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Clasificación de Medios Probatorios en Venezuela

El documento aborda el estudio del Derecho Probatorio en Venezuela, centrándose en el principio de preclusión procesal y los medios probatorios según el Código de Procedimiento Civil de 1987. Se analizan diversas clasificaciones de los medios probatorios, sus definiciones y la normativa que los regula, destacando la importancia de la jurisprudencia y la evolución de los medios de prueba en el contexto legal venezolano. Además, se discuten conceptos clave como la confesión y el juramento decisorio como medios de prueba en el proceso judicial.

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Clasificación de Medios Probatorios en Venezuela

El documento aborda el estudio del Derecho Probatorio en Venezuela, centrándose en el principio de preclusión procesal y los medios probatorios según el Código de Procedimiento Civil de 1987. Se analizan diversas clasificaciones de los medios probatorios, sus definiciones y la normativa que los regula, destacando la importancia de la jurisprudencia y la evolución de los medios de prueba en el contexto legal venezolano. Además, se discuten conceptos clave como la confesión y el juramento decisorio como medios de prueba en el proceso judicial.

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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA


UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL DE LOS LLANOS CENTRALES “RÓMULO GALLEGOS”
ÁREA DE CIENCIAS POLÍTICAS Y JURÍDICAS
PROGRAMA DE MUNICIPALIZADO DE FORMACIÓN EN DERECHO
UNIDAD CURRICULAR: DERECHO PROBATORIO II
NÚCLEO VALLE DE LA PASCUA – ESTADO GUÁRICO

Profesor: Integrantes
CARLOS CAMERO MARLENY BARON
JOSE FLORES
LOPEZ EUNICE
RAMON A. BOLIVVAR
LUISANA LEDEZMA

MARZO 2025
El punto de partida de todo estudio que se desarrolle dentro del campo jurídico

está constituido por las bases normativas, doctrinales y jurisprudenciales que tratan

el tema objeto de estudio, así como los diversos aspectos relativos al principio de

preclusión procesal aplicado a los instrumentos públicos y auténticos; al analizar

dicho principio se encuentran como bases normativas el Código de Procedimiento

Civil venezolano de 1987, norma vigente en la actualidad.

En cuanto a los fundamentos doctrinales respecto al tema, resaltan los trabajos

de Humberto E. T. Bello Tabares, expresado en su obra Tratado de Derecho

Probatorio (2007); Rodrigo Rivera Morales, con su trabajo titulado Las Pruebas en

el Derecho Venezolano (2007); Oscar Pierre Tapia, con su

Obra La Prueba en el Proceso Venezolano (1973); y, finalmente, Hernando Devis

Echandia, con su obra Teoría General de la Prueba Judicial (1970).

Finalmente, y sumado a los textos supra descritos, se hace menester observar el

criterio jurisprudencial y su evolución; en tal sentido se consideran fundamentales

para dar cumplimiento a los objetivos del presente consideran aplicables las

sentencias emanadas del Tribunal Supremo de Justicia que representen un

precedente respecto al objeto de estudio.

MEDIOS PROBATORIOS EN LA LEGISLACIÓN PROCESAL VENEZOLANA.

Inicialmente, antes de pasar a detallar puntualmente cada uno de los medios

probatorios, es propio partir expresando que éstos no deben confundirse con las

pruebas, ya que se observa cierta unificación entre los mencionados términos,

siendo tal situación ajena a la naturaleza de los mismos.

Respecto a estas consideraciones, expresa Rocco, citado en Bello (2007, p. 52),

la prueba es la razón o motivo que sirve para demostrarle al juez la certeza de lo


que se afirma; por otra parte, los medios probatorios, son el conjunto de elementos

o instrumentos empleados por las partes, o por el juez sí fuera el caso, que

suministran los argumentos.

En tal sentido, los medios de prueba se constituyen como los instrumentos

procesales susceptibles de proporcionar la veracidad de los

n este orden de ideas, Couture, citado en Pierre (1973, p. 149) afirma que el

medio de prueba será la persona o la cosa y, excepcionalmente, también los hechos

que, a través de la percepción, la representación y la deducción o inducción,

suministran al juez los conocimientos necesarios para que pueda determinar la

verdad o falsedad de un tema o hecho litigioso.

En palabras de Calvo (2002, p. 798), para el Derecho procesal, la prueba es la

demostración de la existencia de un hecho material de un acto jurídico mediante las

formas determinadas por la ley.

Analizadas las definiciones supra expresadas, se afirma que los medios de

prueba se configuran como todos aquellos mecanismos e instrumentos que

permiten demostrar la certeza o falsedad de los argumentos que se presentan como

defensa dentro de un proceso judicial, cuyo fin principal es convencer al juez, y

ofrecerle los fundamentos a considerar al momento de dictar su fallo.

NORMA RECTORA.

En cuanto respecta a determinar cual es la norma rectora en materia de pruebas

dentro del ordenamiento procesal civil venezolano se observa lo dispuesto en el

artículo 395 del Código Procesal Civil venezolano de 1987, que instituye:

Son medios de prueba admisibles en juicio aquellos que determina el


Código Civil, el presente Código y otras leyes de la República.
Pueden también las partes valerse de cualquier otro medio de prueba no
prohibido expresamente por la ley, y que consideren conducente a la
demostración de sus pretensiones. Estos medios se promoverán y
evacuarán aplicando por analogía las disposiciones relativas a los
medios de prueba semejantes contemplados en el Código Civil, y en su
defecto, en la forma que señale el Jue z.

El artículo objeto de análisis, y que se configura como la norma rectora en

materia de medios probatorios dentro de la legislación civil venezolana, representa

el cambio del principio de taxatividad de medios probatorios que imperaba en la

legislación previa publicación del Código de Procedimiento Civil de 1.987; dicho

cambio obedece a cuestiones específicas, a saber: Las innovaciones tecnológicas

que representan la posibilidad de nuevos medios más eficaces, el apego a la

evolución propia de la sociedad y del Derecho mismo, el reconocimiento del criterio

jurisprudencial que aceptaba nuevos medios de pruebas ajenos a los establecidos

en la norma, entre otros.

CLASIFICACION

Inicialmente se observa que existen diversas corrientes clasificadoras sobre los

medios probatorios, esto como consecuencia del criterio que se emplee para

agrupar un grupo de éstos; tal como expresa Rivera (2007, p. 271), la clasificación

dependerá del principio clasificador y éste tendrá importancia o no, sí satisface una

función específica en el conocimiento y aporta una utilidad a su manejo.


En aras de englobar las diversas clasificaciones de los medios probatorios, se

observan diversos criterios:

- Medios probatorios con relación a la percepción del juez: Criterio fundamentado

en la mediación o inmediación que exista entre el medio de prueba y el juez.

En atención a dicho criterio, se determinan medios directos o inmediatos e

indirectos o mediatos; los primeros son aquellos que necesariamente deben

someterse al análisis sensorial del juez, es decir, los que éste analiza directamente,

a través de sus sentidos, por su persona.

Por otro lado, se consideran medios indirectos o mediatos, que resultan aquellos

medios sobre los cuales el juez elabora sus juicios de valor fundamentado en la

opinión o información de otro, que de forma general, tiene un grado mayor de

conocimiento en relación al tema determinado.

- Medios de prueba según su contradicción: Siguiendo la opinión de Rivera (2007, p.

273) esta clasificación atiende al principio de contradicción de la prueba, que en

Venezuela, tiene rango constitucional; a grosso modo, el principio contempla el

derecho de acceder a la prueba y debatirla.

