SUCESIONES
SUCESIONES
CAPITULO XIV
SUCESIONES
Con esta palabra se designan en el derecho clásico los casos de las adquisiciones per
universitatem, en bloque y simultáneamente, de todos los bienes (omnia simul bona) de
una persona.
En el derecho justinianeo se extiende a los negocios jurídicos por los que se opera una
transferencia de dominio de cosas singulares: successio in singulas res.
Como de las sucesiones ínter vivos ya se ha tratado, debemos ahora hacerlo a propósito
de las mortis cansa.
SUCESIONES MORTIS CAUSA
El problema del destino y translación de los derechos de que era titular una persona en
el momento de su muerte aparece resuelto en los distintos pueblos sobre la base de dos
criterios: (A) el de que el ordenamiento jurídico lo regle, atendiendo al interés social y
al del grupo familiar; (B) el de facultar a las personas a que en un acto destinado a tener
valor jurídico post viortem designen las personas que lo sucederán en forma universal
—herederos— o particular —legatarios.
El primer criterio es común a todos los pueblos, incluso al romano. Pero éste ha sido
absolutamente original en la concepción del segundo, con su exclusiva creación del
testamentum, el que no sólo se usó para designar a quienes, como herederos, sucederían
en la universalidad de sus derechos, sino también, a partir de cierta época, para disponer
la sucesión o translación de cosas o derechos singulares a terceros, pero supeditada a la
efectiva adquisición de la condición de herederos por parte de los así designados.
En el ordenamiento romano, pues, rigen los dos criterios o sistemas: el de la sucesión
testamentaria y el de la intestada, que, como el nombre de esta última lo indica, sólo
entra en juego cuando no hay testamento o éste resulta inválido.
El cuadro de las instituciones que giran alrededor de la sucesión mortis causa en Roma
es muy complejo y ha sufrido más cambios en el tiempo que las otras partes del
ordenamiento jurídico. Resulta, pues, muy conveniente destacar previamente algunas de
las principales modalidades y tendencias de la evolución de esas instituciones.
I. En los tiempos precívicos y arcaicos —hasta las XII tablas— deben de haber estado
en estrechísima relación con la fuerte y política organización de la familia, en la que el
pater faviilias es, más que un individualista titular de derechos patrimoniales, un jefe
que rige como señor absoluto la vida social y económica de su grupo. La sucesión debe
entonces de haber sido en su status de jefatura y no respecto de la propiedad de bienes,
pues éstos estaban asignados, en el pensamiento social, al grupo familiar.
HEREDITAS
Esta palabra ha sido usada en dos diferentes sentidos, referidos amibos a la sucesión de
un sujeto, el heredero (heres), en las relaciones jurídicas titulariadas por otro sujeto en el
momento de su muerte. Este último se designa con la expresión de cuius, proveniente de
la frase "de cuius hereditate agitur" ("de la herencia del cual se trata").
• En el primer caso se llamaba bonorum possessio edictalis y en el segundo decretalis, por ser necesario
un específico decretum.
• De allí que si bien sólo el ius civile, y no el pretor, podía hacer heres a alguien, aquel a quien el pretor
otorgaba la bonorum possesíio llegaba a sor considerado loco heredis (en lugar del heredero).
II. La bono non possessio surgió dentro del derecho sucesorio como institución
meramente posesoria: fue atribuida tanto
(A) como posesión provisional de los bienes hereditarios mientras se desarrollaba un
proceso de petición de herencia, como
(B) en favor de aquellos que, justificando prima facie una pretensión a la herencia —
fuese testamentaria o ab intestato—, solicitaban ser puestos en la posesión de los bienes
hereditarios sin necesidad del más complicado procedimiento de una hereditatis petitio.
• Quien resultaba, entonces, por concesión del pretor, bonorum possessor, tenía a su disposición el
interdicto quorum bonorum contra los poseedores o detentadores de bienes hereditarios.
• Estos, o cumplían con la oiden del pretor y el bonorum possessor quedaba con la posesión de los
bienes en cuestión, o no obedecían, y tenía lugar, entonces, el pioceso formulario consecuente. Si el
bonorum possessor no podía en ese proceso exhibir un título válido para la hereditas, el anterior
poseedor quedaba con la posesión.
• Triunfante, en cambio, el bonorum possessor, y puesto en posesión de los bienes, esto no
impedía que sucumbiera eventualmente en un posterior proceso fíente a quien exhibiera un título
sucesorio mejor.
III. Empezó siendo, pues, una institución confirmatoria o coadyuvatoria del ius civile.
Pero esto evolucionará en dos sentidos: (A) se comenzará a dar la bonorum possessio no
sólo a los que invocaban ser herederos de acuerdo con el ius civile, sino también a otras
personas; (B) en muchos supuestos se la otorgó cum re, es decir, con criterio
prevaleciente sobre lo dispuesto por el ius civile. La bonorum possessio resultó,
entonces, ampliatoria y correctora, respectivamente, del ius civile.
(A) 1) El pretor acostumbró a conceder la bonorum possessio a personas instituidas
como herederas por cierto acto testamentario no válido según el ius civile —testamento
pretorio—. Se trataba de una bonorum possessio secundum tabulas (de acuerdo con las
tablillas [en las que estaba escrito el testamento]).
2) En los casos en que el de cuiiis había muerto intestado, el pretor llegó a conceder la
bonorum possessio a personas unidas al de cuius por cognación, vínculo no
contemplado hasta la época por el ius civile. Se trataba entonces de una bonorum
possessio sine tabulis (sin tablillas).
El pretor, pues, según las distintas hipótesis, pudo sostener a ciertos bonorum
possessores ante la pretensión civilmente válida de ciertos herederos, denegándoles
acción a éstos o concediéndoles excepciones a aquéllos.
• Lo que sí se conservó fue la primitiva utilización de la bonorum poí-sesio como institución posesoria
coadyuvadora de la herencia, en tanto atribuía a quien invocaba un derecho de sucesión no
necesariamente óptimo una mera posesión que duraba en tanto no se presentara un titular de un mejor
derecho sucesorio.
DELACIÓN DE LA HERENCIA
Para que alguien pueda ser llamado heres —heredero— o bonorum possessor —
poseedor del patrimonio hereditario— es necesario que exista alguna causa de delación
en virtud de la cual la misma le sea "deferida" —deferre hereditatem— o por la cual
sea "llamado" —vocare ad hereditatem.
II. En primer término, ocurrida la muerte de una persona, hay que dar predominio a la
herencia testamentaria. Si no llegara a haber testamento —o éste fuese inválido o
ineficaz— correspondería abrir la herencia ab intestato.
III. Algo que ya hemos visto es que no puede ocurrir que ambas herencias puedan
presentarse en forma simultánea, ya que "nemo pro parte testatus pro parte intestatus
decedere potest" ("nadie puede morir en parte testado y en parte intestado").
• Este principio sufre algunas excepciones, tales como el caso del testamento militar y de otros supuestos
—que serán estudiados más adelante— de reclamo de la herencia de los herederos ab intestato contra los
instituidos en el testamento.
ADQUISICIÓN DE LA HERENCIA
Los herederos pueden ser suyos y necesarios (sui et ne-cessarii), necesarios (neccesarii)
y extraños o voluntarios (extranei aut voluntarii).
Podemos también agruparlos en domestici heredes, que serían los dos primeros casos, y
extranei heredes, o sea el último, para remarcar que los primeros corresponden al
ámbito familiar y los últimos están al margen de dicho ámbito.
Son tales los descendientes del pater que se encontrasen o se hubieran encontrado
sometidos a su patria potestas.
• Son, por tanto, "herederos suyos y necesarios":
(A) Los hijos sometidos a. la patria potestas, fuesen éstos legítimos,
adoptivos o legitimados.
(B) Los nietos sometidos en forma directa a la patria potestas; es decir por haber desaparecido el respectivo padre, o
sea el filius del causante.
(C) Los postumos que nacieren después de la muerte del causante, y que de no haber sido por este hecho hubieran
estado bajo su patria potestas.
(D) La uxor in manu, que se encuentra en el lugar de hija (loco jüiae) y también la nuera in manu, en caso de
haber muerto su mando.
En cambio, están excluidos los hijos emancipados de la patria potestas.
II. Sin embargo, el pretor, también por razón de equidad, les concederá el iiis
abstinendi, de tal modo que los herederos que recibieran una herencia muy cargada de
deudas —y con el fin de no responder por ellas— pudieran evitarla.
Para abstenerse (se abstinere) bastaba con que no hubieran realizado acto alguno
relativo a la herencia, o sea, no haberse inmiscuido en la misma (se inmiscere).
