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HidroGil

Dossier de prensa sobre las noticias y artículos de opinión publicados a raíz del proyecto de recrecimiento del embalse de Yesa (Navarra-Zaragoza), en el Pirineo aragonés (España).
Derechos de autor
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Dossier de prensa sobre las noticias y artículos de opinión publicados a raíz del proyecto de recrecimiento del embalse de Yesa (Navarra-Zaragoza), en el Pirineo aragonés (España).
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El recrecimiento del embalse de Yesa

Reflexiones al hilo

Fco. Javier Martínez Gil


Fundación Nueva Cultura del Agua

DEDICATORIA

Amigo Paco, Puche naturalmente-, maestro del saber y de la ironía


como forma de pedagogía, persona de exquisita bondad y de mayor
humildad si cabe, en estos momentos, mientras me decido a escribir
estas reflexiones, andas tu con líos de quirófano y “lechos del
dolor”, como te gusta decir. Mi corazón está más cerca de ti que
nunca. Te dedico estas páginas, sin saber todavía bien qué voy a decir
en ellas, pero estoy seguro de que te van a gustar, aunque nada digan
que tu no sepas, a estas alturas de la vida, en las que estás de
vuelta triunfal de tantas cosas; porque triunfar es sentirse querido
por los demás, constatar que has generado relaciones y reacciones de
amor en las personas allí por donde has pasado o has ido,… Y tú lo has
conseguido.

Pese a todo, te falta experimentar un gran descubrimiento muy nuestro,


muy de la movida de la Nueva Cultura del Agua, de esta gran familia
humana que hemos creado. Cuando salgas de ese lecho del dolor, verás
lo mucho que se aprende; se aprende a ser mejor; mejor persona, cosa
ya difícil en ti, que has alcanzado las cotas más altas de bondad.
Cuando salgas de ese lecho te perseguiré para que experimentes la
fluviofelicidad. No intentes resistir; date por perdido.

INTRODUCCION

Queridos amigos, gentes de la Fundación y de esa


ventolera de aire fresco que pretende ser nuestra Nueva
Cultura del Agua.

Quienes tengáis ganas o curiosidad de leerme, tomaros


este escrito no como un mensaje o un e.mail al uso de los
tiempos, en los que todo tiene que ser esquelético,
telegráfico, sino como un minúsculo libro de veintitantas
páginas, del tipo de esos que ha inaugurado Paco Puche en
la colección El hilo de oro, que espero y deseo que tenga
mucho éxito.

La reciente noticia (2 de mayo 2007) sobre el contenido de


un supuesto informe hecho por el Colegio de Geólogos de
España sobre el problema que plantea el proyecto de
recrecimiento del embalse de Yesa en el río Aragón, ha
1
desencadenado en mí una tormenta de pensamientos y
reflexiones, no sólo sobre el tema en cuestión, sino
también sobre los derroteros de las políticas del agua en
nuestro país, y sobre nuestra propia Fundación.

El problema de Yesa, como muchos ya sabéis, se refiere a


la situación de inestabilidad geotécnica de una porción de
ladera situada junto a la actual presa, que por razones de
seguridad de la propia obra y de las personas situadas
aguas abajo (además de los incrementos económicos derivados
de los intentos de corrección) permite cuestionar la
viabilidad de ese recrecimiento y, con el, la globalidad
del proyecto.

Hago las reflexiones que van a seguir,en unos momentos en


los que estamos pensando si abrir o no un foro nuevo, EL
CONGRESO SOBRE EL TAJO/TEJO, un tema que tiene tanto calado
como el que queramos darle.

La situación del Tajo es el paradigma de una realidad que


nos va a obligar a afrontar de raíz cuestiones muy
delicadas; es un espejo en el que podemos ver reflejadas
todas las miserias hidrológicas de la “vieja política del
agua” que, pese a todo, es la que sigue iluminado nuestro
futuro y nuestras miserias hidrológicas, la que sigue con
sus proyectos escondidos en los cajones de muchas mentes
“ingenieriles” de la nuestra administración, en espera de
mejor oportunidad; es la política que se sigue aplicando, a
base de una de cal y dos de arena.

Será el del Tajo/Tejo un Congreso en el que -si lo


logramos organizar-, la Fundación tendrá la obligación de
comprometerse a fondo, con rigor, sabiendo que el rigor no
es patrimonio del número, de lo cuantificable, sino
esencialmente del pensamiento y de la capacidad de
discernimiento entre la esencia y las formas de las cosas,
entre lo coyuntural y lo trascendente, entre lo divino y lo
humano.

MIS REFLEXIONES

Esta larga soflama -que la mayoría de vosotros no vais a


leer siquiera,- pretende contribuir a una dinámica de
reflexión y debate internos, a generar un estilo de
comunicación entre nosotros, gentes de la Fundación y de la
Nueva Cultura del Agua en general. Una dinámica que nos
enriquezca mutuamente, que reviva las esencias que
impulsaron un día nuestro movimiento fundacional, que
2
permita dar salida al caudal de saberes y sabidurías que
llevamos dentro, para enriquecimiento de unos y otros. En
todo caso, trato de cumplir con algo que siento es mi
obligación: aportar mis criterios. Es posible que a algunos
les sirvan de algo, y a los demás, mal no os va a hacer.

Sé que hago estas reflexiones en momentos especiales,


no sólo por la situación creada en torno al conflicto del
recrecimiento de Yesa -al que me voy a referir con detalle,
que me ha llenado de indignación-, sino también porque
nuestra propia Fundación empieza una nueva etapa, en busca
de horizontes que nos van a exigir tal vez algunas
redefiniciones de nosotros mismos, de nuestras dinámicas
dominantes y de algunos objetivos. Ya se sabe, renovarse es
vivir

Sería para mi un auténtico regalo recibir cada mes un


montón de folios como los que os envío yo ahora, con
vuestras reflexiones, de personas tan sabias, tan llenas
de experiencia como Narcís, Amelia, Enrique Cabrera,
Antonio Estevan, Naredo, Mª Teresa, Sauquillo, Llamas,
Pedro Arrojo, Sánchez Navarro, Iñaki Antigüedad, Leandro,
Paco Puche, Mª Soledad Gallego, Nuria Hernández, Carles
Ibañez, Enric Tello, Alberto Garrido, Abel, José Carles,
Enrique Calleja, Federico Aguilera, Mª A. Antoranz, Nacho
Doadrio, Fransecs La Roca, José Manuel Nicolau, Paco
Cubillo, Manuel Montijano, Víctor Peña, Josu Ugarte, María
Novo, Julia y Miguel Angel, Chari, y un largo etc.,… gente
toda ella excepcional, que constituís el inmenso capital
humano y el gran tesoro de nuestra Fundación, al que tal
vez no estamos sacándole el partido que se le podría sacar
desde el punto de vista del enriquecimiento mutuo. No es el
caso, por supuesto, de quienes están metidos en el día a
día de la Fundación, que llevan el control de todo lo que
se está haciendo. No vale la respuesta de que “quien no se
entera es porque no pregunta”.

No sé si podría ser este mismo formato -el que utilizo


cada vez que me viene la vena de querer deciros algo para
compartir una preocupación o una inquietud- una de las
formas posibles de establecer una comunicación viva,
preñada de la calidez de lo informal. Sería una manera de
crear -al fin-, esa comunicación enriquecedora, ese nexo de
entusiasmo colectivo y ese debate interno, que tanto nos
enriquecería y que aunque todavía no hemos optimizado,
presiento que estamos ya decididamente en ello.

Me sigue preocupando esa pequeña masa de “Amigos de la


Fundación”, que potencialmente puede llegar a ser muy
grande, dado que todos nosotros somos capaces de trasmitir
3
entusiasmos sublimes y credibilidades, en una sociedad que
está hoy más que nunca ávida de unos mínimos de
autenticidad. Los Amigos son un colectivo de la Fundación
todavía insignificante, en parte porque no hemos diseñado
nada especial para ellos, nada que ofrecerles, nada que
pueda ser atractivo para sus miembros (una revista
participativa, convivencias de fluviofelicidad), algo que
les permita sentirse unidos a una causa y a unas ilusiones,
al estilo de la Red Andaluza del Agua, el Projecte Ríus,….
Es una parte de la Fundación que tenemos un poco demasiado
muerta.

De igual modo, me preocupa que no hayamos avanzado de


forma significativa en la implicación de muchísima más
gente del mundo académico (derecho, geografía, ecología,
hidrogeología, economía, sociología y antropología, etc.)
como socios fundadores; ahí estamos estancados.

Creo que una de las cosas más hermosas que un día nos
impulsó con ilusión infinita a crear NUESTRA FUNDACIÓN fue,
precisamente, el capital humano que se había empezado a
aglutinar en torno a lo que genéricamente solemos llamar
“los conflictos del agua”. Nos fascinó esa visión holística
en la que pronto caímos; algo que nos fue atrapando a
todos, invitándonos a analizar la complejidad del poliedro
agua/serhumano/naturaleza/recurso/progreso desde sus
múltiples caras; era un tipo de análisis que nunca se
había hecho hasta entonces: el del pensamiento complejo.

Gentes de la economía, la sociología, el derecho, la


hidrología, la ingeniería, la ecología, la ordenación del
territorio, la antropología, la pedagogía, los valores
patrimoniales,… y de las humanidades en general, empezamos
a entusiasmarnos con la visión integradora de esos
conflictos; algo que nos llevó a comprender que el agua
es, en efecto, mucho más que un recurso, y que los ríos son
también más que agua explotable y exportable, lugar de
fácil vertido de nuestras inmundicias líquidas, y fuerza
motriz para generar kilowatios para la sociedad de la
opulencia.

Sentimos entonces que la pluralidad de aquella forma de


analizar los problemas nos enriquecía a unos y a otros, y
que nos permitía dar cauce a una serie de hermosas
inquietudes comunes, que probablemente todos los miembros
de esta familia llevamos dentro, haciendo verdad el refrán
que afirma “Dios los cría, y ellos se juntan”

Uno de los fermentos más significativos de entre los que


nos llevaron a constituirnos en el colectivo que pronto se
4
llamaría FUNDACIÓN NUEVA CULTURA DEL AGUA -cuyo embrión
emocional y doctrinal había sido Coagret-, fue precisamente
la capacidad de comprender la cara humana de los conflictos
del agua, al menos tal como eran percibidos y vividos en
sus carnes y en sus almas por las más directamente
afectadas, las gentes de los territorios amenazos por
determinadas obras y actuaciones, que tenían en ellos, como
dice Julio Llamazares: “sus recuerdos, sus raíces y su
casa”.

Dimos nacimiento así a lo que hace tiempo he bautizado


con el nombre de una “hidrología humanística”, que es un
saber singular, capaz de pensar sobre el agua y los ríos no
sólo con la razón mental, sino también con el cuerpo, con
el corazón y con el alma, con la razón emocional, es decir,
desde la belleza, los símbolos, los valores culturales,
patrimoniales y de identidad; desde los recuerdos y los
sentimientos, en general. A resultas de aquella experiencia
científico/humana llegamos un día a poner en marcha un
movimiento de regeneración hidrológica en nuestro país, que
desde entonces, como un viento de frescura ha atravesado
fronteras, surcado océanos y corrido continentes.

