BACH 2
NADA
CARMEN LAFORET
- CONTEXTO HISTÓRICO Y SOCIAL
La guerra civil española fue un conflicto bélico que se inició el 17 de julio de
1936 y que constituyó una reproducción a nivel nacional de la radicalización
ideológica que estaba experimentándose en toda Europa.
El gobierno establecido por los
sublevados, dirigido desde octubre
de 1936 por el general Francisco
Franco, representaba un conjunto
de valores conservadores y
tradicionalistas muy próximos al
fascismo. Y, por este motivo,
recibió el apoyo de países como
Alemania e Italia. En cambio, la
otra cara de España acogía a
distintos grupos ideológicos
(republicanos, comunistas, socialistas, anarquistas…) que representaban los
ideales más típicos de los revolucionarios, sobre todo de los que constituían la
clase obrera. Por ello, contaron con la ayuda de países como la Unión
Soviética y México. Así mismo, las denominadas Brigadas Internacionales,
brindaban voluntarios que compartían una ideología similar que abogaba por la
libertad y la igualdad entre cualquier persona sin diferenciar la clase social,
estos eran procedentes de diversos países Europeos y de Estados Unidos. El
gobierno francés pretendía favorecer a la República, pero no actuó por el temor
a la Alemania nazi, a diferencia del británico que sentía cierta inclinación por el
bando franquista a pesar de que no lo declaró.
No obstante, para no hacer estallar un conflicto generalizado en toda Europa,
ambos países (Francia e Inglaterra) optaron, en agosto de 1936, por formar un
Comité de no Intervención, que desfavorece al gobierno republicano dejándolo
sin apoyo alguno. Y, aunque Italia, Alemania y la URSS acordaron mantenerse
al margen, intervinieron en repetidas ocasiones.
Finalizada la guerra civil española, no sólo hubo vencedores y vencidos.
También hubo hambre, escasez y miedo.
Los primeros años de postguerra fueron peores que la misma guerra. Los
fascistas ocuparon Madrid el 28 de marzo de 1939 y hasta el 8 de abril no
entraron en la capital trenes con alimentos. Muchos ciudadanos se vieron
obligados a cambiar monedas o joyas de oro por un chusco de pan negro, otros
acudían a los cuarteles a pedir las sobras y muchas mujeres tuvieron que
prostituirse por un poco de comida.
Los alimentos se convirtieron en un bien escaso. A los españoles aún les
quedaba por soportar una dura etapa, que se vio agravada por el aislamiento
internacional del régimen franquista.
- CONTEXTO CULTURAL Y LITERARIO
En Europa, de nuevo la guerra marca la ruta literaria. La Segunda Guerra
Mundial supone un punto de inflexión, tanto por los combates y sus
consecuencias, como por el holocausto, uno de los grandes temas de la
segunda mitad del siglo. El Diario de Anna Frank, escrito durante esta época,
puede ser visto como uno de los libros inaugurales de esta tendencia.
Surge el existencialismo, con las obras de Sartre, ante la angustia de un error
repetido, la falta de sentido de la vida y la libertad combativa que se opone a
ella. Sobre temas similares se reflexiona en El Principito o los libros de Albert
Camus, Simone de Beaviour añade la cuestión del feminismo y el papel de la
mujer. Igualmente Tennesse Williams trata el tema del género en su teatro.
En España, pocos años después de la Guerra Civil, cuando la censura
franquista estaba en su mayor esplendor y muchos intelectuales se habían
exiliado por temor a las represalias franquistas, apareció publicada Nada, una
novela de Carmen Laforet.
El paso de la guerra hizo mella en las nuevas narraciones que, a partir de ese
momento, iban a tener una nueva perspectiva y a incluir nuevos estilos.
La novela de posguerra (1939-1950) está clasificada por la crítica en diferentes
tendencias:
▪ Triunfalismo: justifican el franquismo, la guerra y los valores tradicionales.
▪ Tremendismo: explica con un estilo sorprendente el mundo de la violencia
gratuita y de la miseria postbélica. Una de las obras más representativas de
esta tendencia es La familia de Pascual Duarte, de Cela.
▪ Novela psicológica: analiza el carácter de los personajes utilizando técnicas
ya conocidas y desde una perspectiva realista.
▪ Novela de difícil clasificación: hay obras como las de José Mª Gironella o las
de Darío Fernández Flores que, por su carácter personal, no pueden
englobarse en estas tendencias.
