l.t antigua
~• 1 e~l;.\ - ~le nuevo_ esta r clac10n a d a con las gran des diferencias e n
Los d e b a tes co ns tituciona les r cp rescnt·,rn un m o m en lo histórico
ú nico, sin n ingíin e quiv,1 lc n 1e co n o cido, e n el cu a1 h ay u na trnnsi-
ción visible d e l;:i ,\cusaci6 n t rad ic ional d e dem ocracia a la n a t ura-
1:~s ~ c l~c •(ll1CS sot.:mlcs de p r opiedad e nt1·e la Greci a a n lig ua y e l lizac ió n re tórica rno d r rm, d e h, d c m ocn,c ia p a ra to d os los fin es
c,_1 P 1\ah s 111 0 m o d ern o . H e su gerido que la estr u ctur a socia l del ca- p o líticos, inclu yendo los que se huh iernn co nsidera d o anlidemo-
p1talis mo cambia el signi(icad o ele la ciu dadan ía, de tal mod o que
cráticos de acu e rdo con la antigua definición. En este caso pode- c uestión ese ncia l de la composición social y la consid eració n d e l
m os hasta observar el proceso d e r edefinición a medida que ocurre. "pu eblo", que tenía e l d e r ech o ~e el egir a s u s repre~enta nt:~s, Y
Los federa listas a lternan e ntre una democracia de contrastes mar- continu ó sie ndo un te rre no d e fieros debates h asta bien e nriado
cados y la forma de gobierno republicana que defienden, y !laman e l siglo x.x. Por ejemplo, a los estadunide n ses les tomó mucho ~ie m-
a esa misma forma re publicana "democracia r e presen_tativa". Esta p o superar la e xclusió n que los gr iegos h abían h ech o de !as muJeres
transformación ideológica ocurre n o sólo en la esfera d e la teoría y los esclavos, y no se podría decir que las clases tra ba_p ~oras hu-
política, sino también e n e l simbolismo de la n u e va república. Basta bieran ganado la inclusión completa h as ta que se abo lie ron lo s
pensar e n la importancia d e la atracción que t<;je r cen los símbolos últimos privilegios p ara los propieta rios (y todavía entonces h a ~ía
romanos - los seudónimos romanos adoptados p o 1· los federalistas, una riqueza d e dis p ositivos para excluir a los pobres, en especia l
e l nombre del senado , e tc . Piénsese también en e l águi la romana a los n egros). Pero ya en la segunda mirad del s ig lo XIX se h abfa
com o un icono estadunide nse. Los m o delos n o fueron Atenas sino h ech o suficientemente claro que la cu estión se estab a decidiendo
R o m a; 'no fue Pedcles sino Cicerón. No e l gobierno del demos sino a favor de la "democracia d e las masas"; y las v e ntaj as ideológicas
e l SPQR , la "co n stitu c ió n mixta" d e l senado y d el pue blo romano, de r e definir la democracia e ran cad a vez más obvias a m e dida qu e
e l jJofn du.s o demos con d erech os d e ciudadanía, p e r o gobernado -avanzaba la é poca d e la moV1lizació n m asiva -y de la política e lec-
por una aristocracia . toral d e masas.
,Eric Hobs b a wm desci:ibió con fidelida d los imper al'ivos y las
limitaciones impuestas sobre las clases gobernantes de Eu-ropa po r
una democratización e n inev ita ble cr ecimiento:
DE LA DEMOCRACIA AL LIBERALISMO
Por desgracia para e l historiad or, estos problemas [qu e la m ovilizació n
H asta los últimos veinticinco años d e l siglo XVIII, por lo menos de masas p lanteaba a los gobie rnos y a las clases gobernantes] d esapar ece n
hasta la definición e stadunide n se, el significado predo minante de de la escena d e l d ebate político a bierto e n Europa cuan do la democrati-
"d e mocrac ia", e n e l vocabulario d e d efensores y detractores por 7.ación e n cr ecimie nto h izo imposible discu tirlos e n público co n cierta
igual, era esencialmente e l significado que l e h a bían dado los grie- franqueza. ¿Qué candidato deseaba decir a s us seguidores que los _consi-
gos, que inventaron la palabra: gobiern o d e l demos, el " pueblo ", en deraba demasiado e stúpidos e ignorantes p ara saber lo que era m t:Jor e n
su significado doble d e estatus cívi co y de categoría social. Esto p o lítica y que sus demandas eran tan absurdas como p e ligrosas par,1 e l
exp li ca la extendida e impe,-donable denigración d e la d e m ocra- futuro del país? ¿Qué h o m b r e de estado, rodeado de reporteros que llevan
cia e n manos de las clases dominan tes. P osteriorm e nte se dio una sus palabras a la taberna d e l rincón más r e moto, diría e n r ealidad lo qu<::
transformació n que pennitió que la aceptaran sus antiguos e n e mi- quiere decir?(. .. ] Probable m ente Bism arcl<. nunca se dirig ió a otro p úblico
gos, de h ech o con frecu e n c ia para convertirla en la e xpresió n J?1ás que n o fuera una audiencia e litista. G ladstone intr odujo e l elec LOrndo d e
a lta d e reconocimiento e n s u vocabulario político. La redefinición las masas a la Gran Bretaña (y 1a l vez a Europa) en la campaña de 18 79.
e stadunide n se fu e d e cisiva, p e r o no fue el final del proceso, que Ya nadie, excepto e l ajeno a la p o lítica, hablaría sobre las implicacio nes
tardar ía un sigl o m ás en concluir. En la " democracia r eprese nta- esperadas de la democracia con la franqueza y el r ealism o de los d e b,u es
tiva" el gobierno del pueblo seguía siendo e l criterio principa l d e e n torno a la L ey de R e form a británica de 1867 ...
la democr acia, a unque e l gobierno es tuvie ra filtrado m e diante la La ép o c a de la dem o cratización se convinió, así, e n una é p oca d e hi-
represe ntación con cierto mati z o ligá rq,uico, y el pueblo fu e r a des- pocresía polític a pública, o m ás bien d e duplicidad y, p or lo tanto, tambié n
pojado de s u contenido social. E n e l sigl o siguiente e l concepto d e e n una sátira p o lítica. 18
democracia se distanciaría aún más de su significado a ntiguo y
lite r a l. 18
Er ic H obsbawm , The age of empire: 1875-)1}]4, Lo ndres, 1987, pp. 87-88 ILtt
Aún r.o se h a hfa r esu e lto en Estados Unidos y en Europa la ,era del imperio ..., Uarcelo na, Lab o ,·, 1988.
