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DESCUBRE LAS 27 LETRAS DEL ABECEDARIO ESPAÑOL
El abecedario o alfabeto español cuenta con 27 letras. Sin embargo, como
ocurre en muchas otras lenguas, estas se combinan para crear un número
mayor de sonidos. La lengua española tiene alrededor de 30 fonemas
diferenciados que aumentan o disminuyen según la variedad dialectal.
Conocer los sonidos de una lengua, así como su abecedario es algo
imprescindible para poder comunicarte y pronunciar correctamente. Si
estás dando tus primeros pasos en el aprendizaje del español o
simplemente te apetece descubrir algo nuevo sobre su escritura y
pronunciación, te animamos a que continúes leyendo este artículo.
EL SISTEMA DE ESCRITURA DEL ABECEDARIO ESPAÑOL
Como la mayoría de las lenguas europeas, el abecedario español utiliza una
variante del alfabeto latino. Contiene las mismas 26 letras que están
presentes en muchas otras lenguas indoeuropeas, como el inglés o el
italiano, y añade una más: la característica letra ñ. Además de las 27 letras
presentes en el abecedario español, existen cinco dígrafos, o
combinaciones de letras, que sirven para expresar otros sonidos. Estos
son ch, ll, rr, gu y qu.
Las normas ortográficas han cambiado mucho a lo largo de la historia. El
alfabeto español que utilizamos hoy en día es fruto de una reforma que
tuvo lugar en 2010. La nueva Ortografía de la lengua española lanzada por
la RAE en ese año establecía entonces que las letras del alfabeto serían
solo 27. Los dígrafos, aunque siguen utilizándose en la escritura de las
palabras, dejaron de considerarse parte del alfabeto español en dicha
reforma.
¿PODEMOS DECIR QUE LA ORTOGRAFÍA DEL ESPAÑOL ES REGULAR?
Para que una lengua sea completamente regular en cuanto a su ortografía,
cada letra debe pronunciarse de una sola manera y cada sonido debe
corresponder a una sola letra del alfabeto. Aunque, en comparación con
otras lenguas europeas, la ortografía del español es bastante consistente,
es imposible afirmar que sea totalmente regular.
En ocasiones, un mismo sonido se puede escribir con letras diferentes
según las normas de ortografía del español. Este fenómeno se denomina
poligrafía. Por ejemplo, el sonido /k/ se puede expresar con las letras k,
qu, c, como en "kiwi", "queso" o "Colombia".
Otras veces, se produce el fenómeno contrario. La polifonía hace que una
misma letra del abecedario se pronuncie de maneras distintas, según las
letras que la acompañen. Este es el caso de la letra g, que representa los
fonemas /x/ y /g/. Por ejemplo, en "ginebra" o "gato". Pero no te preocupes
por estas irregularidades. A continuación, repasaremos una a una las letras
del abecedario español explicándote las peculiaridades de cada una.
¡Empecemos!
TODAS LAS LETRAS DEL ABECEDARIO ESPAÑOL Y SU PRONUNCIACIÓN
Aa
La a es la primera letra y también la primera vocal, tanto del abecedario
español como del de la mayoría de las lenguas indoeuropeas. Según
parece, su forma nació de un jeroglífico egipcio de escritura hierático-
cursiva que representaba la cabeza del dios Apis.
Los fenicios llamaron a esta letra alph (‘buey’), por su remoto parecido con
la cabeza y los cuernos del animal. A continuación, los hebreos la
nombraron aleph. En el antiguo alfabeto griego, se convirtió en la letra alfa.
Esta, a su vez, pasó a ser la a del alfabeto romano, cuya forma y valor se
perpetuaron en muchos otros, como por ejemplo en abecedario español.
En el español actual, la a representa el fonema /a/. Es el que se produce al
abrir la boca, separar los labios y colocar la lengua ligeramente curvada y
apoyada en el hueco de la mandíbula inferior. Así suena
la a de "mamá" o "Alicante". Aunque su sonido puede alterarse ligeramente
en los distintos dialectos del español, apenas cambia.
