Factores de riesgo asociados a la ansiedad en
adolescentes escolarizados
Marisol Morales Rodríguez
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
marisolmoralesrodriguez@[Link]
Joanna Koral Chávez López
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
[Link]@[Link]
Área temática 04. Procesos de Aprendizaje y Educación.
Línea temática: Medición y evaluación del aprendizaje.
Tipo de ponencia: Reportes parciales o finales de investigación.
Resumen
El objetivo del presente estudio se enfocó a identificar la presencia de ansiedad en adolescentes y su relación
con factores de riesgo personal, familiar, escolar, social y de salud. Como objetivos específicos se planteó
diferenciar las variables de estudio con base en el género y el grado escolar. Se basa en una metodología
cuantitativa, diseño no experimental, transversal, de alcance descriptivo-correlacional. Participaron 209
estudiantes con edad promedio de 12 años. Se utilizaron la Escala de Ansiedad Manifiesta Revisada (Reynolds
y Richmond, 1997), que mide manifestaciones fisiológicas, preocupación, inquietud y mentiras; y el Inventario
Autodescriptivo del Adolescente (Lucio, Barcelata & Durán, 2003) que explora cinco dominios: familiar, escolar,
personal, social y salud. Los instrumentos se aplicaron colectivamente, previo consentimiento informado. Los
datos se analizaron por análisis de frecuencia y Coeficiente de correlación de Pearson. Los resultados muestran
un predominancia de nivel alto en ansiedad fisiológica y mentiras, medio alto en inquietud y una distribución
homogénea en preocupaciones. Con respecto a factores de riesgo, predominan los niveles altos en escolar,
personal y salud, medio-alto en familiar y una distribución mas homogénea en social. Existe asociación entre
las variables de estudio, a mayores factores de riesgo, mayores síntomas de ansiedad.
Se concluye que existen indicadores de ansiedad en un porcentaje considerable de los participantes, lo cual
representa una conducta de riesgo, aunado a la presencia de factores de riesgo, lo que coloca al adolescente
en una condición de vulnerabilidad.
Palabras clave: Ansiedad, Factores de riesgo, Adolescentes.
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Introducción
Una de las afectaciones más comunes en la adolescencia es la ansiedad, dadas las demandas internas y
las abrumadoras exigencias externas que experimenta el adolescente; ante tales situaciones estresantes hay
reacciones de tensión y preocupación que generan malestar, no obstante, siempre y cuando este malestar no
supere la capacidad de ajuste, dicha respuesta le permite enfrentar las contrariedades cotidianas.
La ansiedad ha sido conceptualizada como una reacción o un estado de displacer por una combinación de
experiencias y cambios fisiológicos, que comprende sentimientos de intranquilidad, tensión y aprensión. Dicha
reacción es propia de la adaptación ante peligros concretos o potenciales que alertan a la persona a responder
ante el riesgo (Domínguez, Villegas & Padilla, 2017).
Las posibles causas de la prevalencia de la ansiedad en la adolescencia se han subordinado a condiciones de
diversa índole; en este sentido, además de las transformaciones experimentadas por la etapa de vida, sobresalen
factores biológicos que incluyen la condición neurológica, personales, familiares, escolares, sociales e incluso
los factores asociados al estado de salud.
Los factores personales hacen referencia a rasgos de personalidad en su conjunto, incluyendo aspectos
relacionados con la percepción de sí mismo, conducta orientada a metas, aspectos valorales y de toma de
decisiones. Un aspecto a resaltar es que debido a la etapa en la que se encuentran, los y las adolescentes
están en plena crisis de identidad, lo que también constituye un elemento importante dentro de los factores
personales ya que genera altibajos en el estado de ánimo e incide en el manejo del estrés. Lucio, Barcelata
y Durán (2007) aseveran que la dimensión personal como parte de la áreas de desarrollo, se refiere a como
se sitúa el adolescente con respecto a sus características personales, el autoconcepto y autoestima y, las
expectativas acerca de sí mismo/a.
Muy de cerca de los aspectos personales, están aquellos que hacen referencia a la condición general del
individuo, que incide en la salud. Aquí se incluiría los hábitos poco saludables que irán en detrimento de una
buena condición física, junto con las consecuencias psicológicas. Al respecto, Lucio, Barcelata y Durán (2007)
afirman que salud como una dimensión del individuo, permite identificar hábitos relacionados con aseo, orden,
entre otros, así también se identifican preocupaciones, quejas y alteraciones de salud.
