Patrimonio cultural en cementerios y rituales de la muerte
“Un lado y El otro lado”. El reflejo de la ciudad en el
Cementerio de Lomas de Zamora
María Cristina Echazarreta
Nací en la Ciudad y Partido de Lomas de Zamora. Crecí en una casa que
estaba “del otro lado” de las vías del Ferrocarril Roca. Como en tantas ciuda-
des de la provincia y también en algunos barrios de la Ciudad de Buenos Aires,
el Ferrocarril divide formando “un lado y el otro lado”.
En mi caso, como de un lado estaban la Escuela, la Biblioteca, los cines,
la calle comercial, las confiterías, la Iglesia, pasé mi niñez y, sobre todo, mi juven-
tud, cruzando las vías, por decirlo de alguna manera.
Ambos lados tenían características propias, marcadas principalmente por
diferencias sociales. De un lado, la clase alta o media alta, familias fundadoras,
profesionales, construcciones de estilo. Del otro lado, la clase media, la clase
media baja, empleados, obreros, construcciones sencillas hechas con gran es-
fuerzo personal y con la ayuda de créditos hipotecarios.
De todas maneras, los domingos, la misa de once en la Catedral y la
Confitería Gallardón reunían a los de un lado y el otro lado, sin diferencias.
El tiempo va pasando y comienza otra etapa en que una estudia, trabaja,
organiza su vida, o eso cree, y es el barrio, la ciudad, un lado y el otro lado se van
desdibujando, se pierden un poco, como si ya no contuviera.
Transcurren los años y mis padres y los padres de mis amigos se van
muriendo. Entonces, aparece para mí otra ciudad, descubro la ciudad de los
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muertos: el Cementerio de Lomas de Zamora.
En ese recorrer llevando flores, también de un lado al otro lado, dividi-
dos aquí, no por el Ferrocarril, sino por una avenida, comienzo a leer los nombres
que aparecen en los monumentos y con gran sorpresa encuentro que, en esta
otra ciudad están las calles de Lomas, los nombres de los hombres y mujeres que
hicieron su historia, y de otros que trascendieron la ciudad. Una sensación se
adueña de mí. Esa sensación me va llevando cada vez a ver el cementerio con
otros ojos, a sentirlo como un mudo testimonio, como todo un patrimonio que
debería rescatar, rescatar para la memoria de mi ciudad, para la memoria de
cada uno de sus habitantes.
En ese ir y venir, en ese rescate, comienzo a recuperar la ciudad que había
perdido, a recrear otros momentos y otras historias. Y aparecen Portela, Grigera,
Fonrouge, Manuel Castro -es la calle de la Municipalidad y de la Escuela Nor-
mal-, y cerca encuentro a Mentruyt, cuyo nombre lleva la Escuela Normal y
también la Biblioteca de la calle Italia 44. La familia Bassi, que vivía en Italia 58,
al lado de la Biblioteca. Me recuerda a Lidia Bassi, mi profesora de geografía de
la secundaria (“la señorita Bassi” alta, delgada, elegante, cabellos grises
coquetamente recogidos en un rodete y, ese halo enigmático). Y todos se conec-
tan, se entremezclan en mis recuerdos. A partir de allí Manuel Castro o Antonio
Mentruyt, Portela o Grigera, Fonrouge, no son solo calles o nombres de alguna
institución.
Y qué decir cuando encuentro a Pirotta, si era nuestro médico de cabece-
ra. El Dr. Pirotta, gordito, algo pelado, con anteojos y un carácter bonachón y
alegre. No sé por qué cuando recuerdo al Dr. Pirotta lo asocio con las ventosas.
Imagino que cada vez que se iba de mi casa alguno terminaba con “esos raros
vasitos de vidrio” inyectados en la espalda.
No podría enumerar aquí a todos y cada uno de los que encontré en esta
otra ciudad y me dispararon al corazón, a la memoria; eso fue solo el comienzo...
