Vivir y trabajar
en los márgenes.
Exclusión y
pobreza desde los
servicios sociales
PID_00240742
Montserrat Pastor Puyol
Asun Pié Balaguer
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Índice
1. Introducción. Exclusión social y pobreza................................... 5
2. Pobreza y exclusión, ¿quién es quién?......................................... 8
2.1. Relación entre pobreza y exclusión ............................................ 10
3. Encuadre de la exclusión social: desafiliación y
vulnerabilidad..................................................................................... 14
3.1. Desafiliación ................................................................................ 15
3.2. Vulnerabilidad ............................................................................. 16
3.2.1. Del ser vulnerable al ser vulnerado ............................... 19
3.2.2. Vulnerabilidad y sociedad del riesgo hoy ...................... 19
4. La exclusión, ¿nos suena a familiar?............................................ 21
4.1. Uso genérico y uso específico del término exclusión.................... 22
5. Pero ¿qué genera la exclusión?...................................................... 25
5.1. Situaciones de pobreza extrema y marginación social ............... 27
6. Los excluidos: unos extraños posmodernos................................ 29
7. De la precariedad a la autoexclusión........................................... 32
Bibliografía................................................................................................. 37
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1. Introducción. Exclusión social y pobreza
La pobreza es un concepto asociado a la desigualdad que ha sido definido de
manera diferente a lo largo de la historia.
En las sociedades industriales, las desigualdades se daban por el poder adqui-
sitivo, por el hecho de ser rico o pobre. Así, la pobreza afectaba al que no
tenía trabajo porque no tenía ingresos, pero eso no significaba que estuviera
excluido.
«La vieja sociedad industrial originaba conflictos básicamente centrados en la dinámica
de clase que, dada su unidimensionalidad (vinculada a las distintas posiciones de unos
y otros en el sistema productivo), no llegaban a romper los parámetros básicos de la
integración social, cuando, por otra parte, se mantenían las estructuras de socialización
tradicionales (familia, barrio y trabajo).»
J. Subirats (2012). «Los grandes procesos de cambio y transformación social. Algunos ele-
mentos de análisis». En: Cambio social y Cooperación en el siglo XXI. Barcelona: Ed. Funda-
ción Intervida.
Durante este tiempo, la pobreza tendía a combatirse pensando en ella como
la mera carencia de recursos económicos.
La pobreza es un fenómeno unidimensional y continuo basado en el
ámbito económico y de clase social de las personas.
Estivill (2010) hace referencia a las definiciones europeas basadas en autores
británicos:
• Son pobres los individuos, familias y grupos cuyos recursos (materiales,
culturales y sociales) son tan escasos que estas personas están excluidas de
los modos de vida mínimamente aceptables en los estados donde viven.
• Son pobres aquellas personas que disponen de ingresos inferiores a la mi-
tad de los ingresos medios per cápita de su país.
En la primera definición no solo se hace referencia al dinero, sino que se alude
además a cómo este afecta a una escasez de recursos en general y se reconoce
el carácter social, ya que incluye también a los grupos. La cuestión es que el
concepto «modo de vida mínimamente aceptable» es subjetivo y, por tanto,
difícil de cuantificar.
La segunda definición es cuantificable, pero no determina con precisión las
situaciones reales en que se puede definir a alguien como pobre.
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Estivill (2010, pág. 35) señala otras formas de definir la pobreza, interesantes
de remarcar en cuanto a los efectos que producen en las personas atendidas.
Una de ellas es la pobreza�institucional, que viene a definir a las personas po-
bres como las beneficiarias de servicios y prestaciones públicas. El significante
de «ser pobre» viene asociado al hecho de ser asistido y esta idea ha perma-
necido durante años en la sociedad; así, el que acudía a los servicios sociales
era el pobre.
La otra es la pobreza�subjetiva, que tiene que ver con la representación co-
lectiva, con la representación que hacen las personas de sí mismas y con la
medición de la propia situación, cuyo baremo es si se llega a fin de mes o no.
Este punto parece interesante por el hecho de relacionarse con el modo en que
las personas piden ayuda, a veces con carácter de urgencia en situaciones que
no podrían considerarse como tales «objetivamente», y, en cambio, otras con
muchos menos ingresos y en una situación de precariedad absoluta no tienen
sensación de carencia.
Así, podemos ver el caso de una señora que cobra una pensión de 1.200 euros,
paga 700 euros de alquiler y mantiene a un hijo de 21 años y sus gastos, algu-
nos necesarios pero no imprescindibles, como internet, teléfono móvil, etc.
Vive con una sensación de pobreza importante porque no llega a final de mes
y tiene dificultades para pagar los suministros. Se queja de la falta de ayudas
sociales, pero no ve las posibilidades que tiene en sus manos, como serían que
el hijo empezara a trabajar, alquilar una habitación, reducir gastos, etc.
En cambio, otra mujer con un hijo de 10 años a su cargo y que cobra una renta
mínima de inserción de 700 euros, siente que con esta ayuda tiene unos ingre-
sos adecuados. Estos le han permitido alquilar un piso, compartiendo gastos
con otra inquilina realquilada, y vivir adecuadamente –contando también con
alguna otra ayuda, como la beca de comedor o de actividades extraescolares
para su hijo.
Siguiendo a Estivill, el concepto de pobreza subjetiva da pie a la introducción
del concepto de exclusión, que surge a partir de una relación individual o co-
lectiva. A menudo concierne a la insatisfacción que puede tener cualquier in-
dividuo cuando no puede realizar aquello que desea o cuando no posee aque-
llo que considera que tendría que tener. Desde este punto de vista, la exclusión
tiene una carga subjetiva basada en la falta de medios materiales en relación
con los otros, es decir, «no puedo hacer lo que los otros hacen».
Es el caso de una señora, en la cincuentena, que había trabajado siempre. Con
la crisis, en el 2007 perdió su empleo. Después de cinco años formándose, curso
tras curso, había eliminado toda esperanza de volver a trabajar; ni siquiera
había podido encontrar nada en la economía sumergida. La cuestión central es
que se aisló mucho, perdió las amistades y fue abandonando progresivamente
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todo tipo de actividades, tanto sociales como lúdicas. Tenía la vivencia de que
no era como los demás porque no tenía dinero y porque no se podía hacer
nada sin él. La situación era circular y sin salida. A la falta de trabajo se le unía
el aislamiento, y con la retroalimentación de los dos aspectos iba aumentado
el sentimiento de exclusión.
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2. Pobreza y exclusión, ¿quién es quién?
En las sociedades industriales se podía ser pobre pero estar incluido en el sis-
tema. La situación cambia radicalmente en las sociedades posmodernas. En
los años setenta y ochenta, la población europea en situación de pobreza era
minoritaria; los trabajadores de las fábricas fueron consiguiendo derechos la-
borales y mejoras salariales progresivamente. Se empezó a crear un incipiente
estado del bienestar que daba una cierta cobertura y que permitía mantener
una sociedad sin fracturas.
Durante la década de los noventa la situación se modifica debido a los gran-
des y rápidos cambios estructurales (socioeconómicos, demográficos, tecnoló-
gicos, familiares, etc.). La realidad social deviene compleja y aparecen otros es-
cenarios de desigualdad, diferentes a los que se habían dado en las sociedades
industriales. De esta manera, el cambio social provoca el cambio conceptual.
El concepto de pobreza se ha ido sustituyendo por el de exclusión�social.
El uso de la noción de exclusión viene del libro Les exclus, que René Lenoir
publicó en 1974.
«Cuando Lenoir habla de los excluidos lo hace en un sentido suficientemente preciso.
Para él, se trataba de lanzar un grito de alarma ante la incapacidad que tenía una eco-
nomía expansiva para incorporar a determinados colectivos, discapacitados físicos, psí-
quicos y sociales. Calculaba que uno de cada diez franceses quedaba al margen de los
resultados económicos y sociales.»
J. Estivill (2010). «El nom fa la cosa». En: L’Observatori Català de la Pobresa, la vulnerabilitat
i la Inclusió Social. Fonaments i precedents europeus. Barcelona: Generalitat de Catalunya
(col. «Inclusió social», pág. 36).
La sociedad industrial avanzada del siglo XX ha comportado cambios sustan-
ciales y es en este contexto en el que se inscribe el concepto de exclusión so-
cial. Es un concepto que engloba la pobreza pero que va más allá. Podríamos
decir que de la pobreza se sale, mientras que de la exclusión no. En la exclusión
se da una auténtica imposibilidad de escapar de los factores que la facilitan,
a pesar de los sistemas de promoción personal, de la inserción en la comuni-
dad y del acceso a los sistemas de protección del estado. Sin embargo, esto no
quiere decir que el concepto de pobreza esté obsoleto, ya que la pobreza sigue
existiendo y es uno de los elementos primordiales que llevan a la exclusión
social, pero ya no es el único.
Subirats (2004b) nos plantea que las desigualdades estructurales del sistema
económico y social causan las situaciones de exclusión. Este punto de vista
trata de incorporar «la cuestión social», es decir, de ampliar el foco de visión y
recoger las diversas situaciones que coexisten, no solo de desigualdad econó-
mica y de diferencias de oportunidades sino también de pérdida de vínculos,
desafiliación, desconexión o marginación social. Se refiere a un proceso de
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creciente vulnerabilidad que afecta a sectores cada vez más amplios del cuerpo
social y que se materializa en una precariedad creciente a nivel laboral, resi-
dencial y económico.
«La exclusión implica fracturas en el tejido social, la ruptura de ciertas coordenadas bá-
sicas de integración. Y, en consecuencia, la aparición de una nueva escisión social en
términos dentro/fuera. Es a partir de ahí cuando podemos hablar de nuevos colectivos
excluidos.»
J. Subirats (2012). «Los grandes procesos de cambio y transformación social. Algunos
elementos de análisis». En: G. de Castro; M. Casares (eds.). Cambio social y Cooperación en
el siglo XXI (págs. 8-22). Barcelona: Ed. Fundación Intervida (pág. 15).
Vivimos en un cambio de paradigma social con el que aparecen nuevas trans-
formaciones que afectan a las trayectorias vitales de las personas, transforma-
ciones en las que la incertidumbre y la sensación de riesgo son el denomina-
dor común.
Al hablar de exclusión hablamos de un proceso, no de una situación estática
y estable. La cuestión a remarcar es que este proceso:
«[...] no afecta solo a grupos predeterminados concretos, más bien al contrario, afecta de
forma cambiante a personas y colectivos, a partir de su grado de vulnerabilidad frente a
dinámicas de marginación.»
J. Subirats (2012). «Los grandes procesos de cambio y transformación social. Algunos
elementos de análisis». En: G. de Castro; M. Casares (eds.). Cambio social y Cooperación en
el siglo XXI (págs. 8-22). Barcelona: Ed. Fundación Intervida (pág. 13).
