Pruebas testimonial
1. Introducción
A través de la historia la prueba testimonial ha sido clave en la resolución de
los conflictos. Has- ta la fecha ha sido una herramienta trascenden- tal para
llevar al juez a la convicción en relación con las proposiciones que se
pretenden demostrar dentro de un proceso.
En la actualidad jurídica, y a pesar de los múlti- ples avances científicos y
tecnológicos que vemos a diario, es extremadamente común encontrar pro-
cesos en donde el medio de prueba que prima es el testifical, aun en aquellos
casos donde se pue- de considerar que la prueba reina debería ser una
prueba pericial científica, sobre todo por la natura- leza del asunto que se
trata.
De igual forma, resulta un lugar común en el imaginario colectivo de la
mayoría de los juristas, y aun más de la sociedad en general, la errada idea o
concepción de que, a partir de exteriorizaciones físicas o de señales
indicativas de los testigos, se puede descubrir si está mintiendo o no; es decir,
se cree fervientemente que cuando una persona está mintiendo actúa de
manera extraña o con nerviosismo, de manera insegura, con mayor su-
doración o una mayor gesticulación. También se puede pensar en sentido
opuesto; que cuando una persona se expresa de manera segura, ese testimo-
nio es verdadero o confiable. A la fecha, y con base en la psicología
experimental, no existe un método fiable para descubrir cuándo un testigo
miente, así como tampoco es dable afirmar que siempre una persona miente
conscientemente o de manera pre- dispuesta o intencionada. A pesar de lo
anterior, y sin profundizar porque no es el resorte de este escrito.
Sin embargo, se debe tener claro que ningu- no de los intervinientes dentro
de un proceso (así como ningún miembro policial o experto en
interrogatorios ni el mismo juez por más años de experiencia) tiene la
capacidad de identificar ni in- terpretar la gestualidad subjetiva de cada
testigo en una audiencia y, sobre todo, en un espacio de tan- to estrés y
presión como ese. Afirmar lo contrario sería más bien una especie de
ejercicio de adivina- ción, de quiromancia.
De acuerdo con múltiples estudios que más adelante se mencionarán, se ha
concluido que una declaración testimonial nunca coincide o guarda relación
fidedigna con lo acaecido en la realidad, es decir, existe una distorsión entre
lo vivido o per- cibido y lo expresado en el testimonio, situación que tiene su
génesis principalmente en el funcio- namiento de nuestra memoria. A partir
de estas afirmaciones es posible preguntarnos: ¿cuál es el grado de fiabilidad
de un testigo?, ¿qué nivel de credibilidad o de confianza se le debe asignar a
un testimonio?, ¿cómo hace un testigo para identificar a un presunto
culpable después de varios meses o años?, ¿puede un testigo mentir sin ser
consciente de ello?, ¿existe algún testimonio totalmente fiable?
2. Metodología.
El presente trabajo intentará dar respuesta a los anteriores cuestionamientos
a través del desarrollo de unas etapas conceptuales precisas, en el mar- co de
un análisis de tipo jurídico, reflexivo y de carácter doctrinal. En este sentido,
se considera importante que preliminarmente se ahonde en la memoria
desde la óptica de la psicología del testi- monio y la psicología experimental.
Así mismo, se analizarán los distintos episodios que conllevan a que nuestros
recuerdos se distorsionen o se recons- truyan de manera errada y, por ende,
se desmiti- ficarán concepciones arraigadas en la sociedad en cuanto al
descubrimiento de la mentira, así como también, se intentará realizar aportes
críticos que sirvan para un mejoramiento en la valoración ju- dicial de la
prueba testimonial.
El desarrollo conceptual que se acaba de des- cribir será basado, desde el
punto de vista de las fuentes, en una búsqueda y revisión bibliográfica que
integra una metodología de investigación de tipo cualitativa. Particularmente,
se considerarán los principales trabajos publicados sobre la materia en los
últimos años en las principales revistas y li- bros de carácter científico.
3. Marco Teórico.
a. La psicología del testimonio:
antecedentes y definición.
