Definición y Evaluación de Discapacidad Intelectual
Temas abordados
Definición y Evaluación de Discapacidad Intelectual
Temas abordados
Definición de retraso mental propuesta por la AAMR en 2002 (10º edición): “Retraso mental
es una discapacidad, caracterizada por limitaciones significativas en el funcionamiento
intelectual y la conducta adaptativa, tal como se ha manifestado en habilidades prácticas,
sociales y conceptuales. Esta discapacidad comienza antes de los 18 años”.
Esta definición es funcional (porque refiere a un modo del funcionamiento del sujeto), es
ecológica (porque se refiere a las condiciones interrelacionales en que las personas viven)
y multidimensional (porque toma varios aspectos del sujeto).
Los tres criterios que organizan la definición son: limitaciones significativas en
funcionamiento intelectual, en conducta adaptativa (concurrente y relacionada), y que se
manifiesta durante el periodo de desarrollo (pre 18 años).
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- Una evaluación válida tiene que tener en cuenta la diversidad cultural y lingüística
(lenguaje, aspectos motores y comportamentales).
- Tener en cuenta que a menudo las limitaciones coexisten con capacidades
individuales que deben ser tenidas en cuenta.
- Un propósito importante de describir limitaciones es el de desarrollar un perfil de los
apoyos necesarios.
- Si se ofrecen los apoyos personalizados apropiados, durante un período prolongado,
el funcionamiento en la vida de la persona con retraso mental mejorará.
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- Diagnóstico: Determina la elegibilidad. Hay diagnóstico de retraso mental si: Hay
limitaciones significativas del funcionamiento intelectual. Hay limitaciones
significativas de la conducta adaptativa. La edad de aparición es antes de los 18
años.
- Clasificación y descripción: Identifica los puntos fuertes y débiles en cinco
dimensiones y las necesidades de apoyos. Describe los puntos fuertes y limitaciones
del individuo en cada una de las cinco dimensiones:
- Perfil de necesidades de apoyos: Identifica los apoyos para mejorar el
funcionamiento, es decir, identifica el tipo de apoyo necesario, la intensidad de
apoyos necesaria y la persona responsable de proporcionar el apoyo.
En resumen:
De la anterior definición se van a mantener características importantes como el propio
término de retraso mental, la orientación funcional y énfasis en los apoyos, los tres criterios
diagnósticos (inteligencia, conducta adaptativa y edad de comienzo), y un firme compromiso
con desarrollar un sistema de clasificación basado en las intensidades de los apoyos.
La principal novedad de la propuesta de 2002 se centra en proponer un nuevo modelo
teórico, ampliando una dimensión más (participación, interacciones, y roles sociales),
precisando el contenido de otras dimensiones, y proponiendo un marco de referencia para
la evaluación que supera la anterior propuesta de un proceso de tres pasos. Además, se
avanza en la planificación de los apoyos. Otras características son la mayor precisión en la
medición de la inteligencia y en la conducta adaptativa, que repercute en una comprensión
diferente del constructo de conducta adaptativa. También se examina con detenimiento en
qué consiste el juicio clínico.
2010: La AAIDD publica en 2010, la 11º edición del manual. La organización había iniciado
las publicaciones de manuales en 1921, siendo el último el del 2010, al que haremos
referencia. A partir del análisis de los mismos podríamos establecer la evolución y
progresión de los conceptos y prácticas.
El último manual contiene información actualizada en función de una perspectiva ecológica
multidimensional y de un enfoque etiológico multifactorial, incluyendo las mejores guías
sobre prácticas, sobre diagnóstico y clasificación de la discapacidad intelectual (DI),
desarrolla a su vez un sistema de apoyo para las personas.
Shalock (2009) dice “nos hemos movido de la defectología hacia una concepción
ecológica o socio ecológica, en la cual consideramos la relación del individuo con su
contexto, entendiendo que no sólo es la persona sino también el medio ambiente, tienen un
gran impacto sobre nuestra conducta”. De la idiocia y la debilidad mental a la discapacidad
intelectual
Esta es la primera versión oficial del manual de la AAIDD en la que se introduce la
terminología discapacidad intelectual en reemplazo de retardo mental. Es adoptado ya
que resulta menos ofensivo para las personas con DI; y porque es más consistente con la
terminología internacional.
Los cambios de terminología se dieron, históricamente, no sólo para designar la condición
que actualmente se llama DI, sino también en el nombre de la organización. AAIDD:
Asociación Americana sobre Discapacidad Intelectual y del Desarrollo.
Definición (AAIDD, 2010, 11º edición): La discapacidad intelectual está caracterizada por
significativas limitaciones tanto en el funcionamiento intelectual como en la conducta
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adaptativa expresada en términos de habilidades conceptuales, sociales y prácticas. Esta
discapacidad se origina antes de los 18 años.
Modelo multidimensional.
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Incluye a la persona, su ambiente y sus apoyos. Así, el funcionamiento del individuo es
considerado a través del prisma de los apoyos existentes. Tiene en cuenta 5 dimensiones:
1.Capacidades intelectuales.
2.Conducta adaptativa.
3.Participación, interacción, roles sociales.
4.Salud (física y mental). Esta dimensión incluye la etiología, que se divide en dos grupos:
retraso mental de origen biológico y retraso mental debido a una desventaja social.
Causación intergeneracional: los factores presentes durante una generación pueden
influenciar los resultados siguientes.
5.Contexto. Perspectiva ecológica que implica diferentes niveles:
a) microsistema-entorno social inmediato
b) mesosistema-vecinos, comunidad, organizaciones
c) macrosistema
En este punto es importante que se proporcionen oportunidades como la presencia activa
en la comunidad, la elección autónoma de la persona, la competencia (oportunidad para
desempeñar nuevas actividades) y la participación en la comunidad.
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global que llegan a la determinación de edades mentales, de cocientes intelectuales o de
perfiles psicológicos, más bien miden el rendimiento que analizan los procesos mismos, y
por este hecho resultan insuficientes cómo para establecer un diagnóstico de debilidad
mental.
Por último, resulta relevante la distinción entre imbecilidad y debilidad mental que se
desprende de esta teoría: el imbécil no accede a ninguna operación del pensamiento
mientras que el débil mental alcanza las operaciones concretas. También lo distingue del
“simple retraso”, entiendo que en estos casos no hay fijación en algún estadio, sino un
desfasaje temporal. ¿Como podemos distinguir el debil mental del retrasado? Analizando el
razonamiento. El débil mental presenta características en su razonamiento, Inhelder lo
caracteriza como “viscosidad”
→Inhelder va a decir que el débil mental posee un sistema operatorio pero inacabado. Hay
que tener en cuenta la estructura con la que está pensando/actuando, sin importar a dónde
llegue, es decir, sin importar el resultado. Para poder así, atender a las cualidades de su
proceso de razonamiento.
Hay razones estructurales para que haya un estancamiento, este no se produce por un
cierre sino por una clausura de las estructuras. Accede a las operaciones, pero en el plano
de lo concreto, no de lo abstracto, de lo hipotético deductivo.
El retraso simple va a poder acceder a las operaciones formales, pero con un desfasaje
temporal (retraso). Constató que los estadios observados en el niño normal, a lo largo del
desarrollo operatorio, se encontraron con una impresionante regularidad en los retrasados;
ha podido demostrar también la detección de los niños retrasados y, sobre todo, la
determinación de su nivel intelectual exacto.
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un plano hipotético deductivo, y los sujetos susceptibles de acceder a tales operaciones se
clasificarían entre los simples retrasados.
La debilidad mental atestiguaría la posibilidad de una “construcción operatoria” pero
“inacabada”. El hecho de que haya, en el desarrollo mental, construcciones que se acaban y
otras que permanecen en el estado inacabado atestigua la existencia de leyes de equilibrio
comparables a las que regulan el crecimiento orgánico y permiten distinguir un estado
adulto, de un estado normal en desarrollo, y de un estado patológico de detención del
crecimiento o de “falso equilibrio”.
Si un ser cuyo equilibrio operatorio permanecerá siempre inacabado es por ello débil, las
operaciones y sus “agrupamientos” aparecen, entonces, como los componentes, no ya sólo
de una estructura abstracta o de un sistema de las ideas de un individuo esquemático, sino
de una realidad viviente y llena de significación en cuanto al dinamismo del desarrollo
concreto.
Inhelder ha sabido hacer salir la hipótesis operatoria de las fronteras de la construcción
teórica para introducirla en el territorio de las realidades efectivas.
El texto abarca las formas descritas con los nombres de retraso y debilidad mental. Utiliza el
término deficiencia mental, porque señala una distancia con respecto a los conceptos
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clásicos. Realizan una crítica al reduccionismo sociologizante y biologicista (al igual que A.A
e Inhelder)
Para no perder de vista los trabajos de orden psicopatológicos en el texto se ha renunciado
a abordar ciertos problemas que plantean las deficiencias intelectuales. Se dejó de lado la
descripción de cuadros etiológicos-clínicos con base orgánica.
Todo niño va a ir desarrollándose en relación a la interacción de factores orgánicos,
relacionales y sociales. El enfoque psicodinámico evalúa los modos de funcionamiento
del sujeto en función del aspecto cognoscitivo, es decir, las catexias del desarrollo de la
inteligencia y su funcionamiento. Se tiene en cuenta la dinámica psíquica del sujeto, junto a
lo pulsional, los mecanismo en juego, el A.P, identificación y fantasías. Asimismo, las
identificaciones a los padres o sustitutos, la fantasía subyacente, la elaboración de la
función simbólica, factores socioculturales y afectivos son elementos que se ponen en juego
mediante mecanismos que se inscriben como organizadores de la personalidad del niño. El
niño, gracias a su propia estructura, somete a su propia influencia la elaboración de factores
inscritos en el sujeto o situado en su entorno. Hay un sujeto activo, que no es el mero efecto
de lo biológico o lo social. Se pone el acento en el sujeto, el cual se constituye en su
respuesta
Por un lado, se describen las deficiencias “armónicas” como las homogéneas, donde no
hay diferencias significativas entre las distintas áreas del desarrollo (esto es, más allá de la
heterogeneidad que se halla en todas las personas).
Mientras que, por el otro, las deficiencias “disarmónicas” son las que presentan un
desfase notorio y persistente entre las distintas áreas, es lo que se conoce como el retraso
mental clásico. Dentro de ellas hay distintas vertientes: la psicótica, expresan la persistencia
de perturbaciones graves en la personalización; la neurótica, son menos severas, los
síntomas varían y pueden compararse a los encontrados en los neuróticos, y la depresiva.
En relación a los handicaps entre pruebas verbales y no verbales, el handicap se centra en
el empleo del lenguaje como instrumento de pensamiento, es un instrumento de evaluación
donde se tienen en cuenta a los otros apoyos, tales test permiten analizar en qué grado se
encuentra alterada la elaboración de los significados de los deficientes mentales
dependiendo de si el lenguaje es más o menos un instrumento del pensamiento.
Crítica al enfoque tradicional: Una de las críticas que el modelo psicodinámico hace al
tradicional es acerca del método de diagnóstico: los autores consideran que los tests de CI
miden la forma actual del funcionamiento mental pero no determinan aptitudes ni dones
independientes que han cooperado a forjar la personalidad de la persona; lo que a su vez
acarrea una simplificación cualitativa de la persona al tener en cuenta el QI soslayando las
diferencias nosográficas y funcionales.
La etiología orgánica es la norma, hasta el punto en que se dice “pseudo-débiles” a los
sujetos en los cuales los trastornos instrumentales y las carencias afectivas parecen haber
tenido un papel patógeno determinante: las causas del retraso se agrupan bajo dos
órdenes: factores exógenos y factores endógenos. Sin etiología conocida, se planteaban
hipótesis que invocan la herencia.
De todas maneras, sea cual fuere la etiología, se postulan anomalías del funcionamiento
cerebral que implican una explicación inmediata de la falta de inteligencia y de los trastornos
instrumentales que manifiesten los sujetos.
Desde esta perspectiva, el papel del medio y la influencia de la historia vivida se hallan
reducidos a poca cosa.
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En definitiva, dos elementos parecen ser suficientes, en esta concepción clásica, para
definir al sujeto: la cifra del cociente intelectual y la etiología, con referencia a la oposición
entre debilidad simple o “armónica” y debilidad con trastornos asociados o “disarmónica”.
