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Pepito y Juanito: Chistes y Risas

El relato presenta a Juanito, un niño ingenioso y bromista que vive con su madre, padrastro y hermanastro, y su interacción cómica con ellos. A través de situaciones humorísticas, se muestra su personalidad divertida y su habilidad para hacer chistes, lo que eventualmente lo lleva a convertirse en el compañero de Pepito, el narrador, quien también es conocido por su humor. La historia se centra en su competencia amistosa de chistes en la escuela, donde ambos intentan superar al otro en ingenio y creatividad.

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Pepito y Juanito: Chistes y Risas

El relato presenta a Juanito, un niño ingenioso y bromista que vive con su madre, padrastro y hermanastro, y su interacción cómica con ellos. A través de situaciones humorísticas, se muestra su personalidad divertida y su habilidad para hacer chistes, lo que eventualmente lo lleva a convertirse en el compañero de Pepito, el narrador, quien también es conocido por su humor. La historia se centra en su competencia amistosa de chistes en la escuela, donde ambos intentan superar al otro en ingenio y creatividad.

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Pepito,

el señor de los chistes


PePe Pelayo R.
Ilustraciones de Alex Pelayo
Uno

No sé cómo empezar. ¡Por el principio!, me


diría uno haciéndose el gracioso. Pero no es
fácil... Quizás es mejor que lo haga
contándote sobre la vida de Juanito, así
conocerás al niño que me complicó la vida.
De cómo y por qué se involucró conmigo ya te
enterarás más adelante. (A menos que decides no leer más
a partir de ahora y regales el libro. Aunque no te lo aconsejo,
porque lo que contaré es muy cómico). ¡Pero basta ya
de cháchara!
¡Vamos al grano! como di-ría un dermatólogo.
Juan vive con su mamá, su padrastro y su hermanastro
en una típica casastra, perdón, en una típica casita de tejas
en el otro lado de Villarrisa, nuestra ciudad. Como casi
siempre sucede, él adora a su mamá y no se lleva bien
con su padrastro, ni con el hijo de éste.
Para darte una idea de cómo es Juan, te contaré sobre
un momento cualquiera, de un día cualquiera, en su
casa. Por ejemplo, él es de los que regresan por la
tarde del colegio y ya desde la puerta dice cosas como:
—¡Mami no me esperes esta tarde!
—¿Por qué mi amor?
—Porque ya llegué.
Su madre, como la mayoría de la gente adulta en
Villarrisa es de esas personas que nunca entiende las
bromas. Por tanto, al oír aquello se hacia él poniendo
una cara sólo comparable con la expresión que
consigue uno llama al encontrarse con un arpa en medio
del altiplano.
Su hijo la espera sonriendo porque la conoce.
Ella entonces, al verlo así, le dice con orgullo:
—¡Muy bien, hijo mío! Veo que vuelves muy
contento. La has pasa-do bien en el colegio, ¿no es cierto?
—Por favor mamá... No confundas la ida con el
La madre, una vez más, no entiende, y cuando va a Al pase por el comedor, casi tropieza con el l padrastro
preguntar algo, su hijo la interrumpe: que iba a sentarse a leer el diario. Llega a la puerta de
—Mamá, te tengo una mala noticia. la calle y la abre. Era el dueño la casa que venía a
—¿De que se trata, mi amor? tratar de cobrar, una vez más, el arriendo atrasado.
— Se murió el tío abuelo del inspector. —Hola, niño —dijo el hombre—. ¿Está tu mamá?
—¡Ay pobrecito!¿Y de qué murió? —quiso saber la No —respondió Juanito con calma.
mamá. —¿Y tu padrastro?
—De repente, según dijeron los médicos —dijo —No, también se escondió —contesta el muchacho
Juanito mordiendo-se el labio para no reír. con mucha seguridad, cerrando la puerta.
— ¿Cómo...? Pero, mi niño... Cuando iba de regreso a la cocina, el padrastro le
En ese momento, suena el teléfono y ella va a pregunta:
contestas, pidiéndole a su hijo: —¿Y? ¿Quién era?
—Juani, por favor, ve a la cocina y vigílame los —Preguntaban si habíamos visto un burro por aquí.
espaguetis, porque creo que se están pegando. —¿Qué dijiste? —quiso saber el padrastro.
—Por mí que se maten —respondió el niño, —Que era imposible porque no habías llegado del
aguantando una vez más la risa. trabajo.
Pero al verle la cara a su mamá, va a cumplir la —¡Juanito! —grito el hombre molesto.
orden muy seriecito. —¿Qué pasa aquí? —intervino la mamá que venía del
No pasa ni un minuto cuando se escucha el grito de la teléfono.
madre. —Que le pedí dinero o tu esposo y se molestó
—¡Juani! —¿Qué? —gritó el hombre.
—¡Qué, mami! —¡Cállate, viejo!— dijo la mujer—. A ver, Juani,
—¡Tu abuela está en el teléfono! ¿para qué querías al dinero.
—¡Pues sácala, que debe estar incómoda! —gritó Juan. —Es que cuando abrí la puerta, vi allá afuera o
—¡No! ¡No entendiste! —continuó la mamá— Ella un pobre anciano gritando.
está hablando conmigo por teléfono, y dice que cuándo vas —¿Y qué gritaba el anciano, hijo mío?
a ir a verla. —Gritaba: ¡Helados! ¡Vendo helados!
—¡Dile que voy el domingo sí es que llego a ir! — —¡Ves cómo está tu hijo!—terció el padrastro —.
respondió el niño, preguntándose cómo es posible que su ¡Y pregúntale por qué le pegó hoy a su hermanastro
madre no se dé cuenta de las bromas. con la silla!
De repente, se oye de nuevo el grito de la madre —¡Porque el sofá es muy pesado, mami! —se
—¡Juani! quejó Juanito, abrazándose a la mamá y haciendo unos
—¡Dime, mami! pucheros poco creíbles...
—¡Que golpean la puerta! ¿He dado uno idea completa de cómo es Juan? Quizás
—¡Pues que se defiende sola, que ya es grande! — no. A lo mejor se puede pensar que él era así sólo en su casa.
gritó el niño. Por eso contaré dos o tres ejemplos de su actitud en la calle,
—¿Cómo?—preguntó la señora. lejos de su mamá. (Aprovecho para comentar que
me
los niños no. Yo pienso que en esta ciudad, cuando la exactamente en mi curso. Y pora mayor precisión al lado de
gente crece, se olvida de reír, de jugar, de bromear. Se mi asiento. ¿Y
vuelven solemnes, «responsables» preocupados; en fin,
tristes y aburridos. Por eso son incapaces de entender o
disfrutar algo gracioso. Donde tú vives, ¿no has visto gente
igual de torpe para entender los chistes? ¿Y no conoces
personas que no se dan cuenta cuándo uno habla en
broma? Eso a mí me deprime. Porque no hoy nada más
molesto que explicar un chiste o aclarar que no hablabas en
serio, ¿no es cierto?).
Bueno, Juan en la calle se comportaba de la
misma forma que en la casa. Famosa es su anécdota
con el farmacéutico. Resulta que él va a la farmacia y es
el tercero en la fila. El primero pide un paquete de
bicarbonato y el farmacéutico —hombre serio como el que
más—se tiene que subir en una escalera para alcanzarlo.
Cuando le toca a la otra persona, ésta le pide también
otro paquete de bicarbonato. El hombre se molesta y le
dice que por qué no se lo pidió cuando estaba arriba. Para-
do en lo último de la escalera, le dice a Juanito que si él
también quiere un paquete de bicarbonato. Él le
contesta que no. Cuando le llega el turno a Juan, éste,
sorpresivamente, le pide bicarbonato. El farmacéutico
explota y le dice que por qué no se lo pidió antes, cuando
le preguntó Entonces el niño le responde con inocencia:«
Pero si usted me preguntó si quería un paquete de
bicarbonato, y yo le dije que no, porque lo que quiero
son ¡dos paquetes de bicarbonato!». Por supuesto, tuvo
que escapar o lo desbandaba de allí.
En otra oportunidad paró a un señor en la vereda y le
pidió que le ayudara a tocar el timbre de una casa porque no
alcanzaba. El señor lo hizo y le preguntó: «¿Y ahora qué?».«
¡Ahora huyamos!» le grito Juan, arrancando de allí.
¿No es lo que yo decía? Él es igual en todas
partes. Pero bien, ¿por qué tengo que hablar tanto de él si
ésta es mí historia? Porque, como decía al principio, ese
niño me complicó la vida. ¿Cuándo? Cuando, a principios
de año, lo trasladaron de colegio y cayó en el mío. Más
para los chistes que conozco. Y cuando no se los verdad: muy pronto él se convirtió
sabe los inventa. Pero, ¿qué tiene que ver eso en mi compañero inseparable. En el
conmigo? Mucho. Y por una muy buena razón: ¡Yo amigo más enemistado y en el
soy idéntico a él! enemigo más amistoso que he tenido.
Perdón, mejor que él. A mí no me gusta A partir de esa
decirlo por humildad, pero en cien océanos a la
redonda no hay un tipo que pueda saberse más
chistes que yo. No existe en este planeta una
persona que invente más situaciones graciosas que yo.
No ha nacido entre cielo y tierra un ser más cómico
que yo.
Yo soy Pepito. Si, Pepito, el de los cuentos.
Bueno, asi soy conocido en muchos países del
mundo. Aunque debo decir otra verdad: Juanito
también es famosísimo en otros lugares (dicen que
un tal Jaimito es célebre en España y un tal Pierito en
Italia, pero a ellos no los conozco en persona). En fin,
que nuestra fama es internacional, galáctico y
universal.
Como sabrás, en todos esos lugares nos
tienen como niños malos, traviesos, picaros y
descorteses, pero eso es falso. Tanto Juanito
como yo somos excelentes hijos, amigos de los
amigos, y muy bien educados. Claro, muchos
adultos han puesto en boca nuestra todo lo que
se les ha ocurrido. De ahí la fama. Bueno, eso y
nuestras cualidades. Como decía unos párrafos
más atrás, ambos somos simpáticos, ingeniosos,
buenos para la broma, el chiste y la chacota. Sin
falsa modestia.
Después de esta presentación —donde seguro te
dejé con la boca abierta al enterarte de quién soy —,
hay que continuar la historia.
Me había quedado en que a Juan lo pasaron
a mi colegio, a mi curso, junto a mi asiento. Y eso
significaba la guerra. Ya te imaginarás lo que es
tener tan poderosa competencia a mi lado. El más
mínimo choque sacaba miles de chispas. Pero hay
que decir la
Dos

