Instalaciones Eléctricas
Instalaciones Eléctricas
INSTALACIONES ELÉCTRICAS
ÍNDICE
4. INTERRUPTORES
4.1. INTERRUPTORES
4.2. CONTACTORES
4.3. INTERRUPTORES AUTOMÁTICOS
4.4. INTERRUPTORES TÉRMICOS
4.5. INTERRUPTORES MAGNÉTICOS
4.6. INTERRUPTORES MAGNETO-TÉRMICOS
4.6.1. APLICACIONES DE LOS MAGNETOTÉRMICOS
4.6.2. CURVAS DE DISPARO
4.7. INTERRUPTORES DIFERENCIALES
4.8. CORTACIRCUITOS FUSIBLES DE BAJA TENSIÓN
4.8.1. INTENSIDAD NOMINAL MÍNIMA ADMISIBLE EN UN FUSIBLE aM.
4.9. CORRIENTE DE CORTOCIRCUITO EN UN PUNTO DE LA LÍNEA
7. ELECTRODOMÉSTICOS
7.1. HORNOS MICROONDAS
7.1.1. CONFIGURACIÓN DE UN HORNO MICROONDAS
7.1.2. DESCRIPCIÓN DE UN HORNO MICROONDAS
7.1.3. COMPROBACIÓN DE LA POTENCIA DE UN HORNO MICROONDAS
7.2. LAVADORAS
7.2.1. FUNCIONAMIENTO DE UNA LAVADORA
7.2.2. CIRCUITO ELÉCTRICO DE UNA LAVADORA
7.2.3. PROGRAMADOR
7.3. TERMOS ELÉCTRICOS
7.4. CALEFACCIÓN
7.4.1. COEFICIENTE DE TRANSMISIÓN DEL CALOR K
7.4.2. DETERMINACIÓN DEL COEFIIENTE DE TRANSMISIÓN KG
7.4.3. PÉRDIDAS SUPLEMENTARIAS
7.4.4. PÉRDIDAS TOTALES DE CALOR
7.4.5. CONSUMOS DE LOS DISTINTOS SISTEMAS DE CALEFACCIÓN
7.4.6. GASTOS ANUALES DE CALEFACCIÓN
7.5. AIRE ACONDICIONADO
7.6. CALEFACCIÓN ELÉCTRICA
7.7. ACUMULADORES DE CALOR
7.8. BOMBA DE CALOR
8. LUMINOTECNIA
8.1. LUMINOTECNIA
8.2. LÁMPARAS Y SUS COMPONENTES
8.2.1. LÁMPARAS DE INCANDESCENCIA
8.2.2. LÁMPARAS DE INCANDESCENCIA CON HALOGENUROS
8.2.3. LÁMPARAS FLUORESCENTES
8.2.4. PEQUEÑAS LÁMPARAS FLUORESCENTES
8.2.5. LÁMPARAS DE VAPOR DE MERCURIO
8.2.6. LÁMPARAS DE LUZ MEZCLA
8.2.7. LÁMPARAS DE MERCURIO CON HALOGENUROS
8.2.8. LÁMPARAS DE VAPOR DE SODIO A BAJA PRESIÓN
8.2.9. LÁMPARAS DE VAPOR DE SODIO A ALTA PRESIÓN
8.2.10. REACTANCIAS DE DOS NIVELES DE POTENCIA
9. INSTALACIONES DE ALUMBRADO
9.1. INSTALACIONES DE ALUMBRADO
Se entiende por sistema de distribución de energía eléctrica a la disposición adoptada por los conductores y
receptores, para lograr que la energía generada en las centrales pueda ser utilizada en los lugares de
consumo. Fundamentalmente, una distribución puede realizarse de dos maneras: en serie o en derivación.
Distribución serie
La distribución serie o a intensidad constante, consiste en conectar todos los receptores uno a continuación del
otro, de manera que la intensidad que pasa por uno de ellos, lo hace también a través de todos los demás. Este
sistema de distribución tiene la ventaja de utilizar un conductor de sección única, ya que la intensidad es la misma
a lo largo de todo el circuito. El principal inconveniente lo tenemos en la dependencia que existe entre los
receptores, ya que si uno cualquiera de ellos se interrumpiera, los demás quedarían también fuera de
servicio. Otro inconveniente del sistema de distribución serie, es el de tener que utilizar receptores cuya tensión
de alimentación es variable con la potencia consumida, de manera que los receptores de gran potencia tendrán
entre sus extremos tensiones muy elevadas. Por los motivos expuestos, la distribución serie solamente se utiliza
en algunos casos muy concretos, como pueden ser la alimentación de lámparas de incandescencia en tranvías y
trolebuses, en plantas anodizadoras y en baños electrolíticos.
Distribución en derivación
Las características fundamentales de una distribución en derivación son la tensión y el número de conductores
utilizados. Ya en el Capítulo 2 veíamos la influencia de la tensión en la sección de los conductores: "Las
secciones están en razón inversa del cuadrado de las tensiones", es decir, cuanto mayor sea la tensión utilizada
en la distribución, menor será el peso de conductor empleado. Naturalmente, en el transporte de energía no
existe más limitación de la tensión que la correspondiente a la tecnología de los componentes que intervienen,
tales como interruptores, aisladores, transformadores, etc., pero en distribución tendremos como límite el de la
seguridad de las personas que van a manejar los receptores eléctricos. En los inicios de la electricidad, las
tensiones de distribución eran muy bajas, 63V y 125V., pero hoy en día, con la utilización de materiales plásticos,
magnetotérmicos, diferenciales, tomas de tierra, etc., se puede llegar a distribuir con tensiones del orden de 220 y
380V., sin riesgo excesivo para las personas. También en el Capítulo 2 veíamos la comparación entre líneas
bifásicas en continua y bifásicas en alterna, así como también, la comparación entre bifásica y trifásica. El
resultado fué que la alterna trifásica utilizaba pesos de conductores notablemente menores, por lo que éste era
uno de los motivos por los que el transporte se hacía en trifásica. Para la distribución también puede hacerse el
mismo razonamiento, por lo que fácilmente llegaremos a la conclusión de que las distribuciones actuales se hacen
en trifásica y a tensiones que no suelen superar los 380V. Dentro de las distribuciones trifásicas, la más
interesante es la estrella a cuatro hilos, la cual nos permite disponer de una serie de variantes que tendrán más o
menos aplicación según sea el caso. En la siguiente figura representamos la disposición general de una
alimentación a un centro de transformación C.T., para la distribución a tres hilos más neutro. Una línea de media
tensión, por lo general 10 ó 15 kV., alimenta un transformador cuyo primario esta conectado en triángulo, y el
secundario en estrella. Del centro de la estrella se obtiene el neutro, cuarto conductor conectado a tierra. Así
constituido, el sistema de distribución a cuatro hilos, y suponiendo que la tensión entre una cualquiera de las fases
y el neutro es de 220V., la tensión compuesta entre las distintas fases será:
Veamos seguidamente las variantes que podremos realizar con un sistema de distribución trifásica en estrella,
con neutro:
JORGE GUILLERMO TORRES Pagina N°3
INSTALACIONES ELÉCTRICAS – AÑO 2002
a) Tres derivaciones a 220 V
Obtenidas entre una cualquiera de las fases y el neutro, se verifica para cada una de ellas que:
Se utiliza para alimentar, a 220V., receptores o grupos de receptores de pequeña potencia. Esta disposición
equivale a una conexión de receptores en estrella, tal y como más adelante indicaremos.
Se obtienen entre fases de la red, verificándose para cada una de ellas que:
Como en el caso anterior, se utiliza para alimentar, a 380 V, un receptor o grupos de receptores, de pequeña
potencia.
Cuando se hace uso de las tres fases y éstas alimentan a un receptor conectado en triángulo, con sus fases
uniformemente cargadas, se verifica que:
Cuando se hace uso de las tres fases y del hilo neutro, suponiendo que las tres fases están uniformemente
cargadas, se verifica que:
Esta disposición se utiliza para alimentar receptores trifásicos de gran potencia, conectados en estrella, con o
sin neutro. También se utiliza para conectar grupos de receptores monofásicos en estrella, como es el caso del
alumbrado viario. Ahora, la utilidad del hilo neutro es evidente, ya que si por alguna causa se produce un
desequilibrio, la intensidad se cierra por el neutro, evitando con ello el correspondiente desequilibrio de tensiones.
Es por este motivo por el que nunca deben colocarse fusibles en el hilo neutro. El sistema de distribución a
cuatro hilos es el preferido para una red trifásica, sobre todo para los casos de alumbrado o para alumbrado y
fuerza motriz. Es aconsejable la utilización de transformadores con conexión Dy o Yz, de manera que cuando la
carga esté muy desequilibrada, este desequilibrio tenga menor influencia en el primario del transformador, en la
línea y en los generadores.
Resulta de sumo interés la comparación de los pesos de cobre o aluminio que entrarán a la hora de realizar un
sistema de distribución, según los tres sistemas tradicionales: monofásico, trifásico en triángulo y trifásico en
estrella. Sea una distribución monofásica que alimenta a tres receptores iguales, por ejemplo tres lámparas, y
que tiene una tensión inicial U y una tensión en los receptores U´. Llamando I a la intensidad que circula por cada
lámpara, la intensidad de línea será I1 = 3 I, siendo S1 la sección del hilo conductor, al que le corresponde una
resistencia R1.
Sea ahora un sistema trifásico en triángulo que presenta una tensión inicial de línea E=U y una tensión en los
receptores E´=U´, para alimentar a tres lámparas exactamente iguales que las utilizadas en el caso anterior.
Llamando I a la intensidad que circula por cada lámpara, la intensidad de línea I2 será la suma vectorial de las
intensidades de dos de las lámparas
, para que de esta forma al final tengamos una tensión , correspondiéndole a cada
lámpara una tensión U´. En este caso, la intensidad de línea I3 es igual a la intensidad por cada lámpara, es decir,
I3 = I, y llamando S3 a la sección de cada uno de los tres conductores, R3 será su resistencia correspondiente.
Con estos datos de partida ya podemos comparar las tres distribuciones anteriores, teniendo presente que los
tres receptores que hemos supuesto como cargas del circuito, pueden ser otro tipo de receptores o grupo de ellos:
Se trata de comparar las secciones de los conductores que intervienen en un sistema monofásico (S1) con
respecto a otro idéntico trifásico en triángulo (S2), para una misma caída de tensión, por lo tanto igualando las
expresiones (1) y (2), obtenemos:
S1 = 2 S2
Es decir, que en un sistema monofásico, la sección que habrá que colocar, para una misma caída de tensión,
será el doble que la correspondiente a un sistema trifásico en triángulo. Bien es verdad, que uno utiliza dos
conductores, mientras que el otro utiliza tres, y siendo los pesos de cobre o aluminio, que entran en cada una de
las instalaciones, P1T = K 2 S1 y P2T = K 3 S2:
y por lo tanto:
con lo que se produce un ahorro de un 25% al emplear trifásica en triángulo en lugar de monofásica.
de donde:
con lo que se produce un ahorro del 67% al emplear trifásica en estrella en lugar de trifásica en triángulo.
y por lo tanto:
con lo que se produce un ahorro de un 75% al emplear trifásica en estrella en lugar de monofásica.
Suponiendo que la distribución trifásica en estrella lleva neutro, como es lo normal, y que a éste se le da una
sección mitad que la de un hilo activo, tendremos:
y por lo tanto:
Así pues, no cabe duda de que la distribución trifásica en estrella además de tener las ventajas que ya se
expusieron, resulta ser el sistema mas económico en lo que a gasto de conductor se refiere. Por estos motivos,
esta distribución es la que más se utiliza, especialmente en los casos de demanda de grandes potencias,
utilizando la distribución monofásica únicamente en aquellos casos en los que la potencia demandada sea
relativamente pequeña, como por ejemplo en viviendas.
Las redes de distribución están formadas por conductores que, procedentes de centros de transformación
(C.T.), tienen la finalidad de ir alimentando las distintas acometidas que van encontrando a su paso. Se denomina
acometida a la parte de instalación comprendida entre la red de distribución y la caja general de protección C.G.P.
De la caja general de protección se deriva la línea o líneas repartidoras, que van a parar al cuarto o cuartos de
contadores, desde donde parten las derivaciones individuales a cada una de las viviendas o locales, en cuya
entrada se halla el interruptor de control de potencia máxima, I.C.P.M.
Todo este conjunto, cuya finalidad no es otra que la de suministrar la potencia eléctrica contratada por cada uno
de los abonados, debe reunir ciertos requisitos en lo que a caída de tensión se refiere, ya que ésta deberá estar
comprendida dentro de los límites establecidos del ± 7%; es decir, que si la tensión nominal contratada es de
220V., los límites de variación máximos admitidos serán:
Para poder cumplir esta exigencia, las caídas de tensión máxima admitidas en los distintos tramos de la línea se
hallan especificadas en el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión, para su obligado cumplimiento. Así,
tendremos que:
Esta compleja red de distribución que se extiende a lo largo y ancho de las ciudades, tiene como principal
objetivo conseguir una gran seguridad en el servicio, así como también obtener una mínima variación en la caída
de tensión y un gasto mínimo de cobre y aluminio.
Como ya hemos indicado anteriormente, las arterias o feeders son conductores que unen las estaciones
transformadoras de distribución, E.T.D., con los centros de transformación, C.T., los cuales alimentan a su vez a
las redes de distribución.
La posibilidad de alimentar por un solo punto una red de distribución queda desechada debido a la necesidad
de mantener las caídas de tensión dentro de ciertos límites. Lo contrario obliga a colocar conductores de mucha
mayor sección, con un costo más elevado.
Los centros de transformación se extienden a lo largo de las calles y se hallan situados debajo de las aceras o
en locales reservados para este fin. Las potencias de los transformadores que albergan son muy diversas pero,
por lo general, están comprendidas entre 100 y 800 kVA.
Es importante destacar que de acuerdo con el artículo 17 del Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión,
cuando se construya un local, edificio o agrupación de éstos, cuya previsión de cargas exceda de 50 kVA., o
cuando la demanda de potencia de un nuevo suministro sea superior a esa cifra, la propiedad del inmueble deberá
reservar un local destinado al montaje de la instalación de un centro de transformación. Posteriormente, la
Compañía Suministradora decidirá si hace uso o no del local reservado.
Esta imposibilidad radica en la dificultad de establecer a priori las condiciones de trabajo de la red, así como las
variaciones de estas condiciones, ya que en un mismo proyecto de estudio, varían según la época, estado
económico, industrial, etc.. Para realizar un cálculo exacto de la red, es indispensable conocer un conjunto de
datos como:
* Coeficientes de utilización.
Lo cual refuerza la idea de la imposibilidad de conocer, antes de construir la red, un conjunto de datos
que en su mayoría se conocen después de su construcción. Suponiendo que conociésemos todos los
datos antes citados, y considerando que estas redes suelen ser de gran extensión, su cálculo sería
larguísimo y enrevesado, por tanto será necesario realizar cálculos aproximados, considerando acometidas
uniformemente repartidas o concentradas en puntos determinados. Con esto sería suficiente, puesto que
haciendo cálculos exactos, llega un momento en que si cambian las condiciones, (por ejemplo, diferente
reparto de corrientes, cambian los resultados, haciendo inútiles dichos cálculos). Para su estudio, de una
manera muy simple, podremos descomponer cualquier distribución en tres casos bien definidos:
Llamando l1, l2, l3, ... ln, a las distancias entre cada una de las diferentes acometidas, I1, I2, I3, ... In a las
respectivas intensidades, S a la sección del conductor del distribuidor, y V a la caída de tensión máxima
admitida hasta la acometida mas alejada, In, tendremos que en el caso de un distribuidor bifilar en corriente
continua, se verificará que la caída de tensión total V, es igual a la suma de las caídas de tensión parciales,
V1, V2, V3, ... Vn.
V = V1 + V2 + V3 + ... + Vn
de donde:
Esta fórmula hace referencia a las "distancias cortas l" que hay entre las acometidas I1, I2, I3, ..... In. Si nos
referimos a las "distancias largas L", que existen entre el centro de transformación y cada una de las
acometidas, podremos deducir fácilmente que:
de donde se obtiene,
Cualquiera de estas fórmulas puede ser válida para el cálculo de la sección de un distribuidor, utilizando
una u otra en función de la simplicidad que obtengamos al aplicarlas.
Hemos supuesto un conductor de sección constante, lo cual determina una pérdida relativamente grande
en los primeros tramos del conductor, en donde las densidades de corriente son grandes, mientras que en
los últimos tramos las pérdidas son pequeñas, por ser pequeñas las densidades de corriente.
Sólo en aquellos casos en los que la distribución es muy larga, se recomienda dividirla en dos o tres
tramos de secciones diferentes.
Como los conductores están normalizados comercialmente, fijaremos su sección de acuerdo con el
conductor comercial más próximo al hallado, por exceso, comprobando que la densidad de corriente que le
corresponde, al principio de la línea, cumple el Reglamento.
Una vez comprobada la densidad de corriente se calculará la caída de tensión que le corresponde con la
sección comercial elegida, y que naturalmente será menor, ya que el conductor lo hemos elegido dentro de
las secciones comerciales, por exceso.
Las soluciones planteadas se han resuelto considerando líneas en continua. Veamos seguidamente los
distintos casos que se pueden plantear en alterna, partiendo de la fórmula general que nos da la caída de
tensión en una línea monofásica de corriente alterna
de la que fácilmente podremos sacar las conclusiones siguientes, extendiendo el supuesto a "n" número de
acometidas:
Cualquiera de las fórmulas expuestas es válida para el cálculo de la sección de un distribuidor, aplicando
una u otra según las hipótesis planteadas.
2) Líneas trifásicas
Para el caso de líneas trifásicas, si la caída de tensión la referimos a una fase con respecto al hilo neutro
"caída de tensión simple", la sección del distribuidor se calculará con las fórmulas siguientes:
Si la caída de tensión la referimos a la tensión compuesta entre fases, estas fórmulas deberán estar
multiplicadas por 3.
En ocasiones estas fórmulas pueden venir expresadas en función de la potencia activa por fase, Pa, de
cada una de las acometidas; si multiplicamos numerador y denominador por la tensión simple U, tendremos:
EJEMPLO 1
Sea una distribución abierta trifásica, tal y como indica la figura, con cuatro acometidas también trifásicas,
que utiliza cobre como conductor, = 0.018 mm2/m, admitiendo una caída de tensión del 1,5%. Siendo de
235V. la tensión simple de alimentación y despreciando la autoinducción del cable, determinar la sección del
conductor a utilizar en cada una de las fases.
Ahora calculemos la densidad de corriente en el primer tramo, que será el valor modular de la suma
vectorial de todas las intensidades, dividida por la sección:
Comparando esta densidad con la que establece el Reglamento para dicho cable, sabremos si es o no
admisible. Si no lo es, habría que aumentar la sección hasta que cumpliera las condiciones del Reglamento.
EJEMPLO 2
Supongamos ahora que en el ejemplo anterior utilizamos cables con un coeficiente de autoinducción
kilométrica de 0,000583 H/km., y queremos calcular la caída de tensión máxima en la última acometida.
La fórmula a aplicar es
Sea un distribuidor que une dos centros de transformación a igual tensión, o simplemente un distribuidor
en bucle cerrado. De él se derivan una serie de acometidas, tal y como se muestra en la figura, de forma
que las corrientes parten de los extremos y se dirigen al centro de distribuidor, existiendo una acometida
sometida a una tensión mínima y alimentada por sus dos extremos, salvo en el caso de que la intensidad
por uno de ellos sea
cero.
En este circuito, es indudable que la suma de las caídas de tensión a lo largo de esta línea, debe de ser
cero, es decir:
obteniendo finalmente
Naturalmente, estas fórmulas las hemos referido a corrientes continuas, pero fácilmente pueden
generalizarse para corrientes alternas, debiendo utilizar para ello los valores complejos de las respectivas
intensidades que intervienen en la distribución.
Para encontrar el punto de tensión mínima, deberemos partir de uno cualquiera de los lados de la línea,
restando las corrientes activas que se van derivando de cada acometida hasta encontrar un valor negativo;
esto nos indicará que es la acometida anterior la que cumple la condición buscada. Así por ejemplo, para el
lado X los valores se irán obteniendo de la siguiente manera:
hasta encontrar el valor que cumple la condición citada. Conocida la acometida que cumple dichas
condiciones, ya podemos calcular la sección y la caida de tensión correspondiente, pudiendo descomponer
el circuito en dos distribuciones abiertas cuyas caídas de tensión y sección son iguales.
EJEMPLO.- Sea distribución trifásica, cerrada y alimentada por sus dos extremos a 385 V, tal y como
indica la figura. Suponiendo que el coeficiente de autoinducción de la línea sea nulo, calcular la sección de
aluminio del conductor, en el supuesto de que se admita una caída de tensión máxima de 4 V.
Si nos fijamos exclusivamente en las intensidades activas que circulan por X (17,53) y por Y (17,92),
deduciremos fácilmente el punto de mínima tensión
La tercera acometida empezando por la izquierda, y la segunda empezando por la derecha, es la que
recibe intensidad de los dos lados, por tanto, este punto es el centro de gravedad eléctrico de la línea, y es
también el punto de menor tensión (Caída de tensión máxima).
Bajo estas condiciones, la línea la podremos representar, de una forma equivalente, como dos líneas
abiertas justamente en la acometida de mínima tensión.
Ahora la sección del conductor ya podemos calcularla mediante la fórmula general, la cual puede
aplicarse indistintamente a cualquiera de los dos circuitos:
S= 5,3 mm2
Como la mayor intensidad aparente circula por el lado X (25,5 A), la densidad de corriente máxima por
este conductor, será de:
Un caso especial que puede presentarse en el cálculo de una distribución abierta, es cuando una de sus
partes se ramifica para alimentar a otras acometidas, tal y como representamos en la figura.
En estos casos no puede aplicarse ningún procedimiento de cálculo generalizado, por lo que deberemos
ir asignando arbitrariamente, aunque de una manera lógica, las caídas de tensión para las distintas
ramificaciones que existan en el circuito, hasta el total de la caída de tensión máxima admitida.
Así, por ejemplo, en el circuito de la figura cuya caída de tensión máxima se supone igual a V,
calcularemos la sección del primer tramo CA, suponiéndole una caída de tensión VCA, naturalmente menor
que V. El tramo AB lo calcularemos con el resto de la caída de tensión máxima admitida,
VAB = V - VCA
Seguidamente pasaremos a calcular el tramo AD, al que le asignaremos una caída de tensión VAD, menor
que VAB, ya que es el resto de la caída de tensión que nos queda por asignar. A los otros dos tramos que
nos quedan, les asignamos la caída de tensión que resta hasta el valor de V.
Así resuelto el problema, tendremos una serie de secciones para cada uno de los tramos especificados
en el circuito, siendo esta una de las innumerables soluciones que pueden dársele al problema.
Naturalmente deberemos evitar las incongruencias que en un momento determinado podrían salirnos, como
por ejemplo, obtener secciones mayores en tramos más alejados.
Un circuito calculado por este procedimiento, solamente podremos decir que es mejor que otro cuando el
peso de cobre o de aluminio resulte comparativamente menor.
EJEMPLO
Sea la distribución trifásica abierta ramificada que se indica en la figura, en la que se admite una caída de
tensión máxima de 10V., y se utiliza cable de aluminio, despreciando el coeficiente de autoinducción.
Para el primer tramo CA, consideraremos una caída de tensión máxima de 6V, y lo resolveremos
mediante las "distancias cortas", por resultar más simple.
Para ello, en primer lugar realicemos todos los productos I cos , obteniendo que:
y siendo la sección comercial más próxima de 50 mm2, le corresponderá una caída de tensión:
El tramo AB se calculará como lo que es, un simple distribuidor abierto que admite una caída de tensión
máxima de 5,6 V.
Para el tramo AD le supondremos una caída de tensión de, por ejemplo, 3 V. y siendo la suma de todos
los productos I cos igual a:
Comercialmente le corresponde una sección de 25 mm2, y por lo tanto, la caída de tensión en el tramo
Para los dos tramos que nos quedan, DG y DF, disponemos de una caída de tensión de 10 - 4,4 - 2,2 =
3,4 V.; los resolveremos como dos distribuciones abiertas sin ramificar.
Todo lo dicho hasta ahora tiene como finalidad la de poder llegar hasta el contador del abonado con una
variación de la tensión dentro de los límites establecidos, y poder suministrarle la potencia necesaria para
cubrir sus necesidades.
Con el fin de regular y controlar el suministro de Energía eléctrica a los miles de abonados integrados
dentro del territorio nacional, se publicó en su día la Orden del Ministerio de Industria y Energía de 12 de
Enero de 1995, por la que se establecen las distintas tarifas para la venta de energía eléctrica que deberán
aplicar las empresas acogidas al SIFE. (Sistema Integrado de Facturación de Energía Eléctrica).
Las tarifas de energía eléctrica son de estructura binomia y están basadas, fundamentalmente, en la
aplicación de dos términos impositivos:
Término de Facturación de Potencia (TFP)
Término de Facturación de Energía (TFE)
TFP = PC TP
y el Término de Facturación de Energía (TFE) será el producto de la Energía Consumida (EC) durante el
período de facturación considerado por el precio del Término de Energía (TE)
TFE = EC TE
El valor de estos productos se determinará con una cifra decimal, la cual se redondeará por defecto o por
exceso, según que la cifra decimal despreciada sea o no menor que 5.
La suma de los dos términos mencionados, que constituyen la facturación básica, y de los citados
complementos, función de la modulación de la carga y de la energía reactiva, constituye, a todos los
efectos, el precio máximo de tarifa autorizado por el Ministerio de Industria y Energía.
En las cantidades resultantes de la aplicación de las tarifas no están incluidos los impuestos, recargos y
gravámenes establecidos o que se establezcan sobre el consumo y suministro que sean de cuenta del
consumidor.
Las tarifas de aplicación general a todos los abonados, sin más condiciones que las derivadas de la
tensión a que se haga su acometida, son:
Baja tensión
Alta tensión
Tarifa 1.0.
Se podrá aplicar a cualquier suministro, fase-neutro o bifásico, en baja tensión, con potencia contratada
no superior a 770 W.
A esta tarifa no le son de aplicación complementos por energía reactiva y discriminación horaria.
Tarifa 2.0.
Se podrá aplicar a cualquier suministro en baja tensión, con potencia contratada no superior a 15 kW.
A esta tarifa sólo le es de aplicación el complemento por energía reactiva si se midiera un coseno de
inferior a 0,8.
Tarifa 2.N.
Se podrá aplicar a cualquier suministro en baja tensión, con potencia contratada no superior a 15 kW.
A esta tarifa sólo le es de aplicación el complemento por energía reactiva si se midiera un coseno de
inferior a 0,8.
Si son de aplicación los períodos horarios de la discriminación horaria TIPO 0, pero no los son el recargo
o descuento que se indica en este apartado, ya que han sido derogados; en su lugar se aplican
directamente los precios correspondientes, que resultan ser muy similares.
A esta tarifa le son de aplicación complementos por energía reactiva y discriminación horaria.
A esta tarifa le son de aplicación complementos por energía reactiva y discriminación horaria.
Se podrá aplicar a los suministros de alumbrado público en baja tensión contratados por la Administración
Central, Autonómica o Local.
Se entiende como alumbrado público el de calles, plazas, parques públicos, vías de comunicación y
semáforos. No se incluye como tal el alumbrado ornamental de fachadas, ni el de fuentes públicas.
JORGE GUILLERMO TORES Pagina N°22
INSTALACIONES ELÉCTRICAS – AÑO 2002
A esta tarifa le es de aplicación complemento por energía reactiva pero no por discriminación horaria.
Se podrá aplicar a los suministros de energía en baja tensión con destino a riegos agrícolas o forestales,
exclusivamente para la elevación y distribución del agua de propio consumo.
A esta tarifa le son de aplicación complementos por energía reactiva y discriminación horaria, excepto el
tipo 5.
Se aplicarán las tarifas de alta tensión a los suministros realizados a tensiones nominales superiores a
1.000 voltios.
Se podrán aplicar a cualquier suministro en alta tensión, en el escalón de tensión que corresponda en
cada caso.
Utilización
Nivel de tensión
Corta Media Larga
(1.) (2.) (3.)
1. Hasta 36 kV., inclusive (.1 ) 1.1 2.1 3.1
2. Mayor de 36 kV. y no superior a 72,5 kV. (.2) 1.1 2.2 3.2
3. Mayor de 72,5 kV. y no superior a 145 kV. (.3) 1.3 2.3 3.3
4. Mayor de 145 kV. (.4) 1.4 2.4 3.4
A estas tarifas les son de aplicación complementos por energía reactiva y discriminación horaria.
Todo abonado podrá elegir la tarifa y el sistema de complementos que estime más conveniente a sus
intereses entre los oficialmente autorizados para el suministro de energía que el mismo desee demandar,
siempre que cumpla las condiciones establecidas en la presente Orden.
JORGE GUILLERMO TORES Pagina N°23
INSTALACIONES ELÉCTRICAS – AÑO 2002
Como principio general los abonados podrán elegir la potencia a contratar, debiendo ajustarse, en su
caso, a los escalones correspondientes a los de intensidad normalizados para los aparatos de control.
Al abonado que haya cambiado voluntariamente de tarifa podrá negársele pasar a otra mientras no hayan
transcurrido, como mínimo, doce meses, excepto si se produjese algún cambio en la estructura tarifaria que
le afecte. Estos cambios no implicarán el pago de derecho alguno, por este concepto, a favor de la empresa
suministradora. El cambio de modalidad de aplicación de alguno de los complementos de tarifa así como la
modificación de la potencia contratada se considerará, a estos efectos, como cambio de tarifa.
Las empresas suministradoras están obligadas a modificar la potencia contractual para ajustarla a la
demanda máxima que deseen los abonados, con la limitación del apartado anterior o, cuando por sus
especiales condiciones, precisara autorización de la Dirección General de la Energía.
Por reducciones de potencia, las empresas no podrán cobrar cantidad alguna en concepto de derechos
de enganche, acometida, ni ningún otro a favor de la empresa, salvo los gastos que se puedan producir por
la sustitución o corrección de aparatos de medida o control de la potencia, cuando ello fuera necesario.
Los aumentos de potencia contratada se tramitarán como un alta adicional, sin perjuicio de que en lo
sucesivo se haga una sola facturación.
La empresa suministradora podrá controlar la potencia demandada por el abonado. Este control se podrá
efectuar por medio de maxímetros, limitadores de corriente o interruptores de control de potencia u otros
aparatos de corte automático, cuyas características deberán estar aprobadas por el Ministerio de Industria y
Energía, quien fijará el alquiler que las empresas suministradoras pueden cobrar por los citados aparatos
cuando proceda. La elección del equipo de control corresponde al abonado.
Maxímetros.
El abonado que tuviere instalado el equipo adecuado, cualquiera que sea la tensión o la potencia
contratada, tendrá opción a que la determinación de la potencia que ha de servir de base para su
facturación se realice por maxímetro.
El aparato que mide esta potencia media se denomina maxímetro y se construye formando parte de un
contador de activa convencional. Unas ruedas dentadas transmiten el movimiento del disco del contador,
por medio de un tornillo sinfín fijado a una aguja de arrastre que se desplaza sobre una escala circular,
graduada en kW. Dicha aguja de arrastre empuja a una segunda aguja concéntrica, llamada de lectura, que
se mueve a libremente en sentido creciente, y que por lo tanto se desplaza siempre hacia valores máximos.
La aguja de arrastre se embraga y desembraga automáticamente cada 15 minutos, tiempo que se conoce
como "periodo de integración del maxímetro".
De esta manera, la aguja de arrastre se desplaza hacia valores máximos cada periodo de integración,
empujando a la aguja de lectura, y al final de cada período la aguja queda desembragada, volviendo a la
posición cero de la escala. Transcurridos unos segundos, la aguja de arrastre es embragada nuevamente,
iniciándose un nuevo período de integración.
Es así como la aguja lectora indica el valor máximo alcanzado durante todos los periodos de integración
comprendidos entre dos lecturas. Mensualmente un empleado de la empresa suministradora, anotará el
valor máximo registrado, poniendo a cero las agujas lectora y la de arrastre, que quedarán precintadas
hasta el mes siguiente.
El cálculo de la potencia a facturar se realizará atendiendo a los diferentes modos que se describen a
continuación, con las limitaciones impuestas en cada uno de ellos:
Será aplicable a cualquier suministro en baja o alta tensión, cuando el abonado haya contratado una sola
potencia y no tenga instalado aparato maxímetro, salvo para venta a distribuidores en alta tensión.
En estos casos, como ya hemos dicho, el Término de Facturación de la Potencia (TFP), será el
producto de la Potencia Contratada (PC), establecida en la Póliza de Abonado, por el precio del Término
de Potencia (TP).
TFP = PC TP
Será aplicable a cualquier suministro en baja o alta tensión, cuando el abonado haya contratado una sola
potencia y tenga instalado un solo maxímetro para la determinación de la potencia base de facturación. En
este caso, la potencia contratada establecida en la Póliza de Abonado, no tiene que ser necesariamente la
que se aplique como potencia contratada (PC) para determinar el Término de Facturación de la Potencia
(TFP).
La potencia contratada real PC a facturar como "potencia contratada" se calculará de la forma que se
establece a continuación:
No se tendrá en cuenta la punta máxima registrada durante las veinticuatro horas siguientes a un corte o
a una irregularidad importante en la tensión o frecuencia del suministro. Para ello, será condición necesaria
su debida justificación, preferentemente mediante aparato registrador.
Otros Modos.
Existen también otros modos que utilizan dos y tres maxímetros, en este caso no los vamos a tratar ya
que son muy poco utilizados. No obstante pueden consultarse en la Orden Ministerial que citábamos al
inicio de este capítulo.
Los complementos tarifarios consistirán en una serie de recargos o descuentos, que se calcularán tal y
como se especifique en cada caso y deberán figurar por separado en el recibo de energía eléctrica.