• Sin embargo, debido a que la sucesión se opera ipso iure, no pierden la calidad de herederos, sino que
simplemente están "abstenidos" de la misma, con lo cual evitan las consecuencias infamantes de la
bono-rum venditno.
• Por ello, las manumisiones otorgadas en el testamento son válidas, ya que hay institución de heredero.
El heredero puede arrepentirse de su abstención antes de que se hubieran vendido los bienes —honorum
venditio—. En la época de Justiniano se les otorgará un plazo de tres años, siempre y cuando no
hubiera ocurrido la venta en el lapso intermedio.
HEREDERO NECESARIO
Se denomina heredero necesario al esclavo del testador instituido heredero por éste en el
mismo momento que le otorgaba la manumisión.
El propósito consistía en que quien tuviere dudas acerca de su solvencia, con el fin de
evitar los efectos infamantes de la bonorum venditio que pudieran llevar contra él sus
acreedores luego de su muerte, instituía heredero al esclavo que manumitía para que los
efectos de la ejecución recayesen sobre éste.
• Para la existencia del heres necessarius eran precisos tres requisitos: a) que la heredis inslitutio
estuviese acompañada por la manumisión expresa —aunque Justiniano la entenderá no necesaria, ya
que tácitamente había existido manumisión; b) que el esclavo perteneciera al testador ex iure
Quirilitm, tanto en el momento de hacerse el testamento cuando en el del deceso, ye) que el esclavo fuese
el único heredero.
• Sin embargo, el pretor —también por razón de equidad— le otorgará el beneficio de conservar para sí
los bienes adquiridos por él después de la muerte del patrono, de tal modo que si bien tiene que responder
con los bienes hereditarios, aun cuando no alcancen a cubrir las deudas, por regla general no responderá
con estos suyos procedentes de adquisiciones ulteriores.
• Se trataría en este caso de una verdadera separalio bonorum (separación de los patrimonios), concedida
para evitar la confusión total de ambos patrimonios: el constituido por la herencia del causante y el
adquirido por el propio liberto con posterioridad al hecho.
Se entiende por tales aquellos otros herederos que por ser extraños a la familia del
causante son instituidos por éste en el testamento, por lo que, para adquirir la herencia
—dado que no están obligados a ello—, deberán expresar su aceptación en forma
voluntaria.
II. Posteriormente —lo que después constituirá la forma típica de la época clásica—
comenzó a usarse una forma ritual denominada cretio (decisión [por la herencia]), que
se establecía con las palabras: "Puesto que P. Mevio me ha instituido heredero en su
testamento, yo decido aceptar la herencia".
• Mediante esta forma se pretendía que el heredero se decidiera de una manera expresa,
evitando dilaciones. Generalmente iba acompañada" de un plazo, por lo común de cien días, para que el
heredero pudiera reflexionar antes de tomar su decisión. Asi, por ejemplo: "Que Ticio sea mi heredero.
Y que hagas la cretio dentro de los cíen días siguientes a aquel en que tengas conocimiento y puedas
practicarla; si no la hicieras, sé desheredado".
• Al respecto existían dos formas de establecer esta cláusula. El ejemplo dado encierra una cretio
vulgaris, la cual, al decir "a aquel en que tengas conocimiento", está tratando de evitar que el plazo corra
inútilmente para alguien que haya ignorado el haber sido instituido heredero. Cuando faltan dichas
palabras, la cretio es llamada de "plazo cierto" (cretio cerlorum dierum). En ésta los días se cuentan
cronológicamente desde la muerte del causante, y para la lex Papia Poppaca, desde la apertura del
testamento.
• La cretio puede también ser "perfecta" cuando la falta de aceptación aparece sancionada por la
desheredación; o "imperfecta", cuando falta dicha cláusula. Para este último caso podría usarse la
pro herede gestio.
III. En el derecho posclásico la cretio caerá en desuso y finalmente será abolida por
Justiniano. La forma empleada fue la aditio hereditatis (aceptación de la herencia), que
consistía en una declaración expresa, pero no solemne.
• Este vocablo expresa bien gráficamente el sentido del acto jurídico, puesto que ad-ire significa
"ir hacia", con lo que se explícita que algo debe hacer el heredero para que consiga realmente la
herencia. Frente a esta manera expresa, continuará manteniéndose la tácita de la pro herede gestio.
IV. Conforme con el ius civile, no hay plazo para aceptar la herencia, a menos que en
una cretio perfecta se lo hubiere señalado. Como esto podía dar lugar a dificultades para
los acreedores que no tuviesen posibilidad de demandar sus créditos, el pretor les
permitirá realizar una intimación al heredero para que declare si es heredero
(interrogatio an heres sit). El intimado podía obtener un plazo —spatium deliberandi—
para pensar qué debía hacer.
• Si no contestaba en ese plazo —como ya dijimos de cien días—, se lo tenía por no heredero y se
podía realizar la bonorum venditio.
• Justiniano establecerá el plazo máximo en nueve meses —sf fuere concedido por el juez— o en un año
—si fuere concedido por el emperador—; pero si el heredero no contestaba antes del vencimiento
de) plazo, se lo tenía como heredero aceptado.
HERENCIA YACENTE
Cuando la herencia aún no ha sido aceptada por el heredero —que es el caso del
heredero voluntario—, hay un lapso en el cual la herencia, por no ser del causante ni del
heredero, parece no ser de nadie.
(A) En un comienzo los romanos hablaron de la misma como de una res nullius o sine
domino.
• Siendo así, quien se apoderase de una cosa de tal herencia no cometía furium. Y si bien éste es
el principio general, en la época clásica se dan equitativas excepciones. Así, se comete tal delito si la
cosa es poseída por un heredero o por un tercero que posee a cuenta de la herencia.
• Marco Aurelio creará la figura delictiva del crimen expilatae hereditatis (crimen de despojo de la
herencia).
• Incluso, el mismo pretor nombrará un curator para cuidar de los bienes en beneficio de los acreedores.
(C) Pero desde los comienzos de la época clásica se consideró que lo usucapido no
debía ser la hereditas, sino las cosas hereditarias en forma particular.
• Un senadoconsulto de Adriano permitirá la usucapió pro herede sólo en el supuesto de que el
usucapiente fuera de buena fe, es decir, creyera ser heredero. En electo, concedió al verdadero
heredero obtener la revocación de la usucapió del poseedor de mala fe.
I. Los llamados ab intestato que no sean sui o necessarii pueden ceder su lugar en la
herencia que les corresponde mediante una in ture cessio.
Los herederos testamentarios no pueden ceder sus derechos antes de la aceptación,
teniendo en cuenta la voluntad del testador que los puso en forma personal en tal lugar.
Una cesión semejante es nula.
EFECTO DE LA HERENCIA
COMUNIDAD HEREDITARIA
Entre todos los herederos surge un estado de comunidad, en virtud del cual cada uno
participará, en su parte alícuota, de las cosas, de los créditos y de las deudas.
• En el derecho antiguo esta comunidad —consortium— era una forma muy particular, denominada
erctum non citum (heredad no dividida), en la que, más que lo patrimonial, interesaba el estado jurídico-
familiar de sus componentes.
• Más adelante será un estado de hecho, que se regirá como un quasi excontracto, semejante a la
sociedad.
• La forma de poner fin a la comunidad hereditaria es mediante el ejercicio de la actio familiue
erciscmulae.
ACRECIMIENTO
El fundamento del ius adcrescendi reside en la vocación que —ya fuese por la ley, ya
por la voluntad del testador— los herederos tienen de la hereditas considerada in
solidum, por lo que el vacío dejado por alguno debe ser llenado por otro u otros.
3) Hay que recordar que conforme con las leyes caducarías —les Iulia de maritandis
ordinibus y lex Iulia et Papia Poppaea—, la parte que debían recibir los caelibes
(célibes) y la mitad de la que debían recibir los orbi (casados sin hijos) se volvía
caduca e iba a parar finalmente al fisco.
• En realidad, estas leyes admitían un tus capiemH (permisión de tomar [esa pars caduca]) para los
herederos liberos habentei (que tienen hijos) y, en su ausencia, para los legatarios liberos habentes, que
asumirían un rol de herederos, y, finalmente, al fisco.
COLACIÓN DE BIENES
Una vez operada la sucesión, la regla general es que, al unirse el patrimonio hereditario
con el del heredero, ambos pasan a formar uno solo, confundiéndose los créditos y las
deudas hereditarias con los del heredero.
I. Los acreedores del causante se unen con los acreedores del heredero, encontrándose,
en principio, en un pie de igualdad para demandar el cumplimiento de sus respectivas
obligaciones.
Mientras el patrimonio del heredero fuera suficiente y no estuviera cargado de deudas,
no se presentaba ningún problema. Pero Jos acreedores del causante corrían el riesgo de
encontrarse con un heredero cargado de deudas —heres suspectus— y no lograr así el
cobro de sus créditos.
