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Verbos Conjugación Especial

El documento detalla las reglas de conjugación de verbos en español, incluyendo aquellos con terminaciones especiales como -guar, -cuar, -uar, -iar, -ducir, y otros irregulares. Se explican las variaciones en la escritura y pronunciación, así como ejemplos de conjugaciones correctas e incorrectas. También se incluyen actividades para practicar la conjugación de verbos en diferentes contextos.
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Verbos Conjugación Especial

El documento detalla las reglas de conjugación de verbos en español, incluyendo aquellos con terminaciones especiales como -guar, -cuar, -uar, -iar, -ducir, y otros irregulares. Se explican las variaciones en la escritura y pronunciación, así como ejemplos de conjugaciones correctas e incorrectas. También se incluyen actividades para practicar la conjugación de verbos en diferentes contextos.
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Verbos de conjugación especial

La normativa sobre la escritura correcta de las formas verbales en español, según la Nueva Gramática de la Lengua
Española, sería la siguiente:
Verbos terminados en – guar: se conjugan siempre con diptongo sin
excepciones: averiguo, averiguas, averigua, averiguan; atestigüe, atestigües, atestigüe, atestigüen. Siguen esta regla los
siguientes verbos: aguar, desaguar, atestiguar, menguar, apaciguar, amortiguar, santiguar.
Esta regla presenta alteración ortográfica (gu pasa a gü) delante de la vocal e en las siguientes formas verbales:
a.- 1ª persona singular pretérito perfecto simple de indicativo: agüe, desagüé, atestigüé,
mengüé, apacigüé, amortigüé, santigüé.
b.- Todas las formas del presente de subjuntivo: apacigüe, apacigües, apacigüe,
apacigüemos, apacigüéis, apacigüen.
c.- 3ª persona singular y plural del imperativo: averigüe (usted), averigüen (ustedes).
Verbos terminados en – cuar: se admiten las dos formas con diptongo y con hiato.
Adecuo y adecúo / adecuas y adecúas / adecua (n) y adecúa (n) / adecue (n) y adecúe (n) / adecues y adecúes / adecua (tú)
y adecúa (tú).
Evacuo y evacúo / evacuas y evacúas / evacua (n) y evacúa (n) / evacue (n) y evacúe (n) / evacues y evacúes / evacua (tú)
y evacúa (tú).
Licuo y licúo / licuas y licúas / licua (n) y licúa (n) / licue (n) y licúe (n) / licues y licúes / licua (tú) y licúa (tú).
Verbos terminados en – uar: se conjugan con hiato en las formas correspondientes a los presentes de indicativo y
de subjuntivo y a la segunda persona del singular del imperativo: perpetúo, perpetúa, perpetúas, perpetúan; perpetúe,
perpetúes,
perpetúen; perpetúa (tú).

Verbos terminados en – iar: se distinguen tres grupos:


a.- Los que admiten diptongo, como cambiar: b.- Los que solo admiten hiato, como desviar:
cambie, cambio. desvío, desvíe.
Vanagloriar (vanaglorien / no vanagloríen). Gloriar (gloría / no gloria).
Rumiar (rumian / no rumían). Aliar (aliaría / no aliaria).
Copiar (copio / no copío). Radiografiar (radiografíe / no radiografie).
Fotocopiar (fotocopio / no fotocopío). Fotografiar (fotografía / no fotografia).
Vaciar (vacíe / no vacie).
c.- Los que admiten ambas formas, diptongo e hiato, como agriar: agrias / agrías.
Expatriar (expatrian / expatrían).
Paliar (palia / palía).
Repatriar (repatrie / repatríe).
Verbos terminados en – ducir, como *conducir: presentan el pretérito perfecto simple, pretérito imperfecto de
subjuntivo y el futuro de subjuntivo.
Pretérito perfecto simple Pretérito imperfecto de Futuro de subjuntivo
subjuntivo
conduje condujera, condujese condujere
deduje dedujera, dedujese dedujere
induje indujera, indujese indujere
produje produjera, produjese produjere
*No es correcto pues conducí, conduciera.