Aquella visión integradora, profundamente humanística del


agua y de los conflictos, unida a nuestro saber científico
y técnico, nos llevó a convertirnos en ese viento de
renovación hidrológica que hacía falta, capaz de enfocar y
comprender la naturaleza última de los problemas y los
conflictos del agua, algo que antes no teníamos. Pronto
empezamos a darnos cuenta de que, sin haberlo planificado
siquiera, nos habíamos puesto un par de pasos por delante
de lo que se venía haciendo hasta entonces en el
mundo/mundial de la hidrología. Y eso nos llenó de fe y de
orgullo, y todavía nos llena.

La sinrazón de aquellos proyectos hidráulicos contra los


que nos manifestábamos, y de las políticas del agua a las
que nos enfrentábamos entonces (Decreto de la Sequía,
Medidas de la Metasequía, Presa de Itoiz, Pacto del Agua,
Anteproyecto del Plan Hidrológico Nacional, Planes de
Cuenca, Itoiz, trasvase del Matarraña, Melonares, Genal,
Río Grande, la cloaca del Segura y las gentes de Orihuela,
Santaliestra, Jánovas, PHN, etc.) que suponían nuevas
oleadas de degradación para unos ríos ya muy degradados y
disfuncionados, con escasos tramos que conservasen su
ancestral poder evocador, junto a las importantes
afecciones humanas que causaban a gente pacífica que solo
pedía que les dejasen en paz,… fueron la razón de nuestro
movimiento.

5
Junto a aquellas gentes aprendimos a sentir y a
emocionarnos, vivenciando los principios más sublimes de la
convivencia humana, como la igualdad, la confianza, la
ternura, el afecto, la amistad, el cariño, la solidaridad,
la generosidad, el altruismo, la hospitalidad, el abrazo,…
Con ellas y por ellas, promovimos manifestaciones a favor
de la dignidad; incluso hicimos ayunos de varias semanas, y
salimos a dar clases a la calle, delante de las
Confederaciones Hidrográficas.

Con esas gentes, en dos ocasiones nos trasladamos hasta


Bruselas, pidiendo que se denegaran ayudas al Gobierno
español para determinadas políticas fluviocidas, de
permanente huida hacia delante. Y fuimos muchas veces a
expresar públicamente nuestra protesta delante del
ministerio de Medio Ambiente, donde llegamos a encadenarnos
junto con gentes de otros colectivos, y a acampar a sus
puertas. Hicimos mil cosas, marchas a pie y fiestas del
agua. Derrochamos imaginación, energía y capacidad de
contagio. Nuestra voz y nuestro liderazgo, de forma
claramente ostensible, estuvieron allí, en todas esas
movidas, como lo estuvieron en la manifestación de
Valencia, Bruselas, y otros tantos sitios.

Hoy, muchos de aquellos proyectos y de aquellas políticas


del agua que nos pusieron en pie, generando aquel torrente
de sabiduría, entusiasmo y presencia social, al cabo de los
años y pese a los cambios políticos, siguen tan
amenazadores y con tanta sin razón como entonces, y sus
gentes acosadas,… también como entonces.

Desde que empezó aquel movimiento ha habido ya tres


relevos de gobiernos, de uno y otro signo: socialistas,
populares,… y de nuevo socialistas. La diferencia respecto
a aquellos momentos está en que ahora muchas de las gentes
afectadas de entonces, las más significativas, las más
“históricas”, se sienten huérfanas del calor y la fuerza
que un día les dimos a raudales. Para ellas, lo que en
verdad ha cambiado han sido las formas de hacer de la
política hidrológica oficial. Ha cambiado el discurso,…¡y
poco más! La situación de los afectados por el
recrecimiento de Yesa es el paradigma de esa realidad; pero
también lo es la de Itoiz, Biscarrués, Castrovido, Caleao,
Caldas de Rei, Los Fayos, Mularroya, y un largo etc. Es
como si muchas cosas, pese a la belleza del nuevo discurso,
el que ha traído la nueva ministra, no hubieran cambiado
para ellos. Y ya se sabe, “obras son amores…”

Tengo la sensación -compartida sin duda por otras muchas


gentes a las que hasta ahora siempre hemos apreciado por su
6
sensatez-, que poco a poco nos hemos ido acostumbrando a
contemplar aquellos proyectos que fueron nuestra bandera,
desde la distancia, y que el calor en el que un día se
forjara esta singular familia humana que es el movimiento
por la Nueva Cultura del Agua, llevando luz a muchos
hogares, que fueron nuestros hogares, se están convirtiendo
en rescoldo. Es como si ya no los necesitáramos, porque
desde hace un tiempo andamos mirando para otro lado,
atraídos tal vez por otro tipo de tareas más políticas, más
intelectuales, más brillantes, más próximas a la erótica
del tuteo con el poder, más atractivas para un científico y
para el ego humano de cada cual, más contemporadizadoras,
más obligadas a jugar a varias bandas, con lenguajes
obligadamente crípticos, y más “no sé qué”,… en todo caso
menos críticas. Es mi simple opinión, sabiendo que todas
las generalidades tienen sus gloriosas excepciones.

Andalucía, sin duda, escapa a esa generalidad; allí la Red


Andaluza de la Nueva Cultura del Agua está como en los
mejores tiempos, contagiando. Hay algún otro foco, como los
del Xuquer, vivo gracias al incombustible, querido y
admirado por todos Antonio Estevan. Por supuesto que Julia
sigue con su labor guerrillera en Murcia. Todo eso es
verdad, aunque la mayoría de socios de la Fundación no
estén al corriente.

Ese es precisamente parte del problema que yo traigo a


aquí, el de la comunicación interna, el del entusiasmo
colectivo; el problema que originó nuestro amago de pequeña
crisis interna hace un par de años. El diagnóstico fue que
habíamos crecido demasiado rápidos y con escasa conexión
entre nosotros, al menos en temas que nos obligaban a
tenerlas, aún costa de nuestra velocidad de expansión.

Pese a todo, es evidente que hoy nos sentimos orgullosos


de ese crecimiento, pero ha llegado la hora de asimilarlo y
embridarlo; la hora de recuperar el calor humano y las
ilusiones contagiosas. Y en ello estamos. Temas, hay muchos

Acabada una etapa en nuestra Fundación -que ha sido


tremendamente dinámica, que ha servido para crecer y
proyectar nuestro mensaje hasta niveles que nunca habríamos
imaginado-, entramos ahora EN UNA ETAPA NUEVA, apasionante
como la anterior, que antes de embarcarnos en nuevas
aventuras y en nuevos retos nos exige una buena dosis de
reflexión, de síntesis y de reubicación ante las realidades
emergentes; una nueva toma de conciencia; algo que a lo
mejor nos va a requerir otras dinámicas y otros objetivos
diferentes. Hemos aprendido mucho en estos años pasados,
tanto de virtudes (muchas) como de errores (algunos). El
7
afecto mutuo ha sido y sigue siendo la tónica, y eso lo veo
inquebrantable, pase lo que pase.

Es ahora momento obligado de asimilar todo ese capital


de experiencias para tener bien claros los nuevos
objetivos, concentrar esfuerzos y, sobre todo, evitar la
dispersión y la falta de comunicación, que van a estar
siempre ahí, como un fantasma al que habrá que tratar de
controlar.

Más allá de los dolores humanos sentidos por los


afectados, los problemas del agua de nuestro país se
centran en unas determinadas apetencias por el recurso como
elemento necesario para la promoción de nuevos negocios,
algunos muy grandes y sin duda obscuros, a los que
eufemísticamente nos acostumbramos a llamar “el
desarrollo”. Un desarrollo que nos lleva a dar carta
oficial a un lenguaje hidrológico/social sutilmente
perverso, que habla del agua como un bien “escaso” y “mal
repartido”, con la consiguiente invocación a la no menos
eufemística “solidaridad hidrológica interregional”.

Desde el poder de la tecnología actual, el discurso de


“la escasez” no deja de ser una construcción mental
perfectamente diseñada. Ahí están los ejemplos de Baleares
y Canarias, Comunidades de buen nivel de desarrollo, dónde
se mueve mucho dinero y también se construyen campos de
golf, pese a estar hidrológicamente aisladas. Allí no se
habla de si el agua es o no escasa; es la que es, y hay la
que hay, un lugar donde han asumido que es necesario hacer
las cosas con lo que se tiene, con la apoyo de las modernas
tecnologías, que permiten reutilizar el agua, reciclarla y
desalar la necesaria. Si en vez de ser archipiélagos
fueran territorios unidos a la Península, estarían pidiendo
trasvases y dramatizando su situación.

Si en España hay UN PROBLEMA DE VERDAD en relación con el


agua, es la degradación de los sistemas hidrológicos; pero
esa es una realidad que no todos perciben ni sienten como
un problema, y mucho menos en su dimensión metafísica.

Muchas veces me habéis oído referir que la degradación de


un río es mucho más que la pérdida de la calidad de sus
aguas, más que una merma de sus caudales y más que una
reducción de su biodiversidad; es una auténtica amputación
espiritual, una pérdida de vinculación emocional de las
gentes con su territorio,… además de un montón de cosas
más, aparentemente sutiles, pero que a la larga son de un
gran calado. Pero esa realidad, contemplada desde la idea
de la modernidad y del concepto de progreso que nos invade
8
y nubla, no es de fácil percepción; incluso pienso que
entre nosotros mismos tampoco lo es.

La solución a los pretendidos problemas de la apetencia


por el agua, incluso la solución al problema de
degradación, es esencialmente una cuestión de orden moral,
filosófico; es un problema de desgobierno, derivado de la
presión política y social ejercida por parte de unos
intereses muy poderosos y de unas desmesuras apetencias que
siempre se generan y actúan en torno al agua y a los
grandes proyectos hidráulicos, incluidos los -a veces
irresponsables-, intereses electoralistas.

Esa realidad hace que el sentido común y la buena


administración raramente afloren, y que quien quiere
gobernar ni siquiera pueda hacerlo, como es probablemente
el caso de nuestra actual ministra. Siendo así, acabamos
sumidos en un estado de permanente huida hidrológica hacia
delante, en un eterno conflicto allí donde a la
“tecnobarbarie” se le ofrece cancha, pues la apetencia por
el agua no tiene limite de satisfacción posible, como no la
tiene la apetencia por la energía, el dinero o las
riquezas, por eso estamos obligados a recurrir a argumentos
morales y a un mundo de valores, como la belleza y la
armonía, llamados a poner freno al “hidrovandalismo”
actual. Por eso, precisamente, empecé un buen día a hablar
y a escribir de la necesidad de instaurar “una nueva
cultura del agua”. He explicado desde entonces muchas veces
porqué nueva y porqué cultura.

Nunca vamos a tener nosotros, en España, esas guerras


anunciadas del agua a las que se hace referencia en casi la
totalidad de los libros de texto de nuestros escolares, que
aseguran van a marcar el devenir del siglo XXI. Ni siquiera
vamos a tener conflictos que tiñan de rojo ningún río ni
arroyo, por más leña que el electoralismo y la manipulación
regionalista o nacionalista, a través de la acción
política, echen al fuego.

Si algo, en términos hidrológicos, va seguir marcando las


primeras décadas de este siglo va a ser precisamente la
marcha ascendente de la degradación del agua y de los ríos,
forzada por el afán de dar un par de vueltas de tuerca más
a unos sistemas hidrológicos que -tomando la expresión de
Narcís Prat-, deberían estar cuando menos en la UCI, si no
en la UVI. Son vueltas trufadas siempre de expresiones que
empiezan ya resultar empalagosas por su falsedad, como “el
máximo respeto al medio ambiente”, “el interés general”, o
“las decisiones democráticamente tomadas”.

