NOTA DE CAMPO N° 2
Hospital del Niño Jesús- Alumno:Carolina Colombo- Tutora: Beatriz De Fusco- Fecha: 19/03/25
Durante esta semana de rotación en el hospital me tocó hacer la historia clínica a Victoria, una
adolescente de 14 años, internada actualmente en la sala por abdomen agudo debido a una colecistitis.
Pero indagando más en sus antecedentes de internación me contó que en diciembre del 2024 tuvo una
operación por quistes de ovarios, lo que llamó mi atención ya que es la primera vez que me toca una
paciente con este antecedente y desconocía información sobre esta patología, por lo que no me surgio
una duda, sino que múltiples.
Investigando sobre el tema encontré que, según los últimos consensos de la Sociedad Argentina de
Pediatría (SAP) y el Programa Nacional de Actualización Pediátrica (PRONAP), los quistes ováricos en
la infancia y adolescencia son hallazgos frecuentes, generalmente benignos y funcionales, asociados a
la actividad folicular normal del ovario.
Mi primera duda sobre esta patología fue, ¿por qué se producen los quistes de ovario?
Según el consenso de ginecología de la Sociedad de obstetricia y ginecología de Buenos Aires
(SOGIBA) 2021, los quistes ováricos en pediatría pueden originarse por diferentes mecanismos:
-Quistes funcionales: Son los más comunes y se deben a una disrupción en el desarrollo
folicular, como la falta de ovulación o persistencia del cuerpo lúteo.
-Quistes congénitos: Se producen en el período neonatal debido a la estimulación hormonal
materna y fetal.
-Neoplasias benignas o malignas: Aunque poco frecuentes en pediatría, incluyen teratomas
quísticos maduros y tumores de células germinales.
-Quistes secundarios a alteraciones endocrinas: Se pueden asociar a pubertad precoz,
hipotiroidismo o síndrome de ovario poliquístico.
Otra duda fue ¿qué tanto se dan estos quistes en pediatría? Los quistes ováricos son una de las
alteraciones ginecológicas más frecuentes en la infancia y adolescencia. Se estima que:
● Aproximadamente un 2-5% de las niñas premenárquicas presentan quistes ováricos
detectables por ecografía.
● En la adolescencia, su prevalencia aumenta hasta un 15-30%, debido a la activación
del eje hipotálamo-hipófisis-ovario.
● En neonatos, la incidencia de quistes ováricos es de 1 en 2,500 nacidos vivos,
relacionados con la estimulación hormonal materna intrauterina.
● La mayoría de los quistes ováricos en pediatría son funcionales y autolimitados, con
bajo riesgo de malignidad (menos del 1% en niñas premenárquicas).
¿Cómo es que se producen o se desarrollan estos quistes?
Los quistes funcionales surgen por una alteración en el equilibrio hormonal de la fase folicular o
luteinizante del ciclo ovárico. Cuando un folículo no se rompe adecuadamente para liberar el óvulo,
puede continuar creciendo y acumular líquido en su interior, formando un quiste folicular. En el caso de
los quistes del cuerpo lúteo, se producen cuando el cuerpo lúteo no se reabsorbe adecuadamente y se
llena de líquido o sangre.
Los quistes ováricos también pueden asociarse con hiperestimulación gonadotrópica, como ocurre en la
pubertad precoz o en ciertas patologías endocrinas. En el caso de los quistes neoplásicos, la
proliferación celular anormal genera estructuras quísticas de origen epitelial o germinal.
En el caso de Victoria, ella presentó de forma abrupta cólicos muy intensos en la zona del hipogastrio y
fosas ilíacas, que luego se fue exacerbando y eran continuos, por lo que me hizo preguntarme, cómo es
la presentación clínica de esta patología?
La mayoría son asintomáticos y se detectan incidentalmente en ecografías. Cuando presentan
síntomas, estos pueden incluir:
-Dolor abdominal intermitente o persistente en fosa ilíaca o hipogastrio.
-Sensación de pesadez pélvica.
-Alteraciones menstruales (ciclos irregulares o metrorragia en adolescentes).
-Torsión ovárica: Dolor abdominal agudo, náuseas, vómitos y abdomen doloroso a la
palpación.
-Rotura del quiste: Dolor pélvico intenso de inicio brusco con signos de irritación peritoneal.
¿Cómo se diagnostica?
● Ecografía transabdominal: Estudio de elección para evaluar tamaño, morfología y
características internas del quiste.
● Ecografía Doppler: Indispensable en sospecha de torsión ovárica para valorar el
flujo sanguíneo.
● Marcadores tumorales: en casos de quistes complejos o sospecha de neoplasia.
● Resonancia magnética: Puede ser útil en quistes atípicos para mejor
caracterización.
● Perfil hormonal en caso de pubertad precoz o sospecha de desbalance endocrino.
¿Cuál es el manejo?
● Quistes menores de 3 cm: No requieren tratamiento y suelen resolverse
espontáneamente en 6-8 semanas.
● Quistes entre 3 y 5 cm: Seguimiento ecográfico periódico.
● Quistes mayores de 5 cm o sintomáticos: Evaluar cirugía laparoscópica para
drenaje o cistectomía.
● Torsión ovárica: Cirugía de urgencia para evitar necrosis del ovario.
● Quistes recurrentes: En adolescentes, pueden beneficiarse del uso de
anticonceptivos combinados para suprimir la ovulación y prevenir nuevos quistes.
● Quistes sospechosos de neoplasia: Se indica exéresis quirúrgica con análisis
histopatológico.
Este caso me permitió comprender la importancia del manejo conservador en patologías
ginecológicas pediátricas, evitando intervenciones innecesarias y preservando la función ovárica.
Al investigar más en profundidad pude darme cuenta que Victoria probablemente tuvo una
complicación, ya sea una torsión de ovario o ruptura de quiste, lo que hizo que el abdomen agudo
médico, sea quirúrgico. Este tema me motivó a investigar en profundidad temas aunque sean
secundarios en los pacientes.