Verbos bendecir, maldecir, contradecir, desdecir y predecir: derivados de decir, presentan las siguientes
peculiaridades:
bendecir y maldecir contradecir y desdecir predecir
Son irregulares. No se conjugan Se conjugan como decir, En el futuro condicional simple
como decir: excepto en el imperativo y el se prefieren
Futuro simple: bendeciré, participio: respectivamente las formas
-ás, -á… (no *bendiré / -as/ Contradice (tú) (no: predeciré, predeciría a las de
-a…); maldeciré /-ás/-á… (no: *contradí – tú – ) y desdice (tú) prediré, prediría, que,
*maldiré / -ás/- á… (no:*desdí – tú – ). aunque menos frecuentes, no
Condicional simple: Así: son incorrectas.
bendeciría, -ías, -ía… (no Contradiré, desdiré (mejor que El imperativo en singular es
*bendíría / -ías/ -ía…); contedeciré, desdeciré). predice (tú) (no: *predí – tú –).
maldeciría /-ías/-ía… (no: Contradiría, desdiría (mejor que El participio es predicho (no:
*maldiría / -ías/- ía…; contadeciría, desdeciría). *predecido).
Segunda persona del Contradicho, desdicho (no:
imperativo: bendice (tú) (no: *contradicho, desdecido).
*vendí – tú – ; maldice (tú) (no:
*maldí – tú – ).
Participio: bendecido;
maldecido.

Verbos errar, erguir (se): son verbos que generan el sonido /y/ cuando la –e es tónica:
errar erguirse
Hay sonido /y/ en las formas en que la e se Genera un sonido /y/, con la letra y en la
pronuncia con intensidad (es tónica); cuando no escritura, en las formas en que la –e se
es tónica, debe evitarse sonido: pronuncia con más intensidad (es tónica), y no
Yerro /-as/-a(n) (no: *erro / -as/-a(n); erramos, la genera en las demás formas (las átonas):
erráis, vos errás (no: Yergo, yergues, yergue, erguimos, erguís,
*yerramos, yerrás, vos yerrás); yerre/-es/e(n) yerguen, yerga /-as / -a, irgamos, irgáis, yergan.
(no: *erre/-es/-e(n); erremos, erréis
(no: *yerremos, yerréis); yerra – tú –
(no:*erra – tú –); errá – vos – (no: *yerrá
– vos – ); errad (no: *yerrad).
Verbo prever: se conjuga como el verbo ver: previó, previeron, preví, previste, previste, previera, previendo, prevé
(n), prever, previsto. Son incorrectas las formas previó, preveyeron, preveí, preveíste… No debe confundirse la conjugación
del verbo prever con la del verbo proveer: proveyó, proveí, proveíste, proveyendo, proveído.

Verbo satisfacer: se conjuga como el verbo hacer: satisfice, satisficiste, satisfizo, satisficiera, satisficieras,
satisficiéramos, satisficieran, satisfaré, satisfarás, satisfará, satisfaría, satisfarías, satisfará. Son incorrectas formas como
*satisfací, *satisfaciste, *satisfació, *satisfaciera, *satisfaceré, *satrisfacería… La segunda persona singular del
imperativo admite la variante regular y la irregular: satisface (tú) y satisfaz (tú).

Verbo proponer: es un verbo irregular. En el pretérito perfecto simple de indicativo y en el pretérito imperfecto y
el futuro simple de subjuntivo, es afectado: propuse, pusiera
o pusiese, pusiere. Presenta adición de condonante (n pasa a ng) en la raíz de la 1ª persona del singular del presente de
indicativo (propongo), todas las formas del presente de subjuntivo (proponga) y la 3ª persona del singular y plural en el
imperativo (ponga – usted - , pongan – ustedes). Muestra pérdida de la vocal temática (e) y adición de la consonante d al
final de la raíz en todas las formas del futuro simple y del condicional simple de indicativo: pondré, pondrías. Presenta
pérdida de la vocal temática (e) en la 2ª persona del singular (tú) del imperativo: pon (tú). El participio es irregular:
propuesto. Se escribe con tilde la 2ª persona del singular del imperativo: propón.

Verbo haber: presenta irregularidad en el acento en el pretérito perfecto simple de indicativo (hube) y en todas las
formas del pretérito imperfecto y el futuro simple de subjuntivo (hubiera o hubiese, hubiere). Muestra sustitución de
consonante (b pasa a y) en la raíz en todas las formas del presente de subjuntivo (haya) y la 3ª persona singular y del plural
del imperativo (haya usted y hayan ustedes). Pierde la vocal temática en el futuro simple y condicional simple de indicativo
(habré, habría). La 1ª, 2ª y 3ª persona del singular y la 1ª y 3ª del plural del presente de indicativo (he, has, he; hemos, han).
La 3ª persona del singular del presente de indicativo es hay cuando el verbo se usa como impersonal.
También es irregular la 2ª persona del singular del imperativo (he tú).

