OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE
Magistrado ponente
STC2066-2021
Radicación nº 05001-22-03-000-2020-00402-01
(Aprobado en sesión de veinticuatro de febrero dos mil veintiuno)
Bogotá, D.C., tres (3) de marzo de dos mil veintiuno
(2021).
Se resuelve la impugnación que formuló Fernando León
Pulgarín Saldarriaga frente a la sentencia de 30 de noviembre
de 2020, proferida por la Sala Civil del Tribunal Superior del
Distrito Judicial de Medellín, en la acción de tutela que el
recurrente instauró contra los Juzgados Once Civil Municipal y
Doce Civil del Circuito de la misma ciudad; extensiva a los
intervinientes en el litigio con radicado n° 2019-00574.
ANTECEDENTES
1. El libelista pidió «se dejen sin efecto» los proveídos
emitidos por el Juzgado Once Civil Municipal de Medellín, el 21
de enero y 28 de febrero de 2020, así como por el Juzgado
Doce Civil del Circuito de Medellín, el 9 de noviembre del
mismo año, y se ordene tener «como prueba el dictamen
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pericial aportado con la demanda (…)» a fin de acreditar la
pérdida de capacidad laboral.
Adujo que, en el proceso de responsabilidad civil
extracontractual que promovió contra Prosegur S.A. y otros
(rad. nº 2019-00574), el estrado municipal decidió no
incorporar dicho peritaje, por considerar que el menoscabo de
su aptitud solo podía certificarse por las entidades autorizadas
en el artículo 4º de la Ley 583 de 2018, así como porque el
«formato» allegado no cumplía con algunas de las exigencias
del artículo 226 del Código General del Proceso.
Contó que esa determinación fue confirmada por el
juzgado del circuito, tras estimar que en la experticia no se
explicó «qué exámenes o métodos había utilizado» el perito
para arribar la conclusión propuesta, y tampoco se aportó con
ella «los documentos que certificaran (…) [la] experiencia
laboral» de este.
Afirmó que el mencionado medio de convicción debía
ser parte del acervo probatorio, en la medida en que satisface
los requerimientos previstos en la ley.
2. Los funcionarios criticados se defendieron. La
Compañía Transportadora de Valores Prosegur de Colombia
S.A. y Alcides Villada Serna afirmaron que los autos se
dictaron de acuerdo a la normatividad procesal civil. Y
Seguros Generales Suramericana S.A. reclamó su
desvinculación por falta de legitimación en la causa.
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3. El Tribunal desestimó el amparo por «sustracción de
materia por carencia actual de objeto», puesto que en el
trámite verbal se emitió fallo que «negó las pretensiones por
la no acreditación del nexo causal».
4. Recurrió el quejoso. Resaltó que no «puede hablarse de
una carencia actual de objeto», ya que esa sentencia no se
encuentra en firme por haber sido apelada.
CONSIDERACIONES
1. En el nuevo proceso civil colombiano, en el que las
partes acuden a confirmar, y no averiguar, sus aseveraciones,
el derecho a probar se lleva a efecto conforme a los
parámetros que reflejan los principios de libertad y de
apreciación probatoria. Ello significa, de un lado, que a modo
de regla general cualquiera de los medios de convicción
enlistados en el artículo 165 del estatuto procesal, entre
otros, sirven para ese fin, salvo que la ley diga lo contrario. Y
que allegado al proceso el elemento suasorio, este debe ser
apreciado de manera crítica, razonada, individual y en
conjunto por el sentenciador.
Ciertamente, ese artículo después de nombrar los nueve
(9) medios de prueba tipificados en el ordenamiento civil
añade que los litigantes pueden valerse de «cualesquiera
otros medios que sean útiles para la formación del
convencimiento del juez», de suerte que, en principio, las
partes tienen libertad para acreditar los hechos debatidos a
través de los diferentes canales que lleven convencimiento al
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juzgador acerca de las situaciones fácticas en disputa. Por
esto, el administrador de justicia no puede rehusarse a recibir
la información probatoria que los extremos procesales
suministren dentro de las oportunidades previstas en el
ordenamiento, salvo cuando expresamente alguna norma se
lo permita, como quiera que lo contrario significaría violar el
derecho fundamental a la prueba.
