Karl Marx nació el 5 de mayo de 1818 en Tréveris, una pequeña ciudad de la región del Rin,
en lo que entonces era el Reino de Prusia. Su padre, Heinrich Marx, era un abogado próspero
que había abandonado el judaísmo para convertirse al cristianismo un año antes del
nacimiento de Karl. Fue Heinrich quien introdujo a su hijo en el pensamiento liberal de la
Ilustración y en la crítica al régimen absolutista prusiano, sembrando así las semillas del
pensamiento radical que Karl desarrollaría más tarde.
Marx inició sus estudios universitarios en Bonn, pero pronto se trasladó a la Universidad de
Berlín, donde se graduó en derecho, filosofía e historia. Durante su estancia en Berlín, se
alineó con los Jóvenes Hegelianos, un grupo de intelectuales radicales que seguían las
enseñanzas de Hegel. Entre sus compañeros se encontraban Ludwig Feuerbach y Bruno
Bauer, este último uno de sus profesores. Los Jóvenes Hegelianos se identificaban con el
liberalismo y se oponían vehementemente al régimen prusiano, lo que eventualmente les
llevó a ser expulsados de la universidad luego de que se tornaran radicales.
La vocación de Marx como escritor independiente comenzó con su colaboración en la
"Gaceta Renana", una revista política y económica donde se discutían temas locales. En la
misma el planteo temas como la situación de los viticultores del Mosela y la ley que prohibía
recoger leña en los bosques comunales. No obstante, la popularidad de la revista los puso
bajo la lupa del gobierno pero fueron las críticas subyacentes que realizó al estado prusiano
resultaron en la clausura de la revista en 1843. Ese mismo año, Marx contrajo matrimonio
con Jenny von Westphalen, hija de un amigo de su padre. Su matrimonio, aunque
desestimado por las familias debido a la diferencia de edad y la incertidumbre económica, fue
una alianza clave en su vida personal y profesional. También a escribir su primera obra
teórica, una Crítica de la filosofía del derecho de Hegel donde esbozó sus ideas sobre la
alienación y expresó sus convicciones republicanas y democráticas, que lo separó finalmente
de su maestro.
En 1843, Marx aceptó la invitación de Arnold Ruge para unirse a la revista "Los Anales
franco-alemanes" y se mudó a París. En la capital francesa, Marx se empapó de la política y
economía contemporáneas, leyendo a figuras como el socialista Saint-Simon y a economistas
británicos como Adam Smith. Además, frecuentó círculos obreros y admiró profundamente
su capacidad de organización y los sentimientos de fraternidad que manifestaban.
Luego, en 1844, nace la primera hija de Marx, Jenny, y a su vez conoció a Friedrich Engels,
quien se convertiría en su colaborador más cercano y amigo íntimo. Engels, autor de "La
situación de la clase obrera en Inglaterra", proporcionó a Marx los datos faltantes que
necesitaba para desarrollar su teoría más famosa. El primer fruto de esta amistad de
intelectuales fue "La sagrada familia" en 1845, una crítica a su herencia hegeliana y a su
antiguo mentor, Bruno Bauer. Por otro lado, aunque "Los Anales franco-alemanes" sólo
publicaron una edición debido a dificultades en su distribución en Alemania y a discrepancias
doctrinales con Ruge, en ella se incluyeron dos artículos significativos de Marx: "La crítica
del cielo se convierte en una crítica de la tierra" y "Sobre la cuestión judía". En ambos hablo
de su idea de la emancipacion humana forzosa del trabajo y debido al segundo se lo comenzo
a tratar falsamente de antisemitismo.
Después del fracaso de "Los Anales franco-alemanes", Marx y Engels colaboraron en otra
publicación clandestina, "Vorwärts" ("Adelante"), que también fue clausurada rápidamente y
que resultó en la expulsión de sus miembros de París. Posteriormente a eso Marx se trasladó a
Bruselas, donde continuó sus estudios, tuvo a su segunda hija y a duras penas se mantuvo a
flote económicamente, más que nada gracias al apoyo que le brindaron sus amigos y
seguidores, pero por sobre todo el de Engels. Durante este período, escribió junto a su mejor
amigo "La ideología alemana" y "Las Tesis sobre Feuerbach", obras en las que desarrolló su
concepción materialista de la historia.
En 1845 Viaje a Londres para crear un canal de correspondencia comunista con exiliados
alemanes y militantes ingleses del movimiento cartista, lo cual luego conllevo a que en 1847
Marx se uniera la Liga Comunista y, junto con Engels, organización que luego les encargó la
redacción del "Manifiesto Comunista". En ese momento ya había roto relación con otras
formas de socialismo y comunismo, pensaba que la suya era la única válida, por lo que se
ganó varios enemigos. Esta bibliografía tan importante fue publicada en 1848 y se presentó
en él la teoría marxista, que incluía el materialismo histórico, la lucha de clases, el papel
revolucionario del proletariado, entre otras cosas. Consecuentemente a esto se produjo una
revolución ese mismo año, empero no tuvo un impacto significativo en Inglaterra, los
movimientos obreros ya estaban ganando fuerza.
