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DRAMÁTICA

El documento presenta fragmentos de dos obras teatrales: 'El médico a palos' de Molière, que satiriza la relación entre un leñador perezoso y su esposa, y 'El mercader de Venecia' de Shakespeare, donde se exploran las emociones y relaciones entre personajes en un contexto mercantil. Ambas obras utilizan el humor y la crítica social para abordar temas como la hipocresía y las tensiones en las relaciones humanas. Molière y Shakespeare, a través de sus personajes, reflejan la complejidad de la naturaleza humana y las dinámicas de poder en la sociedad.

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DRAMÁTICA

El documento presenta fragmentos de dos obras teatrales: 'El médico a palos' de Molière, que satiriza la relación entre un leñador perezoso y su esposa, y 'El mercader de Venecia' de Shakespeare, donde se exploran las emociones y relaciones entre personajes en un contexto mercantil. Ambas obras utilizan el humor y la crítica social para abordar temas como la hipocresía y las tensiones en las relaciones humanas. Molière y Shakespeare, a través de sus personajes, reflejan la complejidad de la naturaleza humana y las dinámicas de poder en la sociedad.

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TRAGEDIA

1. La hija del aire de Lope de Vega


COMEDIA

MÉDICO A PALOS
Acto I

Escena I

BARTOLO, MARTINA.

BARTOLO. - ¡Válgate Dios y qué durillo está este tronco! El hacha se mella toda, y
él no se parte... (Corta leña de un árbol inmediato al foro; deja después el
hacha arrimada al tronco, se adelanta hacia el proscenio, siéntase en un
peñasco, saca piedra y eslabón, enciende un cigarro y se pone a
fumar.) ¡Mucho trabajo es este!... Y como hoy aprieta el calor, me fatigo, y me
rindo, y no puedo más... Dejémoslo, y será lo mejor, que ahí se quedará para
cuando vuelva. Ahora vendrá bien un rato de descanso y un cigarrillo, que esta
triste vida, otro la ha de heredar... Allí viene mi mujer. ¿Qué traerá de bueno?

MARTINA. - (Sale por el lado derecho del teatro.) Holgazán, ¿qué haces ahí
sentado, fumando, sin trabajar? ¿Sabes que tienes que acabar de partir esa leña y
llevarla al lugar, y ya es cerca de medio día?

BARTOLO. - Anda, que, si no es hoy, será mañana.

MARTINA. - Mira qué respuesta.

BARTOLO. - Perdóname, mujer. Estoy cansado y me senté un rato a fumar un


cigarro.

MARTINA. - ¡Y que yo aguante a un marido tan poltrón y desidioso! Levántate y


trabaja.

BARTOLO. - Poco a poco, mujer, si acabo de sentarme.

MARTINA. - Levántate.

BARTOLO. - Ahora no quiero, dulce esposa.

MARTINA. - ¡Hombre sin vergüenza, sin atender a sus obligaciones!


¡Desdichada de mí!
BARTOLO. - ¡Ay, qué trabajo es tener mujer! Bien dice Séneca, que la mejor es
peor que un demonio.

MARTINA. - Miren qué hombre tan hábil para traer autoridades de Séneca.

BARTOLO. - ¿Si soy hábil? A ver, búscame un leñador que sepa lo que yo, ni
que haya servido seis años a un médico latino, ni que haya estudiado el quis vel
qui, quæ, quod vel quid y más adelante, como yo lo estudié.

MARTINA. - Malaya la hora en que me casé contigo.

BARTOLO. - Y maldito sea el pícaro escribano que anduvo en ello.

MARTINA. - Haragán, borracho.

BARTOLO. - Esposa, vamos poco a poco.

MARTINA. - Yo te haré cumplir con tu obligación.

BARTOLO. - Mira mujer, que me vas enfadando. (Se levanta


desperezándose, encaminase hacia el foro, coge un palo del suelo y vuelve.)

MARTINA. - ¿Y qué cuidado se me da a mí, insolente?

BARTOLO. - Mira que te he de cascar, Martina.

MARTINA. - Cuba de vino.

BARTOLO. - Mira que te he de solfear las espaldas.

MARTINA. - Infame.

BARTOLO. - Mira que te he de romper la cabeza.

MARTINA. - ¿A mí? Bribón, tunante, canalla, ¿a mí?

BARTOLO. - ¿Sí? Pues toma. (Da de palos a MARTINA.)

MARTINA. - ¡Ay!, ¡ay!, ¡ay!, ¡ay!

BARTOLO. - Éste es el único medio de que calles... Vaya: hagamos la paz.


Dame esa mano.
MARTINA. - ¿Después de haberme puesto así?

BARTOLO. - ¿No quieres? Si eso no ha sido nada. Vamos.

MARTINA. - No quiero.

BARTOLO. - Vamos, hijita.

MARTINA. - No quiero, no.

BARTOLO. - Malayan mis manos que han sido causa de enfadar a mi esposa...
Vaya, ven: dame un abrazo. (Tira el palo a un lado y la abraza.)

MARTINA. - ¡Si reventaras!

BARTOLO. - Vaya, si se muere por mí la pobrecita... Perdóname, hija mía.


Entre dos que se quieren, diez o doce garrotazos más o menos, no valen nada...
Voy hacia el barranquillero, que ya tengo allí una porción de raíces; haré una
carguilla, y mañana con la burra la llevaremos a Miraflores. (Hace que se va y
vuelve.) Oyes, y dentro de poco hay feria en Buytrago; si voy allá, y tengo dinero,
y me acuerdo, y me quieres mucho, te he de comprar una peineta de concha con
sus piedras azules. (Toma el hacha y unas alforjas, y se va por el monte
adelante. MARTINA se queda retirada a un lado, hablando entre sí.)

MARTINA. - Anda, que tú me las pagarás... Verdad es que una mujer siempre
tiene en su mano el modo de vengarse de su marido; pero es un castigo muy
delicado para este bribón, y yo quisiera otro, otro que él sintiera más, aunque a mí
no me agradase tanto.
DATOS AUTOBIOGRÁFICOS DE MOLIÈRE

Molière, cuyo verdadero nombre era Jean-Baptiste Poquelin, nació en París en


1622. Hijo de un tapicero real, decidió renunciar a seguir los pasos de su padre
para dedicarse al teatro, algo muy inusual para alguien de su posición social. A
pesar de la oposición familiar, su pasión por la actuación y la comedia lo llevó a
formar su propia compañía teatral.

En 1643, fundó el grupo L'Illustre Théâtre, pero enfrentó dificultades económicas


que lo llevaron a la bancarrota. A pesar de estos primeros fracasos, no se rindió, y
pasó varios años viajando por provincias francesas, perfeccionando su estilo
cómico. Durante este tiempo, Molière se convirtió en un maestro de la farsa,
mezclando comedia popular con ingenio satírico.

El éxito le llegó en 1658, cuando su compañía fue invitada a actuar ante el rey Luis
XIV. A partir de ese momento, Molière se convirtió en el dramaturgo favorito de la
corte. Obras como "El Tartufo" y "El Misántropo" lo consolidaron como uno de los
escritores más importantes de Francia, aunque sus sátiras también le causaron
problemas con sectores conservadores de la sociedad y la iglesia.

A lo largo de su carrera, Molière escribió y representó numerosas comedias,


muchas de las cuales criticaban la hipocresía, la falsa moral y los excesos de la
clase alta. Entre sus obras más destacadas se encuentran "Don Juan", "El avaro"
y "El médico a palos", cada una de ellas un reflejo mordaz de los defectos
humanos. Su talento para el humor y la sátira lo hicieron único.

Molière murió en 1673, poco después de representar su última obra, "El enfermo
imaginario", en la que él mismo interpretaba al protagonista. Irónicamente, murió
en escena tras sufrir un colapso durante la función. A pesar de los obstáculos y las
controversias, su legado sigue siendo una parte fundamental de la historia del
teatro mundial.
OPINIÓN

La primera escena de "El médico a palos" de Molière es una sátira que presenta
a Sganarelle, un leñador perezoso y malhumorado, cuya esposa Martina planea
vengarse de él por sus malos tratos. Desde el principio, la obra establece un tono
cómico y mordaz, destacando las tensiones en la relación entre los personajes.

Martina, cansada de los abusos de Sganarelle, decide engañar a otros


haciéndoles creer que él es un médico experto que solo admite su profesión si es
golpeado. Esto pone en marcha el conflicto central, donde la farsa y la ironía son
fundamentales, presentando una crítica a las apariencias y al absurdo de los
títulos y las jerarquías sociales.