La tradición psicométrica, inaugurada por Binet, ha acentuado la simplificación, lo que ha
conducido, gracias a la facilidad que consiste en caracterizar al sujeto simplemente por su
C.I, ignorando las diferencias nosográficas y funcionales en provecho de una sencilla
variación cuantitativa. Sus efectos son nefastos
En lo concerniente al cuadro clínico, localizaremos el aspecto fenoménico central que
permite distinguir las deficiencias armónicas de las disarmónicas:
El descuido de lo infantil
Forma parte de la opinión popular acerca de la pulsión sexual afirmar que ella falta en la
infancia y solo despierta en el periodo de la vida llamado pubertad. No es este un error
cualquiera: tiene graves consecuencias, pues es el principal culpable de nuestra presente
ignorancia acerca de las bases de la vida sexual.
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Los autores que se han ocupado de explicar las propiedades y reacciones del individuo
adulto presentaron atención mucho mayor a la prehistoria constituida por la vida de los
antepasados (vale decir, atribuyendo una influencia mucho más grande a la herencia) que a
la otra prehistoria, la que se presenta ya en la existencia individual: la infancia.
Amnesia infantil
La razón de este asombro descuido, en parte en los reparos convencionales de los autores
a consecuencia de su propia educación, y en parte un fenómeno psíquico que hasta ahora
se ha sustraído de toda explicación. Aludo a la peculiar amnesia que en la mayoría de los
seres humanos cubre los primeros años de su infancia, hasta el 6to y 8vo año de vida. En
efecto, se nos informa que en esos años, de los que después no conservamos en la
memoria sino unos jirones incomprensibles, reaccionamos con vivacidad frente a las
impresiones, sabíamos exteriorizar dolor y alegría de una manera humana, mostrabamos
amor, celos y otras pasiones que nos agitaban entonces con violencia, y aun pronunciamos
frases que los adultos registraron como buenas pruebas de penetración y de una incipiente
capacidad de juicio. Y una vez adultos, nada de eso sabemos de nosotros mismos.
Por otro lado, tenemos que suponer que esas mismas impresiones que hemos olvidado
dejaron, no obstante, las más profundas huellas en nuestra vida anímica y pasaron a ser
determinantes para todo nuestro desarrollo posterior.
La amnesia infantil que convierte la infancia de cada individuo en un tiempo anterior, por así
decir prehistórico, y oculta los comienzos de su propia vida sexual, es la culpable de que no
se haya otorgado valor al periodo infantil en el desarrollo de la vida sexual.
La inhibiciones sexuales
Durante este periodo de latencia total o meramente parcial se edifican los poderes
anímicos (diques) que más tarde se presentarán como inhibiciones en el camino de la
pulsión sexual y angostarán su curso a la manera de unos diques (el asco, el sentimiento de
vergüenza los reclamos ideales en lo estético y en lo moral). En el niño civilizado se tiene la
impresión de que el establecimiento de esos diques es obra de la educación, sin duda
alguna ella contribuye en mucho. Pero en realidad este desarrollo es de condicionamiento
orgánico, fijado hereditariamente, y llegado el caso puede producirse sin la ayuda de la
educación.
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Formaciones reactivas y sublimación
¿Con qué medios se ejecutan estas construcciones tan importantes para la cultura personal
y la normalidad posterior del individuo? Probablemente a expensas de las mociones
sexuales infantiles mismas, cuyo aflujo no ha cesado, pues, ni siquiera en este periodo de
latencia, pero cuya energía es desviada del uso sexual y aplicada a otros fines. Los
historiadores de la cultura parecen contestes en suponer que mediante esa desviación de
las fuerzas pulsionales sexuales de sus metas, y su orientación hacia metas nuevas
(sublimación), se adquieren poderosos componentes para todos los logros culturales.
Puede asimismo arriesgar una conjetura acerca del mecanismo de sublimación. Las
mociones sexuales de estos años infantiles serían, por una parte, inaplicables, pues las
funciones de la reproducción están diferidas, lo cual constituye el carácter principal del
periodo de latencia; por otra parte, serían en sí perversas, esto es, partirían de zonas
erógenas y se sustentarán en ilusiones que dada la dirección del desarrollo del individuo
solo provocan sensaciones de displacer. Por eso suscita fuerzas anímicas contrarias
(mociones relativas) que construyen, para la eficaz sofocación de ese displacer, los
mencionados diques psíquicos: asco, vergüenza y moral.
El chupeteo
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La concatenación de fenómenos que gracias a la indagación psicoanalítica hemos podido
inteligir nos autoriza a considerar el chupeteo como una exteriorización sexual, y a estudiar
justamente en él los rasgos esenciales de la práctica sexual infantil.
Autoerotismo
Es claro, además, que la acción del niño chupeteador se rige por la búsqueda de un placer
(ya vivenciado, y ahora recordado) así, en el caso más simple, la satisfacción se obtiene
mamando rítmicamente un sector de la piel o de mucosa. Es fácil colegir también las
ocasiones que brindaron al niño las primeras experiencias de ese placer que ahora aspira a
renovar. Su primera actividad, la más importante para su vida, el mamar del pecho materno,
no pudo menos que familiarizarlo con ese placer. Diríamos que los labios del niño se
comportan como “zona erógena”, y la estimulación por el caldo aflujo de la leche fue la
causa de la sensación placentera. Al comienzo, claro está, la satisfacción de la zona
erógena se asocian con la satisfacción de la necesidad de alimentarse. El quehacer sexual
se apuntala primero en una de las funciones que sirven para la conservación de la vida, y
solo más tarde se independiza de ella.
No todos los niños chupetean. Cabe suponer que llega a hacerlo aquellos en quien está
constitucionalmente reforzado el valor erógeno de la zona de los labios. Si este persiste,
tales niños, llegados a adultos, serán grandes gustadores del beso, se inclinaran a besos
perversos o, si son hombres, tendrán una potente motivación intrínseca para beber o fumar.
Pero si sobreviene la represión, sentirán asco frente a la comida y producirán vómitos
histéricos. Siendo la zona labial un campo de acción recíproca, la represión invadirá la
pulsión de nutrición.
En el chupeteo o el mamar con fricción hemos observado ya los tres caracteres esenciales
de una exteriorización sexual infantil. Esta nace apuntalandose en una de las funciones
corporales importantes para la vida, todavía no conoce un objeto sexual, pues es
autoerótico, y su meta sexual se encuentra bajo el imperio de una zona erógena.
Anticipemos que estos caracteres son válidos también para la mayoría de las otras
prácticas de las pulsiones sexual infantil.
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Miller, J. A. (1993). Apertura de las II Jornadas Nacionales: desarrollo y estructura en
la dirección de la cura. En Desarrollo y estructura en la dirección de la cura (pp. 7-12).
Atuel.
La relación de los psicoanalistas con niños ha sido dominada por la perspectiva del
desarrollo, la preocupación por el establecimiento de la cronología, la definición del
inconsciente como permanencia del niño en el hombre. Miller se distancia del abordaje de la
psicología del desarrollo, considera al sujeto como un sujeto del lenguaje y como un sujeto
histórico. Lacan introduce algunos contrapuntos:
Desarrollo vs. Historia: en el campo del lenguaje el desarrollo cede su lugar a la historia.
No es un proceso objetivo, propio de una simple maduración. Si bien hay una maduración,
el proceso mismo incluye al SUJETO en el sentido que subjetiva, en tanto da sentido a lo
ocurrido. Esta es la primera oposición y supone que el mismo hecho objetivo puede recibir
sentidos diferentes según los sujetos. No hay una maduración igual para todos. Freud
trataba de obtener datos fechados y Lacan muestra que lo más importante es el apres coup.
Desarrollo vs. Estructura: Lacan se apoya en las estructuras fundamentales del
parentesco. Reafirma que el niño sabe todo lo que hay que saber. El aprendizaje del
lenguaje no pasa de lo más simple a lo más complejo sino que el niño tiene un manejo
anticipado de estructuras gramaticales muy complejas del lenguaje. Hay una estructura que
preexiste, anticipa en la que el niño se inserta.
La vertiente horizontal es el desarrollo mismo, y va hacia el punto de estructura que es el
punto de cruz con la otra vertiente. Poco a poco los elementos se ponen en su lugar, pero
ya el sistema estructural los organiza por anticipación.
Distinguimos espacio métrico (donde hay distancias que se pueden medir) de espacio
topológico (donde la distancia no cuenta). Del mismo modo hay que distinguir cronología
(tiempo métrico) y el tiempo lógico. Es necesario reubicar al niño en el psicoanálisis
respecto al tiempo lógico.
No se trata de no tomar en cuenta el desarrollo. Y si bien los elementos estarían solidarios
en la estructura, el encuentro con el sujeto es una contingencia, una variable. El tiempo
lógico que pertenece a la dimensión significante de la estructura debe ser complementado
con el tiempo lógico al nivel del objeto pequeño a. Hay un factor temporal en la líbido porque
hay desplazamiento.
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Una idea interesante para pensar la psicopatología infantil se refiere a sí considerando que
el primer estado del sujeto es ser objeto pequeño a en el discurso del Otro, es decir, objeto
de deseo y de la pulsión; objeto perdido, entonces la relación del niño se encuentra en el
borde entre a y $, lo cual puede resultar en o bien constituirse como sujeto, o bien quedar
capturado en el lugar de objeto. Todo dependerá de la posición subjetiva que tome, por ello
el autor se refiere a los diferentes grados que puede tomar en función de la vincularidad, los
tiempos libidinales y los significantes provenientes del discurso del Otro.
La crítica que Lacan le hace a los post freudianos es que hacen una lectura del desarrollo,
inclusive desde el psicoanálisis.
-“La relación de los psicoanalistas con el niño, ha sido determinada por la perspectiva del
desarrollo”, “la preocupación por el establecimiento de una cronología” (en qué etapa está).
-“El desarrollo implica un progreso finalizado, supone una trayectoria normalizada” (es una e
implica una norma), en tal edad ocurre esto, en otra esto. Cualquier desviación de la norma
es patológica, ya que se plantea un recorrido fijo normal.
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Cuando hay fijeza absoluta no se abre la pregunta por el deseo del otro, no hay mediación
entre el niño y el otro (no hay terceros) ¿Qué quiere más allá de mí? (psicosis).
2.Que haya una posición de engañando la falta. El niño engañando la falta del otro.
“Tenemelo que me voy un rato a entrenar” (No soy todo para ella). Se abre la pregunta por
el deseo del otro, hay terceridad. Esto permite que el niño haga su propia respuesta.
Son los síntomas los que nos permiten pensar los momentos lógicos de la constitución
subjetiva.
En la concepción de Lacan, el síntoma del niño está en posición de responder a lo que hay
de sintomático en la estructura familiar. El síntoma se define como representante de la
verdad.
El síntoma puede representar la verdad de la pareja familiar, o incluso la subjetividad de la
madre sola. En este último caso, el niño está ubicado como correlativo de un fantasma. Si la
distancia entre la identificación con el Ideal del Yo y la parte tomada del deseo de la madre
no tiene mediación (la que asegura la función del padre), el niño queda expuesto a todas las
capturas fantasmáticas. Se convierte en "objeto" de la madre, y su única función es revelar
la verdad de ese objeto. El niño realiza la presencia de eso que Lacan designa como objeto
a* en el fantasma.
El niño le da cuerpo, existencia y la necesidad de protección a la verdad de la madre. El
síntoma somático es el recurso inagotable para dar fe de la culpa, servir el fetiche, encarnar
un rechazo primordial.
En una relación dual con la madre el niño le da aquello que le falta a la falta del sujeto
masculino: el objeto mismo de su existencia, apareciendo en lo real. En la medida de lo que
presenta de real, estará expuesto a un mayor soborno del fantasma.
La función de residuo que sostiene y mantiene la familia conyugal en la evolución de las
sociedades, resalta lo irreductible de una transmisión que es la de una constitución
subjetiva, que implica la relación con un deseo que no sea anónimo (ese residuo que queda
de una pareja conyugal da cuenta de la transmisión que implica la relación con un deseo q
ahora tiene nombre -encarnado x el hijo digamos-)
Las funciones del padre y la madre se juzgan:
- La de la madre: en tanto sus cuidados están signados por un interés particular (así
sea por las vías de sus propias carencias). Deseo de la madre
- La del padre: en tanto su nombre encarna la Ley en el deseo (deseo inalcanzable,
metonímico). Regulación del deseo de la madre por el padre.
O el síntoma puede estar vinculado a la subjetividad de la madre. Esta vez el niño está
involucrado directamente como correlativo de un fantasma. Si bien aún no conocemos el
concepto de fantasma en Lacan, lo que nos interesa destacar es lo que dice a continuación:
Cuando la distancia entre la identificación con el ideal del yo y la parte tomada del deseo de
la madre no tiene mediación (la que asegura normalmente la función del padre), el niño
queda expuesto a todas las capturas fantasmáticas. Esto significa que se convierte en el
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“objeto” de la madre. Satura el modo de falta en el que se especifica el deseo de la madre,
sea cual fuere la estructura especial de este deseo neurótico perverso o psicótico, dice
Lacan.
