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Dimensiones y significado del trabajo

El trabajo es una construcción histórica que varía en significado y valor según contextos sociales y económicos, siendo fundamental para la integración social y el desarrollo económico. Se define como una actividad productiva que transforma la naturaleza y proporciona sustento, además de ser un derecho humano y un deber social. La relación entre trabajo y ciudadanía es crucial, ya que el acceso al empleo permite la participación en la vida social y el desarrollo personal.

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Dimensiones y significado del trabajo

El trabajo es una construcción histórica que varía en significado y valor según contextos sociales y económicos, siendo fundamental para la integración social y el desarrollo económico. Se define como una actividad productiva que transforma la naturaleza y proporciona sustento, además de ser un derecho humano y un deber social. La relación entre trabajo y ciudadanía es crucial, ya que el acceso al empleo permite la participación en la vida social y el desarrollo personal.

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¿Qué es el trabajo?

El concepto de “trabajo” es una construcción histórica en permanente revisión. Su contenido,


significado y valor pueden variar de acuerdo con los procesos históricos y a los distintos contextos sociales,
económicos y culturales.
En términos generales, puede decirse que el concepto de trabajo reúne un conjunto de aspectos que lo
definen:

•Es la actividad productiva que realizan los seres humanos transformando la naturaleza y que brinda
sustento (que en la sociedad capitalista se convierte en contraparte monetaria –el salario–, que permite
adquirir los bienes y servicios necesarios para la subsistencia y el bienestar);
•Es un motor de crecimiento y desarrollo económico-social, así como el fundamento de la integración
social;
•Es un medio de realización que permite a las personas desplegar sus capacidades y concretar sus
oportunidades.

El trabajo es uno de los principales ejes de la organización social, por lo que resulta un mecanismo
fundamental de inclusión e integración. Desde esta perspectiva es posible pensarlo como un instrumento
democratizador. Una sociedad es más democrática y justa en la medida en que asegura la igualdad de
oportunidades en el acceso al empleo.
El trabajo –en cantidad y calidad suficientes– constituye una prioridad política, así como su carencia
es uno de los problemas centrales de toda sociedad. En suma, el trabajo digno, productivo y de calidad
contribuye a asegurar el bienestar individual y colectivo, es un elemento integrador esencial para erradicar
la pobreza y fortalece la gobernabilidad democrática.
Sumado a esto, el trabajo ocupa un lugar y un tiempo central en la vida cotidiana de las personas, es
uno de los aspectos que aporta a la constitución de la identidad y puede definir la inscripción en un colectivo
social. Les permite obtener sus ingresos y recibir protección para ellas y para sus familias, y es también
medio para favorecer la autonomía y el acceso a los espacios públicos. En tal sentido, la pérdida del trabajo,
la desocupación y la precariedad laboral representan una situación de extrema vulnerabilidad personal y, al
mismo tiempo, en contextos de alto desempleo, puede generar conflictividad social. Tener un trabajo o un
empleo es una de las primeras condiciones de la vida adulta en nuestras sociedades modernas (Méda,
2007). De ahí se deduce que el déficit de trabajo y de la calidad del empleo son problemas cruciales para
las sociedades y para las personas.

Dimensiones del trabajo: historicidad, subjetividad y ciudadanía

El trabajo es una actividad que se caracteriza por ser un esfuerzo realizado por los seres humanos
para producir algo exterior a sí mismos, hecho en dirección de otros y con una finalidad utilitaria (Neffa,
1999). Desde ese punto de vista, el trabajo como labor o esfuerzo no va a desaparecer nunca, como afirma
André Gorz (1988). En esencia, el trabajo es indisociable de la vida humana y no tendrá fin. Es un derecho
humano fundamental y, al mismo tiempo, un deber social. Es una actividad necesaria porque es creadora,
transformadora y productora de bienes y servicios sin los cuales la especie humana no podría vivir ni
reproducirse.
El concepto de trabajo remite fundamentalmente a dos dimensiones: la histórico social y la subjetiva.
Si bien es posible realizar una distinción de estos aspectos con fines analíticos, ambos se presentan en la
realidad de manera indisociable y ejercen una influencia mutua. El trabajo, como construcción histórico
social, da cuenta de los cambios que se producen en el mundo productivo y laboral. En diferentes períodos
históricos, las sociedades han organizado de distintas formas sus modos de producir y de generar riqueza.
Es posible, entonces, distinguir diferentes formas de organización de las relaciones de producción en
distintos momentos de la humanidad. De esa manera, se pueden distinguir estructuras sociales diferenciales
en torno a los modos de producir y acumular: en la sociedad primitiva, en la sociedad antigua, en la sociedad
feudal y en la sociedad capitalista. Por ejemplo, en las sociedades primitivas el trabajo de sus miembros
estaba asociado a la reproducción y se basaba en la división sexual del trabajo, no existía capacidad para
acumular bienes, primaban formas de provisión vinculadas a la caza y la recolección.

