Sentencia C-401/99
Referencia: Expediente D-2270
Acción pública de inconstitucio-
nalidad contra los numerales 5, 6 y 7
del artículo 127 del Código Civil
Colombiano.
Actor: Andres Alejandro Diaz Huertas
Magistrado Ponente:
Dr. FABIO MORON DIAZ
Santafé de Bogotá D.C., junio dos (2) de mil
novecientos noventa y nueve (1999).
I. ANTECEDENTES
El ciudadano ANDRES ALEJANDRO DIAZ HUERTAS, en ejercicio de la
acción publica de inconstitucionalidad consagrada en los artículos
241 y 242 de la Constitución Política, presentó ante la Corte
Constitucional, la demanda de la referencia, contra los numerales
5, 6 y 7 del artículo 127 del Código Civil Colombiano.
Mediante auto de fecha 9 de diciembre de 1998, el Magistrado
ponente resolvió admitir la demanda de inconstitucionalidad y
ordenó la fijación en lista y el traslado del expediente al señor
Procurador General de la Nación para efectos de recibir el
concepto de su competencia y dispuso, además, hacer las
comunicaciones de rigor constitucional y legal al señor Presidente
de la República y a los señores Ministros de Justicia y del Derecho,
Salud, al igual que a los representantes legales del Instituto
Nacional para sordos –INSOR-, del Instituto Nacional para Ciegos –
INCI-, así como al Decano de la Facultad de Fonoaudiología de la
Universidad Colegio Mayor del Rosario.
Cumplidos como se encuentran todos y cada uno de los trámites
que corresponde a esta clase de actuaciones, esta Corporación
procede a adoptar su decisión.
II. EL TEXTO DE LA DISPOSICION ACUSADA
El texto de la disposición acusada es del siguiente tenor, en el cual se
destacan las partes acusadas:
“CODIGO CIVIL
“......
“Testigos Inhábiles
“Artículo 127. No podrán ser testigos para presenciar y
autorizar un matrimonio:
1. Derogado Ley 8ª/22 art. 4
2. Los menores de diez y ocho años
3. Los que se hallaren en interdicción por causa de demencia.
4. Todos los que actualmente se hallaren privados de la razón
5. Los ciegos
6. Los sordos
7. Los mudos
8. Los condenados a la pena de reclusión por más de cuatro
años, y en general los que por sentencia ejecutoriada
estuvieren inhabilitados para ser testigos.
9.
10. Los extranjeros no domiciliados en la república
10. Las personas que no entiendan el idioma de los
contrayentes”
I. LA DEMANDA
El demandante considera que los numerales 5, 6 y 7 del artículo
127 del Código Civil Colombiano transgreden los artículos 11 (sic),
13 y 239 (sic) de la Constitución Política. En criterio del
demandante, el precepto, parcialmente acusado, vulnera el
principio de igualdad previsto en el artículo 13 superior, por cuanto
consagra una discriminación en desventaja de las personas
limitadas físicamente como los ciegos, sordos y mudos, al no
aceptarlos el legislador como testigos válidos de un matrimonio
civil. Advierte el demandante que las incapacidades se encuentran
legalmente consagradas en los artículos 1503 y 1504 del Código
Civil y dentro de tales disposiciones no está prevista la incapacidad
(absoluta o relativa) de estas personas, sus actos pueden tener
cierto valor, bajo las circunstancias determinadas en las leyes.
Finalmente, aduce el impugnante, que el matrimonio civil es un
acto jurídico con características de negocio jurídico que la doctrina
califica de solemne, en razón a los requisitos exigidos por la ley.
Ahora bien, en su criterio, para que posea plena validez, se
requiere de la existencia de un funcionario del Estado que da fe del
acto y la posterior inscripción en el registro civil pertinente. Por
ello, carece de sentido la prohibición establecida por el legislador,
en el artículo cuestionado, salvo la hipótesis de los sordomudos
que no puedan darse a entender por escrito.
II. INTERVENCIONES
Mediante informe de fecha 19 de enero de 1999, la Secretaría
General de esta Corporación hizo saber al Despacho del
Magistrado ponente que, vencido el término de fijación en lista, no
se presentó intervención alguna, ni de las autoridades públicas ni
de ciudadanos o personas privadas.
III. EL MINISTERIO PUBLICO
El señor Procurador General de la Nación, rindió en el término
legal, el concepto de su competencia, mediante oficio de fecha 15
de febrero de 1999, en el cual solicitó a esta Corporación la
declaratoria de inexequibilidad de los numerales 5, 6 y 7 del
artículo 127 del Código Civil Colombiano.
El Despacho del Procurador General de la Nación fundamenta su
solicitud, dentro de este proceso en las consideraciones que se
resumen entre otras, en las siguientes:
Recuerda el Jefe del Ministerio Público que el artículo 128 del
Código Civil dispone que los ciudadanos que quieran contraer
matrimonio civil, deben elevar solicitud (verbal o escrita), ante el
Juez Civil Municipal (art, 126 ib) o ante notario (Dto 2668 de 1988)
del domicilio de la mujer y manifestar su deseo de contraer
nupcias, petición que debe reunir, entre otras exigencias formales
la de: “expresar el nombre de los testigos que deberán declarar
sobre las cualidades necesarias en los contrayentes para poder
unirse en matrimonio...”; admitida la solicitud, y obtenido el
permiso de que trata el artículo 117 del C.C., en los eventos
requeridos, el funcionario procederá a interrogar a los testigos con
las formalidades de ley y los examinará sobre las cualidades
requeridas en los contrayentes para unirse en matrimonio, a cuyo
efecto les leerá el artículo 140 del Estatuto Civil (nulidad del
matrimonio civil y sus causales y efectos), igualmente los
examinará, también, sobre los demás hechos que estime
necesarios para ilustrar su juicio; luego procederá a finalizar el
trámite notarial o judicial previsto en la ley, dando cumplimiento a
los artículos 114 y 135 del Código Civil.
