NO EXCUSAS
Diga al débil: “Fuerte soy”
Joel 3:9-10 dice: “Proclamad esto entre las nacio-
nes, proclamad guerra, despertad a los valientes,
acérquense, vengan todos los hombres de gue-
rra. Forjad espadas de vuestros azadones, lan-
zas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy”.
Es maravilloso ver líderes valientes. Aprendamos
a ver más allá de lo que nuestros ojos perciben,
descubramos el potencial que las personas pue-
den desarrollar. Muchos somos valientes, pero
estamos dormidos y el Espíritu Santo nos ha des-
pertado.
Tenemos que ver transformados los temores en
fortalezas. Un ejemplo de dejar a un lado las
excusas es lo que sucedió con el que ha sido el
mejor basquetbolista del mundo. La primera vez
que Michael Jordan intentó jugar basquetbol, el
equipo le dijo que no servía.
NO EXCUSAS 297
Su madre le aconsejó que entrenara con esa mis-
ma fuerza que tenía para deprimirse. Así lo hizo
y logró que lo aceptaran en el equipo. Decía:
“Donde no puedo, voy a ser el mejor”.
Muchas cosas se oponen al desarrollo de nuestra
vida y nuestros doce discípulos. Es posible que
veamos excusas donde otros ven oportunidades
para demostrar algo. Donde la excusa se hace
manifiesta, el toque de la trompeta de retirada es
inevitable.
Lo que era una hoz se convirtió en un arma de
guerra. Las excusas se empiezan a romper cuan-
do se confiesa lo contrario. El Apóstol Pablo con-
fesaba que cuando era débil se convertía en fuer-
te porque el poder de Dios reposaba sobre él.
Se concentró en ese poder y no en su debilidad:
“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi
poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto,
de buena gana me gloriaré más bien en mis de-
bilidades, para que repose sobre mí el poder de
Cristo” (2 Corintios 12:9).
Jesús buscó al amargado, al dolido y al quebra-
do porque serían agradecidos. Los agradecidos
son quienes mejor sirven, aceptan desafíos, de-
sean cambiar el país, etc. Lo mismo hizo David
con los amargados: los reclutó para su ejército.
Muchos piensan que tras fracasar en ministerios
anteriores no podrán ser usados por Dios y servir-
le, pero eso no es cierto.
NO EXCUSAS 298
El ejemplo de Moisés
La primera etapa del fracaso son las excusas.
Hasta Dios respeta las excusas, aunque no las
ve como válidas. Moisés, por ejemplo, fue un
hombre que llevó sus debilidades y excusas ante
Dios, quien tuvo misericordia de él y lo usó para
liberar al pueblo de la esclavitud, sin embargo,
no se creía capaz de lograr ese llamado.1
El alfarero puede hacer una buena vasija del
barro que se deja formar. Dios nos escogió
aunque no seamos los más aptos, pues nos
transformará en el proceso. Para tener éxito,
nuestra confianza no puede estar en nosotros
mismos, sino en Él.
La segunda excusa de Moisés tenía que ver con
el nombre de Dios, su identidad.
Dios no lo había enviado para contarles a los
israelitas cuál era su nombre, sino a liberarlos.
Moisés se escudó en la falta de conocimiento,
pero Dios le respondió: YO SOY EL QUE SOY.2
1
Éxodo 3:11-12: Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo
para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y
él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal
de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo,
serviréis a Dios sobre este monte.
2
Éxodo 3:13-15: Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los
hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado
a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les
responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y
dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.
Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová,
el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y
Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para
siempre; con él se me recordará por todos los siglos.
NO EXCUSAS 299
La tercera excusa tenía que ver con su
credibilidad, pues aunque Moisés dudaba, Dios
le hizo ver que escucharía su voz.3
Dios estaba tratando con la humanidad de
Moisés al botar todas sus excusas y trabajar con
su fe.
Aún así le puso una excusa más relacionada con
su capacidad: “¡Ay, Señor! nunca he sido
hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que
tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el
hablay torpe de lengua” (Éxodo 4:10).
Dios es quien está con nosotros y quien nos ayuda
en nuestra debilidad, por lo que debemos confiar
que suplirá para todas esas necesidades. Él le
dijo a Moisés que las señales lo acompañarían
para que los israelitas creyeran. Además, le
aseguró que estaría con él y su boca para
siempre.Esa misma promesa nos dio cuando nos
envió a predicar a todas las naciones.
Dejemos a un lado las excusas y explotemos el
potencial que llevamos dentro. Quien pone
excusas está cavando la fosa en la cual caerá.
Paraalgunos, sus virtudes los han hecho triunfar;
para otros, han significado su tropiezo porque se
con- fían demasiado. Muchos de nuestros
sentimientos de frustración son consecuencia de
no haber dado lo mejor.
3
Éxodo 3:18: Y oirán tu voz; e irás tú, y los ancianos de Israel, al
rey de Egipto, y le diréis: Jehová el Dios de los hebreos nos ha en-
contrado; por tanto, nosotros iremos ahora camino de tres días por
el desierto, para que ofrezcamos sacrificios a Jehová nuestro Dios.
NO EXCUSAS 300
Dios le dijo a Jeremías que no se excusara en que era un niño. A
Abraham le dijo que no se excusara en que era muy viejo. No permitió
a Moisés poner excusas sobre su capacidad ni a Gedeón sobre su
origen. Usó a unos como a otros.
A Pablo, un estudioso, como a Pedro, un analfabeto; a David, un
pequeño pastor de ovejas,como a Daniel, un consejero de la corte
imperial... Él ha usado a hombres como a mujeres, a judíos como a
gentiles, a jóvenes, niños y ancianos. También nos puede usar a
nosotros.
No digamos “No sé”; mejor preguntemos “Cómo”. Todos tenemos
neuronas que utilizar. Convirtamos nuestras debilidades en fortalezas
con el poder del Espíritu Santo. Nuestra tarea como líderes es hacer
que las ovejas boten las excusas para que den fruto. Presentemos
desafíos para que la fe de las personas crezca y puedan ver las
maravillas de Dios.
EL CONTEXTO NO ES PRETEXTO 301