Desde el siglo xix se ha venido gestando una dis- ciplina que nace a partir de
la psicología: la psi- cología del testimonio, la cual ha pretendido dar ciertas
luces al contexto judicial. Esta ciencia ex- perimental pretende estudiar,
conocer, entender y hasta predecir determinadas conductas humanas, se
encarga de definir los factores que determinan la calidad o fiabilidad de un
testimonio, así como su exactitud y credibilidad, al analizar los procesos
internos de atención, percepción y memoria.
De igual forma, de la psicología del testimonio se puede extraer un
conocimiento de vital impor- tancia para los estrados judiciales, como fuera
que este campo de la ciencia explica cómo se recuerdan
los eventos, qué tan fiables son, dependiendo de la edad del testigo o de la
clase de evento que se pre- senció y se intenta recordar, así como de la forma
como se pretende recuperar la información.
En primer lugar; la técnica de obtención de de- claraciones, porque aporta
una experiencia valio- sísima basada en resultados corroborados, bien en
estudios de campo, bien en la medida de lo posible en la práctica judicial. En
segundo lugar, como decía, esta disciplina ayuda a detectar la mentira a
través de aspectos objetivos. Y, en tercer lugar, la materia aporta una
importante serie de datos a los efectos de practicar correctamente los
reconocimientos de personas. (p. 215)
Dentro de la psicología del testimonio se en- cuentran dos grandes áreas
estrechamente rela- cionadas, a saber, la exactitud y la credibilidad.
Manzanero (2010a) explica que:
la primera trata de los estudios relativos a los factores atencionales,
perceptivos y de memoria que influyen en la exactitud de las declaraciones y
las identificaciones de los testigos presenciales. Va- rios temas han sido
especialmente relevantes aquí: los procedimientos de obtención de las
declara- ciones (recuerdo, reconocimiento, entrevista cog- nitiva, ayudas al
recuerdo...), los de identificación (fotografías, ruedas, retratos robot...), las
diferen- cias individuales (edad, sexo, implicación, ansie- dad...), la influencia
de los procesos perceptivos en la interpretación de la información
(percepción de sonidos, conversaciones, formas, velocidad, colo- res...), las
falsas memorias (memorias recuperadas, información post-suceso,
sugestibilidad...), el efecto de las condiciones atencionales en los procesos de
codificación (efecto del arma, detalles sobresalien- tes, distintividad...), y
otros factores de retención y recuperación (recuperación múltiple, efecto de
las preguntas, preparación, demora...). La segunda área trata de la
discriminación del origen de la infor- mación aportada por los testigos
(perceptiva y real o sugerida, imaginada, falsa...).tanto como desde la
Psicología Social y la Psicolo- gía Clínica. Además, han resultado de interés las
aproximaciones al estudio de la mentira desde la Neurociencia, la
Psicofisiología, y la Psicología del Lenguaje y la Comunicación. (p. 89-90)
A modo de breves comentarios en torno a los antecedentes históricos
generales del testimonio, se puede decir que existen referencias en textos
griegos y romanos en relación con la importancia de los testimonios y la
forma de obtener o llegar a la verdad. De igual forma, existen documentos de
la época de la inquisición que expresan los tipos de testigos, su credibilidad o
exactitud y directrices en cuanto a los interrogatorios.
b. Memoria y testimonio.
Al centrarnos en la fiabilidad y exactitud de un tes- timonio, necesariamente
debemos ubicarnos en el contexto de la memoria del testigo. Ambos concep-
tos están estrechamente relacionados y ligados entre sí, siempre existirá una
interacción de dependencia entre el contenido del testimonio, así como de
los procesos internos decisorios de lo que pretende de- clarar o relatar y el
contenido de la memoria.
es lo diametralmente opuesto, el testigo ma- nifiesta recuerdos que están en
su memoria pero que no son reales, o están distorsionados o modi- ficados
de manera no consciente. Este último caso sencillamente se puede resumir
en que hay testigos que mienten, con la gran e interesante diferencia de que
no son conscientes de ese actuar, no saben que están mintiendo. Todo lo
anterior, y así lo ex- plica la psicología del testimonio, tiene su razón de ser a
partir de la naturaleza reconstructiva de la memoria, en donde la persona es
honesta o sincera, pero para nada su testimonio cumple con ser ve- raz. Al
respecto, Kate Germond (1998) explica que:
Muchas personas en nuestro país consideran la prueba testifical como la más
profunda prueba de la verdad. “Este es el hombre que me hizo aquello”. To-
dos asumimos, y con los años pasamos a creerlo, que nuestra mente es una
grabadora, que simplemente graba de forma precisa cualquier cosa que
vemos, oímos o con la que tenemos contacto. La verdad es que lo que
nuestra memoria está en realidad graban- do es, sí, lo que sucede en ese
momento, pero tam- bién, mezclado con eso, recuerdos, sueños, algunas
pequeñas distracciones: es un paquete de una gran variedad. Por tanto,
nuestros recuerdos, en realidad, no son nada precisos.