De otra parte, indicó el Jefe del Ministerio Público, que en relación
con el artículo 127 cuestionado, parcialmente, éste prevé que no
podrán ser testigos para presenciar y autorizar el matrimonio, los
ciegos, sordos y mudos, entre otras personas inhábiles, lo cual
estima discriminatorio respecto de un grupo de personas con
limitaciones físicas (invidentes, sordos y mudos), a quienes el
legislador inhabilita para autorizar como testigos en el trámite
previo y presenciar la celebración del matrimonio civil.
A juicio del Procurador General de la Nación, la prueba testimonial
que se practica antes de la realización de la ceremonia
matrimonial, tiene por objeto establecer, únicamente, las
cualidades necesarias en los contrayentes para unirse o,
eventualmente, para impedir dicho contrato, cuando concurran las
causales o vicios de nulidad, taxativamente, previstos en el
artículo 140 del Estatuto Civil.
En opinión del Jefe del Ministerio Público, las personas
discriminadas por la norma están en condiciones y en capacidad
para conocer y deponer sobre los hechos relacionados con el
matrimonio, esto es, decir sobre la identidad, edad, estado civil,
ausencia de vicios en el consentimiento, parentesco, condiciones
físicas, mentales, morales, sociales y demás aspectos vinculados
con la posibilidad de llevar normalmente vida en pareja; situación
que incide de manera directa en la crianza, educación,
sostenimiento y formación de los hijos, en el caso que los haya, e
igualmente, podrán declarar respecto de otros hechos que pueden
afectar la validez del vínculo matrimonial.
Con base en las anteriores consideraciones concluyó el Procurador
General de la Nación, que restringir la posibilidad a este grupo de
personas para que sean testigos de un matrimonio resulta
discriminatorio y, por lo tanto, contrario al artículo 13 de la Carta y
a la jurisprudencia de la Corte Constitucional, pues si bien es cierto
que ellos carecen o están afectados o limitadas de un órgano o
sentido, esto no les impide que perciban la ocurrencia de los
hechos a través de otro sentido o medio, situación que puede ser
igualmente explicitada o expuesta al funcionario judicial o notario,
pero su valoración corresponde a éste, dadas las circunstancias de
cada caso en particular, máxime cuando los adelantos científicos
y tecnológicos, logrados en los últimos tiempos, habilitan a estas
personas, quienes obtienen hoy una gran rehabilitación bastante
considerable, situación que no era posible en el siglo pasado,
época en la que fue redactada la norma cuestionada, por lo tanto,
en criterio del Procurador General de la Nación, la disposición
parcialmente acusada es inexequible porque impone un trato
injusto, desproporcionado e irrazonable, a un grupo de personas
que son capaces para exponer algunos hechos de los cuales tienen
conocimiento.
Finalmente, estimó el Jefe del Ministerio Público que la disposición
acusada desconoce también el principio constitucional de la buena
fe, toda vez que el legislador en forma caprichosa limita o
desconoce el contenido de las declaraciones vertidas, pues es claro
que las personas limitadas físicamente pueden deponer, en las
diligencias que se desarrollan ante las autoridades públicas; por lo
tanto, sus declaraciones están cobijadas por el principio previsto
en el artículo 93 superior.
IV. CONSIDERACIONES DE LA CORTE
Primera. La Competencia
Esta Corporación es competente para conocer de la demanda de
inconstitucionalidad presentada contra los numerales 5, 6 y 7 del
artículo 127 del Código Civil en atención a lo dispuesto por el
artículo 241 numeral 5 de la Constitución Política en concordancia
con el decreto 2067 de 1991.
Segunda. Asunto Materia de Debate
Pretende el actor que se declaren como inexequibles los numerales
5, 6 y 7 del artículo 127 del Código Civil, por cuanto considera que
los referidos apartes de la disposición acusada, vulneran el principio
de igualdad previsto en el artículo 13 superior, por cuanto consagran
una discriminación odiosa en desventaja de las personas ciegas,
sordas y mudas, al no aceptarlos, el legislador, como testigos válidos
de un matrimonio civil; advirtiendo el demandante que las
incapacitadas se encuentran legalmente consagrados en los artículos
1503 y 1504 del Estatuto Civil, y dentro de tales disposiciones, no
está prevista la incapacidad absoluta ni relativa de estas personas;
por lo que a la luz del ordenamiento civil colombiano, sus actos
pueden tener cierto valor, bajo las circunstancias determinadas en
las leyes. Agrega el impugnante que el matrimonio civil en un acto
jurídico con características de negocio solemne en razón a los
requisitos exigidos por la ley, para que tenga plena validez, se
requiere la existencia de un funcionario del Estado que da fe del
acto y la posterior inscripción en el registro civil, por ello, carece de
sentido la prohibición demandada, salvo el evento de los sordomudos
que no pueden darse a entender por escrito.
