CAPILLA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
HORA SANTA
“NUESTROS SACERDOTES”
GUÍA: El ministerio sacerdotal de Jesús es el servicio, sólo así se llega al Reino de los cielos. Hoy
nos uniremos como comunidad para suplicar a Dios, que es la unidad perfecta y el verdadero
amor, conceda a sus hijos un solo corazón y un solo espíritu, para que reine entre ellos la
concordia y, nuestra parroquia, como parte de la iglesia cimentada en la verdad, se consolide en la
unidad y en la paz en torno a nuestros sacerdotes. Esta hora santa es para pedir al Señor por
ellos, nuestros sacerdotes, a quienes valoramos como don para la Iglesia y presencia de Cristo
entre los nosotros. Que el Señor les sostenga y les fortalezca con su gracia. También le pedimos
que haga surgir entre nuestros jóvenes, numerosas y santas vocaciones al sacerdocio, que
mantengan viva la fe y conserven la grata memoria de Jesús mediante la predicación de su
palabra y la administración de los sacramentos. Nos ponemos de pie para dar inicio a este
momento de cercanía con Jesús en el Santo Sacramento del altar.
CANTO
PARTICIPANTE: Creemos en ti, Padre, porque haces perpetuo el sacerdocio de tu Hijo en
hombres frágiles para la santificación y salvación de todos. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
PARTICIPANTE: Creemos en ti, Jesucristo, porque enseñas a tus ministros que sólo amando y
santificando es que se está contigo y con el Pueblo. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
PARTICIPANTE: Creemos en ti, Espíritu Santo, porque acompañas a los hombres frágiles por el
camino de la santidad y de la propia salvación. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
GUÍA: Padre: Para Gloria tuya y salvación de todos los hombres constituiste Sumo y Eterno
Sacerdote a tu Hijo, Jesucristo, concede nuestro párroco, a nuestro vicario, y a quienes Él ha
elegido como ministros suyos y administradores de sus sacramentos y de su Evangelio, la gracia
de ser fieles en el cumplimiento de su ministerio. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
GUÍA: Salmo 109 Tú eres sacerdote para siempre.
TODOS: (Cantado) Tú eres sacerdote para siempre.
LADO DERECHO: Esto ha dicho el Señor a mi Señor:
“toma asiento a mi diestra;
yo haré de tus contrarios el estrado
donde pongas los pies”.
TODOS: (Cantado) Tú eres sacerdote para siempre.
LADO IZQUIERDO: Extenderá el Señor desde Sión
tu cetro poderoso
y tú dominarás al enemigo.
TODOS: (Cantado) Tú eres sacerdote para siempre.
LADO DERECHO: Es tuyo el señorío;
el día en que naciste
en los montes sagrados,
te consagró el Señor antes del alba.
TODOS: (Cantado) Tú eres sacerdote para siempre.
LADO IZQUIERDO: Juró el Señor y no ha de retractarse:
“tú eres sacerdote para siempre
como Melquisedec”.
TODOS: (Cantado) Tú eres sacerdote para siempre.
CANTO
PARTICIPANTE: De la Primera Carta de san Pedro (5, 1-4)
Exhorto a los presbíteros que están entre ustedes, siendo yo presbítero como ellos y testigo de los
sufrimientos de Cristo y copartícipe de la gloria que va a ser revelada. Apacienten el Rebaño de
Dios, que les ha sido confiado; velen por él, no forzada, sino espontáneamente, como lo quiere
Dios; no por un interés mezquino, sino con abnegación; no pretendiendo dominar a los que les
han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el Rebaño. Y cuando llegue el Jefe
de los pastores, recibirán la corona imperecedera de gloria.
GUÍA: “Presbítero” significa “anciano”, y su figura aparece ya en tiempos de los apóstoles. Eran
colaboradores de los apóstoles en la guía de las comunidades. Hoy Jesús sigue eligiendo
presbíteros para que colaboren con su obispo en la enseñanza del Evangelio, en la santificación
de sus hermanos mediante la digna celebración de la misa y de los sacramentos y, en la guía del
pueblo de Dios.
