REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL DE LOS LLANOS CENTRALES “RÓMULO GALLEGOS”
ÁREA DE CIENCIAS POLÍTICAS Y JURÍDICAS
PROGRAMA DE MUNICIPALIZADO DE FORMACIÓN EN DERECHO
UNIDAD CURRICULAR: DERECHO PROBATORIO II
NÚCLEO VALLE DE LA PASCUA – ESTADO GUÁRICO
Profesor: Integrantes
CARLOS CAMERO MARLENY BARON
JOSE FLORES
LOPEZ EUNICE
RAMON A. BOLIVVAR
LUISANA LEDEZMA
MARZO 2025
El punto de partida de todo estudio que se desarrolle dentro del campo jurídico
está constituido por las bases normativas, doctrinales y jurisprudenciales que tratan
el tema objeto de estudio, así como los diversos aspectos relativos al principio de
preclusión procesal aplicado a los instrumentos públicos y auténticos; al analizar
dicho principio se encuentran como bases normativas el Código de Procedimiento
Civil venezolano de 1987, norma vigente en la actualidad.
En cuanto a los fundamentos doctrinales respecto al tema, resaltan los trabajos
de Humberto E. T. Bello Tabares, expresado en su obra Tratado de Derecho
Probatorio (2007); Rodrigo Rivera Morales, con su trabajo titulado Las Pruebas en
el Derecho Venezolano (2007); Oscar Pierre Tapia, con su
Obra La Prueba en el Proceso Venezolano (1973); y, finalmente, Hernando Devis
Echandia, con su obra Teoría General de la Prueba Judicial (1970).
Finalmente, y sumado a los textos supra descritos, se hace menester observar el
criterio jurisprudencial y su evolución; en tal sentido se consideran fundamentales
para dar cumplimiento a los objetivos del presente consideran aplicables las
sentencias emanadas del Tribunal Supremo de Justicia que representen un
precedente respecto al objeto de estudio.
MEDIOS PROBATORIOS EN LA LEGISLACIÓN PROCESAL VENEZOLANA.
Inicialmente, antes de pasar a detallar puntualmente cada uno de los medios
probatorios, es propio partir expresando que éstos no deben confundirse con las
pruebas, ya que se observa cierta unificación entre los mencionados términos,
siendo tal situación ajena a la naturaleza de los mismos.
Respecto a estas consideraciones, expresa Rocco, citado en Bello (2007, p. 52),
la prueba es la razón o motivo que sirve para demostrarle al juez la certeza de lo
que se afirma; por otra parte, los medios probatorios, son el conjunto de elementos
o instrumentos empleados por las partes, o por el juez sí fuera el caso, que
suministran los argumentos.
En tal sentido, los medios de prueba se constituyen como los instrumentos
procesales susceptibles de proporcionar la veracidad de los
n este orden de ideas, Couture, citado en Pierre (1973, p. 149) afirma que el
medio de prueba será la persona o la cosa y, excepcionalmente, también los hechos
que, a través de la percepción, la representación y la deducción o inducción,
suministran al juez los conocimientos necesarios para que pueda determinar la
verdad o falsedad de un tema o hecho litigioso.
En palabras de Calvo (2002, p. 798), para el Derecho procesal, la prueba es la
demostración de la existencia de un hecho material de un acto jurídico mediante las
formas determinadas por la ley.
Analizadas las definiciones supra expresadas, se afirma que los medios de
prueba se configuran como todos aquellos mecanismos e instrumentos que
permiten demostrar la certeza o falsedad de los argumentos que se presentan como
defensa dentro de un proceso judicial, cuyo fin principal es convencer al juez, y
ofrecerle los fundamentos a considerar al momento de dictar su fallo.
NORMA RECTORA.
En cuanto respecta a determinar cual es la norma rectora en materia de pruebas
dentro del ordenamiento procesal civil venezolano se observa lo dispuesto en el
artículo 395 del Código Procesal Civil venezolano de 1987, que instituye:
Son medios de prueba admisibles en juicio aquellos que determina el
Código Civil, el presente Código y otras leyes de la República.
Pueden también las partes valerse de cualquier otro medio de prueba no
prohibido expresamente por la ley, y que consideren conducente a la
demostración de sus pretensiones. Estos medios se promoverán y
evacuarán aplicando por analogía las disposiciones relativas a los
medios de prueba semejantes contemplados en el Código Civil, y en su
defecto, en la forma que señale el Jue z.
El artículo objeto de análisis, y que se configura como la norma rectora en
materia de medios probatorios dentro de la legislación civil venezolana, representa
el cambio del principio de taxatividad de medios probatorios que imperaba en la
legislación previa publicación del Código de Procedimiento Civil de 1.987; dicho
cambio obedece a cuestiones específicas, a saber: Las innovaciones tecnológicas
que representan la posibilidad de nuevos medios más eficaces, el apego a la
evolución propia de la sociedad y del Derecho mismo, el reconocimiento del criterio
jurisprudencial que aceptaba nuevos medios de pruebas ajenos a los establecidos
en la norma, entre otros.
CLASIFICACION
Inicialmente se observa que existen diversas corrientes clasificadoras sobre los
medios probatorios, esto como consecuencia del criterio que se emplee para
agrupar un grupo de éstos; tal como expresa Rivera (2007, p. 271), la clasificación
dependerá del principio clasificador y éste tendrá importancia o no, sí satisface una
función específica en el conocimiento y aporta una utilidad a su manejo.
En aras de englobar las diversas clasificaciones de los medios probatorios, se
observan diversos criterios:
- Medios probatorios con relación a la percepción del juez: Criterio fundamentado
en la mediación o inmediación que exista entre el medio de prueba y el juez.
En atención a dicho criterio, se determinan medios directos o inmediatos e
indirectos o mediatos; los primeros son aquellos que necesariamente deben
someterse al análisis sensorial del juez, es decir, los que éste analiza directamente,
a través de sus sentidos, por su persona.
Por otro lado, se consideran medios indirectos o mediatos, que resultan aquellos
medios sobre los cuales el juez elabora sus juicios de valor fundamentado en la
opinión o información de otro, que de forma general, tiene un grado mayor de
conocimiento en relación al tema determinado.
- Medios de prueba según su contradicción: Siguiendo la opinión de Rivera (2007, p.
273) esta clasificación atiende al principio de contradicción de la prueba, que en
Venezuela, tiene rango constitucional; a grosso modo, el principio contempla el
derecho de acceder a la prueba y debatirla.
En vista de ello, se consideran la prueba controvertida, que no es sino aquella
que ha sido puesta al conocimiento de la contraparte, y ésta, en los términos legales
a tal efecto establecidos, puede contradecirla; y, la prueba sumaria, siendo aquella
que ha sido practicada al margen del proceso, pero que deben someterse al
conocimiento del tribunal para su validez.
- Medios de prueba según su función: Este criterio indica como medios de prueba,
las pruebas escritas y orales; siendo las primeras aquellas que están contenidas en
un documento o reproducción escritural, generalmente sometidas a conocimiento
del juez de forma directa, salvo las excepciones determinadas.
Por otro lado se encuentran las pruebas orales, donde rige, siguiendo su
enunciado, el elemento hablado u oral.
- Medios de prueba según la oportunidad de producción: Esta clasificación atiende
como criterio principal el momento en el cual se produce la prueba, haciendo
hincapié en la finalidad de la misma; por ello se observan las pruebas procesales,
también denominadas judiciales, y las pruebas extraprocesales o extrajudiciales.
