TEMA 2.
ARISTÓTELES
1. Biografía de Aristóteles
Aristóteles nace en Estagira
en el año 384 a.C y muere en
el 322 a.C(siglo IV a. C.) A
los 17 años ingresa en la
Academia platónica,
permaneciendo en ella 20
años hasta la muerte de
Platón. Se traslada a
Macedonia, donde será el
preceptor de Alejandro
Magno. Posteriormente vuelve
a Atenas, donde funda su
propia escuela, el Liceo.
Protagonizó una gran labor
académica y una notable investigación científica que sentó las bases del
conocimiento científico en Occidente durante siglos.
Una de las aportaciones esenciales de Aristóteles a la filosofía es su
sistematización del pensamiento precedente. La mayor parte de sus escritos
son apuntes de clase de un discípulo suyo.
En la filosofía de Aristóteles se distinguen tres etapas:
1. Primeros años en la Academia
2. Madurez
3. Desarrollo de un pensamiento original
Se dedicó a reflexionar sobre la realidad, el modo de conocer, la ética, la
retórica la filosofía política. Fue un autor polifacético.
Entre sus obras más relevantes están la Metafísica y los tratados de lógica u
Órganon —que fueron la base intelectual de la filosofía y la teología
medievales—.
Investigó también en el ámbito de las ciencias naturales. Se puede afirmar que
Aristóteles es el fundador de la biología.
Una de las aportaciones esenciales de Aristóteles a la filosofía es su
sistematización del pensamiento precedente.
2. La física como investigación esencial.
2.1 El movimiento y sus clases. Acto y potencia.
Heráclito había afirmado que todo es puro devenir. Parménides, por el
contrario, negó el movimiento y lo redujo a mera apariencia. Por su parte,
Platón había admitido el movimiento dentro del mundo sensible, Aristóteles
estimó que el movimiento es algo real, y no simple apariencia, pero, al mismo
tiempo, afirmó que no todo es devenir, pues existen unos principios inmutables
que intervienen en el cambio. Denominó acto y potencia a esos principios.
Por acto entendió la perfección que adquiere el sujeto
que cambia; así, es el término y
fin del movimiento. Es decir, este
cesa una vez que se adquiere el
acto.
La potencia es un no ser todavía
que hace posible el movimiento.
La potencia no es solo carencia,
sino capacidad real de llegar a
uno o a varios actos. Estar o no en potencia de algo
depende de la naturaleza de cada cosa. Por ejemplo, una semilla de olivo está
en potencia de engendrar otro olivo, pero una semilla de almendro no lo está.
Según lo anterior, Aristóteles definió el movimiento como “la actualidad de lo
potencial”. Distinguió dos tipos de movimiento:
• Cambio accidental. El sujeto que cambia adquiere o pierde perfecciones que
no modifican su naturaleza. Por ejemplo, la planta de trigo cambia de color al
madurar, pero no deja de ser trigo.
• Cambio sustancial. Una sustancia se transforma en otra completamente
distinta; es lo que sucede cuando una semilla de trigo se convierte en una
planta de trigo.
Cambio sustancial
Cambio accidental
Aristóteles coincidió con Platón en la idea de que hay dos ámbitos de realidad:
uno que se corresponde con el mundo físico, que se puede ver y tocar, y otro
que va más allá de lo material y que solo se hace patente a través de la
inteligencia.
Sin embargo, a diferencia de su maestro, pensó que ambos aspectos de lo real
no existen en ámbitos separados, sino que están juntos en el mundo corpóreo
y cambiante en el que vivimos.
Para el de Estagira hay una sola realidad: la de los cuerpos (el mundo sensible
platónico), que contienen en su interior unas esencias (las ideas platónicas)
que les dan consistencia y unidad.
2.2 La estructura de los cuerpos materiales.
A partir de su explicación del movimiento, Aristóteles elaboró su teoría
hilemórfica o hilemorfismo sobre la estructura de los seres materiales.
Así, llamó materia (hylé) al sustrato que permanece en el cambio de los
cuerpos, que se corresponde con la potencia y es algo indeterminado.
Denominó forma (morfé) a aquello que cambia, tiene carácter de acto y
determina —da forma— a la materia.
Materia y forma son dos coprincipios de una misma realidad: cada uno de ellos
solo puede ser en el otro.