La escena inicial nos introduce a un Sganarelle despreocupado y vanidoso,


incapaz de ver el problema que se le avecina. Mientras tanto, el público ve cómo
la astucia de Martina es el motor que impulsa la trama hacia el caos. Esta
situación refleja la habilidad de Molière para jugar con los roles de poder en las
relaciones humanas.

La obra, con un tono ligero, pero afilado, se burla de la figura del médico,
cuestionando la credulidad de la sociedad y la superficialidad de ciertos títulos. La
primera escena sienta las bases para un desarrollo lleno de humor físico y
malentendidos, donde la farsa sirve para exponer la hipocresía y los vicios del ser
humano.
TRAGICOMEDIA
EL MERCADER DE VENECIA

ESCENA I

Venecia. Una calle.

ANTONIO, SALARINO y SALANIO. ANTONIO.

No entiendo la causa de mi tristeza. Á vosotros y a mi igualmente nos fatiga, pero


no sé cuándo ni dónde ni de qué manera la adquirí, ni de qué origen mana. Tanto
se ha apoderado de mis sentidos la tristeza, que ni aún acierto á conocerme a mi
mismo. SALARINO. Tu mente vuela sobre el Océano, donde tus naves, con las
velas hinchadas, cual señoras o ricas ciudadanas de las olas, dominan a los
pequeños traficantes, que cortésmente les saludan cuando las encuentran en su
rápida marcha. SALANIO. Créeme, señor: si yo tuviese confiada tanta parte de mi
fortuna al mar, nunca se alejaría de él mi pensamiento. Pasaría las horas en
arrancar el césped, para conocer de dónde sopla el viento; buscaría
continuamente en el mapa los puertos, los muelles y los escollos, y todo objeto
que pudiera traerme desventura me seria pesado y enojoso. SALARINO. Al soplar
en el caldo, sentiría dolores de fiebre intermitente, pensando que el soplo del
viento puede embestir mi bajel. Cuando viera bajar la arena en el reloj, pensaría
en los bancos de arena en que mi nave pueden callarse desde el tope a la quilla,
como besando su propia sepultura. Al ir a misa, los arcos de la iglesia me harían
pensar en los escollos donde puede dar de través mi pobre barco, y perderse todo
su cargamento, sirviendo las especias orientales para endulzar las olas, y mis
sedas para 14 engalanarlas. Creería que en un momento iba a desvanecerse mí
fortuna. Sólo el pensamiento de que esto pudiera suceder me pone triste. ¿No ha
de estarlo Antonio? ANTONIO. No, porque gracias a Dios no va en esa nave toda
mi fortuna, ni depende mi esperanza de un solo puerto, ni mi hacienda de la
fortuna de este año. No nace del peligro de mis mercaderías mi cuidado.
SALANIO. Luego, estás enamorado. ANTONIO. Calla, calla. SALANIO. ¡Conque
tampoco estás enamorado! Entonces diré que estás triste porque no estás alegre,
y lo mismo podías dar un brinco, y decir que estabas alegre porque no estabas
triste. Os juro por Jano el de dos caras, amigos míos, que nuestra madre común la
Naturaleza se divirtió en formar seres extravagantes. Hay hombres que al oír una
estridente gaita, cierran estúpidamente los ojos y sueltan la carcajada, y hay otros
que se están tan graves y series como niños, aunque les digas los más graciosos
chistes. (Salen Basanio, Lorenzo y Graciano.) SALANIO. Aquí vienen tu pariente
Basanio, Graciano y Lorenzo. Bien venidos. Ellos te harán buena compañía.
SALARINO. No me iría hasta verte desenojado, pero ya que tan nobles amigos
vienen, con ellos te dejo. ANTONIO. Mucho os amo, creedlo. Cuando os vais, será
porque os llama algún negocio grave, y aprovecháis este pretexto para separaros
de mí. SALARINO. Adiós, amigos mios. 15 BASANIO. Señores, ¿cuándo estaréis
de buen humor? Os estáis volviendo ágrios é indigestos. ¿Y por qué?

SALARINO. Adiós: pronto quedaremos desocupados para serviros. (Vanse


Salarino y Salanio.) LORENZO. Señor Basanio, te dejamos con Antonio. No
olvides, a la hora de comer, ir al sitio convenido. BASANIO. Sin falta. GRACIANO.
Mala cara pones, Antonio. Mucho te apenan los cuidados del mundo. Caros te
saldrán sus placeres, o no los gozarás nunca. Noto en ti cierto cambio
desagradable. ANTONIO. Graciano, el mundo me parece lo que es: un teatro, en
que cada uno hace su papel. El mío es bien triste. GRACIANO. El mío será el de
gracioso. La risa y el placer disimularán las arrugas de mi cara. Abráseme el vino
las entrañas, antes que el dolor y el llanto me hielen el corazón. ¿Por qué un
hombre, que tiene sangre en las venas, ha de ser como una estatua de su abuelo
en mármol? ¿Por qué dormir despiertos, y enfermar de capricho? Antonio, soy
amigo tuyo. Escúchame. Te hablo como se habla a un amigo. Hombres hay en el
mundo tan tétricos que sus rostros están siempre, como el agua del pantano,
cubiertos de espuma blanca, y quieren con la gravedad y el silencio adquirir fama
de doctos y prudentes, como quien dice: «Soy un oráculo. ¿Qué perro se atreverá
a ladrar, cuando yo hablo?» Así conozco a muchos, Antonio, que tienen reputación
de sabios por lo que se callan, y de seguro que si despegasen los labios, los
mismos que hoy los ensalzan serían los primeros en llamarlos necios. Otra vez te
diré 16 más sobre este asunto. No te empeñes en conquistar por tan triste manera
la fama que logran muchos tontos. Vámonos, Lorenzo. Adiós. Después de comer,
acabaré el sermón. LORENZO. En la mesa nos veremos. Me toca el papel de
sabio mudo, ya que Graciano no me deja hablar. GRACIANO. Si sigues un año
más conmigo, desconocerás hasta el eco de tu voz. ANTONIO. Me haré charlatán,
por complacerte. GRACIANO. Harás bien. El silencio sólo es oportuno en lenguas
en conserva, o en boca de una doncella casta é indomable. (Vanse Graciano y
Lorenzo.) ANTONIO. ¡Vaya una locura! BASANIO. No hay en toda Venecia quien
hable más disparatadamente que Graciano. Apenas hay en toda su conversación
dos granos de trigo entré dos fanegas de paja: menester es trabajar un día entero
para hallarlos, y aún después no compensan el trabajo de buscarlos. ANTONIO.
Dime ahora, ¿quién es la dama, a cuyo altar juraste ir en devota peregrinación, y
de quien has ofrecido hablarme? BASANIO. Antonio, bien sabes de qué manera
he malbaratado mi hacienda en alardes de lujo no proporcionados a mis escasas
fuerzas. No me lamento de la pérdida de esas comodidades. Mi empeño es sólo
salir con honra de los compromisos en que me ha puesto mi vida. Tú, Antonio,
eres mi principal acreedor en dineros y en amistad, y pues 17 que tan de veras
nos queremos, voy a decirte mi plan para librarme de deudas. ANTONIO. Dímelo,
Basanio: te lo suplico; y si tus propósitos fueren buenos y honrados, como de fijo
lo serán, siendo tuyos, pronto estoy a sacrificar por tí mi hacienda, mi persona y
cuanto valgo. BASANIO. Cuando yo era muchacho, y perdida el rastro de una
flecha, para encontrarla disparaba otra en igual dirección, ysolia, aventurando las
dos, lograr entrambas. Pueril es el ejemplo, pero lo traigo para muestra de lo
candoroso de mi intención. Te debo mucho, y quizá lo hayas perdido sin remisión;
pero puede que si disparas con el mismo rumbo otra flecha, acierte yo las dos, o lo
menos pueda devolverte la segunda, agradeciéndote siempre el favor primero.
ANTONIO. Basanio, me conoces y es perder el tiempo traer ejemplos, para
convencerme de lo que ya estoy persuadido. Todavía me desagradan más tus
dudas sobre lo sincero de mi amistad, que si perdieras y malgastaras toda mi
hacienda. Dime en qué puedo servirte, y lo haré con todas veras. BASANIO. En
Belmonte hay una rica heredera. Es hermosísima, y además un portento de virtud.
Sus ojos me han hablado, más de una vez, de amor. Se llama Pórcia, y en nada
es inferior a la hija de Catón, esposa de Bruto. Todo el mundo conoce lo mucho
que vale, y vienen de apartadas orillas á pretender su mano. Los rizos, que cual
áureo vellocino penden de su sien, hacen de la quinta de Belmonte un nuevo
Cólicos ambicionado por muchos Jasones. ¡Oh, Antonio mío! Si yo tuviera medios
para rivalizar con cualquiera de ellos, tengo el presentimiento de que había de salir
victorioso.

