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ESCATOLOGIA

La escatología se refiere a las 'cosas últimas' relacionadas con la muerte, el juicio y el fin del mundo, diferenciando entre la escatología individual y la colectiva. La escatología cristiana presenta a Cristo como el fin y plenitud de la historia, destacando la importancia de la resurrección y el juicio como momentos de purificación y encuentro con Dios. La vida eterna se entiende no como un tiempo prolongado, sino como una experiencia de plenitud y felicidad sin límites.
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ESCATOLOGIA

La escatología se refiere a las 'cosas últimas' relacionadas con la muerte, el juicio y el fin del mundo, diferenciando entre la escatología individual y la colectiva. La escatología cristiana presenta a Cristo como el fin y plenitud de la historia, destacando la importancia de la resurrección y el juicio como momentos de purificación y encuentro con Dios. La vida eterna se entiende no como un tiempo prolongado, sino como una experiencia de plenitud y felicidad sin límites.
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ANA SOFIA GOMEZ PAEZ

ESCATOLOGIA BASICA
DISCIPULADO MISIONERO
QUINTO SEMESTRE

TEMA. ESCATOLOGÍA Y LO QUE MÁS LLAMO MI ATENCIÓN DEL CONTENIDO TRATADO

Escatología deriva del griego ‘éskhata’, que significa "cosas últimas" que se distinguen entre los
novísimos del hombre individual (muerte, juicio particular, purgatorio, cielo, infierno) y los
novísimos de toda la historia humana (retorno de Cristo, resurrección de los muertos, juicio
universal, fin del mundo); los primeros se trataban en la escatología individual y los últimos en
la escatología general (llamada también: universal o colectiva).

LA ESCATOLOGÍA CRISTIANA El sentido escatológico del misterio de Cristo, desde su entrada en


el mundo hasta su resurrección, adquiere así una perspectiva nueva: aparece la teología de la
carta a los hebreos, que nos da su visión de Cristo como presencia personal de Dios en la
historia.

La economía salvífica de Dios para el hombre se ha cumplido. Cristo, al encarnarse, asume la


naturaleza humana con todo lo que implica. Asume el límite característico del hombre al unir
lo infinito con lo finito.

El fin último de toda la economía divina es el acceso de los hombres a la unidad perfecta de la
Trinidad.
La encarnación del Verbo que significa el fin del universo. Así, Cristo aparece como fin y como
plenitud, porque todo resucita con Cristo y todo llega a su fin. Por ello decimos que Cristo es
Señor de la historia y Cabeza de la Iglesia.

PARUSIA La palabra griega parousia significa originalmente tanto «presencia» como también
«llegada».

Con frecuencia se habla del «retorno» de Cristo. Con esta traducción se contraponen su
primera venida (en el nacimiento y vida terrena) y su partida (muerte y ascensión) con su
nueva venida (al fin de los tiempos).

RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS

La fe en la resurrección no empieza con el Nuevo Testamento. En la predicación de Jesús, la


resurrección no ocupa el lugar central. En cambio, en Pablo, ya se convierte en punto clave de
la predicción cristiana.

La novedad que Jesús predica, encarna en su persona y ofrece a los hombres, es el reino de
Dios. En él serán desposeídos todos los poderes enemigos de Dios y de los hombres, también
la muerte.

El cuerpo futuro, a diferencia del presente, será imperecedero; pero nuestro cuerpo actual no
será substituido por otro, sino transformado en otro: «Nosotros seremos transformados.

Pues esto corruptible tiene que ser vestido de incorruptibilidad; y esto mortal tiene que ser
vestido de inmortalidad.

EL JUICIO el objetivo del juicio no es el aniquilamiento o un tormento sin límites, sino la


purificación y salvación, es ciertamente doloroso, pero no es fin en sí mismo, sino que apunta a
la salvación.

El juicio tiene lugar ya en la decisión presente: en favor de la «luz» o en favor de las


«tinieblas», en favor de la fe o en favor de la incredulidad, en favor del amor o en favor del
odio.

MUERTE En el centro de la predicación de Jesús está el cambio de la vida, el hacer posible la


confianza y el amor en la perspectiva de la proximidad del reino de Dios.

Cuando el lenguaje de la fe llama «estado peregrino» a la vida entre el nacimiento y la muerte,


con ello quiere significar: estar en camino, tiempo de las decisiones. Su contrario es: ya haber
llegado, ya estar decidido. Por tanto, la afirmación corriente en la tradición teológica que dice
que «la muerte es el final de nuestra condición de peregrinos», quiere decir que con la muerte
acaba el tiempo de decidir. En el momento de la muerte se decide la dirección y el valor de la
vida.