L primer día que Juan se presentó a


nuestra clase, dio la casualidad que la
maestra llegó tarde. No habían pasado
cinco minutos y ya nos habíamos desafiado a
muerte. Tomando a nuestros compañeros
como jueces,
comenzamos una competencia delimitada por las siguientes
reglas:
1. El público iba a decidir que tipo de chistes
contaríamos alternadamente.
2. Se perdía un punto cada vez que a uno no se le
ocurría un chiste. Se daba medio minuto para pensarlo.
3. Si se sabía el chiste del otro, ganaba un punto, pero
si se equivocaba en la respuesta lo perdía. Al no saber
la respuesta, tenía que decir, obligatoriamente, «no sé».
4. El puntaje era acumulativo y, al final del año se
sabría el ganador
Recuerdo que a esa hora los muchachos empezaron a
gritar:«¡Qué se hagan preguntas! ¡Qué se hagan
preguntas!». Y así empezó la batalla.
Nos paramos frente o la clase y él, tomando aire con
cierta arrogancia, me desafió:
—¿Comenzamos con los «cuáles»?
—Como tú quieras —respondí contento. Ese
campo era uno de mis fuertes. Y provocándolo, continué —:
Dale tú primero, si puedes.
—Está bien —contestó. Y después de unos
segundos me lanzó la pregunta—: ¿Cuál es el lago más
dulce del mundo?
—No sé.
—¡LAGO LOSINA!—dijo, y todos rieron.
—¿Cuál es el helado más duro—seguí yo.
—No sé.
—¡ELADO QUIN! —Casi grité, y todos soltaron la —No sé.
carcajada. —¿Y cuál es el animal al que hay que —¡SER BARRENDERO... PORGUE SE HACE BA-
divertir para que no cambie de sexo? —continuó él entre
risas.
—No sé,
—¡EL BURRO...PARA QUE NO SE-A-BURRA!
—Esta bien —opiné yo—. ¡Y cuál es el pez que
usa corbata? —No sé
—¡EL PES-CUEZO!
—Si sabes tanto de peces —saltó—, entonces
dime:
¿cuál es el pez más seguro?
—No sé.
—¡EL PES-TILLO!
—Sigo con los peces —respondí—. ¿Cuál es el pez
que liega último? —No sé
—¡EL DEL-FIN!
—Si estamos en el mar —se justificó al no
recordar más chistes de peces—, entonces sabrás cuál es el
mar más duro?
—No sé.
—¡EL MAR-MOL!
—Ya que andamos en el mar —le seguí la corriente—,
¿cuál es el mar que golpea más fuerte?
—No sé.
—¡EL MAR-TILLO !
—Bien —dijo él pensando un poco, pero sin llagar
el medio minuto—. Vamos de nuevo con los animales...
¿Cuál es la mejor manera de llamar a un león furioso y
hambriento?
—No sé.
—¡DESDE MUY LEJOS!
—¿Y cuál es el trabajo que se hace con mejor
humor?
—le respondí
—¡Pero ese no es de animales! —me señaló.
—No importa. Dale, ¿cuál es el trabajo que se
hace con mejor humor?
—Entonces yo también voy a dejar a los —No sé.
animales — explicó, y sacando pecho me lanzó otra
pregunta—, ¿Cuál es más grande: la luna o el sol?
—No sé.
—¡LA LUNA...PORQUE LA DEJAN SALIR DE
NOCHE!
—Está bien. Y... y...
Estaba atorado. No se me ocurría otro
«cuál». Los niños después de reír a moco tendido,
gritaban dándome ánimos. Él contaba los
segundos que faltaban hasta que exclamó:
—¡Perdiste!
—¡Sí, pero no paremos por eso! —me defendí medio
nervioso y medio molesto—. Vamos a continuar con los
<<qué».
—Ah, quieres seguir perdiendo. Bueno, ahí
voy… Dime: ¿qué tienen los hipopótamos que no
tienen los otros animales?
—No sé.
—¡HIPOPOTAMITOS!
—Yo —acepté concentrándome— A ver, ¿qué es un
lóbulo?
— No sé
—¡UN ANIMALULO FEROZULO QUE SE
COMIÓ A CAPERUCITALA!
—Está bien... —admitió, pero sin
perder su seguridad—. ¿Qué es lo
mejor que tienen los números?
—No sé.
—¡QUE SIEMPRE SE PUEDE CONTAR CON
ELLOS!
—Y puede; decirme —lo reté—: ¿qué hace un sapo
cuando sale del jardín?
—No sé.
—¡PASA A PRIMERO!
—Y, ¿qué pasa... —me preguntó con
lentitud,
saboreando aquello— si un elefante se para en una
pata?
—¿Y tú sabes qué hora es cuando los campanas de —¿Y por qué...? —le iba a preguntar algo cómico
un reloj suenan trece veces? —chillé exagerando mi sobre un fantasma, cuando se me puso la mente en blanco.
firmeza y supuesto dominio. Eso lo distrajo un poco. Perdí la concentración. No se lo deseo a nadie. Eso a mi
—Repíteme la pregunta por favor —contestó me deprime. Me sentí derrotado...
medio perdido. —¿Que si sabes qué hora es cuando las —¡Estoy arriba! ¡Estoy arriba! —gritaba de nuevo
campanas de un reloj suenan trece veces? el muy... —Fue porque me distraje —contesté—.
—No lo sé. Vamos, seguimos con los «cómo»...
—¡ES HORA DE ARREGLARLO! —Pero...
—...Este... y qué… la... Se puso nervioso y no se le —¡Pero nada! —le interrumpí algo enojado—. A ver.
ocurría nada. Una sensación de impotencia y frustración ¿cómo se visten los esquimales?
lo invadió. El tiempo pasó. —No sé.
—¡Empaté! ¡Empaté! ¡Estamos iguales a uno! — —¡MUY RÁPIDO!
grité, levantando los brazos. —Está bien, estamos con los «comos» —y habló
—Sí —replicó—. Pero hay que continuar. sin mucha convicción, como sí los «comos» no fueran su
—¿Por qué?
fuerte. Eso me dio esperanzas—. ¿Cómo se abrazan los
—Porque tú hiciste lo mismo cuando perdiste con los puercoespines? —No sé.
«cuáles» —argumentó»—. Y vamos a seguir con eso —¡CON MUCHO CUIDADO!
que acabas de decir: con los «por qué». —¿Y cómo se hace la leche en polvo? —ataqué
—Está bien. Comienzo yo... ¿Por qué no estudian con más valentía.
las tortugas? —No sé.
—No sé. —¡RALLANDO UNA VACA LECHERA!
—¡PORQUE NO PUEDEN SEGUIR UNA —Y... y... —sudaba. Ya lo tenía casi en mis manos,
CARRERA! pero continuó—: ¿cómo hace un sapo para bucear?
—¿Y por qué los pájaros vuelan hacia el sur? —me —No sé.
devolvió rápido. —¡SE PONE LAS PATAS DE RANA!
—No sé. —Bien, ¿cómo haces para dejar a un tonto intrigado?
—¡PORQUE CAMINANDO TARDARÍAN —dije, volviendo a disfrutar como hacía un rato.
MUCHO! —No sé.
—¿Por qué el libro de matemáticas se suicidó? — —¡EN OTRO MOMENTO TE LO CUENTO!
exclamé, pavoneándome ante el auditorio. —Ah... me tiraste fuerte —saltó evidenciando tener los
—No sé. nervios de punta—. Pues...
—¡PORQUE TENÍA MUCHOS PROBLEMAS! Y el reloj avanzaba... ¡Hasta que por fin logré la
—¡Oye! ¡Oye! —me llamó lo atención, al verme victoria! Es decir, hasta que empaté, porque la competencia
distraído saludando a nuestros compañeros—. Dime, estaba dos a uno en mi contra.
¿por qué ponen rejas alrededor de los cementerios? Los muchachos gritaban y aplaudían cuando llegó
—No sé. la maestra. Le explicamos a ella lo que estaba sucediendo, y
—¡PORQUE LA GENTE SE MUERE POR le encantó la idea. Dijo que hasta programaría
competencias
humor en Villarrisa. Debo decir que con ella sacamos Por ejemplo, durante mucho tiempo, nos alternábamos en
las mejores notas. Imagínate que sus clases eran las más plena clase para decir y hacer cosas cómicas.
amenas del colegio. Todo lo enseñaba con juegos y
con humor.
¡Ojalá todos los profesores fueran así!
Pero no me voy a alejar del tema. Ese empate en
la competencia nos incitó a luchar aún más por la
hegemonía en el colegio. Siempre supimos que los
niños con personalidad, ingenio, con imaginación y,
sobre todo, con gran sentido del humor, son los líderes
de cualquier grupo. Por tanto, teníamos que dejar bien
