BLOQUE 8: EL REINADO DE ALFONSO XIII (1902- 1931)
8.1. La crisis de la Restauración: intentos regeneradores y oposición al régimen.
En 1902, Alfonso XIII, tras alcanzar la mayoría de edad, llegó al trono para reinar hasta
1931. Como han afirmado historiadores como Carr, el miedo a aceptar los riesgos de una
verdadera participación democrática mantuvo el turnismo e impidió la modernización del
sistema político. De 1902 a 1923, España vivió una situación de permanente crisis política
por debido a los siguientes factores:
1. La continua intervención del rey en la vida política.
2. La decadencia de los “partidos dinásticos”, como consecuencia de las luchas internas
que surgen tras la muerte de sus líderes históricos: Cánovas (1897) y Sagasta (1903).
3. El debilitamiento del caciquismo. El éxodo rural y el crecimiento urbano facilitaron que
otros partidos (ej. socialistas y republicanos), obtuvieran representación parlamentaria.
4. El clima de violencia social en las principales ciudades y entre el campesinado andaluz,
debido a las condiciones de pobreza de gran parte de la población y a la mayor fuerza
de los movimientos obreros. El anticlericalismo* [= rechazo hacia todo lo que se relaciona con el
clero] será una de sus manifestaciones.
5. El crecimiento y radicalización del nacionalismo catalán, que consideraba insuficientes
las reformas descentralizadoras.
6. El protagonismo creciente del Ejército, que quería reponerse del Desastre del 98
interviniendo en la guerra en Marruecos.
La primera etapa del reinado estuvo marcada por el espíritu regeneracionista, un
movimiento intelectual encabezado por Joaquín Costa (autor de Oligarquía y caciquismo), que
propone una respuesta más objetiva, positiva y activa a los graves problemas de España que
la llamada “Generación del 98”: modernizar el sistema político, acabar con el caciquismo y el
fraude electoral y basar el bienestar del país en el desarrollo de su economía y educación,
acabando con las crisis de subsistencia, el hambre y analfabetismo. Este último
planteamiento se resume en la fórmula «escuela y despensa» ideada por el propio Costa.
El asesinato de Cánovas dejó a Francisco Silvela como líder del partido conservador.
Formó varios Gobiernos que intentaron acabar con la corrupción del sistema, pero fracasó y
abandonó la política en 1903, dejando paso a un nuevo líder conservador, Antonio
Maura. La primera crisis ocurrió en 1905, cuando una viñeta antimilitar publicada en una
revista satírica catalana (Cu-Cut!) desató la ira de algunos mandos del Ejército, que asaltaron
e incendiaron sus instalaciones. Además, presionó y consiguió la aprobación de la Ley de
Jurisdicciones (1906), que establecía que cualquier ofensa al Ejército y a la patria se
juzgaría en tribunales militares. Durante el “Gobierno largo” de Maura (1907-1909) se
aprobaron algunas medidas, dentro de la llamada “revolución desde arriba”, como 1) la
regulación del descanso dominical, 2) la creación del Instituto Nacional de Previsión (embrión
del sistema de la Seguridad Social) o 3) la Ley de Reforma Electoral, que hacía que votar
fuera obligatorio.
El estallido de la Semana Trágica en Barcelona en 1909 puso fin al intento reformista
de Maura. En la ciudad se vivía un clima de tensión por: 1) las fricciones con los militares, 2) la
intervención en Marruecos, 3) el malestar ante el sistema de quintos, 4) las reivindicaciones
anarquistas, 5) el creciente anticlericalismo y 6) el éxito del Partido Radical de Alejandro
Lerroux. Desde la Conferencia de Algeciras (1906), España ejercía un protectorado sobre
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el norte de Marruecos. En 1909, miembros de las tribus del valle del Rif atacaron una línea de
ferrocarril y mataron a trabajadores españoles, por lo que Maura decidió reforzar militarmente
la zona: ordenó la incorporación de reservistas al Ejército con destino a Marruecos; unos
reservistas pertenecientes al campesinado y la clase obrera porque los grupos más pudientes
sustituían el servicio militar por el pago de un impuesto. Ante esta situación, los socialistas y
republicanos promovieron una acción conjunta en contra. Las protestas no fueron atendidas y
cuando las tropas embarcaban en Barcelona comenzaron los incidentes (18 julio de 1909). La
organización Solidaridad Obrera llamó a la huelga general; la mala organización hizo que la
huelga solo fuera seguida en Barcelona. La autoridad militar proclamó el estado de guerra y la
situación de violencia se generalizó (unido a las noticias procedentes de Marruecos sobre el
desastre militar del Barranco del Lobo): barricadas, vuelco de tranvías, quema de conventos,
enfrentamientos entre la policía y los huelguistas... Las luchas en las calles se prolongaron
durante una semana. Hubo más de 100 muertos, 300 heridos, casi un centenar de edificios
destruidos (sobre todo conventos) y múltiples destrozos. La insurrección fue sofocada con una
dura represión, detenciones irregulares y condenas a muerte. La ejecución del anarquista,
pedagogo y fundador de la Escuela Moderna Ferrer i Guardia, promovió protestas dentro y
fuera de España. El rey forzó la dimisión de Maura.