En lo que respecta a las pruebas procesales o judiciales, tal como se infiere, son
aquellas que se realizan dentro del proceso, bien por o ante el juez, que las conoce
por la competencia que la ley le atribuye. Por su parte, las pruebas extraprocesales
o extrajudiciales, son aquellas que se realizan fuera del proceso, y se dividen en
preconstituidas y causales; siendo las primeras las que se realizan antes del
proceso, y las otras, las que se forman en él.
Es propio acotar que a este criterio se le critica la confusión que establece entre
fuentes y medios de prueba como tal, ya que la primera es siempre previa al
proceso, en tanto que la prueba nace y se forma dentro del mismo.
- Medios de prueba según su utilidad: Este criterio atiene al cumplimiento de
requisitos determinados, referentes a la utilidad que ostente el medio de prueba en
tanto atiende al hecho alegado y controvertido.
En base a lo expresado supra se consideran la prueba conducente, que es la
admitida por la norma, e inconducente, que es aquella prohibida por la ley o excluida
para un caso determinado.
Por otro lado, se establecen las pruebas pertinentes, que son aquellas que
versan sobre los puntos propios y controvertidos del litigio y dan origen a la litis; y las
pruebas impertinentes o irrelevantes, que son las ajenas a los hechos propios del
proceso, no vienen a aportar nada al mismo ya que carecen de relevancia, y en vista
de ello, deben ser desechadas.
- Los medios de prueba según la formalidad externa de la prueba: Según este
criterio se observan las pruebas formales o sustanciales; las primeras, también
llamadas ad probationen, tienen y cumplen una función meramente procesal que es
convencer al juez sobre la veracidad o no de los hechos que conforman la litis.
En lo que respecta a las pruebas sustanciales, también denominadas ad
solemnitaten o ad substantiam actis, la cuales, aunado a cumplir con la formalidad
de las anteriores, se consideran requisitos de existencia y validez de actos
específicos, impuesto así por el Derecho material.
- Medios de prueba según los sujetos proponentes de la prueba: Este criterio parte
del sujeto como proponente de la prueba, para exponer su clasificación; sin
embargo, es necesario observar que dentro de los sistemas dispositivos
sólo las partes pueden proponer pruebas, con las excepciones propias relativas a la
facultad del juez de proponer pruebas de oficio, que se observa más claramente en
lo autos para mejor proveer.
Además de las consideraciones antes expresadas, es notoria la falta de interés
práctico que reviste esta clasificación, ya que prevalece,
independiente a quien la proponga, el principio de comunidad de las pruebas. Ahora
bien, en cuanto a la determinación que establece el mismo, se observan las
pruebas de oficio, promovidas por el juez como director del proceso; y las
pruebas de parte, las cuales pueden ser presentadas bien por los sujetos que son
parte de la controversia, o por terceros facultados al efecto.
SEGÚN SU REGULACION LEGAL
Inicialmente, se establece que los medios probatorios legalmente establecidos
son aquellos los cuales la ley establece o enumera de manera taxativa, es decir, los
medios que el legislador ha enunciado dentro de las diversas normas que
comprenden el derecho positivo en el país.
A este respecto puede denotársele como un criterio de clasificación que atiende
a los medios de prueba admitidos por la ley; su punto inicial está constituido por el
criterio sobre pruebas legales y pruebas libres; las primeras son las establecidas
taxativamente por el legislador, que en lo que respecta al Derecho Procesal Civil,
la norma rectora que establece los medios
probatorios aceptados por la jurisdicción, es el artículo 395, que determina como
medios de prueba la confesión, el juramento decisorio, los reconocimientos
judiciales, la experticia, la prueba testimonial y, finalmente, la prueba instrumental,
todos estos serán analizados en detalle a continuación.
En lo que respecta a los medios de prueba legalmente establecidos,
denotándolo como un criterio de clasificación, el cual distingue entre medios de
prueba legales y medios de prueba libre, el mismo se emplea en igualdad de
condiciones, en cuanto se refiere a la licitud o ilicitud de los medios; por lo cual,
dentro de la norma procesal civil venezolana, los medios lícitos son los autorizados
por la ley, no sólo en lo que se refiere al medio de prueba, sino también a lo que se
pretende probar con el.
Por contraparte, las pruebas ilícitas son aquellas prohibidas por la norma, bien
por ser contrarias al orden público o por violar la ley.
A tenor los medios de prueba según su regulación legal, expresa Rivera (2007,
p. 278), que dicha clasificación se refiere a sí la producción, aportación y valor
probatorio está o no regulado en la ley; por ello determina las pruebas nominadas e
innominadas. Las primeras son aquellas para las cuales la norma establece una
regulación que contempla su noción, forma de producción, existencia y validez; en
consecuencia, éstas son aquellas que enumera la ley.
En contraparte, se observan las prueba innominadas, que consisten propiamente
en las pruebas libres, que no tienen una regulación específica
en la norma, por ello vienen a ser reguladas por el juez, como director del proceso;
en otro orden de ideas, las mismas se reconocen en razón del principio de libertad
probatoria que rige en materia civil dentro de la jurisdicción venezolana.
(A) Confesión.
En cuanto a la confesión, se sigue lo expresado por Cabanellas (1981, p. 64)
que establece que ésta es la declaración que, sobre lo sabido o hecho por él, hace
alguien voluntariamente o preguntado por otro.
Referente a la confesión, una definición completa la esgrime Devis (1970, p.
579), que en este aspecto afirma: “La confesión es una declaración de parte,
entendida ésta en un sentido formal procesal”. Opinión similar a la expresada por
Parra, citado por Bello (2007, p. 504), que señala: “La confesión es la declaración
que hace una parte sobre los hechos propios, o el conocimiento que tiene de los
hechos ajenos y que le perjudican o favorecen a la contraparte”.
Una vez observadas las definiciones mencionadas, se establece que la
confesión es el relato ante el juez, realizado por una de las partes presentes en el
proceso, sobre hechos de los cuales tiene conocimiento directo y que, igualmente,
guardan relación con la controversia que se somete a conocimiento del juez.
Ahora bien, partiendo de la definición expuesta, se observan ciertos caracteres
relevantes en torno a la confesión, presentes en cada una de ellas, y que vienen a
emerger como verdaderas características propias de la misma, a saber:
- Configura un tipo de testimonio, sin embargo se diferencia de aquél, por ser una
de las partes inmersas en el proceso quien la ejecuta.
- La confesión, inicialmente, debe versar sobre hechos, aunque existen
excepciones, tales como las afirmaciones jurídicas.
- Debe, necesariamente, versar sobre hechos ya ocurridos.
- Puede versar sobre dos tipos de situaciones, a saber, sobre hechos conocidos por
la persona, o sobre hechos ajenos, con la salvedad de que no pueden causar
perjuicio.
(B) Juramento Decisorio.
A tenor de este particular, afirma Bello (2007, p. 799), en una definición por
demás elaborada, lo siguiente:
El juramento, en forma general, constituye un medio de prueba judicial,
por medio del cual, una de las partes solicita que la otra, bajo
juramento, afirme o niegue, la verdad o falsedad del hecho o de los
hechos que se debaten o controvierten, que le sean personales o de los
cuales tenga conocimiento, para que puedan fijarse o establecerse,
constituyendo la premisa menor del método silogístico, y puedan
tenerse como los hechos concretos que servirán de presupuesto de la
norma jurídica que utilizará el operador de justicia para resolver el
conflicto.
