Resumen DD - HH
Temas abordados
Resumen DD - HH
Temas abordados
Según el Dr. Bidart Campos, los derechos políticos se definen como aquellos que se asignan a
ciudadanos o, en algunos casos excepcionales, a extranjeros, cuando una norma expresa les
otorga esa titularidad. Estos derechos están directamente relacionados con la participación en
la vida política y no tienen otros fines fuera del ámbito político. De este modo, el concepto de
derechos políticos se acota, diferenciándolos claramente de los derechos civiles, que protegen
otros aspectos de la libertad personal.
El mismo autor también resalta que, en el contexto de una democracia, los derechos políticos,
los partidos políticos y el sistema electoral son elementos clave para el funcionamiento de un
sistema democrático. En este sentido, los derechos políticos son una parte integral de los
derechos humanos, junto con los derechos civiles y sociales.
En cuanto a su función, tanto los derechos civiles como los derechos políticos buscan proteger
la libertad, seguridad e integridad de las personas, así como garantizar su derecho a participar
activamente en la vida pública. Estos derechos protegen a las personas de cualquier acción del
Estado que pueda violar estos aspectos fundamentales de su dignidad. La vigencia de los
derechos políticos depende de que existan normas jurídicas que los reconozcan y los
garanticen, y cualquier violación por parte del Estado puede ser sancionada legalmente. En
este sentido, estos derechos son de exigibilidad inmediata y deben ser respetados como una
obligación de resultado por parte del Estado, lo cual puede ser supervisado judicialmente.
En resumen, los derechos políticos son esenciales para garantizar una participación activa y
libre de la ciudadanía en el proceso político, y su respeto es clave para el funcionamiento de
cualquier democracia.
En el contexto internacional, los derechos políticos están protegidos y promovidos por varios
tratados y convenios, como el Pacto de San José de Costa Rica y el Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos. Ambos documentos establecen principios fundamentales para
asegurar que los ciudadanos puedan participar activamente en la vida política de sus países.
El artículo 23 del Pacto de San José consagra tres derechos clave para todos los ciudadanos:
Acceso a las funciones públicas en condiciones de igualdad para todos los ciudadanos.
El artículo también aclara que la ley puede regular el ejercicio de estos derechos solo por
razones específicas, como edad, nacionalidad, residencia, idioma, instrucción, capacidad civil o
mental, o en caso de condena judicial en un proceso penal.
Por su parte, el artículo 25 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos establece un
marco similar para la protección de los derechos políticos. Este artículo garantiza que todos los
ciudadanos disfruten, sin discriminaciones indebidas, de los mismos derechos fundamentales,
incluyendo:
Derecho al voto y a ser elegido en elecciones periódicas, auténticas, con sufragio universal e
igual y voto secreto, para asegurar que la voluntad del pueblo se exprese de manera libre y
auténtica.
Acceso a las funciones públicas en igualdad de condiciones para todos los ciudadanos.
Tanto el Pacto de San José como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
promueven los principios de igualdad y libertad en el ejercicio de los derechos políticos,
buscando garantizar que todos los ciudadanos, sin importar su origen o estatus, tengan las
mismas oportunidades para participar en la vida política de sus países.
Los derechos políticos son aquellos que vinculan al ciudadano con el Estado, permitiéndole
participar activamente en el ejercicio del poder político. Entre las expresiones más relevantes
de estos derechos se encuentran los derechos de elegir a los representantes del pueblo y de
ser elegido para ocupar cargos públicos.
Soberanía popular: La soberanía reside en el pueblo, quien es el titular del poder supremo en
el Estado. Este principio se refleja en el Preámbulo y en el artículo 33 de la Constitución.
Con la reforma de 1994, se introdujeron varias modificaciones que ampliaron y reforzaron los
derechos políticos en la Constitución:
Con la Reforma Constitucional de 1994, los derechos políticos en Argentina recibieron una
tutela expresa y reforzada, especialmente en lo relacionado con el sufragio. El artículo 37 de la
nueva Constitución establece que:
"Esta Constitución garantiza el pleno ejercicio de los derechos políticos, con arreglo al principio
de la soberanía popular y de las leyes que se dicten en consecuencia. El sufragio es universal,
igual, secreto y obligatorio."
Este derecho está regulado por la Constitución y también por el Código Electoral Nacional, que
establece las reglas para su ejercicio. A través de la reforma de 1994, se otorgó jerarquía
constitucional a principios democráticos esenciales que ya estaban presentes en la Ley Sáenz
Peña de 1912.
Los principios fundamentales del sufragio establecidos en la reforma son los siguientes:
Carácter universal: Todos los ciudadanos tienen el derecho a votar, con las únicas excepciones
que la ley considere razonables (por ejemplo, en casos de incapacidad o condena penal).
Carácter igualitario: Todos los votos tienen el mismo valor. Se prohíbe cualquier sistema que
discrimine u otorgue más peso a un voto sobre otro. El voto calificado está
constitucionalmente prohibido.
Secreto: El voto debe ser secreto para proteger la libertad del elector y evitar presiones
externas antes, durante o después de la votación. Cada elector tiene el derecho de mantener
en su conciencia su preferencia electoral.
Obligatorio: El voto es un deber jurídico y se considera una obligación constitucional para los
ciudadanos, contribuyendo al ejercicio pleno de la soberanía popular.
Igualdad real de oportunidades entre varones y mujeres: La reforma de 1994 incluyó una
cláusula que promueve la participación política femenina (art. 37, última parte), especialmente
en cargos electivos. En respuesta a la histórica disparidad de género en política, se sancionó la
Ley de Cupos Femeninos (Ley 24.012), que establece un 30% de representación femenina en
las listas electorales, lo cual marcó un avance significativo en la inclusión política de la mujer.
Conclusión
Sistemas Electorales
Sistema de distrito único: En este sistema, no hay división territorial dentro del país para fines
electorales. Todos los electores votan para elegir a los mismos cargos, como el presidente,
vicepresidente o gobernadores, sin importar en qué región del país se encuentren. Los
ciudadanos eligen a los candidatos en una única circunscripción nacional.
Mayoría absoluta: El candidato o lista debe obtener más de la mitad de los votos para ganar.
Mayoría calificada: Se requiere un porcentaje más alto de votos (por ejemplo, el 40% o 45%)
para ganar en la primera vuelta. Si ningún candidato lo logra, se realiza una segunda vuelta
(ballotage).
Sistemas minoritarios: En los sistemas minoritarios, se busca dar representación a los partidos
de oposición, de manera que no solo el partido ganador pueda ocupar todos los cargos. Un
ejemplo histórico en Argentina es el sistema de lista incompleta, establecido por la Ley Sáenz
Peña de 1912 para la elección de presidente, vicepresidente y diputados nacionales. En este
sistema, el partido que obtiene la mayoría de los votos cubre dos tercios de los cargos,
mientras que el partido que queda en segundo lugar cubre el tercio restante. Este sistema
actualmente se utiliza en la elección de senadores.
En Argentina, coexisten tres tipos de sistemas electorales que se aplican a distintas elecciones:
Sistema mayoritario calificado con eventual segunda vuelta: Este sistema se utiliza en las
elecciones de presidente y vicepresidente. En la primera vuelta, la fórmula presidencial
necesita obtener más del 45% de los votos o al menos 40% con una diferencia de 10 puntos
respecto al segundo lugar. Si no se cumplen estos requisitos, se realiza una segunda vuelta
entre las dos fórmulas más votadas (ballotage).
Sistema mayoritario con lista incompleta: Este sistema se utiliza para la elección de senadores
nacionales. En este caso, el sistema de lista incompleta otorga una representación a los
partidos mayoritarios (que obtienen más votos), pero también asegura la representación de las
fuerzas opositoras, distribuyendo los cargos de manera que el partido más votado cubra dos
tercios de los escaños y el segundo partido cubra el tercio restante.
Sistema de representación proporcional: Este sistema se aplica para la elección de diputados
nacionales. Se utiliza un sistema proporcional que asigna escaños según el porcentaje de votos
obtenidos por cada partido en un distrito determinado. Se emplea comúnmente el sistema
D'Hondt, que favorece en cierta medida a los partidos más grandes, pero también permite una
representación de los partidos pequeños.
Conclusión
Artículo 75, inciso 17 de la Constitución Nacional: Este artículo, reformado en 1994, establece
el reconocimiento de la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas. También
garantiza el respeto a su identidad, el derecho a la educación bilingüe e intercultural, y el
derecho a la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que han ocupado ancestralmente.
Además, se asegura su participación en la gestión de sus recursos naturales y en los asuntos
que los afecten. También establece que las provincias tienen competencias concurrentes en
estas cuestiones.
Ley 26.160 (2006): Esta ley regula el proceso de reorganización y regularización de los
territorios ancestrales de los pueblos indígenas, promoviendo la reivindicación de sus tierras y
el reconocimiento de su propiedad colectiva.
Convenio 169 de la OIT: Argentina ratificó este tratado internacional, que reconoce los
derechos de los pueblos indígenas en relación con sus territorios, autonomía y participación en
la toma de decisiones sobre los recursos naturales que habitan. Es un marco legal fundamental
para el respeto y promoción de los derechos indígenas en el ámbito internacional.