Entonces, el síntoma puede tener que ver con los avatares en esa relación entre el deseo
de la madre y la regulación paterna, o puede tener que ver con el lugar de objeto en relación
a la madre, sin mediación paterna. Estas serían las dos modalidades de presentación
clínica de los niños, según Lacan en su texto "Dos notas sobre el niño".
La peculiaridad del historial clínico de Hans reside en que éste niño era hijo de uno de los
seguidores de Freud, por lo cual se dispuso a elaborar una historia clínica detallada acerca
del padecimiento de su hijo e incluso intentó incurrir en el tratamiento donde finalmente se
solicitó la participación de Freud.
Las primeras notas sobre Hans refieren a una época anterior a que cumpliera 3 años,
momento donde muestra un interés particular por su pene, llamado por él “hace-pipí”
(enlazado a su pulsión de saber), tanto en lo que respecta a preguntas como al acto de
tocarlo. Alrededor de los 3 ½ años su madre lo amenaza, deberá desistir de tocarlo o
llamaría al Doctor A para que se lo cortara, a lo que el niño responde en ese momento sin
cc de culpa.
Su curiosidad sexual también lo ha llevado a investigar, y gracias a ello ha llegado a una
primera distinción entre objetos animados como quienes tienen o no tienen hace-pipi,
respectivamente. Sin embargo, la sexualidad de Hans no era únicamente autoerótica,
también se establecía vínculos con otros niños de índole amoroso, de las que se desprende
una elección de objeto como la del adulto, pero ésta será de tipo móvil y de propensión
polígama. Ese “amor” que emerge en Hans se explica porque no tiene compañeritos de
juego; no obstante, conjuntamente con sus manifestaciones amorosas, tiene actitudes
agresivas, varoniles conquistadoras respecto a otras niñas.
Un dato importante para dar cuenta de la constitución sexual de Hans es que, aunque no
fuera muy frecuente, Hans en ocasiones comparte la cama con sus padres, lo cual ha
despertado en él sentimientos eróticos, yacer en la cama junto a sus padres fue una fuente
de mociones eróticas.
Después de cumplidos los 4 años, Hans comienza a relatar sueños. En ese momento de la
infancia, el niño solicitaba auxilio para orinar, función que quedaba en manos de su padre.
Antes del relato de estos sueños, Hans no tenía problemas en orinar a la vista de otros
niños, no tenía pudor, sino que representaba algún tipo de placer. Una mañana, el pequeño
le relata a su padre un sueño, Hans jugaba con otros niños y pregunta “¿quién quiere venir
conmigo?”, una de las niñas se ofrece y él sentencia que ésta debe asistirlo a orinar. En
este sueño, no hay imágenes, sino solo diálogo. Aquí se da cuenta de un placer de
exhibición que ha sucumbido ante la represión, y por ello este sueño será el cumplimiento
de deseo disfrazado en el juego de prendas. A partir de éste sueño, Hans no quiere ser
visto cuando orina.
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A pesar de estos datos, Freud caracteriza como el gran acontecimiento que revistió de
máxima significación al desarrollo psicosexual de Hans al nacimiento de su hermanita
Hanna, cuando él tiene 3 ½ a. A partir de este nacimiento, el niño reaviva el placer y el
apetito de saber sexuales:
- primeramente en cuanto a la concepción- nacimiento, dado que le fue dicho que su
hermana llegaría cuando “los visite la cigüeña”, pero en el momento del alumbramiento,
Hans observó recipientes y telas con sangre, además del detalle de que su madre ya no
tenía panza que portó hasta ese día: encontró incongruencias entre estos hechos y los
dichos de su padre.
- En segundo lugar, presenció los cuidados que le eran proferidos a su hermana por parte
de su madre, despertando deseos de ser receptor de ellas, considerando a su hermana
como rival en disputa por el amor y la atención de su madre.
- Y, en tercer lugar, reforzó su interés por el “hace-pipí”, cuya posesión él consideraba
condición necesaria para todo ser vivo, y en consecuencia se interesó en encontrarlo
también en su hermana.
A partir de ese acontecimiento, Freud encuentra lo que él había conceptualizado acerca de
las Teorías Sexuales Infantiles, de creación puramente infantil. Hans tenía una actitud de
conquista y deseo de otras niñas, pero dado que fuera de sus vacaciones no tenía
compañeros de juego, ésta inclinación se volvía hacia la madre. La meta sexual de Hans
consistía en “acostarse” con las niñas, yacer en la cama con ellas, dato no menor dado que
es un acto que procedía de la madre, de compartir lecho con ella cuando su padre no se
encontraba. Los lazos con su padre y su madre son los que mantendría un “pequeño Edipo”
que quiere eliminar a su padre para poder dormir con su madre, alimentando la fantasía de
que “ojalá se fuera de viaje”.
A pesar de sus conductas viriles y su hostilidad al padre, Hans era un niño bondadoso y
tierno fuera de lo corriente, e incluso su padre señaló que la mudanza de inclinaciones
agresivas a la compasión fue bastante temprana. Es por ello que a ese mismo padre al que
le desea la desaparición, la muerte, también lo ama excedidamente, se halla en una
contradicción.
El día en que Hans enferma de angustia, no le expresa cuál es el motivo a su padre, solo
aduce estar enfermo, por lo que obtiene una ganancia de placer, dado que expresa querer
estar con su madre. No obstante, al estar con ella la angustia no cesa, la libido devenida
en angustia se exterioriza en un miedo de que un caballo blanco lo morderá, a ello se
lo caracterizó como fobia. Prontamente, la fobia de Hans toma al caballo como un objeto de
temor, un cuadro que Freud caracteriza como una patología particular, la de histeria de
angustia dado que existe en ellas un acuerdo entre fobia e histeria, la libido desprendida del
material patógeno no es convertida en una inervación corporal, sino que se libera como
angustia. Las histerias de angustia, afirma Freud, son directamente las neurosis de la época
infantil que la mayor de las veces se desarrollan como una fobia y finalmente el enfermo
puede liberarse de angustia solo a costa de inhibiciones y limitaciones. El trabajo psíquico
para volver a ligar la angustia liberada no logra anudarla a los complejos de procedencia,
por lo que bloqueará a cada una de las ocasiones en que exista un potencial de desarrollo
de angustia a través de parapetos psíquicos de precaución, inhibición o prohibición, del
orden de la protección, que constituyen el percepto evidente de la enfermedad (primera
teoría de angustia).
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madre, que lo dejaba solo: en él no hay cumplimiento de deseo en lo icc, reprimido, es un
sueño de castigo y represión. Este sueño se considera un intento de ligar la angustia
(trabajo psíquico, indicador de que Juanito entró en proceso de separación). Con ello,
también tuvo relación cierta ocasión en que Hans tenía un comportamiento llamativo y
curioso hacia la empleada de la casa respecto al “hacepipi”, a lo cual su padre esclarece
“las sras no tienen ningún hace-pipi”, que tiene un efecto retardado sobre la amenaza de
castración que hubo proferido la madre tiempo atrás, por lo que el niño abandonó la práctica
masturbatoria.
Durante el desarrollo de la fobia, Hans expresa algunas fantasías a su padre, tales como la
de las jirafas donde se evidencia el disgusto del padre por la inclusión del niño en el lecho
matrimonial, y la victoria del niño cuando la madre no acata las protestas del padre y lo
incluye de todos modos. Hans sentía angustia frente a su padre por sus deseos celosos y
hostiles frente a él, por lo cual el caballo era el padre dado que ciertas características como
lo oscurecido alrededor de la boca del animal análogo al bigote de su padre, los caballos
con ésta característica eran aquellos a los que el niño temía. Sin embargo, los objetos a los
que Hans le despertaban angustia se extendieron hacia carruajes, diligencias, etc, debido a
que transportaban carga pesada, añadiendo otro factor de temor, el caballo se tumbara.
A partir de ello, Freud afirma que la represión se dirige al continuo de los retoños de
complejos icc. En simultáneo, Hans continuará con sus intereses por el excremento, por lo
que reconoce una analogía entre un carro muy cargado y un cuerpo cargado de
excremento, de este modo la salida del carro representaría el desprendimiento de las
heces. Asimismo tiene una fantasía donde homologa una gran bañera a un vientre materno
donde se vuelcan los niños, en particular, su hermanita Hanna, y dado que la bañera es
análoga al vientre y los niños son depositados allí, se vuelven formas de excremento, todo
el que es parido es excremento. Por lo tanto, todos los carros pesados son subrogaciones
simbólicas del vientre materno, y los caballos tumbados aluden al momento de parto. Este
descubrimiento refuerza la hostilidad al padre por mentirle sobre la llegada de la cigüeña.
Más adelante, Hans expresa nuevas fantasías, que Freud llama fantasías conclusivas; la
primera alude a un juego del niño donde tiene hijos, se coloca a él mismo como padre, a su
mamá como madre, y a su padre como abuelo de esos niños casado con la abuela de
Hans, es decir, él se casa y casa a su padre con sus respectivas madres, al eliminar a su
padre de la competencia por la madre, le otorga la misma dicha que persigue, estar con su
madre. Y la segunda refiere a un instalador que cambia su trasero y su hace-pipi por unos
más grandes, dejándolo en igualdad de condiciones con el padre, donde se halla un deseo
de superación de la castración.
Mediante ellas, Hans concluye su enfermedad (resolución atípica). La represión que cayó
sobre el onanismo, el asco a los excrementos y la vista de actos excretores, no son para
Freud incitadores de la enfermedad. Son las mociones sofocadas, los sentimientos de
hostilidad hacia el padre y las impulsiones sádicas hacia la madre las que marcaron una
predisposición a contraer la enfermedad, que al no encontrar salida, luchan por emerger
reforzadas y decanta la fobia. El propósito y el contenido de la fobia se vuelcan a la libertad
de movimiento en una reacción contra los impulsos motores que querían volverse contra la
madre; el caballo es un obstáculo para andar, y sirve como motivo para permanecer en la
casa junto a la madre, pero también es garantía de su comportamiento inofensivo.
18
Freud, S. (1926 [1925]/1979). Inhibición, síntoma y angustia. En Obras completas,
Volumen XX. Amorrortu [Cap. IV (pp. 97-105), Cap. VII (pp. 118-124) y Cap. 8 (pp.
125-135)].
El síntoma de Hans es la angustia frente al caballo (fobia), motivada por la idea de que el
caballo lo morderá (contenido de la fobia, expectativa angustiante). Surge como intento de
solucionar un conflicto de ambivalencia (amor-odio) frente al padre, propio del
atravesamiento del Complejo de Edipo (situación psíquica de Hans).
La satisfacción que Hans se niega es el impulso hostil hacia el padre: deseo de eliminarlo
(pulsión asesina del Complejo de Edipo).
Se la tiene que negar por el complejo de castración: “ser mordido” por el caballo es el
sustituto desfigurado de “ser castrado” por el padre.
Lo que le otorga a la fobia el carácter de neurosis es que la angustia es una reacción
afectiva y el síntoma implica una sustitución. No podemos designar como síntoma la
angustia de esta fobia. Si Hans mostrara angustia frente al padre, no tendríamos derecho de
atribuirle una neurosis, una fobia. Sería una reacción afectiva enteramente comprensible. Lo
que lo convierte en neurosis es, única y exclusivamente, otro rasgo: la sustitución del padre
por el caballo. Este desplazamiento (descentramiento) es lo que hace acreedor al nombre de
síntoma.
Creemos conocer el motor de la represión: la angustia frente a una castración inminente.
Por angustia de represión resigna el pequeño Hans la agresión hacia el padre; su angustia
de que el caballo lo muerda puede completarse, sin forzar las cosas: que el caballo le
arranque de un mordisco los genitales, lo castre. El hecho de que el texto de la fobia ya no
contenga referencia alguna a la castración se debe a un inacabado triunfo de la represión.
19
haber discernido el proceso metapsicológico de una trasposición directa de la libido en
angustia; hoy no puedo seguir sosteniéndolo. Extraje la idea de esa trasposición del estudio
de las neurosis actuales, hallé que prácticas sexuales como el coitus interruptus, la
excitación frustránea, la abstinencia forzada, provocaban estallidos de angustia y un apronte
angustiado general. No parecía osado suponer que la líbido se mudaba en angustia por la
injerencia de esas perturbaciones.
Esa observación sigue siendo válida hoy; por otra parte, no puede desecharse que la libido
de los procesos experimente una perturbación incitada por la represión; puede seguir siendo
correcto que a partir de la represión se forme angustia.