La instalación de contadores de tarifa múltiple es potestativa para los abonados que tengan contratada
una potencia no superior a 50 kW y obligatoria para el resto.
Se faculta a las empresas suministradoras para instalar contadores de tarifa múltiple a los abonados de
más de 50 kW de potencia contratada que no lo tuvieran instalado por su cuenta, cargándoles los gastos de
instalación y el alquiler correspondiente.
El uso de un equipo de medida de discriminación horaria deberá ser autorizado por la Dirección General
de la Energía previa aportación de los ensayos oportunos sobre seguridad eléctrica y garantía de medida.
Los abonados con discriminación horaria tipo 0 deberán instalar por su cuenta el equipo adecuado para
ello. La empresa suministradora queda obligada a alquilar dicho equipo si así lo solicita el abonado.
Condiciones generales.
El complemento de discriminación horaria estará constituido por un recargo o descuento que se calculará
de acuerdo con la siguiente fórmula:
CH = Tej Ei Ci /100
JORGE GUILLERMO TORES Pagina N°26
INSTALACIONES ELÉCTRICAS – AÑO 2002
en la que:
Se aplicará obligatoriamente a todos los suministros a tarifas 3.0, 4.0 y R.0 de baja tensión y a todos los
de alta tensión.
Los abonados de la tarifa 2.0 tendrán opción a que se les aplique la discriminación horaria Tipo 0
denominada «tarifa nocturna». No es de aplicación el complemento por discriminación horaria a los
abonados de las tarifas B.0 (Alumbrado público) y 1.0.
Los cambios de horario de invierno a verano o viceversa coincidirán con la fecha del cambio oficial de
hora.
Los abonados, de acuerdo con las empresas suministradoras, podrán solicitar por causas debidamente
justificadas a la Dirección General de la Energía la aplicación de períodos distintos a los establecidos en la
presente Orden, siempre que se mantenga la duración y los recargos y descuentos correspondientes a los
mismos.
El citado Centro Directivo podrá conceder lo solicitado, siempre que de ello no resulte perjuicio para el
Sistema Eléctrico Nacional, considerando el efecto resultante que dicha modificación pudiera producir de
aplicarse a los abonados con características similares de consumo.
Se faculta a la Dirección General de la Energía para que pueda modificar con carácter general las horas
consideradas, en concreto, como de punta, llano y valle, teniendo en cuenta las condiciones de cada Zona y
en su caso las de ámbito peninsular.
Los tipos de discriminación horaria a los que podrán optar los distintos abonados, sin más limitaciones
que las que en cada caso se especifican, y siempre que tengan instalados los equipos de medida
adecuados, serán los siguientes:
Tipo 0: «Tarifa nocturna» con contador de doble tarifa, sólo será aplicable a los abonados a la tarifa
2.N., en lo referente a la duración de los períodos horarios y no al recargo o descuento, que han sido
derogados.
Tipo 1: Discriminación horaria sin contador de tarifa múltiple. De aplicación a los abonados con potencia
contratada igual o inferior a 50 kW.
Tipo 3: Discriminación horaria con contador de triple tarifa, sin discriminación de sábados y festivos. De
uso general.
Tipo 4: Discriminación horaria con contador de triple tarifa y discriminación de sábados y festivos. De uso
general.
Tipo 5: Discriminación horaria estacional con contador de quíntuple tarifa. De uso general pero será
incompatible con el complemento por estacionalidad y con tarifas que en su definición estén excluidas de
este tipo de discriminación.
Las zonas en que se divide el mercado eléctrico nacional a efectos de aplicación de la discriminación
horaria, serán las relacionadas a continuación e incluyen las Comunidades Autónomas que se indican:
Zona 5: Baleares.
Zona 6: Canarias.
Tipo 0.
Los coeficientes de recargo o descuento aplicables y la duración de cada período serán los que se
detallan a continuación:
Tipo 1.
Se consideran dentro de este tipo todos los abonados a los que les sea de aplicación el complemento por
discriminación horaria y no hayan optado por alguno de los restantes tipos.
Estos abonados tendrán un coeficiente de recargo del 20% sobre la totalidad de la energía consumida.
Tipo 2.
El coeficiente de recargo para este tipo de abonados y la duración de cada período serán los siguientes:
Tipo 3.
Los coeficientes de recargo o descuento aplicables y la duración de cada período serán los que se
detallan a continuación:
Se consideran horas punta, llano y valle en cada una de las zonas antes definidas, las siguientes:
. Invierno Verano
Punta Llano Valle Punta Llano Valle
8-18 8-9
Zona 1 18-22 0-8 9-13 0-8
22-24 13-24
8-18 8-9
Zona 2 18-22 0-8 9-13 0-8
22-24 13-24
8-18 8-10
Zona 3 18-22 0-8 10-14 0-8
22-24 14-24
8-18 8-10
Zona 4 18-22 0-8 10-14 0-8
22-24 14-24
0-1
8-18
Zona 5 18-22 0-8 19-23 9-19 1-9
22-24
23-24
0-1
8-18
Zona 6 18-22 0-8 19-23 9-19 1-9
22-24
23-24
8-19 0-1
Zona 7 19-23 0-8 20-24 1-9
23-24 9-20
Tipo 4
Los coeficientes de recargo o descuento aplicables y la duración de cada período serán los que se
detallan a continuación:
descuento
(Coeficiente)
6 horas de lunes a
Punta + 100
viernes
10 horas de lunes a
Llano -
viernes
8 horas de lunes a
viernes
Valle -43
24 horas en sábados y
domingos
Se considerarán también como horas valle las 24 horas de los días festivos de ámbito nacional con inclusión
de aquellos que pueden ser sustituidos a iniciativa de cada Comunidad Autónoma para los abonados que
posean el equipo de discriminación horaria adecuado.
Las horas punta, llano y valle en cada una de las zonas antes definidas son las siguientes:
. Invierno Verano
Punta Llano Valle Punta Llano Valle
8-16
Zona 1 16-22 0-8 8-14 14-24 0-8
22-24
8-17 8-9
Zona 2 17-23 0-8 9-15 0-8
22-24 15-24
8-16 8-10
Zona 3 16-22 0-8 9-15 0-8
22-24 15-24
8-17 8-9
Zona 4 17-23 0-8 10-16 0-8
23-24 16-24
7-16 0-1
0-7
Zona 5 16-22 22-24 17-23 9-17 1-9
23-24
23-24
7-16 0-7 8-17
Zona 6 16-22 17-23 0-8
22-24 23.24 23-24
8-17 0-1
Zona 7 17-23 0-8 18-24 1-9
23-24 9-18
Tipo 5.
EL contrato del tipo 5 de discriminación horaria comenzará con el principio de la temporada alta eléctrica
definida en el punto 4.4 del presente Título y tendrá una vigencia de doce meses, prorrogable por períodos
iguales, si el abonado no manifiesta su voluntad de rescindirlo por escrito, con una antelación mínima de
cuarenta y cinco días antes de su vencimiento.
Los días del año se clasifican a estos efectos en cuatro categorías. El número de días del año
correspondientes a cada categoría serán los siguientes:
Alto 80
Medio 80
Bajo Resto
La Dirección General de la Energía fijará para cada año los días concretos asignados a cada categoría,
tanto para el sistema integrado peninsular, como para cada uno de los sistemas aislados o
extrapeninsulares.
Los coeficientes de recargo o descuento aplicables y la duración de cada período serán los que se
detallan a continuación:
Se considerarán como valle con un coeficiente Ci 50 de descuento las ocho primeras horas valle de los
días siguientes a días bajos, sea cual sea la categoría de los mismos.
Se considerarán horas punta, llano y valle, en cada una de las zonas antes definidas, las siguientes:
23-24
9-13 8-9
Zona 7 0-8 - 16-24 0-16
18-24 13-18
Se considerarán como horas punta, llano y valle para los días altos, las establecidas para la
discriminación horaria tipo 3.
Condiciones Generales.
El complemento por energía reactiva está constituido por un recargo o descuento porcentual y se aplicará
sobre la totalidad de la facturación básica, (Suma del importe del Término de Facturación de Potencia mas
el Término de Facturación de Energía). Se calculará con una cifra decimal y el redondeo se hará por defecto
o por exceso, según que la segunda cifra decimal, despreciada, sea o no menor de cinco.
Están sujetos al complemento por energía reactiva los abonados a cualquier tarifa, excepto a las 1.0 y
2.0. No obstante, los abonados a la tarifa 2.0 estarán sujetos a la excepción que se concreta en el apartado
siguiente.
No se podrá aplicar este complemento si no se dispone para la determinación de su cuantía del contador
de energía reactiva permanentemente instalado.
En los períodos de facturación en que no haya habido consumo de energía activa no se aplicará
complemento por energía reactiva sobre el término de potencia facturado.
Cuando un abonado tenga su instalación con factor de potencia que sea inferior a 0,55 en tres o más
mediciones, la empresa suministradora deberá comunicarlo al Organismo competente de la Administración
Pública, quien podrá establecer al usuario un plazo para la mejora de su factor de potencia, y si no se
cumpliera el plazo establecido, resolver la aplicación de recargos pudiendo llegar a ordenar la suspensión
del suministro en tanto no se mejore la instalación en la medida precisa.
Los suministros acogidos a la tarifa 2.0 deberán disponer de los equipos de corrección del factor de
potencia adecuados para conseguir como mínimo un valor medio del mismo de 0,80; en caso contrario, la
empresa suministradora podrá instalar, a su costa, el contador correspondiente y efectuar en el futuro la
facturación a este abonado con complemento por energía reactiva en los períodos de lectura real en los que
el coseno de (cos ) medio sea inferior a 0,8.
Cuando la instalación de un abonado produzca efectos capacitivos que den lugar a perturbaciones
apreciables en la red de suministro o de transporte, cualquier afectado por las perturbaciones podrá ponerlo
en conocimiento del Organismo competente, el cual, previo estudio de aquéllas, recabará del abonado su
corrección y le fijará un plazo para ello. En caso de no hacerlo así se aplicarán las medidas que procedan,
pudiendo llegar -en aplicación de las condiciones de carácter general de la póliza de abono- a ordenar la
suspensión de suministro de energía eléctrica en tanto no se modifique la instalación.
en la que: Wa= Cantidad registrada por el contador de energía activa, expresada en kWh.
Wr= Cantidad, registrada por el contador de energía reactiva, expresada en kVArh.
Los valores de esta fórmula se determinarán con dos cifras decimales y el redondeo se hará por defecto o
por exceso, según que la tercera cifra decimal despreciada sea o no menor que 5.
Recargos y bonificaciones.
Cuando la misma dé un resultado negativo se aplicará una bonificación en porcentaje igual al valor
absoluto del mismo. La aplicación de esta fórmula da los resultados siguientes para los valores de cos que
a continuación se indican. Los valores intermedios deben obtenerse de la misma fórmula y no por
interpolación lineal.
1,00 - 4,0
0,95 - 2,2
0,85 2,5 -
0,8 5,6 -
0,75 9,2 -
0,70 13,7 -
0,65 19,2 -
0,60 26,2 -
0,55 35,2 -
0,5 47,0 -
Tanto el término de potencia como el término de energía, para las distintas tarifas, están en constante
variación, no obstante vamos a dar un resumen de las distintas tarifas para baja tensión junto con los
valores corespondientes, para el año 1.999.
(1)Para la tarifa 2.N, los recargos y descuentos que se tomaban según el Tipo 0, han sido anulados, y en su
lugar se aplican directamente los precios a la energía consumida en cada uno de los períodos horarios, que
se indican en la tabla.
ALQUILER DE CONTADORES
SIMPLE TARIFA DISCRIMINACIÓN HORARIA
Monofásico
1.0 95 212
Monofásico DobleTarifa
Activa
Trifásico Doble
Resto 103 424
Tarifa
Trifásico Triple
Trifásico Activa 291 532
Tarifa
Monofásico Reactiva 137 Contactor 29
Trifásico Reactiva 325 Reloj Horario 175
Todo lo dicho hasta aquí puede quedar suficientemente aclarado con un par de ejemplos.
EJEMPLO 1
Un abonado con suministro en baja y tarifa 2.0 (vivienda), tiene una potencia contratada de 6,6 kW y ha
tenido un consumo bimestral, medido por contador, de 1.045 kWh. Suponiendo que el contador es de su
propiedad y por lo tanto no paga alquiler. ¿De qué importe será la factura que tiene que pagar?
TOTAL...………………….........21.113 ptas.
EJEMPLO 2
Un abonado con suministro en baja y tarifa 3.0, tiene una potencia contratada de 23 kW, no dispone de
contadores para discriminación horaria (Tipo 1) y sí tiene contador de activa y de reactiva de su propiedad.
El consumo bimensual ha sido de 5.836 kWh de activa y 6.230 de reactiva. ¿De qué importe es el recibo
que tiene que pagar?
Por no tener contador para la discriminación horaria, tiene un recargo del 20% sobre el término de
energía.
le corresponderá un recargo:
4. INTERRUPTORES
4.1. INTERRUPTORES
Para interrumpir la corriente en un receptor monofásico, es suficiente abrir éste en un solo punto, por
medio de un interruptor unipolar, pero procediendo así no lograremos aislar el receptor de la línea, puesto
que éste queda al potencial de la fase no cortada.
Para lograr aislar por completo un receptor o una instalación cualquiera, es necesario abrir el circuito por
tantos puntos como conexiones tenga con la línea que lo alimenta. Así, pues, los interruptores unipolares
solamente se utilizarán en pequeños receptores de uso doméstico, debiendo utilizar en los demás casos
interruptores con tantos polos como conductores lo alimentan.
Las condiciones exigidas a un buen interruptor deberán ser inicialmente las siguientes:
1) Que las superficies de las piezas que realizan el contacto eléctrico, sean suficientes
para dejar paso a la intensidad nominal prevista en el circuito donde ha de ser colocado, sin
provocar excesivas elevaciones de temperatura.
2) Que el arco de ruptura, que sin duda se formará cuando abramos el circuito, se extinga
lo más rápidamente posible, de manera que no forme arco permanente, ya que de lo
contrario se destruirían rápidamente los contactos.
La primera condición se logra dimensionando ampliamente la superficie de las piezas que forman el
contacto eléctrico, procurando que sea lo más perfecta posible y haciendo que exista una cierta presión
entre dichas piezas. Así, podremos decir que la intensidad nominal que puede circular por los contactos de
un interruptor, es directamente proporcional a la superficie de los contactos y a la presión ejercida sobre
ellos.
La rápida extinción del arco se logra con gran sencillez cuando la tensión e intensidad nominal del
interruptor son pequeñas. Por el contrario, en interruptores para elevadas tensiones e intensidades, la
dificultad en extinguir el arco crece enormemente según estas dos variables.
Cuando un interruptor en servicio está cerrado, existe una cierta presión entre sus contactos que hace
que la superficie de contacto sea máxima y por tanto la corriente que por el circula lo hará con una densidad
de corriente mínima (mínima elevación de la temperatura). En la maniobra de apertura, al iniciarse el
despegue de los contactos, lo primero que se obtiene es una disminución de presión con el consiguiente
aumento de la densidad de corriente. En el instante de la separación de los contactos, la finísima capa de
aire que los separa es atravesada por la corriente, provocando una rápida elevación de temperatura que da
lugar a un resplandor azulado extremadamente brillante de la chispa, a la vez que se tiene un elevado
campo eléctrico entre los contactos capaz de producir una fuerte emisión de electrones en el contacto que
hace el papel de cátodo.
El arco se manifiesta como una columna gaseosa incandescente según una trayectoria aproximadamente
rectilínea entre los electrodos, cuyo núcleo alcanza temperaturas comprendidas entre 6.000 y 10.000 ºC. Al
mismo tiempo, y dada la constitución de los arcos eléctricos, podemos decir que son conductores y
extremadamente móviles, es decir, que se desplazan fácilmente bajo el efecto de corrientes de aire y
campos magnéticos.
Durante el tiempo tr que dura la apertura del interruptor, existen infinitos pares de valores (er ; ir ) que
determinan la potencia desarrollada por el arco en cada instante, por lo tanto, el trabajo de ruptura
No conociendo las funciones de variación de er e ir, no podremos conocer el trabajo de ruptura, por lo que
deberemos obtenerlo de una forma experimental. Así, siendo Er e Ir la tensión e intensidad máxima por el
interruptor, el trabajo de ruptura será inferior a Er . Ir . tr, pudiendo admitir que:
Sustituyendo:
En la mayor parte de los interruptores, la velocidad de separación de los contactos la dan muelles
antagonistas capaces de imprimir a los contactos velocidades de separación relativamente grandes, y por lo
tanto, tiempos de corte pequeños, del orden de centésimas de segundos.
La separación necesaria para que los contactos puedan cortar el arco, depende del medio donde éste se
produce. El medio es generalmente el aire, sobre todo en interruptores de baja tensión, pero encontraremos
casos en los que el medio es el vacío, aceite mineral, exafluoruro de azufre, etc.
Por otra parte, dada la gran facilidad de desplazamiento del arco eléctrico, en algunas ocasiones veremos
como ciertos interruptores disponen de dispositivos para alargar artificialmente el arco, consiguiendo una
longitud del arco mayor que la que correspondería en condiciones normales. El soplado de aire a presión o
magnético, son los procedimientos más comúnmente utilizados.
4.2. CONTACTORES
Podemos definir un contactor como un aparato mecánico de conexión y desconexión eléctrica, accionado
por cualquier forma de energía, menos manual, capaz de establecer, soportar e interrumpir corrientes en
condiciones normales del circuito, incluso las de sobrecarga.
Las energías utilizadas para accionar un contactor pueden ser muy diversas: mecánicas, magnéticas,
neumáticas, fluídricas, etc.. Los contactores corrientemente utilizados en la industria son accionados
mediante la energía magnética proporcionada por una bobina, y a ellos nos referimos seguidamente.
Un contactor accionado por energía magnética, consta de un núcleo magnético y de una bobina capaz de
generar un campo magnético suficientemente grande como para vencer la fuerza de los muelles
antagonistas que mantienen separada del núcleo una pieza, también magnética, solidaria al dispositivo
encargado de accionar los contactos eléctricos.
Así pues, característica importante de un contactor será la tensión a aplicar a la bobina de accionamiento,
así como su intensidad ó potencia. Según sea el fabricante, dispondremos de una extensa gama de
tensiones de accionamiento, tanto en continua como en alterna siendo las más comunmente utilizadas, 24,
48, 220, y 380. La intensidad y potencia de la bobina, naturalmente dependen del tamaño del contador.
Cuando el fabricante establece la corriente característica de un contactor, lo hace para cargas puramente
óhmicas y con ella garantiza un determinado número de maniobras, pero si el cos de la carga que se
alimenta a través del contactor es menor que uno, el contactor ve reducida su vida como consecuencia de
los efectos destructivos del arco eléctrico, que naturalmente aumentan a medida que disminuye el cos .
Por lo general, los contactores que utilicemos referirán sus características a las recomendaciones C. E. I
(Comité Electrotécnico Internacional), que establecen los siguientes tipos de cargas:
AC-2 Para cargar inductivas (cos = 0.65) .Arranque e inversión de marcha de motores de anillos
rozantes.
AC-3 Para cargas fuertemente inductivas (cos = 0.35 a 0.65). Arranque y desconexión de motores de
jaula.
AC-4 Para motores de jaula: Arranque, marcha a impulsos y frenado por inversión.
Por ejemplo, el contactor de 25 A. al que nos referíamos anteriormente, corresponde al modelo AC 3-9 de
Sprecher, el cual en AC-1 puede controlar una potencia de 16 kW. a 380 V., mientras que en AC-3
solamente puede controlar 4 kW. a 380 V.
La función memoria en su forma más simple la hemos representado como aplicación al accionamiento de
un motor trifásico. Este circuito consta de dos pulsadores, uno de marcha (M) normalmente abierto y otro de
paro (P) normalmente cerrado; asímismo, dispone de un contactor con cuatro contactos normalmente
abiertos, tres para el accionamiento del motor y uno para el control de la función memoria. Al pulsar M, la
bobina del contactor se excita, el contactor cierra sus contactos y por tanto el contacto R de retención de la
función memoria retiene la alimentación aunque dejemos de pulsar M (motor en marcha). Si por alguna
circunstancia pulsamos P la alimentación de la bobina del contactor queda cortada, el contacto de retención
se abre quedando la función memoria en situación de reposo (motor parado).
Los interruptores automáticos son aparatos destinados a establecer e interrumpir circuitos eléctricos, con
la particularidad de que precisan una fuerza exterior que los conecte pero que se desconectan por sí
mismos, sin deteriorarse, cuando el circuito en que se hallan presenta ciertas anomalías a las que son
sensibles.
El dispositivo térmico permite trabajar en la zona A pero no llegar a la zona B. La interrupción del circuito
se efectúa siempre cuando las condiciones de trabajo llegan a la zona rayada que marca la separación
entre ambas. Esta zona rayada marca las tolerancias lógicas que tendrá la fabricación de este tipo de
aparatos.
Así, pues, en la curva de la figura 2, que citamos a título de ejemplo, circulando una intensidad de 3A., el
interruptor no desconectaría nunca.
Con 10A. iniciaría la desconexión a los 35 seg., y con 30 A. la desconexión se iniciará a los 15 seg.
La forma y límites de la curva característica de un interruptor térmico varía según la técnica empleada en
el sistema de caldeo de la bilámina.
Son interruptores automáticos que reaccionan ante sobreintensidades de alto valor, cortándolas en
tiempos lo suficientemente cortos como para no perjudicar ni a la red ni a los aparatos asociados a ella.
Para iniciar la desconexión se sirven del movimiento de un núcleo de hierro dentro de un campo
magnético proporcional al valor de la intensidad que circula.
Así pues, para la curva ejemplo de la figura 3, cualquier intensidad menor de 4,25 A, no provocaría la
desconexión, por más tiempo que estuviera circulando. En cambio, para cualquier intensidad mayor de 4,75
A, provocaría la desconexión inmediata.
El límite inferior de la curva (unos 4 milisegundos), viene determinado por el tiempo que transcurre desde
el instante de establecimiento de la intensidad, hasta la extinción del arco. Este tiempo marca la inercia
mecánica y eléctrica propia de estos aparatos.
Generalmente, los interruptores automáticos combinan varios de los sistemas de protección descritos, en
un solo aparato. Los más utilizados son los magneto-térmicos.
Poseen tres sistemas de desconexión: manual, térmico y magnético. Cada uno puede actuar
independientemente de los otros, estando formada su curva de disparo por la superposición de ambas
características, magnética y térmica.
Como en casos anteriores, la zona de tolerancia delimita las dos zonas características de "no
desconexión" y de "segura desconexión". Así, para una intensidad 2,5 In podría suceder la desconexión
entre los 15 y los 60 sg, siendo correcto cualquier tiempo intermedio de disparo.
Mecánicamente, podemos decir que estos interruptores disponen de desconexión libre, es decir, que
cuando se produce una desconexión, ya sea por sobrecarga o cortocircuito, el aparato desconecta aunque
se sujete la manecilla de conexión.
Para los magneto-térmicos bipolares o tripolares, podemos decir también que cuando una fase es
afectada en la desconexión, ésta se efectúa simultáneamente en todos los polos mediante transmisión
interna, independiente de la pieza de unión entre manecillas.
Si comparamos los fusibles con los magneto-térmicos, veremos cómo estos últimos presentan una mayor
seguridad y prestaciones ya que interrumpen circuitos con más rapidez y capacidad de ruptura que los
fusibles normales. Después, a la hora de restablecer el circuito, no se precisa ningún material ni persona
experta, basta presionar un botón o mover un resorte que se halla perfectamente aislado y visible.
Por contra, un fusible requiere el gasto de compra de un cartucho nuevo, su colocación en la base,
sometida a tensión y una persona lo bastante capacitada para efectuar estas operaciones. Estas molestias
ocasionadas por la fusión de un fusible, llevan en muchas ocasiones a colocar cartuchos inadecuados, por
personas inexpertas, ignorando el peligro que esto puede ocasionar a las personas y aparatos que con él
van asociados.
Cuando se trata de magneto-térmicos tripolares, si una fase sufre perturbaciones, al disparar su polo
arrastra a los otros dos y desconecta completamente el sistema. Si este circuito se hubiera protegido sólo
con tres fusibles, se fundiría el correspondiente a la fase perjudicada y dejaría a todo el sistema en marcha
con sólo dos fases, con los consiguientes peligros de averías que tal estado acarrea en determinados
circuitos.
Con todo lo dicho anteriormente no pretendemos descalificar los fusibles, pero sí podemos asegurar que
su utilización se vio notablemente reducida después de la aprobación, en 1973, del Reglamento
Electrotécnico de Baja Tensión, el cual regulaba la utilización de estos aparatos. La fabricación masiva de
los magneto-térmicos hace que su actual precio sea realmente sugestivo, por lo que muchos proyectistas no
tienen reparo en colocarlos donde hasta no hace mucho colocaban fusibles.
Naturalmente los fusibles son imprescindibles en cuadros generales de protección y en todos aquellos
casos en que se desee una protección adicional.
Según sean los límites que posea la curva característica de un magneto-térmico, así será su
comportamiento, debiendo adaptar en cada caso el aparato correspondiente a las peculiaridades del circuito
que se pretenda proteger.
En España está en vigor la norma EN que especifica una serie de curvas características para los
magneto-térmicos, tales como son:
A continuación se exponen cada una de las curvas por separado, estudiando para cada una de ellas la
forma que presentan y las aplicaciones en las que se utilizan.
CURVA B
Estos magnetotérmicos actuan entre 1,1 y 1,4 veces la intensidad nominal In en la zona térmica y en su
zona magnética entre un 3 In y 5 In, o 3,2 In y 4,8 In, según el tipo de aparato, de acuerdo con las normas EN
60.898 y EN 60947.2, respectivamente. Permiten realizar la protección de las personas para longitudes
mayores que con la curva C, siendo indicado para instalaciones de líneas y generadores.
Así, por ejemplo, en un magnetotérmico de intensidad nominal 10A, para una intensidad de 20A., la
desconexión la efectuará el elemento térmico en un tiempo comprendido entre 20 sg. y 200 seg. Para una
intensidad de 50A, la desconexión la efectuará el elemento magnético en un tiempo del orden de
comprendo entre 0,01 y 0,009 seg.
CURVA C
Estos magnetotérmicos actuan entre 1,13 y 1,45 veces la intensidad nominal en su zona térmica y en su
zona magnética entre 5 In y 10 In, o 7 In y 10 In, según el tipo de aparato, de acuerdo con las normas EN
60.898 y EN 60947.2, respectivamente. Se aplican para evitar los disparos intempestivos, en el caso de la
protección de receptores, que presentan, una vez en servicio, puntas de corriente de cierta consideración.
Se utilizan en las instalaciones de líneas-receptores.
CURVA D
Estos magnetotérmicos actuan en la zona térmica con sobrecargas comprendidas entre 1,1 y 1,4 In y en
su zona magnética actúan entre 10 In y 14 In, de acuerdo con las normas EN 60.898 y EN 60947.2. Son
adecuados para instalaciones que alimentan receptores con fuertes puntas de arranque.
CURVA MA
Curva de disparo magnético exclusivamente, con un valor de 12 In, de acuerdo con la norma EN 60947.2.
Se utilizan para la protección de motores. Los interruptores automáticos equipados con esta curva no son
interruptores magnetotérmicos, ya que carecen de protección térmica.
CURVA Z
Estos magnéticos actúan entre 2,4 In y 3,6 In, de acuerdo con las normas EN 60.898 y EN 60947.2. Se
utilizan para proteger instalaciones con receptores electrónicos.
CURVA UNESA(ICP)
El disparo térmico actúa entre 1,13 y 1,45 veces la In, siendo éste común para todas las curvas. El
disparo magnético actúa entre 3,9 In y 8,9 In. Se emplean como Interruptores de Control de Potencia (ICPM).
En uso general equivaldría a los interruptores de curva C. Esta curva no está englobada en la norma EN,
sino en la recomendación UNESA: RU 6101B.
Todos los magneto-térmicos utilizados como ICPM deberán poder ser identificados por su parte frontal
y, además de estar homologados oficialmente y cumplir el Reglamento de Verificaciones Eléctricas, llevarán
grabadas las siguientes características:
Las intensidades nominales de los magneto-térmicos más corrientemente utilizados son las siguientes:
,2
5 In - 0,2
Referente al poder de corte de los magneto-térmicos, las normas exigen un poder de corte superior a los
4500 A., valor superado ampliamente por la mayoría de las casas fabricantes de estos aparatos.
Según la norma VDE-0100 los interruptores automáticos deben protegerse contra sobreintensidades que
rebasen su poder de corte. Por tal motivo en la caja general de protección de una instalación se colocan
fusibles del tipo -gl- cuyo poder de corte supera los 50 kA.
Son interruptores automáticos que evitan el paso de corriente de intensidad peligrosa por el cuerpo
humano. La peligrosidad de los efectos que se pueden producir depende de la intensidad de la corriente y
de su duración, tal como se determina en el gráfico de la figura 1.
En dicho gráfico, si fijamos una intensidad circulante en mA., y un tiempo de duración en ms., se nos
determina un punto. Si este punto se halla en la zona A, los efectos que se producirán serán inofensivos
para personas normales. Si se halla en la zona B, ocasionará molestias que pueden ser peligrosas, y si se
halla en la zona C podrá resultar mortal, ya que puede ocasionar inconsciencia o fibrilación ventricular.
Por ejemplo, vemos en el gráfico que una intensidad de 310 mA., según actúe durante 40, 80 o 400 ms.
está situada en la zona A, B ó C.
La intensidad circulante por el cuerpo humano viene limitada por una parte, por la resistencia propia del
cuerpo (unos 550 ohmios mínimo) y por otra, por la resistencia del contacto con las zonas en tensión. Para
el caso más desfavorable de resistencia del cuerpo y suponiendo un contacto perfecto, la intensidad
circulante será máxima.
Los diferenciales se basan en una característica de los circuitos bifásicos o trifásicos, en los que la suma
de las intensidades debe ser cero cuando no existen fugas. Cuando por algún motivo la suma de
intensidades no es cero, en la bobina auxiliar aparece una tensión que aplicada a una pequeña bobina,
acciona un pivote que a su vez acciona el dispositivo mecánico que abre los contactos principales del
circuito. Según sea el valor de la intensidad de desequilibrio que acciona el diferencial, así se definirá su
sensibilidad. Normalmente se fabrican de dos sensibilidades, 30 y 300 mA.
Referente al dispositivo de disparo automático es del tipo llamado de "libre mecanismo", es decir, que aun
reteniendo el correspondiente mando en la posición de circuito cerrado, éste se abre si aparece el defecto
correspondiente.
La intensidad nominal que puede controlar un diferencial, depende de las dimensiones de los contactos
principales, y se fabrican con intensidades comprendidas entre 25 y 63 A. , siendo el más corriente el de
40A., por ser el que se suele utilizar en viviendas.
Se fabrican dos modelos de diferenciales, uno de dos polos para suministros bifásicos y otro de cuatro
polos para los suministros trifásicos con neutro.
Según normas VDE-0100, los diferenciales deben de disponer de un botón de prueba mediante el cual
se provoca una fuga igual a la sensibilidad del aparato y por tanto su desconexión inmediata. La finalidad de
este pulsador es la de permitir al usuario comprobar periódicamente el correcto funcionamiento del
interruptor diferencial.
Para intensidades superiores a los 63A., los diferenciales suelen utilizarse de forma indirecta, es decir, la
señal diferencial obtenida de un toroidal es utilizada para accionar un contacto conmutado, encargado de
accionar la bobina de emisión o la de mínima tensión del magneto-térmico de línea.
Este tipo de diferenciales suele fabricarse según una extensa gama de prestaciones, por lo que resulta
difícil generalizar.
En la figura vemos un modelo de Circutor que tiene la particularidad de poder regular la sensibilidad y el
tiempo de retardo de desconexión del diferencial.
Los cortacircuitos fusibles son el medio más antiguo de protección de los circuitos eléctricos y se basan
en la fusión por efecto de Joule de un hilo o lámina intercalada en la línea como punto débil.
Los cortacircuitos fusibles o simplemente fusibles son de formas y tamaños muy diferentes según sea la
intensidad para la que deben fundirse, la tensión de los circuitos donde se empleen y el lugar donde se
coloquen.
El conductor fusible tiene sección circular cuando la corriente que controla es pequeña, o está formado
por láminas si la corriente es grande. En ambos casos el material de que están formados es siempre un
metal o aleación de bajo punto de fusión a base de plomo, estaño, zinc, etc.
Los fusibles de tipo gl se utilizan en la protección de líneas, estando diseñada su curva de fusión
"intensidad-tiempo" para una respuesta lenta en las sobrecargas, y rápida frente a los cortocircuitos.
Los fusibles de tipo aM, especialmente diseñados para la protección de motores, tienen una respuesta
extremadamente lenta frente a las sobrecargas, y rápida frente a los cortocircuitos. Las intensidades de
hasta diez veces la nominal (10 In) deben ser desconectadas por los aparatos de protección propios del
motor, mientras que las intensidades superiores deberán ser interrumpidas por los fusibles aM.
La intensidad nominal de un fusible, así como su poder de corte, son las dos características que definen a
un fusible.
Un gran inconveniente de los fusibles es la imprecisión que tiene su curva característica de fusión frente a
otros dispositivos que cumplen el mismo fin, tales como los interruptores automáticos. Esto equivale a decir
que la banda de dispersión de los fusibles es mayor que la de los interruptores automáticos, pese a que el
fabricante solamente facilita la curva media de los fusibles.
Otro inconveniente de los fusibles es la facilidad que tienen de poder ser usados con una misma
disposición de base, hilos o láminas no adecuadas.
Así mismo, la independencia de actuación de los fusibles en una línea trifásica supone un serio problema,
ya que con la fusión de uno de ellos se deja a la línea a dos fases, con los inconvenientes pertinentes que
ello conlleva.