Por su parte, la Procuraduría General de la Nación estima que la
norma acusada quebranta los artículos 13 y 83 superiores, pues el
legislador está desconociendo los principios de igualdad y buena fe,
toda vez que en forma caprichosa discrimina a las personas que
carecen de vista, oído o son mudas, ignorando que dados los
adelantos científicos, existen hoy suficientes medios que las
rehabilitan y permiten que puedan desarrollar una vida normal,
acudiendo a todo tipo de información y conocimiento; además, aduce
el Procurador, este segmento de la población tiene múltiples formas
para interactuar en el campo de las relaciones personales, sociales y
judiciales; por lo tanto, son plenamente capaces para ser testigos y
presenciar y autorizar un matrimonio civil, pues se hallan en
condiciones de deponer ante el funcionario notarial o judicial, sobre
los hechos relacionados con los futuros contrayentes, tales como la
edad, el estado de salud, ausencia de vicios en la voluntad de los
contrayentes, afinidad y en general sobre las condiciones y
cualidades necesarias en los futuros cónyuges para poderse unir en
matrimonio.
Tercera. Cuestión Preliminar
En efecto, en materia de matrimonio esta Corte se ha pronunciado
abundantemente y ha estimado que el principio que contempla la
Carta Política de 1991, es que el hombre y la mujer tienen derecho a
contraer nupcias con plena igualdad jurídica, y además, que es
competencia del legislador establecer las formas del matrimonio, la
edad y capacidad para contraerlo, los derechos y deberes de los
cónyuges; las causas de separación y disolución y sus efectos (art.
42 C.P.).
Ahora bien, el Código Civil colombiano, dispone en el artículo 113
que “el matrimonio es un acto solemne por el cual un hombre y una
mujer se unen con el fin de convivir juntos de procrear y de auxiliarse
mutuamente”; que “el mismo se constituye y perfecciona por el libre
y mutuo consentimiento de los contrayentes, expresando ante el
funcionario competente, en la forma y con las solemnidades y
requisitos establecidos en este código y no producirá efectos civiles
y políticos, si en su celebración se contraviene a tales formas,
solemnidades y requisitos”.
En este orden de ideas, según nuestro ordenamiento constitucional,
la forma del matrimonio se rige por la ley y por consiguiente sus
efectos son señalados por las normas respectivas, es decir, la civil,
para el caso previsto en el Código objeto de cuestionamiento, pero lo
anterior no equivale a afirmar que para el Estado el único matrimonio
sea el civil, prueba de ello es que el inciso 7 del artículo 42 superior,
hace referencia a la existencia del matrimonio religioso, con efectos
civiles iguales a los de cualquier otro matrimonio, lo que es
corroborado por el inciso 8 del mismo artículo, cuando reconoce
efectos civiles a las sentencias civiles proferidas por autoridades
religiosas.
En efecto, esta Corte dijo en la sentencia C-456 de 1993, lo siguiente,
a propósito de los diversos vínculos matrimoniales que protege y
garantiza la Carta de 1991:
“El pluralismo no puede consistir en desconocer tradiciones o
preceptos religiosos y en imponer un único matrimonio, el civil.
Por el contrario, consiste en igualar las diversas tradiciones ante
la ley, que, al ser general, no puede establecer desigualdad
alguna. Aceptar sólo un matrimonio sería una discriminación
contra las otras concepciones que prevén maneras distintas de
asumir este vínculo, conforme a su libertad de conciencia. Hay
quienes sostienen una forma de pluralismo errado, que consiste
en pretender que la diferencia es equivalente a la
discriminación y que, por tanto, debe haber una identidad
absoluta. Esto no es pluralismo porque al negar la diferencia,
establece la premisa de lo idéntico; es más: al pretender
eliminar la diversidad de matrimonios, en nuestro caso sólo
quedaría uno, el civil, con lo cual la pluralidad desaparecería. Se
vuelve a insistir en que la igualdad se basa en lo plural: se
igualan cosas distintas; en este caso se da el mismo efecto civil
al matrimonio religioso y a cualquier otro tipo de matrimonio.
Esto sí significa tolerancia, porque se ha fundamentado en la
comunidad de lo diverso, es decir, en la unidad de lo plural. Se
tiene así pluralidad de concepciones doctrinarias acerca del
matrimonio, pero unidad en sus efectos civiles.” (M.P. Dr.
Vladimiro Naranjo Mesa)
De otra parte, la Corte también tiene que anotar que, luego de la
vigencia del decreto 2668 de 1988, (artículos 2, 3 y 6) para la
celebración ante notario del matrimonio civil, el cual se solemnizará
mediante escritura pública con el lleno de las formalidades que tal
instrumento contempla, no se requiere, la presencia de testigos,
pues así se desprende de la lectura del artículo 2 que dispone sobre
los requisitos de la solicitud y sus anexos, los cuales deben presentar
los futuros cónyuges que debe formularse por escrito ante el
funcionario notarial. En efecto, el decreto en mención dice: “en la
solicitud que deben presentar los interesados o sus apoderados se
indicarán a) nombres, apellidos, documentos de identidad, lugar de
nacimiento, edad, ocupación y domicilio de los contrayentes y
nombre de sus padres; b) que no tienen impedimento legal para
celebrar matrimonio y que es de su libre y espontánea voluntad
unirse en matrimonio, igualmente deberán acompañar los
pretendientes los registros civiles de nacimiento válidos para
acreditar parentesco y en caso de segundas nupcias, se
acompañarán además el registro civil de defunción del cónyuge con
que se estuvo casado ó los registros civiles donde consta la sentencia
de divorcio o de nulidad o de dispensa pontificia debidamente
registrada y un inventario solemne, en caso de existir hijos de
precedente matrimonio en la forma prevista en la ley.
Téngase presente entonces, que el artículo 127, cuestionado
parcialmente sólo se refiere o aplica a los eventos del matrimonio
civil que se celebra por vía judicial, por lo tanto, la sentencia de
constitucionalidad sólo producirá efectos, únicamente, en cuanto a
esta forma de celebración y autorización matrimonial, vale decir la
que se desarrolle en presencia de un juez de la República, con
facultad plena para autorizar y celebrar plenamente esta diligencia
civil.
