Documento PDF
Documento PDF
¿Cómo así dos capitales dentro de la misma ciudad de Roma (n.3)? La cuestión propuesta
arranca de la exigencia de un territorio independiente por parte de la Santa Sede (n.1) así
como de la fijación y delimitación de dicho territorio (n.2), para lograr la estatalidad d la
ciudad del Vaticano como garantía de la independencia absoluta de la Santa Sede4.
1
Las opiniones expresadas en estos artículos son propias de sus autores. Estos artículos no reflejan
necesariamente la opinión de UNISCI. The views expressed in these articles are those of the authors. These
articles do not necessarily reflect the views of UNISCI
2
Vide Gil E. y Corral C. (2001): Del desencuentro a la comprensión, Israel – Jerusalén - Iglesia Católica.
Madrid, UPCO, espec. Parte Segunda, cap. VIII, donde señala P. López de Aguirrebengoechea, p.344: “k) Un
“Vaticano para los palestinos en parte de Jerusalén Este.” Se trataría de un acuerdo entre israelíes y palestinos,
por el cual, manteniendo la ciudad unida y con la parte Este también bajo soberanía israelí, se aplicase una
fórmula similar a la sancionada por los artículos 15 y 16 del Tratado de Letrán, de 11 de febrero de 1929, entre la
Santa Sede y el Estado italiano, por los cuales éste útimo preveía unas garantías concretas de extraterritorialidad
para las basílicas y otros inmuebles propiedad de la Santa Sede, extrapolándolo en el sentido de aplicarlo a una
super Orient House extraterritorial y con libre acceso asegurado desde la futura entidad nacional palestina, sea
Estadio independiente o confederado a Jordania, o una triple con Israel. [...] Arafat suele referirse como modelo
de sugerencia a la ciudad de Roma “capital de dos Estados”, pero la oposición de principio israelí sería
manifiesta”
3
Santos, J.L. : “Nueva relación de Iglesia en Suecia”, Anuario de Derecho Eclesiástico del Estado XII. (1996)
559-586
4
Para una mayor profundización vide Corral, C. (1989): LX Aniversario de la Ciudad del Vaticano (1929-1989),
La garantía territorial-estatal de una soberanía espiritual. Madrid, UPCO; idem, “El porqué de la estatalidad del
1
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
1.La exigencia de un territorio independiente como garantía definitiva de la
independencia de la Santa Sede
Tal exigencia —no debe olvidarse— de la “Cuestión Romana” con que se denominaba la
contienda político- religiosa, de alcance tanto nacional como internacional, que surgió entre el
Pontificado Romano y el Reino de Italia por la sucesiva ocupación de los Estados Pontificios
y, al final, de Roma misma (20 IX 1870) y la proclamación de Roma como capital de la
Península unificada (1861). Estados que se habían ido formando a lo largo de 1.200 años en
orden a asegurar un poder temporal al Papa que le garantizara una completa
En el Islam, para quien no hay más que una única Comunidad --Umma-- en que se funden
los aspectos religioso y político, ni siquiera es concebible la idea de una dirección espiritual
independiente en sí misma.
SCV”, en Homenaje al Prof. Julio Manzanares (Salamanca 2002); y D’Avack, P.A., Vaticano e Santa Sede [a
cura di Carlo Cardia] (Boloña 1994) cap. 3 con las bibliografías allí citadas in fine.
5
Pinto, P. V., “Rilevanza giuridica della Chiesa Cattolica e del Consiglio Ecumenico di Ginevra nel ordinamento
internazionale”, Apollinaris, espec. núm 3-5 (1973) 494-527; Vicher, Lukas (1972): Textos y documentos de la
Comisión Fe y Constitución (1919-1968). Madrid, BAC, 252-261
2
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
febronianismos, jurisdiccionalismos o josefinismos— y, sobre todo, por las Iglesias así
llamadas “Patrióticas” de China y de los demás Estados comunistas al concluir la II Guerra
Mundial6.