ANTONIO. Ya sabes que tengo toda mi riqueza en el mar, y que hoy no puedo
darte una gran suma. Con todo eso, recorre las casas de comercio de Venecia;
empeña tú mi crédito hasta donde alcance. Todo lo aventuraré por ti: no habrá
piedra que yo no mueva, para que puedas ir a la quinta de tu amada. ve, infórmate
de dónde hay dinero. Yo haré lo mismo y sin tardar. Malo será que por amistad y
por fianza no logremos algo.
DATOS AUTOBIOGRÁFICOS DE WILLIAM SHEAKSPEARE

William Shakespeare nació en Stratford-upon-Avon, Inglaterra, en 1564. Hijo de


un comerciante y una terrateniente, creció en un ambiente relativamente próspero.
A los 18 años, se casó con Anne Hathaway, con quien tuvo tres hijos, uno de los
cuales, Hamnet, falleció joven. Poco después, Shakespeare se trasladó a
Londres para iniciar su carrera teatral.

En Londres, comenzó como actor y luego se destacó como dramaturgo y poeta.


Fue miembro de la compañía teatral Lord Chamberlain’s Men, que más tarde se
convertiría en The King’s Men bajo el patrocinio del rey Jacobo I. Su éxito como
escritor de teatro lo llevó a ser dueño parcial del famoso Globe Theatre, donde se
representaron muchas de sus obras.

Shakespeare escribió aproximadamente 39 obras, entre tragedias, comedias e


historias. Entre sus tragedias más famosas se encuentran "Hamlet", "Macbeth" y
"Otelo", mientras que sus comedias más populares incluyen "Sueño de una
noche de verano" y "Mucho ruido y pocas nueces". También es conocido por
sus 154 sonetos, donde exploró temas como el amor, el tiempo y la mortalidad.

El estilo de Shakespeare es conocido por su profundo entendimiento de la


naturaleza humana, su uso innovador del lenguaje y su capacidad para combinar
lo cómico con lo trágico. Su influencia ha sido tal que muchas de sus frases y
personajes se han vuelto parte del imaginario cultural universal. A través de sus
obras, capturó la complejidad de las emociones humanas.

Shakespeare murió en 1616, en su ciudad natal, y fue enterrado en la Iglesia de


la Santísima Trinidad de Stratford. A pesar de los siglos transcurridos, sigue
siendo uno de los escritores más influyentes y estudiados de la literatura mundial,
conocido como el "Bardo de Avon". Su legado permanece vivo en la
representación continua de sus obras alrededor del mundo.
OPNINIÓN

El primer capítulo de "El mercader de Venecia" introduce el tono complejo de la


obra, donde se mezclan el drama y la comedia. Antonio, el mercader, se presenta
como un hombre melancólico y preocupado, aunque no sabe exactamente por
qué. Desde el inicio, hay una sensación de incertidumbre y tristeza que marca su
estado emocional.

El diálogo entre Antonio y sus amigos, Salerio y Solanio, revela la preocupación


por los barcos de Antonio, que están en alta mar. La metáfora de los barcos
representa no solo la fragilidad de su fortuna, sino también la vulnerabilidad de su
propio estado mental. Aunque intentan consolarlo, la preocupación por su futuro es
palpable.

El capítulo también introduce a Bassanio, amigo cercano de Antonio, quien


confiesa sus planes de cortejar a la rica heredera Porcia. Bassanio busca la
ayuda de Antonio para financiar su viaje, lo que revela una relación de profunda
amistad, pero también un cierto aprovechamiento. La generosidad de Antonio es
evidente, aunque el riesgo económico es alto.

La escena inicial de la obra refleja temas clave como la amistad, el riesgo y la


incertidumbre del futuro. Shakespeare, como siempre, retrata las emociones
humanas con gran precisión, y desde el primer capítulo, sentimos la tensión que
se desarrollará a lo largo de la trama.
DRAMA
MELODRAMA
ROMEO Y JULIETA

ACTO PRIMERO

ESCENA I (Verona. Una plaza pública) (Entran SANSÓN y GREGORIO, armados


de espadas y broqueles)

SANSÓN Bajo mi palabra, Gregorio, no sufriremos que nos carguen. GREGORIO


No, porque entonces seríamos cargadores. SANSÓN Quiero decir que si nos
molestan echaremos fuera la tizonaGREGORIO Sí, mientras viváis echad el
pescuezo fuera de la collera. SANSÓN Yo soy ligero de manos cuando se me
provoca. GREGORIO Pero no se te provoca fácilmente a sentar la mano. 7
SANSÓN La vista de uno de esos perros de la casa de Montagüe me transporta.
GREGORIO Trasportarse es huir, ser valiente es aguardar a pie firme: por eso es
que el trasportarte tú es ponerte en salvo.

SANSÓN Un perro de la casa ésa me provocará a mantenerme en el puesto. Yo


siempre tomaré la acera a todo individuo de ella, sea hombre o mujer. GREGORIO
Eso prueba que eres un débil tuno, pues a la acera se arriman los débiles.
SANSÓN Verdad; y por eso, siendo las mujeres las más febles vasijas, se las
pega siempre a la acera. Así, pues, cuando en la acera me tropiece con algún
Montagüe, le echo fuera, y si es mujer, la pego en ella.

GREGORIO La contienda es entre nuestros amos, entre nosotros sus servidores.


8 SANSÓN Es igual, quiero mostrarme tirano. Cuando me haya batido con los
criados, seré cruel con las doncellas. Les quitaré la vida. GREGORIO ¿La vida de
las doncellas? SANSÓN Sí, la vida de las doncellas, o su... Tómalo en el sentido
que quieras.

GREGORIO En conciencia lo tomarán las que sientan el daño. SANSÓN Se lo


haré sentir mientras tenga aliento y sabido es que soy hombre de gran nervio.
GREGORIO Fortuna es que no seas pez; si lo fueras, serías un pobre arenque.
Echa fuera el estoque; allí vienen dos de los Montagües. (Entran ABRAHAM y
BALTASAR) SANSÓN Desnuda tengo la espada. Busca querella, detrás de ti iré
yo.

GREGORIO ¡Cómo! ¿irte detrás y huir? SANSÓN No temas nada de mí.


GREGORIO ¡Temerte yo! No, por cierto. SANSÓN Pongamos la razón de nuestro
lado; dejémosles comenzar. GREGORIO Al pasar por su lado frunciré el ceño y
que lo tomen como quieran. SANSÓN Di más bien como se atrevan. Voy a
morderme el dedo pulgar al enfrentarme con ellos y un baldón les será si lo
soportan.