Otros verbos
Infinitivos terminados en –ñer o -ñir Infinitivos terminados en consonante
+ -cer o –cir
Esconden la –i- de los diptongos en la ñ: No generan sonido /k/, por lo que formas como
Atañó, atañeron; ciñó, ciñeron (no: * atañió, *convezco, convezca (de convencer)
atañieron, ciñieron). son incorrectas. Lo correcto es convenzo,
Atañera / -se; ciñera /-se (no:*atañiera, convenza…
atañiese; ciñiera, ciñiese). Vocal + -cer sí genera /k/: adolecer, adolezco,
Atañendo, ciñendo (no: *atañiendo, ciñiendo). adolezca…
Estremecer, estremezco, estremezca…
Excepciones: mecer y coser.
Mezo (no: *mezco), meza, mezas (no:
*mezca, mezcas); cuezo (no: *cuezco), cueza,
cuezas (no: cuezca, cuezcas).
Actividades
1.- Conjugue los infinitos dados entre paréntesis en la forma adecuada de acuerdo con la oración. Escriba la forma conjugada
en el espacio en blanco.

1.- El sacerdote quiere que usted _______________________ en el juicio de la semana entrante (atestiguar).
2.- En necesario que se _____________________ las aguas para continuar con nuestra conversación (apaciguar)
3.- ___________________ (averiguar) usted cuánto vale cada uno y los vamos a comprar de inmediato.
4.- Cuando ____________________ (desaguar) todo ese arroyuelo, estaremos en posición de construir.
5.- La Federación ____________________ (adecuar) los reglamentos a su antojo.
6.- Espero que el señor no se ________________________ (perpetuar) en el poder.
7.- Espero que no se _______________________ (vanagloriar) con sus triunfos.
8.- Procure que no se _______________________ (desviar) del camino.
9.- Esperamos que el presidente ______________________ (repatriar) a los exiliados por el conflicto.
10.- _________________ (conducir) desde mi casa hasta el puerto libre.
11.- Juan quería que yo ______________________ (conducir) hasta la casa de Orotina.
13.- El que _______________________ (inducir) a otro a error, será castigado fuertemente.
14.- _________________ (bendecir) a todo aquel que me haga el bien.
15.- _________________ (errar) todos cuando cometemos faltas a la moral.
16.- Nadie ____________________ (predecir) que el agua llegaría hasta el techo.
17.- _______________________ (satisfacer) sus necesidades cuando yo lo ordene.
18.- Yo ____________________ (proponer) que todos los documentos sean entregados a tiempo.
19.- Si usted ____________________ (haber) llegado a tiempo, estaríamos contentos.
20.- Espero que vos te ____________________ (convencer) de tus propios méritos
Un Héroe
Todos conocíamos con el sugestivo apodo de Cususa a un pobre zapatero de ojos
azules pequeñitos, perdidos debajo de la espesura hirsuta de unas cejas grises, que
cuando se rasuraba producía la cómica impresión de que los bigotes se le hubieran
subido a la frente; pero como no solía a menudo ponerse en contacto con el barbero, lo
más común era verlo con la cara cubierta de cerdas que le daban cierto aspecto de
ferocidad, temperado por la dulzura intensa de la mirada.
El distintivo del carácter del zapatero era la alegría, una alegría loca, irresistiblemente
comunicativa. Cuando al pasar por alguna taberna se oían gritos, risas, música y bailoteo, no había que
preguntar la causa. Sólo Cususa era capaz de convertir en jolgorio la díscola tristeza de
los bebedores de aguardiente. Detestaba las pendencias y siempre estaba listo a
interponerse para evitarlas, callando a fuerzas de buen humor las interminables disputas
entre beodos. Pero si persistían las dimensiones degenerando en camorra, el festivo
zapatero cambiaba de argumentos y con dos mojicones bien pegados restablecía el
orden, porque era forzudo y valiente hasta la temeridad. Referíase de él, entre otros, un
lance que tuvo con un matón muy temido que regresaba del presidio de San Lucas.
Bailaba Casusa en una vinatería al son de la guitarra, cuando el bellaco, irritado sin
duda por la alegre algazara que metía el buen hombre, sacó un puñal y cortó las cuerda
del instrumento. Hubo un destello en las pupilas del zapatero. De un salto se puso al lado
del agresor, y agarrándole por la muñeca con violencia terrible, se la retorció hasta que le
hizo soltar el puñal. Después, mirándole de frente con expresión de profundo desprecio,
le escupió la cara, gritándole repetidas veces: “¡Asesino! ¡Cobarde!” El bandido
abandonó el campo profiriendo amenazas, pero nunca se le volvió a ver en los sitios que
frecuentaba Cususa.