En ti empos anl'eriurcs la d emocr acia cxp res,1ha lo qu e pen[;aba, tifi cando cada vez más con el de li/;eralism,o.i 1
sin emhargo su s críti cos no dudaban e n denunciar b ineptitud , Es difíci l aislar el momento de est:o1 tnrnsvaluaci(m, asociado co-
ig noranc i.:i y la poc,i confi ab ili cbd del "vulgo" . Adam Fe rguson ha- n.10 estaba con las pro lo ngad as y ;t1·duas luchas políti cas e i.deoló-
blaba en e l s ig lo XVII I sob r e una larga tr,1dición sin dific ul ta d es d e gicas. Pe ro se pue d e n e nco ntn11· indicios en las tensiones y co nLr;1-
los ;:int.iclc rn6cra tas c ua ndo preguntó: d icc iones nu 1ºesu e l1as e n ')';1 1eorfa y la prácLirn cid li be ra lismo de l
siglo X IX, d ivididas entre una ave1·síón por l,1 democracia de las
~Có nil , puede ser que a é l, que ha limi tado sus o p1111011es a s u p ro pia masas y el r econocimie n to de su in minencia , ta l v~:1.. hasta de s~1
suh si~rc n c ia o preser vación, se le confíe e l destin o de las n aciones? C uando n ecesid,:td y s u jus ti cia, o en to d o caso de las vent~as ele la m ovi-
~e ad mil e que del iberen sobre asuntos de estado, estos hombres trnen a lización de m asas en la promoció n de programas d e r eforma Y lo
las reu nio n es confusión y revuelo , o servilis·1110 y corrupció n; y en raras acqns1::jable de domesticar a "la hidni mult.icé fala", l" m ultitud tm-
o casiones s ufre n para reponerse de acciones clcsaforl.llnadas, o d e los bulenta, atrayéndola a la comunidad cívica.
efectos d e r esolucion es mal tomadas o mal conducidas. 1i1 J o hn Stuart Mili es tal vez e l ún ico ejemplo extr:mo de las co11-
t radiccion es qu e constituyeron e l liberafümo del s iglo XIX . Por un
Este 1ipo d e tr;1nsp a re nci a ya no era posible a fi nélles d e l siglo lado, mostró una fu e rlc aversió n por las tend e n c ia s "niveladoras"
X IX. Así com o las clases gobernantes buscaron· d ive rsas fo rmas de y la "m e dioc ridad colectiv;t" de l<1 d e mocrn cia d e las masas (en
lirn it;ll' la democracia masiva en l.i práclica, adoptaron estrategias n ingún otro t.exlo m ás q ue e n el loc-us classicus del libFalismo mo-
ideológicas para p oner lími tes a la d e moc racia e n la te oría. Y a l d e rn o, su e n sayo "On liberty"), su plalunísmo, su elitismo, su con-
igua l que las teorías revolucionari::is e1·an "domesticadas" - p o r vicción imperialista de que los pu eblos coloniales se benefici~rían
<:ic mplo, por las clases gobernantes francesas, estadunidcnscs y de un periodo de tu tela baj o e l gobierno de sus a m os colon1ales;
has1a inglesas-~º así ta mbié n apropiaro n y natu ralizaron la dcmo• y, por e l olro, defendió los derechos d e las mujeres, el wfragio
cracia, adaptando su significado a cu.1lquier b ien políti co qu e pu- universal (que hace1·se compati ble co n un tipo de tutela rle clases
di cr.in tolerar sus intereses pa rt ic ulares. Podría decirse qu e la rc- rn antenie ndb el voto ponderado, como prop o n e e n Conside,·ut.ions
concept~alizaci6n de la democrac ia per tenece al nuevo clima ele 0 11. re/iresrmln.tive government); y hasta coqueteó con c iertas i_de,~s so-
h ipocresía y d uplicidad po l.ítica. cialistas (sie mpre con ),1 condición d e que se prcsenre e l capitalismo
Así, pues, en ·una época de movilización masiva, e l con cepto d e hasta que "mejo res m e n tes" h ayan sacado a la. mullil'ud d e su 1~e -
democracia fue som etido a nuevas pres io n es ideológicas d e Jas cla- cesidad de "estímulos b u r dos", d e las motivaciones de gam111c1as
ses d o mina ntcs, que n o sólo d e m a ndaban la enajen ación d el poder mal.eriales y d e l sometimi ento a los apeti tos inferiores). '."1ill nunca
" d emo c r<'í tico", s in o tamb ién una c la ra disociació n ele la "democra- resolvió esla ambivale n cia sistem.lti ca hacia la democrac1a, pero ta l
c ia" )' el "demos" -o por lo menos u n vinije d ecisivo del p oder po- vez. pod~1111os encontrar un indicio d e un a pos ible r eso_luci~n. en
pu l,1r como criterio princ ipal ele los valo 1·es democráticos. El e fecto un luga1· un tanto ex1raño: e n su jui c ío so bre la democrac1.:-i o n gmal
fue que el e nfoque de la "democrac ia" d io un gir o del ejercicio de la a n tigua Atenas. . . .,
,1c1.ivo del p o d e r popular al goce pa sivo de b s salvaguardas y de- L o sorprenden te rlcl j u icio de Mili es su 1dentdicac1on f ~e la
rechos c onstituc io nales y d e los rnocedimie nt·os, y del poder co- democracia ate niense co n su estím u lo h acia la varie dad y l;:1 111d1-
leclivo d e hs clases subo rdinadas a la intimidad y el aisla micnt.o vidualída d , e n con traste co n el conse rvaduris mo estre cho y sofn-
del ciuda d ano inclivicluaL El con cepto d e "democracia" se íue iclen-

~1 El signifíc:1do de J;i palab rn " li bernli¡;1110" .-~ 11otariame 11te impn.-:ci~o Y,.,,.
dable. E 11 este caso 111e refiero :i un c u erp o de principios coml'.11111u.:11Le re l11no11a-
Jtl . .