II. Por ello, el pretor concederá a esos acreedores del causante el beneficio de la
separatio bonorum (separación de patrimonios), de tal modo que se entiende como no
reunido el patrimonio del causante con el del heredero, y, al estar separados, podrán
demandar sus créditos sobre los bienes hereditarios sin intromisión de los acreedores del
heredero.
• Sólo pueden pedir la separatio bonorum los acreedores del causante, no los del heredero.
• Sin recurrir a la separatio bonorum, los acreedores del causante podían exigir al heres suspectus la
prestación de fianzas que asegurasen el page de los créditos. A esto se lo denominó la satisdatio suspecti
heredis. De no acceder, se podía llegar a la bonorum vendido del patrimonio del heredero.
III. El heredero responde de las deudas hereditarias no sólo con los bienes de la
herencia, sino con los suyos propios. Se habla entonces de una responsabilidad ultra
vires hereditatis (más allá del monto de la herencia).
Acá se presenta un caso inverso al anterior, en tanto el heredero corría el riesgo de
recibir una hereditas damnosa (herencia perjudicial), es decir, cargada de deudas.
• El heredero suus et necessarius tenía el remedio del ius abstinendi, lo mismo que el testamentario el
recurso de no aceptar la herencia. Pero muchas veces el heredero, con el fin de preservar la
memoii.i del causante y no dejarle la marca infamante de deudas impagas —con la consecución
de la bonorum vendtlio—, lo mismo aceptaba la herencia.
• Cuando el contenido netamente económico signe la transmisión hereditaria, el problema variará y
se adoptaián otras medidas.
IV. Justiniano, para proteger al heredero contra una hereditas damnosa por la cantidad
de deudas del causante, le otorgará a aquél el beneficium inventarii (beneficio de
inventario), que significaba la limitación de la responsabilidad a los bienes del activo
hereditario. Se habla entonces de una responsabilidad intra vires hereditalis (dentro de
las posibilidades de la herencia).
• Para lener el benefirium inventari, el heredero, dentro de los tieinta días —computados desde la
apertura del testamento o desde que éste se enteró de la delación de la herencia—, debe comenzar un
inventario de los bienes del causante.
• Este inventario es realizado ante un tabularius (escribano) con citación do los legatarios,
fideicomisarios y acreedores, que de estar ausentes se los icemplazaba por tres testigos. El plazo de
realización de dicho inventario era de sesenta días. El heredero lo deberá suscribir firmándolo y
declarando no haber realizado ninguna ocultación dolosa.
• El heredero que ha aceptado la herencia con beneficio de inventario irá luego pagando a los arreedoies
de] causante a medida que aquéllos se vayan presentando * luMa acotar loi bienes dejados en la herencia.
HEREDITATIS PETITIO
• Esta actió in rem funciona de manera muy semejante a la reivindicado. La diferencia esencial reside en
que esta última se debe ejercer para declarar que es propietario y por ende recobrar la posesión de una res
corporalis; en cambio, la hereditatis petitio es para lograr la declaración de que es heredero, y en
consecuencia le sea atribuida la hereditas como universitas iuris.
(A) Esta acción puede ser ejercida por quien se considere que es un heredero civil —
por lo que debe probar su vocación hereditaria— contra:
1) quien afirme ser heredero —pro herede—, planteándose en consecuencia el
problema de titularidad entre ambos;
2) quien esté poseyendo cosas hereditarias —pro possessore— sin alegar título alguno
y esperando producir la usucapió pro herede;
3) el que hubiere simulado que estaba poseyendo cosas de la herencia —possessor
fictus— y que responde, en este caso, por los daños y perjuicios ocasionados;
4) quien hubiere cesado dolosamente en la posesión de las cosas hereditarias por
haberlas vendido.
(C) Por ser una actio arbitraria, el juez tiene amplias facultades respecto de lo que le
debe ser restituido al actor victorioso.
(E) El heredero por el ius civile, en lugar de ejercer la hereditatis petüio, podía también
ejercitar separadamente las acciones particulares o singulares, como reclamar un crédito
hereditario o reivindicar el dominio de una cosa.
• Para estos casos el demandado tuvo en su beneficio una praescriptio, que luego se transformó en una
exceptio quod prueiudicium heredituti non fiat (que no haya prejuzgamiento para la herencia), con el fin
de que no resultara prejuzgado en relación con la herencia. El juez debia juzgar el caso concreto sin entrar
a considerar para nada la cuestión sucesoria. En tanto se mantuvo como praescriptio, fue uno de los muy
raros casos de esa paite de la íómmla concedida en beneficio del demandado.
SUCESIÓN TESTAMENTARIA
El testamento es un acto solemne de última voluntad por medio del cual se instituye
heredero. Puede contener otras cláusulas —manumisiones, legados, dación de tutor—,
pero, en principio, la eficacia de las mismas dependerá de la exisLencia de la
institución de heredero (heredis institutio), de la cual Gayo dice bien claramente,
resaltando su importancia, que es capul el funchtmentuvi testamenti (cabeza y
fundamento del testamento).
• Es por ello que las definiciones de Ulpiano— "Testamento es la declaración, de acuerdo a derecho, de
nuestra intención, hecha de manera solemne, para que valga después de nuestra muerte"— y de
Modestino —"Testamento es la expresión, de acuerdo a derecho, de nuestra voluntad respecto de lo que
se quiere que se haga después de nuestra muerte"—, no obstante ser las dos únicas que surgen de los
textos, no serian del todo exactas debido a que olvidan acentuar la existencia de la institución de heredero.
• Pero el mismo Ulpiano nos señala la importancia de este requisito —que distingue al testamento romano
del vigente en otros pueblos antiguos— al decir en otro párrafo que con tres palabras se puede hacer
testamento: "Lucio sea heredero" ("Lucius heres esto").
FORMAS DE TESTAMENTO
(A) Pero, ¿sobre qué habría versado esa declaración de última voluntad? Desde los
juristas romanos hasta el presente hubo una interpretación que extendía hasta esas
instituciones el carácter patrimonialista que tomaron y tienen los actos de última
voluntad. Según esa interpretación, pu,es, en aquel testamentum el pater habría
nombrado uno o varios herederos —fueran o no de su grupo familiar— que, lo
sucederían en el total de sus derechos subjetivos patrimoniales, tal como puede hacerlo
hoy en día cualquier persona, por lo menos en los límites de una cierta porción garantida
a ciertos herederos ab intestato denominada legítima .
1) Una de ellas considera que ese testamentum es propio —y necesario— del tipo de
familia grande o agnaticia: el pater debe elegir de entre todos los sometidos a su patria
potestad a un único varón púber para que sea heres, el futuro pater. Cuando se produzca
la transición al tipo de familia proprio iure —cada una encabezada por cada uno de los
filiifamüias que con la muerte del pater han devenido sui iuris—, el heres designado no
sería ya, como antes, un único pater de una única familia agnaticia, sino que tendría a su
cargo una de las resultantes familias proprio iure, pero conservando una cierta
ascendencia moral de liderazgo sobre los otros flamantes patres, junto con el derecho a
eventuales tutelas y cúratelas sobre los miembros de la primitiva familia, con la atención
de los cultos familiares —sacra— y, tal vez, con una parte especial —núcleo— del
patrimonio : el heredium.
(A) En el testamento de los soldados (testamentum miltum), éstos, como decía Gayo, lo
hacen "como quieran o como puedan", quedando dispensados del cumplimiento de las
formalidades ya descriptas y libres, por lo demás, de ciertas normas sustantivas.
• Esta ventaja concedida a la imperitia y simplicilas de los soldados fue dada primeramente por Julio
César —aunque sólo por un tiempo determinado—; luego la continuaron los emperadores Tito,
Domiciano y Nerva, y, finalmente —por mandato a los gobernadores de provincias—, Trajano.
• Admitido por Justiniano, no se lo extenderá sino a las personas en servicio, no otorgándoselo a quienes
estuvieren de licencia en sus hogares ni tampoco a los veteranos.
• El requisito esencial era que no existiera duda alguna acerca de la institución de heredero. Pero al
margen de esta circunstancia, no estaban sujetos al principio de que "nadie puede morir en parte testado y
y en parte intestado"; podía haber varios testamentos válidos y legar en ellos más de lo indicado por la lex
Falcidia; no se admitía contra tal tipo de testamento la querela inofficiosi tesfamenti.
(B) En los testamentos celebrados en tiempos de epidemia —testamentum pestis
tempore— se dispensaba el requisito de la unidad de acto, pudiéndose reunir los testigos
en forma separada y en momentos distintos.