La embriaguez del zapatero no era constante, como pudiera creerse.
Dos y tres semanas transcurrían sin que probase una copa, metido en el taller,
trabajando con ahínco, porque le sobraba la clientela y fuera de su afición a las botellas
era un artesano ejemplar. Pero no bien le entraba la sed de aguardiente y la gana de
mover los pies, adiós leznas y suelas; no había quien lo detuviera en casa. Mayor era la
dificultad cuando llegaban las fiestas cívicas, con su séquito de tres días de toros y
mojigangas, Apenas oía la primera bomba se plantaba en la calle y ya no volvía s no era
en camilla, después del inevitable revolcón que todos los años se encargaba de
propinarle algún bicho guanacasteco. Otras ocasiones de empinar el codo eran para el
zapatero las ceremonias militares. Procesiones, revistas, entierros, todos los actos que
figurase la tropa, precedida de música, provocaban en él un comezón de parranda
irrestible. La Semana Santa se la pasaba toda haciendo penitencia en las viñas del
señor. Desde el Domingo de Ramos comenzaba las libaciones, muy temprano, para ir a
presenciar las complicadas ceremonias de la salida de la bandera. Luego seguía la
procesión al lado de la música, marcando el paso, indiferente a todo lo que no fuese,
tambores, cornetas, voces de mando. En su pasión por lo militar, no reparaba en ninguna
otra cosa; ni en la imagen ridículamente compuesta, cabalgando en una mula; ni en las
improvisadas alamedas de caña que adornaban las calles con sus verdes penachos
gladiolados: ni siquiera en los grupos de hermosas campesinas endomingadas, llevando
palmas benditas en las manos.
Concluidas la procesión cuando ya quedaba reposando el Señor del Triunfo en un
improvisado huerto de ramas de uruca, muy sentado en una poltrona, con su sombrero
de teja morado, volvía Cususa detrás de las tropas, saltando al compás del bullicioso
paso doble, hasta dejarlas en el cuartel. La jarana continuaba después en la vinatería
son sonoros gritos de ¡Viva Costa Rica! Y mucho hablar de la campaña contra los
filibusteros con los numerosos parásitos que exploraban su índole generosa.
Mientras vivió su madre, una viejecita ciega de cataratas, de quien cuidaba con gran
solicitud, la intemperancia del zapatero se mantuvo dentro de ciertos límites; pero desde
que se encontró solo en el mundo porque no se le conocían parientes, menudearon los
días de huelga. A menudo se le veía tumbado en las tabernas o durmiendo en la calle, al
amparo de alguna sombra bienhechora. Pronto se convirtió en infeliz en objeto de mofa y
escarnio de las gentes poco caritativas, y en particular de los mocosos que a la sazón
frecuentábamos la escuela. Con la crueldad inconsciente de la niñez nos complacíamos
en atormentar al pobre Cususa, cuando por el exceso de licor se quedaba incapacitado
para defenderse, como en los buenos tiempos en que repartía aquellos famosos
puñetazos que infundían respeto y consideración.
Recuerdo de que una tarde, a la salida de la clase, tropezamos unos cuantos rapazuelos
con el zapatero que yacía inerte, arrimado a una tapia. Verlo y sentirnos alborozados,
todo fue uno. Ya teníamos por delante la perspectiva de un buen rato de diversión.
Después de un conciliábulo en que se discutió el género de tormento que se le había de
dar aquel día, predominó la idea de pintarlo. Sin saber de dónde, salió una caja de betún
y el Jefe de la pandilla se encargó de la ejecución. Pronto estuvo hecho un adefesio,
y a cada nuevo rasgo de la fantasía del artista, nos desternillábamos de risa. Una voz
enérgica y varonil que sonó a nuestras espaldas, nos hizo volver asustados las caras y
nos encontrábamos frente el capitán Ramírez, anciano militar retirado, veterano de la
guerra nacional. Con indulgente severidad, nos reconvino por la mala acción que
estábamos cometiendo, y para exhortamos a que no volviéramos a martirizar al
desgraciado, nos refirió la historia que fielmente voy a trascribir.
-Cuando don Juanito Mora declaró la guerra al filibustero Walker, que se había adueñado
de Nicaragua, Joaquín García, o Cususa, como se llama ahora, sólo tenía diez y ocho
años y en su calidad de hijo único de mujer viuda estaba exento de ir a la guerra; pero el
muchacho se empeñó en partir con sus compañeros, y como no pudo lograr que lo
recibiesen en las filas, burló una noche la vigilancia de su madre y caminando sin parar