2.3 El principio de causalidad.
Aristóteles aseveró que existen causas que
explican el origen y el movimiento de los entes
corpóreos. En el libro VII de Metafísica formuló
el principio de causalidad, según el cual “todo
lo que llega a ser es por una causa”, es decir,
todo lo que se mueve ha de ser movido por
otro ser en acto y, por consiguiente, este es la
causa de la que necesariamente depende ese
movimiento. Es preciso saber cuál es el paso
que impulsa a la naturaleza a actualizarse, es
decir el por qué, la causa.
Causas son todos aquellos factores
necesarios para explicar un proceso
cualquiera, según Aristóteles.
Distinguió cuatro causas:
1. Causa material: corresponde a la potencia o sujeto que posibilita un
movimiento. Se suele identificar con la materia, con aquello de lo que
está hecho un ente.
2. Causa formal: es la forma o el acto formal que otorga una esencia o un
modo de ser accidental a un individuo.
3. Causa eficiente: es el ser en acto que produce el movimiento
propiamente dicho, sea este accidental o sustancial. Corresponde al
agente.
4. Causa final: es el acto o término al que tiende el movimiento. Para
Aristóteles la causa más importante, porque de ella dependen las
demás, pues todas las causas dirigen sus efectos hacia algún fin. Esta
explicación que da primacía a la causa final recibe el nombre de
teleología.
3. La metafísica
Aristóteles también dirigió su reflexión hacia la metafísica
o filosofía primera, que tiene como fin el estudio de las
realidades permanentes y no materiales, aquellas que
solo se pueden captar mediante el intelecto. El término
metafísica significa en griego ‘más allá de la física’.
El Estagirita precisó que la metafísica se debe ocupar del
ser en cuanto ser, es decir, de todo lo que es, y de las
primeras causas y los primeros principios.
3.1 El ser y el principio de no contradicción.
Parménides reflexionó
extensamente sobre la noción de
ser, si bien lo concibió de un
modo unívoco1, en el polo
contrario, Heráclito interpretó el
ser como algo equívoco.
Aristóteles aportó un nuevo
enfoque al sostener que “el ente
[ser] se dice en varios sentidos”
(Metafísica IV, 2, 1003 a). De este modo, mostraba que el término ser es
análogo: por una parte, mantiene un significado fundamental (todas las cosas
son) y, por otra, se aplica a la vez a muchas realidades (ya que todas las cosas
son de modos distintos). Como consecuencia de la analogía del ser, surgió la
nueva formulación aristotélica del principio de no contradicción:
“Es imposible ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido”
3.2 Las categorías. Sustancia y accidentes.
Aristóteles clasificó los seres en diez categorías o modos de ser en el orden
real (ontológico), que se corresponden con la clasificación general de los
conceptos en el orden del pensamiento (lógico).
Son la sustancia y nueve tipos de accidentes: cantidad, cualidad, relación,
lugar, tiempo, situación, posesión, acción y pasión.
Por sustancia entendió aquello que es en sí, ya que no se sustenta en otro
sujeto, y es por sí, porque no depende de otro para existir. El pensador
diferenció entre la sustancia primera —que se corresponde con los seres
individuales y reales, compuesto por materia y forma, (Ejemplos: “Sócrates”,
“esta mesa”, “este gato”) y la sustancia segunda que se aplica al concepto
universal, es el nombre que se da a las especies en que se incluyen las cosas
llamadas sustancias primeras, y también los géneros de esas especies. Así, el
individuo, “este hombre llamado Sócrates” (sustancia primera), está en la
especie “hombre” (sustancia segunda) y el género de la especie es “animal”
(sustancia segunda) Sin la sustancia primera no puede existir ninguna de las
demás, ya que estas (sustancias segundas: especies y géneros) se predican
1
LOS TÉRMINOS Y SU SIGNIFICADO: Por su relación con el significado, los conceptos y términos se
dividen en: a) unívocos (tienen un único significado); b) equívocos (sus significados hacen referencia a
realidades diferentes; por ejemplo, el término vela); c) análogos (tienen una razón común, aunque se
refieren a realidades diferentes; por ejemplo, sano remite a un ser humano, a su aspecto y a un alimento).
de aquella. De modo que la sustancia individual es la única que merece
llamarse sustancia o ser en sentido pleno y propio.
Para Aristóteles (igual que para Platón), el ser o realidad es sobre todo algo
que puede conocerse (algo “inteligible”), y lo que puede conocerse es la forma
(concepto).
