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The Silver Envelope de

The Silver Envelope es una historia de amor entre Hermione Granger y Draco Malfoy, ambientada cinco años después de la derrota de Voldemort. Mientras Hermione lucha con su ruptura con Ron y su trabajo en el Ministerio, Draco intenta reconectar con ella y superar sus propios demonios, incluyendo su adicción. La narrativa se desarrolla a través de sus perspectivas alternas, explorando temas de redención, amor y la lucha por la confianza.

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The Silver Envelope de

The Silver Envelope es una historia de amor entre Hermione Granger y Draco Malfoy, ambientada cinco años después de la derrota de Voldemort. Mientras Hermione lucha con su ruptura con Ron y su trabajo en el Ministerio, Draco intenta reconectar con ella y superar sus propios demonios, incluyendo su adicción. La narrativa se desarrolla a través de sus perspectivas alternas, explorando temas de redención, amor y la lucha por la confianza.

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The Silver Envelope de sinflower81 Traducción al Español

Posted originally on the Archive of Our Own at http://archiveofourown.org/works/53765731.

Rating: Explicit
Archive Warning: Creator Chose Not To Use Archive Warnings
Category: F/F
Fandom: Harry Potter - J. K. Rowling
Relationships: Hermione Granger/Draco Malfoy, Harry Potter/Ginny Weasley, Hermione
Granger/Ron Weasley
Characters: Hermione Granger, Draco Malfoy, Ginny Weasley, Ron Weasley, Harry Potter,
Luna Lovegood, George Weasley
Additional Tags: dramione - Freeform, Slow Burn, Enemies to Friends to Lovers, SPEW |
Society for the Promotion of Elvish Welfare, Ministry of Magic Employee
Hermione Granger, Weasleys' Wizard Wheezes (Harry Potter), House-Elf
Rights (Harry Potter), Ron Weasley Bashing, POV Draco Malfoy, POV
Hermione Granger, Slow Build, Slow Romance, Eventual Smut, Post-Battle of
Hogwarts, Light Bondage, Light Dom/sub, Light BDSM, Dom Draco Malfoy,
Weddings, Christmas, Angst and Fluff and Smut, Draco Malfoy Needs
Therapy, Draco Malfoy Redemption, Veritaserum Potion (Harry Potter),
reasons why harry potter is not a ravenclaw, Mystery, Simp Draco Malfoy,
Amortentia Potion (Harry Potter), Protective Draco Malfoy, Canon Compliant,
Hurt/Comfort, Coitus Interruptus, Healing, Harry Potter Epilogue What
Epilogue | EWE, Emotional/Psychological Abuse, HEA, Dirty Talk, Draco
Malfoy has a filthy mouth, Book Ginny, Sexual Tension
Language: Español
Stats: Published: 2023-01-24 Words: 37,920 Chapters: 19/70
The Silver Envelope de sinflower81 Traducción al Español
by Elaney

Summary

"Dime de nuevo que te libere, Granger.


Dime otra vez que solo quieres ser amigos."

Han pasado cinco años desde la última vez que Draco habló con Granger. Las cosas son diferentes
ahora y, aunque ganarse su confianza será un desafío, no parece capaz de mantenerse alejado.
Hermione ha estado ocupada abogando por los elfos alrededor del mundo, pero cuando su ruptura
con Ron vuelve su vida del revés, sabe que solo hay una persona que puede ayudarla.

Con puntos de vista alternos entre Hermione y Draco. Slow burn, eventual smut, light dom/sub. Se
desvía del canon después de la derrota de Voldemort.

Notes

De la autora:
Una y otra vez, a través de mil vidas imaginadas, estos dos se han encontrado.
Gracias por elegir mi versión esta vez.

No poseo nada relacionado con el Universo de Harry Potter.

Sinflower81 Tiktok link: https://www.tiktok.com/@sinflower81

Esta es la traducción al español de The Silver Envelope (El Sobre Plateado)

Link versión original: https://archiveofourown.org/works/44517277

(Ve notas de final para más notas.)

See the end of the work for more notes

A translation of The Silver Envelope by sinflower81


¿Dónde están ahora?

Capítulo 1

¿Dónde están ahora?

Notas: TW: Adicciones

(Ve a notas de final de capítulo para más notas).

Draco quería un trago.

Lo sentía en el roer persistente en su estómago, en el nervioso y constante golpeteo de su pie en el


asfalto mojado, en los pensamientos erráticos de negación y conciliación repiqueteando por su
mente, sobreponiéndose los unos a los otros hasta querer arrancarse el pelo.

Nada de esto era nuevo -era una parte de sí mismo que conocía demasiado bien- únicamente se
sentía novedoso porque había sido lo suficientemente ingenuo para pensar que, después de seis
largos meses sobrio, había dejado esa parte de sí mismo en el pasado.

Y sin embargo aquí estaba; vestido como muggle, sentado en una banqueta frente a un bar,
luchando consigo mismo.

Comenzó a correr un viento frío, haciendo que las hojas marchitas de los árboles revolotearan por
la calle pasando por sus pies. Sintió escalofríos. Haría calor dentro del bar. Pero si decidía entrar,
tendría que empezar de nuevo Este pequeño hábito suyo había empezado de forma inocente.

El año después de que el Señor Tenebroso fue derrotado había sido un infierno. Draco se había
perdido a sí mismo después de haber asistido a demasiados juicios criminales en el Ministerio, ser
asediado por la prensa, acudir a un exceso de funerales y ver a su padre ir a prisión.

Todas las verdades que había conocido desde el día de su nacimiento habían sido destrozadas,
dejándolo sin nada más que una necesidad por escapar de su propia mente.

La primera vez que fue a un bar muggle su intención había sido simplemente ponerse
escandalosamente borracho en un lugar donde nadie lo reconociera. Esto lo obligo a que, con el
tiempo, se sintiera cómodo en presencia de muggles. Y así, comenzó a verlos de un modo distinto y
las ideas sobre la pureza de sangre con las que había crecido comenzaron lentamente a
desvanecerse.

Por otro lado, ahora era un alcohólico. Un Alcohólico que había faltado a su cita en San Mungo
para recoger su tónico de la adicción la semana pasada. Le había dado su palabra a la Sanadora
Connelly, la sanadora mental que había estado viendo desde hace un tiempo, que estaría bien sin él,
pero como de costumbre, ella había tenido la razón. Esta mañana había llegado con una prueba para
su sobriedad que seguramente reprobaría.

Así que ahora, aquí estaba, sentado en una banqueta sucia en el corazón del Londres muggle,
luchando contra su propio cerebro. Solamente fue un artículo en el periódico, se dijo a sí mismo.
No importaba. En una semana todos lo habrían olvidado y seguido adelante.

Draco se dijo a sí mismo que la vida sería mucho más simple si pudiera creer sus propias mentiras

Sacó nuevamente el periódico arrugado de su bolsillo trasero y lo desdobló, incapaz de detenerse.

“¿DÓNDE ESTÁN AHORA?” Gritaba el encabezado

“En el quinto aniversario de la derrota de El Que No Debe Ser Nombrado, nos ponemos al
corriente con los sobrevivientes de La Batalla de Hogwarts para preguntarles sobre el siguiente
capítulo en sus vidas”

De forma automática los ojos de Draco leyeron por encima los párrafos sobre las personas que no
había conocido bien o que no le interesaban hasta que, rápidamente encontró la foto de su propia
cara. La versión de sí mismo en el periódico lo miró frunciendo el ceño desde la página.

“Draco Malfoy,” decía el texto, “fue ampliamente considerado como alguien de carácter dudoso
en esta fecha histórica. Parecía haber estado firmemente alineado con el Señor Tenebroso junto
con su padre, el mortífago Lucius Malfoy quien ahora reside en Azkaban por sus crímenes.

Dado que aún era un joven impresionable en ese momento, Draco quedó libre después de la
batalla, con la única condición de que nunca más mostrara interés o afiliación por su antiguo amo.
Esperemos que, a diferencia de su padre, pueda cumplir con esta condición. Actualmente, Draco
reside junto con su madre en la mansión familiar y ha declinado nuestra solicitud para obtener
más información.”

El esfuerzo necesario para abrir sus puños apretados sobre el borde del periódico para poder dar
vuelta a la página fue astronómico. Varias veces estuvo a punto de destruir el periódico en un
ataque de ira. Lo habían hecho sonar patético. Sin mencionar que partes de la nota eran
completamente falsas. Podía escuchar las carcajadas de Weasley en estos momentos, rebuznando
mientras repetía una y otra vez la parte de Draco viviendo con su madre.

A decir verdad, Draco no había visto a su madre en meses. No desde que El Profeta la había
acosado intentando conseguir algún comentario sobre él. ¡Si había declinado la entrevista era
porque no quería aparecer en el maldito artículo en absoluto!

El Draco de la foto, que había sido tomada un año antes en una horrenda fiesta de Navidad, cruzaba
los brazos y fruncía el ceño de forma malhumorada mientras el verdadero Draco pasaba la página.

Su corazón dio un vuelco al ver la siguiente página. Era una estupidez. Ya sabía lo que vería. Había
memorizado esta página, y las grandes fotografías que anunciaban a los héroes en ella.

No debería afectarle tanto ver su—sus rostros. Por supuesto, Potter tenía su propia foto, además de
otra junto a la cabellera pelirroja de su prometida.

Ambos se lanzaban sonrisas soñadoras, eran literalmente la imagen misma de un “y vivieron felices
para siempre”. Potter había conseguido todo lo que siempre quiso: un trabajo como Auror, la chica
de sus sueños y una vida libre de preocupaciones. Potter era un imbécil y siempre lo sería, pero
Draco ya no sentía una verdadera animosidad hacia el hombre. Habían tomado caminos separados
y Draco sentía una especie de paz con ello.
El otro lado de la página, sin embargo, no le ofrecía paz alguna.

“Ron Weasley, mejor amigo de Harry Potter y también héroe de la Batalla de Hogwarts, ahora
trabaja en Sortilegios Weasley en Hogsmeade junto con su hermano, George Weasley. Ambos
lamentan la muerte de su hermano, Fred, quien ayudó a George a fundar la tienda de bromas dos
años antes. Juntos, continúan su legado de llevar la risa a las masas. Tenemos un nuevo producto
que saldrá pronto, en honor a Fred -le dijo Ron a la reportera del El Profeta, Johanna Wolcroft.-
Será un verdadero placer, y sé que a él le habría encantado.

Los hermanos Weasley invitan a nuestros lectores a visitarlos para su evento del celebración por el
Día Todos los Santos el próximo viernes 17 de octubre, para el lanzamiento de esta sorpresa.
Weasley también le reveló a esta reportera que pronto podría tener otro anuncio por hacer,
respecto a su relación en persistente con Hermione Granger, otra heroína de la batalla que
actualmente trabaja para el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas.

Su historia de amor es verdaderamente una para los libros de historia. Como recordamos a
nuestros lectores, su relación comenzó oficialmente el día de la batalla hace cinco años. Sin
embargo, por la apariencia de esta feliz pareja, su cuento de hadas apenas ha comenzado.
¡Asegúrense de estar atentos para recibir más información sobre estos dos proximamente!”

La foto acompañando este segmento del artículo era de Weasley con su brazo rodeando con firmeza
los hombros de Granger. La sonrisa de Weasley parecía cargada de autocomplacencia, aunque bien,
esto podría haber sido solo la imaginación de Draco. En contraste, el rostro de Granger parecía
tenso, su postura encogida, como si no se sintiera cómoda siendo fotografiada ese día. No dejaba de
lanzar miradas inquietas fuera del marco, como calculando cuánto tiempo más debía permanecer
allí de pie. Sus manos estaban metidas en los bolsillos, quizás ocultando las pruebas de su supuesto
"gran anuncio".

Por supuesto que se casarían, razonó Draco. Eran perfectos el uno para el otro, al menos según los
periódicos. Pero algo en la sonrisa forzada de Hermione hacía que Draco no pudiera apartar la
mirada. El Profeta probablemente también estaría equivocado acerca de ella, decidió Draco.

Había notado la ausencia notable de una cita directa de ella. Podría hacer un millón de conjeturas
sobre cómo se encontraba realmente. Su trabajo debía ser estresante. Un lugar como el Ministerio,
con su interminable burocracia, debía ser asfixiante para una idealista ambiciosa como ella. Y no
podía imaginar a nadie encontrando una vida plena con ese pelirrojo idiota y quejumbroso.

Por millonésima vez, Draco pensó en enviarle una lechuza. La Sanadora Connelly se lo había
recomendado encarecidamente, desde que dejó escapar ese pensamiento durante sus sesiones hace
un tiempo. Pero no conseguía decidirse a hacerlo.

Seguramente, Hermione era feliz. Seguramente, no necesitaba una disculpa de un chico que ya
había olvidado hace tiempo. Claro que él no podría saberlo en verdad. No a través de una foto en
blanco y negro y tampoco con los vistazos ocasionales que le echaba cuando, de vez en cuando,
hacía una visita al Departamento de Misterios y se cruzaban en el vestíbulo del Ministerio.

Ni siquiera si la viera ahora, vistiendo ropa muggle desgastada afuera de un bar de aspecto
deteriorado, desde la acera opuesta donde él estaba sentado. Draco se quedó helado, la mirada fija
en la mujer al otro lado de la calle.

No podía ser ella. Sin embargo, era imposible confundir esa melena voluminosa de rizos marrones,
esa postura alerta de quien está acostumbrado a sobrevivir por instinto, y esa expresión intensa,
fruncida en concentración mientras revisaba la hoja pegada en el cristal que enumeraba las bebidas
disponibles.

Era como si la hubiera invocado con su pensamiento. De manera irracional, Draco comprobó que
su varita estuviera resguardada en su abrigo. Si de algún modo hubiera hecho un Accio sobre ella,
se habría muerto ahí mismo.

Pero no, su varita no estaba en su mano y Granger parecía haber llegado ahí por voluntad propia. Y,
por lo que podía ver, estaba sola.

Él la observó mientras entraba al bar, con la batalla en su mente intensificándose más que nunca.

Eventualmente, perdió.

Y se puso de pie para cruzar la calle.


Una Disculpa Inesperada
Chapter Notes
See the end of the chapter for notes

Capítulo 2: Una Disculpa Inesperada

Algo había en el hecho de estar rodeada de muggles que hacía sentir a Hermione como si estuviera
envuelta en la capa de invisibilidad de Harry. Se sentía como quitarse un peso de encima,
especialmente en un día como hoy.

Le pidió un martini a la camarera, una joven bonita con una cola de caballo larga y bien peinada y
se acomodó en su asiento, un encantador y oscuro rincón.

Tal vez era infantil huir así, pero Hermione no podía lidiar más con Ron esta noche. Él estaría
furioso cuando ella regresara, lo sabía. Pero ese era un problema para después.

Este lugar había estado en su lista desde hace un tiempo. Últimamente, había estado anotando
diferentes lugares muggles que visitar mientras declaraba que estaba trabajando hasta tarde. Las
mentiras le revolvían el estómago, aunque a decir verdad, no había nada realmente malo en lo que
estaba haciendo. No estaba siendo infiel, a pesar de que Ron lo sospechara. Ella simplemente
quería estar sola, en lugares que lograran recordarle lo disfrutable que podía ser la vida.

Pensar en Ron le hizo dar un trago extra largo a su bebida. No sabía qué decirle esta vez. Cada vez
que ella estaba absorta con algo del trabajo, él se ponía de mal humor. Cada vez que llegaba a casa
demasiado tarde para hacer la cena y tenían que pedir comida para llevar, él se tornaba hostil. Cada
vez que se quedaba despierta hasta tarde leyendo o preparándose para presentar un informe, él se
iba a la cama lanzando un comentario resentido o dos. Y cada vez que ella le suplicaba que
esperara, cada vez que le decía que no tenía sentido casarse justo ahora, mientras estaba tan
ocupada en el trabajo, él se volvía absolutamente insoportable.

Ella entendía, en verdad que sí. Él se sentía ignorado, como si a ella le interesara más su trabajo
que él. Él se sentía poco importante cada que ella parloteaba sobre políticas mágicas o sobre sus
juntas con el Ministro.

Pero su comportamiento reciente y las acusaciones de que ella le estaba siendo infiel, habían calado
en lo profundo.

Hermione nunca había siquiera entretenido la idea de hacer tal cosa. ¿Cuándo tendría acaso tiempo
para engañarlo, estando tan ocupada como estaba con la ley CALCETÍN? Estaban tan cerca de
aprobarla que en verdad detestaba que Ron hubiera elegido precisamente este, de todos los
momentos posibles, para acusarla de ser infiel.

Y luego, ¡hoy! Hermione reprimió un gruñido al pensar en maldito artículo de El Profeta. Había
pasado el día entero recibiendo lechuzas, solicitando ver un anillo inexistente. Podría haber matado
a Ron por haber hecho ese comentario.
Mientras le daba un último trago a su martini, un agradable cosquilleo comenzó a calentar sus
mejillas. Hermione vio a la mesera volver por el rabillo del ojo.

“Oh, otro martini con ginebra y una aceituna, por favor”, dijo, girándose para mirar a la camarera.

Pero la persona que estaba parada junto a ella no era su mesera. Era un hombre, alto y pálido, con
un rostro que parecía a la vez ajeno y familiar.

Sintió un vacío en el estómago.

“Ya fue ordenado, Granger. ¿Te molesta si tomo asiento?” dijo Draco Malfoy.

Hermione luchó por controlar la expresión en su rostro. Sus ojos querían saltar de sus órbitas, su
boca quería gritar, su mano quería sacar su varita.

Él notó la forma en que su mano se movió automáticamente hacia su bolsillo, deteniéndose justo
antes de sacar su varita en una habitación llena de muggles. Draco levantó sus palmas vacías en son
de paz, luego se sentó frente a ella antes de que pudiera protestar.

“Malfoy. ¿Qué estás hacienda aquí?” Replicó ella.

Él esbozó una media sonrisa, eligiendo permanecer en silencio mientras la mesera regresaba. Ella le
trajo otro martini a Hermione y a Malfoy un vaso lleno de un líquido transparente.

“¿Se les ofrece algo más?” Preguntó con expectativa, mirando alternativamente a ambos.

Malfoy le regaló una sonrisa.

“No, gracias”, dijo, brindando con su nuevo trago hacia ella. La mesera se retiró hacia otra mesa.

Era surrealista ver a Malfoy interactuando con facilidad con un muggle. ¿Cuándo había
desarrollado buenos modales?

¿Qué estás haciendo aquí?” Hermione preguntó de nuevo, esta vez más tranquila, pero no menos
curiosa.

Malfoy levantó una ceja hacia ella y levantó su vaso, como diciendo: Lo mismo que tú, Granger.

Su rostro era distinto, notó. Ya no era el chico delgado y arrogante en uniforme escolar. Era alto,
sus rasgos afilados contrastaban con una mandíbula sorprendentemente bien definida y ojos
intensos. Un mechón de cabello rubio platinado se había escapado de su costoso corte de pelo,
dibujando una línea traviesa y tentadora a través de su ceja. Hombros anchos acentuados por el tipo
exacto de ropa que ella esperaría de alguien como él: telas oscuras y elegantes, hecha a la medida
exacta para su figura. Supuso que sí parecía un muggle, aunque uno muy adinerado.

Ella observó cómo sus ojos se desviaban hacia sus manos, notando su falta de anillo.

Fantástico. Entonces había leído el periódico.

"¿Dónde está Príncipe Encantador?" Malfoy dijo, despedazando casualmente a Hermione con sólo
cuatro palabras, con toda la inocencia del mundo.
Hermione miró con atención su bebida, tratando de determinar qué hacer. Ya no era una colegiala
temblorosa, ignorando con valentía a un agresor. Pero, ¿cómo podría lidiar con él en una habitación
llena de muggles? Si le decía que la dejara en paz, seguramente no le haría caso. Si mentía,
alardeando alegremente sobre la vida perfecta que los periódicos afirmaban que tenía, temía que su
voz se quebrara. Si le decía la verdad, probablemente correría a contárselo a esa horrible Johanna
Wolcroft y le diría todo. No había manera de ganar.

Resignada a su última opción, Hermione suspiró y tomó un último trago de su bebida casi llena,
luego se levantó para irse.

Pero no pudo, una mano grande se había envuelto con firmeza alrededor de su muñeca.

Hermione se dio la vuelta para descubrir que Malfoy también se había levantado y ahora estaba a
solo unos centímetros de ella. La sorpresa de su repentina cercanía la detuvo de arrancar su brazo
de su agarre.

“Granger, por favor. Necesito decirte algo. Solo dame cinco minutos”, dijo él, su voz baja en su
oído.

El aire escapó de su pecho. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué Draco Malfoy, de todas las personas, la
estaba abordando en medio de un bar muggle y requiriendo hablar con ella? De todas las formas en
que había imaginado que este día infernal transcurriría, esta nunca le habría cruzado por la mente.

Un apretón suave en su muñeca la llevó de regreso a su mesa, y, asombrosamente, Hermione sintió


a sus pies obedecer. Se volvió a sentar, hilando historias en su mente. Tenía curiosidad, razonó.
Todavía no quería ir a casa, recordó.

Los ojos de Malfoy prácticamente la clavaron en su lugar mientras él se sentaba de nuevo frente a
ella. La miraba de un modo tan extraño. No había señal alguna del resentimiento, odio o
superioridad que ella había llegado a esperar de él en sus años escolares. Solo una intensidad
misteriosa, muy parecida a la desesperación.

“Perdón”, dijo él en voz baja.

Hermione parpadeó. Estaba segura de haber oído mal.

“¿ P-perdón?”

“Perdón”, él confirmó con gravedad.

Hermione esperó el final del chiste. Cuando no llegó, ella preguntó, “¿Por qué?”

Malfoy bajó la mirada, contemplando sus próximas palabras. Hermione no podía dejar de pensar en
lo extraño que él se estaba comportando.

Él habló hacia su vaso.

“Perdón por todo: por cómo te traté en la escuela, por las cosas que hice en nombre del Señor
Tenebroso, por... lo que pasó en casa de mi familia. Perdón por ese día.”

Hermione dio un trago, su boca de repente sintiéndose muy seca.


“Racionalmente, sé que ese día no fue mi culpa”, continuó. “Pero de todos modos me siento
responsable. Eso nunca debió haberte pasado.”

Hermione sintió un nudo formarse en su garganta, junto con una desesperada necesidad de más
aire.

Nunca había esperado que Malfoy expresara arrepentimiento, especialmente no por lo que le había
pasado en la Mansión Malfoy. Cuando su tía Bellatrix la había torturado hasta casi quitarle la vida,
Draco había apartado la vista, negándose tanto a mirar como a decir algo. Él no había tenido ningún
poder en esa habitación. Sin embargo, Hermione se sintió extrañamente conmovida al escuchar su
disculpa.

“Yo... eh... gracias, Malfoy”, dijo ella, su voz cargada. “Significa mucho, de verdad.”

Él levantó la vista, y la expresión que antes la había desconcertado de repente tenía sentido. Él
sentía remordimiento. Respeto. ¿Posiblemente incluso esperanza?

Él dio un trago, su manzana de Adán subía y bajaba con fuerza, luego soltó un soplo de aire que
pareció dispersar la tensión que había entre ellos.

“¡Bien! Entonces…” dijo él, quedándose torpemente en silencio, como si cualquier otra cosa que
hubiera tenido intención de decir se hubiera puesto a correr para huir de las intensas emociones que
acababan de pasar entre los dos.

Hermione dijo sin pensar. “Escuché sobre tu padre”, su cara enrojeció al ver la de él tensarse.
“Quiero decir—oh, lo siento, probablemente no quieras hablar del tema. Sólo quería decir que lo
lamento. Debe de ser difícil”, balbuceó.

En la exhibición más impresionante de justo a tiempo que Hermione había visto, la mesera apareció
de nuevo.

“¿Se les ofrece algo más?” dijo animadamente.

“Um,” dijo Hermione, revisando distraídamente su bebida. “Otro igual para mí.”

“Sin problema. ¿Y otro vaso de agua para usted, señor?” preguntó la camarera a Malfoy, quien
asintió.

“¿Eso es agua?” dijo Hermione cuando la joven se había ido.

Malfoy encogió los hombros.

“No bebo mucho últimamente”, dijo, tamborileando los dedos sobre la mesa en un ritmo rápido.
Hermione observó los movimientos bruscos y percusivos, fingiendo no haber notado que él, al
igual que ella, también carecía de un anillo.

“¿Y tú? ¿Qué has estado haciendo en estos días?” preguntó Hermione con genuina curiosidad.

El tamborileo se detuvo de forma abrupta. Preocupada de haber roto sin querer su frágil tregua,
Hermione intentó retractarse de su pregunta.

“No es que sea asunto mío”, dijo, terminando nerviosamente su segunda bebida. “Es solo que a
veces te veo entrar al Ministerio. Y El Profeta no dijo realmente qué has estado haciendo, solo que
no estabas, ehm, ya sabes…”

“¿Encarcelado por crímenes de guerra?” terminó Malfoy con sarcasmo.

Hermione se sintió enrojecer con intensidad mientras la mesera volvía con sus bebidas. Malfoy la
detuvo para pagar la cuenta, sacando algo de dinero muggle para darle a la chica. Esto aumentó la
vergüenza de Hermione por alguna razón. Aquí estaba ella, insultándolo justo después de
disculparse con ella, él estaba pagando por sus bebidas.

“Lo siento, en serio no quise decir—”

Ella dejó de hablar de forma abrupta, notando cómo los hombros de él se sacudían. Horrorizada de
pensar que quizá lo había hecho romper en llanto en medio de un bar abarrotado, sintió su garganta
cerrarse. Cuando de pronto el sonido más extraño llegó a sus oídos.

Se estaba riendo. Draco Malfoy se estaba riendo. Incluso carcajeando.

Ella fue atacada por su brillante y genuina sonrisa. A pesar de sí misma, sintió las comisuras de su
propia boca elevarse.

Qué cosa tan extraña, pensó, estar riendo con Draco Malfoy en un bar muggle. ¿Cómo diablos
había llegado hasta aquí?

“Está bien, Granger, de verdad. EN general, he estado bien dijo él. “Es sólo que no quería aparecer
en ese maldito artículo del Profeta”. Malfoy rodó los ojos con desdén al mencionar el nombre del
periódico.

“¡Yo sentí lo mismo!” admitió Hermione, hundiéndose de nuevo en su asiento. Era un alivio saber
que no había sido la única.

Malfoy levantó una ceja con curiosidad hacia ella. “Sólo tenían elogios para ti, Granger.”

Hermione chasqueó la lengua con desaprobación, tomando un último y largo trago de su tercer
martini. Tendría que parar pronto si no quería que Malfoy la llevara a rastras a casa con Ron esta
noche. La mera idea de la cara de Ron si descubría con quién estaba en este momento le provocó
un hipo horrorizado.

“Los elogios no cuentan si no son verdaderos”, dijo Hermione. “Esa tal Johanna me entrevistó a
profundidad,” dijo, enfatizando enormemente la indecente cantidad de tiempo que había pasado
respondiendo las preguntas de la mujer. “Le conté todo sobre mi trabajo en el Ministerio, la
legislación que he estado redactando y las comunidades con las que he estado trabajando desde que
salí de Hogwarts. Pero lo único que ella quería saber era si me voy a casar y tener bebés o no. ¿Es
en serio?” Sacudió la cabeza en disgusto. “Le di una buena reprimenda por eso, y luego esta
mañana me desperté para descubrir que solo había citado a Ron y prácticamente me había borrado
de todo el artículo. Vieja insufrible,” terminó, inclinando la cabeza hacia atrás para terminar su
bebida.

Malfoy tenía una media sonrisa en los labios, pero no era maliciosa, pensó Hermione. ¿Se sentía tal
vez reivindicado? O tal vez todos esos martinis realmente la estaban afectando.

Malfoy se puso de pie con gracia, ofreciendo su mano para ayudarla a levantarse. Dudando por un
momento, Hermione la tomó, permitiéndole ponerse de pie. Su mano era sorprendentemente grande
y cálida, y la presión constante de ella la hizo sentir de repente temblorosa en comparación.

“Parece que necesitas un poco de aire, Granger. Estás un poco sonrojada.”

Al oír sus palabras, Hermione sintió sus mejillas se enrojecer aún más. Algo de aire fresco podría
venirle bien.

Chapter End Notes

Hice un pequeño cambio en las siglas de la ley CALCETIN para poder mantener el chiste.
En el texto original se llama SOCKS (por sus siglas Stop the Oppression of Creatures, show
Kinship and Solidarity)
CALCETIN significa Campaña de Apoyo, Liberación y Cuidado Especial de Todos los
Individuos No-humanos.

Como sabemos Hermione suele hacer acrónimos poco afortunados y me pareció que eso
respetaba más su forma de ser en el canon.
Lunas

Sin duda, Draco necesitaba aire Fresco. La atmósfera densa y saturada de alcohol del bar le hacía
sentir a la vez náuseas y necesidad de un trago.
La brisa fresca de la noche lo golpeó como un tónico. Inhaló profundamente, intentando calmar su
mente.

No podía esperar para contárselo a la Sanadora Connelly. Ella estaría tan orgullosa de escuchar que
por fin se había disculpado con Hermione—y en persona, nada menos. Incluso podría escribirle
esta noche en lugar de esperar a su próxima sesión.

Junto a él, Hermione se puso de pie y miró hacia el oscuro cielo, apreciando también el aire fresco.
Ella se balanceó sutilmente, y él estuvo a punto de extender la mano para sostenerla, conteniéndose
solo al hundir sus manos en los bolsillos del abrigo.

“Nunca respondiste a mi pregunta,” dijo Hermione de repente.

Draco la miró, preguntándose a qué se refería.

“Sobre por qué estás aquí. En un bar muggle cualquiera,” aclaró Hermione.

Las lámparas de calle anaranjadas la hacían brillar con una luminosidad extraña, sus mejillas
sonrojadas se veían particularmente rosadas. Sus párpados parecían luchar por no descender, en un
esfuerzo por mantener los ojos abiertos. Draco se obligó a no sonreír ante la expresión de ebriedad
apacible. Puede que ya no fueran enemigos declarados, pero probablemente no le haría gracia que
él la contemplara de esa manera.

Se aclaró la garganta.

“Eh, vengo aquí a menudo. Bueno, solía. No tanto, eh, ahora,” titubeó.

¿Cómo explicarlo sin decirle todo? Decidió mejor cambiar de tema.

“Para responder a tu otra pregunta, sobre a qué me dedico estos días, he estado asesorando al
Departamento de Misterios,” dijo. Los ojos de ella se iluminaron.
“¡Así que por eso te he visto en el Ministerio! ¿Es un secreto, entonces?”

Le pareció curioso saber que ella también lo había notado ahí. Draco reprimió la extraña sensación
de palpitaciones en su pecho al pensarlo.
“Sí, de hecho, es ultra secreto.” Puso su voz más oscura y misteriosa y se inclinó. “¿Puedo confiar
en ti?” preguntó.

Hermione pareció congelarse en su lugar, mirándolo a los ojos mientras consideraba la pregunta. Se
dio cuenta de que debió haberla sobresaltado, acercándose tanto. Había olvidado que no eran
amigos.