ABRAHAM ¡Eh! ¿Os mordéis el pulgar para afrentarnos? SANSÓN Me muerdo el


pulgar, señor. 10 ABRAHAM ¿Os lo mordéis, señor, para causarnos afrenta?
SANSÓN (aparte a GREGORIO) ¿Estará la justicia de nuestra parte si respondo
sí? GREGORIO No. SANSÓN No, señor, no me muerdo el pulgar para afrentaros;
me lo muerdo, sí. GREGORIO ¿Buscáis querella, señor? ABRAHAM ¿Querella
decís? No, señor. SANSÓN Pues si la buscáis, igual os soy: Sirvo a tan buen amo
como vos. ABRAHAM No, mejor. SANSÓN En buen hora, señor. (Aparece a lo
lejos BENVOLIO) GREGORIO (aparte a SANSÓN) Di mejor. Ahí viene uno de los
parientes de mi amo. SANSÓN Sí, mejor. ABRAHAM Mentís. SANSÓN
Desenvainad, si sois hombres. Gregorio, no olvides tu estocada maestra . (Pelean)
BENVOLIO (abatiendo sus aceros) ¡Tened, insensatos! Envainad las espadas; no
sabéis lo que hacéis. (Entra TYBAL)

TYBAL ¡Cómo! ¿Espada en mano entre esos gallinas? Vuélvete, Benvolio, mira
por tu vida. BENVOLIO Lo que hago es apaciguar; torna tu espada a la vaina, o
sírvete 12 de ella para ayudarme a separar a esta gente. TYBAL ¡Qué! ¡Desnudo
el acero y hablas de paz! Odio esa palabra como odio al infierno, a todos los
Montagües y a ti? Defiéndete, cobarde! (Se baten) (Entran partidarios de las dos
casas, que toman parte en la contienda; enseguida algunos ciudadanos armados
de garrotes

PRIMER CIUDADANO ¡Garrotes, picas, partesanas! ¡Arrimad, derribadlos! ¡A


tierra con los Capuletos! ¡A tierra con los Montagües! (Entran, CAPULETO en traje
de casa, y su esposa) CAPULETO ¡Qué ruido es éste! ¡Hola! Dadme mi espada
de combate. LADY CAPULETO ¡Un palo, un palo! ¿Por qué pedís una espada?
CAPULETO ¡Mi espada digo! Ahí llega el viejo Montagüe que esgrime la suya
desafiándome. (Entran el vicio MONTAGÜE y LADY MONTAGÜE) MONTAGÜE
¡Tú, miserable Capuleto! No me contengáis, dejadme en libertad. LADY
MONTAGÜE No darás un solo paso para buscar un contrario. (Entran el
PRÍNCIPE y sus acompañantes) PRÍNCIPE Súbditos rebeldes, enemigos de la
paz, profanadores de ese acero que mancháis de sangre conciudadana. ¿No
quieren oír? ¡Eh, basta! hombres, bestias feroces que saciáis la sed de vuestra
perniciosa rabia en rojos manantiales que brotan de vuestras venas, bajo pena de
tortura, arrojad de las ensangrentadas manos esas inadecuadas armas y
escuchad la sentencia de vuestro irritado Príncipe. Tres discordias civiles, nacidas
de una vana palabra, han, por tu causa, viejo Capuleto, por la tuya, Montagüe,
turbado por tres veces el reposo de la ciudad y hecho que los antiguos habitantes
de Verona, despojándose de sus graves vestiduras, empuñen en sus vetustas
manos las viejas partesanas enmohecidas por la paz, para reprimir vuestro
inveterado rencor. Si volvéis en lo sucesivo a perturbar el reposo de la población,
vuestras cabezas serán responsables de la violada tranquilidad. Por esta vez que
esos otros se retiren. Vos, Capuleto, seguidme; vos, Montagüe, id esta tarde a la
antigua residencia de Villafranca, ordinario asiento de nuestro Tribunal, para
conocer nuestra ulterior decisión sobre el caso actual. Lo digo de nuevo, bajo pena
de muerte, que todos se retiren. 14 (Vanse todos menos MONTAGÜE, LADY
MONTAGÜE y BENVOLIO) MONTAGÜE ¿Quién ha vuelto a despertar esta
antigua querella? Habla, sobrino, ¿estabas presente cuando comenzó?
BENVOLIO Los satélites de Capuleto y los vuestros estaban aquí batiéndose
encarnizadamente antes de mi llegada: yo desenvainé para apartarlos: en tal
momento se presenta el violento Tybal, espada enmano, lanzando a mi oído
provocaciones al propio tiempo que blandía sobre su cabeza la espada, hendiendo
el aire, que sin recibir el menor daño, lo befaba silbando. Mientras nos
devolvíamos golpes y estocadas, iban llegando y entraban en contienda
partidarios de uno y otro bando, hasta que vino el Príncipe y los separó. LADY
MONTAGÜE ¡Oh! ¿dónde está Romeo? ¿Le habéis visto hoy? Muy satisfecha
estoy de que no se haya encontrado en esta refriega. BENVOLIO Señora, una
hora antes que el bendecido sol comenzara a entrever las doradas puertas del
Oriente, la inquietud de mi alma me llevó a discurrir por las cercanías, en las que,
bajo la arboleda de sicomoros que se extiende al Oeste de la ciudad, apercibí, ya
paseándose, a vuestro hijo. Dirigime hacia él; pero descubriome y se deslizó en la
espesura del bosque: yo, juzgando de sus sentimientos por los míos, que nunca
me absorben más que cuandomás solo me hallo, di rienda a mi inclinación no
contrariando la suya, y evité gustoso al que gustoso me evitaba a mí. MONTAGÜE
Muchas albas se le ha visto en ese lugar aumentando con sus lágrimas el matinal
rocío y haciendo las sombras más sombrías con sus ayes profundos. Mas, tan
pronto como el sol, que todo lo alegra, comienza a descorrer, a la extremidad del
Oriente, las densas cortinas del lecho de la Aurora, huyendo de sus rayos, mi triste
hijo entra furtivamente en la casa, se aísla y enjaula en su aposento, cierra las
ventanas, intercepta todo acceso al grato resplandor del día y se forma él propio
una noche artificial. Esta disposición de ánimo le será luctuosa y fatal si un buen
consejo no hace, cesar la causa. BENVOLIO Mi noble tío, ¿conocéis vos esa
causa? MONTAGÜE Ni la conozco ni he alcanzado que me la diga. BENVOLIO
¿Habéis insistido de algún modo con él? MONTAGÜE Personalmente y por otros
muchos amigos; pero él, solo confidente de sus pasiones, en su contra —no diré
cuán veraz— es tan reservado, tan recogido en sí mismo, tan insondable y difícil
de escudriñar como el capullo roído por un destructor gusano 16 antes de poder
desplegar al aire sus tiernos pétalos y ofrecer sus encantos al sol. Si nos fuera
posible penetrar la causa de su melancolía, lo mismo que por conocerla nos
afanaríamos por remediarla. (Aparece ROMEO, a cierta distancia)BENVOLIO
Mirad, allí viene: tened a bien alejaros. Conoceré su pesar o a mucho desaire me
expondré. MONTAGÜE Ojalá que tu permanencia aquí te proporcione la gran
dicha de oírle una confesión sincera. Vamos, señora, retirémonos. (MONTAGÜE y
su esposa se retiran) BENVOLIO Buenos días, primo. ROMEO ¿Tan poco
adelantado está el día? BENVOLIO Acaban de dar las nueve. ROMEO ¡Infeliz de
mí! Largas parecen las horas tristes. ¿No era mi padre el que tan deprisa se alejó
de aquí? BENVOLIO Sí. ¿Qué pesar es el que alarga las horas de Romeo?
ROMEO El de carecer de aquello cuya posesión las abreviaría. BENVOLIO
¿Carencia de amor? ROMEO Sobra. BENVOLIO ¿De amor? ROMEO De
desdenes de la que amo. BENVOLIO ¡Ay! ¡Que el amor, al parecer tan dulce, sea
en la prueba tan tirano y tan cruel.

Romeo ¡Ay! ¡que el amor, cuyos ojos están siempre vendados, halle sin ver la
dirección de su blanco! ¿Dónde comeremos? ¡Oh, Dios! ¿qué refriega era ésta?
Mas no me lo digáis, pues todo lo he oído. Mucho hay que luchar aquí con el odio,
pero más con el amor. ¡Sí, amante odio! ¡Amor quimerista! ¡Todo, emanación 18
de una nada preexistente! ¡futileza importante! ¡grave fruslería! ¡informe caos de
ilusiones resplandecientes! ¡leve abrumamiento, diáfana intransparencia, fría lava,
extenuante sanidad! ¡sueño siempre guardián, asunto en la esencia! Tal cual eres
yo te siento; yo, que en cuanto siento no hallo amor! ¿No te ríes? BENVOLIO No,
primo, lloro mas bien. ROMEO ¿Por qué, buen corazón?

