APUNTES DE HISTORIA
TEMA 4
4.1 EL REINADO DE CARLOS IV. LA GUERRA DE INDEPENDENCIA
El reinado de Carlos IV (1788-1808) estuvo marcado por una crisis interna, y tras la
Revolución Francesa, la monarquía respondió con una ley de Riguroso Silencio. Debido a
su desconfianza, Manuel Godoy asumió el liderazgo del gobierno.
Tras la decapitación de Luis XVI en 1793, España tuvo éxitos iniciales contra la Francia
revolucionaria en la guerra, pero el contraataque francés alcanzó Burgos, obligando a firmar
la Paz de Basilea en 1795.
La monarquía española se convirtió en satélite de Francia, sufriendo un bloqueo británico y
la derrota en Trafalgar, lo que terminó con su poder marítimo.
Al no poder conquistar Inglaterra, Napoleón impuso un bloqueo continental y lideró
campañas contra Austria y Prusia.
La alianza con Francia afectó a España y sus colonias americanas.
Las guerras dejaron al Estado en bancarrota, llevando a Godoy a intentar una
desamortización de bienes eclesiásticos, lo que generó descontento social. La oposición
política crecía, y dentro de la familia real surgió el Partido Fernandino, que respaldaba a
Fernando VII y rechazaba a Godoy.
En 1807 se conoció la primera conspiración de Fernando, lo que propició que los propios
reyes ordenaran un registro. Además, a finales de 1807 la situación económica y social del
país era muy grave.
El incumplimiento del bloqueo continental por parte de Portugal llevó a Napoleón a invadirlo.
En 1807, el Tratado de Fontainebleau acordó repartir Portugal entre España y Francia.
Aunque los franceses conquistaron Lisboa, más tropas, lideradas por Murat, continuaron
entrando en España.
El descontento español con la ocupación llevó al Motín de Aranjuez (1808), donde los
partidarios de Fernando VII dieron un golpe definitivo. Carlos IV y Godoy fueron depuestos y
se refugiaron en Bayona.
Fernando VII, tras su entrada triunfal, quedó en manos de Murat y fue llamado por Napoleón
al Norte, donde se produjeron las abdicaciones de Bayona. Napoleón exigió la renuncia al
trono, mientras Carlos IV buscó asegurar la unidad de la Corona y la exclusividad de la
religión católica.
Mientras, en Madrid cundía el rumor de que el rey había sido secuestrado, de esta manera
la mañana del 2 de mayo de 1808 se produjo un enfrentamiento ante las puertas del
palacio.
La lucha callejera se generalizó con pocos militares sublevados, como en el cuartel de
Monteleón, mientras el ejército español permanecía al margen. La rebelión pronto se
extendió por todo el país tras fusilamientos masivos en el Príncipe Pío y el Pardo.
La guerra dividió a España entre afrancesados y la resistencia en nombre de Fernando VII,
compuesta por liberales a favor de la monarquía y absolutistas del Antiguo Régimen.
Se formaron Juntas locales y provinciales, y la Junta Central Suprema convocó Cortes
Generales, culminando en la Constitución de 1812.
En la guerra de Independencia se pueden diferenciar tres fases.
Desde el inicio de la guerra hasta diciembre de 1808, los franceses intentaron sofocar los
levantamientos, destacando la derrota en Bailén. Sin embargo, tras la intervención de
Napoleón, en enero de 1809 la mayor parte de la Península estaba pacificada.
Durante la segunda fase ocurre la guerra de guerrillas (1809-1810) se caracterizó por el
predominio militar francés y el surgimiento de las guerrillas españolas para desgastar a las
tropas invasoras. También se organiza la Junta Central Suprema.
En la etapa final (1811-1813), tras la derrota en Torres Vedras y victorias españolas,
Napoleón firmó el Tratado de Valençay, cediendo la Corona de España a Fernando VII.
La guerra provocó un colapso demográfico, la destrucción de ciudades y graves daños
económicos, como la pérdida de fábricas textiles en Cataluña y el mercado colonial.
4.2 LAS CORTES DE CÁDIZ. LA CONSTITUCIÓN DE 1812.
A finales del siglo XVIII y principios del XIX, se inició la crisis del Antiguo Régimen, dando
paso a un modelo de Estado liberal basado en una Constitución.
Durante la Guerra de Independencia, se enfrentaron dos modelos políticos: el reformismo
francés de José Bonaparte, con el Estatuto de Bayona (1808) que otorgaba algunos
derechos y establecía cortes estamentales, y una revolución política liberal, impulsada por
organismos locales y provinciales.