Pero ella no se apartó. En cambio, pareció pensativa antes de responder, “No. No puedes.
Aparentemente, todo lo que tienes que hacer para que revele mis más oscuros secretos es invitarme
un par de tragos.”

Draco esbozó una gran sonrisa, deleitándose en el asombro de ella al ver su franca alegría. Nunca
antes habían disfrutado de una conversación tan amistosa. Draco se sentía efervescente, saboreando
su sonrisa como si degustara una copa de champán.

“Y aparentemente todo lo que yo necesito para revelar mis secretos es un vaso de agua simple. El
departamento probablemente debería despedirme. Claramente, no puedo guardar un secreto para
salvar mi vida,” bromeó.

Eso la hizo reír, y el champán burbujeó en su pecho.

Iniciaron su marcha, deambulando sin rumbo fijo. Los muggles se movían alrededor, disfrutando de
la vida nocturna de Londres, ignorantes del milagro que tenía lugar a su alrededor. “

Está bien,” dijo Hermione con un suspiro. “Te diré por qué estaba allí si tú me dices por qué estabas
tú. Me parece justo.”

Draco consideró la oferta un momento. Definitivamente no quería revelar por qué había estado ahí,
pero tampoco quería mentir. Por otro lado, realmente quería saber por qué ella había estado allí, a
solas.

“Tú primero,” dijo él.

Ella resopló. “Slytherins,” se quejó mientras él reía. “Está bien... aquí va. Ugh, no puedo creer que
te esté contando esto....”

Draco contuvo la respiración, esperando ansiosamente.

“Ron... y yo, bueno, nosotros... erm... tuvimos una pelea,” balbuceó.


Las burbujas no estallaron.

“Mm. Por supuesto,” dijo Draco, ganándose un golpe en el hombro.

“¿Qué quieres decir con por supuesto!” exclamó ella, pero él podía ver que no estaba realmente
ofendida. Él sonrió con suficiencia.

“Solo quiero decir que, si tuviera que vivir con ese imbécil, yo también me volvería loco. ¡Ay!” se
quejó al recibir otro golpe. Se frotó el hombro.

“¡No lo llames así! ¡No es un imbécil! Aunque... está bien, quizá lo es a veces,” ella encogió los
hombros e hizo una mueca ante su confesión. Draco se encontró riendo más fuerte de lo que había
reído en mucho tiempo. Hermione gruñó, luchando por no sonreír. “¡Ron enfurecería si supiera que
te conté algo! No debería haber dicho nada.”

“No le voy a decir nada. Ni a esa Johanna Wolfy o como sea.”

“Ergh, esa mujer es la reencarnación de Rita Skeeter,” se quejó. “No, te creo. Es solo que, ya
sabes... eres tú.” Le lanzó una mirada nerviosa.
Intentó parecer tranquilizador, pero no estaba seguro de ser capaz de eso.

“¿De qué fue la pelea?” preguntó.

Hermione apretó los labios, desviando la mirada. Parecía estar decidiendo cuánto era demasiado
para revelar. Draco consideró en retractarse de la pregunta, recordándole que no estaba obligada a
contarle los detalles de su vida amorosa. Sin embargo, optó por guardar silencio, la curiosidad lo
consumía.

“Supongo... bueno, es estúpido, pero creo... él parece pensar que he estado viendo a alguien a sus
espaldas,” dijo, la preocupación y el arrepentimiento nublando su voz.

“¿Y? ¿Lo estás haciendo?” preguntó Draco. Estaba muy, muy interesado en su respuesta.
Demasiado interesado.

“¡No! ¡Por supuesto que no!” Hermione bufó. “Solo he estado llegando tarde a casa muy seguido,
eso es todo. He estado tan ocupada con el trabajo, y supongo que él se ha sentido un poco, bueno,
descuidado.”

Draco esperó a que continuara, pero ella decidió cambiar de tema.


“¡Muy bien! ¡Tu turno!” dijo, un poco demasiado alegremente.

“¡Dime todos tus secretos más sucios, Malfoy!”

Él levantó una ceja sugestiva hacia ella.

“¿Todos ellos? ¿Segura de que estás lista para eso, Granger?”

“Ya sabes a qué me refiero,” dijo, sonrojándose nuevamente mientras lo miraba.

Llegaron a una calle silenciosa, rodeada de árboles y setos que daban al lugar un aire de privacidad.
Se detuvo junto a una banca, invitándola a sentarse primero con un gesto. Al sentarse junto a ella,
dio un suspiro, consciente de que iba a compartir mucho más de lo que había previsto inicialmente.
Pero ella se había abierto con él, más de lo que él habría esperado. Él se sintió obligado a
corresponder. Y quizás, reconoció en lo más profundo y sombrío de su conciencia, deseaba que ella
llegara a conocerlo.

“Bebo, a veces,” dijo en voz baja, sin mirarla. “Demasiado, quiero decir. Tomo un tónico para eso,
pero esta semana lo olvidé. Esta noche, iba a, bueno, recaer en viejos hábitos, supongo.”

Seguía sin mirarla. Podía sentir que ella se había quedado muy quieta, absorbiendo cada palabra.
Continuó.

“Prefiero los bares muggles porque nunca me encuentro con gente que me conozca. Después de
leer el periódico esta mañana, parecía un día particularmente malo para ser reconocido. Pero
entonces, te vi.”

Finalmente, la miró.

Sus ojos eran tan grandes como lunas llenas. Apenas respiraba, inmóvil como estaba.

“Y me pregunté por qué estabas sola. Y luego pensé, quizás, habías tenido un día tan de mierda
como el mío. Y pensé que tal vez te gustaría tener algo de compañía. Así que entré y pedí un vaso
de agua.”

¿Había dicho algo incorrecto? Ella lo miraba fijamente, sin moverse en absoluto. Finalmente, sus
labios se abrieron para responder.
“Oh,” dijo, sin aliento.

“Oh,” repitió él, desanimado.

Esperó, observando cómo sus pestañas se bajaban, desviando se mirada de la de él.

Dedos cálidos y suaves cubrieron la mano que tenía sobre la banca, entre ellos. Sorprendido, miró
hacia abajo.

La mano suave y libre de anillo de compromiso de Hermione Granger tocaba la suya.


Reconfortándolo.

Su toque era como nada que hubiera sentido en su vida. Tuvo el impulso de retirar bruscamente su
mano, de darse la vuelta y desaparecer en la noche, de asegurarse de nunca volver a verla para no
volver a sentirse así.

Pero no lo hizo. En cambio, dejó que el ardor del contacto gentil se absorbiera en su piel,
saboreando lo incorrecto de ello.

Y luego se acabó. Su mano se había ido, y ella se levantó, dejándolo sentirse aliviado y desolado al
mismo tiempo.

“Debería irme. R-Ron me estará esperando,” dijo, mirando al suelo.

“¿Puedes desaparecer con seguridad?” preguntó él, poniéndose de pie junto a ella. Se encontró
deseando que dijera que no, que necesitaba su ayuda, que necesitaba que la envolviera con sus
brazos y—

“Sí, estaré bien,” dijo ella, cortando sus pensamientos salvajes y estúpidos. Quizás eso no había
sido agua en su vaso después de todo, pues se sentía bastante intoxicado.

Ella se aclaró la garganta.

“Buenas noches, entonces... Draco,” dijo, ofreciéndole con propiedad su mano para despedirse.

Agarró su mano, ofreciéndole un único apretón serio y cortés. El tiempo se detuvo en un tenue hilo
mientras ambos se resistían a soltarse.
“Buenas noches... Hermione,” dijo él en voz baja.
Él continuó sosteniendo su mano mientras ella reaccionaba al sonido de su nombre en sus labios,
un amistoso regalo mutuo de despedida. Esos ojos de luna llena brillaron con un sentido de
asombro que él reconoció en algún lugar profundo de su ser. Luego, en un movimiento rápido, la
soltó y giró sobre su talón, desapareciendo en la noche.
Minibogs

"En serio, igual y mejor nos fugamos," dijo Ginny con algo de amargura mientras atrapaba otro
murciélago de la jaula. Aunque eran de mentira, los murciélagos revoloteaban por su cuenta,
sumando más caos a la pesadilla sensorial que orgullosamente siempre ha sido Sortilegios Weasley.

Hermione había llegado temprano a la tienda para echar una mano con la preparación del evento de
Halloween. Se había tomado medio día libre solo para la ocasión, y se sorprendió gratamente al ver
que Ginny había hecho lo mismo. Mientras Ginny se encargaba de los adornos, Hermione estaba
con su varita haciendo que los dulces volaran por el aire y se escondieran por todo el local para que
los clientes los encontraran mientras compraban y festejaban esa noche.

"¡Ni se te ocurra!" protestó Hermione. "Tu mamá no te lo perdonaría. De hecho, yo tampoco te lo


perdonaría," añadió, como si con eso ya todo estuviera dicho.
Ginny soltó un bufido, esquivando con habilidad un murciélago que intentaba enredarse en su largo
cabello rojo.

"Tienes razón, pero ya estoy harta con todo este asunto de la boda. No sé quién es peor: mamá o la
prensa."

Últimamente, Ginny había salido bastante en el periódico. El tema de El Elegido casándose con una
del equipo de las Harpías de Holyhead era gran noticia. Ginny había aparecido en la portada del
Witch Weekly dos veces en el último año, y la atención seguía en aumento.

Normalmente, Hermione le ofrecería su ayuda con la boda, pero en estos momentos, estaba a tope
con el trabajo. La votación se acercaba y aún tenía un montón de campaña y negociaciones por
hacer para la ley CALCETIN. Incluso venir aquí esta tarde había sido un esfuerzo para ella. Con un
movimiento de su varita, repartió los últimos dulces y arrugó la bolsa vacía.

"Son solo unos meses más. Luego podrás escaparte a tu luna de miel y relajarte," dijo Hermione,
intentando animarla.

"Lo estoy deseando," suspiró Ginny con añoranza.

"¿Deseando qué?" preguntó George, entrando en la sala.

"Deseando que ya se acabe de una vez mi dichosa boda," contestó Ginny.

George se echó a reír.


"Se supone que debe ser el día más feliz de tu vida, ¿no? Tú siendo la novia y todo eso," le dijo en
broma.

"No sé. Tal vez debería preguntarle a Angelina si lo fue para ella. Ah, espera…" dijo Ginny con una
sonrisa malvada, "primero tendrías que casarte con ella."

George se encogió un poco y se dio la vuelta, murmurando algo sobre que aún no era el momento
adecuado.

"Cobarde," Ginny le gritó mientras se alejaba.

Hermione contuvo la risa. No podía criticar a George, teniendo en cuenta que ella, también, estaba
esquivando el tema del compromiso.

"¿Ya está todo listo por aquí?" dijo Ron al entrar desde el cuarto de atrás. Llevaba su típica ropa de
trabajo: túnicas moradas estridentes.

"Creo que sí," dijo Hermione. "¿Por fin nos vas a enseñar lo que van a lanzar esta noche?"

Ron miró a George, que se encogió de hombros.

"¿Por qué no les damos un adelanto?" dijo.

Ginny fue a buscar a Harry afuera, donde estaba repartiendo folletos del evento a la gente que
pasaba. Los cinco se metieron en el cuarto trasero, que era un área oscura mayormente llena de
cajas y experimentos raros en proceso. Sin embargo, una mesa estaba cargada con un pequeño y
misterioso baúl de madera, del tamaño de una barra de pan.

"No me va a golpear si lo abro, ¿verdad?" preguntó Hermione.

"No esta vez," dijo George. "Muy bien, todos. Esta noche, vamos a lanzar el nuevo juego de fiesta
del año: ¡Minibogs!"

"¿Minibogs?" repitió Ginny.

"Son boggarts miniatura," explicó Ron.


Hermione, Ginny y Harry intercambiaron miradas cautelosas.

"¿No es eso un poco... aterrador?" dijo Hermione.

"¡Claro que no!" insistió Ron. "No es como un boggart de verdad, ¿sabes?"

"Aunque sí que nos basamos en la magia de los boggarts reales para hacerlo," añadió George. "Nos
llevó casi dos años dar en el clavo, pero finalmente lo conseguimos hace un mes."

"O sea, con un boggart normal, este descubre cuál es tu mayor miedo y lo imita, ¿no?" dijo Ron.
Todos asintieron entendiendo. "Y para vencerlo, tienes que convertirlo en algo gracioso, porque
odia la risa, ¿verdad?" De nuevo, todos asintieron.

"Pues con los Minibogs, en vez de convertirse en lo que más temes, se convierte en la cosa más
graciosa a la que le temes. Los Minibogs se alimentan de la risa en lugar del miedo," terminó Ron.

"Ohhhhhh" dijeron Harry, Ginny y Hermione al unísono. Hermione aún estaba algo escéptica, pero
moría de curiosidad por verlo en acción.

"¿Quién se anima a probarlo?" dijo George.

Ginny fue la primera en ofrecerse, con cara de no saber muy bien qué esperar al abrir la caja.

Dentro, una espiral de humo oscuro empezó a elevarse, haciendo espirales y tomando forma. Con
un sonido tonto de: ¡pffft!, se convirtió en la miniatura de la propia Ginny, vestida con el vestido de
novia más feo, con más volantes y más voluminoso que jamás se hubiera diseñado, con un tren
largo y un velo a juego. Era el tipo de vestido en el que Umbridge se habría casado. Ginny soltó
una carcajada y toda la sala estalló en risas. La mini Ginny cruzó los brazos, con una cara de asco
total.

"Ok, ya entendí a que te refieres," dijo Ginny, sonriendo a pesar de sí misma.

"Preferiría casarme con un Dementor," bromeó Harry, llevándose un golpe en el hombro por parte
de Ginny.

"¡Eso es magia de primera, George!" exclamó Hermione.

George hizo una reverencia, pero Ron se mostró molesto.


"Yo también trabajé en ello, Hermione," dijo en un tono ofendido.

Hermione parpadeó, dándose cuenta de su descuido.

"Oh, claro, Ron. No quería decir... es decir... ¡han hecho un trabajo increíble, los dos!" dijo,
besando a Ron en la mejilla.

La cara de pocos amigos de Ron no mejoró mucho, pero dejó pasar el tema. Harry, Ginny y George
miraron a otro lado, fingiendo que no habían oído nada.

"Bueno, mejor me voy al frente a asegurarme de que todo esté listo," dijo George, sacándose de en
medio rápidamente.

"Voy a seguir repartiendo folletos," añadió Harry, y todos se dispersaron.

La tienda había estado cerrada la mayor parte del día, pero para las seis de la tarde, ya había una
cola larga de gente fuera, charlando emocionados mientras esperaban en la calle que se oscurecía.
Como el espacio dentro era limitado, George le había pedido a Ginny que montara una mesa de
exhibición y un puesto para que los invitados compraran Cervezas de Mantequilla de barril
calientitas. Para cuando el evento empezó oficialmente a las siete, casi toda la calle estaba llena de
compradores contentos. Música ridícula y escalofriante sonaba desde los altavoces sobre la puerta,
y linternas parpadeantes moradas y naranjas habían sido encantadas para volar afuera sobre las
cabezas de la multitud.

Ron y George demostraban sus Minibogs, para grupos de unos doce cada vez, dentro de la tienda.
Ginny y Harry habían desaparecido juntos por algún lugar, tratando de no llamar demasiado la
atención de la multitud. Sola, Hermione decidió darse una vuelta por el Callejón Diagon,
disfrutando del ambiente bullicioso de la calle. De forma distraída, se preguntó en qué se
convertiría el Minibog para ella. No se le ocurría nada que temiera que también fuera gracioso. En
ese momento, todos sus miedos parecían devastadores.

"¡Hermione!"

Al escuchar su nombre, Hermione giró la cabeza hacia la multitud, buscando de dónde venía la voz.
Una linterna naranja volaba por encima, iluminando un rostro familiar y tranquilo.

"¡Luna!" dijo Hermione, acercando a su amiga a un abrazo fuerte.

"¡Hola!" dijo Luna con tono soñador, acariciando el pelo de Hermione. "Estaba esperando verte."
"Tanto tiempo sin vernos," concordó Hermione. "¿Qué has estado haciendo?"

Hermione lamentó la pregunta casi inmediatamente después de hacerla. Luna se lanzó a describir
detalladamente la extraña (y probablemente ficticia) criatura que había estado buscando en los
bosques canadienses durante los últimos meses. Asintiendo educadamente mientras escuchaba,
Hermione dejó que su mirada vagara por la multitud. Por un momento, pensó haber visto a un
hombre alto con cabello rubio platinado, caminando en dirección contraria. Hermione estiró el
cuello intentando verlo, pero parecía haber desaparecido.

"...y si encuentro uno con cuernos rizados, probablemente tenga la capacidad de ver el futuro. Pero
la mayoría de las huellas que he estado siguiendo en esa área indican cuernos rectos, los cuales—
Hermione." Luna se interrumpió, atrayendo abruptamente la atención de Hermione de vuelta a su
amiga.
"¿Sí?" dijo Hermione, sintiéndose culpable.

"¿A quién buscabas justo ahora?" preguntó Luna.

"Um," dijo Hermione, demorándose mientras pensaba en una excusa adecuada.

"No importa, puedo ver que no quieres decirme," dijo Luna con sabiduría. "Pero deberías ser más
sincera contigo misma, querida. Tienes cara de alguien que se ha estado mintiendo a sí misma."

Con el corazón latiendo en pánico, Hermione forzó una risa.

"Luna... te he echado de menos." Eso no era mentira, no del todo.

La cara de Luna se iluminó. "¡Puedes venir a visitarme a Canadá cuando quieras! Vuelo de regreso
la próxima semana."

"Eh, quizás," dijo Hermione de manera evasiva. "Bueno, ha sido genial ponernos al día, Luna, pero
tengo que irme ahora. ¡Disfruta la fiesta!"

Luna le dijo adiós con la mano, y Hermione se apresuró a alejarse, buscando a una persona que
esperaba solo hubiera estado en su imaginación.

"¿Dónde te metiste?" siseó Ron, agarrando el brazo de Hermione en cuanto ella entró a la parte de
atrás de la tienda para encontrarlo.

La verdad, había estado buscando a un cierto invitado no deseado, sin éxito. Pero no podía decirle
eso a Ron.

"Me fui a dar una vuelta por el callejón. Es una fiesta maravillosa, Ron. Deberías estar muy
orgulloso de ti mismo."

Hermione sintió golpe remordimiento al ver que la cara de Ron se relajaba un poco. Había
aprendido que la manera más fácil de calmar su enojo con ella era distraerlo con un halago, pero
eso la hacía sentir manipuladora.

"Ah," dijo él, calmándose. "Bueno, a la gente parecen gustarles, en fin. Hemos vendido como
doscientos Minibogs esta noche."

"¡Guau!" dijo Hermione, exagerando solo un poco su sorpresa.

"Sí. Y hasta el El Profeta mandó a una reportera para entrevistarme. Parecía muy impresionada con
los Minibogs," dijo él. Un rubor de orgullo le coloreó las mejillas al mencionar la publicidad.
Generar emoción pública era su parte favorita del trabajo en la tienda. "Como sea, quiero que veas
mi próxima demostración, ven," dijo, arrastrándola de vuelta al área de ventas.

Ron preparó más cajas de Minibogs en una mesa mientras el siguiente grupo de personas entraba.
Unos niños se lanzaron emocionados al frente, mientras los compradores mayores miraban las cajas
en la mesa con curiosidad.

Con un sobresalto de pánico, Hermione reconoció a Draco Malfoy en la parte trasera del grupo que
acababa de entrar.

A su derecha, un Blaise Zabini que parecía muy poco impresionado examinaba la tienda. Antes de
que Hermione pudiera hacer algo, Ron se giró y los vio, frunciendo el ceño.

"Malfoy. ¿Qué haces aquí?" dijo en un tono cortante.

Las demás personas en la tienda se giraron para ver a la persona a la que Ron le hablaba de forma
tan brusca. Draco simplemente lo miró, con una expresión de aburrimiento en su cara.

"Pensé en venir a ver cómo haces el ridículo, Weasley," dijo. "Es uno de mis pasatiempos
favoritos."

No le dedicó ni una mirada a Hermione, quien estaba casi vibrando de ansiedad. ¿Por qué había
venido? Seguramente sabía que no sería bienvenido.
Ron parecía estar de acuerdo con su sentimiento interno, porque escupió, "No eres bienvenido aquí,
Malfoy. Lárgate ahora mismo."

Draco alzó una ceja.

"Soy un cliente dispuesto a gastar, Weasley. No hay razón para ser tan maleducado."

Ron sacó su varita, y la sala se quedó en silencio. Alguien inhaló y dio un pequeño grito,
apresurándose a salir del camino de Ron.
"Te estoy dando una última oportunidad, Malfoy. Vete antes de que tenga que sacarte yo mismo,"
dijo.

Zabini parecía ligeramente entretenido, observando la interacción. Todos los demás se veían
extremadamente nerviosos.

"Tus habilidades de atención al cliente dejan mucho que desear, Weasley," dijo Draco con lentitud
presuntuosa. "Pero de acuerdo, me iré. Por lo que veo, este lugar no vale mi tiempo de todos
modos."

Él sonrió con suficiencia mientras levantaba las manos en son de paz, retrocediendo fuera de la
tienda con Zabini siguiéndolo de cerca. Antes de que la puerta se cerrara tras él, los ojos de Draco
encontraron los de Hermione por el más breve instante. Luego desapareció, y todo el aire regresó a
la habitación.
Rayos de electricidad la recorrían desde la garganta hasta los pies y de regreso, estremeciendo y
revolviendo pensamientos.
¿Qué había sido eso? ¿Por qué había venido aquí?

Con los dientes apretados, Ron guardó su varita y se dispuso a comenzar su demostración de los
Minibogs.
El impulso de correr detrás de Draco y preguntarle qué demonios había sido eso casi superó la
necesidad de Hermione de quedarse y calmar a Ron. Casi. Pero con la mandíbula tensa y un vacío
en el estómago, Hermione mantuvo los pies bien plantados en el suelo de la tienda, poniendo tanta
atención como podía a los niños riendo ante el Minibog.

Pasaron otros veinte minutos antes de que Hermione encontrara un momento apropiado para salir
de la tienda. Pero, aunque buscó cada rostro y miró en cada rincón del callejón, no encontró rastro
de Draco por ninguna parte.

Era lo mejor, se dijo a sí misma, caminando lentamente de vuelta a la tienda, haciendo a un lado
una linterna morada medio muerta que se balanceaba perezosamente mientras pasaba.
La Sanadora Connelly

La recepcionista en la sala de espera trataba de ignorar el constante golpeteo del pie de un paciente
en el rincón más alejado, pero no podía. Sus ojos no dejaban de desviarse hacia él, molesta por el
ruido.

Draco estaba más inquieto hoy, por razones que no le gustaba admitir. Probablemente era algo
bueno que se hubiera presentado a su cita. Una puerta se abrió al final del pasillo, y una mujer alta,
con pelo castaño claro y una expresión tranquila, salió, sonriéndole.

"Ya te toca, Draco," dijo la Sanadora Connelly con su suave acento irlandés.

Draco se levantó y la siguió hasta su ya familiar consultorio. Paredes de un azul pálido y pinturas
tranquilas de paisajes lo recibieron.

Draco se acomodó en el sofá beige, echando un vistazo por las grandes ventanas a la vista grisácea
y extensa del cielo de Londres.

"Qué bueno verte de nuevo. ¿Cómo has estado?" dijo ella, señalando con su varita hacia la puerta
para cerrarla.

"Bien," dijo Draco. No era sincero, pero siempre le costaba abrirse al inicio.

Ella le regaló una pequeña sonrisa mientras se sentaba frente a él, cruzando sus tobillos como
siempre.

"Platícame qué ha pasado contigo. Ahora que cambiamos a citas mensuales en vez de semanales,
siento que no te he visto en años."

Draco respiró hondo, frotándose las palmas sobre las rodillas. Había estado ansioso por hablar con
la Sanadora Connelly desde hace tiempo, pero ahora que estaba aquí, no sabía ni por dónde
empezar. "Pues, perdí una cita en San Mungo. Para mi tónico," empezó. La Sanadora Connelly
soltó un "mm" de reconocimiento, frunciendo el ceño. Movió su varita hacia una pluma cercana,
que empezó a tomar notas por ella. "Ya veo. ¿Y cómo te fue?" preguntó. "Pues… empezó mal, pero
terminó bien, la verdad."

Esperó a que ella le hiciera más preguntas, pero ella solo sonrió expectante, animándolo a seguir.

"Fui a un bar muggle, a tomar algo," confesó, mirando hacia abajo. "Pero ahí me topé con una vieja
conocida."

"¿Una conocida muggle?" preguntó ella con curiosidad.

"No, de hecho. Alguien que conocí en Hogwarts. C-creo que ya la he mencionado antes. Hermione
Granger."

El estómago de Draco se revolvió al decir su nombre en voz alta.

"Hmm." La Sanadora Connelly levantó las cejas, interesada. Decir que la había mencionado antes
era quedarse corto, pero afortunadamente, su sanadora no lo recaló. "¿Granger? ¿En serio? ¿Tuviste
oportunidad de platicar con ella?"

Draco confirmó, asintiendo firme y brevemente con la cabeza.

"¿Y cómo te fue?" indagó la Sanadora Connelly.

Draco tomó una gran bocanada de aire, soltándolo lentamente antes de hablar. Se sentía nervioso,
como si la Sanadora Connelly pudiera ver a través de él, descifrando sus pensamientos y deseos
más profundos antes de que incluso él estuviera dispuesto a admitirlos a sí mismo.

"Me fue… ¿bien?" dijo, sin querer hacerlo sonar tanto como una pregunta. "Le invité un trago y
platicamos un rato. Me disculpé. Por todo."

"¿Por todo?" preguntó la Sanadora Connelly.


"Sí, por cómo la traté en la escuela, y por lo que pasó en la mansión de mi familia."

La pluma de la Sanadora Connelly volaba sobre su pergamino, apuntando este desarrollo


inesperado. Habían hablado largo y tendido sobre ese incidente en los últimos años. Muchas veces,
él había despertado en medio de la noche, bañado en sudor, con los gritos de Hermione y las risas
de Bellatrix resonando en sus oídos. Esa pesadilla había surgido en muchas conversaciones sobre
sus detonadores. Dormir mal y recuperarse de una adicción no combinan bien.

"Eso fue muy valiente de tu parte," dijo ella amablemente. "¿Y cómo reaccionó ella?"

"Me agradeció. Dijo que significaba mucho para ella, escuchar eso."

El corazón de Draco dio un curioso vuelco al recordarlo. Apretó la mandíbula, intentando reprimir
ese sentimiento.

"Me parece maravilloso," dijo la Sanadora Connelly, ofreciéndole una sonrisa amplia y poco
común. Pero luego adoptó una mirada de preocupación al preguntar, “Y, ¿dijiste que le invitaste un
trago?"

¿Bebiste?, era lo que ella en verdad quería preguntar.

"Tomé agua. No quería que ella me viera… así," dijo.

La Sanadora Connelly asintió profundamente.

"Pues, estoy muy orgullosa de ti, Draco. Debe haber sido una decisión difícil. ¿Cómo te sientes,
después de hablar con la Srta. Granger?"

"Me siento… erm, me siento…."


Draco no encontraba las palabras para describir cómo se sentía. Era como si hubiera experimentado
cada emoción existente, cada una en un torbellino de colores brillantes, pasando zumbando y
superponiéndose todas a la vez.

"¿Abrumado?" sugirió la Sanadora Connelly.

"No sé cómo me siento," dijo Draco finalmente.

Se hizo un silencio mientras la Sanadora Connelly procesaba la información. Lo miró, frunciendo


ligeramente el ceño, y Draco tuvo la incómoda impresión de que estaba mirando directo a su alma.
Era una costumbre de ella, y una a la que nunca se había acostumbrado del todo.

"Draco," empezó, descruzando y recruzando los tobillos mientras se acomodaba para inclinarse
hacia adelante en su silla. "En estos últimos años, tú y yo hemos construido bastante confianza
entre nosotros. ¿Estoy en lo cierto al pensar que tú sientes lo mismo?"

"Sí," dijo él, y lo decía de corazón. Ella lo había visto en su peor momento, y había estado ahí para
ayudarlo a reconstruirse, pieza por pieza, desde cero.

"Bien," dijo ella. "Entonces quiero hacerte una pregunta difícil, y quiero que te tomes tu tiempo
para pensarla bien antes de responder, ¿de acuerdo?" Draco asintió, esperando con tensión. La
Sanadora Connelly se mordió el labio, pensando cómo formular su pregunta. "¿Estás enamorado de
la Srta. Granger?"

Su estómago se desplomó. Tragando para pasar por su garganta repentinamente seca, tartamudeó,
"¿Q-qué? ¿A-amor? ¿Ella?" ¿De dónde había sacado esa pregunta?

"Piénsalo bien. No respondas de inmediato," dijo la Sanadora Connelly. "Menciono el tema por una
razón. Has hablado de la Srta. Granger bastante seguido en nuestras sesiones, Draco. Y casi cada
vez que lo haces, no puedo evitar notar que tu lenguaje corporal cambia. Sé que has dicho que no
has hablado con ella desde la escuela, pero es muy claro para mí que tienes sentimientos fuertes
hacia ella, de todos modos. Me pregunto si uno de esos sentimientos podría ser amor. En cualquier
sentido de la palabra."
Ella se reclinó entonces, como para darle más espacio para considerar su pregunta. Draco cerró los
ojos, tratando de calmar su corazón acelerado. ¿Amar a Hermione? Claro que no. Apenas la
conocía. Bueno, está bien, la conocía desde que tenían once. Pero él, el Draco de hoy, solo había
conocido a Hermione por un breve tiempo. Había hablado con ella exactamente una vez desde que
dejaron la escuela. Cierto, había pensado constantemente en esa conversación desde que sucedió,
pero aún era solo un día. Solo un tonto llamaría a eso amor.

"Cuando estábamos en la escuela juntos, creía que la odiaba," comenzó Draco. "Odiaba a todos los
sangre suc—erm, a los nacidos de muggles. Todavía estoy trabajando en eso," dijo, un poco
avergonzado, reconociendo su forma de hablar. "Pero, en fin, la detestaba. Era amiga de Potter, era
nacida de muggles, era una sabelotodo insoportable. Pensaba que eso era más que suficiente razón
para odiarla."

La Sanadora Connelly asintió, absorbiendo sus palabras mientras su pluma volaba sobre el
pergamino a su lado.

"Y, lo admito, estaba celoso," dijo. "Pensaba que era listo, hasta ese momento. Pero llegó esta
chica, criada por muggles, que ni siquiera sabía que existía la magia antes—y simplemente llegó y
me aplastó en cada materia. Fue humillante." A pesar de la seriedad de sus palabras, Draco sonrió.
El recuerdo de la joven Hermione, con su pelo esponjado y dientes de conejo, levantando la mano
ansiosa por responder cada pregunta, ahora le parecía encantador. Su irritación con ella ahora le
parecía infantil y hasta graciosa. "Cuando pienso cómo me criaron, lo que mis padres me
enseñaron… bueno, ¿cómo no iba a odiarla? Pero ahora…" Suspiró, mirando de nuevo por la
ventana.