9
De momento ese futuro va a estar marcado por una ausencia
creciente de ríos portadores de aguas naturales,
convertidos en colectores de aguas de depuradoras, ríos de
agua industrial. En definitiva, un futuro sin ríos
auténticos, que habrán dejado de ser la voz telúrica del
territorio, la sangre de la Tierra o la memoria de nuestros
antepasados, como decía el Jefe Indio Seattel. Serán
ríos/imitación, como copias de cuadros originales o
esculturas de los grandes maestros reproducidas en cartón
piedra o en cualquier material sintético, desposeídas del
anima del autor y ni el anima mundi de la piedra, perfectas
imitaciones de los originales, reproducidos por máquinas
perfectas.

Los ríos del futuro, esos ríos de aguas de depuradora,


desprovistos de su magia, de su poder evocador, serán menos
bellos, ríos sin riadas, sin pulso, de hidroencefalograma
plano; ríos sin flora y fauna autóctonas, ríos sin
historia, con sus bosque de ribera restaurados con árboles
de repoblación industrial, en medio de unas formas de vida
de los humanas cada vez más desespiritualizadas y más
ayunas de relaciones sublimes con el entorno natural.

Será un entorno más enlatado, más de cartón piedra, más


tipo Hollywood, el reino de la imitación y del “plesiglas”.
Serán mínimas corrientes de agua de depuradora en escenario
natural restaurado y descafeinado, sin su anima mundi. No
me imagino en esos ríos del futuro, a Shiddartha alcanzado
la compresión suprema. Ese es el mejor de los futuros que
nos aguarda si no damos el oportuno golpe de timón.

La degradación hidrológica no es -pese a todo-, nuestro


mayor problema; la mayor parte de las personas no siente
más problema del agua que el ocasional derivado de unos
episodios de restricciones en los grifos de sus casas o en
la manguera de riego de su jardín. La pérdida de
biodiversidad de los ríos, la insalubridad de sus aguas
para el baño, el sabor y el olor a cloro en el agua del
grifo, la que beben y en la que se bañan en la piscina, la
ausencia de ese olor a río que nos dejaba antaño en la piel
el baño en el agua natural del río, y otras muchas pérdidas
más ,… no son hoy sentidas por los ciudadanos como
carencias o problemas. Ni siquiera la desaparición física
de sus ríos. Valencia, la ciudad del Turia, se ha quedado
sin río, y sin embargo la vida de los valencianos sigue
igual. Lo mismo ha ocurrido con Murcia y Orihuela en
relación con el Segura, con Sevilla y el Guadalquivir, con
Madrid y el Manzanares, Zaragoza con su Huerva, y un
larguísimo etc.

10
Hay en la realidad cotidiana de cada ciudadano problemas
infinitamente más graves y más personalmente sentidos como
tales problemas, como par andar preocupadas por la ausencia
o pervivencia de unos ríos sanos, a los que la mayoría de
la gente ni se asoma ni los siente ni les importa más allá
de tema eventual de conversación. Hay problemas mucho más
graves, que agobian e hipotecan la vida de los ciudadanos,
como la especulación urbanística, el coste de la vivienda,
la corrupción que la envuelve, y el clima de inmoralidad
colectiva que genera. O problemas como el del mundo
inmigrante, el futuro de la juventud, la presencia del
alcohol en sus vidas como elemento indispensable para sus
formas de socialización, el terrorismo allí donde se padece
en el día a día, la situación inhumana y de soledad de
muchas gentes de la tercera edad, las listas de espera en
la seguridad social, la miseria de muchas pensiones, la
inseguridad ciudadana, el hastío del discurso político con
su crispación barriobajera y sus reacciones pueriles, etc.
¡Esos si que son verdaderos problemas!

El del agua, insisto, en buena parte es un problema


construido y, en todo caso, apenas sentido por los
ciudadanos, por más que de vez en cuando hayan habido (en
años pasados) grandes manifestaciones sociales al respecto.
Si nuestros recursos disponibles de agua se redujeran de
pronto a la mitad, pronto nos adaptaríamos a la nueva
situación sin grandes crisis, porque en realidad el agua,
pese al tópico de la escasez, la derrochamos y la mal
usamos. El agua es escasa en la medida que queremos
perpetuarnos en formas de uso y consumo que en muchos
lugares son claramente insostenibles. Si dispusiéramos de
menos agua nuestra vida seguiría igual, porque seríamos más
eficientes, la reutilizaríamos más, la reciclaríamos, la
depuraríamos y la desalaríamos; agudizaríamos el ingenio y
la mediríamos, como se mide un bien escaso.

Muy pocos de nosotros, gentes de la nueva cultura del


agua, salvo la subespecie de los fluviofelices, somos los
que nos acercamos a los ríos, a vivirlos, a sentirlos y
oirlos. Somos muy pocos a los que nos duele en el cuerpo y
en el alma su degradación; pocos los que logramos conectar
la degradación de los ríos con fenómenos de mayor
envergadura y trascendencia, que nos envuelven y fagotizan,
como exponente de una degradación del mismo ser humano.

Creo que a muchas de las gentes de la Nueva Cultura del


Agua, más allá de nuestra preocupación por el bien hacer
con el agua y por la gestión más eficiente del recurso, en
el fondo lo que nos mueve y preocupa son cuestiones de
mayor calado moral, de las que el mal hacer con nuestros
11
ríos, acuíferos y ecosistemas hídricos es simplemente su
versión hidrológica, la manifestación parcial de un
problema general que ha alcanzado ya dimensiones humanas
planetarias.

Personalmente pienso que, incluso la Nueva Cultura del


Agua -en la medida que me puedo atribuir un cierto nivel de
paternidad ideológica, conceptual y de concreción
filosófica del término-, no es tanto un fin en sí misma,
como un medio para tomar conciencia de lo que estamos
haciendo en otro orden superior, más general, pero que el
estado de los ríos nos permite sentir, de forma que es como
un espejo en el que nos reflejamos y nos permite tomar
conciencia del mundo qué estamos creando, y del modelo de
ser humano que emerge de él. Es un mundo preñado de mentira
y de engaño, de huida hacia delante; de profundos
desequilibrios emocionales a duras penas contenidos.

A través de lo que estamos haciendo con el agua cual nos


resulta fácil percibir nuestra actitud irresponsable e
ignorante ante la maravilla de la vida, ese don supremo que
tiene cada cual, en cuya potenciación entran obligadamente
elementos de armonía, belleza, espiritualidad, fraternidad,
ternura, poesía, amor, trascendencia, respeto a los
derechos de las generaciones venideras, etc.

En ese sentido, dentro del mensaje de la Nueva Cultura


del Agua han surgido nuevos conceptos, como el de
fluviofelicidad, cuya fuerza emocional es tremendamente
ilustradora de lo que nos está pasando, de una necesidad de
cambio interior, de romper con un sistema de vida que nos
fagotiza. El análisis del porqué de esa fuerza, nos
permiten acercarnos a la comprensión de la ruindad del
modelo de progreso que hemos construido y que alimentamos
día a día con nuevas destrucciones, en nombre de un
pretendido bienestar cada vez más saturado de profundos
desequilibrios emocionales.

Todos estos planteamientos, que deberían ser la base, el


soporte emocional y moral de una auténtica nueva cultura
del agua, en estos momentos están a años luz de distancia
de los contenidos y las filosofías de los planes
hidrológicos oficiales. Ni siquiera tienen cabida en la
mente del planificador, que apenas los asimila como un
recurso de expresión vacía para la retórica de su discurso
cuando el escenario mitinero se lo exige. ¿Alguien siente
de verdad que nuestras instituciones del medio ambiente
están para defenderlo? Vivimos en la mentira, ignorando que
la verdad es un alimento espiritual que el alma necesita.
No se puede crecer como persona ni se puede madurar como
12
sociedad en un clima en el que no haya un mínimo nivel de
credibilidad; credibilidad en las personas y en las
instituciones.

Nuestros planes hidrológicos siguen siendo


esencialmente planes de la legitimación del reparto del
agua y del parcheo. No hay detrás de ellos ninguna nueva
ética; responden a las exigencias del modelo de progreso
antropofágico y ecocida que nos atrapa a todos en su propia
erótica. La perpetuación de ese modelo se ha convertido en
cierta medida en el cometido social de los partidos
políticos y de los gobernantes que de ellos emergen,
productos a su vez del sistema.

Los partidos políticos están repletos de gente excelente,


con voluntad de servicio, pero ocurre que no brillan, que
no emergen, porque la dinámica del partido les atrapa. Por
eso, venga quien venga, de momento no vamos a ver en las
políticas del agua, ni en tantos otros dominios sociales,
grandes cambios. El modelo que nos gobierna, el que está
por encima del falso poder político, está tratando de
convertir a la humanidad entera en una auténtica granja de
pollos. Hacia la construcción de esa granja caminan hoy
muchos de los aspectos dominantes de la globalización.

En ese contexto, la realidad del agua no podría ser otra


cosa que la que es, la resultante de un mundo de intereses
económicos, de inmediatez, de juegos políticos, de huida
hacia delante, de retórica y pequeños cambios,… para que en
definitiva nada cambie. Lo que hacemos son cambios sutiles,
que nos permiten adornar la desecación y el asesinato de un
río de “caudal ecológico”, los desplumes trasvasistas de
“transferencias de aguas sobrantes” y de “solidaridad
interregional”; al asalto hidrológico llamarlo “interés
general”, a las apetencias de agua sin mesura donde la
naturaleza ha convenido que no la haya, nos permite
llamarlas “demandas sociales” y echar la culpa del
descontrol en el uso del agua y de la demanda
irresponsable, a los “desequilibrios hidrológicos” de la
naturaleza, que no supo poner los ríos con suficiente agua
donde el ser humano los habría de precisar. Al interés
particular y al gran pelotazo, lo disfrazamos de de
“progreso” del país. Así sucesivamente. Y ahí estamos
nosotros, pobres locos del agua., regeneracionistas de la
superficialidad

El problema del agua, como casi todos los problemas que


hoy nos rodean -los percibamos o no como tales-, son de un
calado que sobrepasa a nuestra pequeñez de espíritu, de
forma que estamos abocados a la catarsis. La nueva cultura
13
del agua, y tantas otras cosas más, necesitan de un mundo
nuevo, y ese mundo no es posible sin un ser humano nuevo,
regido por otros principios. ¡Ese es el auténtico reto! Lo
demás son pequeñeces, pequeños incendios que sirven para
entretenernos.

¿Qué estamos haciendo como país, qué está haciendo el


Gobierno y las instituciones por el advenimiento de ese ser
humano nuevo? ¡Nada relevante!. Vivimos en la
esquizofrenia, tanto los adultos como los niños. Cada uno,
como persona, y cada colectivo como tal, sabrá dónde está
situado, en qué nivel de esquizofrenia y bajo qué
coherencia mental y moral se mueve.

Hoy vemos que muchos viejos proyectos hidráulicos de cuya


crítica y oposición hicimos nuestros estandartes y
pendones, siguen igual. Y vemos también cómo la sombra de
los trasvases del Ebro es todavía muy alargada, porque el
sol de los intereses irresponsables y de la insensibilidad,
es un sol de ocaso, que no nos está iluminando desde lo
alto.