clara nuestra posición. Más aún, cuando nuestra contienda
fue incentivada por algo que descubrimos allí, a solo unos
metros de nosotros...
Juanito y yo nos dimos cuenta de que tanto Venus
como su mejor amiga, Gretel, estuvieron riendo
desaforadamente durante el mano a mono, pero de uno
forma distinta a los demás. Sus expresiones también eran
diferentes. Incluso después, mientras la maestra daba la
clase, cuchicheaban entre ellos y nos lanzaban miradas
mezcladas con sonrisitas bastante coquetas, la verdad.
Aquello nos puso muy contentos y orgullosos.
Nunca habíamos sentido la necesidad de agradarle a una
chica. Ni siquiera nos habíamos da-do cuenta de que
podíamos atraerles, gustarles. Aunque daba un poco
de miedo, era espectacular.
Por supuesto, no nos pusimos de acuerdo en cuál de
las dos nos gustaba más, o quién podría ser el elegido de
Gretel y quién el de Venus. Por tanto, esa situación,
como decía hace un rato, también provocó una nueva
rivalidad. Ahora teníamos que demostrar con mayor
razón quién ero «El Señor de los Chistes». Otra vez
algo nos unía y algo nos separaba.
A partir de ese momento, en cualquier actividad en
que estuviéramos los cuatro involucrados, Juanito y yo
nos la ingeniábamos para desarrollar nuestro
competencia y
«destacamos», como decía él.
—Juanito —decía la maestra—, ¿por qué llegas tarde? buen ejemplo de onomatopeya. A ver otro.
—Por el cartel —contestaba Juan. —Fui al canal y escuché a una rana decir: croac, croac
—¿Cartel? ¿Qué cartel?— preguntaba la maestra.
—Ese en la esquina que dice: «Despacio, colegio» —
respondía Juanito—. Y yo lo obedecí.
Eso hacía reír a los niños, sobre todo a Venus
y a Gretel, por lo que él quedaba como rey. (Sentirse
opacado es malo. Eso a mí me deprime. Por lo que
me desvivía por contrarrestarlo).
Así, cuando la profe preguntaba cosas como:
—¿Por qué el globo terráqueo no es redondo,
sino algo achatado por los polos?
Yo respondía antes que cualquier otro:
—No sé, maestra. Creo que ya estaba así desde el
año pasado.
Y volvía a ser yo el afortunado de ver a
Venus y a Gretel reír y mirarme con admiración.
Otro dio, era yo el que tomaba la iniciativa.
—Niños —preguntaba la maestra—, tres de
ustedes me tienen que decir una oración con la
palabra «estatua».
—Yo fui a la plaza de armas y vi la estatua del
Padre de la Patria —respondió María Paz.
—Yo vi en una película la estatua de la
libertad en Estados Unidos —dijo Sebastián.
—Maestra —salté yo—, a mi me tocó ir el
domingo o casa de mi abuela. Ella tropezó y se
cayó..: Todavía
«estatua» adolorida.
Esos jueguitos de palabras les gustan a mis
compañeros. Por supuesto, a Gretel y a Venus les
encantan.
Claro, la felicidad dura poco. Juanito se
encargaba de nivelar las acciones. Cuando la profe
dijo:
—¿Quién me dice ejemplos de onomatopeyas?
—Cuando llegué a casa el gato hizo: miau, miau —
dijo Carola.
—Bien —aprobó la maestra—. Ese es un
—Correcto —volvió a asentir la maestra—. Esa es otra —Ah, otra cosa —continuó ella—. Juanito, ten
onomatopeya. ¿Quién me dice una más? cuidado con algunos chistes. A veces el humor, si se
—¡Yo! —gritó Juanito—. Iba por un callejón y me hace mal, en vez de risa puede causar rechazo. —
encontré con un camión de frente. Asustado dije: ¡Oh, ¿Usted se refiere a los chistes groseros? —quiso saber
no m'atopella! Juanito. —A los groseros, a los chabacanos, si. Pero
De más está decir que rió toda la clase (incluyendo las también a la burla agresiva que puede hacer daño, al
dos niñas y la maestra), por lo que me hizo rabiar. humor que afecte la sensibilidad de algunas personas.
En otras oportunidades yo hacia preguntas que ya traía Hay que tener mucho cuidado, ¿está bien?
preparadas desde mi casa. La maestra tenía razón. Por ejemplo, aunque a mí
—Maestra, ¿el cielo padece de picazón?
me gustó el chiste sobre anímales cocinados, a algunos
—¿Y esa pregunta, Pepito?
niños y niñas les puede parecer cruel. Y así fue. Pocas risas
—Porque si no fuera así,¿para qué sirven los
provocó. Yo lo pasé de lo lindo. El pobre Juanito, después de
rascacielos entonces? aquello, tuvo que esforzarse mucho. Pero podía tener su
De esa forma los hacía reír a todos fácilmente. revancha. Los cuatro nos apuntamos en la obra de teatro
Recuerdo que esa técnica de llevar preguntas sorprendió que se iba a montar. Y ese era un buen lugar para
a Juanito. Tanto, que lo hizo cometer un error. Cuando nuestra encarnizada lucha.
la profe preguntó si a nosotros, nos gustaban los
animales, él contestó:
—¡A mí me encantan los animales, maestra! El
pollo asado, el pavo relleno, el chancho frito, el
pescado al horno...
Recuerdo que la maestra nos llamó aparte y
quiso saber por qué estábamos tan chistosos
últimamente. Le contamos la verdad. Y nos dijo:
—Me perece bien que estén en plan de conquista. Me
gusta que quieran competir con sus chistes. Pero creo que se
les va la mano en la frecuencia y están interrumpiendo
la clase.
—Disculpe, maestra —dijimos a coro.
—Esta bien. Les propongo lo siguiente: cuando
crea que es apropiada una gracia, les haré una señal.
—Es decir —pregunté—, cuando usted entienda
que llegó el momento en que se pueden hacer chistes
nos avisará, ¿es así?
—Exactamente. Por supuesto, después de clase ustedes
hacen los chistes que quieran,..
—Gracias, maestra —dijo Juan. —Usted es la mejor
Tres
laro, delante del profesor de teatro no
hicimos nada. Pero cuando terminó el
ensayo, casi todos nos quedamos en el
salón. Ahí mismo se rompió la tregua y
comenzó la batalla.
—¿Qué chistes quieren? —gritó
Juanito, parándose en el escenario.
—¡Sobre teatro, por supuesto! —le respondieron
los niños.
—¡Muy bien! —dije yo, poniéndome al lado de mi
contendiente—Comienzo yo... Primer acto: Un ganso llama
a una gansa. Segundo acto
Un ganso llama a una gansa. Tercer acto: Un
ganso llama a una gansa...
¿Cómo se llama lo obra?
—No sé.
—¡VEN-GANZA! ¡VEN-GANZA!
Las carcajadas inundaron la sala y no pararon
hasta que terminamos.
—Voy yo ahora —dijo él—. A ver, Pepito... Primer
acto: Una hormiga con un rifle al hombro. Segundo acto:
la hormiga con una pistola a la cintura. Tercer acto: La
hormiga con un puñal en la boca... ¿Cómo se llama la obra?
—No sé.
—¡HORMIGÓN ARMADO!
—Está bien —manifesté yo, disfrutando aquello
—. Miro a ver si puedes adivinar esta... Primer acto: Una
monja en una cárcel. Segundo acto: Una monja en una
cárcel. Tercer acto: Una monja en una cárcel... ¿Cómo se
llama la obra?
—No sé.
—¡SORPRESA!
—De acuerdo, pero tú me podrás decir—continuó él—
Segundo acto: La familia Díaz pasa en avión. Tercer entra a un circo sin su entrada... ¿Como
acto: La familia Díaz pasa en avión... ¿Cómo se llama la se llama la obra?
obra? —¡La sé! —grité contento—. La
—Creo que la sé —respondí yo, seguro de ganarle otro obra se llama: ¡La
punto—: ¡Los Días están vola'os!
—¡No! ¡Fallaste! ¡Fallaste! —gritaba él enloquecido