Los accidentes, por su parte, solo existen en otro sujeto, que es la sustancia.
3.4 La sustancia divina
En el libro VIII de
Física, Aristóteles
argumentó la
existencia de la
sustancia divina a
partir de la
observación del
movimiento: todo lo
que se mueve es
movido por otro, pero
es imposible una
serie infinita de
motores que sean, a
su vez, movidos.
Luego ha de existir
una primera causa del
movimiento no
movida. Llamó a esta causa primera motor inmóvil. Por otro lado, razonó que
en todo cambio es necesario que haya algo en acto que sea su causa; pero
ese algo, en último término, solo puede ser el acto puro, ya que, de lo contrario,
habría una serie infinita de actos causados por otro acto, lo cual es imposible.
En consecuencia, una sustancia cuya verdadera esencia es la actualidad (Acto
Puro), sin mezcla de materia o potencialidad: Dios (Motor Inmóvil)
4. El conocimiento
4.1 La estructura del conocimiento
Para Aristóteles, conocer es poseer formas de modo intencional e inmaterial,
lo cual significa que el conocimiento remite a una realidad que trasciende al
cognoscente (es intencional) y que es una acción en la que se aprehenden
formas separándolas de su materia (es inmaterial).
Aristóteles considera que el acto de conocer nos une a la realidad exterior sin
ninguna mediación. Esta postura se denomina realista.
El de Estagira, como ya hiciera Platón, diferenció entre conocimiento sensible y
conocimiento intelectual, y apoyó esta distinción en su teoría hilemórfica sobre
la estructura de la realidad material.
El conocimiento sensible
El conocimiento sensible es común al ser humano y a los seres irracionales. Se
corresponde con la distinción entre materia segunda (o sustancia) y forma
accidental, ya que consiste en captar formas accidentales o sensibles que
están en las cosas. El conocimiento de estas formas se realiza a través de dos
tipos de sentidos:
• Los sentidos externos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Captan
las cualidades simples que se encuentran en las cosas.
• Los sentidos internos: el sentido común, que tiene la función de unificarlos
cinco sentidos externos de tal manera que se aprecie el objeto sensible en
su unidad, y la imaginación, que permite conservar las percepciones
sensibles y reproducirlas cuando no están presentes (en algunos pasajes
añadió a estos la memoria sensible y la experiencia sensible). Además, los
sentidos internos captan las cualidades complejas que se dan en las cosas,
como un movimiento local o la figura de un cuerpo.
El conocimiento intelectual
Este tipo de conocimiento es exclusivo del ser humano. Estas formas se
adquieren por medio del intelecto, que necesita partir de los datos de los
sentidos, ya que sin ellos es como un papel en blanco.
Aristóteles no consideró, como Platón, que el alma tuviese un conocimiento
previo de lo universal que se actualizase con el conocimiento de lo sensible.
Estableció que la imaginación aprehende las formas inteligibles que existen en
las cosas concretas, pero solo las posee en potencia. Ha de existir un principio
que actualice esa potencialidad para alcanzar la forma inteligible en acto.
Aristóteles llamó a este principio intelecto agente.
Cuando el intelecto agente hace pasar la forma inteligible —potencialmente
presente en la imagen— de la potencia al acto, se produce el concepto o idea
universal, que es la aprehensión de la forma inteligible en acto. Esta
actualización se denomina abstracción.
Una vez abstraído el concepto, entra en escena otro principio de la inteligencia
que Aristóteles llamó intelecto paciente. Este recibe los conceptos abstraídos
por el intelecto agente y los une o separa en juicios y razonamientos. Los
juicios unen o separan, al menos, dos conceptos, pues en ellos se atribuye o se
niega un predicado a un sujeto. Los razonamientos enlazan juicios de acuerdo
con unas leyes de la lógica. La elaboración de juicios y razonamientos hace
posible el conocimiento ordenado y sistemático de la ciencia.
Abstraer significa ‘separar’; en este caso, se refiere a la acción del intelecto
agente por la que separa la forma inteligible de las formas sensibles.
4.2 La ciencia y sus clases
Siguiendo las huellas de Platón, Aristóteles consideró que, frente a la opinión,
la ciencia es un saber seguro y permanente. La definió como el conocimiento
que es universal y necesario, que aprehende las esencias de las cosas y las
explica por sus causas.