Expulsado de Bélgica, Marx se trasladó nuevamente a París y luego a Colonia, Alemania,
donde fundó "La nueva Gaceta del Rin". Sin embargo, tras la represión de la revolución de
1848-1849, Marx fue juzgado en un tribunal y absuelto de los cargos, pero finalmente lo
expulsaron de Alemania. Después de un breve tiempo en París, se estableció en Londres,
donde pasó el resto de su vida. Las condiciones de vida en Londres fueron extremadamente
duras para Marx y su familia, y la ayuda financiera constante de Engels fue crucial una vez
más para su supervivencia y para la finalización de su obra magna, "El Capital".
Marx continuó su activismo y estudios teóricos, contribuyendo significativamente a la
Asociación Internacional de los Trabajadores, conocida como la Primera Internacional,
fundada en 1864. Trabajó incansablemente para unificar el movimiento obrero internacional
y forjar una táctica común de lucha proletaria. La caída de la Comuna de París en 1871 y las
divisiones internas de la Internacional llevaron al traslado de su Consejo General a Nueva
York y al eventual declive de la organización.
Los últimos años de Marx estuvieron marcados por la enfermedad y la pérdida de su esposa
en 1881. A pesar de su mala salud, continuó trabajando en la transformación de la economía
política y en la recolección de material para los volúmenes siguientes de "El Capital". Karl
Marx falleció el 14 de marzo de 1883 en Londres. Su legado, sin embargo, perdura a través
de sus contribuciones teóricas y su impacto en los movimientos sociales y políticos alrededor
del mundo. Marx dejó una huella imborrable en la historia, siendo uno de los pensadores más
influyentes del siglo XIX y de la era moderna.
Sus ideas fueron retomadas luego de más de una década de su muerte, cuando se produjo la
Revolución Rusa, donde se alzó el primer Estado comunista por sobre el capitalismo
utilizando como base teórica las ideas marxistas.
Si bien el comunismo y el socialismo encuentran su origen en una filosofía muy similar y
tienen sus similitudes, también hay ciertas discrepancias que separan a estas dos corrientes
políticas entre sí. Mientras que el socialismo apuntaba a hacer una crítica a los resultados que
había dejado la revolución industrial y el capitalismo en Europa, el comunismo propuso
ciertas ideas más confrontativas y revolucionarias en oposición a estos, que suponían alcanzar
la “igualdad verdadera”, ya que este se centraba en la lucha de clases para desplazar al
capitalismo como motor de producción y generación de riquezas, en el que se privatizaban
los medios de producción, y así, que el estado mismo fuera quien los poseyera. Mientras que
en este el estado orquestaba toda la producción, en el socialismo se aceptan ciertas bases del
capitalismo para generar riquezas pero el estado democrático determina su repartición para
alcanzar una situación más favorable para el trabajador y el bienestar mayoritario. En el
socialismo se mantiene la idea de un libre mercado, pero en este el estado tiene el poder de
interferir siempre y cuando se realice dentro del marco legal, así como también tiene la
facultad de promocionar un bien particular o disponer de recursos en base a las necesidades
sociales para garantizar la alimentación, vivienda y otras necesidades básicas. En el
comunismo, a pesar de querer basarse en cierta libertad, el estado es aquel que determina la
producción y que fracción de las ganancias se llevará cada habitante en base a sus
necesidades particulares y las del estado mismo, siendo así que no existe la propiedad privada
de ningún tipo. Esto ha llevado a que muchos gobiernos comunistas, “del pueblo”, terminan
en gobiernos totalitarios, en los que no se acepta ninguna oposición, entre otras fallas a su
cometido original.
Ahora bien, sabemos que Marx diseñó las bases del sistema socialista, al cual le sumó cierto
carácter comunista desde el socialismo científico, por lo que este tuvo participación en la
creación de ambas corrientes, con lo cual ambos comparten su posición en una idea, que es la
oposición al capitalismo, a pesar que una postura sea más amena que la otra hacia este.
Para empezar, Marx pensaba al capitalismo como una etapa que tarde o temprano colapsaría
por sus propias contradicciones internas. Esta frase, refería a que el capitalismo tiene la
necesidad de estar en constante crecimiento, ya que la competencia entre los capitalistas
genera que estos constantemente acumulen más y más medios de producción, lo que en algún
punto llevaría a una sobreproducción que desmoronaría al sistema y allí lo sucedería el
socialismo.
Otra de las críticas que se le hacía al capitalismo era la tenencia de los factores productivos
por parte de los capitalistas. A diferencia de lo que se cree, Karl Marx en un inicio se
contraponía a toda propiedad privada, pero a medida que refinó su teoría con los años se
limitó a la abolición de la propiedad privada sólo de los medios productivos. Karl Marx
entendía que el capitalismo era el sistema económico perfecto para la generación de riquezas,
pero malo para repartirlas, lo que conlleva a la lucha de clases, naturalmente predispuesta.
