Parroquia de San Agustín Obispo.
Diócesis de Tula Hidalgo.
VEN ESPÍRITU SANTO.
Oración del Discípulo de Jesús
Todos: Señor Jesús:
abre mis oídos para que pueda escucharte
abre mis ojos para que pueda verte
abre mis labios para que pueda proclamarte
abre mis sentimientos para que pueda alabarte
abre mi corazón para que pueda amarte
purifica mi mente, mi imaginación
para que siempre seas tu mi pensamiento.
Permíteme reconocerte siempre
como mi único maestro y Señor
enséñame a ser como tú, manso y humilde de corazón
recibe mi historia, tú lo sabes todo
tú sabes que te amo
tu discípulo quiero ser. Amén
Guía: Señor Jesús, en estos momentos los cielos y la tierra están llenos de tu presencia.
También lo está el corazón de todos los hombres. Estás presente en mi vida. Estás
presente en los que te buscan con sincero corazón. Estás presente en los alejados de ti.
Estás presente en los pobres, en los más pobres, en los que más sufren. Y estás presente,
de una manera muy singular, para los cristianos en el sacramento de la Eucaristía.
"Les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a ustedes el
Paráclito; pero si me voy, se los enviaré" (Jn 16,7)
Era también una noche cuando nos prometiste un Abogado que nos defendiera, un
Consolador que nos comprendiera. Era una forma cariñosa de despedirte...
"Era preciso que el Hijo del Hombre padeciera para entrar en su gloria..."
Era justo que, luego del rojo atardecer, resurgiera blanco el lucero... La túnica sangrante
es ya luz cegadora... Y el Consolador ha desbordado los cálculos de aquellos temerosos
Apóstoles...
Sólo Ella, la Madre, lo intuía certeramente. Por eso estaba allí caldeando el Cenáculo
que iba a ser pronto incendio, y por eso la necesitamos aquí, para que dé a nuestra
comunidad de amor y de oración ese estilo hogareño y familiar que su presencia
imprime que es imprescindible para recibir la irrupción del Espíritu.
Todos estaban reunidos y perseveraban en la oración con un mismo espíritu en
compañía de María, la Madre de Jesús" (Hch 1,14)
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Señora nuestra del Cielo, a quien el Padre hizo Sagrario del Espíritu Santo. Mansión
estable del Espíritu de Dios. Enséñanos a pedir ardientemente el Espíritu Santo para que
transfigure nuestras vidas en el gozo de su Alegría eterna.
Canto:
Guía: Nos ponemos de pie para escuchar la lectura del Evangelio según san Juan. (Jn
14, 15-27)
En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos: si ustedes me aman, cumplirán mis
mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre
con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve
ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará
en ustedes.
No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá,
pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán.
Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en
ustedes. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que
me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él».
Judas –no el Iscariote– le dijo: «Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al
mundo?». Jesús le respondió: «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo
amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La
palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió.
Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu
Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les
he dicho. Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten
ni teman! Palabra del Señor
Momento de silencio.
Canto:
Todos.
¡Ven, Espíritu Santo! Tú que eres en tus dones, Dios espléndido.
¡Ven!, Tú que eres en las penas paz del llanto.
¡Ven!, Tú que eres en nuestros estiajes lluvia suave, soplo fresco.
¡Ven!, e ilumina nuestra ceguera, aclara nuestra ignorancia, ten piedad de nuestra
necedad.
Dobléganos, ablándanos, fórjanos a tu estilo con tu fuego devorador.
Derrama tus dones en nuestro cuenco vacío.
Haznos con tu Sabiduría, apasionados investigadores de Dios.
2
Enséñanos a amar con estilo y temple divinos.
Canto:
Todos: Ven, y marca a fuego en nuestras vidas, la pasión irresistible de amar a Dios, de
pensar en Dios, de profundizar en Dios, de hablar de Dios.
Ven y cólmanos de su plenitud para que vivamos ese estado de alma que quiere imitar la
unidad suprema, la paz y el silencio perenne que reinan en la beatísima Trinidad.
Danos, con tus dones, el don de la oración y de contemplación.
Enséñanos a respirar lo divino, a estar más donde tiende nuestro espíritu, que donde
mora nuestro cuerpo.
Danos la percepción de tu Verdad y la excelencia de tu conocimiento para penetrar la
sustancia de las cosas divinas; afina nuestra intuición para que captemos tu sello, tu
estilo, tu modo divino...
¡Infúndenos la impronta de Dios que sabe a eternidad, aunque hayas de taladrar con
dolor nuestra dureza!
Haz que, por encima de nuestras resistencias e infidelidades, nos dejemos embestir por
tu luz glorificadora y quemante, suave y fuerte.
Danos, con el baño de tu Espíritu, la inmovilidad serena de la vida trinitaria. Enséñanos
a ser movidos por ti. Levántanos, a pesar de nuestro lastre humano, a las divinas
operaciones de tu Ser en nuestro ser.
