Coropuna
Coropuna
Tutores:
José Úbeda Palenque
David Palacios Estremera
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ÍNDICE
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CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN
Los glaciares son claros indicadores del cambio climático, y en las zonas tropicales esto se
acentúa debido a las condiciones de estas latitudes. Por otra parte son fuente y reserva de
agua para las comunidades de su entorno, que sufren directamente las consecuencias de su
retroceso, y un potencial agente de riesgo. El propósito de este trabajo es la reconstrucción de
las diferentes etapas glaciares en el cuadrante NW del Nevado Coropuna (Perú) para obtener
información que facilite el análisis de la evolución glaciar y los riesgos y procesos asociados a
ella.
El fin último del análisis del retroceso glaciar es el de generar información sobre los glaciares
de la zona, sus dinámicas y características para poder comprender y prever su comportamiento
para minimizar los riesgos naturales asociados a ellos, conocer valores de disponibilidad
hídrica para las poblaciones que dependen del agua de fusión glaciar y valorar la rapidez del
retroceso asociada al cambio climático.
La elección del sector noroeste del Nevado Coropuna viene dada por el interés personal en
realizar un proyecto de esta naturaleza, directamente relacionado con el mundo de la alta
montaña y sus glaciares. Al conocer la existencia de este tipo de estudios en el GFAM (en
relación con GEM) y ponerme en contacto con ellos, me transmitieron el interés que podría
tener estudiar este sector ya que existían análisis y estudios de otros sectores del mismo
complejo volcánico pero el noroeste estaba aún sin estudiar. Era por tanto la oportunidad de
realizar un proyecto sobre un tema de mi interés sobre un espacio hasta hoy no analizado, lo
que le confiere a este proyecto una plusvalía extra.
1.2 Organización
Este documento se divide en cuatro capítulos diferenciados en los que se desarrollan los
distintos aspectos del proyecto de forma organizada y jerarquizada. Este primero es una
introducción general al entorno sobre el que se va a estudiar y sus características principales.
Le sigue la metodología empleada en los diferentes pasos y procedimientos de análisis en el
capítulo dos. El capítulo tercero es una presentación de los resultados obtenidos y finalmente
se encuentra el cuarto y último capítulo en el que se discuten y valoran los resultados
derivados de los capítulos anteriores.
Los Andes recorren el occidente de América del Sur en dirección norte-sur a lo largo de 7.000
kilómetros y con una anchura que varía desde 200 a 700 kilómetros. Esta gran alineación
montañosa surgida por la subducción de la Placa de Nazca bajo la Placa Sudamericana, se
compone de numerosas cordilleras que en algunos casos alcanzan altitudes de más de 6.000
metros sobre el nivel del mar. Es en los sectores andinos peruano y boliviano donde se
conservan la mayoría de los glaciares tropicales del mundo (Kaser y Osmaston, 2002). A su
paso por Perú, el ramal más occidental (Cordillera Occidental) alberga la Cordillera Ampato, en
la que se localiza el Nevado Coropuna (figura 1.1).
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El complejo volcánico del Nevado Coropuna, de aproximadamente 1.000 km², está sustentado
por una estructura del Plioceno inferior parcialmente desmantelada, de forma troncocónica,
comprendida entre los 4.200 y los 5.000 metros de altitud. Sobre esta estructura basal, a lo
largo del Plioceno superior y el Pleistoceno, las sucesivas erupciones volcánicas han ido
superponiendo materiales hasta formar un conjunto de seis edificios coalescentes cuyas
culminaciones superan, en muchos casos, los 6.000 metros de altitud (Úbeda, 2011).
En el sector occidental del complejo volcánico se sitúan los conos de mayor altitud. Entre ellos
destaca el Coropuna Casulla que, con 6.377 msnm, es la cima de mayor altitud y origen de los
glaciares analizados a lo largo de este trabajo, quedando encuadrado en la zona sur del área
de estudio. La presencia de los volcanes de mayor entidad altitudinal en este sector del Nevado
responde a la concentración y confluencia en la parte occidental de diversas fracturas y
lineamientos de origen tectónico que, además de propiciar el ascenso de magma, lo
concentran en estos espacios de confluencia. En contraposición, los edificios del sector
oriental, que responden a los mismos procesos intrusivos del magma por fracturas, son de
menor altitud por encontrarse sobre líneas de debilidad menos potentes y con menor
concentración de las mismas
De los edificios volcánicos orientales, cabe destacar el que se encuentra en una posición más
extrema y desde el que surge la colada de lava de datación más reciente. Esta colada
pertenece al conjunto de tres coladas de lavas traquidacíticas (lavas muy viscosas) que se
sitúan en los cuadrantes NW, NE y SE, respectivamente, y que datan de época holocena
(Úbeda, 2011).
En la actualidad el área de cumbres del Coropuna está cubierta por un sistema glaciar de ∼50
km², con varias decenas de lenguas glaciares que descienden por sus laderas, de forma radial,
alcanzando cotas en torno a los 5.600 metros (figura 1.2).
Figura 1.1. Por orden numérico, 1. Ubicación general de la zona de estudio en América del Sur (sobre NASA World
Wind). 2. Localización del Nevado Coropuna en su entorno inmediato (sobre Google Earth, 2010). 3. Imagen aérea del
nevado Coropuna (NASA, 6 octubre 2010).
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Figura 1.2. Ortoimagen de la zona de estudio. NW Nevado Coropuna (GFAM-GEM 2010). Glaciares actuales y valles
de los paleoglaciares.
La disposición de las cadenas montañosas condiciona el clima de la zona, siendo muy árido en
la vertiente occidental por el efecto barrera de los Andes, que impide la circulación de masas
de aire húmedo provenientes desde el Atlántico. Las precipitaciones en la vertiente occidental,
son muy escasas, con valores anuales entre 0 y 100mm y en el entorno del Nevado Coropuna,
por encima de 4.000 metros, se sitúan entre 300 y 500 mm.
El gradiente térmico altitudinal de 0,0084 ºC/m es ligeramente superior al normal (Úbeda,
2011), desde el Pacífico hacia los Andes, debido a la escasa distancia que separa la costa de
las cumbres de la Cordillera, parándose rápidamente de condiciones climáticas costeras a
condiciones de alta montaña con desniveles de más de 6.000 metros en poco más de 100 kms.
El Nevado Coropuna (6.377msnm; 15º 33’ S, 72º 39’ W; UTM 751710 E, 8282968 S) situado a
150 km. al noroeste de Arequipa ya a 100 km. de la costa, es el volcán más alto de Perú. Es un
complejo estratovolcánico compuesto por seis conos rodeado de quebradas (valles) que
drenan el agua de fusión de los glaciares hacia el Océano Pacífico por los ríos Ocoña y Majes.
Aunque la actividad volcánica de este sector comenzó a finales del Mioceno, su estructura
actual se debe a un prolongado vulcanismo cuaternario (Venturelli et al., 1978; Weibel et al.,
1978).
En 1998 la Cordillera Ampato contaba con 93 glaciares tropicales que cubrían una superficie
total conjunta de 147 km2, con un volumen estimado de 5,1 km3. La localización de los
glaciares tropicales puede acotarse mediante tres parámetros (Kaser, 1995). 1. Trópicos
astronómicos (limitación por radiación), 2. Áreas donde la amplitud térmica diaria supera la
amplitud térmica anual (limitación térmica) y 3. La banda de oscilación de la Zona de
Convergencia Intertropical o ITCZ, por sus siglas en inglés de Inter Tropical Convergence
Zone, (limitación hídrica). Según estos criterios se pueden identificar el Nevado Coropuna
como un glaciar tropical ya que se encuentra en un espacio en el que confluyen los tres (figura
1.3).
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Figura 1.3. Delimitación de glaciares tropicales desde un punto de vista glaciológico. ΔTd: amplitud térmica diaria; ΔTa:
amplitud térmica anual. (Traducción y modificación a partir de Kaser and Osmaston, 2002).
La cordillera de los Andes se origina por la subducción de la Placa de Nazca bajo la Placa
Sudamericana. Desde los Andes del Norte hasta los Andes del Sur la cordillera se divide una y
otra vez en varios ramales que posteriormente vuelven a unirse. Lo mismo sucede en los
Andes Centrales, donde la aparición de la meseta del altiplano entre las cordilleras occidental y
oriental constituye su principal diferencia con respecto a las anteriores regiones (Úbeda, 2011).
La cordillera occidental, el altiplano y la cordillera oriental conforman una unidad estructural
denominada Oroclinal Boliviano (Isacks, 1988), en cuyo sector norte se localiza la Cordillera
Ampato (figura 1.4).
A lo largo de la costa de Colombia, Ecuador y costa norte y central de Perú y la mitad sur de la
costa de Chile, la Placa de Nazca subduce con un ángulo de entre 5º y 10º. Se caracteriza por
la falta de actividad volcánica desde finales del Mioceno hasta el Holoceno. Por el contrario, la
zona de subducción que coincide con la costa sur de Perú y la norte de Chile, subduce con una
inclinación de en torno a 30º y presenta un vulcanismo mucho más reciente, incluso activo a
día de hoy.
Las zonas volcánicas de los Andes se dividen en tres espacios en función de la latitud. La Zona
Volcánica Norte, al norte de 2º S. La Zona Volcánica Central, entre 15º y 28º S (figura 1.5), y la
Zona Volcánica Sur, al sur de 33º S (Gregory-Wodzicki, 2000). Quedan separadas por espacios
de Cordillera que no presentan actividad volcánica de relevancia.