▪ Novela existencial: el primer ejemplo que tenemos de este tipo
de novela es Nada de Carmen Laforet, seguida de La sombra
del ciprés es alargada de Miguel Delibes. El denominador
común de estas novelas es la frustración de la vida cotidiana,
la angustia por un tipo de vida no deseado, la tristeza y el
ansia existencial. En estas novelas también está presente la
soledad, la inadaptación, la frustración por una sociedad en
decadencia, los personajes marginados y la muerte.
En Nada claramente encontramos ejemplos de esto: la
pobreza (casa de la abuela, el hambre…), la violencia (entre
Juan y Gloria) y la muerte (Román).
▪ Neorrealismo: los ejemplos más representativos de este grupo son Alberto
Moravia, Vasco Pratolini y Cesare Pavese. Tuvo un especial desarrollo en
Italia, tanto en el cine como en la novela.
- BIOGRAFÍA
(Barcelona, 1921 – Madrid, 2004) Escritora española. Carmen Laforet Díaz
nació en Barcelona el 6 de septiembre de 1921, si bien con dos años de edad
se trasladó con su familia a las islas Canarias. A los dieciocho años, una vez
finalizados los estudios de bachiller, decidió regresar a Barcelona para estudiar
las carreras de filosofía y letras y derecho, si bien no acabó ninguna de las dos.
Poco satisfecha de su paso por la universidad, cuando contaba veintiún años
se fue a vivir a Madrid.
En Madrid conocería al periodista y crítico literario Manuel Cerezales, quien la
animó para que prosiguiera con sus recién iniciados pinitos literarios. Fue sólo
dos años más tarde, en 1944, cuando su vida daría un vuelco inesperado al
presentar su novela Nada al recién creado Premio Nadal, otorgado por
Ediciones Destino.
Renovadora de las letras españolas
Transcurridos dos años desde su triunfo literario, su vida privada también
cambió positivamente cuando contrajo matrimonio con Manuel Cerezales, del
que tendría cinco hijos, dos de ellos escritores, Cristina y Agustín.
Consagrada ya como una de las mejores
narradoras de la realidad española de la
época, los años que siguieron fueron
intensos. En 1948 la Real Academia
Española la distinguió con el Premio
Fastenrath por su primera novela, mientras
ella seguía escribiendo sin cesar cuentos y
artículos periodísticos. Durante las décadas
de los cincuenta y los sesenta Laforet
saboreó las mieles del éxito.
Su producción literaria tuvo en ese período
tres hitos, las novelas que siguieron a Nada.
En 1952 publicó La isla y los demonios, donde evocaba los años de su infancia
y adolescencia en Canarias. Tres años después vio la luz La mujer nueva, un
título que podría ser la definición de su vida en esta época, pero que era en
realidad el relato de su «reconversión» al catolicismo tras unos años de
agnosticismo
Años de retiro voluntario
Durante unos años más siguió publicando relatos cortos, artículos y hasta un
libro de viajes en 1967 (Paralelo 35). Pero la buena estrella que la había
acompañado hasta entonces empezó a apagarse. La década de los setenta
estuvo marcada por sus frecuentes depresiones, la separación de su marido y
un rechazo cada vez mayor de la vida pública.
Nunca dejó de escribir, pero sus obras iban quedando incompletas, a veces
olvidadas, porque su afán de perfeccionismo se convirtió en una obsesión.
Después de mucho tiempo siendo objeto de admiración por parte de sus
lectores, las dificultades económicas, las envidias y rencillas de los círculos
literarios, así como un ambiente político-social en el que se sentía extraña, la
fueron llevando a un retiro voluntario.
- “NADA”
Nada de Carmen Laforet constituye, sin duda, la obra más lograda y relevante
de la producción literaria de esta escritora de posguerra. Con tintes
fuertemente autobiográficos, todavía hoy se alza hoy como un relato fresco,
imperfecto pero lleno de fuerza juvenil que nos atrapa desde las primeras
páginas.
Nada es la historia de una muchacha solitaria e introvertida que se abre a la
vida adulta en medio de los horrores que dejó la guerra. En el ambiente
asfixiante de la inolvidable casa de la calle Aribau, esta joven es testigo
obligada de peleas y reproches terribles entre parientes que se aman y odian
con igual intensidad y entre quienes existen secretos amargos.
Se podría decir que EL TEMA PRINCIPAL de la obra es el anhelo de
liberación femenina que la autora asocia a un cambio de lugar, a un viaje.
La búsqueda de libertad se podría plantear como una solitaria lucha contra la
sociedad.
