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Clístenes

Clístenes estableció la democracia ateniense en -510, creando un sistema político que unió a la plebe contra la oligarquía y reformó la estructura de las tribus y el Consejo. La democracia, aunque otorgaba igualdad a los ciudadanos, se basaba en la esclavitud y era en gran parte aristocrática, con solo 20,000 ciudadanos participando de una población total de 350,000. Las reformas de Pericles y el imperialismo ateniense también jugaron un papel crucial en la evolución y consolidación de esta democracia, que se sustentaba en la solidaridad entre los ciudadanos libres frente a amenazas externas e internas.
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Clístenes

Clístenes estableció la democracia ateniense en -510, creando un sistema político que unió a la plebe contra la oligarquía y reformó la estructura de las tribus y el Consejo. La democracia, aunque otorgaba igualdad a los ciudadanos, se basaba en la esclavitud y era en gran parte aristocrática, con solo 20,000 ciudadanos participando de una población total de 350,000. Las reformas de Pericles y el imperialismo ateniense también jugaron un papel crucial en la evolución y consolidación de esta democracia, que se sustentaba en la solidaridad entre los ciudadanos libres frente a amenazas externas e internas.
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[Link] democracia ateniense con Clístenes.

¿Clístenes, en el -510, establece lo que hoy llamamos la democracia ateniense


apoyándose en la plebe contra la oligarquía ateniense aliada con Esparta contra su facción.
Fue, por tanto, un hábil movimiento político en que se ofreció al pueblo una alianza y más
poder a cambio de que apoyaran a Clístenes contra sus rivales políticos.

Clístenes termina con el sistema de división del Ática en cuatro tribus y crea 10
nuevas tribus, cada una de las cuales contenía elementos pertenecientes a zonas muy
diversas del país. Esto destruyó el sentimiento local y familiar como fuerza política creando
una idea de comunidad más amplia y cohesionada en base a una idea común
“democrática” que implicaba a la plebe mucho más directamente en el gobierno de su
patria.

Al mismo tiempo Clístenes reformó el antiguo Consejo o Bulé, aumentando el número


de sus miembros de cuatrocientos a quinientos para adaptarlo al aumento de las tribus a
diez. El Consejo, en el que todas las tribus estaban representadas, era la autoridad
administrativa suprema del Estado. Administraba las finanzas por medio de funcionarios
especiales, poseía ciertos poderes judiciales y podía multar a los altos funcionarios. Se
encargaba de las obras públicas e incluso del desarrollo de la guerra, aunque no podía
declararla ni negociar la paz. El Consejo era un órgano deliberativo, de discusión y tenía la
iniciativa de proponer leyes y preparar los asuntos para la Asamblea o Ekklesía, a la que
todo varón adulto y libre pertenecía. Sin propuestas del Consejo, la Ekklesía no se reunía.
Para decisiones inmediatas, el año se dividía en diez partes y los representantes de las
tribus actuaban rotativamente, ocupándose de los asuntos durante la décima parte del año.
Así, el Consejo o Bulé se convirtió en un organismo representante del pueblo, pero la
Asamblea, que decidía las cuestiones importantes, controlaba y moderaba sus poderes. La
Asamblea tenía la última palabra. El Areópago (o consejo aristocrático) se convirtió en un
organismo de consulta con bastante menos poder del que tuvo antes, aunque los
aristócratas maniobraban para tratar de influir en la Bulé y la Ekklesía, en la “voluntad del
pueblo”.

En la democracia ateniense todos los ciudadanos tenían isonomía (igualdad ante la


ley), isegoría (derecho igual a hablar en la Asamblea /Ekklesía) e isocratía (igualdad de
poderes públicos de todos los ciudadanos). Fue, por tanto, una alianza entre la plebe y la
aristocracia. Desde luego, se basaba en la esclavitud y no podría haber existido sin ella
además de sin el imperialismo.

Todos los ciudadanos participaban de los asuntos públicos pero no eran más que
20.000 (varones atenienses de padre y madre ateniense) sobre un total de más de 350.000
habitantes en todo el Ática: todos los demás eran esclavos o metecos (extranjeros) que
desarrollaban la mayor parte de los trabajos y de las funciones que en nuestro tiempo
corresponden al pueblo y a las clases medias. Eso sí, Atenas, con su sufragio universal, no
era, en el fondo, más que una “democracia” aristocrática en la que los nobles tenían igual
derecho al gobierno apoyándose, eso sí, en la plebe, a la que trataban de dominar y
conducir aunque teóricamente todos los ciudadanos tenían los mismos poderes en la polis.