Figura 1.4. Esquema de la subducción de la Placa de Nazca bajo la Placa Sudamericana y la presencia
de vulcanismo en la Cordillera Occidental andina. Perfil W-E. (Stern, 2004).
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FIgura 1.5. Zona Volcánica Central de los Andes, donde se localiza el N. Coropuna (Úbeda, 2011).
El altiplano andino es una superficie constituida por superficies suavemente onduladas entre
3.800 y 4.500 metros que surge como resultado de los procesos erosivos que han actuado
sobre este espacio en los episodios de calma volcánica. Las únicas irregularidades que
salpican esta meseta son los edificios volcánicos que afloran en los puntos de menor presión
por los que aflora el magma. La presencia de esta planicie a gran altitud ha condicionado el
comportamiento y extensión de los glaciares (Úbeda, 2011).
La altitud de la cordillera, a causa del proceso de subducción, hace que los volcanes alcancen
cotas superiores a los 5.000 metros, lo que facilita la persistencia de masas de hielo,
favorecidas por la baja temperatura. Si estos volcanes se sitúan sobre el altiplano, los glaciares
que los cubren en lugar de mantener su trayectoria descendente, altitudinalmente, en pocos
kilómetros comenzarán a ocupar los espacios de escasa pendiente que circundan los edificios
volcánicos formando grandes campos de hielo. Los aparatos glaciares que descienden con
gran poder erosivo a lo largo de las escarpadas pendientes volcánicas horadan profundos
valles (quebradas) al encontrarse con las superficies llanas del altiplano al pie de los conos.
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1.5 Climatología
Existe una fuerte disimetría termopluviométrica entre las dos vertientes de los Andes centrales.
La pacífica, más seca y templada, y la amazónica, más cálida y húmeda. Esto se debe
principalmente a tres fenómenos: 1. La Corriente de Humboldt, que transporta masas de agua
muy fría desde regiones antárticas y condiciona la temperatura de la costa occidental
sudamericana suavizando las altas temperaturas tropicales. 2. Favorecidas por las masas frías
antes mencionadas, las altas presiones permanentes del Pacífico suroriental, que generan
situaciones anticiclónicas que propician la no precipitación y 3. El efecto barrera de la propia
cordillera de los Andes, que genera una sombra pluviométrica en la vertiente pacífica al frenar
la entrada de masas de aire húmedo desde el interior del continente. Estos tres principales
factores se ven matizados por los regímenes anuales de la Zona de Convergencia Intertropical,
que genera una mayor presencia de bajas presiones entre noviembre y abril (Herreros et al.,
2009) (figura 1.6), y en ocasiones por el fenómeno de El niño, que produce una inversión en las
temperaturas de las aguas del Pacífico.
El entorno del Nevado Coropuna sufre las consecuencias de los condicionantes climáticos
andinos con un mayor peso de las condiciones de aridez de la vertiente pacífica por
encontrarse en uno de los ramales occidentales. Estas condiciones de escasez de humedad y
bajas temperaturas debidas a la gran altitud, hacen que la presencia de vegetación en las
zonas de dominio glaciar y periglaciar sea nula, teniendo que descender hasta los 4.500 metros
aproximadamente para encontrar los primeros ejemplares vegetales de los géneros Stipa y
Azorella (Úbeda, 2011).
Figura 1.6. Distribución anual de la precipitación en cuatro estaciones que circundan el Nevado Coropuna. Salamanca
(20 km al O), Andagua (30 km al E), Orcopampa (42 km. al NE) y Arma (15 km al NO) (Herreros et al., 2009).
Existen diversos estudios en diferentes zonas de los andes peruanos centrados en el estudio y
comprensión del retroceso glaciar y su cronología, sobre todo con objetivos relacionados con el
cambio climático (Giráldez, 2011). Sin embargo, la datación precisa y completa de los
diferentes ciclos de avance y retroceso de los glaciares tropicales de Perú es muy compleja.
Esto se debe a las limitaciones de aplicación de las dataciones por radiocarbono (14C) por la
escasez de materiales y elementos analizables en áreas por encima de 4.000 msnm (Smith et
al., 2005).
Del conjunto de trabajos de esta naturaleza se pueden extraer cuatro fases glaciares
principales presentes en este sector de los andes peruanos: Último Máximo Glaciar (Last
Glaciar Maximum o LGM), Younger Dryas (YD), Pequeña Edad del Hielo (Little Ice Age o LIA) y
fluctuaciones glaciares modernas (Girádlez, 2011).
Existen diferentes métodos de dataciones absolutas más o menos precisos, pero el objetivo de
este trabajo no se centra en ello y solo se presentará algunos datos y cifras de forma breve.
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al. 2009). En el Lago Junín (4.082 msnm) análisis sedimentológicos de variaciones
paleobióticas e isotópicas evidencian que el LGM en este sector de los andes peruanos tuvo
lugar en 30-22.5 ka., seguido de un retroceso glaciar en 22-21 ka. y un pequeño reavance en
21-16 ka., todos ellos en condiciones climáticas de gran humedad. Fueron seguidos de un
rápido retroceso en 16 ka., que respondió a una progresiva desecación del clima. Los
retrocesos se corresponden de manera clara con aumentos de la temperatura y cambios en el
régimen de humedad (Seltzer et al., 2000 y Seltzer et al., 2002). Existen otros trabajos que
datan el LGM próximo a 30 ka. mediante registros isotópicos en depósitos morrénicos (Farber
et al., 2005) y modelos con dataciones en la zona norte de Bolivia, que sitúan el LGM en torno
a 24 ka (Zech et al., 2007).
El Younger Dryas (YD), breve fase (de poco más de 1.000 años de duración) de enfriamiento
climático a finales del Pleistoceno (∼12 ka.) es básicamente un intervalo climático y temporal de
rápido retroceso glaciar en los andes peruanos y de escasas pulsaciones de avance. Los
análisis de radicarbono en las zonas del límite de avance glaciar del YD en la Cordillera Blanca
(estimaciones de 12.4-12.5 ka) así lo indican. Estos dos sectores son espacios en los que las
evidencias del YD son muy claras (Rodbell and Saltzer, 2000; Rodbell et al., 2009), siéndolo
bastante menos en la zona andina sur de Perú.
Durante el periodo aproximado comprendido entre los siglos XIV y XIX, la denominada
Pequeña Edad del Hielo (LIA), el descenso generalizado de las temperaturas y un mayor índice
de acumulación dio origen a diversos avances glaciares de forma simultánea en todo el globo.
Las morrenas de estas edades muestran varios episodios de avance y retroceso glaciar, los
mayores del Holoceno. Los datos obtenidos en la Cordillera Vilcabamba y la Cordillera Blanca
reflejan que la variación de los máximos en estos dos espacios varía ∼180 años. Esta variación
puede ser debida a poca exactitud cronológica derivada de los análisis liquenométricos y de
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Be o ser resultado de una diferencia real en la manifestación diferencial del crecimiento de las
masas glaciares en la Pequeña Edad del Hielo (Licciardi et al., 2009). A partir de LIA, los
glaciares tropicales andinos experimentan un continuo retroceso debido a las temperaturas,
que se mantienen en constante aumento.
Las fluctuaciones modernas sufridas por los glaciares tropicales son escasas. Básicamente es
un retroceso constante que se ve acelerado con el paso de las décadas. Los pequeños
avances experimentados en las décadas de los años 20 y 70 del Siglo XX debido a condiciones
de aumento de la precipitación quedan enmascarados dentro del retroceso generalizado que
se experimenta a lo largo de ese mismo siglo, encadenando décadas de retroceso (Kaser,
1999).
En los Andes, el riesgo asociado a los glaciares se eleva al encontrarse en muchos casos
sobre edificios volcánicos. La acción conjunta de fenómenos de una y otra naturaleza, la fuerte
pendiente y la presencia de lagos, de origen glaciar sobre materiales poco consolidados o
depósitos morrénicos, potencia la peligrosidad en el entorno de los nevados y en un área que
puede alcanzar varia decenas de kilómetros.
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fenómenos de fusión de gran magnitud. En caso de que las masas de agua de fusión glaciar se
movilicen de forma masiva y veloz ladera abajo dará lugar a un lahar. Los lahares se vuelven
especialmente peligrosos por su velocidad (pudiendo alcanzar más de 100 km/h) y la energía
que poseen, que hace que el agua en su avance arrastre y se mezcle con diversos materiales,
formando avenidas de lodo, y transporte grandes bloques rocosos. Otras causas de lahares
son la ruptura o desborde de un lago glaciar (retenidos en muchos casos por depósitos
morrénicos poco consolidados que al destruirse facilitan la movilización del agua retenida tras
ellos), por fuertes episodios de lluvias (en estos casos no estaría ligado al vulcanismo) o por la
erupción de un volcán que contuviera un lago en el cráter y expulsara el agua junto con el
material eruptivo (USGS, 2000).
En el Nevado Coropuna existen todos los factores para tratarse de una zona de riesgo
asociado a glaciares y vulcanismo. La masa de hielo cubre un edificio volcánico de seis conos
y existen tres coladas de lava de época holocena que atestiguan la actividad de los volcanes
subyacentes. La presencia de restos laháricos en sectores circundantes es un ejemplo de la
existencia de estos fenómenos en el Coropuna.
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CAPÍTULO 2. METODOLOGÍA
2.1 Materiales
La alta resolución de las imágenes de Google Earth en la zona de estudio lo convierte en una
herramienta de gran utilidad para la identificación de formaciones. La delimitación de las
morrenas o la identificación de elementos de tracción en el hielo glaciar se consiguen hacer de
forma mucho más precisa y rápida que si se empleara únicamente las imágenes aéreas
“tradicionales”. También su versatilidad y velocidad a la hora de visualizar el relieve en 3D
(siendo consciente de la simplificación que tienen sus modelos de elevación) hace que sea
apropiado para hacerse una idea del entorno de trabajo y la visualización de los valles de los
paleoglaciares.