En vista de ello, se consideran la prueba controvertida, que no es sino aquella

que ha sido puesta al conocimiento de la contraparte, y ésta, en los términos legales

a tal efecto establecidos, puede contradecirla; y, la prueba sumaria, siendo aquella

que ha sido practicada al margen del proceso, pero que deben someterse al

conocimiento del tribunal para su validez.


- Medios de prueba según su función: Este criterio indica como medios de prueba,

las pruebas escritas y orales; siendo las primeras aquellas que están contenidas en

un documento o reproducción escritural, generalmente sometidas a conocimiento

del juez de forma directa, salvo las excepciones determinadas.

Por otro lado se encuentran las pruebas orales, donde rige, siguiendo su

enunciado, el elemento hablado u oral.

- Medios de prueba según la oportunidad de producción: Esta clasificación atiende

como criterio principal el momento en el cual se produce la prueba, haciendo

hincapié en la finalidad de la misma; por ello se observan las pruebas procesales,

también denominadas judiciales, y las pruebas extraprocesales o extrajudiciales.

En lo que respecta a las pruebas procesales o judiciales, tal como se infiere, son

aquellas que se realizan dentro del proceso, bien por o ante el juez, que las conoce

por la competencia que la ley le atribuye. Por su parte, las pruebas extraprocesales

o extrajudiciales, son aquellas que se realizan fuera del proceso, y se dividen en

preconstituidas y causales; siendo las primeras las que se realizan antes del

proceso, y las otras, las que se forman en él.

Es propio acotar que a este criterio se le critica la confusión que establece entre

fuentes y medios de prueba como tal, ya que la primera es siempre previa al

proceso, en tanto que la prueba nace y se forma dentro del mismo.


- Medios de prueba según su utilidad: Este criterio atiene al cumplimiento de

requisitos determinados, referentes a la utilidad que ostente el medio de prueba en

tanto atiende al hecho alegado y controvertido.

En base a lo expresado supra se consideran la prueba conducente, que es la

admitida por la norma, e inconducente, que es aquella prohibida por la ley o excluida

para un caso determinado.

Por otro lado, se establecen las pruebas pertinentes, que son aquellas que

versan sobre los puntos propios y controvertidos del litigio y dan origen a la litis; y las

pruebas impertinentes o irrelevantes, que son las ajenas a los hechos propios del

proceso, no vienen a aportar nada al mismo ya que carecen de relevancia, y en vista

de ello, deben ser desechadas.

- Los medios de prueba según la formalidad externa de la prueba: Según este

criterio se observan las pruebas formales o sustanciales; las primeras, también

llamadas ad probationen, tienen y cumplen una función meramente procesal que es

convencer al juez sobre la veracidad o no de los hechos que conforman la litis.

En lo que respecta a las pruebas sustanciales, también denominadas ad

solemnitaten o ad substantiam actis, la cuales, aunado a cumplir con la formalidad

de las anteriores, se consideran requisitos de existencia y validez de actos

específicos, impuesto así por el Derecho material.

- Medios de prueba según los sujetos proponentes de la prueba: Este criterio parte

del sujeto como proponente de la prueba, para exponer su clasificación; sin

embargo, es necesario observar que dentro de los sistemas dispositivos


sólo las partes pueden proponer pruebas, con las excepciones propias relativas a la

facultad del juez de proponer pruebas de oficio, que se observa más claramente en

lo autos para mejor proveer.

Además de las consideraciones antes expresadas, es notoria la falta de interés

práctico que reviste esta clasificación, ya que prevalece,

independiente a quien la proponga, el principio de comunidad de las pruebas. Ahora

bien, en cuanto a la determinación que establece el mismo, se observan las

pruebas de oficio, promovidas por el juez como director del proceso; y las

pruebas de parte, las cuales pueden ser presentadas bien por los sujetos que son

parte de la controversia, o por terceros facultados al efecto.

SEGÚN SU REGULACION LEGAL

Inicialmente, se establece que los medios probatorios legalmente establecidos

son aquellos los cuales la ley establece o enumera de manera taxativa, es decir, los

medios que el legislador ha enunciado dentro de las diversas normas que

comprenden el derecho positivo en el país.

A este respecto puede denotársele como un criterio de clasificación que atiende

a los medios de prueba admitidos por la ley; su punto inicial está constituido por el

criterio sobre pruebas legales y pruebas libres; las primeras son las establecidas

taxativamente por el legislador, que en lo que respecta al Derecho Procesal Civil,

la norma rectora que establece los medios


probatorios aceptados por la jurisdicción, es el artículo 395, que determina como

medios de prueba la confesión, el juramento decisorio, los reconocimientos

judiciales, la experticia, la prueba testimonial y, finalmente, la prueba instrumental,

todos estos serán analizados en detalle a continuación.

En lo que respecta a los medios de prueba legalmente establecidos,

denotándolo como un criterio de clasificación, el cual distingue entre medios de

prueba legales y medios de prueba libre, el mismo se emplea en igualdad de

condiciones, en cuanto se refiere a la licitud o ilicitud de los medios; por lo cual,

dentro de la norma procesal civil venezolana, los medios lícitos son los autorizados

por la ley, no sólo en lo que se refiere al medio de prueba, sino también a lo que se

pretende probar con el.

Por contraparte, las pruebas ilícitas son aquellas prohibidas por la norma, bien

por ser contrarias al orden público o por violar la ley.

A tenor los medios de prueba según su regulación legal, expresa Rivera (2007,

p. 278), que dicha clasificación se refiere a sí la producción, aportación y valor

probatorio está o no regulado en la ley; por ello determina las pruebas nominadas e

innominadas. Las primeras son aquellas para las cuales la norma establece una

regulación que contempla su noción, forma de producción, existencia y validez; en

consecuencia, éstas son aquellas que enumera la ley.

En contraparte, se observan las prueba innominadas, que consisten propiamente

en las pruebas libres, que no tienen una regulación específica


en la norma, por ello vienen a ser reguladas por el juez, como director del proceso;

en otro orden de ideas, las mismas se reconocen en razón del principio de libertad

probatoria que rige en materia civil dentro de la jurisdicción venezolana.

(A) Confesión.

En cuanto a la confesión, se sigue lo expresado por Cabanellas (1981, p. 64)

que establece que ésta es la declaración que, sobre lo sabido o hecho por él, hace

alguien voluntariamente o preguntado por otro.

Referente a la confesión, una definición completa la esgrime Devis (1970, p.

579), que en este aspecto afirma: “La confesión es una declaración de parte,

entendida ésta en un sentido formal procesal”. Opinión similar a la expresada por

Parra, citado por Bello (2007, p. 504), que señala: “La confesión es la declaración

que hace una parte sobre los hechos propios, o el conocimiento que tiene de los

hechos ajenos y que le perjudican o favorecen a la contraparte”.

Una vez observadas las definiciones mencionadas, se establece que la

confesión es el relato ante el juez, realizado por una de las partes presentes en el

proceso, sobre hechos de los cuales tiene conocimiento directo y que, igualmente,

guardan relación con la controversia que se somete a conocimiento del juez.


Ahora bien, partiendo de la definición expuesta, se observan ciertos caracteres

relevantes en torno a la confesión, presentes en cada una de ellas, y que vienen a

emerger como verdaderas características propias de la misma, a saber:

- Configura un tipo de testimonio, sin embargo se diferencia de aquél, por ser una

de las partes inmersas en el proceso quien la ejecuta.

- La confesión, inicialmente, debe versar sobre hechos, aunque existen

excepciones, tales como las afirmaciones jurídicas.

- Debe, necesariamente, versar sobre hechos ya ocurridos.