. La respuesta es: ¡LOS DÍAS PASAN VOLANDO!. ¡Un
punto para mil ¡Voy ganando! ¡Voy ganando!
No sé qué me pasó. Me sabía la respuesta, pero me
confundí. ¿Ya comenté sobre lo mal que uno se siente
cuando pierde? Creo que sí. Bueno, a mí eso me deprime.
Ahora tenía que empatar de todas maneras. —
Está bien, Juanito, ¡cálmate! Me toca a mí. Mira si conoces
esta... Primer acto: Un japonés tomando tilo. Segundo
acto: Un japonés sigue toman-do tilo. Tercer acto: El
japonés corre hacia el baño... ¿Cómo se llama la obra?
—No sé.
—¡LE SALIÓ EL TILO POR LA CULATA!
—Ahora escucha esta —me contestó él—. Primer acto:
Una obesa agarra un puñal. Segundo acto: La obesa
toma una pistola. Tercer acto: La obesa carga una
ametralladora...
¿Cómo se llama la obra?
—No sé.
—¡SE ARMÓ LA GORDA!
—Bien —seguí yo aún más rápido—, ¿Y ésta?...
Primer acto: Se ve el toro, la arena y el torero. Segundo acto:
Se ve el toro, la arena, el torero y el cartero. Tercer acto:
Se ve la arena, el torero y el toro leyendo una carta y
llorando mientras lee que su vaca lo denunció... ¿Cómo
se llama la obra?
—No sé.
—¡LA CARTA DE-LA-TORA!
—Sigo, porque soy el mejor —exclamó jactándose
de su momentánea ventaja—. Aquí va la otra... Primer
acto: Una piña entra a un cine sin boleto. Segundo acto: Una
piña va a una fiesta sin invitación. Tercer acto: Una piña
—¡Guao! ¡Guao! —vociferaba Juanito—.¡Soy el mejor! ¡Soy el
mejor! ¡La respuesta correcta es: ¡LA PIÑA COLADA!... ¡Llevo dos de
ventaja! ¡Te estoy aplastando!
Eso me dolía profundamente Para más frustración las dos niñas
vitoreaban a Juanito tanto como los demás. Quería que me tragara la tierra...
Pero no debía darme por derrotado. Yo no soy así. Daría más lucha, seguiría
hasta el final. ¡De los cobardes no se ha escrito nada!
—Te felicito, pero esto no se ha terminado —dije tratando de
darme ánimos—. Me toca a mí.
—Bueno, dale —respondió él—. ¡Pero con esta ventaja no me
alcanzarás nunca más!
—Vamos a ver si es verdad —hablé con voz pausada—. ¿Te sabes
esta?...Primer acto: Indiana Jones cruza la calle y lo atropella un auto.
Segundo acto: Indiana Jones cruza la calle y lo atropella un auto. Tercer
acto: Indiano Jones cruza la calle y lo atropella un auto... ¿Cómo se llamo
la obra?
—No sé.
—¡INDIANA JONES Y LA ÚLTIMA CRUZADA!
—Muy bien —dijo él, disfrutando cada una de sus palabras—.
¿Conoces esto?.. Primer acto: Una mosca con bata saliendo de tu baño.
Segundo acto llega otra mosca con bata saliendo de tu baño. Tercer acto:
Otra mosca con bata saliendo de tu baño.. ¿Cómo se llama la obra?
—No sé.
—¡COMBATA LAS MOSCAS EN SU CASA!
—Esa no la encontré tan cómico —comenté, inventando para
destruirlo por algún lado—. Esta si es buena... Primer acto: Sale Popeye
con un bote en la mano. Segundo acto: Sale Popeye con el mismo bote
en la mano. Tercer acto: Sale Popeye con las manos vacías... ¿Cómo se
llama la obra?
—No sé.
—¡SIN-BATE EL MARINO!
—La encontré tan graciosa como la mía —se defendió—. Escucha
algo bien cómico... Primer acto:
Aparece el mismo enanito diciendo groserías.. ¿Cómo curry y sal a su comida... ¿Cómo se llama la obra?
se llama la obra? —No sé.
—No sé.
—¡VULGARCITO!
—Ese si me gustó —tuve que aceptar—. Pero esta
es más chistosa... Primer acto: Aparecen tres tazas.
Una de ellas de plástico que vale 20 pesos. Segundo acto:
Aparecen tres tazas. Una de ellas de porcelana que vale
30 pesos. Tercer acto: Aparecen tres tazas. Una de ellas de
hierro que vele 50 pesos... ¿Cómo se llama la obra? —No
sé.
—¡LA MÁS-CARA DE HIERRO!
—Buena, buena —me dijo riendo, y hablando con
mucha seguridad—. Pero esto es mejor. Primer acto:
Aparece un perro mordiendo a un hombre. Segundo
acto: Aparece el mismo perro mordiendo al mismo
hombre. Tercer acto: Aparece el mismo perro
mordiendo al mismo hombre... ¿Cómo se llama la obra?
—Creo que sé cómo se llama—salté contento
porque de verdad la sabía—, la obra se
llama:
¡REMORDIMIENTO!
—Correcta la respuesta —aprobó con seriedad.
—¡Bien! ¡Ahora estamos solo uno a tu favor! Me
toca a mi, así que prepárate. Dime... Primer acto:
Aparece un pelo de lo más bonito sobre una cama.
Segundo acto: Aparece un pelo de lo más bonito sobre
una cama. Tercer acto: Aparece un pelo de lo más
bonito sobre una cama...
¿Cómo se llama la obra?
—No sé.
—¡El VELLO DURMIENTE!
—Este... ahora voy yo —dijo con cierta duda, lo
que me hizo pensar que estaba nervioso y casi
desmoralizado—. Este... Primer acto: Un señor le echa
pimienta o su comida. Segundo acto: El mismo señor le
eche pimienta, comino y orégano a su comida. Tercer
acto: El mismo señor le echa pimienta, comino, orégano,
—¡Esto es mejor! —ataqué con nuevos bríos siempre circunspecta directora del colegio.
—. Incluso te diría que es la mejor obra de toda la
Historia de la Humanidad. Primer acto: Yo.
Segundo acto: Yo. Tercer acto: Yo. Cuarto acto: Yo.
Quinto acto: Yo. Sexto acto: Yo. Séptimo acto: Yo...
¿Cómo se llama la obra?
—No sé.
—¡LAS SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO!
—¡Qué humilde eres! —exclamó, tratando
con esa ironía de tapar su nerviosismo.
—No te distraigas —le conteste—. ¡Dale, te
toca a ti, si es que puedes!
—Ya va, ya va... este... —y su seguridad se escapaba.
—¡Vamos! ¿Qué pasa? —le instigué para
desequilibrarlo, señalándole el reloj.
—¡Ya voy te dije!
Pero no se le ocurría nada. Palideció. ¡No la
podía creer! ¡Había empatado! Por suerte, los
muchachos aplaudían y gritaban. Entre ellos
Gretel y Venus, que, además, me miraban
admiradas. Fui feliz.
—¡Dale! ¡Vamos a seguir! —gritaba Juanito
tratando de continuar la competencia—. Ahora
podemos hacer «los colmos».
Él quería otra oportunidad porque habíamos
quedado empatados, pero yo «vine de abajo»como se
dice en lenguaje deportivo, y fue casi una victoria.
—¡Un momento! ¡Por favor! ¡Cállense!
Todos miramos hacia donde venía esa voz, y
para sorpresa de Juanito y mía, descubrimos a Venus al
otro lado del escenario.
—¡Un momento! —siguió—. ¡El show no se
detiene, amigos! ¡Ahora para ustedes! La inigualable
¡Gretel!... ¡Un aplauso para ella!
Ambos bajamos del escenario intrigados.
Gretel se subió y comenzó a realizar su acto. Se
colocó un mantel en la cintura, a manera de falda
larga, puso voz de pito y dirigiéndose al público,
dio un simpatiquísimo discurso imitando a la
muchachos reían y aplaudían con delirio. Me fijé en su
pelo largo, rizado y rojizo, sus pecas, su bonito cuerpo, su
gracia al caminar y hablar, pero sobre todo en su vis
cómica. ¡Qué buena era! ¡Qué sentido del humor! Me
cautivó. ¿Qué te puedo decir? Me enamoré
instantáneamente de Gretel.
Pero no sólo yo. A mi eterno y devoto adversario
también le había conmocionado. Se lo vi en la cara.
—Ni se te ocurra —le dije.
—¿Cómo? Ella va a ser para mí, colega —respondió—
. Tú eres el que se tiene que apartar.
—Vamos a verlo —y acepté el desafió. La pobre niña
no sabía lo que le esperaba
Cuatro
partir de aquel momento, todos los
chistes sueltos, y todas nuestras
gracias en las competencias iban
dirigidas a ella. Claro, también sintió
nuestras amabilidades y atenciones.
Estaba abrumada. Y aunque
no lo demostraba, yo creo que en el fondo le caía bien
aquello. Por supuesto, notamos que a Venus si que no
le agrada-ba. Me daba pena, pero entre la atracción de
Gretel y el orgullo de ganar de Juanito y mío, ella no tenía
nada que hacer. Sin embargo, todo cambió un día, cuando
la maestra nos llevó de excursión al zoológico de
Villarrisa
Fue una tarde donde realmente nos destacamos
mi amigo yo. Ante cada jaula, ante cada animal, teníamos
una ocurrencia que hacía reír a todos. Incluyendo a la
maestra, por supuesto.
Al final, en la cafetería, se armó el auditorio y
cuando íbamos a contar nuestros chistes en otra
improvisada competencia, sucedió algo insólito. Gretel
se levantó y llamando la atención de los presentes, dijo:
—Hoy tenemos una sorpresa, especialmente para
nuestro dos cómicos. ¡No solo los varones tienen la
posibilidad de ser gracioso! ¡Las mujeres también
pueden! Por eso, sacando la cara por todas las niñas del
colegio, dejo con ustedes a... ¡Venus!
Yo nunca me lo podría haber imaginado. Venus se
paró, y comenzó a hacer chistes sobre animales que ni
nosotros sabíamos. ¡Pero con una gracia y un desenfado!
—¿Se saben el del ladrón? —decía señalándonos
—. Pues se los cuento: Un ladrón, a la medianoche, se
mete en una casa a robar. Entra por una ventana.
Cuando está adentro, oye una voz en la oscuridad que
dice: «JESÚS TE ESTÁ MIRANDO»Entonces el ladrón se
asusta y se detiene. Luego, como ve que no ocurre nada,
continúa. Y de
loro que estaba en una jaula. El Ladrón le dice: «Ahhh, —Dos mosquitos estaban pescando en un río. Pasa un
qué susto me diste, ¿cómo te llamas lorito?». Y el loro amigo y les pregunta:
le responde: «Me llamo Pedro». Pedro es un nombre «Y, ¿qué tal? ¿Pican?»
muy extraño para un loro», le contesto el ladrón Y el «NO, ESTAMOS DE VACACIONES...»
loro le responde. «MÁS EXTRAÑO ES JESÚS, EL No sé cuánto tiempo estuvo ella contando chistes.
NOMBRE DEL DOBERMAN Yo perdí la noción del tiempo. Cuando finalizó yo
QUE TE ESTÁ MIRANDO» estaba embelesado. Porque a su gracia y sentido del