Declaración de la ONU sobre los derechos de los pueblos indígenas (2007): Argentina apoyó la
aprobación de esta declaración en la Asamblea General de la ONU, reafirmando el
compromiso del país con el respeto de los derechos humanos de los pueblos indígenas a nivel
global.
La historia de los pueblos indígenas en Argentina está marcada por procesos de exclusión,
exterminio y colonización. Desde la llegada de los conquistadores en el siglo XVI hasta el siglo
XIX, las campañas militares llevadas a cabo por el Estado argentino fueron responsables de la
destrucción de muchas etnias y pueblos originarios, quienes fueron desplazados, exterminados
o forzados a asimilarse en la sociedad dominante.
Durante la conquista y las campañas militares del siglo XIX, se produjo el exterminio de muchas
comunidades indígenas. En este contexto, las campañas militares son consideradas por
muchos como genocidios, ya que su objetivo fue la eliminación de pueblos enteros, como los
mapuches, charrúas, quom, y coyas.
En el siglo XX, la política hacia los pueblos indígenas en Argentina fue predominantemente de
exclusión. La Constitución de 1853, antes de su reforma en 1994, asignaba al Congreso la tarea
de mantener una relación "pacífica" con los pueblos indígenas, pero en términos de
asimilación y promoción de su conversiones al capitalismo.
La situación de los pueblos indígenas fue invisibilizada hasta finales del siglo XX. Recién a partir
de 2000 se incluyeron oficialmente en los censos nacionales. Según el Censo 2010,
aproximadamente un 3% de la población argentina se identifica como indígena.
Situación Actual
A pesar de los avances legales, los pueblos indígenas en Argentina siguen enfrentando desafíos
significativos, tales como discriminación, exclusión social y pobreza. El legado colonial y la
estigmatización de estos pueblos continúan afectando sus derechos fundamentales.
Cosmovisión Indígena
La cosmovisión indígena está centrada en una relación armónica con la naturaleza. Los pueblos
indígenas no conciben al ser humano como superior a la naturaleza, sino como una parte
integral de ella. Esta cosmovisión promueve un concepto del mundo que respeta el equilibrio y
la interdependencia entre todos los seres vivos. Esto se contrapone a la visión moderna de
dominación y explotación de los recursos naturales, promovida por las culturas dominantes.
Artículo 75, inciso 17 de la Constitución Nacional: Este artículo, incorporado en 1994, marca un
giro importante en la relación del Estado con los pueblos indígenas. Reconoce la preexistencia
étnica y cultural de estos pueblos, les garantiza derechos sobre sus tierras ancestrales, el
derecho a la educación bilingüe e intercultural y su personería jurídica.
Ley 23.302 (1985): Esta ley creó el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la
Xenofobia y el Racismo), encargado de diseñar políticas públicas a favor de los pueblos
indígenas y promover la igualdad de derechos para ellos.
Bajo la Ley 23.302, se les otorga personería jurídica a las comunidades indígenas que se
inscriban en el Registro Nacional de Comunidades Indígenas, lo que les permite actuar como
personas jurídicas y acceder a beneficios legales y sociales.
Ley 26.160 (2006): Esta ley fue sancionada para frenar el patrón de desalojos que afectaba a
muchas comunidades indígenas que estaban en conflicto con propietarios privados de tierras.
La ley suspende los desalojos de comunidades indígenas en tierras que consideran ancestrales,
inicialmente por un período de cuatro años, aunque ha sido prorrogada varias veces,
reconociendo la situación crítica de las comunidades.
Ley 26.202 (2006): Establece la educación intercultural y bilingüe como un derecho para los
pueblos indígenas, garantizando que puedan acceder a una educación que respete y promueva
su lengua y cultura. Esta ley busca asegurar que los pueblos indígenas tengan una educación
adaptada a sus propias realidades y tradiciones.
Ley 25.517 (2001): Esta ley dispone la restitución de restos mortales indígenas que se
encontraban en museos y otras instituciones, a las respectivas comunidades indígenas que los
reclamen. Esta medida tiene un valor simbólico y reparador, reconociendo el derecho de los
pueblos indígenas sobre sus restos culturales y humanos.
Argentina ha ratificado varios instrumentos internacionales que protegen los derechos de los
pueblos indígenas:
Convenio 169 de la OIT (1989): Ratificado en 1992, es uno de los instrumentos más
importantes para la protección de los derechos de los pueblos indígenas y tribales en países
independientes. Este convenio establece los derechos de los pueblos indígenas a la
autodeterminación, el derecho a la tierra y la consulta previa, entre otros.
Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007): Argentina votó a
favor de esta declaración, que establece el reconocimiento internacional de los derechos de
los pueblos indígenas, incluyendo el derecho a la autonomía y la protección cultural. Casi todos
los países miembros de la ONU apoyaron esta declaración, aunque hubo algunas excepciones.
Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2016): Aprobada en la
OEA, esta declaración reafirma los derechos de los pueblos indígenas en las Américas,
abogando por su protección, su autonomía y su participación en la toma de decisiones.
A pesar de los avances legales, los pueblos indígenas siguen enfrentando una serie de desafíos:
Condiciones de vida y desarrollo sostenible: Los pueblos indígenas a menudo viven en áreas
rurales y aisladas, lo que limita sus oportunidades de acceso a servicios de salud,
infraestructura y desarrollo económico.
Falta de representación política: A pesar de que los pueblos indígenas han ganado más
reconocimiento, aún faltan mecanismos efectivos para garantizar su participación en la toma
de decisiones políticas. La representación indígena en el Congreso Nacional es mínima, y a
menudo se sienten excluidos de los procesos políticos que afectan a sus comunidades.
Elementos Objetivos:
Conexión territorial: Los pueblos indígenas han habitado el mismo territorio ancestralmente.
Instituciones propias: Deben tener instituciones políticas, sociales y culturales que los distingan
de otros pueblos.
Elementos Subjetivos:
Los pueblos indígenas no solo tienen derechos individuales, sino también derechos colectivos
que deben ser reconocidos y respetados:
Igualdad y no discriminación: Tienen derecho a ser tratados de igual manera que el resto de la
población, sin sufrir discriminación por su origen étnico o cultural.
Derecho a la personalidad jurídica: El Estado debe reconocer a los pueblos indígenas como
pueblos, lo que implica el derecho a la personería jurídica para poder gestionar sus propios
asuntos y derechos. En Argentina, el INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) les otorga
esta personería.
Derecho colectivo a la propiedad indígena: Los pueblos indígenas tienen derecho a poseer y
gestionar las tierras que tradicionalmente ocupan, y su derecho sobre estas tierras debe ser
protegido.
Uno de los problemas más acuciantes que enfrentan los pueblos indígenas (PI) en Argentina es
la tenencia de tierras y el acceso a recursos naturales, una problemática que tiene raíces
profundas en la historia de despojo y exclusión. Desde la colonización y las campañas de
exterminio en el siglo XIX hasta el presente, las comunidades indígenas han sido despojadas de
sus tierras ancestrales en favor de estancieros, empresas agropecuarias o mineras. Este
proceso ha generado una inseguridad jurídica que sigue afectando a muchas comunidades
indígenas, que no cuentan con un reconocimiento legal formal de las tierras que ocupan o
consideran como suyas de acuerdo a sus usos y tradiciones.
A través del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), el Estado argentino ha intentado
implementar un plan de regularización de tierras para garantizar la propiedad comunitaria de
las tierras que históricamente han sido reclamadas por los pueblos indígenas. Sin embargo, la
implementación de estas iniciativas ha enfrentado serios obstáculos. Uno de los principales
problemas es la falta de presupuesto y recursos del INAI, lo que limita la capacidad de llevar a
cabo los procesos de regularización de manera efectiva. Incluso cuando se cumplen con los
requisitos legales, la falta de medios y la burocracia ralentizan la resolución de los conflictos
territoriales.
Esta visión colectiva de la tierra y los recursos está estrechamente vinculada a los sistemas de
conocimiento y cosmología indígenas, donde la tierra se considera un sujeto vivo con el que los
pueblos indígenas mantienen una relación de respeto y reciprocidad, en lugar de una relación
de explotación. Por tanto, cuando se arrebata la tierra a las comunidades indígenas, no solo se
les priva de un recurso, sino que se les despoja de su identidad y de la posibilidad de seguir
viviendo según su cosmovisión.
Otro de los grandes reclamos de los pueblos indígenas está relacionado con las barreras
educativas y culturales. Aunque existen leyes que reconocen el derecho a una educación
intercultural bilingüe, la realidad es que esta educación aún enfrenta serios desafíos,
especialmente en las comunidades más alejadas y rurales. Las escuelas en las comunidades
indígenas son escasas, y en muchas de ellas, la formación de los maestros no cumple con las
necesidades culturales y lingüísticas de los pueblos indígenas.
Escasez de escuelas: En muchas zonas rurales y remotas, las comunidades indígenas no tienen
acceso a establecimientos educativos cercanos, lo que limita el acceso de los niños y jóvenes
indígenas a la educación formal.
Los pueblos indígenas enfrentan también una falta de acceso a la justicia. No existen
mecanismos o procedimientos eficaces que les permitan hacer valer sus derechos,
especialmente en lo que respecta a la tenencia de tierras y territorios ancestrales. En muchos
casos, los pueblos indígenas deben recurrir a la protesta pública para exigir sus derechos, lo
que con frecuencia desemboca en una criminalización de la protesta.