La Sanadora Connelly no lo interrumpió, dándole todo el tiempo que necesitaba para ordenar sus
pensamientos.

"Pero ahora, todo es diferente. Es diferente, cuando la veo ahora," dijo.

Esa declaración ni se acercaba a expresar todo lo que sentía, pero era una buena manera de
encaminarse a lo que tenía que decir a continuación.

"No diría que es amor, lo que siento por ella," dijo Draco, encontrando la mirada de la Sanadora
Connelly. "La persona que soy ahora solo ha platicado con ella una vez. Y aparte, interesarme en
Hermione no es opción. Su novio, lleva con él desde siempre. No está disponible."
Lo dijo sin rodeos, tanto para su propio beneficio como para el de la Sanadora Connelly.

"Pero sí… me… gusta. Creo." Esta última admisión sonó forzada y entrecortada.

Draco sintió cómo se le calentaba la cara, y de repente quiso tomar el cojín de al lado y esconderse
detrás de él. La Sanadora Connelly sonrió, asintiendo con aprobación a su explicación.

"Excelente trabajo, Draco," dijo. "Te has vuelto muy bueno expresando tus sentimientos." Draco
consideró desaparecer el cristal de la ventana y lanzarse al vacío, todo para evitar la extrema
vergüenza de toda esta situación. "Bueno, se acabó nuestro tiempo el día de hoy," dijo la Sanadora
Connelly, descruzando los tobillos y sentándose más derecha.

"Antes de irte, tengo una tarea para ti." Se enderezó, esperando. "A veces, las pesadillas se vuelven
recurrentes cuando hay un miedo que no hemos enfrentado," dijo. "Aunque tú y yo hemos platicado
de lo que le pasó a la Srta. Granger en la casa de tu familia, tus pesadillas sobre ese día no han
desaparecido."

"¿Y entonces cómo lo enfrento?" preguntó Draco.

"Creo que deberías platicar con la Srta. Granger otra vez y contarle lo que me acabas de decir. ¡No
de amarla o que te guste!" aclaró, anticipándose a la protesta de Draco antes de que pudiera
expresarla. "Pero cuéntale sobre estar celoso de ella, y cómo la ves diferente ahora. Ese cambio de
perspectiva es importante, Draco. Tan importante como el trabajo que hemos hecho en desmantelar
tus creencias sobre la pureza de sangre. Alguien tan inteligente y comprensivo como la Srta.
Granger sería la persona perfecta para discutir eso. Además," añadió, curvando sus labios en una
sonrisa suave, "no puedo ser tu única amiga para siempre."

Draco rodó los ojos.

"Solo eres mi amiga porque puedo pagar tus tarifas exorbitantes," bromeó.

"Es cierto," respondió ella también en broma, y se levantó para guiarlo hacia la salida.
Había pensado contarle sobre ir a ver a Hermione al Callejón Diagon el otro día, pero ahora
pensaba que eso lo hacía sonar mezquino, o un poco obsesionado con ella.

Aun así, se sintió más ligero al salir al sol débil de Londres. Tal vez lo haría. Tal vez la encontraría
de nuevo y le diría cómo se siente.
Calcetines y Flores en el Ministerio

TW: abuso emocional, violencia doméstica menor.

Una marea de magos y brujas con pelucas empolvadas se derramaba en el pasillo, sus voces
charlando se superponían mientras discutían sobre el almuerzo y los memos. Con la cara enrojecida
por la victoria, Hermione comenzó a recoger sus cosas para unirse a ellos.

Lo habían logrado. El Wizengamot había aprobado la ley CALCETÍN, su primera propuesta


legislativa. Había tenido que modificar las Secciones 14 y 19 para conseguir todos los votos
necesarios, pero en el gran esquema de las cosas, era una enorme victoria para el bienestar general
de los elfos domésticos. Varios empleados del Ministerio vinieron a felicitarla antes de dejar la sala,
incluyendo al mismísimo Ministro de Magia, Kingsley Shacklebolt. Quien le dio un guiño
juguetón de felicitación.

Cuando Hermione salió del elevador al vestíbulo principal del Ministerio, fue casi arrollada por el
enorme rugido de celebración. Partidarios de la ley CALCETIN reporteros, empleados del
Ministerio, y muchos elfos que se habían presentado para escuchar el resultado de la audiencia de
hoy en persona. Ella fue inmediatamente absorbida por la multitud, alimentando la energía
frenética de su victoria colectiva.

Apropiadamente, los partidarios parecían haber traído pares extra de calcetines para ondear sobre
sus cabezas, generando una alegre ráfaga de colores en el aire. Las cámaras destellaban y
humeaban. Hermione sentía sus mejillas acalambrarse de tanto sonreír.

"¡Hermione!" llamó una voz familiar. "¡Lo lograste!"

"¡Harry!" dijo ella, permitiéndose ser estrujada por los familiares brazos de su amigo. Ginny
también vino a darle un abrazo, sonriendo ampliamente.

"¡Lo lograMOS!" gritó otra voz.


Ron se abalanzó, arrastrándola a un abrazo tan vigoroso que sus pies se levantaron del suelo. Varias
cámaras destellaron, capturando el momento entre ellos. Cuando la bajó, la atrajo hacia su lado,
sosteniendo firmemente sus hombros mientras gritaba: "¡LO LOGRAMOS! ¡PASAMOS
CALCETÍN!" con su puño en el aire. La multitud a su alrededor estalló de nuevo, y una lluvia de
calcetines cayó sobre ellos.

Ella reconoció algunos otros rostros entre la multitud. La Directora de Hogwarts, Minerva
McGonagall, aplaudía cerca, y en una esquina distante vio a Hagrid, gritando más fuerte que todos
los demás y ondeando un calcetín de lana rojo que era aproximadamente del tamaño de una bañera.
Varias personas comenzaron a dirigirla para que se parara en el borde de la fuente en el centro del
vestíbulo, pidiendo un discurso.

"Hoy," dijo ella en voz alta, haciendo una pausa para permitir que la multitud se calmara un poco.
Los reporteros se apretujaron más cerca, posando sus plumas sobre el pergamino para capturar sus
palabras. "Hoy es un día histórico para las criaturas mágicas en todas partes," dijo, haciendo otra
pausa ante los fuertes aplausos y golpes alrededor del vestíbulo. "La ley: Campaña de Apoyo,
Liberación y Cuidado Especial de Todos los Individuos No-humanos' o la ley CALCETÍN, es el
trabajo de muchas personas y criaturas mágicas increíbles por igual. Sin embargo, me gustaría dar
un agradecimiento especial a—"

Su voz se quebró. El vestíbulo se quedó muy quieto mientras esperaban que continuara. Hermione
tragó duro, y luego intentó de nuevo.

"Un agradecimiento muy especial a Dobby, el elfo más valiente que he conocido, quien fue la
inspiración para esta ley. Si Dobby hubiera estado aquí para verlo, estaría abrumado de alegría al
saber que sus compañeros elfos ahora, como él fue, están libres de la esclavitud," dijo, sin poder
evitar que las lágrimas resquebrajaran su voz.

La voz de Harry resonó de algún lugar cercano, gritando "¡Así es!" Los aplausos reiniciaron tras
sus palabras, y más calcetines ondearon en el aire. Varias otras personas se unieron a Harry, y un
coro de gritos por Dobby resonó por todo el vestíbulo.

Conteniendo las lágrimas, Hermione continuó.

"Cada criatura mágica merece respeto y libertad, y hoy, hemos dado un gran paso en esa dirección."
Más aplausos siguieron a esa declaración.
"¡Srta. Granger!" llamó una voz desde el frente de la multitud.

Una mujer morena con una túnica de un rojo escandaloso dio un paso adelante, sosteniendo una
pluma grande y adornada lista para la acción. Hermione la reconoció al instante, pero la mujer se
presentó de todos modos.

"Johanna Wolcroft, reportera de El Profeta," dijo con una sonrisa. "¿Nos puede contar más sobre
los cambios que se hicieron a la ley antes de que se aprobara? ¿Es cierto que los elfos tendrán un
sueldo menor que los magos por su trabajo?"

Murmullos y susurros acompañaron la pregunta de Johanna. Hermione luchó por mantener su


expresión neutral al responder.

"Desafortunadamente, la Sección 14 de la ley, que establecía que las criaturas mágicas empleadas
por magos recibirían salarios comparables a los que ganan los magos, fue negociada fuera de la
disposición final," dijo.

Ningún calcetín ondeó en el aire ante eso.

"Entonces, en teoría, ¿alguien podría contratar a un elfo para trabajar por un solo Knut al mes? ¿Es
eso mucho mejor que la esclavitud directa, al final?" preguntó Johanna de manera incisiva.

Maldiciones surgieron en la mente de Hermione, cada hechizo más feo que el anterior. Por supuesto
que Johanna solo preguntaría sobre los aspectos negativos de la ley.

"Aunque hemos logrado un gran progreso hoy," respondió Hermione diplomáticamente, "es cierto
que esta no fue una victoria completa. Todavía hay más por hacer, y más mentes que cambiar.
Pueden estar seguros de que nunca me daré por vencida en la lucha por los derechos iguales para
todas las criaturas mágicas, y con la ayuda de todos aquí presentes, continuaremos este trabajo.
Este es solo el comienzo."

Aplausos, zapatazos y silbidos siguieron a esta declaración. Aparentando apaciguamiento, Johanna


se fundió de nuevo en la línea de reporteros.
"Me gustaría mucho que todos escucharan a dos de los increíbles elfos que apoyaron valientemente
esta ley desde el principio, Ignoma y Kreacher," dijo Hermione, extendiendo su mano para señalar
a los elfos en la multitud.

Ella bajó, dándoles a ambos elfos un apretón de manos frente a las cámaras, antes de que tomaran
su lugar en el borde de la fuente. Como esto no les daba mucha más altura, los reporteros en frente
tuvieron que arrodillarse.

Kreacher dio un largo y solemne discurso, agradeciendo a cada miembro de P.E.D.D.O., que había
crecido considerablemente en cantidad, comparado con lo que había sido cuando Hermione lo
había iniciado en Hogwarts. Junto a él, Ignoma, una joven elfa precoz vestida con un pequeño traje
rosa, irradiaba felicidad. Se había unido a P.E.D.D.O. unos años atrás después de encontrar un
empleador generoso para trabajar. Hermione había llegado a depender mucho de su ayuda mientras
hacían campaña para pasar la ley CALCETÍN. Ignoma merecía cada segundo de atención recibida
el día de hoy.

Para cuando Hermione se encontró caminando de regreso a su oficina en el piso 4, ya había


estrechado cientos de manos y se había tomado docenas de fotografías. Ron le había dado un beso
de despedida, prometiendo más celebración cuando llegara a casa. Harry y Ginny se fueron con él,
tomados de la mano mientras le daban sus últimos comentarios de felicitación.

Cuando la puerta de su oficina se cerró y el silencio cayó sobre ella, Hermione se sintió
repentinamente mareada. El alivio de haber pasado la ley CALCETIN, sumado al hecho de que
había comido poco todo el día debido a los nervios, la dejó sintiéndose bastante débil. Se dejó caer
en su silla, preguntándose si aún tendría algún bocadillo escondido en uno de los cajones de su
escritorio.

Un ligero golpe sonó en la puerta, y Hermione invitó al visitante a entrar.

Ignoma entró, aun con una sonrisa radiante y sosteniendo un gran sobre plateado.

"Ignoma tiene una carta para usted, señora," chilló contenta, colocándola encima de un montón
ordenado de papeleo en el escritorio de Hermione.

"Gracias, querida. ¿Es otra nota de tu misterioso empleador?" dijo Hermione, tomando el sobre.
"Así es, señora," respondió Ignoma con un guiño. "Pasó por aquí hoy por un rato. Quería mostrar
su apoyo y asegurarse de que recibiera esto."

Casi cuatro años atrás, P.E.D.D.O. recibió su primera donación caritativa, cuyo donante preferió
permanecer anónimo. Ese fue el día en que Ignoma apareció en la puerta de Hermione, vestida con
un traje pequeño y adecuado, ofreciendo su ayuda a la causa. Cada pocos meses, Ignoma venía a su
oficina con sobres plateados exactamente como este, dirigidos a 'La Sociedad para la Promoción
del Bienestar Elfo.' Siempre contenían un comprobante de depósito del Banco Gringotts otorgando
150 Galeones a su organización. Este donante, a quien Hermione nunca había tenido el placer de
agradecer en persona, había sido una gran parte de la razón por la que la ley CALCETÍN había
pasado hoy.

"¿Y todavía no acepta reunirse conmigo?" preguntó Hermione.

"Me temo que no, señora," respondió Ignoma con una sonrisa astuta. "Pero le pasaré sus
agradecimientos."

Con un ademán alegre, Ignoma salió de la oficina de Hermione y cerró la puerta.

Con cuidado, Hermione introdujo un abrecartas en la parte superior del sobre, abriendo el pesado
pergamino plateado.

Cuando echó un vistazo dentro, no había papel. Ninguna nota, ni comprobante de depósito—nada.
Confundida, Hermione miró de nuevo, y suspiró sorprendida.

Cientos de flores, en variados tonos de lavanda, violeta y oro brillante, habían llenado su oficina.
Caléndulas, lavandas, rosas amarillas, lirios, girasoles, violetas y muchas otras florecían por
doquier, llenando su pequeña oficina con su encantador aroma. Parecían brotar de cada armario,
cada rincón del suelo, cada pila de papeles. Varios ramos de ellas trepaban por las paredes,
adornando incluso las esquinas del techo.

Asombrada, miró de nuevo el sobre. Esta vez, una tarjeta había aparecido dentro. La sacó,
encontrando solo una palabra escrita en una elegante y familiar caligrafía.

Felicidades.
Sonriendo ampliamente, Hermione tomó una profunda respiración, inhalando la hermosa fragancia
del regalo. Las donaciones siempre eran una bendición, pero esto… esto tocaba algo en su alma.
Por millonésima vez, deseó poder agradecer a este hombre en persona.

La puerta se abrió de golpe.

"Hermione, lo olvidaba, ¿tú—"

Ron dejó de hablar de manera abrupta, mirando alrededor de su oficina.

El corazón de Hermione se hundió.

"¿Qué es… todo esto?" preguntó Ron lentamente, mirando alrededor todas las flores.

"¡Ah! Em, ¿recuerdas ese donante anónimo de P.E.D.D.O. del que te hablé? Er, bueno, él envió
todo esto, supongo—¡como felicitación!" dijo ella con brillo, esperando desesperadamente que no
estuviera pensando lo que ella creía que estaba pensando.

"¿Ese cretino adinerado? ¿El que sigue mandándote dinero?" dijo Ron.

Hermione intentó mantener su voz calmada.

"No me está mandando dinero a mí, Ron. ¡Lo está mandando a P.E.D.D.O.! Es un benefactor
anónimo generoso para la organización—ni siquiera lo he conocido."

Ron inspeccionó la habitación, frunciendo el ceño con sospecha. Hermione, nerviosa pasó saliva,
esperando a que detonara la bomba.

No tuvo que esperar mucho.


"Ves, Hermione. Esto es justo de lo que estoy hablando. Sé que me estás mintiendo," dijo Ron, los
músculos de su mandíbula saltando de ira.

Hermione intentó respirar con regularidad.

"Ron, no en este momento. Podemos hablar de esto cuando llegue a ca—"

"¿Y cuándo será eso? ¿A medianoche? ¿De nuevo?!"

"Muffliato," susurró Hermione, apuntando su varita a la puerta. El resto del Ministerio no


necesitaba saber sobre sus problemas personales. Ron la ignoró, subiendo aún más la voz.

"¡Todas estas salidas tarde, Hermione! ¡Todas esas lechuzas secretas que sigues recibiendo!"

"¡Estoy trabajando, Ron! ¡Y esas lechuzas son propiedad del Ministerio—los mensajes son solo
para mis ojos!"

"¡Y ahora una habitación llena de flores!" Ron parecía ya no estarla escuchando. "¿Tú crees que
soy idiota?! ¿Crees que no he descubierto lo que está pasando?!"

Hermione cerró los ojos, luchando por contener las lágrimas.

"Nada está pasando, Ron," dijo ella. La frase sonó desgastada de tanto uso.

Ron la miró, temblando de ira, esperando a que ella dijera más. Hermione solo podía estar allí, con
la mirada hacia abajo, las manos temblando donde estaban entrelazadas en su regazo.

Cuando Ron habló de nuevo, fue con un tono de furia tranquila que provocó que un escalofrío
corriera por su espalda.
"Iba a esperar para hacer esto. No iba a hacerlo hoy. Quería que tuvieras tu momento." Suspiró,
apretando su mandíbula. "Pero puedo ver que no tiene caso esperar."

"¿Esperar a qué, Ron?" dijo Hermione, con la voz temblando.

Él sacó algo del bolsillo de su capa y lo sostuvo para que ella lo viera. Era un pequeño frasco de
líquido claro, sellado con un corcho. Con horror, Hermione lo reconoció inmediatamente.

"¿Veritaserum?" dijo, sin aliento.

Ron jugueteó con la botella mientras hablaba.

"Quiero que tomes un poco de esto, y luego me digas que no me estás engañando. Es la única
manera en que podré confiar en ti."

Ron levantó la vista, esperando.

Hermione colapsó en su silla de oficina, atónita.

El silencio entre ellos se extendió tanto que Hermione comenzó a dudar del paso del tiempo.
Quizás estaba soñando. Quizás despertaría, y Ron sería normal de nuevo. No esta versión paranoica
y terrible que había llegado a conocer.

La peor parte de todo era que incluso si quisiera, no podría tomar la poción.

No porque estuviera engañándolo—no lo estaba. Esa era la verdad.

Pero porque sabía que él le preguntaría sobre la noche en que se había ido en medio de una
discusión con él.
La noche en que había ido a tomar algo a un bar.

La noche en que había abierto su alma a, de todas las personas en el mundo, Draco Malfoy.

Si él se enteraba de eso, no importaría que no lo hubiera engañado. Eso sería traición suficiente.

Tomando su decisión, se puso de pie. Después de otro momento de silencio, encontró la fuerza para
decir lo que había temido decir durante tanto tiempo.

"No."

Él la miró, la ira pulsando en las venas de su frente, esperando como si ella fuera a cambiar su
respuesta.

No lo hizo.

"¿Entonces, eso es todo? ¿No?" preguntó él.

"No," repitió ella. "Si no confías en mí, Ron, entonces me temo que no puedo continuar en esta
relación contigo."

Él abrió la boca para empezar a hablar, pero Hermione ya había tenido suficiente. Cortó el aire con
su varita, gritando "¡Silencio!" al hacerlo.

El grito que Ron estaba a punto de soltar murió en su garganta. La miró con tal shock y furia que
ella incluso lo desconoció.

"Ya has dicho todo lo que tenías que decir, Ron. Ahora me toca hablar a mí," dijo Hermione,
sentándose de nuevo. A ambos lados, las flores acariciaban sus brazos, dándole la fortaleza que
necesitaba, y el recordatorio de su poder. Su voz fue sorprendentemente firme cuando habló de
nuevo.

"No he hecho nada malo, Ron. Te lo he dicho una y otra vez, no he hecho nada malo. El único error
que cometí fue tratar de convencerme de que una relación contigo era más importante que mi
trabajo. Pero honestamente," Hermione suspiró, mirando alrededor de su oficina, "no lo es. La
gente depende de mí, Ron. ¡Miles de criaturas mágicas dependen del trabajo que hago todos los
días! Y no puedo ir a casa con alguien que cree que ellos deberían ser más importantes que eso."

Ron se veía devastado. Esto sería el golpe final: la confirmación de que él no era tan importante
como su trabajo. Él la había acusado de poner el trabajo primero, de no preocuparse lo suficiente
por él, durante casi toda la duración de su relación. Cuando eso no había funcionado para que ella
llegara a casa más temprano, había recurrido a acusaciones de engaño. En este punto, la confianza
entre ellos se había roto más allá de cualquier reparación. Hermione estaba terminando las cosas, de
una vez por todas.

"Me iré del departamento," continuó Hermione. Necesitando un ancla para decir esto, Hermione
eligió mirar el sobre plateado en su escritorio. "Me quedaré con Ginny y Harry por un tiempo. Tal
vez vaya a ver a mis padres. Pero se acabó, Ron. Estoy terminando contigo."

¡CRASH!

Hermione saltó de su silla al escuchar el puño de Ron rompiendo la pared de su oficina.

Rápidamente, levantó el Muffliato y envió una nota veloz como el viento fuera de su puerta.
Seguridad llegaría en cualquier momento. Ron continuó arrasando por su oficina, arrancando flores
de sus tallos. Alimentando su furia, todas parecían volver a crecer instantáneamente, tan perfectas
como siempre. Esto lo envió a una rabia ciega, y comenzó a arrancar las flores de sus arreglos y a
lanzarlas por la habitación, estrellándose contra archiveros y pilas de pergaminos a su paso.

Justo cuando Hermione estaba a punto de usar un Petrificus Totalus en él, tanto para su protección
como para la de ella, el quipo de seguridad irrumpió en la habitación. Magos vistiendo túnicas
grises del Ministerio se abalanzaron sobre Ron, usando sus propias varitas para restringirlo.

"¡BAHHHRGH!" El ruido estalló de la boca de Ron mientras el hechizo silenciador se desvanecía.


"¡HERMIONE! ¡NO HAGAS ESTO! ¡NO!"
Uno de los guardias de seguridad lo silenció de nuevo. El hombre se volvió hacia Hermione,
observando su expresión consternada y las mejillas cubiertas de lágrimas.

"¿Estás bien, Granger?" preguntó profesionalmente.

"S-sí. Creo que sí. Pero él necesita irse ahora," dijo ella. Su voz se había vuelto pequeña.

No podía mirar a Ron, a quien sabía que la estaba mirando con dagas en los ojos desde su posición
restringida junto al otro guardia de seguridad.

"Sí, madame. Lo escoltaremos a la salida," dijo el guardia, y arrastraron a Ron fuera de la


habitación.

En la habitación silenciosa, medio destruida, Hermione se dejó caer al suelo. El pánico trepaba por
su garganta, estrujando su corazón en el camino. Se tomó un momento para controlar su
respiración, juntando sus rodillas contra su pecho.

A su alrededor, entre gabinetes volcados y un desorden de pergaminos, las flores permanecían


perfectamente ilesas, deseándole felicitaciones en silencio.

En la esquina, Hermione alcanzó a ver algo brillante. Se acercó para sacarlo debajo del pergamino
que lo ocultaba parcialmente y lo sostuvo en alto.

El frasco de Veritaserum.

Pensó por un momento en estrellarlo en pedazos, pero se contuvo. En vez de eso, guardó la botella
en su bolsillo. Uno nunca sabe cuándo podría llegar a necesitar un poco de Veritaserum.

Entumecida, Hermione se levantó. Ondeando su varita, enderezó su oficina. Los pergaminos


volaron de vuelta a pilas ordenadas, pedazos de la pared encajaron de nuevo, borrando
perfectamente la evidencia de la ira de Ron en su contra.
La gravedad parecía estar trabajando extra duro en ella. Lentamente, se sentó en su silla. Necesitaba
pensar.

Necesitaba hablar con alguien.

Su mente fue inmediatamente hacia Ginny, pero tuvo que reconsiderar. Ginny era la hermana de
Ron, y aunque Hermione estaba segura de que Ginny estaría de su lado, no quería causar una
ruptura en la familia Weasley. Lo mismo ocurría con Harry, quien ahora era tan parte de la familia
como cualquier otro de los Weasley.

La idea de confesarle a sus padres los problemas en su relación le daba náuseas en este momento.
Su relación con ellos no había sido la misma desde que Hermione los había encontrado y les había
devuelto la memoria. Confesar que estaba teniendo problemas de relación a dos personas a quienes
una vez había traicionado tan profundamente se sentía absurdo y equivocado.

Hermione caminaba de un lado a otro en su oficina, retorciéndose las manos.

Sabía con quién quería hablar, por supuesto. Pero no era correcto meter a Draco en todo este lío.
Solo habían hablado una vez, hace semanas. No era como si realmente fueran amigos.

Además, ya había lastimado a Ron demasiado esta noche. Ir a sus espaldas para quejarse de él con
su persona menos favorita en el mundo parecía una mala idea.

Maldiciendo, Hermione se sentó de nuevo en su silla, sintiéndose atrapada.

Ese siempre había sido el problema en su relación con Ron. No tenía a nadie en quien realmente
pudiera confiar, no completamente. Cuando surgían problemas, Hermione tenía que resolverlos
sola, cada vez. Era aislante y la hacía sentir como si estuviera guardando algún terrible secreto de
todos los que amaba.

Con un profundo suspiro, Hermione tomó su decisión. Sacó un pedazo de pergamino y comenzó a
escribir una carta.
Cena Con Un Viejo Enemigo

"Acaba de recibir una lechuza, señor," dijo Ignoma con su voz chillona, entrando a la habitación
con la nota en una bandeja de plata. Entró a la débilmente iluminada sala de estar, donde Draco
estaba sentado, tratando de lidiar con un dolor de cabeza y deseando un brandy.

Draco agradeció al elfo y tomó el pequeño rollo de pergamino. Se recostó en el pálido y moderno
sofá que su decorador había elegido, y cuidadosamente desenrolló la nota.

Draco,

Disculpa molestarte tan tarde. ¿Tienes tiempo para reunirte conmigo esta noche? Necesito hablar
con alguien.

Si puedes, estoy en mi oficina en el nivel 4. Si no, lo entenderé.

Sinceramente,

Hermione

Draco brincó de su asiento como su este se hubiera convertido en un montón de carbones ardientes.

"Ignoma, tómate el resto de la noche libre. Voy a salir a encontrarme con una amiga," dijo,
conjurando su abrigo y revisando rápidamente su reflejo en el gran espejo enmarcado en plata cerca
de la entrada a su suite.

"¡Gracias, señor!" chilló Ignoma, yéndose a recoger su pequeño bolso. "¡Que se divierta con su
amiga!"

"Lo haré," murmuró Draco, más para sí mismo que para Ignoma.
Draco apareció en el atrio casi vacío y vio a varios empleados del Ministerio moviéndose por el
salón, desapareciendo calcetines que habían quedado atrás ese día. Él había estado allí, por
supuesto, habiendo alterado su color de cabello y la forma de su nariz para evitar ser reconocido.
Después del altercado que había causado en la tienda de bromas, decidió que mostrar apoyo a
Ignoma y Hermione era una tarea mejor realizada de forma incógnita.

Mientras se dirigía al nivel 4, tomó varias respiraciones profundas, intentando mantener su corazón
sin escapar de su pecho. La vista de la puerta de su oficina causó un extraño vuelco en su estómago,
y tuvo que parar un momento para recomponerse antes de tocar la puerta.

"Pasa," vino una voz familiar a través de la puerta.

Draco reprimió una sonrisa satisfecha al ver las flores brotando de cada superficie en su oficina. En
su lugar, encubrió su expresión con una de curiosidad sorprendida.

"Parece que tienes un admirador, Granger," bromeó, ignorando latir de su corazón al darse cuenta
que su declaración era verdadera.

Hermione también miró alrededor a las flores. "Oh, um, no. No, estas son de un patrocinador de
P.E.D.D.O. como felicitación."

Algo estaba terriblemente mal. Su voz era más pequeña de lo usual, y sus ojos estaban hinchados.
De hecho, cuanto más se acercaba a ella, peor se veía. Estaba temblando.

"¿Qué pasa?" preguntó Draco. "¿No pasó tu cosa de CALCETÍN hoy? Pensé que estarías
celebrando en algún lugar."

Hermione palideció, sus ojos se llenaron de lágrimas. Sacudió la cabeza, mirando hacia otro lado.

"Me temo que ya no estoy de humor para celebrar. ¿Por qué siempre tiene que arruinarlo todo?"
preguntó, con rabia, limpiando su nariz con su manga.
"¿Quién arruinó todo?" preguntó Draco.

"Ron. Siempre es Ron," dijo Hermione, su voz densa.

Draco se detuvo un momento, considerando qué hacer. Entre la mujer llorando y los montones de
flores que los rodeaban, comenzó a sentirse claustrofóbico. Además, Hermione parecía estar en
muy mal estado. Sus manos temblaban y se movían nerviosamente en su regazo, y seguía mirando
alrededor de la habitación con ojos vidriosos como si estuviera perdida. Necesitaba sacarla de ahí.

"¿Comiste algo?" preguntó Draco.

Hermione parpadeó, sorprendida ante la pregunta.

"Er... no desde esta mañana," respondió débilmente.

Draco rápidamente rodeó el escritorio donde ella estaba sentada y le ofreció una mano para
ayudarla a levantarse.

"Arriba," dijo, no tan gentilmente. Su tono pareció sacarla de su inacción. Tomó su mano y la dejó
sacarla de su silla.

"¿Qué vamos a hacer?" preguntó.

"Te voy a llevar a cenar," dijo sin más, encaminándola a la puerta. "Necesitas comer algo. Y
después de eso podemos hablar."

Ella se dejó conducir, intuyendo que él no estaba dispuesto a aceptar un no por respuesta.

En la tenue luz del restaurante muggle, Draco observó cómo Hermione tomaba un bocado del
pescado que el camarero había recomendado y masticaba cuidadosamente.
Supuso que podría haber elegido un lugar menos romántico. En Chelsea quizás, en lugar de
Mayfair. En algún lugar donde no estuvieran sentados en un gabinete aislado, tapizado en
terciopelo, con solo unas velas parpadeantes para alumbrarlos. Sabía cómo los había percibido el
mesero bigotón que les ofreció una amplia variedad de vinos. Quien fuera, pensaría que eran una
parejita de enamorados en una cita romántica con tan solo verlos.

Todos estarían terriblemente equivocados.

"Vio las flores y simplemente estalló," explicó Hermione, jugueteando con su tenedor en su plato.
"Se debe haber visto muy mal. Tú mismo lo dijiste," dijo ella, mirándolo por primera vez en lo que
parecía ser una eternidad, "dijiste que parecía que las habían enviado un admirador."

Tomando su vaso de agua, Draco dio un trago muy largo.

En verdad, no había querido que las flores de causaran problemas. Simplemente había querido
felicitarla.

"Y luego dijo que no podía confiar en mí," continuó. Buscó en su abrigo y sacó un pequeño frasco
de líquido claro para mostrárselo. "Dijo que, si no bebía esto, nunca volvería a confiar en mí."

Draco miró la botella, tardando demasiado en darse cuenta de qué era. Luego su mandíbula se cerró
de golpe, y todo se volvió extrañamente rojo.

"¿Intentó hacerte tomar Veritaserum?" Draco siseó entre dientes, inclinándose más cerca para
examinar la botella. "Por favor, dime que no lo hiciste, Hermione."

"Le dije que no," dijo ella, su voz carente de vida. "Y... y luego terminé con él. Simplemente lo
terminé, justo ahí. Le dije que me mudaría."

"¿Qué dijo él a eso?"