l\1h111 1 Fcrguso11, Au rJHt)' ,m 1hr lu.rtmy o/ l'Wil .wcil'i\', editado poi· Dunc:1 11 dos que 1ie11e que ver con u11 gobier110 "li111i1;1d11", libert ades civiles, 1oler:111cia, l,1
Fnl'l>es. f.diml>uriro, 1978, 1>- 187. · protec;ció11 de \111a esfera de pdvacfa co1111 a In i11trn1ni~.iú11 del i-;stado, jun to 1·011
'JO r:,
• Hnhsbaw111, Agn uf 1•111¡,il·r, pp, '.n-91 . un é nfasi~ e n l,1 i11dividualidad , la d iversidad y el pluralismo.
c~1n te de los esp a rt a nos, a quien Mili, com o h e m os vis1 0, lla m ó los Sin emba rgo, a unque el " liberalism o" es una a cuñac ión m o d_e rna
tories d e Grecia . Desrle lui::go qui:: esta c aracti::rizació n d e la a ntig u¡i que presupo ne e l estad o " m o derno" (por lo ~enos e l ab soluusm ~)
ALen as contrnsta d e mane ra m arc a da con la exp licaci ó n qu e d a d e principios de la é poca mo~e r~a ), sus r~oc1o n e s c e nt'.·alt:s de !'·
sob re la democr acia m o d e n 1a y ll-l amenaza qu e p e r cibi:: en ésta
h acia la individua lirlad y la excden cia. S in e mbargo, la evaluació11
b e rt ad y d e los límites consULuc,o n a les t~e n e n ~ti\~ P' o ceden ~i~
a nte rio r. La. con cepción libe ral de un gobie rno hmllado 0 co n sll·
r
muy difere nte de la d e m ocracia e n s 11 forma a nligua fu e p osibl é tucional y de libe rtarles invio lables q~e se h acen valer e n c~ntr~1
sólo d e bido a la con s pic u a e lusivirla d d e la singulm· caracte rística del estado tie n e s u o rigen e n los penados d e finales d e l_a e p oc,1
literalme nt e democrtítica d e la <lemocracia ateniense : su extensi ón m edieval y principios de la é p oca m o d e rna, e n el o torgam1e nro ~ e
d e la ciu dadanía h acia las clases trabajadoras, "de la b ase" y "m ecá• p oderes i nde p e ndi e ntes d e los señores feudales p or pa rte d e las a n s-
nicas". Aunque Mili d e fe ndía una exte nsió n cid sufragfo ( matizada) Loci·acias e uro p eas para prevenir la invasió n d e m o n ar~1uí_as_ cen•
a la "mul tiLUd", m osrró u na n otal>k falla d e e nr usiasmo po r un go• u·a lizad oras. En otr as pala b ras, estas con cepcion es a l p nnc1p 10 r~•
biern o d e l demos y n o se inte ,·esó en el p apd q11 e tuvo e n la d e m ocracia presenta r o n un intento d e salvaguarct_a~- libertade~, p o d ~•:es Y_pn-
antigu a . Era pre fe rible in vocar los va l01·es lihemles d e In Ale n as clásica. vilegio s feuda les. No fu eron d emocra_ttca~ e n su inten c1o n 111 e11
Así llega m os a la " d e moc racia lihe ra l". La familiadd ad de esta _ s us consec uencias; r e prese n taban asp1rac1o nes retr_ógrad_as a una
fó rmula pu ede dis fraza ,· cu a lquier cosa qu e sea histórica e ideoló- r e b a n~da rte la a ntigua sober anía parcelizad a d e l le udahs mo, n o
gi ca m e nte probl e máti ca e n es ta unió n disiin tivam enLe m o derna, la aspiraci6n a un o r den p o lítico y d e m ocr á tico •m ás rno~er_1:º· Y
y no está d e más h acer cic::nas re vda ciu11es críticas. H ay e n esta la asociación de estas ideas con los señores feu dales p ers1stlo du•
fó r mula a lgo m ás q u e la simp le e xpansió n del " lih e rnlismo" h aci.:i rante largo tie mpo, muc h o d espu és aú n de la d esap arición dd
"dem ocracia libera l" - es d ecir, la adició n d e principios d e moc rá• feudalism o .
ticos com o el sufragio unive ,·sal a los valo res pre cle m o cnhicos d e l N o c abe duda d e que es tos principios esen cia lme nte f e udales
consLilu cion a lis m o y el .. gohie ,-no limi tad o". C u t:slio nes un tanto m ás tarde fueron apropia d os pa ra objetivos más d ~m ocr áticos p o i
más di fíc il es se p ,·esenta n po1· la r.onlrriffión d e la d é m ocracia a l f u e rzas m ás " m odern as" o progresistas. D esd e e l sig lo XVII se h a n
libe ra lismo. Exis le la co nvt:n ción d esd e muc h o tiem p o a Lrás d e qut: e xte ndido d e lo s privilegios d e los seño res fe uda les a las liber~ades
e l progreso político, o "modernización", h a tomado la forma dt: civiles y los derech os huma n os más universales; y se h an e nnquc:•
un d espl azam ie n LO de la m o narquía a un gobi ern o "li m it,ido", o c id o con los valo n .:s de la tolera n cia r e ligiosa e intelecLUa l. P e ro
cons Litu cio n a l, y a la d e m ocracia , y, m ás panic ula rme nLe , d e l a b• los principios originales d e l libe rali smo se d e riva n d e u~ sis te m a
solurismo a l " libernlism o" y a la " dem ocr acia li be ra l". En cieno de ,·elacio n es sociales muy dife r e n te d e a quel al que h a n sirio a d ap·
sentido, e l p ,·oceso que a quí describo revit:ri e la st:cuencia conve n • ta d os. No se conc ibie r o n p a ra h acer frenle a la di sp osici~ n ~om ·
ciunal: la d emocr acia h a s id o invadi da p o r e l lihert1lis rn o. ple tame nle nue va del p oder socia l que s urgió con e l cap 1Lal1,sm n
En la Antigüeda d clásica no h a bía " lihe ra lis m o" - ni cons t ilu.cio - m o d e rno. Esta limi tación inhe r e nte (acerca d e la c u al h a blare e n·
nalismo, gob ier n o limitado, .. der ech os individuales" o ''lihe rcades seguida) es triba e n e l h ech o d e que la id ~a d e libe r a lisi:n o se for•
c iviles". La d e m ocracia a ntigua, d o nde él "es ta d o" no Lt:nía cxis· muió para se rv ir a o bjetivos m u c h o m ás _,mpo~·tantes aun_que las
re n c ia separada como en tida d co rpo rativa ajena a la co munida d inte n cio n es d e s u s principios bási cos. El lthe r ahsmo se h a 1111:odu•
de c iudada n os, n o p rod~jo un cla r o con ceplo ele separación e nlre ciclo e n e l discurso p o lítico m o d e rno n o sólo com o un conJun LO
el "estad o" y la "socie d a d civi l", n i ningún conj11nLo d e ideas o d e ideas e institucio nes destina d as a limimr e l p o der d e l esta d o
insri tu ciones p ara p o n e r coro a l poder ~d e l estado o proteger a la sino tambi é n como un sustituto d e la d e m ocr acia.
