Norberto Galasso: La larga lucha de los argentinos
Introducción
La heurística es la acumulación de documentos.
La hermenéutica es la interpretación de esos documentos.
En cuanto a la heurística hay dos tipos de desviaciones: cuando el historiador omite
determinados hechos y cuando se relatan hechos cuya veracidad es discutible.
Las confusiones en la hermenéutica son mas graves ya que las interpretaciones
dependen de la ideología del historiador.
Las diversas corrientes historiográficas son: la historia oficial, la corriente liberal de
izquierda, el revisionismo rosista, el revisionismo histórico forjista, el revisionismo rosista-
peronista, la corriente de historia social y el revisionismo socialista, latinoamericano o
federal-provinciano.
La historia oficial
Llamamos historia oficial a la que se enseña, desde hace décadas, en los diversos niveles
de enseñanza y predomina en los medios masivos de comunicación como única verdad.
Tambien llamada historia liberal ya que hace eje en el libre juego del mercado y la
apertura al exterior.
Tambien denominada historia mistrista porque Bartolomé Mitre fue su principal propulsor.
Se dice de la historia oficial, la historia de las clases dominantes. Escrita por unas
minorías blancas europeizadas, por ej: Rivadavia, Mitre, Sarmiento.
La corriente liberal de izquierda
La historia oficial ha generado, años atrás, una variante de izquierda conformada por
historiadores vinculados a los partidos socialista y comunista sometidos ideológicamente
al liberalismo conservador.
Sto historiadores se dedicaron a celebrar a los mismo proceres y maldecir a los mismos
réprobos que eran celebrados y maldecidos respectivamente por la historia oficial.
En general esta corriente historiográfica ha perdido vigencia.
El revisionismo histórico rosista
Esta corriente hstoriográfica aparece hacia 1930, contemporanemanete con el golpe
uriburista del 6 de Septiembre. Su base ideologica está dada por el “nacionalismo
oligárquico” (influido por la derecha europea, Maurras en Francia, el fascismo de
Mussolini en Italia).
Carlos Ibarguren con su libro “Rosas, su vida, su drama, sutiempo” resulte su principal
exponente, al mismo tiempo que políticamente se constituye en el principal teórico del
golpe militar al propiciar el reemplazo de la constitución liberal de 1853 por una
constitución corporativa.
Anzoátegui consagra “ la luminosidad imperecedera de la edad media”, idolatra a
Mussolini y califica a la revolución francesa como el mas zafio, histriónico y torcido de los
movimientos sociales.
Estos revisionistas por su concepción reaccionaria, aspiran a resucitar la época colonial y
son sobre todo “hispanófilos”.
La revolución de Mayo no provoca sus entusiasmos y puestos a elegir un prócer, se
definen por Cornelio Saavedra, como expresión de un Mayo militar y conservador, de la
gente “decente” en oposición al mayo popular y jacobino representado por Moreno.
Finalmente encuentran en Rosas al gobernante autoritario y vigoroso, donde se reencarna
el viejo espíritu aristocrático de la colonia y cuya jefatura asegura el orden e impide el
desarrollo de ideas nuevas así como la acción tumultuosa de las masas.
Esto revisionistas hacen girar nuestra historia alrededor de grandes personalidades,
ignorando los profundos movimientos sociales de los cuales estos apenas emergen.
El revisionismo histórico forjista
Previamente a la aparición del revisionismo histórico rosista se ccuestionaron aspectos
parciales de la historia oficial.
Contemporaneamente a la irrupción del yrigoyenismo y su llegada al poder se desarrolla
la “Nueva escuela histórica Argentina” en la cual sobresalen Diego Luis Molinari y Emilio
Ravignani sobre los cuales resulta evidente la vieja raíz federal del radicalismo. Sin
embrago, la posibilidad de un revisionismo histórico radical o nacional-democrático no
alcanza a concretarse como corriente alternativa al liberalismo conservador dominante.
A mediados de la década del treinta surge desde un sector ligado al redicalismo popular
aunque disidente: FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina). La
posibilidad de una corriente historiográfica alternativa a la predominante, pero a su vez,
delimitada del rosismo: puede ser calificada de forjista y adquiere importancia por sus
aportes originales, aunque queda trunca en diciembre de 1945 al disolverse esta
organización.