PARTICIPANTE: El presbítero apacienta el rebaño de Dios que le ha sido confiado por el mismo
Cristo a través del obispo. Los discípulos de Cristo, fieles cristianos, nos agrupamos en una
comunidad llamada parroquia, para vivir nuestra fe, nuestro amor y nuestra alabanza a Dios. Al
frente de nuestra comunidad o parroquia, como quien sirve, está el presbítero; pero él mismo es
miembro de esa comunidad y necesita de ella para su salvación y santificación. Lo llamamos
“padre”, pero no olvidemos que es nuestro hermano y que también es discípulo, como cada uno
de los miembros de la parroquia.
GUÍA: Pidamos en un momento de silencio y oración personal por el Padre Ignacio y el Padre
Christian para que Dios los santifique cada día mas y aumente en ellos su fe y su vocación
PARTICIPANTE: El presbítero aceptó libremente el llamado que le hizo Cristo a ser su apóstol.
Emprendió el camino con entusiasmo y lleno de ideales. Es sacerdote por gusto, no por
obligación. Aunque es o debe ser responsable de su misión, no la desempeña por otros intereses
distintos al amor de Cristo en sus hermanos. El presbítero ama a Dios con un corazón no dividido
y lo ama en su amor a sus hermanos. Cuando el presbítero no olvida ese amor voluntario y libre,
es feliz en su ministerio, porque no espera otra cosa que amar sirviendo.
GUÍA: Oremos en silencio para que Dios conceda a nuestro párroco y vicario un corazón siempre
dispuesto a amar, servir y ser entregado por su comunidad.
PARTICIPANTE: Nuestra Iglesia es jerárquica; no demócrata. El Papa, Obispo de Roma, los
obispos unidos a él y los presbíteros y diáconos que colaboran con su obispo, son los pastores
que guían con autoridad a los fieles. Pero no es una autoridad de privilegio, sino de servicio a
ejemplo de Jesús que, siendo Señor y Maestro, lavó los pies a sus discípulos. El presbítero,
acostumbrado a mandar, debe hacerlo con delicadeza y prudencia y, como se lo pide la Iglesia
misma, escuchará a sus hermanos laicos antes de tomar las decisiones más importantes para su
comunidad.
GUÍA: Oremos en silencio para que Dios conceda a nuestro párroco y vicario vivir con fidelidad
sus votos de castidad, pobreza y obediencia, y que en plena comunión con el obispo y el Papa,
sucesores de los apóstoles, guíen, orienten y encaminen a los fieles de nuestra parroquia a la
santificación.
PARTICIPANTE: El rebaño es de Cristo; los que actúan haciendo las veces de Él no son los
dueños del rebaño. El pastor dará cuentas al jefe de los pastores, el rabadán, que cuenta con él
para el bienestar de sus ovejas. (Rabadán es una antigua palabra española que designa al jefe de
varios pastores). El sacerdote no debe esperar mejor premio que esa corona imperecedera de la
gloria que recibirá del Buen Pastor, su jefe.
GUÍA: Oremos en silencio para que nuestro párroco y nuestro vicario, aspiren siempre a las cosas
del cielo, que el Buen Pastor sea siempre el máximo ejemplo de su entrega por sus ovejas.
CANTO
GUÍA: Integrados, por medio de la parroquia, en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y templo del Espíritu
Santo, roguemos al Señor, que es el único que conoce las verdaderas necesidades de los
hombres y mujeres, respondamos: Te rogamos, óyenos.
PARTICIPANTE: Para que la fuerza del Espíritu Santo que el Padre dio a su Hijo amado y que Él
comunicó a los santos apóstoles y, por medio de ellos, a los obispos, fortalezca a nuestros
obispos Raúl y Francisco, y les conceda servir a Dios noche y día y, apacentar con santidad a la
Iglesia que le ha sido encomendada, roguemos al Señor.
