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Antropología, Mitologia y Psicoanalisis ACHERONTA

El texto explora la interrelación entre antropología, mitología y psicoanálisis, destacando cómo la caída del marxismo puede estar relacionada con la ausencia de Dios y la necesidad humana de lo divino. Freud establece un paralelismo entre la psicología de los pueblos y la psicología individual, sugiriendo que la cultura se origina de la renuncia a impulsos primarios y la creación de la religión como respuesta a la culpa y la violencia. Se analiza cómo los mitos reflejan la historia humana y su evolución, desde la omnipotencia infantil hasta la complejidad de las relaciones con lo sagrado en el contexto cultural.

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Antropología, Mitologia y Psicoanalisis ACHERONTA

El texto explora la interrelación entre antropología, mitología y psicoanálisis, destacando cómo la caída del marxismo puede estar relacionada con la ausencia de Dios y la necesidad humana de lo divino. Freud establece un paralelismo entre la psicología de los pueblos y la psicología individual, sugiriendo que la cultura se origina de la renuncia a impulsos primarios y la creación de la religión como respuesta a la culpa y la violencia. Se analiza cómo los mitos reflejan la historia humana y su evolución, desde la omnipotencia infantil hasta la complejidad de las relaciones con lo sagrado en el contexto cultural.

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Antropología, mitología y psicoanálisis

Sabel Gabaldón

Leyendo un libro de María Zambrano, autora que eleva la filosofía a condición de literatura,
donde hablaba de la relación que ha mantenido el hombre con la religión y con Dios, citaba una
frase de Hegel que decía: … "Quizás la más clara expresión de la tragedia humana es no
poder vivir sin dioses"… Y dio pie a una reflexión sobre una situación de nuestra historia
reciente, la caída del marxismo, y hasta qué punto ésa "caída", más allá de las intenciones
puramente políticas y económicas, tiene que ver con la "ausencia de Dios". El vacío de Dios
podemos sentirlo bajo dos formas que parecen radicalmente opuestas: la forma intelectual del
ateísmo, como medio de sacralización de lo profano, y la angustia, la agobiante irrealidad que
envuelve al hombre cuando Dios ha muerto. Quizá esta sea la forma de expresar la
universalidad de una necesidad, la de Dios y la religión.

Freud, en diciembre de 1897, en una carta a Fliess (carta 78), le comentaba: … "¿Puedes
imaginar lo que son los mitos endopsíquicos?. He ahí el último engendro de mis gestaciones
mentales. La borrosa percepción del aparato psíquico propio estimula ilusiones de pensamiento
que son naturalmente proyectadas afuera, por lo común en el futuro y el más allá. La
inmortalidad, la justa recompensa, la vida después de la muerte, son todas reflexiones de
nuestra psique interior… psicomitología"… En esta frase, posiblemente inspirada en el
"humanismo realista" de Feuerbach, Freud pone de manifiesto que su interés por la
antropología social era muy antiguo y nunca renegó de él (de hecho, declaró a James
Strachey, en 1921, que consideraba el IV ensayo de Tótem y Tabú su obra mejor escrita) y nos
lleva a plantear otro tema, el de la universalidad del psicoanálisis, ya que éste nos muestra su
verdadera intención cuando hace estallar el encuadre limitado de la relación terapéutica y se
eleva a un nivel de hermenéutica de la cultura. La articulación del psicoanálisis con las obras
de cultura comienza ya en la interpretación de los sueños, con una especial ligazón con la
mitología y la literatura. El sueño es representado como la mitología privada del durmiente, el
mito como "sueño despierto" de los pueblos, y obras como "Edipo rey" de Sófocles, "Hamlet"
de Shakespeare o la "Trilogía de Nathanael" de Hoffman como susceptibles de la misma
interpretación que el sueño, viendo que es posible transferir a productos de la fantasía de los
pueblos, como son el mito y los cuentos tradicionales, la concepción psicoanalítica obtenida a
raíz del sueño.