La organización de las Juntas Provinciales, compuestas por clérigos, ilustrados y militares,
dio paso a una revolución política liberal en España, culminando en la formación de la Junta
Suprema Central y marcando el inicio de una transformación política en el país.
La Junta Suprema Central creó una Comisión de Cortes que estableció el sufragio universal
para varones mayores de 25 años y unas cortes bicamerales. Tras disolverse, cedió el
poder a un Consejo de Regencia, que convocó las elecciones para junio de 1810.
La composición de los diputados a Cortes varió en número y origen social, con una mayoría
de tendencias reformistas, aunque también hubo diversas opiniones representadas.
Las ideas liberales prevalecieron, defendiendo la riqueza y la propiedad privada como
derechos fundamentales, y abogando por leyes del mercado para garantizar la libertad
económica.
Se priorizaron los derechos individuales sobre los colectivos, y en la sesión inaugural de las
Cortes, los diputados proclamaron la soberanía nacional y comenzaron a redactar la
Constitución.
Es por ello que podemos diferenciar, por un lado, la Constitución de 1812, y por otro la labor
legislativa de las Cortes de Cádiz:
● En la Constitución de 1812:
El 19 de marzo de 1812 se aprobó la Constitución, naciendo el constitucionalismo español,
con 10 títulos y 384 artículos, que influyó en las nuevas repúblicas americanas y en parte de
Europa.
La Constitución de 1812 seguía el principio de soberanía nacional, reconociendo que reside
esencialmente en la nación. Establecía el Estado como una "monarquía moderada
hereditaria" y garantizaba los derechos fundamentales del individuo.
También se establece un Ejército permanente que depende de las Cortes y se introduce la
Milicia Nacional.
Respecto a la Administración local, recae en los Ayuntamientos.
Además, se realizaba una división de poderes, separando el ejecutivo, legislativo y judicial.
● El poder legislativo reside en “ las Cortes del Rey”, que puede promulgar o
sancionar las leyes. Por otro lado, la representación nacional reside en las
Cortes.
● La Constitución de 1812 establece un poder ejecutivo dual, con un gobierno
que responde ante las Cortes y el rey, aunque limitando el poder real. El rey
conserva participación en el poder legislativo y un veto suspensivo. Además,
regula la sucesión al trono para evitar lo sucedido en Bayona.
● Por último el poder judicial reside en los tribunales.
● Labor legislativa
Los diputados llevaron a cabo una labor legislativa para destruir los fundamentos del
Antiguo Régimen, comenzando por abolir el régimen jurisdiccional y reemplazar los
derechos de los señores por rentas sobre la tierra.
Se llevó a cabo la desamortización de bienes de propios y baldíos, la eliminación del
mayorazgo y la supresión de los gremios, estableciendo la libertad de trabajo. Se decretó la
libertad de imprenta, salvo en cuestiones religiosas, y se implementó la intervención del
Estado en asuntos religiosos, destacando la supresión de la Inquisición.
4.3 EL REINADO DE FERNANDO VII. LA CUESTIÓN SUCESORIA.
El reinado de Fernando VII (1814-1833) supuso un intento de restauración del absolutismo.
Esto radicalizó el conflicto entre liberales y absolutistas.
Tras el Tratado de Valençay, firmado en 1813, Fernando VII se preparó para regresar a un
país donde gobernaban unos principios políticos completamente contrarios a sus
convicciones absolutistas.
Fernando VII entró en España en marzo de 1814 y en abril un grupo de diputados
absolutistas presentaron el Manifiesto de los Persas en el que le reclamaban la vuelta al
absolutismo. Seguidamente el 4 de mayo de 1814 emitió en Valencia un decreto por el que
disolvía las Cortes, abolía la Constitución de 1812 y toda la labor legislativa de las Cortes de
Cádiz y restablecía el absolutismo, iniciándose así un nuevo periodo y la vuelta al Antiguo
Régimen y el Absolutismo.
Con una economía devastada por la guerra y colonias americanas sin beneficios para
España, Fernando VII se negó a realizar reformas fiscales que aumentaran los ingresos del
estado en crisis. En su lugar, se centró en restaurar las instituciones del régimen señorial y
la Inquisición.
Por otro lado muchos militares, héroes de la Guerra de la Independencia, optaron por
posturas liberales y se integraron en sociedades secretas de ideología liberal como la
masonería.
Estos militares protagonizaron diversos pronunciamientos duramente reprimidos.
