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2024 Cuentos de Terror

El cuento 'El almohadón de plumas' de Horacio Quiroga narra la historia de Alicia, una joven que sufre una misteriosa enfermedad que la lleva a la muerte, mientras su esposo Jordán permanece mudo y distante. A medida que su salud se deteriora, se descubre que un parásito en su almohadón ha estado succionando su sangre, lo que explica su debilitamiento. El relato explora temas de amor, soledad y horror en un ambiente opresivo.

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2024 Cuentos de Terror

El cuento 'El almohadón de plumas' de Horacio Quiroga narra la historia de Alicia, una joven que sufre una misteriosa enfermedad que la lleva a la muerte, mientras su esposo Jordán permanece mudo y distante. A medida que su salud se deteriora, se descubre que un parásito en su almohadón ha estado succionando su sangre, lo que explica su debilitamiento. El relato explora temas de amor, soledad y horror en un ambiente opresivo.

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2024 CUENTOS DE TERROR-

TRABAJO PRACTICO N° 1
Lectura: “El almohadón de plumas” Horacio Quiroga
Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus
soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento
cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán,
mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.
Durante tres meses -se habían casado en abril- vivieron una dicha especial.
Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta
ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.
La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso - frisos,
columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo
glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de
desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo
abandono hubiera sensibilizado su resonancia.
En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un
velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta
que llegaba su marido.
No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y
días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba
indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y
Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto
callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y
aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.
Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de
Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absoluto.
-No sé -le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja-. Tiene una gran debilidad que no
me explico, y sin vómitos, nada… Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.
Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatose una anemia de marcha agudísima,
completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo
el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el
menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida.
Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos.
A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer
cada vez que caminaba en su dirección.
Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron
luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la
alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando
fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.
-¡Jordán! ¡Jordán! -clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.
Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.
-¡Soy yo, Alicia, soy yo!
Alicia lo miró con extravío, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta
confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola
temblando.
Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos,
que tenía fijos en ella los ojos.
Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose
día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor
mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en
silencio y siguieron al comedor.
-Pst… -se encogió de hombros desalentado su médico-. Es un caso serio… poco hay que hacer…
-¡Sólo eso me faltaba! -resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.
Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las
primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en
síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía
siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima.
Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso
que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron
en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.
Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban
fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más
que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.
Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato
extrañada el almohadón.
-¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre. Jordán se
acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que
había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.
Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del
hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.
-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.
-Levántelo a la luz -le dijo Jordán.
La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando.
Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.
-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.
-Pesa mucho -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.
Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán
cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror
con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las
plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y
viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.
Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca -su
trompa, mejor dicho- a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible.
La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo, pero desde que la joven no
pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.
Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones
proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro
hallarlos en los almohadones de pluma.

Vocabulario: Busca el significado de los siguientes términos:


Bandó: Parte del cabello que en un peinado femenino cubre la sien.
Frisos – Estupefacta – Antropoide – Estupor- Remitía - Crispadas –
2. A continuación, contesta las siguientes preguntas:
a) Describe a los personajes del cuento.
b) ¿Dónde suceden los hechos?
c) ¿En cuánto tiempo se desarrollan los hechos?
d) ¿Por qué en el texto se menciona que Alicia solo se agravaba de noche?
e) Imagínate que eres Alicia o Jordán, ¿cómo habrías enfrentado tú los sentimientos que cada uno
manifestó hacia el otro?
f) ¿Qué sensaciones te provocó la lectura del cuento?
g) ¿Crees que el título “El almohadón de plumas” fue apropiado? ¿Por qué?
3. Lee los acontecimientos del texto y ordénalos en una secuencia coherente, escribiendo los números
del 1 al 6.
……..Alicia siguió empeorando, se veía que iba hacia la muerte, sin que el médico supiera de qué
enfermedad se trataba.
……..Descubren que en el almohadón había un animal monstruoso que le chupaba la sangre todas las
noches a Alicia. En cinco días, había vaciado a la mujer.
……..Por el día su enfermedad no avanzaba, pero cuando se levantaba aparecía cada vez más pálida.
Los dos días finales deliró sin cesar a media voz hasta que murió.
…….. Viven en una casa escalofriante y majestuosa en la que Alicia pasaba el tiempo sola hasta que
llegaba su marido. Así empezó a adelgazar hasta el punto de que un día tuvo que salir al jardín
apoyada en el brazo su marido. ……..Un matrimonio joven formado por Alicia, una joven angelical, y
Jordan. Ambos están enamorados.
……..Cuando la sirvienta estaba arreglando la habitación, al hacer la cama se fijó en el almohadón,
llamó al señor por haber observado pequeñas manchas de sangre.

