RESUMEN TEMA 8: EL ESPACIO RURAL
1.- Introducción. El espacio rural y el espacio agrario.
2.- Los condicionantes de la actividad agraria en España.
2.1. Los condicionantes naturales.
2.2. Los condicionantes humanos: la estructura agraria.
2.3. La Política Agraria Comunitaria (PAC).
3.- Uso y aprovechamientos del espacio rural. Las actividades agrarias.
3.1. La actividad agrícola.
3.2. La actividad ganadera.
3.3. La actividad forestal.
4.- Los paisajes agrarios.
4.1. El paisaje agrario oceánico.
4.2. El paisaje agrario mediterráneo de interior.
4.3. El paisaje agrario mediterráneo litoral.
4.4. El paisaje agrario de Canarias.
5.- Nuevas funciones del espacio rural.
PREGUNTA DE DESARROLLO SELECTIVIDAD:
EL ESPACIO RURAL. Los condicionantes de la actividad agraria en
España. La Política Agraria Comunitaria. Uso y aprovechamientos del
espacio rural. Nuevas funciones del espacio rural: El paisaje.
1.- INTRODUCCIÓN. EL ESPACIO RURAL Y EL ESPACIO AGRARIO
El espacio rural comprende el territorio no urbanizado (en España, los
municipios de menos de 10.000 habitantes). Comprende el 80% del territorio
español y alberga al 20,1% de la población (2020). En la actualidad, el espacio
rural es un territorio multifuncional, dinámico, complejo y heterogéneo.
Dinámico porque ha ido cambiando según las demandas socioeconómicas de
cada momento: si tradicionalmente se dedicaba casi en exclusiva a las
actividades agrícolas, ganaderas y forestales y se diferenciaba claramente del
espacio urbano, en las últimas décadas, se ha convertido en un espacio
multifuncional que acoge nuevas funciones (residencial, económicas, y de
conservación de la naturaleza y del paisaje). Ello ayuda a difuminar la
tradicional separación entre lo rural y lo urbano. Además, es heterogéneo
porque los cambios no han afectado por igual a todo el territorio y coexisten
situaciones muy diversas.
Por su parte, el espacio agrario es la parte del espacio rural que acoge
las actividades agrícolas, ganaderas y forestales. Actualmente, estas
actividades contribuyen poco a la ocupación y al PIB de España en términos
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absolutos (4% y 3%, respectivamente, en 2019). No obstante, mantienen su
importancia en términos relativos: Suministran alimentos y materias primas
para industrias agroalimentaria, textil o del mueble. Además, su aportación al
PIB crece en productividad al incrementarse la modernización y posee un saldo
positivo en el comercio exterior de productos de regadío (exportaciones).
2.- LOS CONDICIONANTES DE LA ACTIVIDAD AGRARIA EN ESPAÑA
2.1. Los condicionantes naturales.
Las actividades agrarias están determinadas por los condicionantes
físicos del medio natural:
o La topografía facilita o dificulta la práctica agrícola, por ello se aprecia una
relación entre los aprovechamientos agrarios y el relieve.
▪ La elevada altitud media, modifica las condiciones de humedad y
temperatura. Además, la meseta realza los valores de continentalidad y
sus efectos agrarios.
▪ Asimismo, hay fuertes pendientes que dificultan la formación de los
suelos fértiles, el laboreo y la mecanización, y facilitan la erosión, ante
lo que se construyen bancales o terrazas.
o El clima condiciona las actividades agrarias a partir de las temperaturas,
precipitaciones y demás elementos climáticos -viento, nubosidad,
humedad-. El clima más extendido es el mediterráneo (precipitaciones
escasas, aridez, sequía estival, elevadas temperaturas) el cual propicia el
desarrollo de la trilogía mediterránea (cereal, vid y olivo) y la implantación
del regadío e invernaderos para contrarrestar la aridez.
o El agua para el regadío se ve limitada, por la escasez y la irregularidad de
las precipitaciones, a las áreas cercanas a los principales cursos fluviales.
o La vegetación natural herbácea y arbórea (idónea para el ganado y la
explotación forestal) se encuentra degradada o ha sido eliminada a favor
de la agricultura. A veces, se hace un aprovechamiento conjunto e
integrado de suelo, pastos y arbolada, como en los paisajes de dehesa.
o Los suelos condicionan la agricultura por su distinta naturaleza, estructura,
composición, acidez o ubicación. Los mejores son los poco ácidos e
impermeables (limos, arcillas…). Los suelos se mejoran con abonos
químicos, pesticidas, plaguicidas, cultivos enarenados…
2.2. Los condicionantes humanos: las estructuras agrarias.
La estructura agraria incluye elementos demográficos (población
agraria); sociales (sistema de propiedad y explotación de la tierra); y
económicos (aprovechamientos agrarios, sistemas y técnicas de producción).