Finalmente, un pronunciamiento liberal terminó por triunfar, es el protagonizado por el
teniente coronel Riego, que proclamó la Constitución de 1812.
Fernando VII atemorizado, juró la Constitución de 1812.
Comenzaba un periodo de tres años, conocido como Trienio Liberal, en el que por primera
vez se aplicaba la Constitución de 1812 en una situación de paz.
Fernando VII trató de obstruir desde un principio la labor de los gobiernos liberales.
Esta actitud provocó una fractura política, por un lado, los doceañistas, más moderados,
pretendían modificar la Constitución buscando el poder del Rey, por otro lado, lado, los
“veinteañistas” pedían la aplicación estricta de la Constitución de 1812, estos últimos son
más exaltados.
Los liberales en el poder durante el Trienio van a aplicar una política claramente anticlerical,
tomando medidas como la expulsión de jesuitas o la suspensión del diezmo a la mitad.
4.4 EL PROCESO DE INDEPENDENCIA DE LAS COLONIAS AMERICANAS Y EL
LEGADO ESPAÑOL EN AMÉRICA.
A lo largo del siglo XVIII, la burguesía criolla había incrementado su riqueza gracias a la
reactivación del comercio y la explotación de diversas plantaciones, como el café, en las
que empleaban mano de obra esclava de origen africano.
Fue entre esta burguesía criolla donde se iniciaron los proyectos de independencia,
provocados por el trato discriminatorio hacia los criollos en los cargos coloniales, por el
control que ejercía España sobre la economía, y esencialmente, el comercio, ya que la
metrópoli bloqueaba su capacidad de enriquecimiento.
Además el ejemplo de la independencia de los Estados Unidos fue crucial para mostrar que
era posible la independencia de las colonias.
Por otro lado, Gran Bretaña, mostró su respaldo a los movimientos independentistas.
El proceso independentista se realizó tanto desde el punto de vista militar como del político,
y se distinguen tres fases.
En una primera fase, durante la Guerra de Independencia, la burguesía criolla en las
principales ciudades promovió juntas en nombre de Fernando VII, depusieron a los virreyes
y capitanes generales, y rechazaron la autoridad de la Junta Central. Sin embargo, los
ejércitos realistas comenzaron a reconquistar las ciudades sublevadas en 1813, y el envío
de un ejército en 1814 fue clave para restablecer el control. Un caso especial fue el de
México, donde el levantamiento fue principalmente una rebelión popular contra los sectores
más ricos.
La segunda fase se produjo tras la restauración del absolutismo de España.
En el sur, los delegados enviados al Congreso de Tucumán proclamaron la independencia
de las Provincias Unidas de Sudamérica.
Allí el general José de San Martín derrotó al ejército español y permitió la proclamación de
la independencia de Chile de 1818.
Por su parte, Simón Bolívar dirigió el proceso desde Venezuela y en 1819 proclamó la
República de la Gran Colombia, que además comprendía Venezuela y Colombia.
La última fase, tras la revolución de 1820, debilitó al ejército colonial. San Martín y Bolívar
se dirigieron al virreinato del Perú para derrotar a los ejércitos peninsulares. En julio de
1821, las tropas americanas proclamaron la independencia de Perú, y en diciembre de
1824, la victoria de Ayacucho aseguró la independencia de Bolivia. En México, el general
Agustín de Iturbide derrotó al ejército realista y proclamó la independencia mediante el Plan
de Iguala. Hacia 1825 solo Puerto Rico y Cuba permanecían sometidos a la corona
española.
La valoración del legado español en América sigue siendo motivo de controversia.
En cuanto al legado material se puede trazar una visión aproximada de la herencia
española tras tres siglos de dominación colonial.
Hacia finales del siglo XVIII, se estima que la población en América era mayoritariamente
indígenas, pero con una abundante mezcla con elementos europeos, asiáticos y africanos.
Respecto a la educación, aunque se cerraron las seis universidades jesuitas, doce seguían
abiertas, en estas se podía encontrar cátedras de Medicina o de lenguas indígenas.
También existía una amplia red de imprentas.
México era la ciudad más grande, pero también destacaron Lima o Buenos Aires.
Estas estaban diseñadas según planos racionales, donde se trataba de imitar el modelo
europeo.
La aportación más significativa fue la lengua española, que convivía con otras como el
quechua.
TEMA 5. LA CONSTITUCIÓN DEL ESTADO LIBERAL.