Retrato de una sociedad enferma, a través de sus páginas desfilan seres
malvados y estúpidos en coexistencia precaria, burgueses venidos a menos
que malviven entre los restos del naufragio, sombras de vidas que fueron
mejores y más felices antes de la guerra. Laforet nos muestra un mundo de
pesadilla sólo aliviado, en parte, por los amigos de la protagonista, estudiantes
y artistas del ambiente bohemio y relajado, jóvenes con dinero y pocas
preocupaciones a quienes la guerra no les ha dejado secuelas.
La Guerra Civil del 36-39 y que extiende su sombra a los años posteriores al
conflicto, a esa época gris, vacía y envuelta en terrible miseria moral y material
que trajo la dictadura de Franco, es un fantasma que recorre toda la novela.
En este contexto histórico y social, el relato de Laforet, de título además tan
simbólico, se inserta en la narrativa de corte existencialista que se produjo en
Europa después de la segunda Guerra Mundial y que daría a luz obras tan
destacadas como El extranjero de Albert Camus o La náusea de Jean Paul
Sartre.
Temáticamente, las novelas de este período girarán en torno a la amargura de
las vidas cotidianas, la soledad, la inadaptación, la muerte y la frustración. Los
personajes se adaptarán a estos temas, de forma que los protagonistas serán
seres marginados socialmente, angustiados y desarraigados (la protagonista
de Nada llega a Barcelona para estudiar y allí se encuentra fuera de su
ambiente, insegura y triste). Las causas de esta amargura vital se encuentran
en la sociedad de la España de los años cuarenta, marcada por la pobreza, la
incultura, la violencia, la persecución política, la falta de libertades...
ESTRUCTURA
“Nada” está estructurada en tres partes, las dos primeras tienen nueve
capítulos y la tercera siete. Aunque el tiempo en la novela no es muy preciso,
se podría decir que la primera parte va de octubre a febrero, la segunda de
marzo a junio y la tercera de julio a septiembre.
La primera parte comienza con la llegada de Andrea a Barcelona y a su piso de
la calle Aribau; y se cierra con la marcha de la tía Angustias a un convento.
Con la salida de escena de Angustias, Andrea tiene una nueva sensación de
libertad.
En la segunda parte, Andrea, después de haber tomado algunos licores en
casa de Ena, sale a pasear sola por las calles del barrio gótico de la ciudad. Si
en la primera parte la acción se centraba en el piso de la calle Aribau y en la
extraña conducta de sus habitantes, ahora el centro se traslada al exterior de la
vivienda: la Universidad, la calle, Ena, su novio, amigos y los bohemios como
Guíxols, Pons e Iturdiaga. Pero las relaciones de Ena con su tío Román sirven
para unir la vida exterior con la interior. El final de esta segunda parte lo marca
el primer baile fracasado de Andrea en la mansión burguesa de Pons.
La tercera parte empieza con la conversación entre la madre de Ena y Andrea,
y termina con la marcha a Madrid. En esta última parte Andrea se dará cuenta
de que el interés de Ena por Román tenía su fundamento en el deseo de
entender la fascinación de su madre por él y por la búsqueda de venganza.
Esto también es el desenlace con Gloria.
Esta separación en tres partes se debe a que Andrea atraviesa tres etapas
diferentes para alcanzar la independencia: la victoria sobre Angustias,
superación de diferentes pruebas y el desencanto de las ilusiones.
El lenguaje de la novela
La lectura de “Nada” exige al lector introducirse en la densa atmósfera que crea
con la comunicación escrita que es en primera persona y va implicando a quien
lo lee para que sienta no sólo la historia, sino los sentimientos que en ella
afloran. Sin esta referencia sería una historia más. Porque narra una escena de
posguerra, pero no se queda en ella, como muchos críticos parecen insistir.
Mucho menos que trate de una historia de la pobreza de entonces, que sería la
psicología de tanto hijodalgo que viven en este país, pero no deja de ser una
referencia de prototipos en los que apoyarse para expresar un cruce de
relaciones que tampoco son el meollo de la obra, sino los sentimientos, sus
vivencias, lo que trasluce y adonde nos lleva y lo que atrapa.
De hecho, hay unos personajes ausentes, que no intervienen porque la autora
nos lleva a un pasado y presente de los personajes sobre la base de lo que han
sentido sin ser una obra sentimental, sino una radiografía de lo que es sentir de
manera intemporal. Por eso descarto la interpretación que
se hace de ver esta novela como una descripción de una
moral asfixiante, o el prototipo de la mujer española del
franquismo que se quiere liberar. Va mucho más allá. Es
realmente una novela universal, sin modelos. Y hay que
valorarla en este sentido. No cuenta una historia
determinada, sino que la usa para que sirva de mapa de
emociones que trasciende a una época determinada.