Ahora bien, vista la concepción doctrinaria, es propio observar que el Código
Civil de 1982, en su artículo 1.407, establece la clasificación del juramento, a saber,
el juramento que defiere una parte a la otra, para hacer depender de él la decisión
del juicio, denominado juramento decisorio; y el juramento que defiere el juez, de
oficio, a una u otra parte.
Una sencilla definición de éste la expresa Cabanellas (1981, p. 173), quien
expone “es el pedido por una de las partes a la otra, obligándose a pasar por lo que
esta jure, con el objetivo de terminar así sus diferencias. La parte que defiere a la
otra, se obliga a pasar no sólo por lo favorable, sino también por lo perjudicial”.
Aunado a la anterior definición, expresa Calvo (2002, p. 845) “Dícese de aquél que
una de las partes en un juicio civil defiere a la otra para hacer depender de ella la
decisión del juicio”.
Finalmente, partiendo del análisis del criterio legal y doctrinario, se establece que
el juramento decisorio constituye la declaración prestada bajo juramento de una de
las partes en el proceso, donde narra los hechos de los cuales tiene conocimiento y
forman parte del debate judicial, además de su manifestación de que dicho relato
constituya prueba plena dejando a un lado el resto de los medios probatorios que
pudieran haberse presentado en el proceso.
Del cúmulo de definiciones expresadas se observa que, en cuanto se refiere al
juramento decisorio, son características:
- Es un medio de prueba tendiente a demostrar uno o varios hechos controvertidos,
para convencer de lo alegado al juez.
- Recae siempre sobre hechos, propiamente, sobre hechos controvertidos.
- Opera contra la contraparte, es decir, se persigue que aquella reconozca la
veracidad o no, sobre determinado hecho.
- La información que se tiene sobre los hechos en cuestión, debe ser siempre directa
y personal.
- Se materializa siempre bajo la previa prestación del juramento.
- Los hechos sobre los que versa este medio probatorio, viene n a ser únicamente
los apreciados por el juez, al momento de sentenciar, en tal sentido, todos los
demás medios de prueba son inútiles, en el caso específico.
Finalmente, es necesario acotar, que en la práctica forense, el juramento
decisorio como medio de prueba en los procedimientos civiles, ha caído en desuso.
(C) Reconocimientos Judiciales.
Éstos, también denominados inspección judicial, según Devis (1970, p. 415) son
diligencias procesales practicadas por los funcionarios judiciales facultados a tal
sentido, con la finalidad de obtener argumentos de fundamentación para la
formación de su convicción; lo cual se lleva a cabo mediante el examen y
observación directa de los hechos pasados, a través de rastros, huellas y demás,
inclusive, reconstrucciones.
Por su parte, Cabrera, citado en Bello (2007, p. 954), afirma que éstos son “la
percepción sensorial” realizada por el juez, sobre lugares, cosas o personas
relacionadas con el hecho controvertido.
En lo que respecta a los reconocimientos judiciales, es propio observar que el
Código Civil de 1982, al hacer referencia a éstos, en su articulo 1.428, los denomina
inspecciones oculares, constituyendo una prueba tal como manifiesta la opinión
doctrinaria supra citada; sin embargo, el término expuesto resulta inexacto, ya que
dicha prueba no es realizable meramente a través de lo observado, sino que implica
los diversos sentidos.
Una vez sopesada y analizada cada una de las definiciones expresadas, además
de considerar el carácter que la norma expresa al diferir en cuanto a su
denominación, se determina que los reconocimientos judiciales, si bien son objeto
de diversas denominaciones, constituyen un medio de prueba mediante el cual el
juez, o los funcionarios judiciales facultados a tal respecto, realizan diversas
actuaciones a través de las cuales persiguen obtener o alcanzar un conocimiento
directo de los hechos que con dicho medio de prueba se pretenden comprobar.
Ahora bien, dejando a un lado las discrepancias entre los términos, en tanto
respecta a las características propias de este medio probatorio, se observa:
- Se solicita a instancia de parte, o puede ser decretada por el juez.
- Versa sobre objetos, personas y/o hechos, siempre que los mismos sirvan para
esclarecer los hechos controvertidos.
-
- La prevista por el Código Civil, se evacua según las reglas que dicho cuerpo
legal prevé en tal sentido.
(D) Experticia.
Inicialmente, es propio mencionar que el criterio doctrinal respecto a la
clasificación de los medios de prueba no es cónsono, y en tal sentido, el medio de
prueba que ahora nos ocupa, es uno de los cuales revisten controversia.
En este orden de ideas, Bello L., citado en Bello (2007, p. 991), afirma que la
experticia no puede considerarse un medio de prueba, ya que constituye, según el
precitado autor, un “procedimiento de verificación” de un hecho ofrecido como
prueba.
Por otra parte, Bello (2007, p. 991), en contraposición a la anterior
argumentación, expresa que la experticia constituye un verdadero medio de prueba,
el cual viene a demostrar hechos controvertidos en el proceso, sirviéndose para ello,
del dictamen o razonamiento científico de un experto, llamado perito, en el área que
sea procedente, aunque los mismos no sean vinculantes para el juzgador. En tal
sentido, Devis (1970, p. 287), afirma que la experticia constituye una actividad
procesal realizada por personas ajenas al proceso, pero con comprobada
capacitación y experiencia en el área en cuestión, que vienen a expresar
argumentos de carácter científico, que
escapan del conocimiento de la generalidad de las personas, y vienen a verificar
hechos y/o determinar sus características.
Finalmente, para dejar asentado el criterio sostenido en la presente
investigación, y observando que la experticia se trata de una prueba legalmente
establecida, es propio acudir a la norma, donde se aprecia, en el Código Civil de
1982, artículo 1.422: “Siempre que se trate de una comprobación o de una
apreciación que exija conocimientos especiales, puede procederse a una experticia”.
Es por ello, que la experticia o prueba pericial, constituye un verdadero medio
probatorio personal, que persigue dar fundamentos al juez que le sirvan para crear
su convicción al momento de dictar el fallo, sirviéndose de los conocimientos de un
experto en la materia sobre la que verse dicha prueba.
(E) Prueba Testimonial.
Inicialmente, se observa que la prueba testimonial o prueba de testigos no está
definida expresamente, como si ocurre con otros medios de prueba, por el Código
Civil de 1982; sin embargo, en el artículo 1.387 de dicho texto normativo, se
establecen ciertas cuestiones relativas a la procedencia de la misma.
En cuanto a su definición, Devis, citado en Calvo (2002, p. 819), expresa que
ésta es un medio de prueba que consiste en una declaración
representativa, realizada por un tercero, sobre hechos de cualquier naturaleza.
A tenor de ello, afirma Calvo (2002, p. 819), la prueba testimonial está constituida
por la declaración jurada de quien presta testimonio, siendo éste ajeno al proceso,
mediante la cual informa sobre su conocimiento, directo o no, referente a los hechos
controvertidos que forman la litis.
De las definiciones expresadas se infiere que la prueba de testigos consiste en
traer al conocimiento del juez y/o anexar a las actas del proceso, la información que
un tercero, a ajeno aquél, tiene sobre los hechos que conforman la controversia y
hacen necesaria la intervención del órgano jurisdiccional.
(F) Prueba Instrumental.
También denominada prueba documental o de escritos, se considera, siguiendo
a Devis, citado en Rivera (2007, p. 615), un medo de prueba indirecto, real, histórico
y representativo; acotando que en oportunidades puede ser meramente declarativo
o simplemente representativo, el cual puede contener una confesión o mera
declaración, pero con la salvedad, de que siempre representa un hecho extrajudicial.