Ahora bien, el artículo 128 del Código Civil establece que “los que
quieran contraer matrimonio concurrirán al juez competente,
verbalmente o por escrito manifestando su propósito. En este acto o
en el memorial respectivo expresarán los nombres de sus padres o
curadores, según el caso y los de los testigos que deban declarar
sobre las cualidades necesarias en los contrayentes para poderse
unir en matrimonio, debiendo en todo caso dar a conocer el lugar de
la vecindad de todos aquellos personas”.
Cabe destacar, de otra parte, que en primer lugar, con la expedición
del artículo 7 del decreto 2271 de 1989, debe entenderse modificado
el artículo 126 del CC, en lo relativo a la competencia territorial que
para la celebración del matrimonio fijó el Código Civil, la cual estaba
expresamente atribuída al juez del Distrito Judicial de la vecindad de
la mujer; de conformidad con la sentencia de agosto 3 de 1982,
proferida por la H. Corte Suprema de Justicia, la misma alta
Corporación estableció que el matrimonio civil debía celebrarse ante
el juez civil municipal.
Por lo demás, en los artículos 129, 130, 131, 132, 133, 134, 135 y
136 del Código Civil Colombiano, el legislador estableció la mecánica
y algunas etapas que el juez debe desarrollar para la celebración del
matrimonio civil, disponiendo entre otros aspectos, lo relativo a las
diligencias previas, la declaración de los testigos nupciales, el edicto
emplazatorio, para que los terceros y la sociedad conozcan del acto,
la diferencia de domicilios en los contrayentes, las oposiciones al
matrimonio, el fallo sobre la oposición, el término para la celebración,
la celebración propiamente dicha, el fenómeno del matrimonio “in
extremis”, etc.. Téngase presente igualmente, debe la Corte
recordar, que mediante el decreto 2668, el legislador extraordinario
de la época, fijó el trámite y los requisitos para la celebración y el
perfeccionamiento del matrimonio civil en cabeza de los cuales
solemnizarán dicho acto civil, mediante escritura pública, con el lleno
de todos las formalidades que tal instrumento requiere e
igualmente la ley 266 de 1938, permitió la validez en Colombia de los
matrimonios celebrados ante agentes diplomáticos o cónsules de
países extranjeros, siempre que se reúnan algunos requisitos
señalados en el artículo 1º. de la referida ley, esto es: “a) que la ley
nacional de los contrayentes autorice esta clase de matrimonio, b)
Que ninguno de los contrayentes sea colombiano, c) Que el
matrimonio celebrado no contraríe las disposiciones de los ordinales
7, 8, 9 y 12 del artículo 140 del Código Civil y la del ordinal 2 del
artículo 13 de la ley 57 de 1887 y d) Que el matrimonio se inscriba en
el registro del Estado Civil, dentro de los cinco (5) días siguientes a la
fecha de su celebración.”
Finalmente, debe tenerse presente, que el decreto 1260 de 1970,
derogó los artículos 346 a 395 del Código Civil y estableció el
carácter público del registro del Estado Civil de las personas en
Colombia; por lo tanto, el artículo 105 del prenombrado decreto,
dispone que “los hechos y actos relacionados con el Estado Civil de
las personas, ocurridos con posterioridad a la vigencia de la ley 92 de
1938, se probarán únicamente con copia de las correspondientes
partidas o folio, o con certificados expedidos con base en las
mismas”, por lo que el decreto 1260 de 1970, en su artículo 106
otorgó plenos efectos probatorios a este documento al establecer
que: “Ninguno de los hechos, actos y providencias relativos al estado
civil y la capacidad de las personas, sujetas a registro, hace fe en
proceso ni ante ninguna autoridad, empleado o funcionario público,
si no ha sido inscrito o registrado en la respectiva oficina, conforme a
lo dispuesto en la presente ordenación, salvo en cuanto a los hechos
para cuya demostración no se requiera legalmente la formalidad del
registro”.
De conformidad con lo expuesto, en opinión de la Corte, el estado
civil de las personas, vale decir los hechos, actos o providencias que
determinan una precisa situación jurídica en la familia y en la
sociedad y la capacitan para ejercer ciertos derechos o contraer
obligaciones, surge una vez se realicen los hechos constitutivos del
mismo, por lo que una cosa es el Estado Civil de las personas y otra
su prueba. En efecto, en sentencia de marzo 22 de 1979 la H. Corte
Suprema de Justicia Sala de Casación Civil dijo:
“Diferencia entre la fuente del estado civil y la prueba del
estado civil. “Una cosa es el estado civil de las personas y
otra su prueba. Los hechos, actos o providencias que
determinan el estado civil, otorgan a la persona a quien se
refieren, una precisa situación jurídica en la familia y la sociedad
y la capacitan para ejercer ciertos derechos y contraer ciertas
obligaciones. El estado civil, pues, surge una vez se realicen los
hechos constitutivos del mismo, como nacer de padres casados,
o inmediatamente ocurre el acto que lo constituye como el
celebrar matrimonio, o, en fin cuando queda en firme la
sentencia que lo determina, como en el caso de la declaración
judicial de paternidad natural. Un determinado estado civil se
tiene, entonces, por la ocurrencia de los hechos o actos que lo
constituyen o por el proferimiento de la respectiva providencia
judicial que lo declara o decreta. Pero estos hechos, actos o
providencias que son la fuente del estado civil, sin embargo no
son prueba del mismo, porque de manera expresa el legislador
dispuso que ‘el estado civil debe constar en el registro del
estado civil’ y que ‘los hechos y actos relacionados con el estado
civil de las personas ocurridos con posterioridad a la vigencia de
la ley 92 de 1938, se probarán con copia de la correspondiente
partida o folio, o con certificados expedidos con base en los
mismos” (artículos 101 y 105 del Decreto 1260 de 1970). De
consiguiente, el estado civil de hijo natural no se demuestra con
copia de la escritura pública en que el padre reconoció al hijo, ni
en su caso, con copia de la sentencia judicial que declare la
paternidad natural; este estado civil se demuestra con la copia
del acta del estado civil que, una vez definida legalmente la
paternidad natural, debe asentar el notario, de la manera como
se indica en el artículo 60 del decreto precitado,
Resumiendo: la prueba del estado civil es la copia del acta o
folio del respectivo registro civil y no la providencia judicial o los
actos o hechos que lo determinen”. (CSJ, Cas. Civil, Sent. Mar.