El revisionismo rosista peronista
El revisionismo rosista de derecha alcanza a ocupar cierto lugar cultural bajo el peronismo
entre 1945-55, pero no logra divulgar su concepción al resto de la sociedad.
Paradojalmente, a la caída del peronismo en 1955, la revisión de la historia oficial
comienza a ganar simpatías populares, lo cual provoca a su vez, una popularización del
viejo revisionismo. Al calor de la analogía establecida entre Perón y Rosas (ambos
desterrados y denigrados) el pueblo comienza a desconfiar de la historia oficial.
Esta receptividad popular favorece el desarrollo y difusión de un “rosismo popular”.
José María Rosa y Fermín Chavez aparecen, entonces, como los principales exponentes
de esta corriente.
Este rosismo popular alcanza gran predicamento entre los sectores populares y entre el
alumnado universitario en la segunda mitad de los años sesenta.
La historia social
Su perfil mas destacable está dado por el reconocimiento de defectos a algunos proceres
liberales, así como la admisión de méritos a algunos proceres denigrados por la historia
oficial.
Desde el punto de vista historiográfico esta corriente recibe una fuerte influencia de la
escuela francesa de “annales”, así como de la sociología funcionalista norteamericana.
Mientras que en lo ideológico se encuentra subordinada a irradiación que proviene de la
socialdemocracia europea.
No es casual, entonces, que la historia social nazca poco después del golpe militar de
septiembre de 1955, en el clima de -la restauración democrática- impulsada desde la
propia universidad de Buenos Aires por su interventor Jose Luis Romero quien se define
como socialista reformista, integrante del partido socialista.
Romero opina que la prédica de Perón revolucionaria y reaccionaria a un tiempo como
todo fascismo fue un fracaso total.
Algunas características de la nueva corriente evidencian el papel científico alcanzado
respecto a la escuela mitrista. Recibe aportes de otras disciplinas como la economía, la
demografía, la sociología y la estadística.
Pero aun con esta innovación no formula una interpretación liberada de la influencia
ideologica de los sectores dominantes, es decir de la fuerte presión del liberalismo
conservador.
El revisionismo federal-provinciano, socialista o latinoamericano
Es considerada como la mayor presencia alcanzada por los trabajadores en nuestras
luchas políticas.
Rechaza el culto a los héroes, explica los acontecimientos en función del enfrentamiento
entre las clases sociales y considera a los sectores populares como protagonistas
principales del progreso histórico.
Cabe calificarla como revisionismo socialista. Tambien se la suele definir como
revisionismo latinoamericano en tanto se niega a la estrecha óptica de las patrias chicas y
considera nación a la patria grande San Martín y Bolivar.
Periodo colonial
Los historiadores liberales han difundido una versión sobre este periodo que ha dado en
llamarse “leyenda negra”. Según ella, España volcó sobre América ideas, costumbres,
instituciones de índole absolutamente oscurantista y reaccionaria. Esáña es según esta
óptica, lo feudal, “ la cruz y la espada” que difunde ignorancia, atraso y fanatismo.
La variante liberal de izquierda, en su versión tradicional, coincide con este enfoque.
Los historiadores de la corriente de historia social coinciden aunque algunos agregan un
elemento nuevo: acentúan la reivindicación de la raza nativa invedida, sojuzgada y
expoliada. Este planteo resulta legitimo en tanto responde a la defensa de los derechos
humanos y también políticamente promisorio en tanto vuelve los ojos argentinos hacia el
resto de la américa morena.
Los historiadores rosistas concuerdan también con la historia liberal en los rasgos
fundamentales que esta adjudica a la conquista colonización, pero invierten la calificación,
pues emplean una escala de valores también distinta. España trajo -dicen- la cruz y la
espada pero esto fue positivo porque la espada implica el orden y la cruz el predominio de
la religión. De este modo los historiadores rosistas convierten la leyenda negra en leyenda
rosa.
La corriente federal-provinciana intenta una interpretación que supere las limitaciones de
ambas leyendas. Por un lado fustiga severamente el genocidio preacticado en estas
tierras por los conquistadores y reivindica a los nativos como nuestros antepasados. Pero
rechaza el furioso antihispanismo que practican ciertas corrientes indigenistas.