Cuando las comunidades indígenas se movilizan para defender sus tierras y derechos,
especialmente en casos de desalojos ilegales o explotación de recursos naturales sin consulta,
muchas veces son reprimiadas y acusadas de alterar el orden público. Esto ha generado una
creciente tensión entre las autoridades y los pueblos indígenas, quienes sienten que sus
demandas legítimas no son escuchadas, y que la violencia estatal se emplea para frenar sus
reclamos.
UNIDAD 8: DESC:
El Constitucionalismo Social es un enfoque que busca integrar los derechos sociales dentro de
las constituciones de los países, lo cual se convierte en un movimiento global para promover
una mayor justicia social a través de la intervención del Estado en la garantía de ciertos
derechos colectivos, especialmente aquellos vinculados al bienestar económico y social de los
ciudadanos. Este concepto surge como respuesta a las desigualdades sociales y laborales que
se evidencian durante el siglo XX, en un contexto de cambios políticos y económicos, como las
secuelas de la Revolución Industrial y las dos guerras mundiales.
A lo largo de la historia, las constituciones del siglo XIX, como la de Argentina de 1853, seguían
el modelo liberal clásico, que se centraba principalmente en los derechos individuales y la
libertad personal, sin tener en cuenta las condiciones sociales y económicas de los ciudadanos.
Estas constituciones liberales promovían principalmente la protección de los derechos civiles y
políticos, como la libertad de expresión, de asociación y de propiedad. Sin embargo, no
contemplaban de manera explícita los derechos económicos, sociales y culturales, como la
salud, la educación o las condiciones laborales, que son fundamentales para una vida digna.
En contraste, las constituciones sociales que emergen en el siglo XX, como la Constitución
Mexicana de 1917, la Reforma Constitucional de Argentina de 1949/1957, o la Constitución
de la República de Weimar en Alemania (1919), comenzaron a reconocer los derechos
sociales. Estos derechos no solo protegen al individuo en su rol personal, sino que también
toman en cuenta su situación dentro de la sociedad y, en particular, su condición de
trabajador. En este sentido, el Constitucionalismo Social integra a la constitución principios que
protegen a los ciudadanos frente a las desigualdades sociales y económicas, destacando el
derecho al trabajo, la seguridad social, la salud y la educación, entre otros aspectos.
En este contexto, los derechos de segunda generación, que incluyen los derechos económicos,
sociales y culturales, se reconocen como fundamentales para la construcción de una sociedad
más equitativa. Estos derechos son diferentes de los derechos civiles y políticos, ya que no se
limitan a la protección frente al Estado, sino que requieren de la acción del mismo para su
efectiva realización. Es decir, para garantizar el acceso a la educación, la salud, la vivienda, el
trabajo, etc., el Estado debe intervenir activamente a través de políticas públicas, servicios y
prestaciones sociales. En este sentido, los derechos sociales son positivos, lo que implica que
el Estado debe garantizar su cumplimiento mediante el establecimiento de mecanismos y
recursos.
El Estado de Bienestar o Welfare State es el modelo político que surge en la segunda mitad del
siglo XX, basado en los principios del Constitucionalismo Social. El Estado de Bienestar se
caracteriza por la intervención activa del Estado en la economía y en la vida social para
garantizar que todos los ciudadanos, especialmente los más vulnerables, tengan acceso a una
serie de servicios y derechos básicos. Esto incluye la sanidad, la educación, la seguridad social,
el seguro de desempleo, las pensiones de jubilación, la asistencia en caso de enfermedad, y la
protección en situaciones de invalidez y maternidad.
Este modelo también establece una relación de reciprocidad entre el Estado y los ciudadanos.
Mientras que el Estado tiene la obligación de garantizar el bienestar social mediante políticas
públicas y la provisión de servicios, los ciudadanos, por su parte, deben cumplir con ciertas
responsabilidades, como el pago de impuestos o contribuciones a los sistemas de seguridad
social. En otras palabras, el Estado no solo tiene derechos y obligaciones frente a los
individuos, sino que también estos tienen un compromiso con el bienestar colectivo y la
estabilidad económica y social.
Dentro del marco del Constitucionalismo Social, existen diferentes tipos de derechos que son
esenciales para garantizar el bienestar de los ciudadanos en aspectos económicos, sociales y
culturales. Estos derechos buscan asegurar que todas las personas tengan acceso a las
condiciones necesarias para llevar una vida digna, justa e igualitaria. A continuación, se
explican tres grandes categorías de derechos dentro de este enfoque: los Derechos Sociales,
los Derechos Culturales y los Derechos Económicos.
1. Derechos Sociales
Los Derechos Sociales son aquellos que permiten a las personas desarrollarse plenamente en
un contexto de autonomía, igualdad y libertad. Estos derechos se enfocan en garantizar que
los ciudadanos puedan acceder a las condiciones necesarias para vivir dignamente,
especialmente en lo que respecta a sus necesidades económicas y sociales. A diferencia de los
derechos naturales (que se entienden como inherentes al ser humano), los derechos sociales
son reconocidos por el derecho positivo, es decir, son establecidos por las leyes de cada país,
reflejando un acuerdo social que el Estado asume para garantizar el bienestar de sus
habitantes.
El derecho a un empleo y a un salario justo: Garantizar que todas las personas puedan
acceder a un trabajo remunerado de acuerdo con sus habilidades, y que dicho trabajo
sea remunerado de manera justa.
El derecho a la vivienda: Asegurar que todos los ciudadanos tengan acceso a una
vivienda adecuada.
El derecho a un medio ambiente saludable: Garantizar que las personas puedan vivir
en un entorno libre de contaminación y con recursos naturales sostenibles.
2. Derechos Culturales
3. Derechos Económicos
Los Derechos Económicos son aquellos que están directamente relacionados con la
organización y regulación de la actividad económica dentro de un país, y buscan garantizar que
todos los ciudadanos puedan participar en la creación, distribución y consumo de la riqueza de
manera justa y equitativa. Estos derechos no solo protegen los intereses económicos
individuales, sino que también imponen al Estado la responsabilidad de intervenir y regular la
economía para asegurar el bienestar colectivo.
El derecho al trabajo: Este derecho implica que no haya limitaciones injustificadas a las
horas de trabajo y que se respeten las condiciones laborales adecuadas tanto en el
sector público como privado.
El derecho a participar en la vida cultural y social: Garantizar que todas las personas,
incluyendo a minorías o pueblos indígenas, puedan ejercer sus derechos sin ser
discriminados por razones culturales, lingüísticas o étnicas.
El derecho a la seguridad social: Asegurar que todas las personas, especialmente las
que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, como aquellas sin hogar o que
solicitan asilo, puedan acceder a una red de apoyo social y asistencia.
1. Pacto de San José de Costa Rica (Convención Americana sobre Derechos Humanos)
En su Capítulo III, titulado "Derechos Económicos, Sociales y Culturales", el Pacto de San José
de Costa Rica (1969) establece el compromiso de los Estados Partes para adoptar medidas
tanto a nivel interno como en el ámbito de la cooperación internacional, para garantizar la
plena efectividad de los derechos económicos, sociales y culturales. En su artículo 26, se señala
que los Estados deben:
Utilizar vías legislativas y otros medios apropiados para garantizar estos derechos.
Este artículo refleja la idea de que, aunque estos derechos deben garantizarse, no es necesario
cumplirlos de manera inmediata, sino que deben implementarse gradualmente, tomando en
cuenta los recursos y capacidades de cada país.
Artículo 3: Igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Establece que los Estados
Partes se comprometen a garantizar que tanto hombres como mujeres disfruten de los
mismos derechos económicos, sociales y culturales, eliminando cualquier tipo de
discriminación por género.
Artículo 7: Relativo a las condiciones laborales, establece que los Estados deben
garantizar a todas las personas un trabajo equilibrado y satisfactorio. Este artículo
aborda varios aspectos clave:
o Salarios justos: Se debe asegurar un salario igual para trabajo de igual valor,
sin distinción de género ni otras discriminaciones.
Sin embargo, esta reforma de 1949 también fue criticada, especialmente por su omisión
deliberada de reconocer el derecho a huelga, un derecho fundamental para la organización
laboral y la defensa de los intereses de los trabajadores.
En 1994, durante la reforma constitucional que le dio lugar a la Constitución Nacional vigente,
se recuperaron y consolidaron las ideas sociales de la reforma de 1949, lo que permitió que el
texto constitucional adquiriera legitimidad incuestionable. Entre las modificaciones
relevantes, se destacan dos que afectan directamente los derechos sociales:
Este derecho se refiere a las garantías mínimas que deben tener todos los trabajadores en
Argentina. El artículo 14 bis establece que el trabajo en sus diversas formas debe estar
protegido por la ley, y que dicha legislación debe garantizar condiciones dignas y equitativas
de trabajo, lo que incluye aspectos fundamentales como:
Retribución justa y salario mínimo vital móvil: Se asegura que los trabajadores
reciban una compensación adecuada por su labor, con la protección de un salario
mínimo vital y móvil, que debe ajustarse periódicamente para mantener el poder
adquisitivo de los trabajadores.
Igual remuneración por igual tarea: Este principio promueve la igualdad de género y
la no discriminación salarial por trabajo de igual valor.