Bb
La b es la segunda letra del abecedario español. Encuentra signos
equivalentes en los alfabetos griego, hebreo y árabe, entre otros. Su
nombre es be, y los fenicios le dieron forma a partir de la representación
de la grulla en los jeroglíficos egipcios. Sin embargo, la llamaron beth,
(‘casa’). Está presente en palabras como "cabeza", "bruma" o "Bogotá", y
representa el sonido que se produce al juntar los labios e implosionar aire
por la boca, cerrando el velo del paladar y haciendo vibrar las cuerdas
vocales.
Cc
Su nombre es ce. El signo procede de la c latina, al redondear la letra
griega Γ, gamma. A su vez, esta se derivaba de un símbolo fenicio
llamado gimel o ‘camello’. Este último desciende de un símbolo egipcio.
La c del latín arcaico se pronunciaba de dos formas. La primera es
semejante a la actual ga, gue, gui, go, gu, que desapareció en la época
clásica. La otra, equivalente a ca y su serie, se transmitió a las lenguas
romance.
Desde el siglo XVI, esta letra del abecedario español representa dos
sonidos en dicha lengua. El primero es el de cama, copa o cuna. Se produce
al aproximar la parte posterior de la lengua al velo del paladar y hacer salir
el aire por medio de una pequeña implosión, sin que vibren las cuerdas
vocales. Este sonido es el que tiene la letra c ante las vocales a, o, u; ante
las consonantes l y r; y en las zonas no seseantes cuando lleva
una consonante detrás, como en la palabra "pacto".
El otro sonido se produce al aproximar la parte anterior de la lengua a los
incisivos superiores, hacer salir el aire rozando esa barrera y cerrar el velo
del paladar sin que vibren las cuerdas vocales. Es el correspondiente a
la c de "cena", "cine" y "Valencia", cuando antepone a las vocales e o i.
En casi todos los países de Latinoamérica y también en algunas zonas
de España, esta c tiene el mismo sonido que la s. A esa forma de
pronunciar la c se la conoce como seseo.
En español, la letra c se combina con la letra h para formar el dígrafo ch, el
cual antes se consideraba una sola letra dentro del abecedario español.
Representa el sonido producido por el contacto de los bordes de la lengua
con los del paladar, juntándose primero y separándose después. El aire sale
pasando por esa barrera, rozando y explotando, se cierra el velo del paladar
y no vibran las cuerdas vocales. Este signo es el de palabras como
"chocolate", "corcho" y "Chile".
Dd
El nombre de esta letra se lee de, y su forma proviene de un jeroglífico
egipcio que representaba una mano. Cuando los fenicios adoptaron este
signo, recibió el nombre de daleth, (‘puerta’), por su parecido con la abertura
de una tienda de campaña. Semejante parecido se puede apreciar en la
letra griega delta Δ.
En español, el fonema /d/ se produce al apoyar la punta de la lengua en los
incisivos superiores, formando así una barrera por la que pasa el aire
produciendo una pequeña explosión, mientras vibran las cuerdas vocales.
Es el sonido de "dedo", "drama". Apenas existen ligeras variaciones. Solo
existe una pronunciación relajada en determinadas palabras, como
en Madrid
Ee
Esta es la segunda vocal del abecedario español y la letra que aparece con
mayor frecuencia en dicha lengua. Su nombre es e. Su forma, sin alteración
alguna, procede de la quinta letra del alfabeto romano clásico, que era una
adaptación de la letra griega épsilon (Ε, ε). La letra griega se derivó de la
semítica he, que a su vez era el desarrollo de un jeroglífico egipcio.
El fonema /e/ se produce si abrimos la boca menos que para pronunciar
/a/, elevando y curvando ligeramente la lengua hacia la parte anterior del
paladar y estirando levemente los labios hacia los lados. La encontramos
en palabras como "elefante", "perro" o "Ecuador". Al contacto con
una consonante nasal, adquiere algo de nasalidad. Así ocurre en "ven" o
"menta".
Ff
Su nombre es efe. En griego era digamma, debido a su parecido con
dos gammas mayúsculas superpuestas, y representaba el fonema de la
/w/ inglesa en "Washington". El latín asignó a la letra v ese sonido y la
letra f pasó a representar el mismo sonido que tiene en español.