Cuando parece que los sentimientos en nuestra vida, en la
sociedad son nada. Si se quiere ver como una novela
existencial lo es desde un punto de vista muy profundo y filosófico, no como
una pose.
Laforet nos lleva a un entresijo que interfiere con otras personas. No vemos
nada más allá de la conducta, de lo que “vemos”, pero es una nada llena, llena
de lo invisible a lo cual señala. Sin esta idea no es posible entender esta
novela, sino una trama costumbrista, incluso existencial, cuando es mucho
más. No podemos entender ni analizar una obra de arte, como es esta obra, de
la misma manera que algo escrito que no llega al hilo emocional, no siempre
porque lo pretenda el autor o autora, sino que surge de esta manera.
Indudablemente rezuma una crítica social sobre la vivencia de la religiosidad,
como mujer: los hombres “son idiotas”, “sementales”. Pero sobresale el hilo de
los sentimientos, de madre a hijo, la sobreprotección, el del enamoramiento, la
pasión, la convivencia – amor, la agresividad contra la pareja, la sumisión en el
matrimonio, la relación de las personas consigo mismas.
Desde el punto de vista literario el lenguaje metafórico despierta muchas
sensaciones. Una buena parte de la novela Carmen Laforet se deja llevar en
su lenguaje íntimo, lo que le lleva a sacar parte del inconsciente y a esta parte
no visible le acopla una trama, a veces forzada como historia, como que es que
justamente la madre de la amiga es la que de joven estuvo enamorada del tío
de Andrea, desde quien escribe la autora. Pero da pie a hacer una
comparación muy interesante en la diferencia de ver el enamoramiento de un
varón y el de una mujer. El enamoramiento como algo diferente al amor, que lo
es en sí mismo y no una derivación o sucedáneo o consecuencia de la pasión,
amar, convivir o la fascinación.
El amor
La vivencia del enamoramiento es diferente y lo cuenta tal cual es. Iturdiaga es
un escritor incipiente, casi adolescente, estrenada su mayoría de edad. Forma
parte de un grupo bohemio de Barcelona en el que la mayoría que lo forman
son pintores. Pasó una semana en el monasterio de Veruela siguiendo las
huellas de Bécquer. Quiere batirse en duelo con un amigo que faltó a una
florista de Las Ramblas. Cuando está en un antro se fija en una mujer que con
verla nada más considera que es rusa, su atracción le desborda. Resulta luego
ser la amiga de Andrea que empieza a merodear por aquel ambiente.
Es otra coincidencia forzada como trama novelesca, pero que le sirve a Laforet
como herramienta para su propósito o intención de poner en juego emociones
que chocan con la realidad. La considera “su mujer ideal”; “su alma gemela”:
“nos hemos enamorado sin decirnos una palabra”. Su mirada le decía todo: sus
sueños, sus esperanzas. Afirma que no es una aventura. Ella se va. Él corre
tras ella. Se va. Se pasó todo el día siguiente buscándola como loco. Reconoce
que algo así sólo ocurre una vez en la vida. Vemos que su conducta al
respecto es expansiva, inspirador de un proceso creativo. La distancia en
relación a ella intensifica el enamoramiento.
Por contraste Enea, la amiga de Andrea, le gusta que se enamoren de ella.
Como dice su madre, de cuando fue joven que para ella lo más es vestirse de
la mirada de alguien que le admire. Cuanta ésta, la madre de la amiga de
Andrea, que se enamoró de adolescente, diecisiete años, de Román, un tío de
Andrea. Fueron compañeros en el conservatorio de música. Su vivencia del
enamoramiento, como contraste, es cerrada, entra en contacto con él y es
despreciada. Se convierte en una obsesión que le hace sufrir: “le he querido
demasiado tiempo” reconoce que estuvo pendiente en exceso de sus gestos y
estados de ánimo, de manera que a veces le pareció irreal cuando es una
persona. Sintió angustia, porque se cierra en esa relación que no sucede en la
distancia, como en el varón, sino en una relación unilateral que exige la misma
intensidad a la persona de la que se enamora, sin que sea posible, al menos
sin que haya reciprocidad.