5.1. ISABEL II. LAS GUERRAS CARLISTAS. LOS GRUPOS POLÍTICOS, EL ESTATUTO
REAL DE 1834, Y LA CONSTITUCIÓN DE 1837.
Durante los primeros años del reinado de Isabel II, bajo la regencia de María Cristina, se
produce una transición hacía la opción liberal reformada, que tiene su modelo en las Cortes
de Cádiz.
La consolidación de dicho modelo se produjo progresivamente a lo largo de su reinado.
Entre 1833 y 1840 María Cristina gobernó como regente, y debido a la guerra y otros
factores, nombró a Martínez de la Rosa, un liberal moderado, como jefe de Gobierno en
1834. Implementó reformas como una amnistía para los liberales exiliados y restableció la
Milicia Nacional. Sin embargo, su enfoque conservador se reflejó en la promulgación del
Estatuto Real en 1834.
Poco a poco se dieron a conocer los dos tipos de liberalismo que existían.
Por un lado, los moderados defendían una soberanía compartida entre la Monarquía y la
Nación representada en las Cortes. Los progresistas, en cambio, abogaban por la soberanía
nacional, limitando el poder de la monarquía y manteniendo la Milicia Nacional. En lo
económico, los progresistas apoyaban el librecambismo.
Juan Álvarez Mendizábal, nuevo jefe del gobierno progresista, implementó medidas como la
libertad de imprenta y la desamortización del clero, lo que generó conflictos con los
moderados y la regente, María Cristina. Su dimisión en mayo de 1836 desató una
insurrección progresista, que culminó en la Sargentada de La Granja, obligando a la regente
a ceder el poder y restablecer la Constitución de 1812.
El gobierno de José María Calatrava continuó la demolición del absolutismo, suspendiendo
el diezmo y reemplazando a los jefes del Ejército, con el general Espartero al mando de la
guerra. Además, las Cortes elaboraron la Constitución de 1837.
Durante tres años, María Cristina eligió jefes de gobierno moderados, respaldados por un
sufragio restringido. En 1840, las políticas reaccionarias del gobierno provocaron una
insurrección que forzó su dimisión, siendo sustituida por el general Espartero.
Espartero gobernó entre 1840-1843, con el apoyo de los progresistas, pero su política
autoritaria y tendente a reprimir las protestas, hizo que su popularidad fuera disminuyendo.
En 1842, estalló una insurrección en Barcelona por rumores de un tratado de libre comercio
con Inglaterra que afectaba a la industria textil catalana.
Moderados y algunos progresistas se sublevaron, pero el general Narváez suprimió el poder
progresista, cerró periódicos y persiguió a diputados radicales, llevando a un sistema
político ultraconservador en 1844.
En 1833, tras la muerte de Fernando VII, su viuda, María Cristina de Borbón, asumió la
regencia, enfrentándose a una guerra civil entre los cristinos, que apoyaban a la regente, y
los carlistas, que apoyaban a Carlos María Isidro.
Este último al conocer la muerte de su hermano se dirigió a la nación mediante el Manifiesto
de Abrantes, en el que reclamaba sus derechos sucesorios al trono.
El carlismo triunfó en zonas rurales del País Vasco, Cataluña, Maestrazgo aragonés y
valenciano, que pedían la recuperación de sus Fueros.
Por otro lado, el bando de los cristinos estaba formado por liberales moderados,
progresistas y revolucionarios.
En cuanto al apoyo exterior, los cristinos fueron ayudados por Inglaterra, Francia y Portugal,
mientras que los carlistas apenas recibieron el respaldo de otros países.
La I Guerra Carlista se desarrolló entre 1833 y 1840 en varias fases.
En la primera fase de la Primera Guerra Carlista, los carlistas derrotaron varias veces a los
ejércitos cristinos, pero la muerte de Zumalacárregui cambió el curso de la guerra. Entre
1835 y 1837, intentaron expandirse al sur sin éxito, y en 1837 casi logran tomar Madrid,
pero tuvieron que retirarse. Entre 1837 y 1840, las victorias del líder cristino Espartero
forzaron al carlista Maroto a firmar la paz con el Abrazo de Vergara (1839), lo que significó
la rendición carlista, aunque Ramón Cabrera resistió en Morella hasta huir a Francia.
Durante el reinado de Isabel II, a pesar de la derrota carlista, continuaron los levantamientos
populares de los carlistas. En el ámbito político, se promulgaron tres constituciones.