- Puede versar sobre dos tipos de situaciones, a saber, sobre hechos conocidos por

la persona, o sobre hechos ajenos, con la salvedad de que no pueden causar

perjuicio.

(B) Juramento Decisorio.

A tenor de este particular, afirma Bello (2007, p. 799), en una definición por

demás elaborada, lo siguiente:

El juramento, en forma general, constituye un medio de prueba judicial,


por medio del cual, una de las partes solicita que la otra, bajo
juramento, afirme o niegue, la verdad o falsedad del hecho o de los
hechos que se debaten o controvierten, que le sean personales o de los
cuales tenga conocimiento, para que puedan fijarse o establecerse,
constituyendo la premisa menor del método silogístico, y puedan
tenerse como los hechos concretos que servirán de presupuesto de la
norma jurídica que utilizará el operador de justicia para resolver el
conflicto.
Ahora bien, vista la concepción doctrinaria, es propio observar que el Código

Civil de 1982, en su artículo 1.407, establece la clasificación del juramento, a saber,

el juramento que defiere una parte a la otra, para hacer depender de él la decisión

del juicio, denominado juramento decisorio; y el juramento que defiere el juez, de

oficio, a una u otra parte.

Una sencilla definición de éste la expresa Cabanellas (1981, p. 173), quien

expone “es el pedido por una de las partes a la otra, obligándose a pasar por lo que

esta jure, con el objetivo de terminar así sus diferencias. La parte que defiere a la

otra, se obliga a pasar no sólo por lo favorable, sino también por lo perjudicial”.

Aunado a la anterior definición, expresa Calvo (2002, p. 845) “Dícese de aquél que

una de las partes en un juicio civil defiere a la otra para hacer depender de ella la

decisión del juicio”.

Finalmente, partiendo del análisis del criterio legal y doctrinario, se establece que

el juramento decisorio constituye la declaración prestada bajo juramento de una de

las partes en el proceso, donde narra los hechos de los cuales tiene conocimiento y

forman parte del debate judicial, además de su manifestación de que dicho relato

constituya prueba plena dejando a un lado el resto de los medios probatorios que

pudieran haberse presentado en el proceso.

Del cúmulo de definiciones expresadas se observa que, en cuanto se refiere al

juramento decisorio, son características:

- Es un medio de prueba tendiente a demostrar uno o varios hechos controvertidos,

para convencer de lo alegado al juez.


- Recae siempre sobre hechos, propiamente, sobre hechos controvertidos.

- Opera contra la contraparte, es decir, se persigue que aquella reconozca la

veracidad o no, sobre determinado hecho.

- La información que se tiene sobre los hechos en cuestión, debe ser siempre directa

y personal.

- Se materializa siempre bajo la previa prestación del juramento.

- Los hechos sobre los que versa este medio probatorio, viene n a ser únicamente

los apreciados por el juez, al momento de sentenciar, en tal sentido, todos los

demás medios de prueba son inútiles, en el caso específico.

Finalmente, es necesario acotar, que en la práctica forense, el juramento

decisorio como medio de prueba en los procedimientos civiles, ha caído en desuso.

(C) Reconocimientos Judiciales.

Éstos, también denominados inspección judicial, según Devis (1970, p. 415) son

diligencias procesales practicadas por los funcionarios judiciales facultados a tal

sentido, con la finalidad de obtener argumentos de fundamentación para la

formación de su convicción; lo cual se lleva a cabo mediante el examen y

observación directa de los hechos pasados, a través de rastros, huellas y demás,

inclusive, reconstrucciones.
Por su parte, Cabrera, citado en Bello (2007, p. 954), afirma que éstos son “la

percepción sensorial” realizada por el juez, sobre lugares, cosas o personas

relacionadas con el hecho controvertido.

En lo que respecta a los reconocimientos judiciales, es propio observar que el

Código Civil de 1982, al hacer referencia a éstos, en su articulo 1.428, los denomina

inspecciones oculares, constituyendo una prueba tal como manifiesta la opinión

doctrinaria supra citada; sin embargo, el término expuesto resulta inexacto, ya que

dicha prueba no es realizable meramente a través de lo observado, sino que implica

los diversos sentidos.

Una vez sopesada y analizada cada una de las definiciones expresadas, además

de considerar el carácter que la norma expresa al diferir en cuanto a su

denominación, se determina que los reconocimientos judiciales, si bien son objeto

de diversas denominaciones, constituyen un medio de prueba mediante el cual el

juez, o los funcionarios judiciales facultados a tal respecto, realizan diversas

actuaciones a través de las cuales persiguen obtener o alcanzar un conocimiento

directo de los hechos que con dicho medio de prueba se pretenden comprobar.

Ahora bien, dejando a un lado las discrepancias entre los términos, en tanto

respecta a las características propias de este medio probatorio, se observa:

- Se solicita a instancia de parte, o puede ser decretada por el juez.

- Versa sobre objetos, personas y/o hechos, siempre que los mismos sirvan para

esclarecer los hechos controvertidos.


-

- La prevista por el Código Civil, se evacua según las reglas que dicho cuerpo

legal prevé en tal sentido.

(D) Experticia.

Inicialmente, es propio mencionar que el criterio doctrinal respecto a la

clasificación de los medios de prueba no es cónsono, y en tal sentido, el medio de

prueba que ahora nos ocupa, es uno de los cuales revisten controversia.

En este orden de ideas, Bello L., citado en Bello (2007, p. 991), afirma que la

experticia no puede considerarse un medio de prueba, ya que constituye, según el

precitado autor, un “procedimiento de verificación” de un hecho ofrecido como

prueba.

Por otra parte, Bello (2007, p. 991), en contraposición a la anterior

argumentación, expresa que la experticia constituye un verdadero medio de prueba,

el cual viene a demostrar hechos controvertidos en el proceso, sirviéndose para ello,

del dictamen o razonamiento científico de un experto, llamado perito, en el área que

sea procedente, aunque los mismos no sean vinculantes para el juzgador. En tal

sentido, Devis (1970, p. 287), afirma que la experticia constituye una actividad

procesal realizada por personas ajenas al proceso, pero con comprobada

capacitación y experiencia en el área en cuestión, que vienen a expresar

argumentos de carácter científico, que


escapan del conocimiento de la generalidad de las personas, y vienen a verificar

hechos y/o determinar sus características.

Finalmente, para dejar asentado el criterio sostenido en la presente

investigación, y observando que la experticia se trata de una prueba legalmente

establecida, es propio acudir a la norma, donde se aprecia, en el Código Civil de

1982, artículo 1.422: “Siempre que se trate de una comprobación o de una

apreciación que exija conocimientos especiales, puede procederse a una experticia”.

Es por ello, que la experticia o prueba pericial, constituye un verdadero medio

probatorio personal, que persigue dar fundamentos al juez que le sirvan para crear

su convicción al momento de dictar el fallo, sirviéndose de los conocimientos de un

experto en la materia sobre la que verse dicha prueba.

(E) Prueba Testimonial.

Inicialmente, se observa que la prueba testimonial o prueba de testigos no está

definida expresamente, como si ocurre con otros medios de prueba, por el Código

Civil de 1982; sin embargo, en el artículo 1.387 de dicho texto normativo, se

establecen ciertas cuestiones relativas a la procedencia de la misma.

En cuanto a su definición, Devis, citado en Calvo (2002, p. 819), expresa que

ésta es un medio de prueba que consiste en una declaración


representativa, realizada por un tercero, sobre hechos de cualquier naturaleza.

A tenor de ello, afirma Calvo (2002, p. 819), la prueba testimonial está constituida

por la declaración jurada de quien presta testimonio, siendo éste ajeno al proceso,

mediante la cual informa sobre su conocimiento, directo o no, referente a los hechos

controvertidos que forman la litis.