Antes de proseguir este trabajo creo necesario definir sus elementos, hablamos de
antropología y de psicoanálisis y el punto donde se insertan ambos es el hombre y el hombre
entendido fundamentalmente como "hombre etimológico", en el sentido de Ortega y Gasset,
aquel donde el "origen" da el "sentido verdadero" del hombre (no olvidemos que la etimología
es el estudio del origen, y en su acepción más antigua el "sentido verdadero"). Manteniéndonos
en lo etimológico lo "humano" deriva del latín "humus" (tierra) y es curioso cómo en la
mitología, tanto en la tradición judeocristiana como en la helénica, el hombre proviene de la
tierra; en la primera fue creado del barro por Dios, en la segunda es Prometeo (un titán) quien
crea al hombre moldeándolo del barro.

Hombre es a la vez un término que empleamos indistintamente en un sentido concreto (ser


humano, individuo) o genérico, y en éste caso sería sinónimo de todo lo humano, de la
humanidad. Aprovecharemos este aspecto polisémico para entender cómo el psicoanálisis se
ubica dentro de la psicología de los pueblos (de la psicología del hombre), pero no de la
manera que la escuela de Zurich, con Jung a la cabeza plantea, que sería procurar resolver los
problemas de la psicología individual, recurriendo a material de la psicología de los pueblos,
sino como Freud básicamente lo desarrolla, estableciendo una comparación entre la
"psicología de los pueblos naturales", tal como nos enseña la etnología, con la psicología del
neurótico. Partiendo de la premisa de que la vida anímica de los pueblos primitivos es
equiparable a un estadio previo bien conservado de nuestro propio desarrollo. De ahí que el
análisis del caso Juanito (1909) abriera algunas vías de conocimiento tanto del contenido
manifiesto como del latente, respecto a la representación animal de los padres y su
correspondencia con civilizaciones lejanas y primitivas, en las que el "animal" adquiriría una
particular importancia.

La unidad psíquica de la humanidad es la piedra angular de la teoría psicoanalítica, de ahí que


insistamos en el paralelismo entre el hombre y la etnia, lo individual y lo colectivo, el
inconsciente y la cultura, el sueño y el mito, el síntoma y el rito, la neurosis y la religión. Toda
"prehistoria" corresponde a una prehistoria personal psicogenética.

Sobre el Origen de la Religión, Mito y Cultura.

Cuando Freud escribió "Tótem y Tabú" (1913) se inspiró en el texto recién publicado de J.
Frazer " Totemismo y exogamia" (1910) y en la obra de Darwin publicada en 1871 "El origen
del hombre", sobre estas dos obras y sobre dos conceptos añadidos, uno el de la "Horda
Primordial" o "Familia Primitiva" tomado de Atkinson (1903) y otro el "Banquete Totémico" de
Robertson Smith (1894) desarrolló lo que podemos llamar Mito Fundamental o Protomito,
donde se aprecia cómo el origen de la religión se edifica sobre las raíces violentas de la
elaboración edípica y el sentido de los ritos destinados a proteger la vida contra los fantasmas
violentos más primitivos. De ahí que el origen de la religión sea el mismo que el origen del
sentimiento de culpabilidad.

Según este "mito fundamental" en un principio los hombres habrían vivido en pequeñas hordas
bajo el dominio de un macho poderoso y cruel, que ejercía con violencia el poder y acaparaba a
todas las hembras. El destino de los hijos varones era duro, cuando crecían eran muertos,
castrados o expulsados. Los hijos menores tenían una posición excepcional, protegidos por el
amor de la madre, sacaban ventaja de la avanzada edad del padre y podían sustituirlo tras su
muerte. Los hermanos expulsados, que vivían en comunidad, se conjuraron, mataron al padre y
según la costumbre de aquellos tiempos se lo comieron. Ningún miembro de la multitud
victoriosa pudo ocupar su lugar, pues si alguno parecía conseguirlo veía elevarse contra él
mismo idéntica hostilidad, seguida de luchas y asesinatos. Finalmente todos se dieron cuenta
de que tenían que renunciar a la herencia del padre. En la imposibilidad de satisfacer los
impulsos sexuales estos tuvieron que sublimarse en forma de lazos afectivos que unieron a los
hijos con el padre y a los hermanos entre sí. Fueron estos lazos afectivos los que una vez
perpetrado el crimen, hicieron nacer en el asesino y sus cómplices un poderoso sentimiento de
culpa. Buena parte de la plenipotencia vacante por la eliminación del padre pasó a las mujeres,
dando origen a la época del matriarcado.