El derecho colectivo del trabajo garantiza la libertad sindical, es decir, el derecho de los
trabajadores a organizarse en sindicatos y defender sus derechos de manera colectiva. El
artículo 14 bis establece las siguientes garantías clave:
Derecho de huelga: Los trabajadores tienen derecho a realizar huelgas como una
forma legítima de protesta para defender sus derechos laborales, lo que refuerza la
importancia de la negociación colectiva.
El derecho a la seguridad social es uno de los pilares más importantes del artículo 14 bis.
Establece que el Estado debe garantizar un sistema de seguridad social integral e
irrenunciable, que cubra una amplia gama de necesidades sociales. Algunas de las medidas
clave son:
Seguro social obligatorio: Debe existir un sistema de seguro social obligatorio, que sea
administrado por entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y
económica.
Uno de los aspectos centrales del Constitucionalismo Social es la concepción de un Estado que
no solo se limita a garantizar la libertad de los individuos, sino que se convierte en un actor
proactivo en la promoción del bienestar general. Este Estado promotor tiene la misión de
crear las condiciones necesarias para que todos los ciudadanos puedan desarrollarse
plenamente.
En este sentido, la reforma constitucional de 1949 en Argentina estableció que los servicios
públicos son una responsabilidad del Estado, lo que implica que no pueden ser privatizados ni
entregados a la iniciativa privada para su explotación sin más. El artículo correspondiente de la
reforma declaraba que “los servicios públicos pertenecen originariamente al Estado”,
subrayando el papel esencial del Estado en la provisión de servicios básicos como el agua, la
electricidad, el transporte y la salud, servicios que son esenciales para garantizar una vida
digna a los ciudadanos.
Sin embargo, es importante señalar que, según la filosofía del Constitucionalismo Social, el
Estado no debe suplantar a otros actores sociales, como la familia, las asociaciones o las
entidades privadas, sino que debe trabajar en colaboración con ellos, proporcionando los
recursos y condiciones necesarias para que puedan desempeñar su función social. La iniciativa
privada y la actividad estatal deben estar siempre al servicio del bien común y al beneficio de
las personas.
En palabras sencillas, la subsidiariedad significa que el Estado debe apoyar, ayudar, auxiliar a
los individuos y grupos sociales en aquellos aspectos en los que no puedan alcanzar por sí
mismos lo necesario para su desarrollo. En otras palabras, el Estado solo debe intervenir
cuando sea absolutamente necesario, y debe hacerlo de manera complementaria a lo que ya
están haciendo los actores privados, sin desplazar su función.
Este principio tiene dos caras. Por un lado, es una llamada a la libertad y a la autonomía de los
actores privados, indicando que el Estado no debe intervenir innecesariamente en actividades
que pueden ser gestionadas de manera más eficiente por las personas o las organizaciones
privadas. Por otro lado, también implica que el Estado tiene la responsabilidad de intervenir
cuando las necesidades sociales no pueden ser satisfechas adecuadamente por los
particulares, ya sea por razones económicas o por falta de interés en ciertos sectores no
rentables.
Este principio puede ser interpretado como una llamada a la eficiencia en la gestión de los
recursos públicos, pero también como un recordatorio de que el Estado debe seguir teniendo
un papel activo en la provisión de servicios esenciales cuando el sector privado no esté
dispuesto a asumirlos por razones económicas.
Un ejemplo claro de este principio en acción es el caso de los servicios públicos que son
considerados no rentables para las empresas privadas, como la energía eléctrica en zonas
rurales o la atención sanitaria en áreas de bajos ingresos. En estos casos, el Estado tiene el
deber de intervenir para garantizar que todos los ciudadanos, independientemente de su
capacidad económica, tengan acceso a estos servicios.
OBLIGACIÓN DE RESPETAR Exige de los Estados que se abstengan de ingerir en el goce de los
derechos económicos, sociales y culturales OBLIGACIÓN DE GARANTIZAR Exige de los Estados
que se opongan a la violación de estos derechos por terceros OBLIGACIÓN DE SATISFACER
Exige de los Estados que adopten disposiciones legislativas, administrativas, presupuestarias,
judiciales y de otra índole para promover el pleno ejercicio de estos derechos.
La tercera generación de derechos humanos, que comenzó a integrarse en las leyes a finales
del siglo XX y principios del XXI, busca promover la solidaridad global y relaciones pacíficas.
Entre estos derechos destacan el derecho a la paz, al desarrollo, a un medio ambiente limpio, y
los derechos de los consumidores para protegerlos de los abusos de los monopolios, buscando
equilibrar las desigualdades económicas y jurídicas entre empresas y consumidores.
Los elementos que integran el ambiente: El ambiente no solo incluye los elementos naturales
como agua, aire, tierra y subsuelo, sino también los aspectos creados por el ser humano que
permiten la vida y el desarrollo, como los ecosistemas y la ecología, que reflejan la relación
entre los organismos y su entorno. Además de los recursos naturales, el ambiente también
abarca componentes culturales, como el patrimonio artístico e histórico. El patrimonio natural,
incluyendo el paisaje, se suma a esta visión integral del ambiente, que abarca tanto los
elementos naturales como los creados por el hombre donde se desarrollan las actividades
humanas.
Esto implica que no toda la legislación ambiental está bajo la competencia de ambas
jurisdicciones, sino que se distribuye entre los "contenidos mínimos" (federales) y las "normas
complementarias" (provinciales). Sin embargo, las provincias pueden legislar sobre cuestiones
ambientales que solo afectan a su territorio, siempre y cuando no contravengan las normas
federales.
1. Los convenios de regionalización (art. 124) pueden incluir la protección del ambiente
en relación con el desarrollo económico y social.
2. Los "tratados" interprovinciales (art. 125), incluso cuando involucran al Estado federal,
también pueden abordar temas ambientales.
3. Los acuerdos internacionales que las provincias pueden celebrar (según el art. 124)
pueden incluir asuntos ambientales.
El Derecho del Usuario y Consumidor Constitución Nacional. El artículo 42: consumo, bienes y
servicios. (leer) El sistema económico: mercado, competencia y estado: El artículo 42 de la
Constitución establece una orientación para el sistema económico, que debe estar alineada
con los principios democráticos y los valores que sustentan la constitución. Las menciones a la
competencia, al control de monopolios y al consumo dentro de este artículo suponen la
existencia del mercado, pero esto no implica que el Estado deba abstenerse de intervenir. Por
el contrario, el artículo 42 refuerza la idea de que el Estado debe tener una presencia activa en
la regulación del mercado para evitar desigualdades injustas y proteger los derechos de los
consumidores.
Los derechos, las protecciones y los deberes: El primer párrafo del artículo 42 de la
Constitución establece una serie de derechos para los consumidores y usuarios en el contexto
de la relación de consumo y uso. Estos derechos son:
6. Derecho a ser tratados de manera equitativa y digna, en todas las interacciones con
proveedores de bienes y servicios.
Educación para el consumo, para que los consumidores puedan tomar decisiones
informadas.
Control de los monopolios, para evitar que unas pocas empresas controlen
indebidamente el mercado.
El derecho a la lealtad comercial, para que los proveedores actúen de manera honesta
y justa.
Los derechos que se enumeran en el artículo 42 también son "frente al Estado", es decir, son
derechos que los ciudadanos pueden exigir a las autoridades para su protección. En este
sentido, el término "autoridades" tiene un alcance amplio e incluye no solo los poderes del
Estado, sino también a los jueces, tal como se establece en el artículo 43, que permite que los
consumidores ejerzan acciones judiciales para proteger sus derechos.
Algunos de estos derechos son ambivalentes, es decir, pueden ser exigidos no solo frente al
Estado, sino también frente a los proveedores de bienes y servicios. Por ejemplo, el derecho a
la calidad y eficiencia de los servicios o el derecho a que el mercado no se distorsione. De esta
forma, los consumidores tienen derechos tanto frente al Estado como ante los proveedores de
productos y servicios.
Finalmente, algunos de los derechos de los consumidores tienen similitudes con los derechos
ambientales del artículo 41. Así, por ejemplo, los proveedores de servicios esenciales, como el
agua, tienen la obligación de proteger ese recurso y evitar su contaminación. De igual forma,
las industrias que producen alimentos o bebidas deben garantizar que sus procesos no afecten
negativamente al medio ambiente, evitando la contaminación o la explotación insostenible de
los recursos naturales.
Las Directrices de las Naciones Unidas, aprobadas en 1985 por la Asamblea General de la ONU
en la Resolución 39/248 y ampliadas en 1999, establecen claramente los derechos de los
consumidores y usuarios, así como la obligación de las autoridades de garantizar su protección.
Aunque estas directrices no tienen la jerarquía de un tratado, sino que son recomendaciones,
su importancia radica en que sirven como lineamientos para la creación de políticas
gubernamentales de protección al consumidor. A pesar de no ser vinculantes, las Directrices
son principios que las legislaciones nacionales no pueden ignorar y han sido la base para la
redacción de la Ley 24.240 de protección al consumidor en Argentina.
Una limitación importante de las Directrices de la ONU es que, a pesar de su actualización en
1999, aún no abordan específicamente la protección de los consumidores de ciertos servicios,
como los bancarios, financieros o de seguros, un tema que sigue siendo objeto de debate en
varios países sobre si deben estar cubiertos por las leyes generales de protección al
consumidor o por leyes específicas para estas actividades.