De las definiciones expresadas se infiere que la prueba de testigos consiste en

traer al conocimiento del juez y/o anexar a las actas del proceso, la información que

un tercero, a ajeno aquél, tiene sobre los hechos que conforman la controversia y

hacen necesaria la intervención del órgano jurisdiccional.

(F) Prueba Instrumental.

También denominada prueba documental o de escritos, se considera, siguiendo

a Devis, citado en Rivera (2007, p. 615), un medo de prueba indirecto, real, histórico

y representativo; acotando que en oportunidades puede ser meramente declarativo

o simplemente representativo, el cual puede contener una confesión o mera

declaración, pero con la salvedad, de que siempre representa un hecho extrajudicial.

A este respecto, el Código Civil de 1982 señala, artículo 1.355:

El instrumento redactado por las partes y contentivo de sus


convenciones es sólo un medio probatorio; su validez o su nulidad no
tiene ninguna influencia sobre la validez del hecho jurídico que
está destinado a probar, salvo los casos que el instrumento se
requiera como solemnidad del acto.

La prueba instrumental, es, en definitiva, un medio probatorio que acredita la

veracidad de un hecho que forma parte de la litis, el cual ha sido constituido con

anterioridad al momento en el cual se opone.

La prueba instrumental tiene diversas modalidades, a saber: En razón de quien

emanan los instrumentos, prueba de instrumentos de carácter público, que están

debidamente autenticados o registrados, según sea el caso, por funcionarios

públicos; y prueba instrumental de documentos privados, los cuales emanan del

acuerdo entre las partes sin mayor solemnidad.

En razón a la solemnidad que reviste, prueba ad solemnitatem y ad probationem,

en vista de que genera el acto y representan el cumplimiento de las solemnidades

necesarias para determinado negocio jurídico; y, que sirvan de mera prueba, dando

lugar a que la prueba del acto se verifique a través de otro medio.

Uno de los aspectos de relevancia, en cuanto inciden en el valor probatorio que

supone esta prueba, se refiere al documento que se opone, es decir, al tratarse de

instrumentos públicos, donde ha intervenido un funcionario de la administración

publica, por sí mismos, hacen plena prueba, con las excepciones legales

establecidas. Por otro lado, en cuanto se refieren a instrumentos de carácter

privado, sólo adquieren el valor probatorio de los anteriores, cuando son reconocidos

por la parte contra la cual operan.


LIBERTAD DE MEDIOS PROBATORIOS.

En lo que respecta a la libertad de medios probatorios o principio de la prueba

libre, tal como se infiere de su enunciado, son los que no tienen una regulación legal

que los enumere, y constituye la materialización del principio de libertad probatoria

acogido por el legislador del Código de Procedimiento Civil de 1987, en atención al

criterio jurisprudencial y doctrinal imperante al momento de la elaboración de dicha

norma; no obstante, la ley impone la obligación de que estos medios probatorios no

estén expresamente prohibidos.

En cuanto respecta a la libertad de medios probatorios, inicialmente es necesario

observar lo dispuesto por la norma, en tal sentido es propio citar el artículo 395 del

Código de Procedimiento Civil de 1987, que establece:

Son medios de prueba admisibles en juicio aquellos que determina el


Código Civil, el presente Código y otras leyes de la República.
Pueden también las partes valerse de cualquier otro medio de prueba
no prohibido expresamente por la ley, y que consideren conducente a la
demostración de sus pretensiones. Estos medios se promoverán y
evacuarán aplicando por analogía las disposiciones relativas a los
medios de prueba semejantes contemplados en el Código Civil, y en su
defecto, en la forma que señale el Juez.

De la norma transcrita se observa que, dentro del marco jurídico venezolano,

existe libertad de medios probatorios y se admiten medios de prueba libres en los

procesos judiciales, en tanto no estén expresamente


prohibidos por la norma, bien en tanto a caracteres tales como la moral y las buenas

costumbres, o para probar determinados actos.

Relativo a estas cuestiones, surge una, por demás interesante, discusión; en tal

sentido se observa que la norma expresa medios probatorios de forma taxativa, sin

embargo deja abierta una ventana a la posibilidad de medios ajenos a los

enumerados, bajo las reglas específicas para su evacuación. Una de las opiniones

doctrinarias que tratan puntualmente esta polémica es la de Devis (1970, p. 557),

quien expresa:

El sistema de la libertad de medios está más de acuerdo con las


modernas concepciones del proceso, tanto civil como penal, o de otra
clase, por lo cual somos partidarios de consagrarlo legislativamente,
enunciando los medios que deben ser admitidos y dejando al juez la
calificación de la relevancia probatoria que puedan tener los demás que
aduzcan o soliciten las partes y en libertad de oficiar los que considere
útiles.

El criterio expresado fue considerado por el legislador del Código de

Procedimiento Civil de 1987, ya que se observa la incorporación en la norma del

principio de libertad de medios probatorios, en los extremos enunciados. Ahora bien,

aunado a esto, es necesario tomar en cuenta que el establecimiento legal o taxativo

de los medios probatorios no exime que puedan implementarse nuevos medios que,

por avance de la ciencia, surjan con posterioridad a la publicación de los textos

normativos que regulan determinada materia, otro de los fundamentos que da lugar

al principio antes mencionado.


PRUEBA INSTRUMENTAL PREVISTA EN EL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTO

CIVIL.

A continuación se presenta un análisis detallado de este importante medio de

prueba, así como de los aspectos referidos al mismo, que lo convierten en uno de

los medios probatorios por excelencia, empleados en los procesos civiles, además

de otras ramas del Derecho.

Desde el punto de vista legal, la prueba instrumental, está contemplada en el

artículo 1.355 del Código Civil de 1982, antes transcrito; de inicio, dicho artículo

procede a dar valor probatorio a los instrumentos, bien de carácter público o privado,

que hayan sido verificados anteriores al momento en el cual se oponen.

DEFINICIÓN.

La prueba documental, equiparándola a la instrumental expresa Cabanellas

(1981, p. 264) es aquella “que se realiza por medio de documentos privados,

documentos públicos, libros de comerciantes, correspondencias o cualquier otro

escrito”.

Por su parte, Calvo (2002, p. 800) establece: “La prueba instrumental consiste en

el medio probatorio que acredita los hechos controvertidos valiéndose de un

documento preconstituido”.
Finalmente, una vez establecida una noción clara e integral sobre la prueba

instrumental, es necesario observar la importancia que reviste la misma en lo

referente a las causas civiles que se suscitan ante el órgano jurisdiccional

venezolano, ya que se observan criterios como el de Bentham, citado en Calvo

(2002, p. 801), quien la considera como la prueba “anti- litigiosa”, ya que por valor

excepcional, viene a demostrar el hecho objeto de la litis, sirviendo de tal manera,

para proteger los intereses de los particulares, lo cual denota su valor probatorio y el

desenlace que puede producir en el proceso.

CLASIFICACIÓN DE LOS INSTRUMENTOS.

Inicialmente, es propio observar el uso indistinto entre los términos “instrumento”

y "documento”; en tal sentido, dentro del lenguaje forense se les toma como

sinónimos, lo cual no es cierto, esto en virtud de que el término documento tiene una

connotación mucho más amplia, ya que comprende todo aquello que se puede

plasmar y representa el pensamiento o raciocinio del hombre. En contraste, el

término instrumento hace referencia a una forma de documento, que pre-constituido,

hace constar un acto y que puede oponerse como certeza del acto que comprende.