El Tajo sigue siendo un cadáver hidrológico silenciado; a


la vez que el Ebro lleva camino de serlo, de sumarse a la
lista, liberado o no de los polémicos trasvases, que pronto
volverán a salir a la palestra; la reivindicación y las
promesas políticas de nuevos grandes proyectos de regadío -
el mayor elemento distorsionador de nuestra paz
hidrológica-, no han cedido ni un solo palmo en el Ebro,
pero tampoco en el Duero ni en ningún lugar donde la
inercia cultural siga imperando y la oferta de regadío una
baza del juego electoralista. De hecho, nadie se atreve a
proponer la derogación del Anejo II del PHN, al menos la
derogación (o moratoria cuando menos) de las obras más
conflictivas que en él justificadas en nombre de las
necesidades del regadío. Pese a que la propia ministra ha
dicho públicamente que los nuevos Planes Hidrológicos de
cuenca, los que la Directiva nos exige, “en poco o en nada”
se han de parecer a los que ahora recoge el PHN en las
obras de ese Anejo, ahí siguen en pie.

Como Fundación corremos el riesgo de quedar un tanto


atrapados por lo que yo personalmente empiezo a percibir -y
sin duda otras muchas personas también- como un sutil
proceso general de desactivación colectiva de los
movimientos sociales y de cualquier foco con potencial
crítico. Percibo una dinámica calculada de la distracción,
diseñada para hacernos mirar hacia otro lado. Muchos de los
convenios establecidos desde la Administración con esos

14
sectores, son formas muy eficaces de silenciar voces, pues
sería descortés y suicida meterse con quien te alimenta.

La presencia directa en la calle, tan activa en la última


etapa de los gobiernos populares contra las políticas del
agua, ha desaparecido. Nuestro interés por la situación de
los colectivos afectados/amenazados por la vieja política
hidráulica machista -todavía muy viva en el seno de nuestra
Administración, de la que el escándalo del cese de Helena
Caballero en la Presidencia de la Confederación
Hidrográfica del Duero es un claro exponente-, en general,
también se ha relajado.

Con la llegada del PSOE se acabaron las grandes


manifestaciones sociales, que es lo que en el fondo duele a
quien gobierna, y con ellas un papel de liderazgo moral,
técnico e intelectual que sin duda tuvimos un día en la
Fundación. Es evidente que no fuimos nosotros quienes
impulsamos esas manifestaciones, pero nuestro papel
inductor fue grande, y nuestra palabra también sonó muy
alta en todas esas ocasiones, encabezando pancartas y
empuñando micrófonos

Los trasvases del Ebro no eran los únicos contenidos


temáticos de aquel Plan Hidrológico Nacional al que un día
nos opusimos con tanta energía, y con el que en cierta
manera nacimos cuando todavía era simple Anteproyecto. El
PHN era -y es también-, otras muchas cosas más, entre ellas
los restantes trasvases contemplados (el del Tajo al
Guadiana, el del Guadiana al Guadalquivir) y todo un
gigantesco plan de más de ochocientas grandes actuaciones
hidráulicas que habría que revisar, entre ellas ciento
dieciséis nuevos grandes embalses, la mitad de ellos en el
Ebro, ¡ojo al dato!, sutilmente justificados ante la
sociedad como soporte a una nueva oleada de planes de
regadío, pero que un día no lejano veremos destinadas
almacenar el agua para las irrenunciables políticas de los
trasvases, que no tardaremos en verlas resucitar.

Nuestra actitud en tiempos pasados fue, ante todo, un


reto de bien hacer en multitud de campos, desde la reforma
real de la Administración hidrológica, pasando por la
calidad de las aguas, hasta la ocupación del dominio
público hidráulico, la ordenación de las zonas inundables,
la policía fluvial, la explotación conjunta de las aguas
superficiales y subterráneas, la sobreexplotación de los
acuíferos, la gestión de la demanda, la reconversión del
regadío, la revolución del contador, la constitución de las
comunidades de usuarios, la gestión de las avenidas, la
aplicación del principio de la subsidiariedad, la
15
participación real, la transparencia, la pedagogía social,…
y un largo etc., en el que incluíamos los espacios
necesarios para la manifestación de la belleza, la
contemplación de la armonía natural, y la vivencia de los
valores lúdicos.

Los espacios lúdicos eran exigidos por la nueva cultura


del agua como un escenario necesario para comprensión y el
goce de la armonía suprema de la naturaleza, para la
percepción del alma cósmica de las cosas creadas por ella;
era el “agua para la libertad”, para la libertad del alma,
como la llamaba en mi librito sobre Una Nueva Cultura del
Agua para España; y lo hacía y decía así porque
precisamente la magia del fluir y el mensaje de la
cristalinidad de un agua prístina han ocupado y ocupan un
papel muy singular en el plano de las emociones humanas,
aunque hoy en día seamos muy poco conscientes de esa
realidad.

Ganó el PSOE las elecciones, derogó los trasvases del


Ebro y es como si todo hubiese acabado. Nos hemos
entretenido de forma desproporcionada con otros afanes,
para los que nos han dado dineros generosos, pero que han
traído como consecuencia un cierto olvido de que nuestra
oposición a aquel PHN tenía otras muchas dimensiones que
los trasvases.

Ahí están los planes hidrológicos de cuenca, cuyas obras


aparecen recogidas en el multi/referido Anejo II, todavía
vigente. Ahí están también los retos de la Directiva Marco
y toda una nueva filosofía hidrológica que aplicar, la de
la nueva cultura del agua,… amén de unas políticas
efectivas de gestión de la demanda, revisiones
concesionales, respeto real a los valores medioambientales
y culturales en juego, participación, y el respecto a los
derechos fundamentales de las gentes, como el de poder
conservar las esencias de los elementos mayores de la
identidad de sus territorios.

En estos últimos tres años han ido surgiendo nuevas


iniciativas y se han impulsado nuevos proyectos. Se han
puesto en marcha extrañas ventas de aguas virtuales del
Tajo al Segura, y se han aprobado estatutos autonómicos que
en materia hidrológica suponen una clara regresión, a la
vez que una fuente potencial de permanentes problemas. Se
siguen promocionando proyectos urbanísticos de gran calado,
divulgados en los medios con el más alto despliegue
publicitario, como el de Marina d´Or, llamados a generar
nuevos y graves problemas con el agua, que por su propia
naturaleza son auténticos agujeros negros de la hidrología.
16
Nuevos afanes de grandes transformaciones en regadío, como
los del Ebro y Duero, lejos de ser enterrados, vemos como
son resucitados con fines electoralistas

Creo que ante todas esas realidades, tenemos que


sentarnos, reflexionar y pronunciarnos de forma sonora. Una
carta a la ministra es una reacción necesaria, pero
altamente inocua y cómoda para quien se espera un rapapolvo
mayor.

A esa realidad de las políticas oficiales, hay que añadir


la nuestra propia, la de la Fundación. La dinámica de
determinados proyectos -en general gestionados a nivel
relativamente personal-, aunque nos parezca lo contrario,
nos ha llevado a consumir un parte muy relevante de nuestra
energía y de nuestra imaginación, que hemos acabado
poniéndola al servicio de pequeñas cosas, mientras lo gordo
se nos escapa, generando dinámicas que lejos de
cohesionarnos nos han separado y nos separan; nos
distancian en cuerpo y en alma.

No es que esté contra los proyectos subvencionados por la


Administración, porque los necesitamos para mantener el
modelo actual de Fundación, y también porque generan
pensamiento, conocimiento y presencia social, pero creo que
hay proyectos y proyectos; los hay que no generan
pensamiento interno ni fuerza social que moleste a nadie;
son proyectos de la autocomplacencia, de escasa capacidad
de transformación de ninguna realidad, que nos dan mala
imagen ante los sectores que padecen los efectos de la gran
política hidráulica, y de los que hay que tratar de huir,
entre otras razones porque nos obligan, quieras o no, a
mantener una actitud de lealtad a quien nos está dando de
comer. Soy consciente de que es un tema delicado, y muy
discutible

En fín, no creo estar descubriendo nada nuevo. Cada uno


es libre de hacer su lectura de todo esto. En resumen, lo
que quiero decir es que “proyectos sí”, pero que se diseñe
un sistema para que el conjunto de la Fundación se
enriquezca también con ellos. Proyectos sí, ¡pero ojo!, que
no menoscaben nuestra capacidad de análisis, ni nuestra
libertad. Sabemos que muchos imperios del pensamiento
crítico han sido desmoronados por ese camino. El dinero
necesario tiene que llegarnos del derecho que tenemos a la
participación social; es decir, de los presupuestos de una
administración responsable y democráticamente madura.
Nuestra función social es necesaria y deseable, y como tal
debería ser considerada. A lo mejor alguien pensará que mi

17
planteamiento es una utopía, que me chupo el dedo, pero
¿acaso no es una utopía la nueva cultura del agua?

A lo mejor exagero, la deciros que mi sensación es que


contra Borrell primero y sobre todo después, contra el PP,
nos movíamos más; éramos más exigentes, más “radicales” y
más creativos. Éramos más pobres, y la pobreza en general
agudiza el ingenio.

Al Gobierno del PSOE se le han permitido y se le están


permitiendo cosas que bajo ningún concepto se las
hubiéramos silenciado al PP, empezando por muchos de los
aspectos polémicos de la Expo de Zaragoza, siguiendo por el
desprecio fáctico a informes como el que en su día
elaboramos sobre Yesa y sobre nuestras alternativas a
Biscarrués. Habríamos levantado la voz contra el impulso
reciente a la presa de Mularroya, innecesaria, que hipoteca
y destruye lo poco que queda de un gran río, el Jalón, el
segundo tributario en extensión de toda la cuenca del
Ebro,… y la habríamos levantado también contra los
anunciados recrecimientos de presas como la de Santolea y
la Torcas. Y en general habríamos denunciado el apoyo
reiterado desde el Ministerio de Medio Ambiente al
desarrollo de los contenidos hidráulicos del Pacto del Agua
de Aragón, por que sabemos con qué falta de rigor y con qué
frivolidad fueron planteados en su día

Y fuera de Aragón, no habríamos silenciado el mal hacer


del gobierno socialista de Asturias, cuando desde una
Consejería del Medio Ambiente se impulsan proyectos -
descartados en la etapa del PP-, como el de Caleao, ni
admitiríamos el silencio de la Confederación Hidrográfica
del Duero ante un proyecto de nombre tan perverso, tan
insultante, como “la Ciudad del Medio Ambiente” de Soria,
en el soto y la llanura de inundación de Garray.

En otros tiempos creo que no habríamos silenciado las


actuales peticiones estatutarias de Aragón en materia de
blindajes de caudales, ni textos sobre la participación
como el que acaba de sacar el Consejero del Medio Ambiente
de Aragón, ni estatutos como el de la Comunidad
Valenciana, al que se le reconoce su “derecho sobre las
aguas sobrantes del Ebro”, etc.

Pienso que habríamos analizado y criticado proyectos como


el Plan Nacional de Restauración de Ríos y Riberas, que no
deja de ser simple cosmética y autocomplacencia, pues lo
primero que hay que restaurar de nuestros ríos son sus
caudales y la calidad del agua; pero eso requiere revisar
los consumos en regadío, empezar a retirar un porcentaje
18
significativo de los actuales, revisar los sistemas
concesionales, ajustar algunas concesiones a la nueva
realidad, retirar las que no cumplan las condiciones,
perseguir la contaminación y mantener limpios los ríos y
sus riberas.