Los factores familiares asociados a la prevalencia de ansiedad se centran en ambiente familiar disfuncional,
manejo ineficaz de límites, estilos parentales autoritarios, cohesión familiar reducida, incluso dificultades
de vinculación y apego inseguro. Igualmente se incluye lo concerniente a la relación que se mantiene con la
familia extensa; particularmente las dificultades en la comunicación y la existencia de límites difusos o rígidos
pueden propiciar un ambiente tenso, donde las relaciones sean descalificantes o tornen violentas, que podrían
desencadenar respuestas poco adaptativas.
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En tanto, los factores escolares obedecen a condiciones del contexto escolar que ponen a prueba la capacidad
de adaptación del adolescente que incluye aspectos académicos y relacionales como las exigencias académicas,
la mayor carga de trabajo conforme se avanza de grado, las dificultades para integrarse en el grupo, rechazo y/o
violencia por parte de los pares, clima de clase disfuncional, etc.
La ansiedad se ve favorecida cuando el adolescente vive en condiciones de desventaja sociocultural caracterizada
por bajo nivel cultural, hacinamiento, pobreza, marginación social, limitado acceso a servicios y otros; a ello se
suma la violencia, inseguridad y limitadas opciones educativas y laborales. Tales aspectos corresponden a los
factores sociales.
Así, surge el objetivo general del estudio enfocado a identificar la presencia de manifestaciones de ansiedad en
adolescentes y su relación con factores de riesgo personal, familiar, escolar, social y de salud. Como objetivos
específicos se planteó diferenciar las variables de estudio con base en el género y el grado escolar.
Desarrollo
Ansiedad en la adolescencia
La ansiedad es conceptualizada como una reacción emocional desagradable ante un daño anticipado,
experimentándose temor y tensión (Castillo & Ruiz, 2019). La American Psychiatric Association (como se citó
en Domínguez, Villegas & Padilla, 2017) señala una serie de criterios para diagnosticar la ansiedad: la existencia
de preocupación excesiva sobre una amplia gama de acontecimientos o actividades que se prolongan más de
seis meses, así como la presencia de tres o más síntomas como inquietud, impaciencia, fatiga, dificultad para
concentrarse, irritabilidad, tensión muscular y alteraciones del sueño.
Desafortunadamente, los índices de ansiedad se han incrementado en población adolescente, lo que a su vez se
asocia con mayores conductas de riesgo; al respecto, Gómez, Bohórqueza, Tamayo, Rondón, Bautista, Rengifo y
Medina (2016) plantean que las enfermedades mentales que inician en la adolescencia tienden a ser crónicas y
el hecho de aparecer a una edad temprana, se asocian con un pronostico más reservado a diferencia de cuando
el inicio es en la adultez. A la vez, hay mayor riesgo de comorbilidades con otros trastornos mentales, más
conductas de riesgo y mayores afectaciones en las áreas familiar, interpersonal y laboral. “Los adolescentes
tienen una alta prevalencia de trastornos mentales, que llega a ser del 17% para todos los trastornos mentales.
Los más frecuentes son los trastornos de ansiedad” (p. 51)
En el peor de los casos, cuando se ve rebasada la capacidad de adaptación de la persona, cuando sobrepasa
cierta intensidad, o bien, cuando se convierte en un estado más permanente donde los adolescentes se sienten
sumamente estresados ante diversas situaciones, la ansiedad puede convertirse en un trastorno según Díaz
y Santos (2017), al afirmar además que se puede asociar con conductas de riesgo como abuso de sustancias
psicoactivas y otros trastornos mentales como la depresión.
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La ansiedad como estado y no como una reacción, tiene un origen multifactorial, interviniendo condicionantes
familiares, escolares, sociales y personales, estos últimos a su vez engloban aspectos biológicos, psicoafectivos
y de salud.
Factores de riesgo asociados a la ansiedad
Los adolescentes pasan por periodos críticos en torno a diversas tareas del desarrollo; durante dicha
transición pueden involucrarse en comportamientos generadores de riesgo y comprometer su salud, lo cual
se acrecienta debido a la sensación de omnipotencia que es característica en esta etapa; de esta manera, son
diversas las variables que se asocian a la presencia de factores de riesgo en este período (Garzón, 2018), los que
a su vez, ejercen una poderosa influencia en la salud mental.
La literatura ha confirmado a través de diversos estudios que el sexo constituye un factor asociado a la ansiedad,
señalando que el hecho de ser mujer se concibe como una variable que incide en una mayor prevalencia de
síntomas ansiosos, muy posiblemente debido a cuestiones de género.