Manifiesta una admiración estática. Román le pidió su trenza. Ella se la dio, de
manera que pierde su encanto. Román la desprecia, le dice que se ha
convertido en su perro, se burla de ella, que enfermó. El padre de ella paga a
Román porque se aleje de ella, lo cual acepta. Cuando al cabo de un año la
madre de Ena ve el recibo se desencanta. Se casó con el primer pretendiente
que tuvo, sin amarlo. Luego fue feliz con él y tuvo una hija y varios hijos.
De esta manera Carmen Laforet diferencia la convivencia de pareja, al amor
que se construye con el tiempo del enamoramiento. En su marido, Luis,
encontró amistad, compañía, ternura. Una vez que ella enfermó y tuvo fiebre en
sus delirios febriles habló de Román, por lo que lo supo el marido, que aceptó
aquella situación sentimental. De esta manera vemos que es algo propio el
enamoramiento como tal y diferente a otros sentimientos. Y que el varón y la
mujer lo viven de manera diferente, siendo el mismo sentimiento, pero la
reacción cambia en su manera de expresarlo y vivir el enamoramiento. Aquí
sucede otro artificio en la historia, pero necesario para jugar con las
sensaciones de los personajes para hacerlas más intensas al hacerlas visible
por contraste de unas con otra.
Valoremos el aspecto literario y no la composición de una trama. Nos
quedamos con dos expresiones que parecen arte: “zumo de luna” y “dolor de
soledad”. Expresiones que necesitan todo un contexto, pero que en sí mismas
revelan la profundidad del lenguaje con que escribe.
Los personajes
Intervienen varios personajes que se relacionan entre sí, de manera que la
novela se desarrolla en un universo cerrado, fuera del cual quedan personajes
ausentes, como el abuelo, los padres de la chica desde quien escribe la autora.
Cada uno tiene su historia, pero se urde dentro de ese mundo que ha creado
Laforet, cuando los protagonistas son la historia sentimental de los personajes
que llegan a formar una unidad la cual disecciona como si de un objeto
anatómico intangible se tratara.
Los personajes en su aspecto externo son incoherentes, en situaciones
extremas socialmente, anacrónicos, pero sacados de una realidad oscura, pero
cierta, extraña, pero más normal de lo que puede parecer. De un mundo en el
que no hubo asilos, ni en el que cada cual tenía su piso. Se produce una
convivencia tal cual fue en una época. Aunque luego los sentimientos se
repitan en otros escenarios, de ahí que el valor de esta novela permanezca.
Antes de hacer un mapa que nos lleve a la esencia de la novela siguiendo la
palabra “nada” que es la que da título a la obra, unas pinceladas de la historia
con el fin de analizar a continuación su significado.
Una adolescente va a estudiar en la universidad a Barcelona. va a vivir con su
abuela y unos tíos, cuyo encuadre es difícil porque viven interior y social y
familiarmente en una situación compleja, a veces ridícula, otras se ve como
algo penoso, difícil de asimilar, pero es la manera de hacer aflorar toda una
serie de historias sentimentales que se acaban haciendo presentes. Como
contraste aparece un ambiente bohemio, de artistas jóvenes frente al mundo
del arte decadente de al cabo de los años. Son jóvenes llenos de ambiciones
de familias ricas, lo que se encarga de remarcar la novela.
Baste citar algún posicionamiento de quien encamina la historia al ser la
protagonista desde la cual escribe la autora: “Me gusta la gente con un átomo
de locura que hace que la existencia no sea monótona, aunque sean personas
desgraciadas y estén siempre en las nubes… las que según mi familia son
calamidades indeseables”; “Siempre nos movemos en el mismo círculo de
personas por más vueltas que parezca que damos”.
- La palabra “nada”
Veamos adonde nos lleva la palabra “nada” que da título a la obra y aparece
diez veces, con gran carga de sentido para la novela, fuera o no consciente
este aspecto, pero ahí queda en lo que leemos y que es posible entresacar
como hilo conductor de todo lo que se cuenta. De ahí el título.
Cuando Andrea conoce a su tío
éste toca el piano en su cuarto.
Román pregunta a su sobrina
qué le dice la música. Ella
contesta “nada”. Nada, cuando
reconoce que evocaba los
colores impotentes de mi alma.
Es lo que más adelante cautiva
a su mejor amiga, la música que le hace ser un genio y que ella evoca
finalmente porque le ha afectado.
Román se asoma a la habitación de su hermana Angustias. Ésta se ha ido por
unos días. Su habitación es ocupada por Andrea. Esta se sorprende de que
aparezca él, ¿a cuento de qué? El tío se excusa. “Nada, nada”, dice Andrea.