Al cabo de un tiempo de acumular datos, sacar fotos, abrevar en el diario
La Unión, recopilar anécdotas, hurgar en el Archivo Municipal, tenía que hacer
algo con todo esto.
La ocasión se presentó para unas Jornadas de Estudios Regionales que
organizó la Universidad de Lomas de Zamora en el Partido de Esteban Echeverría,
en el año 1985.
Entonces, convertida en historiadora, por las razones que les conté, tomé
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coraje y me presenté, con una parte del trabajo de relevamiento del Cementerio,
sabiendo que aún tenía un largo camino por recorrer. En medio de un silencio
sepulcral les conté mis hallazgos y, aunque deseaba estar bajo tierra o junto a mis
personajes, estampada en la carpeta, sentí que mi trabajo había llegado, había
despertado al menos curiosidad.
Seguí recuperando historias, acumulando papeles, notas, fotos, estudiando
otras ciudades y sus cementerios, siempre los cementerios.
Antecedentes históricos
Las comunidades, una vez organizadas políticamente, destinan
prioritariamente un lugar para enterrar a sus muertos.
Fue norma en el mundo occidental la utilización de atrios y adyacencias de
las Iglesias para enterrar a los muertos pero, cuando las ciudades elementalmente
crecen, requieren lugares específicos destinados a enterratorio.
Lomas de Zamora, erigido como Partido Judicial de campaña en 1861,
utilizó con anterioridad a la creación de su cementerio, el Cementerio de Barra-
cas al Sud, ex cabecera del partido desde 1854. No me refiero al actual Cemen-
terio de Barracas al Sud, hoy Avellaneda, que se habilitó en 1876, sino a uno de
los anteriores, de 1854 a 1868, cuyo emplazamiento sobre la calle Belgrano ha-
bría coincidido con el actual Hospital Fiorito.
Previo a la utilización de estos cementerios, suponemos que los vecinos de
Lomas de Zamora, eran inhumados en cementerios de la Ciudad de Buenos
Aires, ya que caracterizados vecinos fueron enterrados en el Cementerio del
Norte ( hoy Recoleta) y en el de Flores.
El 21 de octubre de 1864, Francisco Portela, primer Juez de Paz, en un
memorial de rendición de cuentas al Ministro de Gobierno de la Provincia de
Buenos Aires, reclamó, para cuando fuere posible “[...] formar un cementerio
de que se carece [...]”.
Las tierras sobre las que se construyó la primitiva necrópolis, hoy denomi-
nada Cementerio Viejo, fueron un remanente de la Estancia del Estado y tierras
asignadas a don Felipe Enz, de quien fueron antecesores Santiago Figueredo
(1820) y Manuel Benítez (1821).
Las obras iniciales consistieron, según el plano del Ingeniero Giúdice, en
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una entrada, una capilla, un depósito de herramientas y una administración, ubi-
cadas sobre la, hoy, calle principal interna de acceso. De estas obras solo subsis-
te una habitación destinada a los cuidadores, como último vestigio.
El 5 de junio de 1867, el Juez de Paz Laureano Oliver, mediante una nota
al Ministro Avellaneda, comunicó la terminación de las obras. No existe constan-
cia documental de la fecha de inauguración oficial del Cementerio, ni de la pri-
mera persona que fue inhumada. La tradición oral recogida por el historiador
Carlos Palacios, menciona a un tal De los Santos, como el primer ocupante del
Cementerio.
En el trabajo de campo, la sepultura más antigua encontrada es del año
1875, correspondiente a la familia Winkelman. En ella se encuentra sepultado el
practicante mayor del ejército E.F. Winkelman, quien participó en la Guerra del
Paraguay. Por lo tanto, el cementerio de Lomas de Zamora, habilitado en el año
1867 es el único cementerio que tuvo la ciudad, en su misma implantación, aun-
que con varias ampliaciones. Único en el sentido de que no hubo enterramiento
en la iglesia ni tampoco cementerios provisorios.