Es, ante todo, la soberanía espiritual del Pontificado Romano, que se ejerce sobre una
comunidad de fieles de ámbito universal, la que en el fondo planteó a los propios estadistas, lo
mismo católicos que protestantes, la exigencia de que el Romano Pontífice no fuera súbdito de
Estado alguno. Así lo hizo constar Napoleón I:
“El Papa debe estar en Roma... El Papa no es aquel que puede estar en Berlín o Viena:
es el que está en el Vaticano y no es como si estuviese en París. ¿Acaso, si el Papa
estuviese en París, los vieneses o los españoles seguirían sus decisiones?, y yo ¿le
seguiría si estuviese en Viena o en Madrid?”7
Años más tarde, cuando ya se estaba fraguando la unidad italiana desde la casa de Saboya,
fue otro emperador francés, Napoleón III, quien lo planteó con la máxima claridad en el folleto
Le Pape et le Congrès, bajo el seudónimo de Laguéronnières:
“El poder temporal ¿es necesario al Papa para el ejercicio de su poder espiritual? —se
preguntaba—. La doctrina y la prudencia de Estado responden concordemente de
forma afirmativa. Desde el punto de vista religioso es necesario que el Cabeza
supremo de 200 millones que rige las almas pueda, sin estar atado a ninguna
dependencia, extenderse por encima de todas las pasiones humanas. Si fuera un
soberano dependiente, sería entonces francés, austríaco, español o italiano, y el
carácter de su nacionalidad le quitaría el carácter de su soberanía espiritual
universal (...). Para Inglaterra, Rusia y Prusia, como para Francia y Austria, es de
importancia que el representante de la unidad católica no padezca coacción ni esté
sometido ni sea súbdito. Roma es el punto central de un poder moral tan universal que
no puede menos de ser de interés para todos los gobiernos y para todos los pueblos el
que descanse sobre una roca constantemente inmutable, sobre la sagrada roca a la que
ninguna sacudida humana pueda derrocar”8
Por parte del Imperio alemán, el Príncipe de Bismarck afirmaba más secamente ante el
embajador inglés Loftus, el 2 de noviembre de 1867, que “el cabeza de la Iglesia católica
jamás podía ser súbdito de Príncipe alguno”9
A pesar del entramado de intereses de las Potencias, entrecruzándose con las aspiraciones
del catolicismo y del Papa, hay una exigencia fundamental requerida paladinamente por los
estadistas: que la actividad del Romano Pontífice fuera absolutamente independiente de
cualquier gobierno político. Por ello, ningún gobernante europeo ni americano, sea de Austria
o Alemania, sea de Francia, España..., está dispuesto a consentir que sus respectivas políticas
se encuentren mediatizadas por el Gobierno italiano a través de un Papa que fuera súbdito
suyo. Con una agravante, que, de ser así, esos mismos gobernantes encontrarían razón
6
Corral et alii (1966): Vaticano II. La libertad religiosa. Madrid 1966, 573 ss
7
Son palabras pronunciadas tras haber sido apresado Pío VII, reconociendo el error cometido entonces. Están
aducidas en el discurso ante el Congreso por Mussolini, B.: Gli accordi del Laterano. Discorsi al Parlamento
[con Prefacio de Mussolini y Apéndice conteniendo el Proyecto de Erzberger y las conversaciones con el
Cardemal] (Roma 1929) 14
8
Bastgen, Hubert: Die römische Frage. Documente und Stimmen (Freiburg in Br., I, 1917; II, 1918; III, 1919)
[La mejor y más completa colección de documentos] T.I n.193 y 419
9
Bastgen: III. 11
3
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
suficiente para intervenir una vez más en el Reino de Italia, si juzgaran que el Papa, siendo
súbdito de Italia, se desmandaba enviando a los católicos súbditos de ellos órdenes contrarias a
las propias.
Desde Francia, Napoleón III propone con meridiana claridad la cuestión y la solución —la
suya— en el mencionado fascículo Le Pape et le Congrès10:
“Desde el punto de vista del doble interés de la Religión y del Orden Político de Europa
está clara la necesidad del Poder temporal del Papa. Pero ¿cuál tiene que ser este Poder en
sí y para sí?, ¿cómo puede compaginarse la Autoridad Católica fundada sobre el dogma
con la Autoridad convencional fundada sobre las costumbres públicas, los intereses
humanos y las necesidades sociales?, ¿cómo puede el Papa ser a la vez Sumo Sacerdote y
Rey?, ¿cómo puede el hombre del evangelio, que perdona, ser el hombre de la ley que
castiga?, ¿cómo puede el Cabeza Supremo de la Iglesia, que excomulga a los herejes, ser
el Cabeza Supremo del Estado, que protege la libertad de conciencia?. El poder del Papa
sólo puede ser un Poder paternal; tiene que parecerse más al de una familia que al del
Estado. Por ello, no sólo es necesario que su territorio sea tan extenso, sino que nosotros
sostenemos como esencial que sea limitado. ¡Cuanto menor sea el territorio, tanto mayor
será el Soberano!”.