El sonido de la letra f se produce al poner en contacto los incisivos
superiores con el labio inferior, formando un paso estrecho para el aire, que
pasa rozando, al bajar el velo del paladar y sin vibrar las cuerdas vocales.
Por ejemplo, en las palabras "fin", "foca" o "Tenerife".
Gg
El nombre de esta letra se pronuncia ge. La mayúscula G se deriva de la
letra C del latín, que procede a su vez de la letra griega gamma (Γ). La
minúscula g evolucionó a partir de una forma que surgió en el siglo VII.
Esta letra del abecedario español representa dos sonidos. El primero,
ante a, o y u, se produce al poner en contacto la parte posterior de la lengua
con el paladar blando, produciendo una barrera que una pequeña explosión
de aire con las cuerdas vibrando. Este sonido es el de "gato" o "Guatemala".
También se pronuncia así cuando lleva detrás una consonante, como en
gracias.
El otro sonido de la letra g es el que representa cuando va delante de e o
de i. Es equivalente a la pronunciación de la letra j del español, como
en "gente" y "girar". Si hay una u muda entre la letra g y las vocales e o i, se
pronuncia de manera suave, como en "sigue" o "Águeda" o "Guanajuato".
Hh
Esta letra se llama hache. Procede de la semítica cheth, que representaba
tanto en el alfabeto griego como en el latino un sonido aspirado parecido al
que existe en árabe o en inglés. En el latín hablado, poco a poco, fue
desapareciendo o degradándose la aspiración. Como resultado, la
letra h pasó a ser muda en las lenguas románicas y también en español.
La aspiración de esta letra es propia de algunas variedades dialectales del
español. Además, se combina con el signo c para formar la ch, un dígrafo
con sonido palatal, como en "choque".
Ii
Esta es la tercera vocal del abecedario español. Los griegos la
llamaron iota a partir de su nombre semítico, yodh, que significa "mano".
Procede de la forma que tenía este signo en el alfabeto hierático egipcio.
El punto que lleva la i minúscula se empezó a usar con carácter general en
el siglo XI. Originariamente, fue un acento. Sirvió primero para indicar la
existencia de una vocal larga y más tarde para distinguir las dos íes
escritas de la u. La encontramos en palabras como "idioma", "invento" o
"Italia".
Jj
Su nombre es jota, porque surge de la letra griega iota. Es la última letra
incorporada al abecedario español y, por lo tanto, a su escritura. El
signo j apareció primero en el abecedario romano, con distintos usos. En la
edad media, su forma alargada se usó con carácter ornamental.
En latín y en español antiguo podía tener el valor de una vocal o de una
semivocal. Además, mostraba un uso restringido de su función como
consonante. Eso explica las variaciones ortográficas que aparecieron en
dos palabras del español bien conocidas: "México" / "Méjico" y "Quixote"
/ "Quijote".
En el español moderno, esta letra representa el sonido que se produce al
aproximar la parte posterior de la lengua, que está curvada, al velo del
paladar. El aire pasa rozando por esa interrupción y las cuerdas vocales no
vibran. Por ejemplo, en las palabras "caja" o "rojo". También existe
un sonido relajado de la j en posición final de palabra, como en "reloj".
Kk
Aparece con su forma actual en el alfabeto romano, como correspondiente
de la letra griega kappa. Esta, a su vez, tenía su origen en un jeroglífico
egipcio. En el alfabeto español se introdujo solo para transcribir términos
procedentes de otras lenguas, como "kilómetro".
La RAE, Real Academia Española, suele permitir en muchos casos que se
escriba con c o qu siempre que sea posible. Sin embargo, mantienen esta
letra los nombres propios de origen extranjero, como "Kant", o "Kelvin".
En español, el fonema /k/ representa una consonante velar oclusivo y
sordo. Es idéntico al sonido que representan las grafías qu, ante e, i y c ante
las vocales a, o, u.