Un creciente número de estudios señalan que las mujeres presentan mayores niveles de ansiedad que los
hombres, tanto a nivel general como en dimensiones relacionadas con aspectos subjetivos y reacciones
fisiológicas (Bastida-González, Valdez-Medina, Valor-Segura, González-Arratia & Rivera-Aragón, 2017). Como
factores relacionados con la presencia de ansiedad se suma el haber presenciado por lo menos un evento
traumático, presencia de antecedentes de enfermedad mental en la familia y el poco o nulo apoyo familiar
(Gómez, Bohórqueza, Tamayo, Rondón, Baustistac, Rengifod & Medina, 2015).
La familia constituye un factor sumamente influyente en la presencia de condiciones de salud mental. Al ser el
primer contexto de socialización de las personas, tiene una fuerte injerencia en la adopción de patrones tanto
adaptativos como desadaptativos de sus miembros. Cuando al interior del sistema familiar surgen conflictos,
descalificaciones, incongruencias en la comunicación, manejo ineficaz de la disciplina entre otros, puede ser
fuente de comportamientos que ponen en riesgo la salud mental principalmente en hijos adolescentes.
Garzón (2018) plantea que si la familia practica modelos de autoridad inadecuados puede convertirse en un
factor de riesgo en el desarrollo del adolescente, sobre todo cuando existe trato violento, comunicación indirecta,
normas rígidas y ausencia o incumplimiento de reglas debido a problemas en el manejo de los roles familiares,
lo que en su conjunto, merma no solo el ambiente familiar, sino el potencial de cada integrante. Particularmente
se ha observado es que las actividad excesivamente permisivas por parte de los padres, actúan como un factor
de riesgo que incide en el desarrollo de trastornos de ansiedad.
En el mismo sentido, Galiano, Castellanos y Moreno (2016) afirman que en las familias con adolescentes
que presentan trastornos de ansiedad existe un alto grado de disfuncionalidad familiar, caracterizada por
manejo inadecuado de reglas, violencia, condiciones desfavorables de salud familiar dadas por enfermedades
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somáticas, adicciones, entre otras, condiciones que contribuyen al establecimiento de ambientes estresantes
para el desarrollo del adolescente, lo que desencadena la respuesta de ansiedad.
En otro orden de ideas, el contexto escolar también puede contribuir a la prevalencia de ansiedad principalmente
en adolescentes, debido a las altas exigencias conforme avanza en su educación. El paso de la primaria a la
secundaria implica adecuarse a un mayor número de docentes y de actividades extraescolares, los contenidos
resultan más complicados y la necesidad de desarrollar la pertenencia a un grupo constituye una condición
sumamente estresante; posteriormente, al ingresar a la preparatoria, los contenidos se van haciendo cada vez
más complejos y junto con la crisis de identidad que enfrentan los y las adolescentes construyen condiciones
generadoras de estrés. Al pasar al nivel superior, los desencadenantes se asocian con las nuevas exigencias que
permiten al estudiante prepararse para que en un futuro se inserte en el campo productivo, lo que implica mayor
carga académica, horarios más restringidos, desarrollar mayores habilidades para la resolución de conflictos,
ser más autónomos y autónomas, entre otros. Con ello, queda en evidencia que el avance académico va de la
mano de mayores exigencias en todos los órdenes, elevando los niveles de estrés.
La alta competitividad entre compañeros, incluso el rechazo, burlas o agresión, un elevado nivel de autoexigencia
académica, debido a que las calificaciones suelen considerarse un medio para lograr el reconocimiento de
personas significativas, aunado al aprendizaje de nuevos contenidos, son aspectos que tienden a incrementar
la sintomatología ansiosa (Gaeta & Martínez-Otero, 2014).
Otro grupo de condiciones que puede convertirse en un factor de riesgo para el desarrollo de ansiedad es el
atribuido a los rasgos personales, los cuales hacen referencia a diversos aspectos de la personalidad de base
psicoafectiva, cognitiva y social que interfieren en el sano desarrollo adolescente.
El desarrollo personal está relacionado con el temperamento y carácter, a lo que se suma componentes como
autoimagen, autoconcepto, autoestima y autoeficacia. También intervienen aspectos cuya base se fundamenta
en la cognición como los estilos de afrontamiento (Garzón, 2018).