Se trata de un fenómeno estructural que participa de manera activa de la ló-
gica del sistema económico, político y social que la ha creado y que la sigue
manteniendo. La exclusión social no trata de la reproducción de las desigual-
dades clásicas, sino que, dado el contexto de creciente heterogeneidad, se con-
templan nuevas y variadas situaciones generadas por la existencia de nuevas
fracturas sociales y la ruptura de las coordenadas de la integración. Podríamos
decir que afectan de forma variable a individuos y colectivos, pudiendo pasar
de una situación de vulnerabilidad a una de marginación.
«De hecho, la distribución de riesgos sociales –en un contexto marcado por la erosión
progresiva de los anclajes de seguridad de la modernidad industrial– se vuelve mucho
más compleja y generalizada. El riesgo de ruptura familiar en un contexto de cambio en
las relaciones de género, el riesgo de descalificación en un marco de cambio tecnológico
acelerado, el riesgo de precariedad e infrasalarización en un contexto de cambio en la
naturaleza del cambio laboral… Todo ello y otros muchos ejemplos pueden trasladar ha-
cia zonas de vulnerabilidad a la exclusión a personas y colectivos variables, en momen-
tos muy diversos de su ciclo de vida. Las fronteras de la exclusión son móviles y fluidas;
los índices de riesgo presentan extensiones sociales e intensidades personales altamente
cambiantes.»
J. Subirats (2004a).«Las políticas contra la exclusión social como palanca de transforma-
ción del Estado» Ponencia redactada por Joan Subirats con la colaboración de Quim Bru-
gué y Ricard Gomà, miembros del Instituto de Gobierno y Políticas Públicas de la UAB
(pág. 3).
Parte de la dificultad del tratamiento de la exclusión social es que se trata de un
fenómeno multifactorial y multidimensional y, por tanto, no se puede abor-
dar desde una única mirada, política o línea de acción. No hay una sola causa,
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sino que se interrelacionan varias vertientes. Subirats plantea que no hay ex-
plicaciones o definiciones fragmentadas y señala la alta correlación en las es-
tadísticas de fracaso escolar, precariedad laboral, desprotección social, mono-
parentalidad y género y, por otra parte, barrios guetizados, infravivienda, se-
gregación étnica, pobreza y sobreincidencia de enfermedades. Así pues, no se
trata de una sola de estas problemáticas, sino que la relación entre todas ellas
será la que provocará una situación de exclusión en menor o mayor grado.
Como se ha dicho anteriormente, la pobreza está ligada a la falta de recursos
económicos; la exclusión, en cambio, es producto de diferentes y variados
factores que se interrelacionan y retroalimentan entre sí.
«La exclusión social se define entonces como una situación concreta fruto de un proceso
dinámico de acumulación, superposición y/o combinación de diversos factores de des-
ventaja o vulnerabilidad social que pueden afectar a personas o grupos, generando una
situación de imposibilidad o dificultad intensa de acceder a los mecanismos de desarrollo
personal, de inserción socio-comunitaria y a los sistemas preestablecidos de protección
social.»
J. Subirats (2012). «Los grandes procesos de cambio y transformación social. Algunos
elementos de análisis». En: G. de Castro; M. Casares (eds.). Cambio social y Cooperación en
el siglo XXI (págs. 8-22). Barcelona: Ed. Fundación Intervida (pág. 22).
Es decir, hay personas que viven en unas condiciones materiales y psíquicas
que les impiden sentirse y desarrollarse plenamente como seres humanos en
su contexto social. La exclusión provoca que el individuo no pueda formar
parte de la sociedad en la que vive.
«El uso que se ha venido haciendo del término exclusión, en el contexto de las políticas
sociales en Europa en los últimos años, no se limita a esos significados estrictos. Más bien
se alude a los crecientes procesos de vulnerabilidad, de desconexión social, de pérdida de
lazos sociales y familiares que, junto con una combinación variada de causas de desigual-
dad y marginación, acaban generando situaciones que denominamos “de exclusión” en
sentido amplio.»
J. Subirats (dir.) (2004b). Pobreza y Exclusión social. Un análisis de la realidad española y
europea. Barcelona: Fundación La Caixa (pág. 19).
2.1. Relación entre pobreza y exclusión
Pobreza y exclusión no son términos equivalentes. No todos los pobres son
excluidos ni todos los excluidos son pobres. Para ejemplificarlo, Estivill (2010,
pág. 42) pone el ejemplo de la homosexualidad. En muchos países del mundo
es perseguida, con lo cual los homosexuales pueden ser excluidos pero no
tienen por qué ser pobres. Y, al revés, podemos ver barrios del extrarradio de
las grandes ciudades que viven inmersos en la pobreza; son excluidos respecto
al resto de la ciudad pero no lo son entre ellos. Aunque también en muchos
casos coinciden y encontramos unidas pobreza y exclusión. De hecho, algunos
estudios, que veremos más adelante, analizan cómo son los procesos del paso
de la pobreza a la exclusión y, posteriormente, a la desinserción.
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Estivill (2010) plantea que los dos conceptos son relativos, ya que los designa-
dos como pobres y excluidos lo son en función de las representaciones socia-
les y la definición que cada sociedad hace del bienestar material y personal.
En este sentido, los efectos del capitalismo han sido devastadores ya que, de
entrada, el que no puede consumir se considera a sí mismo excluido y la so-
ciedad no hace más que corroborarlo.
«Así mismo, esta relatividad que tiene sus límites en la inanición por la extrema pobreza
y en el suicidio por la exclusión más fuerte, no tiene que hacer olvidar que las dos com-
parten la idea de proceso, de acumulación y de pluridimensionalidad, y que encuentran
la explicación de sus causas en las estructuras más centrales de la economía y de la so-
ciedad.»
J. Estivill J. Estivill (2010). «El nom fa la cosa». En: L’Observatori Català de la Pobresa, la
vulnerabilitat i la Inclusió Social. Fonaments i precedents europeus. Barcelona: Generalitat de
Catalunya (col. «Inclusió social», pág. 43).
¿Por qué la noción de pobreza, habiendo sido la más frecuentemente utilizada,
ha ido dejando paso a la de exclusión? Estivill establece las siguientes hipótesis:
• La pobreza ha sido el referente histórico de las actitudes y medidas más
caritativas e individualizadoras.
• A menudo ha sido definida como una carencia de medios económicos y,
más en concreto, de ingresos monetarios, lo que le da un sentido «econo-
micista» y unidimensional rechazado por muchos.
• Se le ha dado un carácter coyuntural, transitivo y al mismo tiempo ina-
movible.
• Se la ha rechazado porque remite a un pasado que se cree superado, a
una presencia que molesta a los ciudadanos, deslegitima a los políticos e
incomoda a los profesionales. Además, no se quiere admitir su persistencia,
amplitud y profundidad.
• Lo contrario de la pobreza es la riqueza, y eso evoca plantear su distribu-
ción, cuestión que muy raramente se quiere tocar en las estrategias de lu-
cha contra la pobreza.
• Su visibilidad entra en contradicción con los discursos mediáticos, con de-
terminados principios constitucionales, con todas las visiones optimistas
que sostienen que el crecimiento económico solo puede tener consecuen-
cias positivas.
• Su cuantificación, sujeta a debates metodológicos, permite identificar más
que no comprender, gestionar más que no transformar, medir las manifes-
taciones más que no poner de relieve las causas más profundas.
• Además, cuando se encuentran volúmenes importantes, desanima a los
responsables políticos y da más fuerza a los argumentos escépticos ante
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cualquier actuación que resuma la frase «siempre ha habido pobres y siem-
pre los habrá». Si la cuantificación de la pobreza da porcentajes pequeños,
entonces se piensa que serán reabsorbidos y que, por tanto, no constituye
una preocupación importante ni hace falta dedicarle esfuerzos específicos.
Mientras que el creciente dominio de la noción de exclusión, en cambio, se
explicaría a partir de los siguientes factores:
• Tiene el valor de su relativa novedad, puede aparecer como una innova-
ción conceptual y terminológica, y permite relanzar un debate que estaba
estancado.
• Se quieren superar conceptos como privación, miseria o penuria, que evo-
can sufrimiento y malestar.
• Tiene menos carga histórica y es menos estigmatizante que la palabra po-
breza.
• Permite hacer una reinterpretación que pone de relieve más claramente
las características estructurales, pluridimensionales y dinámicas.
• Da una idea más precisa del proceso. La exclusión es a la vez causa y resul-
tado. Los itinerarios de inserción y las medidas de inclusión pueden con-
traponerse a los itinerarios de exclusión.
• Su polivalencia y fluidez permiten incorporar una dimensión social, eco-
nómica y política.
• Su contrario estricto es inclusión y en este sentido permite evacuar la cues-
tión de la desigualdad. El uso de palabras antónimas, como inserción, in-
clusión, incorporación e integración también han ayudado a extender la no-
ción de exclusión.
• Las dificultades para medirla y hacerla operativa permiten hablar de ella
sin comprometerse demasiado y quedar en un plano general.
• Todo el mundo puede identificarse hasta cierto punto con esta noción, en
la medida en que siempre se está excluido de alguna cosa o por alguien.
Diferencias entre pobreza y exclusión social
Pobreza Exclusión social
La pobreza es un fenómeno unidimensional y La exclusión social es un fenómeno multidi-
continuo basado en el ámbito económico y de mensional, cambiante y dinámico, es decir,
clase social de las personas. que las fronteras que determinan la exclusión
social son movibles y fluidas.
Fuente: X. Pelegrí (ed.) (2011). Els Serveis Socials a Catalunya: aportacions per al seu estudi. Lleida: Edicions de la Universitat de
Lleida (pág. 442).
© FUOC • PID_00240742 13 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
Pobreza Exclusión social
Actualmente el concepto de pobreza, que solo La exclusión social implica una dualidad en la
se basa en la renta y la clase social, es dema- estructura social. Existen dinámicas sociales
siado limitado para analizar la situación de co- que se pueden interpretar en términos de es-
lectivos de personas más desfavorecidas. tar dentro o fuera del sistema.
Cuando se utiliza la renta personal o familiar Es un fenómeno poliédrico formado por un
para medir la pobreza se acostumbran a con- cúmulo de circunstancias desfavorables a lo
siderar tres niveles de pobreza: pobreza mo- largo de la vida. Diferentes momentos en el ci-
derada (se dispone de entre el 60 y el 41% de clo vital pueden producir oportunidades y/o
los ingresos medios de la población del país desventajas.
de referencia), pobreza alta (se dispone de en-
tre el 40 y el 26%) y pobreza severa (se dispo-
ne del 25% o menos de los ingresos medios
de la población).