fue a incorporarse al ejército en marcha hacia la frontera Norte. Muerto de hambre y de
fatiga me lo encontré una mañana, y como le conocía, porque éramos vecinos, conseguí
que lo agregasen a la columna de vanguardia de la cual yo formaba parte. Pocos días
después sorprendimos al enemigo en Santa Rosa, donde nuestra bandera recibió el
bautismo de gloria. En vano trataron los yanquis de contener el empuje de nuestras
bayonetas; no pudieron resistirlo, y ese día tuvimos la satisfacción indecible de ver huir
como una liebre al fanfarrón Schlessiner que los mandaba. Caro, en verdad nos costó el
triunfo. Perdimos allí a muchos valientes y los heridos cubrían el suelo. Entre los de
mayor gravedad apareció Joaquín, con el pecho agujereado por una bala de rifle. Al
llegar aquí, el capitán interrumpió su relato, y entreabriendo la camisa del zapatero nos
mostró una honda cicatriz a la altura del pulmón derecho. Después de una pausa
prosiguió:
-Esto había pasado el 20 de marzo de 1856. El 11 de abril siguiente caía yo también
herido en las calles de Rivas, donde a su vez nos sorprendió Walker, pero sin lograr
vencernos. Antes bien tuvo que retirarse abandonando sus heridos. Volví a Liberia en un
estado lastimoso. Allí se hallaba también Joaquín en el hospital militar. Por rara
casualidad ambos escapamos de la epidemia del Cólera que se declaró en el ejército,
tan quebrantado ya por el ardoroso clima de Nicaragua y la terrible sangría de la batalla
de Rivas. Convalecimos juntos en Puntarenas, donde yo tenía unos parientes que nos
cuidaron a pedir de boca; y cuando algunos meses después se habló de una nueva
invasión de Nicaragua, a los dos solicitamos nuestra vuelta al ejército de operaciones. Lo
único que pudimos conseguir fue que nos incorporamos a la guarnición en Puntarenas.
El 2 de noviembre nuestro ejército, que se había concentrado en Liberia, se puso otra
vez en marcha para la frontera, al mando del general Cañas. Joaquín y yo estábamos
inconsolables por no haber podido partir, cuando inesperadamente se nos presentó la
ocasión de volver a la campaña.
El bergantín Once de Abril, así llamado en memoria del heroico combate de Rivas,
estaba para salir del puerto armado en guerra con el objeto de cooperar en las
hospitalidades y de poner término a los desmanes del barco filibustero Granada. A última
hora se produjeron bajas en la guarnición y conseguimos alistarnos en ella.
“Nos hicimos a la vela el 11 de noviembre, llevando abundantes víveres, armas,
pertrechos, y dinero para el ejército. Tenía el bergantín para su defensa cuatro cañones
de bronce y era su capitán Antonio Valle Riestra, joven marino peruano que había puesto
su espada al servicio de nuestra causa. Desde que zarpamos, la mar se mostró muy
inclemente y los vientos nos fueron contrarios a extremos de que pusimos once días para
navegar la corta distancia que media entre Puntarenas y San Juan del Sur. Casi todos
nos embarcábamos por primera vez y el mareo nos hizo padecer cruelmente; pero a
pesar de los embates de la borrasca que nos sacudía de firme, no nos dejamos abatir un
solo instante, porque teníamos fue en nuestro destino y con toda ingenuidad nos
considerábamos invencibles. Apenas el mar embravecido nos daba una pequeña tregua,
renacía el buen humor a bordo del bergantín y oficiales y soldados rivalizaban de
entusiasmo guerrero. Entre dos chubascos encontrábamos la manera de divertirnos,
contando cuentos, jugando a los naipes o embromándonos mutuamente; también
cantaban algunos las monótonas y tristes canciones patrias, que nos daban nostalgia de
los verdes cafetales y de los ríos torrentosos. Merecidos por la lentitud del ritmo
evocábamos en silencio la visión de la patria ausente; más cada vez que esto sucedía,
sonaba de pronto un grito agudo y familiar, el grito de nuestras montañas que ningún
costarricense puede oír sin emoción, y Joaquín rompa a bailar un zapateado vertiginoso,
con acompañamiento de dicharachos y típicas exclamaciones que disipaban al instante la
melancolía de los recuerdos. Todos le adorábamos a bordo por la bondad de su carácter
y su jovialidad sempiterna. La brillantez de su conducta en Santa Rosa, la herida casi
normal que allí había recibido, eran otros tantos títulos que le granjeaban la simpatía y el
cariño general.
“Otras veces, sentados en coro sobre la cubierta, hablábamos de la guerra y mis