El Estatuto Real de 1834 fue una carta otorgada con un sistema bicameral y un rey con
poder sobre las Cortes. La Constitución de 1837que intentó equilibrar moderados y
progresistas, restableciendo la soberanía nacional y garantizando derechos individuales,
pero con un poder ejecutivo fuerte y un sistema bicameral. Finalmente, la Constitución de
1845, más moderada, correspondió a la etapa del reinado efectivo.
5.2 ISABEL II: EL REINADO EFECTIVO. LOS GRUPOS POLÍTICOS Y LAS CONS.
En 1843 Isabel II fue proclamada reina, a su vez ,el general Narváez se convirtió en el
político más influyente del momento, iniciando así un periodo político conocido como la
década moderada (1844-1854) o “parlamentarismo pretoriano” ya que los militares tenían
un papel fundamental.
Los primeros meses del reinado de Isabel II se caracterizaron por la persecución de los
progresistas. Se convocaron nuevas elecciones para elaborar la Constitución de 1845, que
estuvo vigente hasta 1869, estableciendo la soberanía compartida entre el Rey y las Cortes,
con un Senado como cámara legislativa principal y el monarca designando a los alcaldes de
ciudades mayores de 2.000 habitantes.
Durante la Década Moderada, los gobernantes intentaron revertir las reformas de los
progresistas, establecieron la Ley de Imprenta con censura y fundaron la Guardia Civil.
En 1851 se aprobó el nuevo Código Penal y se reformó la Hacienda, reduciendo los tributos
esenciales a dos, una contribución territorial y otra de consumos.
El Concordato de 1851 restableció las relaciones con el Vaticano: la Iglesia reconoció la
venta de los bienes desamortizados, mientras el Estado se comprometió a financiar al clero,
cederle la supervisión de la enseñanza y otorgarle la vigilancia y censura doctrinal.
El Bienio Progresista (1854-1856) comenzó con la Revolución de 1854. Tras el fracaso
inicial de O'Donnell, los rebeldes se reagruparon y publicaron el Manifiesto de Manzanares,
obteniendo un gran apoyo. El golpe triunfó y Isabel II encargó a Espartero formar gobierno,
con O'Donnell como ministro de la guerra.
El Bienio Progresista logró reformas limitadas que chocaron con los movimientos obreros.
Sus principales logros fueron:
● La Constitución “non nata”, que devolvía el principio de soberanía nacional, y en el
que se retornaba a un Senado elegido por sufragio censitario. Fue aprobada por las
Cortes en 1855 pero su puesta en vigor se aplazó debido a la agitación política del
momento. Esta terminó siendo anulada.
● Ley de Desamortización general, dirigida por Pascual Madoz, en la que se declaraba
en venta pública todas las propiedades rústicas y urbanas del Estado, la Iglesia y los
municipios.
● Ley General de Ferrocarriles, cuyo objetivo era promover el ferrocarril en España.
● Por último se intentó aplicar una Ley del Trabajo en la que se reducía la jornada
laboral de los niños.
Entre 1856 y 1857, España enfrentó malas cosechas y una crisis financiera, mientras el
gobierno reprimía protestas y prohibía asociaciones obreras. En 1858, O'Donnell fue
designado presidente, comenzando el Gobierno Largo de la Unión Liberal, centrado en el
orden, la eficiencia administrativa y la estabilidad política, con impulso a obras públicas.
Tras la estabilidad política de O'Donnell, España vivió una sucesión de gobiernos
inestables.
Los progresistas se retiraron del Parlamento, y la reina recurrió a Narváez, cuyo gobierno
autoritario desató el malestar de amplios sectores, como los estudiantes. En 1865, una
protesta estudiantil por la vuelta de profesores expulsados culminó en la Matanza de la
Noche de San Daniel, lo que llevó a intelectuales y clases medias a alejarse de Isabel II.
O'Donnell sustituyó a Narváez e intentó reformas aperturistas, pero en enero de 1866 se
produjo la sublevación fallida de Prim en Villarejo de Salvanés, seguida del asalto al Cuartel
de San Gil, con decenas de muertos y fusilamientos. El Ejército y la burguesía financiera
abandonaron a la monarquía, que no lograba enfrentar la crisis económica. Finalmente, la
oposición se unió en el Pacto de Ostende, acordando formar una Asamblea Constituyente
elegida por sufragio universal y destronar a Isabel [Link] la muerte de O'Donnell en 1867,
Isabel II perdió su principal apoyo, y González Bravo reemplazó a Narváez, intensificando la
represión. Sin embargo, la conspiración culminó en la "Revolución Gloriosa", que puso fin al
reinado de Isabel II y dio inicio al "Sexenio Democrático".