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Todos los materiales empleados (salvo los pares de fotografías estereoscópicas y la hoja
Excel) finalmente se implementan de forma conjunta, según corresponda, en ArcGIS para su
manipulación y análisis.
Figura 2.1. 1. Imágenes del Nevado Coropuna empleadas en el proyecto. 1. año 1955 (fotografía aérea); 2. año 1986
(f. aérea); 3. año 2007 (imagen ASTER); 4. año 2010 (ortofoto).
Figura 2.2. Pares de imágenes estereoscópicas empleadas en la delimitación de los glaciares. A la izquierda las
correspondientes a 1986 y a la derecha las de 1955. Los trazados generados sobre acetatos se han mantenido y se
muestran en la primera fotografía de cada par.
Las morrenas que se pretende digitalizar son las del LGM, postLGM y LIA. Para ello Google
Eath se muestra como la herramienta idónea por la alta resolución de sus imágenes en el área
de estudio, la versatilidad y la velocidad de desplazamiento que permite un análisis muy
preciso de los depósitos morrénicos. De esta manera se consigue una cartografía de precisión
en un tiempo menor que sobre otro software.
Tras un estudio previo de los valles que bordean las morrenas, con la herramienta “Ruta” (es la
nomenclatura de Google Earth para denominar a las líneas trazadas por el usuario) se pueden
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digitalizar directamente sobre las imágenes visualizadas, a escalas de detalle, muy precisas.
Se generan tres conjuntos de “rutas”, uno para cada periodo (LGM, postLGM y LIA).
Con las morrenas identificadas, se exportan los conjuntos de líneas como archivos en formato
KML o KMZ (formatos nativos de Google Earth). El problema surge por la necesidad de pasar
estos trazos a ArcGIS, puesto que el software de ESRI no reconoce los archivos de Google
Earth. Para ello existen varios métodos. En este caso se ha empleado una herramienta online
que transforma los archivos KML/KMZ a SHP.
Figura 2.3. Visualización del conversor online de archivos KML/KMZ a SHP de Zonum Solutions.
En ArcGIS ya se puede manipular y operar con la capa SHP con normalidad, pudiendo
aplicarle todas las operaciones disponibles para una capa de líneas o polilíneas de ArcGIS. En
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la tabla de atributos se generan una serie de campos automáticos numéricos y uno con el
nombre que se le dieron a cada una de las rutas (líneas) al digitalizar en Google Earth.
De esta manera se consigue la conversión entre formatos en un solo paso, sin necesidad de
programas auxiliares y de forma muy rápida y precisa.
Este es uno de los puntos más críticos del trabajo ya que de su correcta realización dependerá
la veracidad y fiabilidad de muchos de los resultados. La dificultad se plantea a la hora de
individualizar cada flujo de hielo, determinando su origen y recorrido a lo largo del descenso por
la ladera del cono volcánico. Desde la cima del Nevado Coropuna que se estudia (Coropuna
Casulla) descienden varias lenguas glaciares pero en la cima y en la hombrera oriental, todas
confluyen, es decir, tienen su origen. Y puesto que en esos espacios la cubierta de hielo es
muy homogénea es difícil determina hacia donde fluye exactamente cada glaciar y por dónde.
En este caso, para individualizar y delimitar los glaciares se ha seguido un proceso en el que
se han empleado distintos materiales. Una vez recopilados y generados todos ellos (se irán
exponiendo de forma ordenada a continuación) se han ido implementando en ArcGIS para la
división. El procedimiento se ha iniciado con los glaciares más actuales, del año 2010, y
posteriormente se han ido ampliando con la información de las sucesivas fechas analizadas,
2007, 1986 y 1955.
Para la reconstrucción de los paleoglaciares de LIA y de LGM se ha empleado un método
diferente basado en los glaciares de las cuatro fechas más recientes y en las morrenas de cada
una de las épocas.
Para tener una primera aproximación a la delimitación de los glaciares del siglo XX, en las
fechas estudiadas, se ha realizado una individualización previa sobre acetatos, con el apoyo de
las fotografías estereoscópicas, de los años 1955 y 1986, y un análisis visual de las fotografías
aéreas de 2007 y 2010. De esta forma se pueden observar correspondencias entre las mismas
lenguas en distintas fechas y facilitar la delimitación.
Para empezar, se ha realizado un análisis visual de la zona glaciada en esta fecha en Google
Earth. La imagen de este software correspondiente a la zona de estudio es de 2010 y presenta
muy poca cobertura nival, por lo que se ve con bastante claridad el límite del hielo. De igual
manera, se analiza la fotografía aérea de 2010, que aporta información similar a la de Google
Earth, pero con ausencia total de nieve. Con estas dos fuentes, se puede delimitar con facilidad
el límite inferior de los glaciares y hacer una primera deducción del número de lenguas
glaciares que se tienen en el entorno estudiado.
Para conocer el origen de cada glaciar y su recorrido se emplean la topografía, las fracturas del
hielo y fotografías de campo. La topografía permite un análisis de la dirección que tomaría cada
glaciar en función de la gravedad. Al conocer el relieve se puede comprender en qué dirección
fluye una masa con un comportamiento como el del hielo. A partir de las hojas del Mapa
Topográfico 1:50.000 y 1:100.000 del IGN de Perú, se ha confeccionado en Photoshop una
imagen mosaico que cubre toda la zona de estudio. Esta imagen se ha exportado a ArcGIS,
donde se ha georreferenciado y se ha empleado como base para generar una topografía de la
zona concreta de los glaciares de 2010 con curvas de nivel cada 25 metros, de manera que se
obtiene una mayor precisión del relieve.
Las fracturas de los glaciares pueden ser de tres tipos: rimayas, crevasses o seracs. En este
análisis se han tratado todas por igual ya que en última instancia todas dependen y se generan
por el desplazamiento del glaciar y pueden aportar información sobre la dirección de flujo. Se
han cartografiado en ArcGIS a partir de la imagen aérea de 2010 y la georreferenciación
precisa de una imagen de Google Earth corregida en Photoshop para realzar la visualización
de estas grietas en el hielo.
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La capa de topografía y la de fracturas del hielo glaciar se superponen a las imágenes aéreas y
gracias a la información que aporta cada una de ellas se pueden delimitar los glaciares del
2010 (figura 2.4).
Finalmente se emplean las fotografías de campo como apoyo, ya que permiten ver desde otro
punto de vista (mucho más preciso en algunos casos) las lenguas glaciares con sus fracturas,
confluencias y difluencias y pendientes (figura 2.5). Se aplican filtros y modificaciones del brillo,
contraste, color o exposición sobre éstas para resaltar, en cada caso, los elementos a
visualizar. Son estas fotografías las que favorecen en última instancia la correcta delimitación.
Figura 2.4. Proceso de generación de información para delimitar los glaciares de 2010 en ArcGIS. De izquierda a
derecha, georreferenciación del Mapa Topográfico “mosaicado” y edición de las curvas de nivel (25m),
georreferenciación de la imagen aérea de Google Earth manipulada para mejorar la visualización y cartografiado de las
grietas en el hielo.
Figura 2.5. Sector del Nevado Coropuna correspondiente a la zona de estudio. Fotografía estival con ausencia de
nieve en la que se pueden identificar las distintas fracturas de tracción del hielo en las distintas lenguas glaciares, que
aparecen perfectamente definidas en su cota menor.
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2.3.2 Delimitación de los paleoglaciares LIA y LGM
Al igual que con los anteriores glaciares, se ha realizado un análisis visual en Google Earth
para tener una primera aproximación a las dimensiones, localización y características de los
valles que ocuparon los paleoglaciares.
Partiendo del conocimiento de los glaciares de fechas actuales y sus delimitaciones, se han
agrupado éstos en función del valle, o quebrada, en el que se canalizarían en el pasado. La
información que facilitan los glaciares más actuales junto con las morrenas delimitadas
anteriormente (sobre Google Earth y convertidas de KMZ a SHP) y la topografía, hacen que la
reconstrucción de los paleoglaciares sea relativamente sencilla y rápida.
En el caso de LIA (Little Ice Age o Pequeña Edad del Hielo) los paleoglaciares delimitados son,
en la mayoría de los casos, un recrecimiento de los anteriores. La continuidad que presentan
los depósitos morrénicos de esta época hace posible una reconstrucción muy precisa hasta el
límite de máximo avance.
Los fenómenos de difluencia se han omitido, ya que para el objetivo del trabajo no supone una
diferencia significativa. Esta situación se observa de forma más clara en los glaciares más
orientales que al estár menos condicionados en su descenso por una topografía que los
encauza, pudieron expandirse y aumentar el frente glaciar en su avance.
Al igual que en los glaciares LIA, los LGM (Last Glaciar Maximum o Último Máximo Glaciar) se
han reconstruido y delimitado a partir de las morrenas anteriormente analizadas y trazadas, la
topografía y las masas de hielo previas.
En este caso, al tratarse de un salto temporal más grande respecto a la progresión entre las
fechas anteriores, los glaciares se han agrupado de forma que sólo existiera un paleoglaciar
para cada quebrada, quedando éstas ocupadas desde su inicio en las partes más bajas del
norte hasta la cima del Coropuna Casulla por un solo aparato glaciar. Esta simplificación se
justifica por la magnitud de los fenómenos glaciares de la época, que diluye todo rastro de las
individualizaciones que pudieran hacerse dentro de cada uno de los paleoglaciares, ya que
carecen de interés analítico.