"soc ie dad civ il " y a los c iuda d a n os indiv idua les d e s us inl rus io n es. La idea aristocrática o r igi n al del con trol constituc ional sobre e l
Premisa fu11da m e 111a l p a ra el " liberali sm o" c:s e l desa n-o llo d e u n p o d e ,· monárquico n o tenía n a da que ver con la idea d e dem o c_r;i-
estado cen1rn liza d o, sep arad o d e ú l ras _jurisrl iccio n es m ás p a rticu- c ia. S u id e ntific ació n co n la "de m ocracia" fu e u n h ech o pos te n or
la ris tas , supe rior a e llas. que tuvo que ver más co n la a fir m ació n d e los p otk res ele la clase
268 CONCEPTOS ANTIGUOS Y MOO"ER NOS DE CIUDADANfA CONC " l'TOS ANTIGl/OS Y l'vH1DF.RNOS DE CIUDADANÍA 269

gob ernante en r:ontra del pu eb lo. Los h e n efi cios incu estionables de d e m a n1.e n e 1· a la Revolución d e ntro d e límites ;:1cepta hles - aunque
esta idea "lihc 1,a l" n o deb en disfrazar el h ech o de que el c¡ue .su.sti- e n las con d ic io n es d e los Esta dos U nidos revolu cio n a d os los fede-
tuyeran la democracia fue un proyecto contrarrevolucionario -o p or rali1,tas, a l ig u a l que Cro m well, n o ten ían la opció n de limita •· los
lo m enos 1111 m edio pan:1 contener a las r e voluc iones que ya se privileg ios a una p e que1ia...min oda y estaban o bligados a encontrar
estaban gestando, detenié ndolas poco antes de que excedi eran Jos otras formas d e distancia r a l "pueblo" del pode r , ;;1 segun111dosc ele
límite1, aceptables . qu e los derech os p o líticos fueran con s idcrahkm en1·e pasivos )' de
El prime ,- e n c uentro s ig nifi cativo e ntre la democracia y el <.:on s- li mitad o a lca n ce.
ti t u c io n a lismo pudo habe r o n.1nido durante la g u erra <.:ivil inglesa: E n la actualidad nos hemos acostumbrado a defin ir la d e m ocra-
un ejé rci to popula r revo lucionario nunca antes visto fue m oviliza- cia m e nos (si es que lo ha cem os) e n términos de un gobie rn o por
do pnr O liver Crom well . Pero c u ;:indo los r adicales del <::iército e l demos, o pode r p opula 1·, que e n términos d e las libertades civiles,
demanda ron e l su fragio y pregu n taron para que h abía n peleado libe 1·tad d e palab ra, d e prensa y d e re unión, tol~nrncia, la p rotec-
en la revoluc i6n si se les había d e n egar el derecho a l voto, e l ción de una esfera privada, la d e fe n sa del individuo o la "sociedad
derecho a ser gobernad os sólo con su propio con sentimie n to, los civil" co nl'ra e l estado, e le. Así, por ejemplo . "la R evoluci6n Glo-
próce1·es del ejército a l ma ndo de Cromwe ll y s u yerno h e to n res- riosa - afirm ó Margaret T h atch er .i l ina u g ura r la ce leb rac ió n tri-
pondieron que estas p ersonas ya h abían ga n a d o lo sufic ie n te : ha- cen tenaria del parlame nto de ese a mbiguo suceso en 1988- esta-
bían ganado e l d e recho d e ser gobe1·nados por un gobie rno con s• b leció las cualida d es p e rdurab les d e la d emocrncia - to lerancia, res- .
titucio n al, parlame ntario y no por e l m a ndato arbitrario de un peto d e la ley, d e la adminislr.1ció n impa rcial de justicia".
h o mbre. Todas éstas son admirables virtudes. Hubier.-i sido bueno que
A C r o mwe ll n un ca se le ocurrió afirmar que lo que estaba p ro- e l Convenio d e 1688 las hubiera establecido en verdad, com o hu-
p on ie ndo e r a la dernor.mcin.. P o r el contra rio, dcliheradamenl.e es- bi e r a s ido un i111por1a11 1c ava n ce e n e l r égim e n de Thatch et· que
taba o freciendo un susti tuto. Pudo haber dicho que la auto ridad s u gobiern o en realidad hubiera estado comprom e tido con ellas.