posible que recuerde situaciones en donde no ha tenido una experiencia
directa, sino que sean experiencias ajenas que se incorporan como pro- pias,
o como producto de un mal interrogatorio se llegue a una sugestionabilidad,
sobre todo tratán- dose de niños, todo esto gracias a que la memoria se
considera como un acto creativo.
La información almacenada en nuestra memo- ria puede ser clasificada en
tres tipos diferentes, dependiendo de la conciencia que la caracteri- za. La
información episódica es la responsable de nuestros recuerdos, nos hace
conscientes de dónde y cuándo ocurrieron y con la experiencia subjeti- va de
haberlos vivido. La información semántica es la responsable de nuestros
conocimientos, que sabemos que tenemos, pero no cuándo ni cómo los
adquirimos. Por último, la información procedi- mental tiene que ver con
nuestras habilidades, las cosas que sabemos hacer relativamente complejas y
que hemos adquirido a través de la experiencia. (Manzanero, 2010, p. 30) A
su vez, Nieva (2010), basándose en el anterior autor, plantea:
En el ámbito de la memoria a corto plazo, la capacidad para recordar
estímulos auditivos es su- perior a la de los estímulos visuales. En ese mismo
ámbito, se concluye que se recuerdan siempre mejor los primeros datos y los
últimos de
En cuanto al funcionamiento de la memoria, Mazzoni (2010) explica:
El tipo de memoria más utilizado durante el tes- timonio es la memoria
episódica, dado que los in- dicadores temporales y especiales que
caracterizan los conocimientos contenidos en ella son indispen- sables para
los fines de la instrucción. [...] el conte- nido de la memoria semántica, por la
presencia de esquemas y scripts, incide también en el testimonio ya que
interactúa con el contenido de la memoria episódica y, en algunos casos,
hasta le da forma y contenido. La interacción entre memoria episódica y
memoria semántica tiene lugar durante las tres fa- ses principales de la
memorización: durante la fase de adquisición de la información, llamada
también fase de codificación, durante la fase en que la infor- mación es
representada en la memoria, y en la fase de recuperación. La fase de
codificación es una de las tres fases comprendidas en el más amplio proceso
de
recordar, y es en este nivel donde scripts y los esque- mas pueden influir
sobre el contenido de la memo- ria. [...] Nada puede ser recordado que no
haya sido previamente codificado y después conservado en la memoria. (pp.
33, 34)
Como se ha dicho, el testimonio está estrecha- mente ligado en grado de
dependencia a la memo- ria de la persona o del testigo, pues se conjugan dos
elementos claves, la fiabilidad y la exactitud. La primera se refiere a la
“correspondencia entre lo relatado y lo acontecido”, mientras que el segundo
elemento es “la correspondencia entre lo represen- tado en la memoria y lo
sucedido en el transcurso del hecho” (Mazzoni, 2010, p. 17).