En 1910 les tocó el turno de gobierno a los liberales, presididos por José Canalejas,
que llevó a cabo el último intento regeneracionista: 1) Aprobó la Ley del Candado (1910), que
limitaba el establecimiento de nuevas órdenes religiosas y negoció con la Santa Sede
aumentar la libertad religiosa y acabar con el monopolio eclesiástico de la educación; 2)
Suprimió el impopular impuesto de consumos [= tributo sobre determinados artículos, algunos de
primera necesidad] para aliviar la situación de las clases populares; 3) La Ley de Reclutamiento
(1912) estableció el servicio militar obligatorio en tiempo de guerra y se suprimió la
redención en metálico* [= librarse del reclutamiento pagando]; 4) en Marruecos, negoció con
Francia un nuevo tratado que fue la base del Protectorado franco-español sobre Marruecos;
5) tramitó la Ley de Mancomunidades con la que pretendía responder a las reivindicaciones
autonomistas catalanas. Estas reformas se vieron interrumpidas por el asesinato de Canalejas
en 1912. Tras su muerte, y como consecuencia de las divisiones dentro de los dos grandes
partidos, se abrió un periodo de inestabilidad política, que tuvo su punto álgido en la crisis de
1917, y que desembocó en la dictadura de 1923.
Pronto, en la España de la Restauración se organizaron grupos políticos al margen de los
“partidos dinásticos” del sistema canovista (y por tanto sin opción alguna a gobernar o ser
representados en el parlamento) que fueron adquiriendo una mayor importancia con el paso
del tiempo. La oposición al régimen en tres grandes bloques: republicanos, movimiento
obrero (socialismo y anarquismo) y el regionalismo o nacionalismo.
En primer lugar, estaba el proyecto republicano, apoyado por intelectuales y clases
medias, que defendía el sufragio universal, el laicismo, la extensión de la educación, etc. En
1896, centralistas y federalistas acordaron formar la Unión Republicana. Sin embargo, en su
seno se distinguían dos corrientes que se separaron en 1908: a) la moderada y reformista,
de Salmerón y Melquíades Álvarez, que opta sólo por la vía electoral y parlamentaria; y b) el
Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, con un discurso populista y anticlerical,
que integra también las aspiraciones obreras, y tuvo mucho peso en Cataluña.
En segundo lugar, estaba el movimiento obrero, favorecido por la Ley de Asociaciones
de 1887, que legalizaba las organizaciones obreras. Se dividía en dos tendencias: 1. La
marxista o socialista, que se organizó a través del Partido Socialista Obrero Español
(PSOE), creado en 1879 por Pablo Iglesias, y del sindicato Unión General de
Trabajadores (UGT). Tras la Semana Trágica de Barcelona se vinculó al republicanismo,
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(Conjunción Republicano Socialista, 1909) con lo que Pablo Iglesias logró acceder al
Parlamento en 1910 (primer diputado español socialista de la historia). Mientras tanto, la UGT
fue creciendo gracias al sector minero y ferroviario: de los 41.000 afiliados en 1910, pasó a
129.000 en 1912; y 2. la anarquista, que estaba dividida en la tendencia colectivista del
campo andaluz, por un lado, y el anarcosindicalismo de la Cataluña industrial, por otro.
Algunos defendían el terrorismo como vía hacia la revolución. El anarquismo se opone a la
formación de partidos políticos, pero entre sus sindicatos destacó la Confederación
Nacional del Trabajo (CNT), creada en 1910 para defender la “acción directa”: lucha
obrera por medio de huelga, sabotajes industriales, ocupación de fábricas y tierras, etc.