política e n un sentido miste rioso, aunque e n gran m edida teórico, P ero específicamente tiene n p oco que ver co n l;i dernocmcia. Nota-
se "derivab a" e n última instancia d e l puebl o (idea d e o rigen me- b lemente a u sen te de es lc catál ogo de carac te rísticas democrátic as
dieval ), pero h abr ía e n tendido que la demor.raáa e ra o t.-a cosa. A l está p1-ecisa m cnte Ja virtud que da a la d e m ocracia su sign ificado
i g u a l q u e s u s contemporán eos en gen eral, h abría e ntendido la idea esp ecífico y li tern.1: el gobie rno por el dr.mos. A l a la izquierrb del
d e democracia e n su sig nificado m ás o m enos a n tig u o y literal. S u s Partido Labo rista, e n la p e rso n a d e Tony Ilenn , le tocó señala r , e n
sucesores en el convenio d e 1688 tuvi eron to d avía m e n os dudas s u respuesta a es tas fes tividades p a rlamen tarias, que h abía muy
d e qu e e l gobiern o parlamentario (o " m o n arquía constitucion al'') p oca d e m ocracia e n una "r evo luciún" qu e n o h abía hech o n ada
cslaha destina d o a con vertirse e n una o lig.uquía. para promove1· el p oder popular, ya que excluí,1 a las muje 1-es y a
La oposición de la dem ocracia y el con stitucionalismo se pudo las personas s in propied,1d es, a l ti empo que con so lid;:ihc1 fin11emcn -
h aber r esucito mediante la d emocratización p osterio r del gobie rno te el m a n dato d e la clase dominant e - d e h ech o, si aca so estableció
parlamentario; p c t'0 este proceso no carecía de ambigüedad es. N o u n r égimen menos democrálico aún , e n sentido lü.eral, que el p 1"e -
era una s imple cues tión d e adaptar los principios con s titucio n a les cedente.22
a los dem ocráticos . También h abía una asimilación d e la <lem orra-
c ia al constitucio n a lismo. Los redactores de l a Constituci('.Jn d e Es-
l;idos Unidos, aunque aún estaban obligados a a d aptarse a Ja de- 21
Desde luego que la "t olei-a11c ia " d el C:011ve11io de 1688 estaba cstdctam cnlc
finici 6n a n tig u a , dieron un gran paso ak;j.índose de ésta y a cer- limitada, exclufa a los cató licos de la m o n arq u ía y de h ecl1<J a lo clos los n o an¡;lic.,nos
cán dose hacia el con stilucionalísmo o ligárqu ico. a l p r e te nder apli- de los cargos püblicos y l.ts u11ive1·siclades estalilecid .ts. En ,ua11tu al "1·espC10 a la
ley", se refcda sin lugar .1 a mbi gü edades .1 la ley de la clase prnpietaria do111i11;1111.e,
c;ir e l nombre de democracia ;i a lgo n o muy distante del r epubli- reunida en u11 pa rl;,111e 111.o q u e, es p ccial111e111e en el siglo xv111, c111prc 11di<'> una
canismo antidem ocnttico d e Cn,mwell. De lo que se tra taba era d escarada legis lación e n su propio int eré~. 111ult ipfk.111do e l 11ümero de deli1os
La prnpia posibilidad d e ide nlifi car la R e voluc ió n Gloriosa co- tad . Estaban a firmando su derech o, su li bertad de d isponer d e su
mo un mome n to d e finitivo en la histoi-ia de la " d e m ocracia" d enota propiedad -y d e s us sirvie ntes- a voluntad, en conLra d e la in ter-
una disposición ideológica muy p a r ticu lar (de ninguna manera li- fer en c ia d e l re y. L a p r opiedad que estaban d e fendien d o ya era
mita da a los con serva d o res thatcheria n os). Reescribir la historia s u stan cia lm e nte capitalista, pero la libertad que invocaban p ara
forja ndo una nueva estir pe p arn el con cepto de democracia - que. protegei-la, e n u n uso virtua l.m en te sinónimo d e privilegio, esLaba
se puede rastrear no h asta la democracia antig u a sino h asra los arrnigada en e l señorío precapita lista.
señores fe udales medieva les- h a empujado a cu a lquier otra historia Esro n os lleva a l corazón d e las con tradi ccio n es de la " d emor,rn-
a los márge n es del rliscurso político. La tradición alterna que s urgió cia liberal" . Lo que h ace 9ue la histo r ia de la d e mocrncia moderna
e n la Europa de principios d e la era mode rna -la tra dición iguali- sea pa r tic u larm e nte interesante y p roble m á tica es que, e n e l mo-
taria, popu lar y d e m ocrática- h a sido suprimida efectiva mente, en m en to mism o e n que la h istoria de la democracia confluye con la
la m edida en que la Roma o ligárquica, la Carta Magna y la R evo- historia del .~eñorío, los seño res feudales m ismos h abían. sido <les-
lu ción Gloriosa h a n gan ado precedencia sob1·e la Atenas d emocrá- p la zad os como la forma principa l de dominio. Habían sido 1·em-
tica, los levellers, los diggers y los cartis tas, mie ntras que e n Estados plazados no sólo por un esLado cen Lralizado, sino p or una for m a
Unid os la solució n fe d e r a lista ha d ejado d e la d o la historia d e su s - nueva d e p r opiedad p r ivada e n la que e l p oder p u ramen le econó-
rivales más democráticos . En su sentido o rig ina l y li teral, la d e mo- mico estaba sep a r a d o d e l est:alus y d e l p rivilegio jurídico. En o t.i-as
cracia h a estado del lado d e los perdedor es. Hasta los m ovimie ntos palabras, e l señorío y los m odos d e explotación· extraeconóm ica
soc ia listas democráticos que man 1uvie1·on con vida la otra t ra dición h abían sido remp lazados p or la p ropiedad capitalista. Las id eas d e
han llegad o a acepla r cad a vez m á s, la d omesticación liberal de la libertad arraigadas e n e l privilegio tradicional pudieron haher se-
d e m ocracia. guido sie ndo durante a lgún tiempo a d ecu a d as para los inte r eses
de las clases pro pietarias, y e n la actualidad podrían servir a pro-
p ósitos más d e m ocráticos en las transacciones enLre e l ciudadan o
.}.
y e l es tado, p e r o n o están dise ñadas como un contro l co nt ra lr'ls
DEMOCIV\CJA LIBERAL Y CAPITALIS MO nuevas for m as de p oder creadas por e l capita lis mo.
Las libe rtades que significar o n muc h o para las a risLOcracias de
Los o ligarcas d e 1688, defendiendo los derech os d e l parla m ento principios d e la é poca mode rna , y cuya exte n s ió n a la multi tud
contr a la co rona, hicie r o n s u " re voluc ión" en nombre d e la liber - entonces hubie r a transformado co mple ta m e n te a la socie dad, no
pueden s ignificar lo mismo a h ora, m e nos c uand o la llamada eco-
n o mía h a cobr ado vida pro pi a, completamente fu era d e l ámhi t.o
de la ciuda danía, la lib e rtad política o la responsabilida d d e moc rá-
capitales para p1·oteger la propieda d p.-ivada, inic i,rnrlo una se:-ie de rodeos pa1·-
lame nrnl'Í os, etc. La "administ ración imparcial de justicia" es una m anera e'xt ra-
tica. La esen cia d e la "d e mocracia" m o d e r n a no es tanto que h ayr'I
vaganrc de d escr ibir la justicia de la clase aco m odada administn1d a por la clase abolido e l privilegio, o que p o r e l contrario h aya extendido los pri-
lernneuiente lllisma, 11o tableme n t.e e u 111 pei-sona d e los j u eces de p az. Ptro sucede vi legios tradicion a les a la multitud, sin o q u e h a tom ado un con •
que este inaprnpiado elogio de la Revolu ció n C lo 1·iosa ve nía de un prime r ministro cepco de libertad diseñado p ara un m undo e n el que el pri vilegio
qu e presidió d a taqu e más sos tenido a l p o d e r p opula 1· y a las Jihe nad e s civilt:s en
Gran Bretaii:l desde e l advenimiento dd s11fragio univenal, en la forma de leyes
era la categoría relevante y que se aplicab a a un mundo en donde
ele seb•11ridad, destn1cci611 ele las auto .-iclades locales , legislación pro fundamente e l privilegio n o es el problem a . En un mundo en e l que el es tat us
1·estrictiva de los si11dica1c,s, e t cétera. "" jurídico o político n o es e l pri n cipal <leLerminante de nuestras opo1·-
En todo caso, 1688 1·e p1·esentó una regresión del pocle1· democr,hico: n o sólo tunida des d e vida, e n e l que nuestras acti vidades y exp e rie n cias se
e n co111pa1·ació11 co n el p eriod o m ás r adical d e la g·uerra civil inglesa, sino en
a lgunos aspc.:ctos hasta e n compa1·aci611 con la mon a 1·quía resta urnda . En ,·ealiclad,
e n cu e ntran e n gra n m e dida f u e r a del a lcance ele nuestra ide nr.idad
los derechos políticos estuvi ero n m ás n :st.-ing·idos e n d siglo xv111 d e lo que habían legal o política , la libertad d efi nid a e n estos términ os d eja much o
est ,ldo durante gran pane del siglo xv11. s in con side r ar.