Las competencias socioemocionales y la resiliencia también se consideran elementos personales que en este
caso en particular, actúan como factores de protección, al relacionarse con una menor presencia de problemas
de salud mental, debido a que favorecen que el individuo se adapte mejor a los cambios y demandas del ambiente
(Alva, Ruvalcaba, Orozco & Bravo, 2019).
En un sentido inverso, factores personales de base socioemocional que se asocian con la presencia de
ansiedad, son los que Delgado, Inglés, Aparisi, García-Fernández y Martínez-Monteagudo (2017) han señalado,
la baja extraversión y una alta inestabilidad emocional; los cuales se han relacionado principalmente en casos de
ansiedad social. La baja asertividad, dificultades para hablar en público y para relacionarse con el sexo opuesto,
se asocian con manifestaciones de aprehensión y nerviosismo, lo que aumenta la respuesta ansiosa.
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Por otra parte, se encuentran los factores relacionados con la salud, los cuales refieren a la condición general
del adolescente, considerando hábitos de higiene, de alimentación, actividad física, así como el ciclo de sueño-
vigilia. En este rubro también se ubican conductas relacionadas con el consumo de sustancias psicoactivas, que
ponen en riesgo el estado de salud en general del adolescente.
A nivel social, existen diversos condicionantes que pueden actuar como factor de riesgo para la aparición de
problemas de salud mental, desde condiciones sociales precarias en función de pobreza, violencia, marginación,
percepción de inseguridad, y en general, lo relacionado con rezago socio-económico, a lo que se añade la
privación cultural. Al respecto, Gaeta-Martínez y Otero (2014) aseveran que entre los factores de riesgo que
se relacionan significativamente con la aparición de trastornos de ansiedad, además de psicopatologías en los
padres y ambiente familiar disfuncional, es el nivel socioeconómico bajo.
Como se observa, existen una gama de factores de riesgo que se asocian con la prevalencia de la ansiedad en
adolescentes, que van desde condiciones propias de la etapa del desarrollo hasta aquellas que actúan a nivel
macrosocial, mermando la calidad de vida no sólo del adolescente, sino de los diversos agentes sociales con los
que se relaciona.
Método
El presente estudio se basó en una metodología cuantitativa, bajo un diseño no experimental, transversal,
de alcance descriptivo-correlacional.
Participantes
Para la obtención de la muestra se utilizó un muestreo no probabilístico intencional, participando 209
adolescentes escolarizados de entre 10 y 15 años. El 49.8% asistía a nivel primaria y el 50.2% en secundaria.
En relación al sexo, el 53.2% son mujeres y el 46.8% hombres. Los criterios de inclusión se centraron en la
participación voluntaria y la pertenencia a las instituciones educativas que colaboraron en el estudio.
Instrumentos
Se utilizaron dos instrumentos, la Escala de Ansiedad Manifiesta Revisada (Reynolds y Richmond, 1997),
traducción mexicana, la cual consta de 37 reactivos con respuesta tipo dicotómica, dimensionados en
cuatro factores: ansiedad fisiológica, asociada con manifestaciones como dificultades del sueño, nausea y
fatiga, inquietud/hipersensibilidad, que mide la preocupación ante una diversidad de situaciones, y el miedo
de ser lastimado/a o aislado/a emocionalmente; preocupaciones sociales/concentración, hace referencia a
pensamientos distractores y miedos de índole social; y mentiras, el cual se basa en “conductas socialmente
aceptadas, a las que se esperaría una respuesta negativa como medida de sinceridad” (Domínguez, Villegas &
Padilla, 2017, p. 19). El índice alpha de Cronbach oscila entre el .83 y .85.
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El Inventario Autodescriptivo del Adolescente IADA (Lucio, Barcelata & Durán, 2003) tiene como objetivo
la identificación de factores de riesgo durante la adolescencia en diversas dimensiones de la vida desde la
perspectiva del adolescente, mediante 129 ítems dicotómicos que exploran cinco dominios: familiar, escolar,
personal, social y salud. Es un instrumento autoadministrable, con forma de autoreporte, cuyo índice de
consistencia interna es de .90.
Procedimiento
Los instrumentos se aplicaron colectivamente en los espacios educativos, participando una escuela de nivel
primaria y otra de secundaria. Como parte de las consideraciones éticas se solicitó el consentimiento informado
a los padres de familia, una vez que aceptaron se procedió a la aplicación de las escalas; así mismo se obtuvo
el asentimiento informado por parte de los adolescentes. Los datos se analizaron por análisis de frecuencia y
Coeficiente de correlación de Pearson.