La selectividad entre fusibles es importante tenerla en cuenta, ya que de ello dependerá el buen
funcionamiento de los circuitos. Idéntico problema se nos presentara con la selectividad de los interruptores
autmáticos.
Entre la fuente de energía y el lugar de defecto suele haber varios aparatos de protección contra
cortocircuitos. Para desconectar la zona afectada, es necesario que los fusibles reaccionen de forma
selectiva, es decir, debe desconectar primero el fusible más próximo al lugar de defecto. Si por alguna
causa este fusible no responde correctamente, debe actuar el siguiente, y así sucesivamente.
La selectividad entre dos fusibles se determina gráficamente mediante la comparación de ambas
características de disparo; para ello, las curvas, a la misma escala, no deben cortarse ni ser tangentes. Esto
es cierto en el caso de sobrecargas y pequeñas intensidades de cortocircuito, pero no lo es en el caso de
intensidades muy grandes de cortocircuito, ya que aquí los tiempos de fusión son extremadamente cortos y
solamente es posible la selectividad en fusibles con una notable diferencia de valor nominal de la
intensidad.
Según la norma VDE 0636, los fusibles cuyas intensidades nominales se encuentren en la relación 1:1.6,
deben de poder desconectar de forma selectiva.
La norma CEI 269-2, no es tan exigente, y dice que sólo los fusibles cuyas intensidades nominales estén
en la relación 1:2 pueden desconectar de forma selectiva.
La intensidad nominal mínima del fusible de protección de un motor se determina a partir de la intensidad
de arranque y del tiempo de arranque del mismo. En un arranque normal un fusible no debe fundir ni
envejecer.
En los motores de jaula (arranque directo) la intensidad de arranque es aproximadamente de 4 a 8 veces
la intensidad nominal. El tiempo de arranque depende del par de giro del motor y del momento de inercia de
todas las masas a acelerar; este tiempo suele estar comprendido entre 0,2 y 4 segundos, pudiendo ser
mayor en casos especiales de "arranque difícil".
En los motores de anillos rozantes y motores de jaula con arranque estrella-triángulo, la intensidad de
arranque suele estar comprendida entre 1,1 y 2,8 veces la intensidad nominal. El tiempo de arranque en
estos casos varía muy ampliamente.
Para tiempos de arranque de hasta 5 segundos, la intensidad nominal del fusible puede ser igual a la
intensidad nominal de empleo del motor, pero para valores iguales o superiores es conveniente determinar
la intensidad nominal del fusible, teniendo en cuenta las curvas características intensidad-tiempo de
arranque del motor y del relé térmico de protección.
Seguidamente veamos el caso de un motor cuya intensidad de arranque es seis veces el valor nominal y
el tiempo es de cinco segundos.
La intensidad nominal mínima del fusible la podemos obtener mediante la intersección de dos líneas, la
determinada por el tiempo de arranque tA y la correspondiente a 0,85 de la intensidad nominal IA. El punto
así determinado nos marca el límite inferior de la banda de dispersión del fusible, por lo tanto el fusible
elegido deberá pasar por encima de este punto.
Observando la curva característica de la protección térmica F1 y la curva característica del fusible elegido
F2, podremos observar cómo la actuación de relé térmico se extiende hasta diez veces la intensidad nominal
(intersección de F1 con F2), y a partir de este valor será el fusible el encargado de proteger el motor.
2º) Al valor de resistencia que resulte deberá sumarsele el valor del hilo neutro,
cuando el cortocircuito sea entre fase y neutro, y multiplicarlo por cuando el
cortocircuito sea entre dos fases.
Así, según vemos en la figura, inmediatamente después del transformador tenemos un interruptor
automático, dividiéndose el circuito en dos ramales, con sendas derivaciones a motores y resistencias de
calefacción. Hasta llegar a los receptores, existen una serie de protecciones selectivas y en cada uno de
estos puntos deberemos calcular la intensidad de cortocircuito para poder dimensionar correctamente cada
una de las protecciones.
Estas curvas solamente son válidas para transformadores cuya tensión de salida sea de 220/380 V.
EJEMPLO DE CALCULO
Sea una nave industrial alimentada a 220/380 V. mediante un transformador de 400 kVA. Suponiendo
que el cable de salida del transformador es de cobre de sección 3,5x200 mm2. y de 23 metros de longitud,
calculemos el poder de corte del interruptor automático en ese punto.
La resistencia óhmica del cable utilizado, será:
Puesto que el cortocircuito se supone entre dos fases, este resultado hay que multiplicarlo por
Las curvas características determinan para una resistencia de la línea de 0,0034 y un transformador de
400 kVA., una intensidad de cortocircuito de 12.000 A.
Según esto, elegiremos un interruptor automático con un poder de corte de 12.000 A y si este valor no
existe comercialmente deberemos elegir el inmediatamente mayor que encontremos.
Cualquier cortocircuito que se produzca después será de intensidad menor, ya que la resistencia
intercalada será mayor, debiendo seguir el mismo criterio de cálculo para los sucesivos puntos
Según establece el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión en la norma MIBT 010, en lo que se
refiere a suministros en baja tensión, la carga por vivienda depende del grado de electrificación que quiera
alcanzarse.
A efectos de la previsión de carga por vivienda, se establecen los siguientes grados de electrificación:
ELECTRIFICACIÓN MÍNIMA
Con una previsión de demanda máxima de 3 kW., permite una utilización de cargas fijadas en dicha
norma.
El grado de electrificación de las viviendas, será el que desee el propietario de acuerdo con su utilización,
pero este vendrá determinado como mínimo por la superficie de la vivienda. Así, para una electrificación
mínima, se considera como límite de aplicaciones una superficie máxima de 80 m2.
Esquema general:
- Un circuito destinado a puntos fijos de luz y a las tomas de corriente para alumbrado.
ELECTRIFICACIÓN MEDIA
Con una previsión de demanda máxima de 5 kW., permite una utilización de cargas fijadas en dicha
norma.
Se considera en este caso para límite de aplicaciones una superficie máxima de 150 m2.
Esquema general:
ELECTRIFICACIÓN ELEVADA
En electrificación elevada se considera para límite de aplicaciones una superficie máxima de la vivienda
de 200 m2.
Esquema general:
- Dos circuitos destinados a puntos fijos de luz y a tomas de corriente para alumbrado.
ELECTRIFICACIÓN ESPECIAL
Está destinado a viviendas con gran número de electrodomésticos o bien con potencias elevadas de
estos, o bien con sistema de calefacción y de acondicionamiento de aire de gran consumo.
40 15 8,8 8,8
45 9,9 9,9
50 11 11
63 13,8 13,8
- Locales comerciales.
- Conjunto de viviendas.
* Ascensores.
* Montacargas.
* Alumbrado del portal, escalera y todo el servicio eléctrico general del edificio.
Se efectúa multiplicando el número de éstas por la potencia máxima prevista en cada una de ellas, y a su
vez por un coeficiente de simultaneidad (ya que no existe coincidencia de demandas máximas).
2a4 1 0,8
5 a 15 0,8 0,7
15 a 25 0,6 0,5
* Edificios comerciales y de oficinas 100 W/m2 y por planta y con un mínimo por abonado
de 5 kW.
Los receptores empleados tanto en las industrias como en las viviendas son de carácter óhmico-
inductivos y a veces fuertemente inductivos (lámparas de descarga, motores, transformadores, etc.). Factor
que supone un cos bajo, lo que conduce a las Compañías Suministradoras a aplicar tarifas especiales a
aquellos abonados cuyas instalaciones tengan un cos bajo.
Los contratos para suministro a viviendas suelen tener un cos próximo a la unidad, mientras que casi
todos los contratos de uso industrial suelen tener un cos muy bajo.
Según la legislación actual, todos los abonados exceptuando a aquellos incluidos en las tarifas 1.0 y 2.0,
están sujetos a una penalización (recargo) o a una bonificación, atendiendo al consumo de energía reactiva.
La compañía tendrá opción a colocar por su cuenta un contador de energía reactiva, como medio para
poder garantizar la mayor exactitud en la aplicación del cos , cobrando por dicho contador el alquiler
mensual legalmente autorizado. En caso contrario a la colocación de dicho aparato, se verá obligada a
determinar el factor de potencia en función de los motores, lámparas de descarga y equipos de soldadura
que tenga instalados el abonado.
El abonado podrá instalar por su cuenta el citado contador, obteniéndose en un caso u otro un factor de
potencia resultado de las lecturas de los contadores de activa y reactiva.
cos 1,00 0,95 0,90 0,85 0,80 0,75 0,70 0,65 0,60 0,55 0,50
Recar. - - 0,00 2,50 5,60 9,20 13,7 19,2 26,6 35,2 47
Bonif. -4,00 -2,20 - - - - - - - - -
La potencia consumida por una instalación trifásica, viene determinada por las siguientes expresiones:
Expresiones de las cuales se puede deducir que la Intensidad aparente (I) en una instalación, aumenta a
medida que disminuye el cos .
Para una misma potencia activa (Wa), solicitada de la Compañía Suministradora, la potencia aparente
(Wap) absorbida será tanto mayor cuanto menor sea el factor de potencia de la instalación, con el
consiguiente aumento de la corriente que circula por la línea de suministro. Esto obliga a la Compañía a
aumentar la sección de las líneas, resultando económicamente caro; de ahí la conveniencia de limitar el
valor mínimo del cos , e intentar elevarlo cuanto sea posible, cercano a la unidad sería el ideal de
funcionamiento.
El cos de un receptor es una característica imposible de modificar, por ser propia de este, luego para
que una instalación pueda trabajar en su conjunto con un mejor factor de potencia, habrá que modificar las
condiciones externas de los receptores.
Las cargas óhmicas contribuyen a mejorar el cos , ya que a la Wa del receptor o receptores, de bajo
cos , se le suma la citada carga obteniéndose según la figura:
Esta solución no es muy práctica, ya que mejoramos el factor de potencia a costa de aumentar la
potencia activa consumida, aunque sí que nos sirve para aclarar el relativamente alto cos , que tendrá
una instalación con cargas fuertemente resistivas, caso que sucede en aquellas empresas que además de
motores, utilizan hornos de secado, caldeo o fusión de materiales, como es el caso de industrias de
plásticos, pinturas, etc.
Un condensador consume (suministra) una intensidad reactiva de signo contrario a la inductiva, de valor:
Atendiendo a las expresiones anteriores, los triángulos de intensidades y de potencias quedarán de las
siguiente manera:
La tg resultante será:
Como se puede observar, cuando la potencia reactiva del condensador sea igual a la consumida por la
instalación, el cos resultante será igual a la unidad (Wr = Wrc).
A la hora de montar los condensadores en una red trifásica, estos podrán disponerse según una conexión
estrella o triángulo. Así pues, veamos las capacidades que se necesitarán en uno y otro caso, para
compensar una misma potencia.
A) CONEXIÓN EN ESTRELLA
Como los condensadores en una conexión en estrella están sometidos a una tensión simple U,
obtenemos:
y despejando la capacidad:
B) CONEXIÓN EN TRIÁNGULO
Como los condensadores están conectados a tensión compuesta E por ser una conexión en triángulo,
obtenemos:
despejando la capacidad:
luego:
CONCLUSIONES
- Con una disposición de los condensadores en triángulo se demuestra que la capacidad necesaria es la
tercera parte de la que resultaría en estrella.
- Tan sólo un inconveniente que no es determinante para su colocación, es que al estar conectados en
triángulo estos soportan la tensión compuesta E, por tanto el dieléctrico utilizado tendrá que tener mayor
volumen, cuestión que incrementará el precio de dichos condensadores.
Industrialmente los condensadores para la mejora del factor de potencia vienen determinados por la
potencia reactiva y por la tensión de funcionamiento.
En la compensación del factor de potencia de una instalación, nos encontraremos fundamentalmente con
dos casos claramente diferenciados:
En alumbrados públicos también podremos aplicar esta forma de compensación, ya que por lo general se
trata de un grupo relativamente grande de lámparas que funcionan todas ellas simultáneamente. No
obstante, en este caso podríamos discutir la forma de compensación más conveniente, ya que es posible
hacerla en bloque o lámpara a lámpara.
Compensando individualmente cada una de las lámparas, la intensidad por la línea queda notablemente
reducida (solamente la componente activa), con el consiguiente ahorro de sección. Bien es verdad, que el
ahorro de sección puede que no compense el hecho de que un bloque de condensadores suele costar
bastante menos que su equivalente en condensadores sueltos. En ausencia de otro razonamiento, en cada
caso en particular nos inclinaremos por el que resulte más económico.
La mayor parte de las instalaciones industriales utilizan una extensa gama de receptores con factores de
utilización muy variables, lo cual hace prohibitiva la solución de compensar uno a uno cada receptor. Por tal
motivo a partir de cierta complejidad de las instalaciones, es recomendable la utilización de reguladores
automáticos, capaces de ir poniendo o quitando una serie de bloques de condensadores que van
compensando dentro de ciertos límites la variación del factor de potencia de la instalación.
La mayor o menor precisión en la regulación del factor de potencia de una instalación, depende de tres
condiciones:
Un programa de conexión definido como 1.1.1.... quiere decir que los bloques de condensadores
utilizados en cada paso son todos iguales y por lo tanto, que el número de maniobras diferentes que se
puedan realizar es igual al de pasos. Así, con seis pasos, las maniobras diferentes que pueden hacerse
son:
Un programa de conexión 1.2.2.... quiere decir que los bloques de condensadores utilizados son todos
iguales a excepción del primero que tiene potencia mitad. De esta manera se consigue aumentar el número
de maniobras diferentes que pueden realizarse, aumentando con ello la precisión en la regulación. Por
ejemplo, un regulador de 6 pasos con un programa de conexión 1.2.2... puede realizar 11 maniobras
diferentes de compensación:
1 ; 2 ; 2 + 1 = 3 ; 2 + 2 = 4 ; 2 + 2 + 1 = 5 ; ... 2 + 2 + 2 + 2 + 2 + 1 = 11
Así pues, conociendo la potencia total capacitiva que deseamos inyectar en un circuito para mejorar el
factor de potencia, podremos conocer el valor de la potencia de cada bloque si conocemos el número de
pasos del regulador y el programa de conexión utilizado. Por ejemplo, una potencia capacitiva total a
inyectar de 42 kVA, por un regulador de 6 pasos y un programa de conexión 1.1.1... necesita 6 bloques de
condensadores de 7 kVA., pero si el programa de conexión es 1.2.2... necesitará un bloque de 42 / 11 = 3,8
kVA y cinco de 2 3,8 = 7.6 kVA.
Activa 10 10 10 10 10 10 10 10 10 10 10
Reactiva 100 90 80 70 60 50 40 30 20 10 0
cos 0.10 0.11 0.12 0.14 0.16 0.19 0.24 0.31 0.44 0.70 1
En este ejemplo comprobamos como una compensación mediante saltos de potencia de 10 en 10,
provoca variaciones muy pequeñas cuando actúa sobre factores de potencia pequeños, mientras que
cuando actúa sobre factores de potencia grandes, la influencia es mucho mayor. Esto nos demuestra que si
queremos tener una alta precisión en la regulación, deberemos iniciar la compensación sobre valores lo mas
altos posibles, naturalmente si ello es factible, y utilizar reguladores con el mayor número de pasos posible y
en programas del tipo 1.2.2...
La aparición de los microprocesadores en los procesos automáticos ha permitido crear reguladores para
el control de la energía reactiva, de características insospechadas, ya que se les puede hacer cumplir un
sinfín de condiciones que solamente es posible conseguir mediante este procedimiento.
Puede decirse que en España hay un único fabricante de reguladores, que fabrica unos modelos
determinados para varias marcas, tales como CIRCUTOR, ASEA, etc. El Modelo Computer 6 con seis
pasos de salida y el Computer 12 con doce pasos, son los modelos más corrientemente utilizados, pues
cumplen las necesidades de la mayor parte de las instalaciones.
La alimentación de estos reguladores puede hacerse a 220 ó 380 V y la señal que actúa sobre el
regulador se obtiene entre esta tensión y la obtenida a través de un transformador de intensidad de relación
X / 5.
Por lo general el factor de potencia de una instalación se suele compensar hasta alcanzar un valor de 0,9,
con lo cual la compañía suministradora no penaliza, ni bonifica, al abonado. El motivo por el cual no se
suele compensar a valores superiores se debe a que, en proporción, es necesario inyectar más energía
reactiva capacitiva para pasar de 0,9 a 1 que la necesaria para alcanzar 0,9, tal y como puede apreciarse en
la figura.
JORGE GUILLERMO TORES Pagina N°68
INSTALACIONES ELÉCTRICAS – AÑO 2002
Las seis o doce salidas de los reguladores, según los casos, se hacen a través de sendos relés, los
cuales pueden soportar tensiones de alimentación de hasta 220 V y 7,5 A.
El tiempo de conexión y desconexión entre pasos es seleccionable con el fin de adaptar mejor el
regulador a cada una de las distintas aplicaciones. Este tiempo de retardo a la conexión y desconexión Tr,
puede variarse mediante las cuatro posiciones que pueden adoptar dos puentes A y B situados en el circuito
electrónico del regulador. Asociado a este tiempo de retardo existe otro tiempo de seguridad Ts, el cual
proporciona un retardo entre la desconexión de un bloque de condensadores y su reconexión.
A B Tr Ts
si si 4 20
no si 10 50
si no 30 150
no no 60 300
no = No puenteado si = Puenteado
Estas y otras características más o menos importantes cumplen estos reguladores, realizando así un
importante papel económico en todas aquellas industrias que precisen de sus servicios.
Se define como "Toma de Tierra" a la unión eléctrica de un conductor con la masa terrestre. Esta unión
se lleva a cabo mediante electrodos enterrados, obteniendo con ello una toma de tierra cuya resistencia de
"empalme" depende de varios factores, tales como: superficie de los electrodos enterrados, profundidad de
enterramiento, clase de terreno, humedad y temperatura del terreno, etc.
Por otra parte, llamaremos "Puesta a Tierra", a la unión directa de determinadas partes de una instalación
eléctrica, con la toma de tierra, permitiendo el paso a tierra de las corrientes de falta o las descargas
atmosféricas.
Según la norma 039 MIBT correspondiente a puestas de tierra, se establecen las tomas de tierra con
objeto de:
1º) Limitar la tensión que con respecto a tierra puedan presentar las masas
metálicas en un momento dado.
3º) Eliminar o disminuir el riesgo que supone una avería en el material eléctrico
utilizado.
La puesta a tierra como protección va siempre asociada a un dispositivo de corte automático, sensible a
la intensidad de defecto, que origina la desconexión del circuito.
Así, la corriente a tierra producida por un defecto franco (resistencia de fuga nula, Rf = 0), debe hacer
actuar el interruptor automático magnetotérmico en un tiempo lo más reducido posible. Tal y como podemos
apreciar en la figura, la intensidad de fuga será igual a:
Si Rt es pequeña, la intensidad de fuga resultará ser grande, provocando el disparo del magnetotérmico
(ICP).
tensión que puede ser peligrosa para la persona que toque la envoltura metálica del receptor en cuestión.
Según el Reglamento de Baja Tensión, una masa cualquiera no debe estar a una tensión eficaz superior,
con respecto a tierra, de:
Por lo tanto, la sensibilidad de los diferenciales deberá ser, en cada caso, de:
Así, por ejemplo, a los diferenciales de 300 mA. les corresponderá una resistencia de tierra máxima, de:
Estos valores son en teoría, ya que en la práctica para las tomas de tierra se exige que tengan una
resistencia notablemente inferior.
Los electrodos utilizados para obtener una toma de tierra para aplicaciones de baja tensión, suelen tener
formas muy variadas, aunque los más comúnmente utilizados tienen forma de barra o de placa.
a) Placas enterradas. Las placas de cobre tendrán un espesor mínimo de 2 mm y las de hierro
galvanizado de 2,5 mm. En ningún caso la superficie útil de la placa será inferior a 0,5 m2. Se colocarán en
el terreno en posición vertical y en el caso en que sea necesaria la colocación de varias placas se separarán
unos 3 metros unas de otras.
Las más utilizadas son las de 0,5 m x 1 m y las de 1 m x 1 m. Para la puesta a tierra de apoyos de líneas
aéreas y columnas de alumbrado público, cuando lo necesiten, será suficiente electrodos que tengan en
conjunto una superficie de contacto con el terreno de 0.25 m2, con lo que se pueden utilizar de 0,5 m 0,5
m.
Las longitudes mínimas de estos electrodos no serán inferiores a 2 m. Si son necesarias dos picas
conectadas en paralelo con el fin de conseguir una resistencia de tierra admisible, la separación entre ellas
es recomendable que sea igual, por lo menos, a la longitud enterrada de las mismas; si son necesarias
varias picas conectadas en paralelo, la separación entre ellas deberá ser mayor que en el caso anterior.
- Pletinas de acero dulce galvanizado de, como mínimo, 100 mm2 de sección y 3 mm de
espesor,
- Alambres de acero, como mínimo, 20 mm2 de sección, cubiertos con una capa de cobre
de 6 mm2 como mínimo.
Con el fin de comprender de una manera más exacta el comportamiento de una buena toma de tierra,
veamos seguidamente algunos de los factores que intervienen en el valor definitivo de la resistencia de la
toma de tierra y de su estabilidad.
La composición química del terreno y el tamaño de las partículas que lo forman serán dos factores
decisivos sobre el valor de la resistividad del terreno.
De los datos ofrecidos en la tabla, pueden sacarse ideas y conclusiones muy interesantes. Por ejemplo,
puede deducirse que del tamaño de las partículas de que se compone el terreno depende el valor de su
resistencia. Así, la arena tiene una resistividad notablemente menor que la grava.
b) Humedad
El estado hidrométrico del terreno influye de forma muy apreciable sobre la resistividad: al aumentar la
humedad disminuye la resistividad y viceversa.
Por tal motivo, y con el fin de obtener valores estables de resistencia de la toma de tierra, se aconseja
profundizar lo más posible, para obtener terrenos con un grado de humedad lo más constante posible. En
ocasiones se puede llegar a alcanzar zonas de agua (nivel freático), en donde la resistencia de la toma de
tierra tendrá valores bajísimos y muy estables.
c) Temperatura
Las variaciones de temperatura también afectan al valor de la resistencia de la toma de tierra, de manera
que a temperaturas bajo cero, como consecuencia de la congelación del agua que contenga el terreno, los
electrolitos se ven inmovilizados, y la resistencia crece a valores muy grandes.
Este es un motivo más para recomendar que las tomas de tierra deben hacerse lo más profundas posible,
donde la temperatura del terreno alcanza valores estables. En profundidades del orden de 10 metros, la
temperatura solamente sufre ligeras variaciones a lo largo del año y suele estar comprendida entre 13 y
16ºC.
Como es lógico, al aumentar la salinidad de un terreno, la resistividad disminuye. Por este motivo no es
aconsejable regar con exceso los terrenos donde hay una toma de tierra, ya que las sales serán arrastradas
por el agua a zonas más profundas, disminuyendo su efecto.
Agregar al terreno carbón vegetal y cock, no perjudica en absoluto la obtención de una buena y estable
toma de tierra, no pudiendo decir lo mismo cuando se agregan al terreno otros elementos tales como sales y
ácidos que indudablemente mejoran la conductividad de los terrenos, pero que por ser altamente corrosivos,
al cabo de un tiempo relativamente corto, oxidan y destruyen la placa, con el consiguiente aumento de la
resistencia.
Con el fin de obtener una primera aproximación de la resistencia de tierra, los cálculos pueden efectuarse
utilizando los valores medios indicados en la Tabla I. La Tabla II da, a título de orientación, unos valores de
la resistividad para un cierto número de terrenos.
TABLA l
TABLA lI
Resistividad en
Naturaleza del terreno
.m
Terrenos pantanosos de algunas unidades a 30
Limo 20 a 100
Humus 10 a 150
Turba húmeda 5 a 100
Arcilla plástica 50
Margas y arcillas compactas 100 a 200
Margas del jurásico 30 a 40
Arena arcillosa 50 a 500
Arena silícea 200 a 3.000
Suelo pedregoso cubierto de césped 300 a 500
Suelo pedregoso desnudo 1500 a 3.000
Calizas blandas 100 a 300
Calizas compactas 1000 a 5000
JORGE GUILLERMO TORES Pagina N°76
INSTALACIONES ELÉCTRICAS – AÑO 2002
Bien entendido que los cálculos efectuados a partir de estos valores no dan más que un valor muy
aproximado de la resistencia de tierra del electrodo. La medida de resistencia de tierra de este electrodo
puede permitir, aplicando las fórmulas dadas en la Tabla III, estimar el valor medio local de la resistividad
del terreno; el conocimiento de este valor puede ser útil para trabajos posteriores efectuados en unas
condiciones análogas.
La tabla III nos muestra las distintas fórmulas para el cálculo de los electrodos típicos utilizados en las
tomas de tierra.
TABLA III
Pica vertical -
Malla de tierra -
siendo:
El sistema más económico y por lo tanto el más corrientemente utilizado para realizar una toma de tierra,
emplea como electrodos picas de acero cobreado de perfil cilíndrico de unos 15 mm. de diámetro y de 2
metros de longitud. Este tipo de electrodos es introducido en el terreno a base de pequeños golpes,
consiguiendo de esta manera tan simple, resistencias relativamente bajas.
Existen picas acoplables mediante rosca y manguito que podemos ir uniendo una detrás de la otra, hasta
que las mediciones obtenidas den el valor óhmico deseado. Se inicia el proceso clavando la primera pica de
extremo roscado, el cual se ha protegido de los golpes con el llamado tornillo-sufridera, pieza que se coloca
durante el clavado con objeto de proteger la rosca. Una vez clavada la primera pica, se quita la pieza de
protección de la rosca y mediante un manguito roscado se acopla la segunda pica, a la que a su vez se le
coloca también en su parte superior el tornillo-sufridera, para continuar con el clavado de la segunda pica.
Este proceso puede repetirse tantas veces como lo permita el terreno, pudiendo llegar, en terrenos blandos,
hasta profundidades de 10 y 15 metros.
Cuando la resistencia obtenida con una sola pica resulta excesivamente grande, puede recurrirse a la
colocación de varias picas en paralelo, debiendo tener en cuenta la separación entre picas para evitar
influencia entre ellas. Puesto que la resistencia de una sola pica es
siendo K un coeficiente que se obtiene de la figura adjunta, en la que D/L es la relación que existe entre
la separación entre picas y la longitud de cada pica.
Cuando tengamos que utilizar varias placas enterradas, deberemos tener cuidado de que esten
separadas al menos 3m, para evitar influencias. El agregar al terreno carbón vegetal y cock, no perjudica en
absoluto la obtención de una buena y estable toma de tierra, no pudiendo decir lo mismo cuando se
agregan otros elementos tales como sales y ácidos que indudablemente mejoran la conductividad de los
terrenos, pero que por ser altamente corrosivos, al cabo de un tiempo relativamente corto, oxidan y
destruyen la placa, con el consiguiente aumento de la resistencia.
Directamente sería imposible medir la resistencia de una toma de tierra, por lo que se hace precisa la
utilización de un aparato especial llamado "TELURÓMETRO".
TELURÓMETRO
Este aparato se basa en el método de compensación y funciona con un generador magneto de C.A, que
lleva un transformador en serie de relación exacta 1:1, es decir, que la intensidad por el primario es siempre
igual a la del secundario.
Según se muestra en la figura, disponiendo de dos pequeños electrodos clavados en el suelo, como
tomas de tierra auxiliares (R1, R2), además de la toma de tierra que queremos medir (Rt), ya pueden
establecerse las ecuaciones que resuelven el circuito eléctrico.
Dando vueltas a la manivela de la magneto y ajustando al mismo tiempo el potenciómetro de manera que
por el galvanómetro no pase intensidad, tendremos que esto sucederá cuando las tensiones E = r I2 y E = Rt
I1 sean iguales, pero como por otra parte, las intensidades también serán iguales I1 = I2 tendremos:
y por tanto:
Es decir, la resistencia que marque el potenciómetro será igual a la resistencia de la toma de tierra.
La particularidad de este método consiste en que la medición, se hace independientemente de las tomas
de tierra auxiliares que se realizan R1 y R2, aunque es aconsejable que R2 no sea muy grande, pues de ella
depende la intensidad I1, y esta no conviene que sea muy pequeña.
Estas tres tomas de tierra deberán estar separadas unas de otras unos 10 m. para evitar la influencia
entre ellas.
El telurómetro descrito corresponde a un modelo clásico de hace años; en la actualidad, basados en este
principio, se construyen modelos que sustituyen la magneto por generador a pilas y la lectura de las
mediciones se realiza, en algunos modelos, sobre un display digital.
La explotación óptima de la capacidad de los motores se hace cada día más necesaria por su gran
influencia en el concepto de rentabilidad de las instalaciones. Por otra parte, el mismo concepto exige que la
instalación sólo se pare en aquellos casos absolutamente imprescindibles. Esto requiere necesariamente el
empleo de un buen sistema de protección de motores.
Para que un buen motor funcione sin problemas es necesario satisfacer los tres puntos siguientes:
3.- Una buena protección que detecte los peligros y, siempre que sea posible,
desconecte el motor antes de la avería.
Cuando se produce un defecto en un motor no sólo hay que considerar el coste de la reparación del
mismo, ya que muchas veces el coste de la parada de producción llega a ser más elevado que la
reparación, como muy bien saben los responsables de producción y mantenimiento. De ahí la importancia
de un buen sistema de protección que sólo actúe cuando haya un verdadero peligro, evitando las paradas
innecesarias.
La experiencia nos demuestra la protección de motores continua siendo un problema, dado el número de
averías que se producen cada año.
En este capítulo se pretende dar información sobre las distintas posibilidades de protección existentes así
como criterios orientativos sobre la elección más adecuada en cada caso.
El resultado de un estudio hecho con más de 9.000 casos de defectos de motores en Inglaterra, Finlandia
y Estados Unidos, indica que más de la mitad de los defectos producidos en los motores se deben a
sobrecarga térmica, fallo de fase y humedad, aceite, polvo, etc.
Es importante destacar que estos defectos se han producido a pesar de la presencia de un sistema de
protección normal, generalmente relés térmicos bimetálicos. Por otra parte, mientras que sólo el 25% de los
casos de defectos corresponde a motores de potencia superior a los 40 kW, el coste de la reparación de los
mismos supone casi el 80% del total, lo que demuestra claramente que una buena protección es tanto más
necesaria cuanto mayor es la potencia del motor.
Como demuestra la estadística de defectos, el arrollamiento del estator es la parte más vulnerable del
motor desde el punto de vista térmico, siendo los materiales aislantes de los conductores que forman el
bobinado los principales responsables. Los aislantes utilizados están previstos para unas temperaturas de
funcionamiento bien definidas según la clase de aislamiento; para motores se utilizan generalmente las
clases B y F, que admiten en permanencia unas temperaturas máximas de 120ºC y 140ºC respectivamente.
Los motores se dimensionan normalmente para una vida teórica del orden de 25.000 horas de servicio
(aproximadamente 10 años) con el aislamiento sometido a una temperatura máxima admisible en
permanencia (p.e. 120ºC para clase B). Cuando se sobrepasa esta temperatura, la vida del motor se reduce
según una regla generalmente aceptada, llamada regla de Montsinger.
Según esta regla, cuando a un motor se le hace trabajar en permanencia a 10ºC por encima de su
temperatura límite (p.e. 130ºC para clase B), su vida se reduce aproximadamente a la mitad, de 25.000
horas a 10.000 horas, y si se le hace trabajar a 20ºC más, su vida se reduce aproximadamente a la quinta
parte, es decir, a unas 4.500 horas.
Esto equivale a decir que cuando se regula un relé térmico de forma incorrecta a una intensidad superior
a la nominal del motor, es muy probable que éste trabaje por encima de su temperatura límite, lo que
supone, como hemos visto, una reducción de la vida del mismo.
Los relés térmicos bimetálicos constituyen el sistema más simple y conocido de la protección térmica por
control indirecto, es decir, por calentamiento del motor a través de su consumo.
Los bimetales están formados por la soldadura al vacío de dos láminas de materiales de muy diferente
coeficiente de dilatación (generalmente ínvar y ferroniquel). Al pasar la corriente eléctrica, los bimetales se
calientan y se curvan, con un grado de curvatura que depende del valor de la corriente y del tiempo.
En caso de sobrecarga, al cabo de un determinado tiempo definido por su curva característica, los
bimetales accionan un mecanismo de disparo y provocan la apertura de un contacto, a través del cual se
alimenta la bobina del contactor de maniobra. Este abre y desconecta el motor.
En los relés térmicos diferenciales se dispone de un sistema mecánico diferencial para la protección
contra fallos de fase. Si durante la marcha del motor se interrumpe una fase (p.e. L3), el bimetal de esta
fase se enfría y desplaza hacia la izquierda la regleta superior. Con ello se consigue una carrera adicional
en el extremo de la palanca, de forma que con una menor deformación de los otros dos bimetales se
produce el disparo.
Se trata, pues, de una protección contra fallos de fase muy relativa, ya que el tiempo de disparo depende
de la intensidad que esté consumiendo el motor. Si en el momento del fallo de fase esta intensidad fuera
inferior al valor ajustado en el relé, éste no dispararía o lo haría en un tiempo muy grande. En cualquier caso
se trata de un disparo lento, ya que incluso con la intensidad nominal habría que esperar un tiempo de
aproximadamente 100 segundos.
Por otra parte, los relés térmicos tienen una curva de disparo fija y está prevista para motores con
arranque normal, es decir, con tiempos de arranque del orden de 5 a 10 segundos.
En los casos de arranque difícil (p.e. en centrifugadoras, molinos, grandes ventiladores, etc.), que tienen
un mayor tiempo de arranque, la curva de disparo resulta demasiado rápida y el relé térmico dispararía
durante el arranque. Para evitar esto hay que recurrir a algún procedimiento especial como puentear el
térmico durante el arranque o alimentarlo a través de transformadores saturables. Esto además de
encarecer considerablemente el arrancador, supone emplear procedimientos sin fundamento físico porque
en realidad lo que se hace es engañar a la protección.
