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Alegorías de "El Matadero" de Echeverría

El Matadero de Esteban Echeverría es un relato alegórico que critica la dictadura de Juan Manuel de Rosas y los conflictos sociopolíticos en Argentina a principios del siglo XIX, utilizando personajes y situaciones para representar la barbarie del régimen. A través de la alegoría del matadero, Echeverría muestra la opresión y la lucha entre unitarios y federales, simbolizando la civilización sacrificada por la brutalidad del poder. La obra refleja la tensión social y política de la época, destacando la resistencia de aquellos que anhelaban un país más moderno y civilizado.

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Alegorías de "El Matadero" de Echeverría

El Matadero de Esteban Echeverría es un relato alegórico que critica la dictadura de Juan Manuel de Rosas y los conflictos sociopolíticos en Argentina a principios del siglo XIX, utilizando personajes y situaciones para representar la barbarie del régimen. A través de la alegoría del matadero, Echeverría muestra la opresión y la lucha entre unitarios y federales, simbolizando la civilización sacrificada por la brutalidad del poder. La obra refleja la tensión social y política de la época, destacando la resistencia de aquellos que anhelaban un país más moderno y civilizado.

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En “El Matadero”, Esteban Echeverría es un relato alegórico que refleja los conflictos

sociopolíticos de la Argentina de principios del siglo XIX, en un contexto dominado por la


dictadura de Juan Manuel de Rosas y la lucha entre unitarios y federales. A través los
personajes y situaciones, el autor expresa su descontento con el orden político de su
tiempo utilizando diversas alegorías para criticar la brutalidad y la barbarie del régimen.
Comenzando con los personajes y el sitio que son introducidos al principio del texto,
tenemos al matadero, espacio que simboliza la ciudad de Buenos Aires bajo el régimen de
Rosas, el cual es caracterizado un lugar de barbarie, caos y violencia. Este lugar es
descrito como sucio, caótico y violento, reflejando la barbarie y el desorden que, según
Echeverría, caracterizaban a la gestión rosista. El Matadero no solo representa la ciudad
como una zona de decadencia, sino que se convierte en una representación de la
provincia en manos de un poder opresor, donde los valores de la civilización son
constantemente destruidos. El narrador utiliza las palabras " El espectáculo que ofrecía
entonces era animado y pintoresco, aunque reunía todo lo horriblemente feo, inmundo y
deforme" (Echeverría, 2003, p. 5) para hablar del mismo y de la matanza que se llevó a
cabo en el mismo, subrayando cómo todo está sumido en la brutalidad y el desorden.
Luego tenemos a “El Restaurador”, quien aparece como una figura omnipresente en el
relato, es una clara alegoría de Juan Manuel de Rosas, líder de los federales, quien
mantenía un férreo control sobre la política y la sociedad. Su poder y control sobre la
sociedad son representados en el matadero, donde todo el pueblo grita “¡Viva la
Federación! ¡Viva el Restaurador!” (Echeverria 2003, p. 4), incluso en un ambiente lleno de
violencia y suciedad. El hecho de que el primer novillo sea ofrecido a Rosas como un
gesto de gratitud por parte de los carniceros muestra su dominación sobre la población
(Echeverría, 2003, p. 5). A su vez, su autoridad es ejercida por medio de figuras
subordinadas, como el juez. Este último encarna al caudillo federal, la mano derecha de
Rosas y ejecutor de su voluntad. Es un personaje corrupto y violento, cuya función es
mantener el orden en ese espacio de barbarie, asegurando que se cumplan las leyes
impuestas por el gobierno. "El juez mandaba restablecer el orden y despejar el campo"
(Echeverría, 2003, p. 6), reflejando la sumisión de los líderes locales a la voluntad de
Rosas. Luego están los carniceros quienes ejecutaban su poder mediante la violencia
física, haciendo una alegoría a la Mazorca, la organización parapolicial de Rosas. En el
relato, los carniceros se deleitan en el acto de matar de maneras brutales y despiadadas,
y tienen como líder a Matasiete, una figura temida y venerada, quien es aclamado por su
destreza en el manejo de las armas: “Matasiete extendió, como orgulloso, por segunda
vez el brazo y el cuchillo ensangrentado y se agachó a desollarle con otros compañeros.”
(Echeverria, p. 10). Su figura simboliza la brutalidad en su máxima expresión.

Ya habiendo concluido con los personajes humanos de la historia, podemos hablar del
aspecto animal de la misma, comenzando por los novillos quienes, en el relato, son la
encarnación de la civilización siendo sacrificada y destruida por la barbarie del
federalismo. Despojados de resistencia, estos animales son sacrificados sin lucha,
reflejando cómo las ideas civilizadoras y liberales que defendían los unitarios eran
masacradas en el contexto de Buenos Aires bajo Rosas. En el momento en que se relata
que "nueve novillos se hallan tendidos en la playa del matadero, desollados unos, los
otros por desollar. " (Echeverría, 2003, p. 5), se da a entender que se está presentando una
violencia brutal a la cual no se le está presentando mucha defensa. Por otro lado,
tenemos al toro, cuyo propósito es representar a aquellos que se rebelaban contra el
sistema impuesto. Este animal, que lucha hasta el final antes de ser abatido, simboliza a
los unitarios y a los opositores del régimen. “El animal prendido ya al lazo por las astas,
bramaba echando espuma furibunda y no había demonio que lo hiciera salir del pegajoso
barro donde estaba como clavado y era imposible pialarlo”, es una metáfora es una
metáfora de la lucha de aquellos que se atrevían a desafiar a la dictadura, solo para ser
violentamente sometidos.

Finalmente, tenemos al unitario, quien hace aparición recién al final de la obra,


personifica las ideas propias del autor. El joven se presenta como un hombre culto,
civilizado y defensor de los valores unitario, por lo que es capturado y torturado por los
carniceros y bajo la orden del juez, acto que Echeverria utiliza para criticar la represión del
pensamiento ilustrado y civilizador que el unitarismo representaba. El muchacho expreso
su desprecio por el régimen escupiendo con rabia fuertes declaraciones, diciendo:
"Porque lo llevo en el corazón por la Patria que vosotros habéis asesinado, ¡infames!"
(Echeverría, 2003, p. 14), en clara alusión al sufrimiento de los intelectuales y defensores
de la civilización. Otra parte, en la que se muestra la percepción del escritor, es cuando
posiciona a los federales como meros animales con la frase “Sí, la fuerza y la violencia
bestial. Ésas son vuestras armas; infames. El lobo, el tigre, la pantera también son fuertes
como vosotros. Deberíais andar como ellas en cuatro patas” (Echeverria, 2003, p. 13)
haciendo alusión a barbaridad que los compone en esencia.

En conclusión, las alegorías presentes en “El Matadero” no solo reflejan la opresión y la


violencia del régimen de Rosas, sino que también simbolizan los profundos conflictos que
atravesaba la Argentina en esa época. Al igual que muchos otros textos de la literatura
nacional, como los de Sarmiento o José Hernández, este texto retrata los enfrentamientos
entre unitarios y federales, la brutalidad del poder y la resistencia de aquellos que
buscaban un país más moderno y civilizado. La obra de Echeverría es un claro ejemplo de
cómo la literatura argentina del siglo XIX sirvió como vehículo para darnos un
acercamiento a los acontecimientos y los valores presentes en ese lado de la historia a
través de sus personajes y situaciones, que captaron el clima de tensión social y política
que definió gran parte de la historia argentina en el siglo XIX.

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