BENVOLIO De ver la pena que oprime tu alma. ROMEO ¡Bah! El yerro de amor
trae eso consigo. Mis propios dolores ya eran carga excesiva en mi pecho; para
oprimirlo más, quieres aumentar mis pesares con los tuyos. La afección que me
has mostrado añade nueva pena al exceso de mis penas. El amor es un humo
formado por el vapor de los suspiros; alentado, un fuego que brilla en los ojos de
los amantes; comprimido, un mar que alimentan sus lágrimas. ¿Qué más es? Una
locura razonable al extremo, una hiel que sofoca, una dulzura que conserva.
Adiós, primo. BENVOLIO Aguardad, quiero acompañaros; me ofendéis si me
dejáis así. ROMEO ¡Bah! Yo no doy razón de mí propio, no estoy aquí; éste no es
Romeo; él está en otra parte. BENVOLIO Decidme seriamente, ¿quién es la
persona a quien amáis? ROMEO ¡Qué! ¿habré de llorar para decírtelo?
BENVOLIO ¿Llorar? ¡Oh! no; pero decidme en seriedad quién es. ROMEO Pide a
un enfermo que haga gravemente su testamento. ¡Ah! ¡Tan cruel decir a uno que
se halla en tan cruel estado! Seriamente, primo, amo a una mujer. BENVOLIO Di
exactamente en el punto cuando supuse que amabais. ROMEO ¡Excelente tirador!
Y la que amo es hermosa. BENVOLIO A un hermoso, excelente blanco, bello
primo, se alcanza más fácilmente. 20 ROMEO Bien, en este logro te equivocas:
ella está fuera del alcance de las flechas de Cupido, tiene el espíritu de Diana y
bien armada de una castidad a toda prueba, vive sin lesión del feble, infantil arco
del amor. La que adoro no se deja importunar con amorosas propuestas, no
consiente el encuentro de provocantes miradas ni abre su regazo al oro, seductor
de los santos. ¡Oh! Ella es rica en belleza, pobre únicamente porque al morir
mueren con ella sus encantos BENVOLIO ¿Ha jurado, pues, permanecer virgen?
ROMEO Lo ha jurado y con esa reserva ocasiona un daño inmenso; pues, con sus
rigores, matando dé inanición la belleza, priva de ésta a toda la posteridad. Bella y
discreta a lo sumo, es a lo sumo discretamente bella para merecer el cielo,
haciendo mi desesperación. Ha jurado no amar nunca y este juramento da la
muerte, manteniendo la vida, al mortal que te habla ahora. BENVOLIO Sigue mi
consejo, deséchala de tu pensamiento. ROMEO ¡Oh! Dime de qué modo puedo
cesar de pensar. BENVOLIO Devolviendo la libertad a tus ojos, deteniéndolos en
otras beldades. 21

ROMEOÉse sería el medio de que encomiara más sus gracias exquisitas. Esas
dichosas máscaras que acarician las frentes de las bellas, aunque negras, nos
traen a la mente la blancura que ocultan. El que de golpe ha cegado, no puede
olvidar el inestimable tesoro de su ver perdido. Pon ante mí una mujer
encantadora al extremo, ¿qué será su belleza sino una página en que podré leer
el nombre de otra beldad más encantadora aún? Adiós, tú no puedes enseñarme a
olvidar. BENVOLIO Yo adquiriré esa ciencia o moriré sin un ochavo. (Vanse)
DATOS AUTOBIOGRÁFICOS DE WILLIAM SHAKESPEARE

William Shakespeare nació en Stratford-upon-Avon, Inglaterra, en 1564. Hijo de


un comerciante y una terrateniente, creció en un ambiente relativamente próspero.
A los 18 años, se casó con Anne Hathaway, con quien tuvo tres hijos, uno de los
cuales, Hamnet, falleció joven. Poco después, Shakespeare se trasladó a
Londres para iniciar su carrera teatral.

En Londres, comenzó como actor y luego se destacó como dramaturgo y poeta.


Fue miembro de la compañía teatral Lord Chamberlain’s Men, que más tarde se
convertiría en The King’s Men bajo el patrocinio del rey Jacobo I. Su éxito como
escritor de teatro lo llevó a ser dueño parcial del famoso Globe Theatre, donde se
representaron muchas de sus obras.

Shakespeare escribió aproximadamente 39 obras, entre tragedias, comedias e


historias. Entre sus tragedias más famosas se encuentran "Hamlet", "Macbeth" y
"Otelo", mientras que sus comedias más populares incluyen "Sueño de una
noche de verano" y "Mucho ruido y pocas nueces". También es conocido por
sus 154 sonetos, donde exploró temas como el amor, el tiempo y la mortalidad.

El estilo de Shakespeare es conocido por su profundo entendimiento de la


naturaleza humana, su uso innovador del lenguaje y su capacidad para combinar
lo cómico con lo trágico. Su influencia ha sido tal que muchas de sus frases y
personajes se han vuelto parte del imaginario cultural universal. A través de sus
obras, capturó la complejidad de las emociones humanas.

Shakespeare murió en 1616, en su ciudad natal, y fue enterrado en la Iglesia de


la Santísima Trinidad de Stratford. A pesar de los siglos transcurridos, sigue
siendo uno de los escritores más influyentes y estudiados de la literatura mundial,
conocido como el "Bardo de Avon". Su legado permanece vivo en la
representación continua de sus obras alrededor del mundo.
OPNINIÓN

La escena 1 de "Romeo y Julieta" establece el conflicto central entre las familias


Montesco y Capuleto. Desde el principio, las peleas entre los sirvientes revelan el
odio profundamente arraigado que existe entre ambas casas. Es impactante ver
cómo una enemistad tan antigua involucra incluso a quienes están al margen de la
nobleza.

El enfrentamiento no tarda en crecer, y cuando Tebaldo interviene, la violencia se


intensifica. La aparición de Benvolio, que intenta apaciguar la situación, resalta el
contraste entre quienes buscan paz y aquellos que alimentan el conflicto. Esta
primera escena ya nos muestra la irracionalidad de las rivalidades familiares.

El Príncipe de Verona, que llega para poner fin al caos, introduce una voz de
autoridad y orden. Su advertencia de castigos severos no solo busca restaurar la
calma, sino que también augura el destino trágico que inevitablemente se
desarrollará a lo largo de la obra. La tensión entre el orden y el caos se siente
desde el inicio.

Además, en esta escena se nos presenta un Romeo melancólico, enamorado de


Rosalina y ajeno al conflicto que acaba de suceder. Su tristeza contrasta con la
violencia que lo rodea, anticipando cómo su búsqueda del amor en medio del odio
desencadenará los eventos trágicos que seguirán. Esta escena nos introduce a
una Verona dividida, donde el amor y la guerra están inevitablemente
entrelazados.
ESTREMÉS

ENTREMÉS DEL VIEJO CELOSO


Miguel de Cervantes Saavedra

Salen DOÑA LORENZA y CRISTINA, su criada, y HORTIGOSA, su


vecina.

DOÑA LORENZA. - Milagro ha sido éste, señora Hortigosa, el no


haber dado la vuelta a la llave mi duelo, mi yugo y mi
desesperación. Éste es el primero día, después que me casé con
él, que hablo con persona de fuera de casa; que fuera le vea yo de
esta vida a él y a quien con él me casó.

HORTIGOSA. - Ande, mi señora doña Lorenza, no se queje tanto;


que con una caldera vieja se compra otra nueva.

DOÑA LORENZA.- Y aun con esos y otros semejantes villancicos


o refranes me engañaron a mí; que malditos sean sus dineros,
fuera de las cruces; malditas sus joyas, malditas sus galas, y
maldito todo cuanto me da y promete. ¿De qué me sirve a mí todo
apuesto, si en mitad de la riqueza estoy pobre, y en medio de la
abundancia con hambre?

CRISTINA.- En verdad, señora tía, que tienes razón; qué más


quisiera yo andar con un trapo atrás y otro adelante, y tener un
marido mozo, que verme casada y enlodada con ese viejo podrido
que tomaste por esposo.

DOÑA LORENZA.- ¿Yo le tomé, sobrina? A la fe, dómele quien


pudo; y yo, como muchacha, fui más presta al obedecer que al
contradecir; pero, si yo tuviera tanta experiencia de estas cosas,
antes me tarazara la lengua con los dientes que pronunciar aquel
sí, que se pronuncia con dos letras y da que llorar dos mil años;
pero yo imagino que no fue otra cosa sino que había de ser ésta, y
que, las que han de suceder forzosamente, no hay prevención ni
diligencia humana que las prevenga.

CRISTINA.- ¡Jesús y del mal viejo! Toda la noche: «Daca el orinal,


toma el orinal; levántate, Cristina, y caliéntame unos paños, que
me muero de la ijada; dame aquellos juncos, que me fatiga la
piedra». Con más ungüentos y medicinas en el aposento que si
fuera una botica; y yo, que apenas sé vestirme, tengo de servirle
de enfermera. ¡Pux, pux, pux, viejo clueco, tan potroso -fol.
253v- como celoso, y el más celoso del mundo!

