El Bosque de los Susurros
En lo profundo de un valle olvidado por el tiempo, existe un bosque al
que los habitantes del lugar llaman El Bosque de los Susurros. No
aparece en los mapas, y pocos se atreven a hablar de él. Según la
leyenda, los árboles allí no solo crecen altos y frondosos, sino que
también susurran secretos a quienes se atreven a caminar bajo su
sombra.
Los aldeanos creen que el bosque está vivo, que guarda la memoria de
todo lo que ha ocurrido entre sus raíces y ramas. Algunos dicen haber
escuchado voces suaves que les hablaban al oído, otras veces palabras
incomprensibles, como si el viento llevara consigo fragmentos de
antiguas conversaciones olvidadas. Incluso hay quienes aseguran que el
bosque puede sentir las emociones de quienes lo visitan, respondiendo
con calma o tormenta según el ánimo de los viajeros.
Un día, una joven llamada Elina, curiosa por las historias, decidió
internarse en el bosque. Armada solo con una libreta, una linterna y su
valentía, siguió un sendero poco visible marcado por hojas caídas y
flores silvestres. A cada paso, sentía cómo el aire se volvía más denso,
más antiguo. No tenía miedo, solo una extraña sensación de estar
siendo observada, no con hostilidad, sino con una especie de interés
ancestral.
Mientras avanzaba, comenzó a escuchar los susurros. No eran
imaginaciones. Eran reales. Las voces parecían surgir de los troncos, del
crujir de las ramas, del suspiro del viento. Le hablaban de tiempos
antiguos, de personas que ya no existían, de amores perdidos y
promesas rotas. Fascinada, Elina escribió todo lo que escuchaba,
convirtiendo cada palabra en poesía.
Pasó toda la noche en el bosque y, al amanecer, salió con la libreta llena.
Desde entonces, publica poemas que han conmovido a miles. Aunque
nunca reveló el verdadero origen de su inspiración, quienes leen sus
versos aseguran que hay algo mágico en sus palabras, como si
estuvieran llenas de sabiduría antigua y nostalgia.
El Bosque de los Susurros sigue allí, esperando al próximo que escuche.