Fuente: X. Pelegrí (ed.) (2011). Els Serveis Socials a Catalunya: aportacions per al seu estudi. Lleida: Edicions de la Universitat de
Lleida (pág. 442).
© FUOC • PID_00240742 14 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
3. Encuadre de la exclusión social: desafiliación y
vulnerabilidad
Una vez situadas las diferencias entre pobreza y exclusión, pasaremos a ana-
lizar diferentes puntos de vista de la exclusión, que es la responsable de que
queden al margen de la sociedad millones de personas que se encuentran en
unas condiciones de deterioro personal considerable. Lejos de desaparecer, la
realidad es que la estructura y organización sociales la están manteniendo.
Indagaremos sobre esta categoría un poco más a fondo a través de algunos es-
tudios. La exclusión se sustenta en una cierta ideología, es generada por ciertas
políticas y mantenida por la realidad socioeconómica. Los diferentes autores
que aquí citamos nos permitirán aproximarnos a este concepto y a sus dife-
rentes acepciones. Son estudios que se interrelacionan y que dan pie a impor-
tantes debates.
Robert Castel entiende la exclusión no como un estado, sino como un proce-
so en el que intervienen diferentes actores: los estados, la protección social,
la socialdemocracia y la existencia o desaparición de las clases sociales. Para
combatirla, es imprescindible el reconocimiento social y la utilidad de las per-
sonas a través del trabajo. Por ello, más que ayudas será necesario implementar
políticas de fomento de empleo.
Castel propone analizar los procesos de exclusión a partir de dos ejes que se
interrelacionan:
• El eje de la integración o no al trabajo que él llama de afiliación/desafi-
liación.
• El eje de la inserción o no a las redes sociales primarias que denomina de
vulnerabilidad y en ocasiones de precariedad.
Las personas que sufren de exclusión no solo están amenazadas por la falta de
trabajo y de recursos materiales, sino que también se encuentran debilitadas
por las rupturas de sus lazos familiares y sociales.
«Al final de este proceso, las condiciones económicas precarias se convierten en indigen-
cia, y la fragilidad relacional, en aislamiento.»
R. Castel, citado en: J. Estivill (2010). «El nom fa la cosa». En: L’Observatori Català de
la Pobresa, la vulnerabilitat i la Inclusió Social. Fonaments i precedents europeus. Barcelona:
Generalitat de Catalunya (col. «Inclusió social», pág. 46).
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3.1. Desafiliación
Robert Castel matiza el concepto de exclusión mediante el de desafiliación.
Considera la exclusión como una ruptura del lazo y del compromiso social que
provoca que desaparezca el sentido de pertenencia de los individuos al consi-
derarlos pobres y supernumerarios. Se deshace el compromiso social. Plantea
que hay que dar respuestas técnicas proponiendo la aplicación de políticas
preventivas y no solo reparadoras. Así, el papel del estado es fundamental, ya
que puede ayudar a reducir las diferencias. Sin entrar en detalles, recordemos
que los estados liberales y neoliberales dejarían a su libre albedrío a los exclui-
dos y, en todo caso, serían ayudados por entidades benéficas y/o asistenciales.
Por su parte, los estados socialdemócratas tratarían de mantener las políticas
sociales y los soportes y ayudas como un derecho del ciudadano. Así, pues, se
pasó de una etapa en la que fue consiguiéndose un cierto compromiso por par-
te de los estados a la aparición de fenómenos de vulnerabilidad en la sociedad.
«En efecto, la red de amparos urdida en torno al trabajo sufre un proceso de disgregación
al perder fuerza las normas del contrato laboral y de la protección social. El asalariado es
un todo: el contrato de trabajo y el derecho del trabajo, el salario y la protección social.»
M. Autès (2004). «Tres formas de desligadura». En: S. Karsz (coord.). La exclusión: bordean-
do sus fronteras. Barcelona: Gedisa (pág. 22).
Vamos a desgranar el planteamiento que hace Castel.
Cuando se habla hoy de exclusión se apunta a lo que en 1984 se comenzó a
denominar como nuevos pobres; se trata de una pobreza que aparece a conse-
cuencia de una degradación con respecto a una situación anterior, es decir, los
nuevos pobres no fueron siempre pobres. Son nuevas situaciones que aparecen
después de una situación de vulnerabilidad; por ejemplo: personas que tienen
un empleo precario o que después de toda la vida en una empresa pierden el
trabajo a causa del cierre de esta, o bien a causa de un desahaucio. Esta persona
va a caer entonces en una nueva «zona».
Castel propone la idea metafórica de zonas�de�la�vida�social:
• Zona�de�integración: se trata de personas que tienen un trabajo estable y
soportes de sociabilidad lo suficientemente firmes.
• Zona�de�vulnerabilidad: trabajo precario y situaciones sociales inestables.
• Zona�de�exclusión: en la que caen algunos de los vulnerables e incluso
de los integrados.
Estos procesos no tienen su origen en los márgenes de la vida social, sino en
su centro, entendiendo el centro como la empresa. Según el autor, ciertas po-
líticas económicas de las empresas han tenido efectos muy fuertes respecto a
© FUOC • PID_00240742 16 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
la desestabilización social y, por tanto, han colaborado en la producción de
la exclusión. Plantea el término de desafiliación para entender la lógica de las
trayectorias, de los procesos, de las personas que se desenganchan y caen.
Lo interesante del planteamiento de Castel es que pone el énfasis en la im-
portancia del trabajo como «antídoto» a la exclusión. Si solo se considera la
exclusión como tal, se tenderá a responder mediante medidas asistencialistas
o en el mejor de los casos se hará inserción. Y esto es un problema ya que
las personas ya están en una zona peligrosa, ya se han venido abajo. Es decir,
que plantea la cuasi imposibilidad de salir de esa situación. Por esta razón,
los estados tienen que plantear políticas preventivas que eviten la caída en la
exclusión, es decir, ir a las causas, no tratar simplemente las consecuencias.
Castel (2004) plantea pensar en los nuevos perfiles de la exclusión. La pobla-
ción a la que se destinaba la acción social antes de los años setenta y ochenta
eran las personas afectadas por discapacidades, trastornos mentales, etc., los
llamados «inadaptados sociales». La acción social clásica trata las personas que
son ineptas para el trabajo. Pero esta no es la situación actual, ya que lo exclui-
dos no entran en el grupo de casos sociales. Si no hubieran perdido el trabajo
no se encontrarían en esa situación. Son los «supernumerarios, personas que
no tienen espacio por motivos que escapan a su responsabilidad». El problema
está en que las nuevas exigencias de la competitividad, la competencia y la
reducción de oportunidades de empleo los dejan sin espacio, provocando la
entrada en una situación de vulnerabilidad.
«Lo que yo sugiero es que el amplio consenso recibido por la noción de exclusión pue-
de explicarse por el hecho de que las medidas tomadas en nombre de ella y de la lucha
contra ella cumplen oficio de política social más general, política cuyas metas son pre-
ventivas y no solamente reparadoras. […] Parece más fácil y realista intervenir sobre los
problemas relativamente limitados que plantean los “excluidos”, que controlar o inten-
tar controlar los procesos desencadenantes de tal exclusión. Ocuparse de las consecuen-
cias de estos procesos –o sea, ocuparse de los excluidos– moviliza básicamente respuestas
técnicas (aunque no sean fáciles de encontrar), pero el dominio del proceso exigiría un
tratamiento político, en el sentido de política real.»
R. Castel (2004). Trampas de la exclusión. Buenos Aires: Topia Editorial (pág. 61).
3.2. Vulnerabilidad
El concepto de vulnerabilidad emerge recientemente en Europa ligada al au-
ge de la concepción de la sociedad del riesgo y la falta de seguridad. Es un
término que ha sido más utilizado en América Latina. Uno de los sectores en
los que apareció el concepto de vulnerabilidad fue en el campo de las ciencias
ambientales y de la gestión de los riesgos naturales. La idea principal era la
de tener en cuenta la diferencia del impacto de las catástrofes naturales en las
comunidades humanas en función de su capacidad para afrontarlas. No todas
las sociedades sufren igual una catástrofe; se empezó a plantear el concepto de
población vulnerable entendiendo que hay grados y diferencias (niños, gen-
te mayor, personas enfermas o con diversidad funcional, poblaciones pobres,
etc.). Así, las amenazas externas, más o menos previsibles, ponen a prueba los
© FUOC • PID_00240742 17 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
recursos propios de los individuos y las comunidades. Se podría decir que el
impacto de las adversidades dependerá de la interacción entre la amenaza y la
capacidad de respuesta de la población.
En las ciencias sociales se utilizó esta noción para aplicarla a los estudios sobre
la pobreza; la aproximación que se ponía en marcha era esencialmente socio-
económica y se basaba en estudiar los déficits de los recursos y sus efectos so-
bre las trayectorias de los individuos y de los grupos.
Castel realiza una aproximación particular, ya que relaciona la vulnerabilidad
con la precariedad en el trabajo. Así, deja de lado las cuestiones individuales,
los factores de riesgo, y pasa a dar importancia a los aspectos que facilitan
la integración en la sociedad, básicamente el trabajo y los derechos sociales
que de este se derivan. En su obra Les métamorphoses de la question sociale,
publicada en 1995, explica que la vulnerabilidad actual está marcada por la
incertidumbre ante el futuro.
«La vulnerabilidad es una zona intermedia, inestable, que conjuga la precariedad en el
trabajo y la fragilidad de las ayudas de proximidad. No se trata tanto de situar los indi-
viduos en estas zonas, como de clarificar los procesos que los hacen transitar de una a
la otra, por ejemplo pasar de la integración a la vulnerabilidad o vascular de esta a la
inexistencia social.»
R. Castel (1995). Les métamorphoses de la question sociale: une chronique du salariat. París:
Fayard.
Claude Martin, en su artículo «Penser la vulnérabilité. Les apports de Robert
Castel» (2013), explica que la zona de vulnerabilidad para Castel corresponde
a una doble fragilización:
• Por una parte, estaría la fragilización en el área del trabajo, con la apari-
ción de los trabajos temporales, el paro y, en particular, el paro de larga
duración.
• Por otra, la fragilización de los lazos sociales primarios y la inestabilidad
familiar.
Estos dos ejes permiten comprender el aumento de los sentimientos de incerti-
dumbre ante el futuro, la vulnerabilidad o la precariedad. Así, un tipo de fragi-
lidad puede provocar otra. Por ejemplo, la pérdida del trabajo puede provocar
directa o indirectamente una separación de pareja y al revés, una ruptura sen-
timental puede ayudar a perder un empleo, y de ahí se pueden ir encadenando
otras pérdidas que lleven al individuo a una situación difícil de remontar.