Finalmente, se estableció para defender la democracia la medida política del


ostracismo: consistía en desterrar a alguien que amenazara la democracia durante 10 años
tras haberse decidido democráticamente por mayoría por parte de la asamblea popular en
una votación. Se llamaba así porque las “papeletas” donde se escribía el nombre de la
persona que debía ser enviada al destierro era el ostracón, fragmentos de cerámica rota
proveniente de enseres domésticos desechados (jarras, platos, vasos, etc.)
[Link] democracia ateniense con Clístenes.

1) ¿Clístenes era un demócrata idealista? Justifica tu respuesta precisando todo lo


posible.
2) Explica cómo consiguió muy inteligentemente Clístenes unir a la gente común por
encima de divisiones y con qué objetivo lo hizo
3) En la democracia ateniense de Clístenes, ¿quién mandaba? Justifica tu respuesta lo
mejor que puedas.
4) En relación con lo anterior, ¿qué relación puedes establecer entre esto y nuestras
democracias actuales?

2. La democracia ateniense bajo Pericles.

Efialtes (m. en -462) fue el primer reformador auténticamente democrático desde los tiempos de
Temístocles y aún de Clístenes. Efialtes dejó al Areópago sin poderes judiciales ni constitucionales y
estableció que en los jurados populares (Heliea) se pagaran dietas para facilitar que los ciudadanos
formaran parte de ellos. Además, todos los cargos públicos tendrían remuneración. El arcontado
pasa de ser cubierto por elección a ser cubierto por sorteo. La mayoría de los cargos pasan a ser
cubiertos por sorteo de candidatos previamente elegidos para todas las magistraturas que no
requerían una capacidad especial. Pericles heredó las reformas y restringió la ciudadanía a los
atenienses que fueran hijos de padre y de madre ateniense (-451). Pericles estableció además el
[Link] democracia ateniense con Clístenes.

proceso por ilegalidad, la graphé paranomon para defender la constitución. Cualquier ciudadano
ateniense podía denunciar como ilegal o inconstitucional leyes aprobadas por la asamblea popular y
paralizar así su aplicación. Se suspendía la ley ya votada o se suspendía la discusión de una
propuesta de ley hasta que se sustanciara la cuestión de su legalidad. Los atenienses, a diferencia
de los romanos fueron siempre muy reticentes a conceder la ciudadanía a los extranjeros. En
cambio, no ocurrió lo mismo con los romanos. A la muerte de Julio César ya había 5 millones de
ciudadanos romanos. En el 212 Antonino Caracalla concedió la ciudadanía a todos los habitantes
libres del Imperio Romano con su constitutio antoniniana. El Imperio Romano era un imperio
generador, a diferencia del imperio ateniense.

3. Democracia e imperialismo.

El imperialismo ateniense estaba en marcha desde la época de los Pisistrátidas: conquista de


Sigeon en la Tróade, colonización del Quersoneso por Milcíades. La Liga ático-délica, fundada en -
478 se convirtió en una dependencia de Atenas. Esto fomentó el desarrollo de la democracia
ateniense.

La guerra determinó el desarrollo de la democracia ateniense. También podemos decir que el


imperialismo ateniense impulsó al régimen democrático y lo consolidó pero también que la
democracia ateniense impulsó el imperialismo ateniense. Esta tesis la sostiene Gustavo Bueno,
filósofo que ha criticado reiteradamente la ideología fundamentalista democrática en sus obras de
filosofía política y ella abarca tanto la crítica a la democracia burguesa capitalista de mercado libre
pletórico de bienes cuanto a la democracia antigua esclavista:

«Cuando Clístenes se hizo de nuevo con el poder, restaurando en el año -509 la constitución de Solón
(aunque continuando las líneas políticas de Pisístrato, el tirano), logró frenar la pretensión de la nobleza, y
borró definitivamente la organización todavía latente de las cuatro tribus. Sustituyó la organización
heredada precedente por una organización basada en las naucrarias, que suponía una división de los
ciudadanos según el lugar de su residencia: las diez tribus territoriales sustituyeron a las gentilicias. Lo
que importaba ahora ya no serían las gentes sino el suelo; los habitantes de Atenas pasarán a ser
políticamente un apéndice del territorio, que quedará dividido en cien municipios o demos (la base de la
nueva democracia) y los demotes (ciudadanos) elegirán a su demarca (una especie de alcalde), al
tesorero y a treinta jueces. Diez demos formarán una tribu local, no gentilicia; pero esta organización local
desempeñará las funciones de un cuerpo militar con su filarca (que manda la caballería), su taxiarca (la
infantería) y su estratego. Cada tribu local tenía que armar cinco barcos de guerra y elegía a cincuenta
miembros del Consejo de los Quinientos; es decir, la estructura de la solidaridad de los atenienses tenía
lugar, muy principalmente, frente a los enemigos exteriores. En la Asamblea cada ciudadano ateniense
tenía entrada y voto, pero los atenienses no desarrollaron un cuerpo depositario del poder ejecutivo
supremo. Crearon, sí, una especie de policía, pero reclutando a esclavos (a los atenienses les pareció
indigno ser guardia de sus propios vecinos, y distinguían bien a los policías de los soldados).

Ésta es la misma democracia positiva, incipiente, instaurada por Clístenes, la que madurará a lo largo de
un siglo en la democracia de Pericles. Pero esta maduración no fue un proceso meramente interno sino
un proceso en el que tuvieron importancia decisiva los acontecimientos sucedidos en la capa cortical,
acontecimientos que conocemos como «guerras médicas», gracias a las cuales se estableció una
solidaridad especial entre los ciudadanos y entre los esclavos frente a los persas. Una solidaridad que dio
lugar a la hegemonía de Atenas sobre el Mediterráneo oriental.

Pero antes de referirnos a la capa cortical conviene profundizar sobre los mecanismos internos (basales)
que dieron lugar a la igualdad de la democracia de Clístenes. Estos mecanismos tienen que ver, según
nuestro análisis, con la formación de una solidaridad, cada vez más fuerte, entre los miembros de un
«bloque histórico» (para decirlo a la manera de Gramsci), entre la nueva clase plutocrática (de
empresarios, mercaderes, partes reconvertidas de la antigua aristocracia) y los ciudadanos rasos
(artesanos, pequeños agricultores, pescadores, plebe urbana, los penetai o pobres). ¿Solidaridad contra
quién? ¿Cuál era el tertium de esta solidaridad democrática? Principalmente, desde el exterior el tertium
estaba constituido por los espartanos o por los persas. Y en el interior el tertium estaba constituido, «por
arriba», por los tiranos y por antiguos aristócratas de sangre, pero también, «por abajo», por los esclavos,
cuya población llegó a alcanzar en el siglo V, según Rostovtzeff, hasta el 46 por ciento de la población
ateniense.
[Link] democracia ateniense con Clístenes.

Esto demuestra que la igualdad democrática de los atenienses no surgió de las «tendencias naturales de
la condición humana», que todavía «no se habían extendido a los esclavos»; surgió de la solidaridad de
los hombres libres (del pueblo) frente a otros pueblos que amenazaban con dominarlos, de la solidaridad
frente a los esclavos, cuyo trabajo hacía posible la forma de vida y el diálogo fecundo en el ágora de los
hombres libres. Una solidaridad activa, fortalecida día a día, no tanto por la «pasión por el diálogo
racional» de los ciudadanos en el ágora, que se habían decidido, vueltos de espaldas al campo, a formar
un corro dialogante (el ágora, tal como la vio Ortega hablando acaso «a tontas y a locas»), cuanto por el
dominio económico, social y militar de los hombres libres, día a día cultivado por los atenienses en sus
gimnasios.» Gustavo Bueno, Panfleto contra la democracia realmente existente, La esfera de los libros,
Madrid, 2004, págs. 179-181.

La democracia ateniense estuvo estrechamente unida al imperialismo ateniense. Por un lado fue
un imperialismo generador de democracias satélites pensadas como el mejor instrumento político
para apoyar la dominación ateniense. La introducción de regímenes democráticos en las polis aliadas
llegó a convertirse en un elemento esencial de la política imperialista ateniense. Atenas prefería las
democracias a las oligarquías.

