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Espiritu

El documento aborda la importancia del perdón y la misericordia en la vida cristiana, enfatizando que aquellos que han recibido el perdón de Dios deben también perdonar a los demás. Se destaca que el perdón es un acto de obediencia y no solo de emoción, y que la misericordia es una virtud fundamental que debe guiar nuestras acciones hacia los demás. Además, se menciona la necesidad de restaurar a quienes han caído en pecado con un espíritu de mansedumbre y amor.

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El documento aborda la importancia del perdón y la misericordia en la vida cristiana, enfatizando que aquellos que han recibido el perdón de Dios deben también perdonar a los demás. Se destaca que el perdón es un acto de obediencia y no solo de emoción, y que la misericordia es una virtud fundamental que debe guiar nuestras acciones hacia los demás. Además, se menciona la necesidad de restaurar a quienes han caído en pecado con un espíritu de mansedumbre y amor.

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UN ESPIRITU DE PERDON Y MISERICORDIA

CLASE 6
Introducción. Dios por medio de su Palabra nos enseña que los que por Él hemos sido
perdonados también debemos perdonar a otros (Ef. 4:32). El perdón de pecados, solo en
Dios está la gracia de otorgarlo. Pero, el perdonarnos las ofensas hechas, Dios nos anima y
da la gracia para hacerlo. ¿Perdonar es fácil? Oh como algunos aseguran, “el tiempo nos
ayuda a perdonar y terminamos olvidando”. ¿Cómo formamos un espíritu de perdón?
¿Cuándo alguien comete una falta como actuamos con tal persona, como le restauramos?
¿Somos liberales con el pecado, o actuamos como los fariseos?

Perdonados, genuina y eternamente, perdonados

Al recibir a Cristo como Salvador, por Su sangre preciosa somos perdonados (Ef. 1:7). El
perdón que nos otorga el Señor es pleno, total y eficaz. Somos plenamente perdonados.

Su Sangre nos limpia de todo pecado. (1ª. Jn. 1:7) No solamente la cubre, sino totalmente
nos limpia llevándonos a una condición como si nunca hubiéramos cometido la falta. De
esta forma las consecuencias de culpa y remordimiento son plenamente anuladas.

Dios sepulta para siempre nuestras faltas. (Miqueas 7:19) Nos es difícil entender que Dios
literalmente sepulta nuestros pecados, para no volver a tener jamás memoria de ellos. No
serán recordados, no habrá reclamos posteriores de lo que Él misericordiosamente ha
perdonado.

Nos da una nueva forma de vida (2ª. Cor 5:17) El perdón de Dios nos otorga la oportunidad
de que “todas las cosas sean hechas nuevas” Es un volver a iniciar, la vida de pecado quedo
atrás. A partir del perdón otorgado, Dios me hace “una nueva criatura”.

El que ha experimentado el perdón, puede perdonar.

La deuda ha sido cancelada, puedes cancelar la de otros. (Mt 18:23-35) Solamente los que
hemos experimentado el perdón, podemos sentir empatía y ser movidos a otorgarlo
también. Parece ser que el personaje de la parábola citada. Creyó que solamente había
recibido “tiempo”. Cuando en realidad toda su deuda fue cancelada. ¿Usted en qué forma
ha experimentado el perdón de Dios? ¿Está usted dispuesto a perdonar, como fue
perdonado también? Oh como el hombre de la parábola, ¿ha endurecido su corazón?
Perdonamos no por emoción, sino por obediencia. ¿Conoce la expresión, no siento
perdonar a esta persona? Oh esta otra: “ahora no me pidas que te perdone, no es el tiempo
de hacerlo” En realidad debemos perdonar por obediencia (Mt 6:14-15; Ef. 4:32) Los
sentimientos o emociones, vendrán posteriormente a nuestra obediencia. Y por supuesto
nuestra sanidad del alma. No sanaremos, sino obedecemos primero.

La misericordia antecede al sacrificio (Oseas 6:6).

Dios es misericordioso en sobremanera (Sal 136) Su bondad y misericordia por los siglos
han llevado a los que le amamos a alabarlo y bendecirlo por ello. Ciertamente nuestro Señor
se duele del castigo, como un Padre de sus hijos (Joel 2:13). Más no por ello, el castigo (cuando
es necesario) sabiamente nuestro Dios lo proporciona (Ap. 3:19)

Su paciencia, con los que somos testarudos, viene por causa de su misericordia (Rom. 2:4).
Su paciencia nos lleva al arrepentimiento, Dios es “lento para la ira y grande en
misericordia” (Sal 103:8). Pero, no tengamos en poco esta gracia de Dios para con nosotros.
Pues su paciencia tiene un límite, no es infinita. Meditemos en Rom. 2:5-11.

Dios no nos ha pagado o castigado de acuerdo a nuestros pecados (Sal 103:10).


Nuevamente es una expresión de Su grande misericordia para con nosotros. Jeremías lo
expreso así: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca
decayeron sus misericordias” (Lam 3:22).

Al arrepentirnos genuinamente y pedir perdón, alcanzamos la misericordia del Señor.


(Prov. 28:13) Es una grande oportunidad que Dios por Su gracia nos otorga en Cristo.
Aceptar nuestras faltas confesándolas (no solo aceptándolas en nuestro corazón),
apartarnos de ellas (el arrepentimiento debe dar fruto), alcanzamos su misericordia.

El Señor nos enseña y anima a ser misericordiosos (Luc. 6:36)

La misericordia es una virtud del creyente (Prov. 3.3; 14:22). El Santo Espíritu de Dios que
mora en nosotros nos mueve a actuar en misericordia con:

El que padece necesidad (Ef. 4:28)

El que ha pecado contra Dios (Gal 6:1)

El que nos ha agraviado u ofendido (1ª. P 3:8; Ef. 4:32)

La misericordia te lleva a buscar la restauración del que ha caído. (Gal 6:1)

Cuando alguno de nosotros sorprende a una persona en una falta el Señor nos anima a
“Considerarnos a nosotros mismos” Pues todos estamos expuestos a caer. Por lo tanto al
llamar al arrepentimiento, o aun si fuésemos nosotros su autoridad, nos vemos en la
necesidad de disciplinarlo, todo esto debe hacerse en un espíritu de mansedumbre.
También es importante buscar y seguir un proceso de restauración que implica: El perdón
y aceptación de los que le rodeamos. (Gal 6:2-4) Nuestras oraciones para que sea
fortalecido y el maligno no le engañe. (Gal 4:19)Pasado el tiempo de su disciplina, integrarlo
nuevamente entre nosotros (2ª.Cor 2:1-10)

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