“Por tanto, el Poder temporal del Papa es necesario y legítimo, pero inconciliable con un
territorio tan extendido en cierto sentido. Es solamente posible a condición de que esté
despojado de todas las condiciones ordinarias del poder estatal, es decir, de todo lo que
afecta a su eficacia, desarrollo y progreso. Dicho poder tiene que existir sin ejército, sin
representación legislativa y, por así decirlo, sin Código de Justicia”.
Bismarck, por su parte, sostenía (en la antes citada entrevista con el embajador inglés
Loftus) que “el Papa tenía que ser un soberano independiente, aunque tan sólo fuera poseedor
de 10 o 100 hectáreas del Oriente. El cabeza de la Iglesia católica no puede ser súbdito de
Príncipe alguno”11
10
Bastgen: I, n. 193, 419 s.
11
Bastgen: III, 11
4
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
3.1.Los primeros bocetos de territorio
Con ser largo el camino hacia la conciliación -unos sesenta años- se marcaron ya los primeros
hitos a los veinte años los siguientes, a los otros veinte, en el siguiente siglo, en 1919, que
pudieron ser los definitivos, si no fuera porque tuvieron que retrasarse diez años más por mor
de la inestabilidad de los gobiernos italianos.
Hubo que esperar al pontificado de Pío X en que se inicia, por recíproco interés, el
deshielo a la vez que el gradual acercamiento entre católicos hasta entonces orillados. Como
en Alemania, también como allí, por causa de una tercera fuerza emergente, la de los
movimientos socialistas y obreros que surgen arrolladores. Fue en tiempos de Giovanni
Giolitti, cuando se logró alcanzar un acuerdo, si bien limitado, entre liberales moderados y el
moderantismo clerical.
En esas circunstancias es cuando, por parte de los católicos, comienza a abandonarse por
irrealizables las exigencias territoriales que pudieran plantear graves problemas a los
gobiernos italianos, tratando de reducir la cuestión romana a la búsqueda y hallazgo de
condiciones jurídicas que asegurasen al Pontificado una independencia efectiva ante las
Naciones y ante el catolicismo mundial. Una actitud así fue expresada por primera vez por el
Arz. de Udine, Mons. Rossi, en el discurso inaugural de la VIII Semana Social de los
Católicos Italianos, que se celebraba en Milán el 31 de noviembre de 1913. El discurso –
nótese bien—había sido previamente aprobado por Pío , no obstante, L’Osservatore Romano
se apresuró a distinguir entre la responsabilidad de autor y la del Vaticano13.
Paso que se concretó en las propuestas de ambos, en junio de 1919, mientras se estaban
concluyendo los Tratados de Paz en París que trataban de poner fin a la I Guerra mundial.
Como portador de ellas, fue enviado allí el mejor diplomático pontificio, Mons. Cerretti, para
exponerlas al Presidente del Consejo italiano, Orlando. La Promemoria del Card. Gasparri
comprendía dos principios: la soberanía y jurisdicción plena del Papa sobre el Vaticano y una
parte de la Ciudad Leonina hasta el Tíber y la garantía internacional --que según añadía
12
Ampliamente viene citado el proyecto en Mussolini: Gli accordi, p. 47-49.
13
Ibidem 521.
14
El mismo Papa que abría la esperanza de un arreglo bilateral era el mismo que de forma matizada recordaba,
por un lado, “que cese esta situación anormal para la cabeza de la Iglesia” y, por otro, abrogaba la prohibición de
las visitas solemnes de los jefes católicos a Roma en la Encíclica Pacem Dei, 23 V 1920
5
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
Orlando— “podría conseguirse a través de la Sociedad de Naciones, en la que Italia
procuraría introducir a la Santa Sede”15.
Desde el mundo germánico y por ese mismo período circundante a la I Guerra mundial –
no se olvide— se presentaban propuestas que empujaban a meterse por la vía de la
conciliación. Especial incidencia habían tenido, creando opinión pública, la propuesta de M.