20
obligatoria con el padre real. En cambio, el padre real es aquel que desempeña la función
del complejo de castración.
Para Lacan, también es importante tomar las situaciones del falo en la relación
preedípica del niño con la madre. La madre es objeto de amor, deseado en cuanto a su
presencia que se articula en él por la presencia-ausencia, que se constituye idealmente. La
madre, para Lacan, existe como objeto simbólico y como objeto de amor; en un primer
momento, la madre es simbólica que, tras la frustración y debido a choques y
particularidades propias de la relación madre-hijo, la madre objeto de amor puede ser la
madre real, por frustrar ese amor. En la relación preedípica, el niño se incluye a sí mismo
en la relación como objeto de amor de la madre, le aporta placer, es fundamental para el
niño saber si su presencia gobierna la presencia que necesita, si aporta satisfacción de
amor. En la experiencia del niño, se articula algo que le indica que en presencia de la madre
no está solo. Alrededor de ello, se articula toda la dialéctica del progreso madre-hijo.
También esta incluída aqui lo que Lacan llama “penisneid”, la falta del pene de la madre, la
cual el niño colma o no colma. En la relación madre-niño, ésta siente al niño como el falo
centro de su deseo, y éste se siente el falo de su madre, lo cual lleva a colocarse en
distintas posiciones para mantener el deseo. El niño se presenta ante la madre como si él
mismo le ofreciera el falo, le asegura que puede colmarla como niño y en cuanto al deseo
de aquello que le falta. Alrededor de esta situación se articula la relación fetichista con su
objeto.
En el caso de Hans, el falo es el eje, el objeto central de la organización de su
mundo. Lo particular en la vida de Hans es que su pene comienza a convertirse en real, el
niño trata de integrarse en el amor de la madre, pero cuando interviene su pulsión, su pene
real, se confronta con la distancia existente entre cumplir con una imagen y tener algo real
que ofrecer. Lo decisivo aquí, es que aquello que tiene para ofrecer es miserable, lo que lo
convierte en un elemento pasivisado a merced de las significaciones del Otro. Hans se
encuentra en el punto de encuentro entre la pulsión real y el juego del señuelo en relación
con su madre. Se produce una regresión porque no alcanza a dar lo suficiente, generando
el mismo cortocircuito con el que se satisface la frustración primitiva que llevó al niño a
apoderarse del seno materno, cancelando el peligro de ser devorado por la madre.
En la fobia de Hans, se reproduce la devoración, dado que todo caballo objeto de
fobia es un caballo que muerde. Los objetos de fobia no son azarosos, tiene un rasgo
distintivo del orden simbólico, se toman de una categoría de significantes homogéneos cuya
función es suplir al significante del padre simbólico. Si la fobia de Hans termina en una cura
satisfactoria es porque interviene el padre real, y éste a su vez logró intervenir porque
detrás estaba el padre simbólico, donde todo lo que se exteriorizaba en lo real relanza en un
imaginario radical que reorganiza el mundo simbólico. La curación llega cuando se expresa
en forma de una historia articulada la castración, por lo que Lacan concluye que la
solución de la fobia está vinculada con la triada originaria, imaginaria - intervención
del padre - castración simbólica.
El alumbramiento de la castración pone fin a la fobia y la suple. Luego del
nacimiento de su hermana, Hans tiene un sueño donde se encuentra solo con una niñita,
donde remarca encontrarse completamente solo con la niña, lo cual refleja una réplica
imaginaria de la relación madre-niño. Nos obstante, Lacan afirma que en ésta última, en la
situación real, el niño nunca está completamente solo con la madre: el niño interviene como
sustituto, compensación en suma a lo que le falta a la mujer, la madre se sitúa como
marcada por la falta fundamental que ella misma trata de colmar, donde el niño solo aporta
una satisfacción sustitutiva.
21
En ésta, y en toda relación intersubjetiva se preguntará por la metáfora y la
metonimia: la sustitución no es real, es una sustitución significante a partir de la que intenta
conocerse cuál es la función del niño para la madre respecto a su falta de falo, objeto de su
deseo, y ante ello deberá diferenciárse la sustitución por metáfora del amor de la mujer por
su padre, o si es por metonimia de su deseo al falo como objeto que no tiene ni tendrá
nunca. En el caso de Hans, éste es la metonimia del falo, no en cuanto al pene del niño,
sino él como totalidad, a partir de ello el niño comienza a producir angustia ya que puede
medir entre aquello por lo que es amado y lo que él puede dar.
En el caso de Hans, éste intenta construir posibilidades genealógicas, formas de
relación posibles entre un niño con un padre y una madre, intenta vislumbrar el orden que
determina una sucesión regular de generaciones, pero no en el orden natural, sino de orden
simbólico, lo que lleva a desarrollar sus teorías sexuales infantiles. El padre, entonces, será
el eje del mantenimiento del origen genealógico que le permite al niño ingresar en el mundo
en el que nace, el mundo simbólico. Además, deben tenerse en cuenta las regresiones
presentes en el caso de Hans, provenientes de la relación primitiva con su madre, que se
integra con lo edípico. En este contexto, el objeto fóbico juega un papel metafórico, es un
significante en bruto que el sujeto elige para estabilizar ciertos estados, transformando la
angustia en miedo localizado, creando soportes que se enlazan a todo lo que resulte
amenazado por la corriente interior surgida por la crisis de la relación materna.
Fobia: introduce en el mundo del niño una estructura, sitúa precisamente en primer
plano la función de un interior y un exterior. Con la ayuda de la fobia instaura un nuevo
orden.
Preguntas de la guia
22
presencia-ausencia, está el juego de idas y vueltas de la madre, esto le da cierta dimensión
simbólica. También en esta relación preedípica se trata de que el niño se incluya como
objeto de amor de la madre, de que perciba que, así como para él es fundamental la
presencia de su madre, para la madre, la presencia del niño también es fundamental. Se
trata de que se entere de esto, de que él aporta placer a la madre. En suma, de que él
aporta una satisfacción de amor.
Pero debe haber además otro elemento, justamente por el hecho de que la madre
está presente, pero por momentos ausente, el niño debe advertir también que hay algo que
su sola presencia no cubre. Es decir, que la madre tiene (o quiere) algo más allá de ese
niño. La madre entonces desea algo más que el niño, y eso es lo que le lleva a decir a
Lacan que en la relación pre-edípica de un niño con la madre nunca son dos, siempre hay
un tercer elemento en juego, que es la falta.
Es preciso, dice Lacan, que el niño se entere de alguna forma de esto, porque
entonces se va a proponer él mismo en su totalidad como aquello que a la madre le falta y
la completa, así es como el niño va a jugar imaginariamente a que colma a su madre. Juega
a ser aquello que en realidad no es: el falo faltante de la madre. A eso le llama Lacan un
juego tramposo, de engaño, de señuelos. Cuando el niño ofrece el pene real, se rompe el
juego de señuelos; lo que ofrece ya no es aceptado por A.
Lacan analizará cómo se resuelve la relación intersubjetiva madre/niño a la luz de
las descripciones del historial, para posteriormente caracterizarla como una en la que el
pequeño resulta posicionado como metonimia del falo. “Todo el comportamiento de la madre
con Hans, a quien lleva a todas partes, desde el w.c, hasta la cama, indica que el niño es
para ella un apéndice indispensable”. Explica que el hecho de que Hans sea tomado como
metonimia del falo: metonímico como totalidad.
23
y por otro, la incapacidad del padre de ejercer la castración, “el niño piensa que ya no podrá
cumplir su función”
Estructura de la fobia:
Frente a la dificultad de dar respuesta al enigma del deseo materno, el niño se ve
forzado a recurrir a la fobia. El niño hubiera podido resolver esta encrucijada de manera
“normal” con la intervención de un padre, que le dijera: “no, querido, de tu mamá me ocupo
yo; ni vos ni tu hace-pipí tienen nada que hacer acá”. Hay un llamado a la terceridad a raíz
de un padre desfalleciente (N.P), hay una búsqueda a otros que “hagan el corto”, aquí surge
la figura del caballo y de la hermanita. No es que se lo tenga que decir literalmente, pero
algo de esto tiene que jugar, por parte del padre. Con el miedo a los caballos como manera
de poner un orden simbólico que le permita situarse frente a él, frente a la angustia que le
genera la hiancia entre hacer como que se es lo que colma el deseo materno y lo que
realmente hay para ofrecer (que se le antoja insuficiente y mísero). La fobia introduce en el
mundo del niño una estructura, sitúa precisamente en primer plano la función de un interior
y un exterior. Hasta ese momento, el niño estaba, en suma, en el interior de su madre,
acaba de ser rechazado, o se lo imagina, está angustiado, y entonces, con ayuda de la
fobia, instaura un nuevo orden del interior y del exterior, una serie de umbrales que se
ponen a estructurar el mundo.
En la fantasía de la jirafa se manifiesta esta separación fallida del padre, ya que
Juanito se queda con la jirafa arrugada.
El significante caballo permite transformar la angustia en un miedo localizado,
constituye un punto de detención, un término, un pivote, un soporte a cuyo alrededor se va
enganchando todo lo que vacila, amenazado por la corriente interior surgida de la crisis de
la relación materna. Tal es, en el caso de Juanito, el caballo. Sin duda parece un estorbo
para el desarrollo del niño, y para su entorno es un elemento parasitario y patológico. Pero
la instauración analítica nos muestra que también tiene una función de enganche, un papel
fundamental de punto de detención.
Alrededor de este punto, el sujeto puede seguir haciendo girar lo que de otro modo
se declararía como una angustia imposible de soportar.
La metáfora paterna opera insuficientemente, en forma fallida, y es con la apoyatura
de la fobia que el niño logra salir entonces del Edipo. Gracias a la fobia opera la castración,
separando a la madre del niño. Pero Lacan dice que no deja de ser una solución atípica,
una salida atípica e incompleta.
24
madre o lo hace caer de ese lugar, y por el otro lado tiene que aceptar simbólicamente la
relación del niño con el propio órgano. Cuando Freud hablaba de un resto no solucionado
del análisis, lo hacía en relación a que Juanito se devanaba los sesos para entender qué
tenía que hacer su padre con la madre y qué función tiene que cumplir su hace-pipí con su
madre para tener un hijo, todo ese resto no solucionado es lo que Lacan retoma en la
cuestión de la salida incompleta del análisis: separa el niño de la madre, castra al niño de la
madre, pero esa castración no afecta la relación del niño con su propio órgano.
Atípica: Freud plantea que el niño sale del Edipo normal identificado con el padre,
con todos los títulos, pero la salida de Juanito es atípica porque sale identificado a la madre,
o como un padre capaz de procrear, de tener hijos, esto se ve patente en la fantasía en la
que Juanito casa al padre con la abuela, se queda él con la madre y ambos pueden tener
hijos, para Juanito el padre como la madre puede tener hijos. Sale del Edipo asumiendo
esta posición, la de una identificación con el ideal materno, un padre capaz de procrear.
Metáfora y metonimia
Metáfora: es aquella función que procede empleando la cadena significante. Se trata
de una sustitución que mantiene al mismo tiempo aquello que sustituye. En el caso de
Juanito, el caballo como elemento de mediación metafórica. El significante caballo será lo
que nombra el deseo del otro en la metáfora paterna.
Metonimia: logica pre- edipica. Implica múltiples representaciones imaginarias. La
relación simbiótica es metonímica, el niño es el apéndice del otro, no hay un otro separado.
Lacan lee en tiempos lógicos del Edipo freudiano con la metáfora paterna. Implica
funciones, se reemplaza la madre y el padre de forma literal por funciones.
25
alientan el despliegue de los dichos del niño acerca de lo que le ocurre, y por lo tanto
pretenden hacer consciente lo inconsciente.
En un momento del Historial, Juanito y su padre visitan a Freud (p. 36). Este, a partir
de preguntas, esclarece el lugar de la figura del caballo (negro alrededor de la boca =
bigote) y le dice que el miedo al padre es por querer tanto a la madre. Si bien la intervención
no lo libró de la angustia, le dio al niño “la posibilidad de presentar sus producciones
inconscientes y desovillar su fobia”. Encontramos entonces una primera mejoría sustancial:
Juanito permanece en la puerta de calle aunque pasan carruajes.
26
Los aspectos esenciales del problema permanecen sin cambios. En la temprana
niñez hay dificultades en el aprendizaje de habilidades prácticas y en la adaptación social.
Estas dificultades provienen de la misma perturbación que durante la edad escolar, causa
problemas de aprendizaje y de conducta, en la adolescencia, problemas en el trabajo y
rendimiento, y en la vida adulta, conflictos matrimoniales y sociales. Aparte de su
originalidad, es su constancia lo que hace al autismo una entidad claramente reconocible.