La complejidad de la delimitación de esta fecha ha surgido en los espacios que existen entre
los paleoglaciares LIA y las morrenas terminales y laterales que delimitan el frente de avance
del LGM. En estos casos ha resultado fundamental la topografía y el análisis visual, tanto en
plano como en tres dimensiones. De esta forma, los paleoglaciares LGM de Quebrada
Torconi, Quebrada intermedia Torconi-Chaqui-Ullullo y Quebrada Chaqui-Ullullo, quedan
definidos desde la cabecera.
Existe una cuarta quebrada en el ámbito de estudio. Es la situada entre Quebrada Torconi y la
denominada Quebrada intermedia Torconi-Chaqui-Ullullo. No se ha analizado ni reconstruido
su paleoglaciar por tratarse de una difluencia confusa que surge a su vez en el punto de
difluencia de los dos paleoglaciares de las quebradas que la flanquean. Su posible origen al
superar el segundo de los glaciares mencionados un umbral rocoso o su posible generación
como “desborde” de ese mismo paleoglaciar por su lateral occidental no se ha podido aclarar,
por lo que se ha optado por no incluirlo en este análisis.
Con los glaciares ya delimitados, para calcular las ELAs AABR es necesario tener divididas
todas las lenguas, de forma individual, en intervalos altitudinales en función de las curvas de
nivel y para cada uno de estos intervalos, su altitud media (Z media).
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En ArcGIS, mediante la herramienta Split Polygons de la barra de herramientas Topology, se
intersecan los polígonos de los glaciares con las líneas de la topografía (curvas de nivel). El
uso de esta herramienta y no otra se justifica porque de esta manera se pueden delimitar estas
bandas de forma simultánea para todos los polígonos de una capa, siendo la forma más rápida
y eficaz de realizar la operación (Ver apartado 2.6.2 para uso detallado de Split Polygons). De
esta manera se consigue fraccionar los polígonos en función de las líneas, obteniendo para
cada glaciar una serie de fragmentos en función de la altitud. A cada uno de estos nuevos
polígonos generados hay que actualizarle la tabla de atributos (figura 2.6). Es necesario
generar los campos de área, límite altitudinal superior en inferior del intervalo y altitud media
del intervalo. El porqué de estos tres campos es su necesaria implementación en el modelo de
cálculo de la ELA AABR.
Figura 2.6. Captura de pantalla de la edición de los campos de la tabla de atributos de las bandas altitudinales de los
glaciares de 2010.
Para determinar la altitud de los límites inferiores y superiores de los glaciares (que no
coinciden con una curva de nivel) se ha realizado una estimación. Con la herramienta Identify
sobre el MDT, se seleccionaron puntos (altitudes) de varios de los límites irregulares de las
masas de hielo, se obtuvo la media de dichos puntos y se redondeó a la decena más próxima
para evitar lo máximo posible la aparición de decimales en los datos de altitud media del
intervalo.
El cálculo de ELAs por el método AABR (siglas en inglés de Area x Altitude Balance Ratio) es
una variante del método AA que otorga un mayor rigor estadístico a la delimitación de ese
nivel. De esta manera el valor obtenido ofrece mayores garantías de exactitud que en otros
casos que interviene con mayor peso un factor subjetivo, interpretativo (Osmaston, 2005).
Los resultados de este método de cálculo de ELAs se ensayaron originalmente en glaciares
actuales y paloglaciares del macizo de Rwenzori, Uganda y en el Kilimanjaro, Tanzania (Kaser
y Osmaston, 2002). Otros autores aplicaron métodos muy similares con el parámetro Balance
Ratio (que relaciona la variación altitudinal de las zonas de acumulación y ablación a lo largo
del perfil longitudinal del glaciar, como se verá en el Capítulo III) para ponderar los valores del
nivel de la ELA en glaciares actuales de Alaska. Los resultados se compararon, para
comprobar la exactitud del método, con observaciones glaciológicas de campo que habían
generado cálculos de ELAs precisos (Benn y Gemmell, 1997).
Se han publicado en los últimos años análisis de cálculo de ELAs en los McMurdo Dry Valleys
de la Antártida para glaciares y paleoglaciares empleando valores de Balance Ratio (Krusic et
18
al., 2009), que al compararse con resultados de ELAs glaciológicas basadas en observaciones
del balance de masa, validan la precisión del método.
Para el cálculo de las ELAs de la zona de estudio se ha empleado la hoja de Excel programada
publicada por Osmaston (2005), junto con las especificaciones precisas de uso.
El proceso requiere que sean delimitadas las bandas altitudinales de los glaciares y la
superficie de cada uno de estos intervalos. En un paso inicial, las ELAs son calculadas
empleando el método AA (Area x Altitude). La estimación de la ELA por este método se realiza
mediante la siguiente ecuación:
ELA = ΣZ·A / ΣA
Donde “ΣZ·A” es el sumatorio del producto de la altitud media de cada intervalo altitudinal por
su área y “ΣA” es el sumatorio de las áreas de las bandas altitudinales.
A continuación, empleando los distintos valores de BR (Balance Ratio), en la hoja Excel se
calcula el balance de masa para todo el glaciar y devuelve el valor de la altitud donde el
balance de masa es cero, es decir, la ELA. Los valores de BR empleados son los propuestos
por Osmaston (1.0, 1.5, 2.0, 2.5 y 3.0). La ELA, según otros autores, depende de los valores de
BR empleados, pero la implementación de criterios estadísticos (desviación típica) elimina el
factor de subjetividad que podría existir si no se empleara el valor BR o si se empleara un solo
valor.
La hoja de cálculo Excel programada para el método AABR está adaptada para integrar todos
los parámetros del método y terminar ofreciendo la estimación de la ELA para los distintos
valores de BR. Posteriormente se pasan a otra hoja Excel programada en la que todos los
valores de ELA de los distintos glaciares de la zona de estudio son sometidos al proceso
estadístico que otorga la el valor de la ELA más probable para toda la zona de estudio.
3. Parámetros de intervalos altitudinales (C), media del intervalo (D) y superficie de cada
intervalo (E). Son los principales parámetros que debe introducir el usuario en la hoja
de cálculo para la realización del cálculo de la ELA. Se deben haber generado
previamente en ArcGIS.
4. Indicador de ubicación en la hoja del valor ELA AA (C). Valor de la ELA AA (F). Valor
altitudinal de referencia para el cálculo de la ELA AABR en función de la equidistancia
de las curvas de nivel. Debe ser la curva inmediatamente inferior al valor de ELA AA
(H).
5. Valor de Balance Ratio (BR). Este valor se va modificando por el usuario para obtener
los distintos valores de la ELA en función de los distintos valores de BR (G). Indicador
de funcionamiento correcto o incorrecto de la hoja de cálculo con los valores
introducidos (H).
6. Valor de la ELA AABR (M). Celdas donde se copian los distintos valores de la ELA
AABR, en función de BR, para realizar posteriormente la significación estadística (C).
7. Subtabla con los distintos valores de la ELA AABR, en función de BR, para
implementar en la siguiente hoja de cálculo y obtener el valor de la ELA para el
conjunto de glaciares analizado de forma que sea más preciso estadísticamente.
19
Figura 2.7. Visualización de la primera hoja Excel programada (Osmaston, 2005) para el cálculo de ELAs por el
método AABR para el año 2010.
20
Desde la columna I, de la primera hoja Excel programada, existen otros campos que realizan
cálculos detallados de ELA para cada intervalo altitudinal. Para este trabajo esos valores no
son relevantes, por lo que no se han empleado.
La segunda hoja Excel programada es la que se ha empleado para recoger todos los valores
derivados de la hoja Excel previa y procesarlos, con el objetivo de dar rigor estadístico a la ELA
seleccionada. De esta manera se minimiza la subjetividad a la hora de establecer la altitud de
la ELA por el método AABR.
Su funcionamiento es mucho más simple que en la hoja anterior. Se modifica en función de los
glaciares que se analicen, al igual que en la hoja previa se modificaba el número de filas para
que se adecuara al número de intervalos altitudinales de cada glaciar a analizar.
Los principales elementos que intervienen en su funcionamiento se recogen a continuación:
2. Se dividen los datos en función de las quebradas. Dentro de cada quebrada se recogen
los valores de la ELA, en función de BR, para cada glaciar. Estos valores son recogidos
de la hoja anterior, coinciden con los valores del apartado 7.
3. Resumen estadístico del conjunto de la zona estudiada para una fecha. El promedio
indica el valor medio de la ELA para cada valor de BR y la desviación típica indica qué
valor de promedio es el más preciso, estadísticamente.
4. Se selecciona el valor de ELA asociado a la menor desviación típica como el valor más
preciso para el conjunto de glaciares analizado. Esto es debido a que una menor
desviación típica reduce las diferencias sufridas en el valor altitudinal derivadas de
distorsiones particulares de los glaciares (Osmaston, 2005).
Figura 2.8. Visualización de la segunda hoja Excel programada (Osmaston, 2005) para el cálculo de ELAs por el
método AABR para el año 2010.
21
2.5.2 Cálculo de paleoELAs AABR LIA y LGM
El cálculo de paleoELAs AABR sigue un desarrollo igual al de las ELAs de fechas recientes. Se
opera con los distintos valores de Balance Ratio (BR) sobre los intervalos altitudinales y el área
de cada uno de éstos. Las dos hojas Excel programadas propuestas por Osmaston (2005) son
igualmente empleadas en este apartado y su funcionamiento y representatividad estadística se
ajustan a los resultados precisos que se busca obtener.