En tercer y último lugar, están los regionalismos y nacionalismos, que alcanzaron un
gran desarrollo desde finales del siglo XIX. Como han señalado historiadores como Álvarez
Junco o Fusi, las demandas regionalistas (la reivindicación de la cultura y la lengua propia de
una región) pasaron a ser nacionalistas (la convicción de que esa cultura configuraba una
nación que puede aspirar a la formación de su propio Estado), especialmente tras el
“Desastre del 98”. En ambos casos se quería un modelo de Estado descentralizado, opuesto
al del sistema canovista. Por ello, sus objetivos fueron la creación de instituciones propias, la
autonomía administrativa y, en algunos casos, la independencia. Destacaron:
a. Nacionalismo catalán. En la década de 1830 se había iniciado el movimiento literario y
cultural catalán (Renaixença), pero el catalanismo político se inicia en la Restauración con el
republicano federal Almirall. En 1891-92 se crea la Unió Catalanista que promovió las
Bases de Manresa: el primer programa del catalanismo que incluía un proyecto de Estatuto
de Autonomía. En 1901 se formó el primer gran partido catalanista, la Lliga Regionalista,
liderada por Prat de la Riba y por Cambó. Se trataba de un partido conservador que
aspiraba a una autonomía de Cataluña, apoyado por sectores de las clases medias y altas y
vinculado a la industria local. Durante las dos primeras décadas del siglo XX fue el principal
partido catalán. La clase obrera se organizó alrededor del partido nacionalista de izquierda
Centre Nacionalista Republicà.
b. Nacionalismo vasco. No tuvo su origen en movimientos culturales: nació más tarde que el
catalán pero evolucionó rápidamente. Seguía una línea de pensamiento católica y antiliberal:
reivindicó los fueros perdidos y criticó la industrialización, el capitalismo y la inmigración
porque fracturaban la sociedad tradicional vasca. En 1895, Sabino Arana fundó el Partido
Nacionalista Vasco (PNV), con escaso apoyo por su radicalismo antiespañol e
independentista. Tras la muerte de Arana, una facción más moderada del PNV logró atraer a
la burguesía industrial, con lo que se convirtió en la fuerza mayoritaria.
c. Regionalismo gallego. Nació a partir del movimiento cultural Rexurdimento, con un
planteamiento político menos desarrollado que el catalán o el vasco y menor apoyo social.
Manuel Murguía fundó la Asociación Regionalista Gallega.
d. Otros regionalismos más tardíos y con menor apoyo fueron el andaluz (en torno al Ateneo de
Sevilla y a la figura de Blas Infante) y el valenciano (Renaixença) Teodor Llorente.
8.2. El impacto de los acontecimientos internacionales: Marruecos, Primera Guerra
Mundial y Revolución rusa.
En 1902, Alfonso XIII, tras alcanzar la mayoría de edad, llegó al trono para reinar hasta
1931. Como han afirmado historiadores como Carr, el miedo a aceptar los riesgos de una
verdadera participación democrática mantuvo el turno dinástico e impidió la modernización
del sistema político. De 1902 a 1923, España vivió una situación de permanente crisis
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política. Además, los acontecimientos internacionales de este periodo tuvieron un gran
impacto en su devenir, especialmente la cuestión colonial en Marruecos, la Primera Guerra
Mundial y la Revolución rusa.
La guerra de Marruecos
La política colonial marroquí influyó decisivamente en la vida española de la época. Por
ejemplo, en 1909, el reclutamiento de reservistas provocó la Semana Trágica de Barcelona; y
en 1921, el Desastre de Annual aceleró el fin de la Restauración.