PARTICIPANTE: Para que Dios conceda a nuestro párroco Ignacio, ya nuestro vicario Christian,
la fuerza del Espíritu, le otorgue un conocimiento profundo de la Palabra divina, le conceda
enseñar a su pueblo con mansedumbre y santidad y lo ayude a ser en todo, modelo para su
rebaño, roguemos al Señor.
PARTICIPANTE: Para que cuando aparezca Jesucristo, el pastor supremo de las ovejas, nuestro
párroco Ignacio y nuestro vicario Christian, puedan rendir buena cuenta de la administración que
les fue confiada y consigan el premio a sus trabajos, roguemos al Señor.
PARTICIPANTE: Para que Dios suscite en nuestra parroquia pastores que cuiden de los fieles y
que sean celosos administradores de sus misterios, roguemos al Señor.
TODOS: Escucha, Señor, la oración de tu Iglesia congregada hoy en esta comunidad de la
Resurrección que se reúne en tu nombre y, concede a nuestro párroco Ignacio, ser un verdadero
imitador de tu Hijo, el Buen Pastor que entregó su vida por sus ovejas; a nuestro vicario Christian
ser coadyuvante en la misión salvadora y a los fieles de esta Parroquia concédenos que, bajo la
guía de sus pastores, vivamos con generosidad la vida cristiana y progresemos constantemente
en la caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
GUÍA: Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza nos atrevemos a
decir: Padre Nuestro...
CANTO
GUÍA: A nuestro Santo Padre el Papa Francisco.
TODOS: Dale Señor tu corazón de Buen Pastor.
PARTICIPANTE: A los obispos sucesores de los Apóstoles,
TODOS: Dales Señor, solicitud paternal por sus sacerdotes.
PARTICIPANTE: A los Obispos puestos por el Espíritu Santo,
TODOS: Compromételos con sus ovejas, Señor.
PARTICIPANTE: A nuestro párrocos y vicario.
TODOS: Enséñales a servir y a no desear ser servidos, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian, nuestros confesores y directores
espirituales,
TODOS: Hazlos Señor, instrumentos dóciles de tu Espíritu.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Cristian, que nos anuncian tu palabra,
TODOS: Haz que nos comuniquen espíritu y vida, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian que nos asisten en el apostolado seglar,
TODOS: Que nos impulsen con su testimonio, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian que trabajan por la juventud,
TODOS: Que la comprometan contigo, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian que trabajan entre los pobres,
TODOS: Haz que te vean y te sirvan en ellos, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian que atienden a los enfermos,
TODOS: Que les enseñen el valor del sufrimiento, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian en sus necesidades,
TODOS: Socórrelos, Señor.
PARTICIPANTE: A los Padre Ignacio y al Padre Christian cuando estén enfermos,
TODOS: Sánalos, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian en los momentos de soledad y tribulación,
TODOS: Dales alegre esperanza, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian en las situaciones de aflicción,
TODOS: Consuélalos, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian en la tribulación.
TODOS: Dales tu paz, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian, cuando estén en crisis,
TODOS: Muéstrales tu camino, Señor.
PARTICIOANTE: AL padre Ignacio y al Padre Christian cuando sean calumniados y perseguidos,
TODOS: Defiende su causa, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian cuando sientan tibieza,
TODOS: Inflámalos, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian cuando se sientan desalentados,
TODOS: Reanímalos, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian, en su sacerdocio,
TODOS: Dales la perseverancia, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian, en su ministerio,
TODOS: Dales fidelidad a Ti y a tu Iglesia, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio y al Padre Christian, ante la duda,
TODOS: Dales obediencia y amor al Papa, Señor.
PARTICIPANTE: Que Padre Ignacio y al Padre Christian, en su obediencia a Cristo,
TODOS: Que vivan en comunión con su Obispo, Señor.