La contribución original de Castel es la reticencia a una aproximación centra-
da en los riesgos, o para ser más precisos, los peligros de reducir la compleji-
dad de los individuos a meros factores de riesgo y dejar de lado la relación
próxima con las personas. Aquí debemos hacer un inciso. Actualmente, en
servicios sociales se manejan tablas en las que se ofrecen listados de factores
de riesgos, que son útiles en cuanto a que nos aproximan a datos o caracte-
© FUOC • PID_00240742 18 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
rísticas observables. Pero debemos tener presente que no pueden determinar
una situación o dirigir una actuación. Utilizaremos un ejemplo: vemos a un
niño cuyos padres tienen un diagnóstico de trastorno mental, están sin traba-
jo y con inestabilidad de vivienda. Estos son factores de riesgo social, pero no
predeterminan que el niño vaya a estar en riesgo. Seguramente la familia ne-
cesitará apoyos profesionales, pero habrá que ver qué tipo de relaciones se dan
entre ellos, si las necesidades del niño están cubiertas o no, cómo funcionan
sus redes sociales, etc.
La aproximación de la vulnerabilidad de Castel se inscribe en una teoría del
individuo y de la individualización. Él mismo lamentó no haber podido per-
sonalmente
«[...] establecer un sistema de estrictas correspondencias entre lo que un sujeto social vive
en lo más profundo de su experiencia personal y las condiciones que le son impuestas
por su época histórica y por su posición social. No para reducir la subjetividad individual
a determinaciones objetivas, sino al contrario, para mostrar que las cargas de la historia
y las restricciones sociales son interiorizadas por los sujetos que somos hasta constituir
el tejido de nuestras emociones más personales».
C. Martin (2013). «Penser la vulnérabilité. Les apports de Robert Castel». Journal Européen
de Recherche sur le Handicap (vol. 7, n.º 4, pág. 6).
Según Estivill (2010), de estos trabajos de Castel y de otros más recientes como
L’insécurité sociale, de 2003, se pueden deducir diversas indicaciones que hacen
avanzar el concepto de vulnerabilidad:
• En primer lugar, su modelo de dos coordenadas permite establecer estas
zonas de vulnerabilidad caracterizadas por la sucesiva pérdida de las rela-
ciones individuales y colectivas.
• En segundo lugar, la evocación de cómo estas zonas se convierten en los
espacios donde se cruzan las medidas de control, represión y protección.
• En tercer lugar, su acento en los procesos económicos y sociales en los que
se inscriben los itinerarios individuales y colectivos de inserción/integra-
ción y los de desafiliación/vulnerabilidad.
• En cuarto lugar, su concepción de la vulnerabilidad como una zona de
turbulencias a la que se llega cuando las situaciones y la seguridad se hacen
más frágiles.
En este sentido, la vulnerabilidad sería, además de un proceso, un resultado de
pérdidas y rupturas sucesivas, tanto del trabajo y de la seguridad social como
de los vínculos familiares.
© FUOC • PID_00240742 19 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
3.2.1. Del ser vulnerable al ser vulnerado
Es interesante señalar dónde ponemos el peso de la problemática, ¿en el sujeto
(es vulnerable) o en la sociedad (es quien vulnera)? Para ello veremos teorías
actuales, como son las de Leal, Beck y Bauman. Ya hemos ido viendo la res-
ponsabilidad de la estructura social en el asunto de la exclusión social. Leal
(2016) hace una aportación que nos gustaría introducir. Es el cuestionamiento
de la denominación personas vulnerables, fijando el peso o la responsabilidad
en las personas que son definidas como tales por haber recibido el impacto de
la violencia, de carencias o sufrimientos importantes. Se propone, así, hablar
de personas�vulneradas, en cuanto que se han visto afectadas por la violencia
estructural. Así se pasa de una visión individualista (persona vulnerable) a una
comunitaria (persona vulnerada).
La vulnerabilidad es una cuestión intrínseca al ser humano. Todas y todos so-
mos vulnerables, no somos completos y siempre estamos necesitados del otro.
Leal introduce los efectos de las condiciones externas para que una persona
pase a ser considerada vulnerada.
«Una persona sin hogar, una persona sin trabajo, enferma y sin soporte, huida de su país,
abusada por su condición, etc., es claramente vulnerada y esa experiencia la hace más
altamente vulnerable. El aumento de la vulnerabilidad está unido a la experiencia de
vulnerado. La conciencia de vulnerabilidad nos lleva a la prevención. La conciencia de
vulneración nos lleva al pedido, al derecho de ser reconocido merecedor de soportes. La
experiencia de haber sido vulnerado incrementa la desconfianza en sí y disminuye los
recursos para hacer frente a las nuevas adversidades. En esas situaciones la ayuda es un
deber y los niveles en que se ofrece expresan los niveles de salud de una comunidad y
de un estado en el que la ética del cuidado sustenta los vínculos. La experiencia de haber
sido vulnerado disminuye la autonomía e incrementa la dependencia.»
J. Leal (2016). «La posición de los profesionales ante la vulnerabilidad de los sujetos y de
los derechos sociales». Revista de Treball Social (n.º 207, pág. 48).
Quizás esta mirada permita modificar ciertas posiciones profesionales en las
que el tecnócrata se sitúa en un nivel superior para pasar a ver al otro como
persona con derechos, persona que en un momento dado ha sido vulnerada
y que tiene la necesidad de soportes, más o menos regulares en el tiempo.
3.2.2. Vulnerabilidad y sociedad del riesgo hoy
Hay otro tipo de mirada sobre la vulnerabilidad: es la de Ulrick Beck en su Referencia bibliográfica
obra La sociedad del riesgo global (2002). En ella pone de manifiesto las nue-
U.�Beck (2002). La sociedad
vas vulnerabilidades del hombre posmoderno y su relación con la sociedad de del riesgo global. Madrid: Siglo
consumo actual, creadora de un falso paraíso al que mucha gente no puede XXI.
acceder. Así, aumenta la vulnerabilidad cuando se impulsan necesidades arti-
ficiales generando procesos de deuda. Lo tenemos muy cerca, lo hemos podi-
do constatar en España, pero también en Europa, con la importante crisis que
empezó en 2007 y en la que el drama ha venido marcado por la falta y pérdida
de empleo y la posterior pérdida de vivienda. A esto hay que añadir la falta de
© FUOC • PID_00240742 20 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
seguridad que viene motivada por dos factores: el aumento de la delincuencia
y la caída de los sistemas de bienestar social (empeoramiento de la calidad del
sistema sanitario, educativo y de servicios sociales).
«Beck señala que la lucha por resolver las necesidades básicas ya no es fundamental en
los países más desarrollados y que estos estarían pasando por una fase diferente de mo-
dernización caracterizada por la “sociedad del riesgo”. En esta, los procesos de individua-
lización con la liberación de los sistemas de control social, como la familia, la clase y
el estatuto sexual, estarían llegando a niveles desconocidos anteriormente y que eran
características propias de las sociedades industriales. La inestabilidad y la precariedad, las
nuevas condiciones que se ofrecen a causa de un desarrollo inédito de la libertad indi-
vidual. El riesgo, la incertidumbre y el azar definen, así, las nuevas vulnerabilidades del
hombre posmoderno.»
J. Estivill (2010). «El nom fa la cosa». En: L’Observatori Català de la Pobresa, la vulnerabilitat
i la Inclusió Social. Fonaments i precedents europeus. Barcelona: Generalitat de Catalunya
(col. «Inclusió social», pág. 36).
Nota
Somos conscientes de que esta es una visión de los estados de bienestar. Diferente es la
situación en otros lugares del mundo, pero todo no se puede recoger aquí. Recomenda-
mos leer la aportación de Estivill en la que habla de las dificultades de cuantificar y obje-
tivar la vulnerabilidad, pobreza y exclusión ampliando la visión y extendiéndolo a otros
territorios. Para ello explica algunos estudios en los que se tratan indicadores como: el
grado de precariedad de la vivienda, el paro y la subocupación, la capacidad de acceso a
los servicios de salud, el grado de discapacidad, etc., y de algunas de sus variables, como
acceso al agua corriente, a la luz, tipo de materiales de construcción de las viviendas, etc.
© FUOC • PID_00240742 21 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
4. La exclusión, ¿nos suena a familiar?
No es posible ocuparse de la exclusión desde la práctica si no nos situamos en
un punto de vista filosófico. No podemos cerrar los ojos ante las ideologías
imperantes, en caso contrario iremos a la deriva empujados por ellas. ¿Qué
queremos decir con ello? Que detrás de cualquier política, actuación o línea
de trabajo hay un ideario que la comanda y es necesario poder leer entre líneas
lo que hay en juego.
«Los posicionamientos filosóficos no son gratuitos ni anodinos. Permiten avanzar o, por
el contrario, conducen a callejones sin salida.»
S. Karsz (coord.) (2004). La exclusión: bordeando sus fronteras. Barcelona: Gedisa (pág. 148).
Anteriormente ya planteábamos el hecho de que el uso del término exclusión
social es contemporáneo. El capitalismo ha producido efectos en la organiza-
ción del trabajo a nivel mundial: es la globalización.
«En efecto, las mutaciones en la división internacional del trabajo, las reestructuraciones
industriales y financieras, el desempleo y la precarización de masas, la generalización de
las relaciones mercantiles, el conjunto de transformaciones que definen la etapa actual
del proceso de mundialización, es decir, de expansión conquistadora del capitalismo,
producen efectos que se entiende son condensados por la noción de exclusión […]. A
partir de la década de 1990, la noción de exclusión pasa a ser una categoría sobredeter-
minada, aparentemente sin fronteras, a la vez interprofesional e interdisciplinaria. Va
más allá de la sola esfera económica y política.»
S. Karsz (coord.) (2004). La exclusión: bordeando sus fronteras. Barcelona: Gedisa (pág. 137).
Karsz plantea la exclusión como un rechazo a lo diferente; así, dirá:
«Se entiende por exclusión una renegación de la alteridad que se corresponde con una
rigidez creciente de las instituciones y empresas, impregnadas unas de burocracia y las
otras de culto a la productividad».
S. Karsz (coord.) (2004). La exclusión: bordeando sus fronteras. Barcelona: Gedisa (pág. 138).
(1)
Podemos ver que la exclusión está en juego continuamente en nuestra socie- Concepto que Bauman (2007)
toma de Castel.
dad. La vía de los refugiados es utilizada por los políticos, la inmigración, los
derechos de unos y de otros respecto de la población autóctona, etc. Lo desco-
nocido, lo diferente nos da miedo. Bauman (2007) dirá que este es el encargo
del estado moderno, el de gestionar el miedo. Las estructuras de protección del
estado premoderno caen y regresan las «clases peligrosas1». Las clases peligro-
sas originales se formaban con gente temporalmente excluida, población que
había quedado sin integrar porque el progreso económico los había privado
de utilidad; sin embargo, se esperaba que con el tiempo fueran de nuevo re-
integradas. Las nuevas clases peligrosas son aquellos grupos que se ven impo-
sibles de reintegrar, se supone que no podrán desempeñar ninguna función.