22/79)”
En este orden de ideas para efectos de la plena validez del
matrimonio civil, el elemento sustancial es la plena capacidad civil de
los contrayentes, la cual se prueba naturalmente, con la copia de los
registros civiles de nacimiento, válidos para acreditar parentesco y
que de los mismos surgen plenamente para el funcionario
competente que los contrayentes no poseen impedimento legal
alguno para celebrar el rito nupcial, que es de su libre y espontánea
voluntad contraerlo.
En conclusión, para el caso colombiano existen diferentes
competencias y autoridades con vocación constitucional para
celebrar y autorizar el matrimonio civil.
Cuarta. El artículo 127 del Código Civil
El artículo 130 del Código Civil regula lo concerniente a los efectos de
las declaraciones de los testigos y su importancia en la celebración
del matrimonio civil; en efecto, dispone la norma en comento que “El
juez interrogará a los testigos, con las formalidades legales y los
examinará sobre las cualidades requeridas en los contrayentes para
unirse en matrimonio, a cuyo efecto les leerá el artículo 140 de este
Código, los examinará también sobre los demás hechos que crea
necesarios para ilustrar su juicio”
De conformidad con lo expuesto, en opinión de la Corte, la prueba
que se practica en la celebración de la ceremonia matrimonial, tiene
por propósito establecer las cualidades necesarias de los
contrayentes para unirse e impedir que dicho contrato quede viciado
de nulidad al concurrir cualquiera de las causales taxativamente
previstas en el artículo 140 del Código Civil, esto es, cuando ha
habido error acerca de las personas de ambos contrayentes o de
uno cualquiera de ellos; cuando se ha contraído entre un varón
menor de catorce años y una mujer menor de doce, o cuando
cualquiera de ellos sea respectivamente menor de edad; o cuando
para celebrarlo haya faltado el consentimiento de alguno de los
contrayentes o de ambos; la ley presume falta de consentimiento en
los furiosos locos, mientras permanecieren en la locura, y en los
mentecatos a quienes se haya impuesto interdicción judicial para el
manejo de sus bienes. Pero los sordomudos, si pueden expresar con
claridad su consentimiento por signos manifiestos, contraerán
válidamente matrimonio; o cuando se ha contraído por fuerza o
miedo, que sean suficientes para obligar a alguno a obrar sin
libertad; bien sea que la fuerza se cauce por el que quiere contraer
matrimonio o por otra persona.
La fuerza o miedo no será causa de nulidad del matrimonio, si
después de disipada la fuerza, se ratifica el matrimonio con palabras
expresas o por la sola cohabitación de los consortes; o cuando no
habiendo libertad en el consentimiento de la mujer, por haber sido
ésta robada violentamente, a menos que consienta en él, estando
fuera del poder del raptor; o cuando uno de los contrayentes ha
matado o hecho matar al cónyuge con quien estaba unido en
matrimonio anterior; o cuando los contrayentes están en la misma
línea de ascendientes y descendientes o sean hermanos; o cuando se
ha contraído por personas que están entre sí en el primer grado de
línea recta de afinidad legítima; o cuando se ha contraído entre el
padre adoptante, y la hija adoptiva, o entre le hijo adoptivo y la
madre adoptante, o la mujer que fue esposa del adoptante; o cuando
respecto del hombre o la mujer, o de ambos estuviere vigente un
vínculo de un matrimonio anterior. En todas estas hipótesis legales,
los ciegos sordos o mudos, en criterio de la Corte, pueden deponer e
ilustrar el juicio del funcionario, a quien en últimas le corresponderá
valorar, críticamente, el contenido de las afirmaciones y dichos de
estas personas limitadas físicamente, y proceder, en consecuencia
para autorizar y dar curso a la celebración del matrimonio, pues
todas las situaciones enunciadas en el artículo 140 del Código Civil,
pueden ser conocidas por un limitado físico y pueden ser expuestas
ante el funcionario que debe celebrar el evento matrimonial, el cual
dirige la audiencia y a su vez es a quien le corresponde practicar las
pruebas, y conocer a los declarantes; así mismo, estima la
Corporación, que en los eventos en que haya dificultad en la
comunicación o en el dicho del testigo; el juez podrá apoyarse en un
intérprete para facilitar la exposición del limitado físico, y en caso de
que no sea posible, por parte de éste de emitir su expresión o dicho,
podrá descartar ese testimonio y procederá a reemplazar al testigo;
por lo tanto esta Corte concluye, que las personas limitadas
físicamente pueden ser testigos presenciales de la ceremonia
matrimonial ya que esta audiencia, según se desprende de los
artículos 129 a 136 del CC, se realiza en forma verbal y siempre, de
la misma se dejará constancia por escrito de lo que acontece, acta
que se suscribe por el funcionario judicial, el Secretario y los testigos,
además puede ser leída y dada a conocer a los limitados físicos por
sus propios medios o a través de los intérpretes para que conozcan
de los hechos de la celebración del matrimonio.