(D) Si el testador era ciego o no sabía escribir podía —desde la época del
emperador Justino— dictar su testamento en forma oral. Más tarde pudo también testar
por escrito utilizando un octavo testigo que supiera escribir o dictándoselo a un
escribano (tabularius).
(F) Por una disposición de Constantino —acogida por Teodosio II y por Justiniano— se
determinó que si un pater hacía disposiciones en favor de sus hijos y descendientes
llamados a heredar ab intestato, aunque no fuera formalmente un testamento, podía
valer como tal —testamentum parentis ínter liberos— mientras no contuviera alguna
disposición en favor de tercero.
CODICILOS
• En un principio, sólo tuvieron fuerza moral de cumplimiento. Pero fue Lucio Léntulo —el mismo que
había introducido los fideicomisos— quien provocó una nueva situación cuando, en África, ya próximo a
morir, escribió codicilos en algunos de los cuales rogaba al propio Augusto que hiciese ciertas cosas por
fideicomiso. El César siguió estas recomendaciones y los demás continuaron su ejemplo. Tanto fue as!,
que la propia hija de Léntulo pagó legados a los cuales no estaba obligada por derecho estricto.
• Interesado en la cuestión, Augusto requirió la opinión del jurista Trebacio, quien lus consideró muy
útiles.y necesarios para los ciudadanos que "a causa de las grandes y prolongadas peregrinaciones que
hacían entonces, durante las cuales, si había imposibilidad de hacer un testamento —por ejemplo, por las
formas—, al menos podrían -hacerse codicilos". Luego, habiendo hecho codicilos el mismo Labeón —
jefe de la escuela proculeyana, no afecta a la política de Octavio—, ya nadie dudó acerca de la relevancia
jurídica de aquéllos.
II. En cuanto a las formas, desde un comienzo el codicilo no estuvo sujeto a ninguna
exigencia. Pero desde la época de Constantino, y más tarde en la de Teodosio —
coincidente con una cierta aproximación entre testamento y codicilo—, comenzó a
requerirse la formalidad testamentaria de siete testigos.
Se suele distinguir entre testamenti factio activa —cuando nos referimos al testador— y
testamenti factio passiva —cuando nos referimos a los testigos, herederos, legatarios,
etcétera.
Testamenti factio activa. — La regla general es que la persona que quiera disponer por
testamento debe estar en posesión de los tres status: ser libre, ciudadano romano y
paterfamilias. Además, debe gozar de la capacidad de hecho para poder hacerlo.
• Hay, sin embargo, excepciones: el servus publicus (esclavo público) que puede disponer hasta la
mitad de su peculio, y los filiífamilias que pueden disponer por testamento hasta el monto de su
peculium castrense y quasi castrense.
• Por faltarles capacidad de hecho, no pueden hacer testamento (A) los impúberes; (B) el furiosiis —
salvo en sus intervalos lúcidos— y el mente captiis; (C) el pródigo; (D) en la primera época, los que
padecieran de total mudez o de sordera, por no poder expresar, los primeros, las palabras solemnes
correspondientes al acto, y los segundos, por estar incapacitados para escucharlas. Posteriormente,
Justiníano permitirá como válidos los testamentos efectuados por ciertas personas, letrados y
eruditos, aun cuando hubieran perdido el habla o la condición de oír; (E) tal cual lo dijimos antes, el
ciego pudo hacerlo a partir de Justino.
• En principio, las mujeres no podían testar; pero sí podían hacerlo cuando, estando sometidas a
la tutela de su sexo, lograban liberarse mediante una coemptio fiduciaria. A partir de un senadoconsulto
de Adriano podrán hacerlo con la auctorilas del tutor. Cuando desaparece la tutela mulierum, las
mujeres quedarán en libertad de testar.
• En cuanto a la facultad de manumitir por testamento, que la lex Aelia Sentía establecía en la edad de 20
años para producir los efectos allí señalados, Justiniano la reducirá a los 18 años cumplidos.
• Referente al requisito de ser ciudadano romano, quedarán exentos los latinos veteres y los coloniarii; no, en
cambio, los iuniani.
• El peregrino puede hacer testamento conforme a su itis civile; pero tal derecho no se le reconoce, en cambio, al
peregrino dediticio.
• Si el testador cayese prisionero del enemigo, el testamento no perdía validez si aquél volvía a
Roma —ius postliminii—; o si moría prisionero del enemigo —fictio legis Corneliae.
Testamenti factio passiva. — En principio la posee el que tiene los tres status. Pero se
pueden dar varios supuestos.
(A) Así, los füii y los esclavos pueden ser instituidos herederos o legatarios, pero lo
que logren pasa al patrimonio del pater. La aceptación tiene que ser hecha por
autorización del pater o del dominus, respectivamente.
El esclavo puede adquirir del dueño por testamento, si al mismo tiempo es manumitido
en el mismo testamento.
(B) En cuanto a los latini iuniani, .si bien tendrían esta facultad, la-parte que les
perteneciese se volvía caduca e iba a parar al fisco, a menos que adquiriesen la
ciudadanía en el plazo de aceptación de la herencia (oretio).
• Entraban en la categoría de incertae personae los hijos postumos —los que nacen después de la muerte
del causante—. Pero, desde el principio se reconoció la testamenti factio passiva a los postumi del
causante, quedando la inhabilitación para los postumi alieni —hijos postumos de terceros— que pudieron,
sin embargo, adquirir la bonorum possessio secundum tabulas. Y más adelante, en la época de Justiniano,
no se establecieron distinciones y se los admitió como herederos.
• En un principio entraron también los municipios y corporaciones, si bien luego de una lenta
evolución se les admitió la capacidad de heredar. Igualmente al estado romano, a la Iglesia y a las
corporaciones pías. Del mismo modo, el dejar la herencia a los dioses —en la época pagana—, a Dios o a
los santos —en la época cristiana—, irá en provecho, bien del estado romano, bien de la Iglesia.
D) En cuanto a las mujeres, por la lex Voconin se les prohibió adquirir como herederas
por testamento de quienes estuvieran en la primera clase —los más ricos, que eran
aquellos que poseían una fortuna superior a los 100.000 ases—,'aunque, de todos
modos, podían adquirir por legados hasta una cantidad igual a la de los herederos.
• Esta ley, atiibuida al tribuno Voconio Saxa —año 169 a. C—, pretendía evitar la existencia interesada
de vínculos hereditarios, pero a comienzos del Imperio comenzó a caer en desuso.
(E) Por la lex Julia de viaritandis ordinibus —año 17 a.C.—, y por la lex Papia
Poppaea —año 9 a.C.—, con el fin de fortalecer a la familia romana se dispusieron una
serie de incapacidades respecto de aquellos que no se casaban; o que casados, no tenían
hijos.
• Estas leyes —denominadas "caducarías" porque la parte de los sancionados se vuelve caduca en favor
del fisco— detetminaban que los cae libes —hombres que estuviesen entre los 23 y 60 años y mujeres
de entre 20 a 50— que no se casaban perdían lo que hubieran adquirido por herencia o legado. Otro tanto
ocurría con los orhi —hombres de la edad antedicha, casados y sin hijos y mujeres con menos de tres
hijos (ingenuas), o con menos de cuatro (libertas)—, que perdían la mitad de lo que les correspondía.
También el pater solitarius —viudo sin hijos— entró, quizá, en esta categoría.
• Igualmente el cónyuge que estuviese en similares circunstancias sólo podía, en principio, adquirir
del otro una décima.
(A) La institución de heredero —como supone una sucesión universal— no podía ser
hecha respecto de una cosa determinada. En efecto, el heredero lo es de toda la herencia
o de una parte si concurre con otros, pero instituirlo ex re certa (respecto de una cosa
determinada) repugnaría al derecho. Sin embargo, como aplicación de un principio de
validez del testamento —favor testamenti—, se lo tendrá por válido como si la cláusula
"por cosa determinada" no se hubiera escrito.
• Esta interpretación arranca de Sabino. Pero en la época clásica se determinará que cuando se produzca
la división de la herencia, el arbiter (arbitro) en la aclio famitiae erciscundae • tratará de adjudicar
las cosas según la voluntad del testador, compensando los sobrantes en dinero y repai tiendo
proporeionalmente las deudas.
• Probablemente, la institución ex re certa haya tenido en su origen algo que ver con la adjudicación del
predio, en tanto éste era un elemento fundamental para un pueblo de mentalidad agiícola como el
romano.
• En la época de Justiniano, a estos herederos se los llama adjudicatarios de un prelegado o que están en
la situación de legatarios (loco lega-tariorum), de tal modo que no se les permite reclamar más que la
cosa atribuida por el testador.
(A) Se llama testamentum inhtstum o non iure factura (no hecho de acuerdo a derecho)
aquel al que le faltan requisitos de forma, verbigracia, los testigos— o de fondo —
verbigracia, la testamenti factio del testador o del heredero—. En estos casos el
testamento es nulo desde el inicio.