Son clases superfluas, excluidas permanentemente.
© FUOC • PID_00240742 22 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
«La exclusión actual no se percibe como el resultado de una mala racha pasajera y reme-
diable, sino como un destino irrevocable. Cada vez con más frecuencia, la exclusión suele
ser (y se percibe como tal) un callejón sin salida.»
Z. Bauman (2007). Tiempos líquidos. Barcelona: Tusquets (pág. 100).
Algunos llegan a considerarla como parte de toda sociedad, a lo largo de la
historia siempre ha habido aquel subgrupo pobre y recluido:
«No habría existido, no podría existir una sociedad sin exclusión: de los esclavos, los
extranjeros, los inválidos, los locos, los inmigrantes, los desempleados, los trabajadores,
los judíos, los árabes, los pobres, los ricos; en suma, del otro, del Otro. La exclusión sería
tributaria no de una coyuntura (temporal), sino de una estructura (irrebasable): sus for-
mas y sus contenidos cambiarían sobre el fondo de un armazón que atraviesa las épocas
y las sociedades».
S. Karsz (coord.) (2004). La exclusión: bordeando sus fronteras. Barcelona: Gedisa (pág. 138).
La exclusión nos concierne porque cada uno de nosotros en algún momento
u otro se ha sentido excluido y nos da miedo caer en ella, a veces de manera
subjetiva, pero también objetiva a partir de la desarticulación de los estados
del bienestar y de la caída de la situación de bonanza.
Esta cuestión que puede parecer banal estará en juego en cada uno de nosotros
también cuando estemos en la praxis del trabajo social.
«Conocemos la exclusión escolar, la exclusión profesional, […] la exclusión frente al tra-
bajo, la exclusión en materia de amistad, la exclusión amorosa, la exclusión racial […].
Si se busca bien, uno siempre está excluido con relación a alguien, uno está excluido de
algo.»
S. Karsz (coord.) (2004). La exclusión: bordeando sus fronteras. Barcelona: Gedisa (pág. 141).
4.1. Uso genérico y uso específico del término exclusión
Sobre el término exclusión es necesario diferenciar el uso genérico del término
específico. Este hecho dará pie a diferentes lecturas y, por tanto, a diferentes
prácticas.
Las situaciones antes citadas corresponderían a un uso genérico. Aunque se
trate de exclusiones graves, son exclusiones restringidas y particulares. Podría-
mos hablar de una cierta exclusión desde lo más interior del sujeto. El término
podría tomar las acepciones de segregación, expulsión, apartamiento, destierro,
exilio...
«En el sentido específico, la exclusión representa algo distinto y algo más que sus mani-
festaciones fechadas y localizadas. Esta resignifica situaciones de depuración, de despo-
jamiento, de rechazo, e incluso situaciones de exclusión ya existentes.»
S. Karsz (coord.) (2004). La exclusión: bordeando sus fronteras. Barcelona: Gedisa (pág. 143).
© FUOC • PID_00240742 23 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
En la actualidad, es decir, a partir de 1990, el término exclusión toma otra di-
mensión. Se mueven discursos y prácticas que funcionan de una manera muy
específica. En el uso contemporáneo la�exclusión�siempre�es�social. En pala-
bras de Karsz, la exclusión social es la exclusión sin fronteras, esto da idea de
su expansión sin límite.
El adjetivo social:
«[...] expresa hasta qué punto la exclusión es radical, profunda, devastadora: en sus efec-
tos materiales, y también en aquello que ella ataca, en cada sujeto humano y en el con-
junto de la sociedad. […] De ese modo, si en la década de 1970 fue ya cuestión de exclui-
dos (de la economía, del bienestar, del progreso, etc.), si antes, en los años cincuenta,
fue cuestión de los excluidos de la vivienda y así sucesivamente, todo esto no concierne
todavía a la exclusión social, que data de los años 1985-1990: estos excluidos lo son ra-
dicalmente y son por tanto socialmente excluidos, son excluidos sociales».
S. Karsz (coord.) (2004). La exclusión: bordeando sus fronteras. Barcelona: Gedisa (pág. 144).
Los ejemplos anteriormente señalados (falta de vivienda, de empleo, etc.) no
corresponderían a la exclusión, ya que podrían ser subsanados mediante la
promoción de empleo, vivienda… En el momento en que la persona consi-
guiera empleo se habría resuelto el problema. No sucede lo mismo con la ca-
tegoría de exclusión social: «La exclusión social concierne a las raíces del ser
y del ser-juntos» (Karsz, 2004, pág. 145).
Nuestra época viene caracterizada por una importante crisis social en la que
las desigualdades son ingentes y en la que es constante la falta de expectativas.
Da la impresión de que si uno entra en la categoría de excluido, difícilmente
saldrá de ella.
«El desarrollo de la exclusión transforma radicalmente lo social, lo desconecta, lo deja sin
timón: lo social cesa de ser el espacio de la expectativa, de la esperanza y de la promoción
(sociales), del progreso compartido, de la posibilidad para cual de encontrar un lugar en
la sociedad… Lo social pasa a ser el teatro de las desigualdades tanto más intolerables
cuanto que parecen imposibles de evitar, si no definitivas.»
S. Karsz (coord.) (2004). La exclusión: bordeando sus fronteras. Barcelona: Gedisa (pág. 148).
La diferencia con otras épocas es que la sociedad antes era más homogénea,
no encontrábamos situaciones tan dispares dentro de una misma comunidad,
y si se daban condiciones de vida precarias siempre había una esperanza, se
suponía que la situación iba a ser transitoria y había la esperanza de un futuro
mejor. Lo tenemos bien presente en España en los años sesenta, momento
en el que las migraciones tanto dentro del país como hacia Europa fueron
numerosas. La gente vivió los primeros años en condiciones muy penosas en
las comunidades que los recibieron, pero progresivamente pudieron mejorar
e incluso volver a sus tierras de origen.
Evidentemente podríamos plantear que en otras épocas la pobreza era genera-
lizada y no exenta de conflictos y guerras, pero el hecho diferencial de la ex-
clusión hoy en día es que es una problemática holística y no solo un problema
© FUOC • PID_00240742 24 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
de falta de dinero, de vivienda o de trabajo. Karsz habla de un disfunciona-
miento, de un malestar en lo social. El crecimiento de la exclusión amenaza
lo social, eleva sus tensiones hasta hacerlo explotar.
«Lo social ya no es lo que era. A la larga, la exclusión excluye lo social. Testimonio de
lo que hoy ocurre con lo social, la exclusión dice lo que este se supone no es: un social
dividido, desigualitario, conflictivo, contradictorio. Ocuparse de la exclusión es operar
sobre las causas y los mecanismos que hacen que lo social se muestre tan poco liso, nada
unido, apenas consensual. Tan poco social, en suma.»
S. Karsz (coord.) (2004). La exclusión: bordeando sus fronteras. Barcelona: Gedisa (pág. 149).
La cohesión social es un reto y necesita de políticas interesadas en su restau-
ración. Podemos ver cómo el fracaso escolar incide con más insistencia en el
alumnado de barrios con alta problemática social; estos alumnos tendrán se-
rias dificultades para acceder a un empleo y seguramente quedarán recluidos
en la realidad del territorio sin otras posibilidades. La imposibilidad de poder
escapar de esta realidad hace vacilar la identidad de los sujetos que no podrán
acceder a una mejora de su situación, así como tampoco podrán las genera-
ciones venideras. Esta es la marca de la exclusión: los rasgos estructurales que
pueden verse en la sociedad –estructurales en cuanto a que se hallan en la es-
tructura de la misma.
Ligado a este hecho vemos que los excluidos están en la sociedad. Karsz plantea
que la exclusión atañe a personas que están fuera de una sociedad de la que
al mismo tiempo forman parte. Los excluidos están en la sociedad e intentan
sobrevivir dentro de la misma con los recursos con los que cuentan o con
los que la propia sociedad puede facilitarles. Así, si pensamos en la exclusión
dentro del grupo de toxicomanías o de barrios marginales, podemos ver cómo
dependen de la misma sociedad para sobrevivir, para conseguir dinero fuera
de la ley, podríamos decir fuera de la sociedad pero mediante ella. Estos grupos
de excluidos forman parte de la sociedad de la que son expulsados. No están
fuera de la sociedad, sino fuera de los circuitos formales establecidos. No están
fuera de la economía, sino en lugares concretos de esa economía, no están
excluidas del consumo, sino de cierto tipo de consumo.
«Es justamente en la economía donde estas poblaciones cumplen y/o se les hace cumplir
funciones bien precisas: elemento de freno de las reivindicaciones salariales, sostén de
la idea según la cual los que tienen un empleo asalariado –el que fuere– son privilegia-
dos, confirmación del adagio según el cual el trabajo es salud, resignación a condiciones
laborales cada vez más penosas, estímulo al reparto del empleo sin tocar para nada la
estructura de la propiedad y la distribución del capital… […] La exclusión es interior a la
sociedad considerada y cumple en esta roles a la vez precisos y preciosos.»
S. Karsz (coord.) (2004). La exclusión: bordeando sus fronteras. Barcelona: Gedisa (pág. 150).
© FUOC • PID_00240742 25 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
5. Pero ¿qué genera la exclusión?
Llegados a este punto, convendría identificar los grandes factores generadores Referencia bibliográfica
de exclusión. Subirats propone tres factores clave de la magnitud y estructura
J.�Subirats (2004a).«Las po-
de la exclusión: líticas contra la exclusión so-
cial como palanca de trans-
formación del Estado». Po-
1)�La�fragmentación�tridimensional�de�la�sociedad. Como señalábamos an- nencia redactada por Joan
Subirats con la colaboración
teriormente, la estructura actual es mucho más compleja y fragmentada, y vie-
de Quim Brugué y Ricard Go-
ne influenciada a su vez por diferentes hechos: mà, miembros del Instituto
de Gobierno y Políticas Pú-
blicas de la UAB.
• La diversificación étnica derivada de emigraciones de los países más po-
bres, generadora de situaciones muy precarias derivadas de falta de traba-
jo, documentación, red social, etc.
• Alteración de la pirámide de edades, en las que aumenta el número de
personas dependientes –básicamente ancianos– y disminuye la población
con capacidad laboral.
• Pluralidad de formas de convivencia familiar con incremento de la mono-
parentalidad en capas medias y populares. La falta de soporte, que ante-
riormente había sido facilitado por la familia extensa, junto a las frágiles
políticas de soporte a las familias y la dificultad de conciliación familiar y
laboral, llevan a nuevas dinámicas de riesgo, en especial para las mujeres
y los niños.