Hermione apretó los labios, con algo de culpa.


"Bueno, para ser completamente honesta, en realidad no pudo decir nada. Tuve que lanzarle un
hechizo silenciador para evitar que me interrumpiera antes de que pudiera decir todo lo que tenía
por decir."

Draco sintió el repentino impulso de reír ante eso. Dios, podía ser despiadada.

"Pero él se dio a entender bastante bien de todos modos” dijo, tomando un sorbo de su bebida.
"Destrozó mi oficina. Hizo un agujero en la pared, despedazó las flores, volcó mis archivos. Fue
horrible."

Él abrió enormemente los ojos.

"¿Te lastimó?" dijo él en voz baja.

Cuando tenía dieciséis años, él había recibido la tarea de cometer un asesinato. Aunque aquella vez
había fallado, Draco tuvo la certeza repentina de que ahora; después de años de crecimiento y
cambio, era muy, muy capaz de quitar una vida. Solo pensar en Weasley, la maldita comadreja,
poniéndole una mano encima; lo hizo apretar su varita por debajo de la mesa y contemplar las
maneras más dolorosas en que podría aniquilar a ese bastardo.

"No, no me tocó. Solo armó un escándalo. Llamé a seguridad, tuvieron que escoltarlo a la salida,"
dijo ella.

Soltando su varita, Draco tomó en silencio una respiración profunda, para tranquilizarse. Se obligó
a permanecer quieto mientras digería sus palabras. Hermione, mientras tanto, masticó con
melancolía un bocado de espárragos.

"¿Te arrepientes? ¿De terminar?" preguntó Draco.

Esa pregunta pareció tomar a Hermione por sorpresa. Ella pensó cuidadosamente, mientras pasaba
un bocado de la cena por un charco de salsa en su plato. Draco, aunque apenas y tenía hambre, dio
un bocado a su cena. Él solo quería una cosa, y era que Hermione le dijera todo lo que estaba
pasando por su cabeza en ese momento.
"Me siento terrible por cómo sucedió todo. Pero en este punto, creo que era inevitable. Habíamos
estado teniendo problemas desde hace tiempo. Honestamente no sé qué podría haber hecho de
forma distinta," dijo ella.

Si el mesero no los hubiera interrumpido en ese preciso momento, Draco probablemente hubiera
hecho algo estúpido como levantarse de su asiento e ir hacia ella para abrazarla con fuerza.

"¿Les gustaría ver el menú de postres?" dijo el camarero, su bigote brillando a la luz de las velas.

Draco miró a Hermione, quien negó con la cabeza.

"No, gracias," respondió por ella. "Nos gustaría la cuenta ahora, por favor."

"En seguida, señor," dijo el hombre con una pequeña reverencia.

Cuando salieron, Draco giró a la izquierda, guiándolos a ambos por una calle concurrida y sinuosa.
Era lo suficientemente tarde como para que la mayoría de los lugares hubieran comenzado a cerrar,
pero Draco sabía de un parque verde y tranquilo que estaba justo al final de la calle. Podrían
caminar un rato, asumiendo que Hermione aún no quisiera irse.

Justo cuando al cruzar la calle y llegar al sendero, una gota de lluvia cayó sobre la nariz de Draco.
Con gracia, produjo un paraguas con su varita, asegurándose de que ningún muggle lo viera.

Para escapar del golpeteo de la lluvia que comenzaba a caer, Hermione se acurrucó al lado de
Draco, prácticamente acurrucándose en él. Con su brazo libre, él tomó los hombros de ella y la
atrajo hacia sí.

De repente, a Draco se le ocurrió que Hermione podría haber conjurado su propia sombrilla. No
necesitaba moverse más cerca para compartir el suyo. Pero lo había hecho, causando en el pecho de
Draco una extraña calidez.
"No puedo creer todo lo que ha pasado hoy," dijo Hermione. "Siento como si esta mañana hubiera
sido hace semanas."

"Conozco esa sensación," dijo Draco.

La lluvia comenzó a caer en serio entonces, golpeando fuerte sobre el paraguas arriba de ellos.
Lentamente, caminaron a través del parque oscuro y mojado, disfrutando de un grado de privacidad
que difícilmente se experimenta en la ciudad.

Draco decidió que era un momento, tan bueno como cualquier otro, para hacer su tarea.

"Supuestamente, tengo que decirte algo," dijo.

"¿A qué te refieres?" respondió ella, confusión tiñendo su voz.

"Er, la sanadora mental que veo, quería que te dijera algo que le dije la semana pasada," explicó.

La cabeza de Hermione se levantó para mirarlo más claramente. Él mantuvo una expresión neutra,
esperando a que ella preguntara.

"¿Ves a una sanadora mental?"

Ahí estaba.

"Sí," confirmó. "Una vez al mes ahora, aunque solía ser más frecuente. Me ha estado ayudando... a
recomponerme. Desde la guerra, quiero decir."

"¡Ah! Eso es… bueno, eso es maravilloso, Draco. Me alegra mucho escuchar que has estado
recibiendo ayuda," dijo ella.
Draco sintió que su cara se calentaba. Por suerte estaba oscuro. Aclaró su garganta.

"Sí, bueno... de todos modos. Yo, er, te mencioné con ella. La última vez que la vi."

Hermione dejó de caminar y se giró para verlo de frente, entrecerrando un poco los ojos en la
oscuridad.

"¿Le hablaste de mí?" dijo sorprendida.

Toda la valentía que Draco había reunido durante la última semana para esta conversación pareció
drenarse de su cuerpo ante ella, parada tan cerca de él, luciendo extremadamente curiosa.

"B-bueno, sí," tartamudeó. "P-porque me ayudaste. Ese día en el bar."

La comprensión apareció en su rostro. Ella asintió con la cabeza, pareciendo entender.

"Ya veo. Esto es sobre la bebida," dijo ella.

"Er, más o menos. Es más que... bueno, le dije que solía estar celoso de ti. En la escuela," admitió,
observándola atentamente.

Sus ojos se agrandaron.

"¿Celoso?"

Draco lanzó un suspiró al cielo, tratando de recordar cómo se lo había dicho a la Sanadora
Connelly.

"Me criaron con un fuerte prejuicio contra los magos nacidos de muggles. Además, se esperaba que
yo fuera la definición misma de la excelencia. Yo creía que era listo, en mi primer año. Pero luego
te conocí."

Volvió a encontrarse con sus ojos. Ella estaba fascinada, sus labios abiertos en shock mientras
escuchaba su vulnerable admisión. Tragando, continuó.

"No sabías nada sobre magia hasta que llegaste a Hogwarts, pero de alguna manera me superaste
ampliamente en cada maldita materia. Fue humillante. Y pues…yo, em, como que… te odié aún
más. Por eso. Pero ahora... las cosas son diferentes. Yo soy diferente."

Los grandes ojos marrones de Hermione lo tenían cautivo mientras terminaba.

"Y... creo que me gustas." Se aclaró la garganta con vergüenza. "Quiero decir, me gusta quién eres.
Le agradas… a la persona que soy yo ahora."

La lluvia caía alrededor de ellos, deslizándose por los lados del paraguas. El efecto era el de una
burbuja, confinando a los dos cerca el uno del otro. Para ellos, podrían haber sido las últimas dos
personas en el mundo.

Draco esperaba, observándola. Hermione, con el cabello aún más rizado por la humedad y los ojos
amplios y vulnerables, parecía congelada. Sin poder evitarlo, sus ojos se deslizaron hacia abajo
para mirar sus entreabiertos labios rosas.

Por un momento luminoso y resplandeciente, el creyó ver esos labios acercándose a los suyos.

Entonces, de repente, ella se apartó. Ella parpadeó, mirando la lluvia a su alrededor.

"Gracias por decirlo," dijo, su voz tan baja que apenas y podía escucharla por encima de la
tormenta. "Debe haber sido difícil de decir. Pero significa mucho para mí."

Draco necesitaba aire. Necesitaba espacio. Necesitaba alejarse de la hermosa mujer que estaba
junto a él. La que de ninguna manera podía besar en este momento.
"Probablemente debería irme a casa," dijo Hermione, sonando como si quisiera hacer cualquier
cosa menos eso. "Le envié una nota a Ginny avisándole que llegaría esta noche."

"Si necesitas otro lugar donde quedarte, tengo una habitación extra en mi departamento," Draco se
oyó a sí mismo decir sin pensar.

No podría decir qué pensó ella al respecto, así que continuó.

"He enviado a Ignoma a casa por el resto de la noche, pero estoy seguro de que puedo encontrar
todo lo que podrías necesitar—"

"¿Qué?" ella lo interrumpió.

Sus entrañas se sumergieron en agua helada al darse cuenta de su error.

Hermione dio un paso lejos de él, permitiendo que la lluvia empapara sus rizos.

"¿Tú eres el jefe de Ignoma? ¿Tú eres el donante anónimo?" dijo, subiendo el tono de su voz.

Draco trató de decir algo, lo que sea, pero su garganta estaba totalmente sellada.

"Tú enviaste las flores," dijo, dejándolo de mirar mientras su cerebro zumbaba intentando procesar
la revelación. Su boca abriéndose de par en par.

Se veía enojada. Más que enojada. Absolutamente furiosa.

"¡Tú sabías!" gritó, dando otro paso para alejarse de él.

Draco estaba congelado, sin saber qué hacer, o cómo arreglar esto. Nunca imaginó que ella se
enojaría tanto al descubrir que era él quien había estado haciendo las donaciones todo este tiempo.
"¿Sabía qué?" balbuceó con dificultad.

"¡Sabías que Ron vería las flores! ¡Sabías que pensaría que un amante las envió! ¡Y yo confíe en
ti!" ella gritó por encima del diluvio.

"Espera, no, yo—"

"¡Todo este tiempo!" Su voz comenzó a quebrarse con lágrimas nuevamente. "¡Pensé que habías
cambiado! ¡Pensé que querías que fuéramos amigos! ¡Pero tú sólo querías lastimarlo! ¡Me usaste!
¡Me usaste para lastimar a Ron!" gritó.

Ella estaba ahora totalmente empapada. Draco también, pues su paraguas había caído de su mano,
olvidado en el suelo enlodado, sin siquiera darse cuenta.

"¡Eso no es cierto!" insistió él, finalmente encontrando su voz. Pero cuando dio un paso para
acercarse, ella sacó su varita parándolo en seco.

"¡No te me acerques, Malfoy!"

"Hermione, por favor—"

CRACK.

Dando un giro, ella desapareció. Draco se dejó caer sobre sus manos y rodillas, el lodo traspasando
su vestimenta.
El Discurso de Ignoma

"¡Toc, toc!" dijo Ginny, asomando un codo por la rendija de la puerta de la oficina de Hermione y
doblando la esquina con un paquete grande en las manos.

"¡Ginny! No esperaba verte por aquí hoy", dijo Hermione, levantando la vista del montón de
papeleo con el que había estado lidiando toda la tarde.

"Ya sé", dijo Ginny, dejando el paquete en el pequeño rincón del escritorio de Hermione que no
estaba cubierto por su trabajo. "Vine porque ya son las ocho y sabía que te olvidarías de cenar otra
vez. Traje comida china".

Mirando el reloj con sorpresa, Hermione se dio cuenta de que había perdido la noción del tiempo.
Se levantó, estirando sus músculos adoloridos.

Ginny estaba desempacando la comida por todo el escritorio. Con un movimiento de su varita,
Hermione hizo volar los pergaminos hacia unos estantes cercanos para despejar espacio para la
comida.

"Harry te manda saludos", dijo Ginny, abriendo un contenedor de pollo kung pao y oliendo el
fragante vapor que emanaba. "Ah, y ya decidimos qué vamos a hacer con la boda".

"Cuéntame", dijo Hermione, partiendo un par de palillos y empezando a comer chow mein.

"Enero, decidimos. Mamá quería hacerlo en primavera, pero estamos ansiosos por terminar con
todo esto. No está contenta conmigo, pero sobrevivirá", dijo.

"¿No será terriblemente lúgubre en enero?", dijo Hermione.

Ginny tragó un gran bocado de comida antes de hablar.


"Probablemente. Por eso vamos a hacerla en Barbados", dijo.

Hermione casi se atraganta con sus fideos.

"¿En serio? ¿Una boda destino?"

"¿Por qué no?", dijo Ginny, encogiéndose de hombros. "De todos modos, vamos a tomarnos ese
tiempo libre. Podemos organizar portales para todos los que no puedan aparatar, y el clima será
perfecto. Todos comeremos pescado fresco a la parrilla y Harry y yo diremos nuestros votos en
traje de baño. Es perfecto", dijo.

"Pagaría un puñado de Galeones por verte decirle esa última parte del plan a tu madre", dijo
Hermione, sonriendo hacia su comida mientras Ginny hacía una mueca.

Se sentía bien sonreír, ya las sonrisas habían estado en escasez últimamente.

Habían pasado casi dos meses desde el día en que ella y Ron terminaron. Había planeado quedarse
con Harry y Ginny, solo para descubrir que Ron había sacado todas sus cosas del departamento esa
misma noche, yendo a quedarse en La Madriguera en su lugar. Hermione se había sentido sola en el
departamento, con solo Crookshanks para hacerle compañía, pero ese era el menor de sus
problemas.

Al día siguiente de que el El Profeta publicara el artículo sobre CALCETIN, las columnas de
chismes comenzaron a arrojar rumores sobre ella. De alguna manera, se había filtrado la noticia de
que ella y Ron habían terminado, y peor aún, también sabían que él sospechaba que ella le había
sido infiel. La mayoría de los chismes eran falsos, pero uno había informado que Hermione había
sido vista con un hombre no identificado en un restaurante muggle en Mayfair esa noche, lo cual
era inquietante, por decir lo menos.

Hermione había estado manteniendo la cabeza baja esperando que los chismes se calmaran, pero
ahora estaba siendo presionada para volver a ponerse en el ojo público. El gran Baile de Caridad de
Navidad se acercaba, y ella había accedido a ser una de las principales organizadoras hace tiempo.
Los miembros de P.E.D.D.O. se habían unido con varias otras organizaciones, incluido el Grupo de
Alianza Mago-Muggle y la Coalición por los Derechos LGBT de Hogwarts, para organizar el
evento y recaudar dinero para sus respectivas causas. Era un gran asunto, y Hermione sabía que
necesitaba recomponerse antes del evento.
"Para ser honesta, hice que Harry se lo dijera", dijo Ginny tímidamente. "Le cae mejor, así que
pensé que sería más fácil para todos".

"Qué Gryffindor tan valiente eres", bromeó Hermione, esquivando el rollo primavera que Ginny
lanzó hacia su cabeza.

"Oh, también tenía algo más para ti", dijo Ginny, metiendo la mano en el bolsillo trasero de sus
jeans. "Llegó otro de estos a nuestra casa para ti. Quienquiera que los esté enviando debe querer
hablar contigo muy desesperadamente".

Ginny lanzó un sobre plateado sobre el escritorio de Hermione. De repente, su comida se sintió
como plomo en su estómago.

Docenas de cartas habían llegado a ella en las últimas semanas, y cada una de ellas había ido
directamente al fuego, sin abrir. Hermione no estaba dispuesta a darle a Draco ni la más mínima
oportunidad de manipularla de nuevo, por más curiosidad que tuviera sobre lo que había escrito.

Era otra razón para sentirse culpable, su confusión acerca de Draco. Acababa de terminar una
relación a largo plazo con uno de sus amigos más antiguos, pero eso no la había molestado tanto
como la traición de Draco.

Debería haberlo visto venir. No es como si los Slytherins fueran conocidos por su honestidad y
valor. Malfoy, en particular, siempre había sido un despreciable gusano rastrero. Y después de
cómo se había comportado hacia Ron en Halloween... debió haberlo descubierto en ese momento.

En cambio, había pasado varios días en casa sin ir al trabajo, deprimida. Cuando había vuelto a su
oficina, la vista de las flores que él había enviado ofreció un recordatorio fresco y doloroso de todo
lo que había pasado. Había tenido que llamar al personal de limpieza para que vinieran a
recogerlas, incapaz de soportar hacerlo ella misma. Después de eso, había emitido un aviso a
seguridad para prohibir que Draco llegara al cuarto piso para verla en persona. También había
hablado con Ignoma, dejándole saber que Draco no debía intentar contactarla de nuevo.

Y después de todo eso, él todavía encontraba maneras de enviarle cartas.


Ella la empujó sin ceremonias en un cajón, planeando quemarla más tarde.

"Gracias, Ginny", dijo, dejando un contenedor vacío de arroz frito.

"Oye, ¿estás bien? Con... ya sabes, todo", preguntó Ginny amablemente.

Hermione reprimió un suspiro.

"Estoy sobrellevándolo", dijo simplemente.

"Okay", dijo Ginny, luciendo no muy convencida.

Hermione observó mientras ella picoteaba con sus palillos en una caja de fideos que se había
enfriado. Ginny parecía tener algo más que decir, algo que estaba evitando.

"¿Qué pasa?", dijo Hermione, cautelosa.

Ginny parecía una niña que había sido atrapada rompiendo una regla.

"¡Nada!", dijo, la imagen misma de la culpa.

"¿Qué pasa?", repitió Hermione, empezando a perder la paciencia.

Ginny aspiró una bocanada de aire nerviosa, sus palabras saliendo de golpe.

"Ron va a llevar una cita al baile de Navidad".

Hermione parpadeó. En la pared detrás de ella, un reloj hacía tictac ruidosamente.


Ginny parecía como si esperara que Hermione explotara en pedazos. Haciendo una mueca,
jugueteó con un envoltorio de comida vacío.

"¿Una cita?", dijo Hermione, asegurándose de haber escuchado correctamente.

"Mm", murmuró Ginny sin comprometerse, mirando alrededor de la oficina como si la viera por
primera vez.

"¿Para... para el Baile de Caridad Navideño? ¿Mi Baile de Caridad Navideño?", preguntó.

Ginny examinó sus uñas.

"Él, erm, dijo que como Sortilegios Weasley es patrocinador de P.E.D.D.O., y porque él y George
fueron invitados hace tiempo, va a ir".

Hermione se recostó, mirando al techo entumecida. Se sentía mareada.

No podía desinvitarlo ahora. Eso causaría aún más chismes y rumores.

Hermione volvió a mirar a Ginny.

"¿Quién es su cita?", preguntó.

"No quiso decir, por supuesto. Dice que lo descubriremos en el baile", dijo Ginny, rodando los ojos.
"Es como el Baile de Navidad otra vez. Excepto que esta vez no voy con Neville".

Dos meses. Dos meses y Ron ya había seguido adelante, o eso le quería hacerle creer.
Miembros de la familia Weasley, la prensa, todos sus patrocinadores y muchos viejos amigos de
Hogwarts estarían asistiendo a este baile. Y él tendría una cita. Y ella aparecería sola.

"Yo también tengo una cita", dijo Hermione de repente, sorprendiéndose a sí misma.

Las cejas de Ginny casi se salen de su frente.

"¿Estás saliendo con alguien?", dijo, asombrada.

"No, no estoy saliendo con nadie", dijo Hermione rápidamente. "Solo voy a traer... a un amigo".

Ginny entrecerró los ojos.

"¿Un amigo? ¿Quién?"

Hermione no tenía absolutamente ninguna idea. En lugar de decir la verdad, arregló su rostro en lo
que esperaba fuera una sonrisa misteriosa.

"Lo verás en el baile", dijo.

Ginny gruñó, quejándose en voz alta sobre exes rencorosos y sus trucos mientras Hermione
desaparecía los restos de su cena.

Para cuando Ginny se había ido a casa, Hermione se sentía un poco agitada.

Tenía tanto trabajo por hacer, y encima de todo, ahora tenía que encontrar una cita para su propio
estúpido baile.

Qué horrible momento había tenido, terminando con Ron justo antes de las fiestas.
Mientras empacaba su bolso para la noche, un pequeño golpe en su puerta la hizo levantar la vista.

Ignoma estaba allí, llevando un abrigo de invierno elegante y orejeras, con un gran montón de
sobres variados y rollos de pergamino en sus brazos.

"Perdón, señora, pero Ignoma ha venido a entregar algunas respuestas más a las invitaciones del
Baile de Navidad. ¿Dónde le gustaría a la señora que los ponga?", preguntó.

"Oh, por allá, supongo", dijo Hermione, vagamente moviendo su mano hacia un gabinete en la
esquina de su oficina. Ignoma tuvo que estirarse de puntillas para depositar las cartas. Cuando la
elfa se giró, llevaba una expresión extraña, una con la que Hermione estaba comenzando a
molestarse.

"¿Qué pasa, Ignoma?", preguntó, lamentando instantáneamente lo brusca que sonó.

Ignoma movió los pies, mirando hacia abajo.

"Ignoma no debería decir, señora. Ignoma debería dejar a la señora en paz".

La elfa se giró para irse.

"¿Por qué? ¿Malfoy te está ordenando que me ocultes algún tipo de secreto?", preguntó Hermione,
con un tono áspero.

Ignoma negó con la cabeza.

"No el señor Malfoy. La señora es la que impide que Ignoma hable", dijo.

"¿Yo?", dijo Hermione, confundida.


"La señora le dijo a Ignoma que no le hable sobre el señor Malfoy. La señora dijo que, pase lo que
pase, Ignoma nunca debe hablarle a la señora sobre el señor Malfoy de nuevo. Pero..."

La elfa se detuvo, luciendo extremadamente preocupada por decir esta próxima parte.

"Pero la señora no es la jefa de Ignoma", terminó, levantando la barbilla.

Atónita, Hermione simplemente miró a la elfa, quien continuó valientemente con voz temblorosa.

"¡Ignoma es un elfo libre! Ignoma puede elegir no seguir algunas órdenes, si así lo desea. Y Ignoma
desea decirle a la señora que... ¡que el señor Malfoy no hizo nada malo!"

Hermione sintió cómo se le caía la boca.

"El señor Malfoy es un buen hombre, señora. Es el mejor hombre que Ignoma ha conocido", dijo la
elfa obstinadamente. "El señor Malfoy no ayudó a Ignoma, no le ofreció salarios justos y ropa, no
permitió que Ignoma se uniera a la lucha por los derechos de los elfos, no donó a la caridad de la
señora todo ese tiempo, solo para manipular a la señora para su beneficio personal. La señora le ha
hecho una gran injusticia al señor Malfoy al cortarle la comunicación".

Hermione de repente se sintió bastante mareada. Debilitada, cayó de nuevo en su silla, pensando.
Ignoma esperó a que procesara sus palabras por un momento, jugueteando con los botones de su
abrigo.

La elfa tenía un punto, tenía que admitirlo. Era una farsa bastante larga ahora que lo pensaba, y el
hecho de que Ron siquiera hubiera visto las flores había sido pura coincidencia.

"¿Él te envió aquí para decirme eso?", preguntó Hermione a la elfa.

"No, señora", respondió. "Ignoma vino a hablar con la señora por su propia voluntad. Ignoma
estaba... preocupada por el señor Malfoy".
"¿Preocupada? ¿Por qué?" exigió Hermione.

Ignoma volvió a mover los pies, evitando los ojos de Hermione.

"Ignoma ya ha dicho demasiado, señora. Ignoma siente lealtad al señor Malfoy. No quiere esparcir
sus asuntos personales".

Con eso, la elfa hizo una reverencia y le deseó buenas noches.

Con la cabeza dando vueltas, Hermione se sentó, escuchando cómo el reloj en su pared marcaba los
segundos.

Finalmente, con un dolor de cabeza floreciendo detrás de sus ojos, Hermione tomó su decisión.

Abrió el cajón de su escritorio y sacó el sobre plateado con su nombre.

Hermione,

Prometería dejar de escribir después de esto, excepto que parezco ser incapaz de detenerme. En
caso de que leas esto, espero sonar tan sincero como lo estoy siendo.

Por favor, créeme. No sabía que Weasley vería esas flores. No pretendía separarlos. Realmente
solo quería apoyar a P.E.D.D.O., y pensé que te gustarían unas flores.

Sin embargo, no soy completamente inocente. No puedo pretender que Weasley me agrade, o que
creo que deberías estar con él. Pero aparte de desear silenciosamente su caída, puedo decir con
toda honestidad que no hice nada malo, y especialmente no intervine intencionalmente en tu
relación.

Dios, no sueno creíble en absoluto. Yo tampoco volvería a hablarme.

No importa qué, te deseo lo mejor, Hermione. Nunca has merecido nada más que lo absolutamente
mejor.
Sinceramente,

DM

Hermione tragó pasando el gran nudo que se había formado en su garganta. Sus mejillas estaban
mojadas con lágrimas, sus ojos ardían.

Maldita sea. Maldito él por hacerla creerle.


El Invitado de Draco

"¡Señor Malfoy, por favor despierte!" vino una voz frenética y chillona desde algún lugar cercano.

Draco murmuró y se volteó, empujando la almohada sobre su cabeza para bloquear el ruido.

El sonido de las cortinas siendo abiertas llegó a sus oídos, luego la puerta de su armario se abrió e
Ignoma comenzó a abrir cajones y puertas.

"¿Qué está pasando?" Draco gruñó. "¿Qué hora es?"

"¡El señor Malfoy va a llegar tarde a su cita!" chilló Ignoma.

"¿Qué c'ta'?" Draco balbuceó, confundido. La brillante luz entrando por su ventana lo aturdió.
Intento enforcar los ojos hacia el reloj en su mesa de noche. Eran casi las tres de la tarde.

"¡El señor Malfoy no puede quedarse en cama hoy!" Dijo Ignoma, tirando de su mano. "¡El señor
Malfoy tiene una cita y van a llegar en cualquier momento! ¡El señor Malfoy necesita arreglarse!"

Suspirando, Draco salió de la cama, tambaleándose hacia el baño. No podía recordar haber
programado una cita para hoy, pero últimamente el tiempo había estado un poco difuso.
Probablemente era con su abogado o, tal vez John del Departamento de Misterios.

En cualquier caso, tenía que admitir que su desánimo tenía que terminar pronto. No podía quedarse
en la cama lamentándose por el resto de su vida. O quedarse despierto hasta tarde, escribiendo
cartas inútiles que nunca llegarían a los ojos de su destinatario. Era hora de seguir adelante, si no en
verdad, al menos en apariencia.

Justo después de salir de la regadera y vestirse con una impecable camisa negra y pantalones
cuando sonó el timbre de la entrada. Draco, con el cabello húmedo y pies descalzos, se dirigió a
abrir la puerta, preguntándose vagamente dónde se había metido Ignoma.
Sin embargo, la persona al otro lado de su puerta no era su abogado. Y tampoco era John del
Ministerio.

Hermione Granger, vestida con un suéter holgado, jeans y zapatillas deportivas viejas, esperaba en
el pasillo de su edificio, luciendo más nerviosa de lo que él la había visto en su vida.

Se produjo un breve silencio, luego ella habló.

"Hola," dijo, con una voz más aguda de lo usual.

"Hola," respondió él, con voz aún ronca de sueño.

Ella notó su cabello húmedo, su recién cambiada, sus pies descalzos. Como si hubiera descubierto
algo demasiado íntimo para observar, apartó la mirada.

Mirando hacia sus propios pies, dijo "¿Podemos hablar?"

"Claro," dijo Draco de forma robótica, haciéndose a un lado para dejarla pasar.

Hermione recorrió su apartamento con una mirada penetrante, maravillándose de los suelos de
piedra negra, los acabados de plata pulida y las amplias ventanas que ofrecían una vista
espectacular de la ciudad desde las alturas.

"Nunca había imaginado dónde vivías, pero si lo hubiera hecho, lo habría imaginado exactamente
así," dijo.

Draco no supo cómo responder.

"¿Me disculpas un momento?" preguntó.


Hermione asintió, y él se deslizó de vuelta a su habitación.

"¡Ignoma!" susurró, buscando la pequeña elfa. "¡Ignoma, pequeña y miserable entrometida!


¿Dónde estás?"

Sus susurros no atrajeron a la astuta criaturita de su escondite. Rindiéndose, conjuró un par de


calcetines y zapatos negros, luego usó su varita para secar su cabello. Dando una inhalación
profunda, regresó a la sala.

Hermione se había puesto cómoda en el amplio sofá frente a su chimenea. Era tan extraño ver sus
rizos castaños cálidos y su figura suavemente curvilínea en su frío y angular departamento. El
contraste lo hizo sentir desconcertado.

"Lo lamento. Ignoma, de alguna manera...olvidó prepararme adecuadamente para tu visita," dijo,
tomando asiento en una silla de acero cerca de la ventana, para apreciar mejor el rostro de
Hermione.

Ella lucía incómoda.

"Perdón por llegar sin avisar. Quería escribir, pero no estaba segura de qué decir," explicó.

"Está bien," dijo Draco.

"¿Té, señora?" vino una voz dulce y aguda desde algún lugar cerca de la cocina.

Ignoma entró cargando una bandeja sobre su cabeza que era más ancha de lo que ella era alta,
cargada con un juego de té de plata y lo que parecían ser galletas frescas.

"Oh, um, sí, por favor," dijo Hermione, permitiendo que el elfo le sirviera una taza. Con precisión
experta, Ignoma consiguió servir con gracia a ambos mientras esquivaba hábilmente las miradas
asesinas Draco le lanzaba. Dando una profunda reverencia, se fue, y Draco podría jurar que vio una
sonrisa satisfecha en su rostro. Esa pequeña...

"¿Estás bien?" Hermione preguntó, notando la apariencia amargura en su rostro.

"Oh, um, sí. Estoy bien."

Draco tomó un sorbo de su té, sintiendo cómo la incomodidad se apoderaba de ellos.

Hermione abrió la boca como si fuera a hablar, luego la cerró de nuevo. Draco hizo lo mismo.

"Leí tu última carta," dijo Hermione finalmente. "Y quería decirte que te creo."

Algo abrumador, algo que había estado pesando en el corazón de Draco durante las últimas
semanas, de repente se aligeró.

"¿De verdad?" dijo, sonando escéptico.

Hermione bajó la mirada hacia sus manos, que estaban entrelazadas en su regazo.

"Me comporté horriblemente” dijo, sin atreverse mirarlo a los ojos. "Por supuesto que no intentaste
separarnos intencionalmente. Esto venía gestándose desde hace tiempo, y si no hubieran sido las
flores, habría sido otra cosa. Yo... lo siento mucho, Draco."

Draco no podía decidir entre levantar el puño en señal de victoria o correr hacia ella para abrazarla
con fuerza. Optando por un término medio, dio un sorbo a su té.

Ella lo miró.

"¿Podrás perdonarme algún día?" preguntó.


¡Oh, qué delicia! Hermione Granger, implorando su perdón. Solo pensar en ello podría haber
endulzado su té

"Quizás," dijo con ambigüedad, bajando su taza. "Como bien dijiste, te has comportado
horriblemente. Realmente no sé si puedo ser amigo tuyo después de esto."

Ella palideció de vergüenza y remordimiento, mirando hacia abajo y sacudiendo la cabeza.

"Lo siento mucho, Draco, de verdad," dijo con voz entrecortada, a punto de llorar. "Por favor, si tú
—"

Draco la interrumpió al ponerse de pie de golpe, acercándose rápidamente a donde ella estaba
sentada y tomando asiento justo a su lado. Tomó su barbilla entre sus dedos, levantando si rostro
para obligarla a mirarlo, y le regaló una sonrisa maliciosa.