La exactitud es, pues, lógicamente indepen- diente de la cantidad de
elementos recordados. Es decir, un recuerdo, incluso pobre, siempre que sea
exacto, puede ser sumamente útil a los efectos de una investigación
(Mazzoni, 2010, p. 18). Por ejem- plo, los niños, en la medida en que se les
permita relatar de manera espontánea sin ninguna clase de presiones o de
cuestionamientos cerrados o de pre- guntas sugestivas o tendenciosas, serán
capaces de recordar eventos pobres, sin mucha información, pero sí con
mucha exactitud. En este caso es lo que se requiere para que el testimonio
resulte altamen- te fiable. Así que, entre mayor margen de libertad exista en
un interrogatorio a un niño, más espacio existirá para que el infante responda
con mayor exactitud y, por ende, con mayor fiabilidad. En relación con las
entrevistas realizadas a niños que han sido presuntamente víctimas de delitos
sexua- les, Köhnken, Manzanero y Scott (2015) conside- ran que otra fuente
de declaraciones incorrectas no intencional son las falsas memorias. Estas
pueden ser generadas por a) una reinterpretación errónea de hechos que
tuvieron lugar, pero no responden a conductas de abuso sexual, b)
inadecuados forma- tos de entrevista en el contexto de la investigación
policial y judicial e c) inadecuados procedimientos terapéuticos. A su vez,
Mazzoni (2010) en torno al punto anterior establece:
[...] Los recuerdos suelen ser tanto más exactos cuanto más afectan al
elemento central del episodio ob- jeto de investigación, y suelen ser más
imprecisos en el
Fiabilidad de la prueba testimonial: breve análisis desde la psicología del
testimonio y los errores de la memoria
59
60
F. Luna Salas ■
caso en que el elemento, o los elementos importantes, sean periféricos en
relación con la escena a la que ha asistido el testigo. [...] existe un fenómeno
denomina- do “weapon effect”, estudiado desde hace muchos años, según el
cual, quien se ve amenazado por un arma de fuego tiene un recuerdo muy
preciso del arma, pero no recuerda, sino de una manera muy vaga y poca
precisa, otros elementos del episodio, como la persona que le apuntaba con
el arma. El testimonio relativo al arma de fuego es completamente fiable pero
el testimonio global relativo al episodio vivido es más bien casi inexistente y
de escasa fiabilidad. (p. 19)
En torno al efecto de focalización en el arma, manifiesta De Paula Ramos
(2019, p. 125) que no hay consenso sobre la explicación del citado efecto.
Algunos creen que es una forma de autoprotección; en la medida en que las
personas adultas saben que las armas pueden matar, centran la atención
sobre el peligro, para evitarlo de forma instintiva. A pe- sar de lo anterior, se
considera que lo más probable es que sea un efecto derivado de poner un
objeto fuera de contexto (Loftus et al., 2013, pp. 33-34).
En cuanto a la fiabilidad del testimonio, se pue- den hacer las siguientes
apreciaciones:
La fiabilidad del testimonio va a depender tam- bién de la edad del testigo,
como bien se planteó anteriormente, un niño puede tener recuerdos muy
exactos en la medida en que exista un inte- rrogatorio bien direccionado,
pero, a su vez, está demostrado que los niños son testigos menos fia- bles,
toda vez que son personas con un alto gra- do de sugestionabilidad por parte
de los adultos. “Los niños son vulnerables a las sugerencias de información
falsa, más cuanta menor edad ten- gan, debido a la tendencia de los niños
más pe- queños a adaptarse a los deseos de los adultos” (Manzanero, 2010,
p. 203).
Otra circunstancia determinante en la exactitud de la memoria y, por ende,
en la fiabilidad, es en relación al grado de atención o de conciencia que exista
en el momento de presenciar el hecho, es decir, no es lo mismo como percibe
un episodio un sujeto somnoliento a uno totalmente despier- to, o como lo
recibe una persona extenuada y cansada que uno relajado y descansado. De
igual forma, sucede con personas en estado de excita- ción, ansiedad,
emoción o preocupación.
Un elemento adicional a considerar es la predispo- sición a recordar un hecho
o, todo lo contrario, la falta de intención para recordar. Es decir, cuando un
sujeto se programa o se predispone a que debe memorizar un episodio,
después le será más fácil recordarlo. Sin embargo, se puede concluir que esto
es algo que no ocurre frecuentemente, sobre todo con los hechos percibidos
de manera espontánea.
Prolegómenos ■ Vol. 24(48)
Revista Prolegómenos ■ Vol. 24(48)
◾ En la mayoría de circunstancias se acostumbra a valorar un testimonio por
el grado de confianza con que sea relatado, entre más seguridad se le im-
prima a una declaración, mayor grado de fiabili- dad o validez se le dará, sin
embargo, se insiste que considerar lo anterior es desconocer en muchas
ocasiones que un testimonio que transmita seguri- dad y confianza no
necesariamente cumple con ser un relato veraz. Así que todo aquel que
valore y sa- que conclusiones a partir de lo anterior está basan- do su decisión
en elementos meramente subjetivos y desconociendo lo que la doctrina ha
denominado como errores sinceros en un testimonio.