Resultados
Los resultados señalan que hay indicadores significativos de presencia de manifestaciones de ansiedad,
particularmente en ansiedad fisiológica y mentiras predomina un nivel alto; destacan niveles medio-altos en
inquietud; el factor preocupaciones sociales muestra una distribución uniforme, como se observa en la Tabla 1.
Tabla 1. Niveles de ansiedad
Muy bajo Bajo Intermedio Alto Muy alto Total
A. Fisiológica 6.0 16.3 27.1 39.7 10.9 100%
Inquietud 2.8 20.6 34.4 35.0 7.2 100%
Preocupaciones 0 32.5 29.2 27.0 11.3 100%
Mentiras 3.3 20.2 30.5 40.2 5.8 100%
Nota: A. Fisiológica= ansiedad fisiológica; Preocupaciones= preocupaciones sociales.
N=209
Fuente: Elaboración propia.
En torno a los factores de riesgo, los datos sugieren que una mayor proporción de adolescentes concibe como
factores de riesgo el dominio familiar, escolar, personal y de salud. El factor social muestra una distribución
relativamente uniforme (Ver Tabla 2).
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Tabla 2. Niveles factores de riesgo
Muy bajo Bajo Intermedio Alto Muy alto Total
Familiar 3.1 14.8 30.6 35.4 16.0 100%
Social 19.2 24.8 28.7 27.3 0 100%
Escolar 4.1 13.2 27.4 50.9 4.4 100%
Personal 2.7 14.6 25.7 42.7 14.3 100%
Salud 3.5 10.2 29.3 49.3 7.7 100%
Nota: n=209
Fuente: Elaboración propia.
En otra línea se encontró asociación entre las variables de estudio, principalmente los factores personal, familiar
y escolar, son los que mantienen mayores correlaciones con los diversos factores de ansiedad a excepción de
mentiras (Tabla 3).
Tabla 3. Matriz de correlaciones entre ansiedad y factores de riesgo
A. Fisiológica Inquietud Preocupaciones Mentiras
Familiar .331** .224** .390** .063
Social .180** .054 .301** .022
Escolar .220** .069 .220** .056
Personal .244** .274** .289** .065
Salud .136 .089 .201** .030
Nota: **p<.01 A. Fisiológica= ansiedad fisiológica; Preocupaciones= preocupaciones sociales.
Fuente: Elaboración propia.
La comparación entre grupos permitió diferenciar las variables de estudio por grado escolar, donde se observó
diferencias por nivel educativo, siendo los adolescentes de secundaria quienes muestran mayores pensamientos
distractores y miedos (Ver Tabla 4).
Tabla 4. Comparativo de sintomatología ansiosa por grado escolar
Primaria Secundaria
Media DS M DS t p
A. Fisiológica 14.3 2.3 14.8 2.5 1.32 .186
Inquietud 16.1 2.8 17.0 2.5 1.95 .081
Preocupaciones 9.0 1.7 10.5 1.9 3.53 .001
Mentiras 13.3 2.1 13.5 2.3 .411 .682
Nota: p≤ .01 A. Fisiológica= ansiedad fisiológica; Preocupaciones= preocupaciones sociales.
Fuente: Elaboración propia.
En el caso de los factores de riesgo, como se muestra en la Tabla 5, claramente se observó diferencias en todos
los factores a excepción de salud. Los adolescentes que cursan secundaria, que se ubican en la adolescencia
temprana se colocan por encima de quienes cursan la primaria.
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Tabla 5. Comparativo de factores de riesgo por grado escolar
Primaria Secundaria
Media DS M DS t p
Familiar 42.3 21.9 51.2 28.6 2.37 .018
Social 13.1 12.9 21.2 17.3 3.84 .001
Escolar 39.8 16.8 49.1 19.8 3.59 .001
Personal 50.2 18.1 68.3 25.2 4.35 .001
Salud 29.6 17.5 34.5 16.8 1.96 .061
Nota: p≤ .01
Fuente: Elaboración propia.
En cuanto al sexo, las diferencias halladas en ansiedad, solo fueron registradas en mentiras (t=2.47; p=.014),
siendo las mujeres quienes puntuaron más alto. En factores de riesgo, también las mujeres obtuvieron un
puntaje mayor en el dominio personal (t=2.61; p=.009).