En el ámbito del MERCOSUR (Mercado Común del Sur), hubo un intento de establecer una
normativa común para la protección de los consumidores. El Protocolo sobre Jurisdicción
Internacional en materia de relaciones de consumo fue firmado el 22 de diciembre de 1996
en Santa María, Brasil, y aprobado por la Decisión CMC 10/96. Sin embargo, este protocolo
nunca llegó a entrar en vigor debido a una cláusula que condicionaba su implementación a la
aprobación del Reglamento Común del MERCOSUR para la Defensa del Consumidor, el cual
aún no ha sido promulgado.
A pesar de este obstáculo, cada uno de los países miembros del MERCOSUR ha avanzado en la
creación de sus propias leyes nacionales de protección al consumidor. Por ejemplo:
Brasil tiene el Código de Defensa del Consumidor (Ley 8078 de 1990), que es
considerado el marco normativo más robusto y efectivo de la región en cuanto a la
protección de los derechos de los consumidores.
Este panorama muestra que, aunque los esfuerzos integradores en el MERCOSUR han
encontrado obstáculos, los países han desarrollado marcos normativos nacionales que buscan
fortalecer la protección de los consumidores en la región.
El derecho de acceso al consumo, como una fase previa a la relación de consumo, está
recogido en las Directrices de las Naciones Unidas para la Protección del Consumidor de
1985, con sus modificaciones posteriores. Este derecho, aunque no se menciona
explícitamente con esa terminología en la Ley 24.240, se encuentra implícito en su espíritu.
Constitucionalmente, se consagra a través del derecho al "trato equitativo y digno" establecido
en el primer párrafo del artículo 42 de la Constitución, extendiéndose también a situaciones en
las que ya se ha iniciado la relación de consumo.
Según la clasificación de derechos propuesta por el Dr. Gabriel A. Stiglitz, que compartimos, el
derecho de acceso al consumo se considera un derecho primario dentro del esquema de
protección. Este derecho implica que todos los sectores de la población deben tener la
posibilidad de consumir bienes y servicios, independientemente de su capacidad económica. Si
bien la economía se ocupa de estudiar las posibilidades materiales de consumo, el derecho de
acceso al consumo tiene un fundamento más amplio, vinculado a los derechos humanos y a los
principios constitucionales de trato equitativo y digno.
En cuanto a los servicios públicos, el acceso al consumo tiene una relevancia especial debido a
su carácter universal. Estos servicios son esenciales para las condiciones de calidad de vida y
dignidad humana de la población. El derecho de acceso implica que todos los sectores sociales
y geográficos tengan acceso a estos servicios básicos.
Cuando se crea un servicio público, ya sea prestado por el Estado o por entidades privadas,
nace el derecho de los usuarios potenciales a acceder a dicho servicio. Este derecho es
subjetivo, y se encuentra regulado por condiciones razonables, que no deben ser arbitrarias ni
restrictivas, conforme al principio de que estos servicios deben estar disponibles para la mayor
parte de la población, garantizando su esencialidad operativa.
Este derecho no solo corresponde a la persona que inicia el proceso (el actor), sino también al
demandado, quien, aunque sea llevado al juicio, tiene igualmente el derecho a que su caso sea
resuelto por un juez. Por lo tanto, el derecho a la jurisdicción implica tanto el acceso al órgano
judicial como la resolución efectiva del conflicto. Para que este derecho se materialice, se
debe garantizar el debido proceso, lo cual incluye el derecho a la defensa y la necesidad de
que la sentencia sea oportuna, fundada y justa.
Por otro lado, también se considera que el derecho a la jurisdicción se ve vulnerado cuando un
individuo no puede demandar a una entidad extranjera o internacional debido a su inmunidad
de jurisdicción, lo que impide que se someta a los tribunales del país, ya sea dentro o fuera de
su territorio.
La garantía de los jueces naturales está estrechamente vinculada con varios principios
constitucionales, entre los que destacan:
El principio de los jueces naturales también se extiende a las provincias, conforme al artículo 5
de la Constitución Nacional. Esto implica que los tribunales provinciales, cuando se establecen
conforme a las normas constitucionales, también actúan como jueces naturales, no solo los
tribunales del poder judicial federal.
La fórmula del juez natural que establece el artículo 18 de la Constitución Federal implica dos
prohibiciones fundamentales:
Esto significa que, una vez iniciado el proceso o cuando se haya determinado una causa, no es
posible trasladar esa causa a otro tribunal que no sea el que fue asignado por la ley
previamente. La Corte Suprema ha reafirmado que es inconstitucional transferir casos de
tribunales permanentes a tribunales especiales creados exclusivamente para juzgar ciertos
hechos o personas.
El debido proceso o defensa en juicio es un derecho fundamental que garantiza que ninguna
persona pueda ser privada de un derecho sin que se siga un procedimiento regular establecido
por la ley. Si no existe una ley específica para regular el procedimiento, el juez debe definir uno
adecuado, asegurando que el justiciable tenga suficiente oportunidad de participar en el
proceso.
En los casos de controversia o disputa entre partes, donde cada una presenta pretensiones
opuestas, se habla de un proceso contradictorio, regido por el principio de bilateralidad o
contradicción. Esto implica que ambas partes deben conocer las pretensiones de la otra, tener
derecho de defensa y poder controlar todos los actos procesales.
En procesos no penales, es posible dictar sentencia en rebeldía del demandado, siempre que
se cumplan los requisitos legales, como la notificación adecuada y, si es necesario, la
designación de un defensor oficial. Sin embargo, en procesos penales, la rebeldía no impide el
trámite, pero no puede ser motivo exclusivo de la sentencia, ya que el imputado debe poder
intervenir y ofrecer pruebas en cualquier etapa del proceso.
Además, el debido proceso incluye la duración razonable del proceso, que debe ser
proporcional a la urgencia de la pretensión jurídica. Por ejemplo, los procesos de amparo o
habeas corpus deben resolverse con mayor rapidez debido a su carácter urgente.
El derecho al debido proceso se culmina con una sentencia útil, que debe ser imparcial, justa,
fundada y oportuna. En los procesos que permiten una segunda instancia, este derecho se
extiende a la revisión de la decisión tomada en primera instancia. Si la ley establece la doble
instancia en el proceso penal, es inconstitucional impedir el acceso a ella, aunque en el
proceso no penal la instancia única no es inconstitucional.
El principio de "ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo" garantiza
que una persona no puede ser condenada sin que exista una ley penal anterior al hecho que
origine el proceso. Este principio también prohíbe la retroactividad de la ley penal, en línea
con el principio liberal de que no hay delito ni pena sin ley. Esto significa que, para que alguien
sea condenado, debe existir una ley que defina el delito y la pena correspondiente; si no hay
pena atribuida a un delito, no puede haber condena.
En el proceso penal, el juicio previo es indispensable. Nadie puede ser penado sin un juicio que
cumpla con las etapas esenciales del debido proceso: acusación, defensa, prueba y sentencia.
La sentencia debe basarse en la ley vigente al momento de los hechos.
Mientras no exista una sentencia firme de condena, la persona tiene derecho a la presunción
de inocencia, un derecho implícito, aunque no expresamente formulado en la constitución.
Un tema debatido es la ley penal más benigna en casos de delitos permanentes. Si un delito
se prolonga en el tiempo y durante su comisión se promulga una ley más severa, se debe
aplicar la ley vigente cuando comenzó el delito, no la que se dicta después. Por lo tanto, la ley
más severa posterior no es aplicable, ya que no es "previa" al hecho. La ley vigente cuando
comenzó el delito es la que corresponde, y si es más benigna que la actual, prevalece en favor
del imputado.
Otras Garantías del Sistema: El amparo individual. El amparo colectivo. El habeas data. El
hábeas corpus. Las acciones de clase.
El amparo individual es una acción judicial expedita y rápida, diseñada para proteger de
manera urgente los derechos fundamentales de las personas. Esta rapidez se refiere al proceso
que se inicia con la acción, permitiendo una respuesta ágil. Un aspecto clave es que el amparo
procede cuando no existe otro medio judicial más idóneo para la defensa de los derechos
vulnerados. Esto implica que no es necesario agotar previamente otras vías, como los recursos
administrativos, para que el amparo sea admisible. Esta interpretación se ve favorecida por el
art. 43 de la Constitución, que elimina obstáculos que limitaban el uso del amparo en casos
donde se intentaba recurrir primero a la vía administrativa.
El amparo puede ser interpuesto contra actos de autoridades estatales y también contra actos
de particulares. La naturaleza de estos actos debe ser lesiva, es decir, deben causar una lesión,
restricción, alteración o amenaza de derechos, y deben ser manifestamente arbitrarios o
ilegales, ya sea en forma actual o inminente. Además, los actos que se impugnan pueden
afectar derechos y garantías establecidos en la Constitución, en tratados internacionales o en
leyes nacionales, lo que amplía el ámbito de protección y hace más flexible el proceso de
amparo.
