Parte de la evolución de nuestro idioma se da gracias a influencias
externas. Si bien esto puede ser ignorado por una pequeña parte de la
población más conservadora, es indudable la realidad del hecho y no
debe ser tratado como una blasfemia a nuestro “perfecto” idioma.
Partiendo de esta base, veamos extranjerismos bien arraigados en
nuestro idioma: las palabras bikini, selfi o paparazzi no son de origen
hispano, pero con el paso de los años los hemos ido trasformando poco a
poco en parte de nuestra lengua. Palabras que todos hemos utilizado
alguna vez en alguna conversación más o menos informal. ¿Pero esto se
queda aquí? ¿La lengua ha dejado de admitir nuevos extranjerismos? La
respuesta es obvia: no.
No hace falta buscar debajo de las piedras para ver nuevas influencias,
tal vez, si eres joven, asiduo a internet o gracias a tus hijos (no hace falta
excluir las dos condiciones anteriores), hayas escuchado (o pronunciado)
palabras como stalker, streaming, hater, Coach… en una conversación
informal. Si bien es demasiado pronto para poder asegurar la
permanencia en nuestro idioma de estas nuevas adquisiciones, no
podemos descartar que alguna de estas palabras infiltradas puedan
llegar a ser préstamos de valor en el castellano. Las lenguas evolucionan
con sus hablantes y el uso que estos den de su lengua.