A este respecto, el Código Civil de 1982 señala, artículo 1.355:
El instrumento redactado por las partes y contentivo de sus
convenciones es sólo un medio probatorio; su validez o su nulidad no
tiene ninguna influencia sobre la validez del hecho jurídico que
está destinado a probar, salvo los casos que el instrumento se
requiera como solemnidad del acto.
La prueba instrumental, es, en definitiva, un medio probatorio que acredita la
veracidad de un hecho que forma parte de la litis, el cual ha sido constituido con
anterioridad al momento en el cual se opone.
La prueba instrumental tiene diversas modalidades, a saber: En razón de quien
emanan los instrumentos, prueba de instrumentos de carácter público, que están
debidamente autenticados o registrados, según sea el caso, por funcionarios
públicos; y prueba instrumental de documentos privados, los cuales emanan del
acuerdo entre las partes sin mayor solemnidad.
En razón a la solemnidad que reviste, prueba ad solemnitatem y ad probationem,
en vista de que genera el acto y representan el cumplimiento de las solemnidades
necesarias para determinado negocio jurídico; y, que sirvan de mera prueba, dando
lugar a que la prueba del acto se verifique a través de otro medio.
Uno de los aspectos de relevancia, en cuanto inciden en el valor probatorio que
supone esta prueba, se refiere al documento que se opone, es decir, al tratarse de
instrumentos públicos, donde ha intervenido un funcionario de la administración
publica, por sí mismos, hacen plena prueba, con las excepciones legales
establecidas. Por otro lado, en cuanto se refieren a instrumentos de carácter
privado, sólo adquieren el valor probatorio de los anteriores, cuando son reconocidos
por la parte contra la cual operan.
LIBERTAD DE MEDIOS PROBATORIOS.
En lo que respecta a la libertad de medios probatorios o principio de la prueba
libre, tal como se infiere de su enunciado, son los que no tienen una regulación legal
que los enumere, y constituye la materialización del principio de libertad probatoria
acogido por el legislador del Código de Procedimiento Civil de 1987, en atención al
criterio jurisprudencial y doctrinal imperante al momento de la elaboración de dicha
norma; no obstante, la ley impone la obligación de que estos medios probatorios no
estén expresamente prohibidos.
En cuanto respecta a la libertad de medios probatorios, inicialmente es necesario
observar lo dispuesto por la norma, en tal sentido es propio citar el artículo 395 del
Código de Procedimiento Civil de 1987, que establece:
Son medios de prueba admisibles en juicio aquellos que determina el
Código Civil, el presente Código y otras leyes de la República.
Pueden también las partes valerse de cualquier otro medio de prueba
no prohibido expresamente por la ley, y que consideren conducente a la
demostración de sus pretensiones. Estos medios se promoverán y
evacuarán aplicando por analogía las disposiciones relativas a los
medios de prueba semejantes contemplados en el Código Civil, y en su
defecto, en la forma que señale el Juez.
De la norma transcrita se observa que, dentro del marco jurídico venezolano,
existe libertad de medios probatorios y se admiten medios de prueba libres en los
procesos judiciales, en tanto no estén expresamente
prohibidos por la norma, bien en tanto a caracteres tales como la moral y las buenas
costumbres, o para probar determinados actos.
Relativo a estas cuestiones, surge una, por demás interesante, discusión; en tal
sentido se observa que la norma expresa medios probatorios de forma taxativa, sin
embargo deja abierta una ventana a la posibilidad de medios ajenos a los
enumerados, bajo las reglas específicas para su evacuación. Una de las opiniones
doctrinarias que tratan puntualmente esta polémica es la de Devis (1970, p. 557),
quien expresa:
El sistema de la libertad de medios está más de acuerdo con las
modernas concepciones del proceso, tanto civil como penal, o de otra
clase, por lo cual somos partidarios de consagrarlo legislativamente,
enunciando los medios que deben ser admitidos y dejando al juez la
calificación de la relevancia probatoria que puedan tener los demás que
aduzcan o soliciten las partes y en libertad de oficiar los que considere
útiles.
El criterio expresado fue considerado por el legislador del Código de
Procedimiento Civil de 1987, ya que se observa la incorporación en la norma del
principio de libertad de medios probatorios, en los extremos enunciados. Ahora bien,
aunado a esto, es necesario tomar en cuenta que el establecimiento legal o taxativo
de los medios probatorios no exime que puedan implementarse nuevos medios que,
por avance de la ciencia, surjan con posterioridad a la publicación de los textos
normativos que regulan determinada materia, otro de los fundamentos que da lugar
al principio antes mencionado.
PRUEBA INSTRUMENTAL PREVISTA EN EL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTO
CIVIL.
A continuación se presenta un análisis detallado de este importante medio de
prueba, así como de los aspectos referidos al mismo, que lo convierten en uno de
los medios probatorios por excelencia, empleados en los procesos civiles, además
de otras ramas del Derecho.
Desde el punto de vista legal, la prueba instrumental, está contemplada en el
artículo 1.355 del Código Civil de 1982, antes transcrito; de inicio, dicho artículo
procede a dar valor probatorio a los instrumentos, bien de carácter público o privado,
que hayan sido verificados anteriores al momento en el cual se oponen.
DEFINICIÓN.
La prueba documental, equiparándola a la instrumental expresa Cabanellas
(1981, p. 264) es aquella “que se realiza por medio de documentos privados,
documentos públicos, libros de comerciantes, correspondencias o cualquier otro
escrito”.
Por su parte, Calvo (2002, p. 800) establece: “La prueba instrumental consiste en
el medio probatorio que acredita los hechos controvertidos valiéndose de un
documento preconstituido”.
Finalmente, una vez establecida una noción clara e integral sobre la prueba
instrumental, es necesario observar la importancia que reviste la misma en lo
referente a las causas civiles que se suscitan ante el órgano jurisdiccional
venezolano, ya que se observan criterios como el de Bentham, citado en Calvo
(2002, p. 801), quien la considera como la prueba “anti- litigiosa”, ya que por valor
excepcional, viene a demostrar el hecho objeto de la litis, sirviendo de tal manera,
para proteger los intereses de los particulares, lo cual denota su valor probatorio y el
desenlace que puede producir en el proceso.
CLASIFICACIÓN DE LOS INSTRUMENTOS.
Inicialmente, es propio observar el uso indistinto entre los términos “instrumento”
y "documento”; en tal sentido, dentro del lenguaje forense se les toma como
sinónimos, lo cual no es cierto, esto en virtud de que el término documento tiene una
connotación mucho más amplia, ya que comprende todo aquello que se puede
plasmar y representa el pensamiento o raciocinio del hombre. En contraste, el
término instrumento hace referencia a una forma de documento, que pre-constituido,
hace constar un acto y que puede oponerse como certeza del acto que comprende.
En lo que respecta a la clasificación de los instrumentos, la más común y
ampliamente reconocida, es la que establece los instrumentos públicos y
privados, y reviste gran importancia, en tanto supone el nacimiento de
diversos medios de prueba o, propiamente dicho, formas de prueba.
INSTRUMENTOS PÚBLICOS.
Los instrumentos públicos son objeto de diversas definiciones dentro de la
doctrina; inicialmente, y partiendo de la norma, se observa lo dispuesto en el Código
Civil de 1982, siendo la norma material aplicable a los mismos, que en su artículo
1.357, establece:
Instrumento público o auténtico es el que ha sido autorizado con las
solemnidades legales por un Registrador, por un Juez u otro
funcionario o empleado público que tenga facultad para darle fe
pública, en el lugar donde el instrumento se haya autorizado.