"Caíste, Granger," murmuró.

La boca de Hermione se entreabrió dejando escapar un tenue "Oh".

Dios, ella estaba tan cerca. En ese momento, todo lo que deseaba en el mundo era inclinarse y
tomar esa pequeña boca en forma de "O" para hacerla suya. Apretó su mandíbula, luchando contra
el intenso deseo.

Cuando los ojos de Hermione se deslizaron también hacia sus labios, Draco se dio cuenta de que
necesitaba tomar el control de sí mismo de inmediato antes de hacer algo extremadamente estúpido.
Con gran esfuerzo, liberó su rostro y se alejó de ella, otorgándoles a ambos el espacio suficiente
para recobrar la compostura.

"Claro que te perdono, Hermione," dijo Draco de forma despreocupada, dejándose caer
perezosamente contra el reposabrazos del sofá, sintiéndose más relajado de lo que había estado en
semanas. "Es lo justo, considerando que tú me has perdonado por faltas mucho más graves. Y
además," agregó con una sonrisa socarrona, "tenías toda la razón al sospechar de mí.
Honestamente, estoy un poco molesto conmigo mismo por no haberlo pensado antes. Esa pequeña
comadreja se lo merecía."
La boca de Hermione se abrió de nuevo, esta vez con enojo. Sin embargo, parecía resultarle difícil
estar verdaderamente enojada con él, ya que las comisuras de su boca comenzaron a levantarse.
Sonriendo a pesar de sí misma, sacudió la cabeza, intentando aparentar estar molesta con él y
fracasando miserablemente.

"Eres terrible, ¿sabías eso?" dijo.

La boca de Draco se torció de un lado. En lugar de responder, se estiró para tomar una galleta de la
bandeja, descubriendo que su apetito había mejorado de forma repentina.

Hermione soltó un suspiro de alivio.

"Bueno, excelente. Ahora que hemos aclarado eso", dijo ella, adoptando un tono profesional
mientras se acomodaba, para enfrentarlo mejor. "¿Qué tanto te gustaría ayudarme a hacer que Ron
se sienta horriblemente celoso y enojado?"

Draco dejó caer la galleta que había estado sosteniendo.

"¿Qué?" dijo, convencido de que debió haberla escuchado mal.

Hermione se mordió el labio un instante. Draco intentó resistirse a mirar el labio carnoso atrapado
entre sus dientes. No lo logró.

"La cuestión es que tengo un evento importante en beneficio para P.E.D.D.O. próximamente. El
Baile de Caridad Navideño. Un grupo de varias organizaciones se han unido para organizarlo, y
cuentan conmigo para ayudar a que sea un éxito. El problema es que, como Sortilegios Weasley es
un patrocinador importante de P.E.D.D.O., Ron estará presente. Y, según Ginny, está planeando
llevar una cita," explicó.

"¿Qué tiene que ver eso conmigo?" Draco preguntó con voz lenta y distinguida, sintiendo como si
estuviera perdiéndose de algo evidente.
"Bueno," dijo Hermione, luciendo muy nerviosa. "Digamos que le mencioné a Ginny que yo
también tengo una cita. Pero no es así."

Ella lo miró fijamente, esperando a que él entendiera lo que le estaba tratando de decir. De repente,
todo cobró sentido.

"¿Tú quieres que yo sea tu cita?" dijo. "¿Acaso has perdido tu brillante cabeza, Granger?"

Hermione se sonrojó, y Draco no supo si fue por el cumplido a su inteligencia o por la idea de tener
una cita con él.

"Yo sé que, bueno, es un poco repentino," comenzó.

"Es completamente diabólico, eso es lo que es," dijo Draco, sin poder evitar sonreír. "Dios, ya
puedo imaginar la expresión en la cara de Weasley cuando me vea contigo."

Las mejillas de Hermione se enrojecieron hasta alcanzar un tono que le recordaba a una ciruela
madura.

"Entonces, ¿lo harás? ¿Serás mi cita para el Baile de Navidad?" preguntó.

Draco sonrió con deleite malvado.

"Hermione, será un placer acompañarte al baile."


Cena Con Amigos

TW: Abuso verbal, violencia doméstica

Una calle oscura y conocida, bordeada de hileras de destartaladas casas de ladrillo cubiertas por una
fresca capa de nieve, apareció ante Hermione. Se quedó parada en la calle por un momento,
tomando un respiro tranquilizador y permitiendo que copos de nieve se posaran en su cabello.

Armándose de valor, encontró el camino hacia la puerta principal marcada con el número doce.

Grimmauld Place se veía completamente diferente a como había sido cuando Hermione llegó por
primera vez durante las vacaciones de verano antes de su quinto año en Hogwarts. Con los años,
Kreacher había continuado transformándolo en un hogar brillante y acogedor.

Alcanzando la pesada aldaba ubicada en el centro de una gran corona navideña, Hermione anunció
su llegada. La puerta se abrió, recibiéndola con aire cálido con aroma a papas al horno.

“¡Hermione! Pasa” dijo Harry, haciéndose a un lado para dejarla entrar.

Agradecida, se acurrucó en el calor, sacudiendo la nieve derretida de su cabello. Mientras Harry le


daba un breve abrazo, notó que llevaba puesto un suéter tejido a mano con una gran letra H. Su
corazón se encogió con el recuerdo de las Navidades en La Madriguera, y la comprensión de que
este año no sería invitada.

“Ya debes haber sido nombrada Ministra, con lo ocupada que has estado” dijo Harry mientras la
conducía a la sala de estar.

“Ni de cerca” respondió Hermione con una pequeña sonrisa. “Un Ministro nunca trabajaría tan
duro.”

¡Claro! Aquí te va la continuación de la traducción, esta vez respetando el estilo de diálogo del
original:
"¡Exacto!" llegó la voz de Ginny desde el pasillo. Emergió con una brillante sonrisa, apresurándose
a abrazar a su amiga.

"Estoy tan contenta de que hayas hecho tiempo para visitarnos esta noche," dijo. "Empezaba a
preocuparme de que te hubiera tragado un monstruo hecho de papeleo."

"Apenas escapé con vida," respondió Hermione.

Todos se sentaron en la alegre sala de estar, Hermione absorbiendo la festiva decoración de hojas
verdes y guirnaldas de luces que alguien (supuso que Kreacher) había puesto.

"¿Ya tienes todo resuelto para el Baile de Navidad?" preguntó Harry.

"Casi," dijo Hermione. "Pero todavía me queda muchísimo por hacer. Algunas de las piezas que
fueron donadas para la subasta han sido retiradas, así que tenemos que buscar reemplazos con poco
tiempo de aviso. Y hemos estado teniendo algunas dificultades con Kizzy Haart, esa cantante pop
que reservamos. Está armando un escándalo sobre la altura del escenario, aparentemente, pero el
dueño del lugar no nos permite cambiarlo."

Había una lista interminable de detalles de última hora que resolver. Hermione se había estado
desgastando intentando tener todo listo a tiempo.

"¿Conseguiste a Kizzy Haart?" dijo Ginny, impresionada. "¿Cómo lo lograste?"

"Oh, resulta que es prima de uno de los estudiantes de la Coalición por los Derechos LGBT de
Hogwarts. La convencieron de que era por una buena causa," respondió Hermione.

Justo en ese momento, Kreacher apareció en la puerta del comedor, informándoles que la cena
estaba servida.

Mientras todos se sentaban a comer (Kreacher se fue, aparentemente aún incómodo comiendo con
sus empleadores), Harry y Ginny continuaron haciendo preguntas sobre el próximo baile.
Era la primera vez en semanas que Hermione realmente se había alejado de su trabajo, y estaba
empezando a recordar por qué. Había llenado sus días con tanto trabajo como fuera posible, sólo
deteniéndose para arrastrarse hasta su casa y directo a la cama. Sabía que era cobarde evitar sus
propios pensamientos, pero no podía evitarlo.

Había pensado en echarse para atrás en sus planes con Draco múltiples veces al día desde su
conversación. Cada vez que recordaba lo que le había pedido que hiciera, sus nervios explotaban,
disparándose a través de ella como un rayo. Cuando sugirió la idea por primera vez, la idea de
enfrentar a Ron con Draco de su brazo se había sentido atrevida. Pero entre más se acercaba el día,
más parecía una receta para el desastre.

Estaba segura de que Draco entendería si decidía no asistir al baile como su cita. Al menos, eso
pensaba. Para ser completamente honesta, no había sido su amiga por mucho tiempo. Podría salir
mal.

El verdadero problema era que todos parecían saber que ella aparecería con una cita misteriosa.
Hermione había supuesto que Ginny le diría a Ron, pero no estaba segura de cómo se había
esparcido el secreto desde ahí. Había sido una desagradable sorpresa despertar una mañana y
encontrar que una mordaz columna de chismes había sido publicada en Corazón de Bruja sólo para
discutir el rumor de la próxima cita de Hermione. Todo era tan estúpido, pensó Hermione. Había
esperado dejar este tipo de tonterías atrás junto con sus días de escuela.

La única salida, supuso, era seguir adelante con el plan. Pero eso no evitaba que quisiera vomitar
cada vez que pensaba en ello.

"Hermione, ¿estás bien? Te ves un poco verde. ¿Hay algo mal con la comida?" preguntó Harry.

"Oh, no, nada está mal," dijo Hermione, tomando un bocado de asado para disimular. "Sólo estoy
un poco nerviosa por todo el asunto del baile. Ginny, ¿ya escogiste un vestido?"

Había esperado que un cambio de tema ayudaría, pero los ojos de Ginny se estrecharon.

"Hermione, no te desvíes del tema. ¿Qué te está pasando?"

Hermione persiguió unos guisantes alrededor de su plato con el tenedor.


"Ginny es una jugadora de Quidditch de clase mundial, Hermione. Nada se le escapa," le recordó
Harry.

"Suéltalo," insistió Ginny. "¿Esto es sobre tu cita?"

Hermione soltó un suspiro de fastidio.

"Sólo estoy un poco nerviosa por ver a Ron, ¿de acuerdo?" dijo.

Harry mostró un gran interés en su comida ante la mención de Ron.

"Tendrá que lidiar con ello," dijo Ginny acaloradamente. "No importa cuán enojado esté, no vamos
a abandonarte, Hermione. Eres nuestra amiga. Te respaldaremos."

"Ella te respaldará," corrigió Harry. "No quiero meterme en medio de esto. Odio cuando ustedes
dos pelean."

"Ese es exactamente el problema," dijo Hermione. "¡Siempre estamos peleando! Estoy harta de eso.
Sólo quiero que me deje en paz."

Se escuchó un golpe en la puerta.

El terror revolvió el estómago de Hermione, haciendo que su cena se volviera agria.

Sólo había unas pocas personas que sabían cómo llegar a Grimmauld Place sin guía. Estaba segura
de saber quién era.

Harry se apresuró fuera de la mesa para interceptar a Kreacher antes de que abriera la puerta, pero
por los sonidos que venían del pasillo, parecía que era demasiado tarde. Voces indistintas flotaron
por el corredor.
"¿Quieres subir?" preguntó Ginny. "En caso de que él venga-"

La puerta del comedor se estrelló al abrirse. Ron estaba ahí parado, con nieve en su cabello rojo y
su rostro enrojecido luciendo furioso.

"¿La invitaste aquí?" acusó, encarando a Harry.

"Hermione es nuestra amiga, Ron-" empezó a decir Harry, pero Ron lo cortó.

"¡ELLA ME TRAICIONÓ!" gritó Ron, negándose a mirar a Hermione.

"¿Disculpa?" dijo Hermione, completamente desconcertada por la acusación.

Ron giró para mirarla, con la rabia retorciendo su rostro.

"¡Me engañaste! ¡Te enredaste a mis espaldas y mentiste al respecto! Y ahora escucho que vas a
llevar a algún idiota al Baile de Navidad - ¡probablemente con el que te has estado acostando a mis
espaldas!" gritó Ron.

"¡No hice nada de eso!" replicó Hermione, poniéndose de pie.

"Ron, deja de ser un imbécil y déjala en paz," dijo Ginny, interponiéndose entre los dos. Sacó su
varita, y el hecho de que Ron no retrocediera demostraba cuán enojado estaba.

"¡No puedo creer que estés de su lado!" le escupió Ron a Harry y Ginny.

"Nadie está tomando ningún lado, Ron," dijo Hermione, intentando sonar calmada para bajar la
tensión en la habitación.
"Ron, no sabes lo que pasó, no con certeza," razonó Harry, poniendo su mano en el hombro de su
amigo. Ron la sacudió.

"Sé exactamente lo que pasó. Y voy a probarlo," dijo Ron.

"Creo que es mejor que te vayas, Ron," dijo Harry, usándose a sí mismo como otra barrera más
entre Ron y Hermione. "Hablaremos en otro momento."

Ron les dio a cada uno una mirada de desprecio, luego sacudió la cabeza antes de salir a zancadas
de la habitación. A la distancia, escucharon el portazo de la puerta principal.

Hermione apenas pudo contenerse para no derrumbarse en el suelo e hiperventilar.

"¡Kreacher!" llamó Harry. El elfo apareció instantáneamente. "¿Te importaría preparar una taza de
té con una poción tranquilizante?"

En un abrir y cerrar de ojos, Kreacher regresó con una tetera humeante y le ofreció una taza a
Hermione. Ella la tomó con manos temblorosas, y al dar el primer sorbo, sintió el reconfortante
sabor a miel y cardamomo que al instante apaciguó el torbellino en su estómago.

"Voy a matarlo," murmuró Ginny mientras acariciaba suavemente el cabello de Hermione.

"Es tu hermano," dijo Hermione débilmente.

"No me importa," dijo Ginny obstinadamente. "Es un idiota y le voy a lanzar una maldición la
próxima vez que lo vea."

"Mientras no sea en el baile," murmuró Hermione. "No dejaré que arruines eso."

"¿No hay forma de evitar que venga?" preguntó Harry. "Parece una mala idea permitirle entrar, a
este punto."
"La prensa me aplastaría si le retiro la invitación," dijo Hermione. "Si causa una escena, siempre
puedo llamar a seguridad y hacer que lo escolten afuera. De nuevo." Suspiró y bebió otro trago del
té.

Harry y Ginny parecían inseguros sobre este plan, pero no dijeron nada.

"Hermione..." dijo Harry tentativamente. "No le diremos a nadie, lo prometo, pero... ¿a quién vas a
llevar al baile?"

Hermione cerró los ojos, luchando contra el impulso de gritar. Todo esto era un error. Tenía que
hacer algo. No había forma posible de que pudiera llevar a Draco Malfoy, el chico que la había
atormentado a ella y a sus amigos durante años, a su evento como su cita. Incluso si era la manera
perfecta de fastidiar a Ron, la enfermaba pensar que Harry también la odiaría por eso.

"Eh, a nadie," dijo Hermione, evitando sus ojos. Se puso de pie y dejó su té. "Voy a cancelarlo. Iré
sola."

Ignorando sus intentos de sacarle más detalles, Hermione se marchó, abrigándose mientras se
adentraba en la nieve que caía afuera.

Tendría que escribirle a Draco esta noche, decidió. Fue un plan estúpido para empezar.
La Llegada al Baile

Los escalones de la majestuosa mansión de campo habían sido encantados para hacer que cada
copo de nieve desapareciera en el momento en que hacía contacto con la piedra. Draco examinó los
amplios escalones, tratando de evaluar si debía subirlos o simplemente irse.

Muchas cartas arrugadas adornaban su escritorio en casa, todas llenas de súplicas inútiles y
patéticas por una segunda oportunidad para algo que no debería haber deseado en primer lugar. Al
final, no había enviado una respuesta a la carta de Hermione. No sabía qué decir.

A pesar del plan frustrado de ser su acompañante, aún estaba invitado como patrocinador oficial de
P.E.D.D.O. Simplemente tendría que mantenerse alejado de ella esta noche. De todos ellos, ahora
que lo pensaba.

Tomando su decisión, se unió a los otros invitados mientras subían las escaleras, siguiendo la luz
dorada de las numerosas ventanas arqueadas frente a ellos como los faros que eran.

Draco tenía que reconocerlo: Hermione sabía organizar un baile. Incluso su madre estaría
impresionada por el esplendor del salón de baile en el que se encontraba. Los altos techos brillaban
con estrellas doradas que parecían flotar lentamente sobre ellos alrededor de la habitación,
arrojando un resplandor de ensueño. Imponentes árboles de Navidad adornados con velas y
ornamentos cristalinos habían sido colocados alrededor de los bordes de la sala, junto con mesas
cargadas de información sobre las diversas organizaciones benéficas y artículos en subasta. Entre
los invitados, bandejas de bebidas y canapés flotantes circulaban sin asistencia, permitiendo a la
gente picar mientras socializaban. En el extremo más alejado de la sala, un escenario bajo en forma
de media luna sostenía un cuarteto de cuerdas que tocaba una suave balada que a Draco le resultó
vagamente familiar.

La asistencia fue excelente. Aunque el salón de baile era enorme, las grandes puertas a los lados de
la habitación se habían abierto de par en par para permitir que la multitud fluyera hacia el balcón.
Draco estaba seguro de que esa área también había sido encantada para mantenerse cálida, a juzgar
por la falta de nieve más allá de las puertas.

Sintió un toque en el codo y se giró para encontrar que una bandeja de copas de champán había
venido a servirle.
"Lárgate," murmuró Draco con el ceño fruncido, apartando el champán. Milagrosamente, no se
derramó nada, aunque sí chocó con otro invitado.

"¡No hay necesidad de ser grosero con las bebidas, Sr. Malfoy!" dijo alguien con voz risueña detrás
de él. "¡Sólo están haciendo su trabajo!"

Draco se giró para mirar al hablante. Vestido con un esmoquin de terciopelo con botones a punto de
reventar, estaba alguien a quien no había visto en años.

"¿Profesor Slughorn?" dijo.

"¡Me alegra verte, querido muchacho!" dijo Slughorn, extendiendo la mano para estrechar la de
Draco. "¡Debo decir que me sorprende verte aquí! No estarás colándote de nuevo, ¿verdad?"
bromeó.

El desagradable recordatorio de la fiesta de Navidad en la que había sido avergonzado en su sexto


año puso de punta los nervios de Draco.

"Esta vez soy un invitado," dijo con suavidad, ansioso por cambiar de tema. "¿Cómo van las cosas
en Hogwarts?"

"Oh, bien, querido muchacho, bien," dijo Slughorn. "La vieja McGonagall lo tiene todo bajo
control, por supuesto. Aunque, ¡ninguno de mis estudiantes actuales es ni la mitad de talentoso de
lo que era tu compañero Harry Potter! ¡Me quedé asombrado al escuchar que no se dedicó a la
elaboración de pociones!"

Draco escaneó la habitación, buscando a alguien más con quien hablar. Debió haber traído una cita,
se dio cuenta demasiado tarde. Sobrevivir a esta noche sin un escudo iba a ser un infierno, lo veía
venir.

Mientras Slughorn parloteaba sobre su ex alumno favorito, Draco por casualidad encontró con la
mirada exactamente a la persona de la que estaban hablando.
Cerca del escenario, Harry Potter estaba de pie con la chica Weasley del brazo, hablando con...
Dios todopoderoso, ¿era esa Hermione?

Los ojos de Draco casi se salieron de sus órbitas.

Ella estaba envuelta en un vestido rojo oscuro y ajustado, uno que realzaba su escote y mostraba
una de sus piernas a través de una alta abertura. Sus suaves rizos castaños habían sido recogidos
hacia un lado y sujetos en una elegante cascada cayendo sobre su hombro. Se estaba riendo de algo,
probablemente algún comentario estúpido de Potter.

De repente, Draco se dio cuenta de que estaba estirando el cuello, mirándola fijamente. Slughorn
siguió su mirada y se iluminó de alegría.

"¡Vaya, ahí está Harry ahora mismo! Debería ir a saludar, no quisiera ser descortés..." dijo
Slughorn, excusándose para ir hacia allá con pasos torpes.

Había un gran árbol de Navidad cerca de las tres personas al otro lado de la habitación. Tal vez si se
escondiera detrás de él, podría escuchar lo que estaban diciendo...

No. Se contuvo a sí mismo. Debería mantenerse lejos de ella. Ella necesitaba espacio y él tenía que
respetar eso. No es como si ella fuera a iluminarse de alegría a verlo, y correr a sus brazos. No
anunciaría con orgullo a la sala que estaban allí los dos juntos. Y ciertamente no se sentiría
conmovida por el regalo que le había traído, el que había encogido y metido en su bolsillo con
esperanza tonta.

Otra bandeja de bebidas pasó flotando frente a él.

Esta iba a ser una larga noche.


Presentaciones

Hermione resistió el impulso de tomar una copa de champán y bebérsela de un trago. Necesitaba
mantener la cabeza despejada esta noche. Había estado recibiendo invitados toda la velada,
trabajando duro para asegurarse de alcanzar la meta de donaciones. Después de que Draco
respondiera a su última carta con silencio, había empezado a preocuparse de haber alejado a su más
generoso patrocinador, lo que significaba que esta noche, debía dejar encantado a cada invitado
adinerado y potencialmente generoso en la sala.

Además de eso, tenía que saludar a prácticamente todos los invitados que conocía. Varias personas
del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas estaban presentes. George
Weasley había venido con Angelina Johnson, y Hermione también había visto a Bill y Fleur,
Neville y Hannah Abbott, Lavender Brown, Dean Thomas, Lee Jordan, Padma Patil y Alicia
Spinnet. Probablemente había otros, pero todos los rostros habían comenzado a mezclarse entre sí.

Su ansiedad no se veía ayudada por el hecho de que había olvidado buscar un vestido diferente para
usar después de cancelar las cosas con Draco. El vestido de color vino intenso que llevaba en ese
momento había sido elegido específicamente para la venganza, con su corsé apretado y tirantes
finos e inútiles sobre sus hombros. Cuando se lo probó por primera vez, se había sentido como una
heroína gótica. Pero ahora, sentía que tenía que luchar por cada respiro que daba en esa maldita
cosa.

"Hermione, deja de jugar con tu cabello. Lo vas a arruinar," dijo Ginny, apartando suavemente los
dedos de Hermione de sus rizos. Ella ni siquiera se había dado cuenta de que lo estaba haciendo.

"Todo va a estar bien, Hermione," dijo Harry de manera tranquilizadora. "Hablé con Ron ayer. Creo
que sacó todo de su sistema la otra noche."

"Y si se atreve siquiera a hablarte, lo maldeciré con pelos de nariz realmente largos. No, ¡con
disfunción eréctil! Oh, haré ambas cosas," dijo Ginny. "De esa manera, quienquiera que sea su cita
quedará completamente desanimada. Matar dos pájaros de un tiro, ya sabes."

A pesar de sí misma, Hermione sonrió.

"Gracias, pero no tengo interés en arruinar su cita, Ginny," dijo. "Sólo quiero que esta noche
transcurra lo más suavemente posible."
"Bueno, yo no," dijo Ginny con el ceño fruncido. "Quiero que mi hermano reciba lo que se merece.
¿Estás segura de que tu cita ya no vendrá, Hermione? Tenía ganas de ver la cara de Ron cuando
llegaras con alguien más. Preferiblemente alguien guapo, a quien odie."

La boca de Hermione se secó. La descripción de Ginny era demasiado acertada.

"No, le dije que no viniera," dijo, reprimiendo una punzada de arrepentimiento ante el hecho. No
había forma de que Draco apareciera ahora, no cuando lo había rechazado justo después de haberle
pedido ayuda.

"¡Harry, muchacho!" retumbó una voz familiar.

Los tres se giraron para encontrar al profesor Slughorn acercándose, con aspecto acalorado y jovial,
como si ya hubiera bebido más de una copa de champán.

"Profesor Slughorn," saludó Harry cortésmente.

Hermione había invitado a Slughorn sabiendo que sería un excelente contacto para ayudarla a
adquirir nuevos donantes. Él había respondido exactamente como ella esperaba, ya que su
influencia era casi tan fuerte como la de Kizzy Haart cuando se trataba de la venta de entradas para
la velada.

Mientras Harry charlaba con Slughorn sobre su más reciente trabajo como Auror, los ojos de
Hermione escanearon la habitación. Los invitados conversaban y se movían suavemente al ritmo de
la música, o examinaban los artículos dispuestos para la subasta mientras probaban la comida.
Hasta el momento, la noche estaba siendo un éxito. Las entradas se habían agotado y ya estaban
cerca de su meta de recaudación de fondos para la noche. Al final de la velada, habrían recaudado
lo suficiente para mantener a todos los grupos involucrados funcionando por otro año.

Hermione se dio cuenta de que había estado buscando a una persona en particular entre la multitud,
y cerró los ojos con una nueva oleada de culpa y tristeza. Era estúpido esperar que él hubiera
venido de todos modos.
Volviendo su atención bruscamente a las personas a su alrededor, Hermione encontró al profesor
Slughorn en medio de un divagante discurso sobre sus antiguos días en Hogwarts.

"...¡nunca vi tanto talento en todos mis años de enseñanza! Realmente, muchacho, podrías haber
sido un asombroso... ¡oh! ¡Weasley! ¡Qué maravilloso verte de nuevo!"

Hermione sintió una sacudida de pánico al voltearse para ver a qué Weasley se dirigía Slughorn.

Ron había llegado, con una cara completamente inexpresiva. Mientras estrechaba la mano de
Slughorn, Hermione cruzó miradas con la mujer a su lado.

No. Él sería incapaz de atreverse....

"Todos, me gustaría presentarles a mi cita," dijo Ron, señalando a la mujer.

Dando un paso adelante en un ofensivo vestido rojo chillón y lápiz labial a juego, la cita de Ron
hizo su muy ensayada presentación.

"Johanna Wolcroft, reportera de El Profeta," dijo, extendiendo su mano hacia Slughorn con una
sonrisa lobuna.

¿Ella era la cita de Ron?

"Un placer conocerte, Johanna," dijo Slughorn cortésmente.

El resto del grupo fue mucho menos acogedor. Harry parecía confundido, y Ginny lucía como si
acabara de oler algo podrido.

Finalmente Ron se volvió para mirar a Hermione. Una expresión de amargo triunfo cruzó su rostro
al verla, parada allí sola, completamente impactada al saber a quién había traído.
Pareciendo percibir que algo incómodo pasaba en el grupo, Slughorn titubeó.

"Bueno, me encantaría quedarme a charlar, pero acabo de ver a un viejo amigo," dijo. "Tendrán que
disculparme, todos. Los alcanzaré de nuevo más tarde esta noche, señorita Granger."

Los cinco se quedaron en un tenso silencio. Johanna seguía alternando su mirada de Hermione a
Ron, complacida como un gato que acaba de atrapar un ratón. Enganchando su brazo con el de
Ron, le sonrió a Hermione.

"Es tan agradable verte de nuevo, Hermione," dijo. "Espero que te haya gustado mi artículo sobre la
Ley CALCETIN."

"No tuve oportunidad de leerlo," mintió Hermione. "He estado ocupada en el Ministerio."

"Entonces no mucho ha cambiado," murmuró Ron sarcásticamente.

Hermione lo ignoró.

"Recibí mucha retroalimentación de ese artículo," continuó Johanna. "Mucha gente estaba
interesada en saber que de alguna manera lograste liberar a las criaturas mágicas esclavizadas sin
realmente liberarlas."

"Eso no fue su culpa," dijo Harry, y Hermione podría haberlo abrazado por eso. "El Wizengamot no
aprobaría nada a menos que ella hubiera hecho esos cambios."

"Cualquier reportero competente debería ser capaz de entender política básica," dijo Ginny de
manera cortante.

Johanna la fulminó con la mirada ante el comentario.

"Johanna es una excelente reportera," replicó Ron a Ginny. Hermione de repente se sintió
preocupada de que los dos fueran a llegar a los golpes aquí mismo en el salón..
"¡Harry!" chilló Hermione, volviéndose hacia él. "¿Cómo va la, eh, planificación de la boda?"

Fue un cambio de tema evidente, pero Harry se aferró a él con alivio.

"Oh, eh, ¡genial!" dijo. "Todos parecen entusiasmados con Barbados. La Sra. Weasley lo tomó
razonablemente bien."

"¿Llevarás una cita a la boda, Hermione?" preguntó Ron con una mueca burlona. "Veo que llegaste
sola hoy. ¿No pudiste encontrar a nadie que te soportara por toda la velada?"

Johanna se veía positivamente encantada con las palabras de Ron. Ginny sacó su varita
disimuladamente, con una expresión amenazante en su rostro.

Hermione sintió que un rubor de enojo y mortificación le subía por las mejillas. Por supuesto que
Ron aparecería sólo para restregarle sus inseguridades en la cara. Después de lo que sucedió en el
Baile de Navidad con Viktor Krum, y luego en la fiesta de Navidad de Slughorn con Cormac
McLaggen, debía estar sintiéndose victorioso por haberle hecho finalmente lo mismo a ella. Pero
esta vez, era diferente. Hermione ya no estaba celosa. No envidiaba a la mujer engreída que se
aferraba al brazo de Ron. Los odiaba a ambos. Lo único que quería de Ron era verlo escabullirse
con la cola entre las patas.

Para empeorar todo, él tenía razón. Ella había logrado alejar a la única persona que tenía la
capacidad de poner a Ron en su lugar. Ahora estaba completamente sola. Ron había ganado.

"Lamento llegar tarde, Hermione," llegó una voz lánguida detrás de ella. "Había olvidado algo. ¿De
qué me perdí?"

El corazón de Hermione se detuvo.

Los ojos de todos se dirigieron a la persona que acababa de hablar. Lentamente, Hermione se dio
vuelta y miró hacia arriba, directamente a los divertidos ojos de plata de Draco Malfoy.
Un Regalo de Navidad Adelantado

Desde el otro lado del salón, ella se había visto deslumbrante. Pero ahora, teniéndola cerca, Draco
sintió todo su cuerpo estremecerse de anhelo. Sus ojos podrían estar ciegos a todos los demás en la
habitación menos para ella.

Draco colocó su mano en la parte baja de la espalda de Hermione, girándose para dar una leve
sonrisa al resto del grupo.

"Buenas noches a todos. Por favor, disculpen mi tardanza," dijo.

Potter lucía como si el mundo se hubiera puesto de cabeza. La boca de Ginny colgaba abierta de la
impresión. Johanna estaba mirando a Draco de arriba abajo con consternación desconcertada. Y, lo
mejor de todo, Weasley parecía estar hirviendo en una mezcla perfectamente equilibrada de
asombro, humillación, estupidez y furia.

Excelente.

"Oh, Potter," dijo Draco, girándose suavemente y extendiendo su mano libre para estrecharla.
"Felicitaciones por el compromiso, por cierto. Estoy seguro de que ustedes dos serán muy felices
juntos."

Potter simplemente se quedó mirando la mano extendida de Draco.

"E-espera," dijo Potter, mirando a Hermione. "¿Viniste aquí con Malfoy?"