En lo que respecta a la clasificación de los instrumentos, la más común y

ampliamente reconocida, es la que establece los instrumentos públicos y


privados, y reviste gran importancia, en tanto supone el nacimiento de

diversos medios de prueba o, propiamente dicho, formas de prueba.

INSTRUMENTOS PÚBLICOS.

Los instrumentos públicos son objeto de diversas definiciones dentro de la

doctrina; inicialmente, y partiendo de la norma, se observa lo dispuesto en el Código

Civil de 1982, siendo la norma material aplicable a los mismos, que en su artículo

1.357, establece:

Instrumento público o auténtico es el que ha sido autorizado con las


solemnidades legales por un Registrador, por un Juez u otro
funcionario o empleado público que tenga facultad para darle fe
pública, en el lugar donde el instrumento se haya autorizado.

De la norma transcrita se observa que el instrumento público consiste en aquel

documento contentivo de un negocio jurídico, que debidamente autorizado por un

funcionario público facultado para tal actuación, puede oponerse como medio de

prueba, con la finalidad de dar certeza sobre la veracidad del acto que contiene.

En atención a que estos comprenden a cabalidad, en diversos aspectos, los

objetivos de la presente investigación, se procede a analizarlos profundamente a

continuación; con especial connotación a los diversos criterios establecidos a tenor

de su clasificación, así como la determinación de los diversos caracteres que

permiten diferenciarlos entre sí, y que comportan el fundamento del presente

estudio.
(A) Propiamente Dichos.

Los instrumentos públicos, propiamente dichos, son aquellos instrumentos que

están revestidos de todas las formalidades que la norma establece para dar fe

pública, y prueban la veracidad del acto que sustentan, en tanto no se compruebe la

falta de una de éstas al instrumento en cuestión.

En lo referente a los instrumentos públicos propiamente dichos, es conveniente

acotar que en sentencia del Tribunal de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil,

Tránsito y Bancario de la Circunscripción Judicial del Estado Aragua, de fecha 31 de

Enero de 2010, expediente Nº 11-16188, se expone que el artículo 1357 del Código

Civil de 1982, antes transcrito, no determina una definición o noción de aquellos,

sino que “viene a definir la regla de valoración” aplicable a los mismos.

Continúa la citada decisión, determinando que el mérito definitivo de los

instrumentos, públicos o privados, “surge de los supuestos de hecho y

circunstancias determinadas” que le sirven de fundamento al juzgador para su

correspondiente apreciación y valoración, actuando apegado a los principios a tenor

establecidos, así como el propósito y alcance del artículo comentado.

La distinción a la que se hizo mención previamente, encuentra su fundamento en

el contenido mismo del documento, a saber, el instrumento público es redactado por

el funcionario competente, al menos es verificado por aquél; por su parte, el

documento autentico es redactado por el


interesado y allí vierte lo que a él le interesa, limitándose el funcionario público a

verificar la identidad de las partes otorgantes del mismo.

En cuanto respecta a la distinción entre los instrumentos públicos propiamente

dichos y los instrumentos auténticos, afirma Cabrera, citado en Bello (2007, p. 859)

“todo documento público es auténtico”, ya que, en opinión del citado autor, en la

formación del mismo media la intervención del funcionario público a tal sentido

facultado por la norma; por otro lado, “no todo documento auténtico es público”, ya

que la generalidad de éstos se forman entre los particulares, y la consecuente

autenticación, sólo dá la certeza de que el funcionario público ha verificado la

identificación de las partes otorgantes y de la realización del acto.

(B) Auténticos.

Los instrumentos auténticos son definidos por Cabanellas (1981 p. 104), como

aquellos escritos autorizados en forma tal, que dan fe y han de ser creídos, bien por

estar realizados ante un fedatario público o por estar legalizados antes autoridad

competente.

A este respecto, la jurisprudencia venezolana, expediente Nº 2008- 000654,

establece que los instrumentos auténticos son una especie de instrumentos

públicos, que si bien tienen valor entre sus otorgantes, no están investidos del

carácter público, es decir, no gozan de la fe pública, que si comportan aquellos.


Volviendo la mirada sobre la sentencia del Tribunal de Primera Instancia en lo

Civil, Mercantil, Tránsito y Bancario de la Circunscripción Judicial de Estado Aragua,

de fecha 31 de Enero de 2010, expediente Nº 11-16188, antes citada, se observa

que la Sala al estudiar el caso sometido a su jurisdicción, establece que al asimilar

los documentos públicos propiamente dichos y los auténticos, se incurre en

confusión, ya que entre ambos existen diversas diferencias, a saber, el documento

autenticado nace siendo privado, el mismo es redactado por los interesados, su

autenticación no lo sustrae del ámbito privado, tampoco le adjudica el valor de

instrumento público; continúa la citada decisión, afirmando que la doctrina es

unánime al afirmar que “el documento que nace privado, sigue siendo privado por

siempre y jamás se convertirá en público”.

En este orden de ideas, se sostiene que el acto de autenticación le otorga al

documento un carácter de oponibilidad, pero es errada la consideración de que

dicha actuación le invista la naturaleza de público.

Ahora bien, una vez conocidos los extremos jurídicos dentro de los cuales se

encuadran los instrumentos públicos propiamente dichos y los instrumentos públicos

auténticos, siguiendo al maestro Bello (2007, p. 862), se observa que entre éstos

existen diversos puntos específicos que los diferencian, a saber: El instrumento

público propiamente dicho, al que el citado autor se refiere como “público o

auténtico”, se caracteriza porque desde su nacimiento media la intervención del

funcionario público competente en tal sentido, en tanto que el instrumento

autenticado
comprende un instrumento privado reconocido ante un funcionario público, que dá

fe de la presencia de las partes y de que es suya la firma.

Continuando lo relativo a las diferencias, y siguiendo al precitado autor, los

instrumentos públicos propiamente dichos nacen dentro del ámbito público, sin

embargo, a falta de uno cualquiera de sus requisitos, puede “desmejorarse” y venir a

comprender un instrumento privado, por su parte éstos últimos, nacen y serán

siempre de carácter privado. Otra diferencia radica entre que los instrumento

propiamente dichos el funcionario dá fe de su contenido y firmas, mientras que para

los instrumentos auténticos, dicha fe se limita a la certeza de la identificación y firma

de las partes que en él intervienen.

Finalmente, el último criterio de diferenciación se denota en lo referente al

procedimiento para impugnar los instrumentos, a tenor de lo cual, establece el

artículo 1.380 del Código Civil de 1982, el procedimiento de la tacha para los

instrumentos públicos propiamente dichos, con causales taxativas, a saber:

Falsificación de la firma del funcionario, falsificación de la firma de los otorgantes,

fraude en la identidad de la persona, declaraciones que no ha hecho el otorgante,

alteraciones materiales posteriores a la firma, y constancia falsa del funcionario

relativa a la fecha y lugar en que se otorga el mismo.

Por su parte, el medio de impugnación de los instrumentos auténticos es

igualmente la tacha, no obstante ésta procede en base a diferentes causales,

establecidas en al artículo 1.381 eiusdem, a saber: Falsificación de las


firmas, extensión de la escritura una vez firmado el documento en cuestión, y,

alteraciones de tal grado que hagan variar el contenido del mismo.

INSTRUMENTOS PRIVADOS.

Inicialmente se observa lo dispuesto por el Código Civil de 1982, en su artículo

1.363, que establece:

El instrumento privado o reconocido o tenido legalmente por reconocido,


tiene entre las partes y respecto de terceros, la misma fuerza probatoria
que el instrumento público en lo que se refiere al hecho material de las
declaraciones; hace fe, hasta prueba en contrario, de la veracidad de
esas declaraciones.

