IGLESIA DE DIOS EN HONDURAS
SEMINARIO TEOLÓGICO PENTECOSTAL DE HONDURAS
DIPLOMADO EN MINISTERIO CRISTIANO
TEMA:
TAYLOR HUDSON
DEL CURSO DE:
MISIÓN GLOBAL Y PLANTACIÓN DE IGLESIAS
FACILITADO POR:
ROBERTO ANTONIO VASQUEZ
PRESENTADO POR:
HERMAN WILSON HERNANDEZ
MARIA EVANGELINA GONZALEZ
NICOLASA DIAZ
NIMIA ELIZABETH PONCE
NOÉ ALEXANDER GARCÍA
La Esperanza, Intibucá, Viernes 22 de Noviembre, 2019
JAMES HUDSON TAYLOR
SU BIOGRAFIA
Nombre James Hudson Taylor
Nacimiento 21 de mayo de 1832 en Barnsley, Yorkshire, Reino Unido
Fallecimiento 1905 en China
Nacionalidad Inglaterra
Ciudadanía Inglaterra
Ocupación Teólogo, Misionero y Traductor
Cónyuge María Dyer, Jennie Faulding
Padres Santiago Taylor y de Amelia
James Hudson Taylor nació el 21 de mayo de 1832 en un hogar cristiano; La
familia pertenecía a la Iglesia Metodista Wesleyana. Su padre era farmacéutico
en Barnsley, Yorkshire; Inglaterra.
Cuando Hudson tenía sólo cuatro años de edad, asombró a todos con esta
frase: “Cuando yo sea un hombre, quiero ser misionero en China”. La fe del
padre y las oraciones de la madre significaron mucho. Antes de que él naciera,
ellos habían orado consagrándolo a Dios precisamente para ese fin.
Sin embargo, pronto el joven Taylor se volvió un muchacho escéptico y
mundano. Él decidió disfrutar su vida. A los 15 años entró en un banco local y
trabajó como empleado menor. En 1848 dejó el banco para trabajar en la
tienda de su padre.
SU CONVERSIÓN
Una tarde de junio de 1849, cuando tenía 17 años, entró en la biblioteca de su
padre. Echaba de menos a su madre que estaba lejos, y quería leer algo para
pasar el rato. Tomó un folleto de evangelismo que le pareció interesante, con el
siguiente pensamiento: “Debe haber una historia al principio y un sermón o
moraleja al final. Me quedaré con lo primero y dejaré lo otro para aquellos a
quienes le interese”. Pero al llegar a la expresión «la obra consumada de
Cristo» recordó las palabras del Señor “consumado es”, y se planteó la
pregunta: ¿Qué es lo que está consumado?. La respuesta tocó su corazón, y
recibió a Cristo como su Salvador.
A esa misma hora, su madre, a unos 120 kilómetros de allí, experimentaba un
intenso anhelo por la conversión de su hijo. Ella se encerró en una pieza y
resolvió no salir de allí hasta que sus oraciones fuesen contestadas. Horas más
tarde salió con una gran convicción. Diez días más tarde regresó a casa. En la
puerta le esperaba su hijo para contarle las buenas noticias. Pero ella le dijo:
“Lo sé, mi muchacho. Me he estado regocijando durante diez días por las
buenas nuevas que tienes que decirme.” Más tarde Hudson se enteró de que
también su hermana, hacía un mes, había iniciado una batalla de oración a
favor de él. “Criado en tal ambiente, y convertido en tales circunstancias, no es
de extrañar que desde el comienzo de mi vida cristiana se me hacía fácil creer
que las promesas de la Biblia son muy reales”
SU LLAMADO
Al poco tiempo, Hudson empezó a sentirse descontento con su estado
espiritual. Su “primer amor” y su celo por las almas se había enfriado. En una
tarde de ocio de diciembre de 1849 se retiró para estar solo. Ese día derramó
su corazón delante del Señor y le entregó su vida entera. Más tarde dijo: “Una
impresión muy honda de que yo ya había dejado de ser dueño de mí mismo se
apoderó de mí, y desde esa fecha para acá no se ha borrado jamás”. Poco
tiempo después, sintió que Dios le llamaba para servir en China.
Desde entonces su vida tomó un nuevo rumbo, pues comenzó a prepararse
diligentemente para lo que sería su gran misión. Adaptó su vida lo más posible
a lo que pensaba que podría ser la vida en China. Hizo más ejercicios al aire
libre; cambió su cama mullida por un colchón duro, y se privó de los delicados
manjares de la mesa. Distribuyó con diligencia tratados en los barrios pobres, y
celebró reuniones en los hogares.
Comenzó a levantarse a las cinco de la mañana para estudiar el idioma chino.
Como no tenía recursos para comprar una gramática y un diccionario (muy
caros en ese tiempo) estudió el idioma con la ayuda de un ejemplar del
Evangelio de Lucas en mandarín. También empezó el estudio del griego,
hebreo, y latín.