De la norma transcrita se observa que el instrumento público consiste en aquel
documento contentivo de un negocio jurídico, que debidamente autorizado por un
funcionario público facultado para tal actuación, puede oponerse como medio de
prueba, con la finalidad de dar certeza sobre la veracidad del acto que contiene.
En atención a que estos comprenden a cabalidad, en diversos aspectos, los
objetivos de la presente investigación, se procede a analizarlos profundamente a
continuación; con especial connotación a los diversos criterios establecidos a tenor
de su clasificación, así como la determinación de los diversos caracteres que
permiten diferenciarlos entre sí, y que comportan el fundamento del presente
estudio.
(A) Propiamente Dichos.
Los instrumentos públicos, propiamente dichos, son aquellos instrumentos que
están revestidos de todas las formalidades que la norma establece para dar fe
pública, y prueban la veracidad del acto que sustentan, en tanto no se compruebe la
falta de una de éstas al instrumento en cuestión.
En lo referente a los instrumentos públicos propiamente dichos, es conveniente
acotar que en sentencia del Tribunal de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil,
Tránsito y Bancario de la Circunscripción Judicial del Estado Aragua, de fecha 31 de
Enero de 2010, expediente Nº 11-16188, se expone que el artículo 1357 del Código
Civil de 1982, antes transcrito, no determina una definición o noción de aquellos,
sino que “viene a definir la regla de valoración” aplicable a los mismos.
Continúa la citada decisión, determinando que el mérito definitivo de los
instrumentos, públicos o privados, “surge de los supuestos de hecho y
circunstancias determinadas” que le sirven de fundamento al juzgador para su
correspondiente apreciación y valoración, actuando apegado a los principios a tenor
establecidos, así como el propósito y alcance del artículo comentado.
La distinción a la que se hizo mención previamente, encuentra su fundamento en
el contenido mismo del documento, a saber, el instrumento público es redactado por
el funcionario competente, al menos es verificado por aquél; por su parte, el
documento autentico es redactado por el
interesado y allí vierte lo que a él le interesa, limitándose el funcionario público a
verificar la identidad de las partes otorgantes del mismo.
En cuanto respecta a la distinción entre los instrumentos públicos propiamente
dichos y los instrumentos auténticos, afirma Cabrera, citado en Bello (2007, p. 859)
“todo documento público es auténtico”, ya que, en opinión del citado autor, en la
formación del mismo media la intervención del funcionario público a tal sentido
facultado por la norma; por otro lado, “no todo documento auténtico es público”, ya
que la generalidad de éstos se forman entre los particulares, y la consecuente
autenticación, sólo dá la certeza de que el funcionario público ha verificado la
identificación de las partes otorgantes y de la realización del acto.
(B) Auténticos.
Los instrumentos auténticos son definidos por Cabanellas (1981 p. 104), como
aquellos escritos autorizados en forma tal, que dan fe y han de ser creídos, bien por
estar realizados ante un fedatario público o por estar legalizados antes autoridad
competente.
A este respecto, la jurisprudencia venezolana, expediente Nº 2008- 000654,
establece que los instrumentos auténticos son una especie de instrumentos
públicos, que si bien tienen valor entre sus otorgantes, no están investidos del
carácter público, es decir, no gozan de la fe pública, que si comportan aquellos.
Volviendo la mirada sobre la sentencia del Tribunal de Primera Instancia en lo
Civil, Mercantil, Tránsito y Bancario de la Circunscripción Judicial de Estado Aragua,
de fecha 31 de Enero de 2010, expediente Nº 11-16188, antes citada, se observa
que la Sala al estudiar el caso sometido a su jurisdicción, establece que al asimilar
los documentos públicos propiamente dichos y los auténticos, se incurre en
confusión, ya que entre ambos existen diversas diferencias, a saber, el documento
autenticado nace siendo privado, el mismo es redactado por los interesados, su
autenticación no lo sustrae del ámbito privado, tampoco le adjudica el valor de
instrumento público; continúa la citada decisión, afirmando que la doctrina es
unánime al afirmar que “el documento que nace privado, sigue siendo privado por
siempre y jamás se convertirá en público”.
En este orden de ideas, se sostiene que el acto de autenticación le otorga al
documento un carácter de oponibilidad, pero es errada la consideración de que
dicha actuación le invista la naturaleza de público.
Ahora bien, una vez conocidos los extremos jurídicos dentro de los cuales se
encuadran los instrumentos públicos propiamente dichos y los instrumentos públicos
auténticos, siguiendo al maestro Bello (2007, p. 862), se observa que entre éstos
existen diversos puntos específicos que los diferencian, a saber: El instrumento
público propiamente dicho, al que el citado autor se refiere como “público o
auténtico”, se caracteriza porque desde su nacimiento media la intervención del
funcionario público competente en tal sentido, en tanto que el instrumento
autenticado
comprende un instrumento privado reconocido ante un funcionario público, que dá
fe de la presencia de las partes y de que es suya la firma.
Continuando lo relativo a las diferencias, y siguiendo al precitado autor, los
instrumentos públicos propiamente dichos nacen dentro del ámbito público, sin
embargo, a falta de uno cualquiera de sus requisitos, puede “desmejorarse” y venir a
comprender un instrumento privado, por su parte éstos últimos, nacen y serán
siempre de carácter privado. Otra diferencia radica entre que los instrumento
propiamente dichos el funcionario dá fe de su contenido y firmas, mientras que para
los instrumentos auténticos, dicha fe se limita a la certeza de la identificación y firma
de las partes que en él intervienen.
Finalmente, el último criterio de diferenciación se denota en lo referente al
procedimiento para impugnar los instrumentos, a tenor de lo cual, establece el
artículo 1.380 del Código Civil de 1982, el procedimiento de la tacha para los
instrumentos públicos propiamente dichos, con causales taxativas, a saber:
Falsificación de la firma del funcionario, falsificación de la firma de los otorgantes,
fraude en la identidad de la persona, declaraciones que no ha hecho el otorgante,
alteraciones materiales posteriores a la firma, y constancia falsa del funcionario
relativa a la fecha y lugar en que se otorga el mismo.
Por su parte, el medio de impugnación de los instrumentos auténticos es
igualmente la tacha, no obstante ésta procede en base a diferentes causales,
establecidas en al artículo 1.381 eiusdem, a saber: Falsificación de las
firmas, extensión de la escritura una vez firmado el documento en cuestión, y,
alteraciones de tal grado que hagan variar el contenido del mismo.
INSTRUMENTOS PRIVADOS.
Inicialmente se observa lo dispuesto por el Código Civil de 1982, en su artículo
1.363, que establece:
El instrumento privado o reconocido o tenido legalmente por reconocido,
tiene entre las partes y respecto de terceros, la misma fuerza probatoria
que el instrumento público en lo que se refiere al hecho material de las
declaraciones; hace fe, hasta prueba en contrario, de la veracidad de
esas declaraciones.
De lo expresado por la norma se infiere que estos instrumentos esencialmente
pertenecen al ámbito jurídico privado, sin embargo, dan constancia, en dicho ámbito,
del hecho material que contienen.