2)�El�impacto�sobre�el�empleo�de�la�economía�postindustrial. Hay un cam-
bio muy importante entre los modos de producción posfordistas, en los que
imperaban las cadenas de montaje, y el modelo de economía informacional.
El mercado de trabajo, el empleo y las relaciones laborales se han visto afec-
tados y modificados. Para sectores relevantes de la sociedad, el cambio econó-
mico puede haber generado un abanico de nuevas oportunidades impensable
en períodos anteriores. Pero no podemos obviar que todo cambio económico,
inscrito en la lógica del capitalismo, genera perdedores históricos. En este ca-
so, perdedores empujados hacia procesos de exclusión, plasmados en nuevas
realidades conectadas a la esfera laboral: desempleo juvenil de nuevo tipo, es-
tructural y adulto de larga duración; trabajos de baja calidad sin vertiente for-
mativa, y empleos de salario muy bajo y sin cobertura por convenio colectivo.
Todo ello nos remite y puede sintetizarse en dos fenómenos:
• Las trayectorias lineales y rápidas de los jóvenes hacia el empleo industrial
asalariado son hoy residuales. Han dado paso a un abanico de itinerarios
muy complejos y dilatados en el tiempo. Los itinerarios de inserción reco-
rridos por jóvenes con intensas carencias formativas y resortes de apren-
dizaje, que dan acceso estricto a empleos eventuales, precarios y no gene-
© FUOC • PID_00240742 26 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
radores de ningún tipo de vínculo grupal o comunitario, construyen unas
condiciones propicias para un nuevo espacio de exclusión social juvenil.
• La irreversible flexibilidad de los procesos productivos en la economía in-
formacional ha servido de argumento en algunas sociedades, entre ellas la
española, para impulsar procesos paralelos de destrucción de empleo y de
desregulación laboral, con erosión de derechos laborales y debilitamiento
de los esquemas de protección social tradicionalmente ligados al mercado
de trabajo. Ello ha generado nuevos espacios sociales de exclusión, que
afectan no solo a la población más joven, sino también y sobre todo a
colectivos adultos con cargas familiares.
3)�El�déficit�de�inclusividad�del�estado�de�bienestar. Subirats plantea que Referencia bibliográfica
un tercer factor clave viene dado por la falta de inclusividad del estado del
J.�Subirats�(dir.) (2005). Aná-
bienestar y que se manifiesta en dos vertientes: lisis de los factores de exclusión
social. Madrid: Fundación BB-
VA, Institut d’Estudis Auto-
• Se consolidan las fracturas de la población a partir del diseño poco inclu- nòmics (págs. 14-16).
sivo de las políticas de bienestar. Por ejemplo, la exclusión de los grupos
que fracasan en la escolaridad y la poca o nula respuesta de ciertas políti-
cas educativas.
• Se amplía el carácter segregador de ciertos mercados de bienestar. Por ejem-
plo, la liberalización del mercado inmobiliario provoca la exclusión al ac-
ceso a la vivienda de amplios colectivos sociales y fracturas importantes
en los barrios, sobre todo en los más deprimidos.
Estos tres factores se interrelacionan y, a menudo, se potencian mutuamente,
alimentando las dinámicas de exclusión social. Podemos ver ejemplos en los
que se plasma el carácter multifactorial y multidimensional en la vida cotidia-
na: barrios deprimidos en los que la escolarización es precaria, con altas tasas
de absentismo escolar, y que sufren el desempleo de larga duración, o colec-
tivos de inmigrantes que ante la falta de documentación y de regularización
de su situación no acceden a los sistemas de salud y de protección social ni
a una vivienda adecuada.
Leal plantea que la precariedad provoca mucho sufrimiento en los sujetos.
Cuando la intensidad es excesiva y no puede contenerse, aumenta el desam-
paro y el sujeto queda en la indefensión más absoluta; si se ve fuera de la co-
munidad o excluido, queda sin la protección que esta puede proporcionarle.
La soledad, la falta de soportes, la fragilidad de los vínculos y los fracasos:
© FUOC • PID_00240742 27 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
«[...] provocan una fractura de la confianza en el sujeto que queda así indefenso. Y le co-
loca en alto riesgo de desconfiar de sí y de quedar atrapado en relaciones de dependencia
y sumisión, como quien ha abandonado la esperanza de construir un proyecto y al que
solo le queda subsistir en la permanente precariedad. […] La pérdida del trabajo y de la
casa, las carencias de medios para vivir de forma digna, la insuficiente asistencia ante la
necesidad, el debilitamiento de la función contenedora de las instituciones, la quiebra
de los mecanismos redistributivos, etc., tienen un alto coste para sujetos y colectivos, en
especial los más frágiles. El aumento de la exclusión y del desamparo es el resultado de
la progresiva consolidación de un sistema que “se ha vuelto hostil a la vida”».
J. Leal (2016). «La posición de los profesionales ante la vulnerabilidad de los sujetos y de
los derechos sociales». Revista de Treball Social (n.º 207, pág. 43).
5.1. Situaciones de pobreza extrema y marginación social
Las personas que sufren de manera más intensa las consecuencias de la exclu-
sión social son las que se encuentran en una situación de pobreza extrema.
Presentan desventajas sociales y económicas que pueden ser altamente persis-
tentes, estigmatizadoras y segregadoras. Esta situación hace que la persona se
vaya alejando progresivamente de lo social, quedando fuera del circuito de
manera irremediable.
En épocas anteriores, de las que somos herederos, estos colectivos quedaban
nombrados como «inadaptados sociales». De esta manera, y con ese signifi-
cante, quedan responsabilizados del hecho de «estar fuera», no se adaptan a la
sociedad. Así, las personas marginadas quedan fuera del sistema, sin soporte
familiar, ni social y sin vínculos con lo laboral.
Más bien, y en las coordenadas actuales, anteriormente explicadas, se trata de
un hecho estructural donde las estructuras sociales y económicas dejan fuera
a un amplio colectivo que es considerado, o bien peligroso, o bien un desecho
de la sociedad, o ambas cosas a la vez.
Según Bauman:
«Las “clases peligrosas” originales estaban constituidas por el exceso de población tem-
poralmente excluida y todavía sin integrar, una población a la que la rapidez del progreso
económico había privado de su “función útil” y que, al desintegrarse a toda prisa las redes
de vínculos sociales, terminó sin protección alguna. No obstante, se esperaba que con
el tiempo estas clases se reintegrasen, atenuasen sus resentimientos y restableciesen sus
intereses en el “orden social”. Las nuevas “clases peligrosas”, por el contrario, son aque-
llos grupos sociales que se juzgan inadecuados para la reintegración y se declaran inasimi-
lables, ya que no puede imaginarse qué función podrían desempeñar tras la “rehabilita-
ción”. No solo son clases excedentes, sino superfluas. Están excluidas permanentemente:
se trata de uno de los pocos casos de “permanencia” que la modernidad líquida consiente
y fomenta de manera activa».
Z. Bauman (2007). Tiempos líquidos. Barcelona: Tusquets (pág. 99).
Para el autor la irrevocabilidad de la exclusión se debe a la descomposición del
estado social, ese estado hasta ahora supuesto garante de servicios públicos y
de protección y que por otro lado podemos pensar que ha funcionado con el
estatuto del ideal. Este ideal se ha degradado, ha caído la idea de estado pro-
tector como garantía de cubrir las necesidades desde lo público; aparece la idea
de que es el individuo quien tiene que cubrirse sus espaldas, y suponiendo una
© FUOC • PID_00240742 28 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
falta de capacidad de este, la familia es la encargada de dar el soporte necesa-
rio. De esta manera, se desdibuja la cobertura social, pasando a predominar
la individual. Es la realidad que podemos captar en la actualidad ante la falta
de trabajo. La responsabilidad es del que no se ha formado lo suficiente, del
que ha gastado por encima de sus posibilidades, del inmigrante que ha venido
a usurpar nuestro bienestar…, y el que no mejora su situación es porque no
quiere. Así:
«[...] carecer de un puesto de trabajo se percibe cada vez más como un estado de “redun-
dancia” (ser descartado, etiquetado como superfluo, inútil, incapacitado para trabajar y
condenado a permanecer “económicamente inactivo”). Estar sin trabajo implica ser pres-
cindible, quizás incluso ser prescindible para siempre, destinado al basurero del “progreso
económico”, un progreso que, en última instancia, se reduce a realizar el mismo trabajo y
conseguir idénticos beneficios, pero con menos personal y “costes laborales” inferiores».
Z. Bauman (2007). Tiempos líquidos. Barcelona: Tusquets (pág. 100).
Los desempleados pertenecen a una subclase, caen en el agujero del que difí-
cilmente podrán salir y son dejados de ser considerados ciudadanos de dere-
cho, carecen de valor para la sociedad y, por lo tanto, pasan a ser considerados
un desecho.
«Tampoco hay mucha distancia entre los “superfluos” y los delincuentes: la “subclase”
y los “delincuentes” son dos subcategorías de los excluidos, de los “socialmente inade-
cuados” o, más aún, de los “elementos antisociales”. Aquello que los diferencia es la cla-
sificación social y el trato que reciben, no su actitud y conducta. Como ocurre con la
gente sin trabajo, los delincuentes (es decir, los encarcelados, acusados de un delito y
a la espera de juicio, bajo vigilancia policial) ya no son vistos como sujetos excluidos
temporalmente de la vida social normal y destinados a ser “reeducados”, “rehabilitados”
y “restituidos a la comunidad” lo antes posible. Se les considera más bien individuos
marginales a perpetuidad, inadecuados para ser “reciclados socialmente” y destinados a
permanecer para siempre alejados de los problemas, separados de la comunidad de los
ciudadanos respetuosos con la ley.»
Z. Bauman (2007). Tiempos líquidos. Barcelona: Tusquets (pág. 102).
© FUOC • PID_00240742 29 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
6. Los excluidos: unos extraños posmodernos
Los extraños posmodernos por excelencia son los inmigrantes, los refugiados,
los desplazados… Son extremadamente útiles y necesarios; siempre va bien
tener un chivo expiatorio. Al fin y al cabo, la culpa siempre es del otro. El
problema de la inmigración no es el de convivir con la diferencia, sino el de
la miseria que ha provocado la actual crisis, y a la que se han visto lanzados.
Trabajadores extranjeros llegaron alentados por la bonanza en Europa, con la
promesa de vivir en un mundo rico. La producción industrial ha ido a menos,
pero se han abierto otros campos, como la construcción y los servicios. El
destino de los trabajadores extranjeros fue:
«[...] incorporarse a un mercado de trabajo más inclemente que el propiciado por las fá-
bricas, colocarse en los extremos de la precarización y la subcontratación laboral y, ahora,
alimentar tanto los nuevos ejércitos como las nuevas formas de lumpemproletariado y
de marginación social, permanentemente al límite».