De lo expresado por la norma se infiere que estos instrumentos esencialmente

pertenecen al ámbito jurídico privado, sin embargo, dan constancia, en dicho ámbito,

del hecho material que contienen.

Por su parte, la jurisprudencia venezolana, en sentencia de fecha 26 de Mayo de

1.952, expediente Nº 362, de la extinta Corte Federal, expresa que los instrumentos

privados son todos los actos o escritos que emanan de las partes, sin intervención

de ningún funcionario público, y están referidos a hechos jurídicos a los cuales

pueden servir de prueba.

Este medio probatorio se emplea para dar certeza sobre los hechos o negocios

jurídicos que tales documentos contienen, siempre que no exista disposición legal

expresa que exija requisitos de validez, tales como el


otorgamiento ante un funcionario público, para dar certeza al acto y/o dar valor

probatorio al instrumento en cuestión.

Ahora bien, una vez enmarcados dentro de los extremos legales referidos a los

instrumentos públicos y privados, se observan diversos caracteres que permiten

diferenciarlos, a tenor de lo cual, siguiendo a Rivera (2007, p 622), se establece:

- El instrumento público es presenciado y autorizado por un funcionario público al

cual la norma le otorga tal competencia; por su parte, el instrumento privado se

forma en la esfera privada, sin presencia de dicho funcionario.

- La norma le otorga, de inicio, al instrumento público, plena fe entre las partes,

incluso frente a terceros; el instrumento privado tiene valor probatorio sólo entre las

partes intervinientes.

- La norma establece requisitos de forma esenciales para la validez del instrumento

público, en tanto que los instrumentos privados son exentos de éstos.

- De inicio, el instrumento público es oponible a todos, ya que, como se expresó

antes, dan plena fe; no obstante, para que los instrumentos privados tengan tal valor

probatorio, deben ser reconocidos antes una autoridad o funcionario competente.

- El medio de impugnación de los instrumentos, tanto públicos como privados en la

tacha, sin embargo, el documento privado, puede ser desconocido.


- Los instrumentos públicos, según Palacio, citado en Rivera (2007, p. 622), tienen

valor probatorio por sí mismos, no es necesario si reconocimiento por la parte contra

quien se oponen; en lo que respecta a los instrumento privados, carecen de tal

carácter.

PRINCIPIO DE PRECLUSIÓN DE LA PRUEBA INSTRUMENTAL EN EL

CÓDIGO DE PROCEDIMIENTO CIVIL DE VENEZUELA.

El principio de preclusión procesal de la prueba, siguiendo lo expresado por Bello

(2007, p. 176) impone la obligatoriedad de que ésta, bien su promoción,

impugnación, evacuación y valoración, se realicen en la oportunidad establecida por

el legislador; y la realización de aquellos en un momento distinto al impuesto por la

ley, decreta su “inadmisibilidad o eventual improcedencia”, en atención a su

extemporaneidad.

Ahora bien, la norma aplicable a tenor del principio de preclusión de la prueba

instrumental, establece, en el artículo 396 del Código de Procedimiento Civil de

1987, la obligación a las partes dentro del proceso de llevar al mismo los medios de

prueba de los que quieran valerse, en el momento procesal fijado por el legislador. A

tenor de lo cual se observa lo dispuesto en el artículo 388 eiusdem, que impone la

apertura del lapso de prueba una vez vencido el término para la contestación de la

demanda, y, propiamente referido a la promoción de pruebas, el artículo 396

eiusdem, los quince primeros días de éste, salvo las excepciones establecidas.
A este respecto resulta oportuno observar que el fin principal de todo proceso

judicial es obtener un fallo en el cual se resuelva la litis, dando a cada cual lo que le

corresponde, que implica impartir justicia; en este sentido, siguiendo el análisis de

Bello (2007, p. 123), es propio observar que la Constitución Nacional, en su artículo

257, establece que los procesos judiciales tienen como finalidad la realización de

justicia; el artículo 26 eiusdem, establece una serie de preceptos que deben estar

presentes en dicha imposición de justicia, lo cual comprende el abandono de viejos

aparatajes y/o formalismos.

No obstante, dicho argumento no puede tomarse como base para afirmar que la

Carta Magna, al dejar a un lado las formalidades, permita que los procesos puedan

desarrollarse a voluntad de las partes, en los extremos por estas establecidos.

El proceso, comprendido como una serie concatenada de pasos, cuyo fin

principal es obtener un fallo que dirima la controversia, esta sometida una serie de

principios fundamentales, y, siendo las pruebas dentro del proceso, un acto de tal

importancia, no escapan a dicha realidad.

Uno de éstos es el principio de preclusión, especialmente en cuanto se refiere o

atañe a la prueba instrumental; ya que contiene inmersos caracteres que guardan

una intima relación e incumben a los objetivos que sustentan la presente

investigación, por ello se procede a analizarlos de forma detallada a continuación.


DEFINICIÓN.

En cuanto al principio de preclusión en materia probatoria, afirma Bello (2007, p.

176) éste impone que “todo lo relativo a la práctica de la prueba, debe realizarse

dentro de los lapsos probatorios señalados... No pueden promoverse ni evacuarse

sino dentro de los tiempos indicados por la ley procesal”.

Ahora bien, dentro del sistema procesal civil venezolano, tal como lo impone el

artículo 396 del Código de Procedimiento Civil de 1987, supra citado, las partes

deben aportar o promover todas las pruebas de las que pretendan valerse; no

obstante, el legislador permite que las partes, de común acuerdo, en cualquier grado

e instancia de la causa, puedan evacuar cualquier clase de prueba en la que tengan

interés; a este principio se le excluyen situaciones específicas, a las cuales el

legislador impone reglas específicas que serán analizadas posteriormente.

CONSAGRACIÓN LEGAL.

La consagración legal del principio de preclusión en materia probatoria esta

establecida, siguiendo a Rivera (2007, p 92) en el artículo 202 del Código de

Procedimiento Civil venezolano de 1987, el cual establece:

Los términos o lapsos procesales no podrán prorrogarse ni abrirse de


nuevo después de cumplidos, sino en los casos expresamente
determinados por la ley, o cuando una causa no imputable a la parte
que lo solicite lo haga necesario.
Parágrafo Primero: En todo caso en que el curso de la causa quede en
suspenso por cualquier motivo, la causa reanudará su curso en el mismo
estado en que se encontraba al momento de la suspensión.
Parágrafo Segundo: Pueden las partes de común acuerdo, suspender el
curso de la causa por un tiempo que determinarán en acta ante el Juez

La norma transcrita impone de manera expresa la imposibilidad de prorrogar o

reaperturar un lapso procesal cuyo término ha culminado, según los extremos

legales referidos al mismo.

Ahora bien, establece la norma disposiciones referidas específicamente a

determinados actos; a tenor de lo cual se observa lo dispuesto en los artículos 392

eiusdem, referido al lapso de promoción y evacuación de las pruebas; el artículo 396

eiusdem, referido específicamente al lapso de promoción de pruebas; el artículo 397

eiusdem, el cual determina la duración del lapso de evacuación de las pruebas, así

como cuestiones referentes al mismo; y, finalmente, el artículo 400 eiusdem, referido

al lapso de evacuación de las pruebas cua ndo media la comisión para tal acto.

Sin embargo, en cuanto respecta a la imposibilidad de prórroga o reapertura

antes expresado, la norma aplicable contiene una flexibilización al respecto, y se

observan medios probatorios, como la prueba de posiciones juradas, el juramento,

los instrumentos públicos no fundamentales y el juramento decisorio, que pueden

ser evacuados y promovidos en momentos distintos al lapso probatorio, por

mandato expreso de la ley.