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- Demográficos. La población agraria:
La población ocupada agraria en España es escasa (4% en 2019),
aunque con diferencias entre regiones como Madrid (0,2%) y el País Vasco
(1,1%), frente a la Región de Murcia (12,2%) o Extremadura (12,4%). Además,
se encuentra envejecida y masculinizada. La principal causa ha sido el éxodo
rural, sobre todo entre 1960 y 1975, motivado por la mecanización agraria y las
oportunidades de empleo que ofrecía la ciudad. Desde 1990, la población
agraria mantiene dos tendencias:
o En las áreas más atrasadas, continúa el descenso y el envejecimiento
demográfico debido a la emigración y las jubilaciones.
o En las áreas más dinámicas se produce una cierta recuperación y
rejuvenecimiento demográfico gracias al mantenimiento de la población,
la llegada de inmigrantes y la introducción de nuevas funciones y
actividades: residenciales, industriales y de servicios en las áreas
periurbanas y turísticas.
- Sociales. El sistema de propiedad y de explotación de la tierra:
La propiedad agraria es el conjunto de parcelas pertenecientes a un
propietario. En cambio, la explotación agraria es el conjunto de parcelas
gestionadas por un mismo titular o explotador agrario -de su propiedad o no,
juntas o separadas entre sí-. Las explotaciones se diferencian por su tamaño,
distribución y régimen de tenencia.
o Respecto al tamaño se caracteriza por el predominio de los valores
extremos y la escasez de parcelas de tamaño medio.
Los minifundios (inferiores a 10 ha.), predominan en las provincias
gallegas o del litoral mediterráneo y Canarias, representan el 65,8% de
las parcelas en España y ocupan el 9% de la superficie. Los latifundios
(más de 100 ha.), destacan en Extremadura, Sevilla o Huelva,
representan el 5,6% de las parcelas y ocupan el 57% del territorio.
o Respecto a la distribución de las explotaciones, en la actualidad, se
tiende a la concentración parcelaria. Con ello se pretende disminuir el
minifundio y la dispersión parcelaria. El resultado son parcelas menos
numerosas, más grandes y más regulares.
o El régimen de tenencia es el grado de dominio sobre la explotación
agraria. En la tenencia directa, el propietario y el que explota la
propiedad son la misma persona. En la tenencia indirecta, el propietario
cede la explotación de la tierra a otra persona a cambio de un porcentaje
de la cosecha (aparcería) o de una renta (arrendamiento).
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- Económicos. Los aprovechamientos, sistemas y técnicas agrarias:
o Los aprovechamientos agrarios pueden ser agrícolas, ganaderos y
forestales. Tradicionalmente coexistían en el espacio agrario, pero en la
actualidad, se tiende a la especialización según el mercado.
o Los sistemas agrarios son los procedimientos empleados para obtener
productos agrarios. Extensivos si el terreno no se aprovecha al máximo
por falta de inversión o por el uso de técnicas tradicionales; e intensivos
si el terreno se aprovecha al máximo a través de grandes inversiones y
el uso de técnicas avanzadas. En la actualidad, se avanza hacia la
intensificación agraria, aunque la nueva PAC impulsa la extensificación.
o Las técnicas agrarias han incorporado el uso de maquinarias, la
selección genética de semillas y razas ganaderas más productivas; el
empleo de fertilizantes y productos fitosanitarios químicos; y los piensos
compuestos. Sin embargo, crecen las explotaciones que aplican técnicas
más naturales y respetuosas con el medio ambiente (ecológicas).
La combinación de los elementos demográficos, sociales y económicos
da lugar a diferentes estructuras agrarias:
La estructura agraria tradicional predominó hasta los 60 del siglo XX.