compañeros no se cansaban de hacerme repetir la relación de las batallas de Santa
Rosa y de Rivas, y en particular las peripecias de la muerte gloriosa de Juan Santamaría,
el tambor alajuelense que antes fue sacristán. Absortos escuchaban mis palabras, llenos
de admiración por El Erizo marchando sereno a una muerte segura. Yo les contaba cómo
había regresado una primera vez sano y salvo de nuestras filas, después de dar fuego al
Mesón de Guerra, bajo una tempestad de balas; la sublime audacia del héroe
acometiendo nuevamente la empresa temeraria, por haber logrado apagar el incendio los
enemigos; cómo pudo volver ileso hasta la pared del Mesón y arrimar la tea que llevaba
en la mano derecha a la techumbre; el grito desesperado que brotó de nuestros pechos
al ver que el brazo vengador caía inerte, roto por la certeza bala de un yanqui; luego el
entusiasmo indescriptible, el orgullo inmenso que en nosotros despertó la vista del
tambor recogiendo la tea, blandiéndola de nuevo contra el brazo sano hasta que
surgieron las llamas homicidas; por último, la caída del héroe, acribillado a balazos al pie
de la hoguera encendida por su mano valerosa.” Eso es un hombre. ¡Viva Costa Rica!”,
exclamaba invariablemente Joaquín al terminar el relato; y todos le hacíamos
arrastrados por la sinceridad de su entusiasmo.”¡Viva Costa Rica!” contestábamos, y el
ruido de nuestras voces se perdía en el rumor de las olas agitadas.
“El Once de abril, azotado por la tempestad, hacía agua por varias partes y fue preciso
recurrir a las bombas. En estas condiciones llegamos frente a la ensenada de San Juan
del Sur en la tarde del 22 de noviembre. El capitán Valle Riestra inspeccionó con los
jefes militares.
“Terminado el consejo mandó poner la proa a tierra. No pasó mucho tiempo sin que
viéramos una vela que dejaba el puerto y se dirigía hacia nosotros. El capitán, que
continuaba en observación, dijo de pronto algunas palabras al mayor Maheigt que estaba
a su lado, y enseguida mandó toca a zafarrancho de combate. Una ráfaga de entusiasmo
pasó sobre el barco. ¡Al fin íbamos a ver el enemigo! Cerca de las seis enarbolamos la
bandera. La aparición de los flamantes listones tricolores enardeció nuestros corazones
y fue saludada con entusiasmo delirante. El buque enemigo estaba ya bastante cerca, y
en su popa vimos ondear la insignia azul y blanca de la antigua Federación
Centroamericana, afrentada por la estrella roja del usurpador. Pocos minutos después un
trueno conmovió los aires. Nuestros cañones desafiaban al enemigo. Trábose entonces
la lucha con indecible furor, empeñados los yanquis en vengar los bochornos que
nuestras armas les habían infligido en santa Rosa y Rivas. Los soldados, que casi todos
veían el fuego por primera vez, peleaban con un denuedo sin igual, y los azares
ordinarios de un combate marítimo se complicaban para nosotros con la inexperiencia de
nuestros artilleros y el inmenso peligro que nos hacían correr las averías del Once de
Abril por los cuales penetraba el agua a borbollones; y como si esto no fuera bastante,
una hora después de comenzada la pelea se nos declaró un incendió en la proa. Pero
¿qué podían el agua, el fuego y las balas enemigas contra la fiebre patriótica que nos
enloquecía?
“Impávido, el capitán de veintidós años miraba la maniobra con la serenidad de un lobo
de mar encanecido en la guerra. Con tranquila bravura acudía a los sitios de mayor
peligro, dirigiendo en medio de la metralla la extinción del incendio, el manejo de las
bombas y el tiro de los Cañones. Se le veía en todas partes a la vez, secundado por el
mayor Maheigt, que era la imagen del valor, y todos, animados por tan sublimes
ejemplos, viendo que hasta el capellán había empuñado un fusil, luchábamos como
fieras.
“Llegó la noche y el combate continuó espantoso al resplandor del incendio que
devoraba nuestro barco. Joaquín, cuya intrepidez risueña nos llenaba de admiración, me
dijo riéndose entre dos disparos: “Mi teniente, que buena cena se les está preparando a
los tiburones. Les van a faltar dientes para comer tanta carne fresca; pero no les sobra la
sal para adobarla, no será mucho el desperdicio”. Esta alusión a la suerte casi inevitable
que se nos esperaba, hecha en aquellos momentos de mortal peligro y con tanta
frescura, pinta admirablemente el carácter del muchacho, mezcla de valentía y jovialidad.
“A pesar de las malísimas condiciones en que combatíamos, nuestras balas habían