Chequeo de la comprensión:
4. Ahora, contesta las siguientes preguntas marcando la alternativa correcta:
• ¿En el cuento presentado coinciden el tiempo de la historia con el tiempo del relato?
a) Sí, pues las acciones siguen un orden lógico.
b) Sí, porque el narrador cuenta la historia de principio a fin.
c) No, pues el narrador comienza desde la mitad de la historia.
d) No, porque al final se explica la acción que desencadena toda la historia.
• ¿Qué efecto quiere lograr el autor con el tiempo del relato?
a) Quiere recrear los hechos como una crónica policial.
b) Intenta crear falsas expectativas sobre el final del cuento.
c) Desea ser fiel a cómo sucedieron los hechos en la realidad.
d) Pretende lograr un efecto de intriga en el desarrollo de la narración.
• Extraer un fragmento que describa la casa de la pareja y otro al parásito de las aves.

5. Escribe un nuevo final para este texto, ten en cuenta el mismo ambiente, personajes y tipo de
narrador.
TRABAJO PRACTICO N° 2
1. Lectura: “Tiempo libre” Guillermo Samperio. En “Cuentos Extraños”
Todas las mañanas compro el periódico y todas las mañanas, al leerlo, me mancho los dedos con tinta. Nunca me ha
importado ensuciármelos con tal de estar al día en las noticias.

Pero esta mañana sentí un gran malestar apenas toqué el periódico. Creí que solamente se trataba de uno de mis
acostumbrados mareos. Pagué el importe del diario y regresé a mi casa. Mi esposa había salido de compras. Me
acomodé en mi sillón favorito, encendí un cigarro y me puse a leer la primera página. Luego de enterarme de que el
jet se había desplomado, volví a sentirme mal; vi mis dedos y los encontré más tiznados que de costumbre. Con un
dolor de cabeza terrible, fui al baño, me lavé las manos con toda la calma y, ya tranquilo, regresé al sillón. Cuando
iba a tomar mi cigarro, descubrí que una mancha negra cubría mis dedos. De inmediato retorné al baño, me tallé con
zacate, piedra pómez y, finalmente, me lavé con blanqueador; pero el intento fue inútil, porque la mancha creció y
me invadió hasta los codos. Ahora, más preocupado que molesto, llamé al doctor y me recomendó que lo mejor era
que tomara unas vacaciones, o que durmiera.

Después, llamé a las oficinas del periódico para elevar mi más rotunda protesta; me contestó una voz de mujer, que
solamente me insultó y me trató de loco. En el momento en que hablaba por teléfono, me di cuenta de que, en
realidad, no se trataba de una mancha, sino de un número infinito de letras pequeñísimas, apeñuscadas, como una
inquieta multitud de hormigas negras.

Cuando colgué, las letritas habían avanzado ya hasta mi cintura. Asustado, corrí hacia la puerta de entrada; pero,
antes de poder abrirla, me flaquearon las piernas y caí estrepitosamente. Tirado bocarriba descubrí que, además de
la gran cantidad de letras hormiga que ahora ocupaban todo mi cuerpo, había una que otra fotografía. Así estuve
durante varias horas hasta que escuché que abrían la puerta. Me costó trabajo hilar la idea, pero al fin pensé que
había llegado mi salvación.

Entró mi esposa, me levantó del suelo, me cargó bajo el brazo, se acomodó en mi sillón favorito, me hojeó
despreocupadamente y se puso a leer.

2- Relea el primer párrafo y resuelva:


a- ¿Qué acciones realiza el personaje en forma cotidiana?
b- ¿Cuál es la obsesión del protagonista por la que no le importa ensuciarse los dedos con tinta?