Para la edición de las nuevas curvas de nivel del área de estudio se ha modificado la topografía
previa, en lugar de generar la nueva desde cero (figura 2.9). Los pasos para este proceso han
sido: 1. Delimitar los paleoglaciares de cada periodo estudiado en función de la topografía y las
morrenas; 2. Emplear los polígonos resultantes del paso 1 como elementos de borrado de la
herramienta “Erase” sobre la capa de topografía original; 3. Reconstruir las curvas de nivel en
los espacios en blanco que ocupaban los paleoglaciares.
Ha habido que tener en cuanta que a medida que la pendiente disminuye por la ladera de
estratovolcán subyacente, las curvas de nivel debían estar más separadas e irse curvando
ligeramente hacia el frente de avance debido a la forma cóncava de la superficie del glaciar.
Que esta curvatura esté más o menos pronunciada se debe a la profundidad del valle que
ocupaba el paleoglaciar, ya que cuanto más profundo sea, mayor es el volumen de hielo que
albergaba.
22
La variación que experimenta la topografía, si se compara la actual con la reconstruida en los
Modelos Digitales del Terreno (MDTs) de cada fecha, es evidente. Se refleja la ocupación de
los valles y cómo su topografía alcanza los valores altitudinales que se presupone que
alcanzaron las cotas superiores de las lenguas glaciares.
Figura 2.10. A la izquierda el MDT generado a partir de las curvas de nivel originales de 1955. A la derecha el MDT
reconstruido para LGM. Se aprecia como el relieve de las cabeceras queda difuminado por estar cubierto de hielo y
cómo los valles se “rellenan”.
La ELA estimada para cada fecha, que responde a la menor desviación típica de los resultados
de los distintos valores de BR para el conjunto de glaciares de la zona de estudio, es el valor
altitudinal estadísticamente más probable, ya que un conjunto homogéneo de glaciares tiende a
reaccionar de forma similar ante las variaciones climáticas que experimenta su entorno. Es por
ello que las ELAs de los distintos glaciares suelen ser muy similares, experimentando
únicamente pequeñas variaciones en función de factores locales individuales (topografía o
pendiente, principalmente). Es por esto que la desviación típica ofrece una mayor exactitud que
otros procesos estadísticos como la media (Osmaston, 2005).
En ArcGIS es posible representar de forma precisa el valor de la ELA obtenido en las hojas
Excel programadas. De esta manera se puede tener una representación gráfica que facilita el
análisis y la interpretación. Además, al generarse una capa SHP en ArcGIS, se establece la
posibilidad de operar con la ELA y generar una serie de informaciones complementaria
derivadas directamente de este valor.
Para representar la ELA en el SIG de Esri hay que generar un MDT (Modelo Digital del
Terreno) a partir de las curvas de nivel. Los pasos a seguir en todo este proceso se suceden de
la siguiente manera: 1. Generar un TIN a partir del SHP de curvas de nivel con la herramienta
“Create TIN” del módulo “3D Analyst Tools”; 2. Convertir el TIN a MDT, de cellsize 1 (en este
caso), con “TIN to Raster”, del mismo módulo de herramientas; 3. Individualizar la cota de la
ELA con “Contour list” del conjunto de herramientas “Spatial Analyst Tools”; 4. Recortar con
“Clip” la línea altitudinal del valor de la ELA en función de los glaciares de la fecha
correspondiente.
23
Se ha realizado este proceso para las seis fechas analizadas, obteniendo la representación de
otras tantas ELAs. De esta manera ya se pueden realizar operaciones de geoprocesamiento
entre la ELA y los glaciares.
El valor de la ELA responde a la zona límite entre acumulación y ablación glaciar. Por ello es
necesario emplear este valor como elemento delimitador entre las dos zonas.
Las operaciones para la división de estos dos espacios en los glaciares de la zona de estudio
se puede hacer de forma rápida y precisa, facilitando posteriormente la medición de la
superficie de cada una de las zonas para su estudio: 1. Duplicar la capa de glaciares; 2. Iniciar
sesión de edición sobre la capa de glaciares recién copiada y abrir la barra de herramientas de
“Topology”; 3. Seleccionar la línea de la ELA y ejecutar la herramienta “Split Polygons” de
“Topology”.
Una vez realizada la división, se ha recalculado la superficie de cada una de las dos nuevas
áreas generadas en cada glaciar. Esto se ha realizado para los glaciares de las seis fechas
estudiadas.
24
CAPÍTULO 3. RESULTADOS
Conocer las dinámicas y el comportamiento de los glaciares del Nevado Coropuna es de gran
interés para poder establecer hipótesis sobre la desaparición o persistencia de las masas de
hielo o para poder establecer la magnitud potencial de fenómenos de riesgo para las
poblaciones de las inmediaciones del conjunto volcánico.
En este tercer capítulo se presentan los resultados derivados del análisis y tratamiento de los
valores de las variables estudiadas a través de los procesos descritos en los capítulos
anteriores.
En el cuadrante NW (área de estudio) se han podido identificar dos fases o épocas glaciares
muy diferenciadas, las correspondientes al LGM (Last Glacial Maximum) y las LIA (Little Ice
Age), y un conjunto de arcos morrénicos sucesivos correspondientes a distintas pulsaciones
producidas entre los dos periodos anteriores, las denominadas postLGM (figura 3.1). En este
grupo de morrenas no se ha hecho distinción en cuanto a la cronología, puesto que están muy
diseminadas y presentan poca continuidad en muchos casos, impidiendo la reconstrucción
precisa de los glaciares.
Las morrenas LGM, son las que se encuentran en una posición más distal respecto a la
cabecera. Son morrenas laterales de grandes dimensiones, desmanteladas en la parte frontal,
la que correspondería con la morrena terminal, y que constituyen el límite de los valles
ocupados por los paleoglaciares. La necesidad de drenar el agua de fusión, sobre todo, y la
escasa precipitación de estos valles es la causa principal de la desaparición de las morrenas
que enlazarían las dos morrenas laterales del paleoglaciar. Se extienden entre cotas de 5.100 y
4.650 metros. En cotas superiores han sido erosionadas por los distintos avances y retrocesos
de la masa glaciar, haciendo imposible ver su continuidad con claridad.
Las posteriores pulsaciones son las responsables de las morrenas postLGM. Estas morrenas
marcan el retroceso paulatino, aunque en última instancia responden a episodios de avance, a
lo largo de miles de años y permiten entrever, en algunos casos, la configuración
geomorfológica que adoptaron las lenguas glaciares en esas etapas intermedias. Existen arcos
morrénicos paralelos a las morrenas LGM, lo que indica un retroceso gradual, homogéneo de
toda la masa glaciar, en otros casos se aprecian fenómenos de difluencia debidos a factores
que determinaron distintos ritmos de fusión o posiciones más periféricas que dan idea de las
dimensiones de las paleolenguas. En el caso de la Quebrada Chaqui-Ullullo, en la zona más
septentrional, se puede observar como una de estas morrenas ha favorecido la persistencia de
una laguna de origen glaciar en una cubeta de sobreexcavación.
El tercer gran grupo de morrenas cartografiadas ha sido el de las morrenas LIA. Estas
formaciones son fácilmente identificables en la fotografía aérea por la alineación clara de
bloques de gran tamaño. Son el último gran conjunto de morrenas, correspondiente a la última
pulsación glaciar de entidad. Debido a su proximidad en el tiempo se conservan en gran
medida y su continuidad espacial hace más sencilla su cartografía. La persistencia tanto de
morrenas laterales como terminales permite una reconstrucción de los paleoglaciares muy
precisa. Se localizan en cotas que se sitúan a escasa distancia de los frentes glaciares
actuales, estando en localizaciones puntuales a poco más de 100 metros. Pueden identificarse
entre cotas de 5.800 y 5.400 metros.
25
Figura 3.1. Cartografía de las morrenas de la zona de estudio sobre ortofoto (GFAM-GEM 2010) de noviembre de
2010.
La delimitación de los glaciares se ha realizado para seis fechas diferentes (2010, 2007, 1986,
1955, LIA y LGM). De esta manera se ha tenido una primera aproximación al análisis de
retroceso glaciar de forma visual muy clara. La precisión en esta delimitación permite
cuantificar la superficie cubierta por hielo en cada época. Hay que tener en cuenta el pequeño
error que se obtiene en la medición de superficies tridimensionales sobre un plano. En este
caso se ha considerado despreciable por su escasa variación sobre el resultado final a la
escala manejada.
26
Figura 3.2. Delimitación de los glaciares de 2010 sobre ortofoto (GFAM-GEM 2010) de noviembre de 2010.
Figura 3.3. Delimitación de los glaciares de 2007 sobre ortofoto (GFAM-GEM 2010) de noviembre de 2010.
27
Figura 3.4. Delimitación de los glaciares de 1986 sobre ortofoto (GFAM-GEM 2010) de noviembre de 2010.
Figura 3.5. Delimitación de los glaciares de 1955 sobre ortofoto (GFAM-GEM 2010) de noviembre de 2010.
28
Figura 3.6. Delimitación de los glaciares LIA y LGM en base a las morrenas correspondientes a cada época, sobre
ortofoto (GFAM-GEM 2010) de noviembre de 2010.
29
La delimitación de los glaciares en ArcGIS permite cuantificar la superficie de cada uno de ellos
y del conjunto para cada fecha analizada. En la siguiente tabla se han recogido todos estos
valores y se ha trabajado sobre ellos para establecer valores que cuantifiquen el retroceso,
tanto en términos absolutos como relativos (%).