Por su parte, la jurisprudencia venezolana, en sentencia de fecha 26 de Mayo de
1.952, expediente Nº 362, de la extinta Corte Federal, expresa que los instrumentos
privados son todos los actos o escritos que emanan de las partes, sin intervención
de ningún funcionario público, y están referidos a hechos jurídicos a los cuales
pueden servir de prueba.
Este medio probatorio se emplea para dar certeza sobre los hechos o negocios
jurídicos que tales documentos contienen, siempre que no exista disposición legal
expresa que exija requisitos de validez, tales como el
otorgamiento ante un funcionario público, para dar certeza al acto y/o dar valor
probatorio al instrumento en cuestión.
Ahora bien, una vez enmarcados dentro de los extremos legales referidos a los
instrumentos públicos y privados, se observan diversos caracteres que permiten
diferenciarlos, a tenor de lo cual, siguiendo a Rivera (2007, p 622), se establece:
- El instrumento público es presenciado y autorizado por un funcionario público al
cual la norma le otorga tal competencia; por su parte, el instrumento privado se
forma en la esfera privada, sin presencia de dicho funcionario.
- La norma le otorga, de inicio, al instrumento público, plena fe entre las partes,
incluso frente a terceros; el instrumento privado tiene valor probatorio sólo entre las
partes intervinientes.
- La norma establece requisitos de forma esenciales para la validez del instrumento
público, en tanto que los instrumentos privados son exentos de éstos.
- De inicio, el instrumento público es oponible a todos, ya que, como se expresó
antes, dan plena fe; no obstante, para que los instrumentos privados tengan tal valor
probatorio, deben ser reconocidos antes una autoridad o funcionario competente.
- El medio de impugnación de los instrumentos, tanto públicos como privados en la
tacha, sin embargo, el documento privado, puede ser desconocido.
- Los instrumentos públicos, según Palacio, citado en Rivera (2007, p. 622), tienen
valor probatorio por sí mismos, no es necesario si reconocimiento por la parte contra
quien se oponen; en lo que respecta a los instrumento privados, carecen de tal
carácter.
PRINCIPIO DE PRECLUSIÓN DE LA PRUEBA INSTRUMENTAL EN EL
CÓDIGO DE PROCEDIMIENTO CIVIL DE VENEZUELA.
El principio de preclusión procesal de la prueba, siguiendo lo expresado por Bello
(2007, p. 176) impone la obligatoriedad de que ésta, bien su promoción,
impugnación, evacuación y valoración, se realicen en la oportunidad establecida por
el legislador; y la realización de aquellos en un momento distinto al impuesto por la
ley, decreta su “inadmisibilidad o eventual improcedencia”, en atención a su
extemporaneidad.
Ahora bien, la norma aplicable a tenor del principio de preclusión de la prueba
instrumental, establece, en el artículo 396 del Código de Procedimiento Civil de
1987, la obligación a las partes dentro del proceso de llevar al mismo los medios de
prueba de los que quieran valerse, en el momento procesal fijado por el legislador. A
tenor de lo cual se observa lo dispuesto en el artículo 388 eiusdem, que impone la
apertura del lapso de prueba una vez vencido el término para la contestación de la
demanda, y, propiamente referido a la promoción de pruebas, el artículo 396
eiusdem, los quince primeros días de éste, salvo las excepciones establecidas.
A este respecto resulta oportuno observar que el fin principal de todo proceso
judicial es obtener un fallo en el cual se resuelva la litis, dando a cada cual lo que le
corresponde, que implica impartir justicia; en este sentido, siguiendo el análisis de
Bello (2007, p. 123), es propio observar que la Constitución Nacional, en su artículo
257, establece que los procesos judiciales tienen como finalidad la realización de
justicia; el artículo 26 eiusdem, establece una serie de preceptos que deben estar
presentes en dicha imposición de justicia, lo cual comprende el abandono de viejos
aparatajes y/o formalismos.
No obstante, dicho argumento no puede tomarse como base para afirmar que la
Carta Magna, al dejar a un lado las formalidades, permita que los procesos puedan
desarrollarse a voluntad de las partes, en los extremos por estas establecidos.
El proceso, comprendido como una serie concatenada de pasos, cuyo fin
principal es obtener un fallo que dirima la controversia, esta sometida una serie de
principios fundamentales, y, siendo las pruebas dentro del proceso, un acto de tal
importancia, no escapan a dicha realidad.
Uno de éstos es el principio de preclusión, especialmente en cuanto se refiere o
atañe a la prueba instrumental; ya que contiene inmersos caracteres que guardan
una intima relación e incumben a los objetivos que sustentan la presente
investigación, por ello se procede a analizarlos de forma detallada a continuación.
DEFINICIÓN.
En cuanto al principio de preclusión en materia probatoria, afirma Bello (2007, p.
176) éste impone que “todo lo relativo a la práctica de la prueba, debe realizarse
dentro de los lapsos probatorios señalados... No pueden promoverse ni evacuarse
sino dentro de los tiempos indicados por la ley procesal”.
Ahora bien, dentro del sistema procesal civil venezolano, tal como lo impone el
artículo 396 del Código de Procedimiento Civil de 1987, supra citado, las partes
deben aportar o promover todas las pruebas de las que pretendan valerse; no
obstante, el legislador permite que las partes, de común acuerdo, en cualquier grado
e instancia de la causa, puedan evacuar cualquier clase de prueba en la que tengan
interés; a este principio se le excluyen situaciones específicas, a las cuales el
legislador impone reglas específicas que serán analizadas posteriormente.
CONSAGRACIÓN LEGAL.
La consagración legal del principio de preclusión en materia probatoria esta
establecida, siguiendo a Rivera (2007, p 92) en el artículo 202 del Código de
Procedimiento Civil venezolano de 1987, el cual establece:
Los términos o lapsos procesales no podrán prorrogarse ni abrirse de
nuevo después de cumplidos, sino en los casos expresamente
determinados por la ley, o cuando una causa no imputable a la parte
que lo solicite lo haga necesario.
Parágrafo Primero: En todo caso en que el curso de la causa quede en
suspenso por cualquier motivo, la causa reanudará su curso en el mismo
estado en que se encontraba al momento de la suspensión.
Parágrafo Segundo: Pueden las partes de común acuerdo, suspender el
curso de la causa por un tiempo que determinarán en acta ante el Juez
La norma transcrita impone de manera expresa la imposibilidad de prorrogar o
reaperturar un lapso procesal cuyo término ha culminado, según los extremos
legales referidos al mismo.
Ahora bien, establece la norma disposiciones referidas específicamente a
determinados actos; a tenor de lo cual se observa lo dispuesto en los artículos 392
eiusdem, referido al lapso de promoción y evacuación de las pruebas; el artículo 396
eiusdem, referido específicamente al lapso de promoción de pruebas; el artículo 397
eiusdem, el cual determina la duración del lapso de evacuación de las pruebas, así
como cuestiones referentes al mismo; y, finalmente, el artículo 400 eiusdem, referido
al lapso de evacuación de las pruebas cua ndo media la comisión para tal acto.
Sin embargo, en cuanto respecta a la imposibilidad de prórroga o reapertura
antes expresado, la norma aplicable contiene una flexibilización al respecto, y se
observan medios probatorios, como la prueba de posiciones juradas, el juramento,
los instrumentos públicos no fundamentales y el juramento decisorio, que pueden
ser evacuados y promovidos en momentos distintos al lapso probatorio, por
mandato expreso de la ley.