causado daños al enemigo. Sus fuegos eran cada vez más lentos, y ya la victoria
comenzaba a brillar a nuestros ojos con mágicos resplandores, cuando a eso de las diez
de la noche un fulgor inmenso iluminó de súbito el espacio, acompañado de un estampido
formidable. Sin saber lo que me pasaba fui proyecto por los aires largo trecho, hasta
caer en el mar. La frescura del agua me aclaró el entendimiento. Comprendí que el Once
de abril había volado. A tiempo pude asumir de un madero que me atravesó, porque un
dolor agudo en una pierna me impedía nadar. Del caso deshecho de nuestro querido
bergantín brotaban aún algunas llamas, esparciendo sobre las olas una luz roja que
permitía ver con intermitencia la tétrica escena del naufragio. Flotando al azar aparecían
multitud de tablas, cajones y toneles, a los que se agarraban con desesperación los
sobrevivientes de la catástrofe. El dolor de la pierna, causada por una herida que recibí
en el momento de la explosión se me hizo intolerable; sentí que las fuerzas me
abandonaban y que pronto habría concluido todo. Del barco agonizante brotó una última
llamarada y el Once de Abril se abismó con estruendo pavoroso. Hubo un silencio de
muerte y la oscuridad reino sobre el mar. Entonces, como si fuera el estertor de la nave
moribunda, salió un grito salvaje de las tinieblas: “¡Viva Costa Rica!” Era la voz de
Joaquín escupiendo una suprema injuria a la faz del usurpador. Desfallecí y solté el
madero que me sostenía.
“Cuando recobré el conocimiento me encontré a bordo de la Granada. Un compañero
que estaba a mi lado, herido también, me informó que Joaquín me había salvado la vida,
manteniéndome en el agua hasta que me recogió un bote del enemigo. Me dijo que el
heroico muchacho, después de salvar a otros dos náufragos, se había negado a
rendirse, prefiriendo correr el riesgo de una muerte casi inevitable, al bochorno de
confesarse prisionero de los yanquis. Supe también que el capitán Valle Riestra, cubierto
de horribles quemaduras, estaba a bordo de la Granada y que su juventud y la heroicidad
de su conducta provocaban la admiración de los oficiales enemigos. Con nosotros venían
también el bravo Maheigt y el padre Godoy, tan gravemente herido que murió pocas
horas después.
“De los cientos diez hombres que tripulábamos el bergantín nos salvamos cuarenta,
fuera de Joaquín que pudo salir a la costa asido de un barril. Agonizante fue hallado en la
playa por unas buenas gentes que se propusieron volverlo a la vida con enérgicas
fricciones y tragos de aguardiente que tenían que hacerle beber a la fuerza, porque hasta
aquella ocasión había sido sobrio en extremo. Pero desde entonces ya no fue tanto, y no
es otro el origen de su intemperancia.”
El anciano calló y sus ojos puestos en Cususa, que seguía durmiendo con sueño
profundo, estaban impregnados de cariño y compasión.
En seguida pidió agua en una casa vecina y sacando el pañuelo le lavó piadosamente la
cara. Cuando estuvo algo más limpio, lo sacudió con fuerza gritándole al oído:
“¡Joaquín!” Al oír la voz de su antiguo superior, el borracho tuvo un sobresalto y
entreabrió pesadamente los ojos, murmurando con lengua torpe: “Presente, mi capitán”.
Con gran esfuerzo lo hizo levantar el anciano, y dándole el brazo se lo llevó
Tambaleando.
Las imaginaciones infantiles son muy impresionables y el relato del capitán dejó profunda
huella en las nuestras. Desde aquel día Cususa tomó colosales proporciones para
nosotros, y lo comenzamos a mirar como a un ser legendario, capaz de las mayores
proezas. Jamás le volvimos a dar tormento, antes tomábamos con calor su defensa,
siempre que otros pilletes pretendían molestarlo.
Pocos meses después de la intervención del veterano a favor del zapatero, salíamos una
tarde de la escuela cuando tropezamos con un entierro solitario con un entierro solitario.
Cuatro hombres llevaban la modesta caja y detrás de ellos marchaba el capitán Ramírez,
con los ojos enrojecidos. La algazara que metíamos le hizo volver la cabeza y
considerarnos un instante. Nos reconoció, y recordando sin duda el relato que nos había
hecho, exclamó con voz, dolorida:
-¡Es él…¡Joaquín!
Nos volvimos a ver unos a otros, y con acuerdo tácito, nacido espontáneamente de uno
de esos impulsos generosos, tan frecuentes en la juventud, nos agregamos al
comportamiento del héroe.
Guía de análisis.