El imperio ateniense también era un imperio depredador por las cargas que imponía a sus
aliados. A pesar de las oportunidades que tuvieron de volverse contra ella cuando Atenas estaba en
peligro, las democracias aliadas casi nunca lo hicieron hasta mucho después de la muerte de
Pericles, y entonces siempre bajo la inspiración oligárquica.

El imperio se legitimaba en el presupuesto del prestigio y de la fuerza militar ateniense derivada


de la victoria de Atenas sobre Persia y es dirigido desde la realpolitik desde una política de poder de
manera tiránica por Pericles.

Al igual que hace Luciano Canfora, Bueno critica el uso ideológico de la filología clásica y de la
historia para enjuiciar la democracia ateniense y justificar así el fundamentalismo democrático.
Canfora así habla del mito de Atenas, Gustavo Bueno, del fundamentalismo democrático, presente
en Adrados en su ya célebre libro sobre la democracia ateniense de 1972.

«Un ilustre filólogo (inspirado por la Idea fundamentalista de la “democracia europeísta») se asombra de
la “paradoja” (dice él, Adrados) de que fuera precisamente la democracia ateniense aquella que apoyó,
siguiendo a Isócrates, el imperialismo macedonio. Pero asombrarse ante una paradoja, aunque tiene el
mérito de limitar un problema, no es explicarla; la explicación de la paradoja no puede hacerse sino
desmontándola. Y para ello, en nuestro caso, hay que recurrir a la teoría de la solidaridad (basal y
cortical) ante terceros, y a los cambios de solidaridades cuando la Realpolitik lo exige. Nada tiene
entonces de paradójico que los atenienses, que veían amenazada su ciudad y su democracia por los
persas o por los lacedemonios, recurrieran a Filipo o a Alejandro para salvar todo lo que fuera posible, y,
entre otras cosas, el régimen esclavista, que formaba parte de su “cultura”.

Fue, en resolución, la misma armadura basal y cortical de la llamada democracia ateniense la que tuvo
que evolucionar hacia su disolución relativa en las aguas del imperialismo para salvar lo más posible de
sus instituciones democráticas, fundadas en la solidaridad frente a los esclavos. Engels, que no se había
librado de una Idea fundamentalista de democracia (que él, junto con Marx, situaban en un futuro, más
allá de la democracia burguesa y, por supuesto, de la democracia esclavista), se vio llevado a formular
este diagnóstico que consideramos completamente erróneo y desorientado, sobre las causas que
condujeron al eclipse de la Atenas democrática: “No fue la democracia la que condujo a Atenas a la ruina
[...] sino la esclavitud, que proscribía el trabajo ciudadano libre.” Diagnóstico desorientado y erróneo.
Desorientado porque comienza por tratar la democracia ateniense como si fuera una forma política
separada, capaz de conducir a la ruina o al éxito de una sociedad, cuando la democracia, como forma
separada, sólo existe como modelo ideal de un futuro utópico; porque la democracia realmente existente
en Atenas fue la democracia esclavista. Erróneo porque atribuye al esclavismo ser la causa de la ruina de
la democracia ateniense cuando, al menos según la tesis que venimos manteniendo, el esclavismo era la
causa principal de su constitución, el tertium que alimentó la solidaridad originaria de los demócratas,
sobre la que se estableció su igualdad política y su libertad.» Gustavo Bueno, op. Cit. Págs. 184-185.

Adrados sostiene que hay una contradicción entre la política interior y la exterior de Atenas. La
democracia, dice es incompatible con los métodos necesarios para mantener un imperio y con el
mero hecho del imperio. Según esto, no podría haber un imperio democrático. Esto es idealismo
fundamentalismo democrático. Se olvida Adrados o no sabe o ignora que el poder político siempre
[Link] democracia ateniense con Clístenes.

funciona de la misma manera y ello con independencia del régimen político del que se trate y que la
política exterior está abocada necesariamente a la guerra como desembocadura necesaria de las
relaciones internacionales entendida –como hay que entender- como política de poder y como no
podía ser de otra manera en un pluriverso político de unidades políticas independientes en conflicto
permanente. Hay que decir a este respecto que la democracia no es más que un procedimiento para
seleccionar a los miembros de la clase política y por ello la democracia no es en modo alguno
incompatible con el imperialismo. La democracia sólo es válida en el interior de un Estado. Las
relaciones entre los Estados permanecen en el estado de naturaleza y por ello no son democráticas y
siguen las mismas reglas siempre.