LIL \ ,\.11'<\., l'.l''II..J,-. e\N J l \.,l l \1,-. Y l\'l \111 1:.KN\J:-. Ul'. l , l lll/1\ IJAN II\

H.iy :-t()U Í una p:,rarloja. El liberalismo es una idea m oderna ba - be n con1 0 sólo eso, límit es. Co rno s u ced e con casi todos los upos
,, s;,1d;;i en las f(Jrma s de p o d e r prc 111o d ern as y precapita lis t.;1s. A l m is-
mo t icmpn. s i los principios b ásicos del li hernlismo so n a..n le riores
d e li b e rtad, tie n e que h abe r c ie rtas rest ri ccionC"'.s o regu laciones
qu e se le impo ngan parn mante n er e l o rde n socia l; p ero aún as(
a l c;ipil ,1 lis 11111, lo qu e hace pos ibl e ide n1ifi ca r a la drnnocrcrcirt con es un tipo de libc rwd. En 01n1.s pa la bras, e n e l marco co n ceptual
e l libera lismo es e l c;;ipi ta lis m o mismo. L,1 id ea d e la "democracia de la d e111ocracii'\ libe ral, ei\ realida d n o podemos hablar, ni siqui e-
lihcr.i l" r11 e concebible - y quiero d ecir ti, ernlme nle con cebible - ra pe11snr, e n ser libres riel mercado. No p o dem os pensar e n ser
só lo con el 1,urgimic nl o d e las re lacio n es d e propiedad social del libres d e l mercad o com o un tipo de o t orgamie n to de facul 1acles,
capi1,1lis m o. El c.:1pitali:-mo hizo posib le la TPrlf'finir.ión de In dem o- una libe ración de lo co mpuls ivo, unn e m a ncipación de la coe rció n
cracia, :-u r c duccic'ln a l li bcrnfüm10. Por un lado, a h o ra h abía un c1 y l;i dominación.
esfoni políti ca ind c pendi e nt·e, e n la que el esla tus "extrncco n ó mi- ¿_Qué s u ced e co n la te nde n ci;-i a ctu,i.l a ülenlifi.crir );i df'mocrncia
co'' - polflico. jurfrlico o militar- no te n ía implicacio n es direc t,is co n e l " lib r e m e r cad o"? ¿Qu é s u ced e con esta nueva d e fini ción.
para e l poder económico, el pod e ,· d e :-t pro piación , exp lo tflció n y según la c u a l las " nu e va d e mocrn cias" d e Europa o r iental son "de-
d is L.-ibu ción. Pu,· otro l;ido, ,ih on, e x ist fa un-'l esfera econ6m icc1 mocráticas" e n proporci ó n ., s u p r ogreso e n la " m e rca ntil ización";
con sus pro pi"s relacion es de pode,· que no d epend ía d e l p d vi legio según la cual in cr emento d e p oder a la ,id mjnis tración del presi-
juddico o p o líti co. dente Ye ltsin es u n acto "de m.ocrá tico" prn·quc se realiza en nom-
Así, las condi cio n es mi sma.~ que h acen posible la democracia b re cle la "privMiz.ació n" y el " m ercado"; o según la cual el ge n e ral
liber,11 tambit<n lim itan eslricta m e nte e l alcance de la rcsp o n s<1 bi- Pinochel era m ás "<lc mocr.ítico" que Sn lvador A llende, que rue
li1fad d e m ocrá tica. La d e m ocracia liber¡\ I dcj;i intacta ,1 toda la es- e legido li b r eme nte? ¿ Es te 11:-0 rc present.i un.-. su hve rsió n o nnn
re,-,i nueva rle d om inio y coer ción ucada p o r el cap italism o, s u distors i/rn d e la dem oc rac ia libernl?
reasignación de p ode res s ustanciales d e l esta do ,1 l,1 socie d nd c ivil, Cierta m en te . la balanza se h a in d in ado d c m ,1-;iado. p ero esto
a la propie d.1<l privada y a las compu lsio n es del m e r ca d o. Dejn no es comp le ta m e nte in co n g ru e nte c o n los principios funda m e n-
intact.1s ;:unplias á re.1s d e nuestra vida diaria -en el lugar ele Ira baj o, ta les d e la democracia libe ra l. L.-. con di c ió n 111is1m1 que h «ce p osible
en la distrihll c ió n d e la mano óe obrn y recu rsos- c¡u c n o es t;.ín d e fini r la democracia com o lo h acem os e n lrls socie d-'ldes capita-
s ujeta.~ :, la responsabilidad de111 ocn1tica gobernadas por los pode- lis tas libe rales modern as es la sep a r,1ci ó n y e l acotamient o d e la
res de la propiecfad y la "leyes" del m ercad o, los imperati vos de c11f'era económica y su in vu ln e ra bilidad por e l p c>d e r de111ocr~ 1ico.