Ll
Su nombre es ele. En latín, apareció primero la forma L de la letra
mayúscula, procedente de la letra griega lambda. Esta tenía su origen en un
jeroglífico egipcio.
En español, el el fonema /l/ se produce al apoyar la punta de la lengua
contra los alvéolos o las encías y dejar pasar el aire por los lados de esa
barrera. Así se pronuncia la l de "lado" y "mal".
En el abecedario español, existe un dígrafo constituido por dos eles
seguidas, ll. Su sonido se produce al apoyar la parte central de la lengua
curvada en el centro del paladar, mientras se deja pasar el aire por los lados
en una ligera implosión. Ese sonido es el de las
palabras "calle", "lluvia" o "Sevilla".
Existen importantes diferencias en la pronunciación de esta consonante,
dependiendo de la zona dialectal. Un uso bastante extendido es el de
pronunciar igual la elle y la y (i griega). A este fenómeno se le llama yeísmo.
Mm
La letra eme es una letra que encontramos en el abecedario español y
procede del latín, que la tomó de la letra griega mu. Esta, a su vez, tuvo su
origen en un jeroglífico egipcio que representaba un búho.
El fonema /m/ se emite impidiendo la salida del aire por la boca con los
labios, abriendo el velo del paladar para dar resonancia nasal y poniendo en
vibración las cuerdas vocales. Así, la corriente de aire se emite por la nariz.
Este sonido es el de la m en "mamá", "Málaga".
Ante los sonidos /p/ y /b/, como en "hombre", "campo" o "cumpleaños",
tiene un sonido próximo a la n, así como al final de palabras como "álbum" y
"ultimátum". No se pronuncia en el grupo mn cuando es inicial de palabra,
como en "mnemotécnico".
Nn
La procedencia de la ene se encuentra en el latín. A su vez, esta lengua la
había tomado de los griegos, que la llamaron nu por su denominación
semítica y fenicia nun (‘pez’). Su origen más ancestral se remonta a un
jeroglífico egipcio.
El fonema /n/ se emite a través de la nariz, con la vibración de las cuerdas
vocales. La lengua, apoyada en los alvéolos, impide el paso del aire por la
boca. Así se pronuncia la n de "nena". Existe una n dental producida por la
posición de la lengua en contacto con la parte posterior de los dientes,
cuando va delante de t o d. Este es el caso de las palabras "antes" y "andar".
Se acerca al sonido de la m cuando va junto a v, como en la palabra
"envidia". Apenas articula sonido cuando va junto a la m en el grupo nm,
como en la palabra "inmenso".
Ññ
La eñe es la letra más característica del abecedario español. Tanto así, que
se encuentra en la misma palabra "español". Su forma procede de la
consonante n.
La virgulilla que lleva en la parte superior tiene su origen en la escritura de
los copistas medievales. Estos la emplearon desde el siglo XII como signo
escrito sobre las letras para indicar que se repetían. Es decir, ñ = nn, õ =oo.
Dos siglos más tarde este uso quedó restringido para la letra n. En el siglo
XV, Antonio de Nebrija identificaba esta letra y su sonido como elementos
autóctonos en el castellano, por no tener precedente ni en griego, ni en
latín, ni en árabe.
El sonido de la eñe es el de palabras como "caña" o "ñora". En otras
lenguas romances peninsulares, este sonido se representa mediante los
dígrafos ny o nh. En otras lenguas, como el francés o el italiano, se emplea
en su lugar el dígrafo gn.
Oo
En principio, la o era un signo fenicio que representaba un sonido gutural
aspirado. Los griegos la adoptaron para representar la omicron y añadieron
un signo distinto para su versión larga, omega (Ω). En el alfabeto latino se
incorporó una única letra para los dos sonidos.
La letra o del abecedario español suele tener como origen más frecuente el
diptongo AU del latín; las palabras españolas "hoja", "lobo", "pobre",
proceden de las latinas "folia", "lupum", "pauperem". La O del español no
tiene diferencias apreciables en su pronunciación y el sonido /o/ sólo
puede representarse mediante esta letra. En otras lenguas romances el
sonido de la o /o/ puede recibir la grafía AU.