Como acción de gobierno, el Plan Nacional de Restauración


de Ríos y Riberas suena a demasiado pretencioso e
irrealista: “¡plan nacional!”. En sí mismo es paradójico,
pues a la vez que por un lado se preocupa de “restaurar”,
por otro, la acción de gobierno sigue fomentando la
destrucción. Podríamos citar numerosos ejemplos, empezando
por el ya referido soto de Garra, siguiendo por el permiso
para construir de nuevos azudes hidroeléctricos en el río
Arga, de por si ya un cadáver hidrológico, precisamente en
unos tramos donde el río corre con alegría y tiene cierto
aire de vida, pese a contaminación de sus aguas.

Ante un gobierno central del PP creo que habríamos


criticado también la irrelevancia de sus actuaciones en
materia de revisiones concesionales, y habríamos hecho un
balance de los objetivos logrados por el plan de
desaladoras como política alternativa a los trasvases.

Pese a todo no creo yo que nuestra tarea deba estar ahora


centrada en apagar tal o cual fuego, porque apagas uno y
se prenden tres, sino en crear doctrina, en generar
filosofía de pensamiento, en analizar y apuntar con el dedo
acusador las causas profundas del mal hacer general, un
mal, que -como he dicho-, trasciende incluso al puro hecho
y realidad hidrológica. Si no erradicamos la causa del mal,
el mal estará siempre presente, rebrotará continuamente por
un lado u otro. Por eso, tenemos que trabajar para la
instauración de una ética social nueva, emergida de una
reflexión colectiva de todos nosotros, empleando la
realidad del aguador una ética hidrológica, como ya apunté
y enfaticé hace más de diez años en mi librito sobre “Una
nueva cultura…” del que en cierto modo ha surgido la
filosofía de nuestro movimiento.

Tenemos que contribuir a analizar y exponer ante la


sociedad, ante los medios y ante los gobernantes, las
sinrazones en las que se siguen moviendo nuestras políticas
del agua y su porqué… y en qué medida estamos o no en la
línea de aquel Manifiesto que un día con mucho esfuerzo
elaboramos por una Nueva Cultura del Agua para Europa, y
logramos proclamar de forma comprometida y solemne.

Hay que diseñar estrategias para desmontar ese lenguaje


hidrológico orwelliano reinante en la sociedad, en los
19
políticos, en muchos técnicos de la Administración, y
también en los jueces y fiscales, que nos aboca a la
perpetuación de un pensamiento hidrológico simplista y
unidireccional, basado en los tópicos y las inercias
culturales. Lo he dicho muchas veces. Y ahí el tajo que
tenemos en estos momentos es infinito.

Tenemos que en investigar en las raíces del mal hacer, en


la trama de corrupciones y mentiras que sospechamos hay
detrás de muchos de los grandes proyectos hidráulicos, en
la eventual falta de libertad de quien tiene la
responsabilidad de gobernar las cosas del agua. Tendremos
que investigar en los grandes desvíos presupuestarios, en
las subvenciones perversas, en la falta de transparencia,
en la denuncia de las causas de ese estado de permanente
conflicto hidrológico en el que vivimos, y que no cesamos
de alimentar.

Muchas veces he dicho que la raíz del problema de nuestra


gestión del agua no está en la falta de saber hidrológico -
que nos sobra-, sino en el imperio fáctico de unos estados
y formas de poder que, a través de sus resortes políticos,
mediáticos y de su inmensa fuerza económica, tienen
secuestrado el saber científico, el sentido común y la
sensibilidad de la sociedad.

Tenemos que trabajar en la búsqueda de la paz


hidrológica, en la instauración de unos principios
concretos para una ética hidrológica, en analizar la
actitud de los tribunales de justicia, en los causas
abiertas entre Administración y administrados,…

Tenemos que diseñar, para luego exigir, un MODELO DE


PARTICIPACIÓN social en el que los colectivos solventes,
portadores de un discurso de coherencia documentado, puedan
investigar sobre los problemas de fondo con toda libertad y
con los medios mínimamente necesarios, con cargo al erario
público, para que luego, en igualdad de condiciones, puedan
mostrar al país su diagnóstico y sus propuestas. Destinar a
ese modelo de participación el 1%, no ya de los
presupuestos de los proyectos sino de sus desvíos
presupuestarios, sería decisivo, ahorraría mucho dinero y
permitiría la emergencia de una inteligencia hidrológica
colectiva, que ahora no existe.

Sé que el tema es complejo porque ¿qué gobierno o


administración va a dar dinero a nadie para que le saque
las cosquillas? Ese es, sin embargo, precisamente el reto
que tiene la participación honestamente entendida, que no
es otra cosa sino el derecho que cualquier colectivo
20
solvente de ciudadanos debería tener para poder hacer su
discurso ante la sociedad,… y no el favor de recibir unas
ayudas de distracción, a cambio de no molestar en lo
esencial. Nosotros, nuestra Fundación, somos uno de esos
colectivos que podríamos aspirar a unos fondos para generar
una auténtica dinámica de participación.

EL CASO DEL RECRECIMIENTO DE LA PRESA DE YESA

El contenido del “informe” sobre la situación del


problema de la polémica ladera, encargado por la ministra
Narbona al Colegio de Geólogos de España-, nos ha llegado
estos días a través de la prensa. Lo que la prensa ha
referido como tal informe no sino una lectura hecha por los
propios periodistas que han tenido acceso al documento,
acompañadas de las pertinentes citas textuales por ellos
elegidas. Un documento que, a la postre, no ha resultado
ser el pretendido informe, sino una simple carta de quien
en su día podrá ser el autor de ese aún lejano informe,
como más adelante os explicaré, pero que de momento ha
servido para crear confusión y dar una sensación de que
todo está controlado, que el proyecto se desarrolla
conforme a lo previsto y descalificar a un profesor de la
universidad de Zaragoza (Antonio Casas) y humillar al
Ayuntamiento y las gentes de Artieda, principales afectados
por ese proyecto.

En este momento me duele la soledad y la orfandad en la


que me imagino deben estar sumidos muchos movimientos
sociales del agua, incluidos aquellos que siempre nos
fueron los más próximos y en los que más nos apoyamos, como
los de Castrovido, Biscarrués, Umia, Mularroya,, la
plataforma pro río de Orihuela,.. Y ahora, en estos días y
de manera especial, me duele el caso de Yesa.

A mediados de abril -como profesor y no como Fundación-


organicé un debate en la universidad sobre el conflicto de
Yesa. Se pasó aviso a todo el personal y a los medios a
través del Gabinete de Prensa. El acto, desarrollado en el
Salón de Actos de Geológicas, resultó muy interesante para
los estudiantes, que acudieron cerca del centenar. Logré
implicar al Vicerrector de Proyección Social, que vino a
abrir el acto y dar un discurso. Como en los viejos
tiempos, estuvieron en la mesa de ponentes las gentes de
Artieda, representados por su Alcalde. Por supuesto, no
estuvo presente un solo medio de comunicación, ni un sólo
partido político. La C.H.E. (Ministerio de Medio Ambiente,
no olvidemos) cómo era de esperar, se excusó. En cambio, sí
21
que acudió el Instituto Geológico y Minero -muy bien
representado por cierto-, con un discurso admirable,
profundo y crítico. Vibramos durante dos horas y media

En cierto modo fue un acto, planteado entre el profesor


Antonio Casas y yo mismo, como una manifestación de
solidaridad y afecto a las gentes de la Asociación Río
Aragón, en momentos que necesitaban un apoyo moral y
público hecho desde la solvencia de una institución como la
Universidad. Abrochamos para incluirlo dentro del programa
oficial de actos de la Semana Cultura de Geológicas.

A las gentes de Artieda les ha ocurrido que al cabo de


años de montañas de esfuerzo y perseverancia, las
decisiones judiciales, la actitud de la prensa y la del
propio ministerio, les ha hecho sentirse como al principio.
Las esperanzas depositadas en su día con la llegada de
gobiernos socialistas, tanto central como autonómico,
teóricamente afines a las tesis de la Nueva Cultura del
Agua y más sensibles hacia la situación de los débiles, día
tras día se han ido desvaneciendo, de forma que hoy se
sienten peor que al principio, con la dura frustración de
la derrota, pese a que todavía hay otras causas abiertas, y
siempre queda la esperanza de la victoria final.

Hacía unas semanas que a esas gentes el Tribunal Supremo


les acababa de quitar la razón en un proceso que había
durado años. Años llenos de esperanzas y de ilusiones
colectivas, de una lucha transgeneracional, que lleva casi
un siglo a cuestas. Para más “INRI” se les condenó incluso
a las costas procesales, que suman una auténtica millonada.
La obra contra la que han estado luchando no tiene razón de
ser desde cualquiera perspectiva que se la enfoque, sea
social, económica, medioambiental ni, por supuesto, desde
los compromisos de la Directiva Marco ni de la Nueva
Cultura del Agua. Así se pronunció en su día nuestra
Fundación en un Informe de alternativas.

El río Aragón que desde hace años debería estar en la


UCI, y más tras la nueva agresión que supone el embalse de
Itoiz en su gran tributario el Iratí, lejos de entenderlo
así, la Administración decide impulsar el recrecimiento de
Yesa, haciendo de él un cadáver hidrológico más, en
momentos en los que –paradójicamente-, estamos hablando de
mejorar la salud de los ecosistemas acuáticos,de los ríos
y sus riberas en todo el país.

Desde el punto de vista procedimental, la tramitación de


ese proyecto nos ha parecido siempre una cadena de abusos,
arrogancias, prepotencias, desprecios y contrasentidos. Por
22
eso, de alguna manera tendría que expresar ahora nuestra
Fundación -de forma pública y clara, directa y enérgica-,
su lamento, su profunda decepción y su reflexión, aireando
algunas de las muchas contradicciones del discurso oficial
del agua en la Comunidad Autónoma de Aragón y las trampas
de algunas formas de pseudoparticipación, como la llamada
Comisión de Agua de Aragón, aireadas sin pudor como un
ejemplo que está dando al mundo entero de bien hacer.

Lamentablemente, a lo largo de los últimos meses veníamos


viendo con preocupación, cómo ni siquiera la puesta en
marcha del deslizamiento real de la ladera próxima al apoyo
izquierdo de la presa -que durante muchos días avanzó al
ritmo de 2 cm/día hasta generar un sistema de grietas de
más de cinco metros de profundidad-, estaba sirviendo para
que los grupos políticos reconsiderasen un poco lo que allí
estaba pasando, y lo puede llegar a pasar, llamando la
atención a la Administración y facilitando la labor de los
jueces.

Entre tanto, la sociedad aragonesa desde la total


indolencia cultivada por los medios y la acción política,
ha vivido la situación de esa ladera como si el problema no
fuera con ella, como si las gentes de Artieda no fuesen
aragoneses, o como si se tratase de una simple cuestión de
autoridad de gobierno, de control de unas minorías tercas e
insolidarias con el interés general de la mayoría de los
aragoneses. Los medios, como casi siempre, desde agosto -
que es cuando se tuvo noticias del deslizamiento-, se han
venido limitando a sostener y difundir lo políticamente
correcto.