¿Nada?, cuando a lo largo de la historia se refieren al parecido de Andrea,
precisamente, con Román. A la habitación de Angustias que mantiene una
moral de hierro para sí misma y su sobrina, cuya religiosidad sepulta sus
sentimientos. Acabará yendo a un convento, pero antes se descubre una
historia de amor con su jefe, con quien se ha estado viendo a escondidas,
Jerónimo.
Román es su antagónico, un hombre frío, que se dedica al contrabando, cínico
y sin escrúpulos. Aparentemente no pasa nada, se ve que alguien se asoma y
que se ha equivocado al ver que hay otra persona, pero en ese choque de
miradas hay un mundo invisible de emociones que se irá plasmando poco a
poco, en una trama que no viene hecha, que no la define su autora, sino a cada
paso nos va sorprendiendo con una lógica de los sentimientos, que no se
quiera buscar otra porque entonces la obra literaria queda reducida a una mera
historia.
Ena, la amiga de Andrea, le achaca a ésta “no te fijaste en nada”. Sin embargo,
Andrea fue una esponja a cada gesto, a cada suceso por nimio que fuera en
donde estuvieron y así lo va a contar. “Nada” se convierte en el envoltorio de
todo lo que construye el mundo sentimental de Andrea como base de su
personalidad y de su historia.
Aquel verano no pasa nada, nada cuando sucede todo un desenlace fatal que
ordena y culmina los sentimientos entrecruzados de los personajes con una
intensidad inusitada.
No hay nada entre Román y Enea, cuenta la
protagonista amiga de ésta, cuando hay toda
una historia de venganza y de atracción fatal
entre ambos, con la historia de la madre de
ella con Román. Nada, cuando ha
condicionado la vida de la madre y afecta a
su hija y a Andrea, que aprenden a atisbar y
ver y a sentir porque descubren su ser.
¿Nada?, nada más y nada menos.
Ena le dice que Andrea no le ha dicho nada,
pero ese no decir nada hace que dejen de ser
amigas, al menos un tiempo, que Ena
reconoce que se enfada con su novio Jaime
por una nadería. Un nada que afecta a las dos de manera esencial en sus
vidas de aquellos momentos porque las dos buscan lo mismo por diferentes
caminos. También a Andrea que se va a ver envuelta en aquel laberinto de
sentimientos y emociones a flor de piel. Es nada. Como diría Sartre en su obra
“El ser y la nada” (1943), es ser sale de la nada, hay una prioridad de la nada
sobre al ser: “la nada funda el ser”.
Cuando Andrea coincide con su tío Román y hablan, él le da cigarrillos, dulces,
hablan, ella queda impresionada, es “como un día que no hubiera pasado
nada”, cuando a ella se le remueven muchos recuerdos, sensaciones que le
hacen cada vez profundizar más en sí misma, dialogar consigo misma. No
pasa nada.
La madre de Enea cuenta su historia sentimental con Román a Andrea. le
pregunta que qué piensa: nada. Nada cuando descubre todo lo que guarda su
tío, lo que es, lo que descubre en el seno de su familia, lo que afecta a su
amiga a la que quiere y a sí misma porque no entiende, va aprendiendo, se
sorprende a pesar de que parece que nada le afecta. Pero su personalidad se
fortalece.
Andrea siente la presencia de alguien, es Ena, no sintió su presencia nada,
cuando en ese encuentro se va a reconciliar con ella, se va a cerrar la historia
para que sea comprensible para ambas.
Gloria, la mujer de Juan, el hermano de Román, dice que no piensa nada,
cuando le ha denunciado, algo que va a afectar el desenlace final, la tragedia.
Sin embargo Andrea no cree nada de lo que cuenta Gloria. Cuando es parte
esencial de lo que sucede con el marido de Gloria que la pega. Gloria dice
estar enamorada de él, de Juan, que por eso aguanta, pero habla de huir, no lo
hace. Gloria se ofreció a Román de joven, cuando rompió con Juan, pero aquél
la desprecia. la humilla. Vuelve con Juan, cuando la guerra. En el momento en
que llega Andrea a la casa donde viven todos juntos en aquel nudo de
sentimientos que para saber qué sucede ha de desentrañar esa nada que se
esconde en la conducta de los personajes, en sus locuras particulares y muy
personales.