En mayo de 1850 comenzó a trabajar como ayudante del Dr. Robert Hardy, con
quien siguió aprendiendo el arte de la medicina, que había comenzado con su
padre. Sabía de la escasez de médicos en China, así que se esmeró por
aprender. En noviembre del año siguiente, tomó otra decisión importante: para
gastar menos en sí mismo y poder dar más a otros, arrendó un cuarto en un
modesto suburbio de Drainside, en las afueras del pueblo. Aquí empezó un
régimen riguroso de economía y abnegación, oficiando parte de su tiempo
como médico autonombrado, en calles tristes y miserables. Se dio cuenta que
con un tercio de su sueldo podía vivir sobriamente. Escribió “Tuve la
experiencia de que cuanto menos gastaba para mí y más daba a otros, mayor
era el gozo y la bendición que recibía mi alma”.
CUMPLIENDO SU SUEÑO
Taylor se embarcó en Liverpool en septiembre de 1853, en el buque de carga
Dumfries, llevando en su equipaje mucha de literatura en idioma chino para
distribuir. Nunca olvidaría el grito desgarrador de su madre al verlo partir. Allí
en la nave, era el único pasajero. Fue un viaje tempestuoso; en dos ocasiones
estuvieron a punto de naufragar. La navegación se calmó cerca de Nueva
Guinea. El capitán se desesperó cuando una corriente los llevaba rápidamente
hacia los arrecifes de la costa, donde los caníbales les esperaban con fogatas
encendidas. Taylor y otros se retiraron a orar y el Señor envió una fuerte brisa
que los puso a salvo. Arribaron a Shanghai en marzo de 1854, tras seis largos
meses de navegación. (El viaje normalmente tomaba cuarenta días).
El destino de Taylor era Nanking, en el norte, pero sólo pudo establecerse en
Shanghai, donde fue acogido por el doctor Lockhart. A su alrededor había
miseria, violencia y muerte. Sus ojos se inflamaron, sufrió dolores de cabeza y
pasaba mucho frío. En su gracia, Dios permitía que desde el principio estuviera
rodeado de muchas dificultades, para así prepararlo en las tareas que habría
de enfrentar más adelante.
NOVIAZGO Y MATRIMONIO
En Ningpo, una nueva familia, los Jones, había llegado y la comunidad
misionera era ferviente en espíritu. Una vez a la semana ellos cenaban en la
escuela dirigida por la Srta. Mary Ann Aldersey, una dama inglesa de 60 años,
reputada por ser la primera mujer misionera en China. Ella tenía dos jóvenes
ayudantes, Burella y María, hijas de Samuel Dyer, uno de los primeros
misioneros en China.
El día de Navidad de 1856, el grupo misionero tuvo una celebración donde
comenzó una amistad entre Hudson y María. Esta joven era muy agraciada y
simpática, además de una ferviente cristiana. Muy pronto compartieron los
mismos anhelos y aspiraciones de santidad, de servicio y acercamiento a Dios,
y aun la indumentaria oriental que llevaba Taylor. Taylor tuvo que cumplir una
importante misión en Shanghai, pero le escribió a María pidiéndole formalizar
un compromiso. Tras cuatro largos meses de espera, llegó la respuesta
favorable. El tutor se había enterado en Londres de que Hudson Taylor era un
misionero muy promisorio. Todos los que le conocían daban buen testimonio
de él.
Así, con todo a favor, decidieron comprometerse públicamente en noviembre
de 1857. En enero de 1859, poco después de que María cumpliera los 21 años,
se casaron y se establecieron en Ningpo.
LA MISIÓN
Fundaron una iglesia que en marzo de 1860 contaba con veintiún miembros.
Hudson trabajó como médico en un hospital cristiano cuyo fundador fue un
misionero que tuvo que regresar a su país. Nunca dejó de hacer sus viajes
evangelísticos a otras ciudades. Esos seis años de trabajo fueron tan duros
que causaron estragos en su salud. Hudson se enfermó gravemente, por lo que
debió regresar a Londres con María y sus hijos.
Tan pronto como su salud mejoró, reanudó sus estudios, y un año más tarde,
en 1862, obtuvo el título necesario para practicar la partería. Además, Hudson
revisó la traducción del Nuevo Testamento al dialecto mandarín, y realizó
reuniones en iglesias y casas presentando las necesidades urgentes del pueblo
chino. Pasó mucho tiempo en oración buscando la manera de reiniciar la obra
misionera en China. Permanecieron cinco años en Londres antes de regresar a
la labor misionera en el continente asiático.
NACE UNA NUEVA AGENCIA MISIONERA
Un día, recibió una invitación de cierto amigo a Brighton, en la costa sur de
Inglaterra, para que disfrutara unas vacaciones. Allí Dios le habló y le mostró la
forma en que debía proceder para cumplir su misión. Hudson recibió de Dios la
visión de una agencia misionera interdenominacional para trabajar
especialmente en las provincias de China. A fin de no desviar los fondos de las
agencias misioneras denominacionales sostenida por sus iglesias locales en
Inglaterra y otros países, decidió que esta nueva agencia no pidiera ayuda
económica a nadie, sino a Dios únicamente. Además, todos sus integrantes
debían estar dispuestos a seguir esa misma política; así como a vestir y vivir al
estilo chino, e ir al interior del país lejos de sus compatriotas y del respaldo de
sus embajadas. Hudson escogió el nombre Misión al Interior de China (MIC)
para la agencia, e inmediatamente le pidió al Señor veinticuatro personas
preparadas para ir a China como misioneros.