Las risas fueron muchas. Nosotros estábamos humor, tenía que añedir su pelo corto y negro, su piel
boquiabiertos. Y siguió: tostada, sus movimientos, su encanto. Algo en lo que
—Era una vez un canario, que iba volando a toda nunca me había fija-do. Era hermosa. Me enamoré como
velocidad por la autopista en sentido contrario y, de un loco de ella.
repente, se estrella contra un motorista, ¡¡¡paooofff!!! El Pero una vez más, no era sólo yo el que sentía
motorista se para diciendo:«No puede ser! ¡Maté al esa emoción. A Juanito le sucedía lo mismo. Nos miramos y
pajarito!». Llega donde cayó el canario y lo encuentra nos dimos cuenta. Era absurdo, pero así era.
todavía vivo. Lo recoge, se lo lleva a su casa, lo mete en —¿Tú no estabas enamorado de Gretel? —le dije.
una jaula, le da agua con vitaminas y le pone alpiste...Al —Sí. Y tú también —me contestó— ¿Por qué no
rato el canario va recobrando el conocimiento. Despierta, te quedas con Gretel y me dejas a Venus?
ve los barrotes de la jaula, y dice:«¡No puede ser!, —¿Y por qué no al revés? —exclamé algo irritado.
¡MATÉ AL MOTOCICLISTAY ESTOY PRESO!» —Porque me he dado cuenta de que Venus es lo
Todos reían y aplaudían, pero Juanito y yo no salíamos mejor.
de nuestro asombro. Y ella no nos daba respiro: —Yo también.
—Un señor festeja el cumpleaños de su hijito. Con
—Pues, gánatela si puedes —dijo, sin mirarme
unos tragos de más, decide llevarle un regalo al niño. A poco siquiera, porque la buscaba con la vista.
de buscar, ve una tienda de mascotas especializada en aves. —Me das lástima —le respondí, yendo hacia ella.
Entro tambaleándose y se dirige a un vendedor: «Me puede
—¡Espérate! —me detuvo—. ¿Por qué no empezamos
asesorar, por favor...» ahora mismo?
«Sí cómo no» —Bueno —acepté.
«A ver... esa que está allí, ¿qué ave es?».
«Un loro, señor. Es un ave muy colorida, que imita Se dirigió a todos, explicando que íbamos a batirnos, y
la voz humana. Habita naturalmente en Brasil, Paraguay, los muchachos comenzaron a gritar:
—¡Colmos! ¡Que hagan colmos!
etc.».
«¡Lindo el lorito! ¿Y ese que está ahí?». Y así fue.
—¿Cuál es el colmo de una Funeraria? —me lanzó
«Un cóndor, señor. Es un ave de rapiña, la mayor. Es a boca de jarro, inaugurando el match.
oriunda de América del Sur». _
—No sé.
«¡Lindo el condorito! ¿Y éste de aquí?».
—¡QUE EL NEGOCIO ESTÉ MUERTO!
«Lo ignoro, señor».
—¿Y cuál es el colmo de un arquitecto? —le,
«LINDO EL IGNORITO!».
devolví la pelota.
¡Aquello era increíble! ¡Qué buenos chistes contaba!
—No sé.
—¿Y cuál es el colmo de un bombero? —dijo —¿Y el de un forzudo? —siguió ahora, sin mucho
mirando o Venus con una sonrisa. emoción.
—No sé. — No sé.
—¡APAGAR LA SED! —¡DOBLAR LA ESQUINA!
—¿Y el de un indio? —seguí yo.
—Vamos a ver, sabelotodo —afirmé yo, sin
—No sé. apuro, regodeándome antes de preguntar—. ¿Cuál es el
—¡TIRAR FLECHAS CON EL ARCOIRIS! colmo de un salvavidas?
—Muy bien —aceptó—. ¿Y el de un trapecista? —No sé.
—No sé. —¡QUE SU MUJER SE LLAME SOCORRO!
—¡HACER EQUILIBRIO SOBRE LA CUERDA DE —¿Y ese está bueno? ¡No fastidies! —protestó—.
UN RELOJ! A ver, ¿cuál es el colmo de un jardinero?
—Está bueno —comenté—. ¿Y el de dos cowboys? —Espérate...
—No sé. —¿Qué pasa? —se asustó.
—¡MARCHAR EN FILA INDIA!
—Que creo que me lo sé —respondí—. El colmo de
—¿Y el de un ferroviario? un jardinero es: QUE SU NOVIA LO DEJE PLANTADO!
—No sé. ¿No es así?
—¡CONDUCIR UN TREN POR LA VIA LÁCTEA! —¡Yes! ¡Yes! ¡Uno de ventaja! ¡Uno de ventaja!
—Voy con uno fácil —dije haciéndome el noble — gritaba yo por toda la cafetería y parándome
como táctica—. ¿Cuál es el colmo de un carpintero? delante de Venus.
—No sé. —¡Bueno, pero hay que seguir! —gritaba él,
—¡ASERRUCHAR LAS TABLAS DE tratando de buscar su oportunidad de empatar.
MULTIPLICAR! —Está bien —aprobé yo—. Me toca a mi. A ver...
—Sí, estaba fácil, pero este lo es más —respondió ¿Cuál es el colmo de un ciego?
—: —No sé.
¿Cuál es el colmo de un asesino aburrido? —¡LLAMARSE CASIMIRO BUENA VISTA!
—No sé. —¿Y... este...? —se demoró, por lo que vi cerca
—¡TENER QUE MATAR EL TIEMPO! una ventaja más amplia. Pero se acordó de uno en el
—¿Y el de una embajada? —continué yo. último instante—. ¿Y el de un artillero?
—No sé. —No sé.
—¡ESTAR EN UNA SUBIDA! —¡TENER UN CARÁCTER EXPLOSIVO!
—¿Y el de Plácido Domingo? —dijo él. —¿Y el de Aladino? —ataqué rápido, pensando en
—No sé. su anterior demora.
—¡TENER QUE CANTA RUN LUNES —No sé.
TORMENTOSO! —¡TENER UN MAL GENIO!
—Ya están sin gracias tus chistes —opiné, —¿Y el de un médico? —prosiguió al recordar otro.
aumentando la presión sobre él—. ¿Y cuál es el colmo de un —No sé.
criador de pollos? —¡TENER UNA ESPOSA QUE SE LLAME
—No sé.
—Ya, compadre, ríndete que estás muerto —volví a otro ciego?
la carga yo—. A ver dime, ¿cuál es el colmo de unos —No sé.
hermanos siameses?
—No sé.
—¡TENER POCO APEGO A LA FAMILIA!
—Bueno... —dijo esperando que se acabaran las risas.
Y sacando fuerzas continuó—. Mira este que es
mejor...
¿Cuál es el colmo de un filósofo?
—¡METERSE DENTRO DE UN POZO PARA
PENSAR MÄS PROFUNDAMENTE! —le contesté casi sin
pensar—. ¡Ese es muy viejo, así que te maté otra vez!
¡Dos de ventaja! ¿Quién es el mejor entonces? ¿Eh?
—¡Déjate de payasadas! —se defendía—. ¡Todavía
no he perdido!
—¡Estoy dos adelante! —repetía yo brincando en un
solo píe, sin dejar de mirar o Venus.
—¡YA! ¡Seguimos! ¡Te toca o ti!
—Bueno—acepté finalmente—. Seguimos...
Dime, bebé: ¿Cuál es el colmo de un sastre? —No sé.
—¡NO PODER HACES LOS TRAJES A MEDIDA
QUE SE LOS VAN ENCARGANDO!
—¡Voy yo! —dijo cosí con lágrimas en los ojos—.
¿Cuál es el colmo de une azafata?
—No sé.
— ¡VIVIR EN LAS NUBES!
—Ese no está del todo mal —comenté con aires
de sabihondo para molestarlo—. ¿Y el de una
aspiradora?
—No sé.
—¡SER ALÉRGICA Al POLVO!
—Bien —balbuceó concentrado—. ¿Y cuál es el
colmo de un piojo?
—No sé.
—¡PERDER LA CABEZA!
—A ese le falta gracia, compadre. Si vas a seguir
en competencia, hazlo bien me burlé con tono de
fastidio—, Trata de decir uno así: ¿cuál es el colmo de
—Y ¿cuál es el colmo de un loaron? —saltó, manteniendo el
ritmo que quería darle esperando mi folla.
—No sé.
—¡VIVIR ASALTADO POR LAS DUDAS!
—Bien. Muy bien... —seguí yo sin apuro—. ¿Y el de un soldado?
—¡TENER QUE ATAR CABOS! ¡TENER QUE
ATAR CABOS! —repello contento.
—Muy bien —dije sin alterarme—. Rebajaste uno, así que estoy con
uno de ventaja. No ha pasado nada, mi amigo.
—¡Para ti no habrá pasado! ¡Pero para mi sí, porque me acerqué!
—¿Seguimos? —le interrumpí paro demostrar qué le daba poca
importancia a aquello.
—¡Claro! ¿Cuál es el colmo de una enfermera? —soltó rápido para
continuar con su estrategia.
—No sé.
—¡PONER INYECCIONES CON AGUJAS DE TEJER!
—¿Y el de un enano? —añadí yo, algo preocupado.
—No sé.
—¡QUE LE GUSTE PASAR POR ALTO!
—¡Pésimo ese! —comentó—. ¿Y el de los árboles?
—No sé.
—¡QUE TENIENDO COPAS, TOMEN AGUA POR LA RAÍZ!
—¿Y el de un oculista? —continué yo, pero con cierto duda porque el
chiste ese era muy conocido.
—Espérate... Espérate... creo que sí... ¡lo tengo! ¡NO SER VISTO
CON BUENOS OJOS! ¡NO SER VISTO CON
BUENOS OJOS! —repetía él como lo otro vez. Y soltaba frotándose les
manos y riendo a todo pulmón.
¡Lo sabía! Era un «colmo» conocido. ¿Por qué no hice otro si dudé
para decir ese? ¡Me da una rabia cuando me pasan esas cosas! A mí eso
me deprime...
—¡Seguimos! ¡Seguimos! —grifaba—. ¡Ahora estamos
empatados! ¡Y voy yo ahora! Dime, ¿cuál es el
—¡NO REVELAR SUS SECRETOS!
—Mmmm... Y el de... —tartamudeé porque no
recordaba otro.
—¿Qué pesa? ¿No puedes? —me instigó.
—¡Claro que sí! —grité, porque al fin me había
venido uno a la mente—. ¿Cuál es el colmo del Sol?
—No sé.
—¡BRILLAR POR SU AUSENCIA!
—¿Y el de un inventor de colmos? —me soltó en la
cara.
—¡INVENTAR COLMOS EN ESTOCOLMO! —le
adiviné, y me puse a saltar de contento—. ¡Soy el mejor!
¡Soy el mejor!.
—¡Espérate! —chilló casi llorando—, ¡Esto sigue!
¡Te toca a ti! ¡Dale, no pares! ¡Te toca a ti!
—Bueno…, y... —titubeé, dando tiempo porque la
alegría del triunfo me había desconcentrado.
—¡Dole! ¡No pares! —insistía.
—Y... este... me acuerdo de... —balbuceaba yo sin
recordarlo en realidad.
—¡Te faltan cinco segundos! —me gritó en la cara.
—Eeeehhh... ¡Ya! ¡Me rindo! —exclamé con ira.
Por supuesto, los festejos del sujeto aquel fueron
desproporcionados.
Cantaba y bailaba delante de Venus como un demonio.
Todos aplaudían el resultada. Fue un empate, pero parecía
su victoria. ¿Cómo soportar el éxito de un enemigo a
costa de uno? A mí eso me deprime.
Claro, aquello no fue suficiente motivo para que
yo abandonara el duelo por conquistar a Venus. A pesar
de mi estado de ánimo, me acerqué donde estaban ellos
y no los dejé solos en ningún momento. Durante todo el
trayecto de regreso la colmamos de gentilezas, gracias y
cumplidos. Venus, al igual que su amiga la otra vez,
trataba de no demostrar su alegría y satisfacción. Claro,
y también como le vez anterior, a Gretel si fue evidente
que aquello no le agradó. ¡Y puso una cara! Después nos
arrepentimos.
Cinco
el colegio, Gretel se fue corriendo a su
casa. Venus la siguió pero no podía
alcanzarla. Su disgusto la hacía no querer
hablar con nadie. Ni siquiera con su mejor
amiga