Lomas de Zamora tiene, además, un Cementerio de Disidentes y dos ce-
menterios israelitas.
Los símbolos de Un lado y El otro lado del cementerio
Como dije anteriormente, en el cementerio de Lomas de Zamora he podi-
do observar cómo se repite el esquema de la ciudad, o sea, cómo la ciudad de los
muertos es un reflejo de la ciudad de los vivos.
De un lado, en el cementerio vamos a encontrar los símbolos de la histo-
ria local en los monumentos de los descendientes de los fundadores, Portela y
Grigera, en estilos clásico francés, renacentistas y una versión simplificada de
elementos del estilo egipcio.
La bóveda del docente Carlos Croce (1833-1914), data de 1914 y su volu-
men forma un prisma cuadrangular, cuyo techo apiramidado a cuatro aguas re-
mata con una cruz. La puerta es de estilo gótico, con una hornacina a cada lado.
La de Ana P. Acerboni (docente fallecida en 1954), es una construcción sencilla,
con puerta metálica, y en su dintel una placa conmemorativa en forma de libro
abierto, símbolo del objeto que instruye. La del Senador Manuel Castro (Inten-
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dente por varios períodos [1844-1910], Senador de la Provincia de Buenos Ai-
res) es un monumento clásico que remata con una torre de esbelta proporción,
con cuatro columnas dóricas en sus ángulos, una pequeña cúpula y, sobre esta, el
busto en bronce del difunto. Se destaca dentro del entorno como símbolo del
poder que ejercía. Antonio Mentruyt (maestro sin diploma, líder contra el analfa-
betismo, fundador de escuelas y bibliotecas, considerado el primer propulsor de
la cultura en Lomas de Zamora, falleció en 1931) es un monumento en esquina
formado por una doble grada, un túmulo y respaldado por una pared plana en
cuyo centro se ubica un bajorrelieve con su efigie, obra de Luis Perlotti. F.Luis
Siciliano (director y ejecutor del diario La Unión de Lomas de Zamora), cuya
bóveda responde al estilo “art decó” en granito negro.
Y así vamos a ir viendo diversos estilos, delicadas esculturas, y algunas
curiosidades como la bóveda de la familia Rezzano, cuya simplicidad exterior
contrasta con la riqueza escultórica de la estatua de Juan F. Rezzano (1832-
1901) que se conserva en el interior. Lo representa sentado en un sillón de alto
respaldo, en actitud serena, con la cabeza erguida. El autor de esta notable obra
es A. Canessa, artista de Génova, quien también ejecutó el Monumento a Aiello
en el Cementerio de la Recoleta. Fue por encargo de su hijo Antonio durante un
viaje que realizó a Europa. Es el primer monumento que se inaugura en el Ce-
menterio, en 1914.
La bóveda de Orlando Grosso, arquitecto, quien construye su bóveda ins-
pirado en una capilla de la provincia de Córdoba, de estilo neocolonial: techo de
tejas, puerta de madera, arco de medio punto, espadaña y cruz de hierro forjado.
Hay dos bóvedas unidas de estilo gótico francés con gran riqueza decora-
tiva datan de 1905.
Bóveda de la Familia Cash, 1905, en estilo vienés, con una cúpula con una
figura alegórica en su vértice.
La bóveda de Gazzo-Krajncic, 1936, es la más monumental realizada en
mármol de Carrara. El estilo corresponde al ordine rústico, con volumen prismá-
tico, coronando un Cristo con la Cruz a cuestas. La bóveda la mandó a construir
él mismo y supervisó toda la construcción sentado en un banquito frente a ella.
Tiene solo dos ocupantes, él y su esposa.
Todo este sector muestra claramente, por las líneas constructivas, los
materiales utilizados y el mensaje que transmiten, los símbolos del poder econó-
mico, en algunos casos, de la ostentación y, en otros, de una fina sensibilidad y
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cultura.