Todo lo anterior invita a pensar e insistir que la exactitud de un testimonio
resulta influida por dis- tintos factores que conllevan a un recuerdo errado,
entre ellos, se encuentran: las condiciones de codi- ficación, de retención y de
recuperación. Así pues, la memoria es producto de un acto creativo en don-
de, a pesar de lo que se cree, no tiene la capacidad de grabar, sino más bien
de interpretar y recons- truir las experiencias vividas en la realidad. Y pre-
cisamente en esta reconstrucción está lo complejo del asunto, ya que en esta
labor de reconstrucción de los recuerdos se encuentran dos tipos de errores
de memoria, los de omisión y los de comisión. Al respecto, Manzanero
(2010b) explica:
Los errores de omisión se dan cuando en lo que cuentan los testigos de un
hecho faltan detalles im- portantes, por olvido o por ocultación; los errores
de comisión son aquellos en los que los testigos introdu- cen información
falsa deliberadamente —mentira— o debido a inducción autogenerada o
generada por el efecto de información postsuceso, fallos en la distin- ción
entre realidad y fantasía, inferencias erróneas...
Entre los factores de codificación se encuentran aquellos que afectan a los
procesos perceptivos y de atención, y podemos dividirlos, a su vez, en
factores del suceso y factores del testigo. (p. 23)
En cuanto a los factores del suceso, hacen refe- rencia a los elementos que
tienen mayor influencia en los testigos a la hora de codificar la información
como, por ejemplo, los cambios de luz, la distancia, la percepción del color,
del movimiento, la percep- ción auditiva o de objetos, la duración o tiempo
4. Resultados.
c. Valoración de la prueba testimonial y propuestas formativas.
“El juez debe oír al testigo con agrado y manse- dumbre y mirándole a la cara,
pues el semblante puede a veces conocer la sinceridad o la falsedad
Hasta este punto, se tienen múltiples elemen- tos de juicio para replantear
los esquemas menta- les que se tienen en torno a la prueba testimonial,
como es el caso de la cita anterior que, aunque es bastante antigua, aún sigue
en la mente de un gran colectivo de juristas. Precisamente la psicología del
testimonio nos invita a pensar no tanto en la va- loración de aspectos
conductuales del testigo, sino más bien en el análisis y la valoración detallada
y coherente de la credibilidad del testimonio.
Lo anterior sería lo primero a tener en cuenta por parte de los
administradores de justicia a la hora de valorar la prueba, quienes deben virar
su mira- da del mito y las falsas creencias a la ciencia expe- rimental. De hacer
lo contrario, se estaría frente a una valoración alejada de cualquier contexto
crítico y objetivo. Como se mencionó en líneas anteriores, se estaría
básicamente frente a actos adivinatorios que no resultan para nada bien,
sobre todo, dentro de un contexto judicial. Recuérdese que, “al hablar de
valoración de la prueba, se hace referencia a la labor del juez, dígase
obligatoria, de realizar un aná- lisis sobre el mérito de la convicción de la
prueba” (Luna, 2018, p. 122) o, como dice Gascón, (2010), es un juicio de
aceptabilidad de los resultados produci- dos por los medios de prueba.
Nótese que hay una variada información en relación con la memoria y el
testimonio, informa- ción no tan sencilla de digerir porque es un co-
nocimiento que se escapa de la cultura jurídica y que, además, choca con las
creencias de muchos, pues que existen métodos mecánicos o intuitivos para
detectar la mentira en una declaración..
Para lograr el cometido anterior, cabe aclarar que “nunca se puede tener la
certeza racional que una proposición es verdadera, lo que se puede con-
seguir dentro de un proceso y a través de los me- dios de prueba es que se le
atribuya un específico grado de probabilidad o de confirmación de que un
enunciado sea verdadero”
d. Propuestas formativas.
◾ Es importante iniciar con algo básico pero tras- cendental como el tema
cultural, el tema educa- tivo, sobre todo de los jueces: “hay que elevar su
base
Teóricamente la credibilidad testimonial es definida como valoración
subjetiva de la exactitud estimada de las declaraciones de un testigo
(Manzanero, 2008: 179), es decir es la correspondencia entre lo sucedido y lo
que manifiesta el testigo, es ahí donde no se toma en cuenta las
características personales del testigo, ya que esta no permite hacer una
diferencia entre la experiencia vivida de aquellas historias imaginadas o
inventadas.