Pp
La pe procede del latín como adaptación de la letra griega pi, que a su vez
tuvo su origen en un jeroglífico egipcio. La encontramos en palabras como
"pelota", "pescado" o "Perú".
Fonéticamente, se describe como una consonante oclusiva sorda y bilabial,
con el mismo punto de articulación de la b. La letra p es muda cuando va
en posición inicial en los grupos ps y pn como en "psicólogo" o
"pneumólogo".
En español no existe la combinación ph para representar el sonido /f/, cosa
que sí sucede en las demás lenguas romances.
Qq
A través del latín y del griego, la letra fenicia qoph, llegó al abecedario
español en forma de cu. A su vez, esta se desarrolló desde un jeroglífico
egipcio. En las lenguas semíticas, la qoph representaba un sonido
explosivo.
En muchas lenguas modernas, siempre va delante de la letra u, excepto en
las transcripciones de la semítica qoph, como en la palabra "Iraq". En
castellano, como en el resto de las lenguas procedentes del latín, solo se
utiliza acompañada de la u muda con las vocales e, i como en las palabras
"queso", "quien" o "Quijote". Tiene el mismo sonido consonante que la c ante
la a, o, u.
Rr
Su nombre es erre. La forma mayúscula apareció en el alfabeto romano
como adaptación de la letra griega ro. Este carácter correspondía al
fenicio resh, que a su vez se originó en un jeroglífico egipcio.
La letra r presenta varios sonidos en español. Dependiendo de su posición
dentro de una palabra, puede hacer vibrar la lengua una o dos veces. Por
ejemplo, vibra menos en "caro" que en "roca". Según el país, existen
diferentes normas de pronunciación para esta letra. Por ejemplo,
en "Cuba" y "República Dominicana" se pronuncia muchas veces como
una l.
En cuanto a su escritura, se utiliza una sola letra cuando se produce una
vibración más corta, como en "Caracas". Cuando la vibración se prolonga
más, hay dos posibilidades. En posición inicial, se utiliza una sola r, como
en "Roma". En el interior de la palabra y en posición intervocálica, se dobla:
"perro".
Ss
La ese apareció en su forma moderna en el alfabeto romano, como
equivalente de la letra griega sigma. Esta procedía de un carácter hierático
egipcio basado en un jeroglífico que representaba un jardín inundado.
En el abecedario español, la letra s representa el sonido de una consonante
sorda con dos variedades de pronunciación. Una se produce al colocar el
ápice de la lengua casi apoyado en el alvéolo, dejando paso al aire que sale
rozando y sin vibrar las cuerdas vocales. La otra variedad se pronuncia al
colocar el dorso de la lengua ligeramente curvado, casi apoyado en la parte
posterior de los incisivos, que deja paso al aire por ese conducto. La
letra s puede recibir el valor fonético de z cuando hay ceceo por razones
dialectales.
Tt
Su nombre es te. Se deriva de un carácter romano del mismo nombre, que
se tomó de la letra griega tau. Procede de taw, la última letra del alfabeto
fenicio, y representa una cruz. Esta a su vez tiene su origen en un jeroglífico
egipcio.
La letra t representa el sonido que se produce al chocar el paso del aire con
la punta de la lengua, que está apoyada en la parte interior de los dientes,
mientras permanecen inactivas las cuerdas vocales, como en "toro".
Uu
La letra u es la última vocal. Evoluciona a partir de la semítica vau, que
tiene su origen en un jeroglífico egipcio. A partir del símbolo fenicio, que
tenía una forma intermedia entre f e y, los griegos produjeron dos
caracteres: digamma y upsilon.
La primera ha pasado a ser nuestra actual letra f. Se pronuncia tocando el
labio inferior con los incisivos para que el aire pase rozando por esa
estrechez sin hacer vibrar las cuerdas vocales. Por ejemplo, en "uva".
Vv
La forma mayúscula de la v apareció primero en latín, que la había
adaptado de la letra griega upsilon. A su vez, esta procedía de un jeroglífico
egipcio. En castellano, las letras u y v se usaron indistintamente al menos
hasta el siglo XVII.