Su objetivo era la autosuficiencia. Empleaba a una población numerosa y
contrastaban las pequeñas y grandes explotaciones donde coexistían diversos
usos (policultivo, ganadería y explotación forestal). Además, predominaban los
sistemas extensivos y el uso de tecnología atrasada. La producción era
escasa y se destinaba al autoconsumo y al mercado interior. El impacto sobre
el medio ambiente era moderado.
La estructura agraria productivista comenzó en la década de 1960. Su
objetivo era maximizar la producción para venderla en el mercado. Emplea
una población escasa; aumenta progresivamente el tamaño de las
explotaciones y la especialización productiva; emplea sistemas intensivos e
incorpora avances tecnológicos. La producción es abundante y homogénea, y
se destina a un mercado globalizado y liberalizado. El impacto ambiental es
elevado: deforestación, sobreexplotación y contaminación -aire, suelo y agua-.
La estructura agraria posproductiva se inició en la década de 1990.
Su objetivo es la sostenibilidad, combinando la competitividad con la
conservación de la herencia cultural agraria y del medio ambiente. Se
caracteriza por el empleo de una población escasa, pero suficiente para evitar
el despoblamiento rural; el predominio de explotaciones familiares; el uso de
sistemas extensivos y de técnicas respetuosas con el medio ambiente. La
producción es variada y de calidad.
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2.3. La Política Agraria Comunitaria (PAC).
Entre mediados del siglo XIX y la adopción de la PAC, la política agraria
española se centró en cuatro aspectos: cambiar el sistema de propiedad de la
tierra (desamortizaciones del siglo XIX; Reforma Agraria de la II República;
política de colonización y extensión del regadío del franquismo); posibilitar la
concentración parcelaria para acabar con el minifundio y la dispersión de las
parcelas; el proteccionismo comercial, imponiendo aranceles a los productos
extranjeros; y el aumento de los rendimientos agrarios a través de mejoras
técnicas y la extensión del regadío.
Sin embargo, desde la entrada de España en la Comunidad Europea
(1986) y la adopción de la Política Agraria Comunitaria (PAC), la política
agraria española experimentó una gran transformación:
La primera PAC se creó en 1962 adoptando un modelo productivista
con el objetivo de incrementar la producción, garantizar el abastecimiento
europeo y reducir las importaciones; conseguir precios razonables para los
consumidores; y un nivel de vida justo para los agricultores. Para ello se
tomaron dos medidas: La creación de un mercado común agrario -supresión
de las barreras aduaneras y libre circulación de productos-; y la concesión de
ayudas a los agricultores, dependiendo de la producción, a través del
FEOGA (Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola). Con esta primera
PAC se logró el autoabastecimiento europeo de alimentos, aunque también se
acumularon numerosos excedentes y problemas medioambientales, por la
intensificación y el deterioro paisajístico.
Actualmente, para hacer frente a los problemas de la PAC, desde 1990
se han sucedido diversas reformas de la PAC. Estas se basan en un nuevo
modelo pos-productivista, cuyo objetivo es la sostenibilidad, el cuidado
medioambiental y el desarrollo socioeconómico (Agenda 2030). Las medidas
para alcanzar estos objetivos se apoyan en dos pilares, además del FEOGA:
o El FEAGA (Fondo Europeo Agrícola de Garantía), que financia los
pagos de mercado y los directos. Los pagos directos a agricultores
para garantizarles unas rentas adecuadas y estables ante la
inestabilidad de los mercados. Además, existen los pagos disociados
de la producción (pago por hectárea), y los asociados a producciones
importantes por razones económicas, sociales o medioambientales.
o El FEADER (Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural). Sus ayudas
se dirigen a la mejora de la competitividad invirtiendo en conocimiento,
innovación y cooperación; la gestión del medio ambiente y del paisaje
rural; y la mejora del empleo; etc.
El sector agrario español ha cambiado mucho desde su ingreso en la UE
con la aplicación de la PAC. España ha obtenido importantes ventajas como
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acceder a un mercado europeo protegido del exterior y recibir ayudas
económicas para la mejora de las explotaciones agrarias y para ayudar a las
zonas rurales más atrasadas, medidas para la protección del medioambiente y
para la reforestación, ayudas y subvenciones para mantener las producciones y
las rentas de los agricultores y ganaderos. No obstante, la actividad agraria
española sigue necesitando todavía fuertes inversiones para modernizarse,
aumentar su calidad y poder competir con éxito en el mercado comunitario.