Sólo si un día ocurriese una desgracia, esa misma


sociedad mostrará desde el morbo su interés por el tema,…
pero apenas durante unos días. Ocurra lo que ocurra,
sabemos todos en nuestro fuero interno, que a la postre no
pasará nada, como no pasó nada con las catástrofe de
Biescas, con 87 muertes inocentes, a los responsables de
una actuación innecesaria en aquel lugar, en todo caso
claramente imprudente, como así sentenció la Audiencia en
la causa administrativa

El pretendido informe del Colegio de Geólogos de España


antes citado, ha resultado ser una simple carta a la
ministra del Medio Ambiente, en la que se dice que el
informe solicitado habrá que hacerlo tras un plan de
reconocimientos relevantes y específicos pendiente de
diseñar, que ni siquiera ha sido aún formulado. Los
estudios previos necesarios y el informe pertinente irán
con cargo a un Convenio General a establecer para este y
23
otros temas. Me temo que en lo sucesivo esa “agresividad”
que mostró el Colegio contra el Ministerio de Fomento en la
etapa de Cascos, no se producirá en ningún tema, si por
medio hay un convenio millonario. Estamos ante el eterno
problema de la independencia, convertida cada vez más en
una entelequia humana.

Tras la referida sentencia del Supremo, los medios han


tratado de vejar y ridiculizar a personas de la honestidad,
el valor moral, la generosidad y el saber reconocido del
profesor Antonio CASAS, a la vez que han señalado con su
dedo acusador al Ayuntamiento de Artieda poco menos que de
malversador de fondos, por gastar dineros públicos en
abogados en una causa que -como habría dicho el Supremo-,
estaba perdida desde el principio, pues gozaba de la
calificación de “interés general”.

Pienso que estamos ante una realidad -la de Yesa-, que a


modo de botón de muestra de otras muchas realidades,
debería ser objeto de análisis altamente prioritario en
nuestra Fundación, motivo de un debate y una reflexión
interna y, en todo caso, motivo de un eventual
pronunciamiento público, que no pueda pasar desapercibido,
como podría ser en una simple carta a la ministra.
Deberíamos tomar una actitud activa y de compromiso
inequívoco, no sólo en la cuestión de la inestabilidad de
la ladera, sino también en la lectura del trasfondo que hay
detrás de este tipo de proyectos, empezando por la propia
figura del “interés general”, la “utilidad pública”, la
propia actitud de los medios, la indolencia política, la
democratización de la mentira como sistema, la verdadera
falta de solidaridad, etc.

Tenemos que decir claramente a la sociedad, desde la


Fundación, que no se puede andar con remilgos, opacidades
ni sombras de duda ante un problema de la naturaleza y
envergadura como el de Yesa. Lo que está en riesgo en este
caso, no es una granja de cerdos, sino a la seguridad de
las personas y sus sensibilidades más profundas. Hay,
además, un problema de vejación y humillación colectiva de
una minoría, que en su día pagó ya un importantísimo
tributo a favor de eso que llamamos el progreso general del
país, cuando les hicieron el primer embalse, el actual.
Tenemos que recordar a la Administración, a los jueces, a
los políticos y a los medios, que ante la duda razonable
existe un principio sabio, el principio de precaución.

Creo que desde la cúpula de la Fundación habría que


escuchar de nuevo y cuanto antes a los afectados, llámense
gentes de Artieda, Sangüesa, Mianos, Sigües y la diáspora
24
de Tiermas, a las gentes que defienden el patrimonio
cultural de Aragón (APUDEPA) y saben lo que allí se
pretende sepultar,… y, por supuesto, al Profesor Antonio
CASAS y gentes de su Departamento.

Existe en este proyecto de obra, un riesgo potencial


grave, incluso muy grave o, cuando menos, una duda
razonable. Creo que tendríamos que pedir de manera urgente
y sin demora, el acceso inmediato a todos los datos
relevantes que se supone se deberían estar tomando desde
hace meses en esos terrenos, fundamentales para hacer una
valoración rigurosa del problema. Si todo está tan claro y
es tan transparente como se pretende decir, no debería
haber el menor problema en que se den esos datos, y se
permita acceder a la obra cada vez que sea crea oportuno,
en vez de tener que recurrir a sobrevolar los terrenos en
avioneta alquilada por los afectados, para poder hacer unas
simples fotografías sobre las que poder diagnosticar algo.

Eso sería participación, lo demás milongas. Y así hay que


decirlo a la ministra, al ministerio, a la C.H.E., al
Consejero de Medio Ambiente, a los medios y a la sociedad.
Pero no yo -a título personal y de francotirador-, sino la
Fundación como colectivo, social técnica y moralmente
autorizado.

En el conflicto de Santaliestra la ministra Tocino, a


cambio de retirar la querella penal, llegó a ofrecer en su
día la posibilidad de hacer los trabajos pertinentes de
reconocimiento de las laderas susceptibles de deslizamiento
que entre las partes afectadas y la Administración
diseñaran de mutuo acuerdo, incluso con dos directores de
proyecto, uno oficial y otro nombrado por los afectados.

El problema allí era el mismo que en Yesa: la evidente


inestabilidad de una ladera y el riesgo que esa situación
entrañaba para la obra, los grandes desvíos presupuestarios
a los que estaba expuesto el proyecto, además de los riesgo
a los que quedaban sometidas unas personas. En el caso de
Yesa, la envergadura del problema y la magnitud del riesgo
humano nos permiten exigir públicamente -desde la
Fundación- una cosa parecida a lo que se ofreció en
Santaliestra en tiempos del PP. Si lo concediesen -como
digo-, sería un buen ejemplo de participación real.

No podemos perder nuestra capacidad de orientación a la


sociedad ni su credibilidad y confianza, porque entiendo
que esa es una de nuestras tareas. Nuestra función es
hablar por la boca del agua y con su misma transparencia,
defendiéndola siempre.
25
Igualmente, pienso que estamos en la obligación moral de
apoyar públicamente LA FIGURA DEL PROFESOR CASAS, como en
su día lo hicimos con Julia y Miguel Ángel, acosados por el
gobierno del PP murciano.

No se puede en este momento hacer una valoración objetiva


del problema a base de ese pretendido “informe” realizado
por el Colegio de Geólogos, que en realidad son tres folios
que no dicen nada que no convenga decir. En cambio, sí
puedo afirmar que hace dos meses coincidí en un tribunal
académico con la persona a la que -según su propio
testimonio-, el Colegio de Geólogos le había comisionado
para hacer el futuro Informe. En aquella ocasión me dijo
que acaba de visitar la zona, y que su primera impresión
sobre la inestabilidad de los terrenos, era que el problema
tenía tal magnitud que entendía que no había solución
técnica razonable o, en todo caso, muy costosa.

Ese pequeño documento, cuya manipulación tanto revuelo


ha armado estos días, en realidad es fruto de una estudiada
y legítima ambigüedad, como no puede ser de otra manera en
estos momentos, en los que faltan los datos más elementales
del problema; por eso, al tiempo que se afirma una cosa, se
hace lo propio con la contraria, de ahí que a los medios
le caben siempre todas las lecturas que quieran hacer. Es
obvio que en “la situación actual” -a la que se refiere
expresamente el documento, no reside el problema, sino en
la situación que generarán en su día las obras de ese
embalse recrecido y en las condiciones de su explotación,
que es lo que se discute, y sobre lo que no hay
pronunciamiento concreto en el ese documento.

Lo cierto es que hace años que se ha venido anunciando la


precariedad de las condiciones geotécnicas del lugar, pero
no precisamente desde la Administración, sino por gentes
como René Petit -designado en su día director del proyecto
y de la obra de la actual presa, una persona que vivió
profundamente preocupado, atormentado incluso, porque allí
un día pudiera pasar algo.

Más recientemente ha hablado de esa precariedad del


terreno el Profesor Antonio CASAS de la Universidad de
Zaragoza y quienes desde su Departamento (del que es el
Director) le secundan, sin que medie sospecha de interés
personal ni corporativo alguno. Que yo sepa, el profesor
Casas nunca ha cobrado un duro por ninguno de sus informes;
no tiene más interés en este “affaire” que el bien hacer y
el cumplimiento de su obligación como ciudadano de bien,
como persona autorizada para hacerlo, y como universitario
26
responsable. Hay que recordar a la sociedad, a los medios,
al ministerio y al empecinamiento político, que no estamos
hablando de un Departamento de sociología, economía o
derecho administrativo; sino de un Departamento en el que
se imparten enseñanzas superiores del tema: geotecnia,
comportamiento de rocas y suelos, ingeniería geológica, e
hidrología superficial y subterránea.

Hoy es evidente que aquello que el Profesor Casas ha


venido diciendo en relación con el mal emplazamiento de esa
obra ya no es una fantasía, sino una preocupante realidad.
A las primeras de cambio, a los primeros movimientos
significativos de tierras realizados, y a las oscilaciones
habidas del nivel del agua en el actual embalse, los
problemas han aparecido. Y lo han hecho de forma alarmante.
Largas grietas de varios metros de profundidad han empezado
a desarrollarse en el terreno, y toda una ladera, con
varios millones de toneladas de material, se ha puesto en
movimiento hacia el vaso del embalse. Ni qué decir tiene
que los problemas que pueden llegar a aparecer cuando el
viejo embalse quede sepultado por el nuevo, con subidas y
bajadas de las presiones intersticiales del agua mucho más
relevantes que las actuales, serán de otra escala mucho
mayor.

Sin embargo, desde los medios se ha dado a entender qué


el Informe “ha venido a dar la razón a la Confederación
Hidrográfica del Ebro” ¿Razón en qué? me pregunto. Hoy en
día los medios han experimentado -no sólo en el tema del
agua sino en los grandes temas en general-, una pérdida
ostensible de capacidad crítica, algo que en mi opinión es
extensivo a toda la sociedad, que en años de democracia
está padeciendo una sobredosis de marujeos, morbos,
camensevillismos, pantojismos, tomatismos y
superficialidades… que la están estupidizando hasta niveles
altamente preocupantes, como para organizar manifestaciones
multitudinarias

En ese “informe” se concluye afirmando que “es necesario


proceder con urgencia a desarrollar medidas correctoras
encaminadas a estabilizar el terreno afectado”. ¡Evidente!
En esto no hace sino dar la razón a quienes desde hace
años, desde saberes contrastados y desde su libertad, han
venido alertando sobre el riesgo que ofrecían esos
terrenos, y sobre la escasa posibilidad técnica de
controlarlo. Pero una sociedad dotada de una mínima
capacidad de discernimiento se tendría que preguntar ahora
¿por qué no se habló de esas correcciones urgentes y
necesarias antes, en su día, en su momento administrativo,
cuando se elaboró el anteproyecto, que para eso se hace?
27
¿Por qué no se habló del tema a la hora de aprobar el
proyecto, ni cuando se sacó a concurso la adjudicación de
la obra?

La realidad es que nos encontramos ante uno de tantos


proyectos chapuza hechos con urgencia, con poco fundamento
de partida, que, pese a todo, logran colarse por los
filtros sociales, políticos y los de los tribunales de
justicia, reflejando lo que la Administración, los medios,
la clase política, el sistema judicial y la propia sociedad
son.

Quienes están a favor de esa obra, los beneficiados, de


una u otra manera se han visto estas últimas semanas
envalentonados por la sentencia del Tribunal Supremo, que
ha desestimado definitivamente la causa penal abierta sobre
los responsables del proyecto. Al parecer un argumento
clave para tan alto tribunal ha sido que se trata de una
obra declarada de “interés general”; una figura, por lo
demás, estimada perversa, no sólo por muchos juristas, sino
también por el propio sentido común de las personas. Cuando
los jueces recurren al “interés general” hay que recordar
la sabiduría del Caballero Don Quijote: ¡con la Iglesia
hemos topado, Sancho!