Con el fin de hallar esas explicaciones causales, propuso dos métodos:
• La deducción, por la que se obtienen conocimientos particulares a partir de su
causa universal; es decir, se parte de unas premisas generales para alcanzar
una conclusión particular.
• La inducción, que consiste en observar algunos casos particulares para llegar
a verdades universales. Es un modo de obtener principios que sirvan para la
deducción.
Las ciencias se diversifican según sus objetos. En el caso de la metafísica, que
es la ciencia más universal, su objeto es el ser análogo, mientras que las
ciencias más particulares estudian objetos unívocos. Por ejemplo, las
matemáticas se ocupan del accidente cantidad; la física, del movimiento de los
cuerpos; la zoología, de los animales, etcétera.
Según Aristóteles, todo conocimiento (ciencia, saber) es práctico, o productivo
o teorético.
CONOCIMIENTO
PRÁCTICO PRODUCTIVO TEORÉTICO
FÍSICA
MATEMÁTICAS
ÉTICA
ARTES TEOLOGÍA O
POLÍTICA
FILOSOFÍA
PRIMERA
5. La antropología
5.1 Los seres vivos. Tipos de vida
Fue uno de los primeros en la observación, la clasificación y la explicación de
los seres vivos. En primer lugar, distinguió entre seres animados e inanimados.
Los primeros son los seres vivos, que están dotados de un movimiento propio
proveniente de un principio intrínseco, que denominó alma.
Aristóteles no
acepta el dualismo
platónico.
Aristóteles concibe
al ser humano
como una sustancia
natural, por tanto,
compuesta de
materia y forma, y
potencia y acto. Se
identifica la
potencia y la
materia con el
cuerpo, y el acto o forma con el alma.
El cuerpo es un conjunto de órganos que posee la potencialidad o capacidad
de vivir, y el alma actualiza esa potencialidad, por ello el alma es principio de
vida para el cuerpo. Para Aristóteles la unión de alma y cuerpo, a diferencia de
Platón, es una unión esencial o sustancial, no accidental.
Aristóteles distingue tres funciones en el alma: vegetativa, sensitiva e
intelectiva. Cada función superior incluye siempre las inferiores, y hay una
escala o jerarquía en los seres vivientes de acuerdo con la realización de esas
funciones.
Las plantas tienen sólo alma vegetativa, que permite las actividades vitales
más básicas como la reproducción, el crecimiento y la nutrición.
Los animales poseen alma sensitiva, que permite el conocimiento inferior o
sensible (la percepción), el apetito inferior (los deseos y apetitos que tienen
que ver con el cuerpo) y el movimiento local.
Los seres humanos tienen alma intelectiva que posee las actividades vitales
propias de la voluntad o apetito superior y del intelecto o entendimiento
(Noûs).
Aristóteles tiende a considerar al alma como una función del cuerpo, por lo que
parece descartar la inmortalidad del alma. Sin embargo, Aristóteles cree que en
el alma humana encontramos una parte (Noûs o entendimiento) que es
radicalmente distinta a las otras partes pues es incorpórea y por ello
"separable" (es decir inmortal y eterna). Esta parte divina del alma nos permite
pensar, captar lo universal y alcanzar la ciencia. El alma, en definitiva, es lo que
hace que un ser esté vivo y posea un determinado modo de vida. La oscuridad
de los textos en los que presenta estas ideas favoreció la aparición de diversas
interpretaciones.
5.2 La teoría hilemórfica y el ser humano
Como se ha señalado, el Estagirita trató de profundizar en la estructura de los
seres corpóreos por medio de la teoría hilemórfica.
De manera semejante, empleó esta teoría para desvelarla estructura de los
seres vivos y, dentro de ellos, la del ser humano.
En efecto, concibió el alma como la forma o acto de un cuerpo apto para la
vida. El cuerpo es, entonces, la materia o potencia a la que el alma da forma y
actualiza, otorgándole un determinado modo de ser. En el caso del ser
humano, su alma determina la manera de vida propia y exclusiva de la
persona.
Por consiguiente, Aristóteles sostuvo la unión sustancial entre alma y cuerpo,
dado que no son dos sustancias, sino dos coprincipios de una única realidad: el
ser vivo. De este modo, propuso un monismo antropológico que resolvía el
dualismo de Platón, para quien solo cabía una unión accidental entre el alma y
el cuerpo humanos.