la maxi miza c i6 n d e uti lid,1des. Esto seguiría s ie ndo verdad h asta La protección de esa in vul n erabili dad se h a co nvertido en un cri-
C II e l p oco pn,bab le caso d e que nu estra " d e moc ra cin forma l'' se te rio esencial de la d e moc ra c i;:i. Esta defini ció n n os p e rmi te invocar
pe r fe cciona ra ele ta l ma n en, que la 1·iqueza y el pode r econ ómico a 1.a d e m ocracia en conl.rn del poder del p u e bl o en la esrera econó-
Yíl n o se Lrad 11_jeran e n la d esig u a ldad ílag ranle del acceso al p o d e r mica. I ncluso h ace pos ible invocar a l.l d c m ocrnci.l e n defensa de
d e l cst,, d o que a h oni carncte ri7.;1 .i la rea lida d , s i n o a l itle,1I, ele la un a rest,rir.c:ión ele los d erech os clc n1<Jcr~ li cos e n otra¡; p a rtes d e la
dem<H racia rapitalis tn m C>derna. " ocied.,d ci vil", incluso en e l dominio político. si eso es lo que se
La 1'1.1rn1.1 cnrac te r (s l"i ca e n que la d e m ocrac ia libe ra l m a n eja es la n ecesita para protege r la propiecfad y el me1-cado conlra e l poder
nueva es fern de pode ,- n o es para contro larl ,1 sino p,ua liberarla . ncmocrátic o.
De h ech o, el liber;-ilis m o ni s iqu iera la recon oce como una esrern La es fe ra d e l poder econ{,micu en e l capita lis mo se ha exLcndid o
(k pode r o d e coe rc ión e n "bsolu1 0. D esd e lü ego que esto se a pli ca muc ho más a lhí <le la capacidad de In " cle111ocraci;-." para mnnej.trlo;
e n esp ecia l n i m e r cado, q ue tienden ser concebido co m o un,1 o p ur- y la democ rac ia libcn1 I, ya sea comu un conjunln d e ins Litu c iunes
tunid,id, no un n ob ligación. El mercado es a h o ra con ceb ido com o o un siste ma de idens, n o esl.-í. discüada para extender su alc,111 ce
una c~fcrn d e liberta d . de e lecd6n, incluso por pa.i-l e de los qu e a ese domiuin. Si est. 11vié ra111os ante e l " fin de la liisloria", n o :;erfn
ven In n eces idad d e regulnrlo. C u a lquie r lími te que pu ed;i se r ne- e n el se ntido d<> que l..i dcmocr.1cin liberal 11.1 Lriun fado s in o en e l
c esa1·in p a r;,, rorrcgir los e rectos <fañ in os ele es ta libe rtad :-e pc ,·ci- sentido d e que casi h ;i llegad o a s us límite s . H ay mucho de bueno
en e l liberalism o que d e be preservarse, p1·otegerse y mejorarse, n o mujeres la ciudadanía, así com o a los h ombres trabajadores. Tam-
sólo en las pa1·tes del mundo donde apenas existe, sino ta mbién bi é n h a avanzado mucho con la adopción de los principios " lihe-
en las democracias capitalistas e n donde todavía es imperfecto y rales", el respeto a las libe rta d es civiles y a los "derechos humanos".
con frecuencia está amenazado. Sin embargo, el alcance d e un P ero e l progreso de la democracia moderna ha estado lejos de no
desarrollo histórico mayo r pue de pertenecer a la otra Lradición d e te n er ambigüedades, y a que a m edida que los derech os pnlít icos
la democracia, la tradición e nso mbrec ida por la democracia liberal, han dej arlo d e ser exclusivos tambié n h a n perdido mu ch o d e su
la idea d e d emocracia e n su significado literal como poder popular. poder.
Aunque h e m os encontrado nuevas formas de proteger a La "so- P or consiguie nte, tenemos más preguntas que respuestas. E n
ciedad civil" d e l "estado" y lo "privado" d e las intrusiones d e lo las condic io n es m o d ernas y con un cuerpo inclusivo d e ciudadanos,
"público'' , aún wnemos que encon trar nuevas formas m o d ernas ¿có mo podría la ciudadanía recobrar la importancia que una vez.
de e mparejar la profund idad cte la liberta d con la democracia que wvo? En una democracia capitalisla moderna, ¿qué significaría n o
disfrutaban los ciudadanos a te nie n ses en otros aspectos. En Los sólo preservar los éxitos del liberalismo, d e las libe rtades civiles y
tJersas (242), Esquilo ha ce que un coro de ancianos persas nos diga la protección de la "sociedad civil", no sólo para inve ntar con ceptos
que ser un ciudadano a r·eniense es n o tener amo, no ser sir viente _más dem ocr áticos de representación y nuevos modos d e autono-
de ningún h o mbre monal. O 1·ecorde mos e l d iscurso de Las supli- mía local, sino también para recuperar los p o d eres p erdidos an te
cantes, de Eurípides (429ss), que d escribe como un a j10L-is libre aque- la "economía"? ¿Q_ué se p_ecesitaría para recupe rar la d e m ocracia
lla e n la que e l impe do de la ley p e rmite la igua ldad de jus ticia de la separación formal d e l o "político" y lo "económ ico", cuando
para ricos y pobres, fu e nes y débiles, en donde tocio aquel que el privilegio político ha sido r e mplazado por la coer ció n económi-
tiene a lgo importrint:e que d eci1· Liene e l derech o de hablar e n pú- ca, ejercida no sólo por la propie dad cap italista directamente, sino
blico -es decir, a hí donde hay isegoria-, p ero también en d o nde e.l también por e l m ercado? Si el capitalis mo h a re mplazado a l privi-
ciudadano libre n o sólo trabaja para enriquecer a. un tirano con legio político por los pode res d e la coerció n económica, ¿qué im-
su es fu e rzo. Aquí hay algo que está ausente p or completo del con- p licaría exte nder la ciudada nía -y esto n o sólo significa untl mayor
cepto m ás moderno de libertad en Europa. e incluso es a ntité tico igualdad de "o portunidades", o la asignación p asiva d e es tipulacio-
a éste. Es la ,libe rtad del dem os respecto de los amos, no la libertad nes para la seguridad social, s ino l a responsabi lida d democrática
de los amos mismos . No se trata de la eleutheria o ligarca en la que o el autogobierno activo- hacia la esfera econ ómica?