En tal sentido, se observa, según dispone el Código de Procedimiento Civil de

1987, artículos 405 y 520, que las posiciones juradas o la confesión provocada,

puede ser promovidas bien con el libelo de la demanda, dentro del lapso de

promoción y en segunda instancia; la prueba instrumental pública, que no sea

fundamental a la pretensión, puede producirse, siguiendo lo establecido en los

artículos 435 y 520 eiusdem, hasta los informes; en lo que respecta a la confesión,

judicial voluntaria, esta puede producirse en cualquier momento del proceso.

MOMENTOS PRECLUSIVOS DE LA PRUEBA INSTRUMENTAL.

Los momentos preclusivos de la prueba instrumental comprenden los momentos

procesales en los cuales se considera improcedente la promoción, impugnación,

oposición y/o evacuación de dichas pruebas, en vista de las reglas dispuestas por el

legislador a tal sentido, las cuales han sido impuestas atendiendo especialmente a

la clasificación a la que el instrumento en cuestión corresponde.

En este orden de ideas, toma gran relevancia no sólo lo respectivo a las

diferencias entre los instrumentos públicos y privados, antes plenamente

establecida; sino también en atención a los instrumentos públicos propiamente

dichos y los instrumentos públicos auténticos, que será analizada a continuación.


INSTRUMENTO FUNDAMENTAL DE LA PRETENSIÓN.

Los instrumentos fundamentales de la pretensión son aquellos que contienen en

sí mismos el acto que da lugar a lo reclamado. En este sentido, expone Bello (2007,

p. 177), “las pruebas instrumentales públicas o privadas fundamentales, conforme a

los previsto en el artículo 340, ordinal 6º y 434 del Código de Procedimiento Civil,

deben producirse junto al libelo de la demanda, salvo los casos excepcionales que

se refiere la última de las normas”.

A este respecto, expresa Rivera (2007, p. 659), los instrumentos fundamentales

son aquellos de los cuales deriva de forma inmediata el derecho que se reclama y

de allí obtienen tal denominación; no obstante, y al analizar el artículo 340 del

Código de Procedimiento Civil antes citado, expresa el mencionado autor, la

presencia de dos obligaciones referidas a estos, a saber: Expresar de forma puntual,

en el escrito libelar, los datos del instrumento público que fundamenta la pretensión;

de haber imprecisión en dicha determinación, se da lugar a la cuestión previa por

defecto de forma previsto en la norma. Por otro lado, la segunda obligación recae

sobre la producción del instrumento.

Analizando exhaustivamente la norma aplicable al objeto que nos ocupa

se observan, siguiendo a Rivera (2001, p. 660) casos en lo cuales es imprescindible

presentar el instrumento fundamental de la pretensión conjuntamente con el libelo

de la demanda, a saber:
- La vía ejecutiva, según establece el artículo 630 del Código de Procedimiento

Civil de 1987, al imponer: “cuando el demandante presente instrumento público u

otro instrumento auténtico...”;

- La intimación, según el ordinal 2º del artículo 643 eiusdem, el cual impone la

inadmisibilidad de la demanda, como sanción a la falta de presentación del

instrumento fundamental de la pretensión.

- La ejecución de hipoteca, prevista en el artículo 662 eiusdem, el cual determina la

obligación de presentar el documento registrado que contiene la hipoteca en

cuestión.

- La ejecución de prenda, dispuesta en el artículo 666 eiusdem, siendo necesaria la

presentación del documento en el cual consta dicha institución.

- El juicio de cuentas, previsto en el artículo 673 eiusdem, que impone la obligación

de presentar el documento auténtico que denota la obligación de rendir cuentas.

- En los juicios de prescripción, para los cuales el legislador, en el artículo 691

eiusdem, impone la obligación de presentar la certificación de los datos exigidos, así

como la certificación del título respectivo.

- Respecto al tercero que se adhiere al proceso, el cual, según el artículo 379

eiusdem, debe presentar prueba de su interés en aquél.

- Respecto a los terceros forzosos, según el aparte segundo del artículo 382

eiusdem, cuyo llamado no será admitido si no media prueba documental al respecto.


- En los juicios de partición, según imponen los artículos 777 y 778 eiusdem, donde

las demandas deben acompañarse del título que origina la comunidad.

- En la solicitud de exequátur o ejecución de sentencia extranjera, según dispone el

artículo 852 eiusdem, para la cual debe presentarse la sentencia que se pretender

ejecutar.

Finalmente, es propio observar que la presentación de los instrumentos

fundamentales de la pretensión deben exhibirse o traerse al proceso atendiendo a

reglas especificas, a saber: De ordinario, según impone el artículo 429 del Código

de procedimiento Civil de 1987, en original o copia, bien con la demanda, la

contestación a la misma o en el lapso de promoción; en los casos antes

mencionados, en original o copia certificada del mismo y en los momentos ut supra

determinados; y, finalmente, mediante inspección judicial, previa identificación del

instrumento en el libelo.

La opinión doctrinaria está en amplia consonancia con la norma aplicable, en tal

sentido, a continuación, se estudia cada uno de los caracteres referidos a los

instrumentos, según su clasificación y el momento en el cual pueden producirse en

el proceso.

INSTRUMENTO PÚBLICO.

En cuanto se refiere a la oportunidad procesal dentro de la cual debe producirse

en el juicio el instrumento público que fundamenta la pretensión,


es decir, el momento preclusivo para la presentación del mismo, establece el

artículo 340, ordinal 6º, del Código de Procedimiento Civil;

El libelo de la demanda deberá expresar:


6º Los instrumentos en que se fundamente la pretensión, esto es
aquellos de los cuales derive inmediatamente el derecho deducido los
cuales deberán producirse con el libelo.

La norma es clara al respecto, cuando la pretensión esté fundamentada en un

instrumento público, el mismo debe acompañar el libelo de la demanda, esto se

considera como un requisito de procedencia de la demanda, ya que el precitado

artículo, establece los requisitos que debe contener todo escrito libelar para ser

admitido por los tribunales civiles.

En este orden de ideas, en consonancia con lo expresado supra, es propio acotar

que de faltar el instrumento público fundamental de la demanda, la misma

adolecería de vicios; por lo cual se afirma que éstos deben presentarse siempre con

el libelo de demanda. Sin embargo, como excepción a ese principio emerge el

artículo 434 eiusdem, que impone:

Sí el demandante no hubiere acompañado no se le admitirán después, a


menos que haya indicado la oficina o el lugar donde se encuentren, o
sean de fecha posterior, o que aparezca, si son anteriores, que no tuvo
conocimiento de ellos.
En todos estos casos de excepción, sí los instrumentos fueren privados,
y en cualquier otro, siendo de esta especie, deben producirse dentro de
los quince días del lapso de promoción de pruebas o anunciarse en el
de donde deban compulsarse, después no se admitirán otros.

De la norma transcrita se observa que abarca los instrumentos fundamentales de

la acción que no fueron presentados conjuntamente con el


libelo de la demanda, sin embargo, en dicho escrito se determinaron los datos

referidos a aquél y que hacen posible su ubicación, igualmente. Aunado a la norma

antes citada, y en lo que respecta a los instrumentos públicos, aunque con la

salvedad de que éstos no sean el fundamento de la pretensión, establece el artículo

435 eiusdem, que los mismos pueden producirse en todo tiempo, hasta los últimos

informes.

Las reglas expresadas y analizadas comprenden los extremos dentro de los

cuales se produce en el proceso la prueba de instrumentos públicos, con las

especificaciones establecidas.