Esto se debe a que el capitalista como dueño de los medios de producción, contrata a
trabajadores, quienes no pueden producir por su cuenta al carecer de los medios de
producción, a los que les paga un salario con lo suficiente como para cubrir sus gastos de
subsistencia y garantizar que sigan dependiendo del productor. Todo el valor que se generaba
con el trabajo de los empleados, el cual era la única manera de generar riqueza para Marx,
que no se les pagaba era un excedente, llamado plusvalía el cual era una ganancia para el
productor, con la que solventaba sus gastos, reinvertía el dinero para acumular más medios de
producción y generaba ganancias para sí mismo. Teniendo en cuenta la teoría del valor de
Marx, si una mesa lleva 1 hora de trabajo para fabricarse y cuesta 10 dólares, entonces una
silla que lleva media hora de trabajo debería de costar 5 dólares, pues el precio es relativo a la
cantidad de trabajo que conlleva la fabricación de la mercadería. En base a eso el capitalista
sólo entrega una fracción de dicha ganancia, mientras conserva el resto. Esta plusvalía a su
vez tenía dos variantes, siendo estas la absoluta y relativa. La plusvalía absoluta son las horas
extras que el trabajador se ve obligado a tomar, las cuales no son pagas, pero generan la
misma ganancia para el empleador, el cual goza del 100% de las ganancias de las mismas. La
plusvalía relativa, por otro lado, se basa en la reducción de tiempos para generar valor, siendo
así formas de aumentar la plusvalía relativa contratar personal más joven, actualizar la
infraestructura y maquinarias, etc.
Esta plusvalía que el capitalista conserva, Marx la definía como explotación, ya que él
describía a la misma como aquella situación en la que el empleador no recompensa al
trabajador por su trabajo apropiadamente, lo cual sucedía en todas las relaciones capitalistas.
Todas las ganancias que el capitalista puede obtener se deben a la explotación, visto que el
valor de una mercancía se determina por el trabajo necesario para crearla, de forma tal que
mientras más riquezas genere, se podría determinar que genera una cantidad relativa de
explotación. Retomando la propiedad privada, para Marx, siempre que alguien sea propietario
de los medios de producción y otros no, se crearán relaciones de explotación.
Como dijo Marx: “El trabajo es un actividad específica del individuo donde puede expresar
su humanidad”, sin embargo se generaba a su vez una alienación del trabajo, lo cual consiste
en que el trabajador no se encuentre con el trabajo ni con el producto final de este, sino que
como ahora no le pertenece y simplemente es una tarea dirigida hacia él no logra sentirse
realizado al ejercerlo ni obtiene el valor completo o resultado del mismo, pues las actividades
que realiza son producto de la división del trabajo, cosa que Marx expresaba como el mal del
mundo mismo, pues no genera más que diferencias y enfrentamientos entre los pares para
generar ganancias a un tercero.
Por otro lado la lucha de clases, como Marx la describe, es el eje del cambio en la sociedad,
por lo que representa un concepto central en la teoría marxista y con ella no refiere
especialmente a un enfrentamiento armado, empero a la búsqueda de mejorar su situación
actual. En relación a esto, Marx afirmaba que desde tiempos inmemorables, la humanidad se
había visto envuelta en una lucha de clases constante, lo que causaba las grandes
transformaciones históricas y sociales, conllevando cambios en las estructuras
socio-económicas y polìticas a su vez, ya que en todas las sociedades que existieron hubieron
clases sociales que dominaban a las otras e incluso cuando se dieron ciertos cambios en el
sistema esto se siguió manteniendo, solo que cambiaba quien estaba en la cima. Como ya se
mencionó previamente, Marx creía firmemente en que la caída del capitalismo era inminente,
por lo que él llamaba a una revolución obrera que acelerara el proceso que de todas formas
ocurriría, en que los estados socialistas y comunistas surgirían, así como el capitalismo
derrocó al feudalismo. Si bien la caída del capitalismo aún no se ha presentado y parece algo
lejano y ficticio, lo que sí es cierto es que en el sistema capitalista la lucha de clases, de
quienes buscan mejorar su situación, es algo que se genera de forma casi natural, ya que en
las relaciones que se dan en este hacen inevitable que existan intereses contrapuestos entre sí,
o sea entre los obreros y los dueños de la producción. A lo que Marx apuntaba esencialmente
era que los trabajadores, la clase desfavorecida, tomaran por su cuenta los medios de
producción en una revolución y que sus ganancias se les fueran retribuidas directamente a
ellos por el trabajo que hicieron, dejando fuera de la ecuación al dueño capitalista de los
factores productivos, pues si siguieran en la situación en la que se encontraban estos se verían
completamente sometidos por el empresario para siempre y como bien dijo Marx: "Los
trabajadores no tienen nada que perder, salvo sus cadenas".