También, de un lado, encontramos los símbolos de la inmigración, no
solo a través de los Panteones de la Sociedades de Socorros Mutuos sino tam-
bién en sepulturas con lápidas en idiomas extranjeros y otras con símbolos que
representan lo más significativo de su país de origen, en el caso de integrantes de
la colectividad griega.
No es casual que estas asociaciones hayan construido sus panteones de
un lado del cementerio, ya que también sus sedes sociales se encuentran de un
lado en la ciudad, donde, además, construyeron los más importantes cine-tea-
tros, en calidad y estilo constructivo, con salón para eventos.
Por la significación de estas construcciones, en ambas ciudades, vemos la
importancia del fenómeno migratorio y la gran organización institucional deriva-
da de las necesidades comunitarias y asistenciales planteadas por la emigración.
El crecimiento de la población, entre 1861 y 1914, acompañado por la
radicación de importantes grupos de extranjeros en Lomas de Zamora produce
cambios decisivos, que la irán transformando de una sociedad tradicional en una
sociedad moderna.
Pensemos que, en 1869, los extranjeros son 648, en 1881 llegan a 1.715,
en 1895 se cuentan 5.537 y en 1914 ascienden a 23.792.
Estos grupos, trataron de conservar sus tradiciones europeas. El hecho de
estar fuera de su tierra adquiere un sentido relevante, se genera un fuerte senti-
miento de desarraigo. Los atavismos de su país de origen los harán buscar su-
pervivencias en su nuevo hogar y procurar la inserción en la nueva realidad
social en la que se mueve.
Así, se fueron agrupando y formando la Sociedad Española de Socorros
Mutuos, la Sociedad Italiana Unión y Estrella, la Sociedad Italiana Nueva Roma,
la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos Estrella del Sur, la Comunidad Israelita
Teodoro Herlz, el Instituto vasco Euskal Echea, la Asociación Helénica Sócrates.
Salvo la comunidad israelita, que tiene en Lomas de Zamora su propio
cementerio, y la sociedad de los griegos que no posee panteón propio, las demás
sociedades una vez constituidas, procuraron, entre sus primeras resoluciones,
adquirir un lote en el cementerio y hacer su propio panteón.
Se destacan: el de la Sociedad Española, donde primero se construyó una
cripta que sobresalía 1,60 m. del nivel del suelo, con entrada independiente, y
sobre la cual se edificó luego una capilla monumental de estilo clásico, con pór-
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tico de orden dórico y un recinto de planta cuadrada, con una gran cúpula de
doble cáscara, con elementos ornamentales de gran riqueza, como las lámparas
simuladas que acompañan los ángulos de la cúpula, y los vitrales de la capilla; el
de la Sociedad Italiana Nuova Roma, con Rómulo y Remo en su frontis; la So-
ciedad Italiana Estrella del Sur, con una edificación monumental siguiendo las
líneas del renacimiento italiano; el de la Sociedad Italiana Unione e Stella, una
construcción monumental de líneas clásicas, con pilastras dóricas, frontis y una
manzarda “bombé”, recubierta de pizarras; el Instituto Euskal Echea, con una
construcción de líneas clásicas con una cúpula octogonal de gran altura.
Con relación a los griegos es de destacar el caso de una sepultura tipo
templete griego clásico, realizada en mármol, y otra que es en parte copia de la
cúpula de la Iglesia Ortodoxa Griega de Remedios de Escalada. La cúpula es de
mármol de una sola pieza y en su base tiene doce pequeñas ventanas simuladas
en escala, con imágenes de santos.
En otros casos, las raíces del inmigrante se manifiestan en la literatura de
consolación que llevan algunas lápidas. Por ejemplo, una en alemán:
“SELIC SIND DIE TODTEN BIENAVENTURADOS SON LOS MUERTOS
HIER RUTH IN GOTT AQUÍ YACE EN DIOS
MEIN GELIEBTER GATTE MI AMADO ESPOSO
................. ..................