En la parte principal de la tabla inferior se han tabulado los valores mencionados. El hecho de
que para el LGM aparezcan todos los glaciares de la Quebrada Torconi agrupados se debe a la
metodología empleada para delimitar este flujo glaciar.
En una primera aproximación a los resultados se han podido apreciar una serie de cuestiones
que se relacionan directamente con el retroceso de los glaciares y la velocidad y tendencia. Si
obviamos, de momento, los valores de LGM, por estar mucho más distantes en el tiempo y
producir cierta distorsión en un análisis temporal de la zona de estudio por la magnitud de sus
valores, vemos como la reducción de superficie entre LIA y 1955 es menor en proporción al
tiempo transcurrido que de 1955 a 2010. Es decir, si contabilizamos desde el punto medio del
LIA (año ∼1600), se observa que en algo más de 300 años la superficie se redujo de 3,542 a
2,631 km², o lo que es lo mismo, 0,911 km². Sin embargo desde 1955 a 2010, la reducción de
superficie cubierta por hielo se ha reducido hasta los 1,875 km², lo que supone 0,756 km². Por
tanto, se ha experimentado en la zona de estudio una reducción de superficie poco mayor en
300 años que en los siguientes 55, lo que demuestra una aceleración de los procesos de
fusión.
Esta aceleración en el retroceso se ha podido apreciar con mayor claridad en el intervalo
temporal 2007-2010, viéndose reducida la superficie glaciada, respecto a LGM, del 8% al 7,4%
en tan solo tres años. Este importante descenso se refleja también en el segundo recuadro de
la tabla, habiéndose reducido en tan solo tres años la superficie cubierta de hielo, en 2010, en
un 8% respecto a la superficie de 2007.
Si observaciones cómo la anterior se realizan de manera individualizada para cada uno de los
glaciares se puede ver como, en mayor o menor medida debido a condicionantes locales, todas
las lenguas experimentan un retroceso constante, acelerado en las últimas fechas analizadas.
30
Superficie cubierta (km²)
30
Superficie cubierta, sin LGM (km²)
25
4
20 3
2
km²
15
1
LIA 1955 1986 2007 2010
10
0
LGM LIA 1955 1986 2007 2010
Figura 3.8. Superficie del área de estudio cubierta por hielo en las distintas fechas analizadas, sobre
fotografía aérea de noviembre de 2010.
31
3.3 ELAs AABR
El estudio del retroceso de las ELAs puede ser empleado para establecer modelos de cambio
climático (Benn et al., 2005). La variación altitudinal de este valor indica con claridad el
retroceso de las masas de hielo y el ascenso paulatino del terminus de los glaciares por la
ladera del estratovolcán.
Como se describió en el apartado de ELAs del Capítulo II, para su cálculo ha sido necesaria la
división de las lenguas glaciares en bandas altitudinales y conocer para cada una de estas
franjas de hielo sus límites altitudinales superior e inferior y su superficie en metros cuadrados.
Con estos datos, en la hoja Excel programada de Osmaston (2005) se ha procedido al cálculo
de los valores de la ELA para cada caso y se han tabulado los resultados para el la zona de
estudio en cada fecha analizada.
Estas tablas de resultados recogen el valor de la ELA para cada glaciar del sistema observado
y para cada valor de BR. Se subdivide además por conjuntos de glaciares de cada quebrada,
quedando como resultado tres grandes grupos de valores y un apartado final a modo de
resumen. En este último apartado de cada tabla, se recoge el valor medio de la ELA para cada
valor de BR del conjunto total de glaciares y su valor de desviación típica. Con este último valor
se establece que ELA media es la más probable estadísticamente para el conjunto de los
resultados implementados en cada tabla.
Las seis tablas que se muestran a continuación siguen el mismo patrón de organización y
presentación de los datos y resultados, a excepción de la correspondiente a los valores del
LGM, ya que según la metodología empleada en su delimitación solamente se han
individualizado tres grandes glaciares.
A su vez, en cada tabla se podría haber identificado la ELA más probable para el conjunto de
glaciares de cada quebrada. Sin embargo, esta operación no se ha realizado por existir una
descompensación en el número de glaciares por quebrada, que otorgaría una alta fidelidad
estadística en el caso de la Quebrada Torconi, en contraste con una interpretación más
subjetiva, necesaria en el caso de las otras dos quebradas, que cuentan con un solo glaciar
cada una. Por tanto, se ha optado por el cálculo de la ELA para el conjunto de glaciares que es
el valor más indicado para el estudio que en este trabajo se desarrolla.
Figura 3.9. Tabla resumen del cálculo de la ELA AABR para 2010.
32
Figura 3.10. Tabla resumen del cálculo de la ELA AABR para 2007.
Figura 3.11. Tabla resumen del cálculo de la ELA AABR para 1986.
33
Figura 3.12. Tabla resumen del cálculo de la ELA AABR para 1955.
Figura 3.13. Tabla resumen del cálculo de la ELA AABR para LIA.
34
Figura 3.14. Tabla resumen del cálculo de la ELA AABR para LGM.
BR = bc / ba
6100
6000
5900
5800
metros
5700
5600
5500
5400
5300
5200
LGM LIA 1955 1986 2007 2010
ELA AABR 5246 5936 5961 5987 6034 6041
Diferencia 2010 ‐795 ‐105 ‐80 ‐54 ‐7 0
La disminución del área cubierta por los glaciares en el sector NW del Nevado Coropuna, es
decir, su retroceso, viene marcado por el retroceso de la ELA (figura 3.15). En este caso la ELA
calculada por el método AABR es una ELA geomorfológica (ELAg), que se establece a partir de
los parámetros derivados del relieve y la topografía, como altitud y superficie. Esta ELA
reacciona a los condicionantes climáticos de precipitación, humedad y temperatura de forma
35
más lenta que la ELA climática (ELAc), que presenta una respuesta más inmediata a estas
variaciones ambientales.
Figura 3.16. Recreación en 3D de la zona de estudio, con la representación de algunos de los elementos analizados,
sobre fotografía aérea de noviembre de 2010, en ArcScene. Se pueden apreciar elementos como la pendiente de los
glaciares, la longitud que alcanzan en distintas fechas, la profundidad de los valles que denota la magnitud del espesor
de los paleoglaciares o las distintas fases de avance glaciar mediante la posición de las morrenas.
Los aparatos glaciares se pueden dividir en dos grandes zonas en función del balance de
masa. Las dos zonas están divididas por la ELA (a modo de altitud que diferencia una de otra)
y se denominan “zona de acumulación” a la que se localiza entre la ELA y la cota superior del
glaciar y “zona de ablación” a la que queda enmarcada entre la ELA y el frente del glaciar.
Como su propio nombre indica, en la zona de acumulación predominan los procesos de
engrosamiento y compactación del hielo, mientras que en la de ablación predominan los
procesos inversos, de reducción (fusión y sublimación).
La ELA se puede emplear para conocer el comportamiento y estado futuro de los glaciares. Si
en un momento dado, el valor de la ELA supera la altitud de la cota máxima del glaciar, éste
pierde por completo su zona de acumulación por lo que toda su superficie queda como zona de
ablación y se convierte en un glaciar condenado a la desaparición (ver apartado 3.5). La
persistencia de este glaciar estará en ese momento sujeta a lo que tarden las condiciones
36
ambientales de su entorno en fundirlo por completo. Es por estos motivos por los que resulta
interesante analizar los glaciares desde este punto de vista.
Como se comentó en el Capítulo I, uno de los intereses de este trabajo era el de generar
información que pudiera ser de utilidad para el estudio del cambio climático. Mediante la
aplicación de la ecuación empleada por Úbeda (2011), ha sido posible calcular el aumento de
las temperaturas en la zona de estudio. Para ello se ha asumido que el causante del retroceso
de las masas de hielo es el aumento de las temperaturas, lo que implica obviar factores más
locales como la topografía.
↓T = GTV · ↓ELA
3.17. Altitud de la ELA AABR para 2010, sobre fotografía aérea de noviembre de 2010.
37
3.18. Altitud de la ELA AABR para 2007, sobre fotografía aérea de noviembre de 2010.
3.19. Altitud de la ELA AABR para 1986, sobre fotografía aérea de noviembre de 2010.
38
3.20. Altitud de la ELA AABR para 1955, sobre fotografía aérea de noviembre de 2010.
3.21. Altitud de la ELA AABR para LIA, sobre fotografía aérea de noviembre de 2010.
39
3.22. Altitud de la ELA AABR para LGM, sobre fotografía aérea de noviembre de 2010.
40
Figura 3.23. Modelos de zonas de acumulación y ablación en la zona de estudio para las distintas fechas analizadas,
sobre fotografía aérea de noviembre de 2010, y tabla resumen de datos.
41
Zonas de Acumulación y Ablación (km²)
16
Zonas de Acumulación y Ablación, sin LGM (km²)
14
2,5
12
2
10 1,5
1
km²
8
0,5
6 LIA 1955 1986 2007 2010
0
LGM LIA 1955 1986 2007 2010
Acumulación 10,76 1,36 1,24 1,14 0,93 0,90
Ablación 14,61 2,18 1,39 1,22 1,10 0,97
Figura 3.24. Superficie en km² de las zonas de acumulación y ablación en las distintas fechas analizadas
Como se ha venido describiendo a lo largo de este capítulo, la superficie de los glaciares ha ido
disminuyendo a lo largo de las fechas estudiadas. De forma paralela, como no podía ser de
otra manera, las zonas de acumulación y ablación han seguido un igual proceso.