El padre muerto revivía en el espíritu de sus hijos, ya que sus mandatos y prohibiciones
permanecían en pie. Los remordimientos y el desgarramiento de los lazos fraternos impidieron
a los sucesores poseer a las mujeres, inaugurando así la prohibición del incesto y la ley del
matrimonio exogámico, como primera de las formas de expiación y penitencia por su culpa.
Formaron entonces la comunidad fraterna totémica, cuyos miembros gozaban de los mismos
derechos y estaban vinculados por las mismas prohibiciones totémicas: repetición y
conmemoración expiatoria de su crimen por el sacrificio totémico (el animal emblema de la
horda, como sustituto del padre) y devoración del animal sacrificado como signo de comunión
con el padre y de alianza fraterna. Sin aquella reacción emotiva irresistible evocada por el
protocrimen, tal vez los hijos se hubieran exterminado recíprocamente, pero aquella reacción
engendró también el mandamiento: "No matarás", y esta prohibición que en un principio se
limitaba al animal totémico (sustituto del padre), tomó luego mayor extensión.

El padre muerto era para todos el ideal, a la vez temido y adorado, fuente de la ley y el derecho
que implica el tabú. Posteriormente este protopadre fue elevado a la dignidad de "Creador del
mundo" y divinizado, y no sin cierta razón, pues aquel engendró a todos los hijos de que se
componía el primer núcleo humano, "el primer mundo".

He ahí que sobre la renuncia de tres deseos pulsionales básicos, como son el incesto, el
canibalismo y el placer por matar se edifica el primer esbozo de la cultura, básicamente como
una renuncia de pulsión. De ahí que la hostilidad a la cultura esté fundamentalmente producida
por la presión que ella ejerce, por las renuncias a lo pulsional que exige.

En "Tótem y tabú" Freud describe las raíces violentas de la elaboración edípica. La matanza de
los padres, en el fantasma individual precoz, es vivida como garantía de supervivencia, de
independencia y de triunfo del Yo. Como en el mito de Edipo, todo progreso individual o
colectivo sólo puede establecerse sobre las ruinas del reino de los padres. La violencia de la
que hemos hablado, corresponde etimológicamente (es decir, en la lengua fundamental del
inconsciente colectivo de nuestra cultura) a una fuerza vital presente desde el origen de la vida.
El término violencia, no es más que la traducción del latín violentia, derivado del verbo violo
(que tiene un marcado sentido sexual). Este verbo latino violo procede del radical griego
antiguo  y que ha dado lugar tanto al sustantivo  (la violencia) como a  (la vida). La
violencia, decía Hegel, es partera de la Historia.

Esta violencia vital la encontramos, por ejemplo en la "Teogonía" de Hesiodo: Cronos que
castra a su padre Urano (el cielo) cuando copulaba con su madre Gea (la tierra), lo que dio
origen a la Erinias, diosas de la venganza, pero también al nacimiento de Afrodita por las gotas
de sangre que cayeron al mar. Cronos a su vez devora a sus hijos para no ser muerto por ellos.
Zeus (último hijo de Cronos) que mata a su compañera Matis, embarazada, por temor de ser
muerto por el niño que debe nacer, después se casa con Peleas y el hijo de ambos, Aquiles,
estará destinado a morir preventivamente a manos de un mortal. Por otra parte, de la unión de
Zeus y de Hera nace Ares, dios de la violencia, el cual sólo engendrará personajes violentos
(gigantes, cíclopes, amazonas, etc.). Del adulterio de Zeus y Afrodita nacerán, además de Eros
y Anteros, el dios del miedo (Deimos) y el del terror (Phobos) y una hija, Harmonía, uno de
cuyos descendientes será el mismo Edipo, consecuencia de la unión de Harmonía y Cadmo
(hermano de Europa y fundador de Tebas).