M. Delgado (2013). «Formas contemporáneas de la exclusión social». En: Exclusiones.
Discursos, políticas, profesiones. Barcelona: Ed. UOC (pág. 53).
En el momento en que convenía tener mano obra barata se abrieron las fron-
teras, facilitando su llegada. Los mensajes que se daban a través de los medios
de comunicación eran que los países europeos, entre ellos España, necesitaban
población joven trabajadora que asegurara las futuras pensiones de la prevista
población envejecida española. La estructura económica fue enriqueciéndose
gracias a una cierta explotación laboral. A su vez, esa integración por la que
supuestamente se lucha desde las políticas es falsa y negada; la realidad es que
los extranjeros pobres no tienen los mismos derechos y deberes y les son ve-
tados derechos sociales a causa de la situación jurídica, modificada continua-
mente a la baja. La integración se ve obstaculizada por todas las contingencias
que atrapan –al extranjero– en los rincones más empobrecidos y vulnerables
de la estructura socioeconómica de la que es difícil, por no decir imposible,
salir. Así, es frecuente ver pasar por los Servicios Sociales a personas muy for-
madas académicamente, que a falta de tener los títulos homologados se ven
impedidas para ejercer su profesión; si a esto se le añade que no disponen de
permiso de trabajo y/o residencia, la cosa se complica sustancialmente, vién-
dose obligadas a trabajar en la economía sumergida.
© FUOC • PID_00240742 30 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
«Esos no ciudadanos se supone que deberían ver atenuado el estado de desamparo legal
a que se les somete con una serie de atenciones básicas de las que hacen uso sistemático
y generalizado y que les corresponden en tanto que personas, al margen de la legalidad
o no de su situación o, mejor dicho, de su misma existencia. Esto último es importante
y cabe remarcarlo, por cuanto una buena parte de esas personas reciben la consideración
–ya de por sí chocante– de “ilegales”, consecuencia de leyes de extranjería cuyo objetivo
–en contra de lo que se afirma– no es regular la entrada de inmigrantes, sino regular su
presencia en el territorio propio o, mejor dicho, desregularizándolos, convirtiéndolos en
un subproletariado indocumentado a merced de la precarización laboral y la sobreexplo-
tación que les aguarda.»
M. Delgado (2013). «Formas contemporáneas de la exclusión social». En: Exclusiones.
Discursos, políticas, profesiones. Barcelona: Ed. UOC (pág. 56).
¿Y qué pasa cuando ya no se les necesita? ¿Qué pasa cuando no hay trabajo
para todos?
El mensaje que se hace llegar es que hay demasiados inmigrantes. El de fuera
es un extraño, y como tal asusta. En palabras de Bauman «el extraño es de-
testable y temido», el extraño es alguien ante el que hay que sentir indigna-
ción «la acuidad de la extrañeidad y la intensidad de la indignación», y Max
Frisch, citado por Bauman (2009, pág. 39), hablando de los extranjeros dirá
«hay sencillamente demasiados: no en los solares en construcción, ni en las
fábricas, ni tampoco en las cuadras ni en la cocina, sino fuera de hora. Espe-
cialmente el domingo hay inesperadamente demasiados». El trato discrimina-
torio del extranjero tiene su función. Juegan un papel importante en el tema
de la inseguridad, se integran en el discurso social y político para justificar y
dar cuerpo a problemas que pertenecen a la sociedad entera. Nada lo ilustra
mejor que el lugar que ocupan estos grupos de excluidos por motivos de et-
nia en la actualidad, desde los barrios periféricos de las grandes ciudades a los
grandes asentamientos de refugiados.
Los extraños resultan útiles precisamente en su calidad de extraños; su extra-
ñeidad debe ser protegida y preservada con cuidado. Constituyen señalizacio-
nes imprescindibles cuyos efectos psicológicos se extienden más allá de los
propios excluidos. La idea es que el extraño, el inmigrante, el excluido puede
quitarnos lo que es nuestro aumentando, así, la inseguridad. Esto es lo que
hay en el trasfondo de numerosos discursos políticos europeos actuales. Castel
(2010) afirma que:
«La generalización del sentimiento de inseguridad se sitúa en la conjunción de dos series
de factores: un aumento de la inseguridad social, debido a la degradación de las condi-
ciones de existencia, o el miedo a esa degradación, en amplios sectores de la opinión pú-
blica (inseguridad social); y en un aumento del número de atentados contra la integridad
de bienes y personas (inseguridad civil)».
R. Castel (2010). La discriminación negativa. Barcelona: Editorial Hacer.
Así, Bauman (2009) plantea que nadie puede estar seguro; los trabajos no son
duraderos, la experiencia laboral y los altos aprendizajes pueden ser un bene-
ficio pero también pueden volverse en contra. De esta manera, unos pocos
poderosos pueden chantajear al resto del mundo y seguir ejerciendo su poder.
© FUOC • PID_00240742 31 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
«En su versión actual, los derechos humanos no implican la adquisición del derecho a un
empleo, por muy bien que este se desempeñe, o –de un modo más general– del derecho
al cuidado y a la consideración por méritos pasados. El sustento, la posición social, el
reconocimiento de la propia utilidad y el derecho a la dignidad pueden desvanecerse por
completo, de la noche a mañana y sin previo aviso.»
Z. Bauman (2009). La posmodernidad y sus descontentos. Madrid: Ediciones Akal (pág. 34).
La incertidumbre posmoderna se caracteriza también por el debilitamiento
de las redes sociales, como son las formadas a partir del barrio, de la familia
y de las amistades propias de otros tiempos. El consumismo tiene parte de
responsabilidad en el asunto; se presenta como fuente directa de satisfacción,
compramos con la promesa de ser felices con nuestros objetos y acabamos
aislándonos con ellos.
«La disolución lenta pero inexorable y el olvido inducido de las habilidades sociales de-
tentan otra parte de responsabilidad. Lo que se solía unir y mantener unido gracias a las
habilidades individuales y a la utilización de recursos autóctonos tiende ahora a pasar a
través de la mediación de herramientas producidas tecnológicamente que se adquieren
en el mercado. A falta de tales herramientas, las comunidades y los grupos se desintegran
(si es que antes tuvieron la ocasión de formarse). No solo la satisfacción de necesidades
individuales, sino también la presencia y resistencia de grupos y colectividades, adquie-
ren un grado cada vez mayor de dependencia del mercado, y por consiguiente, reflejan,
como cabría esperar, su carácter caprichoso y excéntrico.»
Z. Bauman (2009). La posmodernidad y sus descontentos. Madrid: Ediciones Akal (pág. 35).
El mensaje que nos llega a través de los medios de comunicación es un mensaje
de indeterminación, nada es seguro, todo dura poco, todo es efímero. Antes
se vivía en la sociedad de la certidumbre, ahora nada es duradero y entramos
en la sociedad del riesgo.
«Y, por consiguiente, no existen apenas cosas en el mundo que puedan considerarse só-
lidas y fiables, nada que recuerde a una lona persistente en la que uno podría tejer el
propio itinerario de vida.»
Z. Bauman (2009). La posmodernidad y sus descontentos. Madrid: Ediciones Akal (pág. 36).
Estas son las condiciones de la incertidumbre posmoderna que inciden y mar-
can los procesos de exclusión, en el sentido de que excluido puede ser cual-
quiera. Estamos en un cambio de paradigma que nos afecta a todos por igual:
el sentimiento de posible pérdida constante, pérdida de lo seguro del trabajo,
de la seguridad de lo conocido, junto al debilitamiento de nuestras redes so-
ciales de apoyo, hacen que las coordenadas de lo que entendemos por exclu-
sión varíen.
«Junto al colapso de la oposición entre la realidad y su simulacro, entre la verdad y su
representación, llega el desdibujamiento y la disolución de la diferencia entre lo normal y
lo anormal, lo esperado y lo inesperado, lo corriente y lo raro, lo domesticado y lo salvaje,
lo familiar y lo extraño, “nosotros” y los extraños. Ya no hay una preselección, definición
y segregación autorizadas de los extraños, como la que solía existir en la época de los
programas coherentes, duraderos y gestionados por el Estado de construcción del orden.
Los extraños son ahora tan cambiantes y proteicos como la propia identidad; están igual
de débilmente fundados, son igual de erráticos y volátiles.»
Z. Bauman (2009). La posmodernidad y sus descontentos. Madrid: Ediciones Akal (pág. 36).
© FUOC • PID_00240742 32 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
7. De la precariedad a la autoexclusión
Como hemos visto anteriormente, la desafiliación puede llevar a la marginali-
dad y a la exclusión extremas. ¿Cómo se lleva a término este proceso? Veremos
en este apartado los mecanismos sociales e individuales que pueden influir.
Tras haber visto las aproximaciones clásicas de la pobreza, nos adentramos
en la lógica de un proceso, el proceso de la exclusión. Este análisis permitirá
plantearnos la dinámica de la exclusión y poder pensar en su tratamiento,
antes de que llegue a tener unos efectos irreversibles. Sin ahorrarnos pensar
que hacen falta acciones políticas que modifiquen la situación estructural, se
tratará de establecer una determinada posición en la relación con las personas
que atendemos y un trabajo con los equipos implicados.
Así, pues, intentaremos detectar las zonas de vulnerabilidad cuando vemos a
alguien que no consigue mantenerse con los trabajos precarios que realiza, o
a aquel joven que no puede seguir una formación continuada que le llevará a
una inserción laboral y social real. Si no hay un apoyo familiar o de una red
profesional, los sujetos pueden ir entrando progresivamente en un proceso de
marginalidad.
Seguiremos los estudios de Serge Paugam (citado por Rouet) y el proceso de
descalificación social.
Paugam define el proceso�de�descalificación�social como una de las formas
posibles de la relación de interdependencia entre una población designada
como pobre y excluida y el resto de la sociedad. Hay cuatro elementos que
permiten definir esta relación:
• Estigma: la pobreza es considerada como intolerable por la comunidad y
las personas pobres son desvalorizadas. Tienen que vivir en el aislamiento,
ya que la humillación les impide desarrollar el sentimiento de pertenencia
a una clase social.
• Los pobres, por el hecho de ser asistidos, no pueden tener más que un esta-
tus social desvalorizado que los descalifica. No obstante, son considerados
miembros de la sociedad, aunque como pertenecientes al último estrato.
En este sentido, la descalificación social no es sinónimo de exclusión.
• Los modos de resistencia al estigma y la adaptación a la relación de asis-
tencia varían según la fase del proceso de descalificación en la cual se en-
cuentran los pobres. Los asistidos no constituyen un estrato homogéneo
de la población.