La presencia española en el norte de África se remonta a la Edad Moderna: por un lado,
Castilla había conquistado Melilla en 1497; por otro lado, Ceuta, que había sido un enclave*
portugués, permaneció en el Imperio hispánico después de la separación del reino de Portugal
en 1640 [RECORDATORIO: Portugal se había incorporado al Imperio español en 1580 con Felipe II] . Ya en la
segunda mitad del siglo XIX, la ocupación de nuevas plazas* en Marruecos (la ciudad de
Tetuán, por ejemplo) está relacionada con el proceso europeo del imperialismo. Este nuevo
proyecto español se volvió más importante tras la pérdida de las últimas colonias de ultramar
en 1898, pero fue difícil y problemático. [* enclave = territorio incluido en otro con diferentes
características políticas, administrativas, geográficas; *plaza= población o espacio que suele estar en un lugar
estratégico y bien defendido]
Tras la Conferencia de Algeciras (1906), España obtuvo el reconocimiento de sus
derechos sobre el norte de Marruecos. En 1909, se produjo el desastre del Barranco del Lobo,
que ha sido considerado, junto con el de Annual (1921), una de las más sangrientas derrotas
sufridas por el ejército español en las guerras coloniales en el norte de África contra los
pueblos del Rif. Sin embargo, a pesar de la pérdida de vidas, se consiguen los objetivos
marcados y se rechaza al enemigo. En 1912, Francia y España pactaron un nuevo reparto de
Marruecos en dos protectorados* [= tipo de colonia] para hacer frente precisamente a la
resistencia de las tribus rifeñas. El Protectorado español comprendía un enclave en la costa
atlántica (Ifni y Río de Oro) y el territorio de El Rif, una zona montañosa en el norte, donde
las tribus [también llamadas “cabilas”] oponían una fuerte resistencia al control español. Dado que
Francia apenas tardó en ocupar de forma efectiva y real su parte del territorio, España se vio
obligada a hacer lo mismo sin la preparación necesaria. Mantener este protectorado era
costoso y provocaba un gran descontento popular por los reclutamientos forzosos para una
guerra que, en el fondo, sólo interesaba a las compañías mineras y a un sector del Ejército,
que veía en ella la oportunidad de recuperar el prestigio perdido tras el Desastre del 98.
Las tribus rebeldes tenían como líder a Abd el-Krim, que organizó de una guerra de
guerrillas contra los españoles. En 1921, el general Fernández Silvestre inició una
campaña con el objetivo de extender el control español alrededor de Melilla, adentrándose en
el corazón del Rif. Los rifeños reaccionaron atacando por sorpresa el puesto español de
Annual, provocando una gran desbandada entre las tropas españolas, que perdieron todo el
territorio ocupado. El Desastre de Annual, que se saldó con unos 12.000 muertos, puso en
evidencia la falta de organización del Ejército y, aunque la llegada de tropas de refuerzo
permitió recuperar fácilmente las posiciones perdidas, tuvo consecuencias importantes para la
estabilidad del sistema político en España. La derrota y la tragedia, que el Gobierno trató de
ocultar, provocó una gran conmoción pública: críticas al rey, desprestigio y división del
Ejército y oposición del PSOE y los republicanos a la presencia española en Marruecos. Las
Cortes abrieron una comisión de investigación dirigida por el general Picasso para determinar
las responsabilidades del Ejército, del Gobierno y del propio Alfonso XIII, pero su informe (el
llamado Expediente Picasso, que demostraba las grandes irregularidades, corrupción e
ineficacia en el Ejército español en África) no llegó a hacerse público porque el Capitán
General de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, con el apoyo del rey, presentó un manifiesto
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al país proclamando el estado de guerra en 1923. El rey se negó a destituir a los
sublevados y el Gobierno dimitió. Alfonso XIII entregó el poder a Primo de Rivera, que
establecería una dictadura militar entre 1923 y 1930.
La Primera Guerra Mundial y la Revolución rusa
En 1913, el rey encargó formar Gobierno al conservador Eduardo Dato. Sin embargo,
un sector de los conservadores no aceptó este liderazgo y, encabezados por Maura, formaron
un partido alternativo, lo que les dividió. Dato decretó la neutralidad de España en la
Primera Guerra Mundial (1914-1918). Por una parte, esto evitó miles de muertes y
estimuló la economía, ya que aumentaron las exportaciones de productos industriales y
agrarios a los países en guerra, lo que favoreció el crecimiento industrial y la acumulación de
capitales. Por otra parte, aumentó la inflación y, al terminar el conflicto, cuando descendieron
las exportaciones, se produjo el cierre de fábricas y minas, lo que provocó el aumento del
paro y de los conflictos sociales.
El estallido de la crisis se produjo en 1917, con la protesta generalizada contra el
Gobierno protagonizada por los militares, los partidos al margen del turnismo y las
organizaciones obreras. Por tanto, van a coincidir en el tiempo tres conflictos que podían
haber acabado con el sistema si hubiera existido una unidad de acción entre ellos, pero sus
intereses eran muy distintos:
1. Crisis militar. Se produjo un enfrentamiento entre el Gobierno y el Ejército, que se quejaba
de la escasez de medios y de los bajos salarios. Los oficiales de baja y media graduación
habían creado clandestinamente las Juntas Militares de Defensa, que reclamaban un
aumento salarial y se oponían a los ascensos por méritos de guerra (lo cual beneficiaba a los
militares africanistas), reivindicando que la antigüedad debía ser el único criterio. Publicaron un
manifiesto expresando sus quejas. El apoyo de Alfonso XIII a sus peticiones fue determinante.