A unas tres cuadras de su casa (ella vivía
en una zona poco poblada de Villarrisa),
Gretel tenía su «rinconcito». Un lugar
donde le gustaba estar a solas, pensando, sin que
nadie la molestara. Ero una casucha abandonada, en ruinas.
Así que decidió pasar un rato allí, antes de llegar a su casa,
para que se le pasara aquello. Entró corriendo y, sin
fijarse, tropezó con un palo que servía para apuntalar el
lecho, y ocurrió el accidente. La casucha cayó
estrepitosamente y Gretel quedó atrapada. Por suerte,
Venus venía a media cuadra y lo vio todo. Se asustó
mucho. Entonces voló, más que corrió, hacia el colegio a
pedir ayuda. Ya se habían marchado todos. Solo
quedábamos Juanito y yo jugando y discutiendo, como
siempre. Cuando nos contó la tragedia, Venus y yo salimos a
buscar socorro y Juanito fue enseguida hacía la
casucha. Cuando llegó, se puso a llamarle o gritos.
Después de unos instantes escuchó su débil voz que
decía: «¡Aquí, estoy aquí!». Juanito apartó varias
maderas y casi pudo llegar hasta donde estaba la niña.
Pero más allá le fue imposible.
—¿Estás bien?
—Sí... no sé... —respondió Gretel—. Tengo un
chichón en la cabeza y muchos arañazos. Pero lo peor es que
estoy atrapada debajo de una viga. No puedo moverme.
—Vas a tener que aguantar un poco —le
contestó Juanito—. En cualquier momento vienen a
sacarte. ¡Ten paciencia!, ¿de acuerdo?
—No sé... me estoy desesperando... Quiero irme
a casa. ¡Quiero estar con mi papá y mi mamá! —
gritaba la niña.
Juanito no sabía qué hacer. No podía rescatarlo porque A UN CAMPAMENTO EN LA MONTAÑA, Y LAS
pesaban mucho los escombros. Por tanto, solo podía MISMAS FIERAS ENCENDÍAN FOGATAS PARA
consolarla. Pero, ¿qué le decía? De pronto tuvo una idea... QUE LA NIÑA NO SE LES ACERCARA!
—¡Gretel! la llamó—. ¿Me escuches bien? —¡No sé qué puedo hacer contigo!
—¡Sí, pero ayúdame! —respondió la niña llorando.
—¿Ahora me vas a decir que no conoces al esposo
—¡Cálmate! —le dijo—. Mira, tú eres una niña de ella? ¿Al flaco? —agregó él—. Oye, ¡ESE HOMBRE
muy pequeña, por lo que va a ser fácil y rápido el ES TAN FLACO, PERO TAN FLACO... QUE SE DEDICA A
rescate. LIMPIAR MANGUERAS POR DENTRO!
¿Cuánto mides? —¡Es increíble! —logró decir la niña esbozando
—No sé, no me acuerdo —y añadió ella entre una sonrisa.
sollozos—: ¿Por qué tardan tanto? —Tú no lo creerás —volvió el muchacho a la carga
—Ya vienen a sacarte! No te preocupes. Oye, ¿te —, pero ¡UN TÍO DE ESE HOMBRE TIENE TAN
imaginas que tú fueras tan chica que pudieres pasar a través GRANDES, PERO TAN GRANDES LOS HUECOS DE
de las hendiduras? ¡Ahora te podrías salvar! LA NARIZ... QUE PARECE QUE TIENE LOS
—¡Pero no lo soy! —se lamentaba Gretel. PULMONES A LA INTEMPERIE!
—¡Si tú fueras como una mujer que yo conozco! Él no la podía ver, así que no supo que con ese
— insistió Juanitao—. Oye, Gretel, imagínate que ¡ESA chiste, ella había mostrado los dientes con una gran sonrisa.
MUJER ES TAN CHICA, PERO TAN CHICA...QUE Pero de todas maneras Juanito insistió, porque ella ya no
PARA ENCERAR EL PISO TIENEN QUE SUBIRSE EN protestaba y esa era una buena señal.
UNA SILLA! —Oye, Gretel, esto que te voy a decir es en
—¡Ya, bruto! —dijo la niña, aguantando el llanto—. serio. Mira, el otro día me enteré que ¡UNA MUJER
¿Cómo se te va a ocurrir hacer chistes en la situación en que ERA TAN GORDA, PERO TAN GORDA... QUE CUANDO
estoy? SE CASÓ EN VEZ DE VESTIRLA DE LARGO.
—De verdad. Bueno, te digo que ESA MUJER ES LA
TAN CHICA, PERO TAN CHICA... QUE SIEMPRE VISTIERON DE ANCHO! ¿Me escuchaste? —le
TIENE OLOR A PATA EN LA CABEZA. preguntó para saber, por su tono de voz, cómo estaba.
—Tú no entiendes cómo me siento? —repetía la niña. —Si, te escucho.
—¿Tú no sabes que también conozco a ¡UNA La voz le dio confianza y prosiguió:
MUJER QUE ES TAN FLACA, PERO TAN FLACA.... —Imagínate, que ¡LA MUJER ERA TAN GORDA,
QUE EL OTRO DÍA SE COMIÓ UNA ACEITUNA, Y PERO TAN GORDA... QUE ERA MEJOR SALTARLA
AHORA TODOS DICEN QUE ESTÁ EMBARAZADA! QUE DARLE LA VUELTA!
—¡Basta, Juanito! —se quejó la niña, pero menos Con ese chiste, se oyó la risa de Gretel y Juan se
enérgica que la vez anterior. envalentonó.
—Y también sé de ¡UNA MUJER QUE ES TAN —Bueno, imagínate con quien se casó... ¡UN TIPO
FEA., PERO TAN FEA... QUE CUANDO MANDÓ SU QUE ERA TAN TORPE. PERO TAN TORPE... QUE SI
FOTO POR CORREO ELECTRÓNICO LA DETECTÓ EL LE TIRABA UNA PIEDRA AL SUELO, LE ERRABA! —
ANTIVIRUS! —continuó el niño. y Juanito, al percatarse de la risa más fuerte que salía
—¡Por Dios!, ¿no vas a parar? de donde estaba su amiga, continuó casi sin respirar
—: Y
QUE DECÍAN QUE NO TENÍA OÍDO NI PARA ¡Que me enamoré de ella otra vez, Juanito!
TOCAR EL TIMBRE! —¡¿Qué?!
Ya las carcajadas de la niña se escuchaban con —Lo que escuchaste. ¡Tú eres el que se va a quedar
claridad. con Venus!
—Y..., ¡EL TIPO CANTABA TAN MAL, PERO —¡Eso vamos a verlo! —me gritó al irse para su casa.
TAN MAL... QUE SE ACOMPAÑABA DE UN PIANO, La guerra continuaba.
DOS VIOLINES, TRES GUITARRAS Y OCHO
GUARDAESPALDAS!
La estruendosa risa de Gretel coincidió con la
llegada de los bomberos.
El rescate fue fácil y sin problemas.
El jefe del Cuerpo de Bomberos congratuló a
Juanito por lo que hizo. Pero un solemne y grave
político de Villarrisa aprovechó la oportunidad para
sobresalir, pero, según nuestra opinión, lo que hizo fue
demostrar su ignorancia y rechazo hacía el humor.
—<<Felicito a este niño —expresó, a manera de
discurso, a la concurrencia que se había formado allí, y ante
los periodistas—, por lo idea de hacerla reír todo el
tiempo para levantarle el ánimo. Pero me gustaría que un
erudito me confirmara si no fue casualidad, porque sabemos
que lo risa solo Abunda en boca de tontos...».
De todas maneras fue sensacional el éxito de Juanito.
Él estaba feliz, Yo no.
—Oye, Pepito —me dijo al otro día—. Voy a
confesarle una cosa; en esa situación me pasó una
cosa extraña. Sentí que me enamoraba de nuevo de Gretel.
¡Y no Fue lástima! Era su voz, su llanto, su risa... Y
después cuando la sacaron se veía tan tierna...
¡Quédate tú con Venus!
—Lo siento, Juanito.
—¿Qué pasa ahora, Pepito?
—Nada, que eso mismo estaba pensando y
sintiendo yo —respondí—. Mira, cuando ella corrió del
colegio al llegar del zoológico, me fijé en su figura y me
impacto. Después, cuando nos enteramos del accidente
sentí una cosa por ello, que nunca me había pasado
con nadie. Y, por
Seis
odo el objetivo de nuestras acciones estaba
dirigido a Gretel, como la otra vez. Por
tanto, nuestra vida transcurría entre los
estudios, la rivalidad por conquistar a Gretel
y las competencias de chistes. Venus se
resintió, y fue evidente su separación del
grupo. Y así pasó el tiempo casi sin darnos cuenta.
Unos meses más tarde, nos enteramos de su
enfermedad. Según nos contó la maestra. Venus padecía
una grave dolencia (ya se me olvidó el nombre), y era
necesario operarla. Aquello nos dejó choqueados.
Gretel, Juanito y yo fuimos los únicos que
estuvimos junto a su familia durante la operación. En esos
momentos, se vive una tensión extraordinaria. A mí eso
me deprime.
Durante su período de recuperación en el hospital
de Villarrisa, la cosa no se veía muy bien. Yo fui todos los
días a verla (el hospital quedaba en el camino para mí
casa). Los demás la visitaban con menos frecuencia.
Un día le confesé a Juanito: «Se me borró el
entusiasmo que sentía por Gretel. Me enamoré otra vez de
Venus».
¡Y por primera vez no coincidimos!
Yo me extrañé, porque esperaba que él dijera
que también le pasaba lo mismo. Pero, para el bien de los
cuatro, él tomó a su Gretel más en serio. Fueron
momentos lindos, porque nos contábamos lo que sentíamos,
lo qu e hablábamos con ellas. Perecía que nuestra amistad
superaba la rivalidad. Pero aquello duró poco. En cuanto
tuvimos público, nos enredábamos de nuevo en las
competencias eternas.
Apenas Venus pudo hablar, me dejaron verla. Ante ella
sentí que me temblaban las piernas, se me apretaba el
estómago y un cosquilleo me recorría todo el cuerpo.
A diferencia de las otras veces, en esta oportunidad sí
parecía estar enamorado de verdad.
los dolores la mataban de noche. En una de mis visitas —¡EN QUE EL DEL DÉCIMO PISO DICE:
diarias, recordé una conversación entre mis padres, AAAAAAAAHHH... ¡PUM! Y EL DEL PRIMER PISO
donde comentaban lo excelente que era la risa en la DICE: ¡PUM!. AAAAAAAHHHH.
recuperación de los enfermos, según una revista —La observé y vi cómo apretó levemente sus
extranjera. Para ellos, como buenos villarisueños, eso era labios. No sabía si era una buena señal, pero a ella me
imposible. Yo no estaba muy convencido. Y sin pensarlo agarré para continuar.
dos veces me lancé de cabeza con la idea. —¿Y sabes en qué se parece un árbol a un borracho?
—Venus, de los chistes que yo hago, ¿cuáles son —No.
los que más te gustan? —¡EN QUE EL ÁRBOL EMPIEZA EN EL SUELO
—No sé —me respondió en voz muy baja. Y TERMINA EN LA COPA... Y El BORRACHO
—¡Vamos, dime! —insistí—, ¿«Los colmos»? EMPIEZA EN LA COPA Y TERMINA EN El SUELO!
¿«Las preguntas»? ¿«Los tan tanes»? ¿«Los qué le Solo se pasó la mano por la cara. No podía parar ahora,
dijo»? ¿«Los ayer pasé por tu casa»? ¿«Los en qué se pero comprendía que aquello estaba difícil.