5.3 El origen y el fin del alma humana
Aristóteles no habló de forma explícita sobre un origen del alma humana, lo que
parece indicar que sostenía que provenía de los padres por generación.
También resulta confusa y sujeta a disquisiciones la doctrina aristotélica acerca
de la inmortalidad del alma humana. La interpretación más común es que tras
la muerte, únicamente permanece su parte intelectiva. En cualquier caso, no
dejó nada escrito sobre lo que le ocurre a esa parte inmortal después de
sobrevivir al cuerpo.
6. La ética
6.1 La búsqueda de la felicidad
Según Aristóteles, de entre todos los seres
que existen, solo los seres humanos son
capaces de actuar en sentido propio y, por
ello, pueden ser virtuosos y felices. De este
modo, se inserta en la tradición iniciada por
Sócrates y Platón según la cual la ética es aquel saber que ayuda a lograr la
felicidad.
Para este pensador, solo el ser humano puede decidir de manera correcta,
para ello, cuenta con su intelecto o razón. La razón le permite deliberar acerca
de qué hacer tanto en una situación concreta como con su propia vida.
Por ello es muy importante que la persona conozca los fines hacia donde
puede dirigir sus decisiones, y concretamente el fin último.
A la ética aristotélica además de clasificarla entre las éticas materiales,
decimos que es teleológica, porque se dirige hacia un fin.
Por fin último se ha de entender aquel que no se persigue por ninguna otra
cosa sino por el mismo y que es el mejor de todos los bienes. Los seres
humanos denominan a tal fin felicidad o eudemonía.
6.2 El bien y el fin último
Tras examinar varios tipos de bienes, como el placer, las riquezas o la fama,
Aristóteles llega a la conclusión de que el bien supremo —y la felicidad— del
ser humano no consiste en un determinado bien material. Concluye que el
auténtico bien para el individuo reside en actuar desarrollando al máximo las
capacidades naturales, en especial, la racionalidad. Así, la felicidad se
encuentra en el conocimiento teórico de los objetos más elevados, propios de
la metafísica.
Sin embargo, además de la capacidad de conocer teóricamente, los seres
humanos son libres y pueden decidir qué hacer con su vida: son capaces de
guiar su existencia con la razón. De ahí que exista un tipo de racionalidad
práctica además de teórica. Según Aristóteles, tal racionalidad se puede usar
de un modo excelente o virtuoso y se denomina prudencia. Además, el ser
humano es un ser social; por ello, Aristóteles destacó la virtud de la amistad
como algo esencial para la felicidad humana.
Aristóteles criticó el intelectualismo ético de Sócrates y Platón, pues no tiene en
cuenta suficientemente la debilidad de la voluntad o incontinencia, según la
cual los seres humanos, a pesar de saber el bien que deberían hacer, a veces
no lo hacen.
6.3 La virtud
La naturaleza de la
virtud
El Estagirita afirma que
la virtud no es un
talento natural recibido
de nacimiento —por
causas genéticas— ni
una pasión o emoción
provocada por los
acontecimientos.
La virtud es un hábito, es decir, algo que se obtiene por el ejercicio continuado
de determinadas acciones u operaciones voluntarias, con lo cual el agente
perfecciona sus capacidades y hace que pueda recibir nuevas y mejores
acciones. Para que se dé la virtud, son precisas tanto la deliberación racional
acerca del fin como la participación de la voluntad.
Virtudes éticas
Las virtudes éticas son aquellas que corresponden a la parte desiderativa del
alma humana. Según Aristóteles, hay dos formas de deseo: el apetito
concupiscible (que se refiere a deseos corporales, como el hambre o la sed) y
el apetito irascible (correspondiente a las emociones, como el miedo o la ira).
La razón humana tiene la capacidad de controlar tales deseos y no dejarse
llevar por ellos. Las virtudes éticas hacen referencia al carácter, es decir, a
aquella parte de la persona que se construye decidiendo.
Virtudes dianoéticas
Las virtudes intelectuales o dianoéticas hacen referencia a los modos correctos
de las diversas maneras de razonar. Aristóteles distingue cinco:
• Prudencia
• Sabiduría
• Ciencia
• Intelección
• Técnica o arte
Las virtudes éticas —como la templanza o la valentía— constituyen un término
medio entre dos extremos (por exceso o por defecto), que son vicios. El
término medio se encuentra siempre en relación con las circunstancias
concretas.