De esta forma, la acción de amparo no solo se puede utilizar para cuestionar el acto u omisión
en sí, sino también para impugnar la norma subyacente, permitiendo que el juez analice su
conformidad con la Constitución
Amparo Colectivo: Como dijimos lo encontramos en la segunda parte del art. 43 CN, Para
comparar el amparo previsto en el segundo párrafo del art. 43 con el genérico que contempla
el párrafo primero. El amparo del párrafo segundo de la normativa se refiere a situaciones
donde existe un acto lesivo que afecta a ciertos derechos y bienes jurídicos, pero se limita a
proteger ciertos derechos colectivos o difusos, a diferencia del amparo individual del primer
párrafo. Este tipo de amparo abarca derechos de incidencia colectiva, que incluyen derechos
relacionados con:
1. Discriminación.
3. Competencia.
Uno de los aspectos más importantes de este amparo es que permite la protección no solo de
derechos subjetivos clásicos (como el derecho individual a la propiedad, la libertad, etc.), sino
también de derechos colectivos o difusos, como los derechos ambientales o los derechos de
los consumidores. Estos derechos son de naturaleza colectiva y afectan a grupos de personas,
y no solo a individuos específicos.
En cuanto a la legitimación para interponer este amparo, el artículo 43 establece que pueden
acceder a esta acción no solo los afectados directamente, sino también otras personas o
entidades interesadas en proteger estos derechos colectivos, tales como:
El afectado directamente.
Las asociaciones registradas que persigan fines relacionados con los derechos
afectados, como las organizaciones ambientales o de defensa de consumidores.
De esta manera, el amparo colectivo está diseñado para proteger intereses difusos o
colectivos, permitiendo que no solo las personas afectadas directamente, sino también
entidades representativas de la comunidad, puedan interponer la acción para defender estos
derechos de incidencia colectiva.
La Legitimación del “Afectado” en el Amparo Colectivo
En el contexto del amparo colectivo, la legitimación del “afectado” tiene particularidades que
permiten una interpretación más amplia de quién puede interponer la acción, especialmente
cuando se trata de intereses colectivos, difusos o sociales.
1. Pluriindividualidad:
El amparo colectivo está destinado a proteger una serie de derechos que son comunes a
muchas personas, entre los que se incluyen:
El término “afectado” debe interpretarse de forma amplia, como toda persona que
haya sufrido o pueda sufrir una afectación derivada de un acto lesivo. Esto implica que
cualquier persona que esté afectada por un acto de discriminación o que vea
vulnerado un derecho colectivo puede acceder al amparo.
No se requiere una afectación exclusiva o un daño único para cada persona. Basta con
que el afectado haya sufrido una afectación directa o concreta que esté vinculada al
acto lesivo, sin importar que otros hayan sufrido la misma afectación.
1. Legitimación procesal:
o Según el art. 86, la misión del Defensor del Pueblo es la defensa y protección
de los derechos humanos y otras garantías e intereses. Esta responsabilidad
le otorga legitimación procesal para acceder a la justicia en nombre de los
derechos que le competen, incluyendo aquellos que pueden ser objeto de
amparo colectivo.
3. Acceso a la justicia:
Las asociaciones que tienen como fin la defensa de derechos e intereses, están habilitadas
para interponer acciones de amparo, siempre y cuando estén registradas conforme a la ley.
No obstante, en ausencia de una ley que regule su registro, basta con que la asociación exista
con alguna formalidad asociativa y demuestre su propósito de defensa para que se reconozca
su legitimación procesal.
Además, si bien su legitimación está asociada al amparo, también pueden recurrir a otras vías
judiciales si el amparo no es procedente.
Hábeas Data: En la Constitución Nacional lo entramos en el art. 43, 3er párrafo. El habeas
data, por analogía con el habeas corpus, se refiere al derecho de cada persona sobre sus datos
personales, entendiendo que todos los datos vinculados a una persona y que no tienen como
fin la publicidad o la información a terceros deben ser protegidos. Su objetivo es garantizar la
privacidad de la persona en relación con la recopilación, almacenamiento y difusión de sus
datos.
Toda persona tiene derecho a interponer esta acción con el fin de:
Los datos protegidos por el habeas data incluyen aquellos que están en registros o bancos de
datos públicos y privados, especialmente aquellos destinados a proveer información a
terceros. Sin embargo, no se puede afectar el secreto de las fuentes de información
periodística, ya que la norma resguarda el secreto profesional de los medios de comunicación.
El habeas data es aplicable en registros privados solo cuando estos están destinados a
suministrar informes. Por ejemplo, no aplicaría a archivos históricos o recopilaciones de
documentación, pues su destino no es el uso público. No obstante, si un banco de datos
privado, cuyo destino no es la divulgación pública, proporciona información a terceros, el
habeas data queda habilitado.
El derecho también abarca los datos archivados en soportes informáticos o no, que puedan
ser objeto de tratamiento automatizado, así como cualquier otro tipo de tratamiento de datos
susceptible de ser automatizado. Este enfoque es coherente con el alcance moderno de
protección de datos en el derecho comparado y con la interpretación amplia del artículo 43 de
la constitución.
Las clases de habeas data: su objeto y sus finalidades. El habeas data se clasifica en: a) Habeas
Data Informativo para Conocer (datos registrados, finalidad de los mismos, fuente de la cual
fueron obtenidos); b) Habeas Data Cancelatorio para Suprimir o Cancelar (datos de
información sensible); c) Habeas Data para corregir o Rectificar o Actualizar (datos falsos,
inexactos, incompletos, desactualizados); d) Habeas Data Confidencial para Reservar (datos
que pueden registrarse, pero no difundirse porque son confidenciales).
El habeas data no protege ciertos tipos de datos que, por su naturaleza, son considerados de
interés público o general. A continuación, se enumeran algunos ámbitos en los que no opera
esta protección:
Hábeas Corpus Nuestra CN, en el último párrafo del art. 43, expresa. El habeas corpus es una
garantía fundamental que protege la libertad física o de locomoción de las personas. Esta
acción judicial tiene como propósito evitar detenciones, arrestos o restricciones de libertad
arbitrarias o ilegales. El término habeas corpus proviene del latín y significa "tienes tu cuerpo",
lo que refleja su objetivo: llevar al individuo ante el juez para garantizar su libertad.
Objetivo Principal
El habeas corpus se activa cuando una persona es privada o restringida de su libertad sin causa
legal, de forma arbitraria o sin el debido procedimiento legal. Esto incluye actos como
detenciones ilegales, arrestos sin justificación, traslados indebidos o la prohibición de
deambular sin fundamento legal.
Características Jurídicas
Sus clases — Dentro de las variadas categorías de habeas corpus, cabe mencionar: a) el habeas
corpus clásico, o de reparación, que tiende a rehabilitar la libertad física contra actos u
omisiones que la restringen o impiden sin orden legal de autoridad competente; b) el habeas
corpus preventivo, que se dirige a frenar las “amenazas” ciertas e inminentes para la libertad
física; c) el habeas corpus correctivo opera contra toda forma ilegítima que agrava la condición
de una persona legalmente privada de su libertad; d) el habeas corpus restringido contra
molestias que perturban la libertad de locomoción, sin llegar a la privación de libertad
(seguimientos, vigilancias, impedimentos de acceder a lugares como el domicilio, el sitio de
trabajo o estudio, etc.).
Los tratados internacionales de jerarquía constitucional — El art. 7 del Pacto de San José de
Costa Rica, después de varias cláusulas de garantía para la libertad, consagra el habeas corpus,
sin denominarlo así, en el apartado 6, que dice… El Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos contiene una norma equivalente en su art. 9.4. La Convención sobre Derechos del
Niño prevé en su art. 37 el supuesto de privación de libertad ilegal o arbitraria del niño (inc. b),
y el derecho a impugnarla ante un tribunal u otra autoridad competente, independiente e
imparcial, así como a pronta decisión sobre dicha acción (inc. d).
Las acciones de clase son procesos colectivos que permiten agrupar múltiples casos similares
en un solo juicio. Estas acciones se utilizan principalmente cuando las demandas individuales
son pequeñas o complejas, lo que dificultaría su tramitación por separado debido a los altos
costos o la complejidad de la prueba. En lugar de llevar cada caso de forma individual, los
afectados se agrupan bajo una misma clase, lo que facilita su resolución en un solo proceso.
La acción de clase tiene como objetivo consolidar diferentes pleitos relacionados en un solo
juicio, ofreciendo una alternativa eficiente a numerosos juicios individuales. Aunque no todos
los casos pueden transformarse en acciones de clase, cuando hay un número considerable de
actores o demandas con cuestiones similares, el juez puede certificar que pertenecen a una
misma clase.
Beneficios
1. Reducción de Costos: Permite a los demandantes hacer frente a los costos de un juicio
colectivo en lugar de asumir los costos de procesos individuales.
Jurisprudencia
La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha sido la encargada de trazar las líneas de cómo se
conforman estas acciones de clase, estableciendo el proceso que debe seguirse para garantizar
el acceso a la tutela judicial efectiva en casos colectivos. Este tipo de acción se enmarca dentro
de la evolución jurisprudencial que promueve una efectiva protección de los derechos
fundamentales de los individuos dentro del sistema judicial argentino.
Sin embargo, se establece una pauta clave: los derechos deben interpretarse de forma amplia
para favorecer su máxima protección, mientras que las normas que limitan esos derechos
deben ser interpretadas de manera restrictiva, es decir, de forma más restrictiva y estricta
para garantizar que solo se apliquen en circunstancias realmente necesarias.
Condiciones para declarar el estado de sitio: Aunque tanto el ataque exterior como la
conmoción interna son causas que habilitan la declaración del estado de sitio, no basta con
que ocurra cualquiera de estas situaciones. La Constitución establece requisitos adicionales
para que se pueda declarar:
Perturbación del orden: La situación debe generar una alteración grave del orden
público.