DOÑA LORENZA.- Dice la verdad mi sobrina.

CRISTINA.- ¡Pluguiera a Dios que nunca yo la dijera en esto!

HORTIGOSA. - Ahora bien, señora doña Lorenza, vuesa merced


haga lo que le tengo aconsejado, y verá cómo se halla muy bien
con mi consejo. El mozo es como un ginjo verde; quiere bien, sabe
callar y agradecer lo que por él se hace; y, pues los celos y el
recato del viejo no nos dan lugar a demandas ni a respuestas,
resolución y buen ánimo: que, por la orden que hemos dado, yo le
pondré al galán en su aposento de vuesa merced y le sacaré, si
bien tuviese el viejo más ojos que Argos y viese más que un
zahorí, que dicen que ver siete estados debajo de la tierra.

DOÑA LORENZA. - Como soy primeriza, estoy temerosa, y no


querría, a trueco del gusto, poner a riesgo la honra.

CRISTINA. - Eso me parece, señora tía, a lo del cantar de Gómez


Arias:

Señor Gómez Arias,

doleos de mí;

soy niña y muchacha,

nunca en tal me vi.


DOÑA LORENZA. - Algún espíritu malo debe de hablar en ti,
sobrina, según las cosas que dices.

CRISTINA. - Yo no sé quién habla; pero yo sé que haría todo


aquello que la señora Ortigosa ha dicho, sin faltar punto.

DOÑA LORENZA. - ¿Y la honra, sobrina?

CRISTINA. - ¿Y el holgarnos, tía?

DOÑA LORENZA. - ¿Y si se sabe?

CRISTINA. - ¿Y si no se sabe?

DOÑA LORENZA. - ¿Y quién me asegurará a mí que no se sepa?

HORTIGOSA. - ¿Quién? La buena diligencia, la sagacidad, la


industria; y, sobre todo, el buen ánimo y mis trazas.

CRISTINA. - Mire, señora Ortigosa, tráyanosle galán, limpio,


desenvuelto, un poco atrevido, y, sobre todo, mozo.

HORTIGOSA. - Todas esas partes tiene el que he propuesto, y


otras dos más: que es rico y liberal.

DOÑA LORENZA.- Que no quiero riquezas, señora Hortigosa;


que me sobran las joyas, y me ponen en confusión las diferencias
de colores de mis muchos vestidos; hasta eso no tengo que
desear, que Dios le dé salud a Cañizares: más vestida me tiene
que un palmito, y con más joyas que la vedriera de un platero rico.
No me clavara él las ventanas, cerrara las puertas, visitara a todas
horas la casa, desterrara dela los gatos y los perros, solamente
porque tienen nombre de varón; que, a trueco de que no hiciera
esto, y otras cosas no vistas en materia de recato, yo le perdonara
sus dádivas y mercedes.
HORTIGOSA.- ¿Que tan celoso es?

DOÑA LORENZA.- Digo que le vendían el otro día una tapicería a


bonísimo precio, y por ser de figuras no la quiso, y compró otra de
verduras por mayor precio, aunque no era tan buena. -fol. 254r-
Siete puertas hay antes que se llegue a mi aposento, fuera de la
puerta de la calle, y todas se cierran con llave; y las llaves no me
ha sido posible averiguar dónde las esconde de noche.

CRISTINA.- Tía, la llave de loba creo que se la pone entre las


faldas de la camisa.

DOÑA LORENZA.- No lo creas, sobrina; que yo duermo con él, y


jamás le he visto ni sentido que tenga llave alguna.

CRISTINA.- Y más, que toda la noche anda como trasgo por toda
la casa; y si acaso dan alguna música en la calle, les tira de
pedradas porque se vayan: es un malo, es un brujo; es un viejo,
que no tengo más que decir.

DOÑA LORENZA.- Señora Hortigosa, váyase, no venga el


gruñidor y la halle conmigo, que sería echarlo a perder todo; y lo
que ha de hacer, hágalo luego; que estoy tan aburrida, que no me
falta sino echarme una soga al cuello, por salir de tan mala vida.

HORTIGOSA. - Quizá con esta que ahora se comenzará, se le


quitará toda esa mala gana y le vendrá otra más saludable y que
más la contente.

CRISTINA.- Así suceda, aunque me costase a mí un dedo de la


mano: que quiero mucho a mi señora tía, y me muero de verla tan
pensativa y angustiada en poder deste viejo y reviejo, y más que
viejo; y no me puedo hartar de decille viejo.

DOÑA LORENZA.- Pues en verdad que te quiere bien, Cristina.

CRISTINA.- ¿Deja por eso de ser viejo? Cuanto más, que yo he


oído decir que siempre los viejos son amigos de niñas.

HORTIGOSA. - Así es la verdad, Cristina, y adiós, que, en


acabando de comer, doy la vuelta. Vuesa merced esté muy en lo
que dejamos concertado, y verá cómo salimos y entramos bien en
ello.

CRISTINA.- Señora Hortigosa, hágame merced de traerme a mí


un frailecico pequeñito, con quien yo me huelgue.

HORTIGOSA. - Yo se le traeré a la niña pintado.

CRISTINA. - ¡Que no le quiero pintado, sino vivo, vivo, chiquito


como unas perlas!

DOÑA LORENZA. - ¿Y si lo vee tío?

CRISTINA.- Diréle yo que es un duende, y tendrá dél miedo, y


holgaréme yo.

HORTIGOSA.- Digo que yo le trairé, y adiós.

OPINIÓN
La primera escena de "El viejo celoso" es una introducción efectiva al mundo de
los celos y las inseguridades. A través de Cañizares, se establece un tono cómico,
ya que su preocupación desmedida por la fidelidad de su esposa resulta tanto
ridícula como comprensible. El uso de la exageración en su comportamiento crea
un contraste humorístico que invita al público a reírse de sus cuitas.

La interacción entre Cañizares y su criada, Margarita, revela dinámicas de poder


y manipulación. Margarita, con su ingenio, se convierte en la voz de la razón y la
astucia, mientras que Cañizares se muestra como un personaje que, a pesar de
su edad, es vulnerable a sus propios miedos. Esta relación añade profundidad a la
escena y permite explorar la complejidad de las emociones humanas en un
contexto cómico.

El plan de Margarita para burlarse de Cañizares es un claro indicio de que el


desenlace se dirigirá hacia una serie de enredos divertidos. La promesa de
travesuras y malentendidos mantiene al espectador intrigado y ansioso por ver
cómo se desarrollarán los acontecimientos. Esta expectativa es esencial en el
teatro cómico, donde el humor se nutre de la tensión y el conflicto.

En conjunto, la primera escena establece las bases para una crítica mordaz de los
celos y la posesividad. Cervantes logra equilibrar el humor y la reflexión, invitando
al público a reírse de la ceguera del protagonista mientras también se cuestionan
sus propios comportamientos en relaciones interpersonales. La obra promete ser
un análisis agudo de las emociones humanas, enmarcado en un contexto
divertido.

DATOS AUTOBIOGRÁFICOS DE MIGUEL DE CERVANTES


SAINETE
LA VENGANZA DE LA PETRA O DONDE LAS DAN LAS
TOMAN

Escena I

El SEÑOR NICOMEDES, solo. Al levantarse el telón aparece la alcoba en suave


penumbra. Por los cristales de la puerta del fondo entra una tenue claridad, como
si en el comedor hubiese un balcón entornado que dejase llegar la luz del día.
El SEÑOR NICOMEDES, tapado hasta las narices, ronca en la cama. Silencio
profundo. En la calle se escucha una voz muy lejana de una vendedora: «¡La
botelleraa!... ¡Se compran botellas!...». El SEÑOR NICOMEDES da una vuelta en
la cama, saca una mano y la sacude violentamente en el aire, como espantando
un mosquito que zumba. Otra voz de mujer, también muy distante: «¡Churros,
calientes!... ¡A cinco, que están calentitos!... ¡La churrera!...». Pausa. Muy lejos y
muy atenuados se oyen los campanillazos de aviso de un tranvía que pasa. Un
vendedor pregonando: «¡Traaa... perooo! ¿Quién tiene trapo y hierro viejo que
vender?... ¡Traperooo!...». Otra pausa. De pronto, en la mesilla de noche, suena,
agudo, vibrante y escandaloso, el timbre del despertador.