Etzberger17, que fue jefe del Centro Católico Alemán, (partiendo de Alemania y desde una
perspectiva también alemana), y la del que fue Card. Ehrle jesuita alemán (desde la Biblioteca
Vaticana de la que era Prefecto, pero desde la perspectiva pontificia). Ambas propuestas
resultaban , además de muy concretas, muy similares a las contenidas en el futuro Tratado de
Letrán. En un extraordinario artículo titulado “Benedicto VX y la solución de la cuestión
romana”18 Ehrle (a quien había de suceder más tarde al frente de la Biblioteca Vaticana,
Aquiles Rati –el futuro Pío XI--) pasaba a examen las tres series de soluciones hasta entonces
presentadas (internacionalización de la Ley de Garantías, un Tratado internacional entre todas
las Potencias, y un arreglo bilateral de Potencia a Potencia) y acababa inclinándose por la
tercera. El proyecto consistía en un Acuerdo bilateral entre el Quirinal y el Vaticano y en la
comunicación del acuerdo a las demás Potencias, conteniendo la creación de un Estado del
Vaticano con base territorial y con unos límites bien definidos.
Con estas disposiciones pudieron abrirse las negociaciones cuatro años más tarde, en
1926, en una fase preparatoria que va de agosto a octubre entre el abogado Francisco Pacelli,
hermano del futuro Pío XII, por parte del Vaticano, y por el Consejero de Estado, Domenico
Barone, por parte del Gobierno italiano. La S. Sede puso como condición que la iniciativa
oficial de la negociación partiera del Gobierno italiano, prescindiendo de la Ley de Garantías.
15
Card. Cerretti: “Le conversazioni tra il Card. Cerretti e l’On. Orlando”: [revista] Vita e Pensiero (1919, giugno-
luglio), reproducidas en Mussolini, Gli accordi, p.143-156
16
Leturia, P.(1929): Del Patrimonio de San Pedro al Tratado de Letrán. Croquis histórico documentado de la
“Cuestión Romana”. Madrid, 244-246
17
El proyecto de Erzberger se titulaba “Tratado sobre las sanciones internacionales que deben garantizar el poder
temporal del Papa” y constaba de 10 artículos. Fue publicado por él mismo en Souvenir de guerre (París 1921)
158; vide su reproducción en Mussolini: Gli accordi, p.138-142 y Viglione, M. (1987): Rapporti Stato e Chiesa
dall’unità d’Italia ad oggi, documenti salienti di storia contemporanea, 2ªed. Brescia, 16s.
18
Ehrlef F.: “Benedikt XV und die Lösung der Römischen Frage”, Stimmen der Zeit 91 (19l6) 505-535 con el
plano en p.522.
6
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
Una vez aceptada la condición, las negociaciones se iniciaron el 6 de octubre, y el 24 del
mismo mes, el Card. Secretario de Estado Gasparri dejó fijadas las seis bases del arreglo:
2. Por lo mismo, esa condición ha de ser tal que garantice plena libertad e independencia,
no sólo real y efectiva, sino también visible y manifiesta, con territorio de su plena y
exclusiva propiedad, tanto de dominio como de jurisdicción, según conviene a toda
soberanía, e inviolable en todo evento.
3. Por estos motivos y también por tratarse de intereses que rebasan evidentemente los
confines de Italia, es necesario que el nuevo acomodamiento político territorial sea
reconocido por las Potencias.
6. Apenas hace falta añadir que la autoridad política y constitucional de Italia, esto es, el
Rey y el Parlamento, habrán de aprobar en todo caso los posibles convenios19.
De las seis, la base central es la segunda, que reúne las dos exigencias fundamentales, a
saber, la nuclear de la absoluta independencia de la Santa Sede y la instrumental de un
territorio bajo la soberanía y aun propiedad de la misma. En torno a las dos se colocan las
demás bases: como previas, la primera, requiriendo una situación de justicia; como integradora,
la tercera -de suma importancia internacional—en la que de forma indirecta se recoge la
aspiración de muchos estadistas y juristas de alcanzar unas garantías internacionales
demandando que se obtenga el reconocimiento por la Potencia del “nuevo acomodamiento
territorial”; como complementarias, la tercera y la cuarta, recomendando al Gobierno el
obtener tanto el reconocimiento internacional de las Potencias como el interno del Rey y del
Parlamento; como anexa, pero condicionante del arreglo, la sexta, expresando la conveniencia
de una regulación Iglesia-Estado italiano mediante un Concordato.