Y es que el juez, por no ser ya «boca de la ley», al decir
de la ideología decimonónica que encarnó la tarifa legal, sino
pleno valorador racional de las pruebas, en virtud de la
concepción moderna de juzgador-pensador-razonador, debe
evaluar cada medio y exponer motivadamente la credibilidad
que le da, porque aquello era propio del régimen vetusto y
medieval de prueba tasada, en el que se limitaban los canales
de información a los expresamente consagrados en la ley y en
el que cada prueba valía según el alcance que
anticipadamente señalaba el legislador para que el juez no
estimara sino contara los medios obrantes; todo lo cual
contrasta con el esquema actual de apreciación racional en
que cada parte puede aportar sus pruebas, los medios son
todos los que traigan convicción al sentenciador, el valor que
tienen no es el indicado en la norma fría sino el que
racionalmente advierte el fallador y este está obligado a
pensar al contemplar los elementos recaudados, con las
únicas limitaciones que imponen las reglas de la sana crítica
(art. 176 C.G.P.) y el respeto por las garantías
constitucionales.
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2. En lo que puntualmente concierne al dictamen
pericial, este tiene por objeto llevar al juez información
cuando el campo del conocimiento del que se extraiga no sea
de su dominio, puesto que con él es posible obtener un
concepto fundado en el método científico, el arte o la técnica;
cuyas conclusiones incidirán en la adopción de la decisión que
dirima el conflicto planteado, según lo dispone el artículo 226
del Código General del Proceso.
En torno a la relevancia de ese medio persuasivo se ha
señalado que:
“El perito es, pues, un auxiliar técnico del juez. Sus conclusiones o
dictamen, de acuerdo con la naturaleza sui géneris de sus
funciones, y como lo tiene consagrado la doctrina jurídica
universal, constituyen datos o elementos de juicio aprovechables
por el funcionario del poder judicial en la medida que encuentre
aceptables los fundamentos en que se apoyen las conclusiones a
que lleguen, fundamentos que en todo caso deben expresarse con
precisión, exactitud y claridad (artículo 716 del C. J.)'". No obstante
estar llamados los peritos -dice Dellepiane- a suplir o completar los
conocimientos del juez; ilustrándolo sobre cuestiones de hecho
que requieren saber especial, su opinión no liga imperativamente
al magistrado, ni lo dispensa del deber crítico (...)".
“La fuerza vinculante de un experticio, en todo caso, y que obligue
al juzgador a someterse a aquél sin discriminación de ninguna
especie, no ha sido aceptada nunca por los expositores ni por
nuestra legislación. De ahí en ésta la existencia de los artículos
722 y 723 del Código Judicial, que no sólo permiten sino autorizan
el análisis y valoración de los fundamentos de un dictamen; esas
normas dan al juzgador amplitud de juicio y de criterio para fijar en
cada caso el valor de un peritazgo, sin estar forzado nunca a
admitirlo o rechazarlo mecánica o ciegamente. El texto e
interpretación del artículo 722 del Código Judicial no cohíben al
Juez para analizar y apreciar los fundamentos del dictamen
pericial, porque, como se ha dicho, ese texto no es ni puede ser de
aplicación mecánica, sino que su alcance y eficacia desprenden no
sólo del dictamen en sí mismo considerado sino de los
fundamentos de éste. El artículo 723 coloca al Juez en un plano de
apreciación muy amplia, para estudiar la fuerza probatoria del
dictamen pericial, de acuerdo con las reglas generales sobre
valoración de pruebas. En tratándose de un dictamen, en
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cualesquiera de los dos casos a que se refieren las normas que
acaban de citarse, el juzgador puede aceptarlo o no, dando las
razones para ello, sin que pueda nunca modificarlo, porque
entonces su misión sería la de perito y no la de Juez”1. (CSJ
SC5186, 18 dic 2020, rad. 2016-00204-01).
Ahora, es notorio que el tratamiento de la aportación,
decreto, práctica y valoración de trabajo pericial regulado en
el Código General del Proceso cambió frente a su antecesor
(Decreto 1400 de 1970), pues en el derogado Código de
Procedimiento Civil se había adoptado el dictamen judicial, en
el que las partes lo solicitaban en el escrito de demanda o
contestación y el juez lo decretaba para seleccionar de la lista
de auxiliares de la justicia la persona que debía rendirlo, luego
de lo cual, sucedía la contradicción mediante aclaración,
complementación u objeción, para finalmente ser valorado en
la sentencia, si era el caso.
Nada de eso sucede en los tiempos que corren. A voces
del artículo 227 de la Ley 1564 de 2012 la parte que pretenda
valerse de una experticia deberá aportarla en la respectiva
oportunidad. Esto es, el actor en su demanda (art. 82) o en el
término para solicitar las adicionales (art. 370), y el
convocado con su contestación (art. 96); o, cualquiera de
ellos, dentro del plazo especial del artículo 227.