En opinión de la Corte, al confrontar el artículo 127 del Código Civil
con la normativa superior, encuentra la Corporación que el legislador
ha consagrado una discriminación respecto a un grupo de personas
con limitaciones físicas (invidentes, sordos y mudos), a quienes
inhabilitan para declarar como testigos en el trámite previo e impedir
que presencien la celebración del matrimonio civil. Así pues,
encuentra la Corte que descartar a priori como se ha dicho, a los
sordos, mudos e invidentes de la calidad de testigos hábiles, es
aceptar una discriminación más aberrante, aún si se tiene en cuenta
su propia naturaleza, que además, como toda discriminación, abriría
el paso a otras nuevas más sofisticadas, pero de toda suerte
contrarias a la igualdad de todas las personas protegidas por la
Constitución Política.
Para la Corte es evidente que las personas discriminadas por la
norma demandada están en condiciones y en capacidad para
conocer y deponer sobre los hechos relacionados con la solicitud
presentada por los futuros contrayentes en cuanto a la identidad,
estado civil, ausencia de vicios en el consentimiento de los mismos,
parentesco, condiciones físicas, mentales sociales y demás aspectos,
así como atestiguar sobre otros hechos tendientes a ilustrar el juicio
de la autoridad pública celebrante.
En este orden de ideas, el artículo 127 de la Carta, a juicio de la
Corte, restringe la posibilidad a un grupo de personas para que sean
testigos de un matrimonio, lo cual, a no dudarlo resulta
discriminatorio, irrazonable, desproporcionado e injustificado,
contrario en últimas al artículo 13 de la Carta, pues si bien es cierto
que ellos carecen o están limitados de un órgano o sentido, ello no
impide que perciban la ocurrencia de los fenómenos naturales,
sociales, económicos, morales, éticos, etc., mediante otro sentido u
órgano y que tales hechos del mundo externo, no pueden ser
expuestos o vertidos en forma cierta y verídica, o fidedigna ante un
funcionario judicial, para que éste se forme un juicio o una idea y
pueda valorarla, y en consecuencia actuar positiva o negativamente
frente a la misma, máxime cuando hoy en día, los adelantos
científicos y tecnológicos permiten su completa realización personal
y su total integración económica, social y cultural el mundo
contemporáneo.
Por lo tanto, para la Corte, no se justifica la existencia en el
ordenamiento jurídico de este tipo de normas, que consagran un
trato diferenciado para los ciegos, sordos y mudos en relación con
otras personas, más aún cuando el ordenamiento jurídico no los
discrimina, en otras áreas de la vida jurídica, como ocurre en algunos
asuntos civiles, penales, laborales, administrativos, etc., los cuales
consideran hábiles a este segmento de la población para declarar o
deponer, más si se tiene en cuenta que el Estado Colombiano debe
buscar la normalización social plena y la total integración de las
personas con limitaciones físicas, pues así lo ordena entre otros
instrumentos internacionales la Declaración de los Derechos
Humanos, proclamada por las Naciones Unidas en el año de 1948, y
la declaración de los derechos de las personas con limitaciones
físicas, aprobada por la resolución 3447 de la ONU, del 9 de
diciembre de 1975, y el convenio 159 de la OIT, o la Declaración de
Soun Berp de Torremolinos, UNESCO 1981, o la Declaración de las
Naciones Unidas, concerniente a las personas con limitaciones de
1983 y en la recomendación 168 de la OIT de 1993, y en la ley 361
de 1997 “por la cual se establecen mecanismos de integración social
de las personas con limitaciones físicas y se dictan otras
disposiciones”, la cual desarrolla los principios constitucionales del
Estado Social de Derecho, especialmente los artículos 13, 47, 54
superiores del ordenamiento colombiano.
Así pues, no entiende esta Corte, cómo el artículo 127 del Estatuto
Civil, discrimina, en razón de una condición física (carencia de los
órganos de la vista y el oído), cuando desde el punto de vista de la
capacidad civil, el legislador no discrimina a los ciegos, sordos y
mudos, para desarrollar actos civiles como el matrimonio, el cual
modifica el estado civil de las personas o para ejercer
comportamientos de disposición de intereses patrimoniales, o para
contraer derechos y adquirir obligaciones e inclusive para ocupar
cargos públicos de diferente índole. En efecto, con ponencia del
Magistrado Ricardo Medina Moyano, la Sala Plena de la Corte
Suprema de Justicia, mediante sentencia de marzo 7 de 1985, esa
Corporación declaró inexequible el artículo 16 del Decreto 250 de
1970 “Por el cual se expidió el estatuto de la Carrera Judicial y del
Ministerio Público, a propósito de la prohibición para ser designado y
desempeñar cargo alguno en la Rama Jurisdiccional y en el Ministerio
Público; es así como en su oportunidad dijo la Corte Suprema lo
siguiente:
“Por el contrario, piensa la Corte que si un individuo en tales
condiciones ha realizado en forma satisfactoria sus estudios
de Derecho, haya o no desarrollado como por otra parte lo
reconoce universalmente la Medicina y la Psicología, otras
facultades intelectivas, puede encontrarse en condiciones
para desempeñar las actividades propias de Juez de la
República, en ocasiones posiblemente con mayor
consagración y laboriosidad que aquellos que se encuentran
en distinta situación humana. Todo lo anterior sin que sea
necesario aludir a los adelantos técnicos ofrecidos por la
ciencia, y que ponen al alcance de invidentes, sordos y
mudos, elementos que les permiten superar ampliamente las
restricciones impuestas por la naturaleza o por las
enfermedades. En otras palabras, y atendidas además las
formas especiales en que se desenvuelve en general la
actividad de juzgar, no puede el invidente ser eliminado ab
initio por ese mero hecho, y sin que existan por lo tanto otras
razones que así lo determinen de la actividades en cuestión.