27
rasgo constitucional es dominante o recesivo. Asperger afirma que la personalidad autística
es una variación extrema de inteligencia donde se encuentra altamente desarrollada la
abstracción en relación a lo concreto.
Factores genéticos y biológicos: Los niños autistas son casi exclusivamente varones.
Hay una fuerte tendencia a una vinculación al género. La personalidad autística es una
variación extrema de inteligencia masculina.
CASOS
Fritz.
Es un caso de un niño que muestra una alteración muy severa en la integración social.
Sus adquisiciones motoras estuvieron más bien retrasadas. Contrastando con esto,
aprendió a hablar muy tempranamente, rápidamente aprendió a expresarse en oraciones
y pronto hablaba como un adulto (como Donald de Kanner). Fue siempre inquieto y nervioso
y tendía a arrebatar todo lo que tuviera al alcance de la mano (Aclaración: mientras que los
problemas de conductas son síntomas altamente prominentes en los casos de Asperger, no
los hay en la muestra de Kanner). Presentaba movimientos y hábitos estereotipados. La
familia de la madre era muy intelectual. La madre era muy parecida al niño: extraña y muy
solitaria. El niño tenía una mirada rara, generalmente dirigida al vacío. Desde el momento
que puso sus pies en la sala, permaneció por fuera del resto del grupo. No jugaba con el
grupo, pero tampoco por sí mismo. No sabía qué hacer con los juguetes que le daba,
le causaba placer arrojar los juguetes abajo de la cama por el ruido que hacían. Lo más
notable eran sus movimientos estereotipados: de pronto se golpeaba sus muslos
rítmicamente o pegaba en la mesa o a la pared. Dice que tenía acciones maliciosas con
otros, y que estas acciones parecían calculadas (Esta afirmación de Asperger generó
mucha polémica) tenía extraordinaria actividad para el cálculo, hasta conocía los números
negativos. El lado afectivo estaba muy perturbado: era imposible saber qué podía hacer
reír y que podía enojarse, era imposible saber qué sentimientos constituían las bases de
sus actividades estereotipadas.
Presentaba dificultades en la escuela. Asperger dice que para estos niños toda transacción
educativa tiene que ser hecha con el afecto “apagado”, con un carácter neutro, los niños
autistas son negativistas, pero también altamente sugestionables, poseen una especie de
obediencia automática, y eso puede utilizarlo la escuela.
Fritz se podría diagnosticar como un caso de esquizofrenia infantil por los rasgos como el
contacto limitado, el comportamiento automático y las estereotipias, pero no hay signos de
deterioro progresivo, ni se encuentra el típico inicio agudo de síntomas floridos de la
esquizofrenia (alucinaciones, por ejemplo) ni hay ideas delirantes.
Harro
28
En este caso, está perturbada la esfera afectiva pero no tanto como en el caso anterior. Los
aspectos positivos del autismo eran más obvios: la independencia en el pensamiento,
experiencia y habla.
El niño tenía 8 años y medio y fue derivado de la escuela como intratable. No hacía lo que
le pedían, gateaba por el piso en la escuela, luchaba con otros. Era extremadamente
sensible a las bromas, aunque a veces él mismo provocaba las burlas. Tenía por lo general
una adulta manera de expresarse, no como los niños. Tenía la dificultad de aprender
mecánicamente, lo cual es una característica típica del autismo. Pueden aprender, pero no
de forma mecánica, sino que los niños autistas necesitan crear todo individualmente. Es así
por lo que se explica que niños tan inteligentes sean incapaces de progresar en la escuela.
Otro rasgo importante es que los niños normales adquieren los hábitos sociales sin tomar
conciencia de ellos, los aprenden instintivamente. En cambio, los autistas, puede adquirir
los hábitos sociales (algunos) solo si es que son procesados vía intelecto, es un aprendizaje
no mecánico sino a través de la intelectualización consiente. Este sería un buen método
pedagógico para niños autistas. Ahora bien, la personalidad autística también es encontrada
en niños poco capaces, incluso en niños con retraso mental. Es obvio que cada vez es más
difícil la adaptación.
Ernst
Tenía 7 años y medio y fue derivado por la escuela por mala conducta y problemas de
aprendizaje. Su lenguaje estaba retrasado, había tartamudeado anteriormente. Pero ahora
que ya podía hablar lo hacía como un adulto. En la escuela, discutía con la maestra acerca
de cómo tomar la lapicera, en lugar de escuchar y responder. Era muy preciso, ciertas
cosas deberían estar siempre en el mismo lugar y ciertas cosas ocurrir de la misma manera,
de lo contrario, hacia una “gran escena” (a esto se lo denomina insistencia en la igualdad,
según Kanner, un síntoma fundamental en el autismo). Era un niño agresivo, que pellizcaba
y empujaba a los demás. Las respuestas que daban eran mejores cuando tenían que
responder espontáneamente que cuando tenía que reproducir material aprendido o hacer
algo de forma prescripta.
Hallmunth
Sufrió asfixia severa al nacer y fue resucitado finalmente tuvo convulsiones de pequeño. Su
desarrollo estuvo demorado. Era muy gordo. Su salivación estaba incrementada. Sonaba
muy inteligente cuando hablaba, frecuentemente usaba palabras inusuales, a veces
poéticas. En este caso, la historia médica mostraba una causa organiza o apuntaba eso.
Entonces, se puede llegar a la conclusión de que hay casos donde un desorden orgánico
puede resultar en un cuadro que es muy similar al cuadro presentado por el desadoren de
personalidad autístico de origen constitucional
29
mental porque la falta de interacción social, en ocasiones, se acompaña de una buena
ejecución en otras áreas como el cálculo, la memoria, el manejo de objetos, etc.
Para esquematizar ello que Kanner llama Síndrome Autista (conjunto de diversos
síntomas), expone 11 casos donde especifica los rasgos esenciales comunes. El desorden
fundamental es la incapacidad para relacionarse de forma normal con las personas y
situaciones desde el comienzo de la vida, al punto que en un primer momento sus padres
los definen como “autosuficientes”.
Desde el principio se presenta una soledad extrema, donde el contacto físico directo,
movimientos o ruidos que amenazan romper la soledad, son tratados como inexistentes o
sentidos dolorosamente como una inferencia penosa. Casi todas las madres de estos niños
recordaron el fracaso de ellos para asumir una postura anticipatoria para ser cogidos, así
como tampoco lograban ajustar su cuerpo a la postura de quien lo sostiene hasta los 2 o 3a.
Respecto de los Trastornos en el Lenguaje, de los 11 casos, 8 niños adquirieron
la habilidad de hablar a la edad normal o con algún retraso, mientras que 3 permanecieron
mudos. Aquellos que adquirieron la capacidad de hablar, el lenguaje empleado nos
transmite significados a otras personas, se emplea para nombrar objetos, dar adjetivos y
enumerar de manera inespecífica. Asimismo, los niños poseen una excelente memoria
mecánica que, en conjunto con la incapacidad para el lenguaje significado, condujo a que
las frases que lograron formular fueran repeticiones de palabras oídas, ya sea de manera
inmediata o emitido más tarde (ecolalia demorada).
Se presenta una dificultad para afirmar mediante “si” empleado como asentimiento la
repetición de preguntas; tampoco pueden cambiar las proposiciones de acuerdo a quien se
dirigen, ni formar partes espontáneas, aunque no presentan dificultades en el uso de
plurales y tiempos verbales. No hay significado flexible para las palabras, no pueden
emplearse con un sentido distinto al original. Se presenta una fijación pronominal, es decir,
los pronombres personales propios no tienen lugar desde el principio, sino que se repiten
aquellos que fueron oídos en los enunciados originales. Cuando gradualmente hable de sí
mismo en primera persona. Hacia los 6 años prox, aparece el uso de pronombres
personales propios, y la 3ra persona para dirigirse a otros.
Los niños tienen una necesidad de no ser molestados, todo lo que llegue del exterior
y cambie su ambiente, representa una intrusión. Kanner sostiene que la comida es la
intrusión más temprana que llega desde el exterior, se rehúsa a comer, aunque luego lleva a
la rendición por parte del niño y de la ingesta de alimento con normalidad. También
interpreta como intrusión los ruidos fuertes y los objetos que se mueven, aunque no es ni el
ruido ni el movimiento aquello que teme, sino la amenaza potencial de estorbar su soledad.
Toda la conducta del niño es monótonamente repetitiva, según Kanner, gobernada
por un deseo ansiosamente obsesivo por mantener la igualdad que nadie, excepto el propio
niño, puede romper. Su insistencia en la igualdad los lleva a molestarse ante la presencia de
un objeto roto o incompleto, exigiendo la igualdad también en la secuencia de los
acontecimientos, cualquier actividad debe completarse de principio a fin de manera en que
tuvo lugar originalmente.
Tienen una buena relación con los objetos, les interesan y pueden jugar con ellos
alegremente durante horas, teniendo una gratificante sensación de absoluto poder y control.
Según Kanner, los niños sentían y ejercían el mismo poder sobre sus propios cuerpos, con
movimientos rítmicos acompañados de excitación, lo cual indicaría una gratificación extática
masturbatoria. Cuando están con otros niños, no juegan con ellos, no mantienen contacto
corporal, facial ni verbal y no participan en juegos competitivos. Si bien rápidamente se
30
familiariza con los nombres de los niños de un grupo, y otros detalles se aparta y
permanece solo.
La mayoría de estos niños fueron considerados en algún momento como débiles
mentales, aunque todos poseen buenas potencialidades cognitivas y eran muy hábiles
para la coordinación muscular más fina. Ellos, también, provenían de familias muy
inteligentes, de padres poco cálidos, algo que Kanner se pregunta si tendrá influencia en el
síndrome.
Caso Donald.
Tuvo un nacimiento y lactancia normal. Antes de los 2 años tenía una memoria inusual para
las caras y los nombres, con pronunciación clara, rápidamente aprendió el alfabeto y a
contar hasta 100. Los padres observaron que no hacía preguntas ni las respondía, que era
más feliz cuando se lo dejaba solo, sin llorar pidiendo por su madre, y también le eran
indiferentes las visitas de los fliares. En ese mismo momento, desarrolló la manía de hacer
girar bloques y otros objetos redondos, que lo hacía olvidarse por completo de aquello que
lo rodeaba. La mayoría de sus acciones eran repeticiones, llevadas a cabo exactamente de
la misma forma en que se realizaron en el momento original, incluyendo también rituales
verbales que desarrollaba a lo largo del día.
Hablaba en 3ra persona, y las palabras tenían para él un significado específicamente literal
e inflexible (por ej cuando quería bañarse enunciaba ¿quieres bañarte? del modo en que lo
había escuchado originalmente), parecía ser incapaz de generalizar, de transferir
expresiones a otras situaciones. El desorden fundamental es su incapacidad para
relacionarse de forma normal desde el comienzo de su vida, no prestarle atención a las
personas que rodeaban, cuando entraba a una habitación se dirigía inmediatamente a los
objetos. Los padres de Donald lo enviaron a una granja, donde la pareja de granjeros que lo
cuidaba logró encontrar objetivos para la estereotipia del niño. Aprobó sus estudios
universitarios y, hacia los 70, trabajaba como cajero en un banco. Su hobbie principal es el
golf, deporte en el que ha ganado seis trofeos. Participa poco en las conversaciones y no
muestra ningún interés por el sexo opuesto.
Caso Richard.
A sus 3 años y 3 meses fue enviado a un hospital alegando sordera porque no hablaba y no
respondía. Allí el médico observó que jugaba con juguetes y mostraba curiosidad por los
instrumentos. Obedece a órdenes sencillas como sentarse, y no presta atención a
conversaciones que haya a su alrededor y no dice palabras reconocibles.
Su madre marcaba una preocupación obsesiva por su hijo, anotando toda su conducta,
graduada universitaria. Su padre, profesor, muy tomado por el trabajo. Familia graduada
universitariamente.
Embarazo y parto fueron normales, se sentó a los 8m y anduvo al año. No manifestó ningún
signo de postura anticipatoria y no ajustaba su cuerpo cuando lo sostenían. La nutrición y el
crecimiento se desarrollaron de manera satisfactoria.
Durante la consulta del psiquiatra, se enfrascó en un juego, sin prestar atención a las
personas que había en la sala. Cada tanto, miraba las paredes, sonreía y emitía un sonido
breve, potente y entrecortado ¡Ee, Ee!.
A los 4 años fue nuevamente llevado a consulta, donde al principio no se dejó manipular y
luego lo hizo de buena gana. No mostró interés por el examinador pero le atrajo una caja
pequeña que arrojó cual pelota.
31
Caso Paul.