En las religiones primitivas era común observar la correspondencia entre la familia celestial y la
familia terrenal. El padre era frecuentemente considerado como la personificación del cielo,
mientras que la madre se identificaba con la tierra.

En las sociedades protoagrícolas, generalmente eran las divinidades maternas las dominantes.
En un momento determinado éste régimen de la sociedad matriarcal fue relevado por el
patriarcal. Esta vuelta de la madre al padre define además un triunfo de la espiritualidad sobre
la sensualidad, o sea un progreso de la cultura, pues la maternidad es demostrada por el
testimonio de los sentidos, mientras que la paternidad es un supuesto edificado sobre un
razonamiento y sobre una premisa.

La tendencia del hijo a ocupar el lugar del padre fue un proceso que adquirió cada vez mayor
fuerza en el curso de la evolución humana. La aparición de la agricultura determinó que se
incrementara la importancia del hijo en la familia, dando lugar a que se permitieran nuevas
manifestaciones de su libido incestuosa en la satisfacción simbólica del cultivo de la madre
tierra. Fue entonces cuando nacieron las divinidades juveniles (Atis, Osiris, Adonis, Dionisos)
que gozaban de los favores amorosos de las divinidades maternas y realizaban el incesto
desafiando al padre. Pero la conciencia de culpa se manifiesta en los mitos, ya que las jóvenes
deidades solían tener corta vida o eran castigadas con la castración por la cólera de la ofendida
divinidad paterna, representada bajo la forma de un animal. Por ejemplo, Adonis fue muerto por
un jabalí, animal sagrado de Afrodita.

La primera problemática religiosa es una problemática de la omnipotencia, propia del deseo


infantil, y que se proyecta al exterior mediante una satisfacción de tipo alucinatorio. En el niño,
igual que en el primitivo, hay en efecto la creencia en la omnipotencia de las ideas.
La única esencia divina en la que se han condensado, en nuestra cultura, todos los dioses de
las épocas pasadas, es el "núcleo paterno" que desde siempre se ha ocultado tras cada figura
de dios. En el fondo fue un regreso a los comienzos históricos de la idea de dios, y es a través
del monoteísmo como los vínculos con dios pueden recuperar la intimidad e intensidad de las
relaciones del niño con su padre.

El esquema básico de la religión, según Llobet i Llavari, es:

1)- Omnipotencia del deseo, de las ideas.


Magia y Animismo
Proyección paranoica.
2)- Desplazamiento del padre al animal, repetición
ritual del crimen contra el padre y de la rebelión Totemismo
filial a impulsos de sentimientos de culpabilidad.
3)- Latencia y retorno de lo reprimido. Monoteísmo Mosaico
4)- Conmemoración enmascarada del triunfo sobre
Cristianismo
el padre.

El Mito y el Psicoanálisis

El mito, tal y como lo comprendían las sociedades arcaicas, designa una "historia verdadera,
sagrada, ejemplar y significativa" (el mito cosmogónico, por ejemplo, es "verdadero", porque la
existencia del mundo esta ahí para probarlo). Más tarde, en la cultura griega, "Mythos" fue un
término opuesto a "Logos " y a "Historia" y terminó por significar: "todo lo que no puede existir
en realidad". Elio Theon (siglo II d. c.) definía el mito como "una exposición falsa que describe
algo verdadero".

Hay cuatro grupos fundamentales de mitos, que tienen que ver con el origen y nacimiento, ya
sea de los dioses (teogonías), del universo (cosmogonías), del hombre (antropogonías), y los
que se refieren al fin del mundo (escatológicos), y estos últimos con una idea, la idea
generalizada del pecado, como una constante en estos mitos y relacionada con un castigo
divino.