Draco sonrió con satisfacción, retirando su mano y colocándola casualmente en su bolsillo. Dejó
que todos se empaparan de la imagen de ellos dos juntos con gratificación. Era mejor incluso de lo
que había imaginado.

Finalmente, las cuerdas vocales de Hermione parecieron despertar.


"Sí," dijo, un poco más agudo de lo habitual. "Ahora somos amigos, más o menos. En realidad,
Draco es uno de los donantes más generosos de P.E.D.D.O. Así que, lo invité aquí esta noche,
como mi invitado personal."

Cuando Hermione dijo el nombre de Draco, todos la miraron como si hubiera perdido la cabeza.

"Y me sentí honrado de aceptar," terminó Draco por ella. "No todos los días una hermosa y
talentosa bruja como Hermione me invita a salir."

Si el grupo se había sorprendido de verlo llegar, escucharlo elogiar a Hermione de esa manera
pareció haberlos enviado a cada uno de ellos a una dimensión alternativa. Weasley se veía como si
acabara de aspirar un caramelo ácido triturado. Draco se regodeó en esa sensación por un momento,
antes de volverse hacia ella.

"Hablando de eso, Hermione," dijo en voz baja. "Te ves deslumbrante esta noche." Inclinándose
aún más cerca de su oído, susurró, "Lo siento. No podía simplemente dejar que te hablara de esa
manera."

Hermione se tambaleó un poco, de repente perdiendo el equilibrio en sus tacones. Draco la agarró
firmemente por la cintura, atrayéndola hacia su costado para darle mayor soporte. Ella lo miró, y de
repente él supo que ya lo había perdonado. Sus ojos, ahumados con un poco de maquillaje, le
dijeron todo lo que quería escuchar y más.

"¿Qué fue lo que olvidaste?" graznó Johanna de repente.

A regañadientes, Draco apartó su mirada de Hermione para posarla en la mujer. Ella parecía
suspicaz, pensando que lo había atrapado en una mentira.

Draco fingió sentirse apenado.

"Bueno, había planeado hacer esto en privado, pero puedo ver que no voy a tener mucho tiempo a
solas con la señorita Granger esta noche," dijo, señalando el concurrido salón de baile a su
alrededor.
Draco sacó una pequeña caja de terciopelo de su bolsillo, usando su varita para agrandarla a su
tamaño original. Era grande, plana y con forma de corazón.

"No es mucho," mintió, extendiéndola hacia ella.

Con cuidado, levantó la tapa de la caja. En su interior, sobre un desgastado terciopelo verde,
descansaba un deslumbrante collar de filigrana de oro y plata. El intrincado diseño formaba
múltiples rayos puntiagudos, cada uno coronado por un diamante de una claridad cegadora.
Hermione se quedó boquiabierta ante tal visión. Como hechizada, examinó la delicada orfebrería,
incapaz de articular palabra.

"Das tanto a la comunidad mágica, Hermione," dijo Draco suavemente. "Pensé que deberías tener
algo bonito para ti misma."

"¿Le compraste un collar?" dijo Potter con incredulidad.

Draco puso los ojos en blanco ante la brusca pregunta.

"Por supuesto que no lo compré, Potter," resopló Draco. "Es de la colección de mi familia. Lo
seleccioné de nuestra bóveda hace unas semanas, pensando en Hermione. Pensé que se vería
mucho mejor en ella que reposando en un estante en Gringotts," dijo Draco encogiéndose de
hombros.

Los ojos de Hermione volaron hacia él, abiertos de par en par por la impresión ante la idea de usar
una reliquia de la familia Malfoy.

"Deberías ponérselo," dijo Ginny de repente. "No está usando ninguna otra joya, y eso iría muy
bien con su vestido."

Draco decidió que después de todo le agradaba la chica Weasley.

"Con tu permiso..." dijo Draco, mirando a Hermione.


"¡NO LO TOQUES!"

Weasley había gritado esto, haciendo que varios invitados cercanos se volvieran para mirarlos.
Hermione parecía haber sido sacudida de un sueño por el grito. La forma en que saltó asustada hizo
que Draco quisiera envolverla y alejarla del bastardo.

Weasley avanzó dando zancadas.

"¡Está maldito, Hermione!" exclamó bruscamente "¿No lo ves? Te hará exactamente lo que le hizo
a Katie Bell. ¡Exactamente lo que me hizo a mí! ¿Recuerdas el hidromiel envenenado?"

Maldita sea. Debería haber pensado en esto antes de regalarle joyería. Las estupideces que había
cometido en su adolescencia lo atormentarían por el resto de su vida. Ahora, sólo podía aferrarse a
la esperanza de que Hermione hubiera aprendido a confiar lo suficiente en él como para no creer en
las acusaciones de Weasley. Sin embargo, esa esperanza era débil, ya que había sido precisamente
el envenenamiento de Weasley en sexto año lo que había unido a esos dos en primer lugar. Lo
último que quería en este momento era que le recordaran ese horrible error suyo.

Hermione parecía estar pensando. De repente, enfrentó a Weasley, luciendo tan valiente como el
mismísimo Godric Gryffindor.

"El collar es perfectamente inofensivo, Ron," dijo con confianza. "Y para probarlo, Draco se lo
pondrá primero."

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Draco. Reprimiendo una carcajada por la forma en que
Weasley los miraba, Draco recogió el delicado collar y rápidamente lo abrochó alrededor del cuello
de su camisa. Hizo una pose para modelarlo bien, haciendo que Hermione soltara una risita.

"Choca con mi corbata, pero creo que sobreviviré," dijo sardónicamente al grupo.

La mandíbula de Weasley sobresalía en una expresión de odio tan puro que Draco casi estaba
impresionado de que no hubiera sacado su varita y lo hubiera retado a un duelo todavía. Al ver que
todos estaban satisfechos con la seguridad del collar, Draco se lo quitó y lo colocó alrededor de la
clavícula de Hermione. Sus dedos rozaron ligeramente su piel mientras trabajaba en el broche, y
podría haber jurado que la vio estremecerse levemente.

Ella lo miró cuando terminó, articulando en silencio la palabra gracias. Él le guiñó un ojo.

"Se ve genial, Hermione," dijo Ginny con firmeza.

"Estoy de acuerdo," dijo Draco, observando cómo las joyas brillaban en su cuello desnudo,
ligeramente acariciado por algunos mechones de su cabello suelto. Imaginó cómo se sentiría
presionar sus labios allí, en el lugar donde su cuello se unía a su hombro.

"¡No puedes hablar en serio, Hermione!" dijo Weasley. Todos lo miraron. "¡Es Malfoy!"

"Obviamente Draco ha estado haciendo algunos cambios desde nuestros días de escuela," dijo
Hermione, enfatizando deliciosamente su nombre. "Y dado que ha sido tan generoso con sus
donaciones para P.E.D.D.O., sentí que él era una elección obvia."

"Hermione, tal vez podríamos hablar contigo en privado," preguntó Harry, pero Johanna habló por
encima de él.

"¿Cuánto ha donado a P.E.D.D.O.?" preguntó Johanna inquisitivamente.

"He estado enviando recibos bancarios por unos cien galeones cada pocos meses durante los
últimos... veamos, cuatro años, creo," dijo Draco alargando las vocales lentamente, sorprendiendo a
todos los que escuchaban. "También contraté a una elfina como mi ama de llaves y la animé a
ofrecer su tiempo como voluntaria para ayudar a la causa de Hermione. Quizás la hayas conocido...
¿Ignoma? Según tengo entendido, ha sido invaluable para P.E.D.D.O."

"¡Tú enviaste las flores!" siseó Weasley.

Hermione se volvió para mirarlo con nerviosismo. Draco lo enfrentó con una sonrisa irónica.
"Culpable," admitió Draco a la ligera.

Weasley sacó su varita.

Antes de que Draco pudiera desenvainar su propia varita, la voz de alguien mágicamente
amplificada sonó desde el escenario, llamando la atención. Un anciano con una túnica de gala muy
anticuada estaba de pie frente a la multitud, anunciando el inicio del entretenimiento de la noche.

Rápida como un rayo, Hermione tomó la mano de Draco y comenzó a retroceder de todos los
demás mientras su atención se desviaba. Se escurrieron detrás de un grupo de brujas risueñas de
mediana edad que llevaban vestidos a juego extremadamente brillantes, y luego se movieron
alrededor del perímetro de la sala. Draco se dio cuenta de a dónde lo llevaba justo antes de llegar a
las puertas del balcón.

El aire fresco y frío los recibió cuando salieron a la gran plataforma. La mayoría de los invitados
habían entrado para ver si Kizzy Haart estaba a punto de comenzar a actuar, dejándolos a los dos
prácticamente solos.

Una amplia escalera conducía desde el balcón hasta un jardín cubierto de nieve. A cierta distancia,
Draco vio un gran trineo enganchado a dos caballos alados blancos como la nieve.

"¿De qué se trata eso?" preguntó Draco, señalando el trineo donde estaba estacionado.

"Oh," dijo Hermione mientras lo veía. "Ese es uno de los entretenimientos para esta noche. Aún no
lo han anunciado, pero los invitados pueden ofrecer donaciones para dar un paseo en trineo por un
rato."

Qué romántico, pensó Draco.

Hermione suspiró, dándose la vuelta de la vista del jardín y desplomándose sobre la balaustrada.

"Por un momento pensé que Ron iba a matarte," dijo.


Draco sonrió ante el recuerdo de la cara del idiota, atónita ante la visión de ellos juntos.

"Casi esperaba que lo intentara. Me gustaría darle una lección yo mismo," dijo.

"¡No! No puedes comportarte así. Por eso cancelé todo. Necesito estar trabajando esta noche,
asegurando finanzas para..."

Draco colocó un dedo suavemente sobre sus labios, silenciándola.

"Hermione, puedes relajarte. Incluso si no hicieras nada esta noche más que emborracharte y bailar
sobre las mesas descalza, aun así, habrías recaudado suficiente dinero para sostener a P.E.D.D.O.
por un buen tiempo. Respira."

Ella frunció el ceño.

"¿Cómo podrías saber cuánto hemos recaudado esta noche?" preguntó con escepticismo.

Draco se encogió de hombros casualmente.

"Puede que haya hecho una donación considerable de forma anónima," dijo. "Es por una buena
causa, y todo eso."

Hermione pareció quedarse inmóvil. Él absorbió su imagen, la nieve cayendo suavemente en el


jardín detrás de ella, la luz dorada derramándose desde las puertas del balcón sobre su rostro. El
collar que le había dado le quedaba perfecto, notó. Ella resplandecía, y él guardó la imagen en su
memoria.

No duró mucho. Su rostro decayó después de un momento, y miró hacia otro lado.
"Siempre es así con él," dijo, mirando hacia el jardín. "Es como si la única forma que conoce de
mostrar sus sentimientos hacia mí es haciendo una rabieta. Ya verás, al final de la noche, vendrá
tras de mí y lo arruinará todo."

Los dientes de Draco se apretaron. Si ella pensaba que él simplemente se quedaría parado y
permitiría que Weasley la lastimara, iba a recibir una sorpresa. Potter podría estar contento con
hacerse a un lado y permitir que uno de sus amigos abuse del otro en nombre de "no tomar partido",
pero Draco ciertamente no lo haría. Si Weasley quería pelea, la tendría.

Pero aún no. Por ahora, Draco quería ver cuánta diversión podía tener con Hermione.

De repente, los ojos de ella encontraron algo detrás de él, y se abrieron de miedo. Nerviosa se
acomodó para esconderse tras él.

"Ron me está buscando," dijo. "No quiero lidiar de nuevo con él todavía."

Draco miró por encima de su hombro, detectando fácilmente el cabello rojo de Weasley entre la
multitud. No tenían mucho tiempo antes de que los encontrara aquí afuera.

Esta vez tomó su mano, llevándola por los escalones y hacia el sendero nevado del jardín.

"¡Draco, no estoy exactamente usando botas para nieve!" se quejó Hermione. "¿A dónde me
llevas?"

Ella resbaló un poco en el camino, dejando escapar un pequeño grito. Draco extendió sus manos
para estabilizarla y luego tomó una decisión apresurada. La alzó en sus brazos y comenzó a llevarla
por el sendero, ignorando sus protestas, dirigiéndose directamente hacia el trineo vacío frente a
ellos. Hermione se aferró con fuerza a sus hombros, lanzando maldiciones por lo bajo.

Cuando llegaron al trineo, no había nadie a la vista. Un frasco había sido colocado sobre un
taburete en la nieve. Sin detenerse a considerar lo que estaba haciendo, Draco tomó a Hermione por
la cintura y la levantó para meterla en el trineo, luego la siguió de cerca.
Los caballos agitaron sus crines y se sacudieron la nieve de las alas, pero no avanzaron.

"Tienes que poner una donación en el frasco," explicó Hermione.

Draco sacó algunas monedas de una bolsa en su bolsillo y las arrojó al frasco. De inmediato, el
trineo se sacudió y ambos fueron lanzados hacia atrás en el asiento mientras los caballos trotaban
hacia adelante a través de la nieve. Draco miró por encima de su hombro hacia el balcón mientras
se alejaban rápidamente. Un hombre con cabello rojo estaba parado en la plataforma a la distancia,
mirando alrededor del jardín como si hubiera perdido algo.

El paisaje escarchado pasó suavemente mientras se deslizaban sobre el terreno nevado. Un viento
frío les echó hacia atrás el cabello, y Hermione encontró una gran manta debajo del asiento para
cubrirlos.

El muslo de Draco ardía por el contacto con Hermione mientras se sentaban juntos, obligados a
acurrucarse por el espacio limitado y el aire frío. Dudó por un momento, luego pasó su brazo
alrededor de ella, atrayéndola más profundamente hacia su costado para compartir su calor. Ella se
dejó llevar de buena gana, y a su encantada sorpresa se sumó el disfrute del rápido ritmo que los
caballos habían establecido para ellos.

Como si supieran que los dos se habían acomodado cómodamente, los caballos comenzaron a
galopar. Hermione gritó, pero las criaturas la ignoraron. Extendieron sus alas y los impulsaron
hacia el aire, provocando un fuerte grito por parte de Hermione.

"¡No, no, no! ¡No me gusta volar! ¡Llévennos de vuelta!" les gritó a los caballos.

En respuesta, ellos empujaron sus poderosas alas hacia abajo, elevando el trineo aún más alto en el
aire. Debajo de ellos, Draco vio la propiedad donde la fiesta aún continuaba, pareciendo cada vez
más pequeña a medida que volaban.

Atrajo a Hermione con fuerza, abrazándola cerca. Ella se acurrucó contra él con miedo, temblando
un poco.

Era una pena que no pudiera disfrutar del paseo, pensó Draco. La vista del mundo centelleante
debajo de ellos y el cielo oscuro sobre ellos era mágica. Por otra parte, también lo era la sensación
de tener a Hermione en sus brazos.

Con la esperanza de que estuviera demasiado distraída para notarlo, le dio un beso en la parte
superior de la cabeza.

"Está bien, Hermione. No nos vamos a caer," dijo de la manera más reconfortante que pudo.

"Me temo que no soy muy buena con las alturas," murmuró ella contra su pecho.

Él intentó tranquilizarla pasando una mano por su espalda, subiendo la manta sobre sus hombros
mientras lo hacía. Tal vez había sido una mala idea tratar de esconderse en el trineo, pero tenía que
admitir que nunca olvidaría este momento con ella, en lo alto del mundo, estrechamente envueltos
el uno en el otro.

"No me sueltes," susurró ella.

Él dejó escapar una risa baja. Sabía que ella era un desastre volando en escoba, pero esta reacción
fue una sorpresa para él. Si hubiera sabido que ella se aferraría a él de esta manera, la habría
llevado a volar de inmediato.

"Ni en sueños," respondió, sosteniéndola cerca y respirando el aroma de la nieve fresca en el viento
nocturno.
Fraternizando con el Enemigo
Chapter Notes

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Advertencia: abuso verbal

"¡He dejado un pequeño hechizo para ti, bajo el árbol!

¡Pero admitiré, sólo un poquito, que es más para mí!"

Kizzy Haart, con su cabello rubio y su brillante minivestido verde, finalmente había tomado el
escenario, entreteniendo a los invitados con una alegre canción navideña. Mientras tanto, las
partículas doradas de luz estelar que flotaban a lo largo del techo se habían convertido en destellos
rojos y verdes, creando un ambiente festivo.

Hermione entró al salón de baile con zapatos recién secados después de usar un práctico hechizo
cuando regresaron a la terraza. Se había aferrado a Draco como si su vida dependiera de ello hasta
que los caballos voladores finalmente los devolvieron al jardín. Su silencio había sido un poco
incómodo desde que aterrizaron y Hermione se había separado de él, temblando un poco por el frío,
las alturas y la cercanía con Draco.

Con un suspiro de alivio, Hermione vio a Ron cerca del frente del escenario bailando con Johanna.
Con suerte, eso significaría que se mantendría alejado de ella por un rato.

"¡Hermione! ¡Ahí estás!" dijo Ginny, corriendo hacia ellos al verlos entrar. Harry venía pegado a
sus talones, mirando a Draco con desconfianza.
"¡Sí! Sólo salimos para probar el trineo antes de que la fila se hiciera demasiado larga", dijo
Hermione. Pensó que su rostro tal vez podría estar un poco sonrojado por el frío. O por algo más.

La verdad era que, justo al aterrizar, Hermione casi había besado a Draco. Lo único que la detuvo
fue el sonido de otra pareja acercándose al trineo para tomar su turno. Y, lo más extraño, fue que
pareció como si Draco también hubiera estado pensando en besarla, considerando la forma en que
había mirado fijamente su rostro mientras la sostenía cerca de él.

"¿Hiciste esa cosa de los caballos voladores?" preguntó Harry, completamente sorprendido. "Pero,
¿Qué no le tienes miedo a las alt...?"

"¡Vamos a ir a bailar!" anunció Draco, elevando su voz por encima de la música y Harry.
Llevándose a Hermione del brazo, exclamando: "¡Si quieren únanse a nosotros!"

Entre risas y agradecida por haber evitado la pregunta de Harry, Hermione dejó que Draco la
llevara hacia el grupo de bailarines. Se sentía eufórica, quizás por la adrenalina del vuelo. Aunque
no era especialmente buena bailando, siempre se divertía cuando sonaba una buena canción.

Ginny y Harry terminaron uniéndose a ellos, bailando cerca. A unos metros de distancia, Hermione
vio a un jovial Horace Slughorn zapateando y agitando una copa de champán. Al otro lado de la
pista de baile, George hacía girar a una risueña Angelina, provocando que sus largas trenzas se
desplegaran mientras ella daba vueltas.

Ella disfrutó observando a todos los bailarines hasta que Draco y ella comenzaron a atraer sus
miradas. De hecho, cuanto más miraba a todos a su alrededor, más parecían mirarla fijamente. Más
de una persona parecía confundida por su elección de pareja de baile. Hermione comenzó a sentirse
un poco incómoda.

Hasta que, las manos de Draco rodearon su cintura, y todos los pensamientos sobre otras personas
se desvanecieron.

******************

El gran reloj de arena que había sido encantado para llevar la cuenta de las donaciones estaba a
reventar de brillantes canicas de vidrio cuando el reloj marcó la medianoche. Hermione había
perdido la noción de cuánto tiempo había estado bailando hasta que Kizzy llamó la atención sobre
la hora, anunciando que interpretaría la última canción de la noche. Una balada lenta comenzó a
sonar, y las estrellas flotantes sobre ellos cambiaron a un color azul íntimo, parpadeando
lentamente para dar a toda la habitación un encantador efecto de destellos.

Draco era un excelente bailarín, admitió Hermione para sí misma. La había guiado sin esfuerzo a
través de cada canción de la noche, cambiando de estilo de baile con la misma facilidad que las
luces sobre ellos. Ahora, Hermione podía sentir su corazón acelerarse cuando él la acercó por
segunda vez esa noche, una de sus manos rodeando su cintura mientras la otra tomaba su palma.
Ella se dejó llevar por su dominio seguro, permitiéndole alejarla, acercarla y hacerla girar por la
pista. Era maravilloso dejar que alguien más tomara la iniciativa, sabiendo que podía confiar en él
para saber qué hacer a continuación. La forma en que manipulaba su cuerpo con tal confianza
inquebrantable despertaba algo profundo en su interior que no podía nombrar. Sin mencionar la
manera en que la miraba mientras lo hacía. Parecía disfrutar controlando sus movimientos tanto
como ella disfrutaba cediéndole el control.

Hermione era vagamente consciente de que no debería permitirse tener pensamientos tan intensos
sobre Draco, ciertamente no frente a Ron, dondequiera que se hubiera metido. Pero entre el
ambiente de ensueño y el íntimo abrazo en el que Draco la había tomado, no pudo evitarlo.
Cuando la canción final terminó, las estrellas señalaron el final del espectáculo volviendo a su luz
brillante y cálida, y todos en la sala estallaron en aplausos. Kizzy hizo una reverencia y agradeció al
público con un destello centelleante. Sonrojada y nerviosa, Hermione soltó a Draco y se volvió para
aplaudir también, ignorando los fuertes latidos de su corazón.

La fiesta se fue apagando, y Hermione se vio envuelta en numerosos apretones de manos y


conversaciones de último minuto con lo que parecían ser cientos de personas.

Sus pies comenzaban a doler de verdad. Mientras estrechaba la mano de otro compañero de trabajo
del Ministerio, ella empezó a preguntarse a dónde había ido Draco. La multitud había disminuido y
todo lo que quedaba del evento eran unos pocos magos que estaban desmantelando metódicamente
la decoración.

En la esquina de la habitación, vio a Harry tratando de sacudirse a Slughorn, con una muy cansada
y visiblemente borracha Ginny a su lado.

"Harry, ¿viste a dónde se fue Draco?" dijo Hermione.

"Eh, tengo que decir buenas noches, Profesor. ¡Fue agradable verlo de nuevo!" dijo Harry con una
sonrisa tiesa y falsa, volviéndose hacia Hermione con alivio. "Um, lo siento, ¿preguntaste a dónde
fue Malfoy? La última vez que lo vi, estaba contigo".

"Creo que lo vi salir al balc-cón", balbuceó Ginny, tambaleándose un poco mientras Harry la
sostenía.

"¿El balcón?" dijo Hermione, confundida. Se despidió de ellos dos, y Harry acompañó lentamente a
Ginny a la entrada para aparecerla en casa. Con curiosidad, Hermione se dirigió a las puertas del
balcón.

Habían sido cerradas cuando terminó la fiesta, pero aún no les habían puesto seguro. Hermione
empujó una para abrirla y se asomó.

Casi le da un infarto al ver lo que estaba pasando.


Draco estaba allí, con la chaqueta tirada en el suelo detrás de él, varita en mano. A unos pasos de
distancia estaba Ron en una postura similar, apretando los dientes con rabia. Detrás de él, una
asustada Johanna se aferraba a la barandilla del balcón, sus ojos alternando entre ambos.

"¡Sé lo que hiciste, despreciable cobarde escurridizo!" gritó Ron.

"¿Y qué sería eso exactamente, Weasley?" dijo Draco con desdén. "¿Donar a una organización
benéfica? ¿Regalarle un collar a una amiga?". Rodó los ojos. "¡Qué horrible soy! Más vale que me
encierren ahora mismo".

"¡Te aprovechaste de ella!" escupió Ron. "¡La manipulaste y la pusiste en contra mía!"

Draco levantó las cejas y sonrió. Draco alzó las cejas y sonrió con ironía. "Ah, ya veo. Estás
completamente equivocado, Weasley. En Slytherin, a eso le decimos 'amistad'."

Ron lanzó una ráfaga de luz hacia Draco, pero esta rebotó inútilmente, bloqueada por un ágil
movimiento de Draco.

"¡MANTENTE ALEJADO DE ELLA A PARTIR DE AHORA!" gritó Ron, salpicando de saliva al


hablar.

Hermione avanzó rápidamente, sacando su propia varita del bolsillo de su vestido.

"¡Los dos, deténganse!" gritó.

"No te preocupes, Hermione. Él solo está haciendo un pequeño berrinche. Yo me encargo", dijo
Draco arrastrando las palabras con desdén.

"Draco, déjalo en paz", insistió Hermione, extendiendo su mano hacia él. "Por favor, sólo ven
conmigo".

"¿Estás del lado de Malfoy?" le siseó Ron, horrorizado. "¿En serio, Hermione?"
"N-no, yo..." tartamudeó Hermione, "¡sólo quiero que los dos dejen de pelear!"

"Déjame arreglar esto, Hermione", dijo Draco, pero Ron por encima de su voz, dando un paso hacia
ella.

"¿ME DEJASTE POR ÉL?" gritó Ron, apuntando su varita esta vez hacia Hermione. Ella adoptó
una posición defensiva, pero su voz era pequeña cuando respondió.

"No, R-Ron, por favor, n-no entiendes..."

"¡Basta, Hermione! ¡Sé lo que hiciste! ¡Malfoy es quien envió las flores! ¡Te ha estado
persiguiendo todo este tiempo! ¡Y tú caíste en su juego!" Gritó Ron.

"¡Ron, no! Yo no..."

"¡Eres una traidora, Hermione, admítelo!" escupió Ron. "¡Una traidora y una puta!"

Un rayo de luz naranja golpeó a Ron directamente en el pecho. Ron cayó al suelo y Johanna dejó
escapar un grito agudo. Draco avanzó hacia Ron, su rostro contraído por la furia.

"¡Draco!" gritó Hermione, saltando delante de él y agarrando su brazo para detenerlo.

"No te molestes, Hermione", gruñó Ron, levantándose. "¡Esto es lo que querías de todos modos!"

Hermione miró la cara de Ron, su rostro contraído en una mueca desagradable, y buscó palabras
que no llegaban.

Podría llorar. Podría gritar. Podría maldecirlo. Pero ninguna de esas opciones parecía la correcta.
De hecho, la pelea parecía haberla dejado sin fuerzas, esfumándose como nieve en el viento.
Cualquier cosa que dijera sería usada en su contra. Cualquier cosa que hiciera para detener su
crueldad haría parecer que estaba tomando el lado de Draco. Cada posible respuesta en la que podía
pensar parecía inútil.

Allí parada, con todas las miradas sobre ella, Hermione tomó una decisión en silencio.

Se dio la vuelta y regresó por las puertas del balcón. Mientras cruzaba directamente el salón de
baile vacío, el sonido agudo de sus tacones resonando a su alrededor, sabía que nadie la seguiría. Ni
siquiera Draco.

Para cuando llegó al pie de las escaleras que conducían desde las grandes puertas de entrada de la
mansión, sus mejillas estaban surcadas por las lágrimas.

Giró, su vestido extendiéndose a su alrededor, y desapareció.

Notas:

¡Espero que hayas disfrutado de mi arte!

Ahora, para otra sorpresa: ¡un capítulo extra! El capítulo 15 es un mini capítulo desde el punto de
vista de Draco.

Chapter End Notes

Este capítulo trae una ilustración hecha por sinflower81 así que todo el crédito para ella. Si
quieren darse una vuelta por su Pinterest acá está: https://www.pinterest.com.mx/sinflower81/
La Lección de Draco
Chapter Notes
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Draco consideró ir tras ella, pero vio de reojo a Johanna levantando su varita. Se giró rápidamente y
la aturdió, más rápido de lo que ella pudo pensar en bloquearlo. Cayó al suelo con un cómico
¡thwop!

Weasley lanzó una maldición ininteligible y empujó su varita hacia adelante. Moviendo su varita
con pereza Draco desvió desvió el hechizo y avanzó para terminar el duelo. Weasley envió otro
hechizo hacia adelante, pero Draco ya estaba preparado. Cortó el aire con su varita para bloquear el
hechizo, y luego la movió de nuevo para desarmarlo.

El agarre de Weasley en su varita falló, y esta salió volando hacia un lado, deslizándose por un
hueco en el balcón y cayendo sobre la nieve debajo de ellos.

Draco no le dio tiempo a procesar dónde había ido a parar su varita antes de abalanzarse sobre él,
agarrando el cuello de su camisa con fuerza y azotándolo contra el barandal de piedra del balcón.

"Solo lo diré una vez, Weasley, así que espero que entre en tu dura cabeza", gruñó Draco en su
oído, presionando su varita contra su cuello. "Has cometido un grave error de cálculo. No conmigo,
aunque no dudaré en enviarte al más allá si vuelves a apuntar siquiera el dedo gordo del pie en su
dirección—no, me refiero a que has subestimado a Hermione."

"¡Tú no sabes nada de ella!" gruñó Weasley.

Draco clavó la punta de su varita en el cuello de Weasley, provocando que soltara un gemido
patético. Una serie de hechizos desagradables cruzaron por la mente de Draco, pero se contuvo.
Tenía un punto que demostrar.

"No. Tú eres el que no sabe," siseó Draco. "¿Crees que Hermione es estúpida? ¿Piensas que es
fácilmente influenciable? ¿Imaginas que ahora somos amigos simplemente porque le hice un gesto
con el dedo, sabiendo que vendría corriendo? Sé que eres un imbécil, Weasley, pero es como si
nunca la hubieras conocido!" Draco escupió. "Cuando ella decidió dejarte, lo hizo porque es
inteligente, porque vio a través del lloriqueo en tu patética farsa, y porque se dio cuenta de que un
triste payaso como tú jamás podría ayudarla a alcanzar la grandeza a la que está destinada."
Parecía como si Weasley estuviera a punto de explotar. Pateo y forcejeó, luchando contra el agarre
de Draco, pero Draco solo rió y presionó con más fuerza su varita contra cuello de Weasley,
doblegándolo nuevamente.

"¿Y crees que tú puedes? ¿Crees que eres el hombre que ella necesita?" gruñó Weasley a Draco.

"¿Aún no lo has entendido?" gritó Draco en la cara de Weasley, haciéndolo estremecerse. "¡Yo no
importo en lo más mínimo, Weasley! ¡Esté yo o no, ella está mejor sin ti! ¿Quedó claro?"

Sin esperar una respuesta, Draco dio un paso atrás, empujando a Weasley al suelo mientras lo
hacía. Weasley tosió y jadeó, frotándose el lugar donde la varita de Draco se había clavado en su
garganta.

"Espero que recuerdes esta pequeña lección," dijo Draco con una sonrisa cruel. "Porque ella ha
terminado contigo, perdedor. Por suerte para mí, tú te aseguraste de eso esta noche. Honestamente,
debería agradecerte. ¡Ni siquiera tengo que ponerla en tu contra! Con las cosas que dijiste esta
noche, te encargaste por mí."

Los ojos de Weasley se abrieron de par en par, dándose cuenta demasiado tarde de lo que había
hecho.

"Tú... ¡la engañaste!" jadeó.

"No, calabaza descerebrada," se burló Draco. "Te engañé a ti."

Con profunda satisfacción, Draco observó cómo la dura realidad aplastaba a Weasley. Balbuceó
patéticamente, buscando una réplica, pero Draco sabía que de esa cabeza hueca no saldría ninguna.