Y como colofón de la “nada” que envuelve toda la novela mediante el título de
la misma: “me voy sin conocer nada de la vida y del amor”, piensa Andrea, se
dice a sí misma. ¿Nada?, cuando lo ha aprendido todo, ha huido de quien la
besó, porque busca el amor, no al macho. Cuando huye de un baile en el que
ha sido arrinconada y deja a un amigo que se ve en una situación similar,
porque acaso las historias de amor y sentimiento se diferencian en detalles,
pero poco. No quiere ser atrapada en la telaraña del amor dependiente, del
amor que sea nada, porque lo es todo a través de la nada.
- El uso del espacio en la novela
La obra se desarrolla en Barcelona, lugar donde la joven Andrea, de tan sólo
18 años, entusiasta, inocente y con gran afán de superación, decide que
transcurra su próximo año en la Universidad. Pero lo que para ella supone un
cambio de vida excitante resulta un completo desengaño, ya que a partir de
entonces habrá de sufrir angustiosas situaciones que la conducirán a su
madurez. Andrea hubo de enfrentarse a la sociedad burguesa y conservadora
de los primeros años de la posguerra, sometida al franquismo y cargada de
hambruna, en la cual las mujeres no tenían derecho a desear, ni tan siquiera a
superarse, sino que habían de reconocerse como puros objetos destinados
únicamente a la maternidad. Lucir luto tras la muerte de un ser querido era la
norma entre las mujeres, y el suicidio estaba considerado como un acto
despreciable, ya que era impropio de un cristiano atentar contra su vida.
Andrea vivía alternando diariamente dos espacios razonablemente dispares:
por un lado, la casa familiar en la calle de Aribau, en la cual reinaban la
violencia y el hambre; por otro, la Universidad, plena de entretenimiento,
compañerismo y gozo, necesarios para evitar y reducir su angustia.
El tiempo
El tiempo de la novela es lineal y cronológico: cuenta desde que Andrea llega a
Barcelona hasta que se marcha a Madrid. Sin embargo, hay veces que se
hacen alusiones al pasado. El transcurso de la novela es de aproximadamente
un año. En lo que a simbología se refiere, el hecho de que Andrea llegue de
noche y se vaya al amanecer, podrían reflejar que ese año fue como una
noche.
La acción transcurre durante el curso 1939-40, aunque hay algunas analepsis
(retrocesos temporales, flashbacks) a través de los recuerdos de otras
estancias de Andrea en Barcelona, cuando iba a pasar los veranos en casa de
sus abuelos, en la calle Aribau, antes de la guerra, así como algunos
acontecimientos adelantados (como el final de su estancia barcelonesa), que
delatan una escritura posterior a la estancia en Aribau.
- Narrador
Andrea, la protagonista, es la narradora en primera persona (no una narradora-
protagonista, sino una narradora-testigo que nos cuenta sobre todo lo que
observa), por lo que solo tenemos su perspectiva. Sin embargo, la autora
introduce otros puntos de vista en algunos episodios, como los capítulos XV y
XX, que cuentan la visita al barrio chino por parte de Juan, narrada de forma
dinámica y sin apenas estilo poético primero según Andrea y luego según
Gloria, algo que vuelve a suceder en los capítulos XVI y XXI con una escena
evocada por Iturdiaga y luego por Ena.
- El estilo
- Estilo natural y fiel reflejo del habla coloquial en los diálogos.
- En los fragmentos narrativos, la autora hace gala de un estilo poético-lírico.
- Las descripciones responden a los sentimientos de la autora (valoración
simbólica de la realidad)
- Estilo impresionista basado en la subjetividad de la autora.
- También hace uno de un estilo expresionista que distorsiona la realidad, como
en el velatorio de Román, comparado con el cuadro “Aquelarre” de Goya.
- Uso frecuente de metáforas, personificaciones y comparaciones.
- Laforet utiliza las animalizaciones para degradar a los personajes que no le
gustan.
- Adjetivación sensorial- sinestesia.
- EJERCICIOS
1. Comente el siguiente pasaje de la novela Nada, de Carmen Laforet,
destacando su significación en la obra.