Si he hecho mención a algún mito en concreto ha sido sobre la cultura helénica, tanto por
razones de proximidad cultural como por pensar que ésta cultura es la primera que se edifica
sobre la idea y desarrollo del conocimiento, a diferencia de otras que lo han hecho sobre la idea
de la religión, la guerra, la muerte, etc. Las primeras especulaciones filosóficas derivan de la
mitología y principalmente de los mitos cosmogónicos, que plantean un problema ontológico
como principio de la desmitificación y dan lugar al nacimiento de la filosofía. El pensamiento se
esfuerza por identificar y comprender el "comienzo absoluto" del que hablan las cosmogonías,
de desvelar el misterio de la creación del mundo, el misterio, en suma de la aparición del ser.

Pero ¿cómo ubicar el psicoanálisis dentro del mito?. Quizás la antropología estructural nos
ayude a entender que mitos como el de la horda primitiva o el de Edipo, no corresponden a
ningún acontecimiento históricamente situable. En una forma simbólica, traducen el sueño más
antiguo y más constante de los hombres. El mito, como la ilusión, es una creencia que en su
motivación esfuerza, sobre todo, el cumplimiento de deseo. El mito es pues un relato imaginario
encargado de representar de forma alegórica la generalidad de una situación afectiva. Los
mitos hablan a los hombres, no del mundo externo, sino del mundo interno, no de realidades
sino de fantasías, así como de los deseos y las angustias con ellos relacionados. Son los
encargados de integrar datos simbólicos universales en el seno de lo imaginario colectivo, con
la función de "tranquilizar", y tranquilizan porque reafirman al hombre en su pertenencia a la
permanencia de lo real. La elaboración del mito necesita ciertas adquisiciones, una cierta
integración sociocultural de las necesidades pulsionales y de sus represiones.

El cuento, el mito, contribuyen a la figuración simbólica que desvela no sólo el contenido


latente, inconsciente, sino también el desplazamiento que distrae la atención de este contenido;
pues el verdadero simbolismo desvela y disfraza, a la vez, la pulsión prohibida.
La función simbólica del mito, que no puede venir más que a posteriori, es absolutamente
esencial y explica en gran parte la existencia y perennidad de éste.

El mito es una forma de contacto con el inconsciente que sujeta a éste a distancia. Cuenta un
suceso que aleja en el tiempo y eventualmente en el espacio; y aún más que en el sueño la
elaboración secundaria, sin duda, por ser colectiva distorsiona las representaciones
inconscientes. D. Anzieu, por ejemplo, refiriéndose al mito de Edipo, muestra que cada
elemento de la leyenda corresponde a cada uno de los aspectos fantasmáticos del complejo
que constituye el pivote de la concepción psicoanalítica de lo imaginario humano, y describe
cinco "mitemas": el primer mitema, el del abandono, correspondería a la angustia persecutoria
kleiniana. El segundo mitema, el que se refiere al asesinato del padre, correspondería al
fantasma parricida clásico de acceso a la madre fálica. El tercer mitema, el de la victoria sobre
la Esfinge, evocaría la escena primitiva al mismo tiempo que una imagen fálica de la que el
adolescente escapa. El cuarto mitema, el del matrimonio con la princesa, correspondería a la
evocación de la madurez genital y de la interacción de los deseos de los "partenairs" sexuales.
El quinto mitema, el de la unión con la madre, evocaría no solamente el incesto sino la
superación de la culpabilidad ligada a él.

Todo esto nos sirve para hablar de los mitos colectivos pero ¿y los mitos individuales o
familiares?. El mito individual toma como horizonte significantes colectivos de una cultura
históricamente situada, pero se focaliza a través del prisma familiar para llegar a la
representación imaginaria que constituye para el sujeto el relato fantaseado de su existencia. El
mito individual, como el familiar, es operativo, dinámico, inestable, jamás reíficado, bien al
contrario, trama de una creación siempre inacabada.

La función del mito familiar, a caballo entre el entramado inconsciente relacional e identificatorio
y las formaciones sintomáticas, sería la de anular el tiempo (mediante la actualización
constante del mito y la compulsión a la repetición) y negar tanto la muerte como la sexualidad.
La función del analista, por el contrario, sería la de poner en marcha la temporalidad.