Afirmar pues lo anterior en forma general, puede resultar tan
inexacto como decir que un abogado en uso de sus facultades
visuales, pero sin las demás virtudes que deben acompañar
al sagrado ministerio de administrar justicia, por ese mero
hecho pueda ser designado para hacerlo. Será pues, la
entidad nominadora la cual estudiando en su oportunidad
cada caso concreto y teniendo en cuenta desde luego la clase
de juzgado por proveer, la que deberá tomar la decisión
correspondiente.”
En este orden de ideas, el legislador autoriza tratamientos diferentes
para los actos y hechos que se encuentren cobijados bajo una misma
hipótesis y una distinta regulación, respecto de los que presentan
características desiguales, bien por las condiciones en medio de las
cuales actúan, ya por las circunstancias particulares que afectan a
los limitados físicos que no se compadece con los adelantos
reconocidos por otras ciencias como la psicología y la medicina.
Esta Corporación ha estimado múltiples veces que cuando la Carta
Política autoriza tratamientos diferentes, ella lo hace con la finalidad
de que el Estado brinde a determinado grupo de personas una
protección especial, más no con el insano propósito de marginarlos
del mundo jurídico, situación que sí hace el artículo 127 demandado,
con los ciegos, sordos y mudos, lo cual quebranta las normas
superiores del ordenamiento constitucional colombiano.
De otra parte, la Corte observa como en los códigos civiles del
mundo occidental contemporáneo, la tendencia actual es la de
eliminar la presencia de testigos para el trámite de la celebración
matrimonial o la de suprimir la presencia de testigos y la de eliminar
ese tipo de discriminaciones odiosas, desproporcionadas,
irrazonables que carecen de justificación objetiva. En efecto, ni en el
Código Civil Francés (artículo 75), ni en el nuevo Código Civil Español
(art. 51 a 63), ni en el venezolano (116), ni en el recientemente
expedido en el Perú (art. 248), se contemplan esas limitaciones para
obrar como testigo en la celebración o autorización de un
matrimonio civil; simplemente, la mayoría de legislaciones
comparadas, exigen la presencia de testigos mayores de edad, de
acuerdo a cada legislación interna, quienes depondrán bajo
juramento, acerca de si existe o no algún impedimento, y en los
eventos de declaración oral de la ceremonia nupcial, se extenderá
un acta que será firmada por el funcionario competente, las personas
que hubiesen prestado su consentimiento y los testigos, en la cual se
dejará memoria de lo ocurrido o acontecido en la audiencia, como
desarrollo del principio de la inmediación de la prueba.
Lo anterior lleva a concluir que los hechos naturales con efectos y
relevancia jurídica, tales como la identidad de las personas, edad,
estado civil, ausencia de vicios en el consentimiento, parentesco,
condiciones físicas, mentales, morales, sociales y en fin otros
aspectos vinculados con la posibilidad de llevar normalmente vida en
pareja, pueden ser expuestos y conocidos por un limitado físico y
narrados mediante lenguajes alternativos o simbólicos ante los
funcionarios competentes, a los cuales en últimas corresponde su
valoración, máxime cuando en virtud del principio de inmediación de
la audiencia, es este último, quien practica la prueba y tiene la
oportunidad de conocer al declarante por lo que en los eventos en
que haya dificultad, entre él y el testigo, el juez podrá apoyarse en
un intérprete o traductor para facilitar la exposición; ahora bien, en
caso de que ello no sea posible, puede el funcionario judicial
descartar el testimonio y proceder a reemplazar al testigo, por otro
que pueda declarar sobre las calidades requeridas en los
contrayentes para unirse en matrimonio y sobre los demás hechos
pertinentes para ilustrar el juicio del criterio del funcionario judicial.
Por lo demás, las personas ciegas, sordas o mudas pueden ser
testigos presenciales de la ceremonia nupcial, toda vea que la
audiencia se realiza en forma verbal y de la misma se deja
constancia escrita de todo lo que acontece, acta que es suscrita por
el juez, el secretario, los contrayentes y los testigos. Piensa esta
Corte que el acta puede ser leida al invidente o conocida por los
sordos o mudos, siempre y cuando estén en capacidad éstos últimos
de leerla por sus propios medios para que puedan percatarse de lo
ocurrido; en otros eventos, se acudirá al apoyo de un intérprete o
traductor para facilitar la comunicación entre el juez y los testigos.
De otra parte, para la Corporación resulta claro también que el
artículo 127, parcialmente cuestionado, desconoce el postulado
constitucional de la buena fe, el cual, ha dicho esta Corte se erige en
marco toral de las instituciones colombianas, dado el especial interés
que en esta materia introdujo la Carta de 1991, a tal grado que las
relaciones jurídicas que surjan a su amparo no podrán partir de
supuestos que lo desconozcan. En efecto en la sentencia T-460 de
1992 (M.P. Dr. José Gregorio Hernández), dijo la Corte lo siguiente:
“En el diario acontecer de la actividad privada, las personas
que negocian entre sí suponen ciertas premisas, entre las
cuales está precisamente el postulado que se enuncia, pues
pensar desde el comienzo en la mala fe del otro sería dar vida
a una relación viciada.