(B) Un testamento válido en cuanto a sus formas y requisitos de capacidad puede ser,
sin embargo, inutile cuando el testador ha cometido la preterición de un heres suus.
(C) Siendo inicialmente válido, se puede volver con posterioridad irrituik (anulado)
en el supuesto de que el testador haya caído en una capitis deminutio —aunque fuere
mínima— y sin perjuicio de lo establecido a propósito del ius postlimi-nii * y de la fictio
legis Corneliae.
(D) También se puede volver ruptum (quebrado) para el supuesto de que con
posterioridad naciera un heres suus —varón—, por cuanto quedaría preterido.
II. A su vez, un testamento puede ser revocado. Se entiende por revocación la invalidez
de un testamento por una declaración contraria del testador.
(A) En el primitivo derecho —dada la rigidez de las formas para hacerlo—, la idea de
revocación resulta extraña al Derecho Romano. Pero luego —a medida que se va
aceptando sobre todo la forma del testamento pretoriano— se va a entender que todo
testamento puede ser revocado por el otorgamiento de uno nuevo.
• La facción de un testamento nuevo revoca al anterior, aunque el nuevo se torne desertum por no
aceptar los herederos en él instituidos la herencia.
Este conflicto tendrá, a través del tiempo, planteos distintos. En efecto, por un lado se
tratará de garantizar a los herederos legítimos contra ciertas deficiencias formales
habidas en el testamento. Se trata acá de la sucesión necesaria formal. En cambio, a
partir de un muy interesante desarrollo, se irá admitiendo que, no obstante no haber
deficiencias formales, aquellos herederos legítimos pueden, sin embargo, reclamar
contra el testamento que los excluyó. Se tiene, entonces, la sucesión necesaria material.
En el viejo rus civile, el testador tenía un deber respecto de los filiifamilias, puesto que,
si bien era libre ya de instituirles herederos, ya de desheredarlos, lo que no podía hacer
era preterirlos, es decir, silenciarlos no nombrándolos en el testamento,
• La exheredatio debía hacerse al comienzo del mismo testamento empleando las palabus utuales,
aunque de significado contraiio a las que habíamos visto en la "institución de heredero". Así, por ejemplo:
"Tirios filíns meus exheres esto" ("Que Ticio, hijo mío, sea desheredado").
• A fines de la República se acostumbrará a que los hijos sean desheredados en forma nominativa
(nominaiim), es decir, nombrándolos por su nombre propio. En cambio, las hijas y otros descendientes
podían ser desheredados en bloque —Ínter ecteros—. Verbigracia: "Que mi hijo Ticio sea heredero y que
Jos restantes sean desheredados".
• En virtud de la regla mencionada, si luego de hecho un testamento nacía un filius del testador, se volvía
niptum, por lo que perdía validez. Para poder prevenirse respecto de los herederos postumos —nacidos
después de la muerte del testador— se admitió la exheredatio de éstos.
I. El efecto de la preterición de un heres suus era el de arrastrar la nulidad del
testamento. Sin embargo, por una interpretación posterior debida al tribunal de los
centünviros se admitió que este efecto sería sólo si el preterido fuera un filius. En
cambio, si se trataba de la hija o del nieto, se interpretaba que a la persona omitida se la
tuviera "como por inscripta" (quasi scripta), participando de una parte igual a la de los
otros herederos, si éstos eran heredes sui; y con la mitad de la herencia, si se trataba de
"herederos extraños".
II. El pretor continuará con las normas ya señaladas, poniéndolas en coordinación con la
bonorum possessio.
(A) Todos los hijos varones debían ser instituidos o desheredados en forma nominativa.
Pero con que se presentase un solo caso de preterido, el testamento se convertía en nulo,
por lo que correspondía abrir la herencia ab intestato, concediéndoles a todos los
interesados y llamados en la clase unde liben la bonorum possessio.
(A) Tenía la facultad de ser ejercitada por los hijos del testador que se hubieran podido
presentar a la herencia ab intestato —tanto civil como pretoriana— y alcanzaba también
a los ascendientes y a los hermanos.
• Por una constitución de Constantino se excluyó a los hermanos uterinos —es decir, los nacidos de una
misma madre aunque de distintos padres—, pero admitiéndosela para los hermanos consanguíneos —
del mismo padre y de distinta madre— y para los germanos —del mismo padre y de la misma madre—,
pero siempre que el heredero testamentario fuese una persona indigna (turpis persona).
(B) Sólo podía ser intentada en el plazo de cinco años y no se transmitía a los
herederos del legitimado.
• Por una constitución del año 258 d. C. se estableció que respecto de los minores esta prescripción de
cinco años sólo comenzaba a ser computada a partir de que tuvieran 25 años.
En un principio, los jueces apreciaban de manera muy libre cuándo debía progresar la
querela, pero luego se fue admitiendo —por influencia de la ¡ex Falcidia— que para
poder progresar era necesario que el heredero quejoso hubiera recibido menos de un
cuarto de la porción debida según el régimen
legítimo ab intesiato.
II. Se planteaba acá una evidente inconsecuencia, ya que si el testador hubiera dejado al
heredero esa cuarta parte de la herencia, éste no tendría más derecho a pedir la qiierela
inofficiosi testamenti; en cambio, si le dejaba menos de esa parte "legítima", entonces,
por la querela, obtenía la caída del testamento y con la exclusión del heredero
testamentario podía, eventualmente —de no existir otros herederos— quedarse con
la totalidad de la herencia.
III. Justiniano dará por medio de tres constituciones —una del año 528, y luego las
novelas 18 y 115— formas definitivas a esta evolución de la querela inofficiosi
testamenti, aceptando las diversas modificaciones producidas. El régimen quedaría
establecido del siguiente modo. --
(A) Aumenta la portio legitima de un cuarto hasta un tercio cuando los herederos
intestados no pasan de cuatro, y hasta un medio cuando son más de dicho, número.
• Esto daba lugar a una incongruencia. Si había cuatro herederos, cada uno de ellos tenía como legítima
una dozava parte; en cambio, si eran cinco, cada uno de ellos tenía un décimo.
(C) Se establecen de manera taxativa cuáles son las eausas posibles de desheredación
que debe invocar el testador respecto de los herederos con derecho a la portio legitima.
• Estas causas —capítulos III y IV de la novela 115— figuran especificadas con mucho detalle. En
el capítulo III, que contiene catorce en total, se señalan las que pueden invocar los ascendientes
respecto de los descendientes. Por ejemplo, el haber atentado contra la vida, o el honor o el haber puesto
las manos en los ascendientes; el haber vivido como malhechor entre malhechores o haber vivido
con atletas del circo o mimos del teatro a menos que los ascendientes fueran de ese oficio; el no haber
prestado auxilio al ascendiente incapacitado (furiosus) o el no haberse dispuesto a rescatarlo de haber
estado cautivo del enemigo; si fuere el ascendiente de la religión católica y los descendientes no
abrazaran esa religión, etcétera.
• A su vez, en el capítulo IV se mencionan ocho situaciones como causales de desheredación de
ascendientes, siendo las principales el haber atentado contra la vida o abandonado al descendiente; o
haber atentado contra su honor teniendo comercio camal con la mujer o concubina del descendiente; o
haber incurrido en las mismas causales de falta de auxilio en caso de incapacidad o cautiverio, y también,
siendo católico, el observar que sus ascendientes no profesan esa religión.
(D) Se mantienen en esta época las dos variantes admitidas desde el derecho posclásico,
que eran la llamada querela inofficiosae d,onationis —admitida por primera vez por
Alejandro Severo—, por la cual se podían anular las donaciones excesivas efectuadas
por el testador ínter vivos que perjudicaran la pars legitima, de tal modo que lo donado
regresara a la herencia, y la querela inofficiosi dotis —el antecedente es del emperador
Zerión—, por medio de la cual se anula la dote excesiva cuya constitución hubiese
agotado el patrimonio y por ello perjudicado la pars legitima.
LOS LEGADOS
• Se trata de una cláusula accesoria de un testamento, de tal modo que su validez dependerá de la
suerte de la institución de heredero y, en general, del mismo testamento.
CLASES
(B) Legado per damnationem. Se trata de una forma de legado de condena (danuiatio)
por medio de la cual se obliga al heredero que aceptó la herencia .a realizar una
prestación en favor del legatario. Se la determinaba de este modo: "Que mi heredero sea
constreñidos dar mi esclavo Sticho a Ticio".
• Representa el legado más amplio, ya que las cosas pueden ser del testador, del propio heredero
o, incluso, de un tercero. Acá el heredero queda obligado a adquirirla del tercero; y si esto no es posible, a
pagar el valor de ella.