2. Crisis política o parlamentaria. Las prácticas de corrupción política continuaban y la
oposición reclamó la reapertura de las Cortes, que habían sido cerradas por Dato. Ante la
negativa gubernamental, los dirigentes de la Lliga Regionalista, los republicanos y los
socialistas convocaron una Asamblea de Parlamentarios en Barcelona, que reclamó la
convocatoria de Cortes Constituyentes para acabar con el sistema político de la Restauración y
definir una nueva organización del Estado basada en la descentralización. La Asamblea fue
disuelta por la Guardia Civil y el movimiento no tuvo continuidad.
3. Crisis social: la huelga general de 1917. Los sindicatos obreros UGT y CNT habían
mantenido contactos para convocar una huelga general contra el régimen político y contra el
deterioro del nivel de vida de los trabajadores. Sólo tuvo éxito en Barcelona, Zaragoza, Madrid,
Bilbao y las cuencas mineras asturianas. La respuesta del Gobierno fue enérgica: detuvo al
comité de huelga y el Ejército aplastó el movimiento. Aunque la huelga fracasó en sus
objetivos, debilitó aún más al sistema político de la Restauración y radicalizó a la oposición.
Poco después, la influencia de la Revolución rusa llegó hasta España. 1918, 1919 y
1920 fueron años especialmente difíciles, hasta el punto que el historiador Díaz del Moral
describió este período como el “trienio bolchevique”: 1) los Gobiernos que se sucedieron
fueron cortos, algunos de concentración; 2) empeoró la situación económica; 3) ganó fuerza
el sindicalismo; 4) creció la conflictividad social y hubo más huelgas, sin que se consiguiera
contener la inflación y restablecer el orden social. En ese contexto, el Ejército tuvo un
protagonismo cada vez mayor en la vida política, convirtiéndose en el agente represor de los
episodios revolucionarios y presentándose como una solución de fuerza capaz de salvar a la
Monarquía. A partir de 1919, el problema de la crisis política se agravó por la intensa
conflictividad social: obreros y campesinos pedían reformas laborales y cambios en la
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estructura de la propiedad que los patronos no estaban dispuestos a conceder. Destacamos la
huelga organizada por la anarquista CNT en la empresa eléctrica barcelonesa La Canadiense,
que logró la implantación de la jornada laboral de 8 horas.
Los episodios de violencia de sectores radicales del anarquismo, especialmente en la
ciudad de Barcelona, fueron contestados con violencia de la patronal* [= empresarios, aquellos
que emplean a otros], que creó el Sindicato Libre para actuar contra los líderes del movimiento
obrero. Fue la época del pistolerismo. La violencia se extendió también a otras ciudades, con
atentados y asesinatos como el de Dato (por cenetistas) y el del líder anarquista Seguí (por
pistoleros a sueldo). 1923 fue la culminación de esta crisis final del sistema.
8.3. La dictadura de Primo de Rivera y el final del reinado de Alfonso XIII.
El golpe militar y la dictadura de Miguel Primo de Rivera
Desde 1917, la sociedad y la vida política españolas se encontraban en una grave crisis
caracterizada por:
1. La sucesión de Gobiernos ineficaces y desprestigiados como consecuencia del continuo
fraude electoral y de la corrupción política.
2. Las divisiones internas de los partidos dinásticos y los mejores resultados electorales de
republicanos y socialistas, lo que provocó la alarma de la oligarquía.
3. La fuerza y radicalización del movimiento obrero, muy influido por la revolución
bolchevique, que hacía temer a las clases acomodadas el triunfo de una revolución social.
4. Las consecuencias del Desastre de Annual que había afectado al Ejército: en el
Expediente Picasso se exigían responsabilidades a los militares por la derrota, y estas
llegaban hasta Alfonso XIII. El Ejército se quejaba también de la falta de medios para vengar
la humillación de Marruecos.