La abuelita hablaba también, como siempre, de los mismos temas. Eran
hechos recientes, de la pasada guerra, y antiguos, de muchos años atrás,
cuando sus hijos eran niños. En mi cabeza, un poco dolorida, se mezclaban las
dos voces en una cantinela con fondo de lluvia y me adormecían. ABUELA.—
No había dos hermanos que se quisieran más. (¿Me escuchas, Andrea?)No
había dos hermanos como Román y Juanito… Yo he tenido seis hijos. Los
otros cuatro estaban siempre cada uno por su lado, las chicas reñían entre
ellas, pero estos dos pequeños eran como dos ángeles… Juan era rubio y
Román muy moreno, y yo siempre los vestía con trajes iguales. Los domingos
iban a misa conmigo y con tu abuelo… En el colegio, si algún chico se peleaba
con uno de ellos, ya estaba el otro allí para defenderle. Román era más
pícaro…, pero ¡cómo se querían! Todos los hijos deben ser iguales para una
madre, pero estos dos fueron sobre todos para mí… como eran los más
pequeños… como fueron los más desgraciados… Sobre todo Juan. GLORIA.
—¿Tú sabías que Juan quiso ser militar y, como le suspendieron en el ingreso
de la Academia, se marchó a África, al Tercio, y estuvo allí muchos años?
2. Contexto literario de la obra.
3. Interprete y justifique la siguiente observación del crítico Gonzalo
Sobejano acerca de la novela Nada y del significado de su título: «Bajo la
apariencia misteriosa se oculta la vileza y al fondo de la esperanza está la
nada».
4. El uso del tiempo y del espacio en la novela.
5. Comente el siguiente pasaje de Nada, de Carmen Laforet, destacando
su significación en la obra.
Miré el reloj instintivamente.
— Me oyes como quien oye llover, ya lo veo… ¡Infeliz! ¡Ya te golpeará la vida,
ya te triturará, ya te aplastará! Entonces me recordarás… ¡Oh! ¡Hubiera
querido matarte cuando pequeña antes de dejarte crecer así! Y no me mires
con ese asombro. Ya sé que hasta ahora no has hecho nada malo. Pero lo
harás en cuanto yo me vaya… ¡Lo harás! ¡Lo harás! Tú no dominarás tu
cuerpo y tu alma. Tú no, tú no… Tú no podrás dominarlos. Yo veía en el
espejo, de refilón, la imagen de mis dieciocho años áridos, encerrados en una
figura alargada, y veía la bella y torneada mano de Angustias crispándose en el
respaldo de una silla. Una mano blanca, de palma abultada y suave. Una mano
sensual, ahora desgarrada, gritando con la crispación de sus dedos más que la
voz excitada de mi tía. Empecé a sentirme conmovida y un poco asustada,
pues el desvarío de Angustias amenazaba abrazarme, arrastrarme también.
Terminó temblorosa, llorando. Pocas veces lloraba Angustias sinceramente.
Siempre el llanto la afeaba, pero éste, espantoso, que la sacudía ahora, no me
causaba repugnancia, sino cierto placer. Algo así como ver descargar una
tormenta.
FRAGMENTOS
Quizá me ocurra esto porque he vivido siempre con seres demasiado normales
y satisfechos de ellos mismos. Estoy segura de que mi madre y mis hermanos
tienen la certeza de su utilidad indiscutible en este mundo, que saben en todo
momento lo que quieren, lo que les parece mal y lo que les parece bien… Y
que han sufrido muy poca angustia ante ningún hecho.
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Me compensaba el trabajo que me llegaba a costar poder ir limpia a la
Universidad, y sobre todo parecerlo junto al aspecto confortable de mis
compañeros. Aquella tristeza de recose los guantes, de lavar mis blusas en el
agua turbia y helada del lavadero de la galería con el mismo trozo de jabón que
Antonia empleaba para fregar sus cacerolas y que por las mañanas raspaba mi
cuerpo bajo la ducha fría.
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De todas maneras, yo misma, Andrea, estaba viviendo entre las sombras y las
pasiones que me rodeaban. A veces llegaba a dudarlo.
Aquella misma tarde había sido la fiesta de Pons. Durante cinco días había yo
intentado almacenar ilusiones para esa escapatoria de mi vida corriente. Hasta
entonces me había sido fácil dar la espalda a lo que quedaba atrás, pensar en
emprender una vida nueva a cada instante. Y aquel día yo había sentido como
un presentimiento de otros horizontes.
Mi amigo me había telefoneado por la mañana y su voz me llenó de ternura por
él. El sentimiento de ser esperada y querida me hacía despertar mil instintos de
mujer; una emoción como de triunfo, un deseo de ser alabada, admirada, de
sentirme como la Cenicienta del cuento, princesa por unas horas, después de
un largo incógnito. Me acordaba de un sueño que se había repetido muchas
veces en mi infancia, cuando yo era una niña cetrina y delgaducha, de esas a
quienes las visitas nunca alaban por lindas y para cuyos padres hay consuelos
reticentes.
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