En español moderno, no existe diferencia entre el sonido de la letra v y el de
la letra b, excepto en algunos países de América Latina y en las zonas
bilingües de Cataluña, Baleares y Valencia. Así, las consonantes iniciales de
"vaca" y "Barcelona" se pronuncian exactamente igual: uniendo los dos
labios para cerrar momentáneamente el paso del aire, mientras las cuerdas
vocales vibran.
Ww
El nombre de esta letra en España es uve doble. Sin embargo, en otros
lugares se denomina doble uve, ve doble, o incluso doble u. Su forma
primitiva fue una v geminada (vv) utilizada en el siglo VII por los
anglosajones para representar el dígrafo uu. Este sonido tenía su propia
runa: wynn (Ƿ).
Aunque no era muy popular entre las lenguas románicas, porque la v había
pasado a ser labiodental, alrededor del año 1300 se fue asentando
el grafema w moderno.
Este signo del abecedario español es más la unión de dos caracteres que
una letra propiamente dicha. En español, no se utiliza más que en palabras
procedentes de otras lenguas.
Si son préstamos de voces tomadas de los godos o del alemán, se
pronuncia como una v vibrante, como "Wagner" o "Westfalia". Si son
préstamos del inglés moderno, tienen un sonido de u semiconsonante,
como en "Washington".
Xx
La forma, el valor fonético y el nombre de la equis proceden del latín, a
través del griego. Su origen último es un jeroglífico egipcio. La
letra x representa una consonante compuesta de un sonido /g/ sonoro o
/k/ sordo seguido de otro sonido /s/.
Si la pronunciación es cuidadosa, suena como "examen" y "éxito". Si va
seguida de una consonante, su sonido se acerca más al de una s, como en
"excepto". En el español antiguo, representó un único sonido semejante al
de la sh del inglés. Después, evolucionó hasta convertirse en una j.
En las palabras de origen náhuatl, la letra equis puede pronunciarse
como s (Xochimilco); en "México", como una j "Oaxaca" o una sh,
(xocoyote). Las palabras españolas que se escriben con una x inicial
proceden del griego, como "xilófono".
Yy
La i griega procede de la transliteración romana de la
letra griega upsilon (υ). Al principio, los romanos la habían transcrito con el
grafema v, pero hacia el siglo I a. C. introdujeron la y. En 1726, la Real
Academia Española diferenció el uso de la i y la y. Aún hoy, es posible leer
"Yglesia" en lugar de "Iglesia" en las fachadas de los templos antiguos.
En la lengua actual, representa dos valores fonéticos. Uno es vocálico, /i/, y
otro consonántico sonoro palatal, /y/. El último valor fonético coincide en
muchas variedades con el que representa el dígrafo elle (ll). La confusión
de los dos sonidos recibe el nombre de "yeísmo".
Su sonido consonántico se produce poniendo el dorso de la lengua en
contacto con el paladar duro y haciendo vibrar las cuerdas vocales.
Coincide con el sonido actual de la j en inglés o francés y solo se conserva
en algunas regiones centrales de España. En Uruguay y Argentina existe
otra variación, una vibración especial, que recuerda a la ch.
Como vocal, su uso se remonta a la Edad Media, en la época de los
copistas. La letra y tiene un valor fonético /i/ cuando va antes de una
pausa y en posición final, como en "Monterrey". También cuando funciona
como conjunción: "mujeres y niños".
Zz
La última letra del abecedario español. Su nombre es zeta. Proviene del
alfabeto romano que la derivó de una letra griega, originaria de un
jeroglífico egipcio.
El sonido de la z habitual aparece en palabras como "zafiro" y "feliz". Se
pronuncia siempre como la c ante e, i. Su sonido se produce al apoyar la
punta de la lengua entre los dientes, dejando pasar el aire por este
obstáculo y sin hacer vibrar las cuerdas vocales. Esta pronunciación es
propia de la mayor parte de la cultura española.
Existe otra variedad del sonido que sitúa la lengua doblada en el paladar
duro y la pronuncia como s. Esta pronunciación es muy común en
Andalucía, Canarias y en casi toda la América hispanohablante.