5. El auge de los nacionalismos, visto con recelo por conservadores y militares.
En 1923, el Capitán General de Cataluña, Miguel Primo de Rivera dio un golpe de
Estado en Barcelona: declaró el estado de guerra y exigió que el poder pasara a manos de los
militares. Primo de Rivera justificó su actuación por el estado de caos en el que estaba
sumido el país y la incapacidad de los políticos. En su manifiesto hablaba de establecer una
dictadura temporal para resolver los graves problemas que tenía España. Su objetivo era
limpiar el país de caciques, acabar con la rebelión social y con la amenaza a la unidad
nacional. Recibió el apoyo del rey, el Ejército, la Iglesia y la burguesía. No hubo una
importante oposición popular: el dictador se presentaba como el “cirujano de hierro” que
había reclamado años antes Joaquín Costa para regenerar la vida nacional. El Gobierno
dimitió y Alfonso XIII encargó formar uno nuevo a Primo de Rivera, ligando así su destino al
de la dictadura. España dejó de ser una monarquía parlamentaria y se convirtió en un
régimen autoritario, que podemos dividir en dos etapas:
A) EL DIRECTORIO MILITAR (1923-1925): Formado exclusivamente por militares, estaba
presidido por Primo de Rivera, que reunía todas las responsabilidades de gobierno y contaba
con el apoyo del rey en todas sus decisiones. Se presentaba como régimen provisional para
restaurar el orden. Las medidas más destacadas fueron:
1) Suspensión del régimen constitucional y la disolución de las Cortes, acompañado de una
rígida censura de prensa.
2) Sustitución de los gobernadores civiles por militares y la reorganización de los
ayuntamientos. Los concejales serían elegidos por sorteo entre los mayores contribuyentes
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y los alcaldes serían nombrados por el Gobierno.
3) Fuerte centralismo: se suprimió la Mancomunidad catalana, ser prohibió la bandera
catalana y el uso público del catalán.
4) Adopción de severas medidas de orden público: se prohibieron las manifestaciones y las
huelgas, así como la actividad de partidos políticos y sindicatos, lo que redujo rápidamente el
número de atentados y conflictos laborales.
5) Creación de la Unión Patriótica (1924), partido oficial de la dictadura en el que Primo de
Rivera intentaba agrupar a todos aquellos políticos que apoyaban al nuevo régimen, para
devolver progresivamente el poder a los civiles.
El logro de los primeros años de la dictadura fue acabar con la guerra de Marruecos.
Primo de Rivera era partidario de retirar las tropas del Protectorado por los enormes gastos
que acarreaba y por la oposición popular. Se dio orden de comenzar la retirada, pese a las
protestas de los militares africanistas. Pero en 1925, ante un ataque de Abd el-Krim en la
zona del protectorado francés, se decidió la colaboración entre España y Francia en una
acción conjunta. Los españoles desembarcaron en la bahía de Alhucemas al mismo tiempo
que los franceses atacaban desde Fez. El líder magrebí quedó acorralado y se entregó a los
franceses, despejando así el camino a la finalización de la guerra dos años después. Estas
operaciones consolidaron la fuerza e influencia de los cuerpos militares establecidos en el Rif
(la legión, tropas regulares…) y de sus generales (Franco, Sanjurjo…). El gran éxito popular
que tuvo esta victoria animó a Primo de Rivera a institucionalizar el régimen.
B) EL DIRECTORIO CIVIL (1925-1930): En 1925, Primo de Rivera nombró un Gobierno
formado por civiles y militares y mostró mayor interés por cuestiones económicas y sociales.
En 1927 se convocó una Asamblea Nacional Consultiva, en sustitución del Parlamento,
compuesta por miembros de la Unión Patriótica, funcionarios de la Administración y
representantes sociales, que fueron nombrados para redactar una ley fundamental que
hiciera el papel de Constitución de la dictadura y legitimarla, pero no llegó a entrar en vigor.
En política social se pretendía eliminar los conflictos laborales mediante la intervención del
Estado, integrando a los sectores moderados del movimiento obrero y reprimiendo a los más
radicales. Para ello se creó la Organización Corporativa Nacional, con representación de
obreros y empresarios bajo control estatal, para fijar el salario mínimo, las condiciones de
trabajo, etc. La dictadura se benefició de la buena situación económica internacional, “los
felices años 20”, y puso en marcha un programa de desarrollo de la economía en el ámbito
industrial y de infraestructuras caracterizado por un fuerte intervencionismo estatal:
1) Se crearon monopolios estatales como CAMPSA y la Compañía Nacional Telefónica.