Revolucion de Mayo
La historia liberal juzga a Mayo como movimiento separatista, antihispánico, dirigido a
obtener el comercio libre y por ende, PRObritánico. Su carta programática seria “la
representación de los hacendados”, redactada por Moreno, es decir, el comercio libre.
Antihispanismo y probritanismo le dan contenido a este movimiento de “la gente decente”.
Las variantes liberales de izquierda coinciden en general con esta apreciación de un mayo
separatista, de fuerte presencia británica.
El revisionismo rosista juzga a Mayo como expresión de la revolución francesa en el rio de
la plata.
El rosismo acepta a mayo, pero lo hace a regañadientes y buscando al político menos
influido por ideas revolucionarias, convierte a Saavedra (militar y conservador) en su
principal figura, contraponiéndolo al Moreno liberal y europeizante que exaltan los
historiadores liberales.
El revisionismo socialista o federal-provinciano ofrece una versión totalmente distinta:
insiste en el carácter democrático del movimiento y señala el carácter no porteño ni
bonaerense sino su coincidencia con las insurrecciones producidas contemporáneamente
en toda la America hispana.
Para esta corriente Mayo reproduce la lucha por la soberanía popular llevada a cabo en la
península por los revolucionarios españoles, antiabsolutista pero no antihispanico.
La prosecución de la revolución de Mayo
Para los historiadores liberales, ese Mayo librecambista y probritánico tiene a su
verdadero continuador en Bernardino Rivadavia, pero deben admitir que San Martín
cumplio la tarea de expandir el movimiento.
Resulta curioso que ni los historiadores liberales de izquierza ni los integrantes de la
corriente de historia social se hayan preocupado de sacar a san martin del panteón de
santo de la espada” y destacarlo como jefe de un ejercito latinoamericano.
El revisionismo rosista, por su parte, ofrece otra imagen de Sn Martin donde prevalece la
idea de que el caudillo o el gran político nace de las fuerzas armadas y al mismo tiempo,
rechaza toda inclinación hacia las reformas o planteos tumultuosos, para abocarse a la
defensa del orden. Así nace u San Martin militarista y conservador, digno sucesor de
Saavedra.
Para el revisionismo socialista o federal-provinciano, la figura de San Martin es una de las
claves fundamentales. Su actuación solo resulta comprensible si la revolución de mayo
fue, como sostiene esta corriente un movimiento democrático. Así este soldado no viene a
América para luchar contra España, sino que pone su esfuerzo a favor de la revolución
democrática hispanoamericana para preseguir aquí, en 1812 la lucha que en España
parece derrotada.
La otra gran figura que expresa el carácter popular e hispanoamericano de Mayo es José
Artigas, victima de la deformación histórica
Para la historia liberal, Artigas es un caudillo bárbaro, perturbador de la gestión
emprendida por los hombres de Busno Aires, agitador de masas rurales, discolo y
levantisco.
El mitrismo ha debido asimilar a Artigas y lo ha hecho deformándolo como creador y
padre de la nación uruguaya, cuand jamás pasó por la mente de Artigas la constitución
del Uruguay independiente.
Para la variante liberal de izquierda Artigas significa la democracia inorgánica y
espontanea.
La historia social en cambio avanza en esta caracterización mas allá del equilibrio
acostumbrado para reconocer el espíritu de equidad que animaba a Artigas.
Los historiadores rosistas ignoraron a Artigas como al resto de los caudillos, oscurecidos
ante la figura de Rosas y reducidos al papel de “jefes lugareños”.
La corriente federal provinciana a reconocidoa Artigas como uno de los grandes jefes de
la revolución hispanoamericana, a la altura de Sa Martín y Bolivar, defensor de los
derechos del gaucho, federalista, partidario de la reforma agraria, enemigo a muerte de la
burguesía comercial porteña.
La otra cara de la revolución de Mayo
La historia liberal consecuente con su idea de que Mayo es, simplemente un golpe liberal
y pro ingles, considera que ese proyecto está sostenido en los primeros tiempos por
hombres de escaso relieve, hasta que aparece en 1811 “el mas grande hombre civil de
los argentinos”, según lo calificará Mitre: Bernardino Rivadavia. Con el, el proyecto dirigido
a desamericanizar estas tierras alcanza su punto culminante. Liberal, europeizado,
aristocrático elitista, desdeñoso de “la América bárbara y sus chusmas”, porteñista y
amigo de los ingleses, configura el primer gran exponente de la civilización. Los liberales
hacían hincapié en el “progreso” que Rivadavia ansiaba trasladar a estas tierras.