SEÑOR NICOMEDES.-(Da luz. Se incorpora rápido y furioso y trata de


detenerlo.) ¡Para, hombre, para!... ¡Soo, hombre, soo!... (Lo ha parado.) ¡Maldita
sea, qué despertadorcito!... ¡Rediez, mia que ha salido malo!... No hay mañana
que no me corte el sueño el ladrón este... ¡La sangre perra de mi mujer, que si
pudiera me ponía la Banda Municipal en la mesilla de noche, pa no dejarme dormir
por las mañanas! (Iracundo, dirigiéndose al despertador.) ¡Pero ni ella se sale con
la suya, ni tú tampoco! Y ahora te pongo una hora más tarde, ¡hale! (Le da cuerda
con rabia y de prisa.) A mí, por buenas, lo que quiera; pero con escándalos,
nada. (Deja el despertador en la mesa de noche y se vuelve a tumbar.) Hay que
tener energía.

(Apaga de nuevo y se arropa. A poco suenan dos aldabonazos en la puerta del


piso. El SEÑOR NICOMEDES saca la cabeza del embozo, atiende y la vuelve a
meter; suenan otros dos aldabonazos.)
¡Y ahora llaman!... ¡Maldita sea! (Llamando a su mujer.) ¡Nicanoraaa! Pero ¿no
oyes que llaman? (Silencio.) Se conoce que ha bajao por los muñuelos pal
desayuno.

(Otros dos aldabonazos.)

¡No hay nadie!

VOZ.- (Dentro.)Señor Nicomedes, ¿pero no me oye usted?

SEÑOR NICOMEDES.- Estoy durmiendo.

VOZ.-Abra usté, hombre...

SEÑOR NICOMEDES.- (Muy fuerte y muy enfadado.)Pero ¿cómo te voy a abrir?...


¿No te digo que estoy durmiendo? Si eres el de El Liberal, ¡échalo por debajo la
puerta!

VOZ.- Soy el de la leche.

SEÑOR NICOMEDES.- Pos échala por debajo e la puerta también, porque yo no


me levanto.

(Se tumba de nuevo. Llaman otra vez.)

Sí, llama, llama... ¡No le he hecho caso al despertador y te voy a hacer caso a ti!...
¡Pero qué pretensiones tien algunos!... Ahora que, claro, (Se sienta en la cama, da
luz.)entre unos y otros m'han espabilao de una forma, que ya..., ¡maldita
sea! (Enciende un pitillo.)Y por lo que más lo siento es porque me han cortao un
sueño..., ¡mi madre, qué sueño!..., ¡una voluptuosidad! Estaba soñando que un
encanto de vecinita que tengo arriba me se había pasao debajo, al entresuelo, y
se había asomao al balcón a llamar a uno de esos que venden miel de la Alcarria.
Bueno, la moza tie un escote que es pa verlo en series, y como es suyo, que la
mujer no se lo ha quitao a nadie, pues no quie esconderlo, y llevaba el matiné un
poco abierto... En esto, me asomo yo, y, claro, miro así dende arriba, y... ¡qué
miel!..., ¡qué miel la que le estaban despachando!... ¡Como que si no me
despiertan, a estas horas estoy en la Alcarria! Voy a ver si me vuelvo a dormir y la
encuentro asomada entoavía. Me he quedao a media miel. (Se tumba de nuevo;
apaga.)

OPNION

La escena 1 de "La venganza de la Petra" nos introduce a un ambiente


cotidiano, donde las preocupaciones y tensiones amorosas ya comienzan a tomar
forma. Petra, una mujer de carácter fuerte, deja claro desde el principio su
hartazgo con Manolo, que sigue sin cumplir su promesa de casarse. Esta primera
escena nos muestra su frustración y nos prepara para el desenlace cómico de su
venganza.

El diálogo es ágil y lleno de humor costumbrista, con un tono que refleja las
tensiones amorosas de la clase trabajadora de la época. Las palabras de Petra,
cargadas de ironía, dibujan una crítica hacia el comportamiento de Manolo, quien
encarna al hombre que promete mucho pero cumple poco. El humor es inmediato
y fresco, haciendo que el espectador simpatice con la protagonista.

Lo interesante de esta escena es cómo desde el principio, a través del ingenio de


Petra, se percibe que ella no es una víctima pasiva de las circunstancias, sino una
mujer que tiene la intención de tomar el control. La comedia radica en la manera
en que Petra va dejando entrever su plan, jugando con las expectativas del
público, que espera ver cómo se desarrollará su venganza.

En resumen, esta primera escena establece de manera efectiva el conflicto


principal y presenta personajes muy identificables. El tono humorístico y la crítica
social se combinan para crear una atmósfera ligera, pero cargada de significado,
que nos invita a seguir el desarrollo de las travesuras y enredos que vendrán.
DATOS AUTOBIGRÁFICOS DE
ESPERPENTO
LUCES DE BOHEMIA. ESPERPENTO1

Ramón del Valle-Inclán

LUCES DE BOHEMIA

ESCENA PRIMERA

(HORA CREPUSCULAR. Un guardillón con ventano angosto,


lleno de sol. Retratos, grabados, autógrafos repartidos por las
paredes, sujetos con chinches de dibujante. Conversación
lánguida de un hombre ciego, y una mujer pelirrubia, triste y
fatigada. El hombre ciego es un hiperbólico andaluz, poeta de
odas y madrigales, Máximo Estrella. A la pelirrubia, por ser
francesa, le dicen en la vecindad Madama Collet.)

[14]

MAX.- Vuelve a leerme la carta del Buey Apis.

MADAMA COLLET.- Ten paciencia, Max.

MAX.- Pudo esperar a que me enterrasen.

MADAMA COLLET. - Le toca ir delante.

MAX. - ¡Colet, mal vamos a vernos sin esas cuatro crónicas!


¿Dónde gano yo veinte duros, Collet?

MADAMA COLLET. - Otra puerta se abrirá.

MAX. - La de la muerte. Podemos suicidarnos colectivamente.

[15]

MADAMA COLLET. - A mí la muerte no me asusta. ¡Pero tenemos


una hija, Max!

MAX. - ¿Y si Claudinita estuviese conforme con mi proyecto de


suicidio colectivo?

MADAMA COLLET. - ¡Es muy joven!

MAX. - También se matan los jóvenes, Collet.

MADAMA COLLET. - No por cansancio de la vida. Los jóvenes se


matan por romanticismo.

MAX. - Entonces, se matan por amar demasiado la vida. Es una


lástima la obcecación de [16] Claudinita. Con cuatro perras de
carbón, podíamos hacer el viaje eterno.

MADAMA COLLET. - No desesperes. Otra puerta se abrirá.

MAX. - ¿En qué redacción me admiten ciego?

MADAMA COLLET. - Escribes una novela.

MAX. - Y no hallo editor.

MADAMA COLLET. - ¡Oh! No te pongas a gatas, Max. Todos


reconocen tu talento.

MAX. - ¡Estoy olvidado! Léeme la carta del Buey Apis.

[17]

MADAMA COLLET. - No tomes ese caso por ejemplo.

MAX. - Lee.

MADAMA COLLET. - Es un infierno de letra.

MAX. - Lee despacio.

(Madama Collet, el gesto abatido y resignado, deletrea en voz


baja la carta. Se oye fuera una escoba retozona. Suena la
campanilla de la escalera.)

MADAMA COLLET.- Claudinita, deja quieta la escoba, y mira


quién ha llamado.

[18]

LA VOZ DE CLAUDINITA. - Siempre será Don Latino.

MADAMA COLLET. - ¡Válgame Dios!

LA VOZ DE CLAUDINITA. - ¿Le doy con la puerta en las narices?

MADAMA COLLET. - A tu padre le distrae.

LA VOZ DE CLAUDINITA. - ¡Ya se siente el olor del aguardiente!

(Máximo Estrella se incorpora con un gesto animoso,


esparcida sobre el pecho la hermosa barba con mechones de
canas. Su cabeza rizada y ciega, de un gran carácter clásico-
arcaico, recuerda los Hermes.)

[19]

MAX. - ¡Espera, Collet! ¡He recobrado la vista! ¡Veo! ¡Oh, cómo


veo! ¡Magníficamente! ¡Está hermosa la Moncloa! ¡El único rincón
francés en este páramo madrileño! ¡Hay que volver a París, Collet!
¡Hay que volver allá, Collet! ¡Hay que renovar aquellos tiempos!

MADAMA COLLET. - Estás alucinado, Max.