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Por otro lado, podemos mencionar una de las relaciones sociales más ampliamente desarrolladas a
lo largo de la historia: el trabajo esclavo. Las primeras sociedades esclavistas datan de hace 8000 años,
aproximadamente. Entre las más representativas se encuentran el antiguo Egipto, Grecia y Roma, además
de algunas de Oriente. En la escala social de la Grecia Clásica, por ejemplo, los esclavos constituían la
mayor fuerza de trabajo, aunque la distancia social entre los ciudadanos libres y estos era tan pronunciada,
que la tarea de los esclavos no llegaba a conceptualizarse como trabajo. En ese momento se consolida la
concepción de la propiedad privada y, de manera análoga, se define a los hombres libres, pasibles de
participar de la vida política y ciudadana, a partir de su condición de propietarios.
Luego de la caída del Imperio Romano, una fuerte ruptura con el orden y la estructura de la
Antigüedad dio como resultado las sociedades feudales. A nivel productivo, se produjo el pasaje de las
pequeñas explotaciones campesinas a la aparición de grandes dominios territoriales labrados por
campesinos que ofrecían sus servicios al señor feudal (juez, administrador y militar de esas tierras) a cambio
de su protección. De esta manera, se establecían relaciones de producción y dependencia entre el
campesino y el señor. La segunda mitad del siglo XVIII fue un momento crucial para la historia de la
humanidad y, por ende, para las relaciones de producción. En 1789, el estallido de la Revolución francesa
significó la transformación del sistema feudal a partir del nuevo ideario de “libertad, igualdad y fraternidad”,
que permitió pensar en formas de organización social basadas en la construcción de Estados Nación,
dejando de lado el poder feudal y el de la nobleza, confiriendo el poder al “pueblo”, a los ciudadanos. Esta
trasformación de los derechos civiles surgió como consecuencia de los cambios económicos, es decir, de
las relaciones sociales de producción no basadas en la servidumbre, sino en el supuesto de la libertad de
las personas. Contemporáneamente, se produjo otra transformación de gran influencia en lo que atañe a la
organización del trabajo: la Revolución Industrial. Tuvo su origen en Inglaterra y significó un cambio
sustancial en el modo de producción, en la organización socioeconómica y en la vida misma de las personas.
Ambos acontecimientos, la Revolución Francesa y la Industrial, signan el comienzo de la edad
contemporánea y establecen las bases del capitalismo.
En este contexto, la fábrica se convirtió en la unidad de producción sobre la que se levantó el nuevo
sistema económico. La aparición de las maquinarias y el consecuente aumento de la productividad
modificaron de forma radical la vida de los trabajadores. Lejos de los lazos de servidumbre vigentes en el
feudalismo, ahora hombres y mujeres establecen con sus empleadores contratos de trabajo en condiciones
de igualdad y libertad: el trabajador vende su fuerza de trabajo diaria a cambio de un salario.
En la dimensión subjetiva, por otra parte, el trabajo funciona como organizador y articulador de sentido en
la vida cotidiana, es un lugar social y construye un espacio de pertenencia, real y/o simbólico. El trabajo es
uno de los elementos importantes que ayudan a conformar la identidad de los sujetos, permitiéndoles
trascender mediante sus obras.
Por lo tanto, se puede afirmar que la situación de las personas en relación con el trabajo les confiere
una identidad particular. Por ejemplo, las personas dicen: “Soy maestro”, “Soy carpintero”, “Soy ingeniera”;
pero dicen: “Estoy desocupado/a”, dando carácter transitorio a la falta de trabajo.
El trabajo aparece, así, vinculado a los contextos de vida concretos de cada sujeto. Esto da como resultado
diferencias, trayectorias y oportunidades diversas, tanto en las posibilidades de acceso a distintos recursos
para el desarrollo de potencialidades e intereses, como en las oportunidades de empleo, de generación de
actividades productivas y de la participación y la toma de decisiones respecto de cuestiones atinentes a su
comunidad o grupo de pertenencia. En efecto, en la sociedad contemporánea, la cuestión de la ciudadanía
se articula con una concepción del trabajo como facilitador de la participación en la vida social: la posibilidad
de trabajar permite intervenir en la esfera pública. Como afirma Silveira (2002:124): “El trabajo se visualiza
como condición para la autonomía, para el acceso al poder y al mundo de lo público”. El derecho al trabajo
es uno de los aspectos sustantivos del derecho ciudadano. Resulta esencial, entonces, que el trabajo
desempeñado no menoscabe a la persona, y que no sólo le permita alcanzar su sustento, sino también
habilite su desarrollo personal y su autonomía, entendida como la capacidad de pensar y actuar por sí
misma, de elegir lo que es valioso para ella.

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Actividades:

1- Extrae del texto diferentes definiciones de trabajo


2- ¿Cuál es la diferencia entre trabajo y empleo?
3- ¿Cuáles fueron las transformaciones que dieron lugar a la organización moderna del trabajo?
4- Teniendo en cuenta lo leído y tu postura personal sobre el tema ¿Cuál es la importancia del trabajo
desde el punto de vista individual y desde el punto de vista social?
5- ¿Qué relación puedes establecer entre los conceptos de trabajo y ciudadanía? ¿Se puede ejercer
plenamente la ciudadanía sin contar con un empleo? Fundamentá
6- A partir del apartado “Trabajo y sentido” responde:
a-Que aspecto consideras personalmente más importante? ¿Por qué?
b-Explica la diferencia entre empleo y ocupación con sentido.
c-¿A qué profesión pensás dedicarte? ¿Consideras dicha actividad como un empleo o una ocupación
con sentido?

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