La vertiente izquierdista de la corriente liberal, juzga que Rivadavia lleva a cabo una
política “progresista” porque tiende a quebrar el poder feudal de los caudillos del interios.
La historia social si bien reconoce algunas insuficiencias de su periodo presidencial
(1826/27) coincide en la exaltación de Rivadavia.
La historia rosista caracteriza al periodo rivadaviano por el avance sobre el país de
fuerzas extranjeras y antireligiosas: Rivadavia es denigrado sustancialmente por su
enfrentamiento con el clero y se le opone, como gran figura un fraile reaccionario. Al
gunos rosistas repudian a Rivadavia por mulato frente al blanco Rosas.
El revisionismo rosista mas popular acentúa, en cambio su crítica a Rivadavia en la
denuncia de sus negocios con los ingleses, desde el empréstito Baring Brothers y el
banco de descuento hasta el banco nacional y las empresas mixtas con capitales
británicos.
El revisionismo federal provinciano lo define como la expresión neta de la burguesía
comercial porteña asociada a los ingleses.
La reacción antiporteña de las masas populares provincianas
Los historiadores liberales ante los alzamientos populares producidos a partir de 1811,
con los caudillos a la cabeza, recurren a una explicación sumamente endeble: se trataría
de la lucha entre la civilización y la barbarie.
La cultura de unos y la ignorancia de otros explicarían asi las disidencias que derivan en
permanente guerra civil.
La versión de los historiadores socialistas y comunistas se diferencia solo en la
fraseología: los caudillos son señores feudales, defensores de formas atrasadas de
producción y enfrentan a los políticos porteños, expresión de intereses vinculados a la
economía mundial, cuyo proyecto es quebrar el orden feudal del interior y promover el
progreso en el orden del desarrollo capitalista.
Por su parte, la corriente de hisrotia social, si bien reconoce el resquebrajamiento de as
economías provincianas, no los juzga consecuencia de la escasez de recursos
financieros, el puerto único y la competencia ejercida por la abrumadora importación de
artículos británicos, sino producto de la guerra civil, aunque deja sin explicar cuales son
las razones de esa guerra.
El revisionismo rosista en general, no ha manifestado especial interés por los caudillos del
interior provinciano.
El revisionismo federal provinciano, al explicar los acontecimientos a la luz de los
enfrentamientos entre las clases sociales, finca el origen de la montonera y los caudillos
en la desocupación creada al quebrarse la estructura económica provinciana por el
ingreso de la mercancía británica.
Los caudillos no son ignorantes, ni señores feudales, sino autenticos representantes de
sus pueblos que se yerguen ante una política que desde Buenos Aires tiende a
aniquilarlos.
Alberdi y Juan Alvarez fueron los primeros en señalar de que modo Buenos Aires usurpó
la revolución de mayo para hacerla servir a sus exclusivos fines, provocando reiterados
levantamientos de los pueblos del interior, es decir, las montoneras: desocupados que se
insurreccionan tomando las armas, para pelear en montón junto a su caudillo.
Una corriente democrática y nacional en Buenos Aires
La historia liberal no se ha preocupado demasiado por analizar el “dorreguismo” sino que
se ha limitado a reconocer a Dorrego como gobernador legal de la provincia de Buenos
Aires y lamentar su fusilamiento aunque ello no disminuye la alta valoración que está
historia otorga al responsable y a los instigadores de ese fusilamiento. Dorrego enemigo
de Rivadavia, se enredó en la guerra civil y fue una de las tantas víctimas.
Tampoco los rosistas han dado preferente atención a esta expresión política. Han
condenado su fusilamiento y execrado a los unitarios, han visto con disgusto la
desconfianza de Dorrego hacia Rosas y rechazan asimismo, las convicciones
democráticas y progresistas del coronel asesinado, bien distintas de la ideología del
restaurador.
El revisionismo federal provinciano por el contrario, otorga suma importancia al
“dorreguismo” como expresión de los sectores populares del suburbio porteño.}
El restaurador de las leyes
Los historiadores liberales juzgan a Rosas la figura mas cruel de la historia argentina.