A la edad de 5 años fue enviado a una prueba psicométrica porque pensaban que tenía un
déficit intelectual severo. Mostraba un lenguaje incoherente, una incapacidad de adaptación,
rabietas frente a interrupciones .
Los siguientes rasgos se observaron durante sus visitas a la clínica: buena destreza
manual, rara vez respondía cuando se dirigían a él incluso cuando se le llamaba por su
nombre. A veces un enérgico ¡no! se escuchaba mientras dibujaba. Cuando se le hablaba
durante alguna de sus actividades no respondía. Siempre parecía estar ocupado en algo, se
mostraba distante.
Existía un marcado contraste entre sus relaciones con las personas y con los objetos. Al
entrar a la habitación del hospital iba directamente a los objetos y los usaba de forma
correcta, no era destructivo con ellos sino que los trataba con cuidado, los manipulaba
correctamente. Mientras jugaba expresaba frases que se relacionaban con el juego y otras
que no. Acostumbraba a decir a diaro “no tires al perro por el balcón”, donde su madre se
acuerda de esa frase que se la decía cuando vivían en una cosa con balcón y estaba cerca
su perro de juguete. Al ver una sartén exclamaba “Pedro-comedor”. La madre recordaba
que esta asociación había comenzado cuando se le cayó una sartén mientras estaba
recitando una rima infantil con ese nombre. Ningún comentario buscaba tener valor
comunicativo.
Por su parte, no había vínculos significativos con las personas, se comportaba como si la
gente no existiera, no había diferencia alguna entre hablarle de forma amistosa o dura, no
miraba la cara de las personas. Si tenía relación con alguna persona, lo hacía con alguna
parte de ellos y lo trataba como si fuese un objeto.
Su pronunciación era clara y poseía un buen vocabulario. En sus frases nunca usaba el
pronombre de primera persona ni se refería a sí mismo como Paul. Todas las declaraciones
relacionadas consigo mismo, como repeticiones literales que se le habían dicho con
anterioridad. Por ejemplo, expresaría su deseo de comer caramelos diciendo “vos querés
caramelos”. Sabía contar y nombrar colores.
Su cuidadora relató observaciones que indicaban una conducta impulsiva: corría en círculos
emitiendo una misma frase, revoleaba una manta, entre otras.
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adquirida originalmente. No sólo se retienen las palabras sino la entonación.
El hecho de que los niños repitan cosas oídas no significa que presten atención cuando se
les habla, lo que puede llevar a interpretaciones de mudez o sordera.
La comida, los objetos y los ruidos fuertes son sentidos como intrusiones.
Su conducta está gobernada por un deseo ansiosamente obsesivo por mantener la
igualdad, que nadie, excepto el niño, puede romper en ciertas ocasiones (ver caso John).
El miedo al cambio y a lo incompleto parece ser el factor principal en la explicación de la
repetitividad monótona.
Años después, Kanner publica un artículo donde relata qué fue de los niños de esta primera
conceptualización del síndrome autista infantil 30 años después. En él denota un gran
abanico de evoluciones que versan entre el deterioro completo hasta la adaptación
profesional asociada a una adaptación limitada pero suficientemente buena.
A partir de ello, plantea que si los niños hubiesen conocido un destino mejor en un ambiente
diferente, así como otro elemento actualmente no determinado, pudiera tener una influencia
en el síndrome en distintos grados. Al momento en que escribe Kanner, no se han podido
encontrar un entorno terapéutico, un método, un medicamento que haya aportado a todos
los niños autistas resultados durables y una mejoría idéntica o similar.
A los 4a11m al entrar a cualquier sala prendía y apagaba las luces de las teclas, y si no
llegaba a ellas buscaba la manera de hacerlo. Seguía sin contacto con las personas y se
ponía furioso con quienes intentaban relacionarse con él.
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impulsiva y sujeta a accesos de cólera en el curso de los cuales da patadas en el suelo,
llora ruidosamente y molesta a los pacientes. Su memoria está intacta, le gusta tararear
melodías en forma monótona.
Conclusiones
Este seguimiento a lo largo de casi 30 años, no se presta a consideraciones estadísticas por
lo reducido de la muestra, sin embargo, indica un abanico de evoluciones que van desde el
deterioro completo hasta la adaptación profesional asociada a una adaptación social,
limitada, pero superficialmente buena.
Los niños (Como Richard y Charles) que fueron admitidos en un Hospital del Estado, han
sufrido un repliegue completo en sí mismos (relación pobre con las personas, desaparición
de la memoria extraordinaria, etc.) y en dichas instituciones estaban agrupados con
pacientes de su edad, pero severamente deficitarios (como ser psicóticos).
Nadie ha podido encontrar un entorno terapéutico, un método o medicamento que haya
aportado a todos los niños autistas a los que se les haya administrado tales tratamientos,
resultados durables y una mejoría idéntica o similar.
Las exploraciones bioquímicas podrían abrir nuevas perspectivas sobre la naturaleza
fundamental del síndrome autista. Las investigaciones genéticas recién comienzan, las
experiencias etológicas pueden desembocar en ideas novedosas. Los padres comenzaron
a ser considerados como reales co-terapeutas, y no ya, como culpables etiológicos, ni como
simples receptáculos de prescripciones médicas y reglas de comportamiento.
Este seguimiento no indica otros progresos concretos desde la época de la comunicación
inicial sino un mayor refinamiento en los criterios diagnósticos
En 1943, bajo el título “Disturbios Autísticos del Contacto Afectivo” fueron reportados
11 niños cuyos rasgos clínicos parecían constituir un síndrome único, más tarde
conceptualizado por “Autismo infantil temprano”. Desde la publicación del escrito (1944)
más de 120 niños han sido diagnosticados. El síndrome está ahora reconocido como una
entidad clínica.
En el escrito original, el desorden patognomónico era considerado como “la
incapacidad de los niños para relacionarse de manera común con la gente y con las
situaciones desde principio de la vida”. La naturaleza extrema del desapego de las
relaciones humanas diferenció la presentación y el comportamiento de estos niños de un
modo fundamental de los otros disturbios conocidos del comportamiento. El proceso no era
“de retraimiento de una participación con los otros, preexistente” como en el niño
esquizofrenia, sino más bien de “una extrema soledad autistica desde el inicio”. Desde
bebés habían fracasado en asumir una postura anticipatoria antes de ser alzados, y nunca
desplegaron la plasticidad que el niño normal muestra cuando es acunado en los brazos de
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sus padres. Estos inicialmente estaban complacidos por la “bondad” del niño, los padres
más tarde comenzaban a preocuparse por la persistencia de este autoaislamiento, y por su
observación de que sus idas y venidas parecía ser la de una situación que le era
completamente indiferente al niño.
Un segundo rasgo distintivo fue identificado como el fracaso en el uso del
lenguaje para el propósito de la comunicación. En 3 de los 11 casos el habla no se
desarrolló, los 8 restantes desarrollaron la capacidad de repetir rimas y ejercicios
semánticos inútiles, parloteo de palabras y repetición de frases estereotipadas, dando paso
al fenómeno de ecolalia diferida, inversión pronominal, literalidades y afirmación por
repetición.
Una tercera característica fue descrita como “un deseo ansiosamente obsesivo
por la conservación de la invariabilidad”, que daba por resultado una limitación marcada
en la diversidad de actividades espontáneas. Desplegando habitualmente terror ante
nuevos patrones de actividad, estos niños, una vez aceptado un nuevo patrón, lo incorporan
a una serie restringida de rituales que luego debían ser incesantemente repetidas (ej la hora
de acostarse consiste en un ritual particular de palabras y acciones, actividades repetitivas
como girar, prender y apagar las luces, etc). Cualquier intento de interferir en el patrón
produce estallidos de cólera o pánico agudo.
En cuarto lugar, en contraposición con la pobreza o ausencia de relación con las
personas, se discierne una fascinación por los objetos, que eran manipulados con gran
destreza motriz.
Finalmente, se argumentaba que estos niños tenían “buenas potencialidades
cognitivas”.
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El interés de los resultados preliminares de nuestros estudios prospectivos reside en
que también ellos enfatizan la especificidad fenomenológica del síndrome. En ninguno de
los cincuenta niños seguidos durante un período de ocho años se constató que hayan
experimentado alucinaciones. La patología mayor concierne a la incapacidad para
relacionarse de manera común con otros seres humanos. Incluso los niños relativamente
“exitosos” exhibieron una falta de sensibilidad social. Ej: durante un campeonato de futbol
en el que participaba en la escuela, invitado a decir unas palabras previamente al inicio del
partido, shockeo a los presentes al afirmar que el pensaba que su equipo probablemente
perdería, el consiguiente abucheo desconcertó al joven, quien era totalmente incapaz de
comprender por que la verdad debía ser mal recibida.
Esta asombrosa falta de consideración por los sentimientos de los otros que
parecen no ser concebidos como personas semejantes a sí mismo, recorre una cinta roja a
lo largo de nuestra casuística. Ej: niño de 4 años cuya madre relata que en la playa llena de
gente él marchaba en línea recta hacia su objetivo, sin importarle si esto implicaba caminar
sobre diarios, manos, pies o torsos. La madre destaca que él no se desviaba
intencionalmente de su camino a fin de caminar sobre los demás, sino que nunca hizo el
menor intento de evitarlos, como si no distinguiera a las personas de las cosas o no le
importase tal distinción.
Desde un punto de vista clínico resulta útil diferenciar niños que ya han aprendido
a hablar a los 5 años de edad de aquellos que carecen de lenguaje con valor para la
comunicación a esa misma edad. Del primer grupo, la mitad han hecho algún ajuste
escolar y participan limitadamente de la vida social de la comunidad; de los no hablantes
solo 1 de 20 desarrolló subsiguientemente el lenguaje y está haciendo al menos una
mediocre adaptación en una escuela protegida. Si consideramos los casos en su conjunto,
alrededor de un tercio parece capaz de alcanzar al menos una mínima adaptación social en
la escuela y en la comunidad.
Uno de los rasgos más asombrosos de las historias clínicas sigue siendo el
porcentaje inusual de niños provenientes de medios familiares altamente inteligentes,
obsesivos y fríos desde el punto de vista emocional. La frialdad emocional en la típica
familia autista sugiere un factor vivencial dinámico en la génesis del desorden del niño. La
mecanización del cuidado y la casi total ausencia de calor emocional en la crianza pueden
ser ejemplificados por el caso de BRIAN, uno de los mellizos nacidos a pesar de los
esfuerzos contraceptivos, para mucho pesar de sus padres. La madre decidió que los niños
debían ser criados “científicamente”, no debían ser alzados si lloraban, salvo si así lo
disponía el programa. Se minimizó todo contacto humano, el único cuidado dispensado se
centraba en el mellizo de Brian, que era físicamente más débil pero que mostraba más
interés. A los 5 meses de edad, el mellizo fue encontrado muerto tras una noche en que
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ambos niños habían llorado toda la noche pero no se los había visitado, A continuación de
esta tragedia la madre se alejó aún más del niño restante. Limitó su interés a mantener un
medio bacteriológicamente esteril, de manera que Brian fue aislado del contacto con todo
niño y casi todo adulto hasta los 2 años.Solo comenzaron a reconocer que estaba enfermo
cuando a los 4 años no había empezado a hablar y habían comenzado rabietas cuando sus
rutinas eran interrumpidas (caso como paradigma de la “refrigeración emocional” que ha
constituido el destino de los niños autistas)
Es poco probable que un solo agente etiológico sea el único responsable por la
patología en el comportamiento. Los argumentos que contraponen “hereditario” a
“ambiente” como términos antitéticos, son fundamentalmente erróneos. El punto de vista
dualista implícito en una distinción rígida entre lo “orgánico” y lo “funcional” es ya
insostenible.
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años de vida. La historia, el inicio temprano y el curso clínico lo distinguen de la
esquizofrenia infantil, con la que probablemente está genéricamente relacionada. El grado
de soledad constituye una variable pronóstica importante, en la medida en que estos niños
se relacionan suficientemente con el entorno humano como para aprender a hablar tienen
una mejor perspectiva para un ajuste futuro. El conocimiento actual conduce a la inferencia
de que factores tanto innatos como vivenciales se conjugan para producir el cuadro clínico.
Su desarrollo sobre el Autismo ha sido hecho desde una triple perspectiva: clínica
(haciendo hincapié en la escucha del sujeto en el caso por caso, es decir, en su
particularidad), teórica (elaboración conceptual, explicación y argumentación), y política
(todo lo relacionado con los objetivos de la formación de los analistas y con el pensamiento
y la argumentación acerca de las metas de la cura analítica). Diferencia el autismo de la
psicosis, y se interesa por la topología particular del espacio propio del sujeto autista y
cómo actúan los tres registros. Propone un conjunto de nuevos conceptos y una lectura
crítica de aquellos conceptos existentes. Se destacan así las nociones de cuerpo,
neo-borde, forclusión del agujero, objeto y clínica del circuito.