Ataque exterior (guerra): El poder ejecutivo, con acuerdo del Senado, puede declarar el estado
de sitio. Si el Congreso está en receso, el ejecutivo puede convocar a sesiones extraordinarias
para su aprobación (art. 99, inc. 16).
Conmoción interior: En este caso, el Congreso debe declarar el estado de sitio. Si está en
receso, el poder ejecutivo puede tomar la medida, pero debe ser aprobada o suspendida por el
Congreso (art. 75, inc. 29; art. 99, inc. 16). El ejecutivo debe convocar al Congreso
inmediatamente después de declarar el estado de sitio durante su receso.
El estado de sitio tiene una duración limitada, y esta temporalidad es crucial para su
constitucionalidad. Según el artículo 99, inciso 16, el poder ejecutivo puede declarar el estado
de sitio en caso de un ataque exterior, pero esta declaración debe ser por un término
limitado. La transitoriedad del estado de sitio refleja su carácter excepcional, diseñado para
situaciones de crisis que requieren medidas urgentes y restringidas en el tiempo.
Además, la declaración del estado de sitio es una competencia exclusiva del gobierno federal.
Las provincias no pueden declarar el estado de sitio en sus territorios, ya que es un acto de
alta gravedad que corresponde al poder ejecutivo nacional o al congreso, según el caso.
El acto declarativo del estado de sitio tiene una naturaleza política, lo que implica que, en
principio, no es revisable judicialmente. Sin embargo, esto no significa que esté
completamente exento de control por parte de los tribunales. La Corte Suprema ha sostenido
que, aunque el acto declarativo no puede ser atacado judicialmente en cuanto a su
oportunidad o conveniencia política, sí es posible revisar si se cumplen ciertos requisitos
constitucionales. En particular, el control judicial puede centrarse en:
1. La competencia y forma: Verificar si el estado de sitio fue declarado por la autoridad
competente y de acuerdo con el procedimiento previsto por la constitución.
Aunque la Corte no permite el control judicial sobre la subsistencia o duración del estado de
sitio en general, sí ha aceptado revisar medidas concretas adoptadas durante su ejecución,
especialmente aquellas que limitaban la libertad individual. En estos casos, el control judicial
se enfoca en evaluar la razonabilidad de las medidas, como las detenciones arbitrarias o
restricciones de movimiento, para asegurarse de que no se vulneren derechos fundamentales.
El impacto del estado de sitio en los derechos individuales se puede dividir en dos áreas
principales: la libertad corporal y otros derechos.
1. Arresto y Traslado:
Las posibles restricciones a los derechos bajo el estado de sitio se pueden clasificar en dos
campos:
El congreso:
Es cierto que el Congreso podría, en teoría, establecer una ley reglamentaria general para el
instituto del estado de sitio, con el fin de prever situaciones futuras donde se pueda declarar
esta medida. Sin embargo, dada la naturaleza flexible y situacional del estado de sitio, resulta
difícil anticipar todas las posibles circunstancias concretas en las que se justifique su aplicación.
Por lo tanto, una ley reglamentaria probablemente no podría ser tan específica, sino que
debería incluir parámetros globales que otorguen flexibilidad al Ejecutivo para adaptarse a las
circunstancias cambiantes de cada crisis. Esto permitiría que las autoridades actúen con
agilidad, pero siempre dentro de los límites establecidos por la Constitución.
El Congreso, sin embargo, no puede interferir con la facultad exclusiva y privativa del
presidente de la República para decretar el arresto o traslado de personas en un estado de
sitio. Esta atribución está claramente asignada al Poder Ejecutivo, y cualquier intento de
limitarla por parte del Congreso sería inconstitucional. Lo que sí puede hacer el Congreso es
controlar la razonabilidad de las medidas adoptadas, aunque no tiene poder para restringir la
facultad del Ejecutivo de actuar en situaciones de emergencia. Además, aunque el Congreso no
pueda interferir directamente con la acción del Ejecutivo, sí tiene la posibilidad de revisar el
estado de sitio una vez declarado, ya que debe autorizar su vigencia y puede suspenderlo si no
considera que la emergencia persiste.
Crisis económica: La emergencia económica se refiere a una situación excepcional que afecta
profundamente al orden económico-social, como la escasez o la pobreza, creando un estado
de necesidad. Esta crisis pone en riesgo el funcionamiento del sistema político y jurídico,
permitiendo al Estado restringir temporalmente algunos derechos patrimoniales para
restaurar el orden y garantizar la estabilidad. La intervención del Estado es justificada para
evitar el colapso del sistema, pero debe ser proporcional y enfocada en superar la crisis, sin
suspender completamente los derechos fundamentales.
En la práctica, las crisis económicas han dado lugar a medidas de emergencia que incluyen
moratorias hipotecarias, reducción de tasas de interés, rebajas en pensiones y jubilaciones,
congelación de alquileres y restricciones a la disponibilidad de depósitos bancarios. Estas
medidas implican limitaciones al derecho de propiedad, de contratar, comerciar y otros
derechos fundamentales, como una forma de enfrentar la situación económica excepcional.
Composición: Está integrada por siete miembros, quienes son elegidos por la
Asamblea General de la OEA, a título personal, y no en representación de sus
respectivos países. Estos miembros deben representar a todos los Estados miembros
de la OEA.
Funciones:
Establecimiento: La Corte IDH, con sede en San José, Costa Rica, es una institución
judicial autónoma creada para aplicar e interpretar la Convención Americana sobre
Derechos Humanos (CADH) y otros tratados interamericanos.
Funciones:
La Corte IDH, en cambio, tiene una función judicial y jurisdiccional, resolviendo casos
y emitiendo sentencias vinculantes para los Estados partes.
Ambos órganos trabajan juntos para garantizar la protección de los derechos humanos en las
Américas, aunque con competencias y funciones distintas dentro del Sistema Interamericano
de Derechos Humanos.
Condición de las víctimas: Las víctimas deben ser personas humanas (no se aceptan
denuncias en nombre de entidades jurídicas) y deben poder ser identificadas
individualmente.
2. El denunciante debe haber agotado todos los recursos legales internos disponibles en
el país donde ocurrió la violación.
3. La denuncia debe ser presentada dentro de los seis meses siguientes a la decisión final
del tribunal nacional.
Solo los Estados Partes y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) pueden
llevar un caso ante la Corte Interamericana. Las personas u organizaciones que aleguen
violaciones deben presentar su denuncia ante la CIDH, que decidirá si lo lleva a la Corte.
Los informes de la CIDH no son vinculantes, pero pueden ser muy persuasivos. Si la Comisión
concluye que hubo una violación de derechos humanos, puede remitir el caso a la Corte. Si no
lo hace, publica un informe anual con sus conclusiones y recomendaciones.
La "cuarta instancia"
Mecanismo de seguimiento
Una vez que la Corte emite una sentencia, puede supervisar el cumplimiento de sus decisiones.
Si el Estado no cumple, la CIDH puede intervenir y asegurar que se apliquen las reparaciones.
Medidas cautelares
En situaciones urgentes, la CIDH o la Corte pueden dictar medidas cautelares para prevenir
daños graves a los derechos humanos, como proteger a víctimas de violencia o detener
ejecuciones.
La Corte Interamericana tiene competencia contenciosa (es decir, para conocer de casos)
respecto a cualquier asunto relacionado con la interpretación y aplicación de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos siempre que el Estado involucrado haya reconocido
previamente la competencia de la Corte.
Aprobación y Establecimiento:
La Corte Interamericana de Derechos Humanos fue aprobada mediante la Resolución N° 448
adoptada por la Asamblea General de la OEA en su noveno período de sesiones, celebrado en
La Paz, Bolivia, en octubre de 1979.
Artículo 3 - Sede:
La sede principal de la Corte se encuentra en San José, Costa Rica.
Cambio de sede: La sede puede ser cambiada por dos tercios de los Estados partes de
la Convención en una Asamblea General de la OEA.
Artículo 4 - Integración:
La Corte está compuesta por siete jueces, que deben ser nacionales de los Estados miembros
de la OEA, con una alta autoridad moral y reconocida competencia en derechos humanos.
Estos jueces son elegidos a título personal. Además:
Los jueces son elegidos para un mandato de seis años y pueden ser reelegidos una
vez.
Si la vacante ocurre dentro de los últimos seis meses del mandato, no es necesario
elegir un reemplazo.
En caso de ser necesario para mantener el quórum, los Estados partes pueden
nombrar jueces interinos hasta que se elijan los nuevos jueces.
Artículo 7 - Candidatos
1. Los jueces de la Corte Interamericana son elegidos por los Estados partes en la
Convención, en la Asamblea General de la OEA, de una lista de candidatos propuesta
por esos mismos Estados.
2. Cada Estado parte puede proponer hasta tres candidatos, que pueden ser nacionales
del Estado proponente o de cualquier otro Estado miembro de la OEA.
3. Al menos uno de los tres candidatos propuestos debe ser nacional de un Estado
distinto al proponente.
1. Seis meses antes del período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la OEA,
que sigue al término del mandato de los jueces actuales, el Secretario General de la
OEA solicita por escrito a cada Estado parte que presente sus candidatos en un plazo
de noventa días.