2) Se aplicaron medidas proteccionistas como el aumento de los aranceles a las importaciones
y la regulación de mercado, limitando artificialmente la competencia, fijando los precios y
limitando la instalación de nuevas fábricas. Además, se concedieron ayudas estatales a las
empresas en sectores industriales donde era necesaria una fuerte inversión, no asumible por
la clase empresarial española.
3) Se realizó un ambicioso plan de obras públicas para favorecer el desarrollo industrial,
construyendo carreteras, pantanos, regadíos, centrales hidroeléctricas y ferrocarriles.
Aunque a corto plazo esta política favoreció el desarrollo industrial, eliminó el paro y
ayudó a la paz social, a la larga generó una enorme deuda pública. Además, Primo de Rivera
apenas se ocupó del problema agrario. Con la llegada de la Gran Depresión (1929) el
comercio exterior decae, y aumenta la inflación y el paro, y los sectores que habían apoyado
al régimen empezaron a desconfiar.
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Pese a que la dictadura fue aceptada por gran parte de los españoles como solución
provisional, se ganó la oposición de muchos cuando fue evidente su intención de perpetuarse.
La oposición al régimen fue aumentando en número y variedad: 1) Los conservadores y
liberales, que exigieron elecciones y la vuelta a la Constitución de 1876. 2) Los republicanos
fundaron la Alianza Republicana e iniciaron una campaña en el exterior contra la dictadura. 3)
Los nacionalistas catalanes se movilizaron contra el centralismo. 4) Intelectuales como
Unamuno, Ortega y Gasset, Azorín, etc., manifestaron públicamente su oposición a la
dictadura. La oposición universitaria fue tan grande que la Universidad de Madrid se cerró en
1929. 5) La UGT abandonó su apoyo al régimen. 6) La CNT, siempre contraria al régimen, fue
perseguida y los anarquistas partidarios de las posturas más radicales crearon la Federación
Anarquista Ibérica (FAI) en 1927.
El hundimiento de la monarquía (1930-1931)
Ante la falta de apoyo de todos los sectores de la sociedad, incluso del Ejército (molesto
por la forma arbitraria en la que se decidían los ascensos), Primo de Rivera presentó su
dimisión en enero de 1930. Alfonso XIII nombró Jefe de Gobierno al general Berenguer,
que anunció una vuelta al régimen constitucional de 1876 y la convocatoria a elecciones
generales. Se inició así la llamada “Dictablanda”. No obstante, el Gobierno y la Monarquía
habían perdido credibilidad y el republicanismo avanzó entre los nacionalistas, el movimiento
obrero, los intelectuales e incluso entre los políticos tradicionalmente monárquicos (Maura
fundó el Partido Republicano Conservador y Niceto Alcalá Zamora el Partido Republicano
Progresista) y gran parte del Ejército.
Republicanos, catalanistas y socialistas firmaron el Pacto de San Sebastián, por el que
se comprometían a proporcionar una alternativa a la monarquía, constituyendo un Comité
Revolucionario presidido por Alcalá Zamora para preparar la proclamación de la República.
También se sucedieron sublevaciones militares republicanas (Jaca y Cuatro Vientos), que
fracasaron por falta de coordinación. Los miembros del Comité Revolucionario fueron
detenidos y encarcelados, pero una ola de protestas sacudió todo el país. Berenguer, incapaz
de encauzar la situación, presentó la dimisión y fue sustituido por el almirante Aznar, que
convocó elecciones, empezando por las municipales. Alfonso XIII se había comprometido
excesivamente con la dictadura y la ocasión se presentaba como un plebiscito* a favor o en
contra de la Monarquía [* = referéndum o consulta, pero no necesariamente vinculante; es decir, no hay
obligación de llevar a cabo lo que ha votado la mayoría, es más parecido a una consulta] . La caída de Alfonso
XIII se produjo por la victoria de republicanos y socialistas en las elecciones municipales del
12 de abril de 1931. Aunque salieron elegidos más concejales monárquicos que republicanos,
éstos ganaron en 45 de 50 capitales de provincia, así como en las zonas mineras e
industriales. Muchos ayuntamientos, al conocer los resultados, proclamaron la República;
como reconoció el propio Aznar (Jefe de Gobierno), “el país se había acostado monárquico y
se levantó republicano”. Alfonso XIII anunció su marcha de España. La II República fue
proclamada el 14 de abril.