PARTICIPANTE: Que el Padre Ignacio y el Padre Christian, párroco y vicario,
TODOS: En el trabajo sean uno como Tú y el Padre, Señor.
PARTICIPANTE: Que padre Ignacio y al Padre Christian, ante la injusticia,
TODOS: Promuevan la justicia con que Tú eres justo.
PARTICIPANTE: Que el Padre Ignacio y el Padre Christian, con sus hermanos sacerdotes,
TODOS: Colaboren en la unidad del presbiterio, Señor.
PARTICIPANTE: Que el Padre Ignacio y el Padre Christian, llenos de Ti,
TODOS: Vivan con alegría en el celibato, Señor.
PARTICIPANTE: Al Padre Ignacio, al Padre Christian y a todos los sacerdotes,
TODOS: Dales la plenitud de tu Espíritu y transfórmalos en Ti, Señor.
TODOS: Señor danos santos ministros del altar, que sean solícitos y fervorosos custodios de la
Eucaristía, sacramento del don supremo de Cristo para la redención del mundo.
Llama a ministros de tu misericordia que, mediante el sacramento de la reconciliación, derramen el
gozo de tu perdón.
Padre, haz que la Iglesia acoja con alegría las numerosas inspiraciones del Espíritu de tu hijo y,
dócil a sus enseñanzas, fomente vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada.
Fortalece a los obispos, sacerdotes, diáconos, a los consagrados y a todos los bautizados en
Cristo para que cumplan fielmente su misión al servicio del evangelio. Amén.
CANTO
GUÍA: LECTURA DE LA CARTA A LOS HEBREOS
“Todo sumo sacerdote, es elegido entre los hombres y nombrados su representante ante Dios,
para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Puede ser indulgente con ignorantes y
extraviados, porque también él está sujeto a la debilidad humana, y a causa de ella tiene que
ofrecer sacrificios por sus propios pecados, lo mismo que por los del pueblo. Y nadie puede tomar
tal dignidad para sí mismo si no es llamado por Dios, como Aarón. Del mismo modo Cristo no se
atribuyó el honor de ser sumo sacerdote, sino que lo recibió del que le dijo: Tú eres mi hijo, yo te
he engendrado hoy; y en otro pasaje: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de
Melquisedec. Durante su vida mortal dirigió peticiones y súplicas, con clamores y lágrimas, al que
podía libarlo de la muerte, y por esa cautela fue escuchado. Y aunque era Hijo de Dios, aprendió
sufriendo lo que es obedecer, así alcanzó la perfección y llegó a ser para cuantos le obedecen
causa de salvación eterna , y Dios lo proclamó sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.”
(Heb 5,1-10) Palabra de Dios.
PARTICIPANTE: “…el sacerdote renueva su vida y saca fuerzas para su ministerio de la
contemplación de la divina Palabra y del diálogo intenso con el Señor. Es consciente de que no
podrá llevar a Cristo a sus hermanos ni encontrarlo en los pobres y en los enfermos, si no lo
descubre antes en la oración ferviente y constante. Es necesario fomentar el trato personal con
Aquel al que después se anuncia, celebra y comunica. Aquí está el fundamento de la
espiritualidad sacerdotal, hasta llegar a ser signo transparente y testimonio vivo del Buen Pastor.
El itinerario de la formación sacerdotal es, también, una escuela de comunión misionera: con el
Sucesor de Pedro, con el propio obispo, en el propio presbiterio, y siempre al servicio de la Iglesia
particular y universal.”
CANTO
ORACIÓN FINAL
TODOS:
No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido;
Ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido;
Muéveme el ver tu cuerpo tan herido; muéveme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera, que aunque no hubiera cielo yo te amara Y aunque no
hubiera infierno te temiera.
No me tienes que dar por que te quiera;
Pues aunque lo que espero no esperará, lo mismo que te quiero te quisiera.
RESERVA
TODOS: En los cielos y en la tierra sea para siempre alabado el corazón amoroso de Jesús
Sacramentado.