19
Carta de Mussolini a Barone, 4 X 26, tomando la iniciativa de la negociación; Carta del Card. Gasparri a
Pacelli, 6 X 26, aceptando la negociación; Carta del Cardenal Gasparri, 24 X 26, fijando los seis puntos, y
Primera minuta del tratado de puño de Francisco Pacelli con apostillas dictadas por el S. Padre, 4 XI 26:
Pacelli, Francesco, Diario della Conciliazione con Verbali e Appendice di Documenti (a cura di Michele
Maccarroni) apéndices I-IV, 207-216. Los seis puntos fueron citados ante las Cámaras, 14 V 28, en el discurso
de Mussolini, Gli accordi, p.66.
7
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
San Marino –hacía explicar el primer Ministro— sin que jamás haya traído la más mínima
turbación a la unidad territorial de Italia, se puede en 1928 concebir que surja de nuevo a la
orilla del Tïber la limitada soberanía territorial de la Santa Sede”. Respecto al recurso al
instrumento pacticio de un Tratado o Concordato, “el Conde Cavour –añadía— fue el primer
estadista que en momentos enormemente difíciles tuvo el valor de manifestar su convicción –
contra el parecer de casi todos los hombres de su tiempo— de que debía llegarse a un pleno
acuerdo bilateral en la cuestión romana”20.
Reconocimiento, por cierto, que para la Santa Sede era de suma importancia: de un lado,
el que de forma explícita se admitiera por Italia que la cuestión romana desbordaba las
fronteras italianas –esto es, admitir que era un tema intrínsecamente internacional (o
transnacional)—y, por otro, que la solución de la política italiana necesitaba del
reconocimiento internacional de las demás Potencias. De hecho, la Santa Sede buscó también
ese reconocimiento expreso en acuerdos bilaterales con los Estados, bien implícito, bien
explícito. Con todo, --adviértase— se pasa delicadamente al Gobierno italiano el compromiso
de caballero de buscarlo, al no reservárselo la Santa Sede
20
Guido de Luca, Il Papato e l’Italia si conciliaranno, Documenti e polemiche (Roma 1928) 11s.
21
Circular de 29 VIII 1870 del Ministro de Asuntos Exteriores a los embajadores y ministros de Italia para ser
comunicadas a los Gobirnos: “Il sovrano Pontefice conserva la dignità, l’inviolabilità e tutte le altre prerogative
della Sovranità e inoltre le preeminenze verso il Re e gli altri Sovrani che sono stabilite per consuetudine. Il titolo
di Principe e gli onori sono riconosciuti ai Cardinali della Chiesa Romana. La Città resta sotto la piena
giurisdizione e sovranità del Pontefice. Si sa che il Tevere divide la Città in due parti, di cui l’una situata sulla
riva destra del fiume, portò un tempo il nome di Città Santa. La Città Leonina contiene oggi una popolazione de
c. 15 mila anime e sarebbe suscettibile di contenerle di più. Possiede una grande quantità di Chiese e Palazzi. La
Chiesa di San Pietro, il Vaticano e le sue vasta dipendenze, le tombe degli Apostoli e dei Papi più illustri; i
numerosi monumenti religiosi e artistici fanno della città leonina una città rimarchevole ed una splendida
8
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
¿Cuál era la causa de situación tan real como atípica? No la Ley de Garantías en sí y por
sí, sino más bien la política muchas veces condescendiente de las dos partes que hizo que no
se produjeran crisis temibles y peligrosas22 en la que convivieron y se ejercieron ambas
soberanías que mutuamente se trataban a la vez que jurídica y políticamente se ignoraban.
Con todo, “la Ley de garantías había creado, en tres cuartas partes -–no podía menos de
reconocerse-- una soberanía de iure y, para el resto, la había creado de facto; porque sobre el
territorio vaticano, en el que los Papas se quedaron desde 1870 en adelante, nunca hubo acto
de Gobierno italiano afirmando su soberanía. El Portón de bronce no fue jamás traspasado por
funcionarios o autoridades del Estado italiano; no era el ingreso a un palacio, sino el confín de
un Estado”23.
“La S. Sede sostiene que con los acuerdos suscritos hoy se le asegura debidamente
cuanto necesita para proveer, con la debida libertad e independencia católica en Italia
y en el mundo; declara definitiva e irrevocablemente arreglada, y por lo mismo
residenza per il Capo sovrano della Catolicità”, en Mussolini, p.29; y CORRAL, C., La libertad religiosa en la
Comunidad Europea, Estudio comparado (Madrid 1973) 557
22
Ibidem, 122.
23
Corral C. y G. M. de Carvajal (1981): Concordatos vigentes, T.II Madrid, reproduciendo el Tratado de Letrán
en italiano y español, p. 231-253.