"Te sugiero que vayas a buscar tu varita y despiertes a tu cita," dijo Draco con malicia, girando
sobre sus talones y alejándose con paso triunfante. "la supuesta caballerosidad de Gryffindor y todo
eso."
Draco no pudo contener su sonrisa mientras convocaba su chaqueta del suelo y desaparecía en el
salón de baile, dirigiéndose hacia la salida.

Chapter End Notes

Woohoo!!! Con este cpítulo ya llegamos al 20% de la historia original!


Espero poder seguir avanzando a esta velocidad, si lo logro, voy a terminar mucho antes de lo
que había planeado y ya me dió Sin permiso de ir traduciendo Meet Me In Dreamland, que es
la historia que está publicando ahorita. Mi meta es avanzar hasta el capítulo 30 al menos por
acá y empezar a traducir la otra historia también para que se vayan posteando los capítulos
casi mientras ella va publicando, esperemos que se pueda.
El Elevador

Draco apareció el siguiente lunes en el vestíbulo del Ministerio, el sonido de su propia aparición se
uniéndose al coro de estallidos y crujidos que resonaban en el enorme espacio.

Multitudes de trabajadores del Ministerio, con ojos somnolientos y vestidos con túnicas apagadas,
se dirigían hacia el punto de control de seguridad al unísono. Draco mantuvo su varita en mano y
los hombros tensos, dejándose arrastrar con ellos. Odiaba sentirse abrumado por extraños, pero hoy,
era mucho peor. Sentía miradas sobre él al caminar. Conteniendo su ceño fruncido, intentó ignorar
a las personas que lo miraban.

Esta mañana le había tomado un poco más de tiempo llegar al pasillo de los ascensores, ya que la
fila en el control de seguridad estaba detenida por un mago que parecía haber tomado por accidente
la varita de su esposa. Para cuando Draco entró en un ascensor abarrotado y alcanzó a presionar el
botón del piso nueve, ya llevaba cinco minutos de retraso. Esperó mientras las personas salían de
una en una del elevador, cada quien en sus respectivos pisos, revisando su reloj de plata entre cada
parada. Una vez más, sintió personas mirándolo de reojo, haciendo que apretara los dientes.
Finalmente, la última persona restante, una mujer con túnicas moradas brillantes que lo había
estado mirando descaradamente, se bajó, y la reja dorada se cerró con un golpe. Aliviado de estar
lejos de miradas indiscretas, Draco suspiró y esperó a que el ruidoso ascensor descendiera hasta el
sótano.

"Nivel Nueve. Departamento de Misterios", anunció el ascensor.

Draco salió del elevador y avanzó por el pasillo, deteniéndose solo para abrir la puerta negra simple
al final de este.

Aunque Draco había estado en la habitación muchas veces antes, el lugar nunca dejaba de
impresionarlo. Observó frascos de vidrio llenos de líquidos burbujeantes, tubos retorcidos
enredados alrededor de varios extraños equipos, estantes repletos de tomos polvorientos y textos
nítidos por igual, y barriles gigantes en largas filas que se adentraban en profundidades
desconocidas de la enorme sala. Draco había estado consultando para el Ministerio durante dos
años ahora, pero tenía que admitir que solo conocía una fracción de lo que ocurría en esta sala, y no
sabía absolutamente nada sobre el resto del Departamento.

"¡Señor Malfoy!" dijo John, saludándolo con una sonrisa.


John, cuyo apellido era desconocido para Draco, era un tipo alto con cabello gris despeinado y
enormes gafas alrededor de sus ojos. Era una de las pocas personas que Draco conocía realmente
del Departamento de Misterios. La mayoría de los demás Innombrables mantenían sus máscaras
puestas. A Draco no le gustaba mirar a los demás mucho. Le recordaba un poco a los Mortífagos
enmascarados cuya presencia había tenido que soportar constantemente durante los años años en
que la casa de su familia había sido un punto de reunión para ellos.

"Buenos días", respondió Draco.

Draco colocó su maletín sobre una mesa de trabajo estéril y lo abrió para que John echara un
vistazo. Filas de frascos, tapados firmemente y sujetados a cada lado del estuche, brillaban desde el
interior. Varios de los experimentos de Draco habían resultado ser algo prometedores, pero la
mayoría de ellos habían sido fracasos totales. Eso estaba bien, razonó. Con la alquimia, era tan
importante documentar lo que no funcionaba como lo que sí.

"Aquí está el informe completo", dijo Draco, sacando un grueso montón de pergaminos de un
bolsillo interno del maletín. "He resumido mis hallazgos en las primeras páginas. Creo que me
acerqué más con el experimento dieciocho en esta ronda".

John levantó sus gafas hacia su frente mientras se inclinaba para examinar las botellas, frunciendo
el ceño en concentración.

"Muy bien, señor Malfoy. Sí, veo que el dieciocho está avanzando", dijo. Se enderezó y hojeó el
informe de Draco, comprobando que todo estuviera en orden.

Mientras él leía, Draco se acercó a los estantes de libros. Había varios títulos que había querido
pedir prestados antes de su próxima ronda de experimentos, incluido uno sobre Nicholas Flamel
que había estado esperando. Comenzó a sacar varios libros cuando John lo detuvo.

"Oh, solo haz una lista esta vez, Malfoy. Los enviaré todos con un mensajero, junto con los
materiales que necesitarás para tu próxima ronda. Es más fácil de esa manera", dijo John.

Draco asintió, conjurando un pequeño trozo de pergamino para la lista.


Estuvo allí un rato, respondiendo las preguntas de John y agregando elementos a su lista. Otros
Innombrables entraron y salieron, intercambiando libros de los estantes o hablando brevemente con
John. Draco estaba muy contento de ser solo un consultor. Odiaría trabajar todos los días en un
lugar como este. El laboratorio que había montado en su estudio en casa era mucho más preferible.

"Bueno, ¡señor Malfoy! Supongo que nos veremos en unas tres semanas aproximadamente", dijo
John despidiéndolo.

Draco le dio un asentimiento cortante.

"Sí, señor. Espero eso".

Se dio la vuelta para irse, pero John lo detuvo de nuevo.

"Oh, eh, Malfoy, hay una cosa más de la que quería hablar contigo", dijo John, sonando indeciso.

Draco levantó una ceja cuando John sacó un periódico doblado de un bolsillo dentro de sus túnicas.

"ROMANCE SALE A LA LUZ EN EL BAILE DE CARIDAD", decía el titular. Debajo, estaba una
foto de él colocando un collar brillante alrededor del cuello de Hermione. Draco estaba haciendo
todo lo que podía para no gruñir al verlo.

"Estoy seguro de que no es nada, Malfoy, pero sabes que tengo que asegurarme", dijo John,
frunciendo el ceño. "Protocolo, y todo eso. ¿Estás, eh, involucrado con la Señorita Granger,
entonces?"

Draco aflojó los dientes para responder.

"No realmente", espetó, intentando, con poco éxito, ocultar sus sentimientos.

"Ya veo", reflexionó John, mirando nuevamente el periódico. "Bueno, estoy seguro de que lo sabes,
pero debo recordarte de todos modos. Si llegas a involucrarte con la Señorita Granger, asegúrate de
que no tenga acceso a tu laboratorio, y no le des detalles sobre tu trabajo. Ella no tiene el nivel de
autorización necesario para saber."

En realidad, Draco pensaba que contarle a Hermione sobre su trabajo probablemente no resultaría
en nada más que algunos excelentes consejos para su próxima ronda de experimentos, pero se
mordió la lengua. Era el protocolo, y estaba demasiado apegado a su trabajo como para arruinar la
oportunidad de utilizar los recursos del Ministerio.

"Bien, bien," dijo John, asintiendo con aprecio. "¡Bueno, eso es todo entonces! ¡Nos vemos pronto!
¡Oh, y Feliz Navidad!"

Draco se despidió del hombre con un último asentimiento brusco y se marchó.

Una vez que llegó al ascensor, Draco se quedó paralizado. Debería volver al Atrio. Pero sus ojos no
podían apartarse del botón con un brillante número cuatro dorado.

Suspirando, se apoyó contra la pared del ascensor inmóvil y se pellizcó el puente de la nariz.

No había tenido noticias de Hermione desde el baile del sábado. No estaba seguro de si debería
darle espacio o correr a consolarla. Se sentía manipulador y repugnante perseguirla después de
provocar una horrible pelea con su ex-novio, especialmente sabiendo que todo lo que quería hacer
era besarla.

Besar... y mucho más, si sus sueños de anoche eran una indicación.

Draco gruñó, golpeando con frustración la pared del ascensor con el puño.

Si no se hubiera despertado con ese maldito artículo en El Profeta esta mañana, estaría felizmente
en camino para verla ahora. En cambio, un reflector de engaños había sido apuntado hacia ellos
dos, afirmando que Hermione había estado durmiendo con no uno, sino dos hombres para obtener
grandes donaciones para su organización.
Todo el asunto era una farsa, por supuesto. Ella había estado saliendo con Weasley mucho antes de
que su tienda hubiera contribuido con dinero a su causa. Y con Draco, no solo Hermione no había
estado durmiendo con él, ¡ni siquiera sabía que era él quien había enviado esas donaciones! A pesar
de la verdad, el hecho era que todo se veía extremadamente mal para Hermione. Esa maldita mujer,
Johanna, se las había arreglado para tomar a la mujer más ética y trabajadora que Draco conocía y
ensuciar su reputación con un escándalo de alto perfil, apenas tres días antes de Navidad.

Draco estaba agradecido por una cosa: había aturdido a Johanna antes de que escuchara lo que le
había dicho a Weasley después de que Hermione se fuera del baile. Ella no había podido publicar
nada sobre cómo había terminado su altercado.

Hermione debe estar destrozada hoy. Draco estaba seguro de eso, al menos. Tal vez debería
enviarle algunas flores, una cantidad normal esta vez, e irse a casa.

Por otro lado, subir significaría que llegaría a verla. Tal vez incluso tocarla.

Tomando una profunda respiración, presionó el único botón que alguna vez había considerado
realmente, por mucho que intentara detenerse. El ascensor se sacudió y subió con un quejido.

"Nivel Cuatro. Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas".

Draco mantuvo la cabeza baja mientras caminaba hacia la oficina de Hermione y tocaba
suavemente.

"¿Quién es?" vino su voz desde adentro.

En lugar de gritar su nombre y alertar a cualquiera en las oficinas cercanas de su presencia, Draco
sacó su varita y conjuró una sola margarita de color lavanda, que metió debajo del marco de la
puerta.

De inmediato, la puerta se abrió y Draco se encontró arrastrado hacia adentro por su brazo antes de
que se cerrara rápidamente de nuevo.
"¡Draco!" dijo Hermione sorprendida. "¿Qué estás haciendo aquí?"

"Tenía algunos asuntos abajo. Pensé en pasar para ver cómo estabas", dijo Draco, enderezando sus
túnicas y mirando su oficina. Se veía igual que siempre, aunque un poco más desordenada. Se
preguntó si eso era porque estaba estresada o porque había estado ocupada debido al baile.

Ciertamente se veía estresada, vio Draco. Se había formado un pliegue entre sus cejas y su boca
estaba apretada. Por encima de su hombro, vio El Profeta sobre su escritorio, abierto en su foto.

"No deberías estar aquí", dijo Hermione, pero no parecía particularmente enojada con él.

"¿Quieres que me vaya?" preguntó Draco en voz baja.

Atrapó un rizo que se había escapado del moño en el que había retorcido descuidadamente su
cabello en la parte posterior de su cabeza. Suavemente, metió el mechón detrás de su oreja, notando
lo quieta que ella se quedó mientras lo hacía. Parecía haber dejado de respirar.

A regañadientes, bajó la mano. Hermione tragó saliva y tomó una gran bocanada de aire.

"No es una buena idea que te quedes", dijo al fin.

"Está bien", concedió. "Solo vine para hacerte saber que hablaré con mis contactos en El Profeta,
así como con mi abogado. Haremos que impriman una retractación pronto".

Hermione suspiró con alivio ante la idea.

"Eso espero. No quiero tener que recurrir a atrapar a otra periodista en un frasco", dijo.

...
¿Perdón?_

Antes de que pudiera preguntar qué demonios había querido decir con eso, alguien llamó a la
puerta.

"¿Quién es?" preguntó Hermione, con la voz entrecortada.

Cuando resultó ser uno de sus colegas, Draco se deslizó para esconderse detrás de la puerta
mientras Hermione asomaba la cabeza para hablar con ellos.

"Lo siento, Draco, pero realmente debes irte", dijo Hermione cuando volvió a cerrar la puerta. Miró
su reloj. "Tengo que irme a una reunión en unos minutos".

"Entendido", dijo Draco. "No te retendré".

A pesar de la naturaleza de despedida de sus palabras, Draco no se movió. Hermione titubeó, como
si quisiera decir algo.

"¿Qué pasa?" finalmente preguntó, sintiéndose un poco impaciente.

Hermione frunció los labios.

"Um, supongo que solo quería preguntar... ¿si llegaste bien a casa desde el baile? Er, si todos
llegaron bien a casa", dijo tímidamente.

"Weasley está bien", dijo Draco, irritado. "Nos hicimos de palabras. Luego me fui".

Hermione no se veía muy tranquilizada, pero no iba a obtener más detalles de él sobre el tema.
Draco estaba harto de hablar de Weasley. Deseaba que Hermione simplemente se olvidara de él.
"Está bien", dijo, mirando al suelo. "Lo siento, Draco. Te dije que no vinieras porque no quería que
pasara nada de eso. Todo es mi culpa. Todo", dijo, señalando el periódico detrás de ella.

"¿Lo siento?" dijo Draco, desconcertado.

Hermione se abrazó a sí misma, luciendo un poco perdida.

"Sí, lo siento. Nunca quise..."

Él se adelantó y la atrajo hacia sus brazos, amortiguando el resto de sus palabras con la tela de su
túnica.

"Deja de disculparte, Hermione", dijo Draco. "No tienes la culpa. Son Weasley y su pequeña y
rastrera cita los que tienen que responder por todo esto, no tú".

Hermione guardó silencio mientras él la apretaba ligeramente, con los dedos apoyados suavemente
sobre su pecho. Desde que la había abrazado en el trineo en el baile, y luego bailado con ella más
tarde esa noche, Draco pensó que tal vez no podría vivir sin querer abrazar a Hermione una y otra
vez. Era como volar en una escoba por primera vez. Como conjurar una pequeña llama en una
noche fría y oscura. El mundo entero parecía centrarse donde sus cuerpos se encontraban,
encajando perfectamente.

Un reloj sonó detrás de ellos y Hermione se sobresaltó un poco en sus brazos. Se desenredó,
alisando su cabello y sus túnicas con cierto pudor. Draco se sintió un poco mareado también y, para
su consternación, más que un poco excitado. Odiaba que ella tuviera un efecto tan fuerte en él. No
era justo que quisiera a la última mujer en el mundo que alguna vez lo querría de vuelta.

"Realmente tengo que irme ahora", dijo, abriendo la puerta de la oficina. "Puedo acompañarte al
ascensor".

Afortunadamente, como la prisa matutina había disminuido, el ascensor estaba vacío cuando
entraron. Hermione presionó el botón para llevarlos a ambos al Atrio y se enfrentó a la puerta
mientras comenzaban a temblar y traquetear hacia abajo, incómodamente en silencio en el pequeño
espacio.
A Draco le molestaba el peso que se había instalado en su estómago. Algo se sentía inconcluso
aquí. Había querido hablar con ella por más tiempo, quería explicarle completamente por qué había
aparecido en el baile. Quería entender lo que pasaba por su cerebro. Más que nada, quería llevarla
de regreso a su oficina, cerrar la puerta, extenderla sobre el escritorio y mostrarle exactamente lo
que había soñado con hacerle anoche. Aunque, tenía que admitir, eso último parecía un poco fuera
de alcance.

En lugar de hablar, Draco observó cómo la flecha que indicaba el número de piso se movía
lentamente entre el seis y el siete.

Hermione extendió una mano y presionó un botón debajo del número de piso. Con un largo gemido
metálico, el ascensor se detuvo. Solo el grueso bloque de cemento que separaba los pisos era
visible más allá de la reja dorada. Confundido, Draco se volvió hacia Hermione.

"¿Qué...?"

No pudo terminar su pregunta, porque en ese momento, los brazos de Hermione rodearon sus
hombros y se puso de puntillas, presionando sus labios contra los suyos.

Por un momento, la mente de Draco no pudo procesar lo que estaba sucediendo. Sintió sus labios
sobre los suyos, cálidos, suaves y ligeramente húmedos.

Entonces algo dentro de él se rompió.

Sus brazos tomaron su cintura y la empujaron bruscamente contra la pared del ascensor,
provocando otro horrible gemido de la caja a su alrededor. Tomó su boca y la saboreó, bebiendo el
pequeño suspiro que ella dejó escapar. Sus lenguas se encontraron, y Draco dejó escapar su propio
gemido mientras se acercaba más a ella, profundizando su beso.

Estaba tenso como un arco, manteniéndose fuertemente bajo control mientras exploraba su boca.
Nunca había deseado a nadie, a _nada_, tanto como la deseaba a ella en este momento. Tomó su
labio inferior entre sus dientes, mordiéndolo ligeramente. Ella dejó escapar otro pequeño jadeo y él
sintió que su cuerpo se movía debajo del suyo, sus manos aferrándose a su cuello con
desesperación.
Cada célula de su cuerpo ardía de necesidad mientras se besaban más profundamente, más rápido.
Pensamientos salvajes y locos corrían por su mente: pensamientos sobre mantener el ascensor
suspendido entre los pisos seis y siete todo el día, pensamientos de hacer desaparecer su ropa y
hundirse juntos en el suelo.

Como si Hermione hubiera visto las imágenes sucias que se agolpaban en su cerebro, se apartó de
él, jadeando en busca de aire y empujando su pecho.

Robóticamente, Draco se alejó de Hermione, obligándose a mirar las puertas doradas del ascensor
en lugar de a ella mientras se alisaba las túnicas y regulaba su respiración. Ninguno de los dos
habló; no había nada que decir.

La oyó tragar saliva y tomar una última y firme respiración antes de presionar el botón para
reanudar el ascensor. Draco no estaba seguro de si era el ascensor o él quien temblaba mientras
descendían al Atrio.

Cuando salieron al piso principal del Ministerio, Draco encontró la mirada de Hermione una última
vez antes de separarse.

Su expresión estaba en blanco, excepto que sus ojos estaban llenos del mismo pánico y hambre
salvaje que él sentía.

Se alejó sintiéndose más ligero. Porque a juzgar por la expresión de su rostro, su tiempo juntos en
el ascensor era solo el comienzo de lo que estaba por venir.
Un Exceso de Corresponcencia

"No te preocupes por mí, mamá. Estaré perfectamente bien", dijo Hermione al teléfono que
sostenía entre su hombro y su barbilla, mientras el largo cable se balanceaba al tiempo que ella
alcanzaba una cucharita.

"¿Estás segura, cariño?" preguntó su madre con inquietud. "Odio pensar que pasarás la Navidad
completamente sola en ese apartamento vacío".

"Estaré bien, mamá. La tía Griselda te necesita. Nos reuniremos cuando regreses".

Hermione revolvió azúcar en la taza de té que se había preparado y la llevó a la diminuta mesa de la
cocina. Cambió el teléfono a su otra oreja mientras su madre divagaba.

"...debería ser sólo una o dos semanas, si se recupera bien. No me entusiasma mucho pasar la
Navidad en casa de Griselda, pero bueno, así es la vida, supongo", dijo su madre.

Hermione no lo dijo en voz alta, pero ella tampoco habría querido hacer eso. La tía abuela Griselda
vivía en una casa muy pequeña y sofocante en Brighton, tan abarrotada con su enorme colección de
muñecas de porcelana que Hermione no estaba segura de que hubiera espacio para que sus padres
durmieran en la misma habitación. No, quedarse en su propio y pequeño apartamento, aunque
estuviera sola, era mucho mejor.

La voz fuerte e irritada de alguien sonó desde el pasillo afuera de su puerta. Luego, tres fuertes
golpes retumbaron en su puerta, haciendo que Hermione se sobresaltara un poco y derramara algo
de su té.

"Eh, mamá, tengo que colgar. Alguien está en la puerta", dijo por teléfono. "Llámame cuando
llegues a casa de Griselda, ¿de acuerdo?"

Después de una breve despedida, Hermione se levantó, limpiándose un poco el té de su suéter


mientras la persona en su puerta volvía a golpear con fuerza. Al abrir, encontró a una mujer muggle
de mediana edad con el ceño fruncido.
"¿Eres Hermione Granger? 4B, esa eres tú, ¿no?" exigió la mujer.

"Ehm, ¿sí?" dijo Hermione, desconcertada.

"Bien, necesitas bajar y limpiar el desastre que has hecho en la acera", dijo la mujer con enojo.
"Está estorbando el paso a todos".

"¿Mi desastre?" preguntó Hermione, realmente confundida.

"¡Las cartas!" dijo la mujer con impaciencia. "¡Las que obviamente arrojaste por tu ventana!
¿Alguna vez has oído hablar de un bote de basura?"

"¿Cartas?" dijo Hermione, sintiéndose más estúpida a cada minuto.

"¡Cientos de ellas, todas dirigidas a Hermione Granger del apartamento 4B! ¡Y paquetes además!
Sé que es Nochebuena, pero por Dios, eso no excusa la basura. Espero que cada una de ellas haya
desaparecido para cuando vuelva a salir, o me pondré en contacto con la administración del edificio
para quejarme".

Hermione cerró la puerta y se apresuró hacia su ventana, abriendo las cortinas de un tirón.

Cuando se mudó, había colgado una jardinera fuera de esta ventana para que sirviera como un
discreto lugar para dejar el correo mágico. Hermione vio de inmediato el problema. La caja estaba
desbordada. Se apresuró a abrir la ventana y luego vació sin ceremonias las cartas en el suelo antes
de salir corriendo, todavía aferrando la jardinera. Había vislumbrado el desastre que su vecina había
mencionado. Hermione esperaba no necesitar dos viajes para subir todo.

¿De dónde demonios había salido todo este correo? Con pánico, Hermione recogió las cartas y
paquetes en la jardinera, rogando desesperadamente que ningún muggle hubiera visto las muchas
lechuzas que debían haberlo entregado todo. Con ese pensamiento, miró hacia su ventana de nuevo,
y sus ojos se abrieron de par en par cuando encontró tres lechuzas más dando vueltas sobre su
cabeza en lo alto, cada una sosteniendo más correo para ella.
Metió lo último del correo caído en su caja y regresó al interior del edificio, maldiciendo entre
dientes.

Sólo había otra ocasión en su vida en que había recibido tantas cartas a la vez, así que Hermione
tenía una buena idea de lo que estaba generando toda esta correspondencia. El artículo de Johanna.
El que la hacía parecer una especie de tentadora corrupta.

Para cuando colocó su jardinera de vuelta afuera (ahora encantada para contener toda una carga de
cartas para que nunca volviera a desbordarse) las lechuzas fuera habían aumentado a siete.
Graznaban enojadas hacia ella mientras depositaban su correo, volando en todas direcciones una
vez que terminaban.

Resignada, Hermione se volvió hacia el enorme montón de lo que sólo podía suponer era correo de
odio en el suelo de su apartamento, y dejó escapar un gran suspiro. Las cartas, todas ligeramente
diferentes en forma, grosor y caligrafía, parecían burlarse de ella desde su lugar en el suelo. Varias
de ellas parecían ser Vociferadores, vio con una mueca.

Había sido citada a una investigación en el trabajo por el desastre, a pesar de que la recaudación de
fondos para P.E.D.D.O. no había sido parte de su trabajo en el Ministerio. Seguía siendo una
violación de la ética, si lo que Johanna había escrito era cierto. Así que había pasado toda la
semana reuniendo pruebas y papeleo para defender su caso, sin mencionar el intento de mantenerse
al día con su carga habitual de trabajo.

Además de eso, había sufrido la distracción definitiva el lunes, en forma de un viaje muy inusual en
el ascensor del trabajo. Uno en el que no había podido dejar de pensar desde entonces.

Pasando por encima del montón de cartas, se dirigió de nuevo al teléfono. Si había algo que no
estaba dispuesta a hacer, era revisar todo eso ella sola. Marcó un número familiar.

"¿Hola?" dijo Harry, su voz metálica al otro lado de la línea.

"Harry, esperaba que estuvieras en casa", dijo ella, suspirando con alivio.

"Eh, no por mucho tiempo. Nos estamos preparando para ir... ehm, ir a la Madriguera", dijo
avergonzado.
Por supuesto. Ellos pasarían la Nochebuena con la familia Weasley. Su corazón se hundió al darse
cuenta de que este sería el primer año que no la habían invitado.

"Oh, um, claro", dijo, jugueteando nerviosamente con el cable del teléfono mientras hablaba.

"¿Todo está bien?" preguntó Harry.

"Bueno... no realmente", dijo Hermione, echando un vistazo a la montaña de correo en su piso.


"Esperaba solicitar tus servicios, solo por una hora más o menos".

"¿Mis servicios?" preguntó Harry, sonando completamente confundido.

"Como Auror", aclaró ella. "La gente ha estado enviando cartas desde el último artículo de
Johanna. Muchas de ellas. Y no quiero revisarlas sola, en caso de que estén malditas o algo así".

"Oh", dijo Harry, pareciendo entender. "Cierto, espera. Pasaré por allá en un momento. ¡Ginny!"

Hermione escuchó mientras la voz amortiguada de Harry le explicaba la situación a su prometida.

"¿Hermione?" dijo Ginny, evidentemente habiendo tomado el teléfono de Harry. "¿Estás recibiendo
correo de odio?"

"Eso parece", dijo Hermione. "Pero aún no he abierto ninguno".

"Está bien, Harry va a ir a revisar. Y yo voy a ir con mis padres para despellejar vivo a mi
hermano", dijo amenazadoramente.

"Dale mis saludos a Molly y Arthur", dijo Hermione, ignorando las amenazas de Ginny al pellejo
de Ron. "Deséale a todos una feliz Navidad de mi parte, ¿de acuerdo?"
"Lo haré", dijo. "Harry acaba de salir. Debería estar ahí en cualquier segundo".

Un golpe sonó en su puerta.

"Ese debe ser él", dijo. "Muchas gracias por entender, Ginny. No lo retendré mucho tiempo".

Harry parecía sombrío cuando entró a su apartamento, encontrando el montón casi de inmediato.

"Maldita sea, Hermione", dijo, examinando el tamaño de la pila.

"Lo sé", dijo ella nerviosamente, retorciéndose las manos.

Él colocó un gran maletín en el piso junto a las cartas y sacó un par de extraños instrumentos.
Aparentemente de la nada, Crookshanks salió de su escondite y se enroscó alrededor de los tobillos
de Harry, ronroneando con reconocimiento.

"Toma esto. Es un detector de secretos", dijo Harry, entregándole una extraña sonda pequeña.

Decidieron hacer dos montones: los que eran groseros pero inofensivos y seguros para arrojar al
fuego, y los que Harry se llevaría al Ministerio para evaluar amenazas a su seguridad. Hermione se
sintió agradecida cuando él sacó dos pares de guantes de piel de dragón, recordando vívidamente la
vez que había abierto una carta llena de pus de bubotubérculo sin diluir en su cuarto año. Mientras
comenzaban a clasificar, Hermione reprimió la burbuja de pánico que había estado creciendo
lentamente en su pecho durante días. Realmente había estado esperando pasar los próximos días
con sus padres, bebiendo chocolate caliente y riendo con historias de sus peores pacientes dentales.
Un escape, aunque fuera breve, hubiera sido maravilloso.

"Estos parecen estar bien", dijo Harry, agregándolos a la pila de "groseros pero inofensivos".
"Pásame ese Vociferador de ahí", dijo, señalando un sobre rojo cerca de su pie que comenzaba a
humear. Lo apiló con algunos otros y los llevó al fregadero de la cocina, ahogándolos en un chorro
de agua fría antes de que pudieran explotar. Escuchó cómo las cartas crepitaban y silbaban, débiles
gemidos e insultos ahogados burbujeando del pergamino mientras él las extinguía. Dejó de
clasificar mientras escuchaba, cediendo por un momento a la sensación de agobio y desesperanza.
"He sido una estúpida, ¿no?" dijo, manteniendo los ojos en las cartas en lugar de mirar a su amigo.

Harry no respondió, lo que le dijo todo lo que necesitaba saber.

"Debería haber sabido que esto pasaría", murmuró. "Es Malfoy, por el amor de Dios".

Harry abandonó los Vociferadores en su fregadero, dejándolos sisear enojados por su baño.

"Fue... audaz", dijo Harry, uniéndose a ella en el piso. "Pero no es tu culpa, Hermione. Es esa
estúpida mujer Johanna".

Hermione gimió y apoyó su espalda contra la pared.

"Aun así fue estúpido. Si no hubiera sido Johanna, habría sido alguien más".

Hubo una larga pausa, luego Harry pareció hacer una pregunta sobre la que había estado dudando.

"¿Lo hiciste sólo para vengarte de Ron? Ir con Malfoy, quiero decir", preguntó.

Hermione frunció los labios. Para evitar responder, recogió el detector de secretos de nuevo y
reanudó el trabajo.

Conocía la respuesta, pero no estaba segura de que a él le gustara. Harry y Draco habían sido los
peores enemigos en la escuela. Hacer que Harry entendiera cuánto había cambiado parecía
imposible. ¿Por dónde empezar?

"No me gusta, Hermione", dijo Harry en voz baja. "Incluso si no es el mismo que era en la escuela,
me cuesta imaginar que Malfoy de repente se haya convertido en un caballero de brillante
armadura".
"No lo ha hecho", dijo Hermione, mirando a Harry con pesar mientras seleccionaba las cartas. "Y
no espero que lo haga. Pero... está arrepentido. Y parece querer compensarme".

Harry levantó una ceja ante eso.

"No ha intentado compensarme a mí", señaló. "Y ciertamente no a Ron".

Tenía un punto ahí. Draco había aterrorizado a Harry peor que a nadie más en la escuela. Se
sonrojó, sintiéndose avergonzada de haber pasado eso por alto.

"No lo sé", murmuró, sin mirarlo a los ojos.

Harry lo dejó pasar después de eso, continuando clasificando las cartas en silencio.

Resultó que no todo era correo de odio. Hagrid le había enviado un pastel de frutas muy grande y
duro como una roca. Molly le envió un par de cálidos mitones de lana, una encantadora alternativa
a su habitual suéter. Harry le entregó un paquete que reconoció porque él y Ginny lo habían
enviado como regalo un día antes, que contenía -¿qué más?- libros. George le había enviado varios
productos de Sortilegios Weasley, junto con una tarjeta deseándole una feliz Navidad libre de
idiotas.

Entonces Hermione vio a Harry depositar un sobre plateado de aspecto familiar en la pila de correo
inofensivo.

Lo recogió, sintiéndose casi sin aliento.

Sus manos picaban por abrirlo de inmediato, pero no se atrevió frente a Harry. Mientras él no
miraba, lanzó un hechizo en silencio para que el sobre volara a su habitación. Lo abriría tan pronto
como él se hubiera ido.
El sensor de secretos en su mano comenzó a zumbar y vibrar salvajemente. Hermione fingió
inocencia mientras se lo entregaba a Harry, afirmando que debía estar funcionando mal.