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con los niños autistas.
Por eso Laurent plantea un "neo-borde", casi corporal, infranqueable pero
desplazable, que no corresponde a la superficie del cuerpo ni a un caparazón duro, sino al
particular retorno del goce sobre el borde. Este neo-borde se modifica, se desplaza, en el
transcurso del tratamiento analítico y tiene sus consecuencias en la relación del niño con su
cuerpo y con el uso del espacio (un espacio que no es ni del sujeto ni del Otro, donde puede
haber intercambios de un nuevo tipo, articulados con Otro menos amenazador). A este
desplazamiento apunta la llamada clínica del circuito, que supone un circuito metonímico
que puede servir para la construcción de bordes pulsionales. Podemos verlo en el
documental “Vida animada”, cuando la terapeuta de Owen le propone que se cuenten cosas
nuevas y comienza ella diciéndole que su hija había rescatado un gato, entonces Owen le
dice que su novia tiene un gato de mascota; ella le dice que de chica tuvo muchos gatos de
mascotas y que ahora descubrió que también le gustan los perros, y Owen le dice que él
ama a su perro Gus… Se establece así este circuito metonímico que extiende ese
neo-borde permitiendo algo del orden del intercambio. El gran ejemplo de dicho documental
tiene que ver con el uso de las películas de Disney por parte de Owen y de toda su familia
que comenzó a dirigirse a él utilizando los diálogos de estas ficciones animadas.
Laurent le da una vuelta más a la idea de neo-borde y dice que en realidad no está
completamente cerrado porque puede incluir el objeto autista y también a personas: padres,
hermanos e incluso al analista en la transferencia (cosa que vemos claramente en ambos
documentales). Ahora bien, la noción de objeto autista, que ya hemos planteado a partir de
la mención del Frances Tustin, puede entenderse no sólo como un objeto aislado como tal,
sino que puede extenderse a un estar especializado en un dominio particular (las películas
de Disney para Owen, o la Fórmula 1 y las motos para Alex, las construcciones para Quique
y los dibujitos de Pocoyo para Lucía, tres de los niños el documental “Otras voces”).
Por lo general, este objeto es una cosa muy limitada y definida, de una manera
absoluta. “El sujeto puede preservar una relación fija con un objeto que entra en su mundo,
un objeto que adopta una forma y que le da una forma al sujeto”, dice Laurent, e introduce
la idea del objeto como “horma” (diferente al objeto de goce, invasivo y sin forma). Esto es
posible pensarlo a partir de la escena en el documental “Vida animada” en la que luego de
su cumpleaños, Walter, el hermano de Owen, se queda sólo sentado en una mesa en el
patio. Tras quedarse observándolo un momento, Owen se dirige a sus padres y les dice
“Walter está triste porque no quiere crecer, como Peter Pan y Mowgli”. Este niño, que
llevaba tres años sin hablar, que parecía siempre ensimismado, y que le gustaba ver
películas de Disney, las utilizó para comprender lo que le sucedía a su hermano (darle
forma a la situación) y transmitírsela a sus padres. Así, a través de ellas y de los personajes
comprendía su entorno, lo ordenaba y se ordenaba a sí mismo: "Vivo en esos personajes y
ellos viven en mí", dijo siendo más grande. "Es algo que hace eco en mí, me ayuda con mi
propia vida, a encontrar mi lugar en el mundo".
El sujeto tiene sus objetos junto a él, cualquiera sea la distancia que lo separa de ellos. Por
eso Laurent habla de una topología que anula la distancia. El espacio de estos sujetos no
está construido a partir de la oposición interior y exterior, sino que está estructurado como
un todo, donde siempre hay continuidad. Por lo tanto, el tratamiento del espacio del niño
autista es una topología sin orientación ni medida y es por ello que los objetos quedan
demasiado cerca o lejos. Por ejemplo, al caminar una niña se chocaba con los objetos, o el
caso del niño que se arrancaba los pelos mientras seguía a uno de los educadores (página
94-95), o el niño que se tapaba los oídos cuando un avión entraba en su campo escópico
como si estuviera al lado de las turbinas.
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Un objeto autista siempre implica una cierta repetición y una construcción de un cierto
circuito con el cual el sujeto se inserta, se agarra del mundo en condiciones en la cual se
protege. La idea es, de algún modo, “alargar” el mundo de este sujeto con una
interacción, tomando como apoyo lo que en el mundo del autismo produce al sujeto.
Y es esto lo que da el psicoanálisis aplicado al tratamiento del autismo. Por eso
recomendamos que vean, por un lado, el documental “Vida animada”, que cuenta la historia
de este joven llamado Owen Suskind, diagnosticado con autismo regresivo (una modalidad
del autismo que supone la pérdida de lenguaje y habilidades sociales que habían alcanzado
anteriormente) y el recurso en términos de invención que fueron, como hemos dicho, las
películas de Disney. Y por otro, el documental Otras voces, que cuenta la experiencia de
nueve padres, madres y abuelos de niños diagnosticados con autismo; el testimonio de
Albert, un joven de 20 años diagnosticado de Síndrome de Asperger; y desde la mirada de
diversos psicoanalistas europeos. Este último documental muestra un diálogo con el
autismo desde la mirada diferente que el psicoanálisis lacaniano aporta hoy. Desmiente las
ideas de que el psicoanálisis culpabiliza a los padres del autismo de sus hijos y de que el
tratamiento consiste en acostar a los niños en el diván. A su vez, demuestra la validez y
eficacia del psicoanálisis (más allá de la supuesta evidencia científica en la que se
fundamentan otros tratamientos como las terapias cognitivo-conductuales), a través de dar
voz a la subjetividad y alejarse de los sistemas evaluadores que sólo aportan cifras. El
psicoanálisis evita los tratamientos de domesticación de la conducta y la simplificación que
silencia lo más particular del ser humano.
El texto de la profesora Piro agrega además los aportes de Jean-Claude Maleval, quien no
sólo plantea al autismo como un tipo clínico en el que lo esencial permanece invariable
(cuestión que planteaba ya Asperger y también Kanner, como hemos visto en su texto de
1971), sino que además lo define “como un funcionamiento subjetivo singular,
específico, instalando así una lógica del no-déficit”.
Maleval toma la noción de retorno de goce sobre el borde, de Laurent, y define al borde
autista como una defensa contra el mundo exterior, extendiendo el concepto mismo de
borde e incluyendo tres elementos: las islas de competencia, el doble real y el objeto
autista.
La serie de las máquinas sobre las cuales los sujetos autistas se han apoyado para
construir su mundo es muy extensa. Sin embargo, no se trata de reducir estos sujetos a
“niños máquinas” y de creer que son puras computadoras. Estos sujetos tienen un cuerpo,
y es ese cuerpo que tienen el que se encuentra sumergido en un baño de lenguaje. Es el
lenguaje el que resulta ser la primera máquina encontrada por esos cuerpos y en la cual el
viviente debe encontrar cómo alojarse. Es necesario interesarse por la utilización de
las máquinas como “asistentes del sujeto”, sin por eso reducir el sujeto-cuerpo a una
40
máquina. Es lo que permite tener en cuenta el encuentro con el lenguaje, que deja marcas
“traumáticas” para todo sujeto que nace al lenguaje, hable o no. Este es el verdadero
“trauma del nacimiento” y toma para el sujeto autista formas particulares. Las máquinas
ponen en valor la multiplicidad de los registros que nosotros llamamos la letra, otro nombre
de lo que funciona como uno a través de lo que llamamos hablar, escribir, contar o
representarse una imagen.
Partamos del testimonio de los esfuerzos de la familia de Ron Suskind para tratar el autismo
de su hijo (Owen), publicado bajo el título de Life: Animated (Suskind, 20161). El
relato de Cornelia y Ron Suskind es fascinante en tanto experiencia de una batalla por
parte de la familia para inventar una lengua y un método a partir de un interés específico del
niño.
“Simplemente tímido hasta su tercer cumpleaños, Owen desarrolló una forma de
autismo regresivo, lo que significa que esencialmente dejó de comunicarse. Algo que
siempre le gustaba era mirar los dibujos animados de Disney con su hermano.
Miraba las mismas escenas una y otra vez (...) Luego, un día, mirando La sirenita, Owen
dijo su primera palabra después de mucho tiempo: “ juicervose”. Su madre, Cornelia,
comprendió que estaba diciendo “just your voice” [sólo tu voz], palabra surgida de una
canción que Úrsula, la bruja del mar, le canta a la sirena Ariel. La familia interpretó esto
como un signo de que Owen buscaba recuperar su voz. A partir de allí, los diálogos de
Disney se volvieron la lengua que la familia Suskind utilizó para comunicarse con Owen,
literalmente, hablándose unos a otros a través de la voz de diferentes personajes para
expresar las cuestiones de la vida cotidiana.”
La teoría de la mente es la competencia que permite las formas más elaboradas, las
pautas más sutiles y específicas de comunicación y engaño en el hombre, al suponer que el
otro es poseedor de una mente, formando algunos patrones previsibles y permite aprender
a descifrar estructuras simbólicas en función de las intenciones comprendidas en el
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desarrollo de los sistemas simbólicos complejos. Gracias a ella, el sujeto puede predecir los
actos del otro y distinguir su propio estado mental del otro.
Algunas investigaciones han asomado a una conceptualización del autismo como derivado
de un déficit concreto y específico de la teoría de la mente. En éstas, se ha trabajado
inicialmente bajo el “paradigma del engaño”, a través de la experiencia sally-anne donde los
niños autistas no podían dar con la rta esperable, eran incapaces de representarse la
creencia falsa del personaje. Como en un principio se creía que ello podía deberse a lo
abstracto de la situación, se recreó una situación análoga actuada por los investigadores,
que también falló, y bajo la creencia de que quizás la ajenidad de los actores involucrados
era la que causaba la falla, se invitó a participar a las mismas madres de los niños autistas,
pero también obtuvo resultados negativos. Resultados similares se obtuvieron en otras
experiencias, tales como la presentación de historietas, donde el sujeto debía acomodar los
cuadros de modo tal que formen un argumento coherente en tres aspectos: mecánico,
comportamental e intencional.
Los niños autistas tenían el mayor rendimiento en la H.Mecánica, un desempeño igual al de
los niños normales en la H.Comportamental, y un mal desempeño en la H.Intencional, no
comprendían la intención del dibujo.
Así se muestra que los niños con autismo muestran una especial incapacidad para inferir
estados mentales. El desarrollo de la T.M, como competencia específica del dominio
psicosocial, no puede reducirse al desarrollo de otros dominios conceptuales y otras
competencias, sino que aparenta ser de carácter específico y relativamente independiente
de otras destrezas. A pesar del amplio fracaso en éstas pruebas, había un porcentaje de
niños con autismo que lograban resolverlas, aunque cuando se presentaban tareas que
exigían comprender que alguien se representa representaciones, fracasaban.
A lo largo de la vida, el niño debe aprender reglas distintas para el ámbito físico y el ámbito
psicológico, lo cual explicaría algunos aspectos de los desórdenes de los niños autistas,
considerando que se produce cuando fallan las formas normales de esperar estos ambitos.
Para Riviere y Castellanos, los niños autistas sufren una “enfermedad de diferenciación”, no
pueden definir mundos mentales ni las interacciones, solo posee mecanismos de
“inteligencia fría”, no posee mecanismos especializados en lo social. Esta teoría del autismo
en relación a la capacidad mentalista explicaría las bajas correlaciones entre pautas
comunicativas y destrezas sensoriomototas en niños normales, y las altas correlaciones
entre comunicación intencional y destrezas sensomotoras frías en niños con autismo. A
pesar de estas dificultades, Riviere afirma que ésto no provoca una “incomunicabilidad
completa”, sino a ciertas alteraciones y deficiencia del lenguaje y la comunicación.
Las pautas de dominación en el autismo son de tono imperativa, solo expresa deseos y
necesidades persiguiendo fines propios para cambiar su propio mundo físico, no para
compartirlas desinteresadamente. No hay una funcion declarativa del lenguaje. También le
resulta de extremo difícil adaptarse a los cambios dinámicos que se producen en una
conversación y no calcula los estados mentales del otro, por lo que podría incurrir en
comentarios desagradables o inapropiados, a lo que se le agrega la incapacidad para
emplear formas deícticas por la literalidad de su lenguaje.No obstante, el autor distingue un
indicador decisivo para el diagnóstico diferencial del autismo, la carencia de pautas
protodeclarativas en la primera infancia y declarativas más adelante, destacando una
presencia del tono imperativo no reconociendo la función informativa del lenguaje.