• Pero también puede adoptar otras modalidades. Así, el legalum no-minis, por medio del cual se
deberá permitir que el legatario ejercite las acciones para cobrar un crédito; el legatum liberationis, con
el cual el legatario queda liberado de una obligación que debía al causante; el legalum Jelnti, con el que
se ordena al heredero que pague al legatario una deudj del causante con alguna ventaja —por ejemplo,
teniendo por cumplido un plazo—, ya que, de lo contrario, no sería legado, puesto que se reduciría
indudablemente, a una obligación debida; el legalum partitionis, que otorga al legatario la facultad de
repartirse con el heredero una cierta proporción de la herencia.
• Las cosas legadas pueden ser especificadas concretamente —legatum speciei— o ser genéricas —
legatum generis—, como lo son el vino, el trigo, etcétera. Pueden igualmente consistir en cosas
futuras, constitución de una doto, prestaciones periódicas, alimentos, y otros.
• El legatario no adquiere directamente las prestaciones, sino por intermedio del heredero; y si éste
no cumple, lo debe demandar como deudor en' virtud de la actio ex testamento.
(C) Legado sinendi modo. Se trata de una forma de legado de permisión por medio
de la cual el heredero deberá permitir que el legatario se apropie de una cosa del
patrimonio del testador o del suyo propio. Se realizaba así: "Que mi heredero tenga que
tolerar que Ticio tome y adquiera para sí a mi esclavo Sticho".
• Como consistía en un permitir (sinere), se entendió en un comienzo que el legatario podía aprehender
directamente la cosa y ejecutar directamente al heredero mediante la manus iniectio. Posteriormente se
aceptó, que el heredero era un deudor del legado y se le concedió al legatario la actio incerta ex
testamento.
• Se diferencia del per damnationem, ya que acá sólo se pueden legar cosas del testador o del heredero.
(D) Legado per praeceptionem. Praecipere significa tomar algo con anticipación. Los
sabinianos —recogiendo el pensamiento antiguo— entendían que este legado se podía
dejar sólo a un heredero, quien, por medio de la acíio familiae erois-cundae, podía, en
el momento de la partición, conseguir con anticipación a los demás la cosa legada.
En cambio, los proculeyanos entendían que por este legado se podía favorecer a un
tercero: por ello decían que la partícula prae —con idea de anticipación—- estaba
demás y sólo debía decirse "capito" ("que tome"). Lo trataban, en consecuencia, como
un legado per vindicationem.
Finalmente, Justiniano establecerá que todos los legados debían tener una sola
naturaleza {imam naturam), pudiéndose derivar de ellos ya una actio in rem —supuesto
de legarse una cosa del testador o del heredero— o una actio in personam —supuesto
de prestaciones obligacionales a cumplirse en favor del legatario—.
• No debemos olvidar, por otra parte, que la naturaleza del vínculo obligacional que tienen los legados es
considerada por Justiniano como un quasi ex contracto.
• Además, esta lenta pérdida de la formalidad de los legados los irá acercando a los fideicomisos,
con los cuales finalmente se igualarán.
(A) Para los legados puros y simples ese momento quedaba determinado en la muerte
del testador. A partir de ese momento nacía una expectativa concreta —dependiente de
la aceptación del heredero, si éste era un extraneus—. Ese derecho de expectativa era
transmisible a los eventuales herederos del legatario, quienes dé este modo no se
perjudicaban. Cuando luego ocurría la aceptación del heredero el legatario o sus
herederos podían reclamar efectivamente el-legado. Este nuevo momento es llamado
dies veniens, el día en que efectivamente se puede materializar el legado.
• La lex Papia Poppaea —época de Augusto— determinó el momento del dies cedens en la apertura del
testamento; Justiniano lo retrotrajo al' momento de la muerte del testador.
• El legado concedido a un esclavo manumitido no es anticipado en el dies cedens, ya que de
computarse en el momento de la muerte del testador, el legado iría a parar al instituido heredero por el
principio de que todo lo que adquiriese el esclavo era para su dueño. En efecto, hay que tener en cuenta
que el esclavo no será libre hasta la aceptación de la herencia. En consecuencia, para no
perjudicarlo, se estableció que el dies cedens coincidiera con la hereditatis aditio.
(B) Si se trata de un legado a plazo cierto, el dies cedens ocurrirá igualmente el día de
la muerte del testador, pero deberá de todos, modos transcurrir el lapso establecido para
que aconteciese el dies veniens.
(C) En cambio, si el legado está sujeto a un plazo incierto o a una condición, el dies
cedens no ocurre sino después de que éstos se hayan cumplido.
• La asimilación de los legados a plazo cierto con los puros y simples era corréela por cuanto podía
establecerse que en ambos el testador había querido otorgar en firme los legados, no ocurría lo mismo en
los condicionales o. de plazo incierto.
Ineficacia y revocación de los legados. — Un legado podía ser ineficaz por invalidez
del testamento donde estuviese incorporado o por causas propias del legado, como fuese
por incumplimiento de las formas, falta de capacidad para transmitirlo, vicio de la
voluntad o por tsu contenido ilícito.
Se aplicaba acá la denominada regla Catoniana, según la cual, si el legado era nulo en
el momento de hacer testamento, no podía hacérselo valer posteriormente. Esto
significa que el momento para la consideración de la nulidad es el de la celebración del
testamento; y si hubiera una causa de nulidad, ésta no podría ser convalidada
posteriormente.
• Un legado que en principio es válido, puede resultar inválido por un hecho posterior. Así, por ejemplo,
cuando el legatario fallece antes del dies cedens, o la cosa legada se extingue o se vuelve extra-
commercium.
Finalmente, un legado puede ser revocado por propia decisión del testador mediante una
fórmula contraria, como en el caso: "No doy, no lego a Ticio" —legado per
vindicationem—; o: "Que no le sea dado por mi heredero a Ticio" —legado per
damnationem.
En el viejo derecho era lícito para el testador otorgar en forma ilimitada los legados. Así
lo permitía la ley de las XII tablas, que establecía que "Uti legassit suae rei, ita ius esto"
("Todo aquello que dispusiera por legado de sus cosas, que eso sea derecho"). Esto
comenzó a traer problemas, por cuanto la herencia, cuando era muy gravosa por la gran
cantidad de legados, los herederos se abstenían de la misma, por lo que al no ser
aceptada caía el testamento y se tenía que abrir la herencia ab intestato, perdiéndose los
legados.
I. Para solucionar este inconveniente se dictó la lex Furia (posiblemente hacia el siglo II
a.C), según la cual —salvo parientes próximos, cognados hasta el sexto grado— los
legatarios no podían adquirir como tales más de mil ases.
• Esla ley resultó vana, ya que bastaba que el testador repartiera su patrimonio —por ejemplo, de 5.000
ases— en cinco legados, para dilapidar la herencia j no dejar n.irla al heredero.
II. Se sancionó luego la lex Voconia (año 169 a.C), según la cual, ya fuera por legado,
ya por causa de muerte, nadie podía adquirir más de lo que adquirían los herederos.
• Pero también esta ley era fácilmente burlada, ya que el testador podía distribuir su patrimonio en
muchos legados a distintas personas, iguales o inferiores a lo que le quedaba al heredero, quien dejaba de
tener interés en la aceptación de la herencia.
III. Se aprobó entonces la lex FalcicVa (año 40 a.C), por la cual le era lícito al testador
legar las tres cuartas partes de la herencia siempre que reservara al heredero una cuarta
parte (quarta Faloidia).
• El cómputo debe hacerse deduciendo del activo calculado en el momento de la mueite todas las
deudas, los gastos funerarios y el valor de los esclavos manumitidos; de este modo se establece el
patrimonio neto sobre el cual se debe computar el monto de los legados; si éstos son inferiores a las tres
cuartas partes, no hay problemas y todos los legatarios cobran la totalidad de sus respectivos legados.
Si por el contrario, son mayores en cuantía a las tres cuartas partes del patrimonio neto, entonces el
heredero reserva para sí una cuarta parte, debiéndose repartir el resto —a prorrata— entre los
legatarios.
• De haber varios herederos, cada uno debía computar individualmente su cuarta parte —pudiendo
resultar que uno estuviera por las disposiciones del testamento más gravado de legados que otro—, pero
de tal modo que cada cuota hereditaria quedara libre de legados en una cuarta parte de su cuantía.
• La ¡ex Falcidia no se aplica a los ttat. .-^iitos militares, ni a los legados piadosos; tampoco a los
legados de dote —por considerarse que la mujer recibe la cosa suya— ni a los legados de manumisión de
un esclavo.