El mito individual del neurótico y el mito que vincula una colectividad se revelan en los
momentos de regresión. Cuando un individuo, una familia, una cultura, no pueden resolver
racionalmente, técnicamente los problemas que se les plantean, cuando la situación les
desborda, les angustia, éste individuo, ésta familia, ésta cultura regresan y encuentran en ellos,
en ése fondo "arcaico" del fantasma, del "complejo", del mito, los recursos y el esquema en
función de los cuales se van a relacionar.

…"No es enteramente desdichado el que puede contarse a sí mismo su propia historia"… (M.
Zambrano).

El Mito en el Psicoanálisis

También el psicoanálisis, partiendo de una idea de Mircea Eliade, lo podemos relacionar con
los mitos cosmogónicos y escatológicos: ha habido un "paraíso" (para el psicoanálisis la
relación dual del niño con la madre) y una ruptura, una catástrofe (el traumatismo infantil) y
cualquiera que sea la actitud del adulto en relación con estos acontecimientos primordiales, no
son menos constitutivos de su ser.

El psicoanálisis podemos entenderlo como la mitificación de dos pilares concretos, la pulsión y


el conflicto; y edificado fundamentalmente, sobre cuatro figuras míticas: Eros y Tanatos por un
lado y Narciso y Edipo por otro.

Eros y Tanatos, metáfora de lo pulsional, pulsión de vida y pulsión de muerte. "Las pulsiones –
decía Freud- son seres míticos grandiosos en su indeterminación". Por el otro lado lo
conflictivo–estructurante. Narciso metáfora de narcisismo, término que Freud recogió de Nacke,
pero que curiosamente en sus obras nunca hizo mención alguna al mito de Narciso. Y Edipo,
sinónimo de la estructura edípica. Me detendré, por un momento, en éste punto para enlazarlo
con un quinto elemento: la cultura.
Dentro de la estructura edípica, coexistirían dos subestructuras (Marucco), una sería la
"triangulación edípica" que conforman la función materna, la paterna y la filial; y la otra sería la
"estructura triangular", formada por las pulsiones del hijo, las pulsiones de ambos progenitores
y su intersección con la cultura. Cultura que penetra a través del orden simbólico, donde el
lenguaje como sistema simbólico tiende a suplantar a las pulsiones y cuya moral delimita los
movimientos pulsionales cuando ha ocupado el lugar de la moral edípica; no olvidemos que el
fortalecimiento del Super-yo es un patrimonio psicológico de la cultura (Freud).

Existe el riesgo de la idealización de la cultura (un ideal siniestro) a costa de vivir como
patológico todo deseo narcisista de los padres hacia los hijos. La cultura exige, cada vez, una
renuncia mayor del narcisismo parental erógeno hacia el hijo. Esta renuncia de los progenitores
hace entregar su hijo a la cultura, casi como una ofrenda religiosa, como un ritual, ritual que
hace pensar en el sacrificio pedido a Abraham por Yavhé respecto a su único hijo Isaac, pero
que termina con la ejecución simbólica de un cordero y después con el sacrificio, no menos
simbólico, de un prepucio. Esta entrega del hijo a la cultura, bajo la promesa de una "salida
exogámica", hace correr el riesgo de que esta se apropie de él y lo trague en sus fauces si el
desprendimiento fue prematuro. ¿Contribuiría esto al surgimiento de las personalidades
sobreadaptadas, de las "normopatías"?. Caeríamos en el mismo riesgo si ligásemos la "ilusión
de felicidad" a las pulsiones de vida, cuando por su tendencia nirvánica están ligadas a la
pulsión de muerte.

El Analista y el Mito

Para hablar de la figura del analista en el mito, aparece un nombre: Tiresias. Es este un
personaje mítico perteneciente al ciclo tebano de la mitología helénica. Cuenta el mito que en
su juventud, paseando un día por el monte Cileno, vio dos serpientes copulando, parece que
separó a los animales y como resultado de su intervención él quedó convertido en mujer. Siete
años más tarde, paseando por el mismo lugar, volvió a ver a otras dos serpientes acopladas.
Intervino de igual modo y recupero su sexo primitivo.