Así pues, el sistema de protección por relés térmicos bimetálicos es generalmente utilizado por ser, con
mucho, el más simple y económico, pero no por ello se deben dejar de considerar sus limitaciones, entre las
cuales podemos destacar las siguientes:
- Protección lenta o nula contra fallos de fase, dependiendo de la carga del motor.
Los interruptores automáticos de motor utilizan el mismo principio de protección que los interruptores
magnetotérmicos. Son aparatos diseñados para ejercer hasta 4 funciones:
4.- Señalización.
Este tipo de interruptores, en combinación con un contactor, constituye una solución excelente para la
maniobra de motores, sin necesidad de fusibles de protección.
En la figura podemos ver dos circuitos diferentes de alimentación de un motor según dos procedimientos;
el primero utiliza los fusibles de protección de líneas, el imprescindible contactor y su relé térmico; el
segundo solamente utiliza un interruptor automático de motor y un contactor. Las diferencias son notables,
así que veamos los inconvenientes y ventajas estudiando la composición del interruptor automático de
motor.
Como ya hemos dicho, estos interruptores disponen de una protección térmica. Cada uno de los tres
polos del interruptor automático dispone de un disparador térmico de sobrecarga consistente en unos
bimetales por los cuales circula la intensidad del motor. En caso de una sobrecarga el disparo se produce
en un tiempo definido por su curva característica.
La intensidad de disparo térmico es regulable dentro de ciertos límites. Para el modelo KTA3 de Sprecher
existen 13 modelos con intensidades comprendidas entre 0,1 A hasta 25 A. disponiendo cada uno de ellos
de un campo de reglaje determinado.
Otra característica interesante en este tipo de aparatos es la limitación de la corriente de cortocircuito por
la propia resistencia interna del interruptor, correspondiente a los bimetales, disparadores magnéticos y
contactos. Este efecto disminuye a medida que aumenta la intensidad nominal del aparato.
Gracias al diseño optimizado de las piezas de los contactos y de las cámaras de extinción, estos aparatos
tienen un poder de corte muy elevado. Así, por ejemplo, a 380V. el poder de corte es de 100 kA. para los
aparatos de hasta 6,3 A; de 6,3 - 10 A. el poder de corte es de 10 kA, y de 10 - 25 A. el poder de corte es de
6 kA.
Una tecla de conexión START y otra de desconexión STOP o RESET permiten el mando manual del
interruptor, lo cual le faculta para que en ciertos circuitos se pueda prescindir del contactor.
Un botón giratorio, situado a un costado del interruptor, permite seleccionar la función T "TRIP", de
disparo con señalización y bloqueo de la reconexión directa. Esta función tiene la misión de que en el caso
de disparo por sobrecarga o cortocircuito la tecla STOP se desplace a una posición intermedia,
aproximadamente a la mitad de su carrera total, indicando con ello el motivo de la desconexión. Para
efectuar la nueva conexión manual es necesario pulsar a fondo la tecla STOP.
También es posible desconectar a distancia estos interruptores, ya que se dispone, en su lateral derecho,
de alojamiento para colocar un bobina de disparo por emisión de tensión, o una bobina de disparo por
mínima tensión.
Con todo lo dicho sobre los interruptores automáticos de motores KTA3-25, es posible llegar a la
conclusión de que aunque estos interruptores no supongan el sistema ideal de protección, pueden sustituir
ventajosamente a los grupos fusibles/relés térmicos utilizados para la protección de motores.
La protección con sondas térmicas constituye un magnífico sistema de protección contra las sobrecargas
térmicas suaves y prolongadas. La sonda es como un termómetro que mide de forma directa la temperatura
del arrollamiento del motor, acusando también la influencia de otros factores externos, tales como una
temperatura ambiente excesiva o una refrigeración insuficiente.
Aunque hay varios tipos de sondas, las más utilizadas son las de coeficiente de temperatura positivo
(CTP) o termistancias, las cuales se caracterizan por provocar un aumento brusco de su resistencia cuando
la temperatura llega a un valor determinado, llamado "temperatura nominal de funcionamiento" (TNF). Para
este valor, la termistancia, conectada a un relé electrónico especial, provoca el disparo del contactor de
maniobra.
Como las sondas miden exclusivamente la temperatura del punto en que hacen contacto, es necesario
colocarlas en los puntos más críticos del arrollamiento del motor; generalmente en el fondo de las ranuras o
en las cabezas de bobina del lado de salida del aire. Esto obliga a efectuar su montaje de forma cuidadosa
durante la fase de bobinado del motor para asegurar un buen contacto térmico.
Además de los problemas que lleva la colocación de la sonda hay otro factor que condiciona
decisivamente este sistema de protección. A pesar de su pequeña masa (como una cabeza de cerilla), la
sonda reacciona con un cierto retardo definido por su constante de tiempo térmica, que en la práctica suele
ser del orden de 8 a 10 segundos.
Esta inercia térmica, normalmente olvidada, es un factor muy importante a tener en cuenta sobre todo en
casos de sobrecargas bruscas o bloqueo del rotor.
Así, en la figura representamos la variación de temperatura en función del tiempo, en un motor hipotético
M1 sometido a una densidad de corriente de 20 A/mm2, y la correspondiente curva de temperatura de su
sensor CTP. Igualmente representamos la de un motor M2 sometido a una densidad de corriente de 50
A/mm2, y la de su sensor. En ambos motores suponemos que sus aislantes son del tipo B.
Supongamos ahora que el motor M1 se halla trabajando a una temperatura normal de funcionamiento
TNF de 110 ºC y sufre una brusca sobrecarga. Como la sonda no reaccionará hasta pasados 10 segundos,
esto dará tiempo a que el motor llegue a alcanzar la temperatura de 140ºC, es decir, 140 - 120 = 20 ºC por
encima de la temperatura máxima admitida por el aislante clase B.
Si ahora el motor M2 es el que sufre una brusca sobrecarga, y suponemos que también está trabajando a
una temperatura normal de funcionamiento de 110 ºC, la sobrecarga hará que la inercia de 10 segundos
permita alcanzar al bobinado los 210 ºC, lo cual produciría serios daños.
Como las sondas térmicas sólo pueden detectar calentamientos con un cierto retardo, no suministran una
protección rápida, como sería de desear, en los casos contra fallos de fase, bloqueo del motor, cortocircuito
entre fases, y defectos o derivaciones con respecto a tierra. Tampoco las sondas térmicas protegen a los
conductores de alimentación, por lo que su empleo sólo es aconsejable en combinación con otros sistemas
de protección.
El secreto de una buena protección está en simular lo más exactamente posible el comportamiento
térmico del motor, lo que evidentemente no es nada fácil.
Son muchas las causas que afectan al buen funcionamiento de un motor y por lo tanto solamente un
dispositivo electrónico es capaz de realizar los distintos reglajes y las distintas combinaciones necesarias
para poder cubrir la casi totalidad de las posibles causas de avería que se pueden presentar en un motor.
Seguidamente pasamos a describir dos modelos electrónicos para la protección de motores: el modelo
CEF1 y el modelo CET3, ambos de la casa Sprecher.
Se trata de un aparato de fijación sobre rail omega en el que todos los elementos de mando y
señalización se han dispuesto en la parte frontal del aparato.
El CEF1 realiza todas las funciones de simulación que le caracterizan mediante la señal extraída de tres
transformadores de intensidad, incorporados en el propio aparato. De esta forma podemos decir que no hay
una conexión directa del relé con el circuito de potencia que alimenta al motor.
El circuito electrónico del relé se alimenta con tensión alterna de 220V., lo cual quiere decir que en la gran
mayoría de los casos obtendremos esta tensión entre una cualquiera de las fases de alimentación del motor
y el neutro.
Al igual que la mayoría de los relés electrónicos, la combinación de todas sus características y funciones
se traduce finalmente en dos contactos, uno normalmente cerrado y otro normalmente abierto. Por lo
general es el contacto normalmente cerrado el que se utilizará para desactivar la función memoria del
contactor, en caso de detección de avería, y el normalmente abierto para la señalización.
Pasemos seguidamente a describir las distintas funciones que es capaz de realizar el relé CEF1.
La intensidad nominal de empleo del motor In se regla de forma digital con la ayuda de 8 conmutadores
de contacto deslizante. Para ello hay que desplazar hacia la derecha los conmutadores que, sumados los
valores de base de los dos modelos existentes (20 A. para el CEF1-11 y 12 y 160 para el CEF1-22),
completen el valor de la intensidad de empleo del motor.
Esto nos muestra como el campo de reglaje del modelo CEF1-11 y 12 puede hacerse de 20 a 180 A.
mientras que el modelo CEF-22 tiene un campo de reglaje de 160 a 400 A. A primera vista parece que este
tipo de relé no cubre la gama de motores pequeños, (menos de 20 A.), pero no es así, ya que la gama
comprendida entre 0,5 y 20 A. puede obtenerse dotando a los transformadores de intensidad de los pasos
necesarios, con los conductores de alimentación del motor, para conseguir la relación de transformación
deseada.
La curva de variación por sobrecargas puede variarse a voluntad mediante conmutadores deslizantes
situados en la parte frontal del aparato. La selección de la curva se hace regulando el tiempo de disparo,
para el que la intensidad resulta ser 6 veces la nominal entre 2 y 30 segundos, en escalones de 2 segundos.
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INSTALACIONES ELÉCTRICAS – AÑO 2002
Disponer de una curva de disparo variable nos permitirá adaptarnos a la forma de arranque del motor,
pues si se trata de un arranque rápido (p.e. en una bomba sumergida), elegiremos una curva rápida, y por el
contrario si se trata de un arranque difícil (p.e. en centrifugadoras, molinos o grandes ventiladores),
elegiremos una curva lenta.
Mediante un pulsador situado en la parte frontal del aparato se puede realizar el Test "6xIn", es decir,
pulsando este botón simulamos las condiciones en las que la intensidad por el motor es seis veces la
nominal, debiendo efectuarse el disparo en el tiempo prefijado.
Señalización de sobrecarga
Cuando la intensidad del motor supera el 110% del valor ajustado para la intensidad nominal, existe un
diodo luminoso (LED), que se ilumina de forma intermitente. Con ello se puede controlar la duración del
arranque o ajustar la intensidad nominal a su justo valor.
En el caso de fallo de fase o asimetría de las intensidades superiores al 25%, el relé CEF1 dispara en 1,5
segundos durante el arranque y en 3 segundos en marcha normal, independientemente de la carga del
motor. El disparo queda señalizado mediante el LED correspondiente.
El CEF1 lleva incorporada la circuitería correspondiente al disparo por sondas térmicas. El disparo
térmico, la ruptura o el cortocircuito de la sonda son señalizados mediante un LED.
Pulsador reset
Después de un disparo del relé, este debe ser rearmado manualmente mediante un pulsador de "Reset"
colocado en la parte frontal del aparato. Cuando el disparo se ha producido por sobrecarga, el rearme tarda
un tiempo en poder realizarse con el fin de dar tiempo a que se enfríe el motor.
Un diodo luminoso, LED, de color verde, señala la presencia de alimentación y que el aparato está
preparado para entrar en servicio.
La conexión del relé es muy simple ya que se alimenta como hemos dicho anteriormente a 220V., los
transformadores de intensidad incorporados obtienen la señal de mando del relé, y el contacto normalmente
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INSTALACIONES ELÉCTRICAS – AÑO 2002
cerrado, 95-96, sirve para controlar la función memoria del contactor. El contacto normalmente abierto, 97-
98, se utiliza como señalización.
La tensión de alimentación, 220V., del relé y del circuito de mando del motor la podemos obtener entre
una de las fases L1 y el neutro de la red general.
La función memoria tiene como pulsador de mando el contacto 13-14, como pulsador de paro el 21-22,
siendo el contacto de retención el 13-14, perteneciente al contactor K1M.
Establecer unos criterios generales para la elección del sistema de protección más adecuado en cada
caso no resulta fácil, entre otras razones porque la elección depende de la responsabilidad del
funcionamiento del motor en el conjunto de la instalación.
En primer lugar habrá que tener presente las características de los distintos sistemas de protección
estudiados.
En segundo lugar es necesario considerar el precio de cada sistema de protección en comparación con el
coste de un motor nuevo y con el coste de la reparación del mismo. Los precios aproximados se han
indicado para la gama de potencias más usuales, considerando motores de jaula de ardilla, 380/660 V,
forma B-3 y protección IP-54.
Así, sobre la figura siguiente podemos ver cómo para un motor de 15 CV. el térmico vale 3.200 pts., el
KTA3 5.200 pts., el CEF1-11 21.000 pts., el CET3 75.200, el precio del motor nuevo es de 80.000 pts. y
rebobinar el estator cuesta unas 30.000 pts.
Ahora, fácilmente podemos deducir que a partir de 15 CV el coste de la reparación del motor es superior
al precio del relé electrónico CEF1-11, mientras que a partir de 50 CV, el coste de la reparación es superior
al precio del relé electrónico de protección integral CET3. Es decir, que con una sola vez que se evite el
quemado de un motor queda amortizado el coste de la protección y todo ello, sin considerar la pérdida de
producción originada por la sustitución del motor averiado.
A la vista de todos los factores considerados (características y precios) aconsejamos utilizar el criterio de
elección siguiente:
* Hasta 15 CV, relés térmicos o mejor aún, interruptores automáticos de motor, KTA3-25
sin fusibles.
* A partir de 15 CV, relés electrónicos CEF1.
* A partir de 50 CV, relés electrónicos CET3, y si la inversión no es posible, relés CEF1.
* A partir de 100 CV, relés electrónicos CET3.
* Siempre que sea posible, como complemento es aconsejable instalar también la sonda
térmica CTP, ya que como vimos es la mejor forma de proteger el motor contra una
temperatura ambiente excesiva o un fallo del sistema de refrigeración.
7. ELECTRODOMÉSTICOS
Los hornos microondas son hornos que alimentados mediante energía eléctrica producen ondas
electromagnéticas de una determinada frecuencia, llamadas MICROONDAS, siendo su principal finalidad la
de calentar alimentos.
Dentro del espectro de frecuencias, las microondas se sitúan entre la radiofrecuencia y la luz infrarroja,
compartiendo las propiedades de ambas radiaciones, por lo que se utilizan tanto en comunicaciones (ondas
de radio) como para cocinar (rayos infrarrojos).
La propiedad de las microondas de poder ser moduladas, las hace aptas para ser utilizadas en
comunicaciones, pues en determinadas condiciones atmosféricas se propagan mejor que otras ondas de
menor frecuencia. A semejanza con las radiaciones luminosas, las microondas pueden ser proyectadas en
forma de haces compactos, por lo que su utilización resulta imprescindible en ciertas comunicaciones de
radio y TV, así como también en las transmisiones vía satélite.
Dentro del espectro electromagnético, las microondas son ondas cortas de una longitud comprendida
entre unos pocos milímetros y varios centímetros, lo cual equivale a decir que su frecuencia de oscilación
estará comprendida entre unos cuantos cientos de megaciclos y unos miles de megaciclos.
Al igual que sus vecinos, los rayos infrarrojos, las microondas comparten la propiedad de hacer vibrar
ciertas moléculas de los cuerpos que atraviesan, calentándolos, propiedad que es utilizada en los "hornos
microondas".
Así pues, si colocamos un alimento dentro de la influencia de un campo electro-magnético de, por
ejemplo, 2.450 MHZ., las cargas eléctricas de las microondas se tropezarán con las cargas eléctricas del
alimento expuesto, y debido a la ley de atracción y repulsión, las del mismo signo se repelerán y las de
distinto se atraerán, dando lugar a un movimiento oscilatorio entre moléculas, que a su vez crea una fricción
entre ellas y en consecuencia un calentamiento.
Naturalmente, éste calentamiento está en función del número de oscilaciones y éstas son función de la
frecuencia; en el caso que nos ocupa, por ser la frecuencia 2.450 MHz., los cambios de polaridad y por tanto
las oscilaciones serán de 4.900 millones por segundo. Si además tenemos en cuenta que hay del orden de
125 cuatrillones de moléculas por mm3 de alimento, no es difícil imaginar los frotamientos que resultan y la
rapidez con que se produce el calor.
No todas las moléculas de que se compone un cuerpo sufren el efecto descrito; para que se produzca, las
moléculas deben tener una configuración dipolo. Una molécula con una configuración dipolo deberá tener
una carga positiva a un lado y una carga negativa en el otro, es decir, con dos polos opuestos, como un
imán.
El agua, compuesta por un átomo de oxígeno y dos de hidrógeno, forma una molécula con configuración
dipolo; el átomo de oxígeno forma el núcleo central de la molécula y está cargado de energía positiva,
mientras que los átomos de hidrógeno forman la capa orbital y poseen energía negativa. Las grasas,
albúminas e hidratos de carbono también tienen sus moléculas en configuración dipolo.
Molécula de agua
Puesto que los materiales que nos interesa exponer al horno microondas son los alimentos comestibles, y
estos están compuestos fundamentalmente por moléculas de agua (entre un 70 y un 90%), grasas e
hidratos de carbono en mayor o menor proporción, se comprende el elevado rendimiento de este tipo de
hornos.
Este efecto selectivo de las microondas sobre los materiales que son dipolares, nos demuestra cómo es
posible calentar el contenido de un plato y sacarlo con la mano desnuda sin quemarse; lo que se ha
calentado es el contenido y no el plato, porque la loza es un material no dipolar.
La acción de las microondas sobre los distintos materiales puede dividirse en tres grupos:
A) Materiales sobre los que las microondas se reflejan según las leyes de la óptica. Esto
es lo que sucede con todos los materiales metálicos; su comportamiento frente a las ondas
es equivalente a un espejo.
B) Materiales eléctricamente neutros sobre los cuales las microondas pasan sin causar
ningún efecto. Son transparentes a las microondas y por tanto no se calientan: los plásticos,
el vidrio, la cerámica, el papel, etc..
Otra cuestión digna de tener presente es la forma de actuación de las microondas frente a los métodos
convencionales. Mientras que en los métodos tradicionales de cocción, el calor va entrando en los alimentos
desde el exterior al interior por transmisión de calor, las microondas surten efecto directamente en todo el
volumen a calentar, hasta cuatro centímetros de profundidad. El punto de máximo calentamiento se
encuentra a un centímetro y medio de la superficie tratada.
Tal y como puede comprobarse en el esquema, un horno a microondas está constituido por una fuente de
alimentación, un Magnetrón generador de las microondas, un canal de guía de ondas, un agitador de ondas
y una cavidad de cocción. Todo este conjunto dispone de una serie de controles y temporizadores que
garantizan el buen funcionamiento del horno.
Fuente de alimentación
El transformador, con un primario alimentado a 220 V., dispone de dos secundarios, uno que suministra
3,5 V. para alimentar el filamento del magnetrón, y otro que suministra 2000 V.
Un condensador y un diodo forman el doblador de tensión para de esta forma obtener los 4000 V. que
necesita el magnetrón.
Magnetrón
El magnetrón esta formado por un cátodo caldeado por un filamento, un ánodo y un imán que rodea el
conjunto.
Cuando se aplica tensión (3,5 V.) al filamento, éste calienta al cátodo y emite electrones que se ven
atraídos por los 4000 V. aplicados al ánodo. Los electrones que en condiciones normales saldrían en línea
recta en dirección al ánodo, se ven frenados por el campo magnético y obligados a moverse en un orbital
situado entre el ánodo y el cátodo.
El paso de los electrones por las proximidades del ánodo, en donde están situadas pequeñas cavidades
resonantes, produce las oscilaciones de alta frecuencia, 2.450 MHZ.
Aunque la intensidad electrónica que es capaz de emitir un cátodo es muy pequeña, como la tensión de
ánodo es muy grande, la potencia total suministrada es relativamente grande, del orden de 1.000 W. La
energía del microondas obtenida es radiada por una antena dispuesta en el magnetrón e introducida en un
guía-ondas que las dirige a la cavidad del horno.
La cavidad de cocción es simplemente una caja metálica donde se coloca el alimento a cocinar.
Las microondas son dirigidas desde el magnetrón hasta la cavidad de cocción mediante una canal que
las transporta con escasas pérdidas. Este canal guía-ondas, debe tener unas dimensiones muy precisas,
estando directamente ligadas a la frecuencia que transporta.
Al entrar las microondas a la cavidad de cocción, son agitadas por una especie de ventilador que hace
que se dirijan en todas las direcciones, rebotando sobre las paredes metálicas hasta que son absorbidas
por el alimento.
Algunos hornos disponen para la colocación de los alimentos, de un soporte o plato giratorio que hace
que el alimento aproveche mejor la distribución de las microondas.
Naturalmente las zonas de mayor potencia de microondas se encuentran en el centro del plato giratorio.
Control y temporizadores
Además de los tres microinterruptores que lleva la puerta del horno para asegurar su desconexión cuando
la puerta esté abierta, el circuito dispone de dos temporizadores para el control del tiempo de
funcionamiento de horno y para el control de la potencia.
Por otra parte, estos hornos disponen de dos protecciones térmicas y una protección contra
sobretensiones.
Las protecciones térmicas se hacen a través de dos termostatos de seguridad, uno que controla la
temperatura de la cavidad del horno y otro que controla la temperatura del magnetrón.
Con el fin de evitar que pueda llegar al transformador de alimentación del magnetrón un exceso de
tensión, se dispone de un relé de sobretensión.
Así, cuando la tensión sobrepase los 220 V., el contacto del relé se abrirá, haciendo pasar la corriente a
través de una resistencia de 20 . Esto provoca una caída de tensión en la resistencia, con la consiguiente
disminución de la tensión.
Permite ver los alimentos mientras se cocinan. Sin embargo las microondas no pueden pasar a través de
la pantalla metálica que va colocada entre el cristal.
Los alimentos se pueden cocinar directamente sobre el plato. Gira durante la cocción y asegura la
máxima absorción de las microondas.
Opera cuando se utiliza el horno y proporciona una mayor agitación de las microondas. Un tape de
plástico lo protege de posibles salpicaduras de los alimentos.
El selector de potencia permite la selección de distintas potencias de cocción mediante ciclos de paro-
marcha.
Es un reloj que controla el tiempo de funcionamiento del horno. Puede controlarse entre 1' y 45'.
Se ilumina cuando la tecla de puesta en marcha está pulsada, la puerta cerrada y el temporizador en
posición de funcionamiento.
Pulsando actúa el mecanismo que abre la puerta y desconecta el paso de corriente a todos los
receptores, excepto a la lámpara de luz interior del horno, siempre que el temporizador esté conectado.
Se trata de una lamparita que ilumina el interior del horno. Funciona siempre que el temporizador no esté
en posición "0" y no haya ningún termostato de seguridad, bien del horno o del magnetrón, abierto.
ESPECIFICACIONES TECNICAS
Filtro antiparasitario
Peso 27 kg
Tal y como se especifica en los datos técnicos, la potencia consumida por el horno es de 1.250 W.,
mientras que la que realmente se obtiene en el plato es de 650 W. Comprobar prácticamente este dato
resulta relativamente sencillo si nos planteamos el problema de determinar la cantidad de energía que
absorbe una cierta cantidad de agua expuesta durante un tiempo al efecto de las microondas.
Cuando una potencia eléctrica P actúa durante un tiempo t, produce un número de calorías igual a:
Por otro lado, si un volumen de agua V a una temperatura Tamb se introduce en un horno y al cabo de
cierto tiempo la temperatura del agua aumenta a un valor T, esto quiere decir que el agua ha recibido un
número de calorías igual a:
Como el calor aportado por el horno es igual al recibido por el agua, tendremos
que:
de donde:
Así, conociendo la elevación de temperatura que experimenta un determinado volumen de agua durante
un cierto tiempo, podremos determinar la potencia desarrollada por el horno.
Por ejemplo: un litro de agua (1.000 ml.) expuesto durante tres minutos (180 seg) provoca un aumento de
temperatura del agua de 28ºC., lo cual nos indica que el horno esta suministrando 633 W.
7.2. LAVADORAS
1.- Electroválvula.
2.- Grupo motor-bomba.
3.- Detector de nivel.
4.- Resistencia calefactora.
5.- Motor de lavado-centrifugado.
Electroválvula
Cuando se aplica tensión a la electroválvula, el paso de agua a la lavadora queda abierto, admitiendo un
caudal que depende de la presión del agua de la red de suministro, y que suele ser de 8 litros por minuto,
para una presión de red de 2 kg./cm2.
Grupo motor-bomba
Se trata de un pequeño motor, 150 VA. de consumo, acoplado a una pequeña bomba, capaz de sacar un
caudal de agua del orden de 22 litros por minuto. El cuerpo de la bomba lleva incorporado un tape que
accede a un filtro de desagüe.
Detector de nivel
La misión del detector de nivel es dejar que la lavadora se llene de agua hasta una altura determinada,
aproximadamente 13 cm. Un pequeño tubo introducido en el interior del tambor, acciona por presión a una
membrana que actúa sobre un contacto conmutado (un contacto se abre y el otro se cierra).
Esta no es la única misión del detector de nivel, ya que si el nivel de agua sigue subiendo por cualquier
motivo, voluntario o involuntario, al sobrepasar en 12 cm. el nivel anteriormente descrito, 13 + 12 = 25 cm.,
se cierra un nuevo contacto cuya misión, como veremos más adelante, será la de poner en marcha el grupo
motor-bomba. Esto es lo que da lugar a lo que más tarde llamaremos segundo nivel de llenado.
Resistencia calefactora
La resistencia calefactora tiene como misión calentar el agua a un valor prefijado por un termostato. La
potencia consumida por esta resistencia es de 3000 W.
Motor de lavado-centrifugado
Se trata de un motor de doble devanado, uno para la operación de lavado y otro para la de centrifugado.
El devanado para la operación de lavado, confiere al motor una velocidad de 450 rpm y un consumo de
300 VA. Mediante un condensador, es posible invertir el sentido de giro del motor, operación ampliamente
repetida en los ciclos de lavado.
El devanado correspondiente al centrifugado imprime al motor una velocidad de 2.800 rpm y tiene un
consumo de 750 VA.
El conjunto del motor se halla térmicamente protegido mediante un bimetal que autodesconecta el motor
cuando por alguna circunstancia se calienta en exceso.
La operación de prelavado, al igual que la de lavado, consiste en una recogida de agua con detergente,
un movimiento cíclico del tambor con sucesivas inversiones del sentido de giro, y un calentamiento
simultáneo del agua. Transcurrido un cierto tiempo de prelavado o lavado, se procede a un segundo
llenado, hasta el segundo nivel, seguido de un vaciado.
Los aclarados consisten en sucesivos llenados, primero a un nivel y luego al llamado segundo nivel,
seguidos de movimientos cíclicos con inversiones del sentido de giro. Cada uno de estos ciclos termina con
un vaciado.
El centrifugado tiene por objeto extraer el agua de las prendas lavadas, por lo tanto durante éste tiempo
se procede también a un vaciado.
El circuito eléctrico de una lavadora es relativamente sencillo, así como su funcionamiento. Si suponemos
cerrados el interruptor general I.G., el de puerta I.P. y el de línea 22-2, la electroválvula a través del contacto
51-52 cierra circuito, y en consecuencia empieza a entrar agua a la lavadora (la electroválvula se halla en
serie con el motor-bomba, pero esto no supone ningún inconveniente, ya que la impedancia de la
electroválvula es mucho mayor que la del grupo motor-bomba).
Cuando el nivel del agua ha alcanzado el valor determinado por el detector de nivel, el contacto 51-52 se
conmuta y pasa a la posición 51-53, el cual deja a la resistencia de caldeo en posición apta para funcionar
siempre que el contacto 7-27 del programador lo permita, así como el termostato C.T.
Si el contacto del programador 13-21 se cierra, la electroválvula también se acciona, llenando la lavadora
hasta nuevo nivel "segundo nivel". Caso de que este nivel fuera sobrepasado, el contacto 51-53 pasaría a la
posición 51-53-54, con lo que se pondría en marcha la bomba y se vaciaría el exceso de nivel.
El grupo motor-bomba se acciona también cuando el contacto del programador 13-29 se cierra.
El motor de lavado está en posición cuando los contactos 28-08 y 23-3 están cerrados, siendo el contacto
13-25 el que determina su puesta en marcha. Los contactos 45-41 y 45-42 conectan a un lado u otro el
condensador, con lo que se consigue la inversión del sentido de giro del motor.
Cuando los contactos 28-8 y 23-03 están cerrados, el motor se encuentra en posición de centrifugado,
siendo el contacto 24-8 quien determina su puesta en marcha. El pulsador manual E.C. de exclusión de
centrifugado sirve para eliminar, si se desea, esta función.
7.2.3. PROGRAMADOR
El programador es el cerebro de toda lavadora. Se trata de un pequeño motor síncrono que va moviendo
una serie de levas según un programa preestablecido, y éstas a su vez van cerrando o abriendo una serie
de contactos.
Por lo general, los programadores de lavadoras disponen de 60 impulsos o posiciones, con unos tiempos
entre impulsos que varían según los tipos, en nuestro caso, 2'-8'-24'. Las levas se van moviendo a lo largo
de estos 60 impulsos configurando la característica propia de cada programador.
Así, el contacto 22-2 llamado "línea" supedita el total funcionamiento de la lavadora y por tanto es el que
determina los programas que hay en cada ciclo. En este caso el ciclo de 60 impulsos de la lavadora está
dividido en tres programas, uno de 34 impulsos, otro de 20 y un último de 3.
Siguiendo detenidamente el diagrama de tiempos del programador iremos determinando la función que
se realiza en cada impulso.
La lavadora descrita corresponde a un modelo ampliamente comercializado con distintas marcas, Balay,
Philips, Zanussi. etc. y un único fabricante, Balay. Naturalmente existen otros modelos mas sofisticados que
incluyen alguna otra función como por ejemplo la regulación de velocidad del centrifugado, la función Flot,
ahorro de agua y energía en casos de poca carga, etc., pero en esencia todos los modelos son muy
similares.
JORGE GUILLERMO TORES Pagina N°105
INSTALACIONES ELÉCTRICAS – AÑO 2002
Se trata de un calderín o depósito de agua al que interiormente se ha colocado una resistencia eléctrica
de una potencia determinada. De esta manera el agua se calienta a una cierta temperatura durante un
tiempo que depende de la capacidad del depósito, de la potencia de la resistencia eléctrica, y de la
temperatura de entrada del agua.
Suponiendo un depósito sin pérdidas de calor, tendremos que el calor aportado por la resistencia
eléctrica será igual al calor recibido por el agua.
Por ejemplo, un termo de 50 litros de capacidad lleva incorporada una resistencia de 1,5 kW., por tanto el
tiempo que tardará en calentar el agua de 15 ºC a 60 ºC, será:
Naturalmente este es un tiempo teórico, ya que el termo, pese a llevar una capa de aislante térmico
(poliuretano), tiene unas pérdidas, y por consiguiente el tiempo que tarda es ligeramente mayor.
Cada modelo tiene unas características específicas que naturalmente se ven reflejadas en el precio final
de venta al público.
Un calentamiento excesivo del agua por fallo del termostato podría ocasionar un serio accidente, por lo
que todos los modelos están protegidos por un limitador de seguridad que corta la alimentación y deja sin
tensión al termo en caso de fallo del termostato.
La resistencia calefactora se halla en el interior de un vaina metálica que la protege, por tanto no se
encuentra en contacto directo con el agua; esto supone una gran ventaja y seguridad.
Una pieza especialmente interesante en todo termo eléctrico es la barra de magnesio. Su misión es la de
hacer de ánodo sacrificable, es decir, que evita la corrosión del depósito del termo a costa de su propia
destrucción.
La instalación de este tipo de electrodoméstico es muy sencilla y solamente habrá que tener presente
unas cuantas consideraciones fundamentales.
Así, siempre que la presión del agua procedente de la red de alimentación sobrepase la presión de 5
kg/cm2 se deberá colocar un reductor de presión en la tubería de entrada al termo.
Con el termo el fabricante deberá suministrar una válvula de seguridad, que se coloca en la entrada del
agua fría, y que tiene una triple finalidad:
3) Vaciar el termo por el desagüe, accionando el grifo de vaciado que lleva dicha válvula
de seguridad.
CARACTERÍSTICAS GENERALES
A 60ºC ( t = 45ºC)
PERSONAS 2 4 6
30 l. 50 l. 75 l. 100 l. 150 l.
También en el tubo de entrada del agua fría, deberá colocarse un llave de paso con el fin de cortar,
cuando se desee, la entrada de agua hacia el termo.
Otra cuestión digna de tener presente es la posible formación de pares galvánicos al conectar las tuberías
del termo con las de la red general de alimentación. Para evitar este riesgo se utilizarán los manguitos
plásticos que van con el termo y que le dejan aislado del resto.
La instalación eléctrica de un termo no precisa de nada fuera de lo normal, pero sí debe ajustarse al
Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión.
Así, la instalación eléctrica deberá hacerse a través de un interruptor omnipolar, disyuntor o contactor,
debiendo proteger la instalación con fusibles del calibre correspondiente a la intensidad absorbida.
Puesto que toda instalación debe llevar su correspondiente toma de tierra, para facilitar esta conexión el
enchufe del termo va provisto del oportuno contacto, por tanto basta con que la base del enchufe sea la que
le corresponde.
Cuando el termo haya de colocarse en cuartos de baño, deberán de tenerse en cuenta los volúmenes
marcados por el Reglamento y las recomendaciones que hacen a tal fin.
VOLUMEN DE PROHIBICIÓN: Es el volumen limitado por planos verticales tangentes a los bordes
exteriores de la bañera, baño-aseo o ducha, y los horizontales constituidos por el suelo y por un plano
situado a 2,25 m. por encima del fondo de aquellos o por encima del suelo, en el caso de que estos
aparatos estuviesen empotrados con el mismo.
VOLUMEN DE PROTECCIÓN: Es el comprendido entre los mismos planos horizontales señalados para
el volumen de prohibición y otros verticales situados a 1 metro de los del citado volumen, tal y como se
indica en la figura.