© FUOC • PID_00240742 33 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
• Condiciones socio-históricas de este proceso de descalificación social. El
aumento del uso de la asistencia se explica por tres factores: un nivel ele-
vado de desarrollo económico asociado a una fuerte degradación del mer-
cado de trabajo; un aumento de la fragilidad de los lazos sociales, en par-
ticular en el ámbito familiar, y una mayor protección por parte del estado.
Según Rouet, la marginalidad es así directamente una consecuencia de un re-
chazo del asistido, de la humillación inducida por la asimilación a una subca-
tegoría de ciudadano, de persona, y causa una ruptura del lazo social. La des-
calificación de Paugam reúne una construcción de la identidad en negativo
que, de alguna manera, conduce a las personas a desarrollar comportamientos
particulares de cara a los dispositivos institucionales de solidaridad o de asis-
tencia, lo que les hace ser inoperantes. La exclusión social es una anomia social
que se inscribe en la construcción de una cultura de la exclusión, en modos de
vida particulares instalados en la desviación o la peligrosidad para el cuerpo
social. Este análisis permite ver cómo los programas y las políticas de lucha
contra la exclusión, institucionalizando los pobres y la pobreza, agravan a ve-
ces la situación e institucionalizan al mismo tiempo una cultura de la pobreza.
La fragmentación de la sociedad implica nuevos interrogantes sobre la manera
de mantener los lazos en una sociedad donde la exclusión se constata sin poder
ser delimitada.
No obstante, no podemos dejar de lado las cuestiones particulares de los su-
jetos en los procesos de precariedad. No se puede hablar de exclusión genera-
lizada, hay que tener en cuenta las particularidades, los procesos puramente
individuales. Para ello seguiremos el desarrollo teórico de Furtos, que viene a
mostrar el lazo entre la precariedad y la autoexclusión analizando las nuevas
formas de patología mental que de ello se derivan. Lo haremos siguiendo el
artículo de Morana: «Jean Furtos. De la precariedad a la autoexclusión».
Jean Furtos
Referencia bibliográfica
Furtos es psiquiatra y jefe de psiquiatría en un hospital cerca de Lyon (Francia). En 1995
fundó un observatorio que trabaja en las prácticas de salud mental y precariedad, junto C.�Morana (2015). «Jean Fur-
a los que están en primera línea de la clínica psicosocial. En 2009 publicó su obra De la tos. De la précarité à l’auto-
précarité à l’auto-exclusion. exclusion, Editions Rue
d’Ulm/Presses de l’École Nor-
male Supérieure, 2009, par
Furtos constata que el tipo de sufrimiento va cambiando, de manera que la Laurence Lacroix». L’Œil de
estructura psíquica de los sujetos evoluciona según el tipo de sociedad en la Minerve.
que se vive.
«Si la autoexclusión aparece así como una nueva forma de patología mental, es necesario
buscar la causa en las características de nuestra sociedad contemporánea.»
C. Morana (2015). «Jean Furtos. De la précarité à l’auto-exclusion, Editions Rue d’Ulm/
Presses de l’École Normale Supérieure, 2009, par Laurence Lacroix». L’Œil de Minerve.
© FUOC • PID_00240742 34 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
Este hecho nos lleva a tomar conciencia de que la mundialización de los mer-
cados económicos y las políticas liberales dan lugar a una nueva economía
psíquica de la cual el síndrome de autoexclusión no es más que un reflejo.
El nacimiento del mundo moderno ha comportado el individualismo y la ato-
mización de lo social, y este ha sido el substrato para el auge de la precarie-
dad social; se asiste a una fragilización psíquica del sujeto que queda absolu-
tamente solo; de aquí surgen las nuevas formas de patología psíquica. Para
comprenderlas conviene profundizar en las características de esta nueva pre-
cariedad. Esta no concierne tanto al individuo como a la estructura social mis-
ma. Es la consecuencia de la mundialización del capitalismo financiero, que
dirige las coordenadas del mundo. Sus efectos, como ya hemos visto, no pasan
desapercibidos. Los intereses económicos van en contra de lo que conviene
a los ciudadanos, y pueden ir mucho más allá, en contra directamente de la
vida misma.
Furtos plantea que en todo sujeto se da una precariedad normal, sería la vul-
nerabilidad de la que hemos hablado antes y que todos llevamos inscrita. Pero
hay otra precariedad que él define como patológica. En la precariedad nor-
mal, cuando el sujeto está en dificultad pide ayuda. Esta demanda es imposi-
ble en la precariedad patológica. Se da una desestructuración de la relación
de confianza que el individuo teje con lo social y se manifiesta por una pérdi-
da de confianza generalizada, característica propia de la precariedad psíquica
contemporánea.
Esta pérdida de confianza se da en tres áreas:
• El sujeto pierde toda confianza en sí mismo, piensa que nada irá bien nun-
ca, es un desecho de la sociedad. La desestructuración del lazo social está
presente.
• La violencia generada producida por las estructuras sociales produce una
pérdida de confianza en el otro, sobre todo empujado por las políticas de
seguridad que persiguen al extraño que es peligroso.
• Hay una pérdida de confianza en el futuro. Se puede observar en los últi-
mos tiempos, lo tenemos cercano. Se trata de la pérdida de esperanza, la
pérdida de fe en la humanidad, en uno mismo, en los otros.
Estos aspectos, llevados al extremo, son los que aparecen en el llamado «sín-
drome�de�autoexclusión».
La base de esta patología es la de no querer ver, no querer sentir, dejar de sufrir.
Esta patología mental se muestra en la gente que vive en la calle, en el extre-
mo de la exclusión. Se produce también el sentimiento de falta de pertenencia
al grupo de humanos. Una de las maneras de tratar este sentimiento es el de
practicar la autoexclusión que se basa en decirse a uno mismo «yo abandono
© FUOC • PID_00240742 35 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
este mundo, no confío en él, me encierro en mí mismo y me autoalieno en mi
interior». Según Furtos (2009), uno de los signos frecuentes que encontramos
en este síndrome es el descuido, entendido como la falta de cuidados de uno
mismo. La falta de autopreocupación se muestra, en cierta manera, como un
desaliento, un desánimo grave, una desesperación en la vida cotidiana, a veces
gravísima. Se observa el descuido en personas aisladas y que se aíslan de forma
decidida: enfermos mentales, personas mayores, personas con gran precarie-
dad social y, esencialmente, personas que en ciertos momentos se alejan de su
pertenencia a la comunidad. El descuido, en estos contextos, debe leerse como
un signo clínico de la exclusión y de abandono de sí mismo. Las formas más
graves de esta negligencia son: la falta de higiene, de alimentación, la negativa
a salir de casa, los problemas importantes de salud y un aislamiento extremo
que en las formas más graves lleva a la muerte.
Para sobrevivir, el sujeto se excluye de sí mismo, de su propia subjetividad.
Para evitar sufrir, se aleja de su sufrimiento, se anestesia.
La autoexclusión se formaliza a partir de esta autoanestesia y manifiesta los
siguientes signos:
• Anestesia parcial del cuerpo: las personas no sienten el dolor causado por
las enfermedades.
• Inhibición parcial del pensamiento y de las emociones. Los síntomas se
parecen a los de la esquizofrenia, la depresión e incluso la demencia, pero
Furtos aísla este síndrome de manera diferencial: el sujeto está anestesiado,
mecanismo existencial de defensa que puede llevar al desespero del que
el sujeto no puede hablar.
• Ruptura activa con la familia y los seres próximos, incluso con los profe-
sionales.
• Pérdida de la vergüenza humanizante. Al lado de la humillación, hay una
«buena vergüenza», que es la que evita hacer cualquier cosa inaceptable
porque los otros considerarían que no forma parte del grupo.
• Viven en un mundo paradójico, un mundo al revés, tanto que parece que
no entiendan que viven en el mismo mundo de todos. Así, vemos que
muchas de las personas que viven en la calle no aceptan una vivienda sa-
lubre, y si lo hacen, siguen durmiendo en el suelo o con la ventana abier-
ta. Es habitual que transformen la vivienda en inhabitable, incluso que se
hagan expulsar tras mostrar comportamientos inadecuados.
© FUOC • PID_00240742 36 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
El síndrome de autoexclusión es la manera que ha encontrado el sujeto de res-
ponder al carácter excluyente de lo social. Esto se manifiesta por una incapa-
cidad de pedir ayuda, aunque al mismo tiempo la necesita de manera urgente.
Llegan incluso a rechazarla cuando se la ofrecen. La errancia y el rechazo a un
lugar donde arraigarse es un fenómeno común.
Las personas ejercen una «autonegligencia» severa. Acumulan cosas sin dis-
tinguir lo que es basura de lo que no lo es. Viven en la inmundicia. Es lo que
actualmente se llama el «síndrome de Diógenes». Furtos (2009, pág. 3) explica
que hay una pérdida de la función psíquica de descontaminación entre lo que
hay que tirar y lo que hay que guardar. La persona viene a ser un desecho en sí
misma. No quiere decir que sea un desecho en tanto que sujeto, sino en tanto
que va destruyéndose progresivamente en su humanidad; aparece como un
desecho y desaparece como un sujeto con dignidad.
El síndrome de autoexclusión muestra una complicación importante y termi-
nal, es la muerte prematura a causa del descuido, la anestesia y el rechazo a la
ayuda y a los cuidados adecuados.
Furtos (2009) propone una respuesta ética al tratamiento de este tipo de situa-
ciones: el�antídoto�de�la�exclusión�es�el�respeto. Es porque la estructura so-
cial está deshumanizada, porque no tiene en cuenta a la persona como princi-
pio mismo y fundamento primordial, cuando aparece el síndrome de autoex-
clusión. Luchar contra esto implica un retorno a las relaciones verdaderamen-
te humanas. Para acompañar en la exclusión es necesario respetar comporta-
mientos que no entendemos, que son destructivos y paradójicos y, sin embar-
go, continuar manteniendo una relación. Es la relación intersubjetiva la que
reconoce la dignidad de la persona y su imposibilidad temporal de cumplir las
normas. Es importante reconocer y aceptar, durante un tiempo, el mundo al
revés en el que viven algunas personas en situación de exclusión; vivir al revés
pero vivir a pesar de todo.
Para situarse ante las personas con estas dificultades psicosociales tan graves,
es necesario de entrada reconocerlas como tales y evitar interpretar que mues-
tran una «mala voluntad» o que «sabotean el trabajo profesional». En este tipo
de relación de ayuda, sea cual sea el lugar de la relación de ayuda, es necesario
desarrollar la capacidad de negociar; hay que crear un espacio con gente que
aparentemente no quiere nada pero que puede aceptar una pequeña ayuda,
sobre todo si se la ofrecen con tacto, con convicción pero, sobre todo, deseán-
doles que tengan la posibilidad de vivir.
© FUOC • PID_00240742 37 Vivir y trabajar en los márgenes. Exclusión y pobreza desde los...
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