3.- USO Y APROVECHAMIENTOS DEL ESPACIO RURAL. LAS
ACTIVIDADES AGRARIAS
Los usos del espacio agrario son la agricultura, ganadería y explotación
forestal. La superficie ocupada por estos usos en España (2020) se reparte
entre tierras de cultivo (33,4%); prados naturales y pastos (16,5%); y terreno
forestal (38,3%), aunque con grandes diferencias entre las regiones. Además,
la contribución de cada uso a la producción final agraria ha evolucionado
desde un claro predominio de la producción vegetal sobre la animal a un peso
relativo situado entre un 65-55% y un 35-45%, respectivamente. Así, en las
zonas de clima oceánico (Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco) y el
entorno de las grandes áreas metropolitanas de Madrid y Barcelona predomina
la ganadería debido a la abundancia de pastos naturales, en el primer caso, y a
la fuerte demanda de productos cárnicos, en el segundo caso. En las zonas de
suelos pobres de las penillanuras occidentales (desde León a Extremadura),
Cataluña, en el entorno de Madrid (Ávila, Soria, Toledo, Guadalajara y Aragón)
y en las Baleares se produce un equilibrio entre agricultura y ganadería. En el
resto de España hay un predominio claro de los usos agrícolas.
3.1. La actividad agrícola.
La agricultura tradicional se basaba en el policultivo con técnicas
atrasadas y sistemas extensivos, con una producción escasa y orientada al
autoconsumo o al mercado nacional. La agricultura actual incluye
explotaciones productivistas especializadas, tecnificación e intensificación para
lograr una producción abundante y orientada al mercado; y explotaciones
posproductivistas que optan por la diversificación, la extensificación y técnicas
más respetuosas con el medio ambiente (producción de calidad).
La tecnificación del cultivo pasa por adoptar técnicas modernas:
o El uso de maquinaria desde 1960 -cosechadoras, recolectoras…-.
o El uso de pesticidas y fertilizantes químicos en los regadíos.
o El uso de semillas seleccionadas y cultivos transgénicos para potenciar
ciertas propiedades e incrementar los rendimientos.
o Técnicas para superar los condicionantes naturales: El clima se modifica
a través de los invernaderos o los acolchados; El suelo se modifica
con técnicas como el enarenado (capa de estiércol y otra de arena) o el
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cultivo hidropónico o sin suelo (sujeta la raíz de las plantas en un
sustrato como fibra de coco, serrín, ceniza…).
La agricultura intensiva ha ganado peso gracias a la disminución del
barbecho en los secanos y a la ampliación de los regadíos. No obstante, los
nuevos objetivos de la PAC promueven la extensificación.
Áreas de cultivo:
El barbecho es una práctica agrícola tradicional consistente en dejar
descansar el suelo para que recupere su fertilidad. Este puede ser sin laboreo
o con laboreo, si se ara para airearla, recoger el agua de lluvia o eliminar las
malas hierbas. También puede no sembrarse o hacerlo con plantas forrajeras
como el girasol. La superficie de barbecho ha retrocedido por el uso de
máquinas, fertilizantes y la extensión del regadío. Se distribuye sobre todo en
las áreas de secano. Las ventajas del barbecho son permitir el descanso
natural de la tierra, diversificar el paisaje y contribuir a la biodiversidad. Su
problema es que reduce la producción agrícola.
El regadío consiste en aportar a los cultivos agua adicional a la de las
precipitaciones, empleando técnicas como el riego por gravedad (canales),
aspersión o por goteo. Los regadíos intensivos permiten varias cosechas
anuales. Se dedican a frutas y hortalizas, o a cultivos tropicales. Los regadíos
extensivos proporcionan una sola cosecha, pero con un rendimiento muy
superior al secano y a los cultivos industriales y forrajeros. La superficie
regada aumentó en el siglo XX gracias a obras estatales (embalses, canales,
trasvases), y actualmente la política de regadíos se orienta a mejorar y
modernizar los existentes, buscando crear empleo y evitar el despoblamiento.