24
A. D’Avack, P., “Vaticano II, Diritto”, en Enciclopedia Cattolica, vol. 12; AA. VV., Chiesa e Stato. Studi
Storici e Giuridici per il decennale della conciliazione tra la Santa Sede e l’Italia, 2 vols. (Milano 1939)
especialmente, vol. I: Piola, Luzio, Rota y vol. II: Balladore-Pallieri, Le Fur, Rovelli, D’Avack, Jannacone
Como necesario complemento, si bien externo, del Tratado viene considerado el Concordato entre la S. Sede e
Italia —que es el segundo de los Acuerdos Lateranenses— cuya finalidad es el regular ex novo la situación de la
Religión y de la Iglesia en Italia, mientras forma parte integrante del Tratado, el Convenio financiero, por el que
se acepta una indemnización, si bien muy inferior a los daños sufridos, por la pérdida del patrimonio de San
Pedro, constituido por los antiguos Estados Pontificios, y de los bienes de las entidades eclesiásticas. Los textos
en italiano y español vide Corral y Carvajal, o. c., p. 255-284.
9
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
resuelta, la “cuestión romana” y reconoce al Reino de Italia bajo la dinastía de la Casa
de Saboya con Roma capital del Estado italiano. A su vez Italia reconoce el Estado de
la Ciudad del Vaticano bajo la soberanía del Sumo Pontífice.”
El Tratado entre la Santa Sede e Italia (Trattato fra la Santa Sede e l’Italia) fue concluido
entre S. S. Pío XI, por parte de la Santa Sede, y por Víctor Manuel III, por parte del Reino de
Italia, el 11 de febrero, y firmado por sus respectivos plenipotenciarios, el Cardenal Secretario
Pietro Gasparri y el Primer Ministro y Jefe de Gobierno Benito Mussolini, y entró en vigor el
7 de junio de 1929, día del canje de los instrumentos de ratificación efectuado en el Palacio
Vaticano.
El SCV, configurado por el Tratado en sus líneas básicas, fue ulteriormente estructurado
por el acervo de las seis leyes fundamentales que el mismo día del nacimiento de aquél, el 7 de
junio de 1929, promulgó Pío XI y son:
25
‘Vaticano’, en Corral, C. y Urteaga, J.M. (2000): Diccionario de Derecho Canónico, 2ª ed. Madrid.
10
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
4.3.El Estado que se constituye en la Ciudad del Vaticano
Ese mismo día -7 de junio- y con el canje de los instrumentos de ratificación nace el SCV con
su personalidad internacional iniciando su vida en la Comunidad Internacional, pues los
instrumentos que lo crearon habían cumplido todos los requisitos para tener plena eficacia
jurídica.
Con su bandera, sello y escudo, como prescribe la Ley Fundamental (art. 19): “La
bandera de la Ciudad del Vaticano se compone de dos campos divididos verticalmente, uno
de color amarillo del lado del asta y blanco el del otro lado. Este último llevará la tiara y las
llaves. El escudo representará la tiara con las llaves; el sello llevará en el centro de la tiara y
las llaves y alrededor las palabras Stato Città del Vaticano”.
Así, Estado, es como es designado oficialmente la Ciudad del Vaticano y como tal es
reconocido por Italia en el Tratado (art. 26) y recogido en los anuarios de las Naciones Unidas.
Y así es como lo quisieron las Altas Partes Contratantes, habida cuenta del desarrollo histórico
de la unificación de Italia y de la situación de los Estados pontificios.
Pues bien, con relación a las finalidades del SCV, resulta que mientras los Estados tienen
como fin propio e intrínseco su desarrollo creciente y progresivo en lo social y en lo
económico, en cambio, el SCV no tiene su fin en sí mismo, sino fuera de sí, y ese consiste en
“asegurar a la Sede la independencia absoluta y visible aun en el campo internacional”
(Preámbulo).
En consecuencia, mientras los Estados buscan y deben buscar el bien de los súbditos, el
SCV, salvados los derechos y deberes que como trabajadores o empleados les corresponden,
aspira a que todos ellos conscientes de la comunidad última a la que van encaminadas sus
actividades, presten el mejor servicio a ésta.
