Un día, el cuy vio que el zorro estaba muy
cerca. Ya no podía escapar corriendo
porque este era más veloz que él. Solo le
quedaba inventar algo para escapar.
El cuy saltó al hueco que había hecho para
sacar unas papas y siguió escarbando
desesperado. El zorro le preguntó: -
¿Estás cavando una trampa?
-No me interrumpas. Estoy haciendo mi
refugio contra la lluvia de fuego. iDentro
de cinco minutos va a llover fuego! ¿Nadie
te ha contado que el Sol se descuidó y que
se le han escapado varias candelas?
¿Podrías hacerme el favor de cubrirme con
tierra para que el fuego no me queme?
- ¿Y tú podrías hacerme el favor de
regalarme tu refugio? -le rogó el zorro.
-Está bien-aceptó el cuy-, te lo regalo a
cambio de que ya no me persigas. El zorro
se acomodó en el hueco y el cuy lo cubrió
con tierra. Luego, se fue riendo y
mordiendo una papa.
Pasó una hora y el zorro salió del agujero.
Vio que no había llovido fuego. Se
enfureció por el engaño, pero el cuy ya
estaba lejos, muy lejos.