la espiritualización de las Escrituras.
En cuanto a esta última, Lutero comentó
pintorescamente que le da a la Biblia una nariz de cera, de modo que puede ser
vuelta en cualquier dirección que se desee.
La teología adventista del séptimo día, en forma notable, ha estado libre tanto
de especulación como de espiritualización. Por ejemplo, los adventistas nos
hemos complacido con leer el primer capítulo del Génesis -tan lleno de hechos
milagrosos- sin elucubrar detalles finos que no están revelados. No creemos
que los milagros de Dios registrados en la Biblia resultan más razonables o
plausibles mediante tentativas racionalistas para "explicar" cómo ocurrieron.
Creemos que hay un elemento irreductible de misterio en todos los milagros
divinos; misterio debido a la naturaleza finita del hombre y a la naturaleza infinita
de Dios que realiza los milagros. Tratar de "explicar" ese misterio es oscurecer
el consejo con palabras. No sólo es un intento inútil; y hasta puede resultar
peligroso. Una de las características del modernismo religioso es que ha tratado
de explicar -¿o diríamos de eliminar mediante explicaciones?- los milagros de la
Biblia. En el mejor de los casos, el resultado ha sido una reducción al mínimo
del poder de Dios, y en el peor de los casos, una negación de ese poder, porque
han negado en gran medida los milagros que no podían racionalizar.
Esta obra rehuye la especulación. Quedará chasqueado el lector que acuda a
este comentario esperando que dé explicaciones dogmáticas para cada texto
"difícil". La regla general que ha guiado a nuestros colaboradores ha sido la de
ser breves en sus comentarios sobre un pasaje difícil aunque, como en el caso
de otras reglas, hay excepciones. La brevedad de una declaración teológica
puede ser una confesión de ignorancia; también es una protección contra un
despliegue de una ignorancia mucho mayor.
Los adventistas creen que el don del espíritu de profecía se manifestó mediante
Elena G. de White. Su abundante producción literaria ha proporcionado
numerosos comentarios acerca de textos bíblicos de una autoridad indiscutible.
Sin embargo, las citas emanadas de su pluma se usan con moderación, para
evitar que el comentario se convierta en una duplicación de sus escritos que ya
están en la biblioteca de la mayoría de los adventistas. En vez de citarla, al final
del comentario de cada capítulo de la Biblia incluimos las referencias de los
lugares en los libros de Elena G. de White que comentan acerca de los
versículos de ese capítulo.
Este comentario no acepta las suposiciones de la alta crítica acerca de la Biblia,
suposiciones que constantemente están siendo sepultadas por la pala de los
arqueólogos. 16 Sin embargo, damos importancia a lo que se conoce como
baja crítica, o crítica textual, que se ocupa en la tarea de descubrir, hasta donde
sea posible, el texto original tal como lo escribió cada autor de la Biblia. Quizá
pongamos en duda y aun rechacemos la redacción de una frase, por ejemplo,
del texto actual de la Biblia, sin que por eso, en ningún grado, pongamos en
duda la autoridad del Libro de Dios. La Biblia que leemos hoy día es el
resultado del trabajo de muchos copistas que, en la mayoría de los casos, han
realizado su obra con maravillosa exactitud. Pero los copistas no han sido
infalibles, y resulta evidente que Dios no ha creído necesario evitar por complete
diligentes de los especialistas podemos ver por entre la mayoría de esos errores
el texto bíblico tal como fue escrito por Moisés, Pablo y los demás profetas y
apóstoles de la Biblia. Ciertamente, ninguno de los errores de los copistas que
todavía quedan afecta en forma alguna nuestra salvación; y tampoco nos impide
captar el significado del gran drama de la Biblia, que comienza con el jardín del
Edén y termina con el descenso de la nueva Jerusalén. Cualquier referencia
que haya en esta obra en cuanto a los errores de los copistas debe entenderse
dentro del marco de esta declaración.
En relación con esto, ofrecemos dos citas de la pluma de Elena G. de White:
"Algunos nos miran seriamente y preguntan: '¿No cree usted que podría haber
algún error del copista o de los traductores?' Esto es muy probable, y la mente
que es tan estrecha como para vacilar y tropezar por esta posibilidad o
probabilidad, así también estaría lista para tropezar debido a los misterios de la
Palabra inspirada, porque las débiles mentes de ellos no pueden leer los
propósitos de Dios" (MS 16, 1888).
"Vi que Dios había guardado en forma especial la Biblia; sin embargo cuando
los ejemplares de ella eran pocos, hubo sabios que en algunos casos cambiaron
las palabras, pensando que estaban haciendo más claro su sentido, cuando en
realidad estaban confundiendo lo que era claro e inclinándolo hacia sus
opiniones establecidas, que eran gobernadas por la tradición. Pero vi que la
Palabra de Dios, en conjunto, es una cadena perfecta, de la cual una porción se
vincula con la otra y la explica. Los verdaderos buscadores de la verdad no
necesitan errar; porque no sólo es la Palabra de Dios clara y sencilla al
presentar el camino de la vida, sino que el Espíritu Santo es dado como guía
para comprender el camino de la vida en ella revelado" (PE 220, 221).
Este tomo y cada uno de los seis que lo siguen, están divididos en tres partes
principales: artículos generales, comentario y material suplementario. Cada
parte es importante. En este primer tomo, la sección de los artículos generales
es mayor que en los tomos siguientes, pues contiene una cantidad de artículos
que son importantes para el estudio de toda la Biblia y, por lo tanto, deben ser
publicados en el comienzo. Se llama la atención del lector especialmente a los
artículos que presentan la historia de los tiempos antiguos en el marco de los
últimos descubrimientos arqueológicos. Este material es una parte
indispensable del comentario pues suministra el marco histórico, sin el cual son
casi ininteligibles algunos pasajes de las Escrituras.
En la sección del comentario, que es la parte principal de cada tomo, se da
primero el texto de la Biblia completo, para cada capítulo, y luego sigue el
comentario. Esto hace que el lector no necesite revolver páginas hacia atrás y
adelante para ver el contexto de un versículo en particular.
La parte principal del material suplementario son escritos de la pluma de Elena
G. de White que ahora no circulan impresos y que, en algunos casos, nunca han
sido publicados. Este material ha sido elegido y dispuesto cuidadosamente,
teniendo en 17 cuenta su importancia en relación con pasajes específicos de la