Como bien señala oportunamente Gustavo Bueno a este respecto, C. M. Bowra ya había
explorado (en La Atenas de Pericles, 1970; libro publicado en España en el tardofranquismo por
quienes alentaban la reorganización de España en unidades derivadas de sentimientos territoriales)
la conexión de la democracia de Clístenes y el imperialismo ateniense, subrayando la importancia de
la abolición del sistema de las cuatro tribus áticas como fuente de discordia, no tanto derivada de
aversiones entre clases sociales propiamente dichas, sino por diferencias regionales [territoriales o
autonómicas, diríamos en la España de hoy], no menos difíciles de controlar. Clístenes, dice Bowra,
abolió este sistema y creó diez nuevas tribus, cada una de las cuales contenía elementos
pertenecientes a zonas muy diversas del país:

«Pero lo era y, en consecuencia, era una fuente de discordia y desórdenes, no por aversiones entre las
clases sociales propiamente dichas, sino por diferencias regionales no menos difíciles de controlar y en
gran parte condicionadas por el poder y prestigio de los propietarios. Clístenes abolió este sistema y creó
diez nuevas tribus, cada una de las cuales contenía elementos pertenecientes a zonas muy diversas del
país. Esto hizo desaparecer la importancia del sentimiento local como fuerza política, puesto que dejó de
ser relevante en las acciones de las diversas tribus. La desaparición de las viejas fronteras tribales
supuso que el Atica respondiese con mayor facilidad a la llamada a una unidad nacional que trascendiese
las adhesiones particulares y que la influencia de los señores terratenientes se viese considerablemente
reducida. Atenas no sólo era una verdadera democracia, sino que estaba bien organizada contra las
disensiones internas.» C.M. Bowra, La Atenas de Pericles, Alianza, Madrid, 1974, pág. 21.

No fue, según esto, la democracia ateniense de Clístenes-Pericles la que condujo a la victoria


de los atenienses sobre los lacedemonios o los persas; fue la lucha victoriosa contra los
lacedemonios o los persas lo que condujo a los atenienses a la democracia periclea y, después, al
imperialismo macedónico. Fue la dialéctica de Estados más bien y antes bien que la dialéctica de
clases el motor de los cambios democráticos, de la transición democrática ateniense.

A todo esto cabe añadirle además que la democracia ateniense descansaba sobre la esclavitud
como una inalterable condición de la sociedad y como tal era aceptada.

El hacer depender el poderío de Atenas de la flota, tripulada por la última clase de los
ciudadanos, hizo ascender la influencia política de las clases inferiores.

Efectivamente, tenemos que decir que Bueno tiene razón al señalar la que Adrados declara
como contradicción ente la política interior democrática y la exterior imperialista de Atenas. Adrados
está preso de la ideología fundamentalista democrática y ello constituye lo que Canfora denomina el
mito de Atenas.

La democracia ateniense necesitaba el imperio para posibilitar el mejoramiento del nivel de vida
del pueblo, del Estado del Bienestar ateniense. El partido demócrata fue el más imperialista. El
bienestar del pueblo ateniense se asentaba sobre la depredación imperialista y en detrimento de
otras ciudades. He ahí el carácter depredador del imperialismo ateniense. El imperialismo ateniense
era necesario para la financiación de la democracia. El tributo de los aliados era el alimento del
Estado del Bienestar ateniense. La democracia ateniense fue una forma de repartirse el botín. Los
tributos y las tasas derivadas de los aliados de Atenas servían para alimentar a más de 20.000
personas.
[Link] democracia ateniense con Clístenes.

El mito de Atenas como dice Luciano Canfora está expresado en algunas frases del epitafio de
Pericles. Es un texto parafraseado o inventado por Tucídides. Se omite por parte de filólogos e
historiadores lo desagradable del discurso de Pericles, esto es, la exaltación de la violencia
imperialista. Platón fue el primero en comprender plenamente el profundo carácter mistificador de
este importante discurso en su diálogo Menéxeno.

Felipe Giménez Pérez, Pioz, febrero de 2016.

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