LOS FIDEICOMISOS
• En todo fideicomiso tenemos tres personas: el fideicomitente —el que encarga el fideicomiso—, el
fiduciario —el que se compromete a realizarlo— y el ficleit omisnno —el finalmente beneficiado.
• Mientras que el legado es foimal y debe ser hecho con palabras imperativas, el fideicomiso es mfonnal,
hecho con lenguaje oblicuo y en forma rogativa; "Te pido, te niego, quiero que, confio en tu buena fe",
etcétera.
Los fideicomisos pueden ser a título universal, en cuyo caso nos encontramos frente al
fideicomiso de herencia o a título particular, en cuyo caso se da el supuesto de
fideicomiso singular.
• El fideicomiso universal tiende a parecerse a la herencia, mientras que el fideicomiso singular
tiende a parecerse al legado.
DESARROLLO HISTÓRICO
I. Durante una primera etapa el fideicomiso sirvió para superar el formulismo exigido
para los legados y también ciertos inconvenientes para hacer testamento. Así, cuando
no existía la testamenti factio passiva o cuando por las circunstancias no había
posibilidad práctica de testar de acuerdo con las formas.
Se acostumbraba, entonces, encomendar la última voluntad a otra persona en una
relación basada en la fides; pero la obligación del cumplimiento del negocio era
meramente moral.
II. Luego, "a causa de la insigne perfidia de ciertas personas", como dice Justiniano en
relación con los que no cumplían lo encargado, Augusto admitió la coercibilidad de
algunos fideicomisos, substanciándose las causas de los quejosos ante el cónsul —
extraordinaria cognitio—. Luego, en la época de Claudio, se estableció un pretor
especial para estos casos (prae-tor fideicommisarius).
III. La tercera etapa estuvo señalada por la reglamentación de los fideicomisos por
medio de los senadoconsultos Trebelliano y Pegasiano, luego analizados.
IV. Finalmente, respecto de los fideicomisos a título singular, se los fue acercando a los
legados, a medida que éstos comenzaron a perder ¡os requisitos de las formalidades y en
tanto que fueron aumentando los reeaudos y una mayor protección de los fideicomisos,
de tal modo que en la época de Justiniano, a pesar de seguir conservando las
denominaciones de legatum y fideicomfnissum, ambos institutos quedaron equiparados.
Por medio del fideicomiso se podía otorgar, finalmente, la herencia a una persona
distinta del heredero — en ios casos en que , por ejemplo, el beneficiario carecía de
capacidad (testa" menti factio passiva) para recibirla por testamento.
• Era necesario que el fideicomitente hiciera un testamento instituyendo un heredero —heres
fiduciarius—, quien no recibiría la herencia, puesto que una vez percibida se le encargaba la
transmitiera a otro denominado jideicommisarius.
• La foima que revestía este procedimiento era la siguiente: "Ticio, sé heredero"; a lo cual se
agregaba: "Te ruego, Ticio, y te pido, que tan pronto como aceptes mi herencia se la devuelvas y
restituyas a Gayo Seyo".
• La transmisión de la herencia por parte del her'-dero fiduciario al fideicomisario presentaba ciertas
complicaciones. Se hacía por medio de una mancipatio simbólica —nummo uno—, por la que se
transmitía el patrimonio. Pero restaba el problema de las acciones en favor —por los créditos—
y en contra —por las deudas— de la herencia, para lo cual se agregaban las slipulaliones usuales en la
compraventa de una herencia.
• Por medio de ellas, el heredero fiduciario se hacía prometer que por cualquier acción que se le
dirigiera por una deuda de la herencia, sería defendido y desinteresado por el fideicomisario. A su vez,
éste se hacía prometer que por las acciones por créditos de la herencia, podría actuar —a título de
cognitor o de procurator—, quedándose con el provecho obtenido.
• En cambio, si se trataba del fideicomiso de una parte de la herencia o de un fideicomiso particular, las
stipulationes empleadas eran las denominadas partís et pro parte, ya que aquel heredero fiduciario se lo
asimilaba al legatarius partiarius (legatario parciario).
• Las partes se daban mutuamente cautiones (garantías) acerca del cumplimiento de estas stipulationes.
• Sin embargo, esta forma de transmisión —al margen de las complicaciones que originaba— podía ser
peligrosa en caso de insolvencia por parte del heredero fiduciario.
II. Pero sucedió acá un problema semejante al ocurrido en materia de legados. Aquellos
que debían transmitir la herencia —herederos fiduciarios— abandonando el criterio
tradicional de la fides respecto del testador, y considerando que nada recibían,
rehusaban aceptar la herencia, por lo que los fideicomisos caían incumplidos.
Se estableció, en consecuencia, por medio de un senadoconsulto Pegasiano (entre el 69
y el 79 d.C), que el heredero que aceptara la herencia podía retener hasta una cuarta
parte —a semejanza de lo dispuesto por la lex Fdlcidia—, con lo que se aseguraba un
margen de interés para el heres fiduciarius. Esta porción será denominada quarta
Pegasiana.
• El sistema determinado por el senadoconsulto Pegasiano era un tanto complicado, por cuanto en parte
parecía volver al sistema anterior del senadoconsulto Trebelliano. Brevemente, las situaciones que se
presentaban eran las siguientes.
(A) Si el fideicomiso era parcial —es decir, que no llegaba a las tres cuartas partes de la
herencia—, se aplicaba directamente el senadoconsulto Trebelliano.
(B) Si el fideicomiso era total o por una parte mayor a las tres cuartas partes de la herencia, se
aplicaba el senadoconsulto Pegasiano. Si el heredero fiduciario se reservaba la cuarta parte, debía
concertar con el otro stipulationes —como ocurría en la época anterior—, pero por tener el
fideicomisario sólo las tres cuartas partes eran las stipulationes del tipo partís et pro parte- —en la parte
y por la parte— ya que era asimilado al legatario parciario (legatarius partiarius).
Si en cambio no reclamaba la cuarta parte, entonces había que celebrar las stipulationes por el todo, como
un sucesor universal. (C) El heredero fiduciario que se negase a aceptar la herencia —después del
senadoconsulto Pegasiano— podía ser obligado por el pretor a recibirla.
I. La donación mortis causa era realizada cuando una persona temía un mal grave,
como enfermedades, guerras, saqueos. El beneficiado se comprometía, por un acto de
fiducia, a devolver la cosa si el donante se salvaba de dichos peligros, o si el
beneficiario lo sobrevivía,
II. Más tarde, a comienzos del Imperio, podía adoptar esta otra forma: el donante
realizaba el acto de la donación, pero sujetándolo a la condición suspensiva de su
muerte. Si ésta acontecía, entonces el donatario podía hacer efectiva la donación.
III. Estas donaciones mortis causa, si bien son extrañas a la herencia propiamente
dicha, importan al heredero, por cuanto merman los bienes por recibir. (Poco a poco
fueron asimiladas al régimen de los legados.
• En primer término, fueron las leyes Furia y Voconia —limitativas de los legados— las que
incluían en su régimen estas donaciones; lo mismo ocurrirá luego con las leyes caducadas de Augusto
y la lex Falcidia.
• Justiniano completará la equiparación con los legados. A diferencia de otras donaciones, no le
exigirá la insinuíiiio —fuese oral o escrita-ante el escribano, bastando la presencia de cinco testigos,
como sucedía en los codicilos.
SUCESIÓN AB INTESTATO
Tiene lugar siempre que por el de cuius no haya sido hecho testamento válido, o haya
resultado nulo (ruptum vel irritum), o no haya sido aceptado por los herederos
instituidos, (destitutum, desertum).
• Este carácter prevaleciente de la sucesión testamentaria no parece haber existido en los tiempos
arcaicos. Según modernas interpretaciones que se han visto a propósito del tatamentum calatis comitiis,
éste (A) se refería a la jefatura del guipo y no a una asignación individualista del patrimonio —que
seguía siendo familiar—, o (B) tenía lugar como adopción de un exlraño, sólo cuando no había un suus
varón.
• En ambas hipótesis resulta que los sui —es decir, los que estaban bajo el inmediato poder del
pater— lo sucedían automáticamente en la patrimonialidad de la familia, fuere que permanecieran
unidos bajo el poder del heres nombrado testamentariamente (A) de entre ellos o (B) de afuera, fuere
que permanecieran —no habiendo designación testamentaria— unidos en censortium ° ercto non cito.