3- Relea el segundo párrafo y resuelva:


a- ¿Cuál es el hecho inusual que rompe con lo cotidiano en la vida del protagonista?
b- ¿Por qué podemos decir que ese hecho se vuelve cada vez peor?
c- ¿Cuál es el lugar donde el protagonista realiza su actividad favorita? ¿Qué utilidad tiene este
mueble en tu casa?

4- Relea el tercer párrafo y resuelva:


a- El personaje llama a las oficinas del diario para protestar diciendo probablemente que la tinta era más
defectuosa de lo habitual y que se estaba esparciendo por su cuerpo. ¿Esta explicación sería racional
(basada en la realidad, posible) o sobrenatural (basada en hechos extraordinarios)?
b- Mientras hablaba con la mujer, observó que la mancha era en realidad una gran cantidad de letritas. ¿Esta
explicación es racional o sobrenatural?
c- ¿Qué respuesta recibe?

5- Relea desde el cuarto párrafo hasta el final y resuelva: a- Diga qué cree que le ocurrió al protagonista. Justifique
su respuesta con los hechos narrados.

6- Identifica el tipo de narrador presente en esta historia. Recuerda justificar con ejemplos textuales.
TRABAJO PRACTICO N° 3: Lectura: “La tinta roja” de Elizabeth Rojas Samperio