«La muerte es el final de nuestra condición de peregrinos» en el fondo no quiere decir otra
cosa que la irrepetibilidad de esta vida y la importancia eterna de las decisiones tomadas en
ella.

En la tradición de la fe católica, con frecuencia la muerte se describió como separación de


cuerpo y alma: mientras el cuerpo muerto se queda aquí y se deshace, el alma inmortal llega
hasta Dios. Al final del tiempo, en la resurrección de la carne, se reunirá de nuevo con su
cuerpo.

Un modelo —el corriente en la teología tradicional— parte de la separación de cuerpo y alma.


Después de la muerte existe el alma (inmortal) sin cuerpo hasta el fin del mundo. Luego
resucitan los cuerpos y se unen de nuevo con sus almas. Con otras palabras: la resurrección de
los muertos acontece en el fin del mundo después de un tiempo intermedio.

Resurrección significa la consumación de todo el hombre. La corporeidad forma parte del


hombre en su totalidad.

Resurrección del cuerpo significa entonces que todo el hombre, con toda la historia de su vida,
con todas sus relaciones con los otros, tiene un futuro.

Lo que vale para Jesús resucitado, «primicia de los que están muertos» (I Cor 15,20), también
vale para todos los que vienen después de él. Resurrección corporal significa que no sólo (si es
que pudiera darse) el yo desnudo del hombre es salvado de la muerte dejando atrás toda la
historia terrena definitivamente y relegando al olvido de lo insignificante todas las relaciones
con los otros hombres; resurrección corporal significa que la historia de la vida y todas las
relaciones habidas en esta vida se incluyen en la consumación y pertenecen definitivamente al
hombre resucitado.

JUICIO: Juicio personal como un momento del encuentro con Jesucristo, Dios no deja a los
muertos en la muerte. Los despierta haciendo así de la muerte el paso a la consumación, al
encuentro directo con Jesucristo. Un momento de este encuentro es el suceso al que
llamamos juicio; otro momento (parecido a éste) es la purificación después de la muerte.

En el encuentro con el Señor veré claro lo que ha sido de mí por mis decisiones de la vida: uno
que se haya comprometido por el camino de Jesús, por el amor; otro que en su vida sólo
rehusó, que no quiso amar cuando lo hubiese podido hacer; otro, finalmente, en el que las dos
conductas se mezclan, amor y negación, verdad y mentira, un hombre de decisiones a medias.
Ante la mirada de Cristo veré claro quién soy yo.

JUICIO COMO PURIFICACIÓN Si el juicio no impone una nueva calamidad sobre el hombre,
sino únicamente descubre el veneno que hay en él, manifiesta las deformaciones y faltas de
verdad de su ser.

PURIFICACIÓN El hombre puede esperar que después de la muerte (o en la muerte) será


liberado, «purificado», de la culpa que haya en él y de la alienación y deformación de su ser
procedentes del pecado.
La purificación se puede designar como «sufrimiento de consumación». Produce alegría
(porque libra y consuma) y a la vez duele (porque separa la escoria del pecado convertida en
parte del propio yo). Así la mirada transformadora de Cristo me dolerá (tanto más, cuanto más
sea el «frío» que haya en mí), pero al final me hará bien. (Esto es la purificación.)

¿Habrá infierno? la esencia del infierno se pone sobre todo en la exclusión de la visión de Dios
(o en la exclusión de la relación amorosa con Dios). Infierno es exclusión de toda comunidad.
Esta exclusión —de acuerdo con lo que ya dijimos antes sobre el castigo por el pecado— no se
ha de entender como un castigo infligido desde fuera; se trata más bien de una situación
infeliz en la que el hombre mismo se ha metido por su conducta pecaminosa. Por su rechazo
pertinaz y radical de todo amor, se ha pervertido hasta tal extremo que al fin se ha convertido
en incapaz total para el amor: ya no puede más amar a Dios, a sus prójimos y ni siquiera a sí
mismo.

La fe cristiana es esencialmente esperanza; pero esta esperanza se pronuncia ante el abismo


del naufragio. Hablar del infierno significa: llamar la atención sobre el abismo, pero no: fijar la
atención en el abismo, y menos: afirmar que algunos ciertamente caerán en él.

VIDA ETERNA La eternidad no se define como tiempo prolongado al infinito, sino como
posesión de la vida sin limitación alguna. Significa más bien plenitud de vida, felicidad sin
límites, que, de forma fragmentaria y limitada, ya aparece en las experiencias felices de esta
vida.

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