• De todos modos, cualquiera sea la interpretación, tradicional o moderna, es sintomático que en la
ley de las XII tablas la palabra heres se refiere o al instituido por mi testamento, o exclusivamente a
los sui. De los otros llamados a suceder, lu ley dice "que tengan para si (hobento) el patrimonio". Es que
en la concepción antigua romana, si bien el pater es el único titular de derechos, el patrimonio es
familiar y, por lo tanto, los sui son algo así como copropietarios —no en el ejercicio actual, pero sí en
expectativa y en el goce actual—, tal como queda patente a la muerte del pater con la constitución del
consortium, que no sería sino la continuación de la precedente comunión doméstica. Paulo, siete u ocho
siglos más tarde, todavía fe hace eco de aquella concepción cuando, tratando de la sucesión ah intestato
de los sui, dice que pareciera no haber, en realidad, herencia ("nulla videatur hereditas"), toda vez que los
sui debían ser considerados "vivo quoque pa-rt.ite quodammodo domini ("en cierto sentido, como
dueños, aun en vida del padre").
Entre todas las instituciones del Derecho Romano, la sucesión ab intestato es la que ha
sufrido mayor transformación, pasando de un sistema arcaico con base en la agnación
—de acuerdo con la concepción de grandes grupos parentales de estructura y
funcionamiento político y de economía cerrada de autoabastecimiento— a otro —que
ha llegado a las legislaciones modernas— con base en la cognación, es decir, en el
parentesco de la sangre y de la consecuente real convivencia en grupos familiares más
chicos, organizados de acuerdo con la institución matrimonial y con la igualdad del
hombre y la mujer.
La evolución de la sucesión ab intestato será analizada en etapas: la de la ley de las XII
tablas; la del ius civile basado en la interpretación de aquélla; la del sistema de las
bonorum possessiones; la de los senadoconsultos; la de las constituciones imperiales y
la de las novelas 118 y 127 de Justiniano.
Existe en ellas un texto que la alude directamente: "Si intestato moritur, cui suus heres
nec escit, adgiiatus proximus familia/m habeto. Si adgnatus nec escit, gentiles familiam
habento".
I. Hay tres clases de sucesores: (A) los heredes sui; (B) los agnados y (C) los gentiles.
(A) Heredes sui. — Eran quienes estaban bajo la inmediata patria potestad o manus del
de cuius y que inclusive alcanzaba a los postumos que estuviesen en dicha condición: 1)
sin distinción de sexo y con la condición de iustae nuptiae, loa hijos y los nietos cuyo
padre —hijo del de cuius— hubiera premuerto o sido emancipado; 2) los adrogados o
adoptados como hijos y sus descendientes, en el caso de premuerte; 3) su mujer
considerada loco filiae (en la condición de hija) y las nueras casadas con hijos
premuertos si para una y otras había tenido lugar la conventio in manum.
Todos los sui, pues, sucedían, aun en desigual grado de parentesco, siempre que
hubieran estado al momento de la muerte bajo el inmediato poder del de cuius. La
proporción en la que sucedían los hijos era per capita (por cabeza); los descendientes de
ellos sucedían per stirpes (por rama).
• Los sui heredes sucedían automáticamente; no necesitaban aceptar, ni podían repudiar la herencia. La
ley de las XII tablas ni siquiera los llamaban a la sucesión, sino que, en la interpretación tradicional,
presuponían su ausencia para llamar a la clase sucesiva, la de los agnados. Es que como ya se ha visto,
que la calidad de sucesores era, en los sui, innata, en razón de la comunión familiar. A los otros agnados
se les podía quitar toda e\pcctatna con simplemente testar, pero a los sui se debía expresamente
desherederarlos, y si eran preteridos, se invalidaba el testamento.
II. Este sistema de la sucesión ab intestato, llamado legítimo en razón de la ley de las
XII tablas, era, como se ha visto, un ius stríctum en cuanto que reconocía únicamente la
agnación —estructuradora de la gran familia patriarcal—, y excluía de la herencia a los
hijos emancipados; a los agnados que hubieran experimentado una capitis deminutio; al
marido; a la mujer, si no estaba in manu; a todos los parientes por vía femenina, al
extremo de no haber sucesión recíproca entre madre e hijos, a no ser que por la
conventio in manum se hubiera establecido entre ellos vínculo agnaticio. Este régimen
habría de resultar iniquüates (cosas no equitativas) en una sociedad cada vez más
distinta de aquella gentilicia sobre cuyos intereses y valoraciones dicho régimen se
había estructurado. El pretor remedió esas iniquitates concediendo la bonorutn
possessio a personas con vínculos cognaticios.
Los llamados a solicitar la bonorum possessio debían hacerlo en el plazo de cien días,
con excepción de los hijos, que tenían un año para reclamarla.
(A) Liberi. — (Los libres [sometidos al inmediato poder del pater; designados así por
contraposición a los esclavos]). Eran los descendientes sobre la base de generación y
matrimonio, aunque no hubieran estado sometidos al pater en el momento de su deceso.
La categoría comprendía a los sui del ius civile —incluidos, por cierto, los adoptados y
las mujeres in manu— y a los descendientes emancipados, que, por tanto, no tenían ya
con el de cuius vínculo agnaticio, pero sí, un innato y definitivo vínculo de cognación.
• El hijo adoptivo emancipado no puede reclamar la bonorum possesiio, pues ya no es agnado y nunca
fue cognado. Podía, sí, reclamar como cognado la bonorum possessio del patrimonio de su pater original,
es decir, de quien lo engendró en iustae nuptiae.
(C) Cognati. — Son los unidos al de cuius por vínculos de cognación, es decir, sobre
la base de generaciones legítimas —concebidas en iustae nuptiae— por parte de
varones o mujeres, y aun con base en generación ilegítima por parte de mujer. A la
cognación se le reconocía relevancia sólo hasta un sexto grado de parentesco y hasta un
séptimo si se trataba de los nacidos o nacidas de un sobrino o sobrina (sobrino
sobrinave nati et natae). Podían, pues, entre otros, reclamar la bonorum possessio como
cognados: el padre y los hermanos de un de cuius emancipado, la madre y abuelos
maternos de hijos legítimos o ilegítimos, los postumos cognados, las mujeres excluidas
por extensión de la lex Voconia, y todos los agnados —siempre hasta los grados sexto y
séptimo—, aun los adoptados, pues la jurisprudencia y el pretor extendieron hasta la
adopción la causal de cognación.
El llamado se hacía al cognado de grado más próximo y con exclusión de los otros,
confo en la categoría de los legitimi, pero con la importantísima diferencia de que el
pretor admitía la sucesión en grado (successio gradu&im), es decir, que si no se
presentaban cognados de un primer grado, la bonorum possessio quedaba a disposición
de los del grado consecuente, y así sucesivamente. Si había varios cognados de un
mismo grado, la bonorum possessio era otorgada per capita, es decir, por partes iguales.
(D) Vir et uxor. — Con este último llamado el pretor estableció un recíproco derecho
de sucesión entre marido y mujer, sobre la base de las iustae nuptiae, pero
independientemente de la convetitio in manum.
Por el senadoconsulto Orficiano (178 d. C.) se atribuyó a los hijos legítimos o ilegítimos
(iusti aut vulgo concepti) la herencia civil de la madre, con preferencia a los
consanguíneos y a los agnados de la de cuius.
Hay un régimen distinto porque distintos son los status y circunstancias: el liberto sólo
al alcanzar la libertad podía comenzar a tener vínculos de parentesco, no tenía gens ni
agnados que no fueran sus descendientes in patria potestate —posteriores, por cierto, a
su manumisión—; además, su vínculo con el patrono suponía derechos sucesorios de
éste y sus parientes. La evolución de la sucesión ab intestato —que en el caso del
ingenuo se caracterizó por la paulatina relevancia de los vínculos cognaticios y su
carácter prevaleciente final—, en el caso del liberto tendió a dar preferente colocación a
los parientes por sangre de éste, en correlativa contraposición con el pa~ tronus y sus
parientes agnaticios y cognaticios.
Pero, aun en la etapa final, la justinianea, no desaparece el derecho del patrono, que
prevalece todavía sobre los colaterales y el cónyuge supérstite del liberto.
II. El orden elaborado por el pretor para el otorgamiento de las bonorum possessiones
dio, por cierto, cabida a los vínculos cognaticios del liberto.
1) Liberi: descendientes del liberto. Si sólo hay hijos adoptivos o mujer in manu,
concurren por mitades con el patronus sus hijos varones.
2) Legüimi: de acuerdo con la ley de las XII tablas son •—aparte de los sui ya
figurantes en el primer llamado— el patronus, sus sui, sus agnados colaterales y sus
gentiles.
3) Cognati: parientes por sangre del de cuius.
4) Familia patroni: los miembros de la familia civil del patrono y éste, cuando por una
capitis deminutio mínima no hubieran entrado en la categoría de los legüimi.
5) Patronus y patraña del patronus o patrono, —si éstos eran, a su vez, libertos—, y
sus liberi y ascendientes.
6) Vir et uxor: el cónyuge del liberto o liberta de cuius.
7) Cognati manumissoris: los parientes cognados del patronus o patrona.