El calentador de agua deberá instalarse, a ser posible, fuera del volumen de prohibición, con objeto de
evitar las proyecciones de agua al interior del aparato. Sobre el mismo calentador, o en sus proximidades,
deberá colocarse un cartel de advertencia que señale la necesidad de cortar la corriente antes de abrir la
caja de conexiones del calentador, así como de no reestablecerla hasta que la caja se encuentre
nuevamente cerrada.
La determinación del consumo de agua caliente sanitaria no puede valorarse mediante una fórmula
matemática. Por este motivo el cálculo deberá establecerse sobre la base de datos estadísticos realizados y
que cubren las necesidades en el momento más desfavorable de demanda.
Los datos de referencia utilizados como base para los estudios estadísticos son aplicables para una
vivienda:
- Número de habitaciones.
- Número de personas.
- Nivel de confort.
Sea cual fuere el sistema de producción de agua caliente para usos sanitarios, las necesidades han de
determinarse a partir de:
El consumo diario de agua caliente es función de los aparatos instalados y puede valorarse para una
vivienda de 3 o 4 personas, de la siguiente manera:
Fregadero 46 60
Lavabo 18 40
Bidé 6 40
A la vista de estos resultados estadísticos, podremos considerar un consumo medio estimado de:
Teniendo en cuenta que el consumo total de agua (caliente y fría) está cifrado en 200 litros por persona y
día, la cifra 50 litros de agua caliente no parece un consumo exagerado.
Queremos dejar bien claro que se trata de un consumo medio y por lo tanto esto quiere decir que una
parte de la población consume más agua caliente, mientras que la otra está por debajo del consumo medio
citado.
7.4. CALEFACCIÓN
La calefacción es el medio por el cual nuestro hogar y nuestro lugar de trabajo alcanzan el agradable
bienestar que supera las inclemencias de las bajas temperaturas. Por fortuna resulta para todos algo
habitual y ya imprescindible en nuestra vida.
Por lo tanto, característica típica de una adecuada calefacción, es la temperatura interior de confort (ti)
alcanzada, la cual va a depender de las actividades que se realicen en el local o vivienda en cuestión. Así,
en un local donde se realicen trabajos con esfuerzos físicos notables se necesitará una temperatura inferior
a la de una vivienda donde nos encontremos en situación de descanso.
Con el fin de dar una idea de las temperaturas interiores de confort, exponemos la siguiente tabla, bien
entendido que la temperatura de "confort" depende de muchos factores, tales como la edad, situación física
en la que nos encontremos, grado de humedad ambiente, etc..
La temperatura exterior (te) es un factor que interviene de una manera decisiva en el cálculo de las
necesidades caloríficas de un local o una vivienda, ya que para unas condiciones determinadas será este
valor quien determine la potencia calorífica máxima necesaria.
Estas zonas climáticas dan idea de las temperaturas mínimas que tienen los distintos puntos de nuestra
geografía, de tal manera que podemos asegurar que las temperaturas mínimas dadas en la tabla
corresponden a valores cuya media no es superior a 10 días al año con temperaturas iguales o inferiores a
la indicada.
Por supuesto este no es el único criterio utilizado para determinar la temperatura mínima de calculo de
una calefacción. Cualquier otro puede resultar también lo suficientemente bueno si está razonablemente
justificado.
Hablar de calefacción sin antes hablar de aislamiento resultaría incongruente, ya que ambos conceptos
deben ir íntimamente ligados. Para calcular las necesidades de calor de un local o una vivienda, lo primero
que tendremos que examinar es el grado de aislamiento que posee para que de esta manera podamos
determinar las pérdidas caloríficas.
Cada uno de los cerramientos de que se compone un local o vivienda tiene unas características
específicas respecto al "coeficiente de transmisión del calor K" o número de kilocalorías que se pierden por
hora, metro cuadrado de superficie expuesta, y por grado centígrado de temperatura (kcal / h m2 ºC ). Con
el fin de hacernos una idea del valor que en cada caso tiene dicho coeficiente, en la siguiente figura
exponemos los casos más comunes.
Q = S K (ti - te )
donde:
Según NBE-CT79
Puesto que de lo que se trata es de calentar un recinto en el que la temperatura exterior es inferior a la
del interior, y tiene unas superficies a través de las cuales se va perdiendo el calor, iniciemos el proceso
determinando el "coeficiente de transmisión global del calor KG". A primera vista puede parecer sencillo,
pero no lo es, ya que en un edificio existen zonas con pérdidas notablemente diferentes, en cuanto al
coeficiente K y sobre todo, en cuanto al tratamiento de la temperatura exterior, sobre ciertas superficies.
Según las normas NBE (Normas Básicas de la Edificación), en un edificio se deberán considerar cuatro
tipos de superficies de pérdidas:
La suma de los productos S K nos darán las pérdidas (kcal/h ºC) en cada una de las distintas
superficies de pérdidas que forman cada tipo, y dentro de cada tipo, se aplicará un coeficiente de corrección
que depende de las condiciones en que se encuentre con respecto a la temperatura exterior:
Naturalmente existe un quinto tipo de superficies que no se consideran, ya que se suponen en contacto
con locales o edificios calefactados, y por lo tanto, las pérdidas por transmisión son nulas.
Nota.- Las temperaturas te2 , te3, te4, correspondientes a los casos (2), (3), (4), son estimativas y pueden ser
aplicadas según un coeficiente corrector (n), como en el caso de las normas NBE-CT79. También pueden
ser aplicadas directamente en las fórmulas de las pérdidas de calor por transmisión, estimando la
temperatura a que se encuentran dichos recintos, tal y como se hace en la norma DIN 4701.
Según estos principios, las Normas Básicas de la Edificación CT-79 suministran un impreso para realizar
estos cálculos, que mostramos a continuación.
Cerramientos verticales
o inclinados más de 60º
con la horizontal
Huecos, puertas,
ventanas.
Azoteas.
0,8
Cubiertas inclinadas
menos de 60º con la
horizontal.
Muros enterrados o
semienterrados
Con estos cálculos ya podremos valorar el coeficiente de transmisión global medio de un determinado
recinto o edificio, siendo:
Para calcular el coeficiente global de transmisión KG, según normas DIN, vamos a aprovechar el mismo
impreso que el utilizado en las normas NBE CT-79, pero con algunas modificaciones ya que ahora en lugar
de utilizar un coeficiente reductor de pérdidas para las superficies que no se encuentran directamente
expuestas a la temperatura exterior, haremos una valoración estimativa de la temperatura a que se
encuentra el recinto colindante, en función de la temperatura exterior, aplicándole luego la fórmula general
de pérdidas.
Temperatura exterior
Apartado Recinto considerado considerada ºC
1 Cerramientos en contacto
te
directo con el exterior
3 0 -4
Locales no calefactados
Sótanos no calefactados
Muros enterrados o
2y4 semienterrados 15 13 12
Forjados sobre espacios
cerrados
Huecos, lucernarias,
3 claraboyas Azoteas, y áticos 8 7 6
sin recubrimiento
A continuación exponemos la tabla que nos servirá para calcular de una forma racional las calorías
necesarias, de manera análoga a como se hizo para NBE CT-79, pero en este caso, interviniendo las
temperaturas.
exterior Cerramientos
verticales o
inclinados más de
60º con la
horizontal
Forjados sobre
espacios
exteriores
Huecos, puertas,
ventanas.
Azoteas.
Cubiertas
inclinadas menos
de 60º con la
horizontal.
Forjados sobre
cámara de aire de
altura 1 m.
Muros enterrados
o semienterrados
A la vista de los resultados, podemos deducir que las pérdidas por transmisión son, en este caso:
Q= Sn Kn (ti-ten)
Estas pérdidas, para un coeficiente global medio de transmisión KG y para una superficie total de pérdidas
St, será:
Nota.- Obsérvese como el coeficiente global medio de transmisión obtenido, en el caso NBE no depende
de la temperatura , mientras que en el caso DIN, sí depende. Esto es completamente lógico ya que en el
caso NBE, para simplificar, se utilizan coeficientes de reducción en lugar de los incrementos de temperatura.
Hasta aquí hemos calculado las pérdidas de calor debido a las distintas superficies, pero no es este el
único concepto a tener en cuenta en el cálculo de potencia calorífica total necesaria. Seguidamente vamos
a ver algunos de los principales conceptos que también intervienen con mayor o menor importancia.
Suplemento por orientación.- La orientación del local o vivienda tiene su importancia como
consecuencia de la ganancia o pérdida de calorías debido a la aportación solar con respecto a una
orientación media (E , O) de referencia . Según la Norma DIN 4701 el suplemento a aplicar será el indicado
en la siguiente tabla:
Orientación Suplemento
ZO %
SE S SO -5
EO 0
NO N NE +5
El suplemento por pared fría tiene como finalidad el compensar la menor temperatura de las paredes
directamente expuestas a la temperatura exterior, amortiguando en lo posible el efecto de una temperatura
radiante demasiado fría.
La suma de estos dos conceptos, arranque y pared fría, los englobamos en un único suplemento ZAP ,
suma de los dos suplementos citados, y cuyo valor suele estar comprendido entre un 7 y un 20%
La ventilación es un concepto muy importante, digno de tener presente en los modernos sistemas de
calefacción y refrigeración. Consiste en la renovación del aire viciado por otro limpio y menos contaminado
procedente del exterior.
Qv = 0,307 r V (ti-te )
Donde
Las pérdidas por infiltración corresponden a una ventilación natural no provocada, y se originan como
consecuencia de la falta de hermeticidad de las uniones de los diferentes elementos que componen una
determinada construcción. Estas pérdidas son muy difíciles de calcular y solamente la experiencia nos
podrá dar idea de su valor real.
Las pérdidas totales de calor, iguales a la potencia calorífica necesaria, será la suma de las pérdidas por
transmisión, incrementadas con los correspondientes suplementos, más las pérdidas por ventilación e
infiltración:
Un dato muy interesante y que más adelante utilizaremos es el correspondiente a las pérdidas globales
por unidad de volumen
en la que
En ocasiones también se suele utilizar el valor de las pérdidas por unidad de volumen y grado de
temperatura, es decir:
Para obtener las calorías necesarias al objeto de compensar las pérdidas totales en una instalación,
tendremos que utilizar los combustibles tradicionales, desechando todos aquellos que no resultan prácticos,
económicos o excesivamente contaminantes.
En nuestro caso no vamos a polemizar sobre cual es el mejor sistema, pero sí determinaremos los
distintos consumos y seguidamente haremos una valoración global de los distintos gastos anuales,
utilizando los combustibles más ampliamente utilizados.
Estos combustibles quedan expuestos, junto con sus correspondientes calorías, rendimientos y precios
aproximados, en la siguiente tabla.
Para obtener los consumos para cada uno de ellos, aplicaremos la siguiente fórmula:
en la que
Comparativamente, para hacernos una idea de lo que cuesta la utilización de cada uno de estos
combustibles, lo más intuitivo es valorar el costo de la obtención de 1.000 kcal útiles para cada uno de los
combustibles en estudio.
Así, por ejemplo, para el gasóleo, teniendo en cuenta su rendimiento, las calorías útiles que se pueden
obtener por litro, son:
Según estos cálculos la electricidad aplicada a la bomba de calor es el sistema de calefacción más
económico, mientras que la electricidad convencional (calor por efecto Joule) es el más caro. No obstante
esto no puede ser definitivamente excluyente del resto de los sistemas, ya que deberemos de tener en
cuenta otros factores cuya importancia habrá que valorar en cada caso particular.
El gasóleo y el propano son los combustibles cuyo almacenamiento resulta más costoso, sobre todo en
viviendas unifamiliares.
Los sistemas eléctricos no precisan de almacenamiento, basta con aumentar la potencia contratada para
poder disponer de la potencia que se desee.
La distribución del calor mediante radiadores de agua es el sistema más caro, sin duda alguna mucho
más caro que un sistema de distribución por conductos de aire.
Las resistencias eléctricas para calefacción, por cualquiera de los procedimientos, convectores, placas
solares, etc., es el sistema más económico de producción y distribución de calor ( hacen las dos funciones
simultáneamente ).
El gas ciudad resulta, por su precio, muy interesante en aquellas viviendas comunitarias que disponen de
este servicio, sin que ello nos haga olvidar los inconvenientes del gas.
De manera indiscutible, el sistema de calefacción más limpio, más seguro y de menos mantenimiento es
el eléctrico.
El sistema de calefacción por aire forzado a través de conductos, es posiblemente el que proporciona un
mayor confort, y el único procedimiento que permite distribuir aire frío y caliente (Climatización).
La bomba de calor aire-aire, con un bajo costo de combustible es el único procedimiento para obtener
aire frío y caliente.
Para poder determinar los gastos anuales de un sistema cualquiera de calefacción, deberemos comenzar
por aclarar el concepto de grados-día anuales, cuyo mapa de zonificación se comentaba al inicio de esta
exposición.
Para explicar el concepto de grados-día, inicialmente diremos que las calorías necesarias en un periodo
de una hora, serán:
y teniendo presente que la temperatura media de las veinticuatro horas del día es
De todo esto deducimos que las calorías necesarias en las 24 horas del día serán:
A lo largo del año este consumo diario se ira repitiendo todos los días, siempre y cuando la temperatura
exterior sea inferior a la interior, ya que cuando la temperatura exterior sea superior a la interior no se
necesitará aportación de calor. Por lo tanto tendremos que el gasto en un año, será:
Este concepto es el aplicado por las NBE CT-79 para definir los llamados grados-día anuales con base
15/15, es decir, que parte de una temperatura interior base ti de 15ºC y una temperatura media exterior tm ,
que lógicamente no puede sobrepasar los 15ºC.
En el mapa de zonificación que se daba al comienzo de esta exposición, divide a España en 5 Zonas
climatológicas y da para cada una de ellas los límites máximo y mínimo de los grados-día anuales con base
15/15.
Este valor de los "grados-día anuales" puede parecernos escaso para el cálculo real del consumo anual,
ya que se limita la temperatura base a 15ºC, y este valor es claramente insuficiente. Nosotros nos limitamos
a hacer los cálculos con estos valores, pero si queremos tener un valor más exacto, las Comunidades
Autónomas suelen publicar estos datos con más amplitud y suelen incluir los "grados-día anuales" para
temperaturas de 18 y 20ºC.
Dado que un sistema de calefacción no funciona las 24 horas del día, a esta fórmula del gasto anual le
incorporaremos un coeficiente de utilización que tenga en cuenta el tanto por ciento de las horas del día que
esta activo, incluso pueda ser aplicado en aquellos casos en los que por la noche se utiliza la calefacción a
potencia reducida. Llamando CU al coeficiente de utilización, tendremos el gasto real de calorías en un año:
Para convertir estas calorías al equivalente gasto anual de un determinado combustible (kWh, litros, m3 o
kg), basta con dividir esta expresión por la potencia calorífica correspondiente Pc y por su rendimiento ,
Así obtenidos los gastos anuales de calefacción para cada uno los combustibles considerados, si los
multiplicamos por el precio unitario de cada uno de ellos, obtendremos el importe anual en pesetas.
El aire acondicionado es una técnica moderna que consiste en el tratamiento del aire con el fin de
aportarle las condiciones de confort que puedan faltarle.
1) Temperatura.
2) Humedad.
3) Velocidad del aire.
4) Limpieza del aire.
5) Ventilación.
Estas cinco variables son un claro exponente de un bienestar ambiental, por lo que su adecuación a las
necesidades de cada caso será de vital importancia.
Temperatura
Humedad relativa
Es la variable que nos produce la sensación de seco o húmedo y es tan desagradable cuando hay
exceso como cuando hay defecto. Su valor normal para cualquier época del año suele ser del 55% al 65%.
Conseguidas unas condiciones de temperatura y humedad, éstas deben hacerse llegar al cuerpo humano
mediante un correcto movimiento del aire y siempre con una velocidad no molesta para los ocupantes del
local.
El hombre respira normalmente 15 kg. de aire por día, lo que da idea de lo fundamental que es para la
salud y el confort la limpieza del mismo. El aire suele contener polvo, humos, etc. y por lo tanto debe
filtrarse.
Ventilación
Es imprescindible aportar una cierta cantidad de aire de ventilación, aire del exterior, al local a
acondicionar, con objeto de eliminar el aire viciado y los malos olores.
Además de una buena ventilación, en ocasiones se hace imprescindible una desinfección y una
desodorización del aire. Un procedimiento para conseguir estos dos cometidos es la ozonización del aire;
recordemos que el ozono es un excelente desinfectante y a la vez es un buen desodorante.
Partiendo de la base de que 1 kWh = 1.000 Wh, puede suministrarnos una cantidad de calorías igual a
y que esta transformación eléctrica por efecto de Joule se hace siempre con un rendimiento
prácticamente igual a la unidad, sea cual sea el aparato que utilicemos, veamos seguidamente los
diferentes sistemas de calefacción eléctrica.
CONVECTORES NATURALES
Estos aparatos calientan el aire mediante una resistencia situada en su parte inferior. El aire en contacto
con la resistencia se calienta y se pone por sí solo en circulación (convección), ya que al disminuir su
densidad, se eleva, cede su calor por la habitación, se enfría y baja de nuevo hasta el suelo, iniciándose de
nuevo el ciclo.
Estos convectores están diseñados para que el movimiento natural del aire se vea acelerado,
produciendo de esta forma un tiro forzado análogo al de una chimenea. De esta manera la repartición del
calor por la habitación es lenta pero agradable.
La temperatura de salida del aire es inferior a los 90ºC, lo que en parte evita que se ensucien las paredes
como consecuencia del polvo carbonizado.
PLACAS SOLARES
Están formadas por una resistencia que, en forma de circuito impreso se coloca sobre una chapa de
acero con esmalte vitrificado.
Las placas solares emiten calor preferentemente por radiación, aunque no obstante también tienen un
cierto grado de convección. La temperatura superficial de las placas oscila entre 150 y 250ºC, por lo que
necesariamente deben estar dotadas de rejillas protectoras.
Las potencias que se encuentran en el mercado oscilan entre 500 y 2.000 W. Algunos fabricantes ofrecen
la posibilidad de poder seleccionar varias potencias, así como la particularidad de poder ser programados
en su funcionamiento.
Este sistema es adecuado para estancias que dispongan de una gran superficie diáfana, o donde se
necesite una sensación rápida de calor, aunque posiblemente el calor radiado resulte algo desagradable.
CALOR NEGRO
Este sistema está formado por una resistencia cubierta por una carcasa de chapa. Se denominó calor
negro porque su resistencia no se ponía al rojo.
Debido a la facilidad de fabricación de este sistema de calefacción el mercado se vio inundado por estos
aparatos, de bajo coste y de muy baja calidad, con el consiguiente desprestigio del sistema.
VENTILOCONVECTORES
También llamados electroconvectores, convector forzado, etc, están formados por una resistencia a
través de la cual un pequeño ventilador hace pasar aire, que se reparte rápidamente por la habitación.
Es posiblemente el mejor sistema para aquellos lugares donde se pretende alcanzar la temperatura de
confort en un tiempo reducido, como por ejemplo en cuartos de baño.
Por lo general se fabrican con conexiones estancas y están protegidos contra la humedad.
Estos aparatos suelen disponer de cuatro posibilidades de funcionamiento: parado, aire natural forzado,
aire caliente forzado con 1.000 W de consumo, y aire con 2.000W.
RADIADORES DE ACEITE
Estos aparatos están constituidos por una carcasa de chapa similar a las utilizadas en calefacciones
tradicionales por agua. En el interior de esta carcasa y en su parte inferior lleva una resistencia eléctrica,
sumergida en un fluido, generalmente aceite.
La emisión de calor es por radiación y convección, dependiendo su proporción de la forma del aparato.
Así, el de tipo panel emite la mayor parte del calor por radiación.
Tal y como ilustramos en el dibujo, existen dos versiones de este aparato: radiador de columnas y
radiador tipo panel. Ambos se comercializan en modelos fijos y móviles.
El radiador de columnas tiene más inercia térmica y, por tanto, tarda más en alcanzar su nivel de
temperatura.
El radiador alcanza una temperatura del orden de 80ºC y se presenta generalmente en potencias de 500
a 2.220 W.
INFRARROJOS
Están constituidos por una resistencia alojada dentro de un tubo de cuarzo, produciendo de esta manera
radiaciones infrarrojas. La emisión de estas radiaciones es dirigida, mediante una pantalla, hacia la zona a
calefactar.
Las resistencias alcanzan temperaturas muy altas, entre 500 y 1.000 ºC, que ponen al rojo el tubo,
debiendo colocarse a una altura superior a 2 metros para evitar contactos accidentales. Por lo general se
colocan encima de las puertas.
CALDERAS ELÉCTRICAS
Son aparatos similares a las calderas de agua utilizadas en los sistemas tradicionales de calefacción. En
ellas el calor producido por unas resistencias eléctricas es cedido a un circuito de agua que lo lleva a los
radiadores, situados en cada una de las habitaciones.
Su tamaño es reducido ya que al disponer de circulación forzada necesita un reducido volumen de agua.
Las potencias existentes en el mercado se presentan a partir de los 4.000 W. La temperatura del agua en
circulación oscila entre los 60 y 80 ºC, dependiendo de las necesidades de calor.
Se trata de un sistema de convección forzada que consta de una unidad que aspira el aire de la vivienda
o local, lo hace pasar por un filtro, para purificarlo, y luego lo pasa a través de un conjunto de resistencias
eléctricas, donde se calienta, y es impulsado por un ventilador para distribuirlo por las habitaciones.
El aire caliente se distribuye a toda la vivienda por medio de conductos especiales, que llevan una rejilla
de salida en cada una de las habitaciones.
La temperatura de salida del aire debe situarse entre 33 y 42 ºC, evitando de esta manera el efecto
desagradable que supone la incidencia sobre la piel de aire excesivamente caliente. También hay que tener
especial precaución en que la velocidad de salida del aire, por cada una de las rejillas de salida, no sea
excesiva.
Esta solución resultaba factible en aquellos casos en los que estaba prevista la climatización de la
vivienda, ya que los conductos sirven para distribuir tanto el aire caliente como el frío. Con la aparición de la
"bomba de calor", de la que más tarde hablaremos, ya no podemos aconsejar esta solución, debido a que la
bomba de calor nos servirá para ambos cometidos, con un rendimiento tres veces superior al eléctrico
convencional.
Se puede utilizar como sistema único y directo de calefacción o como sistema mixto.
Cuando se utiliza de manera mixta, la calefacción del suelo suministra el calor necesario para que la
temperatura del local alcance del orden de 16ºC, con independencia del exterior. El resto de calor, hasta la
temperatura de confort, lo aportan los pequeños convectores con termostato.
Este sistema requiere de un buen aislamiento térmico del suelo, es adecuado para todo tipo de viviendas
en construcción y proporciona un alto nivel de confort.
Los cables calefactores son unas resistencias eléctricas en forma de hilo, cubiertas por una o varias
envolturas protectoras.
Los paneles son también resistencias eléctricas en forma de lámina, colocada entre dos láminas no
conductoras que le sirven de soporte.
La colocación de estas resistencias se hace debajo del forjado tal y como se indica en el dibujo. La
temperatura que alcanzan estos elementos calefactores suele estar comprendida entre 30 y 35 ºC y el techo
entre 28 y 32 ºC, lo que permite emitir calor por radiación.
Naturalmente este sistema requiere reforzar el aislamiento del techo, y siempre que no se sobrepase la
temperatura máxima indicada, la sensación de confort que se consigue es elevada.
La producción de energía eléctrica es casi constante a lo largo de las 24 horas del día, mientras que el
consumo se centra mayoritariamente en las horas diurnas. En consecuencia, se produce un desequilibrio
notable entre la producción y la demanda.
Con el fin de aminorar en lo posible este desequilibrio, las compañías eléctricas no tienen otra alternativa
que la de incentivar los consumos nocturnos.
El consumo nocturno industrial esta incentivado, y lo mismo sucede para usos domésticos.
Mediante la llamada "Tarifa Nocturna", las viviendas pueden disponer de energías a precios más
asequibles, siempre que dispongan de un contador de doble tarifa y de un reloj horario que vaya cambiando
la tarifa según las horas del día establecidas.
Actualmente la Tarifa Nocturna para usos domésticos rige durante las siguientes horas:
En estas condiciones el precio del kilovatio nocturno ve reducido su precio en un 55% mientras que el
diurno aumenta en un 3%. (En la actualidad estos tantos por cientos se han suprimido y se aplican unos
valores ligéramente distintos).
Para aprovechar adecuadamente esta ventaja se han ideado los acumuladores de calor, cuya misión no
es otra que la de acumular calor durante las horas nocturnas en las que el precio del kilovatio resulta más
económico, para soltarlo durante las horas del día en las que realmente necesitamos el calor.
Los acumuladores estáticos que actualmente podamos ver se basan en un principio sencillísimo y ya
conocido por todos. Se trata de acumular calor en ladrillos refractarios especiales calentados por
resistencias eléctricas convencionales.
La cantidad de calor almacenado es función del volumen de los ladrillos y de la temperatura que
alcancen. Teniendo en cuenta que los acumuladores de calor llevan ladrillos con un peso variable según los
modelos, pero que oscila entre los 75 y 150 kg., y que la temperatura que alcanza es del orden de los 600 a
700 ºC, podremos hacernos idea de la cantidad de calor que pueden almacenar, superior a las 15.000 kcal.
En la figura podemos ver las distintas partes de que se compone un acumulador de calor. Además de los
ladrillos, resistencias calefactoras y aislamiento del conjunto, existe un control automático para la carga de
calor y otro para la descarga del calor en las horas precisas.
La descarga del calor acumulado se lleva a cabo a través de unas rejillas termostáticas practicadas en la
parte delantera del aparato, el cual se desprende del calor por convección.
Seguidamente ofrecemos los datos característicos de tres modelos ampliamente comercializados, así
como también la curva de carga y descarga del modelo WM-724.
en el suelo 3 ºC 7 ºC 4 ºC
Temperaturas:
en la carcasa 76 ºC 77 ºC 72 ºC
Número de ladrillos 8 12 16
Número de resistencias 2 3 4
La curva de carga dura 8 horas durante las cuales el acumulador consume 3,22 kW, y por tanto almacena
3,22 8 = 25,78 kWh. teóricos, prácticos según las tablas 25,1 kWh. Estos kilovatios almacenados
equivalen a 25,1 860 = 21.586 kcal / h. Seguidamente, si se desea, ya se puede proceder a la descarga
del acumulador, que lo podrá hacer durante el resto de las 16 horas con una potencia inicial máxima de
1.320 W. y una potencia final mínima de 510 W.
Concretamente, la bomba de calor es un aparato capaz de extraer el calor de una fuente energética
natural, aire, agua, etc., y transmitirlo a otro lugar para su utilización. De ahí el nombre de "bomba de calor"
por su comparación al bombeo de energía de un lugar a otro.
La energía utilizada para el funcionamiento propio de la bomba de calor es la electricidad (un motor
eléctrico mueve a un compresor), pero tiene la particularidad sobre los sistemas convencionales de que por
cada kilovatio consumido por la bomba de calor se obtiene el equivalente a 2.580 kcal, aproximadamente,
es decir, tres veces más que por efecto Joule, 3 x 860 = 2.580. La razón de este elevado rendimiento es
precisamente el aprovechamiento de la energía del medio ambiente.
No existe una diferencia fundamental entre el conocido ciclo de una instalación frigorífica y el ciclo de una
bomba de calor. Termodinámicamente ambos sistemas son bombas de calor que utilizan un compresor, un
condensador, un evaporador y demás componentes, con el único fin de absorber calor de un cuerpo y
desprenderlo sobre otro. Si el calor se absorbe del aire y se desprende sobre el aire, la bomba se denomina
aire-aire.
Así, según cual sea el origen de la fuente de calor y el sistema de transporte del mismo a los servicios de
la vivienda o local, las bombas de calor pueden denominarse: aire-aire, aire-agua, agua-aire, agua-agua.
En el campo concreto del aire acondicionado, la bomba de calor resulta imprescindible ya que se utilizará
para suministrar calor durante los momentos en los que se requiera calefacción y para extraerlo en los
períodos en los que se requiera refrigeración.
Para clarificar los cambios termodinámicos que sufre el líquido refrigerante que mueve el compresor de
una bomba de calor, se utiliza el diagrama Presión-Entalpía (P-H), representando en él las familias de
curvas de temperatura, entropía y volumen constante.
La línea que engloba la campana representa la zona de líquido + vapor, es en donde se produce el
cambio de estado. La zona de la derecha de la línea vapor saturado, representa el sector de vapor
sobrecalentado. La zona de la izquierda de la línea líquido saturado, representa el sector del líquido
subenfriado.
El amoniaco fue el refrigerante más utilizado en los primeros tiempos de la refrigeración. Tiene la
propiedad de tener un calor latente muy grande, pero tiene el inconveniente de ser altamente tóxico por lo
que su utilización es muy limitada.
Pruebas realizadas en los últimos decenios han permitido descubrir unos agentes refrigerantes de
excelentes cualidades. Se trata de asociaciones Flúor-Cloro del Metano y Etano, denominados Freones,
siendo los más comúnmente utilizados el R-22 y R-502.
1º) El refrigerante en estado de vapor sobrecalentado, a una temperatura Td y a una presión P1,
es aspirado por el compresor, punto C, que lo comprime adiabáticamente hasta alcanzar la
temperatura Te y presión P2, punto D. Durante este proceso el vapor ha ido aumentando su presión
y temperatura alcanzando un valor máximo de temperatura debido al calor de compresión (h4 - h3),
producido por el propio compresor.
y siendo el Calor Cedido por el Condensador igual al Calor Extraído por el Evaporador más el Calor
Suministrado por el Compresor, tendremos:
El calor cedido por el medio ambiente y el suministrado por el compresor son variables y dependen de la
temperatura del aire que circula por el evaporador, por lo que el COP de una bomba de calor es variable.
Por lo general suele ser de 3, para una temperatura del aire en el evaporador de 8 ºC, es decir, que del
100% de la potencia calorífica obtenida en el condensador, el 33% corresponde a la potencia suministrada
por el compresor, y el resto, el 67%, corresponde a la potencia absorbida por el evaporador del medio
ambiente.
El rendimiento global de la bomba de calor será ligeramente inferior al COP descrito, ya que a la potencia
suministrada por el compresor hay que sumarle el rendimiento del grupo motor-compresor y los consumos
de los ventiladores que fuerzan el paso del aire por el condensador y por el evaporador.
El COP aumenta con la temperatura del aire del evaporador; es del orden de 2,7 para temperaturas bajo
cero y del orden de 3,5 para temperaturas superiores a los 12 ºC.
Seguidamente mostramos un ejemplo de bomba de calor aplicada en sus dos facetas de calefacción y
refrigeración. Se trata de una bomba de calor aire-aire en la que el caudal de aire interior es de 1.600 m3 / h
y en el exterior 4.000 m3 / h.
Sabiendo las temperaturas de entrada y salida del aire al evaporador y al compresor nos será muy fácil
obtener el calor aportado por la bomba de calor y su rendimiento, teniendo presente que la cantidad de calor
ganada (calorías) o la cantidad de calor perdida (frigorías), se calcula por la fórmula:
Q = V C ( T 1 - T2 )
en la que:
Cuando la bomba de calor trabaja en ciclo de refrigeración, el factor COP no nos dice gran cosa, por lo
que se utiliza otro factor conocido por las siglas EER, y representa el cociente entre el calor extraído por el
evaporador y el calor cedido por el compresor:
La bomba de calor aire-aire descrita es de las más utilizadas en viviendas, aunque también suele
utilizarse un modelo aire-agua que tiene aplicación en calefacción y para obtener agua caliente sanitaria.
Por lo tanto el calor cedido por el compresor será: Q1 + Q2 = 7.368 - 4.912 = 2.456 kcal / h.
Calor extraído por el evaporador: Q1= 1600 0,307 (14 - 28 ) = - 6.876 kcal/h.(Frigorías).
8. LUMINOTECNIA
8.1. LUMINOTECNIA
Luminotecnia es la ciencia que estudia las distintas formas de producción de luz, así como su control y
aplicación.
Iniciemos su estudio examinando las variaciones electromagnéticas simples, que pueden clasificarse bien
por su forma de generarse, por sus manifestaciones o efectos, o simplemente por su longitud de onda.
Las radiaciones visibles se caracterizan por ser capaces de estimular el sentido de la vista y estar
comprendidas dentro de una franja de longitud de onda muy estrecha, comprendida aproximadamente entre
380 y 780 m. (1 milimicra = 10-9 m.). Esta franja de radiaciones visibles, está limitada de un lado por las
radiaciones ultravioleta y de otro, por las radiaciones infrarrojas, que naturalmente no son perceptibles por el
ojo humano.
Una de las características más importantes de las radiaciones visibles, es el color. Estas radiaciones,
además de suministrar una impresión luminosa, proporcionan una sensación del color de los objetos que
nos rodean.
Dentro del espectro visible, pueden clasificarse una serie de franjas, cada una de las cuales se
caracteriza por producir una impresión distinta, característica peculiar de cada color.
Puesto que el receptor de estas sensaciones de color es el ojo humano, resultaba interesante conocer su
sensibilidad para cada una de estas radiaciones. Para ello se dispuso de fuentes de luz capaces de generar
cantidades iguales de energía de todas las longitudes de onda visibles, y se realizó el ensayo comparativo
de la sensación luminosa producida a un gran número de personas.
El ensayo dio como resultado que no todas las longitudes de onda producian la misma impresión
luminosa y que la radiación que más impresión causaba era la correspondiente a una longitud de onda de
550 m ., propia del color amarillo-verde. Esta impresión iba decreciendo a derecha e izquierda del valor
máximo característico, siendo para los colores rojo y violeta los que daban una menor impresión.
De estos resultados se obtuvo la "Curva Internacional de Sensibilidad del ojo humano", tal y como se
representa en la figura.