En consonancia con las cuestiones planteadas, se observa la opinión de Rivera

(2007, p 92), quien afirma que los artículo 434 y 435 del Código de Procedimiento

Civil de 1987 vienen a imponerse como verdaderas excepciones al principio de

preclusividad procesal, aunado a la excepción que el 2º aparte del artículo 396,

eiusdem, impone a aquél, al reconocer el derecho de las partes en el proceso de

solicitar de común acuerdo, la evacuación de una prueba cualquiera, en la que

tengan interés y que revista relevancia y aporte al esclarecimiento de los hechos

controvertidos que forman la litis e imponen el antagonismo entre las partes.

Ahora bien, en cuanto respecta a los instrumentos públicos no fundamentales de

la pretensión, deben promoverse en el momento procesal establecido a tenor, en el

artículo 396 del Código de Procedimiento Civil de 1987, es decir, dentro de los

quince días del lapso de promoción, bajo pena de ser declarados extemporáneos o

improcedentes.
Finalmente, es necesario acotar que, según disposición legal expresa del Código

de Procedimiento Civil de 1987, en su artículo 520, sólo son admisibles en segunda

instancia, la prueba de instrumentos públicos, la de posiciones y el juramento

decisorio.

2.3.3.3.- INSTRUMENTO PRIVADO.

Inicialmente, se observa que todos los instrumentos, tantos públicos como

privados, ostentan la función básica de contener y dar prueba de un negocio o acto

jurídico en vista de prever las posibles acciones en reclamación del derecho u

obligaciones que en aquel se determinan.

En tanto se refiere a los momentos preclusivos de los instrumentos privados,

aunado a la posibilidad de que éstos sean reproducidos dentro de instancias

superiores, se denota que no existe disposición legal expresa, caso contrario en lo

relativo a los instrumentos públicos.

En concordancia con las cuestiones planteadas ut supra, se infiere que los

instrumentos privados deben producirse conjuntamente con la presentación del

libelo de la demanda, cuando éstos son el fundamento del derecho reclamado, y el

en el momento procesal establecido en el artículo 396 del Código de Procedimiento

Civil de 1987, referido a la promoción de las pruebas en el proceso civil venezolano,

bajo pena de ser declarados extemporáneos o improcedentes.


Finalmente, es necesario acotar que, tal como se expresó a tenor de los

instrumentos públicos ut supra escritos, según disposición legal expresa contenida

en el Código de Procedimiento Civil de 1987, artículo 520, sólo son admisibles en

segunda instancia, la prueba de instrumentos públicos, la de posiciones y el

juramento decisorio, lo cual determina la extemporaneidad de los instrumento

privados fuera de la primera instancia, salvo la excepción establecida en el 2º aparte

del artículo 396, eiusdem, referido a la posibilidad de acuerdo entre las partes, en

cualquier estado y grado de la causa, para evacuar cualquier clase de prueba en

que tengan interés.

JURISPRUDENCIA SOBRE LA DISTINCIÓN DEL INSTRUMENTO

PÚBLICO Y EL INSTRUMENTO AUTÉNTICO.

Una vez analizado lo dispuesto por la norma, es propio volver la mirada sobre el

criterio jurisprudencial al respecto; en tal sentido, se observa la sentencia emanada

del Tribunal Supremo de Justicia, de fecha 18 de Diciembre de 2006, expediente

2008-000654; en dicho fallo se observa que el recurrente denuncia, con fundamento

en el artículo 313, ordinal 2º, del Código de Procedimiento Civil, en concordancia

con el artículo 320, la infracción de los artículos 509 ibidem, 1.357 y 1.359 del

Código Civil de 1982 la falta de valoración de la prueba, referente a un documento

autenticado por ante una Oficina Notarial por lo cual, y en vista de exhibir los sellos

de dicha
representación, el juez de segunda instancia le adjudica carácter de

instrumento público, y así lo valora al momento de dictar su fallo.

A este respecto, el recurrente afirma:

En este orden, debe la Sala establecer que el referido documento,


constituye, por la forma en la que fue emanado, un documento
auténtico, clase de instrumento que si bien es cierto que tiene valor de
prueba entre sus otorgantes, no posee la condición de público. Se trata
de otra categoría de instrumentos y que cuando deben ser otorgados
ante un funcionario que de fe pública, éste sólo dejará constancia de
que los interesados se identificaron antes él y firmaron en su presencia,
este personero no interviene en ningún modo en la elaboración del
documento; tampoco deja constancia del contenido del mismo.

Continua el recurrente, esgrimiendo el supuesto legal de procedencia de las

pruebas en la segunda instancia, previamente citado, artículo 520 del Código de

Procedimiento Civil, que excluye la mayoría de medios de prueba, quedando

procedentes los instrumentos públicos, las posiciones y el juramento decisorio como

los únicos medios probatorios procedentes en la alzada.

Al momento de decidir, la Sala observa la veracidad de los argumentos

esgrimidos por el recurrente, apegados a la legislación, y determina que el tribunal

de segunda instancia, al valorar como fue el instrumento auténtico, infringió el

artículo 520 del Código de Procedimiento Civil, al acreditarle a un instrumento

auténtico menciones que no contiene, es por ello que procede a declarar con lugar el

recurso de casación contra el fallo por aquél dictado, por lo cual dispone la nulidad

aquél, y ordena se dicte nueva sentencia, en la cual se observe el criterio sostenido

por la jurisprudencia en comento.


Aunado al criterio que expresa la sentencia antes analizada, se manifiestan en

este sentido diversas sedes judiciales del país, por ello se trae a la palestra la

sentencia del Tribunal de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, Tránsito y Bancario

de la Circunscripción Judicial del Estado Aragua, de fecha 31 de Enero de 2010,

expediente Nº 11-16188, ampliamente discutida y analizada en lo referente a los

instrumentos públicos propiamente dichos y los instrumento auténticos, sobre los

cuales dispone:

Con relación a los documentos públicos o auténticos el artículo 1357


del Código Civil establece lo siguiente:
“…Instrumento publico o autentico es aquel que ha sido autorizado con
las solemnidades legales por un Registrador, por un Juez u otro
funcionario o empleado público que tenga facultad para dar fe publica,
en el lugar donde el instrumento se haya autorizado…”
Ahora bien, la parte actora, intenta la presente demanda por cobro de
bolívares (vía ejecutiva) y consigna como documento fundamental de su
acción, el documento notariado ante la Notaría Pública Vigésima
Tercera del Municipio Libertador del Distrito Capital, el 10 de enero de
2011, bajo el Nº 54, Tomo 01 de los Libros de Autenticaciones llevados
por la Notaria.

De la máxima citada, se observa que dicho tribunal reafirma el carácter distintivo

entre los instrumentos públicos propiamente dichos y los instrumentos públicos

auténticos, expresa y se apega al criterio imperante en la jurisprudencia nacional, al

considerar la máxima antes analizada, y observar que es el criterio que aquella

impone el que debe aplicarse en relación a las pruebas de instrumentos públicos,

especialmente en cuanto respecta a los instrumentos propiamente públicos dichos y

los instrumentos auténticos.


Finalmente, es notorio observar el amplio precedente que genera el

reconocimiento por parte de la jurisprudencia patria, y en consonancia con la opinión

doctrinal, respecto a las diferencias presentes entre los instrumentos públicos

propiamente dicho y los instrumentos auténticos, en vista de que cotidianamente se

verifica u observa en la práctica forense, la equiparación de los términos

documentos públicos y auténticos, es decir, se emplean como sinónimos, los cual

comprende una practica errónea y ajena a la intención del legislador.

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