Capítulo 8.
Funciones de la responsabilidad civil
El capítulo 1 “Responsabilidad civil”, correspondiente al Título V “Otras fuentes de las
obligaciones”, que forma parte del Libro Tercero “Derechos Personales”, se extiende
desde el artículo 1708 hasta el 1780.
El primero de ellos, el artículo 1708, “Funciones de la responsabilidad civil”, se refiere
expresamente a la prevención del daño y su reparación.
Encontramos, así en la actualidad, esas dos funciones de la responsabilidad civil:
preventiva y resarcitoria.
La doctrina ha sumado también a las funciones precautoria y disuasiva (o punitiva). Lo
cierto es que estas dos últimas no han sido incorporadas en el derecho positivo, mas a
los fines metodológicos las desarrollaremos sintéticamente para su mejor comprensión.
En lo general, diremos que la función resarcitoria hace referencia a la reparación
posterior a la configuración del daño. Por ello, se dice que se configura ex post, con el
daño ya producido.
Respecto a la función preventiva, en cambio, su funcionamiento es ex ante, previo a la
configuración del daño o para evitar que continúe en su consumación. También se
razona de esta manera la función precautoria ‒que no se incluye en el CCCN y
autorizada doctrina controvierte como función en sí‒ mientras que la función disuasiva
atiende y apoya el cumplimiento de las medidas jurisdiccionales que puedan haber sido
tomadas al amparo de las restantes funciones.
I. Función preventiva
Tiende a evitar un daño futuro, cierto, mensurable. La responsabilidad por daños es
preventiva si se refiere a menoscabos evitables por completo o parcialmente, o en su
continuidad o agravación. Funciona como una tutela anticipada. Busca que el daño no
ocurra o que el mismo no se agrave, en caso de que ya se haya producido.
El deber de prevención del daño está regulado en el artículo 1710 CCCN.
Son sus requisitos:
- Antijuricidad.
- Peligro o amenaza de daño.
- Interés legítimo del sujeto.
- Posibilidad material y jurídica de detención de la acción dañosa.
- Prescindencia del factor de atribución.
Es función de la responsabilidad civil porque se entiende que el mejor modo es evitar
que el daño se produzca y es mejor evitar el daño que repararlo posteriormente una vez
producido. Por ello, no es requisito para su procedencia la consumación del “daño” y
tampoco ‒dice el artículo 1711 CCCN‒ es exigible la concurrencia de ningún factor de
atribución.
II. Función resarcitoria o reparadora
Persigue indemnizar los daños producidos. Se deben configurar todos los presupuestos
de la responsabilidad para su procedencia.
III. Función sancionatoria o punitiva
Aplicada bajo el nombre de daño punitivo, constituyen multas o sanciones
ejemplificadoras para respaldar las decisiones jurisdiccionales que se tomen en
cualquiera de las restantes funciones de la responsabilidad civil. Es decir, para compeler
al cumplimiento de una medida de prevención del daño, de precaución y, en estos dos
casos, evitar que se cause el daño o se agrave; o también el cumplimiento de la condena
indemnizatoria tendiente a reparar el daño ya causado.
Resulta en penas privadas, pecuniarias, tendientes a que el obligado a cumplirlas no
evada las medidas jurisdiccionales ordenadas bajo la especulación de que es
económicamente más conveniente el incumplimiento.
IV. La precaución como función de la responsabilidad civil
No se encuentra incorporada en el CCCN y la doctrina minoritaria la ubica junto a la
prevención.
La precaución persigue impedir la creación de un riesgo cuyos efectos son
desconocidos, inmensurables, pero con probabilidad científica.
La precaución ‒abordada como principio del derecho de daños‒ conlleva trabajar con
incerteza y duda ya que incluso las bases científicas de convicción pueden no existir con
grado de probabilidad suficiente. Ahora, ello no libera de cualquier responsabilidad,
sino que permite ampliarla para reforzar la prudencia, en estos casos, el solo riesgo que
conlleva la conducta ilícita es necesario y además suficiente (Barton, 1998; Bergel,
2001).
Nos enfrenta a un riesgo potencial y no actual como la prevención. Y sus requisitos son:
- La incertidumbre acerca del riesgo.
- La evaluación científica del riesgo.
- Perspectiva de un daño grave o irreversible.
En nuestro derecho, encontramos una de sus aplicaciones en la Ley General de
Ambiente N° 25675, que en su artículo 4 establece:
Principio precautorio: Cuando haya peligro de daño grave o irreversible la ausencia de
información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar la
adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del
medio ambiente.
Como observamos, la línea que separa a la prevención de la precaución es muy fina, y
va a estar dada por la curva de certidumbre científica.