5.3 EL SEXENIO REVOLUCIONARIO.
Tras la muerte de O'Donnell en 1867, la conspiración contra la monarquía se intensificó, con
Prim liderando el movimiento revolucionario. En 1868, Topete se pronunció en Cádiz y, tras
sublevaciones populares, los rebeldes, liderados por Serrano, derrotaron a las fuerzas
realistas el 28 de septiembre, dando origen a las primeras Juntas Revolucionarias.
Estas Juntas formaron un Gobierno Provisional presidido por Serrano, con Prim en el
Ministerio de Guerra. El gobierno convocó elecciones a Cortes Constituyentes, donde los
demócratas vencieron, pero la opción monárquica también triunfó. Las nuevas Cortes
redactaron la Constitución de 1869, estableciendo soberanía nacional, sufragio universal
masculino directo, un poder ejecutivo en el Consejo de Ministros y un legislativo bicameral.
Simultáneamente el general Serrano fue nombrado regente y Prim pasó a presidir un nuevo
gobierno, que comenzó la tarea de buscar un monarca.
Tras la elección de Amadeo de Saboya como rey, Prim fue asesinado, lo que debilitó
gravemente al monarca. A su llegada, Amadeo enfrentó un fuerte rechazo de varios grupos:
la aristocracia temía perder sus privilegios, el clero se oponía por la excomunión de su
padre, y además tenía que lidiar con los carlistas, los alfonsinos (partidarios de los
Borbones) y los republicanos. Solo un sector del Partido Progresista, liderado por Ruiz
Zorrilla, le apoyó en la formación del gobierno.
El reinado de Amadeo I, que duró dos años, estuvo marcado por una gran inestabilidad
política. Ante la falta de apoyo, Amadeo abdicó a principios de 1873.
Sin opciones viables, las Cortes proclamaron la República el 11 de febrero de 1873.
Durante la República, los republicanos eran principalmente de las clases medias urbanas,
mientras que las clases trabajadoras apoyaron al movimiento obrero anarquista. Se produjo
una gran ruptura política, y en solo un año se sucedieron cuatro presidentes de la
República: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar.
Un nuevo régimen dirigido por Figueras fue reconocido internacionalmente sólo por [Link].
y Suiza, mientras que la mayoría de las fuerzas políticas internas pasaron a la oposición. La
división entre republicanos unionistas y federalistas culminó con el triunfo de estos últimos y
la proclamación de una República Federal.
Francisco Pi i Margall reemplazó a Figueras e intentó enfrentar los problemas de España.
Durante su mandato, estalló la nueva guerra carlista, liderada por Carlos VII, nieto de Carlos
María Isidro. Además, los republicanos federales más radicales proclamaron cantones,
pequeños estados regionales casi independientes en Valencia, Murcia y Andalucía, pero el
ejército logró reprimir la insurrección. En Cuba, comenzó en 1868 una insurrección
anticolonial que derivó en la Guerra Larga. Paralelamente, entre los mandos del Ejército,
creció la idea de restaurar la monarquía borbónica, lo que impulsó conspiraciones militares
alfonsinas.
Pese a todo, los gobiernos republicanos impulsaron varias reformas, como la eliminación de
las quintas o la abolición de la escalvitud en Cuba y Puerto Rico entre otras muchas.
Finalmente, Francisco Pi i Margall fue sustituido por Nicolás Salmerón, y a este Emilio
Castelar, que decidió devolver el poder a los militares, con el fin de restablecer el orden
público y la unidad del Estado.
Las garantías constitucionales fueron suspendidas hasta el 4 de enero de 1874, cuando se
iba a evaluar la gestión de Castelar. Sin embargo, ese día el general Pavía dio un golpe
militar, disolvió las Cortes republicanas y estableció un gobierno bajo el liderazgo del
general Serrano, que suspendió la Constitución y los derechos y libertades.
La denominación de República se mantuvo aún durante todo el año 1874, dirigido por el
general [Link] gobierno intentó restablecer el orden social por este motivo se declaró
fuera de la legalidad a los republicanos federales y favoreció el acceso a los mandos del
Ejército. Este giro conservador provocó la pérdida de apoyos por parte de republicanos y
radicales.
El 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos lideró un pronunciamiento en
Sagunto proclamando a Alfonso XII como rey. Serrano se exilió, y Cánovas del Castillo
asumió un Ministerio de Regencia, marcando el fin del Sexenio Revolucionario.