Otro dato digno de tener presente en luminotecnia es el conocido con el nombre de "Temperatura del
Color". Considerado el cuerpo negro como radiante teóricamente perfecto, este va cambiando de color a
medida que vamos aumentando su temperatura, adquiriendo al principio el tono de un rojo sin brillo, para
luego alcanzar el rojo claro, el naranja, el amarillo, el blanco, el blanco azulado, y finalmente el azul.
De esta idea nace la "Temperatura del Color", y se utiliza para indicar el color de una fuente de luz por
comparación de esta con el color del cuerpo negro a una determinada temperatura. Así, por ejemplo, el
color de la llama de una vela es similar al de un cuerpo negro calentado a 1.800 ºK, por lo que se dice que
la temperatura de color de la llama de una vela es de 1.800 ºK.
La temperatura de color solamente puede ser aplicada a aquellas fuentes de luz que tengan una
semejanza con el color del cuerpo negro, como por ejemplo la luz del día, la luz de las lámparas
incandescentes, la luz de las lámparas fluorescentes, etc.. El color de las lámparas de vapor de sodio, no
coincide con el color del cuerpo negro a ninguna temperatura, por lo que ni pueden ser comparadas con él,
ni se les puede asignar ninguna temperatura de color.
Seguidamente damos algunas temperaturas de color, con el fin de que nos familiaricemos con ellas:
Existe una cierta relación entre la temperatura de color y el nivel de iluminación, de tal forma que a mayor
temperatura de color, la iluminación ha de ser también mayor para conseguir una sensación agradable.
Partiendo de la base de que para poder hablar de iluminación es preciso contar con la existencia de una
fuente productora de luz y de un objeto a iluminar, las magnitudes que deben conocerse y definirse son las
siguientes:
Nivel de iluminación
Lumen / m2 = Lux E
Iluminancia
Luminancia Candela / m2 L
El flujo luminoso y la intensidad luminosa son magnitudes características de las fuentes de luz, indicando
la primera la cantidad de luz emitida por dicha fuente en 1 segundo en todas direcciones, mientras que la
segunda indica la cantidad de luz emitida en 1 segundo y en una determinada dirección.
A) Flujo luminoso
Es la magnitud que mide la potencia o caudal de energía de la radiación luminosa y se puede definir de la
siguiente manera:
Flujo luminoso es la cantidad total de luz radiada o emitida por una fuente durante un segundo.
El Lumen como unidad de potencia corresponde a 1/680 W emitidos a la longitud de onda de 550 m .
B) Nivel de iluminación
En nivel de iluminación o iluminancia se define como el flujo luminoso incidente por unidad de superficie.
A su vez, el Lux se puede definir como la iluminación de una superficie de 1 m2 cuando sobre ella incide,
uniformemente repartido, un flujo luminoso de 1 Lumen.
C) Intensidad luminosa
La intensidad luminosa de una fuente de luz en una dirección dada, es la relación que existe entre el flujo
luminoso contenido en un ángulo sólido cualquiera, cuyo eje coincida con la dirección considerada, y el
valor de dicho ángulo sólido expresado en estereoradianes.
La candela se define también como 1/60 de la intensidad luminosa por cm2 del "cuerpo negro" a la
temperatura de solidificación del platino (2.042 ºK).
Con el fin de aclarar el concepto de ángulo sólido, imaginemos una esfera de radio unidad y en su
superficie delimitemos un casquete esférico de 1 m2 de superficie. Uniendo el centro de la esfera con todos
los puntos de la circunferencia que limitan dicho casquete, se nos formará un cono con la base esférica; el
valor del ángulo sólido determinado por el vértice de este cono, es igual a un estereoradián, o lo que es lo
mismo, un ángulo sólido de valor unidad.
En general, definiremos el estereoradián como el valor de un ángulo sólido que determina sobre la
superficie de una esfera un casquete cuya área es igual al cuadrado del radio de la esfera considerada.
Según podemos apreciar en la figura, la definición de ángulo sólido nos da idea de la relación existente
entre flujo luminoso, nivel de iluminación e intensidad luminosa.
D) Luminancia
S2 = S1 cos
por lo tanto:
Ejemplos de luminancia:
Con ayuda de la figura y algunas de las fórmulas anteriormente expuestas, podemos llegar a interesantes
conclusiones, que más adelante nos servirán para los cálculos.
Siendo:
tendremos que
Si tenemos en cuenta que los flujos luminosos y las intensidades luminosas son iguales en ambas
superficies, tendremos que:
de donde:
Según estas fórmulas observamos como una fuente de luz con una intensidad luminosa de 200 candelas
en la dirección del eje de la figura determina sobre un punto situado a 1 metro de distancia, un nivel de
iluminación de:
Si ahora suponemos que el punto está situado a 3 metros, el nivel de iluminación se verá reducido en una
novena parte.
Cuando la superficie iluminada no es perpendicular a la dirección del rayo luminoso, la iluminancia o nivel
de iluminación, viene modificado por el coseno del ángulo de incidencia, que es el ángulo formado por la
dirección del rayo incidente y la normal a la superficie en el punto considerado.
y por tanto,
Por ejemplo, si suponemos una fuente de luz a una altura de 8 metros, con una intensidad luminosa de
200 candelas, en un punto que forma 20º con la vertical, el nivel de iluminación en dicho punto será:
Desde la primera lámpara de Edison, hace ya más de 100 años, se ha ido acumulando una gran experiencia en el
campo de la iluminación, que supone una parte muy importante en el conjunto de la electricidad moderna.
A lo largo de estos años se han descubierto nuevos tipos de lámparas a las que se han ido adaptando una serie de
componentes y aparatos auxiliares, tales como casquillos, portalámparas, reactancias, etc. Seguidamente exponemos
algunos de ellos.
Las lámparas pueden ser de muchas clases, cada una de ellas con sus particularidades y características específicas,
que pasamos a estudiar con detalle.
La incandescencia es un sistema en el que la luz se genera como consecuencia del paso de una corriente eléctrica a
través de un filamento conductor.
Muchos han sido los materiales utilizados para la construcción de filamentos, pero en la actualidad el material de uso
exclusivo es el tungsteno o wolframio, cuya temperatura de fusión es del orden de 3.400 ºC. Con este tipo de filamentos
se puede llegar a temperaturas normales de trabajo del orden de 2.500 a 2.900 ºC, lo cual permite fabricar lámparas de
incandescencia de una vida relativamente grande, con rendimientos también relativamente grandes, sobre todo si los
comparamos con los obtenidos tan sólo hace unas cuantas décadas.
El filamento entraría en combustión con el oxígeno del aire si no lo protegiéramos mediante una ampolla de vidrio a
la que se le ha hecho el vacío o se ha rellenado de un gas inerte.
Un factor importante que condiciona la vida de un filamento, es el llamado "fenómeno de evaporación". Dicho
fenómeno consiste en que debido a las elevadas temperaturas del filamento, este emite partículas que lo van
adelgazando lentamente, produciendo finalmente su rotura.
Para evitar en parte este fenómeno, los filamentos se arrollan en forma de espiral y la ampolla se rellena con un gas
inerte a una determinada presión. El gas inerte de relleno suele ser de una mezcla de nitrógeno y argón, aunque también
suele utilizarse kripton exclusivamente.
La ampolla constituye la envoltura del filamento y del gas de relleno, siendo su tamaño función de la potencia
eléctrica desarrollada. El material que se utilizó para las primeras lámparas era el cristal, aunque en la actualidad el
vidrio a la cal es el más utilizado.
Su forma no está supeditada fundamentalmente a ningún concepto técnico, siguiendo generalmente criterios estéticos
o decorativos, por lo que se fabrican según una extensa variedad de formas. El modelo estándar es el más
corrientemente utilizado.
El casquillo tiene como misión la de recoger los dos hilos que salen del filamento, a través del vidrio, hacia el
exterior; al mismo tiempo sirve como elemento de unión con la red de alimentación. Existe una gran diversidad de
formas y tamaños de casquillos, aunque los más corrientemente utilizados son los de rosca Edison E-27, para potencias
inferiores a los 300W, y la rosca E-40 o Goliat, en lámparas de igual o superior potencia.
Para un buen conocimiento del comportamiento de estas lámparas, es necesario tener en cuenta su curva de
distribución espectral de las diferentes radiaciones que la componen. En la figura mostramos la distribución espectral de
una lámpara de incandescencia, tipo estándar, de 500W, en función de la energía radiada.
De esta curva se deduce que la energía radiada por estas lámparas tiene un carácter continuo y que gran parte de la
energía se encuentra en la zona de los colores rojos, mientras que solamente una pequeña parte lo hace en la zona del
color violeta. De esto se deduce que la luz radiada por este tipo de lámparas se asemeja a la luz solar.
La eficacia luminosa o rendimiento de una lámpara se expresa como el cociente entre el flujo luminoso producido y
la potencia eléctrica consumida,
La eficacia de las lámparas de incandescencia es la más baja de todas las lámparas y es del orden de 8 Lm/W para
lámparas de pequeña potencia y del orden de 20 Lm/W para las de gran potencia.
No debemos confundir la eficacia de una lámpara con el rendimiento de la transformación "energía eléctrica energía
luminosa". Casi la totalidad de la energía eléctrica aplicada a las lámparas se transforma en calor, y solamente una
pequeñísima parte se transforma en luz, es difícil encontrar rendimientos peores.
El flujo luminoso de las lámparas de incandescencia no es constante a lo largo de toda su vida. La causa hay que
buscarla en el fenómeno de la evaporación del filamento, ya que por una parte las partículas de tungsteno desprendidas
por el filamento se depositan sobre la pared interna de la ampolla ennegreciéndola, y por otra parte el adelgazamiento
experimentado por dicho filamento hace que aumente su resistencia, lo que provoca una disminución de la potencia
absorbida. Ambos efectos provocan una disminución del flujo total emitido.
Se considera como vida media de una lámpara al promedio de las vidas o duraciones de un grupo de ellas
funcionando en condiciones normales. Este es un dato muy importante a tener en cuenta en cualquier tipo de lámpara,
ya que de él dependerá, fundamentalmente, el mayor o menor rendimiento económico de la instalación.
La vida media de una lámpara de incandescencia se estima en unas 1.000 horas, es decir, que parte de ellas durarán
menos, mientras que otras sobrepasarán esta cifra. La vida media de las lámparas de incandescencia es la menor de
todas las lámparas, no obstante, por sus características es la que más se utiliza en el alumbrado de viviendas.
La tensión de alimentación de una lámpara de incandescencia es un factor que afecta a todas sus variables, resistencia
eléctrica del filamento, corriente, potencia, flujo luminoso, eficacia luminosa y vida media. Hemos representado todas
estas variables en la figura, de la que podemos obtener interesantes conclusiones.
Es interesante observar cómo varía la vida media de una lámpara, en función de la tensión. Un aumento de la tensión
de un 30% deja a la lámpara prácticamente sin vida, mientras que una disminución del 10% aumenta la vida en un
400%.
Referente al valor de la resistencia eléctrica del filamento de una lámpara de incandescencia, vemos como no resulta
ser constante con la tensión, como sería de esperar. Ello se debe a que al aumentar la tensión aumenta su temperatura y
con ella su resistencia, como consecuencia de que el tungsteno tiene un coeficiente positivo de temperatura
relativamente grande.
El resto de los valores siguen un comportamiento lógico, tal y como puede apreciarse.
Hemos observado la vida extremadamente corta de las lámparas incandescentes, su pequeña eficacia luminosa, y la
enorme influencia que tiene la tensión sobre sus características fundamentales. Pese a ello y con una antigüedad de más
de 100 años, las lámparas incandescentes siguen alumbrando la casi totalidad de los hogares, ya que no existe nada
mejor que las sustituya.
Las lámparas de incandescencia con halogenuros o simplemente lámparas halógenas no son más que lámparas de
incandescencia perfeccionadas.
En las lámparas de incandescencia tiene lugar el ya conocido fenómeno de evaporación del filamento, que consiste en
el desprendimiento de partículas de tungsteno que siguiendo las corrientes de convección del gas en el interior de la
lámpara, acaban por depositarse sobre la pared interior de la ampolla, ennegreciéndola.
Si al gas de relleno de una lámpara de incandescencia se le añade una pequeña cantidad de yodo en forma de yoduro,
en las zonas externas de la lámpara en las que la temperatura es del orden de los 600 ºC, tiene lugar una reacción
química en virtud de la cual los átomos de tungsteno se recombinan con los átomos de yodo, dando como resultado un
compuesto llamado yoduro de tungsteno:
Por otra parte, cuando las moléculas de este nuevo compuesto se aproximan al filamento, zona en la que la
temperatura es superior a los 2.000 ºC, se produce la reacción opuesta, es decir, el yoduro de tungsteno se disocia en
yodo y tungsteno, depositándose este último sobre el filamento, siguiendo el yodo el camino determinado por las
corrientes de convección, para repetir el proceso.
Como ya hemos dicho, una parte de la reacción química se produce a una temperatura de 600ºC, en la pared de la
ampolla de la lámpara. Para poder alcanzar tan elevada temperatura no queda más remedio que reducir
considerablemente el tamaño de la ampolla y como el vidrio no soporta estas temperaturas tan elevadas, se recurre al
cuarzo, que tiene una temperatura de reblandecimiento superior a los 1.300 ºC. El resultado de lo expuesto es una gran
disminución del tamaño de estas lámparas, aproximadamente el 5% del volumen de una lámpara convencional de la
misma potencia.
En una atmósfera halógena no pueden emplearse materiales corrientes, en base a la gran afinidad química, por lo que
los soportes del filamento se hacen también de tungsteno.
Las salidas de los conductores de alimentación de estas lámparas, se hacen a través de unas finísimas hojas de
molibdeno. Debido al pequeño coeficiente de dilatación de este material y a las dimensiones extremadamente pequeñas
de la hoja que atraviesa el cuarzo, este se ve sometido a esfuerzos relativamente pequeños.
El extremadamente pequeño volumen de estas lámparas, permite realizar ampollas de cuarzo de gran resistencia,
admitiendo un relleno de gas a mayor presión.
Todo lo dicho sobre las lámparas halógenas nos permite citar las siguientes ventajas sobre las lámparas de
incandescencia convencionales:
- La vida media resulta mayor, 2.000 h., debido también a la regeneración del tungsteno.
- Debido a sus reducidas dimensiones es posible conseguir un control más preciso del haz
luminoso.
Para la manipulación de estas lámparas hay que tener presentes dos cuestiones muy importantes:
- Evitar la presencia de grasa sobre la ampolla de cuarzo, es decir, no deben tocarse con
las manos, ya que a altas temperaturas se puede originar la desvitrificación del cuarzo con las
anomalías consiguientes.
- Su posición de trabajo debe de ser siempre horizontal con una tolerancia máxima de unos
4º. Una mayor inclinación altera el equilibrio térmico de la regeneración, afectando
seriamente a la vida de la lámpara.
La temperatura de color de estas lámparas resulta ser de 3.100 ºC y la eficacia luminosa es del orden de 22 Lm/W,
algo mayor que la correspondiente a lámparas de incandescencia convencionales.
En la actualidad se fabrican dos tipos de lámparas halógenas, las llamadas de casquillos cerámicos y las de doble
envoltura, tal y como se muestra en la figura.
Las lámparas halógenas de casquillos cerámicos están formadas por una ampolla cilíndrica de cuarzo de diámetro
muy reducido, en cuyo interior se encuentra el filamento de tungsteno, arrollado en espiral, sumergido en una atmósfera
de nitrógeno-argón y un halógeno que acostumbra a ser de yodo.
Los extremos de la ampolla terminan en dos casquillos cerámicos que protegen los contactos de conexión. La
posición de trabajo de este tipo de lámparas debe ser siempre horizontal, con una desviación máxima de 4º, y debe
evitarse el contacto de la ampolla con las manos, tal y como ya hemos indicado.
Para evitar los problemas que trae consigo la desvitrificación y al mismo tiempo permitir el funcionamiento de la
lámpara en cualquier posición, se han creado las lámparas de doble envoltura, en las que el tubo de cuarzo está situado
en el interior de un segundo tubo, en este caso de vidrio normal, cuya misión no es otra que la de proteger el tubo de
cuarzo y al mismo tiempo proporcionarle el equilibrio térmico que precisa para su buen funcionamiento.
Este equilibrio térmico necesario para que se produzca la regeneración del filamento en cualquier posición de trabajo
de la lámpara, se consigue rellenando con nitrógeno el espacio que hay entre la lámpara y el segundo tubo de vidrio.
Las lámparas de doble envoltura disponen de casquillos normalizados del tipo E-27 o E-40, siendo fácilmente
adaptables en portalámparas destinados a lámparas de incandescencia convencionales.
La posibilidad de un encendido y reencendido instantáneo, la gran facilidad de controlar el haz luminoso y una muy
buena reproducción cromática, hace de estas lámparas un medio excelente para el alumbrado de pistas deportivas,
carteles publicitarios, edificios y monumentos. No obstante, debido a la corta vida media de estas lámparas, se trata de
un alumbrado bueno pero muy caro.
Además de los dos tipos de lámparas halógenas que acabamos de describir y cuya aplicación se centra principalmente
en el alumbrado industrial, existen otras lámparas halógenas para aplicaciones diversas, tales como pequeñas lámparas
de sobremesa, lámparas para faros de automóviles, lámparas para proyectores de transparencias y diapositivas, etc..
Las lámparas fluorescentes son fuentes luminosas originadas como consecuencia de una descarga eléctrica en
atmósfera de vapor de mercurio a baja presión, en las que la luz se genera por el fenómeno de fluorescencia. Este
fenómeno consiste en que determinadas sustancias luminiscentes, al ser excitadas por la radiación ultravioleta del vapor
de mercurio a baja presión, transforman esta radiación invisible en otra de onda más larga y que se encuentra dentro del
espectro visible.
La lámpara fluorescente normal consta de un tubo de vidrio de un cierto diámetro y longitud variable según la
potencia, recubierto internamente de una capa de sustancia fluorescente. En los extremos de este tubo se encuentran los
cátodos de wolframio impregnados en una pasta formada por óxidos alcalinotérreos que facilitan la emisión de
electrones. El tubo está relleno de gas argón a baja presión y una pequeña cantidad de mercurio.
Conectada la lámpara en su correspondiente circuito, la corriente eléctrica que atraviesa los electrodos, los calienta y
les hace emitir electrones, iniciándose la descarga si la tensión aplicada entre los extremos es suficiente. El calor
producido, evapora rápidamente el mercurio por lo que la descarga se mantiene en una atmósfera de mayor
conductividad, mezcla de gas argón y del vapor de mercurio.
Los electrones así obtenidos, en su recorrido de un extremo a otro del tubo, chocan con los átomos de mercurio y la
energía desprendida en el choque se transforma en radiaciones ultravioleta y por lo tanto invisibles, pero capaces de
excitar la capa fluorescente que recubre el interior del tubo, con lo que se transforman en luz visible.
Esta es la explicación que inicialmente ofrecemos para justificar el funcionamiento de los tubos fluorescentes, aunque
no obstante vamos a completarla con ciertos pormenores prácticos que facilitarán una mayor comprensión del
funcionamiento.
Las lámparas fluorescentes, como todas las de descarga, presentan una resistencia al paso de la corriente que
disminuye a medida que esta se incrementa. Este efecto las llevaría a la autodestrucción si no les colocáramos algún
elemento que controle la intensidad que circula por ellas; este elemento es una reactancia cuyo nombre específico para
este caso es "balasto".
La reactancia o balasto está formada por una bobina de hilo de cobre esmaltado con su correspondiente núcleo
magnético. Este conjunto va introducido dentro de un contenedor metálico, y todo ello impregnado al vacío con resinas
capaces de penetrar hasta el interior de los más pequeños huecos existentes entre espiras; con ello conseguimos un
considerable aumento de la rigidez dieléctrica de la bobina, una mejor disipación del calor formado, y una total
eliminación de las posibles vibraciones del núcleo magnético.
Las funciones que debe cumplir una reactancia, en el orden en que se realizan al poner en funcionamiento un tubo
fluorescente, son:
- Suministrar la tensión de salida en vacío suficiente para hacer saltar el arco en el interior
de la lámpara.
En la figura mostramos el circuito fundamental de funcionamiento de una lámpara fluorescente con su balasto y su
interruptor de puesta en marcha (cebador) .
Si aplicamos tensión al circuito, no circulará corriente por el mismo, ya que no puede establecerse la descarga, por
falta de electrones. Si ahora cerramos momentáneamente el interruptor, el circuito se cierra a través del balasto y de los
filamentos del tubo, los cuales iniciarán la emisión de electrones.
Si ahora abrimos el interruptor, se crea una sobretensión como consecuencia de la autoinducción de la bobina del
balasto, y encontrándose el tubo fuertemente ionizado como consecuencia de la emisión de electrones, se iniciará la
descarga en el seno del gas de relleno y posteriormente en el vapor de mercurio. Así cebado el tubo, quien ahora limita
la corriente es el balasto y en bornas de la lámpara quedará la tensión de arco necesaria para mantenerlo. Esta tensión de
mantenimiento del arco depende principalmente de la longitud del tubo y suele estar comprendida entre 40 y 100 V.
Todo lo dicho sobre el funcionamiento de la lámpara es perfectamente válido, a excepción del interruptor manual de
puesta en funcionamiento, que deberá ser sustituido por un interruptor automático "Cebador".
El cebador consiste en una pequeña ampolla de vidrio llena de gas argón a baja presión, y en cuyo interior se
encuentran dos electrodos; uno de ellos, o los dos, son laminillas de diferente coeficiente de dilatación que, por la
acción del calor, pueden doblarse ligeramente, y que se encuentran muy próximas. En paralelo con estos dos electrodos
encontramos un condensador cuya misión es la de evitar en lo posible las interferencias en las bandas de radiodifusión y
TV, que este interruptor automático pueda ocasionar. Estos dos elementos van alojados en un pequeño recipiente
cilíndrico de aluminio o de material aislante.
Al conectar el circuito a la red, toda la tensión queda aplicada entre los dos electrodos del cebador. Como
consecuencia de la proximidad a que se encuentran, se establece entre ellos y a través del gas de relleno un pequeño
arco, el cual produce un aumento de la temperatura en la lámina, y en consecuencia su deformación, hasta ponerse en
contacto con la fija, cerrando con ello el circuito de caldeo de los filamentos. Al cesar el arco, la laminilla bimetálica se
enfría y por tanto vuelve a su posición inicial, abriendo bruscamente el circuito y provocando la reactancia, la
sobretensión ya prevista, que inicia la descarga en el tubo.
Puesta en funcionamiento la lámpara, como la tensión entre sus extremos disminuye a un valor igual al de formación
del arco, ya no es capaz de iniciar, entre los electrodos del cebador, ese pequeño arco, y en consecuencia no vuelven a
unirse.
Hemos supuesto que a la primera interrupción del cebador, la lámpara inicia la descarga, pero si ello no ocurre, el
cebador volverá a cerrar y abrir su contacto hasta que la tensión entre sus extremos disminuya al valor de formación del
arco.
Finalmente destacamos que los polvos fluorescentes que recubren el interior del tubo constituyen posiblemente el
elemento más importante de esta fuente de luz, ya que el 90% de la luz emitida por los tubos se debe a su acción.
Las investigaciones llevadas a cabo en el campo de la química han permitido descubrir nuevos materiales
fluorescentes que mejoran sensiblemente la transformación de las radiaciones ultravioleta en luz visible, al mismo
tiempo que permiten la obtención de tonalidades diversas de luz.
La adecuada dosificación en la mezcla de estas nuevas materias ha permitido la fabricación de una amplia gama de
lámparas fluorescentes, con unas características de emisión a diferentes temperaturas de color y con rendimientos
cromáticos distintos.
La extensa gama de tonalidades aparecidas en el mercado, y después de una lógica racionalización, ha quedado
establecida en tres categorías básicas, según la temperatura de color:
La figura nos muestra la curva de distribución espectral relativa de una lámpara fluorescente de tono "Blanco cálido".
La vida media de los tubos fluorescentes es del orden de 7.500 horas y la depreciación del flujo emitido para la vida
media es aproximadamente del 25%.
Hasta no hace mucho los modelos que normalmente se fabricaban correspondían a las potencias de 20 W, 40 W, y 65
W, con una longitud variable con la potencia y un diámetro de 36 mm. En la actualidad estos modelos están siendo
sustituidos por otros tres tipos de mayor rendimiento luminoso, de potencias 18 W, 36 W y 56 W, de igual longitud y
con un diámetro de tan sólo 26 mm.
El funcionamiento de las lámparas fluorescentes puede verse sensiblemente afectado por diversos factores tales como
temperatura y humedad ambiente, número de encendidos y tensión de alimentación.
La máxima emisión luminosa de los fluorescentes se produce a temperaturas comprendidas entre 38 y 49 ºC,
experimentando una pérdida de un 1% por cada grado de variación. Ello es debido a la enorme influencia que tiene la
temperatura sobre la producción de rayos ultravioleta.
La presencia de aire húmedo en las proximidades de un tubo fluorescente puede formar una película de humedad
sobre el mismo, variando la carga electrostática de la superficie del tubo y haciendo necesarias unas tensiones de
arranque superiores a las normales. Este efecto puede eliminarse en gran parte disponiendo sobre la pared externa del
tubo una delgada capa de silicona que dispersa la película de agua permitiendo el arranque en mejores condiciones.
La "muerte" de un tubo fluorescente, es casi siempre consecuencia del agotamiento de sus electrodos. El momento
más perjudicial para su integridad es siempre el arranque, de lo que puede deducirse que existirá una relación entre el
número de encendidos y la vida del tubo. La duración de la vida de los tubos fluorescentes suele indicarse para una
frecuencia de encendidos de uno cada tres horas.
El flujo luminoso y la potencia de un tubo fluorescente se ven afectados por la variación de la tensión de
alimentación, tal y como podemos ver en la figura.
La tensión mínima para la cual se mantiene el arco, suele ser del 75% de la nominal.
La eficacia de una lámpara fluorescente, tomada como la relación entre el flujo luminoso y la potencia de la lámpara,
es del orden de 55 a 82 Lm/W. Esta es la eficacia que suelen dar los fabricantes, aunque en realidad la eficacia real
resultará ser la relación entre el flujo luminoso y la potencia activa total consumida; en este caso tendremos que la
eficacia será notablemente menor, de 33 a 68 Lm/W.
Finalmente diremos que la luz de los fluorescentes es especialmente indicada en todos aquellos lugares donde se
necesite una iluminación de calidad. Así, es imprescindible en oficinas, tiendas, talleres, y salas y salones de actos.
Como ya hemos visto, son tres los elementos fundamentales en los circuitos con lámparas fluorescentes: tubo, balasto
y cebador. Eléctricamente el tubo equivale a una carga puramente óhmica, mientras que el balasto supone una carga
fuertemente inductiva. Así, pues, el conjunto lámpara-balasto equivale a una carga inductiva con un bajo factor de
potencia.
Potencia total 36 + 12 = 48 W.
Esto quiere decir que la intensidad aparente que consume el circuito, Iap = 0,43 A, se descompone en una parte activa
y otra reactiva:
Disponiendo de un condensador a la entrada del circuito, capaz de suministrar la intensidad reactiva que consume el
circuito, conseguiremos que el conjunto tubo-reactancia trabaje con un factor de potencia igual a la unidad. Siendo:
En ocasiones no interesa llegar a un factor de potencia unidad, quedando fijado en un valor más bajo. Normalmente
las casas fabricantes de reactancias dan el valor del condensador necesario para un factor de potencia de 0,90, es decir,
y siendo:
tendremos que:
En la mayoría de las aplicaciones las lámparas fluorescentes van en parejas, por lo que en vez de recurrir a un
montaje con dos reactancias se suele utilizar una sola, disponiendo los dos tubos en serie, tal y como indica la figura. El
condensador necesario puede calcularse de forma similar.
Un fenómeno de especial transcendencia se produce durante el funcionamiento de las lámparas fluorescentes: se trata
del llamado "efecto estroboscópico". Puesto que el arco de una lámpara funciona con corriente alterna de 50 ciclos por
segundo, las corrientes de las lámparas se anulan 100 veces por segundo, disminuyendo su intensidad luminosa casi a
cero en esos momentos.
Por este motivo aparece el llamado efecto estroboscópico que produce la sensación de que los cuerpos en movimiento
lo hacen a velocidad menor que la real, aparece una especie de sombra a su alrededor, y el parpadeo luminoso aumenta
la fatiga visual.
Naturalmente es necesario compensar o corregir este fenómeno si queremos tener un alumbrado en perfectas
condiciones. Para ello será necesario desfasar las tensiones de unas lámparas con respecto a otras, de forma que cuando
un grupo de ellas pase por cero haya otras que se encuentren en un máximo. La forma más simple de conseguir esto es
alimentar las lámparas en grupos de tres, a una red trifásica, de forma que las lámparas, conectadas entre cada una de las
fases y el neutro, se encontrarán siempre con un desfase de 120º.
Cuando no se disponga de una red trifásica también podremos compensar el efecto estroboscopio mediante la
utilización de un condensador en serie con el circuito de una de las lámparas del grupo de dos que se necesitan para este
tipo de compensación.
Con el condensador conectado en serie en una de las lámparas, lo que conseguimos es alimentarla con una intensidad
desfasada 90º con respecto a la otra, y por consiguiente, cuando una de ellas pase por cero la otra se encontrará en un
máximo. Calculando el condensador de forma que la impedancia que presente sea aproximadamente la mitad de la que
representa la reactancia inductiva, conseguiremos evitar el efecto estroboscópico y hacer que el conjunto de estos dos
tubos funcione con un factor de potencia próximo a la unidad.
Las reactancias a que hemos hecho referencia hasta ahora tienen unas pérdidas consideradas como normales, pero
que no obstante podrían ser notablemente inferiores, aumentando el rendimiento de los circuitos.
Existe un tipo de reactancias denominadas de "bajas pérdidas", que consumen una potencia que suele ser el 60%
menor que las reactancias de tipo normal. Mediante estas reactancias de bajas pérdidas el ahorro de explotación resulta
notable, cuestión de fácil demostración con un simple estudio económico.
Sea un hipotético almacén que dispone de 1.000 lámparas de 36 W. funcionando a 220 V., durante 8 horas diarias y
215 días al año. Las características eléctricas de una reactancia normal y otra de bajas pérdidas, son:
Potencia en lámpara 36 W. 36 W.
y estimando el precio del kWh. a 15 pts, el ahorro anual resultará ser de:
Naturalmente una reactancia de bajas pérdidas cuesta más que una normal, ya que está muy sobredimensionada, pero
con otro simple cálculo podemos llegar a la conclusión de que se pueden amortizar en un tiempo inferior a los dos años.
Los fabricantes aseguran para las reactancias una vida media de 10 años, por lo que el ahorro mínimo previsto en este
tiempo sería de 1.930.000 Pts.
El rendimiento del equipo, visto como el cociente de la potencia consumida por el tubo y la total consumida por el
equipo, será en cada uno de los dos casos:
Este tipo de lámparas denominadas Dulux, PL, etc..., están basadas en el principio de descarga en vapor de mercurio
a baja presión, similar al de las lámparas fluorescentes convencionales. Su principal atributo es su reducido tamaño,
comparable al de las lámparas de incandescencia.
La eficacia luminosa es del orden de 40 Lm/W., su vida media de unas 6.000 horas y la temperatura de color de 2.700
ºK. La depreciación del flujo luminoso para su vida media es del 20%.
Se fabrican en cuatro potencias 5W, 7W, 9W y 11W., y tienen la particularidad de que el cebador va incorporado en
la base de la lámpara. El balasto es común para las cuatro lámparas y su conexión es, naturalmente, en serie.
También se pueden conectar dos lámparas en serie con un sólo balasto, a excepción de la de 11W., que no es posible
debido a su elevada tensión de lámpara.
Las características expuestas dotan a estas lámparas de buenas razones para sustituir a las de incandescencia en
aquellos lugares de elevada utilización, como hoteles, restaurantes, locales de venta, etc..
El principal inconveniente es que el nivel de iluminación nominal no se alcanza hasta después de transcurridos unos
tres minutos.
El funcionamiento de las lámparas de vapor de mercurio a alta presión, conocidas simplemente como de vapor de
mercurio, se basa en el mismo principio que el de las lámparas fluorescentes. Así como una lámpara fluorescente de
descarga en mercurio a baja presión genera casi exclusivamente radiaciones ultravioleta, con altas presiones de vapor el
espectro cambia notablemente, emitiendo varias bandas que corresponden a las sensaciones de color violeta (405 mµ .),
azul (435 mµ .), verde (546 mµ .) y amarillo (570 mµ .), emitiendo también una pequeña cantidad de radiaciones
ultravioleta.
Como las cualidades cromáticas de estas radiaciones no resultan muy buenas, debido en gran parte a la ausencia de
radiaciones rojas, las radiaciones ultravioleta se transforman, mediante sustancias fluorescentes, en radiaciones
comprendidas dentro del espectro rojo, dando como resultado una lámpara con un mejor rendimiento cromático.
Las lámparas de vapor de mercurio están constituidas por una pequeña ampolla de cuarzo, provista de dos electrodos
principales y uno o dos auxiliares, en cuyo interior se encuentra una cierta cantidad de argón y unas gotas de mercurio.
Los electrodos auxiliares llevan una resistencia en serie que limita la intensidad que por ellos puede circular.
La pequeña ampolla de cuarzo está contenida dentro de otra de mucho mayor tamaño, de vidrio, cuya misión es la de
proteger a la pequeña ampolla, establecer un cierto equilibrio térmico, así como también la de ser depositaria en su
interior de sustancias fluorescentes encargadas de darle una cierta tonalidad roja.
Como todas las lámparas de descarga, la lámpara de vapor de mercurio debe llevar un elemento limitador de
corriente, balasto. Cuando la conectemos a la red de alimentación, se producirá inicialmente una descarga entre el
electrodo principal y el auxiliar, que se encuentran muy próximos, lo que ioniza el argón, haciéndolo conductor y
estableciendo un tenue arco entre los dos electrodos principales; el calor generado por esta descarga va progresivamente
evaporando el mercurio del interior de la ampolla, y poco a poco se va convirtiendo en el conductor principal.