estar libre del trabaj o es la carncterísti ca ideal d e la ciudada nía, ¿Es p osible co ncebir una forma de ci udadanía democrática que
sin o la eleutheria del demos que tra baja y la libertad del trab~jo. llegu e a l dominio a lejado por e l capitalismo m o d erno? ¿EJ capita-
En la práctica, la democracia aten ie n se e ra ciertamente exclusi- lismo p o dría sobrevivir a dicha extensión de la d emocracia ? ¿Et
va, ta n to que puede parecer extra ñ o lla marla democracia . La m a- capilalismo es compatib le con la democracia e n su senr ido lit e ral?
yoría de la población - muje res, esclavos y extranje ros r esidentes Si este males ta r actual se sigue prolongando, ¿seguirá s iendo com-
(metics)- no disfrutaba los privilegios d e la ciudada nía. Pe1·0 la n e- patible con el libe ralismo? ¿El liberalismo aún pu ede co nfiar en su
ces idad de trabajar para vivfr y has ta e l carecer d e propiedades n o capacidad para traer prosperidad m :Hcrial, y triunfará junto con
eran razones para qu eda r excl uido de los p lenos d e r ec hos políticos. la democracia liberal, o su supe1·vivencia en tiempos difíciles de-
En este (, specto, A lenas excedió los crite ri os de los demócratas m ás · pende e n una reducción d e sus d erech os democráticos?
visionarios de muchos siglos d espués. ¿La democracia libe ral, e n la práctica y en la teoría, es a d ecuada
T amp oco es e vidente que hasta el sis"l:ema d e gobier no más d e- para manejar las condiciones de l capitalismo mode rno, s in co n s i-
mocrático el e la actualida d confie ra a s us clases no propi e tarias y d era1· lo que puede haber fuera o m ás a llá de ésta? ¿La democracia
Lrnbajador as pode r es iguales a los dis fruta dos por los ciudadanos liberal parece e l fin de la Historia p o rque ha sob1·epasado I odas
del pu eblo en Alenas. L a d e m ocracia m ode1·na ha llegado a ser las a lterna tivas concebibles, o porque ha agotado sus propias ca-
más inclusiva, y ha te rminado por abolir la esclavitud y dar a las pacidades a l tiem p o que ocu lta otras p osibilidades? ¿R ea lmef!te h a
C. I \J

su p c r,1d(> .i to d os los r ivales <) si m p lem e n te los ha o c ulladn te m - 8


r poralme nt e de la vis ta? .
La t.a re ;i c¡uc el liberalismo li e n e ante sí es indis p e n sable y s1c rn- SOCI EDAD C IVIL Y LA PO LÍTICA DE IDENT I DAD
pre lo será . S ie mpre (1uc h aya esta d os h a b rá la n ecesida ~I d e_ con -
1rola r s u p o d e r y d e s;i lvagua rdar lo s p o d eres y o r g arn~.ac10n es
inde p e ndie ntes fu e ra del estado. Y s i a ésas v~ m o s, cu a lqu1~r dase
de p o d e r socia l d e h e estar rode ado d e proteccw n es para la lib e r tad
de as 11ci.1ció n. 11:ornun ica c iún, d ive r sid ad d e opinió n , u n a e s fera
p r iv,Hla inví o lahle, e tc. En es lc se nti d o, cu alquier d e m o c raci_a . ~u- E n un mom e n to e n e l que es m á s imperioso q u e nun ca h ace r una
tura co nt i nua rá te nie ndo lecciones q u e apren d e r d e la trad 1c10n crfl~ca del c apitalismo, la s t e nden cias t eóricas dominantes d e la
libe r;:il e n la teoría y e n la prác tica . Pe ro d Lib e ra lismo - in clu so izquie rda se o c u pan d e d e sc oncep tualizar la id e a m ism a d el cap i-
com o un ide .11, ya no d ia g m o s co m.o h ech o r eal co n sus p r ofu ndas ta lis m o . Se n o s d ice q u e el m undo " p o smod ern o" es un pas tich e
impe rfe cci o n es- no e st;'Í lis lo p a ra e n fre n tarse a las n::a lidades d e l de fragmento s y "dife r e ncias" . La u n id a d sist é mica del capitalism o,
pod e r e n un.t so c ie dad c a p i ta lis ta, much o m e nos par a _a b a r car un su s "e stru ctur as o bj etivas" e impe r a tivos totalizadores han d a d o
tip o d e d e moc racia m ás inclusivo q u e e l c¡u c :th ora existe . p a so (si acaso existieron a l.g una vez) a u n bricolage de múltiples
realid a d es sociales, una est r u c tura p l uralista t.:in d iv e1;sa y fl exib le
que p u e de r e ord e narse mediante una co n strucció n discursi va. La
eco n omía ca p italista tradicio na l ha sido remplazada p o r una frag-
m e n tac ión "posfordista" , e n la q u e cada fra g m e n to abre un e s p acio
p ara lu c has de ema ncipa ció n . L as rela ci o n ~s d e clase constitutivas
d e l capi talism o só lo r e presentan una "iden tida d " p e rson a l e ntre
much a s otras, ya n o "privilegiadas" por su p o sic ión h istó ri ca cen -
t r a l. Y as í su ces ivam e nte .
P o r dive rsos q u e sean los m éto dos para disolve r concep t ua lm e n -
te e l ca p i ta lis mo - i ncluyé n dolo to d o, d esde la teor ía del p osford is-
m o h as rn los "e studios culturales" p osm o d ern os y la. "po lítica d e
la ide ntidad" - , a menu d o c ompa rte n u n con cepto d e esp ecial uti-
lida d : l a "socied a d civil" . Lue go d ~ u n a h isto ria lar g a y a lgo tor-
tuosa , lu ego d e una ser ie d e hi to s en las o bra s d e H egel, M a rx y
G r a m sci, es ta v e rsátil i d ea se h a vuelto u n eslo gan q u e la izqui erd a
usa p a r a to do , pues a b a r ca u na amp lia gama d e asp ir a cio n es d e
e m ancipación, a l igua l que, es m e n este r d ecirlo , to da u n a serie d e
ex c u sa s p ar a la re l'irada p o líti ca. Pese a la utili dad d e esta id ea e n
la d e fe n sa d e las lib e rtc1 d es huma n as contra la o p r esión d el estado,
•O e n la d e lim i tació n d e u n te r i-i torio de p rác ticas, ins titucio n e s y
rela ci o n e s sociales d escu ida d a s p o r la "vieja" izquie rda m a rxista,
aho r a la "soci e dad civil " e stá e n p e lig r o d e vo lver se una c o a rta d a
p ara e l ca p italis m o .

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