Mariano y Roberto olvidaron sus cuadernos en la escuela. Debían entregar una tarea que contribuiría a su
calificación del mes. Cuando se vieron por la tarde para hacer la tarea, se percataron de que no tenían los
cuadernos.
Anochecía, su memoria no daba para recordar de qué trataba la dichosa tarea. Mariano había pedido
permiso para dormir en casa de Roberto, para hacer la tarea juntos, pero era imposible, sin las notas de
clase todo era en vano: ni el permiso ni las cartulinas compradas por la tarde ni el deseo de sacar una
buena calificación.
Por las tardes, Roberto suele estar solo en su casa, su madre trabaja todo el día y llega muy tarde, casi de
noche. Esa tarde no fue la excepción, Roberto y Mariano estaban solos en el pequeño departamento.
Como su mamá tardaría en llegar, Roberto propuso ir a la escuela y sacar los cuadernos del salón para
poder hacer la tarea.
Cuando le contó el plan a Mariano, éste se opuso, argumentando que era de noche, que la escuela estaba
cerrada, que no sabía en qué parte del salón habían quedado los cuadernos; “tal vez —dijo— se los llevó
otro niño” y, además, ¿por dónde iban a entrar?
Don Chuy vivía muy lejos y… luego… si… entonces…
La calle estaba muy oscura, había llovido mucho y se habían formado grandes charcos.
La barda de la escuela no era muy alta. Ya la habían saltado otras veces, cuando la pelota de futbol con la
que jugaban salía volando hacia la calle. No sería difícil brincarla de afuera hacia adentro si la habían
saltado tantas veces de adentro hacia afuera. Claro, no era lo mismo porque lo hacían con la ayuda de seis
amigos. Ahora sólo eran dos. Además, Mariano estaba muy flaco y no tenía fuerzas. Pero ya estaban ahí.
La escuela frente a ellos, en penumbra, parecía extraña. Se oían ruidos del viento y el clima invernal calaba
los huesos. Se fueron por la parte de atrás, por donde están los botes de basura.
De repente, se escuchó un ruido, un ruido agudo…
—¿Quién es? —preguntó Roberto, con voz temblorosa. Sólo un chillido y ninguna otra respuesta; pensó
que sería una rata—. A veces hay ratas en la basura —dijo para calmar los nervios, que ya se le estaban
poniendo de punta.
Trató de hacerse el valiente y volteó un tambo para trepar por él.
—Anda, Mariano, no creas que yo voy a hacer todo, al fin y al cabo, la tarea es de los dos. —Mariano
estaba lívido. Los chillidos continuaban y a él no le importaba que fueran de una rata, igual sentía miedo.
Cerró los ojos y le tendió la mano a Roberto.
—Jálame, a ver si puedo subirme.
—No te pongas duro. El que me va a jalar eres tú. .. ¡Me vas a tirar! ¡Zopenco!
El silencio era mayor aún que la oscuridad, pero se oían voces.
—No pueden ser de nadie. En la noche no hay nadie en la escuela…
—Son voces de niños. .. pero ¡los niños están en su casa haciendo la tarea! ¡Vámonos, Roberto! ¡Tengo
mucho miedo!
—¡No seas miedoso, ya estamos adentro! Dame tu mano y vamos hacia el salón.
Poco a poco recorrieron los pasillos y llegaron a su salón.
—Busca en tu pupitre.
—No lo encuentro, están todos amontonados acá atrás y no sé cuál es el mío. Hay muchos ruidos… Me
quiero salir de aquí.
De repente, una tenue luz iluminó el ambiente y se oyeron pasos, llaves y palabras.
—¡Al ladrón! ¡Al ladrón! —dijeron las voces y alguien tomó a Roberto por la espalda, otro amagó a
Mariano, tapándole la boca—. ¡Silencio! ¡Agáchense!
Una filosa navaja se acercaba al cuello de Roberto. Mariano se dio cuenta. Con los ojos
desorbitados, miraba que la navaja se movía sola, pues no se veía que alguien la empuñara. Estaban
inmovilizados y la navaja se movía amenazante en el cuello de Roberto.
—¡Al ladrón! —se volvieron a escuchar las voces. Roberto trató de calmarse.
¡Cómo puede haber voces si no hay nadie! Quiso voltear.
Algo lo detenía. Entonces, sintió una cálida sensación que recorría sus pantalones.
—¡Mi madre! ¿Cómo voy a explicar lo que pasó? No llores, Mariano, no va a pasar nada.
—¡Cállate! Me pones peor. No puedo moverme. Alguien me está deteniendo, pero no veo a nadie, sólo lo
siento.
—¡Cállate, por favor! —gimió Roberto, quien también estaba a punto de soltar el llanto.
—¡Vámonos! —suplicó Mariano—. Ya no me importa reprobar.
—¡Alguien me agarra los pies y no puedo moverme!
Eran las siete y treinta de la mañana cuando don Chuy llegó a abrir la escuela para iniciar la nueva
jornada escolar. Entró al salón de sexto B, para revisar que todo estuviera en su lugar para la llegada de
los niños,
pero… todo el piso del salón estaba lleno de tinta roja y en el pizarrón había rasguños como si un
gato lo hubiera arañado. Las bancas de Roberto y Mariano estaban en su lugar, ya colocadas,
como siempre hasta
el frente, pues eran los niños más inquietos del grupo.
Don Chuy se preguntó cómo habían llegado hasta ahí, si él las había dejado en la parte de atrás para poder
lavar el piso. En el pupitre de Roberto, había una navaja de la que resbalaban unas gotas de tinta roja. Pero
no había nadie.
Los dos niños salieron de su casa, medio adormilados, con la boca seca y el corazón encogido. La madre de
Roberto no se había dado cuenta de su ausencia nocturna y los apresuraba para ir a la escuela. Ellos se
miraban sin decir nada.
—¿Qué pasaría aquí anoche? —dijo extrañado don Chuy. Caminó lentamente hacia las bancas. La tinta roja
señalaba hacia los cuadernos de Mariano y Roberto con un terrible mensaje que decía:
“¡No hicieron la tarea! ¡Tienen cero!”, y don Chuy, estupefacto, recordó lo que había pasado en la escuela
hacía muchos años...

Actividades:
1. En equipos, comenten sobre el cuento “La tinta roja”:
a) ¿Cómo comienza?
b) ¿Qué pasa después?
c) ¿En qué termina?
d) ¿Con qué se logra mantener la atención del lector?
2. Al escribir cuentos, se emplean algunos recursos que permiten provocar mayor tensión en el lector;
por ejemplo, el uso de adjetivos al describir. Dar ejemplos
3. Hay elementos en los cuentos que resultan importantes. Comenta en tu equipo los siguientes
aspectos sobre el cuento “La tinta roja”:
a) ¿De qué trata la historia que presenta el cuento?
b) ¿En qué orden se presentan los acontecimientos?
c) ¿Cuál es el desenlace del cuento?
d) ¿Cómo es el ambiente?
e) ¿Cuánto tiempo pasa entre el inicio del cuento y el final?
f) ¿A qué época se refiere?
g) ¿Cuáles son los escenarios donde suceden los hechos?

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