El regadío se concentra en el área de clima mediterráneo, diferenciando dos
zonas: En el litoral mediterráneo predomina el regadío intensivo, y, en el interior
peninsular predomina el regadío extensivo, gracias a los grandes ríos, la
mecanización y la demanda. También hay regadíos intensivos a orillas del Ebro
y del Guadalquivir. Las ventajas del regadío son el incremento de la
producción; la subida de las rentas de los agricultores y la mejora del nivel de
vida al aumentar la demanda; contribuye a fijar a la población en el ámbito
rural, al crear empleo directo e indirecto (industrias transformadoras); crea un
mayor equilibrio territorial; diversifica los ecosistemas y los paisajes; mantiene
un patrimonio histórico (acequias, norias, conocimientos…). Los problemas del
regadío son el derroche de agua; la ineficiencia de algunos sistemas obsoletos;
la alteración medioambiental (erosión del suelo); la contaminación por los
fertilizantes; y la alteración del paisaje por las infraestructuras de riego y los
invernaderos. La actual política de regadíos deriva de la UE y se propone
mejorar la eficiencia del riego: construcción de balsas de almacenamiento, uso
de agua desalada y regenerada, automatización para ajustar el tiempo y el uso
del agua y de fertilizantes…
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La producción agrícola:
La producción agrícola predomina en Andalucía, Castilla-La Mancha, la
Comunidad Valenciana, Región de Murcia, La Rioja y Canarias.
➢ Los cereales son cultivos herbáceos para la alimentación humana (trigo,
arroz) y del ganado; la elaboración de piensos (cebada, maíz, avena,
centeno); y para biocombustibles (cebada y trigo). Su área de cultivo son
los secanos del interior, donde rotan con barbecho o leguminosas; salvo
de maíz y el arroz, muy exigentes en agua, localizados en la España
húmeda o en zonas encharcadas. La superficie del cereal tiende a
reducirse, pero la producción aumenta gracias a los rendimientos.
➢ Las leguminosas son cultivos herbáceos destinados al consumo
humano (judías, lentejas, garbanzos, habas y guisantes), o para el
ganado. Su área de cultivo coincide con la de los cereales, con los que
rotan, pues constituyen un cultivo de descanso o semibarbecho. La
producción se ha incrementado gracias a los programas europeos.
España es la primera productora de garbanzos y lentejas de la UE.
➢ La vid es un cultivo arbustivo de secano que produce uvas destinadas al
consumo en fresco y la elaboración de vino. Su área productora principal
es Castilla-La Mancha. Además, existen otras con buen mercado en La
Rioja, Ribera del Duero, Jerez, Montilla y Cataluña. La UE ha favorecido
la orientación hacia el viñedo de calidad, que ha introducido mejoras
técnicas (regadío localizado) y en la forma de cultivo (cultivo de
espaldera). No obstante, existen grandes fluctuaciones debido a su
dependencia de las condiciones climatológicas. El vino se exporta y
arroja una balanza positiva.
➢ El olivo es un cultivo arbóreo de secano, muy resistente a la sequía
estival, que destina parte de su cosecha a la aceituna de mesa (10%) y
el resto al aceite de oliva. Su área productora principal son las campiñas
andaluzas, especialmente Jaén y Córdoba. En superficie y producción
de aceite de oliva España ocupa el primer lugar mundial. Se emplean
mejoras técnicas como el abono, la lucha contra las plagas, el riego por
goteo, el cultivo en régimen superintensivo, y la mecanización de la poda
y la recolección. El aceite de oliva se exporta, aunque se enfrenta a la
competencia de otros países productores y de aceites más baratos,
aunque de menor calidad.
➢ Los cultivos hortofrutícolas se destinan al consumo en fresco o a la
industria conservera. Las áreas de cultivo de hortalizas son los regadíos
del litoral mediterráneo y los próximos a las ciudades. Los frutales se
localizan en las áreas litorales y en los valles regados del interior
peninsular: cítricos en la Comunidad Valenciana y Andalucía; frutales de
hueso en el litoral mediterráneo; frutales de pepita en Asturias, Lleida y
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Barcelona; y el plátano en Canarias. En la actualidad la producción
española es la principal en cuanto a frutas y hortalizas de la UE, aunque
crece la competencia de terceros países más baratos.