parece»? ¿«Los cómo se llama la obra»...? ¡Dale, dímelo! —¿Y sabes en qué se parece un estudiante de física
—¿Para qué quieres saberlo? —preguntó desanimada. a tu médico?
—No te preocupes, solo dilo. —No.
—Pues... me gustan mucho «los en qué se parece» — —¡EN QUE LOS DOS ESTUDIAN LA GRAVEDAD
balbuceó ella DE LOS CUERPOS! ¿Por primera vez se le dibujó una
—¿En serio? Pues te voy a contar unos cuantos, ¿está sonrisa en el rostro! Aquello me dio fuerzas y continué
bien? tratando de darle más comicidad a mi voz, mis gestos,
—Pepito —me dijo—, creo que has escogido un mis intenciones. ¿Lo estaba consiguiendo? Quizás.
mal momento, por-que no tengo ganas de reír. —¡Pues este sí! —salté rápido para mantener el
—¡Vamos a verlo—contesté—. Ah, pero por ambiente simpático—. Dime, ¿sabes en qué se parece
favor vas diciendo si ya lo sabes, ¿está bien? un médico japonés a una cámara de televisión? -No.
—Esta bien —dijo resignada. —¡EN QUE LOS DOS TELEVISAN!
—Claro, porque no hay nada más pesado en el mundo —Ese no es tan gracioso —me dijo con una leve
que contar un chiste que la gente yo se sabe. Uno se sonrisa.
queda frustrado, ¿entiendes? Y a mi eso me deprime. ¡Pero —Ahora —aclaré—, voy a comenzar a decirte
voy ya con el primero! —continué—. ¿Te sabes en qué se algunos que son más complicados, porque son juegos de
parece un avión a un hombre? palabras, a veces difíciles de entender, ¿de acuerdo?
—No. —De acuerdo.
—¡EN QUE EL AVIÓN SE SOSTIENE... Y El —Bien... ¿sabes en qué se parece un huerto a un
HOMBRE SESOS TIENEI La única reacción de Venus fue encendedor?
mover la cabeza como asintiendo. Decidí proseguir. —No.
—¿Y sabes en qué se parece un hombre que se tira del —¡EN EL HUERTO HAY LECHUGAS... Y AL
décimo piso, a uno que se tira de un primer piso? ENCENDEDOR L'ECHU GAS!
—No. Por suerte, le encantó, porque desde ese momento no
que se calmara. A partir de ahí no tuve que preocuparme —Ayer pasé por tu casa y me tiraste un ladrillo...
más. Fue riquísimo.
—¿Y sabes en qué se parece un elefante a una cama?
—No.
—¡EN QUE EL ELEFANTE ES PAQUIDERMO Y
LA CAMA ES PA'QUIDUERMAS!
—¿Y sabes en qué se parece una hormiga a un
elefante?
—No.
—¡EN QUE LOS DOS SE ESCRIBEN CON H!
—¡Pero eso no es cierto! —trató de corregirme—.
¡Elefante no se escribe con H!
—Sí se escribe con H, ¡PORQUE EL ELEFANTE
QUE YO DIGO SE LLAMA HORACIO!
Bueno, así estuve unos cuantos minutos más. Hasta
que su serio doctor llegó y, al ver aquello, me regañó. Según
él, no estaba bien que la hiciera reír tanto en el estado en
que se encentraba.
Pero al otro día, cuando llegué, hasta sus padres
me abrazaron. (Por suerte, fue un abrazo rápido. A mí eso
me deprime). El mismo grave doctor me estaba esperando
para contarme el milagro. Dijo que Venus había
mejorado en todo, ¡y que esa noche pudo dormir toda
la noche sin dolores! Por tanto —me pidió—, yo tenía
que seguir con mi método. Nunca me había sentido más
feliz y orgulloso.
—¡Cuéntame «los ayer pasé por tu casa», Pepito!
— me llamó Venus con una voz más fuerte que la del
día anterior.
—Está bien, Venusilla —bromeé—. Pero recuerda que
esos son pesados. Quizás no te rías...
—Si, lo sé —me respondió—. No importa. A mí
me gustan.
—Bueno. Ayer pasé por tu casa y me tiraste una
puerta... ¡MENOS MAL QUE ESTABA ABIERTA!
Y rió con la primera. Incluso sus padres y el
doctor.
Eso significaba que podría decir cualquier cosa.
Como el éxito se mantenía, continué: disfrutando— y me tiraste una escoba...¡ES-CO-BA A
—Ayer pasé por tu casa y me tiraste un revólver... ACABAR MAL!
¡NO TE LO VOY A
DEVÓLVER!
El médico se retiró en ese momento y yo pensé
que no le gustaban los chistes. Cuando eso me
sucedía, me daban ganas de gritarle veinte cosas a
la gente. Lo juro, a mi eso me deprime.
Pero me equivoqué. ¡El hombre fue a buscar
otros niños enfermos para que los escucharan! Se
formó un coro alrededor mío y todos reían o rabiar.
Continué entonces con más ganas:
—Ayer pasé por tu casa y me tiraste agua
sucia... ¡ME AGACHÉ Y DIJE: NO CONTARON
CON MI-ASTUCIA!
—A partir de ahora —les aclaré—, los
chistes se pondrán más pesados, más tontos, ¿sigo?
—¡¡Sí!! —gritaron todos.
—Bueno, ayer pasé por tu casa y me tiraste una silla...
¡SI-LLA NO TIENES QUE TIRARME, NO PASO
MÁS POR AQUÍ!
Me imagino que lo entendieron porque la risa no paró,
—Ayer pasé por tu casa y me tiraste una mesa..
¡ME SALVÉ POR UNPELO!
Por supuesto, yo sólo tenía ojos para Venus.
Pensé que era la primera vez que me importaba más
una persona que un público. Me encantó darme
cuento.
—Ayer pasé por tu caso —seguí—, y me
tiraste una toalla... ¡¿TO-ALLAS ESO CORRECTO?!
Al ver la aceptación que tenía y las mejillas de
Venus tomando color, decidí disparar varios
seguidos, casi sin respirar.
—Ayer pasé por tu casa y me tiraste un
melón...¡MELÓN COMÍ TODITO! Como no tenía la
presión de ganarle a Juanito (no estaba en una
competencia) , me venían a la mente más rápido los
chistes.
—Ayer pasé por tu casa —continué
En ese momento, Venus se incorporó un poco en
la cama. ¡Por primera vez se movía sola! ¿Podía pedir
más?
Así estuve cerca de una hora. Al final, cuando el
doctor intervino se produjo una larga ovación. Aunque
lo mejor fue la mirada de agradecimiento (y algo más) que
me brindó Venus. Creí que ese día era el más importante de
mi vida. Pero no fue así. Un mes después, ya Venus
estaba restablecida, y durante la fiesta de fin de año...
Bueno, espera un poquito más y lo sabrás.
Siete
legó el día más esperado del año.
Todavía no podíamos decir que Venus y yo,
o Juanito y Gretel, a pesar de andar juntos
en pareja, éramos más que amigos. Sin
embargo, nos sentíamos felices.
Sólo por nuestra rivalidad cojeaba la paz y
la tranquilidad. El campeonato estaba reñidísimo,
como siempre. El empate se mantuvo durante todo el
año y así mismo llegó a la noche final, a la noche decisiva: la
fiesta de fin de año.
Fuimos de los primeros en llegar al salón principal
de la Casa de la Cultura de Villarrisa. Lo directora, los
maestros, los padres, apoderados, y demás invitados,
iban elegantes y solemnes como siempre. Solo los
alumnos mostraban su alegría.
En medio de una discusión, Juanito y yo sentimos
algo. Era ese algo en el aire, en el cuerpo, que uno siente
a veces sin explicación. Una fuerza que nos obliga a
mirar. Nos dimos vuelta y allí estaban nuestras amigas,
paradas esperando por nosotros.
Venus era un sueño. Yo no sé de esas cosas, pero
el blanco del vestido le realzaba la belleza de su piel y
su cabello moreno. (O así lo percibí yo, por lo menos).
Sus grandes ojos me miraban con un brillo especial. Fui
a su encuentro.
Juanito y Gretel se perdieron entre la gente. Nosotros
nos sentamos a conversar en la terraza.
—¡Estás más linda que un gato de ánfora! —bromeé.
—De angora, querrás decir —me rectificó sonriendo.
—Pareces una actriz de cine, de verdad.
—Tú también luces bien —susurró.
—Gracias, pero ya lo sabía —comenté, haciéndome el
interesante, pero también demostrando que era una broma.
—Tan humilde como siempre —agregó.
—¿Tú puedes hablar en serio? —preguntó amiga», me recalcó con ironía. No pude
manteniendo su sonrisa. responderle porque habíamos llegado a la
—No sé... No. Pero ahora quiero hacer una excepción tribuna.
—y continué—: Déjame ver cómo lo digo...
—¡¿Decir qué?
—Esto: ¡me gustas, estoy enamorado de ti, y contigo
quiero ser más que un amigo! —descargué de un
tirón.
—Yo también —respondió
—¡¿Qué?! ¡¿En serio?! ¡No lo puedo creer!
—Mira —añadió—. ¿Recuerdas cuando conté aquellos
cuentos en el zoológico?
—Si.
—Pues yo no soy así, lo hice para gustarte. Y
Gretel hizo aquellas imitaciones en el salón del teatro para
Juanito. Y los disgusto que ustedes vieron entre nosotros
durante el año, eran porque ustedes no se daban cuenta y
pasaban de una a otra, sólo pensando en su tonta
competencia...
—Yo...
—Fue en aquellos días en el hospital —me
interrumpió—, en que supe que al fin te había conquistado.
—No lo puedo creer —confesé—. Y nosotros que
pensábamos que las estábamos conquistando a ustedes...
Nos miramos a los ojos con ternura. De pronto, el
murmullo de los invitados había desaparecido. Sólo se
escuchaba una música de fondo. Nuestras manos se
movieron. Uno en dirección a la otra...
—¡Atención! ¡Atención! ¡Acérquense! —sonó la
voz del serio y es-tirado maestro de ceremonias en los
altoparlantes—. ¡Vamos a comenzar la última competencia
entre nuestros, alumnos Pepito y Juanito!
Tuvimos que romper aquel instante mágico y
correr hacia el escenario. Por supuesto, Venus se puso
furiosa. No quería saber más de la dichosa competencia. Y
cuando traté de explicarle que estaba en juego mi
prestigio, mi fama, mi posición, me gritó que no me hacía
falta todo eso para estar con ella, «como más que uno
Juanito me esperaba emocionado. Me contó su historia con Gretel.
Idéntica a la que yo había vivido momentos antes con Venus.
El alumnado comenzó a gritar: ¡¿Qué le dijo?! ¡¿Qué le dijo?! Y
comenzamos la batalla final...
—A ver, Pepito —empezó él—. ¿Qué le dijo lo lechuga al tomate?
—No sé.
—¡NO TE JUNTES CON LA CEBOLLA QUE ES UNA LLORONA!
Todavía tenía en mi mente la conversación con Venus. Por ello, me