5-CREDIBILIDAD DE TESTIMONIO
En principio, la credibilidad puede ser definida como valoración subjetiva de
la exactitud estimada de las declaraciones de un testigo (Manzanero, 2008:
179), sin embargo, debemos hacer una distención entre la exactitud del
testimonio y la credibilidad del testigo, este último es la correspondencia
entre lo que ha ocurrido y lo que relata el testigo, en otras palabras, está
asociado a la credibilidad de testigo como persona; mientras tanto, la
exactitud del testimonio implica la correspondencia entre lo ocurrido y lo
captado por la memoria. Esto es, “si los sucesos descritos en la declaración
corresponden a los hechos realmente vividos” (Offe, 2000: 12).
La determinación de la credibilidad se ha convertido en una preocupación en
el mundo de la psicología del testimonio, por ello, surgieron diferentes
corrientes que han planteado diferentes métodos para determinar la
credibilidad del testigo, entre ellas tenemos: Los cambios de conducta y los
cambios fisiológicos.
El primero, se presenta cuando el testigo a la hora de ser sometida a una
interrogación, por parte de fiscales, abogados y jueces sufre diferentes
cambios conductuales, por ejemplo el sonrojecimiento, el tartamudeo,
movimientos corporales, posición corporal, sudoración, etc., estos signos hoy
en día sirve para evaluar la credibilidad testimonial, sin embargo, es un grave
error que conduce a errores judiciales, debido a que es perfectamente que un
testigo que es llamado por primera vez en su vida a una declaración presente
estas manifestaciones fisiológicas, por la presencia de personas desconocidas
y por el propio ambiente donde es interrogado.
El segundo, consiste en la aplicación de varios instrumentos entre ellas
tenemos el polígrafo, instrumento denominado también como
Rev. Bras. de Direito Processual Penal, Porto Alegre, v. 6, n. 1, p. 453-480,
jan.-abr. 2020.
detector de mentiras, que a medida que el entrevistado va respondiendo las
preguntas, tiende a detectar cambios o alteraciones fisiológicos como
incremento de la tasa cardiaca, incremento de ansiedad, dilaciones pupilares,
etc., sin embargo, detrás de este método existen muchos detractores quienes
sostiene que este instrumento “sirve únicamente para descubrir
conocimientos que tiene en relación con el crimen, pero no si lo cometió
realmente” (Querejeta, 1999: 160), por lo que, un testigo con altas niveles de
ansiedad es pasible de ser considerado como un testigo deshonesto.
Frente a estas deficiencias que representan el uso de estos instrumentos o
métodos; en la actualidad la psicología del testimonio nos ha planteado otro
método, que en mi opinión proporciona grades beneficios en la práctica
judicial. Esto es, la preocupación actual de la psicología del testimonio no es
principio el estudio de las características personales, cambios conductuales y
los cambios fisiológicos que presenta el testigo, sino se debe focalizarse en “el
contenido de la manifestación” (Manzanero; Diges, 1993: 2). Esto es, se debe
examinar la correspondencia entre lo sucedido y lo que manifiesta el testigo,
sin tener en cuenta las características personales del testigo, ya que esta no
permite hacer una diferencia entre la experiencia vivida de aquellas historias
imaginadas o inventadas.
Por lo que, para la valoración de la credibilidad del testimonio es preciso “no
atribuir de manera automática una credibilidad o exactitud mayor al detalle
recordado por dos testigos que al detalle que sólo es aportado por uno,
puesto que la coincidencia podría ser producto de un interrogatorio
inadecuado” (Diges, 2014: 29), así como podría obedecer a factores de
sugestión y autosugestión.
[Link] DE TESTIGO
Testigo es aquella persona que ha presenciado la realización del hecho
fenomenológico a través de sus sentidos ya sea en forma directa o indirecta.
En términos jurídicos podemos decir que el testigo es aquella persona que ha
presenciado a través de sus sentidos la ocurrencia de los hechos
jurídicamente relevantes. “
Por lo que, el testigo únicamente está llamado estrictamente a narrar todo
aquello que ha experimentado o percibido sus sentidos, más no está obligado
a transmitir sus propios juicios de valor, creencias o experiencias personales
mucho menos sus propias valoraciones (Jauchen, 2014: 286). Por lo tanto,
todos los testigos que tiene la información útil para el proceso son hábiles
para declarar, puesto que en un sistema acusatorio “desaparece las
instituciones procesales de tachas contra los testigos” (Baytelman; Duce,
2016: 60).