También, dicha probanza deberá contener unas
exigencias mínimas que deben dar cuenta de tres elementos:
los fundamentos, la imparcialidad y la idoneidad de quien lo
elaboró. Así lo señala el artículo 226 del compendio, cuando
en lo pertinente indica:
1
CSJ. Civil. Sentencia de 9 de mayo de 1938 G.J. Tomo XLVI, N9 1935, páginas 421 y
siguientes, reiterada en sentencias de 7 de mayo de 1941 y 17 de agosto de 1944.
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(…) El perito deberá manifestar bajo juramento que se entiende
prestado por la firma del dictamen que su opinión es
independiente y corresponde a su real convicción profesional. El
dictamen deberá acompañarse de los documentos que le sirven de
fundamento y de aquellos que acrediten la idoneidad y la
experiencia del perito.
Todo dictamen debe ser claro, preciso, exhaustivo y detallado; en
él se explicarán los exámenes, métodos, experimentos e
investigaciones efectuadas, lo mismo que los fundamentos
técnicos, científicos o artísticos de sus conclusiones.
El dictamen suscrito por el perito deberá contener, como mínimo,
las siguientes declaraciones e informaciones:
1. La identidad de quien rinde el dictamen y de quien participó en
su elaboración.
2. La dirección, el número de teléfono, número de identificación y
los demás datos que faciliten la localización del perito.
3. La profesión, oficio, arte o actividad especial ejercida por quien
rinde el dictamen y de quien participó en su elaboración. Deberán
anexarse los documentos idóneos que lo habilitan para su
ejercicio, los títulos académicos y los documentos que certifiquen
la respectiva experiencia profesional, técnica o artística.
4. La lista de publicaciones, relacionadas con la materia del
peritaje, que el perito haya realizado en los últimos diez (10) años,
si las tuviere.
5. La lista de casos en los que haya sido designado como perito o
en los que haya participado en la elaboración de un dictamen
pericial en los últimos cuatro (4) años. Dicha lista deberá incluir el
juzgado o despacho en donde se presentó, el nombre de las
partes, de los apoderados de las partes y la materia sobre la cual
versó el dictamen.
6. Si ha sido designado en procesos anteriores o en curso por la
misma parte o por el mismo apoderado de la parte, indicando el
objeto del dictamen.
7. Si se encuentra incurso en las causales contenidas en el
artículo 50, en lo pertinente.
8. Declarar si los exámenes, métodos, experimentos e
investigaciones efectuados son diferentes respecto de los que ha
utilizado en peritajes rendidos en anteriores procesos que versen
sobre las mismas materias. En caso de que sea diferente, deberá
explicar la justificación de la variación.
9. Declarar si los exámenes, métodos, experimentos e
investigaciones efectuados son diferentes respecto de aquellos
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que utiliza en el ejercicio regular de su profesión u oficio. En caso
de que sea diferente, deberá explicar la justificación de la
variación.
10. Relacionar y adjuntar los documentos e información utilizados
para la elaboración del dictamen.
En lo que respecta a su decreto, con miramiento en el
artículo 168 ibidem, regla general y, por tanto, aplicable a
cualquier medio de prueba, el juez rechazará la que encuentre
ilícita, notoriamente impertinente, inconducente y la
manifiestamente superflua o inútil. Todo lo cual realizará con
la debida motivación.
Ya en punto de la contradicción, el litigante contra el cual
se aduzca podrá solicitar la comparecencia del perito a la
audiencia de instrucción y juzgamiento, aportar otro o realizar
ambas actuaciones, con sujeción a las reglas estipuladas en el
canon 228.
Por último, terminada esta fase y escuchados los
alegatos finales de las partes, cuando a ello haya lugar, el
fallador apreciará el dictamen en su sentencia; labor que
emprenderá de acuerdo con las reglas de la sana crítica y en
la que evaluará la solidez, claridad, exhaustividad, precisión y
calidad de sus fundamentos, la idoneidad del perito y su
comportamiento en la audiencia, así como las demás pruebas
que obren en el proceso (art. 232).
Es este el momento, entonces, en el que se deberá
examinar con rigor el trabajo pericial en todas sus
dimensiones a efectos de asignarle fuerza demostrativa.
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Dicho de otra manera, es aquí que se escudriña la
imparcialidad e idoneidad del experto, así como la
fundamentación de la investigación y sus conclusiones. No
antes.