Rosas expresaría además las fuerzas oscuras, enemigas de la civilización y el progreso.
Los historiadores liberales ligados a la vieja izquierda también condenan al restaurador
aunque criticándole su negativa a impulsar al país por el camino del progreso que
transitaban los países europeos, obstinado en resucitar la colonia, con sus rasgos
feudales, autoritarios y religiosos. Rosas sería, ante todo la contrarrevolución respecto al
“espíritu preogresista de Mayo”.
La corriente de historia social, por su parte, desarrolla una interpretación donde prevalece
la legitimación de los hechos.
Desde este enfoque pasa a segundo plano la violencia desencadenada entre unitarios y
federales porteños, para reconocer en el gobierno de Rosas un momento de
consolidación de la elite dirigente.
Halperín Donghi considera que el gobierno de Rosas constituye su procecucion en tanto
consolida la hegemonía porteña sobre el resto delas provincias al tiempo que lleva
adelante la pacificación rural y obtiene el favor de los intereses económicos extranjeros.
El revisionismo rosista, ha invertido la historia oficial para convertir a Rosas en la figura
máxima de nuestro pasado.
El revisionismo federal-provinciano reconoce en Rosas a la expresión mas nacional de la
aristocracia bonaerense, en tanto se opone a la invasión anglofrancesa y no cae en los
negocios antinacionales practicados por Rivadavia con los capitalistas extranjeros.
Buenos Aires y la confederación: el urquicismo
Para la historia oficial, Urquiza es un procer liberal, que puso fin a la tiranía de Rosas,
retomando en caseros, la línea del Mayo rupturista y probritánico, Unitario, localista,
amigo de la civilización, promovio la libre navegación de los ríos y era un espíritu abierto
al extranjero como Rivadavia.
Los liberales de ixquierda juzgan a Urquiza como expresión de los estancieros
progresistas del litoral que pusieron fin a la tiranía de los estancieros reaccionarios
expresados por Rosas. Terminando con el atraso y el feudalismo, abrieron los ríos y
echaron lñas bases para la incorporación a la edconomia mundial de lo cual brotará “el
granero del mundo”.
Los historiadores rosistas, califican a Urquiza como el general federal vendido al imperio
brasileño por un puñado de patacones.
El revisionismo federal provinciano sostiene que Urquiza representa entre 1852 y 60 una
posibilidad nacional. De origen federal, con total apoyo del guachaje entrerriano.
El mitrismo ¿organización nacional o dictadura porteña?
La historia liberal caracteriza a Mitre como el presidente que unifica y organiza el país, a
partir de 1862. Su gobierno significaría el triunfo de la civilización y la implantación de la
democracia.
Esta gran presidencia se ve perturbada por la guerra de la triple alianza provocada por la
barbarie paraguaya, comandada por Francisco Solano Lopez.
El viejo liberalismo de izquierda no vacila, asimismo, en exaltar a Mitre.
Los historiadores rosistas en general han sido muy cuidadosos con Mitre y algunos como
Tulio Irazusta lo han elojiado abiertamente.
El revisionismo federal-provinciano asumiendo los aportes de Alberdi, Hernandez,
Andrade y otro federales antirrosistas pero también antimitristas, juzga al mitrismo como
lsa expresión política de los comerciantes porteños ligados al capital ingles.
De Sarmiento a Roca y Juarez Celman
La historia liberal juzga que a partir de la presidencia de Mitre se inicia la “organización
nacional” y que las presidencias de Sarmiento y Avellaneda constituyen la prolongación
de esa política destinada a concluir con la barbarie y gestar la Argentina moderna
vinculada a Europa.
Para esta corriente, también Roca y Juarez Celman expresan idéntico proyecto, aunque
evidencia su escasa simpatía por ambos, a quienes señala graves deformaciones.
Los historiadores liberales de izquierda comparten en general esta óptica acerca del
carácter “progresista” del periodo 1862/80 del cual resulta la incorporación de la Argentina
a la economía mundial.
La historia social no se ha preocupado demasiado por explicar las fuerzas sociales en
juego, tendiendo a considerar que el periodo 1862/80 crea las condiciones para “el
despegue” y que este se produce a partir de 1880 como orden conservador.