Tendríamos que preguntarnos ahora ¿quién va a pagar los


relevantes desvíos presupuestarios de esa obra, al día de
hoy incalculables, cuando antes siquiera de empezarla
aparecen ya problemas de la envergadura de los que estamos
viendo?. Por supuesto, que la empresa adjudicataria no va a
correr con ese gasto “imprevisto”, pese a que estaba
cantado y anunciado, sino más bien todo lo contrario,
porque las empresas con estas cosas hacen siempre su
pequeño agosto; son las primeras en beneficiarse. Hemos
creado una situación en la que el mal hacer es parte del
negocio de unos y otros, de los que conceden las obras y de
los que las ejecutan.

Los regantes beneficiaros de la obra, por supuesto que no


van a pagar esos nuevos gastos. Evidentemente los pagará la
Administración; es decir, todos. Lo que ocurre es que a
nadie nos van a poner un impuesto especial para asumir el
desaguisado y, en consecuencia, nadie va a percibir su
coste como algo que afecte a su bolsillo. El desaguisado
será costeado en base al detrimento de otras prestaciones
sociales que nunca sabremos cuáles son, tal vez más
perentorias y de mayor interés general, pero que -
evidentemente-, no dan votos ni generan desvíos
presupuestarios de tan difícil control, ni están tan
favorecidos por la impunidad, como los de las grandes obras
28
hidráulicas. Pero eso nunca lo sabremos, de forma que “ojos
que no ven…”

Se podría escribir todo un libro respecto a esa


picaresca; podríamos hacer una lista de obras
hipermillonarias muertas de risa, tapadas por el silencio
político pactado y por la indolencia y la escasa voluntad
inquisitoria de los jueces, que siempre tienen su cómoda
escapatoria en la figura del “interés general”, queriendo
ignorar que por mucho que lo decrete un Parlamento, debe
ser demostrado ante la sociedad, tal y como sentenció en su
día la Audiencia Nacional en el conflicto de la presa y el
embalse de Itoiz, un conflicto escandalosamente resuelto
por el Tribuna Constitucional, al aplicar con carácter
retroactivo el contenido de una nueva ley promulgada con
posterior a la condena, no sólo de la Audiencia sino
también del Supremo, simplemente para que el interés
general se pueda cumplir.

No es necesario retrotraerse a los tiempos de la


dictadura franquista para encontrar esa corruptela de los
desvíos presupuestarios a los que nos referimos; los
seguimos teniendo hoy en día, tal vez más graves y
generalizados, si bien más sutiles y más democratizados que
antes; forma la esencia de la llamada cultura del pelotazo,
un cultura nacida como en tiempo de democracias, vigentes
con partidos de derechas o de izquierdas, porque en estas
cuestiones no hay diferencias ostensibles entre unos y
otros; es la naturaleza humana la que se deja llevar por la
llamada del dinero, deshonrando partidos e instituciones.

En esta situación de corruptela, la palabra la tienen los


jueces, que es un colectivo al que todavía le falta mucha
sensibilidad en relación con los problemas
medioambientales, de forma que como la Justicia no afine,
tenemos desgobierno y desmadre hidrológico y medioambiental
asegurados, para rato; al menos mientras haya ríos que
asaltar y agua pública que repartir. Su paraguas seguirá
siendo el interés general. Actuaciones de la Justicia en
casos para nosotros tan próximos como los de Yesa, Itoiz,
Castrovido, Umia, Santaliestra, son descorazonadoras.
¡
La maldad organizada es a veces tan fina y tan hipócrita
que permite lanzar a los medios contra un humilde
Ayuntamiento, como el de Artieda, que con la voluntad
manifiesta de la totalidad de sus vecinos residentes, ha
gastado una parte importante de sus presupuestos en
abogados, tratando de defenderse del autoritarismo
hidráulico y de la chapuza administrativa. Se le ha
acusado ahora donde más suele doler a la gente honesta, en
29
la presunta malversación de fondos. Paradójicamente,
quienes así acusan, se olvidan de hacer lo propio con la
Administración, habida cuenta de que los costes del arreglo
de los terrenos de la presa de Yesa son de un orden de
magnitud superior al empleado por ese Ayuntamiento en el
ejercicio de un derecho tan elemental como el de defender
la integridad de su territorio y sus mejores tierras,
frente a lo que entiende es un abuso de poder y un nuevo
intento de aniquilación, el segundo en cincuenta años.

El primero de esos intentos, fue ya consumado con la


construcción de la actual presa, que destruyó para siempre
un futuro verdaderamente esperanzador de la comarca, que ya
nunca será posible,… porque lo que entonces se arruinó
fueron las esencias del territorio; un territorio de un
valor singular, llamado a ser una Cerdaña aragonesa, centro
de una basta comarca, hoy declarada parte del Primer Camino
Cultural de Europa, Camino de Santiago, lugar de paso de
cientos de miles de personas que suben y bajan a la nieve
desde Navarra, La Rioja y el País Vasco, a través de un
paraje antaño verde y frondoso, presidido entonces por un
amplio fondo de valle plano por el que discurría un río (el
Aragón) aguas limpias y bravas, que hoy darían vida a un
mundo inimaginable de actividades de ocio activo.

En aquel valle se ubicaba el mayor manantial de aguas


termales sulfurosas de España, el de Tiermas, frecuentado
ya desde época romana, sede que fue de un gran balneario,
hasta que las aguas del embalse de Yesa lo sepultaron. Todo
aquel territorio, cuna de la historia de Aragón, está
rodeado de lugares de gran valor simbólico y cultural
(monasterios de Leyre y San Juan de la Peña, Castillo de
Javier,) única salida natural de renombrados valles, como
el de Broto, Ansó y Roncal,…

Hoy, todo ese territorio está desarticulado y


desangelado; presidido una buena parte del año por inmenso
panorama de muerte y destrucción, por un espectacularmente
extenso y dantesco barrizal, de árboles podridos, tapiales
reventados por el agua que apenas emergen ya sobre el fondo
de lodos acumulados, en uno de cuyos bordes se abrió en su
día una nueva y atormentada carretera, que ha
desencadenado erosiones que han generado uno de los
paisajes de badlands más espectaculares del país, pero
cuyos arrastres aterran año tras año y a gran velocidad, el
fondo del embalse.

Todo aquello es hoy un paisaje interminable y


sobrecogedor de pueblos abandonados tras quedarse sus
gentes sin tierras de labor. Me pregunto ¿es que no han
30
pagado ya esas gentes de la canal de Berdún suficiente
cuota para el progreso de los demás? ¿O es que hemos
perdido el sentido común y la capacidad de comprender el
dolor ajeno? ¿A qué viene esa cobardía de ensañarse con el
débil? ¿Cómo es posible que ahora, con la pasividad y la
indolencia de todos, se apruebe la consumación de un nuevo
vandalismo de Estado? ¿Dónde están los derechos elementales
de las minorías? ¿Cómo es posible que entre las mismas
gentes beneficiadas de esa obra, las de Bardenas y las
Cinco Villas, bajo ningún punto de vista comarcas
deprimidas ni necesitadas, no surja un movimiento de
renuncia a esa obra, que tanto mal hecho y pretende seguir
haciendo en su nombre?

* **
Que el Colegio de Geólogos diga ahora que procede “poner
en marcha de forma urgente medidas que corrijan las
condiciones del terreno”, es una conclusión de cajón. Sin
embargo, la puesta en marcha de esas medidas no quiere
decir que los resultados vayan a ser los deseados; habrá
que esperar. Entretanto, la dignidad del ejercicio de
gobierno y la dignidad de los partidos políticos deberían
exigir la moratoria de la obra. Y nosotros, como Fundación,
creo que también.

Algunos portavoces políticos del oportunismo se han dado


prisa estos días en afirmar que “tras los resultados de
este Informe, el ministerio vuelve a quedarse sin excusa
para no impulsar de una vez por todas el recrecimiento de
esta obra”. Así lo ha manifestado un portavoz de Izquierda
Unida. Olvida que el pretendido informe es simplemente la
manifestación de la necesidad de intentar estabilizar esos
terrenos; pero de ahí a que se consiga, con la garantía de
seguridad que el caso exige, queda mucho camino que
recorrer.

Cuando la ladera esté estabilizada, el problema resuelto


y la gente de aguas abajo dispuesta a aceptar el riesgo, se
podría hablar de hacer esa obra. Pero antes no. Mientras,
lo que procede -por simple respeto a los afectados, y por
una elemental ética de la convivencia-, es su moratoria. En
el plano económico el proyecto lleva camino de ser de uno
de esos muchos de los que se puede decir que “van a costar
más las cintas que el manto”.

Por todo lo antedicho, argumentar en esta situación de


profunda incertidumbre técnica, económica y de riesgo para
los ciudadanos ciudadana, como razón de peso que el
recrecimiento de la presa de Yesa “es una actuación
política y democráticamente consensuada”, es una
31
irresponsabilidad, un juego electoralista barato,... por
mucha cosmética democrática con la que se quiera adornar el
discurso político.

No se puede jugar a democratizar la mentira, pues desde


esa perspectiva cabría inferir que el apoyo solemne a la
guerra de Iraq por parte del gobierno español del PP fue
una decisión rigurosamente democrática, en la medida que
recogía -teóricamente al menos-, el pretendido sentir
mayoritario del pueblo español expresado en el Parlamento a
través de sus legítimos representantes políticos,
libremente elegidos.

Sabemos todos -o lo presuponemos llevados por nuestra


intuición y por lo que vemos-, que día a día se cometen
tropelías en nombre de la mentira democratizada. La
política en gran medida ha dejado de ser el noble arte de
administrar y de servicio a la sociedad, para convertirse
en un empleo bien remunerado, en un juego por el poder; en
un juego sin reglas explícitas, de ventajistas diríamos;
la ventaja es la de quien en cada momento gobierna. Un
juego regido por niveles de tolerancia y silencio
implícitamente pactados. ¿Quién puede a estas alturas
creerse, más allá de los interesados en el juego, que el
recrecimiento de Yesa es una obra de interés general,
querida y pedida por el pueblo aragonés?

La gran mayoría del pueblo aragonés desconoce el abc del


conflicto, que no es sólo un conflicto hidrológico o
geotécnico, sino también social, moral, además de
económico, cultural, patrimonial y, en definitiva, humano.
Es la expresión implícita de una crisis de valores
culturales y de convivencia. El proyecto vuelve a inundar
15 km. más de un lugar catalogado como patrimonio de la
humanidad, Primer Camino Cultural de Europa, camino de
Santiago; un espacio cargado de historia, de referencias de
un pasado muy significativo. En algunos lugares el nuevo
barrizal llegará a alcanzar varios kilómetros de anchura, y
van a ser al final más de 40 km inundados del fondo de un
gran valle del pirineo, de una gran canal transversal,
articuladora de un conjunto de valles ortogonales a ella .

“Que se lleven el agua, pero que nos dejen en paz,… que


se inunden otros su propio territorio, puesto que para
ellos es el agua.., ¡Que ya vale!”. Es lo que dicen y
piden las gentes afectadas por ese proyecto. ¡Qué menos se
les puede conceder!

Estoy persuadido de que si las gentes más directamente


afectadas por este recrecimiento -los vecinos de Artieda,
32
Mianos, Sigües, Sangüesa,…- fuesen emigrantes de segunda
generación, asentados en ese territorio desde hace
cincuenta años,… a la primera protesta social que hubiese
habido, el proyecto habría sido retirado a toda velocidad,
porque tanto el gobierno central como el autonómico y las
comarcas beneficiadas, habrían sido acusados de xenófobos
por la Comunidad entera.