MAX. - ¡Veo, y veo magníficamente!

MADAMA COLLET. - ¿Pero qué ves?

MAX. - ¡El mundo!


[20]

MADAMA COLLET. - A mí me ves.

MAX. - ¡Las cosas que toco, para qué necesito verlas!

MADAMA COLLET. - Siéntate. Voy a cerrar la ventana. Procura


adormecerte.

MAX. - ¡No puedo!

MADAMA COLLET. - ¡Pobre cabeza!

MAX. - ¡Estoy muerto! Otra vez de noche.

(Se reclina en el respaldo del sillón. La mujer cierra la


ventana, y la guardilla queda [21] en una penumbra rayada de
sol poniente. El ciego se adormece, y la mujer, sombra triste,
se sienta en una silleta, haciendo pliegues a la carta del Buey
Apis. Una mano cautelosa empuja la puerta que se abre con
largo chirrido. Entra un vejete asmático, quepis, anteojos, un
perrillo y una cartera con revistas ilustradas. Es Don Latino de
Hispalis. Detrás, despeinada, en chancletas, la falda pingona,
aparece una mozuela: Claudinita.)

DON LATINO. - ¿Cómo están los ánimos del genio?

CLAUDINITA. - Esperando los cuartos de unos libros que se ha


llevado un vivales para vender.

[22]

DON LATINO. - ¿Niña, no conoces otro vocabulario más escogido


para referirte al compañero fraternal de tu padre, de ese hombre
grande que me llama hermano? ¡Qué lenguaje, Claudina!

MADAMA COLLET. - ¿Trae usted el dinero, Don Latino?

DON LATINO. - Madama Colet, la desconozco, porque siempre ha


sido usted una inteligencia razonadora. Max había dispuesto
noblemente de ese dinero.

MADAMA COLLET. - ¿Es verdad, Max? ¿Es posible?

[23]

DON LATINO. - ¡No le saque usted de los brazos de Morfeo!

CLAUDINITA. - ¿Papá, tú qué dices?

MAX. - ¡Idos todos al diablo!

MADAMA COLLET. - ¡Oh, querido, con tus generosidades nos has


dejado sin cena!

MAX. - Latino, eres un cínico.

CLAUDINITA. - Don Latino, si usted no apoquina, le araño.

[24]

DON LATINO.- Córtate las uñas, Claudinita.

CLAUDINITA. - Le arranco los ojos.

DON LATINO. - ¡Claudinita!

CLAUDINITA. - ¡Golfo!

DON LATINO. - Max, interpón tu autoridad.

MAX. - ¿Qué sacaste por los libros, Latino?

DON LATINO. - ¡Tres pesetas, Max! ¡Tres cochinas pesetas! ¡Una


indignidad! ¡Un robo!

[25]
CLAUDINITA. - ¡No haberlos dejado!

DON LATINO. - Claudinita, en ese respecto te concedo toda la


razón. Me han cogido de pipi. Pero aún se puede deshacer el trato.

MADAMA COLLET. - ¡Oh, sería bien!

DON LATINO. - Max, si te presentas ahora conmigo, en la tienda


de ese granuja y le armas un escándalo, le sacas hasta dos duros.
Tú tienes otro empaque.

MAX. - Habría que devolver el dinero recibido.

[26]

DON LATINO. - Basta con hacer el ademán. Se juega de boquilla,


maestro.

MAX. - ¿Tú crees?...

DON LATINO. - ¡Naturalmente!

MADAMA COLLET. - Max, no debes salir.

MAX. - El aire me refrescará. Aquí hace un calor de horno.

DON LATINO. - Pues en la calle corre fresco.

MADAMA COLLET. - ¡Vas a tomarte un disgusto sin conseguir


nada, Max!

[27]

CLAUDINITA. - ¡Papá, no salgas!

MADAMA COLLET. - Max, yo buscaré alguna cosa que empeñar.

MAX. - No quiero tolerar ese robo. ¿A quién le has llevado los


libros, Latino?

DON LATINO. - A Zaratustra.

MAX. - ¡Claudina, mi palo y mi sombrero!


CLAUDINITA. - ¿Se los doy, mamá?

MADAMA COLLET. - ¡Dáselos!

[28]

DON LATINO.- Madama Collet, verá usted qué faena.

CLAUDINITA. - ¡Golfo!

DON LATINO. - ¡Todo en tu boca es cación *canción*, Claudinita!

(Máximo Estrella sale apoyado en el hombro de Don Latino.


Madama Collet suspira apocada, y la hija, todos nervios,
comienza a quitarse las horquillas del pelo.)

CLAUDINITA. - ¿Sabes cómo acaba todo esto? ¡En la taberna de


Pica Lagartos!

OPNINIÓN

"Luces de Bohemia", de Ramón María del Valle-Inclán, es una obra que


redefine el concepto de tragedia al llevarlo al esperpento, un estilo que
distorsiona la realidad para mostrar su lado más grotesco. El protagonista, Max
Estrella, un poeta ciego, vive una sucesión de situaciones absurdas y trágicas que
reflejan la decadencia de la sociedad española. Desde el inicio, la obra denuncia
la miseria y la injusticia que envuelven a los personajes.

El esperpento, con su enfoque deformado, no solo busca exagerar los defectos de


los personajes, sino también mostrar la realidad cruel de una sociedad corrupta.
Max Estrella es a la vez víctima y testigo de un mundo desmoronado, donde los
valores parecen haberse perdido. Valle-Inclán usa el humor negro y la ironía para
criticar con dureza el estado social y político de su tiempo.

Lo más impactante de la obra es la visión desencantada de la vida que


transmite. Las ilusiones y esperanzas son destruidas por la crudeza de la realidad,
y los personajes parecen estar atrapados en un ciclo sin fin de desilusión. Max,
que representa al intelectual idealista, ve cómo su arte y su vida no tienen cabida
en un mundo cínico y deshumanizado.

La obra no deja espacio para la redención o el consuelo. A través del esperpento,


Valle-Inclán muestra que la vida es un teatro de lo absurdo, donde la tragedia se
convierte en comedia amarga. "Luces de Bohemia" es una crítica feroz a la
realidad de su tiempo, pero también una reflexión universal sobre la impotencia
humana frente a la injusticia y la decadencia.

DATOS AUTOBIOGRÁFICOS

(Ramón José Simón Valle Peña, también llamado Ramón María del Valle-Inclán;
Villanueva de Arosa, 1869 - Santiago de Compostela, 1935) Narrador y
dramaturgo español. Aunque incomprendidas y apenas representadas en su
época, la posteridad había de valorar especialmente sus piezas para el teatro, por
las que se le considera, junto con Federico García Lorca, el mejor dramaturgo de
la «Edad de Plata» de la literatura española (1900-1936).

La muerte de su padre le permitió interrumpir sus estudios de derecho, por los que
no sentía ningún interés, y marcharse a México, donde pasó casi un año
ejerciendo como periodista y firmando por primera vez sus escritos como Ramón
del Valle-Inclán

En 1907, Valle-Inclán se casó con la actriz Josefina Blanco y, entre 1909 y 1911,
se adhirió al carlismo, ideología tradicionalista que atrajo al autor por su oposición
a la sociedad surgida de la revolución industrial, al sistema parlamentario y al
centralismo político. En 1910, su esposa inició una gira por Latinoamérica en la
que él la acompañó como director artístico. Durante el viaje, la compañía teatral
de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza contrató a Josefina Blanco y, de
vuelta a España, estrenó dos obras de Valle-Inclán, Voces de gesta (1911) en
Barcelona y La marquesa Rosalinda (1912) en Madrid.

A pesar de sus fracasos teatrales, hacia 1916 ya se le consideraba un escritor de


prestigio y una autoridad en pintura y estética, por lo que el Ministerio de
Instrucción Pública y Bellas Artes lo nombró titular de una nueva cátedra de
estética en la Academia de San Fernando en Madrid. Esto supuso un alivio para
su crónica escasez de dinero, pero, por problemas burocráticos y la propia
incompatibilidad del escritor con la vida académica, abandonó muy pronto el
cargo. Invitado a París por un amigo francés (un año después del estallido de
la Primera Guerra Mundial se había declarado partidario de los aliados, lo que lo
llevó a la ruptura con los carlistas), pasó un par de meses visitando las trincheras
francesas, experiencia que describió en La media noche. Visión estelar de un
momento de guerra (1917).
AUTOSACRAMENTAL

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