1. Nombre del autor (Nacionalidad)


2. Género literario. Justifique con dos o tres características presentes en el texto
3. Movimiento literario. Justifique con dos o tres características presentes en el texto.
4. Personajes: Características. Relación entre ellos.
5. Narrador que predomina (ejemplo)
6. Espacios: Físico, psicológico, social, político, económico (ejemplos)
7. Manejo del tiempo. (Justifique)
8. Registros de habla (ejemplos)
9. Temas (Mínimo dos)
10. Justificación del título (por qué se llama ―Un héroe‖)
11. Valores y disvalores (antivalores) que se destacan en la obra
12. Contexto (Relación del texto con la realidad actual de Costa Rica)
13. Enseñanza que deja el cuento (Actitud o posición que demanda el texto del lector)

Guía de lectura

1. ¿Quién es Cususa y a qué se dedica?


2. ¿Cómo tratan los niños a Cususa y por qué?
3. ¿Quién es el Capitán Ramírez y por qué ayuda a Cususa?
4. ¿Qué historia les cuenta el Capitán Ramírez a los niños y cómo cambian estos de actitud con nuestro
protagonista?
5. ¿Cómo termina el cuento?
Práctica

De la lectura y Análisis del cuento “Un héroe”

Selección Única.

1. ¿Cuál era el trabajo de Cususa?


A. Capitán. B. Sastre.
C. Zapatero. D. Pintor.

2. ¿Quién era Cususa?


A. Capitán militar y enemigo de Joaquín
B. Zapatero y tenía problemas de alcoholismo.
C. Presidente de Costa Rica y quien tenía el mando militar.
D. Anciano militar retirado y veterano de la guerra nacional.

3.¿Quién le cuenta a los niños la historia del héroe escondido tras ese alcohólico que está tirado en la calle?
A. Cususa C. Joaquín
B. El capitán Ramírez D. Sus padres

4. El Capitán Ramírez, considera un héroe a ―Cususa‖ porque


A. entró al ejército, aunque no tenía la obligación
B. es un sobreviviente de la guerra contra los filibusteros
C. lo salva a él y a otros tantos compañeros de morir, arriesgando su propia vida.
D. muere en la guerra, dando la vida por la Patria.

5. ¿Qué es al final del cuento del protagonista?


A. Muere solo
B. Sale de su alcoholismo
C. Es reconocido por su participación en la guerra
D. Es respetado por el pueblo
6. Lea el siguiente fragmento.
―Cuando recobré el conocimiento me encontré a bordo de la Granada. Un compañero que estaba a mi lado, herido
también, me informó que Joaquín me había salvado la vida,
manteniéndome en el agua hasta que me recogió un bote del enemigo.” Un Héroe
El fragmento presenta un ejemplo de narrador
A. testigo C. omnisciente
B. protagonista D. testigo y protagonista
7. Lea el siguiente fragmento
“Detestaba las pendencias y siempre estaba listo a interponerse para evitarlas, callando a fuerzas de buen humor las
interminables disputas entre beodos.”
El fragmento presenta un ejemplo de registro de habla
A. culto C. popular
B. coloquial D. literario

8. Lea el siguiente fragmento


“Mientras vivió su madre, una viejecita ciega de cataratas, de quien cuidaba con gran solicitud, la intemperancia del
zapatero se mantuvo dentro de ciertos límites; pero desde que se encontró solo en el mundo porque no se le conocían
parientes, menudearon los días de huelga. A menudo se le veía tumbado en las tabernas o durmiendo en la calle, al
amparo de alguna sombra bienhechora.”
El fragmento presenta un ejemplo de espacio
A. físico C. religioso
B. social D. político

9. Lea los fragmentos.


I. Yo les contaba cómo había regresado una primera vez sano y salvo de nuestras filas, después de dar fuego
al Mesón de Guerra,
II. Eso es un hombre. ¡Viva Costa Rica!”, exclamaba invariablemente Joaquín al terminar el relato; y todos
le hacíamos coro arrastrados por la sinceridad de su entusiasmo.”¡Viva Costa Rica!”
Los fragmentos presentan ejemplos de estilo
A. I Indirecto - II Indirecto C. I directo- II Indirecto
B. I directo - II directo D. I Indirecto - II directo

Respuesta Restringida.
1. ¿Con qué argumentos convence el capitán Ramírez a los niños de que Cususa es un verdadero héroe?
2. ¿Cómo cambia el comportamiento de los niños hacia Joaquín antes y después del relato del Capitán Ramírez?

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