De modo que el análisis acerca del cumplimiento o no de
los requisitos enlistados en el citado precepto 226
corresponde a una actividad propia del momento en que se
dirime la controversia, razón por la cual la ausencia de los
mismos no da lugar al rechazo automático de dicho medio de
convicción. Esto es, a que se impida su ingreso al proceso,
puesto que los únicos motivos que llevan a esa determinación
son los referidos en el artículo 168 ídem, huelga reiterar,
respecto de «las pruebas ilícitas, las notoriamente
impertinentes, las inconducentes y las manifiestamente
superfluas o inútiles». Y no existe disposición especial en
materia de experticia que autorice excluir la prueba por esa
razón.
La doctrina ha percibido lo mismo que la Corte señala.
Por ejemplo, Jordi Nieva Fenoll al respecto sostiene que
(…) el dictamen debe transmitir sus ideas con facilidad, debe ir
refiriendo los temas objeto de dictamen con precisión y, sobre
todo, debe contestar a las cuestiones que se le han planteado, sin
dejar cabos sueltos, pero tampoco extralimitándose, es decir,
respondiendo a otros puntos que no son objeto de dictamen. Eso
es lo que otorgará la congruencia del dictamen. Y es que si el
mismo es incongruente, se abre también la oportunidad de que lo
acabe siendo la misma sentencia.
Pues bien, como ha quedado dicho y en conclusión, si el
dictamen no posee estas características no debería ser
tomado en consideración. Puede intentarse corregir o precisar
el dictamen durante la comparecencia del perito, como veremos
después. Pero también es posible que esa misma comparecencia
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revele que el dictamen es sumamente defectuoso, o que el perito
no tiene la preparación suficiente para realizar su labor. (…) -
Resalta la Corte- (2010. La valoración de la prueba. Marcial
Pons. Pag. 292).
Nótese que el autor muestra cómo las imperfecciones del
dictamen producirán efectos para el momento de «tomarlo en
consideración», actividad que no ocurre sino para el tiempo
de la definición del litigio.
Lo mismo se extrae de una lectura cuidadosa del Código
General del Proceso. Ciertamente en el artículo 235, al
reglamentar lo concerniente a la «imparcialidad del perito»,
se estipuló:
El perito desempeñará su labor con objetividad e imparcialidad, y
deberá tener en consideración tanto lo que pueda favorecer como
lo que sea susceptible de causar perjuicio a cualquiera de las
partes
Las partes se abstendrán de aportar dictámenes rendidos por
personas en quienes concurre alguna de las causales de
recusación establecidas para los jueces. La misma regla deberá
observar el juez cuando deba designar perito.
El juez apreciará el cumplimiento de ese deber de acuerdo con
las reglas de la sana crítica, pudiendo incluso negarle efectos al
dictamen cuando existan circunstancias que afecten
gravemente su credibilidad.
En la audiencia las partes y el juez podrán interrogar al perito
sobre las circunstancias o razones que puedan comprometer su
imparcialidad (…) (Negrillas y subrayas de ahora).
Como puede ser visto, en lo que respecta a uno de los
aspectos trascendentales de la experticia, como lo es la
imparcialidad de quien la elabore, el legislador es diáfano en
mostrar que dicho aspecto, de un lado, podrá ser objeto del
interrogatorio del perito (contradicción en audiencia) y, del
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otro, será «apreciado» en el fallo, al punto que, en el evento
en el que encuentre circunstancias que afecten gravemente
su credibilidad, podrá negarle efectos a la misma. Todo lo cual
sucede luego de que se decrete la prueba y se permita su
incorporación al plenario.
En definitiva, a pesar de que la credibilidad de la pericia
depende de la solidez de sus conclusiones, de la imparcialidad
e idoneidad del perito, el juez no está facultado para sacar
automáticamente del acervo el informe arrimado con defectos
en tales presupuestos porque las falencias o carencias del
dictamen no son motivos suficientes para impedir su recaudo,
pues ese análisis está reservado para la sentencia, donde
deberá motivarse de qué manera esas omisiones
disminuyeron la verosimilitud del informe.
3. En el presente caso, si bien las pretensiones
comprenden también las providencias del Juzgado Once Civil
Municipal de Medellín, sólo se analizará la del superior, por ser
quien definió el asunto objeto de controversia.