En tal sentido, se observa, según dispone el Código de Procedimiento Civil de
1987, artículos 405 y 520, que las posiciones juradas o la confesión provocada,
puede ser promovidas bien con el libelo de la demanda, dentro del lapso de
promoción y en segunda instancia; la prueba instrumental pública, que no sea
fundamental a la pretensión, puede producirse, siguiendo lo establecido en los
artículos 435 y 520 eiusdem, hasta los informes; en lo que respecta a la confesión,
judicial voluntaria, esta puede producirse en cualquier momento del proceso.
MOMENTOS PRECLUSIVOS DE LA PRUEBA INSTRUMENTAL.
Los momentos preclusivos de la prueba instrumental comprenden los momentos
procesales en los cuales se considera improcedente la promoción, impugnación,
oposición y/o evacuación de dichas pruebas, en vista de las reglas dispuestas por el
legislador a tal sentido, las cuales han sido impuestas atendiendo especialmente a
la clasificación a la que el instrumento en cuestión corresponde.
En este orden de ideas, toma gran relevancia no sólo lo respectivo a las
diferencias entre los instrumentos públicos y privados, antes plenamente
establecida; sino también en atención a los instrumentos públicos propiamente
dichos y los instrumentos públicos auténticos, que será analizada a continuación.
INSTRUMENTO FUNDAMENTAL DE LA PRETENSIÓN.
Los instrumentos fundamentales de la pretensión son aquellos que contienen en
sí mismos el acto que da lugar a lo reclamado. En este sentido, expone Bello (2007,
p. 177), “las pruebas instrumentales públicas o privadas fundamentales, conforme a
los previsto en el artículo 340, ordinal 6º y 434 del Código de Procedimiento Civil,
deben producirse junto al libelo de la demanda, salvo los casos excepcionales que
se refiere la última de las normas”.
A este respecto, expresa Rivera (2007, p. 659), los instrumentos fundamentales
son aquellos de los cuales deriva de forma inmediata el derecho que se reclama y
de allí obtienen tal denominación; no obstante, y al analizar el artículo 340 del
Código de Procedimiento Civil antes citado, expresa el mencionado autor, la
presencia de dos obligaciones referidas a estos, a saber: Expresar de forma puntual,
en el escrito libelar, los datos del instrumento público que fundamenta la pretensión;
de haber imprecisión en dicha determinación, se da lugar a la cuestión previa por
defecto de forma previsto en la norma. Por otro lado, la segunda obligación recae
sobre la producción del instrumento.
Analizando exhaustivamente la norma aplicable al objeto que nos ocupa
se observan, siguiendo a Rivera (2001, p. 660) casos en lo cuales es imprescindible
presentar el instrumento fundamental de la pretensión conjuntamente con el libelo
de la demanda, a saber:
- La vía ejecutiva, según establece el artículo 630 del Código de Procedimiento
Civil de 1987, al imponer: “cuando el demandante presente instrumento público u
otro instrumento auténtico...”;
- La intimación, según el ordinal 2º del artículo 643 eiusdem, el cual impone la
inadmisibilidad de la demanda, como sanción a la falta de presentación del
instrumento fundamental de la pretensión.
- La ejecución de hipoteca, prevista en el artículo 662 eiusdem, el cual determina la
obligación de presentar el documento registrado que contiene la hipoteca en
cuestión.
- La ejecución de prenda, dispuesta en el artículo 666 eiusdem, siendo necesaria la
presentación del documento en el cual consta dicha institución.
- El juicio de cuentas, previsto en el artículo 673 eiusdem, que impone la obligación
de presentar el documento auténtico que denota la obligación de rendir cuentas.
- En los juicios de prescripción, para los cuales el legislador, en el artículo 691
eiusdem, impone la obligación de presentar la certificación de los datos exigidos, así
como la certificación del título respectivo.
- Respecto al tercero que se adhiere al proceso, el cual, según el artículo 379
eiusdem, debe presentar prueba de su interés en aquél.
- Respecto a los terceros forzosos, según el aparte segundo del artículo 382
eiusdem, cuyo llamado no será admitido si no media prueba documental al respecto.
- En los juicios de partición, según imponen los artículos 777 y 778 eiusdem, donde
las demandas deben acompañarse del título que origina la comunidad.
- En la solicitud de exequátur o ejecución de sentencia extranjera, según dispone el
artículo 852 eiusdem, para la cual debe presentarse la sentencia que se pretender
ejecutar.
Finalmente, es propio observar que la presentación de los instrumentos
fundamentales de la pretensión deben exhibirse o traerse al proceso atendiendo a
reglas especificas, a saber: De ordinario, según impone el artículo 429 del Código
de procedimiento Civil de 1987, en original o copia, bien con la demanda, la
contestación a la misma o en el lapso de promoción; en los casos antes
mencionados, en original o copia certificada del mismo y en los momentos ut supra
determinados; y, finalmente, mediante inspección judicial, previa identificación del
instrumento en el libelo.
La opinión doctrinaria está en amplia consonancia con la norma aplicable, en tal
sentido, a continuación, se estudia cada uno de los caracteres referidos a los
instrumentos, según su clasificación y el momento en el cual pueden producirse en
el proceso.
INSTRUMENTO PÚBLICO.
En cuanto se refiere a la oportunidad procesal dentro de la cual debe producirse
en el juicio el instrumento público que fundamenta la pretensión,
es decir, el momento preclusivo para la presentación del mismo, establece el
artículo 340, ordinal 6º, del Código de Procedimiento Civil;
El libelo de la demanda deberá expresar:
6º Los instrumentos en que se fundamente la pretensión, esto es
aquellos de los cuales derive inmediatamente el derecho deducido los
cuales deberán producirse con el libelo.
La norma es clara al respecto, cuando la pretensión esté fundamentada en un
instrumento público, el mismo debe acompañar el libelo de la demanda, esto se
considera como un requisito de procedencia de la demanda, ya que el precitado
artículo, establece los requisitos que debe contener todo escrito libelar para ser
admitido por los tribunales civiles.
En este orden de ideas, en consonancia con lo expresado supra, es propio acotar
que de faltar el instrumento público fundamental de la demanda, la misma
adolecería de vicios; por lo cual se afirma que éstos deben presentarse siempre con
el libelo de demanda. Sin embargo, como excepción a ese principio emerge el
artículo 434 eiusdem, que impone:
Sí el demandante no hubiere acompañado no se le admitirán después, a
menos que haya indicado la oficina o el lugar donde se encuentren, o
sean de fecha posterior, o que aparezca, si son anteriores, que no tuvo
conocimiento de ellos.
En todos estos casos de excepción, sí los instrumentos fueren privados,
y en cualquier otro, siendo de esta especie, deben producirse dentro de
los quince días del lapso de promoción de pruebas o anunciarse en el
de donde deban compulsarse, después no se admitirán otros.
De la norma transcrita se observa que abarca los instrumentos fundamentales de
la acción que no fueron presentados conjuntamente con el
libelo de la demanda, sin embargo, en dicho escrito se determinaron los datos
referidos a aquél y que hacen posible su ubicación, igualmente. Aunado a la norma
antes citada, y en lo que respecta a los instrumentos públicos, aunque con la
salvedad de que éstos no sean el fundamento de la pretensión, establece el artículo
435 eiusdem, que los mismos pueden producirse en todo tiempo, hasta los últimos
informes.
Las reglas expresadas y analizadas comprenden los extremos dentro de los
cuales se produce en el proceso la prueba de instrumentos públicos, con las
especificaciones establecidas.