Artículo 9 - Votación
2. Los candidatos que obtengan la mayoría absoluta serán elegidos. Si se requieren varias
votaciones, se eliminarán sucesivamente a los candidatos con menor número de
votos, según lo determine la Asamblea de los Estados partes.
1. Juez nacional de un Estado parte: Si un juez es nacional de alguno de los Estados que
son partes en un caso sometido a la Corte, conserva su derecho a conocer el caso.
2. Juez ad hoc: Si uno de los jueces de la Corte no es nacional de los Estados partes en el
caso, un Estado parte en el caso puede designar un juez ad hoc para participar en el
proceso. Si ningún juez es nacional de los Estados partes, cada Estado puede designar
un juez ad hoc. Si varios Estados tienen el mismo interés, se consideran como una sola
parte.
4. Aplicación de disposiciones: Los jueces ad hoc estarán sujetos a las disposiciones del
Estatuto de la Corte que se aplican a los jueces titulares (artículos 4, 11, 15, 16, 18, 19
y 20).
Artículo 11 - Juramento
1. Juramento de los jueces: Al asumir su cargo, los jueces deben rendir el siguiente
juramento: "Juro (o declaro solemnemente) que ejerceré mis funciones con honradez,
independencia e imparcialidad y que guardaré secreto de todas las deliberaciones".
Artículo 13 - Precedencia
1. Orden de precedencia: Los jueces titulares tienen precedencia después del Presidente
y Vicepresidente, según su antigüedad en el cargo.
Artículo 14 - Secretaría
1. Inmunidades de los jueces: Los jueces gozan de las inmunidades diplomáticas desde
su elección y durante su mandato, y los privilegios diplomáticos necesarios para el
ejercicio de sus funciones.
2. Impunidad por votos y opiniones: No podrán ser responsables por los votos,
opiniones o actos realizados durante el ejercicio de sus funciones.
3. Inmunidades de la Corte: La Corte y su personal gozan de las inmunidades y privilegios
establecidos en el Acuerdo sobre Privilegios e Inmunidades de la OEA (1949).
Artículo 16 - Disponibilidad
1. Disponibilidad de los jueces: Los jueces deben estar disponibles para trasladarse a la
sede de la Corte o a cualquier otro lugar donde se celebren sus sesiones, según lo
requiera el Reglamento.
Artículo 17 - Emolumentos
1. Emolumentos de los jueces: Los emolumentos del Presidente y de los jueces se fijarán
teniendo en cuenta la importancia de sus funciones, las obligaciones e
incompatibilidades impuestas por los artículos 16 y 18.
3. Viáticos y gastos de viaje: Los jueces recibirán viáticos y gastos de viaje cuando les
corresponda.
Artículo 18 - Incompatibilidades
o Cualquier otra actividad que impida a los jueces cumplir con sus obligaciones,
afectando su independencia o imparcialidad.
1. Impedimento: Los jueces deben abstenerse de conocer asuntos en los que tengan
interés directo o hayan intervenido previamente en calidad de agentes, consejeros,
abogados o miembros de tribunales, o en cualquier otra calidad relacionada con el
caso.
2. Excusas de los jueces: Si un juez considera que está impedido o no debe participar en
un caso, presentará su excusa al Presidente. Si el Presidente no la acepta, será la Corte
quien decida.
Artículo 22 - Sesiones
Artículo 23 - Quórum
2. Decisiones por mayoría: Las decisiones de la Corte se tomarán por mayoría de los
jueces presentes.
1. Relaciones con el país sede: Las relaciones de la Corte con el país sede serán
reguladas mediante un acuerdo de sede. La sede de la Corte tendrá carácter
internacional.
2. Relaciones con Estados y organismos: Las relaciones de la Corte con los Estados, la
OEA y sus organismos, así como con otros organismos internacionales
gubernamentales relacionados con la promoción y defensa de los derechos humanos,
serán reguladas mediante acuerdos especiales.
El Estatuto de la Corte podrá ser modificado por la Asamblea General de la OEA, ya sea a
iniciativa de cualquier Estado miembro o de la propia Corte.
Artículo 32 - Vigencia
Un Estado bajo el modelo del Constitucionalismo Social enfrenta el desafío de intervenir activamente cuando el sector privado no asume la provisión de servicios esenciales debido a su falta de rentabilidad, como la energía eléctrica en zonas rurales o la atención sanitaria en áreas de bajos ingresos. En estas situaciones, el Estado debe garantizar el acceso universal a estos servicios a través de recursos públicos, manteniendo su papel activo para asegurar la equidad y evitar que estos derechos queden insatisfechos por motivos económicos. Esto requiere ajustes presupuestarios y la implementación de políticas que resguarden el bienestar social .
La obligación de garantizar los derechos económicos, sociales y culturales exige de los Estados la adopción de disposiciones legislativas, administrativas, presupuestarias, judiciales y de otra índole para promover el pleno ejercicio de estos derechos. Esto se materializa a través de la implementación de políticas públicas, la provisión de servicios necesarios para el bienestar de sus habitantes, y la promoción de un entorno que permita alcanzar una vida digna y justa para todos los ciudadanos, especialmente en lo que respecta a salud, educación, trabajo, y protección social .
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) utiliza un enfoque político y cuasijudicial, promoviendo derechos humanos y recibiendo denuncias de violaciones. Si consideran que hay mérito, pueden llevar el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), que ejerce una función judicial resolviendo casos y emitiendo sentencias vinculantes para los Estados. La Corte también tiene la función consultiva al emitir opiniones sobre la interpretación de la Convención Americana y otros tratados. Ambos órganos trabajan juntos con roles complementarios pero distintos para asegurar la protección de los derechos humanos .
El derecho a la alimentación y la soberanía alimentaria, como parte de los derechos sociales reconocidos por el Constitucionalismo Social, asegura que todos los individuos puedan acceder a alimentos suficientes, nutritivos y culturalmente apropiados. Este derecho no solo busca eliminar el hambre, sino que también promueve la autodeterminación de los pueblos en la sostenibilidad de su sistema alimentario para evitar dependencia de cadenas de suministro externas y especuladores. Garantizar este derecho implica que el Estado debe implementar políticas que aseguren una distribución justa y sostenible de los recursos alimentarios .
La OIT, fundada en 1919, jugó un papel crucial en la promoción de los derechos laborales a nivel global, lo que influyó significativamente en el desarrollo del Constitucionalismo Social. Al reconocer que las condiciones laborales son fundamentales para la paz y el bienestar social, la OIT estableció un sistema tripartito que involucra a gobiernos, empleadores y sindicatos, promoviendo normas internacionales en materia laboral que han sido incorporadas en las constituciones de muchos países .
El Constitucionalismo Social, al tiempo que promueve un Estado activo para asegurar el bienestar común, reconoce la importancia de la iniciativa privada. Al aplicar el principio de subsidiariedad, busca que el Estado no asuma responsabilidades que puedan desarrollarse mejor por la iniciativa privada o social. Este modelo favorece un entorno en el que el Estado actúa como un facilitador, interviniendo solo cuando sea necesario para asegurar los derechos económicos, sociales y culturales, y evitando así ser un obstáculo para el desarrollo autónomo de las personas y las comunidades .
Los derechos de incidencia colectiva, emergiendo en la tercera generación de derechos humanos, han avanzado la agenda de derechos hacia preocupaciones globales del siglo XXI, como el derecho a la paz, el desarrollo sostenible, y un medio ambiente limpio. Estos derechos buscan promover la solidaridad y relaciones pacíficas globalmente, enfrentando desafíos como el cambio climático, la equidad económica y la protección del consumidor contra monopolios. Esto requiere de un enfoque colectivo para equilibrar las desigualdades y promover el bienestar a través de políticas internacionales conjuntas y acuerdos multilaterales .
El artículo 41 de la Constitución, al reconocer el derecho a un ambiente sano como un derecho de todos los habitantes, dota a cada individuo de una situación jurídica subjetiva que refuerza la validez legal de sus reclamos en este ámbito. Este reconocimiento promueve la acción estatal y judicial para asegurar la calidad ambiental, obligando al Estado a legislar y adoptar medidas para proteger los recursos naturales y prevenir la contaminación. En un contexto internacional, refuerza el eco del derecho ambiental en otras legislaciones al concebirlo como un derecho fundamental similar a derechos humanos tradicionales .
En el marco del Estado de Bienestar, la reciprocidad entre el Estado y los ciudadanos consiste en que el Estado se compromete a garantizar el bienestar social mediante la provisión de servicios y políticas públicas. A cambio, los ciudadanos deben cumplir con ciertas responsabilidades, como el pago de impuestos y contribuciones a los sistemas de seguridad social. Esta relación no solo define derechos y obligaciones del Estado hacia los individuos sino también reconoce el compromiso de estos últimos con el bienestar colectivo y la estabilidad económica y social .
Los derechos de segunda generación, que incluyen los derechos económicos, sociales y culturales, son distintos de los derechos de primera generación (civiles y políticos) en que no solo requieren protección frente al Estado sino también requieren su acción activa para su realización efectiva. Mientras que los derechos de primera generación se centran en proteger al individuo de la intrusión estatal, los derechos de segunda generación necesitan de la intervención estatal para asegurar el acceso a educación, salud, vivienda, trabajo, etc., mediante políticas públicas y prestaciones sociales .