A medida que aumenta la temperatura en el tubo de descarga, aumenta la presión del vapor de mercurio y con ella la
potencia activa consumida y el flujo luminoso emitido, hasta alcanzar, al cabo de 3 o 4 minutos, los valores normales de
régimen. La intensidad absorbida por el circuito se inicia con un valor del orden del 40 al 50% mayor que el nominal, y
va reduciéndose progresivamente tal y como hemos indicado.
Esta variación de la intensidad durante el arranque de la lámpara tiene una muy importante influencia en el circuito,
ya que en un alumbrado de este tipo, el limitador deberá estar dimensionado para poder aguantar dicha intensidad.
Si por algún motivo se apaga la lámpara, y seguidamente queremos volver a encenderla, ello no resulta posible
debido a que el vapor de mercurio no se habrá enfriado y estará con una presión elevada. Transcurridos tres o cuatro
minutos, la lámpara se habrá enfriado y reanudará el periodo de encendido; esto supone un serio inconveniente para este
tipo de lámparas.
La curva de distribución espectral viene representada en la siguiente figura, pudiendo observar los cuatro colores
predominantes, así como también la zona del rojo que genera la capa fluorescente.
La temperatura de color de estas lámparas, depende del tipo de recubrimiento fluorescente que lleve, pero suele estar
comprendida entre 3.800 y 4.000 ºK, y tiene un rendimiento luminoso que oscila entre 40 y 60 Lm/W.
La depreciación del flujo luminoso depende naturalmente de las horas de funcionamiento de la lámpara. La
depreciación suele ser del 12% a las 8.000 horas de funcionamiento y del 35% a las 15.000 horas.
La vida media de la lámpara es extraordinariamente elevada, del orden de 24.000 horas, aunque para estas horas de
funcionamiento la depreciación del flujo luminoso sea del orden del 50%. Los fabricantes aconsejan cambiar la lámpara
antes de las 15.000 horas de funcionamiento, cuando la depreciación del flujo no es superior al 25%.
Las lámparas de vapor de mercurio resultan muy aconsejables en alumbrados públicos y en grandes almacenes.
Al igual que para las lámparas fluorescentes, la reactancia hace que el circuito tenga un bajo factor de potencia, por lo
que se recomienda la colocación de condensadores. Así, por ejemplo, la lámpara de 125 W. a 220 V., tiene un consumo
de 1,15 A. y una potencia total consumida de 137 W, por lo tanto tendremos un factor de potencia:
La capacidad necesaria para que el circuito trabaje con un factor de potencia 0,9, será:
Las lámparas de luz mezcla son una variante de las de vapor de mercurio. El control de la intensidad que
normalmente se consigue con una reactancia, en las lámparas de vapor de mercurio, en el caso de las lámparas de luz
mezcla se hace mediante una resistencia en forma de filamento de tungsteno colocado en su interior, contribuyendo
además a la emisión luminosa.
La eficacia de estas lámparas es del orden de 25 Lm/W., y tienen una depreciación del flujo luminoso muy pequeña,
no llega al 20%, para la vida media de la lámpara, que es del orden de 6.000 h., para un encendido cada tres horas.
Es importante resaltar en estas lámparas que, durante el periodo de arranque, el exceso de tensión no absorbido por el
tubo de descarga sobrecarga considerablemente el filamento, motivo por el que la vida media se ve en gran medida
afectada por el número de encendidos.
Debido a la posibilidad de sustitución directa de estas lámparas por las de incandescencia, resultan adecuadas en
aquellos casos en los que se pretende mejorar la iluminación sin grandes complicaciones.
La constitución de las lámparas de halogenuros metálicos es similar a la de las de vapor de mercurio, de las que se
diferencia en que, además de mercurio, contienen halogenuros de tierras raras, tales como disprosio, talio, indio, holmio
o tulio, con lo que se obtienen mayores rendimientos luminosos y sobre todo una mejor reproducción cromática.
El tubo de descarga es de cuarzo con un electrodo de wolframio en cada extremo, recubierto de un material emisor de
electrones. El bulbo exterior es de vidrio duro y sirve para el equilibrio térmico del tubo de descarga y para su
aislamiento.
Aunque las condiciones de funcionamiento son similares a las de las lámparas de vapor de mercurio, la adición de
halogenuros hace necesaria una tensión de encendido muy superior a la de una red de alimentación, 200/380 V., por lo
que necesita un arrancador que proporcione tensiones de pico del orden de 1,5 a 5 kV.
Las lámparas de halogenuros metálicos, como todas las de descarga se deben conectar a la red a través de una
reactancia que controle la intensidad, debiendo tener especial cuidado de que la combinación reactancia-arrancador sea
la adecuada. Dos son los circuitos que se suelen utilizar para el funcionamiento de estas lámparas.
El período de arranque es de 3 a 5 minutos, hasta que la lámpara da el flujo luminoso previsto y el reencendido de 10
a 20 minutos, dependiendo del tipo de luminaria y de la potencia de la lámpara. La tensión entre sus extremos, necesaria
para mantener la descarga, es del orden de 100 a 200 V., depende de la potencia.
Dado que estas lámparas no emiten radiaciones ultravioleta, eliminan la necesidad de la capa fluorescente, por lo que
se suelen construir en ampollas cilíndricas y transparentes.
Los tipos de lámparas existentes en el mercado son muy diversos y dependen principalmente del tipo de halogenuro
introducido. Tanto la temperatura de color proporcionada, como la eficacia luminosa obtenida dependen de este
concepto.
Así, cuando se utilizan aditivos de sodio, talio e indio, se obtiene una eficacia luminosa del orden de 95 Lm/W. y una
temperatura de color de unos 4.200 ºC. Cuando se utilizan aditivos a base de estaño, el rendimiento luminoso es de unos
45 Lm/W. y la temperatura de color del orden de 5.000 ºC.
En la siguiente figura podemos ver la curva de distribución espectral de una lámpara típica de halogenuros metálicos.
De todas las que hemos visto es la que tiene un espectro más continuo, y solamente tiene una cresta importante en la
zona de los verdes.
Tampoco podemos concretar nada sobre la vida media de estas lámparas cuyo valor puede decirse que se encuentra
entre 2.000 y 8.000 horas, dependiendo muy directamente del tipo y del fabricante.
Como ya hemos dicho, la principal cualidad de estas lámparas es la reproducción cromática, por lo que la hacen
especialmente indicada en aquellos casos en los que la reproducción cromática sea fundamental, como por ejemplo en
aplicaciones televisivas.
El campo de utilización de estas lámparas, así como sus características especiales no están definidas totalmente, ya
que se encuentran en pleno desarrollo. De hecho, en la actualidad, estas lámparas están siendo investigadas en
profundidad, por lo que se desconoce el alcance real al que puedan llegar.
Constructivamente las lámparas de vapor de sodio a baja presión están formadas por dos ampollas de vidrio
tubulares. La ampolla interna o tubo de descarga tiene forma de U y en su interior se encuentra una pequeña cantidad de
gas neón a baja presión y sodio puro en forma de gotas, cuando está frío; así mismo, en los extremos del tubo de
descarga se encuentran dos electrodos de filamento de wolframio, sobre los que se ha depositado un material emisor de
electrones.
La ampolla exterior envolvente, tiene como misión la protección térmica y mecánica del tubo de descarga, y entre las
dos se ha hecho el vacío.
Al aplicar tensión entre los electrodos, se produce la descarga a través del gas neón, la cual determina la emisión de
una luz roja característica de este gas. El calor generado por la descarga produce la vaporización progresiva del sodio y,
como consecuencia, la descarga pasa a efectuarse en una atmósfera en la que la concentración de sodio es cada vez
mayor, produciendo una luz cada vez más amarilla.
El proceso de encendido de una lámpara de vapor de sodio a baja presión dura unos 10 minutos y al final se obtiene
una luz amarilla monocromática de una longitud de onda de 5.890 mµ .
El rendimiento de estas lámparas es óptimo cuando la temperatura interna alcanza los 270 ºC, por lo que la pared
interna del tubo exterior lleva una fina capa de óxido de indio, el cual permite el paso de las radiaciones visibles, pero
detiene el 90% de las radicaciones infrarrojas, que se invierten en calentar el tubo.
La curva de distribución espectral es monocromática, de color amarillo, situado en la zona donde la sensibilidad del
ojo humano es de un 75% con respecto a la máxima. Por tal motivo estas lámparas resultan adecuadas en aquellos
lugares en donde la reproducción de los colores es secundaria como, por ejemplo, en vías de tránsito urbano, en donde
lo principal es la percepción del movimiento; también es aplicable este tipo de luz en grandes espacios industriales de
carga, descarga y estacionamiento.
La eficacia luminosa de las lámparas de vapor de sodio a baja presión es la más elevada de todas las existentes, llega
a ser de 190 Lm/W. La vida media resulta ser de unas 15.000 horas, con una depreciación que no llega al 20%.
La tensión mínima de arranque que necesitan estas lámparas es del orden de los 390 V. para potencias de lámpara
pequeñas (35 W.) y del orden de los 600 V. para las de gran potencia (180 W.). Por tal motivo, se hace imprescindible
en el circuito un elemento que además de controlar la intensidad, como en todas las lámparas de descarga, eleve la
tensión de la red al valor necesario; esto se consigue mediante reactancias autotransformadoras de dispersión.
JORGE GUILLERMO TORES Pagina N°169
INSTALACIONES ELÉCTRICAS – AÑO 2002
Para algunas potencias de lámparas, cuya tensión de arranque es del orden de 390 V. y la tensión de funcionamiento
del arco de unos 100 V., es posible utilizar reactancias de choque en lugar del autotransformador.
Cuando se utilicen reactancias de choque es imprescindible utilizar también un arrancador capaz de producir unos
impulsos de tensión elevada que inicien la descarga en el interior de la lámpara.
Así, por ejemplo, en el segundo circuito indicado en la figura, cuando lo conectemos a la red, el arrancador recibe
entre sus extremos la tensión total de la red, por lo que el pequeño circuito electrónico que lo forma comienza a oscilar,
produciendo descargas de tensión de un valor de pico de unos 1.500 V. y de una duración de 3 a 4 ms. La energía de
estos impulsos es suficiente para iniciar la descarga en la atmósfera de neón del interior de la lámpara, provocando el
encendido de esta. Al producirse el cebado, la tensión en bornas de la lámpara disminuye, por lo que el arrancador
queda alimentado a una tensión notablemente inferior a la de la red (100V.), que es insuficiente para hacerle oscilar,
quedando en reposo durante todo el tiempo que la lámpara permanezca encendida.
Este sistema de encendido permite utilizar reactancias más simples y ligeras, para las que el condensador de
corrección del factor de potencia es de menos capacidad que en el caso de las reactancias autotransformadoras.
Las lámparas de sodio a baja presión tienen una inmejorable eficacia luminosa, pero su reproducción cromática es
muy deficiente. Para mejorar este tipo de lámparas hay que hacerles una serie de modificaciones, tales como aumentar
la presión del vapor de sodio, a costa de trabajar a temperaturas más elevadas, y agregar además del gas inerte, xenón,
una pequeña cantidad de mercurio que ayude a mejorar el espectro.
Para que estas dos modificaciones se puedan hacer realidad hay que vencer una seria dificultad, dado que el sodio a
alta presión y temperatura, ataca seriamente al vidrio y al cuarzo, materiales utilizados hasta ahora para estos cometidos.
Para cumplir este cometido se han creado tubos de descarga a base de óxido de aluminio sinterizado, capaces de
soportar la acción del sodio a temperaturas superiores a los 1.000 ºC y al mismo tiempo transmitir el 90% de la luz
visible producida por la descarga eléctrica en su interior. Este tubo está cerrado mediante tapones de corindón sintético,
en los que se soportan los electrodos.
El tubo de descarga se aloja en el interior de una ampolla de vidrio duro, resistente a la intemperie que le sirve de
protección y aislamiento eléctrico y térmico. La despreciable cantidad de radiaciones ultravioleta que generan estas
lámparas, hace innecesario el empleo de material fluorescente, por lo que esta ampolla es totalmente transparente.
Debido a la presión elevada del sodio en el tubo de descarga, para el encendido de estas lámparas es preciso aplicar
tensiones de pico comprendidas entre 2.800 y 5.500 V., por lo que además de la imprescindible reactancia hay que
colocar arrancadores especiales capaces de generar los impulsos de encendido. El modelo de lámpara de 70 W. lleva
incorporado dicho arrancador.
Al conectar el circuito a la red de alimentación, el arrancador proporcionará los impulsos de tensión necesarios para
iniciar la descarga en el gas xenón. La elevación de temperatura producida por la descarga, va evaporando el mercurio y
el sodio, que pasan a ser conductores principales, con lo que la iluminación irá aumentando hasta que al cabo de unos 5
minutos se alcance el valor nominal.
La intensidad de arranque de estas lámparas es del orden del 40 al 50% superior al valor nominal que se alcanza una
vez transcurrido el tiempo de encendido. La potencia activa consumida por la lámpara va aumentando hasta alcanzar su
valor nominal máximo, que junto con la potencia aparente nos determinará el factor de potencia típico de estos circuitos
y que como en los demás casos resultará ser del orden de 0,5.
Al igual que las otras lámparas de descarga, si por alguna circunstancia se desconectan, no pueden volver a
encenderse hasta transcurrido el tiempo necesario para que la presión del sodio descienda a valores inferiores. Así, el
tiempo de reencendido suele ser del orden de 2 a 3 minutos.
La curva de distribución espectral de una lámpara de vapor de sodio a alta presión resulta sensiblemente mejorada
con respecto a las de baja presión, pudiendo apreciar en ellas una mejor reproducción cromática.
La eficacia luminosa es francamente buena, del orden de 120 Lm/W. y la temperatura de color resulta ser de 2.200
ºK.
La vida media es de unas 15.000 horas, con una depreciación del flujo que no llega al 40%.
La mejora de la reproducción cromática conseguida con estas lámparas, las hace muy apreciadas en alumbrados
públicos, y en general en todos aquellos espacios en los que se requiera una iluminación económica sin grandes
exigencias cromáticas.
En alumbrados públicos, cuando a determinadas horas se desea reducir el alumbrado con el fin de obtener un cierto
ahorro, es necesario disponer de dos circuitos independientes de manera que a determinada hora se pueda eliminar uno
de ellos quedando el otro, generalmente distribuido alternativamente.
Esta solución no es todo lo buena que sería de desear ya que además de necesitar dos circuitos independientes, la
eliminación de puntos de luz crea zonas oscuras con muy mala visibilidad.
Los fabricantes de reactancias con el fin de contribuir a solucionar este problema han creado las llamadas reactancias
de dos niveles.
Su funcionamiento se basa en la fabricación de reactancias con dos niveles de impedancia, de manera que el primer
nivel corresponda con el de máximo rendimiento luminoso del circuito, mientras que el segundo nivel corresponde un
descenso del nivel de iluminación, y por lo tanto de la potencia consumida.
Dependiendo del tipo de lámpara, el descenso del nivel de iluminación, con respecto al Nivel Máximo, se considera
aceptable cuando la reducción esté comprendida entre el 45 y el 55%, lo que corresponde con una reducción de la
potencia consumida comprendida entre el 58 y el 63%. Reducciones de iluminación y de potencia mayores no serían
aceptables ya que podrían aparecer problemas de estabilidad en las lámparas.
Tal y como se indica, para las lámparas de vapor de sodio a alta presión se dispone de conjuntos apropiados para cada
potencia de lámpara, consistentes en una reactancia de dos niveles, arrancador, y relé para la conmutación de los dos
niveles de potencia.
Puesto que se prevén dos niveles de funcionamiento con dos potencias, también serán necesarios dos condensadores
si se quiere compensar el factor de potencia. El primer condensador, el C1, corresponde a la capacidad necesaria para
compensar el nivel mínimo, y el Cco, corresponde a la capacidad que le falta a C1 para poder compensar el nivel
máximo.
Estando el relé en posición de reposo, el contacto 3-1 se encuentra cerrado y por consiguiente la reactancia se halla
conectada en su nivel máximo. Así mismo, el contacto 7-5 se encuentra también cerrado, por lo que en el circuito hay
dos condensadores acoplados en paralelo, C1 y Cco.
Al aplicar tensión al relé, el contacto 3-1 pasa a la posición 3-2, que conecta la reactancia en su nivel reducido,
mientras que el contacto 7-5 pasa a la posición 7-6, quedando desconectado el condensador Cco. Obsérvese que de no
existir el puente de resistencias entre los puntos 1, 3, al pasar de la posición de nivel máximo al mínimo, habría un
instante en el que el circuito quedaría desconectado, por lo que la lámpara se apagaría, dando lugar a un reencendido de
tres o cuatro minutos de duración.
El circuito de aplicación lo representamos con el accionamiento por medio de un reloj horario, alimentado a 220 V.,
entre el neutro O y la fase R. Las lámparas conectadas alternativamente a las fases R, S y T, se alimentan a 220 V., y
solamente es necesario llevar un conductor para realizar la conmutación.
Todo lo dicho es perfectamente válido para lámparas de vapor de mercurio, por lo tanto solamente es necesario
colocar el modelo adecuado en cada caso.
9. INSTALACIONES DE ALUMBRADO
Como consecuencia de que existen períodos más o menos largos, durante los cuales hay ausencia total
o parcial de la luz natural, se hace necesario sustituir o compensar esta mediante luz artificial.
El problema se nos plantea ante la necesidad de disponer de una iluminación artificial, que si bien dista
notablemente de la natural, al menos cumpla unos mínimos establecidos en cuanto a calidad y cantidad.
El ojo humano está habituado a altos niveles de iluminación, proporcionados por la iluminación natural,
por lo que lo ideal sería disponer de niveles similares a aquellos. Sin embargo, y a pesar de contar con
fuentes de luz artificial de elevado rendimiento, en muy pocas ocasiones resulta conveniente, bajo el punto
de vista económico, la utilización de niveles luminosos de magnitud similar a los proporcionados por la luz
del día.
La luz del día nos proporciona niveles de iluminación del orden de 10.000 a 100.000 lux, mientras que
artificialmente raras veces sobrepasaremos niveles superiores a los 2.000 lux. Pese a esto, el ojo humano
con su enorme capacidad de adaptación, nos permite obtener sensaciones de bienestar y satisfacción con
niveles tan bajos.
Con el fin de diferenciar los procedimientos de cálculo utilizados en las instalaciones de alumbrado
artificial, estas las dividiremos en dos apartados:
* Alumbrado de interiores.
* Alumbrado de exteriores.
Esta clase de alumbrado tiene por objeto proporcionar la iluminación adecuada en aquellos lugares
cubiertos donde se desarrollan actividades laborales, docentes, o simplemente de recreo. En cada caso
específico podremos recomendar un determinado nivel de iluminación, pudiendo ver en la tabla que
seguidamente mostramos, los niveles más comúnmente utilizados.
TABLA I
ALUMBRADO DE INTERIORES
Niveles de
iluminación en lux
Clase de trabajo
Bueno Muy
bueno
1. Oficinas
2. Escuelas.
3. Industrias.
4. Comercios.
Seguidamente pasemos a definir una serie de coeficientes y variables que son de suma importancia en el
proyecto de un alumbrado.
A) COEFICIENTE DE UTILIZACIÓN
Al cociente entre el flujo luminoso que llega al plano de trabajo (flujo útil), y el flujo total emitido por las
lámparas instaladas, es lo que llamaremos "Coeficiente de utilización".
Este coeficiente depende de diversas variables tales como la eficacia de las luminarias, la reflectancia de
las paredes, y las dimensiones del local.
La luminaria, aparato utilizado para soportar, alojar y distribuir el flujo luminoso de las lámparas, tiene una
relativa incidencia sobre el coeficiente de utilización, según se trate de un sistema de iluminación directo,
semidirecto o a través de difusores. El sistema directo o semidirecto tiene escasas pérdidas, no llegan al
4%, mientras que los sistemas a través de difusor tienen unas pérdidas comprendidas entre el 10 y el 20%.
La reflexión de la luz sobre las paredes del local juega un importante papel sobre el coeficiente de
utilización. De la totalidad del flujo luminoso que incide sobre las paredes, una parte se refleja, mientras que
otra es absorbida y anulada, dependiendo la proporción de una y otra, del color de las paredes.
Por ejemplo, en un local pintado de blanco, el flujo total que incide sobre las paredes se ve reflejado en
un 70%, mientras que un 30% es absorbido. Por el contrario, si está pintado de un color oscuro, solamente
el 10% de la luz incidente es reflejada, mientras que el 90% es absorbida.
Aunque se pueden diferenciar un gran número de colores y tonalidades, para nuestro propósito será
suficiente diferenciar cuatro tonalidades diferentes, según se indica en la tabla que mostramos siguiente.
Tabla II
Color Reflexión
Blanco 70 %
Claro 50 %
Medio 30 %
Oscuro 10 %
Así, el comportamiento del flujo total emitido por las lámparas de un local, es el siguiente: del flujo luminoso
total emitido por las lámparas, solamente una parte llega directamente a la superficie de trabajo; otra parte
del flujo emitido, se dirige a las paredes, donde, como ya sabemos, una fracción se absorbe y otra llega a la
superficie de trabajo después de una o varias reflexiones; finalmente, otra parte del flujo luminoso se emite
hacia el techo donde, como antes, una porción se absorbe y otra llega a la superficie de trabajo.
Por último, las dimensiones del local también juegan un papel importante sobre el valor del coeficiente de
utilización. Esto se pone en evidencia con lo expresado anteriormente, "la proporción de flujo luminoso que
llega a la superficie de trabajo depende de la relación que exista entre el flujo directo y el reflejado".
Un local estrecho y alto desperdicia mucho más flujo luminoso que otro que en proporción sea más ancho
y más bajo. Esto equivale a decir que la cantidad de flujo enviado al plano útil de trabajo es directamente
proporcional a la superficie e inversamente proporcional a la altura.
La dependencia de las dimensiones del local a iluminar sobre el coeficiente de utilización, se determina
mediante una fórmula empírica
siendo:
K = Coeficiente espacial.
A = Anchura del local.
L = Longitud del local.
h = Altura útil entre las luminarias y el plano de trabajo.
Así, según sean las proporciones del local, así será el coeficiente espacial K, estando comprendido,
normalmente, entre 1 y 10. El valor uno corresponderá a locales muy estrechos y altos, mientras que el
valor diez lo obtendrán locales anchos y bajos.
Sea, por ejemplo, un local de 4m. de ancho, 6m. de largo y con una altura útil, de las luminarias al plano
de trabajo, de 2,2 m.; el techo se halla pintado de un color claro mientras que las paredes lo están con un
color medio, y utiliza luminarias de tubos fluorescentes con difusor. Según estos datos el coeficiente
espacial K, queda determinado:
La reflexión del techo será del 50%, mientras que las paredes la tienen del 30%.
Según estos tres datos, en la tabla correspondiente a los tubos fluorescentes que utilizan difusores,
encontramos el valor del coeficiente de utilización, siendo en este caso del 38%. Esto quiere decir que del
total del flujo luminoso utilizado en este local, solamente se aprovecha el 38%.
Obsérvese en esta tabla la enorme influencia que tiene la forma del local sobre el coeficiente espacial.
B) FACTOR DE MANTENIMIENTO
Una instalación de alumbrado no mantiene indefinidamente las características luminosas iniciales. Ello se
debe a dos factores, principalmente:
La estimación de este coeficiente debe hacerse teniendo en cuenta diversos factores relativos a la
instalación, tales como el tipo de luminaria, grado de polvo y suciedad existente en la nave a iluminar, tipo
de lámparas utilizadas, número de limpiezas anuales y asiduidad en la reposición de lámparas defectuosas.
Todo ello y con la experiencia acumulada a lo largo de los años, hace posible situar el factor de
mantenimiento dentro de límites comprendidos entre el 80 y el 50%, tal y como se indica en la tabla.
Por consiguiente, al calcular el flujo total necesario para obtener un nivel medio de iluminación, será
preciso tener en cuenta este factor, ya que de lo contrario obtendríamos el flujo luminoso del primer día de
puesta en funcionamiento de la instalación, el cual iría degradándose poco a poco hasta llegar a ser
insuficiente.
Las consideraciones hechas hasta aquí, nos permiten determinar el flujo luminoso necesario para
producir la iluminación E sobre una superficie útil de trabajo S. El flujo útil necesario será:
por lo tanto:
Este será el flujo total necesario sin tener en cuenta la depreciación que sufre con el tiempo, es decir, sin
considerar el factor de mantenimiento. Si queremos reflejar este factor en la fórmula del flujo total,
tendremos:
Siendo:
TABLA III
Conocido el flujo total necesario, podremos obtener el número de lámparas a utilizar, ya que
en la que
Fácilmente puede deducirse que un mismo flujo luminoso total puede obtenerse mediante muchas
lámparas de bajo flujo nominal, o mediante un pequeño número de lámparas de elevado flujo nominal. La
ventaja de utilizar un elevado número de lámparas consiste en que de esta manera se obtiene una gran
uniformidad en la iluminación, pero el mantenimiento resulta ser difícil y caro. Por el contrario, si utilizamos
pocas lámparas, la uniformidad en la iluminación no es buena, aunque de esta manera se obtiene un
mantenimiento sencillo y barato.
Una vez obtenido el número de lámparas, previa determinación del flujo de la lámpara elegida, deberá de
elegirse el número de lámparas que queremos que lleve cada luminaria, procediendo seguidamente a
distribuirlas de una manera lógica y estética sobre la superficie del techo del local.
El resto de los datos eléctricos serán inmediatos, tales como potencia activa y reactiva consumida, valor
de los condensadores de mejora del factor de potencia, sección de los conductores utilizados, interruptores,
magnetotérmicos, etc.
Para mejor comprensión de lo hasta aquí expuesto, veamos seguidamente dos ejemplos.
EJEMPLO 1º
Se trata de iluminar un local para oficinas donde se supone se van a desarrollar trabajos de
mecanografía, escritura, etc.
El plano de trabajo se sitúa a 0,85 metros del suelo, por lo que la distancia del plano de trabajo al falso
techo es de 2,50 metros.
Tanto los techos como las paredes están pintadas de color claro.
Dada la característica del local, se prevé un buen mantenimiento y una buena conservación.
Por tratarse de una oficina, elegimos para la iluminación plafones con difusor empotrados en el falso
techo, conteniendo cada uno de ellos, cuatro tubos fluorescentes de 36W., Blanco Cálido. Estos plafones
corresponden con el modelo INDALUX 404-FLTN.
SOLUCIÓN
Para este tipo de oficina elegimos un buen nivel de iluminación, que según la tabla I puede ser de 400
Lux.
Por tratarse de paredes y techo de color claro, tabla II, tomamos un factor de reflexión para ambos del
50%, por lo que según la tabla III, el coeficiente de utilización será del 53%, Cu = 0,53.
Como las lámparas fluorescentes Blanco Cálido de 36W. tienen un flujo luminoso de 3.000 Lúmenes, el
número de lámparas necesarias, será:
La potencia activa total necesaria, teniendo en cuenta que los balastos consumen 10W, será:
EJEMPLO 2º
Se pretende iluminar una nave industrial para trabajos de forja laminación, etc..
Anchura…………….A = 15 metros.
Longitud………..L = 72 metros.
Altura…………..H = 7 metros.
El plano de trabajo para este tipo de actividades lo situamos a 0,5 metros del suelo, por lo que la
distancia del techo al plano de trabajo es de 6,5 metros.
JORGE GUILLERMO TORES Pagina N°183
INSTALACIONES ELÉCTRICAS – AÑO 2002
Para esta iluminación se elige un reflector simétrico, directo y abierto, con lámparas de vapor de mercurio
de 250W.. El modelo de reflector puede ser el INDALUX 440-SFA.
Por tratarse de una nave industrial para calderería, se prevé un mal mantenimiento e igual conservación.
SOLUCIÓN
La tabla I recomienda para este tipo de trabajo una iluminación de 150 Lux.
El techo, de color medio, tiene un coeficiente de reflexión del 30% y las paredes del 10%, por lo que en la
tabla II obtenemos un coeficiente de utilización del 66%, Cu=0,66. El factor de mantenimiento se supone que
será malo, siendo el reflector de tipo abierto, fm=0,65. Según esto, el flujo total necesario valdrá:
Con lámparas de vapor de mercurio de 250 W., conseguimos un flujo luminoso de 12.000 Lúmenes, por
lo tanto, el número de lámparas que se necesitarán será de:
Estas 31 lámparas pueden colocarse sobre la superficie del techo de la nave de muchas formas, aunque
la solución que recomendamos es la de colocar las lámparas según la longitud de la nave, al tresbolillo
según una disposición 2-1, con un total de 30 lámparas.
Como las lámparas de vapor de mercurio de 250 W. llevan un balasto de 16W., la potencia activa total
consumida será de:
Los cálculos que acabamos de ver para el alumbrado de interiores, se han hecho de forma global, en lo
que al nivel de iluminación se refiere. Se comprende que en el plano de trabajo no habrá una iluminación
totalmente uniforme, aunque realmente tengamos un nivel medio igual al calculado.
Un cálculo exacto de la iluminación, debería contemplar el nivel de iluminación en todos los puntos del
plano de trabajo, y en su defecto, por ser esto prácticamente imposible, debería considerar al menos una
serie de puntos distribuidos estratégicamente por toda la superficie considerada. Esta idea aporta un
concepto nuevo a la hora de estudiar lámparas y luminarias, ya que según esto resulta muy útil saber como
se distribuye la luz emitida por una determinada lámpara y el modo en que la modifica la utilización de
luminarias.
En realidad, las curvas de distribución luminosa son la representación gráfica de las medidas de las
intensidades luminosas efectuadas en las infinitas direcciones que parten del centro de la lámpara o
luminaria. La determinación de cada uno de los puntos situados en un mismo plano se realiza mediante
coordenadas polares, el valor de la intensidad luminosa se representa sobre círculos concéntricos y se
expresa en candelas.
La distribución de las intensidades luminosas emitidas por una lámpara tipo standard, la mostramos de
una forma general, para un flujo luminoso de 1.000 lúmenes, en la siguiente figura (siempre que no se
indique lo contrario estas curvas vienen referidas a 1.000 Lm.). El volumen determinado por los vectores
que representan las intensidades luminosas en todas las direcciones, resulta ser simétrico con respecto al
eje Y-Y´; es como una figura de revolución engendrada por la curva fotométrica que gira alrededor del eje Y-
Y´.
En los casos de simetría del volumen fotométrico, es suficiente con representar un solo plano que
contenga la curva correspondiente, pero no en todos los casos nos encontraremos con volúmenes
simétricos, por lo que de manera simplificada los fabricantes suelen dar, sobre un mismo plano, dos únicas
curvas del total del volumen.
Veamos seguidamente un ejemplo de aplicación de las curvas fotométricas, para valorar su importancia.
Sea una lámpara de incandescencia standard de 500W. a 220V., situada a 6 metros de altura.
Pretendemos determinar los distintos niveles de iluminación en puntos situados en un plano horizontal y a
distintas crecientes con respecto a la vertical que pasa por la lámpara.
Y según la fórmula obtenida en el apartado 12.1, la intensidad luminosa en el punto considerado será
de:
Repitiendo estos cálculos para distintos puntos, obtendremos los diferentes niveles de iluminación que
proporciona la lámpara sobre el plano horizontal y en una dirección determinada. Al ser simétrica la curva
fotométrica con respecto a los dos ejes X-Y, en este caso, obtendremos valores idénticos sea cual sea la
dirección elegida, por lo tanto los puntos de igual nivel de iluminación formarán circunferencias concéntricas
alrededor de la vertical que pasa por la lámpara, (curvas Iso-lux).
Para una gran parte de las aplicaciones es suficiente con la representación de una o dos curvas
fotométricas de intensidades, las correspondientes a un solo plano o a dos planos perpendiculares. No
obstante existen aplicaciones en las que hay que hacer uso de otro tipo de curvas que faciliten la solución
gráfica de los problemas.
Así, del cuadro expuesto anteriormente podemos obtener dos tipos de curvas de gran utilidad práctica,
las llamadas "Iso-lux" e "Iso-candelas".
A) CURVAS ISOLUX
En la siguiente figura hemos representado las curvas Isolux de una luminaria, para alumbrado viario,
modelo F-12211 de BJC, junto con las inseparables curvas de utilización.
Sobre las curvas Isolux distinguiremos dos zonas, una que corresponde a la emisión anterior de la
luminaria, es decir, del lado de la calzada, y otra, correspondiente al lado posterior de la luminaria o lado de
la acera. Estas dos zonas quedan delimitadas por el plano perpendicular al suelo y paralelo a la calzada,
que pasa por el centro de la luminaria.
Mientras no se diga lo contrario, las curvas Isolux se suministran, para una determinada luminaria,
reducidas a la distancia de 1 metro y referidas a 1.000 lúmenes. Los ejes de estas curvas están referidos a
múltiplos de H (altura de las luminarias), lo cual nos obliga a utilizar escalas que reduzcan las medidas
originales a su equivalente en el plano de las curvas Isolux; por lo tanto, según el triángulo tendremos:
Esto equivale a decir que una medida A en la realidad equivaldrá a otra a/H en el plano del dibujo. Así,
por ejemplo, H en el plano del dibujo es de 32 mm., y si consideramos que la luminaria está a 10 metros, la
escala resultante será de 32/10=3,2, es decir, que 1 metro en la realidad equivaldrá a 3,2 mm. en el plano
del dibujo.
Puesto que, según hemos dicho, las curvas Isolux vienen siempre referidas a 1 metro y a 1.000 lux, esto
nos obliga también a buscar un factor de corrección que adapte los valores de las curvas a otra distancia y a
otro flujo luminoso. La adaptación a otra distancia H se deduce fácilmente si tenemos presente que
Para otro flujo, teniendo en cuenta que para una misma superficie,
Finalmente, el valor del nivel de iluminación adaptado a las nuevas condiciones, resultará ser:
Por ejemplo, en las curvas Isolux de la luminaria F-12211 y en el punto (0; 1,5H lado acera), le
corresponde una iluminación de 20 lux. Calcular el nivel de iluminación correspondiente cuando la luminaria
lleve una lámpara de 250 W., de vapor de mercurio (25.000 Lm.), y se halle colocada a una altura de 9
metros.