En consonancia con las cuestiones planteadas, se observa la opinión de Rivera
(2007, p 92), quien afirma que los artículo 434 y 435 del Código de Procedimiento
Civil de 1987 vienen a imponerse como verdaderas excepciones al principio de
preclusividad procesal, aunado a la excepción que el 2º aparte del artículo 396,
eiusdem, impone a aquél, al reconocer el derecho de las partes en el proceso de
solicitar de común acuerdo, la evacuación de una prueba cualquiera, en la que
tengan interés y que revista relevancia y aporte al esclarecimiento de los hechos
controvertidos que forman la litis e imponen el antagonismo entre las partes.
Ahora bien, en cuanto respecta a los instrumentos públicos no fundamentales de
la pretensión, deben promoverse en el momento procesal establecido a tenor, en el
artículo 396 del Código de Procedimiento Civil de 1987, es decir, dentro de los
quince días del lapso de promoción, bajo pena de ser declarados extemporáneos o
improcedentes.
Finalmente, es necesario acotar que, según disposición legal expresa del Código
de Procedimiento Civil de 1987, en su artículo 520, sólo son admisibles en segunda
instancia, la prueba de instrumentos públicos, la de posiciones y el juramento
decisorio.
2.3.3.3.- INSTRUMENTO PRIVADO.
Inicialmente, se observa que todos los instrumentos, tantos públicos como
privados, ostentan la función básica de contener y dar prueba de un negocio o acto
jurídico en vista de prever las posibles acciones en reclamación del derecho u
obligaciones que en aquel se determinan.
En tanto se refiere a los momentos preclusivos de los instrumentos privados,
aunado a la posibilidad de que éstos sean reproducidos dentro de instancias
superiores, se denota que no existe disposición legal expresa, caso contrario en lo
relativo a los instrumentos públicos.
En concordancia con las cuestiones planteadas ut supra, se infiere que los
instrumentos privados deben producirse conjuntamente con la presentación del
libelo de la demanda, cuando éstos son el fundamento del derecho reclamado, y el
en el momento procesal establecido en el artículo 396 del Código de Procedimiento
Civil de 1987, referido a la promoción de las pruebas en el proceso civil venezolano,
bajo pena de ser declarados extemporáneos o improcedentes.
Finalmente, es necesario acotar que, tal como se expresó a tenor de los
instrumentos públicos ut supra escritos, según disposición legal expresa contenida
en el Código de Procedimiento Civil de 1987, artículo 520, sólo son admisibles en
segunda instancia, la prueba de instrumentos públicos, la de posiciones y el
juramento decisorio, lo cual determina la extemporaneidad de los instrumento
privados fuera de la primera instancia, salvo la excepción establecida en el 2º aparte
del artículo 396, eiusdem, referido a la posibilidad de acuerdo entre las partes, en
cualquier estado y grado de la causa, para evacuar cualquier clase de prueba en
que tengan interés.
JURISPRUDENCIA SOBRE LA DISTINCIÓN DEL INSTRUMENTO
PÚBLICO Y EL INSTRUMENTO AUTÉNTICO.
Una vez analizado lo dispuesto por la norma, es propio volver la mirada sobre el
criterio jurisprudencial al respecto; en tal sentido, se observa la sentencia emanada
del Tribunal Supremo de Justicia, de fecha 18 de Diciembre de 2006, expediente
2008-000654; en dicho fallo se observa que el recurrente denuncia, con fundamento
en el artículo 313, ordinal 2º, del Código de Procedimiento Civil, en concordancia
con el artículo 320, la infracción de los artículos 509 ibidem, 1.357 y 1.359 del
Código Civil de 1982 la falta de valoración de la prueba, referente a un documento
autenticado por ante una Oficina Notarial por lo cual, y en vista de exhibir los sellos
de dicha
representación, el juez de segunda instancia le adjudica carácter de
instrumento público, y así lo valora al momento de dictar su fallo.
A este respecto, el recurrente afirma:
En este orden, debe la Sala establecer que el referido documento,
constituye, por la forma en la que fue emanado, un documento
auténtico, clase de instrumento que si bien es cierto que tiene valor de
prueba entre sus otorgantes, no posee la condición de público. Se trata
de otra categoría de instrumentos y que cuando deben ser otorgados
ante un funcionario que de fe pública, éste sólo dejará constancia de
que los interesados se identificaron antes él y firmaron en su presencia,
este personero no interviene en ningún modo en la elaboración del
documento; tampoco deja constancia del contenido del mismo.
Continua el recurrente, esgrimiendo el supuesto legal de procedencia de las
pruebas en la segunda instancia, previamente citado, artículo 520 del Código de
Procedimiento Civil, que excluye la mayoría de medios de prueba, quedando
procedentes los instrumentos públicos, las posiciones y el juramento decisorio como
los únicos medios probatorios procedentes en la alzada.
Al momento de decidir, la Sala observa la veracidad de los argumentos
esgrimidos por el recurrente, apegados a la legislación, y determina que el tribunal
de segunda instancia, al valorar como fue el instrumento auténtico, infringió el
artículo 520 del Código de Procedimiento Civil, al acreditarle a un instrumento
auténtico menciones que no contiene, es por ello que procede a declarar con lugar el
recurso de casación contra el fallo por aquél dictado, por lo cual dispone la nulidad
aquél, y ordena se dicte nueva sentencia, en la cual se observe el criterio sostenido
por la jurisprudencia en comento.
Aunado al criterio que expresa la sentencia antes analizada, se manifiestan en
este sentido diversas sedes judiciales del país, por ello se trae a la palestra la
sentencia del Tribunal de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, Tránsito y Bancario
de la Circunscripción Judicial del Estado Aragua, de fecha 31 de Enero de 2010,
expediente Nº 11-16188, ampliamente discutida y analizada en lo referente a los
instrumentos públicos propiamente dichos y los instrumento auténticos, sobre los
cuales dispone:
Con relación a los documentos públicos o auténticos el artículo 1357
del Código Civil establece lo siguiente:
“…Instrumento publico o autentico es aquel que ha sido autorizado con
las solemnidades legales por un Registrador, por un Juez u otro
funcionario o empleado público que tenga facultad para dar fe publica,
en el lugar donde el instrumento se haya autorizado…”
Ahora bien, la parte actora, intenta la presente demanda por cobro de
bolívares (vía ejecutiva) y consigna como documento fundamental de su
acción, el documento notariado ante la Notaría Pública Vigésima
Tercera del Municipio Libertador del Distrito Capital, el 10 de enero de
2011, bajo el Nº 54, Tomo 01 de los Libros de Autenticaciones llevados
por la Notaria.
De la máxima citada, se observa que dicho tribunal reafirma el carácter distintivo
entre los instrumentos públicos propiamente dichos y los instrumentos públicos
auténticos, expresa y se apega al criterio imperante en la jurisprudencia nacional, al
considerar la máxima antes analizada, y observar que es el criterio que aquella
impone el que debe aplicarse en relación a las pruebas de instrumentos públicos,
especialmente en cuanto respecta a los instrumentos propiamente públicos dichos y
los instrumentos auténticos.
Finalmente, es notorio observar el amplio precedente que genera el
reconocimiento por parte de la jurisprudencia patria, y en consonancia con la opinión
doctrinal, respecto a las diferencias presentes entre los instrumentos públicos
propiamente dicho y los instrumentos auténticos, en vista de que cotidianamente se
verifica u observa en la práctica forense, la equiparación de los términos
documentos públicos y auténticos, es decir, se emplean como sinónimos, los cual
comprende una practica errónea y ajena a la intención del legislador.