26
De Barberis, 34: “Todos los sujetos del Derecho internacional, por el hecho de serlo, se encuentran regulados,
en alguna medida, por ese orden jurídico. Pero hay algunos de ellos, como los Estados soberanos, que se hallan
sujetos sólo al derecho de gentes. Se los puede denominar sujetos independientes. Otros, si bien se hallan
regulados por el derecho de gentes, dependen también en cierta medida del orden jurídico de otro sujeto
internacional. Se los puede denominar entonces sujetos dependientes. Hay sujetos internacionales que dependen
de un Estado soberano, como el reino de Bután, el principado de Mónaco, el sultanato de Brunei, la Unión Postal
Universal o la Conferencia de Derecho Internacional Privado de la Haya. Hay otros que dependen de la Iglesia
católica, como es el caso de la Ciudad del Vaticano y de la Soberana Orden Militar de Malta, o de una
organización internacional, como la Corporación Financiera Internacional, o de varios sujetos simultáneamente
como los valles de Andorra”.
11
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
Dada su finalidad, necesariamente se deriva la dependencia no transitoria, sino esencial
del SCV con relación a la S. Sede. En efecto, el SCV no subsiste por sí mismo, sino que nace
y vive dependiente de otro sujeto del Derecho internacional, la S. Sede. Tan es así que el que
es elegido canónicamente como Obispo de Roma y lo acepta, ipso facto es el soberano del
SCV. Más, el ordenamiento jurídico de la Iglesia entra como parte del ordenamiento del SCV.
Su origen mismo inmediato es la voluntad de la S. Sede, si bien concordada con la de Italia,
plasmada en un Tratado.
Ahora bien, siendo tan determinante la finalidad en sí para el Estado en cuanto tal, por un
lado, y por otro, siendo tan esencial al SCV su relación teleológica y de subordinación
respecto a la S. Sede, es claro que este no puede ser calificado como Estado en la integridad
del concepto ordinario, sólo en un sentido análogo.
Por ello, se le podría describir acertadamente con los términos con que lo hace Juan Pablo
II en su carta del 24 de noviembre de 1983, dirigida al Cardenal Secretario de Estado:27
“El Estado de la Ciudad del Vaticano es soberano, pero no posee todas las
características ordinarias de una comunidad Política. Se trata de un Estado atípico: el
mismo existe como garantía conveniente del ejercicio de la libertad espiritual de la Sede
Apostólica, es decir, como medio para asegurar la independencia real y visible de la
misma en su actividad de gobierno en favor de la Iglesia universal, como también de su
labor pastoral orientada a todo el género humano; dicho Estado no posee una sociedad
propia para cuyo servicio se haya constituido, y ni siquiera se basa en las formas de acción
social que determinan de ordinario la estructura y la organización de cualquier otro
Estado”
Tal fue el caso —bien no tan lejano— de la recusación del pase a Yaser Arafat y de la
negativa a abrir una oficina de la OLP; y hace años, el de la intervención de McCarthy
investigando los empleados de las Naciones Unidas que se juzgaban agentes peligrosos del
comunismo.
27
L’Osservatore Romano, 9 X 84; Ecclesia (1984) 517
12
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
personalidad internacional, sólo compete a la ONU; en cambio, el SCV puede celebrar por sí
mismo -y lo ha hecho- acuerdos internacionales28.
La razón fundamental consiste en que el SCV, en cuanto tal, tiene su propia personalidad
internacional contradistinta de la personalidad internacional de la S. Sede. Por ello, en
calidad de tal, el SCV es miembro regular de la Unión Postal Universal, Unión Internacional
de la Telecomunicación, Consejo Internacional del Grano, Organización Mundial de la
Propiedad Intelectual, Unión Internacional para la Protección de la Obra Literaria y Artística,
Unión Internacional de la Telecomunicación Vía Satélite (INTELSAT), Conferencia Europea
de Administración del Correo y de la Telecomunicación (CEPT).29
Cumpliendo, pues, fines parecidos, el SCV supera con mucho a las sedes de las distintas
organizaciones internacionales en cuanto que la sede territorial de la dirección suprema de la
Iglesia Católica queda constituida independiente de cualquier Estado –aquí, Italia-- y a la vez
subordinado a otra entidad internacional, la Iglesia Católica, bajo la soberanía del cabeza de
ésta.