Las mayores diferencias que se dan, en cuanto a la superficie de una y otra zona, en las
épocas más antiguas (LGM y LIA) respecto a las más recientes, responde a la magnitud de los
glaciares, a su tamaño y a las cotas que alcanzan. Los glaciares, sobre todo en el LGM,
descienden desde las laderas del Nevado Coropuna hasta las zonas de menor pendiente
pertenecientes al altiplano. Al contar en estos espacios con una menor inclinación, la superficie
expuesta a la fusión es mayor, de ahí que se alcancen valores más disimétricos entre ambas
zonas. La radiación solar recibida cobra mayor importancia en la zona de estudio por estar
orientada al norte, zona de máxima insolación en el hemisferio sur. En los glaciares de 1955,
1986, 2007 y 2010, este fenómeno pierde importancia debido a al elevada pendiente y las
proporciones entre la zona de acumulación y ablación se equiparan. En este proceso también
intervienen otros factores de menor entidad que dinamizan y condicionan de forma individual la
evolución de cada aparato glaciar por separado.
42
Para estimar el comportamiento y persistencia de los glaciares analizados, se han planteado
diferentes escenarios en función de las condiciones de ascenso de la ELA. De los cinco
escenarios planteados, los tres primeros corresponden exactamente con los niveles de
ascenso de la ELA de los intervalos temporales expuestos anteriormente. Los dos nuevos
escenarios corresponden a una aceleración del ascenso de la ELA del 50%, en el primero de
ellos, y del 100% en el segundo, es decir, del doble de la velocidad de ascenso actual. El
porqué de estos dos nuevos escenarios se debe a la observación del comportamiento de la
dinámica glaciar de la zona de estudio, que tiene cada vez más un carácter exponencial.
Figura 3.25. Tabla con las estimaciones de persistencia glaciar en función del ascenso de la ELA.
Los escenarios más probables, como se mencionaba anteriormente, son los número 3, 4 y 5.
Por tanto, si damos mayor veracidad a estos tres supuestos, obtendremos que la ELA superará
la cota de 6.377 m. del Coropuna (cabecera de los glaciares de la zona de estudio) dentro de
unos 75-150 años aproximadamente. A partir de entonces, quedaran unos glaciares residuales
que irán desapareciendo gradualmente en los siguientes años sin opción de persistencia.
Estas estimaciones son para la zona de estudio, con las características propias de este
espacio. Tal y como muestran el resto de resultados de este trabajo se puede afirmar que
serían los glaciares que desaparecerían con mayor celeridad pero serían el primer caso de un
fenómeno general de desaparición paulatina del conjunto de la masa glaciar.
43
CAPÍTULO 4. DISCUSIÓN DE RESULTADOS Y TRABAJO FUTURO
Debido a su sensibilidad a los cambios climáticos, los glaciares tropicales son un buen
indicador de las variaciones ambientales de su entorno. Los factores de precipitación,
temperatura, humedad o radiación solar determinan las características que condicionan la
evolución de las masas de hielo de estas latitudes. A lo largo de este trabajo se han generado
datos y analizado la evolución glaciar del conjunto de los glaciares tropicales, en general, y del
Nevado Coropuna, en particular.
Los resultados obtenidos muestran una pérdida de superficie cubierta por hielo desde LGM
hasta LIA de 21,83 km² y desde LIA hasta 2010 de 1,66 km². Los valores aparentemente bajos
han de ponerse en relación con la superficie total. De esta manera los volúmenes de pérdida
en tanto por ciento alcanzan valores de pérdida de superficie desde LGM a LIA del 86,1% y del
92,6% si se amplia la comparativa hasta 2010.
Respecto al valor de la ELA, se han obtenido variaciones altitudinales desde LGM a 2010 de
795 m, siendo muy significativo el ascenso del valor entre las fechas de 2007 y 2010, ya que en
tan solo 3 años se aprecia un incremento altitudinal de 7 metros.
La delimitación precisa de las morrenas de distintas épocas se ha revelado como una etapa
imprescindible del proceso de reconstrucción de la evolución glaciar a través de los
paleoglaciares. Los límites que evidencian los depósitos morrénicos, además de permitir la
cartografía y delimitación de las masas de hielo para posteriores análisis de superficies y
altitudes, permiten las dataciones que facilitan el establecimiento de la cronología del ámbito de
estudio.
A lo largo del trabajo se han manipulado datos relativos a tres etapas distintas de morroneas,
establecidas desde un principio. Las de localizaciones más distales respecto a las cabeceras
de los glaciares se denominaron LGM (Last Glacial Maximum), en función del periodo al que
pertenecen, las más próximas a los frentes de las lenguas actuales denominadas LIA (Little Ice
Age) por pertenecer a la última etapa de avance comprendida entre los siglos ∼XIV-XIX y
finalmente, un conjunto de arcos morrénicos ubicados entre los dos anteriores, que al no
emplearse en ningún punto de análisis del trabajo se denominaron genéricamente postLGM.
Las morrenas LGM, en la zona de estudio (cuadrante NW del Nevado Coropuna), alcanzan su
mínima cota en torno a los 4.650 metros. Según los datos de Úbeda (2011) de los cuadrantes
NE y SE del mismo complejo volcánico, los depósitos de materiales morrénicos
correspondientes a esta fecha aparecen en cotas mínimas de ∼3.700 metros (SE) y ∼4.750
metros (NE). En el cuadrante SW, que completaría la serie de datos del Coropuna, Campos
(2012) obtuvo una cota mínima de 4.450 metros. Las variaciones entre las distintas vertientes
del Coropuna se deben a factores locales como topografía y altitud de cabecera de los
aparatos glaciares, ya que los condicionantes ambientales son muy similares, pudiendo
destacarse como diferenciador la mencionada orientación. Alcalá et al., (2011), en el Ampato (a
85 kilómetros al sureste), cifró la cota mínima de las morrenas LGM en ∼4.250 metros.
NE SE SW
LGM NW
(Úbeda, 2011) (Úbeda, 2011) (Campos, 2012)
44
Morrenas pertenecientes al YD (Younger Dryas), no se identifican en este trabajo. Por su
cronología (∼12 ka) se encontrarían en el grupo de morrenas postLGM, pero debido a su
escasa visibilidad y continuidad no se han estudiado. En trabajos como el de Rodbell y Saltzer
(2000) se propone la ausencia de avances glaciares en esta época, en los Andes tropicales,
dada la falta de evidencias. En otros casos, se identifican de forma puntual y muy localizada
pequeñas pulsaciones, pero predominando en la mayor parte del YD el retroceso de los
glaciares (Robdell et al., 2009).
Licciardi et al., (2009), sugieren varios episodios de reavance glaciar en el Holoceno. Los
pertenecientes al YD se incluirían en las etapas incipientes y destacaría el de la Pequeña Edad
del Hielo (LIA) en fechas recientes.
En la zona de estudio, las morrenas LIA se encuentran próximas a los frentes glaciares
actuales, lo que evidencia el retroceso sufrido en los últimos siglos. Su continuidad y fácil
identificación en el sector del área de estudio, hace que sea un espacio inmejorable para la
representación de los depósitos morrénicos de esta edad. La escasa precipitación actual
favorece la preservación por la poca magnitud de la escorrentía y movilización de materiales.
En comparación con otros sectores del propio Coropuna o con otros espacios analizados, la
precisión que alcanza la delimitación de estas morrenas en el trabajo es muy alta.
Las morrenas cartografiadas en este trabajo responden a los mismos patrones cronológicos
que las datadas en publicaciones de similar naturaleza. Las variaciones vienen dadas, como se
ha mencionado antes, por las características intrínsecas de cada glaciar y por distintas
metodologías. En este trabajo las morrenas se tratan como elementos lineales (trazadas a lo
largo de la “cresta” de los depósitos morrénicos), mientras que en otros trabajos se han trazado
como formas poligonales, abarcando las dos vertientes del arco morrénico.
Dataciones de los materiales del área de estudio puede otorgar mayor precisión a las
dataciones ya que las empleadas (por falta de unas propias) son las que se han establecido
para zonas más generales o espacios concretos situados a poca distancia.
Los resultados obtenidos a través de los procesos descritos a lo largo de este trabajo,
muestran que la masa glaciar, con la cabecera y origen de los glaciares situada en la cima del
cono volcánico denominado Coropuna Casulla, a 6.377 metros de altitud, se extendían ladera
abajo, hacia el norte a través de las quebradas en el LGM hasta alcanzar cotas inferiores a los
4.600 metros y ocupando una superficie total de 25,37 km². Esta superficie cubierta por hielo
se ha ido viendo disminuida con el paso del tiempo hasta los 2,63 km² en 1955 y 1,87 km² en el
año 2010, no existiendo masas de hielo glaciar en cotas inferiores a 5.600 metros. Se ha
producido en los últimos 55 años, una pérdida del 28,73% de la superficie glaciar y de un 8%
en los 3 últimos años analizados (2007 a 2010), quedando evidenciada la aceleración de los
procesos de deshielo.
Los valores de disminución de superficie ocupada por masas de hielo en la zona de estudio
son imposibles de comparar con trabajos sobre la misma zona por no existir ninguno específico
previo a éste. Si se considera la localización del área analizada en el complejo volcánico del
Nevado Coropuna, es posible emplear los valores obtenidos por otros autores para el conjunto
45
del Coropuna e interpretarlos en función de las variaciones y distorsiones que puede producir la
comparativa a distintas escalas y con el condicionante de la localización con una sola
orientación de los glaciares de este trabajo.