7. CLASE DE TESTIGOS
7.1 TESTIGO PRESENCIAL
Es aquella persona que en forma directa ha presenciado o experimentado la
realización del hecho fenomenológico de carácter delictuoso. Esto es, el
testigo ha percibido a través de sus sentidos la ocurrencia de un evento
criminal, oportunidad en que pudieron haber retenido los detalles
contextuales y sensoriales, por ejemplo, las características personales y
circunstancias del lugar, tiempo y modo en que ocurrió los hechos
delictuosos.
El gran problema que viene generando discusión a nivel del proceso penal es,
si realmente el testigo presencial al momento de declarar sobre lo que ha
experimentado o percibido sus sentidos obedecen a la verdad histórica7, es
decir, si lo que dice el testigo es exacto a los hechos
7 Sobre este punto debemos precisar que la verdad únicamente es una cons-
trucción social, puesto que no se puede determinar científicamente la ver-
dad, incluso la ciencia trabaja en base a las aproximaciones aceptadas por la
comunidad científica.
Un testigo por más que tenga una buena memoria no tiene la posibilidad de
captar, retener y recordar la información de todo aquello que ha
experimentado o percibido a través de sus sentidos, precisamente por los
factores señalados en el punto 1.1, por lo que, a la hora de declarar no puede
reproducir la información al milímetro con todos sus detalles contextuales de
lo que dice haber visto; puesto que el paso del tiempo “[...] ya supone un
fuente de degradación y contaminación del testimonio” (Diges, 2018: 23), o
simplemente la propia memoria hace que ese recuerdo se pierda en forma
progresiva, porque la información almacenada no es de uso frecuente en sus
actividades diarias de la persona; o que dicho recuerdo genera en la persona
inestabilidad emocional.
La contextualización consiste en que el testigo presencial que realmente ha
percibido o experimentado la ocurrencia de un hecho fenomenológico
eventualmente podría reproducir la historia con mayores detalles
contextuales y sensoriales de tiempo-espacio, puesto que su origen radica en
memoria externa. Esto es, “presenta una mayor cantidad de información
contextual, sensorial (olores, colores, sonidos...)
7.2 TESTIGOS DE REFREENCIAS O DE OIDAS
Es aquella persona que toma conocimiento sobre la ocurrencia de un evento
criminal a través de otra persona o en forma indirecta. En la actualidad viene
generando grandes problemas en el proceso penal, muchas veces el
Ministerio Fiscal ante la falta de testigos presenciales recurren a testigos
referenciales, con la finalidad de probar su hipótesis fiscal ante el juez de
juzgamiento, sin embargo, este último no valora como prueba fiable para
condenar al acusado; pese a que “[el] testigo de oídas quien, en lugar de una
percepción original y directa, escuchó un relato de una persona sabedora de
un acontecimiento-
Si no una parte de ella. La correcta valoración de la credibilidad testimonial
de los testigos directos se debe partir examinando la correspondencia entre
los hechos y lo que recuerda el testigo, para cuyo efecto el juez debe tener en
cuenta como dato objetivo la coherencia del testimonio, la contextualización,
la corroboración periférica y los comentarios oportunista o personales, las
mismas que deben estar siempre apoyados con otros elementos de juicio que
deben estar descritos en la motivación de la sentencia.
En tanto, la credibilidad testimonial de los testigos de referencia únicamente
puede fundar una condena si solo sí exista pluralidad de testigos referenciales
de orígenes distintos y que su testimonio sea coherente, contextualizada, con
ausencia de incredibilidad subjetiva, corroborada con pruebas periféricas y
que resulte verosímil, las mismas que deben estar apoyados con otros datos
objetivos.
Por otro lado, la prueba testifical por sí sola, no obedece a los estándares de
la prueba, por lo que, siempre debe ser valorada conjuntamente con otros
elementos de juicio actuada en el plenario bajo las reglas del contradictorio,
solamente así una condena estará justificado plenamente.