A nuestro parecer30, si se quiere ser fieles al origen del SCV, como derivación de los
antiguos Estados pontificios que tenían una finalidad esencial ulterior a la finalidad propia de
todo Estado, así como a la voluntad cierta de las Altas Partes contratantes, se debe mantener
dicho calificativo —como antes hemos visto— al menos en un sentido genérico. Con el
término Estado se está expresando con precisión y claridad mediante los conceptos en que
por aquel entonces se movía el Derecho internacional, que surgía a la vida internacional una
entidad dotada de propia personalidad internacional con un territorio que no era parte ni de
Italia ni de ninguna Potencia —como había ocurrido antes a lo largo de sesenta años—.
28
Puente, J. (1965): Personalidad internacional de la Ciudad del Vaticano. Madrid, 98 s., refutando
razonadamente a Le Roy, “La personalité juridique du Saint-Siège et l’Eglise catholique en droit international” en
L’Année Canonique 2 (1953) 125 s.
29
Puente, pp. 98; Gallina, E. (1967): Le organizzazioni internazionali e la Chiesa Católica, Roma 1967; Köck,
H.F.(1975): Die völkerechtliche Stellung des Heiligen Stuhls, Berlin 1975, 479-764; Annuario Pontificio
(Vaticano 2002) “Rappresentanze”.
30
Puente, pp. 96-30. A nuestro parecer, no deja de ser perfectamente válido el contenido esencial de la
calificación doctrinal presentada: una personalidad internacional competente a un sujeto soberano de carácter
territorial.
31
Ruda, J.J. (1995): Los sujetos del Derecho Internacional: el caso de la Iglesia Católica y del Estado de la
Ciudad del Vaticano. Lima, Perú; Documentation Catholique (1929) 1478-1483; 1482.
13
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
5.Conclusión
Concluyendo, en todo caso nunca debe pasarse por alto que la institución del SCV quiso ser la
solución a una concreta cuestión romana: unos Estados Pontificios que militarmente se
ocuparon y una ocupación nunca aceptada por la parte despojada. Se quiso un Estado, si bien
en miniatura, que respondiera a una misma finalidad: servir de garantía a la independencia del
Primado Romano, salvando la integridad y unidad de la Península italiana.
Tan es así que, si bien creado por acuerdo bilateral entre Italia y la S. Sede, el SCV está
reconocido por todos los demás Estados. Lo fue implícitamente ya con la asistencia del cuerpo
diplomático representado ante la S. Sede en el solemne acto de la ratificación de los Acuerdos
Lateranenses, bien explícitamente como Gran Bretaña32, España, Santo Domingo...
Por ello no podemos menos de concluir que con una de las frases del Decano del Cuerpo
Diplomático ante la Santa Sede, al felicitar a Pío XI en nombre del Cuerpo diplomático.
“Nosotros consideramos que este minimum de territorio, con el que Vuestra Santidad se ha
contentado [...] con el único fin de establecer que el sello de la independencia real y visible, no
debía faltar a la majestad superior de la independencia moral de la Santa Sede, consagrada por
los siglos”33.
32
En efecto, antes de terminar 1929, la Royal Navy fue instruida para acordar saludos en ciertas circunstancias al
Papa y a sus enviados diplomáticos. En su conformidad se disponía en los Reales Reglamentos y Órdenes del
Almirantazgo de 1934 “el Papa ha de ser considerado como Soberano extranjero y ser saludado de acuerdo con el
art. 43”.
33
Pronunciadas ante Pío XI por el a la vez embajador de Brasil, Carlos Magalhaes de Azeredo, el 9 de marzo de
1929, La Documentations Catholique (15-22 juin 1929) col. 1478-1484, espec. 1481.
14
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
Anexo I
IGLESIA Y EUROPA
C.E. =. Comunidad Europea
CEEsp = Conferencia Episcopal de España, Italia, Alemania
CCEE = Consejo de Conferencias Episcopales de Europa
Comisión de los Episcopados de la Comunidad Europea
CSCE = Conferencia para la Cooperación y Seguridad en Europa
__ = ONG / FIELES
Fte.: P. Ferrari, Prof. De la Universitá Gregoriana, Roma.
SANTA
SEDE
OBSERVADOR
PERMANENTE DELEGADO
CCEE CONSEJO DE
EUROPA CSCE
COM. ECE CE
NUNCIO
E I A
15
UNISCI DISCUSSION PAPERS Enero de 2004
Anexo II
ORGANIGRAMA DEL ESTADO DE LA CIUDAD DEL VATICANO
ROMANO PONTÍFICE
Colegio Cardenalicio
-sede vacante-
CARDENAL SECRETARIO DE
ESTADO (9/10 IV 84)
16