Con esa aclaración, bien pronto se constata la
vulneración del debido proceso del accionante, en la medida
en que el juzgado del circuito para convalidar la negativa de
tener el dictamen aludido como prueba, trajo a colación el
inciso 5º del artículo 226 del Código general del Proceso, para
afirmar que el promotor tan solo «allegó un formato de
pérdida de capacidad laboral», sin explicar «qué exámenes o
métodos utilizó (…) para llegar a la conclusión aportada». Y
citó el numeral 3º del inciso 6º ibídem, según el cual, «al
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dictamen deberán anexarse los documentos idóneos que (…)
habilitan» a quien lo rindió «para su ejercicio, los títulos
académicos y los documentos que certifiquen la respectiva
experiencia profesional, técnica o artística»; aspecto que,
relievó, «no se vislumbr[ó] (…) entre los anexos del peritaje».
De suerte que dicha hermenéutica desconoce y limita sin
justificación legal los intereses superlativos de que disfruta
Fernando León Pulgarín Saldarriaga, esto es, de acudir ante la
autoridad judicial para que garantice y restablezca sus
derechos. Y, en el marco de un proceso, le permita presentar
los medios de prueba que considere idóneos para demostrar
los hechos en que sustenta sus pedimentos.
Ello si se tiene en cuenta que resultaba improcedente el
rechazo in limine de la pluricitada experticia y su exclusión del
debate probatorio, en la medida en que los presupuestos
relacionados con la imparcialidad, idoneidad del perito y los
fundamentos del dictamen pericial, han de ser evaluados por
el juzgador en el fallo, por no constituir una causal especial ni
general de rechazo de la prueba.
Es decir, su incorporación al plenario resultaba
imperiosa, comoquiera que tales exigencias debían ser
verificadas por el operador judicial en el pronunciamiento que
concluya el juicio, como motivos de valoración y apreciación
que inciden directamente en la credibilidad del peritaje, lo que
ha de ser evaluado razonadamente y, en conjunto, con otros
medios de convicción, bajo los límites de las reglas de la sana
crítica, experiencia y lógica.
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En ese orden de ideas, la determinación adoptada por el
Juzgado reprochado es arbitraria, porque al convalidar el
interlocutorio que «rechazó de plano» el peritaje con el que se
esperaba acreditar la pérdida de capacidad laboral del actor,
so pretexto de que no reunía los parámetros del artículo 226
del estatuto adjetivo civil, olvidó que no se encontraba
facultado para negar valor al dictamen pericial durante la
etapa de admisión e incorporación, pues ha quedado claro
que la ausencia de dichos presupuestos no estructura una
causal para excluir tal prueba, en tanto debe ser analizada por
el juez al evaluar individual y conjuntamente el material
probatorio, con el propósito de emitir la determinación que
finiquite el juicio.
4. Todo lo dicho no muta porque se hubiese proferido
fallo desestimatorio de las pretensiones en primera instancia,
dado que se encuentra en trámite el recurso de apelación en
su contra y, por ende, resulta viable discutir la negativa del
fallador accionado a incorporar al litigio la pericia por esta
especial vía, en tanto el asunto indemnizatorio que pretende
acreditar aún no se ha definido y, en caso de que el ad-quem
revoque la sentencia, dicha probanza podría tener una
eventual incidencia en las resultas de la alzada.
5. En suma, como el juzgado del circuito prescindió en el
proceso del dictamen pericial aportado por el accionante
apoyado en motivos que no son configurativos de ese evento,
en tanto la fundamentación, idoneidad e imparcialidad son
aspectos a examinarse para el tiempo de la valoración de la
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prueba, no habrá otro camino sino el de conceder el amparo
solicitado.
DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,
en Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre
de la República de Colombia y por autoridad de la Ley,
resuelve REVOCAR la sentencia emitida el 30 de noviembre
de 2020 por la Sala Civil del Tribunal Superior de Medellín,
para en su lugar, CONCEDER el auxilio al debido proceso de
Fernando León Pulgarín Saldarriaga.
Por lo tanto, se DEJA SIN VALOR el interlocutorio de 9
de noviembre de 2020 del Juzgado Doce Civil del Circuito de
Medellín en el proceso de responsabilidad civil
extracontractual nº 05001-40-03-011-2019-00574-01 y, en su
lugar, se ORDENA a ese Despacho, que en el término de diez
(10) días contados a partir del enteramiento de este fallo,
expida uno nuevo, teniendo en cuenta los parámetros aquí
consignados. En caso de acceder a la prueba pericial, tendrá
en cuenta el artículo 330 del Código General del Proceso en
punto a la práctica ante el superior.
Infórmese a las partes e intervinientes por el medio más
expedito y remítase el expediente a la Corte Constitucional
para su eventual revisión.
NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE
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FRANCISCO TERNERA BARRIOS
Presidente de Sala
ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO
AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO
LUIS ALONSO RICO PUERTA
OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE
LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
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