Como se recoge en el trabajo de Úbeda (2011), los valores obtenidos por otros autores (Ames
et al., 1988; Núñez y Valenzuela, 2001; Silverio, 2004; Racoviteanu et al., 2007) para el
conjunto del Nevado, están condicionados por la deficiente delimitación de los glaciares,
distorsionada por la cubierta nival. Racoviteanu et al., (2007) proponen una reducción del 26%
entre 1962 y 2000. Para el mismo periodo, Úbeda (2011) obtuvo un valor de reducción de
superficie de 17%, indicando la misma tendencia de deshielo pero reduciendo
considerablemente la velocidad.
En este trabajo, el porcentaje de reducción de superficie en ese mismo periodo es de 22,4%. Si
se tiene en cuenta, como se mencionó anteriormente, que al ser un espacio más reducido, su
orientación, pendiente y condicionantes propios de las laderas y los propios glaciares, es
posible establecer cierta correlación entre los resultados.
En la Cordillera Blanca, 850 km al NW del Nevado Coropuna, Giráldez (2011) obtuvo unos
porcentajes de retroceso, para el periodo 1962-2003 de 15,8%. Teniendo de nuevo en cuenta
los condicionantes locales de cada espacio, se aprecia una velocidad de retroceso de glaciares
similar en dos puntos distantes de Perú, lo que indica que las tendencias de los glaciares
tropicales a lo largo de los Andes Centrales pueden ser similares, a falta de una muestra mayor
de datos.
Reducción de
Racoviteanu et al.,
superficie Úbeda, 2011 2013
2007
Años 60-00 (%)
La delimitación de los glaciares ofrece una serie de datos e información indispensable para
analizar y conocer la evolución glaciar. La implementación de los SIG en este tipo de tareas
aumenta las posibilidades de cuantificación de los distintos fenómenos de avance y retroceso
que soportan los glaciares tropicales actuales y los paleoglaciares.
El estudio de los volúmenes de hielo, a través del conocimiento del espesor de las lenguas
glaciares en un futuro puede generar una información muy útil desde el punto de vista de la
disponibilidad hídrica para las poblaciones asentadas en torno a espacios glaciares y desde la
prevención de riesgos asociados a fenómenos volcánicos y a fusiones masivas de hielo
(lahares).
En este trabajo se han calculado las ELAs AABR para una serie de glaciares del cuadrante NW
del Nevado Coropuna. Los resultados obtenidos para cada fecha han sido 5.246 m. en LGM,
5.936 m. en LIA, 5.961 m. en 1955, 5.987 m. en 1986, 6.034 m. en 2007 y 6.041 m. en 2010.
Estas altitudes, comparadas con la fecha más actualizada experimentan una variación de -795
46
m. en LGM, -105 m. en LIA, -80 m. en 1955, -54 m. en 1986 y -7 m. en 2007. Si se toma el
último intervalo (2007-2010) la ELA experimenta un ascenso vertical, en la actualidad, de 2,33
m/año. Si en lugar del último intervalo temporal se selecciona el inmediatamente anterior
(1986-2007), la ELA asciende verticalmente a un ritmo de 2,23 m/año, lo que denota la
aceleración de la deglaciación que se ha ido poniendo de manifiesto a lo largo del trabajo.
En el cuadrante NE del Nevado Coropuna, Úbeda (2011) realizó los cálculos de las ELAs
AABR para diferentes épocas. Los valores que obtuvo fueron 5.886 m. en LIA y en este trabajo
se ha obtenido un valor para esa época de 5.936 m. La diferencia de 50 metros entre ambos
valores puede responder a los factores propios de cada grupo de glaciares analizados,
respectivamente, como la radiación recibida, en función de la orientación, que en el caso de los
glaciares de este trabajo en norte puro, o la pendiente, derivada de la topografía, mucho más
abrupta en la zona de estudio de este documento. El caso se repite con los valores de ELA de
1955, Úbeda obtuvo una altitud de 5.923 metros, siendo de 5.961 en la zona de estudio. Para
1986, los valores obtenidos en ambos trabajos han sido 5.929 y 5.987, respectivamente. En
este caso, se aprecia una aceleración del retroceso más agudizada en el cuadrante NW. Y
finalmente, en 2007, la ELA obtenida por Úbeda se sitúa en los 5.968 m. y en 6.034 en la zona
de estudio, evidenciando de nuevo la aceleración que en este espacio experimentan los
procesos de fusión. Si establecemos la velocidad de fusión en metros/año en los dos espacios
en el intervalo 1986-2007, en el NE se experimenta un retroceso de 1,87 m/año y en el NW de
2,23 m/año.
Según el trabajo de Bromley et al. (2011), la ELA (calculada mediante los métodos TAHR y
MELM) para el conjunto de glaciares de la vertiente norte del Coropuna en 2010 tenía un valor
de 5.915±44 metros. Si asumimos el error máximo positivo, este valor se situaría en los 5.959
metros, siendo aún significativamente inferior al obtenido en este trabajo, de 6.041 metros en
2010. Esta diferencia, superior a 80 metros, se debe a los distintos tipos de metodología
empleados para el cálculo de las ELAs y presumiblemente a las dimensiones del área de
estudio empleadas en cada caso. Bromley et al. calculan un valor medio de ELA para el
conjunto de todos los glaciares del Nevado con orientación norte, mientras que en este trabajo
se ha trabajado con un conjunto reducido de glaciares, de orientación norte, pero con
características singulares, como el ser los glaciares con la cabecera a mayor altitud o ser los
glaciares localizados más al norte. Es por ello que los resultados de ELA más elevados de esta
región, queden difuminados dentro de la media del total de los glaciares de esta misma
vertiente.
En el caso de la paleoELA del LGM de Bromley et al., por el método TAHR (0,3), el valor se
sitúa a una altitud de 5.200±88 metros, en este caso muy similar al obtenido en la zona de
estudio de 5.246. En este caso la similitud es mayor por tratarse de paleoglaciares de gran
extensión, que son masas de hielo más homogéneas, afectando en menor medida los factores
o aspectos locales que condicionan los aparatos glaciares actuales.
En el cuadrante SW del Coropuna Campos (2012) calculó los valores de la ELA, por el método
AABR, para los años 1955 y 2007, con valores de 5.821 y 5.834 metros, respectivamente. Esto
implica un ascenso de la ELA, en poco más de 50 años, de 13 metros. Si comparamos con los
valores de esas dos mismas fechas en la zona de estudio del presente documento,
encontramos un valor de ELA para 1955 de 5.961 y de 6.034 metros para 2007. El incremento
de altitud de la ELA es de 73 metros.
Las grandes variaciones en los resultados de estos dos lugares tan próximos en el espacio
(separados ∼5 km.), ponen de manifiesto el distinto comportamiento de la dinámica y evolución
glaciar en las distintas vertientes del Nevado Coropuna. En ambos casos se observa una
tendencia paralela al igual que en el NE y SE del mismo complejo glaciar del Coropuna, según
los datos de Úbeda (2011). Sin embargo, son los glaciares situados en las laderas del norte los
que experimentan las variaciones negativas del clima (desde el punto de vista de la propia
evolución glaciar) de forma más drástica y significativa, viendo reducida su superficie de forma
más acelerada.
El cálculo del valor de la altitud de la ELA en distintas fechas hace posible la estimación del
comportamiento del clima a lo largo de distintos periodos de tiempo. Al responder de forma
clara a las variaciones climáticas se convierte en un instrumento que, pudiendo calcularse por
distintos métodos, ofrece una cuantificación precisa del estado de la evolución de los glaciares.
47
La variación de la ELA permite estudiar la evolución del clima y generar modelos con distintos
escenarios de predicción del comportamiento y desarrollo de las masas glaciares, siendo estos
datos de gran utilidad a la hora de la toma de decisiones y la prevención.
Coropuna
NE SE SW Completo
NW
(Úbeda, 2011) (Úbeda, 2011) (Campos, 2012) (Bromley et al.
2011)
4.4 Conclusiones
Como ha quedado patente a lo largo del desarrollo de todo este trabajo, los glaciares son un
elemento clave en el estudio del cambio climático, pero además en las regiones andinas del
entorno del Coropuna son la única fuente de agua para las poblaciones circundantes y un
elemento de riesgo por los procesos asociados al vulcanismo de los sistemas subyacentes a
los glaciares. Esto confiere a las zonas próximas a los nevados de estas características una
gran fragilidad, ya que se ven expuestas a diversas variables que pueden alterar en gran
medida sus dinámicas y configuración.
Conocer y entender la evolución del sistema glaciar del Nevado Coropuna es de gran interés y
por tanto, el seguimiento de sus glaciares es una parte fundamental.
El objetivo de este trabajo era la obtención de información cualitativa acerca de las ELAs,
superficies glaciares y dinámicas para la comprensión del conjunto glaciovolcánico y su
entorno. Tras elaborar y desarrollar los métodos aquí expuestos, analizar y valorar los
resultados y compararlos con estudios similares realizados con anterioridad sobre el mismo
Nevado o sobre otros de características similares, las principales conclusiones, de forma breve
y siguiendo el orden de aparición en el documento, a las que se ha llegado son las siguientes:
48
- El cálculo de las ELAs por el método AABR, genera una gran precisión en los datos de
altitud de este valor. A partir de esta altitud se han podido analizar las áreas de
acumulación y ablación de los glaciares y realizar una predicción del comportamiento
de éstos en un futuro próximo, otorgándoles una esperanza de persistencia, en función
de los escenarios propuestos más probables, de poco más de ∼75-150 años. Estas
estimaciones están relacionadas con la disponibilidad hídrica en el entorno del
Coropuna y con la existencia de riesgos de lahares asociados al vulcanismo.
49
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