Un año más tarde, en 1866, un grupo de dieciséis misioneros, incluida la familia
Taylor, partió hacia China. Tuvieron un viaje muy peligroso, pero Dios les salvó
y les condujo salvos y sanos a ese país, donde se asentaron en diferentes
provincias, y poco a poco el mensaje de salvación comenzó a difundirse en
toda China.
Pronto se acercaban, sin embargo, algunas experiencias familiares aún más
dolorosas que las ya vividas. En medio de una época muy agitada en la vida de
China “la matanza de Tientsin” el matrimonio Taylor tuvo que separarse del
resto de sus hijos para enviarlos a Inglaterra para su educación. Y poco
después, en julio de 1870, muere un hijo recién nacido y, a los pocos días,
María Dyer, quien contaba apenas con treinta y tres años. En estas
circunstancias, Hudson Taylor tuvo que echar mano más que nunca el
consuelo procedente de sus experiencias espirituales. En este mismo año
vuelve a contaraer nupcias con Jennie Faulding.
En 1876 eran cincuenta y dos misioneros los que laboraban en la China.
Hudson Taylor, en esta etapa de su carrera misionera, tomó otra decisión
trascendental, permitir que misioneras solteras trabajaran en el interior del país.
En 1881, Hudson le pidió a Dios setenta misioneros más. A fines de 1884,
llegaron setenta y seis; y en 1886, comenzó a orar por otros cien; en 1887,
llegaron ciento dos. Más tarde, la Misión al Interior de China comenzó a aceptar
misioneros de otros países y llegó a ser no solo interdenominacional sino
mundial.
UN CARÁCTER TRANSFORMADO
El carácter de Taylor había alcanzado una gran semejanza con su Maestro. He
aquí el testimonio de un ministro anglicano que le hospedó: «Era él una lección
objetiva de serenidad. Sacaba del banco del cielo cada centavo de sus
ingresos diarios “‘Mi paz os doy”. Todo aquello que no agitara al Salvador ni
perturbara su espíritu, tampoco le agitaría a él.
La lectura de la Biblia era para él un deleite y un ejercicio permanente. Un día,
cuando ya había pasado los setenta años, se paró, Biblia en mano, en su hogar
en Lausanne, y le dijo a uno de sus hijos: “Acabo de terminar de leer la Biblia
entera por cuarentava vez en cuarenta años”. Y no sólo la leía, sino que la
vivía.
En abril de 1905, a la edad de 73 años, Taylor hizo su último viaje a China. Su
hijo Howard, que era médico, acompañado de su esposa, decidieron
acompañar a Taylor en este viaje. Al llegar a Shangai, él visitó el cementerio de
Yangchtow, donde estaba sepultada su esposa María y cuatro de sus hijos.
Pocos hombres han sido un instrumento de tal magnitud en las manos de Dios
para proclamar el evangelio a tan vasta población, y para crear tantas iglesias
cristianas. Sus grandes cualidades cristianas, el calibre de la CIM, junto con
sus escritos y sus viajes internacionales le dieron una influencia que trascendió
las fronteras chinas y condujo al establecimiento de misiones de fe similares.
MUERTE DE HOUSTON TAYLOR
Taylor murió en 1905 en Changsha, en el corazón del interior de la China;
coronando de esta manera una vida de devoción a Cristo y de intrépido
testimonio para el que no se encuentran en el mundo muchos paralelos. Sus
días fueron días de extensivo y efectivo evangelismo. Multitudes de chinos
convertidos se elevarán al cielo y lo bendecirán. Y muchos trabajadores
cristianos de quien sus vidas fueron rescatadas y cambiadas por el contagioso
carácter cristiano de Taylor van a continuar en el tren.
LEGADO A LA IGLESIA
Los métodos de trabajo adoptados por Hudson son comunes en la obra
misionera actual. El misionero debe:
Identificarse con las personas del pueblo donde trabaja.
Vestir y vivir como los nativos del lugar.
Evangelizar a todos por igual.
Viajar al interior del país y a las regiones más alejadas de los centros
urbanos.
También hoy día se acepta que las mujeres trabajen en los mismos lugares y
en igual manera que los hombres.
Además, la confianza que Hudson Taylor tuvo en la provisión total de Dios, sin
depender de donaciones de personas o iglesias, hizo que muchas agencias
misioneras interdenominacionales comenzaran a trabajar en la misma manera.
BIBLIOGRAFÍA
Biografía de Predicadores y AutoresCristianos,sígueme.net
Hudson Taylor, EcuRed
Hudson Taylor, Padre de las Misiones Modernas, por Juana B. de
Bucana