La felicidad no consiste en no errar nunca, sino en actuar del mejor modo
posible en cada circunstancia, como lo haría una persona prudente.
7. La política
7.1 El hombre es un ser social por naturaleza: zoon
politikon
Aristóteles define al ser humano como
“animal político”, somos sociables por
naturaleza y sólo en sociedad
llegamos a desarrollarnos plenamente
como humanos.
La sociedad tiene una doble finalidad.
Por un lado, una finalidad material,
facilitar a los individuos seguridad y
estabilidad. Por otro, tiene una
finalidad más importante: permitir que
el ciudadano desarrolle una vida racional y contemplativa, y, por tanto, feliz.
Así, los fines del Estado son los mismos que los fines del individuo. El ser
humano sólo puede desarrollarse como tal en el Estado. Ni los dioses ni los
animales necesitan el Estado para satisfacer sus necesidades, pero sí el ser
humano. Los dioses evidentemente no necesitan la convivencia para satisfacer
sus necesidades. Los animales, por su parte, pueden dedicar todo su tiempo a
la supervivencia. Pero el ser humano necesita tiempo para desarrollar sus
capacidades, sólo si dispone de tiempo de ocio para la vida espiritual y
contemplativa, podrá hacerlo. Pero para poder disponer de este tiempo es
preciso que la satisfacción de las necesidades se realice en el Estado donde el
trabajo se reparte.
Por otro lado, los animales pueden expresar placer o dolor con sus sonidos,
pero los humanos además pueden expresar lo justo y lo injusto porque tienen
lenguaje, éste es condición de la vida social. La plenitud del ser humano sólo
se dará en el ciudadano. La ciudadanía implica el participar en las tareas de
gobierno, por lo que quedan excluidos de esa condición las mujeres, los
extranjeros y los esclavos.
7.2 La polis.
Aristóteles observó que existen tres niveles de comunidad social atendiendo a
su origen:
• La casa.
• La aldea.
• La polis o ciudad-Estado.
La polis es una comunidad perfecta y autosuficiente, es decir, el mejor modo de
organización social.
La polis tiene una primera finalidad: solventar las necesidades materiales de
sus ciudadanos. Su fin principal y último es ayudarlos a vivir bien, esto es, a
lograr una vida feliz mediante la promoción de las virtudes, principalmente, las
virtudes intelectuales y la
justicia, que es la virtud básica
de la sociedad política. El fin
último del individuo y el de la
comunidad coinciden:
si los individuos son buenos, la
polis alcanzará la justicia y
viceversa. También en la
política aristotélica se aprecia
un planteamiento teleológico,
que da prioridad a la causa
final.
7.3 Formas de gobierno
Aristóteles clasifica las formas de gobierno utilizando dos criterios: el número
de los que gobiernan y el bien que persigan al gobernar, el buen gobierno
busca el bien común y el mal gobierno busca el bien particular del que
gobierna.
Aplicando estos criterios se obtienen seis formas de gobierno: Las tres
primeras son buenas pues buscan el bien común. Su degradación llevaría a
que la Aristocracia desemboque en Oligarquía, la Politeia en Democracia y la
Monarquía en tiranía, que es la peor forma de gobierno de todas las conocidas.
Monarquía: es el estado gobernado por un individuo que persigue el bien
común.
Aristocracia: es el estado gobernado por unos pocos que persiguen el bien
común. Degenera en la oligarquía, una forma de gobierno en la que el
poder está en manos de un grupo de ciudadanos ricos.
Politeia: es el gobierno de todos los individuos persiguiendo el bien común.
Tiranía: es el estado gobernado por un individuo que no persigue el bien
común.
Oligarquía: es el estado gobernado por unos pocos que no persiguen el
bien común.
Democracia: es el estado gobernado por todos los individuos que no
persiguen el bien común. Su corrupción es la democracia o, más bien, la
demagogia.
La monarquía es la forma de gobierno ideal, ya que el gobernante natural sería
el hombre que destaca entre los demás. Sin embargo, este hombre perfecto
rara vez existe. Por ello, la aristocracia parecería ser la solución. No obstante,
esta sigue siendo un régimen demasiado ideal, por lo que Aristóteles se inclinó
por la politeía, al considerarla el sistema más realista.
Al igual que Platón, Aristóteles concedió gran importancia a la educación de los
ciudadanos, que tendría que estar bajo