Afina nuestro paladar, robustece nuestra voluntad para romper moldes, superar
esclavitudes y vivir la libertad de hijos en tu verdad divina. ¡Danos saber a qué sabe la
vida eterna!...
Canto
Todos.
Señor Jesús: queremos llegar a vivir este festín del amor, que en lo hondo del alma
ejercita festivamente sus artes y sus juegos, descubriéndole sus riquezas y la gloria de su
grandeza... Pero no sabemos, no podemos... ¡Deposita tú, en nuestra mano pobre, la
riqueza de tu Don!
Ayúdanos a dar frutos de bondad y de alegría. Haz cristalizar nuestros esfuerzos por la
santidad, en la vivencia profunda del espíritu de las bienaventuranzas, vértice más alto
de la vida espiritual.
Haznos, Espíritu Divino, más espirituales, más evangélicos, más consecuentes con
nuestro ideal de triunfo supremo del espíritu sobre la materia, de lo eterno sobre lo
transitorio...
Ayúdanos, enséñanos a ser felices en el padecer, a saber, estar solos, a carecer aún de lo
necesario, a compartir, a romper lazos, doblegar durezas, borrar esquemas aparentes de
3
santidad; a ser como el agua, que no pierde sus propiedades, aunque tome la forma de la
vasija que la contiene.
Enséñanos, las veces que sea necesario, a vaciarnos sin reservas para tomar tu forma y
adecuarnos así a las necesidades de cada hermano. Espíritu de Amor, ¡fortalécenos! ¡Tú,
que haces morir, y haces vivir!
Canto
Todos: Tú, que nunca hieres sino para sanar, y nunca matas sino para dar vida, hiere
nuestra alma hasta el último y más profundo centro, y transfórmala hasta que se parezca
a Dios.
Tú, Padre de las luces, cuya mano es generosa, y con abundancia te derramas donde
quiera que hallas lugar: ¡purifícanos, haznos el don de la fidelidad al Amor!
Espíritu Santo, tú que en el seno de la Trinidad eres la Alegría eterna donde los Tres se
contemplan, sé Tú la fuente insondable de nuestra alegría.
Espíritu Santo, que, junto con el Padre y el Hijo, eres el lugar interior donde los Tres nos
acogen, en el gozo de su intimidad y unidad, danos el gozo secreto de la comunión entre
el Padre y el Hijo, y danos el gozo de la comunión con nuestros hermanos.
Espíritu Paráclito, que eres dado a la Iglesia como principio inagotable de su alegría de
Esposa, danos la alegría única del Esposo y el gozo inextinguible de las Bodas.
Espíritu Santo de quien la Iglesia recibe su propia juventud, su fidelidad, su viviente
creatividad, danos el gozo de la fecundidad. Espíritu Santo, fuente de esperanza, que no
te agotarás jamás en el curso de la historia, danos la alegría de la esperanza.
Espíritu Santo, que, procediendo del Padre y del Hijo, eres comunicado a cada alma que
se muestra disponible a tu acción íntima, ábrenos al gozo del Padre, ábrenos al gozo del
Hijo, ábrenos al gozo de tu Ser. ¡Danos el gozo del silencio! ¡Danos el silencio del gozo!
Espíritu Santo, que habitas en el corazón del hombre, junto con el Padre y el Hijo, danos
el gozo de la experiencia de Dios.
Espíritu Santo, por quien la presencia del Dios Trino nos envuelve con su ternura y nos
penetra con su Vida, danos la misma alegría de Jesús de sabernos amados por el Padre
con inefable Amor.
Espíritu Santo, que nos das la perfecta alegría en la posesión de Dios trino, conocido por
la fe y amado con la caridad que proviene de Él, danos la alegría perfecta de la fe y del
amor.
Canto
Todos: Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre; don, en tus manos espléndido; luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
4
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego, gozo de enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando
no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de
vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al
esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.
Canto:
Guía: Unidos a la Oración de San Agustín dirigida al Espíritu Santo, clamemos juntos a
cada invocación: R./ Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría: dame mirada y oído interior para
que no me apegue a las cosas materiales, sino que busque siempre las realidades
del Espíritu. R./
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de amor: haz que mi corazón siempre sea capaz
de más caridad. R./
Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad: concédeme llegar al conocimiento
de la verdad en toda su plenitud. R./
Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna: concédeme la
gracia de llegar a contemplar el rostro del Padre en la vida y en la alegría sin fin.
R./
Guía: En los cielos y en la tierra sea para siempre bendito y alabado, el Corazón
amoroso de Jesús Sacramentado.
Todos: ¡Oh santo Espíritu! Dígnate formarme con María, según el modelo de tu amado
Jesús. (Tres veces)
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Canto Final