➢ Los cultivos industriales se destinan a la transformación industrial.
Destacan el girasol (aceite, biodiesel…); remolacha (azúcar y bioetanol);
el algodón (tejidos); el tabaco (industria tabaquera) y lúpulo (cerveza).
Su área principal son los secanos de Andalucía y Castilla y León para el
girasol; los regadíos de la mitad septentrional para la remolacha y el
lúpulo; y los regadíos de la mitad meridional para el algodón (Andalucía)
y el tabaco (Cáceres).
➢ Los cultivos forrajeros (alfalfa, maíz forrajero, veza), se destinan a la
alimentación animal. Destaca la alfalfa, para recuperar el suelo, luchar
contra la erosión, las plagas y el cambio climático al actuar como
sumidero de carbono; y suministrar proteína vegetal al ganado. Su área
de cultivo se concentra en los secanos de la mitad norte y en los
regadíos extensivos de Andalucía, Aragón, Navarra y ambas Castillas.
La superficie y la producción han crecido desde 1950, paralelamente
al incremento de la ganadería. España es el primer productor de la UE
de forraje desecado y el segundo exportador mundial.
3.2. La actividad ganadera.
La ganadería tradicional se basaba en la coexistencia de distintas
especies, integradas por razas autóctonas, el uso de técnicas atrasadas y
sistemas extensivos (producción escasa). La ganadería actual incluye
explotaciones especializadas (leche o carne), que tienden a la tecnificación, la
introducción de razas seleccionadas y a la intensificación de una producción
intensiva orientada al mercado; y explotaciones pos-productivistas, que optan
por la diversificación, la extensificación (productos de calidad) y el bienestar
animal.
La ganadería extensiva depende del medio físico y se alimenta en
prados y pastizales naturales. Se localiza en la España húmeda (norte
peninsular y áreas de montaña), en los pastos de las penillanuras; y en los
rastrojos de la España seca. Suele ir asociada a razas autóctonas y a técnicas
tradicionales (gran dependencia de las subvenciones comunitarias).
La ganadería intensiva o industrial, está desvinculada del medio físico,
al encontrarse estabulada y alimentarse total o parcialmente con piensos. Se
localiza cerca de los centros de consumo urbano y en el nordeste y litoral
mediterráneo. Suele ir asociada a razas extranjeras seleccionadas; emplea
técnicas modernas; y tiene elevada dependencia de los piensos importados y
de la industria transformadora.
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La producción ganadera:
La producción ganadera predomina en Galicia, Asturias, Cantabria,
Cataluña y Aragón. Desde 1960 incrementa su peso gracias a la conservación
de las plantas forrajeras y la elevación del nivel de vida.
La ganadería bovina se destina sobre todo a producir carne y leche. El
bovino de carne en régimen extensivo se localiza en las dehesas de las
penillanuras occidentales; en la cornisa cantábrica; y en las áreas de montaña;
y el de carne intensivo cerca de las ciudades; y en las zonas productoras de
forrajes (Cataluña, Castilla y León y Aragón). La producción de carne bovina
crece, aunque compite con la de cerco y ave (más barata). El bovino de leche
en régimen extensivo se localiza en el norte peninsular y en las áreas
forrajeras de Andalucía; y el de leche intensivo, cerca de las ciudades. El
resultado fue el aumento del tamaño de las explotaciones; la reconversión de
parte del sector al bovino de carne; y la eliminación de los excedentes. Desde
2015 se han suprimido las cuotas de mercado y ha crecido la producción.
La ganadería ovina y caprina se destinan principalmente a suministrar
carne y leche; y en menor medida a la lana o cuero. Su localización en régimen
extensivo son los secanos del interior peninsular -rastrojos y los barbechos- y
las zonas de montaña. El régimen intensivo de cebo de corderos y ordeño
crece (C. La-Mancha y Andalucía). La producción de carne de ovino y caprino
desciende por la competencia de carnes más baratas. En cambio, la
producción de leche para quesos y productos lácteos se beneficia de la
introducción de razas foráneas.