Si este principio es fundamental en las relaciones entre
particulares, con mayor razón tiene validez cuando ellos actúan
ante las autoridades públicas, bien en demanda de sus
derechos, ya en el cumplimiento de sus deberes y obligaciones,
toda vez que el Estado y quienes lo representan deben sujetar
su actividad al objetivo de realizar el bien común, sobre la base
de las previsiones trazadas por el legislador, en vez de crear
dificultades a los gobernados y entrabar innecesariamente el
desenvolvimiento de las múltiples relaciones que con ellos
deben forzosamente establecerse.
“....
“De todo lo cual se desprende sin mayores esfuerzos del
intelecto que el principio es la confianza, expresada en la
presunción de buena fe, mientras que las excepciones al
mismo, es decir, aquellas ocasiones en las cuales pueda partir
el Estado del supuesto contrario para invertir la carga de la
prueba, haciendo que los particulares aporten documentos o
requisitos tendientes a demostrar algo, deben estar expresa,
indudable y taxativamente señaladas en la ley. De tal modo
que el servidor público que formule exigencias adicionales a las
que han sido legalmente establecidas, vulnera abiertamente la
Constitución e incurre en abuso y extralimitación en el ejercicio
de sus atribuciones.
“Desde luego, lo dicho implica que el mencionado principio
también tiene sus límites y condicionamientos, derivados de
otro postulado fundamental como es el de la prevalencia del
interés común. En modo alguno puede pensarse que el
principio de la buena fe se levante como barrera infranqueable
que impida a las autoridades el cumplimiento de su función,
pues, mientras la ley las faculte para hacerlo, pueden y deben
exigir los requisitos en ella indicados para determinados fines,
sin que tal actitud se oponga a la preceptiva constitucional. En
nuestro Estado de Derecho, las leyes gozan de aptitud
constitucional para imponer a la administración o a los jueces
la obligación de verificar lo manifestado por los particulares y
para establecer procedimientos con arreglo a los cuales pueda
desvirtuarse en casos concretos la presunción de la buena fe,
de tal manera que si así ocurre con sujeción a sus preceptos se
haga responder al particular implicado tanto desde el punto de
vista del proceso o actuación de que se trata, como en el
campo penal, si fuere del caso.”
De lo anterior se desprende que las actuaciones desarrolladas por los
invidentes, sordos y mudos deben estar amparados por la práctica de
esta presunción, más aún cuando se tramitan ante las autoridades
públicas, por lo tanto, la declaración que rindan como testigos para
autorizar o presenciar un matrimonio civil, quedan cobijadas por el
mismo principio, y por ende, el legislador no puede discriminarlos e
imposibilitar ser escuchados como testigos en tales diligencias
nupciales de orden judicial, pues su deposición al igual que la de
cualquier otro ciudadano, debe ceñirse a la honestidad, la lealtad y
por supuesto estar siempre acorde con el comportamiento que puede
esperarse de una persona correcta, por lo que la buena fe supone la
existencia de una relación entre personas y se refiere
fundamentalmente a la confianza, seguridad y credibilidad que
otorga la palabra dada.
Para la Corte, resulta acorde con el ordenamiento superior, que las
autoridades judiciales permitan a los limitados físicos, invidentes,
sordos y mudos, actuar como testigos en el trámite y autorización de
un matrimonio civil por vía judicial, máxime cuando estas personas
poseen plena capacidad civil para contraer libremente matrimonio,
claro está, si reúnen los requisitos exigidos por la legislación
nacional, no obstante la existencia de las limitaciones físicas.
En criterio de la Corte, con la norma acusada parcialmente el
legislador está desconociendo los artículos 13 y 83 superiores, toda
vez que en forma arbitraria, injusta, desproporcionada y caprichosa
discriminan a las personas que carecen de un órgano como la vista,
el oído o son mudas, sin justificación racional, quizás por la época de
redacción de la misma, desconociendo los modernos adelantos
científicos existentes, que rehabilitan a este importante grupo de
personas, las cuales hoy en día desarrollan una vida normal,
accediendo a todo conjunto de información, educación y
conocimiento, además de desarrollar múltiples y variadas formas de
interelación en el diario acontecer de la actividad pública y privada y
de las relaciones jurídicas, personales, sociales, económicas y
judiciales, por lo que, en criterio de esta Corte, no se les puede
marginar del mundo jurídico, como ocurre con la vigencia de los
numerales 5, 6 y 7 del artículo 127 del Código Civil Colombiano, los
cuales, serán retirados del orden jurídico nacional.
En mérito de lo expuesto, la Sala Plena de la Corte Constitucional,
oído el concepto del señor Procurador General de la Nación,
administrando justicia en nombre del Pueblo y por mandato de la
Constitución,
R E S U E L V E:
Declarar INEXEQUIBLES los numerales 5, 6 y 7 del artículo 127 del
Código Civil Colombiano.
Cópiese, notifíquese, comuníquese, cúmplase, insértese en la Gaceta
de la Corte Constitucional y archívese el expediente.
EDUARDO CIFUENTES MUÑOZ
Presidente
ANTONIO BARRERA CARBONELL
Magistrado
ALFREDO BELTRAN SIERRA
Magistrado
CARLOS GAVIRIA DIAZ
Magistrado
JOSE GREGORIO HERNANDEZ GALINDO
Magistrado
ALEJANDRO MARTINEZ CABALLERO
Magistrado
FABIO MORON DIAZ
Magistrado
VLADIMIRO NARANJO MESA
Magistrado
MARTHA VICTORIA SACHICA DE MONCALEANO
Magistrada
PABLO ENRIQUE LEAL RUIZ
Secretario General