Esta aventura le había hecho célebre, de modo que un día en el que Zeus y Hera discutían por
saber quién, si el hombre o la mujer, experimentaba mayor placer en el amor, se les ocurrió la
idea de consultar a Tiresias, el único que había efectuado la doble experiencia. Tiresias afirmó,
que si el goce del amor se componía de diez partes, la mujer se quedaba con nueve, y el
hombre con una sola. Esta respuesta encolerizó a Hera al ver revelado el secreto de su sexo, y
privó a Tiresias de la vista. Zeus, en compensación, le otorgó el don de la profecía y el
privilegio de una larga vida (siete generaciones), así como el privilegio de conservar después
del óbito, el don de la profecía y de la memoria.

Se atribuyen a Tiresias cierto número de profecías relativas a los acontecimientos más


destacados de la leyenda tebana; por ejemplo, profetizo a Creonte que daría muerte a
Antígona. Pero nos interesa su papel en dos mitos, el de Edipo y el de Narciso. En la senda del
psicoanalista, interviene con Edipo dándole a conocer a este sus crímenes y su fatídico
porvenir… "El ve ahora pero quedará ciego"… y con Narciso pronuncia a su nacimiento un
oráculo: "Narciso sólo llegará a viejo si no se mira". La asociación con Edipo es forzosa.
Curioso cómo este ciego –comenta A. Green- es sacerdote de la ceguera física y psíquica. Hay
una curiosa sentencia que pronuncia Tiresias en la obra "Edipo rey" de Sófocles… "Cuán atroz
es saber, cuando no trae provecho ni siquiera al que sabe"… Para Bion, Tiresias ocuparía el
lugar del falso analista.

Volviendo a la obra de "Edipo rey", estaría bien comentar una frase de Yocasta: …"En cuanto a
ti (refiriéndose a Edipo), no temas la unión con tu madre, pues numerosos son los mortales que
en sueños han compartido el lecho materno. Quien vive despreocupado de todos esos temores
soporta mejor la vida"...
Yocasta se expresa aquí como el psicoanalista cuando recuerda que lo imaginario incestuoso
constituye una inscripción simbólica fundamental común a todos los humanos: El sueño, el
teatro, el arte, la vida, la elección de pareja, comportan obligatoriamente tales fantasías.

Como dijera el psicoanalista Olivier Flournoy: …"Edipo nunca fue el hijo de Layo y de Yocasta.
Sólo fue un sueño de Edipo que nos contó Sófocles y que dura el tiempo de un espectáculo.
Mal sueño en el que Edipo consigue condensar toda su vida bajo la forma de una novela
familiar y que acaba en una horrible pesadilla. Cuando Edipo despierte de este sueño, que no
acaba nunca, encontrará con alivio a sus verdaderos padres, el rey y la reina de Corinto, que lo
cuidaron y mimaron como ellos sabían hacerlo…Así descubrí el complejo de Edipo, no como
un concepto estructural y espacial, sino como el tiempo mismo, el tiempo del sueño de Edipo,
el tiempo de la experiencia analítica"…

Bibliografia

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FREUD, S. "Tótem y Tabú" (1913) vol. XIII Ed. Amorrortu

" " "El porvenir de una ilusión" (1927) vol. XXI

" " "El malestar en la Cultura" (1930) vol. XXI

" " "Sobre la conquista del fuego" (1932) vol. XXII

" " "Nuevas conferencias de Introducción al psicoanálisis" (1933) vol. XXII

" " " Moisés y la religión Monoteísta" (1939) vol. XXIII

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LLOBET I LLAVARI, L. "Aproximación a Freud. Psicoanálisis y Antropología" Ed. Noesis (1989)

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Psicoanálisis (APA) T. 41, vol. 1 (1985)
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Etnopsicoanalítico" Confrontaciones Psiq. Nº 20 (1981)

SOFOCLES. "Edipo rey". Ed. Círculo del Bibliófilo, 1982.

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