La casa Indalux, con el fin de contribuir a una mayor exactitud en los cálculos de iluminación, suele dar
las características de sus luminarias, según dos sistemas denominados B/BT y C/GM.
El sistema de representación B/BT consiste en dar los valores fotométricos, de 0 a 90º, de una serie de
planos B con un eje de giro que pasando por el centro de la luminaria resulta paralelo a la dirección de la
calzada. La matriz de intensidades así obtenida puede darnos idea exacta del volumen fotométrico,
pudiendo confeccionarlo a nuestro antojo.
Seguidamente mostramos la matriz de intensidades B/BT, para 1.000 Lm, de una luminaria INDALUX tipo
470-CM.
Este sistema de representación da los valores fotométricos de 0 a 90º de una serie de semiplanos C,
comprendidos a un lado de la luminaria y entre los ángulos 90-0-270º.
Posiblemente sea este sistema de representación el más comúnmente utilizado, sobre todo para realizar
cálculos por ordenador.
Seguidamente mostramos la matriz de intensidades C/GM, para 1.000 Lm, de una luminaria INDALUX
tipo 470-CM.
Por ejemplo, supongamos la luminaria INDALUX 470-CM, con una lámpara de vapor de mercurio de 250 W,
a la que le corresponden 12.000 lúmenes. La luminaria está a 9 metros de altura y pretendemos calcular el
nivel de iluminación en un punto localizado, según la representación C/GM, en C= 80º y GM= 40º.
Según la matriz de valores para esta luminaria, le corresponde una intensidad de 129 candelas, que
referidas a los 12.000 lúmenes que da la lámpara, tendremos:
Seguidamente ofrecemos una tabla de valores de niveles de iluminación que se suelen utilizar en
alumbrados exteriores.
ALUMBRADO DE EXTERIORES
Niveles de
Espacio a iluminar
iluminación en lux
Bueno Muy
bueno
1.- Alumbrado público
Autopistas 20 40
Carreteras con tráfico denso 15 30
Carreteras con tráfico medio 10 20
Calle de barrio industrial 10 20
Calle comercial con tráfico rodado 10 20
Calle comercial sin tráfico rodado importante 7,5 15
Calle residencial con tráfico rodado 7,5 15
Calle residencial sin tráfico rodado importante 5 10
Grandes plazas 20 25
Plazas en general 8 12
Paseos 12 16
Túneles:
- Durante el día 100 200
- Alumbrado de acceso 1.000 2.000
- Durante la noche 30 60
2.- Alumbrado industrial exterior
Zonas de transporte 20 40
Lugares de almacenaje 20 40
Alumbrado de vigilancia 5 10
Entradas 50 100
3.- Alumbrado por proyectores
Campos de fútbol 300 1.000
Pistas de tenis 100 300
Pistas de patinaje 10 30
El alumbrado público viario se localiza en aquellos lugares abiertos al tránsito, siendo su finalidad la de
favorecer la circulación nocturna y evitar los peligros que origina la oscuridad.
El alumbrado viario se consigue mediante luminarias ubicadas sobre postes o mástiles especiales,
existiendo, principalmente, cuatro formas diferentes de colocación:
a) Unilateral
Esta disposición de las luminarias consiste en la colocación de todas ellas a un mismo lado de la calzada.
Se utiliza solamente en aquellos casos en los que el ancho de la vía es igual o inferior a la altura de montaje
de las luminarias.
b) Tresbolillo
Consiste en la colocación de las luminarias en ambos lados de la vía, al tresbolillo o en zigzag. Se emplea
principalmente en aquellos casos en los que el ancho de la vía es de 1 a 1,5 veces la altura de montaje.
c) En oposición
Esta disposición sitúa las luminarias una enfrente de la otra, y suele utilizarse cuando el ancho de la vía
es mayor de 1,5 veces la altura de montaje.
Este caso se utiliza en autopistas y vías de dos calzadas. En realidad se trata de una colocación unilateral
para cada una de las dos calzadas; en ocasiones también se coloca frente a ellas otras luminarias, dando
lugar a disposiciones dobles en oposición, o al tresbolillo.
Estas son las cuatro maneras de colocación más comúnmente utilizadas, aunque pueden existir otras
muchas.
La experiencia acumulada en el alumbrado público, recomienda una serie de requisitos que deberemos
de tener presente a la hora de los cálculos, sin que ello suponga una imposición que pueda limitar la
actuación del proyectista. Seguidamente exponemos algunas de ellas.
La altura a la que deberemos situar las luminarias, en cierto modo depende de la potencia luminosa
instalada, por lo que deberemos de tener presente la siguiente tabla:
Según sea la iluminación media que queremos obtener, así deberá ser la relación entre la distancia de
separación de luminarias y su altura:
Al igual que en alumbrados interiores, en el alumbrado público también deberemos tener en cuenta el
coeficiente de mantenimiento por ensuciamiento y por depreciación del flujo luminoso. El coeficiente por
ensuciamiento que deberemos aplicar en cada caso, lo mostramos en la tabla siguiente:
Los fabricantes de luminarias, además de suministrar las curvas Isolux, deben de suministrar también
unas curvas llamadas "curvas de utilización", que en función de la tangente del ángulo formado entre la
luminaria y la zona a iluminar, nos da el tanto por ciento del flujo utilizado correspondiente a la calzada y a la
acera. Vamos a dividir el estudio detallado de este coeficiente en cuatro casos, para una mayor
comprensión, teniendo siempre presente que nos referimos a la iluminación de la calzada y no a la de las
aceras:
1º) Cuando la vertical que pasa por la luminaria coincide justamente con el final de la calzada y el
principio de la acera.
En este caso, el flujo correspondiente a la zona de acera (curvas Isolux), se utiliza para iluminar la acera,
y el flujo correspondiente a la zona de calzada se utiliza para iluminar la misma.
2º) Cuando la vertical que pasa por la luminaria cae dentro de la calzada.
Ahora la zona correspondiente a calzada se utiliza para iluminar la calzada, y parte de la zona de acera
se utiliza también para iluminar la calzada.
3º) Cuando la vertical que pasa por la luminaria cae dentro de la acera.
En este caso parte del flujo luminoso de la zona de calzada se utiliza para iluminar la acera.
Este caso difiere notablemente de los anteriores, ya que ahora hay que contar con parte de la zona de
acera, de una de las calzadas, que ilumina la otra calzada.
Lo visto hasta ahora ya nos permite iniciar el proceso de cálculo de un alumbrado viario. Si tenemos
presente lo expuesto para el alumbrado de interiores, fácilmente deduciremos que:
En la que:
Por ejemplo, consideremos la realización de un alumbrado viario con la luminaria de BJC (F-2211-W-
25.000 Lm.), siendo la anchura de la calle, A=10 m., y el nivel de iluminación deseado de 32 lux. Se trata,
pues, de determinar la separación a que deberemos colocar las luminarias para obtener el nivel de
iluminación mencionado.
Según lo dicho anteriormente, para un flujo luminoso de 25.000 Lm., se recomienda colocar la luminaria a
una altura igual o superior a los 9m. Tomamos H = 9m.
Suponiendo que la vertical de la luminaria se va a situar 1,5 metros dentro de la calzada, tendremos:
Deliberadamente no hemos tenido en cuenta el factor de mantenimiento, ya que se supone que lo hemos
incluido al dar el valor del nivel de iluminación, es decir, hemos supuesto inicialmente un nivel de iluminación
un tanto por ciento mayor que el que se necesita, previendo una cierta depreciación.
Con esto ya tenemos resuelto el problema, pero al igual que en el caso de alumbrados interiores, para
una mayor seguridad en los resultados, sería deseable conocer el nivel de iluminación en una serie de
puntos de la calzada, con el fin de poder determinar lo que más adelante llamaremos factor de uniformidad y
que en realidad no será otra cosa que la relación entre el valor mínimo y máximo de una serie de valores
obtenidos sobre la calzada.
Veamos la manera de obtener el nivel de iluminación de un punto, mediante las curvas Isolux. Sea el
punto P situado a 4 metros de la acera y a 7 metros de la luminaria L0; dicho punto tendrá una iluminación
igual a la suma de las iluminaciones aportadas por L0, L1, L2, L3, etc..
Lo primero que deberemos hacer es determinar la escala con la que representaremos, sobre las curvas
Isolux, las situaciones de los distintos puntos del problema. La escala, teniendo en cuenta que la distancia
0-H en el plano de las curvas es de 48 mm y que la altura real para las luminarias es de H = 9 metros,
tendremos que:
Con esta escala, y partiendo del punto cero, como posición de la luminaria, situaremos el punto P, que se
encuentra a 4 metros de la acera y a 7 de la luminaria L0. Seguidamente dibujamos la situación del punto P
con respecto a la luminaria L1, que estará a 10 - 4 = 6 metros de la acera opuesta, y a 20 - 7 = 13 de la
luminaria. El siguiente punto en influencia, el L2, se encuentra a 6 metros de la acera opuesta, y a 20 + 7 =
27 metros de la luminaria. Finalmente, la influencia de L3 puede despreciarse en este caso, ya que se
encontrará en la misma línea que L0, pero a una distancia de 20 + 13 = 33 metros, con lo que le
corresponde una iluminancia menor de un lux.
Es conveniente recordar que las curvas Isolux, para este tipo de luminarias, resultan ser simétricas, por lo
tanto, lo que dibujemos en este semiplano es válido también para el otro.
Cada uno de estos puntos se halla situado sobre una curva de nivel
E0 = 65 lux.
E1 = 25 lux.
E2 = 3 lux.
Total: Et = 93 lux.
Así, sobre las curvas Isolux tenemos una iluminación de 93 lux, referida a 1.000 Lm. y a 1 m., pero como
las condiciones reales son distintas, f = 25.000 Lm, H = 9 m., después de la transformación resultará ser de:
Habíamos calculado la iluminación para 32 lux de media y nos sale para el punto P una iluminancia de 28
lux, lo cual nos indica que los cálculos pueden estar bien desarrollados, aunque según podemos apreciar
quedan un poco por debajo de lo previsto, al menos para el punto considerado.
Con el fin de conseguir un procedimiento racional en la determinación del nivel de iluminación de una
serie de puntos de la calzada y de la acera, se ha creado el llamado "Método de los 12 puntos".
Este método consiste en dividir el ancho de la calzada en tres partes iguales y en dos la zona de aceras,
de A a F, y la distancia entre luminarias en cuatro, cogiendo al menos tres de ellas, del 1 al 9, formando así
una serie de cuadrículas a lo largo de la calzada, que determinan 12 puntos fundamentales, del P1 al P12,
pertenecientes a la calzada, y 6 puntos, del R1 al R6, pertenecientes a la acera.
Este dibujo, obtenido en papel transparente, se coloca encima de las curvas Isolux, de forma que la
luminaria tomada como punto de referencia, la más próxima a P4, caiga justamente en el punto ( 0 ; 0 ) de
las curvas Isolux, procediendo seguidamente a la lectura de los valores que sobre las curvas tienen cada
una de las intersecciones, A-1, A-2, ..., B-1, B-2, ..., F-1, F-2, ..., anotándolos en la tabla confeccionada a tal
fin.
1 2 3 4 5 6 7 8 9
A
B
C
D
E
F
P1 B1 + E5 + E5 R1 A1 + F5 + F5
P2 C1 + D5 + D5 R2 A2 + F4 + F6 + B8
P3 D1 + C5 + C5 R3 F3 + F3 + F7 + A7
P4 E1 + B5 + B5 R4 F1 + A5
P5 B2 + E4 + E6 + B8 R5 F2 + A6 + A4 + F8
P6 C2 + D4 + D6 + C8 R6 F3 + A7 + A3 + F7
P7 D2 + C4 + C6 + D8
P8 E2 + B4 + B6 + E8
P9 B3 + E3 + B7 + E7
P10 C3 + D3 + C7 + D7
P11 D3 + C3 + D7 + C7
P12 E3 + B3 + E7 + B7
Seguidamente, teniendo muy en cuenta la simetría del conjunto, confeccionaremos la tabla que va
reflejando las iluminaciones en cada punto, y que como ya sabemos, será la suma de las iluminaciones
procedentes de las luminarias más próximas, generalmente tres o cuatro. Los valores así obtenidos se
multiplican por la constante K de adaptación a los nuevos valores de y de H, y ya tenemos la tabla de los
12 valores reales correspondientes a la calzada. De igual manera procederemos con los 6 valores para las
aceras.
A la vista de los 12 valores de la iluminación real obtenida, tendremos un valor máximo, Emax, y un valor
mínimo, Emin; así mismo, podremos obtener el valor medio de iluminación,
De estos tres valores, podremos extraer otros dos que nos darán idea de la uniformidad de la iluminación
conseguida:
Finalmente, teniendo presente que los 12 puntos obtenidos son representativos de más de la mitad de los
puntos comprendidos entre dos luminarias, y como a su vez podemos decir que son simétricas, esto nos
permitirá dibujar sobre el plano de la calzada las curvas de nivel de iluminación, completando con ello el
estudio.
A continuación realicemos el estudio completo de la iluminación de la calzada y de las aceras que vimos
con anterioridad, y del que únicamente pudimos obtener el valor medio aproximado de la iluminación en la
calzada.
En primer lugar, dibujemos en papel transparente y a la escala conveniente (1m.® 5,3 mm.), el plano de
la calzada y de las aceras con sus correspondiente cuadrículas (A-F y de 1-9), y superpongámoslo sobre las
curvas Isolux; luego tomemos los valores necesarios para rellenar la tabla.
1 2 3 4 5 6 7 8 9
A 34 26 16 9 5 3 0
B 44 33 20 11 6 3 1
C 90 58 34 17 8 4 2
D 13 80 45 22 11 5 3
E 75 50 30 16 9 4 2
F 50 37 22 14 7 4 2
Con los valores de la tabla, podemos obtener los 12 puntos de la calzada, y los 6 de la acera, los cuales
una vez multiplicados por la constante K = 0,308, quedarán transformados a las condiciones del problema
real ( f = 25.000 Lm.; H = 9 m.).
La suma de los 12 valores de iluminación de la calzada valen 296, por lo tanto la iluminación media
resultará ser de:
Para finalizar, si dibujamos sobre el plano de la calzada los puntos de iluminación obtenidos, podremos
hacer una representación de las curvas de nivel de iluminación, las cuales nos proporcionarán una visión
más clara de las variaciones del nivel de iluminación a lo largo de la calzada y aceras.
La iluminación media obtenida, 24,6 lux, es inferior a la deseada, 32 lux, por lo tanto habrá que modificar
el valor, o valores, que creamos más pertinentes, volviendo a repetir el proceso. Sugerimos volver a realizar
los cálculos disminuyendo en dos metros la separación entre luminarias, observando luego las diferencias
obtenidas.
El ejemplo que acabamos de ver se refiere a las luminarias colocadas al tresbolillo, y naturalmente no
sirve para el caso de que estén en disposición unilateral. En esta disposición los resultados son los
indicados en la tabla y tienen un especial significado, ya que con ligeras variaciones, puede servir también
para resolver el alumbrado deportivo por proyectores, de los que más adelante hablaremos.
Calzada E E .K Acera E E .K
JORGE GUILLERMO TORES Pagina N°208
INSTALACIONES ELÉCTRICAS – AÑO 2002
Se considerará como alumbrado industrial de exteriores a aquél que por su utilización esté relacionado
con una actividad de trabajo y a su vez se encuentre en lugares abiertos. Así, por ejemplo, podemos citar
como alumbrados industriales exteriores, muelles de carga y descarga de mercancías, grandes zonas de
aparcamiento de vehículos, estaciones de servicio de carreteras, zonas de servicios de naves industriales,
etc..
Para este tipo de alumbrado podremos hacer uso de las mismas luminarias que para el alumbrado viario,
y por lo tanto, también podremos utilizar los mismos procedimientos de cálculo.
Una particularidad que caracteriza a esta clase de alumbrado exterior es que los niveles de iluminación
que deben adoptarse en cada caso están condicionados a la actividad en dicho lugar. Así, el alumbrado en
un muelle de carga de mercancías, está supeditado exclusivamente a las necesidades de dicho trabajo,
mientras que en una estación de servicio en carretera, además de las necesidades propias del trabajo que
en ellas se desarrolla, deberán considerarse ciertas motivaciones estéticas.
Igualmente deberemos tratar el alumbrado del contorno exterior de una nave industrial. En él tendremos
una zona de servicios cuyo nivel de iluminación será el que corresponda con el trabajo que en ella se
desarrolle, pero también tendremos una zona de servicios que posiblemente sea zona de fachada y que,
por lo tanto, deberá dársele un nivel de iluminación superior, por razones estéticas.
De todas maneras, como la iluminación industrial de exteriores se extiende sobre un enorme campo de
aplicaciones muy diversos, en cada caso es conveniente hacer un exhaustivo estudio, y de acuerdo con el
cliente receptor del proyecto, colocar el nivel de iluminación más conveniente en cada caso, teniendo
siempre presente que casi nunca podremos decir que la iluminación conseguida es excesiva.
Las luminarias que normalmente empleamos en el alumbrado viario, por lo general, son inadecuadas en
los casos anteriormente citados, ya que ahora lo que se necesita es una mayor concentración del flujo
luminoso, así como también un más exacto control de la luz emitida. Estas dos características son típicas de
la luminarias llamadas "proyectores".
El Comité Internacional de Iluminación C.I.E., define al proyector como una luminaria en la cual la luz es
concentrada en un determinado ángulo sólido, mediante un sistema óptico, bien de espejos o bien de
lentes, con el fin de obtener una intensidad luminosa elevada.
El cálculo de un alumbrado por proyectores suele presentar mayores dificultades que un alumbrado
viario, debido principalmente a que los proyectores suelen utilizarse con ángulos de orientación variables,
según los casos, dando lugar a factores de utilización muy dispares y de difícil determinación. Esto elimina
la posibilidad de representar los coeficientes de utilización de un proyector, por medio de tablas o gráficos
de aplicación sencilla y rápida, como hacíamos para el alumbrado de interiores y para el viario.
En el alumbrado por proyectores deberemos apoyarnos más frecuentemente sobre las curvas
características, por lo que deberemos conocer con precisión las curvas fotométricas de intensidad, así como
las demás curvas que de ellas pueden obtenerse, tales como las "Isocandelas" y las de "Isolux" referidas a
distintas inclinaciones del proyector.
Así pues, veamos la manera de ir obteniendo las diferentes curvas características de los proyectores.
Sea el proyector 400-IZA-D de INDALUX; de él hemos obtenido en el laboratorio una serie de valores de
intensidad luminosa en función del ángulo de proyección, referidos a sus dos planos perpendiculares X(0-
180º)- Y (90-270º), y a un flujo de 1.000 Lumen. Por tratarse de un proyector de distribución simétrica,
solamente hemos obtenido los valores de los dos semiplanos X-Y; lo ideal hubiera sido determinar muchos
más puntos pertenecientes a otros planos, para obtener con una mayor precisión el volumen fotométrico,
pero para nuestro propósito esto puede ser suficiente.
Con los valores así obtenidos, lo primero que deberemos hacer es representarlos sobre un sistema de
coordenadas polares, o mejor aún, sobre un sistema de coordenadas cartesianas. Para proyectores, este
último sistema de representación resulta mucho más recomendable, ya que como hemos dicho, éstos
disponen de una distribución del flujo mucho más concentrada que las luminarias comunes.
Una vez determinadas las dos curvas, correspondientes a los planos X-Y, ya podemos darnos una idea
de la distribución luminosa que caracteriza a este proyector, aunque sin duda podremos hacernos una idea
todavía más exacta, si de ellas sacamos las curvas "Isocandelas".
= 1.000 Lm.
YI IY XI IX
90º - 270º Cd 0º - 180º Cd
0 566 0 566
5 540 5 545
10 500 10 510
15 460 15 470
20 380 20 420
25 315 25 390
30 220 30 350
35 140 35 300
40 85 40 270
45 60 45 220
50 45 50 130
55 20 55 60
60 12 60 35
65 6 65 18
Para distintas intensidades luminosas, 500, 400, 300, etc., vamos calculando los correspondientes
ángulos, marcándolos sobre ejes de coordenadas X-Y. Uniendo ahora los puntos de igual intensidad,
obtendremos una serie de curvas "Curvas Isocandelas" simétricas con respecto a sus dos ejes X-Y. Bien es
verdad que estas curvas, son aproximadas, ya que deberíamos haber obtenido una serie de puntos
intermedios que conformasen las curvas dentro de cada cuadrante.
Las curvas realmente interesantes para la determinación de los niveles de iluminación obtenidos con
proyectores, son las de Isolux. Al igual que para el alumbrado viario, si disponemos de las curvas
características correspondientes, no resultará difícil la determinación del nivel luminoso de un punto
cualquiera del plano iluminado. Dado que los proyectores suelen trabajar con inclinaciones variables,
deberemos aprender a obtener las curvas Isolux para la inclinación que deseemos.
CURVAS ISOCANDELAS
Luminaria INDALUX 400-IZA-D ; = 1.000 Lm.
Veamos primeramente la manera de obtener las curvas Isolux correspondientes para una instalación del
proyector de cero grados. Según podemos apreciar en la figura, el nivel de iluminación en un punto
cualquiera del plano iluminado por el proyector, resultará ser:
Las distancias del punto P a los ejes de coordenadas, (YE; XE), se determinan en función de H, altura a la
que se encuentra el proyector, siendo:
La única dificultad de las fórmulas expuestas la tenemos en la determinación del ángulo b, pero si nos
fijamos en la figura, fácilmente deduciremos que:
de donde:
Así, por ejemplo, el proyector 400-IZA-D, situado a una altura de 9 metros, ilumina un punto situado a 3
metros del eje X, YE = 3 m., y a 5 del eje Y, XE = 5 m. ¿Qué nivel de iluminación tendrá dicho punto?
De las curvas de Isocandelas deducimos que para estos ángulos, la intensidad luminosa es de 300
candelas y siendo el ángulo b igual a:
tendremos que:
Este valor está referido a 1.000 Lúmenes, pero como el proyector va equipado con una lámpara de 400 W
de Vapor de Sodio a Alta Presión, el flujo luminoso será de 47.000 Lúmenes, es decir, 47 veces mayor; por
lo tanto, 2,18 ´ 47 = 102 Lux.
Las curvas Isolux, para el proyector 400-IZA-D, se obtienen partiendo de la tabla de intensidades que
dábamos al principio, determinando una serie de puntos referidos a los ejes Y y X.
Respecto a los puntos en el eje Y, teniendo en cuenta que XI = 0, sustituyendo en las fórmulas
anteriormente expuestas, tendremos que:
Estas fórmulas, convenientemente ordenadas nos permiten ir obteniendo los sucesivos valores de las
intensidades luminosas sobre el eje Y.
= 1.000 Lm. ; H = 1 m.
YI IY cos3b EY YE
90º - 270º Cd b = YI Lux tag YI ´ H
0 566 1,000 566 0,00 H
5 540 0,988 533 0,08 H
10 500 0,955 477 0,17 H
15 460 0,901 414 0,26 H
20 380 0,829 315 0,36 H
25 300 0,744 223 0,46 H
30 220 0,649 142 0,57 H
35 140 0,549 76 0,70 H
40 85 0,449 38 0,83 H
45 60 0,353 21 1,00 H
50 45 0,265 11 1,19 H
55 20 0,188 3 1,42 H
60 12 0,125 1 1,73 H
65 6 0,075 0,4 2,14 H
Siempre que no se indique lo contrario, las curvas Isolux vienen referidas para un flujo luminoso de 1.000
lúmenes, y para una altura de la luminaria de 1 metro, así, pues, en nuestro caso H = 1 m.
Los puntos de las curvas Isolux que cortan al eje X, los obtendremos teniendo presente que al ser YE = 0,
Al igual que en el caso anterior, obtendremos la correspondiente tabla que nos dará los puntos del eje X.
= 1.000 Lm. ; H = 1 m.
N IX cos3b EX XE
0º-180º Cd b = XI Lux tag XI ´ H
0 566 1 566 0,00
5 545 0,988 538 0,08
10 510 0,955 487 0,17
15 470 0,901 423 0,26
20 420 0,829 348 0,36
25 390 0,744 290 0,46
30 350 0,649 227 0,57
35 300 0,549 164 0,70
40 270 0,449 121 0,83
45 220 0,353 77 1,00
50 130 0,265 34 1,19
55 60 0,188 11 1,42
60 35 0,125 4 1,73
65 18 0,075 1 2,13
Uniendo puntos de idéntico nivel de iluminación, obtendremos las curvas Isolux para los valores que
deseemos.
Tal y como dijimos para las curvas Isocandelas, para una mayor precisión en la confección de las curvas,
nos faltaría determinar una serie de puntos intermedios en cada cuadrante, pero ello no es posible debido a
que hemos partido de tan sólo dos curvas de intensidades. Como el proyector considerado es simétrico con
respecto a los ejes X e Y, sería suficiente con obtener los correspondientes a un sólo cuadrante.
Cuando al proyector se le da una cierta inclinación con respecto a la vertical, las curvas Isolux adquieren
unas características específicas que deben ser estudiadas en cada caso.
Así, supongamos un proyector inclinado un ángulo a con respecto a la vertical. Tal y como vemos en la
figura, un punto P del plano iluminado, tendrá un nivel de iluminación:
CURVAS ISOLUX
Luminaria INDALUX-IZA-D
a = 0º ; = 1.000 Lm. ; H = 1m.
Las distancias del punto considerado a cada uno de los ejes X,Y, serán, según puede deducirse de la
figura:
Especial significado tiene el punto C, pues es aquí donde incide el centro de proyección del proyector, y
se encuentra del punto O (vertical desde el proyector al plano iluminado) a una distancia igual a:
Veamos ahora la manera de obtener las curvas Isolux para el proyector 400-IZA-D, con un ángulo de
inclinación a = 40º.
Los puntos del eje Y los obtendremos haciendo XI = 0, en las fórmulas anteriormente expuestas, y por lo
tanto:
YI IY b cos3b EY YE
º Cd 40 + YI Lux tag(40 + YI) ´ H
40 85 80 - - 5,67
35 140 75 0,017 2 3,73
30 220 70 0,040 8 2,74
25 300 65 0,075 22 2,14
20 380 60 0,125 47 1,73
15 460 55 0,188 86 1,42
10 500 50 0,265 132 1,19
5 540 45 0,353 190 1
De los valores obtenidos es importante destacar en primer lugar la pérdida de simetría de las curvas
Isolux a 40º, con respecto al eje X, y en segundo lugar el hecho de que el nivel de iluminación en el punto C,
centro de proyección del proyector, no da el valor máximo como a primera vista podría suponerse; el valor
máximo corresponde en este caso, para un ángulo de 25º.
También es importante destacar que para valores negativos de (40 + YI), es decir, por detrás de la vertical
que pasa por la luminaria, los niveles de iluminación ya son relativamente pequeños. Naturalmente, cuanto
mayor sea el ángulo a, menores serán estos valores.
El plano que determinaba los valores de intensidad luminosa XI, ahora ya no se proyecta sobre el eje X,
lo hace sobre la recta que pasa por C y es paralela a X, por lo tanto será sobre este nuevo eje sobre el que
determinaremos los valores de EX. Haciendo YI = 0 tendremos:
Con ayuda de estas fórmulas ya estamos en posición de ir determinando los distintos niveles de
iluminación correspondientes al eje que pasa por el punto O y que se encontrará a una distancia del eje Y
igual a:
XI IX XE b cos3b EX
º C tag XI ´ H º Lux
0 566 0 40 0,449 254
5 545 0,08 40,1 0,449 244
10 510 0,17 40,6 0,437 223
15 470 0,26 41,3 0,422 198
20 420 0,36 42,4 0,402 169
25 390 0,46 43,8 0,375 146
30 350 0,57 45,5 0,343 120
35 300 0,70 47,5 0,307 92
Ahora ya podemos dibujar las curvas Isolux de la luminaria 400-IZA-D, para una inclinación de 40º. El
resultado será una familia de curvas de igual nivel de iluminación, simétrica con respecto al eje Y.
CURVAS ISOLUX
Luminaria INDALUX 400-IZA-D
a = 40º ; = 1.000 Lm. ; H = 1 m.
CURVAS ISOLUX
Luminaria INDALUX 400-IZA-D
a = 50º ; = 1.000 Lm. ; H = 1 m.
Dentro del alumbrado por proyectores, tenemos el alumbrado deportivo, que últimamente ha alcanzado
un auge extraordinario. Según sea el deporte elegido y su aplicación específica, así será el nivel de
iluminación a aplicar, por lo que seguidamente mostramos algunos valores de iluminación recomendados en
cada caso.
Balonvolea
Competición 200
Entrenamiento 100
Boxeo
Campeonatos 5.000
Profesional 2.000
Aficionados 1.000
Frontón
Club 200
Entrenamiento 100
Fútbol
1ª División 1.000
2ª División 500
3ª División 300
Torneos juveniles 200
Entrenamiento 100
Pistas de patinaje sobre hielo
Pistas de competición 50
Estanques o lagos 10
Tenis. Una pista
Campeonato 300
Club 200
Entrenamiento 100
La resolución de estos problemas puede hacerse analíticamente, punto por punto o gráficamente, de
idéntica forma a como hacíamos para el alumbrado viario.
Sea por ejemplo una pista de tenis, que queremos iluminar con el proyector 400-IZA-D. Una solución a
primera vista viable, sería utilizar seis proyectores montados en otros tantos postes de 10 metros de altura y
con una inclinación de 40º, tal y como mostramos en la figura.
Sobre la pista, los 15 puntos que consideramos de mayor importancia los representamos sobre el dibujo,
y observamos que es suficiente con determinar solamente 6, ya que el resto de los puntos son iguales por
tratarse de un dibujo simétrico.
Al igual que hicimos para el alumbrado viario, iniciemos el proceso determinando la influencia que tiene
cada uno de los seis proyectores, sobre cada uno de los seis puntos en cuestión. Seguidamente, llevemos
sobre las curvas Isolux el dibujo de la pista de tenis, naturalmente a la misma escala de las curvas, 31/10, y
determinemos el valor del nivel de iluminación que le corresponde a cada punto.
Puesto que se trata de curvas referidas a 1 metro de altura y a 1.000 Lm., y el caso que tratamos de
resolver utiliza postes de 10 metros de altura y proyectores con lámparas de vapor de mercurio a alta
presión de 400 W. (47.000 Lm.), los valores obtenidos los multiplicaremos por una constante de corrección
cuyo valor será:
E E´K
P1 C3 + A3 + C1 + A1 320 + 75 + 12 + 17 423 198
P2 2C2 + 2A2 2´85 + 2´60 280 131
P3 C3 + A3 + 2A1 + 2C1 320 + 75 + 2´17 + 2´14 451 211
P4 2B3 + 2B1 2´220 + 2´20 460 216
P5 4B2 4´105 400 188
P6 2B3 + 4A1 2´220 + 4´17 484 227
El nivel de iluminación obtenido para estos seis puntos, nos da idea de la distribución de la iluminación
sobre la pista, pudiendo obtener el valor medio de iluminación, así como el valor de uniformidad media y
mínima, de manera análoga a como hacíamos para el alumbrado viario.
A la vista del dibujo de la pista sobre las curvas Isolux, podemos apreciar como una gran parte del flujo
producido por las lámparas se desperdicia, pudiendo afirmar que el coeficiente de utilización de los
proyectores resulta ser muy bajo en estos casos, del orden de 0,4 a 0,7. Así por ejemplo, aplicando la
fórmula general del flujo total emitido con respecto a la superficie iluminada, tendremos que el coeficiente de
utilización será:
Es decir, que en el caso que nos ocupa, el 100-44,8 = 55,2% del flujo total emitido se desperdicia.
Nada hemos dicho sobre el deslumbramiento, pero se comprende que en un alumbrado deportivo este
concepto es de suma importancia. Como es sabido, el índice de deslumbramiento es función de diversas
causas entre las que se cuentan la luminancia de los puntos de luz y la posición de éstos dentro del campo
visual de los jugadores.
La disminución de la luminancia, o intensidad luminosa por unidad de superficie, tiene difícil solución, ya
que ello obligaría a aumentar considerablemente la superficie reflector de los proyectores, con el
consiguiente aumento de volumen y peso de los mismos.
A base de elevar los puntos de luz sobre la superficie de juego, se consigue controlar el
deslumbramiento, pudiendo admitir que la mínima altura aceptable corresponde a la determinada por la
dirección que partiendo de los ojos de un jugador en el centro del campo, forme un ángulo de 20º con la
horizontal.
Lógicamente, cuanto más altos se encuentren los proyectores menor será el deslumbramiento, por lo que
seguidamente damos un gráfico mediante el cual puede conocerse de una forma aproximada la altura
mínima de instalación en función de la anchura del terreno de juego y de la distancia existente entre la base
de la vertical que pasa por los proyectores y el borde del área de juego.
Otro alumbrado deportivo muy interesante lo tenemos en los campos de fútbol. Para fines de
entrenamiento, este caso puede resolverse con ocho proyectores equipados con lámparas de mercurio con
halogenuros metálicos de 2.000 W. (170.000 Lm.) ya que
Ahora hemos supuesto un coeficiente de utilización algo mayor, ya que por tratarse de un número mayor
de protectores, las pérdidas de flujo serán menores.
La altura de los proyectores, teniendo en cuenta que la anchura del terreno de juego es de 65 metros y
que la distancia de los postes al borde de la cancha es de 5 metros, deberá ser como mínimo de 15 metros.
Con estos datos ya se puede iniciar el proyecto de iluminación, debiendo elegir ahora el tipo de proyector
a utilizar y la inclinación que vamos a darles.
Como ejercicio adicional dejamos la resolución gráfica, punto por punto, de este caso.