La ganadería porcina se destina al consumo en fresco y a la chacinería
-embutidos-. La localización del porcino extensivo de razas autóctonas de
calidad (cerdo ibérico) se concentra en las dehesas occidentales (Extremadura,
Zamora, Salamanca y Andalucía). El porcino intensivo, “cerdo blanco”,
predomina en Cataluña, Región de Murcia, Aragón y Castilla y León. Tras
decrecer entre 2008 y 2014 por el aumento del coste de la alimentación y las
exigencias comunitarias, se ha recuperado gracias a las exportaciones. La
producción de carne de cerdo ocupa el segundo lugar de la UE y el cuarto del
mundo, exportándose a más de 150 países.
La ganadería avícola se destina a la producción de huevos y carne. La
avícola de puesta en régimen intensivo se concentra cerca de los centros de
consumo; la avícola de “puesta alternativa” –ecológica o campera- está
integrada por pequeñas explotaciones. La producción de huevos ha disminuido
desde 2004 para adaptar la oferta a la demanda. La avícola de carne en
régimen intensivo se centra en Cataluña, la C. Valenciana, Andalucía y Galicia;
mientras el régimen extensivo en gallineros con acceso al aire libre y menor
densidad de aves es aún reducido. En producción de carne de ave (pollo),
España es el segundo productor de la UE.
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3.3. La actividad forestal.
La superficie forestal de España es de 19,4 millones de hectáreas
(2019). Las especies maderables son frondosas (haya, roble, castaño, chopo y
eucalipto) y coníferas (pino resinero). El destino de la madera es el aserrío
para piezas de construcción y muebles; tableros y pasta de papel; y la leña.
Otros aprovechamientos son la resina y el corcho para tapones y aislantes.
Además, se fomentan otras producciones forestales: setas, hongos, castañas,
piñones; y el serrín industrial en forma de pellets -calefacción-. Las áreas
madereras principales son Galicia y la cornisa cantábrica. También destacan
en coníferas, los pinos de Segovia y Soria; y en frondosas, el chopo de León y
el eucalipto de Extremadura y Huelva. La producción ha aumentado por la
expansión de especies de crecimiento rápido. Es excedentaria la producción de
resina y la de corcho (segunda productora mundial).
La PAC y el Plan Forestal Español fomentan las repoblaciones y la
silvicultura. Los objetivos son incrementar las producciones forestales como
motor de desarrollo rural y fomentar otros usos del bosque -recreativos-.
4.- LOS PAISAJES AGRARIOS
El paisaje agrario es la morfología del espacio agrario. Resulta de la
transformación del medio natural por el poblamiento y las actividades agrarias.
Por tanto, incluye el espacio habitado (el poblamiento -disperso, concentrado o
intercalar- y el hábitat rural) y el espacio trabajado (las parcelas y los
aprovechamientos o usos agrarios).
4.1. El paisaje agrario oceánico.
Comprende el norte y el noroeste peninsular. El poblamiento es
disperso intercalar y, actualmente, la población es escasa y envejecida. Las
explotaciones agrarias son minifundistas, cercadas y dispersas. Los usos del
suelo son principalmente ganaderos y de explotación forestal. La agricultura
ocupa una escasa superficie y es de secano -abundantes precipitaciones-,
aunque tiende a especializarse en cultivos de huerta y forrajes para el ganado.
La ganadería es la actividad agraria principal, favorecida por el clima, la
demanda de leche y carne y la escasa población rural. Predomina el ganado
bovino extensivo o semiextensivo. La explotación forestal se destina a la
industria del mueble o la pasta de papel.
4.2. El paisaje agrario mediterráneo de interior.
Comprende ambas mesetas y las depresiones del Ebro y del
Guadalquivir. El poblamiento es concentrado: en pueblos pequeños en los
valles del Duero y del Ebro; y en pueblos grandes y distanciados en la mitad
sur peninsular. Además, suelen estar afectados por el éxodo rural. Las
explotaciones agrarias son de diverso tamaño. El minifundio predomina en
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los regadíos del Ebro y del Duero, aunque la gran propiedad es característica
de los secanos castellanos, aragoneses, extremeños y andaluces. Los usos
del suelo son agrícolas, ganaderos y forestales. La agricultura de secano
domina en los páramos y campiñas meseteñas y en las áreas no regadas de
los valles del Ebro y Guadalquivir. Practica una agricultura extensiva en
campos abiertos: trilogía mediterránea (cereales, vid y olivo). El regadío en
régimen de agricultura intensiva permite diversificar la producción con plantas
industriales, forrajeras, y frutas y hortalizas. La ganadería tiene importancia en
los rastrojos de secano para ganado ovino; en las áreas castellanoleonesas y
andaluzas se cría bovino de leche; en el valle medio del Guadalquivir, bovino
de carne y lidia; y cerca de las ciudades, el porcino industrial. Las dehesas
occidentales predominan las explotaciones agroganaderas (ovina, bovina y
porcina) surgidas por el aclaramiento de los bosques de encinas y alcornoques.