Hoy, ocurre que las gentes afectadas son precisamente


quienes llevan allí viviendo no dos generaciones, sino dos
mil años, con una historia de dolores recientes todavía
sangrantes. Pese a todo, se nos incita a que los tachemos
de insolidarios, de antiprogreso y de malversadores de
fondos públicos.

¡La indolencia nos está volviendo ciegos! No se puede


arrasar ese territorio ni la sensibilidad de esas gentes,
por una razón que no existe, por un progreso que no es tal,
y por un interés general que es, ante todo, privado.

Lo paradójico es que los invasores “aparentes”, los que


son utilizados como tapadera de los grandes intereses que
hay detrás, son los mismos aragoneses; gentes de otras
comarcas vecinas, que desean más agua para aumentar su
patrimonio y su riqueza. Mientras, la sociedad aragonesa
vive sumida en su indolencia, a la vez que su territorio de
despersonaliza y despatrimonializa día a día. Estamos
creando una jungla humana, y no lo queremos ver.

MI MORALEJA FINAL

No es sólo Aragón, sino todo el país en general, el que


de una forma u otra está hoy sutilmente en venta, en aras
del eufemismo del progreso. Esta en venta lo poco que queda
de nuestros ríos a fuerza de presas, de nuestras montañas y
de sus mejores playas a fuerza de urbanizaciones del ocio
de la fantasía, de la nieve y de los campos de golf. En
nombre de una hipócrita sensibilidad ecológica y desde el
oportunismo, nos están vendiendo y destruyendo los mejores
horizontes a base de aerogeneradores, que están creando un
paisaje impersonal e industrializado por doquier; lejos de
suponer una alternativa frente a los usos de energías más
contaminantes, lo que representan es más oferta energética,
más hilo para la cometa del “desarrollo”.

Hoy ya no hay forma de poder recrearse en la armonía de


un paisaje, en el placer de perder la vista y la
imaginación en el infinito, sin que la mirada se tope con
una inmensa hilera de esos modernos gigantes del progreso,
33
todos en formación, como los indios de las viejas
películas, dispuestos a lanzarse a la conquista del valle.
Me los imagino avanzando hasta la ciudades, hoy ya cercadas
de esos ingenios, hasta poner sus aspas en las torres de
nuestras iglesias y catedrales. Nadie quiere entender que
la oferta de energía es como la droga o como el afán por el
dinero, para los que todo es poco. Tendremos muchos
molinos, mucha energía para alimentar nuevos cachivaches
del progreso, pero no tendremos panoramas limpios en los
que perder la vista, en los que volar.

El problema ante el que nos enfrentamos es de orden ético


y de falta de una voluntad de bien hacer; empezando por la
voluntad de quien tiene la responsabilidad de gobernar, que
ha olvidado que gobernar es administrar sabiendo ponderar
inmediateces y oportunismos, frente a valores
transcendentes y derechos de la generaciones venideras. A
esa destrucción, sin limite de satisfacción posible,… a la
privatización de todo, incluso de aquello que por su propia
naturaleza es un bien público como los ríos, los horizontes
y las montañas más majestuosas, que configuran la
personalidad de un paisaje y la identidad de las personas
con él, quieren ahora que le llamemos “progreso”, y nos lo
acabamos creyendo. Y en esa trampa y en esa
irresponsabilidad del progreso ha caído la sociedad. El
recrecimiento de Yesa es el paradigma de esa realidad.

Es hora de preguntarse ¿qué modelo de sociedad estamos


construyendo? ¿qué mundo estamos dejando a nuestros
descendientes, a quienes nos han de suceder en este
territorio? y ¿con qué derecho?

Más allá de todos argumentos técnicos, económicos,


ambientales, etc., hay detrás de este lamentable proyecto
de Yesa -y de detrás de tantos otros también-, la huella
del modelo de sociedad que hemos creado, en un escenario de
vida y convivencia marcados por la patología del lucro y la
mentira, por encima de sentimientos, solidaridades y
valores trascendentes. Lo que cuenta es la inmediatez y el
ego enfermizo. Estamos llamando “progreso” al darle fuego a
todo, a la autodestrucción al más corto plazo de culturas e
identidades, a la venta de nuestra casa y la de nuestros
descendientes, a la privatización de lo más sagradamente
público y patrimonial,… Y todo por un auténtico plato de
lentejas. Es el pan para hoy y el hambre para mañana.

Estamos llamando progreso a la huida hacia delante y al


hurto a las generaciones venideras de los elementos del
territorio que han configurado siempre la base de la
vinculación emocional del ser humano con ellos. Parece
34
oportuno recordar al genio de Groucho Marx cuando ironizaba
argumentando: “¿Por qué me voy a preocupar yo por las
generaciones venideras? ¿Qué han hecho ellas por mí?

Tenemos miedo a preguntar -y a preguntarnos a nosotros


mismos también-, qué es el progreso, qué es el desarrollo,
hasta dónde y en qué dirección hay que desarrollarse. El
desarrollo material ilimitado aplicado a los seres vivos
acabaría produciendo monstruos; por eso, hay un momento en
el que el desarrollo material alcanza un nivel, un tope, y
entonces se reorienta hacia otros dominios del ser vivo.
Ese momento es la madurez. En el caso del ser humano esa
madurez no sólo tiene una dimensión material, sino también
y esencialmente espiritual.

En España no es tiempo ya de más grandes embalses, que


serían de difícil justificación, y menos el tiempo para una
nueva oleada de ciento dieciséis más, como los contemplados
en el PHN con compromiso de Ley. Es difícil justificarlos
en base a la necesidad objetiva de nadie. No hay ya
proporción entre el bien que pueden reportar hoy en día
esas obras en nuestro país, lo que cuestan al erario
público, el tributo ambiental y de naturaleza que
representan, las disfunciones que acarrean al conjunto de
la sociedad, incluidas las generaciones venideras,… y los
dolores y vejaciones humanas en juego. No hay problema
objetivo del agua que no pueda tener, en general, otra
alternativa más razonable, empezando por la mejora la
eficiencia, la reutilización, el reciclado, el ahorro o la
desalación, aunque sea más costosa.

Estamos ya en el tiempo de caminar hacia la madurez


hidrológica. Estamos en el tiempo de preocuparnos por
cuidar los embalses que tenemos, de hacer que duren más los
que tengan que durar, y tirar los que haya que tirar. No
hay proporción entre el daño que hacen y el bien colectivo
que generan. Estamos en el tiempo de gestionar la demanda y
de fomentar el respeto a los elementos de identidad de los
territorios; al menos dentro de unos límites, por lo demás
ampliamente sobrepasados.

Estamos en el tiempo de los ríos, en el tiempo de la


Directiva Marco, del compromiso con la salud de los
ecosistemas, con la madurez hidrológica. Estamos en tiempos
de aprender a discernir entre el progreso y la
tecnobarbarie, entre el interés general y los intereses
patológicos de los grandes poderes organizados. Es el
tiempo de pensar en términos de armonía global, tanto
personal como colectiva, de recuperar las formas de
convivencia, de reequilibrios emocionales y de formas de
35
convivencia y socialización perdidos. Hemos perdido hasta
el sentido de la vida misma. Es el tiempo de preguntarse
qué es vivir, y qué es el bienestar

El recrecimiento de Yesa no tiene hoy por hoy el menor


apoyo científico técnico. Es una obra injusta, insolidaria
y fraticida; carece de sentido hidrológico y
medioambiental. A la postre, no va a resolver nada que vaya
más allá del negocio hidroeléctrico evidente que hay
detrás. Su desvío presupuestario se adivina infinito. Nada
va resolver si a la vez que la presa, no se construye un
nuevo y complicado gran canal, como en su día quedó
demostrado en un informe riguroso elaborado por nuestra
Fundación; en cuyo caso estaríamos hablando de un coste
inimaginable. Por eso, ese canal nunca se hará; de hecho ni
siquiera se plantea, porque en realidad no va a hacer falta
para el verdadero objetivo de la obra.

Para quien tenga en su día la oportunidad y el deseo de


vender su derecho de agua para la demanda de los negocios
del litoral mediterráneo, no le hace falta ese canal. Lo
que precisa y desea es que se ejecuten las infraestructuras
del gran trasvase del Ebro, por eso la cúpula de los
grandes sindicatos de riegos del Ebro, paradójicamente, en
su día apoyaron la obra hidráulica del trasvase; es decir,
la construcción del acueducto que uniera hidráulicamente el
Ebro con el litoral valenciano, alicantino, murciano y
almeriense.

Para los grandes regantes, el futuro del regadío


extensivo de la mayor parte de las tierras de la Depresión
del Ebro, hoy por hoy no está claro, como tampoco está
claro el relevo generacional en esa actividad. En esa
perspectiva, la adjudicación de nuevos caudales y la opción
de la venta en su día de los pretendidos derechos de agua,
a los precios de su uso en el negocio urbanístico litoral,
es una operación a considerar que les atrae.

Llegado el caso, el problema que vendría a resolver esta


polémica obra tiene alternativas altamente solventes,
empezando por la alternativa “cero”; es decir, por ordenar
y gestionar lo que ya se tiene. Pero eso no interesa.

Finalmente, me temo que el despropósito de este proyecto


no ha hecho más que empezar. Lo que me preocupa es pensar
que nunca habrá responsables, por grandes que sean los
desaguisados, las chapuzas y los coste finales. El sistema
lo sabe, y se encarga de que así sea.

36
La ministra Cristina Narbona un buen día dijo -aquí,
precisamente en Aragón, “hemos aprendido que no tenemos que
hacer ningún proyecto hidráulico más si no hay antes un
mínimo consenso científico y técnico sobre el diagnóstico
de los problemas y sobre la operatividad y consecuencias de
sus soluciones”. Muy bonito. Eso es lo que queremos oir.
Pero olvidamos que “una cosa es predicar pan, y otra dar
trigo”. Por eso, pese al discurso bello, sabio y renovado,
los proyectos hidráulicos se siguen moviendo por
racionalidades que nada tienen que ver con el saber
reflexivo, tecnológico y científico, ni con el principio de
precaución. Costa ha resucitado

Vivimos en las sociedades de la indolencia y la


sensibilidad ocasional manipuladas desde los medios y la
acción política patriotera y localista. Estamos atrapados
por un ruido de fondo que nos impide discernir, darnos
cuenta de nuestra propia autofagia, de nuestro vandalismo
cultural, de nuestro hidrovandalismo. El afán de lucro nos
ha cegado y nos ha hecho insolidarios, enemigos de nosotros
mismos; nos ha convertido a todos en víctimas de una
realidad que creyéndola dominar, es ella quien nos domina a
nosotros. Quien más quien menos, es rehén del sistema. Y es
ahí donde está el auténtico problema ¿Quién pone el
cascabel al gato?

Quienes aún conservan capacidad de discernimiento, como


puede ser el caso de nuestra Fundación, estamos
urgentemente obligados a crear filosofía y cultura del
compromiso, de las actitudes responsables y
ejemplarizantes. Ahí es donde creo yo que está buena parte
de nuestra misión, nuestra verdadera justificación y
legitimación social.

Un día nuestra sociedad tocará fondo, y la frustración


colectiva saldrá por algún lado en forma de violencias
ciudadanas inimaginables, pues siempre hemos sabido que
“quien siembra vientos recoge tempestades…”.

Tenemos en la FNCA tajo para rato, de momento lo que


pido es una atención valiente y clara ante al conflicto de
Yesa, un gesto generoso y responsable, en definitiva, andar
camino.

Zaragoza, mayo del 2007

37

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