Tampoco el periodo rosista tradicional se ha ocupado demasiado por este periodo. Enfilan
su artillería principalmente contra Sarmiento y Roca.
El revisionismo federal-provinciano analiza este periodo partiendo de la convicción de que
el mitrismo expresa al sector oligárquico consustanciándose cada vez mas los
comerciantes porteños con los estancieros bonaerenses.
¿La gran Argentina de nuestros mayores o semicolonia agraria?
Los historiadores liberales consideran que la aristocracia porteña, fue la arquitecta de una
gran Argentina, blanca, culta y europeizada. Lo logró merced al capital ingles.
Para estos historiadores, esta Argentina es la concreción del viejo proyecto rivadaviano y
el triunfo de la civilización sarmientina sobre la barbarie.
La corriente de la vieja izquierda liberal, coinciden en líneas generales con las
apreciaciones elogiosas que la historia oficial dispensa a la nueva Argentina surgida hacia
fines de siglo.
La corriente de la historia social reconoce un papel al capital británico en la construcción
de esa Argentina agreria, pero tampoco plantea la cuestión nacional derivada de ese
protagonismo.
Los historiadores rosistas si bien juzgan que esa argentina fue colonia de los europeos
pues se perdió la soberanía que solo habría defendido Rosas, consideran que lo peor de
ese proceso esta dado por el avance de ideas foráneas en perjuicio de la concepción
tradicional.
El revisionismo federal-provinciano funda la critica al granero del mundo en la naturaleza
semicolonial que adquiere esa argentina de fines de siglo.
¿Gobiernos patricios o régimen falaz y descreído?
La historia liberal juzga favorablemente a las presidencias conservadoras que se
sucedieron hasta 1916. Se trataría de gobiernos civilizados, cultos y progresistas,
controlados por el sector mas capacitado de la sociedad.
Los historiadores liberales de izquierda señalan, en este periodo, la consolidación de “una
sociedad nueva” en el litoral y el ahondamiento de la brecha secular con el interior,
incapaz de incorporarse al mercado mundial.
Los pocos historiadores del revisionismo rosista que se han ocupado de este periodo
ratifican en sus análisis la convicción de que “la patria ya ha sido”, asistiéndose ahora a la
ausencia de las viejas virtudes, desde el espíritu religioso suplantado por el mercantilismo
y el positivismo, hasta las costumbres patriarcales y los valores de la tradición.
La corriente rosista influida por el peronismo apunta correctamente su crítica hacia la elite
conservadora que se sostiene en el poder merced al trabajo.
El revisionismo federal-provinciano señala en esta época, la aparición de los partidos. El
conservadurismo, que expresa a los grandes hacendados de la pampa humeda y los
grandes comerciantes porteños cuyos intereses se entrelazan al capital británico, con el
apoyo de oligarquías del interior.
La unión cívica radical
Los historiadores liberales juzgan al radicalismo como expresión de “las chusmas
bárbaras”, nucleadas en torno a un caudillo escasamente instruido y reacio al progreso.
La variante izquierdista del liberalismo reconoce en Yrigoyen un propósito democratizador
dirijido a terminar con el fraude y permitir la libre expresión de la voluntad popular, asi
como a expresar a los sectores sociales medios, a los cuales da acceso al aparato del
estado, antes privativo del régimen y su clientela electoral. Sin embargo lo caracteriza,
como “democracia inorgánica” poco respetuosa de las formalidades republicanas.
Otros, desde la corriente de historia social, como Halperin Donghi, lo juzgan con
desprecio burlón sosteniendo que “Yrigoyen adoptó con fervor el proyecto de
nacionalización del petróleo y señalando asimismo que el gobierno de yrigoyen era
particularmente inhábil para enfrentar los nuevos problemas.
Para el rosismo tradicional, el irigoyenismo es un movimiento peligrosamente popular que
puede devenir en comunismo.
Para los forjistas, el radicalismo constituye un movimiento nacional que expresa los
anhelos populares contra el régimen falaz y descreído, avanzando a través de su historia,
desde la mera reclamación del sufragio hasta reivindicaciones sociales y antimperialistas.
El revisionismo socialista latinoamericano caracteriza al radicalismo como un movimiento
nacional expresión de las reivindicaciones de los sectores medios del litoral, populares del
interior e incluso de algunos sectores obreros.