La explotación forestal es características en áreas como Soria.
4.3. El paisaje agrario mediterráneo litoral.
Comprende el litoral y prelitoral mediterráneo. El poblamiento
tradicional disperso tiende a la concentración. La población tiende a disminuir
por el éxodo rural. Las explotaciones son de diverso tamaño, minifundio en las
zonas de regadío, y explotaciones pequeñas y medianas en la C. Valenciana,
Murcia y Cataluña. Los usos del suelo son principalmente agrícolas. Respecto
a la agricultura, el secano se extiende por las zonas prelitorales (cereales, vid,
olivo y almendros), y el regadío se dedican a la horticultura al aire libre, precoz
bajo plástico, y a los frutos tropicales. La ganadería porcina y bovina
predomina en Cataluña. La explotación forestal tiene escaso desarrollo.
4.4. El paisaje agrario de Canarias.
Comprende el archipiélago canario. El poblamiento es disperso, los
pueblos suelen ser pequeños. Las explotaciones son reducidas en las
medianías y grandes en los regadíos costeros. Los usos agrarios del suelo
son escasos y principalmente agrícolas. En las áreas litorales predomina la
agricultura del monocultivo de regadío orientado a la exportación (plátano,
tomate…), los cultivos bajo plástico y las plantaciones tropicales (papaya,
mango, aguacate…). La ganadería ovina y caprina es reducida y la
explotación forestal ha aprovechado la madera de los pinares y la del fayal-
brezal y la laurisilva para la construcción.
5.- NUEVAS FUNCIONES DEL ESPACIO RURAL
Actualmente, el espacio rural está inmerso en un proceso
desagrarización que tiende a la multifuncionalidad. Así, el espacio rural está
diversificando sus funciones. Las causas que favorecen estos nuevos usos son
la percepción cada vez más positiva de lo rural frente a los problemas urbanos
(densificación; carestía viviendas asequibles; contaminación; estrés; etc); y por
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la tendencia a descentralizar las residencias, la producción y los servicios hacia
áreas periurbanas o rurales por razones económicas y sociales.
Los nuevos usos implantados en el espacio rural son: residenciales
(viviendas secundarias o residencias principales en las áreas periurbanas),
industriales (traslado de fábricas que buscan suelo y mano de obra más
baratos o aprovechar las materias primas y recursos rurales), terciarios
(infraestructuras de transporte, áreas comerciales, y equipamientos
recreativos), ambientales (conservación de espacios naturales).
Estas nuevas tendencias en el espacio rural tienen como principales
consecuencias la instalación de nuevos habitantes en el espacio rural que
frena en parte el despoblamiento del campo; la distribución más equilibrada en
el espacio de las actividades económicas; una diversificación de la antigua
comunidad agraria; una revalorización de la naturaleza, el paisaje y el
patrimonio cultural rural; y una mayor integración territorial, al romperse la
tradicional contraposición entre lo rural y lo urbano.
No obstante, los nuevos usos del espacio rural no han afectado por igual
a todo el territorio y por ello coexisten situaciones de tradición y modernidad
que confieren gran heterogeneidad: Espacios rurales que mantienen el
predominio de las actividades agrarias tradicionales, y que han quedado al
margen de la modernización; Espacios rurales dinámicos que han
diversificado sus actividades y presentan empleos en los tres sectores
económicos, frenando el despoblamiento; Espacios rurales emergentes, que
han adoptado un modelo posproductivista orientado a producciones variadas y
de calidad (agricultura y ganadería ecológicas), o han introducido muevas
funciones en el espacio rural: turismo de montaña, conservación del patrimonio
cultural…; Espacios rurales que han adquirido un predominio de las
actividades urbanas, son los espacios periurbanos de las grandes ciudades
o de las franjas costeras.
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