GEBOR EN DEN 20 DECEMBER 1840 NACIDO EL 20 DE DICIEMBRE DE 1840
HALTET NICH NICHT AUF NO ME RETENGAN
DENN DER HERR DADO QUE EL SEÑOR
HAT GNADE DIO LA GRACIA
ZU MEINER REISE GEGEBEN A MI VIAJE
HASSET MICH DASS ICH DÉJENME QUE VAYA YO
ZU MEINEM HERRN ZIEHE” HACIA MI SEÑOR
Otra, en idioma vasco:
NI NAIZ BERRIZPIZTEA TA: BIZITZA, NIGANSINISTEN DUENA
BIZIKO DA IL DABA ERE: TA NIGAN SINETSIZ - BIZI DANA EZTA
SEKULA ILKO ( S. JUAN XI - 25-27)
ZURE ANAYAK MAITASUNEZ BETERIK ZURE
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Temas de Patrimonio Cultural 13
ENAZTEGAYA MAITAGARRÍA TA SENIDE
GUZTIAK BIOTZ - BIOTZETIK
GOYA AGO
Yo soy la Resurrección y la vida.
El que crea en mí vivirá aunque haya muerto,
y el que vive creyendo en mí no morirá jamás
(San Juan XI 25-27)
Tus hermanos llenos de cariño,
tu amorosa novia y familia.
Todos de todo corazón
Descansa en Paz
Todas están de un lado y no pasan inadvertidas, al contrario, se imponen
en su monumentalidad, como símbolo de la revalorización de su condición, con
un valor histórico notable como testimonio cultural de la relación del inmigrante
con la sociedad.
Del otro lado, en el cementerio, vamos a encontrar la sepultura sencilla,
reproducciones seriadas de modelos preestablecidos que van cambiando a tra-
vés de los tiempos, hoy cada vez más maquillados, más explícitos en cuanto al
soporte informativo de una forma de vida, de una manera de pensar, de una clase
social, por lo general, con un nivel sociocultural bajo.
Cada sepultura, a través de su representación, de su monumento, supone
el testimonio de un acontecimiento o de una persona que ha existido alguna vez,
lo que nos permite leer en ellas, a través del tiempo, la concepción cultural de las
distintas épocas. Cumplen una función de rescate de la memoria.
Así, vamos a encontrar, del otro lado, sepulturas con una carga de infor-
mación tal que permiten no olvidar.
Personajes populares: Luis A. Máspero, era un conocido industrial, esta-
blecido con una Fábrica de Sombreros en Remedios de Escalada. A su iniciativa
debe Remedios de Escalada su “Sala de Primeros Auxilios”, de la que fue orga-
nizador, fundador y primer presidente honorario. Se lo muestra en bronce sobre
un pedestal de granito; María Helena, cantante litoraleña, con una sepultura muy
simple donde el recuerdo se manifiesta a través de varias placas alegóricas;
Piere Moraviah Morpeau, filósofo, escritor y poeta haitiano; una víctima de una
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huelga ferrocarrilera de octubre de 1917, con el tallo de un árbol fuerte y macizo,
en piedra, en su cabecera, como símbolo del fin trágico y abrupto de una vida;
una víctima de un mitín político en el año 1946, muestra sobre la sepultura la
estatua de un joven irguiéndose, apoyando su mano izquierda sobre el basamento
y el brazo derecho horizontal con el puño cerrado, la cabeza en alto y el rostro
contraído en un gesto de dolor y protesta.