Dentro de este marco semicolonial, el predominio del radicalismo a partir de 1916, permite
el acceso de la clase media al aparato del estado.
La década del treinta
Para los historiadores liberales conservadores este periodo constituye, por un lado, el fin
de la demagogia irigoyenista y por otro la sucesión de gobiernos moderados cuya
preocupación esencial es el reacomodamiento de la Argentina.
La historiografía liberal de izquierda en su versión tradicional señala la falsa opción entre
el autoritarismo del Gral Uriburu y la democracia fraudulenta de Justo, dejando constancia
del descreimiento producido en el pueblo por el conciliamiento producido por la Union
Civica Radical dirigida por Alvear y el desplazamiento a la derecha del partido socialista.
Su hijo en cambio, Luis Alberto como exponente de la historia social reivindica los éxitos
económicos de la presidencia de Justo.
El rosismo tradicional considera a los años 30 como época de frustración en tanto el
uriburismo no logro consumar su proyecto corporativo.
Para los forjistas, este periodo se caracteriza por la sanción del estatuto legal del
coloniaje, asi como la resistencia radical, entre 1930 y 1934 y la posterior claudicación de
la dirigencia partidaria bajo la conducción de Alvear.
El peronismo
Para el liberalismo, la época peronista constituye 10 años de oprobio, como lo califica
Juan Solari. Demagogia, totalitarismo, corrupción, incultura y mal gusto confluirían
entonces para generar una versión criolla del fascismo europeo.
La artillería del radicalismo y los partidos de ixquierda se nutre casi totalmente en el viejo
liberalismo de la clase dominante.
La historia social ofrece versiones con matices diversos en su interpretación del
peronismo. En algunas prevalece la presión del liberalismo conservador como en Jose
Luis Romero para quien resulta simplemente fascismo o, en su ultima época “un fracaso
total”.
Para Halperín el análisis del peronismo resulta también dura faena por las dificultades que
genera este movimiento a un historiador que cultiva la ponderación y el eclecticismo.
Centra el análisis en el carácter autoritario de ese movimiento y en que carecio de
programa revolucionario siendo, en cambio alternativa sustancialmente conservadora a
una hipotética revolución social.
Los historiadores rosistas interpretaron al peronismo de diversos modos. El juicio de Julio
Irazusta, fue rotundamente negativo, imputándole al Gral Perón una política al servicio de
los ingleses.
Otros rosistas juzgan que con un jefe militar aliado a la iglesia, quedaba garantizado el
orden social y el encauzamiento de las reclamos obreros a través de un proceso
disciplinado y sin tumultos.
Para la concepción nacional-democrática a partir de 1945 asume el poder un movimiento
nacional que logra quebrar la dependencia respecto al imperialismo británico y consolidar
un fuerte desarrollo industrial con un decidido avance de los trabajadores en sus
condiciones de trabajo.
Por su parte el peronismo ortodoxo juzga que la política desplegada desde el gobierno,
proviene de una política justicialista que superaría no solo al liberalismo sino también al
marxismo.
Por su parte los socialistas, nacionales caracterizan al peronismo como movimiento de
liberación nacional.
Golpe militar del 16 de septiembre de 1955
Para el liberalismo, la llamada revolución libertadora significa el derrocamiento de la
dictadura y la recuperación de las reglas de juego de la democracia. Tiene por objeto
concluir con el peronismo y borrarlo de la mente de los argentinos.
La posición socialdemócrata expresada por la historia social, manifiesta nuevamente su
propensión a un equilibrio que sin embargo no evita la influencia del liberalismo.
Para los historiadores de la concepción nacionalista oligárquica, el golpe del 55 fue
deformado en sus objetivos cuando renuncio Lonardi 13/11/55 y asumió la conducción del
proceso el sector liberal del ejercito, avalado a su vez por la armada probritánica.
Para los historiadores peronistas setrata de un golpe contrarrevolucionario, orquestado
por intereses británicos para interrumpir el proceso de la revolución nacional y popular.
Los socialistas nacionales califican, también de contrarrevolución al golpe, pero intentan
explicarlo analizando las dificultades sufridas por el peronismo entre 1953 y 55 a causa
del deterioro de los precios agrarios internacionales.