Discusión
Las respuestas de ansiedad en adolescentes, al igual que en niños o en adultos, son adaptativas en la
medida en que permiten reaccionar ante circunstancias amenazantes; sin embargo, se tornan desadaptativas
cuando la situación en realidad no es amenazante o cuando se empiezan a prolongar, pasando a un estado
que permanece constante. Como resultado, el adolescente experimenta sentimientos de aprensión, temor,
irritabilidad, angustia, y trastornos de conducta, lo que genera sufrimiento, alta disfuncionalidad en sus áreas de
ajuste y poca flexibilidad en la resolución de problemas (Riveros, 2015).
Los hallazgos muestran un predominio de niveles altos en ansiedad, con excepción de preocupaciones sociales,
y de acuerdo a lo expresado previamente, coloca a los adolescentes en una condición de vulnerabilidad no solo
por las manifestaciones adversas que trastocan las diversas áreas de desarrollo, sino también por la dificultad
que pueden presentar para transitar a la vida adulta.
Un estudio realizado por Galiano, Castellanos y Moreno (2016) reportó que los síntomas ansiosos son diversos,
que van desde síntomas físicos como taquicardia, palpitaciones, dolor abdominal, sudoración, disnea, opresión
en el pecho, tensión muscular, seguido de náuseas, vómitos, mareos, hasta trastornos del sueño, sentimientos
negativos de culpa, soledad, irritabilidad, depresión, ideas hipocondriacas y/o suicidas, lo que genera un
deterioro generalizado.
Los factores de riesgo que se asocian principalmente a la ansiedad fueron los personales, familiares, escolares
y de salud; es decir, los factores que tienen que ver con el contexto social, resultan ser un poco menos
amenazantes que el resto. De esta manera, se confirma que es un fenómeno multicausal lo que complejiza los
procesos de intervención.
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Se reportan correlaciones de tres de los 4 factores de la ansiedad con los factores de riesgo familiar y personal
principalmente, seguido de los factores escolares, lo cual refleja que las deficiencias en autoconcepto,
autoestima, manejo de afectos, metas, junto con un ambiente familiar disfuncional, caracterizado por conflictos,
desaprobación, comunicación ineficiente, inadecuado manejo de disciplina y, un contexto escolar que poco
provee de factores protectores, se convierten en aspectos que vulneran la salud mental del adolescente.
A la vez, los resultados confirman que la adolescencia temprana constituye el período de mayores
transformaciones, lo que se convierte en un condicionante de riesgo latente para el adolescente, al encontrar
que los adolescentes de nivel secundaria quienes se ubican en esta fase, muestran mayores factores de riesgo
asociados a manifestaciones ansiosas. En tanto, el sexo marcó diferencias mínimas en las variables de estudio.
Conclusiones
Se concluye que existen indicadores de ansiedad en un porcentaje considerable de los participantes,
particularmente en manifestaciones fisiológicas, inquietud y el deseo de aceptación social, lo cual representa una
conducta de riesgo evidente, y que desafortunadamente confirma resultados de otros estudios que demuestran
que los trastornos de ansiedad son condiciones comunes en la infancia y adolescencia, que coexisten con
trastornos del estado de ánimo principalmente, y que pueden predecir la existencia de otras patologías durante
la edad adulta, de ahí el impacto devastador que tiene en la calidad de vida de este grupo poblacional.
En el mismo orden de ideas, los resultados destacan que los principales contextos de socialización como la
familia y la escuela actúan como factores de riesgo para el desarrollo del adolescente, a lo que se suman rasgos
personales y hábitos poco saludables que han desarrollado previamente y que ahora se convierten en una
fuerte limitante, lo que en su conjunto, los convierte en condiciones adversas que quebrantan la salud mental
del adolescente. Es fundamental poner atención a los adolescentes tempranos, ya que se han convertido en una
cohorte mayormente vulnerable, donde además de presentarse los mayores cambios, también surgen mayores
conductas de riesgo como consecuencia de la necesidad de autonomía, de la dependencia del grupo de iguales y
del distanciamiento con respecto a los padres, por lo que es necesario profundizar en las variables intervinientes.
Los hallazgos son una aproximación apenas sobre la salud mental de una muestra de adolescentes, se
requiere ampliar la muestra de estudio, no solo en cantidad sino también abarcar toda la etapa adolescente
desde la preadolescencia hasta la postadolescencia, de tal forma que se cuenten con bases más sólidas que
proporcionen mayores elementos de análisis sobre los factores de riesgo que intervienen en la presencia de
trastornos de ansiedad.
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