Hacia fines de los años cincuenta, se va a ir produciendo un cambio en las
representaciones, en las manifestaciones del dolor, con la aparición de una deco-
ración cada vez más colorida y recargada, con flores artificiales, estampas, an-
gelitos, muñecos de peluche, y algunos objetos personales del difunto. Podríamos
decir que aparece el “Kitsch” en la ciudad de los muertos paralelamente a su
aparición un la ciudad de los vivos, con el ascenso de la burguesía, como mani-
festación de una determinada clase social media pero de bajo nivel cultural que
sustituye lo natural por lo artificial y lo aparente.
Se ha ido produciendo una sustitución de valores que llama la atención.
Con esto, me refiero específicamente a la aparición del “Fútbol” en los colores
de distintos equipos con que aparecen hoy pintados ciertos monumentos, incluso
el banco para hablar con los muertos, originalmente color piedra. Debo decir
que, mayoritariamente, predominan los colores de Boca, seguidos por River, In-
dependiente y algunas pocas de Bánfield. Esto también será digno de un análisis
posterior.
Otro elemento que se ha ido incorporando, aunque muy lentamente, es el
“toldo” con que se cubren algunas sepulturas. El toldo, realizado en plástico, a
rayas de color, como pude ver en el Cementerio de San Vicente y también en el
Cementerio de Santiago en Chile, sobre todo en los nichos, aparece en Lomas
realizado en tela de media sombra negra. Podría significar la necesidad de que el
muerto esté protegido y se sienta como en su casa, o un sentido de preservar
mejor la tumba y los elementos que la adornan.
Dentro de estas transformaciones aparece también otro fenómeno. El
“Graffiti”, que en la ciudad de los vivos va llenando de textos el paisaje urbano,
en el cementerio utiliza la pared posterior de una bóveda, sobre la que se apoya
la sepultura, con los colores de Boca, para comunicar: “MAXI - JAMÁS TE
OLVIDAREMOS - LOS TILINGOS. Y en otro caso, utiliza el banco, pintado
de azul, para transmitir un mensaje de amor de la novia a su amado fallecido a los
17 años. También esta sepultura tiene los colores de Boca.
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El graffiti es, por un lado, la expresión de la llamada cultura joven, que
intenta comunicar sus pareceres dejando su marca en las paredes. Por otro lado,
podríamos entender el graffiti como la “imprenta de los pobres”, que no tienen
acceso para transmitir su mensaje a través de placas u otros medios, haciéndolo
con la pintura en aerosol.
Conclusiones
En estos últimos quince años, los cambios que se han ido produciendo en
el Cementerio de Lomas de Zamora, son notables.
De un lado, la transformación no se nota tanto, aunque sí cierto deterioro
y abandono por el paso del tiempo y la falta de medidas de protección y conser-
vación. En algunos casos, se ha pretendido ensayar alguna solución con inter-
venciones poco felices.
Del otro lado, la transformación es importante, el dolor maneja otros
códigos, pero a expensas de lo anterior, que desaparece inexorablemente. Es lo
mismo que en la ciudad de los vivos cuando se demuele un inmueble de estilo y
de una época, para dar lugar a una mole de cemento.
Hoy, el lenguaje con que nos hablaban ciertas tumbas va desapareciendo
y se hace algo caótica su lectura, por falta de criterios y de ordenamiento.
Cabe destacar, de todos modos, que la limpieza y el cuidado de estas
nuevas expresiones nos habla de una nueva inmigración, bolivianos, peruanos,
chilenos, que rinden culto a sus muertos con otros códigos y otra manera de
elaborar y sentir la muerte.
Se hace necesario adoptar posturas bien definidas en relación a la valora-
ción de los cementerios como bienes culturales, sensibilizando sobre la importan-
cia de su rehabilitación y de la consolidación del patrimonio histórico, artístico
y social, que no sea solamente con relación al patrimonio de bronce, que fue
fundamental para la formación de nuestra identidad, sino también, para todas las
demás expresiones que transmiten lo cotidiano.
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Bibliografía
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de Lomas de Zamora”. Archivo Municipal de Lomas de Zamora, 1985.
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