Tardó lo que pareció una eternidad en terminar de clasificar todo, porque una vez que terminaron la
pila en su piso, Hermione vació el buzón afuera para revelar aún más que habían llegado mientras
trabajaban. Crookshanks ayudó vigilando, juzgándolos con sus inquietantemente inteligentes ojos.
Para cuando Harry empacó los amenazantes (con una severa orden de abstenerse de abrir más
correo sin él durante los próximos días) y se fue, Hermione rebotaba de emoción por abrir la carta
plateada en su habitación. Respiró hondo mientras deslizaba el pergamino y lo abría.

Hermione,

¿Qué harás para las fiestas?

DM

Desconcertada, Hermione volteó la carta para comprobar que estuviera en blanco del otro lado.
¿Por qué había enviado una misiva tan corta?

Convocó una pluma y garabateó una respuesta rápida debajo.

Había planeado visitar a mis padres, pero se han ido a cuidar a mi tía abuela Griselda. Se está
recuperando de un infarto, una enfermedad muggle.

Hermione dudó por un momento antes de escribir más. ¿Cómo decirle que no tenía planes para
Navidad sin sonar patética y solitaria? Decidió mantenerlo simple.

Estaré en casa, relajándome. ¿Cuáles son tus planes para las fiestas?

Agregó eso último para ser cortés, aunque ahora parecía un poco entrometido. Gimió para sí
misma. Estaba siendo estúpida.
Con suerte, él no se reiría de ella. O peor, la ignoraría.

Aunque, pensó Hermione mientras lo enrollaba, él no la había ignorado en el Ministerio el otro día.
Todo lo contrario.

El golpeteo de su lechuza, Ivo, llegó justo cuando Hermione se había metido en la cama por la
noche. Lo dejó entrar, con el estómago revuelto al ver una respuesta de Draco atada a su pata. Lo
desenrolló mientras caminaba de regreso a su habitación, encendiendo la lámpara cerca de su
mesita de noche mientras se metía entre las cálidas sábanas.

Hermione,

Sé que esto es con poca antelación. Por favor, no lo pienses dos veces antes de decir que no.

Mi madre leyó el artículo del Profeta sobre nosotros. Le expliqué que básicamente eran todo
mentiras, que sólo somos amigos. Pero quiere que vengas a cenar en Navidad. Dice que no
aceptará un no por respuesta, pero yo sí lo haré. La Mansión Malfoy es probablemente el último
lugar donde quieres pasar las fiestas. Me hizo prometer que te lo pediría, así que lo hago.

DM

P.D. Me doy cuenta de que eso suena como si no quisiera que vinieras. No es eso.

Había varias palabras fuertemente tachadas, luego

Sólo responde como quieras.


Un Milagro Navideño

Draco se sentía del diablo. Aparecer en la casa familiar solo logró empeorar su estado, haciéndolo
vomitar en un arbusto mientras tambaleaba por el camino a la entrada. Miró hacia arriba a la
imponente fachada de la casa de su infancia, y su estado de ánimo oscureció aún más.

La residencia ancestral de los Malfoy había dejado de ser el hogar de Draco por un buen tiempo.
Odiaba la idea de que su madre viviera sola allí, llorando a su hermana muerta y a su esposo
encarcelado en esa gigantesca mansión con corrientes de aire. Pero no había capaz de soportar la
idea de quedarse. Recuerdos aterradores estaban ligados al lugar, atormentándolo particularmente
por las noches.

Copos de nieve comenzaron a girar con el viento mientras caminaba. Para cuando llegó a la puerta
principal, preguntándose si debería tocar o simplemente entrar, apenas y había logrado componer su
rostro en una expresión pasablemente estoica.

Decidió simplemente entrar y anunciarse.

Su madre no estaba a la vista. Se dirigió a la sala de estar para esperarla.

Ella había decorado un poco, se dio cuenta haciendo una mueca. Oropel plateado brillaba desde un
árbol delgado en la esquina. Dos botas blancas colgaban de la repisa de la chimenea, y se dio
cuenta con un dejo de amargura que su madre debía haber tomado la decisión de no colgar la de su
padre. Quizás finalmente estaba renunciando a que él volvería a casa.

Él sabía que ella lo visitaba en Azkaban. El lugar era diferente ahora que no estaba infestado de
Dementores, pero seguía siendo terriblemente deprimente. Él había ido con ella, solo una vez, hace
unos años. Ver a su padre, desaliñado, con la mirada vidriosa, abatido, divagando patéticamente
sobre sus planes para demostrar su inocencia y salir libre, mientras maldecía a los traidores de la
sangre que lo habían sentenciado allí, lo había hecho sentirse enfermo. Le había tomado varios días
recuperarse de la subsecuente borrachera, lo que le había hecho jurar no volver a ese lugar. De vez
en cuando, una carta de su padre aparecía. Responder le resultaba... difícil de manejar.

"Cariño", lo saludó su madre cuando entró a la habitación.


Estaba tan arreglada como siempre, su apariencia impecable cubriendo cada rastro de la melancolía
que sabía que se ocultaba detrás de la máscara. Ella notó de inmediato las sombras bajo sus ojos y
su ánimo tormentoso. Ella lanzó su mirada más allá de él, echando un vistazo alrededor de la
habitación.

"¿Ella no vendrá?", adivinó.

Draco tragó saliva y negó con la cabeza bruscamente, no confiando en su capacidad para hablar.

A decir verdad, había pensado que Hermione diría algo. Esperaba que enviara sus excusas y
disculpas, que le dijera que había hecho planes de último momento con Potter, o que nunca más
quería poner un pie en su maldita casa. Cualquier cosa habría sido suficiente. En cambio, se había
quedado despierto toda la noche, angustiado y caminando de un lado a otro, comenzando varias
cartas más para ella antes de arrojarlas al fuego. Había revisado obsesivamente su ventana,
entornando los ojos para buscar a su lechuza. Incluso en un par de ocasiones, había decidido
simplemente aparecerse en su casa y exigir una respuesta en persona, solo para darse cuenta que no
sabía dónde vivía. Se quería maldecir a sí mismo por esa obvia omisión.

Al final, el sol había vuelto a salir y su respuesta no había llegado, y él se había rendido albergando
sensación extraña y pesada en su pecho. Vaya con los milagros de navidad.

Su madre se veía decepcionada, pero apartó la mirada para ocultarlo.

"Me lo imaginaba", espetó. "Modales muggles, supongo".

"Madre", escupió Draco, apretando los dientes de rabia. "Por favor, no."

Su madre le hizo frente, con aspecto de querer decir algo. Él esperó, frunciendo el ceño.

Al final, pareció decidir no pelear con su hijo en Navidad.

“In any case,” she said, looking away. “It’s probably for the best. After that article, it might be
better for the Malfoy name if you stay away from her.”
Draco rodó los ojos.

“Tú eres la que dijo que querías que la invitara,” le recordó, odiando lo infantil que sonaba. “¿No
habías dicho que ella podía ayudar a rehabilitar mi reputación?

Draco estuvo a punto de negarse a invitar a Hermione después de que su madre había dicho eso.
Usarla de un modo tan descarado lo hacía sentir repugnante, como si Weasley hubiera estado en lo
correcto acerca de él. Pero, al final, se había decidido por enviar la invitación. Ya fuera porque su
madre tenía razón, o porque sentía una necesidad completamente apabullante por verla de nuevo,
no quería admitirlo.

“Solo lo sugerí para probar un punto,” le regresó. “Y estaba en lo correcto, ¿no? Ella no merece tu
tiempo, amor. Existen otros contactos que puedes hacer en el Ministerio. Unos mucho mejores. Le
diré a tu padre que te escriba y…”

“No te molestes,” gruñó Draco. “Estoy mejor si su ayuda.”

Las fosas nasales de su madre se expandieron ante su impertinencia, pero Draco estaba demasiado
enojado para que le importara. El silencio se extendió entre ellos, drenando hasta la última gota de
alegría navideña de la ya de por sí escasamente decorada habitación.

Hubo un tiempo en que Draco admiraba a su padre con algo cercano a la adoración. Había querido
ser como él: influyente e intocable. Pero en los últimos años, la verdadera naturaleza de Lucius
Malfoy había quedado expuesta de la peor manera, y Draco había perdido todo rastro de respeto
hacia él. Fue entonces cuando se comprometió a desaprender todo lo que su padre le había
enseñado, pero la amargura de ese esfuerzo había comenzado a agriar también su relación con su
madre.

Ella cerró los ojos, claramente luchando contra el impulso de gritarle.

"Draco, cariño. Por favor. No hablemos de tu padre el día de hoy".

Draco se mordió la lengua, queriendo reclamarle que había sido ella quien lo había mencionado en
primer lugar. Algo en este lugar lo hacía sentir como un niño indefenso y quejumbroso
nuevamente. Lo odiaba.
"Ejem. Señora. Amo Malfoy", chilló la voz de un elfo doméstico desde la puerta. Draco no había
notado que la diminuta criatura había entrado. "Ha llegado una visita".

El estómago de Draco dio un vuelco. No podía ser. Ella no aparecería sin avisar.

¿O sí?

"Ah, Rodolphus", dijo su madre con suavidad, dando la bienvenida a su tío a la habitación.

Él tenía una sonrisa tensa, asintiendo brevemente hacia Draco, quien no se molestó en devolver el
gesto.

"Hola, Narcissa. Draco", saludó con suavidad. "Feliz Navidad para ambos".

Su madre le dio un beso en la mejilla, indicándole que se sentara. Rodolphus declinó.

"Me temo que no puedo quedarme mucho", dijo. "Sólo vine a saludar y a darte esto".

Sacó un paquete envuelto en papel marrón y se lo entregó a la madre de Draco. Dentro había una
foto de Bellatrix, mirando con altivez desde el marco a través de una maraña de rizos salvajes,
golpeando impacientemente su varita contra su brazo.

Su madre le agradeció con efusividad por la foto de su hermana, abrazándolo. Draco guardó
silencio, deseando ansiosamente una copa de brandy.

Todo esto se sentía mal. Mal que estuviera aquí en este horrible lugar, con su madre y su tío
llorando por una foto de la mujer que, no hace mucho, había torturado a su otra invitada casi hasta
la muerte. Había sido estúpido de su parte invitar a Hermione aquí, a este lugar precisamente. Por
supuesto que no vendría. Probablemente se había sentido insultada por la mera sugerencia. O
aterrorizada.

Dios, la idea de que la había asustado hizo que sus puños se apretaran sin pensarlo.
Cuando su tío se marchó, Draco decidió en silencio hacer lo mismo, tan pronto como fuera posible.
Inventaría una excusa antes del postre y saldría de aquí.

Siguió a su madre al comedor a regañadientes, repasando mentalmente razones ficticias para irse.

Cuando se sentaron, el elfo doméstico regresó al comedor.

"Señora. Amo. Ha llegado otro invitado".

Draco sabía que era mejor no hacerse ilusiones esta vez. Sería otro de sus malditos parientes,
llegando para compadecer a su madre y llorar a su tía. Bebió de su cáliz de agua mientras su madre
seguía al elfo de regreso al pasillo para ver quién había llegado. Por un momento, consideró
transformar el agua en algo mucho más fuerte, sólo para hacer soportable la velada.

Cuando ella regresó, alguien entró detrás, y los ojos de Draco se posaron en la invitada por encima
del borde de su cáliz.

"Hola", dijo Hermione con voz tímida, sonriendo nerviosamente. Estaba parada en la puerta con un
suéter beige, una bufanda roja y sosteniendo un ramo de rosas navideñas.

Draco se atragantó, derramando la mitad de su agua en sí mismo. Tosiendo y escupiendo, se alejó


de la mesa, secándose mientras su rostro se acaloraba. Secó el agua con su varita y se aclaró la
garganta, sintiéndose muy torpe y escandaloso mientras se ponía de pie para saludarla.

"Hermione", dijo, con la voz un poco ronca. Volvió a aclararse la garganta con timidez. Para su
vergüenza, notó la insinuación de una sonrisa en el rostro de ella.

"Por favor, tome asiento, señorita Granger", dijo su madre con amabilidad. "Estamos muy
complacidos de que haya venido. Y estas rosas son simplemente encantadoras".
Un elfo doméstico vino a tomar el arreglo de rosas rojas y blancas que Hermione había traído,
inclinándose y prometiendo encontrar un jarrón adecuado para ellas. Luego retiró el asiento
directamente frente a Draco para que ella se sentara. Mordiéndose el labio, Hermione se sentó,
luego se volvió hacia el elfo y audazmente le agradeció. También le preguntó su nombre,
entablando una breve conversación sobre sus condiciones de trabajo. La madre de Draco tenía una
expresión tensa, ocultando mal su desaprobación ante el hecho de que su invitada mostrara mayor
deferencia a la servidumbre que a ella. Draco no pudo contener su humor, sonriendo en su vaso
mientras tomaba un sorbo de agua para calmarse.

Después de todo, esta noche podría no ser tan mala.


El Apellido Malfoy

Las manos de Hermione temblaban un poco mientras daba un sorbo a su copa de vino élfico.

Había pasado la última hora oscilando entre decidir levantarse y simplemente ir, o acobardarse y
pedir comida para llevar en casa.

La decisión la tomaron por ella al recibir una nota de la señora Weasley ofreciéndole una invitación
para unirse a ellos, claramente por lástima. El mensaje prometía que mantendría a Ron bien
portado, porque nadie debería estar solo en Navidad. Le costó bastante contener la ira en su tono
cuando respondió que tendría que declinar, ya que tenía otros planes para el día.

Pero incluso si despreciaba la lástima insultante y el silencio solitario de su departamento,


Hermione sabía que no habría venido hoy si no fuera por un cierto, angustiante y desesperado
sentimiento en su pecho. Quería volver a verlo. Quería escuchar lo que tenía que decir sobre su
beso. Era un deseo tan fuerte que la obligaba a presentarse y romper el juramento que había hecho
alguna vez de jamás regresar a ese horrible lugar.

Todavía tenía pesadillas ocasionalmente sobre la Mansión Malfoy. Los ojos enloquecidos de
Bellatrix y los dientes al descubierto habían quedado grabados en su memoria, al igual que sus
gritos y el dolor. Sus horribles recuerdos, y los de probablemente muchas, muchas más personas,
estaban incrustados en cada pedazo de mármol y cristal de esta antigua mansión, indelebles y
perdurables.

Y Draco había crecido ahí. Eso explicaba muchas cosas.

Había leído su invitación tantas veces, había memorizado sus palabras nerviosas, luego había visto
más allá de ellas.

La extrañaba, estaba segura de ello. Tal vez la necesitaba. Si ella tuviera que a esa casa en las
vacaciones, también habría querido que un amigo viniera.

Así que aquí estaba, en el enorme (y casi vacío) comedor de Mansión Malfoy, comiendo pato al
horno y papas asadas con personas que una vez la habían mirado como si ella fuera inferior a una
mancha en sus zapatos, ahora como invitada de honor.

Draco lucía... bueno, terrible. Aunque sus ojos brillaban con un deleitoso humor cuando la miraba,
parecía pálido y sin color, aunque tal vez fuera la luz de las extrañas velas verdosas que iluminaban
su hogar. Pero las ojeras oscuras bajo sus ojos, su mentón sin rasurar, su postura tensa... eso era
inconfundible. Más de una vez, sintió un fuerte impulso de cruzar al otro lado de la mesa, abrazarlo
fuertemente y exigirle que le dijera qué le pasaba.

Curioso, pensó. Solo ayer, había estado ahogada en la autocompasión, el estrés y correos de odio.
Pero en el momento en que vio a Draco, todo en lo que podía pensar era si estaba bien o no.

"Así que, señorita Granger", dijo la señora Malfoy, interrumpiendo los pensamientos de Hermione.
Avergonzada, apartó la mirada de Draco, dándose cuenta de que lo había estado mirando fijamente.
"¿Está llevando todo bien? ¿Después de ese espantoso artículo en el Profeta?"

Hermione se mordió el labio, considerando cómo responder.

"Las cosas han sido un poco... difíciles." Un eufemismo. "Pero estoy segura de que pronto se
calmarán lo suficiente."

Narcissa levantó una ceja.

"Admito que me sorprendió ver un collar muy familiar en esa foto de ustedes dos", insinuó con un
dejo de desprecio.

Draco habló entonces, lo cual era bueno, considerando que Hermione no tenía ni idea de cómo
responderle.

"Elegí bien", dijo desafiante. "Le quedaba estupendamente."

Hermione se sonrojó, su estómago dándole vueltas curiosas. Sintiéndose atónita ante sus palabras.
Halagarla en voz alta frente a sus amigos era una cosa, pero defenderla de su madre en privado era
completamente diferente. Narcissa parecía estar calculando sus próximas palabras con mucho
cuidado.

"Me sorprendió, eso es todo", dijo, dando un sorbo a su bebida. "Se veía encantadora, estoy de
acuerdo."

Satisfecho, Draco volvió a su comida mientras su madre continuaba.

"Las acusaciones de un romance fueron desafortunadas, pero tal vez una vez que se calmen, toda la
situación podría resultar en beneficio mutuo", dijo.

Hermione parpadeó, entendiendo el subtexto después de ver de reojo a Draco, quien se había
quedado inmóvil y miraba a su madre con ojos asesinos. Habían discutido esto antes entre ellos.
Hermione masticó un bocado de comida lentamente antes de responder, considerando
cuidadosamente su respuesta.

"No estoy segura de entender lo que quieres decir, señora Malfoy", dijo cautelosamente Hermione.
"Si bien, puedo ver que mi asociación pública con Draco podría mejorar su reputación como ex
Mortífago, no veo cómo me beneficiaría a mí a cambio."

Su franqueza había causado el impacto deseado. Los ojos de Draco se abrieron de par en par,
mientras que los de Narcissa se estrecharon.

"¿Está acusando a mi hijo de manchar su reputación?" preguntó peligrosamente.

"Por supuesto que no. La culpa de eso es exclusivamente de Johanna", dijo Hermione de manera
objetiva. "Pero incluso si ella no hubiera publicado esas mentiras, dudo que ser vista con Draco me
beneficiara mucho a mí."

Los ojos de Draco se movían de un lado a otro entre Hermione y su madre, observándolas a ambas
de cerca. Narcissa parecía estar reevaluando a Hermione, como si hubiera pasado alguna especie de
prueba. Hermione dio un bocado satisfecho a una papa asada, sabiendo que había hecho un buen
punto. Narcissa claramente planeaba usarla para ayudar a la imagen de su hijo, y Hermione quería
que la mujer supiera que ella no era ningún peón.
"Draco, querido", dijo su madre, volviéndose hacia él con un cambio abrupto de tono. "¿Escribiste
a Barnabas Cuff sobre todo esto?"

"No, Cuff renunció hace un tiempo", respondió Draco rápidamente. "Ahora es Selevas Amagus. Lo
visité a principios de esta semana."

"¿Selevas?" Narcissa dijo con sorpresa. "¿Preguntaste por su esposa?"

Draco asintió con brusquedad. "Deberías esperar una invitación para visitarla pronto."

"Bien", dijo Narcissa con una pequeña sonrisa. "¿Y Selevas?"

"Se imprimirá una retractación completa este domingo", informó Draco sucintamente. "Y Johanna
ha sido puesta en licencia."

La boca de Hermione se abrió. ¿Podía ser verdad eso? ¿Por qué no le había dicho nada?

Con una sonrisa satisfecha, Narcissa volvió la mirada hacia Hermione.

"Como puede ver, querida, el nombre Malfoy sigue teniendo peso en la comunidad mágica", dijo,
dando un bocado de comida y tocándose primamente los labios con su servilleta. "La amistad con
mi hijo, ya sea pública o no, viene con enormes privilegios. Sería bueno que lo recordara."

Hermione tuvo un recuerdo repentino de su primer día en Hogwarts, cuando había observado cómo
un pequeño Draco de once años ofrecía orgullosamente su amistad a Harry. De repente, se preguntó
si había calculado mal su decisión de venir aquí. La asociación con la familia Malfoy seguramente
no vendría sin condiciones. ¿Valía la pena el riesgo?

Narcissa cambió de tema cuando llegó el postre, y Hermione se sintió agradecida por el respiro.
Tenía mucho en qué pensar.
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"Gracias por invitarme hoy, señora Malfoy", dijo Hermione con una sonrisa. "Fue encantador."

"Por supuesto, querida. Estoy tan contenta de que haya venido", dijo Narcissa, un poco demasiado
dulcemente. "Espero verla de nuevo."

Hermione asintió, notando la insinuación. Necesitaba hablar con Draco, a solas.

Un elfo le trajo su abrigo, y ella le agradeció llamándolo por su nombre mientras lo tomaba.

"Te veré afuera", dijo Draco en voz baja. "También me voy a casa."

Ella lo miró, preguntándose qué estaría pensando. No había dicho mucho durante toda la noche,
prefiriendo dejar que su madre dirigiera la conversación. Miró a Narcissa y la encontró un poco
molesta y amarga. No estaba segura de querer saber por qué.

Tan pronto como él la llevó al pasillo, ella tomó su brazo.

"Er, Draco", dijo en voz baja, mirando hacia atrás para asegurarse de que su madre no pudiera
escuchar. "¿Hay algún lugar donde podamos hablar? ¿A solas?"

Draco levantó una ceja pero no dijo nada. Miró alrededor para asegurarse de que estaban solos,
luego tomó su mano y la condujo a través de un arco y subieron una gran escalera de mármol. Ella
no se atrevió a preguntar a dónde la llevaba, pero pronto quedó claro cuando la hizo pasar a lo que
era inconfundiblemente su habitación de la infancia.

Hermione miró con curiosidad mientras él encendía una lámpara. Una gran ventana daba a los
terrenos detrás de su casa, la capa de nieve retrocediendo lejos en la espesa oscuridad. Terciopelo
plateado cubría la enorme cama que dominaba el espacio, aunque el resto del cuarto estaba
relativamente vacío. Obviamente, había sido despejado cuando se mudó.
Draco se sentó al pie de la cama, indicándole en silencio que se sentara donde quisiera. Ella se posó
en la otra esquina, incómodamente consciente de cuán solos estaban. Sin ser llamados, recuerdos de
lo que habían hecho la última vez que estuvieron a solas acudieron a su mente. Cruzó las piernas,
sintiéndose de repente un poco inquieta y agitada.

"¿De qué querías hablar?" preguntó él, su voz tranquila rompiendo el cálido silencio entre ellos. La
luz de la lámpara proyectaba sombras profundas en su rostro, dificultando que ella distinguiera su
expresión.

¿Por dónde empezar? Su madre parecía pensar que debían salir abiertamente, si Hermione había
interpretado correctamente su conversación en la cena. ¿Cómo se sentía él al respecto? ¿Pensaba
que era una buena idea? Si era así, ¿realmente quería salir con ella, o solo estaba tratando de
mejorar su reputación, como su madre había insinuado?

Y más que nada, quería preguntarle sobre su beso en el Ministerio. ¿Se arrepentía? No estaba
segura si ella lo estaba.

Respiró hondo.

"Um, entonces... ¿Johanna está de permiso?" preguntó tímidamente, comenzando con el tema que
menos la asustaba.

"Selevas Amagus es el editor en jefe. Me aseguró que se encargaría de ella", dijo simplemente.

"¿Cómo lograste eso?" preguntó.

Draco se encogió de hombros impasible.

"Los Malfoy tienden a obtener lo que quieren", fue todo lo que dijo.

De hecho, pensó Hermione con ironía.


"Bueno, es un paso en la dirección correcta, pero una retractación no va a revertir completamente el
daño que hizo. Me han citado para una investigación en el trabajo, y luego está la comunidad
mágica en general". Suspiró, la abrumadora sensación de los últimos días la invadió una vez más.

"Testificaré por ti en la investigación", dijo Draco. "Y en cuanto al público, ¿a quién le importa? No
es asunto de ellos con quién sales".

Hermione sintió que un rubor de enojo comenzaba a subir por sus mejillas. Él no parecía importarle
en absoluto. Puso los ojos en blanco con desdén.

"Claro, bueno, supongo que como no soy una Malfoy, las cosas no se acomodan así nomás para
mí", dijo acaloradamente.

"No seas ridícula, Hermione. No es eso lo que quise decir", dijo Draco con desprecio.

"No, creo que es exactamente lo que quisiste decir", escupió Hermione, enfrentándolo
completamente. "No lo entiendes, Draco. ¿Y por qué lo harías? ¡No es como si tuvieras que
preocuparte de que Witch Weekly envíe fotógrafos a perseguirte cada vez que sales de tu
departamento, esperando atraparte haciendo algo vergonzoso! ¡No es como si te fueran a despedir
del trabajo que te has esforzado incansablemente por ganar, año tras año, solo porque alguien
esparció el rumor de que le fuiste infiel a tu novio! Y," dijo con fuerza, poniéndose de pie y alzando
la voz para evitar que la interrumpiera, "¡No es como si tuvieras que llamar a un Auror para que
venga a tu departamento porque has recibido cientos de cartas desagradables y tienes que separar
las que solo te dicen que te mates de las que abiertamente amenazan tu vida!"

Draco se veía consternado.

"¿Has recibido amenazas de muerte?" gruñó.

"¡Por supuesto que sí, idiota arrogante!" siseó ella. "¡Soy una maldita mujer! Y soy hija de
muggles. Esta ni siquiera es la primera vez que lidio con esto, y probablemente no será la última.
Entonces, para responder a tu pregunta, ¿a quién le importa? ¡A mí me importa! Estamos hablando
de mi vida".
Hermione respiraba con dificultad cuando terminó, humeando de ira, los ojos llenándose
rápidamente de lágrimas de enojo.

Draco la miró por un momento, con los ojos muy abiertos. Luego bajó la mirada, sus hombros
hundiéndose con vergüenza.

"Dios, Hermione... no tenía idea", dijo en voz baja. "Desearía que me hubieras dicho. Habría hecho
algo".

Ella puso los ojos en blanco nuevamente.

"¿Hecho qué?" preguntó ácidamente. "No puedes controlar lo que la gente piensa de mí, lo que
dicen. Todo lo que te estoy pidiendo que hagas, Draco, es tratar de ver las cosas desde mi
perspectiva. No todos pueden simplemente tirar unas cuantas bolsas de galeones con algunas
amenazas veladas y obtener lo que quieren".

En el momento en que eso salió de sus labios, se arrepintió. Cerró los ojos, deseando poder
retirarlo.

La mandíbula de él se tensó, y también se levantó de la cama.

"¿Crees que obtengo lo que quiero?" siseó. "¡No tienes idea de cómo es mi vida!"

Hermione suspiró ante eso. No estaban llegando a ninguna parte.

Y pensar que había entrado en esta habitación con pensamientos de un tipo de calor muy diferente
entre los dos. Ahora, todos esos imaginarios se habían convertido en cenizas.

Había sido estúpido pensar que él podría preocuparse por ella. Claramente, una asociación
potencial entre ellos nunca funcionaría.
Un silencio tenso se extendió entre ellos, y Hermione decidió que era hora de irse. Se dio la vuelta
y se dirigió a la puerta.

"Feliz Navidad, Malfoy", dijo sombríamente. "Gracias por todo lo que has hecho, de verdad, pero
creo que es mejor que terminemos las cosas aquí, antes de que empeoremos todo".

Salió al oscuro pasillo y bajó la escalera de mármol, ignorando a Draco que la seguía de cerca. Se
sentía tan enojada que tomó el primer giro a la derecha que apareció, sin molestarse en detenerse a
tratar de recordar el camino por el que habían venido. Mientras entraba a una gran habitación,
Draco la tomó de la mano para alejarla.

Entonces se dio cuenta de dónde estaba, y el pavor le robó el aliento.

Sus pies se detuvieron, los recuerdos se derrumbaron sobre ella como una avalancha. El candelabro
de cristal brillaba sobre ella, luciendo exactamente igual que el día en que había yacido debajo,
gritando por piedad, aferrándose desesperadamente a su cordura mientras esperaba otra explosión
de dolor inimaginable. Esta era la habitación. Donde Dobby había sido golpeado por el cuchillo que
lo mató. El cuarto donde había sido torturada casi hasta la muerte.

El miedo tomó entre sus garras. Estaba de vuelta. Justo de vuelta donde había comenzado, en el
cuarto donde había estado segura de que iba a morir.

Un sudor frío la cubrió por completo y sus rodillas se debilitaron.

A lo lejos, escuchó a alguien decir su nombre.

Se sobresaltó cuando unas manos firmes tomaron su rostro, apartando su mirada de la lámpara.

Ojos plateados llenos de pánico llenaron su visión.

"Hermione", dijo Draco, su voz atravesando la niebla de su miedo. "¿Qué pasa?"


"Fuera..." dijo ella, su voz débil y entrecortada. "Sácame de aquí".

El brazo de él rodeó su cintura, la fuerza de su peso finalmente arrastró sus pies hacia adelante
nuevamente. La sacó de la habitación, luego de la casa y hacia el sendero de grava cubierto de
nieve, manteniéndola estable mientras ella se concentraba en respirar normalmente. El aire frío de
la noche disipó el miedo como un bálsamo, calmándola casi tanto como los firmes brazos de Draco.

"Dime dónde vives", exigió. "Te llevaré a casa".

Todavía desorientada, Hermione frunció el ceño.

"N-no. Puedo hacerlo yo misma", protestó.

"No seas tonta, Hermione", gruñó Draco. "No dejaré que te aparezcas así. Te llevaré a casa y punto.
Si no me dices dónde vives", dijo, interrumpiéndola antes de que pudiera protestar nuevamente,
"simplemente te llevaré a mi casa. Pero de cualquier manera, no te dejaré".

Su agarre sobre ella se apretó como para subrayar esa declaración con autoridad.

Debería alejarlo. Debería sacar su varita y quitarse sus manos de encima. Hacer valer los límites
que claramente necesitaban. Todavía estaba enojada con él, a pesar de la forma en que su toque
parecía derretirla. Su rostro estaba cerca del de ella, la mandíbula apretada y los ojos duros, sin
dejar lugar a negociación. Estaba atrapada entre el conocimiento de que debería apartarse y el
ardiente deseo de inclinarse y presionar sus labios contra los de él.

En cambio, se encontró recitando aturdida su dirección.

Y antes de que Hermione pudiera arrepentirse, desaparecieron.


End Notes

¡Hola! Esta es la primera vez que traduzco un fanfic. Originalmente, pensaba empezar con algo
pequeño, pero Sin (la increíble autora de este fic) me preguntó si estaba dispuesta a traducir un
trabajo de más o menos 200k palabras y como estoy leyendo Meet Me In Dreamland (un WIP de
ella con el que estoy actualmente obsesionada, y que recomiendo mucho sigan
https://archiveofourown.org/works/50510668?view_full_work=true ), no me pude negar al honor
de traducir un trabajo de ella :D

Estoy pensando en subir dos capítulos a la semana, pero ya iremos viendo cómo si logro cumplir la
meta o si hace falta reajustar tiempos de entrega.

También tengo por ahí en mi cabeza un par de ideas para unos One-shots que espero atreverme a
escribir, así que quizá por acá les avise!

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