costaba concentrarme. Pero tenía que hacerlo. Era la noche decisiva.
—Dime tú—le respondí—, ¿qué le dijo la mantequilla a la tostada?
—No sé.
—¡YO POR TI ME DERRITO TODA!
—¿Y qué le dijo la cuchara al cucharón? —continuó
él.
—No sé.
—¡¿TÚ ERES GRANDE PORQUE TOMASTE
MUCHA SOPA?! Él se veía seguro, triunfante. Yo realmente no sabía ni
qué sentía. Era uno de esos momentos incómodos. No los soporto. A mí
eso me deprime. Pero debía ganar a toda costa. Tenía que reponerme y
echar para delante. —¿Qué le dijo la manzana al gusanito? —casi grité
tratando de meterme en la onda. -No sé.
—¡ME TIENES PODRIDA!
—¿Y qué le dijo la estufa al ventilador? —exclamó él.
—No sé.
—¡TÚ SÍ QUE TE DAS UNOS AIRES!
El público reía a plenitud. Gretel se veía orgullosa cada vez que Juanito
hacía sus chistes. Venus estaba más seria. Ya la convencería yo de su
tonta opinión. ¡Yo iba a ser el mejor! ¡El Señor de los Chistes! Como
siempre lo fui antes de que llegara ese fanfarrón.
—¿Qué le dijo —ataqué con mucha más energía— la
—¡AY! ¡TODO ME DA VUELTAS! como fuera. Desde que me conozco siempre he sido el mejor
igual.—¿Y qué le dijo el tenedor al ajo? —me respondió y lo demostraría.
—¿Qué le dijo una gota de agua a otro? —prosiguió.
—No sé. —No sé.
—¡NOSOTROS SI QUE SOMOS DE BUEN —¡TÚ Y YO NOS PARECEMOS EN ALGO!
DIENTE! a favor mió, pero todos pidiendo un rey puesto y un rey muerto.
Se mantuvo la risa. Pero queríamos más. Por
Entonces empezó un espadeo violento entre él y yo.
Dijimos unos cuantos chistes seguidos, uno detrás del otro.
Sin cuartel.
—¿Qué le dijo —lanzó a boca de jarro— el café a
la cucharita?
—No sé.
—¡PARA YA. QUE ME MAREO!
—¿Y qué le dijo el pie al zapato? —ataqué.
—No sé.
—¡NO ME PONGAS EN UN APRIETO!
—¿Y qué le dijo el cuadro a la pared? —se defendió.
—No sé.
—¡PERDÓNAME QUE TE DÉ LA ESPALDA!
—¿Qué le dijo una manzana a la otra? —pregunté
acercándome al micrófono.
—No sé.
—¡NADA, PORQUE LAS MANZANAS NO
HABLAN!
—Y... —tartamudeó. No sé si por el positivo impacto
que produjo el chiste entre la gente—. ¿Qué... qué le dijo lo
playa al Mar Muerto?
—No sé.
—¡NO TE HAGAS EL VIVO!
—¿Y qué le dijo una tabla a un pedazo de mármol? —
le devolví.
—No sé.
—¡¿CÓMO PUEDES SER TAN FRÍO?!
Todo el mundo se reía a morir. Aunque yo sabía
que también algunos de ellos —los estudiantes sobre
todo—, esperaban el desenlace. Unos a favor de él, otros
—Y ¿qué le dijo el clavo al martillo? —le contesté.
—¡¿NO TIENES UNA ASPIRINA?!
—¿Qué le dijo una linterna a la otra? —añadió.
—No sé.
—¿CUÁL EES TU NOMBRE DE PILA?!
—Y ¿qué le dijo un helado a un niño? —
agregué, acercando mi cara a la de él.
—No sé.
—¡¿POR QUE ME SACAS LAL LENGUA SI
YO NO TE HICE NADA?!
—¿Qué le dijo un pozo chico a uno grande?
—atacó débilmente, quizás intimidado por mí.
—No sé.
—¡ME SIENTO MENOSCAVADO!
—¿Y qué le dijo la cuchara a la gelatina? —
grité, solo para amedrentarlo.
—No sé.
—¡NO TIEMBLES. COBARDE!
—Este... —balbuceó, por efecto de mi grito.
Y hasta tembló de tanta tensión—. ¿Y qué le dijo
una mosca a la otra?
—No sé.
—¡TE INVITO A MI CACA!
Yo era tiempo suficiente pora que se nos
fuera acabando el stock. Es por ello que decidí
agregar más presiones psicológicas a la competencia.
Tenía que vencerlo y no había otra oportunidad.
—Te siento nervioso —apunté—. Estás a un
milímetro de perder, amigo mío. A ver ¿qué le dijo una
pared a la otra?
—No sé. —¡NOS ENCONTRAMOS EN LA ESQUINA!
—Eh... —dudó, eso significaba que la técnica
surtía efecto—, ¿Qué le dijo el azucarar a la
cucharita? —No sé.
—¡Estás pálido, compadre! ¡Ay, mi madre! ¡Te —Este... —intenté hablar, aparentando mucho
ves mal! —insistí—. Rápido, dime. ¿qué le dijo el nerviosismo y sobreactuando mí preocupación—. ¡Me
fósforo a la cajita? rindo!
—No sé.
—¡Gané! ¡Gané! ¡Soy el mejor! ¡Soy «el Señor de
—¡POR TI PERDÍ LA CABEZA! los Chistes»! —gritaba el muchacho corriendo y saltando por
—Este... ¡Espérate!... Dame un segundo... —rogó el escenario.
con miedo, y vi una lágrima asomar en uno de sus ojos. El público lo cargó, y se lo llevaron en andas por
—Tienes casi medio minuto. No puedo hacer nada más todo el salón. Gretel lloraba de alegría y admiración por
por ti. ¡Estás frito! —le respondí. Juanito. El maestro de ceremonias no paraba de hablar,
—Mmmm… diciendo pesadeces como: «ES el mejor». «Es el más
—¡Diez segundos! —comencé a contar mirando chistoso» y muchas Frases imbéciles más. Eran puñaladas
el reloj. ¡Nueve! ¡Ocho!... en mis oídos. A mi eso me deprime.
—¡Lo tengo! —chilló, pegando un brinco—. ¿Qué Venus, sola, me esperaba en un rincón, al lado de
le dijo el lápiz a la goma de borrar? la mesa del bufé.
Se había salvado en el último segundo. Pero era —Vi !o que hiciste —me dijo—. A mí no me
evidente que mi victoria estaba muy cerca. Y encima de eso engañas.
se equivocó. ¡Me había hecho <<el qué le dijo» más fácil —¿Y? —pregunté—. ¿Hice bien o hice mal?
y más viejo del mundo! No lo podía creer. Con una —Si te dejaste ganar solo para lucirte conmigo, hiciste
simple respuesta mía, iba a ser el campeón. ¡El mejor! ¡El mal —respondió.
Señor de los Chistes! Me sentía en la gloria. Me disponía a —No, Venus. Tú me hiciste comprender. He
aplastarlo, cuando miré a Venus. Había evitado mirarla, pero pasado todos estos años perdiendo el tiempo con mi
era mucho la tentación. Nadie me puede negar que ser ídolo orgullo y mi vanidad.
delante de la chica de uno es un gran placer. De repente, volvió a desaparecer el ruido y la
Fue lo peor que hice. Su cara expresaba un pesar gritería. La misma música se escuchó. Incluso la luz se fue
inmenso. Yo no sabía por qué le afectaba tanto aquello. Pero hacienda más tenue... Volví a sentir el cosquilleo por todo
parecía creer de verdad lo que me dijo. Me sentí mal. Era lo el cuerpo, el temblar de mis piernas, el apretón en el
único que me faltaba! A mi eso me deprime. Comencé estómago.
a pensar seriamente en aquello... Nuestras manos se fueron acercando. Nuestras miradas
¿Tendrá ella razón? Me formulé algunas preguntas, a se fundían en una sola.
los cuales no encontré respuestas que me convencieran. —Yo me siento como volando —le susurré.
Todo el análisis iba en mi contra. ¿Qué significaba ser el Miré hacia atrás y vi que se acercaba un amargado
mejor en algo? ¿Por qué tenía que quitarle esa emoción a y almidonado camarero. Extendí mi otro brazo como
Juanito, mi mejor amigo, si él era feliz con eso? ¿Por expresándole a ella mi «voladura». Le derribé la bandeja
qué enfadar a Venus? Otra idea me rodó por la mente... al mozo. La ponchera que llevaba, le cayó en lo cabeza al
—¡Dale, Pepito, que te falten cinco segundos! — seco y áspero esposo de la directora. Éste cayó hacia atrás
vociferaba Juanito esperanzado—,¡Ni siquiera has dicho «no en su silla, y empujó a un solemne apoderado vestido de
sé»! smoquin, parado detrás de él, contra las cortinas de fondo.
El tumulto que cargaba a Juanito se detuvo. El estirado
maestro de ceremonia paró de hablar. El apoderado trató de asirse de
maestro de ceremonia. El hombre, aturdido, tumbó el HISTORIA CLÍNICA
micrófono y el podio, y rodó por el suelo envuelto en DEL AUTOR
la cortina. . Paciente: PePe Pelayo P.(1952)
Brotó la carcajada más grande que se haya escuchado Procedencia: Cuba. Residencia en Chile
en Villarrisa. Nunca antes una risotada había sido tan intensa desde hace 12 años
y prolongada. Diagnóstico: Humorista crónico
Antecedentes patológicos: Graduado de
Apreté con ternura la mano de Venus. ingeniero civil (Universidad de La Habana.
—Lo siento —le dije. 1979}. Es comediante, guionista, director
—¿Lo hiciste adrede? —preguntó soltándome la mano escénico y especialista en humor.
—¡Si! —exclamé. Y alzando mis brazos grité a todo Sintomatología: Ha publicado cuentos y artículos humorísticos en
pulmón—: ¡¡Sigo siendo «El Señor de los Chistes»!! diferentes diarias y revistas. Ha obtenido varios premios en
concursos literarios. Tiene una larga trayectoria como actor y escritor
humorista en teatro, radie, cine y televisión. Ho escrito programas
infantiles para lo televisan chileno. Fue fundador y director de la
reconocida compañía
«La Seña del Humor» en su país natal Actualmente es relator y
conductor de cursos y talleres de crecimiento personal a través
del humor.
Pronóstico: Impredecible. (Se ríe hasta de los peces colores).

FIN

HISTORIA CLÍNICA DEL ILUSTRADOR


Paciente: Alex Palayo Ramos (1977
Procedencia: Cuba. Residente en Chile desde hace 8
años. Diagnóstico: Dibujante Crónico.
Antecedentes patológicos: Graduado de licenciatura en artes
plásticas en la especialidad de grabado (Universidad de Chile. 2000). Es
dibujante, ilustrador, caricaturista y diseñador de páginas web.
Sintomatología: Ha realizado varias exposiciones colectivas
en Cuba, Chile y Bolivia, y obtenido premios en concursos
nacionales y una mención honorífica en el Concurso Internacional
SIART. Expuso sus dibujos en la Galería Simón y Patiño en La Paz.
Ha ilustrado una decena de libros entre ellos, varios de esta misma
editorial. Colabora con sus dibujos e historietas en diferentes
publicaciones y revistas cómicas
Pronóstico: Reservado. (Dibuja hasta castillos en el aire)

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