Riviére define al autismo como competencia que permite formas más elaboradas de la
comunicación. Se deriva de un déficit en la teoría de la mente. Plantea que hay ciertas
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conductas anticipatorias como por ejemplo cuando son muy pequeños no alzan los brazos
para que el otro los haga upa. La etiología para este autor es un trastorno del desarrollo, es
innato y orgánica.
Características: les preocupa su mundo interno, tienen limitación en las relaciones sociales,
se auto observa, casi nunca su mirada se fija en un objeto, el lenguaje se percibe como
poco natural, como una caricatura, carecen de armonía, tienen distintos intereses como en
el arte, logran percibir el cuidado y el cariño del otro. La etiología es hereditaria.
Autismo y contemporaneidad
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como resultado la implementación de tratamientos que desdibujan las diferencias. El autista,
por sus características, es blanco fácil de esta práctica.
Interesarse por el sujeto y sus manifestaciones sintomáticas ha determinado un
cambio de perspectiva que se ha visto enriquecida por los aportes de Lacan, especialmente
en la última parte de su enseñanza. Ya no se trata solamente de interpretar el síntoma
desde el costado de sus efectos de verdad, de sus significaciones, sino que hay que
verificar para qué le sirve el síntoma al sujeto, en tanto respuesta a un real que surge para
él. Según Maleval, en vano se intenta aprehender el Autismo a través de la suma de
síntomas. No es una enfermedad, es un funcionamiento subjetivo singular.
Estas conceptualizaciones de la enfermedad y del síntoma han determinado
modalidades de intervención. Los analistas posfreudianos sostendrán un ideal de cura y una
noción de transferencia que no será compartida por los últimos desarrollos PSA del campo
lacaniano que insistirá en una radicalidad del síntoma, en una inaccesibilidad al sentido que
no es absorbible.
En el campo psiquiátrico.
A mediados del siglo XX, dos psiquiatras austriacos proponen casi en simultáneo,
cuadros psicopatológicos que luego conmovieron de modo profundo el campo de las
psicosis infantiles. El rasgo dominante común de tales constelaciones, el anhelo por
mantener una extrema soledad para Kanner y la restricción de las relaciones con el entorno
para Asperger, orienta a ambos médicos hacia el término Autismo, utilizado en la clínica
psiquiátrica de su época para denominar un fenómeno de ésta índole. Tras los pasos de
Bleuler, convergen en la delimitación de un síndrome caracterizado por la actitud de
retraimiento respecto de sus semejantes, por una peculiar dificultad para tolerar los cambios
del medio, por una atracción excepcional por los objetos, por los trastornos persistentes y
específicos del lenguaje y por una aparición precoz de estos fenómenos.
En los 70, la concepción pesimista acerca del pronóstico y las posibilidades
terapéuticas de los primeros abordajes PSA comienza a ser cuestionada por psicólogos
experimentales y cognitivistas interesados en estudiar las capacidades efectivas de los
autistas y sus variantes evolutivas. Sus conclusiones iniciales promueven una perspectiva
menos deficitaria y conducen a una aproximación del autismo de Kanner al síndrome de
Asperger. Sin embargo, hacia principios de la década siguiente, hubo una mutación: el
pasaje del Autismo entendido como manifestación de retraimiento social y afectivo, a
ser considerado como un trastorno de desarrollo que implica déficits cognitivos
severos, probablemente debidos a diversas formas de disfuncionamiento cerebral.
La razón de esta metamorfosis puede encontrarse en el avance paulatino de una
aproximación comportamental, de la mano de nuevas clasificaciones internacionales de la
patología mental y de las teorías cognitivistas acerca del modo autista de tratamiento de la
información, cuya tesis inaugural en 1985 es la de una incapacidad para forjarse una teoría
de la mente, biológicamente determinada. El auge de las perspectivas sincrónicas y
sindrómicas del DSM y de diversas propuestas cognitivistas, signadas por un reduccionismo
psicobiológico creciente, tienen como consecuencias mayores:
- Una extensión desmedida del campo del autismo que dio lugar al surgimiento del
problemático concepto de espectro autista.
- Una migración del cuadro desde el ámbito de la psicopatología al terreno de la
educación especial.
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Se advierte que sólo en esta clínica neoesquireliana, centrada en aspectos fenoménicos
vastos y superficiales, el Autismo de Kanner y la psicopatía autística de Asperger puedan
agruparse con los síndromes de desaferentización propios de variados cuadros genéticos y
cromosómicos.
Igualmente, en el seno mismo de la psiquiatría surge un interrogante, testimonio de
las grietas que se abren en esta posición hegemónica: cuanto más avanza la tecnología,
más alimenta la fantasía de que ella permitirá finalmente penetrar en la caja negra de la
psique del autista y comprender su funcionamiento interno. En pos de una mayor objetividad
y control, el riesgo del desarrollo de baterías de escalas de evaluación, es el mismo que el
de insistir con los métodos diagnósticos por imágenes, con el conjunto de estudios de
laboratorio, a saber, reducir al Autismo a una sumatoria de puntuaciones y variables
cuantitativas, sin tener en cuenta los mecanismos psicodinámicos.
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siquiera el recurso a la escisión del objeto. La clave es el desmantelamiento. Esta
disociación de los componentes sensoriales del self trasluce en el autista un estado
primitivo, sin actividad mental, forma retirada del mundo en la que la clave de la
comprensión del fenómeno es la suspensión de los intercambios en la transferencia.
Frances Tustin: propone que el niño autista está encerrado en una cápsula
protectora en cuyo interior la atención se concentra en sensaciones autogeneradas. Hay
tres formas del síndrome: autismo primario normal, secundario encapsulado y secundario
regresivo. Quiere establecer un diagnóstico diferencial en función del tipo de Autismo del
que se trate a partir de un rasgo crítico, con el propósito de evitar el agrupamiento y
clasificación de casos heterogéneos de psicosis de manera simplificada y excesiva. Tustin
fue la primera en aislar el concepto de objeto autístico. Puso de relieve su función
protectora y patológica, atribuyéndole un valor particular en tanto doble del sujeto,
relacionándolo con la deficiencia de las identificaciones. Aunque constata que dicho objeto
protege de la angustia, su orientación genética no la incita a explorar más los recursos que
el sujeto puede extraer de él.
Según Maleval, los cuatro grandes abordajes PSA clásicos del Autismo infantil
tienen un punto en común: la intuición de que se trata de una patología más arcaica. Para
Mahler, una regresión libidinal profunda; para Meltzer, el funcionamiento más desfalleciente
del self; para Bettelheim, la angustia más extrema y para Tustin, el fantasma más
catastrófico. Estos planteos sugieren implícitamente que el Autismo es la patología más
grave y que su pronóstico es sombrío.
Cabe señalar que en estos desarrollos se privilegia uno de los síntomas principales de
Kanner: la perturbación en la relación con el Otro, marcando como fundamental las
funciones del lenguaje y su función en la comunicación.
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como correlato la inmersión del autista en el registro de lo real y un efecto de excitación sin
regulación que lo invade, con consecuencias angustiantes para el sujeto. En el autismo no
hay alteridad: el otro próximo no es un semejante. El problema está en relación directa con
la ausencia de mediación del objeto, no separable del Otro.
Eric Laurent: abordaje actual junto a Maleval. En su libro “La batalla del Autismo” se
interroga acerca de qué puede orientar el abordaje PSA del Autismo. En su texto se plantea
como una invitación a la reflexión que congregue a analistas, pero también a políticos,
familias de niñxs autistas, educadores, instituciones y otros actores sociales de relevancia,
que permita librar una batalla por la diversidad digna de ser defendida en el espacio público.
Para ello se apoya en dichos y escritos de los propios sujetos autistas y en los
psicoanalistas y sus respectivos trabajos. Toda su producción constituye un desarrollo
sostenido por el autismo desde una perspectiva clínica, teórica y política y lo diferencia de la
psicosis. Se interesa por la topología particular del espacio propio del sujeto autista y cómo
actúan los tres registros. Se destacan en su propuesta el tratamiento particular que le da a
las nociones de objeto, cuerpo, forclusión del agujero, neoborde, y la formulación de una
clínica denominada “clínica del circuito”.
Jean Claude Maleval: va a plantear al autismo como un tipo clínico en el que lo
esencial permanece invariable. Se apoya en la noción de retorno de goce sobre el borde
desarrollada por Laurent, define al borde autista como una defensa contra el mundo
exterior, extendiendo el concepto de borde e incluyendo tres elementos: las islas de
competencia, el doble real y el objeto autista. Considera al Autismo como un funcionamiento
subjetivo singular, específico, instalando así una lógica del no-déficit que permite a los
sujetos autistas escapar de las celdas de las vertientes tradicionales. Es importante también
la teorización que sostiene el autor respecto al estatuto de la voz como objeto pulsional en
el Autismo
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Hans's phobia is intrinsically connected to the symbolic order, particularly through its relation to his perception of the maternal relationship. His phobic object, the horse, emerges as a metaphorical stand-in for the symbolic father, representing an element of the real that organizes his inner anxieties. This phobia becomes a tool for transitioning anguish into localized fear, thereby creating a new symbolic order that integrates his pre-existing feelings of exposure and danger within the maternal relationship .
Kanner's identification of 'extreme autistic aloneness' highlights a fundamental characteristic of early childhood autism—the profound inability to engage normally in social interactions from birth. This condition is distinguished from acquired conditions like childhood schizophrenia by its presence from the very beginning of the child's life, illustrating a unique psychological profile that combines both innate and experiential elements to form a distinct clinical syndrome .
Lacan's theory clarifies that the fobic object functions as a raw signifier that helps stabilize psychological states by transforming anxiety into manageable, localized fear. For Hans, the horse becomes a metaphorical representation of underlying anxieties linked to his symbolic understanding of familial relations. This fobic object facilitates his engagement with his internal fears and allows a structural reordering of his symbolic world .
Lacan views the mother in the pre-Oedipal stage as both a symbolic and real object of love. Initially, she is seen symbolically, the child desires her presence which is articulated through her presence-absence dynamic. This relationship becomes complicated by the 'penisneid,' where the child attempts to fill the mother's lack symbolically. The child perceives themselves as the phallus that can fulfill the mother's desire, aligning themselves as an object of love providing satisfaction to the mother, indicating the integral nature of their presence for both the mother and themselves .
Lacan uses metaphor and metonymy to explain the symbolic processes underlying Hans's understanding of familial roles. Hans perceives himself as the metonymy of the phallus rather than its metaphor, where he embodies an incomplete satisfaction of the mother's lack. This dynamic leads to anxiety, as Hans attempts to reconcile his identity with the symbolic absence he represents. By formulating theories of sexual difference and familial roles, Hans seeks to redefine his symbolic place and identify his function regarding his parents' desires .
The understanding of autistic children's insistence on sameness suggests that pedagogical methods should accommodate this need for routine and predictability. Personalized educational strategies that create structured environments while encouraging slight variations could help these children engage more comfortably. This insights into autistic behaviors emphasize developing curricula that both respect their need for routine and gently expand their adaptive capabilities .
The coexistence of innate and experiential factors in early childhood autism supports a more integrative approach to understanding its development. Current research perspectives suggest that both genetic predispositions and environmental interactions contribute to the distinct clinical presentation of autism. While the innate factors influence the initial developmental trajectory, experiential factors, particularly familial and social environments, shape the individual variability observed in autism's progression and management .
The distinction between literal substitution and metaphor is significant in understanding Hans's psychological development as it reflects his ability to navigate symbolic relationships. Literal substitution aligns with metonymy, showing Hans's tendency to view himself as a direct replacement for the maternal lack. In contrast, metaphor involves a deeper transformation of identity, which Hans struggles with. This distinction is crucial for understanding Hans's conceptualization of his place in the family and the symbolic universe .
Hans's exploration of familial roles is an attempt to construct a genealogical framework not based on natural order but on symbolic law. His imaginative interchanges of familial roles underscore his search for a place within the symbolic order, reflecting his need to reconcile his personal identity within the broader family structure. This exploration reveals his struggle to understand the triadic relationships of Oedipal dynamics and highlights his creative attempts to integrate these roles into a coherent self-concept .
The symbolic father plays a crucial role by providing the structure needed for Hans to overcome his phobia. His intervention, together with the real father's presence, stabilizes Hans's symbolic world by highlighting the triad of imaginary intervention, symbolic castration, and the role of the father. This incorporation allows Hans to articulate his fears into a coherent narrative, helping him overcome his phobia .